Artículo en PDF
Cómo citar el artículo
Número completo
Más información del artículo
Página de la revista en redalyc.org
Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus
Orientaciones
Silvia Brusilovsky
María Eugenia Cabrera
Universidad Nacional de Luján
Resumen:
Se presenta una “tipología” de las orientaciones que adopta el trabajo en escuelas
de nivel medio para adultos, elaborada a partir de datos recogidos en entrevistas realizadas en
escuelas. Esta construcción se hizo articulando categorías que permiten identificar la
estructura latente que da sentido a la actividad escolar y reconstruir las “pedagogías del adulto”
que se hacen efectivas en la práctica. En el artículo se presentan las dimensiones utilizadas para
conformar los tipos de orientación, las categorías construidas, sus características y la relación
de cada una de ellas con orientaciones de políticas sociales actuales o históricas.
Palabras clave:
educación adultos, orientaciones de la práctica, relación pedagógica.
Ab stract:
We pres ent a “typology” of the ori en ta tions adopted by work within the me dium
level schools for adults, which is elab o rated on the ba sis of in for ma tion col lected through
interviews car ried in schools. We or ga nized this con struc tion by ar tic u lat ing some cat e go ries
which al lowed us to iden tify the la tent struc tures that grant sense to the scholar ac tiv ity and to
re build the “adult ´s pedagogies” that be come ef fec tive in the prac tice.
In this ar ti cle we
present the di men sions used for build ing this dif fer ent types of ori en ta tion, cat e go ries, their
char ac ter is tics and the re la tion ship of each of them with spe cific po lit i cal and so cial
orientations, cur rent or his tor i cal.
Key words:
adult´s ed u ca tion, prac tice ori en ta tions, ped a gog i cal re la tion ship.
Presentación
D
iversos autores (García Huidobro, 1986; Brusilovsky, 1996;
Rodríguez ,1992) coinciden en señalar que, en Ar gen tina
¾
como en el resto de América Latina
¾
, la expresión educación
de adultos (EDA) constituyó, desde sus orígenes,
1
un eufemismo para
hacer referencia a la educación de adolescentes, jóvenes y adultos de
ISSN 1405-1435, UAEM, México, mayo-agosto 2005, núm. 38, pp.
277-311
277
1
La Ley 1420 de 1884 ya incluye una referencia a la EDA. En el artículo núm. 11 se refiere a
la necesidad de crear “Escuelas para adultos, en los cuarteles, guarniciones, buques de
sectores populares. Tanto en el nivel primario como en el medio se
sigue manteniendo fuertemente lo que dio comienzo a estas escuelas:
recogen y responden a problemas provenientes de otros espacios del
sistema de educación (Rodríguez,1996; Brusilovsky, 1995).
La oferta fue resultado de los fracasos en la escolarización inicial,
de la desigualdad de las condiciones educativas de sectores sociales
subalternos, por lo que tuvo un carácter fundamentalmente
compensatorio, sin llegar a re solver las diferencias en sus posibilidades
de escolarización. La situación de la población joven y adulta es uno de
los datos más fuertes de una realidad problemática: la educación como
derecho uni ver sal constituye una declaración no cumplida. Datos
provenientes de la Encuesta Permanente de Hogares (mayo de 2002) y
del último censo señalan la persistencia del problema:
La mitad de la población en condiciones de trabajar no ha completado los
estudios secundarios (.
..) A su vez sólo el 15.6% cuenta con estudios
universitarios y el 13,7% ingresó en un nivel terciario de capacitación, pero no
logró graduarse (.
..) El 7% de la población económicamente activa (.
..) no
completó la educación primaria. Asimismo detalló que el 23,7% tiene la
primaria completa y que el 18,8% ingresó al secundario pero nunca lo terminó.
Hasta aquí esto indica que el 49,5% de la población con aspiraciones de
conseguir un empleo no llegó a culminar niveles de enseñanza me dia
(Página 12,
27 de agosto de 2002).
Según información del gobierno de la ciudad de Bue nos Ai res, la
matrícula de educación primaria de adultos del sec tor público, relevada
en el año 2000 era de 6,580 per so nas y la de nivel medio de 18,738
(Dirección de Investigación, 2002: 23 y 36).
Estudios históricos
2
ponen de manifiesto que, desde fines del siglo
XIX hasta la actualidad
¾
salvo en las experiencias educativas
originadas en movimientos anarquistas y socialistas y, posteriormente
a partir de la década de 1960, con la emergencia de la modalidad de
educación pop u lar que vincula la práctica educativa con proyectos de
transformación so cial
¾
, las ofertas de educación de adultos generadas
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
278
guerra, cárceles, fábricas y otros establecimientos donde pueda encontrase un número
cuando menos, de 40 adultos ineducados”.
2
Ver los trabajos de Dora Barrancos sobre el anarco-sindicalismo de fines del siglo XIX y de
principios del XX, y los de Lydia Rodríguez (1996, 1997, 1999) que analizan documentos
sobre educación de adultos, en diferentes momentos históricos.
en el Estado o en grupos hegemónicos cumplieron la función de
capacitar mano de obra de bajo nivel, de con trol so cial y defensa de la
moral, y de con trol político e ideológico.
La desigualdad en la distribución de la educación escolar
¾
más allá
del juicio de valor académico o ideológico que pueda hacerse sobre la
escuela
¾
parece tener una repercusión más grave, dada la presión
social por certificaciones y conocimientos, como condición para
ingresar o permanecer como trabajador o para integrarse como
ciudadano.
Ante esta situación, cabe preguntarse qué características tuvieron
las políticas y las ofertas de educación institucionales destinadas a los
sectores sociales que no pudieron acceder a los hoy necesarios niveles
de escolaridad. Para el estudio de este problema llevamos a cabo una
investigación sobre la situación de la educación me dia para jóvenes y
adultas (EDJA),
3
du rante la década 1989-2000, periodo en que se
fortalecen políticas neoliberales en el país. El trabajo tomó como
objeto empírico los Centros de Educación de Adultos de Nivel Medio
(CENS), de la ciudad y la provincia de Bue nos Ai res. Tomar estas dos
jurisdicciones implica cubrir la oferta utilizada por la mitad de los
estudiantes de escuelas estatales que imparten educación me dia para
adultos, ya que (según datos oficiales de 1998, disponibles al comienzo
de la investigación) sobre un to tal de 317,922 alumnos, 158,929 están
en escuelas de la provincia de Bue nos Ai res y 14,048 en la ciudad de
Bue nos Ai res.
En este artículo presentamos una parte de los resultados de esta
investigación:
4
una tipología sobre las concepciones
político-pedagógicas orientadoras de la práctica escolar que sostienen
docentes y directivos de Centros de Educación de Nivel Secundario
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
279
3
La investigación “Educación media de adultos. Características de la oferta: políticas y
prácticas en Capital Federal y Provincia de Buenos Aires” se llevó a cabo con subsidio del
Departamento de Educación de la Universidad Nacional de Luján. El estudio cubrió la
legislación que regula la oferta y la cultura de las instituciones del Estado. En este artículo se
presenta una parte de los resultados, correspondiente a las conclusiones del capítulo sobre
la cultura escolar.
4
Nos centramos en estas cuestiones porque los aspectos vinculados con las políticas fueron
ya presentados en diversos congresos y publicados en revistas nacionales y extranjeras
(Brusilovsky y Canevari, Brusilovsky).
para adultos (CENS) en la Ciudad Autónoma de Bue nos Ai res y en la
provincia de Bue nos Ai res. Los CENS constituyen un circuito que, ya
desde su creación, está destinado a una población que llega a la vida
adulta con escaso nivel educativo y, frecuentemente, con fracasos
educacionales previos; de modo que ante esta situación cabe
interrogarse respecto de las posibilidades que se les ofrece, a los
efectos de develar si se refuerza o, por el contrario, se enfrenta la
función reproductora del sistema de educación.
Nuestra preocupación por indagar cuestiones vinculadas con la
democratización del sistema de educación se encuadra en una
perspectiva crítica: intentamos “desvelar las pautas de conocimiento y
las condiciones sociales restrictivas de nuestras actividades prácticas”
(Popkewitz, 1988: 75) en el cam po de la educación de adultos, no sólo
por el interés que tenemos en sus particulares problemas sino también
porque consideramos que son evidencia de procesos de diferenciación
educativa y so cial.
El estudio de la legislación y organización de estas instituciones da
cuenta de su progresiva asimilación al sistema de educación común.
5
Sin em bargo, la información sobre las formas del trabajo institucional,
recogida en las escuelas, en entrevistas a sus directivos, evidencia que
no hay uniformidad de criterios de trabajo. Por el contrario, es factible
identificar diversas modalidades que, con cierta regularidad, adopta el
trabajo escolar, resultado de los significados que los docentes asignan a
situaciones escolares y de las estrategias que adoptan ante ellas.
A partir del análisis de datos empíricos construimos una tipología
que permite identificar formas de trabajo escolar que dan cuenta de
representaciones sociales sobre los estudiantes, la función de la escuela
y de los docentes, el lugar y tipo de conocimiento que la escuela debe
poner en circulación, del valor asignado al conocimiento cotidiano,
que se combinan de manera altamente reg u
lar originando
concepciones que orientan las prácticas de educación de adultos.
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
280
5
Esta afirmación emerge de la normativa de la década de 1990 en las jurisdicciones
estudiadas, e incluye los nuevos planes de estudio impuestos en la provincia de Buenos
Aires en 1997.
Una dimensión de la cultura escolar: las orientaciones
político-pedagógicas en las escuelas
Al referirnos a la cultura cotidiana escolar aludimos a ciertos rasgos
relativamente estables que caracterizan la vida interna de la institución
escolar y sus relaciones con el resto del sistema de educación y con el
contexto so cial. Esta cultura es producto tanto “de las políticas que
afectan a esa institución como de las prácticas de los miembros del
establecimiento” (Frigerio
et al.
