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Representaciones Sociales y Prácticas
de Consumo del Éxtasis
Ana Clara Camarotti
Ana Lía Kornblit
Universidad de Bue nos Ai res-CONICET
Resumen:
Se analiza el consumo de éxtasis en los lugares de diversión nocturna de los jóvenes
de Bue nos Ai res. Para este fin se aplicó un cuestionario con preguntas cerradas y abiertas a una
muestra de 200 jóvenes concurrentes a
raves
y dis cos. Lo que se observó es que las prácticas
nocturnas de estos jóvenes tienen como característica la circulación, el estar en constante
movimiento. El consumo de éxtasis está supeditado a este fin y al hecho de que otorga ciertas
características de distinción y de selectividad que quienes lo consumen buscan
Palabras clave:
jóvenes, éxtasis, diversión nocturna, consumo, música electrónica.
Ab stract:
We ana lyse the con sump tion of extasi by the youths in night clubs in Bue nos Ai res.
To ful fill this aim, we con ducted a sur vey with a close and open ques tions ques tion naire in a
sam ple of 200 youth who as sist to raves and dis cos. As it was ob served, a main char ac ter is tic of
the night prac tices of these youths is cir cu la tion, be ing in con stant move. The con sump tion of
extasi is re lated to this aim and to the fact that it grants cer tain char ac ter is tics of dis tinc tion
and se lec tive ness sought by those who con sume it.
Key words:
youths, extasi, night fun, con sump tion, elec tronic mu sic.
Introducción
E
n los últimos años la diversión nocturna se ha convertido en un
fenómeno colectivo del que participan muchos jóvenes y algunos
adultos. La diversidad que los lugares de salidas nocturnas ofrece
lleva a una clara distinción en tre los diferentes grupos que frecuentan
estos lugares. En cada uno de ellos los jóvenes desarrollan sus propias
estrategias de acción y de consumo, lo que les permite compartir con el
resto del grupo una ética y una estética, a la vez que les otorga una
identidad diferenciada con el resto de los otros grupos.
En el presente trabajo nos ocuparemos de los jóvenes que forman
parte de lo que se denomina la cultura del baile, en la que las nuevas
tecnologías, la música electrónica y las sustancias químicas,
principalmente el éxtasis, son algunos de los elementos centrales.
En este contexto, esta droga de síntesis constituye una importante
novedad, que está dada por sus efectos estimulantes y psicodélicos, que
ISSN 1405-1435, UAEM, México, mayo-agosto 2005, núm. 38,
pp. 313-333
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concuerdan con la mayor intensidad y duración de la fi esta. Es esencial
entender que las salidas nocturnas que comienzan en el fin de semana
ya no finalizan a altas horas de la madrugada, sino que continúan
durante todo el día siguiente. Esta conexión en tre aguantar largas horas
de baile y cultivar la música
house
, llevó a que el éxtasis sea la droga
favorita de esta cultura.
La sociología ac tual aporta el término de tribus urbanas (Maffesoli,
1990), in dis pens able para entender a estos grupos de jóvenes que salen
de noche los fines de semana. La categoría de “tribu” pertenece a la
sociología que se adentra en aspectos difíciles de materializar, como
son la identidad o los vínculos relacionales, para explicar los
comportamientos colectivos.
La definición de tribu que plantea Michel Maffesoli implica una
visión dinámica, cambiante, mu ta ble, donde se practica un mestizaje
constante de modas, comidas, músicas, actividades de diversión. Las
tribus no son estables y las per so nas que las componen pueden transitar
de unas a otras.
Poder entender cómo construyen estos jóvenes el significado de la
diversión, la estética, la música, el éxtasis requiere de nuevos códigos;
es por ello que para comprender este fenómeno es necesario establecer
una conexión en tre lo emocional y lo simbólico. El modelo de las
representaciones sociales que desarrollamos permite