: 35), así como de la forma en que éstos
perciben esa realidad.
Para entenderla, es necesario comprender los significados que los
docentes asignan a situaciones escolares y las estrategias que adoptan
ante ellas, independientemente de que sean conscientemente
reconocidos. Tanto las propuestas explícitas
¾
teóricas o
preteóricas
¾
como los principios pedagógicos en estado práctico, son
parte de las condiciones que organizan el significado del trabajo
escolar (Bolívar, 1996). En investigaciones anteriores, en las que
trabajamos estos problemas en el cam po de la educación de adultos
6
habíamos verificado que en situaciones de aprendizaje, cuando el
alumno adulto era considerado “pobre” entraba en una “red de
significaciones vinculadas tanto con la descripción y explicación del
fenómeno de la pobreza como con propuestas de estrategias de
intervención so cial y pedagógica que derivan de la concepción de
pobreza adoptada” (Brusilovsky, 1992: 10).
7
Su estudio permite ver
cómo, en el nivel de las instituciones escolares, pueden producirse
efectos políticos, tales como generación de diferenciaciones
socioeducativas, de resistencias, oposiciones o construcción de
propuestas contrahegemónicas. La posibilidad de que los docentes
participen en procesos de democratización del sistema de educación
depende de sus saberes profesionales tanto como de sus
representaciones sobre la educación necesaria para sus estudiantes.
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
281
6
Nos referimos al estudio que hicimos de representaciones y prácticas de estudiantes de
Ciencias de la Educación que efectuaban tareas de extensión universitaria en un barrio
popular de Luján y sobre el cual realizamos diversas publicaciones (Brusilovsky 1987, 1989,
1990, 1991, 1992).
7
Estudios posteriores al nuestro, elaborados en nuestro país con alumnos de escuelas
primarias comunes, ratifican nuestras conclusiones (Neufel y Thisted, 1999).
Estas representaciones tienen eficacia simbólica, en la medida que
resultan orientadores de las prácticas, y en consecuencia, de los
resultados escolares. En la investigación recientemente realizada, los
relatos sobre la vida interna de la institución, en par tic u lar en lo relativo
a la relación de docentes y alumnos, a los objetivos que orientaban la
elección de actividades daban cuenta de ciertas regularidades en el
trabajo con los adultos, relacionadas con supuestos
¾
implícitos o
explícitos
¾
sobre ellos. El trabajo de cam po demostró vinculaciones
en tre los aspectos mencionados y nos condujo a formular una tipología
de las orientaciones que puede adoptar el trabajo con los adultos.
8
Esta construcción se hizo articulando diversas categorías que
permiten identificar la estructura latente que da sentido a la actividad
escolar (Rodrigo
et al.
, 1993) y reconstruir las “pedagogías del adulto”
que se hacen efectivas en las escuelas. Estas categorías, como claves
conceptuales para identificar y analizar los modos de estructuración de
las relaciones al in te rior de las instituciones y de éstas con la sociedad y
el Estado
9
tienen, a nuestro entender, valor teórico y político. Por una
parte, porque los discursos relativos a los problemas y formas de
enfrentarlos muestran huellas de posiciones que atravesaron tanto la
educación como otras prácticas sociales vinculadas con los sectores
populares. Surge así la posibilidad de sistematizar la búsqueda de
evidencias de continuidades y rupturas en este cam po. Desde una
perspectiva política, pueden constituir herramientas conceptuales para
intervenir en las instituciones y en la capacitación de los docentes, con
base en la identificación de los efectos previsibles de algunas
regularidades de la práctica y de las posibilidades de su refuerzo o
modificación.
No procuramos construir tipos ideales. Estos constructos no son
definitivos ni tienen límites estrictos; no se trata de un esquema cerrado
sino que emergen de los casos estudiados y los proponemos como
categorías con valor heurístico que posibiliten encaminar el análisis de
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
282
8
Más adelante desarrollamos sus características y límites.
9
El objetivo de la investigación fue la construcción de criterios y categorías de análisis que
permitieran avanzar hacia nuevas etapas en las que, ampliando la base empírica, se
pudieran conformar nuevas categorías y hacer interpretaciones sobre su distribución en las
instituciones, con un nivel de generalidad que no podemos llevar a cabo en este momento.
Se está iniciando la continuidad del trabajo.
propuestas y prácticas que se desarrollan en las instituciones, así como
de sus posibles efectos.
Las categorías utilizadas para construir los tipos de orientación son
las siguientes:
Tipo de relación que prima en tre los miembros de la institución y en
la relación docente/alumno.
Atributos asignados a los estudiantes.
Criterios que orientan la práctica.
Problemas o dificultades que se priorizan y función asignada a la
institución.
Lugar asignado al sa ber, al conocimiento; relación en
tre
conocimiento y práctica.
El ma te rial empírico disponible dio lugar a la construcción de
orientaciones que enfatizan el aspecto con el cual la práctica se
compromete, sin que se suponga que necesariamente deba haber una
única en la organización de cada escuela o en la práctica de los
docentes. Por el contrario, suelen aparecer combinaciones
¾
a veces
contradictorias
¾
aunque en algunos casos es dominante una única
modalidad. Los tipos de orientación que proponemos son:
Compromiso con la atención de la per sona.
Compromiso con la moralización y el disciplinamiento.
Compromiso con la distribución igualitaria del conocimiento
escolar.
Compromiso con el desarrollo de la conciencia crítica.
Compromiso con el desarrollo de la práctica crítica.
A continuación se presenta cada una de ellas, indicando las
características centrales con las que quedan definidas. Se acompañan
las descripciones con muestras de entrevistas, con fines aclaratorios.
Compromiso con la atención a la per sona
Tipo de relación que prima en tre los miembros de la institución y en la
relación docente/alumno
La vida escolar está regulada por relaciones primarias tendentes a dar
protección, afecto, contención, comprensión, estimular la autoestima;
se procura que la escuela sea un lugar de pertenencia, de refugio, que
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
283
permita suplir la ausencia de pertenencias perdidas (familiares,
laborales, sociales, sindicales) en el que el sa ber ocupa un lugar
secundario.
El objetivo cen tral del trabajo pedagógico es la construcción de un
“clima” que contribuya a la permanencia de los alumnos en la escuela
por la satisfacción que hallan en las relaciones personales. Los valores
centrales son solidaridad, afecto y atención a los estudiantes como
individuos. A veces se explicita que se trata de relación en tre iguales:
adultos que mantienen un vínculo de afecto con reciprocidad.
Tal como señalaba un entrevistado:
R: El aprendizaje no me importa (.
..) creo que lo que la escuela da tiene que ver
con el plano afectivo, la socialización, la integración, el respeto que puedan
encontrar, el lugar que pueden tener (.
..) Cuando afuera te maltratan, afuera te
explotan, (.
..) que vos tengas un espacio de convivencia donde sos respetado,
donde hay muestras de solidaridad y demás, eso es, a mí me gusta ese
pensamiento de Savater. Los contenidos (.
..)
Atributos asignados a los estudiantes
El alumno adulto está construido como un sujeto vulnerado: con
vulnerabilidad so cial y cognitiva.
Se identifica a los estudiantes por su pertenencia so cial y
económica, como formando parte
¾
en su mayoría
¾
de un grupo con
serios problemas económicos y laborales.
10
Esta característica se
desplaza sobre su posibilidad de aprendizaje, ya que se supone que los
adultos tienen dificultades para la autonomía cognitiva para superar
esas dificultades,
11
y que requieren y demandan reconocimiento
afectivo. No se usan expresiones denigratorias sino que se considera
que esa vulnerabilidad es originada en la realidad so cial y laboral
(desocupación, subocupación, pobreza, sobrecarga laboral).
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen
tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen
tina
284
10
El reconocimiento de esta situación social y laboral no es exclusivo de esta orientación, ya
que hay un generalizado reconocimiento de ella. Lo que sí le es propio es la atribución de
vulnerabilidad.
11
Los problemas vinculados con el aprendizaje están incluidos en todas las orientaciones; lo
que es diferente es la forma en que se los caracteriza y, en consecuencia, la forma de
enfocarlos.
Los criterios y parte de las decisiones que se adoptan en el trabajo
pedagógico están relacionadas, en forma explícita, con esta
caracterización.
Suele infantilizarse al adulto, lo cual justifica la importancia
asignada a la contención afectiva. Entendemos que este componente
¾
importante en la educación de los niños en la primera etapa de
escolarización (Masagao Ribeiro)
¾
es resultado de que la figura del
alumno adulto no está delimitada socialmente. Como señala Gimeno
Sacristán (2003), la categoría “alumno” tiene una doble carga
semántica; no sólo se asocia con estar escolarizado sino también con
minoridad. El “ser alumno” de fine la infancia. Esta significación sigue
vigente en las escuelas para adultos, de modo que, aunque se reconozca
la adultez etárea, se sigue hablando de otra forma de minoridad: la
dependencia o incapacidad, que quedan naturalizadas sin análisis de
las condiciones del sistema de educación y pueden obstaculizar la
asunción del papel de alumno con características distintas de las del
niño. Se cree que puestos en el lugar del aprendizaje sistemático todos
se comportan como niños, con una interpretación psicologista que
pone énfasis en la regresión que suele tener el adulto en situación
escolar, sin análisis del carácter so cial de la construcción de la
categoría alumno. “Se puede intuir que en la categoría alumno se ha
formado todo un orden so cial (.
..) Este orden propicia y ‘obliga’ a los
sujetos inmersos en él a ser de determinada manera” (
op. cit.
: 16). Las
peculiaridades de este orden escolar no son objeto de análisis para
explicar el comportamiento o demandas “infantiles” de los adultos.
12
Problemas que se priorizan y función asignada a la institución
Hay preocupación por atender problemas personales de los
alumnos: familiares, laborales, de salud, que representan las
causas más frecuentes de deserción.
El diagnóstico de las condiciones de precariedad laboral y so cial de
los adultos es uno de los principales fundamentos de la función
reparadora asignada.
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
285
12
No pretendemos negar la existencia de procesos del aparato psíquico, como la
regresión, pero sí enfatizar la falta de atención a los aspectos socioinstitucionales.
R: (.
..) acá atendemos desde la per sona que
¾
lo más común hoy
¾
le llegó el
telegrama de despido hasta “mi marido me pega”.
En ausencia de redes de protección cercana
¾
que deja a muchos de
los alumnos sin espacio de inserción relacional (Castel, 1997)
¾
, la
escuela adquiere carácter de “zona de cohesión so cial”. Ante la
desocupación, la precariedad de las condiciones de trabajo, la
reducción de la protección le gal de los trabajadores y la pérdida de los
espacios que históricamente “cubrían” a los individuos dándoles
seguridad, la escuela se concibe como un lugar que permite una
inserción relacional que preserva al individuo de los efectos negativos
de la incertidumbre laboral y de la pérdida de seguridad so cial; para
referirse a ella se utilizan metáforas que la asocian con refugio,
salvación. Se enfatiza así una lógica de asistencia que suple tanto
carencias de sociabilidad primaria como las que resultan de la
desaparición o reducción de servicios especializados de protección
(sindicatos, por ejemplo, que proveían de seguridad, salud y defensa
laboral). Sin ser institución so cial especializada en tales funciones se
asigna cen tral importancia al ejercicio de una tutela comunitaria, que
es uno de los ejes que articulan lo asistencial (
op. cit.).
Se trata de
atenuar los efectos de la desafiliación con prácticas compensatorias; la
dimensión política de la situación queda subsumida en lo per sonal.
La consecuencia de este enfoque es que la escuela re duce la función
de ser mediadora en tre los alumnos y el conocimiento, y la sustituye
por una función de tutela basada en regulaciones propias de la
sociabilidad primaria. La institución escolar cambia su función de
lugar para hacer efectivo el derecho a la educación y cumple una
función reparadora de los daños vividos
¾
históricamente u hoy
¾
por
el joven o el adulto. La preocupación es disminuir la zona de
vulnerabilidad sin contribuir
¾
como veremos en el próximo
item
¾
a
la adquisición de herramientas útiles para aminorar la vulnerabilidad
laboral, ya que no tiene valor cen tral el proporcionar “pericias
convertibles en valores sociales” (
op. cit.
: 22).
Cabe señalar que los casos estudiados para construir esta
orientación no incluyen referencias que permitan asociar esta
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
286
asistencia a formas de caridad con fundamento religioso, sino que
tienen un carácter laico y no discriminador o criminalizador.
13
Se considera que la escuela logra sus propósitos cuando retiene a los
alumnos, de modo que el éxito escolar se asocia con la permanencia en
ella.
14
Se desplaza así la preocupación por el aprendizaje a la
preocupación por conservar la presencia del adulto, ocupando un
espacio que no ha sido creado por la sociedad para esa población, sino
para niños y jóvenes.
Lugar asignado al sa ber, al conocimiento
En esta orientación aparece una característica semejante a la de las
culturas de gestión institucional “fa mil iar”: la distribución de saberes y
el sa ber experto para su transmisión pueden quedar reducidos y a veces
excluidos (Frigerio y Poggi, 1995: 43).
El peso que se asigna a esta forma de relación minimiza los
objetivos académicos y se corre el riesgo de disminuir o vaciar de
contenidos el currículum. Se reconocen las trayectorias educativas que
condujeron a fracasos escolares, pero no se crean condiciones
institucionales que posibiliten revertirlas. Se establecen relaciones que
buscan fortalecer la autoestima, motivar, hacer que la gente se sienta
bien, autoafirmada. Esto implica un fortalecimiento del poder del
docente ante el alumno vul ner a ble, lo que re pro duce la desigualdad del
intercambio propio de la filantropía.
No se busca decrecer desigualdades de formación sino sólo de
titulación; se trata de una pedagogía de contención a expensas del
desarrollo del conocimiento.
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
287
13
La estigmatización de los estudiantes y la función disciplinadora se incluyen en la
orientación “disciplinadora y moralizante”.
14
En diversos trabajos sobre educación de niños y jóvenes de sectores populares se observa
la asociación de éxito o fracaso con retención y deserción, respectivamente (Malamud,
Cabrera). No son ajenas a esta definición las decisiones de políticas de promoción sin
aprendizaje, utilizadas a partir de la implementación de la Reforma ya no solamente en los
primeros años de la educación básica sino en los últimos de la escuela “reformada”
Relación de la orientación con otras prácticas
La adopción de esta orientación puede producir un efecto paradójico:
al centrarse en la atención in di vid ual y en la consideración per sonal
puede dar lugar a una menor atención al restringir los objetivos de la
educación y desconocer el efecto de diferenciación educativa a que da
lugar, a través de prácticas que descuidan la enseñanza.
El carácter asistencial tiene continuidad con una ética y sentido
común conservadores, por la reducción del valor del conocimiento y el
énfasis puesto en las ideas de comunidad, fa milia, grupo cercano.
La pérdida de la función docente específica y la
desprofesionalización tiene relación con el enfoque filantrópico que
sustenta las prácticas dirigidas a sectores empobrecidos. El resultado
de la adopción de esta orientación es que la escolarización crea
situaciones de injusticia cur ric u lar: se refuerza la situación de
desigualdad en relación con el derecho al estudio. La escuela no ofrece
recursos como para producir cambios en las trayectorias educativas y
sociales de los estudiantes.
Compromiso con la moralización y el disciplinamiento
Tipo de relación que prima en tre los miembros de la institución y en la
relación docente-alumno
Se establece una relación jerárquica, claramente ver ti cal en tre
docentes y estudiantes. El docente es el depositario del sa ber y de las
versiones “correctas” de la cultura y de la moral, y a partir de esa
concepción se sostiene una relación de subordinación y
descalificación, vigilancia y disciplinamiento de los alumnos jóvenes
y adultos, ubicados como inferiores en una jerarquía que acepta
naturalmente la desigualdad.
La acción de normalizar involucra comparación, diferencia,
jerarquización , homogeneización y exclusión (Foucault, 1989: 188).
El poder disciplinario implica referir las conductas a un conjunto que
es, a la vez, “cam po de comparación, espacio de diferenciación y
principio de una regla a seguir” (
op. cit.
: 187). Esto supone diferenciar
a los individuos en función de esta regla de conjunto, medir en términos
cuantitativos y jerarquizar valorativamente las capacidades, el nivel, la
“naturaleza” de cada uno. En este proceso se traza el límite que habrá
de definir “la frontera ex te rior de lo anormal”.
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
288
Atributos asignados a los estudiantes
Los alumnos son considerados per so nas que deben ser controladas y
supervisadas. Sus características son vis tas, centralmente, en términos
de carencia o deficiencia respecto a un modelo que se entiende como
universalmente aceptado y deseable.
Se evidencia
¾
en forma explícita o subyacente
¾
la idea una
cultura común (hábitos, intereses, costumbres) y, en consecuencia, lo
diverso se concibe como separación/ desviación de una norma ideal. Se
hace énfasis en el cumplimiento de normas “correctas”, de buen
comportamiento, de las cuales estos sujetos se desviarían, y desde ellas
se ubica a los alumnos como “anormales”.
Las expresiones utilizadas evidencian descalificación explícita o
encubierta de los jóvenes y adultos asistentes; se usan estereotipos,
estigmas que expresan la distancia en tre una definición uni ver sal del
sujeto “legítimo” de la educación, del joven o adulto correctamente
socializado y los alumnos concretos, que se apartan del perfil de
normalidad.
El siguiente registro de entrevista es ejemplo de ello:
(...) me interesa más que les hablen de la vida, porque no saben nada (.
..).
(...) no tienen ganas de estudiar. Les importa un bledo. Se quedan pero se van en
todas las materias.
Los rasgos estigmatizadores se esencializan como propios de un
grupo y parecen irreversibles. La descalificación de los alumnos
refiere a los siguientes aspectos: a) su capacidad de aprendizaje, b) sus
valores mo rales, c) su cultura y socialización.
a)
En relación con el aprendizaje se sostiene la incapacidad
¾
tanto
de los más jóvenes como de los adultos mayores
¾
para aprender,
con generalizaciones homogeneizadoras de esa imposibilidad.
b)
Esta incapacidad para el aprendizaje puede asociarse o explicarse
por razones mo rales. Pueden llegar a emplearse expresiones
denigratorias, vinculadas con interpretaciones que asignan sentidos
de indignidad a sus conductas, costumbres, situaciones de vida: son
sujetos “sin interés”, “vagos”, “sin ganas de estudiar”, “jóvenes que
no son nada”. Esta descalificación puede no tocar a los mayores,
quienes “se preocupan”, tienen “razones”, “motivaciones para
aprender” (necesitan el título por el trabajo, por lo hijos y/o nietos).
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
289
Sin em bargo, suele mantenerse el uso de expresiones denigrantes o
sarcásticas para ambos grupos (por ejemplo: “los imberbes” y “los
Pami”), y se hacen generalizaciones atribuyendo el bajo
rendimiento a pereza intelectual.
c)
La pobreza, como condición de vida, es considerada no sólo una
situación ma te rial sino cul tural, la cual es vista como sinónimo de
carencia de valores, de hábitos in dis pen sa bles para ser una per sona
respetada y respetable, con una explicación cir cu lar que naturaliza
sus causas: se centra la responsabilidad en el sujeto y/o el grupo de
pertenencia, ignorando las condiciones históricas
¾
los procesos
sociales, políticos
¾
que generaron esa situación.
Problemas o dificultades que se priorizan y función asignada a la
institución
A semejanza de los análisis elaborados desde una perspectiva
neoconservadora de multiculturalidad, se sostiene que estos grupos
deben ser sumados a la cultura dominante
¾
“la cultura”
¾
y que deben
adoptar, incorporar los valores centrales de la misma (Mc Laren,
1997). Los docentes, la escuela como institución tienen como tarea
cen tral enseñar los valores que permitan “integrarlos” a la sociedad. La
misma escuela es criticada porque sus cambios recientes son
entendidos como provocados por una inversión de valores que dan
lugar a la pérdida de autoridad de los docentes.
Frente a las situaciones problemáticas, las estrategias pedagógicas
consisten en presionar sobre la conciencia del alumno: “hablarles”,
“recomendar”, “aconsejar”, “avergonzar” son palabras empleadas
para referirse a esta “didáctica resocializadora”.
La concepción moral que se mantiene tiene características del
neoconservadurismo, ya que re pro duce sus temas más recurrentes
(Rodríguez Guerra, 2001):
Autoridad: “sea la que fuere (el pa dre, el patrón, el Estado)” (
op. cit.
,
2001: 60). En la escuela es la superioridad del docente frente a la
desigualdad e inferioridad esenciales de los alumnos.
Convicción en la superioridad del sentido común y la experiencia
más que en la racionalidad y formación profesional de los
profesores.
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
290
Respeto de las tradiciones y consideración de que los cambios
implican inversión de valores tradicionales de carácter uni ver sal.
Escepticismo sobre la posibilidad de producir cambios y sobre la
posibilidad de lograr igualdad.
La descalificación y estigmatización pueden llegar a tener un nivel
de expresión para la cual únicamente cabe el calificativo de grosería.
La siguiente expresión de un di rec tor es una muestra ello:
R: Por ejemplo a una chica que es soltera con hijos y que está en un hogar y viene
acá. Una de ellas volvió a embarazarse. Le hablé: “tenés que estudiar, ¿qué vas a
hacer soltera y con dos hijos?, vas a ser una arrastrada”.
Esta visión conservadora puede adquirir rasgos de violencia ver bal
¾
como se evidencia en la expresión que acá se re pro duce
¾
o puede
manifestarse en un estilo paternalista, expresado en la preocupación
por lograr un ambiente “fa mil iar”, por contar con profesores que se
preocupen y “comprendan” a los alumnos. En necesario, sin em bargo,
diferenciar esta última forma de la orientación centrada en la atención a
la per sona, ya que se distancia por la concepción que se tiene de los
alumnos, de las causas de sus problemas y por las prácticas escolares
que se dirigen a ofrecer espacios de resocialización y no de pertenencia
so cial.
Aparecen términos que retoman la idea del docente como sal va dor,
de estar salvando a los alumnos de riesgos mo rales, al admitirlos en las
escuelas y enseñarles.
Afirma un directivo:
Hoy salí de casa a salvar la vida de un alumno.
Popkewitz (1988) afirma que cuando la formación de los mae stros y
profesores pasó a la escuela y a la universidad se fueron secularizando
sus objetivos, sin perder la dimensión moral. “Los profesores ofrecían
la salvación a los inmigrantes, a las clases trabajadoras y
posteriormente a la nación en peligro” (
op. cit.:
130). La preocupación
moral incluía tanto el alma del niño, su personalidad, como sus
relaciones interpersonales, actitudes sexuales y ética laboral.
Lugar asignado al sa ber
El lugar otorgado al sa ber académico es secundario. El pesimismo
sobre las potencialidades de la acción educativa en estos sujetos
distancia a esta orientación de las perspectivas más liberales que
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
291
“confían” en la posibilidad del cambio de los sujetos mediante la
instrucción.
Me interesa que aprendan Contabilidad pero me interesa más que le hablen de la
vida, porque no saben nada.
En coherencia con la percepción que se tiene de los alumnos, el
lugar cen tral del currículum está asignado a la transmisión de valores,
hábitos sociales, contenidos de carácter moralizante. Los problemas
prioritarios tienen que ver con “el buen comportamiento” vinculado a
pautas sociales y mo rales. Es la influencia moral del docente lo que
puede dar lugar a readecuar las conductas y a conseguir la adaptación
so cial de los estudiantes.
Relación de la orientación con otras prácticas
Esta concepción es significativa en las primeras actividades de
educación de adultos desarrolladas por sectores conservadores en
Argentina: de fender la moral y disciplinar a las masas fue una de las
estrategias de con trol so cial. El con trol sobre la moral femenina y de
los trabajadores en gen eral fue uno de sus objetivos, y es posible
encontrar en diversas autoridades escolares y del Ministerio
expresiones que evidencian, en la historia de la educación de adultos,
los antecedentes de esta orientación moralizadora. A título de ejemplo
podemos recordar la expresión del diputado A. Ferreira: “formar al
obrero de ambos sexos [es] (.
..) la única forma de de fender la moral del
pueblo, particularmente de la mujer (citado por Rodríguez, 1992: 55).
Compromiso con la distribución igualitaria del conocimiento escolar
Tipo de relación que prima en tre los miembros de la institución y en la
relación docente/alumno
El docente es mediador en tre los alumnos y los contenidos, y su
preocupación es generar las condiciones que posibiliten el aprendizaje
del currículum prescrito, y superar, re mover obstáculos cognitivos y
afectivos que lo dificultan. El valor esencial es lograr el aprendizaje.
Hay una ética de responsabilidad vinculada con la eficacia profesional
y con la función de distribución de conocimiento, pri mor dial en la
escuela pública.
La centralidad del afecto puede también incorporarse, pero se
plantea como condición para la enseñanza. En este caso existe
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
292
preocupación por crear una cultura cooperativa, de apoyo, de
confianza en los estudiantes, pero se mantiene la prioridad de la
función de enseñar y el con trol de resultados de aprendizaje. El vínculo
afectivo no puede reducir el compromiso ético, la responsabilidad por
enseñar, evaluar y certificar.
Estas responsabilidades asignan autoridad al docente y se plantea en
el aula la diferencia clara de funciones y jerarquías en tre docentes y
alumnos. Esa relación está marcada por la desigualdad derivada de la
responsabilidad por instruir el conocimiento escolar con evaluación de
su logro para certificarlo. No se trata de una diferencia de poder que se
extiende a todos los aspectos de la relación estableciendo una
diferencia permanente, sino en los límites de la situación de enseñanza
y evaluación.
Atributos asignados a los estudiantes
Todos los atributos con los que se caracteriza a los estudiantes se sitúan
en sus posibilidades u obstáculos para el aprendizaje. Se les considera
calificados para alcanzar el objetivo de acceder a los contenidos
curriculares con un nivel básico por debajo del cual no se admite la
promoción, y que puede ser obtenido a través del trabajo pedagógico.
El interés del adulto por aprender y la necesidad de que la escuela se
haga técnicamente responsable del aprendizaje y de tomar en cuenta
las condiciones objetivas de la vida de los adultos son señalados
reiteradamente. La biografía educativa, con fracasos escolares y el
contexto presente son considerados el origen de las dificultades que no
se esencializan. Los problemas de aprendizaje se explican
contextualizándolos, ya sea desde una perspectiva macrosocial
¾
reconociendo como obstáculos las condiciones objetivas actuales de
su vida
¾
como desde la historia per sonal, admitiendo el peso negativo
de experiencias educativas previas.
No incluimos en esta orientación algunos casos que manifiestan
preocupación por la puesta en circulación del currículum prescrito pero
que, en relación con los estudiantes, sostienen una concepción de
autonomía que comparte rasgos de los enfoques liberales y neoliberales
sobre los individuos: las per so nas son concebidas como seres libres para
elegir lo que más le conviene sin condicionamientos. Esta interpretación
parece coincidir, en parte, con la sustentada por autores de Nueva
Derecha, quienes afirman que “los individuos (.
..) están motivados por
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
293
consideraciones maximizadoras de utilidad, y que están bien informados y
son totalmente racionales en sus elecciones” (Tullock-Bu chanan, en
Rodríguez Guerra, 2001: 69). Los resultados escolares de los individuos
se asocian a sus méritos y capacidades. El alumno es quien de cide
permanecer o no, responsable de sus propias acciones, de elecciones
racionalmente fundadas, como si la libertad y la responsabilidad
individual fueran “dos elementos in sepa rables en cuanto que todo
individuo debe tener posibilidad de elegir” (Di Pol: 43). En algunos casos
surgió esta caracterización de los estudiantes y es un aspecto que tenemos
previsto profundizar en la etapa de investigación que actualmente se
inicia, porque consideramos que daría lugar a la construcción de otra
orientación.
Problemas o dificultades que se priorizan y función asignada a la
institución
Si bien hay referencia a la importancia de retener a los estudiantes, no
se valora la retención sin aprendizaje. El resultado del trabajo
institucional se evalúa en función de la obtención de aprendizajes
significativos para la vida per sonal: inserción laboral, continuación de
estudios terciarios, apertura de intereses culturales.
Se asigna prioridad a una lógica técnico-in stru men
tal: se
diagnostica a los estudiantes según sus posibilidades y dificultades
para el aprendizaje, y se establecen proyectos institucionales y
actividades de equipos docentes que, se supone, facilitan la
incorporación a la institución y dan instrumentos cognitivos para
enfrentar con éxito el estudio escolar (por ej., metodología de estudio).
Las situaciones que presentan problemas y no están directamente
relacionadas con la enseñanza
¾
las cuales suelen encontrarse en estas
instituciones, tales como alcoholismo, drogadicción
¾
no son
censurados, y son objeto de atención profesional especializada.
A diferencia de la orientación centrada en la asistencia a la per sona
¾
que con duce a que en la escuela se asuman responsabilidades
específicas de otros servicios sociales, sin contar con las condiciones
técnicas necesarias para hacerlo
¾
y de la disciplinadora
¾
que acusa y
criminaliza las conductas supuestamente desviadas de los
estudiantes
¾
, se reconoce que esas situaciones indican problemáticas
que deben ser examinadas en la escuela pero atendidas por sectores
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
294
especializados dentro del sistema de educación (grupos de orientación,
por ejemplo) o por instituciones del sistema de salud responsables por
este tipo de asuntos. La misma lógica profesional que se utiliza para
resolver los problemas de la enseñanza es la que se aplica en todas las
situaciones.
Lugar asignado al sa ber, al conocimiento
Lo señalado hasta acá pone de manifiesto la centralidad que tiene el
conocimiento en la orientación. La eficacia instructiva debe contribuir
a lograr dos objetivos esenciales: uno de carácter propedéutico, de
preparación para la continuidad de estudios de nivel terciario; el otro es
preparar para el trabajo, ofrecer posibilidades de inserción o
mejoramiento de las condiciones laborales.
El currículum prescrito es el eje de la tarea escolar, ampliado, en
algunos casos a través de la incorporación de actividades o temáticas
vinculadas con derechos, cuestiones que hacen a la ciudadanía
(prejuicio, por ejemplo), pero que constituyen un “isla” en el desarrollo
cur ric u lar. Los proyectos institucionales enfatizan el aprendizaje de
conocimientos disciplinares y el dominio de destrezas técnicas y
metodológicas que desarrollen la autonomía de estudio.
El supuesto que orienta la definición de objetivos de conocimiento
está vinculado con una idea de justicia distributiva: la preocupación es
que los alumnos reciban un cap i tal educativo al que, como un bien
social, tienen derecho. El conocimiento es un cap i tal cul tural asociado
con la rentabilidad que puede tener en el mercado de trabajo.
Los problemas a re solver son técnico-pedagógicos para facilitar la
puesta en circulación y la apropiación de esos conocimientos. No se
incorporan referencias a la forma en que la cultura es vehículo de
significaciones, de que “los signos son parte de una lucha ideológica
que crea un régimen par tic u lar de representación que sirve para
legitimar una determinada realidad cul tural” (Mc Laren, 1997: 158).
Se hace referencia, en algunos casos, a la igualdad en tre adultos, a
los saberes cotidianos de éstos, pero este tipo de discurso sobre la
igualdad del adulto enmascara el hecho de que se trabaja con el
currículum hegemónico y que se diferencia, sin intento de integración,
la cultura cotidiana y la escolarizada.
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
295
Relación de la orientación con otras prácticas
La responsabilidad profesional y el compromiso con la función de
enseñanza resultan de considerar a la educación como derecho, al
sistema de educación como bien público y como espacio público
responsable de hacer efectivo el derecho a la educación; por lo que se
reconoce la responsabilidad fun da men tal del Estado. La orientación
político-educativa que se adopta co in cide, así, con el principio
constitutivo de la educación pública como espacio institucional de
transmisión de cultura (Carli, 2003). Persiste este ideal con
reconocimiento de los límites materiales y simbólicos para alcanzar la
igualación so cial y educacional. Se retoma la función
homogeneizadora de la escuela en el sentido de intentar reducir la
brecha educacional que puede ampliar la brecha so cial existente.
Compromiso con el desarrollo del conocimiento crítico
Tipo de relación que prima en tre los miembros de la institución y en la
relación docente/alumno
La escuela es considerada un espacio cen tral para la puesta en
circulación de conocimientos necesarios hacia el análisis de la realidad
y el desarrollo de procesos cognitivos y actitudes que permitan el logro
de un aprendizaje crítico. Las categorías con las que se formulan
objetivos, problemas o características de los estudiantes refieren
especialmente al aprendizaje, a la enseñanza, a la reflexión, al no
dogmatismo. A semejanza de la orientación centrada en el
conocimiento, el docente es mediador en tre los alumnos y los
contenidos, pero el conocimiento por construir se “despega” del
currículum escolar y de los saberes cotidianos y se ubica en la
comprensión de la realidad y en la adquisición de marcos conceptuales
que la posibiliten. La ética de responsabilidad vinculada con la eficacia
profesional, que señalamos como significativa en la orientación
centrada en el conocimiento, se mantiene en ésta pero vinculada con la
preparación para el reconocimiento de relaciones de poder en diversos
aspectos de la vida.
Si bien el análisis de la realidad debe partir de la experiencia de los
alumnos, de sus vivencias y saberes cotidianos, se cree in dis pens able la
puesta en circulación de conocimiento teórico estructurado, de marcos
conceptuales que permitan ubicar al alumno como sujeto consciente de
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
296
la realidad en que vive y como ciudadano con conciencia de sus
derechos.
R: Yo concretamente he tenido mucha satisfacción cuando a mí la gente me dice
yo le sigo abriendo la cabeza.
P: Eso lo dicen en qué sentido?
R: (.
..) tiene que ver con tomar conciencia, si por ejemplo trabajamos sobre una
cuestión de género tomar conciencia cuál es lo femenino, lo que se está pactando,
por qué se pacta esto. Te estoy dando un ejemplo puntual.
(...) Estar asesorada legalmente (.
..) poder ubicarte con la dignidad humana,
frente a las peleas que tenés que hacer, a tus obligaciones también a las
responsabilidades que tenés y a los derechos (.
..) es un laburo institucional,
¿entendés?
En el nivel cognitivo se busca una relación que favorezca la
autonomía intelectual de los alumnos. El docente no debe imponer sus
puntos de vista sino presentar interpretaciones teóricas diferentes y dar
posibilidad de lectura de autores representativos de ellas, textos
originales más que manuales escolares, para enseñar a identificar y
comparar las interpretaciones diferentes de las situaciones estudiadas.
Atributos asignados a los estudiantes
Los estudiantes son reconocidos como sujetos cuyas características
cognitivas dependen de su situación so cial y del contexto histórico en
que viven. En relación con la situación so cial hay reconocimiento de su
pertenencia a los sectores populares y con una subjetividad cuyos
atributos están vinculados con esa situación: pueden ser sujetos
sometidos, sin conciencia de clase o, por el contrario, se les ve como
sujetos sociales con posibilidad de organizarse y participar para
demandar, re solver colectivamente problemas, resistir.
En situación escolar, la subalternización se evidencia en la escuela
en el desconocimiento de su derecho a la educación que se expresa como
subjetividad “agradecida”.
R: (.
..) el alumno adulto es como que (.
..) no tiene crítica, no es como el
adolescente que te va a polemizar. Ellos todo agradecen.
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
297
Esta caracterización como sujetos agradecidos
¾
reiteradamente
señalada como un valor positivo por otros educadores de adultos
¾
15
adquiere en esta orientación un sentido de reconocimiento de una
subjetividad subordinada, para la cual la educación es una gracia y no
un derecho, lo cual coloca al estudiante en una relación de dependencia
respecto del docente que requiere ser revertida. Se piensa que esta
subjetividad del alumno es resultado de la estigmatización de la que
son objeto tanto socialmente como en el sistema educativo.
Esta no es una característica generalizada. Se admite que hay
alumnos que son sujetos políticos comprometidos en la participación
de actividades tendientes a re solver los problemas de su grupo y que se
integran y actúan solidariamente en instituciones y redes sociales. El
reconocimiento de esta realidad implica que la escuela debe apoyar con
capacitación, las prácticas sociales de los alumnos.
En relación con lo cognitivo se plantea la existencia frecuente de
obstáculos para el aprendizaje, pero también la posibilidad de que sean
superados con una orientación docente adecuada.
R: (.
..) toda la charla empieza desde lo vivencial, pero después va a terminar en la
lectura de Freud (desarrolla todo el proceso de análisis de un tema de
Psicología).
P: ¿Lo entienden?
R: Sí, después que pasamos por todo el camino. Lo explico lo con cep tual y
después vamos al orig i nal.
Problemas que se priorizan y función asignada a la institución
Los propósitos asignados a la escuela se vinculan con las dimensiones
cognitiva, ideológica y política, si bien la prioridad son las dos
primeras. Se espera que el conocimiento y la práctica escolar crítica
contribuyan a una práctica so cial diferente, alternativa.
En lo cognitivo, el objeto cen tral que se explicita es el logro de
aprendizaje con cep tual. El docente tiene un papel directivo: debe
orientar la problematización, el análisis por medio de teoría y
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
298
15
Es frecuente que los educadores refieran a lo placentero que es trabajar con adultos porque
agradecen todo. Esto emergió en entrevistas de este estudio y en diversas reuniones en las
que participamos con maestros y profesores.
coadyuvar a adquirir conciencia de derecho, al desarrollo del
conocimiento teórico, no dogmático e históricamente situado.
Se enfatiza la función so cial, ideológica de la educación. Se busca
que el conocimiento que se construye en la escuela proporcione
recursos conceptuales, con el fin de conseguir un conocimiento crítico
de la realidad de la que el sujeto es parte. El éxito escolar consistiría en
que los estudiantes pudieran reconocer cómo se pro duce el poder en la
vida cotidiana y cómo es factible revertir esas situaciones.
R: Yo veo que hacen trabajos sobre las cosas de la localidad ¿no? Entonces
tienen ahí el río y hacen todo un trabajo del río de esa localidad. Pero, ¿de qué te
sirve hacer un análisis lo cal, exhaustivo si vos después eso lo cal no lo podés
enmarcar en una problemática de una país, en una problemática
latinoamericana, en una problemática mundial?
Se trabaja sobre las múltiples dimensiones de los problemas y se
evita el academicismo.
16
La enseñanza intenta trascender el sentido
común ofreciendo marcos teóricos y dando evidencia de las diferencias
de interpretación de lo so cial y cul tural, según los presupuestos de los
autores. El diseño cur ric u lar debe ser responsabilidad de los docentes
por la importancia que tiene la selección de contenidos relevantes :
a)
para comprender la realidad histórico-so cial;
b)
por su vinculación con
las experiencias de los estudiantes. Esto implica alta autonomía de los
docentes.
Se considera que la escuela debe posibilitar la experiencia de
participación en un espacio so cial alternativo, con el fin de que los
alumnos adquieran capacidad para configurar, en espacios
extraescolares, condiciones culturales de carácter solidario que
contribuyan a desarticular relaciones de desigualdad y de poder.
Lugar del conocimiento
El objetivo pri mor dial del trabajo pedagógico es lograr el
conocimiento crítico, que implica teorizar, establecer relaciones y
basar los juicios en pruebas y comprensión de los acontecimientos. El
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
299
16
Entendemos por academicismo al uso de conocimientos provenientes de un sistema que
puede ser producto de investigación científica, pero que se adquieren y son utilizados sin
relación con los métodos con los que se les produjo y sin referencia a la realidad
(Brusilovsky, 1992).
manejo de técnicas y métodos para el aprendizaje escolar, para la
lectura comprensiva
¾
tal como señalamos al describir la orientación
centrada en la enseñanza escolar
¾
adquiere valor para acceder al
conocimiento crítico.
Se valora la puesta en circulación de conocimientos provenientes de
cuerpos teóricos organizados, poniendo énfasis en la lógica de las
disciplinas más que en la acumulación de información aislada. Si bien
hay valorización de los saberes de los adultos y se asigna relevancia a
lo construido en la vida cotidiana, a partir de la experiencia, se
reconocen sus límites, los cuales deben ser revisados con intervención
del docente, quien debe facilitar el acceso a conceptos que contribuyan
a pensarlos teóricamente, a reconstruirlos con marcos conceptuales del
sa ber elaborado. Si bien el sa ber académico debe hacerse accesible
partiendo del cotidiano, éste debe ser examinado críticamente, para
incluirlo en teoría y poner en cuestión interpretaciones de la realidad
únicas y vinculadas con situaciones particulares, a acciones concretas.
(...) Si no hay un buen encuadre teórico, o quedamos en una anecdotario, o
quedamos en una desjerarquización del contenido.
El conocimiento académico científico debe ser puesto al alcance del
alumno, sin banalización de la información; se valora la lectura de
autores calificados y se procura evitar la escolarización del
conocimiento.
P: Vos trabajás con fuentes bibliográficas.
R: Sí.
P: (.
..) y no con el man ual del alumno.
R: No, no, yo no trabajo con el man ual.
P: ¿Y pueden llegar a entender? Harás una selección de párrafos.
R: Sí toman párrafos, in clu sive yo he logrado que distingan párrafos de Freud y
de Melanie Klein.
Si bien se procura crear conciencia reflexiva, no se organizan, desde
la escuela, acciones de práctica directa sobre la realidad so cial.
R: (.
..) yo creo que la escuela no es el espacio para que vos hagas una
movilización con todos los alumnos.
La conexión con la realidad y la práctica so cial de los estudiantes se
establece a través de organización de actividades educativas o de la
vinculación con especialistas que puedan contribuir a sostener
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
300
prácticas en organizaciones populares; sin em bargo, no se desarrollan
acciones de presión, resistencia, organización o de vinculación
permanente desde la escuela con organizaciones sociales.
(...) Estas señoras que hicieron estos cursos, yo in clu sive los conecté con la gente
del distrito 5º del colegio de médicos, hicieron estos cursos para después ser
promotores, por fuera de la escuela ¿no?, para después ser promotores en sus
bar rios.
Relación de la orientación con otras prácticas
Esta orientación evidencia una clara relación con las ideas medulares
de una pedagogía crítica por la caracterización de los alumnos en
relación con criterios de clase so cial, por la función asignada a los
docentes y la vinculación de su práctica con problemáticas sociales que
los acerca a la figura de “intelectual público”, comprometido con
objetivos emancipatorios. La escuela queda definida como una esfera
pública de lucha, al instituirse la relación de la educación con el poder
que op era en la sociedad, por lo que aparece como arena de de bate de
temas en los que el análisis del poder y la desigualdad en las diversas
esferas de la vida so cial constituyen contenidos curriculares. Aunque
no hay una articulación directa con otras instituciones sociales a través
de prácticas compartidas, se plantea la necesidad de abordar los
problemas del medio cercano en su contexto nacional e internacional,
para “la formación de los estudiantes como agentes críticos, capaces de
comprender, analizar y ampliar las posibilidades de sostener y
profundizar la vida pública democrática” (Giroux, 1992: 38).
Compromiso con la práctica crítica
Tipo de relación que prima en tre los miembros de la institución y en la
relación docente alumno
Algunos de los rasgos que presenta esta orientación la acercan a la de
compromiso con el desarrollo de la crítica, pero se diferencia por el
peso que adquiere la práctica so cial en y desde la institución y el
explícito reconocimiento del sentido político de toda práctica
educativa. Este rescate de la naturaleza política de la educación coloca
el poder en un lugar cen tral para el análisis, tanto de las relaciones al
interior de la escuela como de la relación de ésta con el contexto so cial
y con el Estado.
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
301
En esta orientación, el análisis de las relaciones en tre los actores no
puede reducirse a la vida intrainstitucional, porque se hace referencia
¾
reg u lar y explícitamente
¾
a las relaciones de los miembros de la
institución en tre sí, con el medio so cial y con el Estado. Las categorías
con las que se les analiza refieren a la participación en la
transformación de la realidad, a los conocimientos necesarios para una
práctica crítica y a la necesidad de que la escuela articule con otras
instituciones sociales que tengan objetivos de carácter emancipador.
La preocupación por la autonomía de los estudiantes no desconoce
la función específica de los docentes. Por el contrario, hay valorización
de su función de ser mediadores en tre los alumnos y el conocimiento
crítico: el compromiso con el aprendizaje constituye una forma de
vínculo in dis pens able en tre los integrantes de la institución. Si bien se
enfatiza el objetivo de establecer una relación dialógica, de respeto y
aceptación de ideas y de diferencias, y de superación de asimetrías de
poder en tre docentes y estudiantes, así como la valorización del
aprendizaje en tre pares, los docentes tienen un papel activo en la
problematización, en la puesta en circulación de conocimientos, en la
construcción de situaciones que contribuyan a superar obstáculos para
el aprendizaje, en la elaboración de materiales de lectura que provean
de información para el análisis de problemas que se están enfrentando.
La escuela, como lugar de construcción de identidades políticas,
establece relaciones con otras organizaciones sociales comprometidas
con el mismo objetivo emancipador, de modo que se articule la vida
intraescolar con un proyecto democrático más amplio.
En cuanto a la relación con el Estado se plantea que, a partir del nivel
microsocial
¾
la escuela
¾
corresponde actuar políticamente en
defensa de la educación pública, ejerciendo presión para que el Estado
asuma su responsabilidad en relación con la creación de condiciones
para el óptimo funcionamiento de las escuelas.
Atributos asignados a los alumnos
Hay coincidencia con la orientación crítica en señalar el origen so cial y
las características cognitivas de los estudiantes. Se reconocen las
condiciones históricas en las que los jóvenes y adultos se desarrollan y
los efectos diversos que éstas pueden tener en su subjetividad; de modo
que no se expresa una visión homogeneizadora de los alumnos. Se
admite que parte de ellos evidencian atributos vinculados con
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
302
sometimiento y que otros, por el contrario, son sujetos con conciencia
de sus condiciones de existencia so cial y dispuestos a actuar para su
transformación.
En lo relativo a los aspectos cognitivos, se indican diversos
intereses y representaciones de la institución escuela que condicionan
las prácticas y demandas de los estudiantes, así como las dificultades
provenientes de la heterogeneidad de la formación escolar previa.
La educación como derecho so cial está presente en el análisis de las
condiciones de vida. Se hace referencia a las condiciones presentes, al
contexto so cial y económico, y a la historia per sonal que determina la
historia educativa; todas estas circunstancias deben tomarse en cuenta
para organizar la enseñanza no sólo en el espacio del aula sino “con
espacios alternativos de trabajo”, para prevenir la reiteración de
situaciones de exclusión.
Diversas situaciones de la vida escolar se interpretan en términos de
apropiación o carencia de poder: la dependencia o autonomía respecto
de los docentes, la ausencia de interés o el deseo de apropiación de
conocimientos, la búsqueda de pruebas externas de aprobación o la
capacidad de autoevaluación, la preocupación por la certificación más
que por el aprendizaje son interpretadas como señales de
subalternización o de capacidad de apropiación de poder.
Se considera que los alumnos son sujetos con capacidad para
construir proyectos, de participar en la construcción de la escuela. El
reconocimiento del papel obstaculizador que cumple sus
representaciones sobre la educación, para hacer efectivo un proyecto
participativo es un dato por tomar en cuanta, para organizar actividades
que contribuyan a revertir esas características. Esta idea relativa a la
posibilidad de avanzar en la autonomía de los estudiantes de fine
actividades tendientes a generar deseo por el conocimiento, interés por
apropiación del sa ber.
Problemas que se priorizan y función asignada a la institución
La integración de la educación de jóvenes y adultos en un contexto
escolar obliga a pensar en cómo sistematizar el trabajo sin
“escolarizar”. Los objetivos, la organización de la enseñanza, las
decisiones curriculares, la evaluación y la relación con el medio so cial
contribuyen a dar especificidad a esta orientación.
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
303
La escuela es definida como espacio de educación política, en el
cual se procura la creación de una nueva cultura. Se le planifica,
explícitamente, como espacio cul tural alternativo, ámbito de puesta en
acción de una experiencia de resistencia, de construcción, de un
modelo so cial que posibilite, en la práctica, el desarrollo y aprendizaje
de relaciones sociales cooperativas, solidarias y que genere el deseo de
apropiarse del conocimiento: la apropiación de poder político requiere
de la apropiación de sa ber. Los ejes ideológicos-culturales (Martínez
Bonafé, 1998) que estructuran la propuesta cur ric u lar pueden ser
diversos, pero están vinculados con problemas que afectan a la
igualdad de derechos de los sectores sociales subalternos.
17
La escuela es entendida como un espacio comprometido con:
a)
La construcción y ejercicio de ciudadanía crítica.
b)
El fortalecimiento de la sociedad civil y de una democracia
participativa.
c) El desarrollo de discusión pública de problemas relevantes y de
promoción o participación en acciones colectivas, organizadas.
a)
Se trabaja por la constitución de sujetos participativos. Se trata de
conformar una subjetividad participativa, de lograr el aprendizaje
de conocimientos que apunten a la construcción de una sociedad
igualitaria. La articulación de trabajos académicos y prácticas que
promuevan la participación constituye una forma de preparar para
intervenir en el cambio de la realidad y de generar, anticipar en la
práctica institucional, el tipo de relaciones que se consideran
deseables.
b)
Se pone énfasis en la organización de una institución educativa
que se organice y sirva a la organización so cial y al desarrollo de
prácticas políticas, a la expresión de demandas colectivas, que si
bien surgen y se expresan en el espacio lo cal (la escuela, el bar rio) se
vinculan con las condiciones del sistema so cial, con sus relaciones
de poder.
Que no sea meramente en el colegio la participación (.
..)
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
304
17
Ejemplos de ejes organizadores del aprendizaje son: la educación como derecho negado y
convertido en objeto de análisis y acción colectiva, las relaciones entre capital y trabajo para
el análisis de la subordinación del trabajo.
(...) nosotros nacemos en el ’92, nosotros como escuela nacimos y nos
desarrollamos fundamentalmente, cuando el Neoliberalismo estaba en su ola
ascendente máxima, (.
..) en ese contexto, nosotros apuntábamos
fundamentalmente, a trabajar en lo que, nosotros llamamos la construcción de la
comunidad. O sea, tratar de que la gente pueda organizarse comunitariamente,
pueda ver en la escuela un espacio en el cual se pueda concurrir, se pueda
organizar, se puede reunir, se puede agrupar y puede, mínimamente, comenzar a
pensar comunitariamente.
(...) Tratar de consolidar en esta institución un espacio donde los vecinos (.
..)
c)
Parte de los objetivos asignados a la institución escolar apunta
hacia el desarrollo de la organización so cial. Se distancia, así, de la
concepción dominante que restringe la función de la educación a la
preparación para el trabajo y que disocia la enseñanza de la práctica.
(...) No se nos cruza por la cabeza el tema de la salida laboral. No se nos cruza
porque sabemos que estaríamos engañando a la gente, nosotros no le podemos
garantizar a la gente que cuando egrese van a salir como Peritos Auxiliares de
(...) y van a poder trabajar en ( .
.)
18
De esta manera, la asociación en tre educación for mal y trabajo es
relativizada al considerar las condiciones de un contexto político,
económico y so cial que restringe las posibilidades del empleo. En esta
dirección, se desmitifica el discurso hegemónico que otorga a la
escolaridad su sentido cen tral, en tanto medio para la obtención de un
trabajo. Por el contrario, aparecen otros objetivos vinculados con la
posibilidad de organización de los sujetos involucrados y a la
transformación de su medio lo cal, a partir de intervenciones
posibilitadas por el acceso a la educación. Los docentes cumplen
función de “intelectuales transformadores“. Su preocupación cen tral
no consiste en proporcionar instrumentos para la movilidad so cial
individual sino por dar lugar a aprendizajes vinculados “a la meta más
política de educar a los estudiantes para tomar riesgos y luchar dentro
de las relaciones actuales de poder al fin de alterar las condiciones
opresoras en las que se vive” (Mc Laren, 1998: 108).
(...) qué tipo de hom bre queríamos formar (.
..) la primera sería un hom bre
pensante y que a partir de allí tenga la posibilidad de poder, de elección.
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
305
18
Se omite la referencia a la especialidad y a posibles lugares de trabajo para preservar la
identidad del entrevistado, dado que las especialidades de las escuelas permiten ubicar los
casos estudiados.
Lugar asignado al sa ber, al conocimiento
Se reconoce la dimensión política del conocimiento, que se evidencia
en la identificación de distintas perspectivas en el abordaje de las
disciplinas, en el tipo y orientación de los contenidos de las materias.
Nuestra escuela no es neu tral (.
..) Planteamos una currícula que justamente
integre esta idea: las relaciones en tre trabajo y el cap i tal y centralmente un
análisis crítico de la subordinación del trabajo al cap i tal.
La escuela es concebida como una comunidad crítica. El trabajo
docente, desde esta perspectiva, se opone a la división en
tre
concepción y práctica, en tre pensamiento y ejecución. La forma de
asunción de la función docente se caracteriza por la autonomía, que
se
evidencia en la selección de los contenidos, en el modo en que se
ordenan y en los procesos de evaluación. En este sentido, se reconoce
que el currículum escolar es un recorte posible de la realidad en el que
se expresan determinados valores, principios, concepciones del mundo
que se quieren transmitir, problematizar y recrear. El currículum se
define, por eso, en la institución, con conocimientos seleccionados y
organizados por discusión y acuerdo en tre colegas. Si bien no es
posible eludir
¾
por exigencias de la autoridad pública
¾
las
asignaturas del currículum prescrito, los contenidos se redefinen y son
seleccionados con un criterio de racionalidad política, para favorecer el
aprendizaje de un conocimiento emancipador.
El conocimiento está dirigido no sólo a reconocer y develar los
aspectos políticos y económicos de la realidad sino que está, también,
orientado hacia la acción. La escuela mantiene, como se señaló, una
estrecha relación con otras organizaciones sociales
¾
redes,
emprendimientos cooperativos, organizaciones culturales,
asistenciales
¾
porque se plantea que se aprende y enseña en contacto
con otros.
Se asigna importancia al conocimiento y a los puntos de vista de los
alumnos, sin colocarse en postura de relativismo cul tural sino
prestando atención a los efectos que esos saberes tienen dentro del
orden so cial. El conocimiento es estrategia para desnaturalizar
relaciones de poder.
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
306
Relación de la orientación con otras prácticas
El efecto buscado desde esta orientación es avanzar en los procesos de
democratización so cial y de la propia institución, intervenir sobre
relaciones de poder en el cam po político educativo, convertir a la
escuela en esfera pública y espacio legítimo de prácticas
reivindicativas de derechos.
Constituye una ruptura con las otras orientaciones, porque no se
trata de preparar “para” sino de una práctica educativa articulada con
prácticas sociales, con análisis de problemas que afectan a la clase
social a la que pertenecen los alumnos y ante los cuales la reflexión es
necesaria para actuar sobre la realidad y modificarla. En este sentido,
constituye un intento de incorporar en la escuela un modelo de
educación pop u lar, en la medida que in tro duce en ella características
de este enfoque: su carácter político, que se expresa en el
“protagonismo del sujeto pop u lar, en la promoción de relaciones de
cooperación y solidaridad (y) en la intencionalidad transformadora”
(Rigal, 1995: 170), en el respeto a la experiencias y conocimiento de
los estudiantes pensados como sujetos políticos, en la
horizontalización de relaciones al in te rior de la institución.
La perspectiva que se sostiene enfatiza la necesidad de formar
sujetos que sean concientes de la existencia de una sociedad desigual y
que las elecciones que realicen tengan un sentido transformador de
ella. Se piensa a los alumnos en términos colectivos, como sujetos
políticos. En esta dirección se insta a los estudiantes a tomar posición,
expresar sus ideología sobre diferentes problemáticas vinculadas con
un orden so cial injusto.
Para seguir pensando
Las orientaciones y su caracterización constituyen una primera
aproximación, un intento de clasificar las tendencias que adoptan las
prácticas escolares. Quedan abiertas varias líneas de trabajo e
interrogantes. Nos preocupan, en par tic u lar, dos cuestiones:
a)
en
relación con la tipología nos parece necesario avanzar en el estudio
sobre qué otras orientaciones pueden identificarse y cómo dar más
precisión a las ya construidas.
b)
En torno a las condiciones en las que
se instala una u otra orientación, nos parece in dis pens able profundizar
en las condiciones que favorecen u obstaculizan determinadas
tendencias. Sabemos que hay escuelas en las que la orientación
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
307
constituye un explícito criterio de la dirección, que se for mula como
objetivo y preocupación para la planificación del trabajo. Sin em bargo,
la heterogeneidad de los docentes y el aislamiento en que se suele
desarrollar el trabajo de aula hacen que en una misma institución
puedan coexistir diversas orientaciones.
Así, el trabajo institucional resulta un espacio conflictivo, en
especial en los casos en que se intenta desarrollar una práctica docente
crítica o transformadora. “El convencimiento” para llevar a cabo una
práctica educativa, no meramente asistencialista ni enciclopedista, no se
encuentra homogéneamente en todos los docentes. La referencia a la
existencia de docentes “convencidos” y “no convencidos” nos remite a
la problemática del
poder para hacer
y el
poder para querer hacer
(Martínez Bonafé, 1998) en relación con la autonomía de la práctica
docente.
“El
poder para querer hacer (.
..)
tiene una dimensión
ideológico-emancipatoria” (
op. cit.
: 44), un conocimiento con
conciencia que excede lo técnico-pedagógico, referido a la necesidad
de que los profesores tomen conciencia de la “responsabilidad de su
presencia
¾
o ausencia
¾
en la toma de decisiones políticas” (
op. cit.
:
44) que definen el currículum.
La incorporación de una u otra orientación depende no sólo de la
subjetividad de los docentes. Parece necesario revisar las condiciones del
sistema de educación que dificultan el desarrollo de prácticas alternativas
y aún la posibilidad de puesta en práctica de la orientación que procura la
distribución más igualitaria del conocimiento. Cabe preguntarse cuáles
son las condiciones que contribuyen a desplazar la función de enseñar de
la escuela y a sustituirla por prácticas
asistencialistas o controladoras.
Hay, en este sentido, varias características que podrían estar
condicionando, al in te rior del cam po de la educación de adultos, las
estrategias sustitutivas de la función de enseñar. Podríamos señalar:
La indefinición de los contenidos imperiosos para la formación de
los estudiantes por la indefinición de las funciones de la educación
escolar de adultos, insuficientemente debatida.
La insuficiente claridad relativa a los objetivos de la educación
media, en par tic u lar para adultos.
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
308
La ausencia de claridad respecto a qué se considera logro de la
escuela: ¿retener o garantizar el aprendizaje?, vinculada con la
preocupación por acreditar.
La “apertura de la enseñanza”, derivada de lo an te rior, que no
permite al docente identificar qué entiende por tarea “terminada”.
Las condiciones institucionales que no proporcionan espacios para
compartir experiencias, para comprender los cambios que se están
produciendo en las escuelas y para dialogar sobre problemas.
Si se relacionan estas características con las políticas educativas,
cabe señalar que hace muchos años que no hay, desde los mensajes
del gobierno de la educación de adultos, un encuadre claro o
apertura de de bate sobre todo lo an te rior.
Las condiciones de la organización escolar, en par tic u lar la forma de
asignación de car gos por hora cátedra y la selección de los docentes
por listados, crea dificultades para compartir intereses y valores con
per so nas que tienen diversas formaciones científicas y pedagógicas,
y diferentes ideologías. No hay espacios para la reflexión colectiva,
y la forma de nombramiento de los docentes obstaculiza la
posibilidad de organización e intercambio dentro de las escuelas.
Queda por profundizar de qué modo las decisiones originadas en el
nivel macropolítico se articulan con las prácticas institucionales para
reforzar u obstaculizar la democratización de la vida interna de las
instituciones y de sus resultados. Estas son sólo algunas ideas para el
avance de la investigación en educación de adultos, un cam po de la
teoría y de la práctica socioeducativa que atañe a sectores
significativos de la población.
sbrusil@interar.com.ar
Silvia Brusilovsky.
Profesora tit u
lar y jefa de la División
Educación de Adultos en el Departamento de Educación de la
Universidad Nacional de Luján y docente en la Maestría en Políticas y
Gestión de la Educación de esa universidad. Fue Presidenta de la
Asociación de Graduados en Ciencias de la Educación y dirige la
Revista Ar gen tina de Educación, publicación académica de esa
asociación.
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
309
mecabrera@coopenetlujan.com.ar
María Eugenia Cabrera.
Licenciada y profesora
en Ciencias de la
Educación y Ma gis ter en Política y Gestión de la Educación, de la
Universidad Nacional de Luján (UNLu), de Ar gen tina. Como docente
reg u lar del Departamento de Educación participa en los equipos del
Seminario Educación de Adultos y de Sociología de la Educación.
Recepción: 18 de marzo de 2005
Aprobación: 06 de abril de 2005
Bibliografía
Alliaud, Andrea (1992), “Los mae stros y su historia: apuntes para la reflexión”, en
Revista
Ar gen
tina de Educación
, núm. 18, Bue nos Ai res.
Bolívar, An to nio (1996), “El lugar del centro escolar en la política cur ric u
lar ac tual. Más allá de la
reestructuración de la descentralización”, en Pereyra M.
et al.
(comp.),
Globalización y
descentralización de los sistemas educativos
, Bar ce
lona: Pomares-Corredor.
Brusilovsky, Silvia (1987), “Formación de educadores populares en la universidad”, en
Revista
Ar gen
tina de Educación,
año V, núm. 9, p. 21.
Brusilovsky, Silvia (1997), “Formación de educadores críticos: una experiencia de práctica y
reflexión”, en
Kikiriki
, año XI, septiembre-noviembre, núm. 46, España: Movimiento
Cooperativo Escuela Pop u
lar.
Brusilovsky, Silvia (1989),
Servicio So cial Universitario en Educación de Adultos. Análisis de
una experiencia,
San ti ago de Chile: UNESCO, OREALC. [Hay versión en inglés publicada
por UNESCO, París.]
Brusilovsky, Silvia (1992),
¿Criticar la educación o formar educadores críticos? Un desafío, una
experiencia,
Bue nos Ai res: Libros del Quirquincho.
Brusilovsky, S. y María Sara, Canevari (2002), “Con
trol y mercado en la enseñanza me dia para
adultos (o acerca de algunas formas de penetración del ‘paradigma’ político-educativo de
nueva derecha)”,
en
Revista Diálogos
.
Educación y Formación de Per so nas Adultas
, núm.
30, Bar ce
lona.
Brusilovsky, Silvia (en prensa),
Políticas públicas en educación escolar de adultos. Reflexiones
sobre la homogeneidad de la política educativa de los ´90, una herencia para revertir,
núm.
28,
Bue nos Ai res:
IICE, Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación-Miño y
Dávila.
Cabrera, María Eugenia (2003),
Educación básica de adultos y reforma educativa:
características de la oferta y su impacto en la demanda en el Distrito de Luján
, tesis de
Maestría en Política y Gestión de la Educación, Universidad Nacional de Luján, mimeo.
Dirección: Silvia Brusilovsky.
Carli, San dra (2003),
“Educación pública. Historia y promesas”, en Feldfeber, Mir
iam (comp.),
Los sentidos de lo público. Reflexiones desde el cam po educativo
, Bue nos Ai res: Noveduc,
p. 11.
Castel, Rob ert (1997),
La metamorfosis de la cuestión so cial. Una crónica del salariado,
Bue nos
Ai res: Paidós.
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología,edición especial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
310
Foucault, M. (1989),
Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión,
Bue nos Ai res: Siglo XXI.
Frigerio, Graciela
et al.
(1995),
Las instituciones educativas. Cara y Ceca. El Troquel Educación,
elementos para su comprensión,
Bue nos Ai res: Troquel Educación.
García Huidobro, Juan E. (l986),
“Educaçao de adultos. Necesidades e políticas. Pontos para un
de bate”,
en
Reflexoes Teoricas e Metodologicas sobre a Educaçao de Jovenes e Adultos,
Brasil: MEC, Fundaçao Educar, OEA, IICA. [Hay versión en español en mimeo: Educación
de adultos: necesidades y políticas; puntos para un de bate, nov. 1985, San ti ago de Chile:
CIDE.]
Gimeno Sacristán, J.(2003),
El alumno como invención
, Ma drid: Morata.
Giroux, Henry y Pe
ter, Mc Laren (1998),
Sociedad, cultura y educación
, Ma drid: Miño y Dávila.
Malamud, Marcela (2002),
Los alumnos de los Centros de alfabetización que no logran la
alfabetización
, tesis de Maestría en Didáctica, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de
Bue nos Ai res.
Martínez Bonafé, Jaume (1998),
Trabajar en la escuela. Profesorado y reformas en el umbral del
siglo XXI
, Ma drid: Miño y Dávila-IICE.
Masagao Ribeiro, Vera (1999), “A formaçao de educadores e a constituçao da educaçao de
jovens e adultos como cam po pedagógico”
,
en
Educaçao e sociedade,
dezembro, ano XX,
núm. 68.
Mc Laren, Pe ter (1997),
Pedagogía crítica y cultura depredadora
, España: Paidós Educador.
Neufeld, María Rosa y Thisted, Jens Ariel (comps.) (1999),
De eso no se habla
, Bue nos Ai res:
EUDEBA.
Popkewitz, T. (1988), “Ideología y formación so cial en la formación del profesorado.
Profesionalización e intereses sociales”, en
Revista de Educación
, núm. 285, España.
Rigal, Luis (1995), “Reinventar la escuela: una perspectiva desde la educación pop u
lar”, en
Cultura y política en educación pop u
lar: principios, pragmatismo y negociación
, núm. 22,
Ceso Pa per back, Ed. A. Van Dam, S. Martinic, G. Pe ter.
Rodrigo, María José
et al.
(1993),
Las teorías implícitas. Una aproximación al conocimiento
cotidiano,
Ma drid: Vi sor.
Rodríguez Guerra, Jorge (2001),
Capitalismo flex
i ble y estado de bienestar
, Comares. Granada.
Rodríguez, Lydia (1992), “La especificidad de la educación de adultos: Una perspectiva
histórica en Ar gen
tina”, en
Revista Ar gen
tina de Educación
, núm.18, Bue nos Ai res.
Sirvent, María Teresa y S., Llosa (1998),
“Jóvenes y adultos en situación de riesgo educativo:
análisis de la demanda potencial y efectiva”, en
IICE Revista del Instituto de Investigaciones
en Ciencias de la Educación,
año VII, núm. 12, Miño y Dávila, Facultad de Filosofía y Letras,
pp. 77-92.
Silvia Brusilovsky y María Eugenia Cabrera.
Cultura Escolar en Educación Me dia
para Adultos. Una Tipología de sus Orientaciones
311
logo_pie_uaemex.mx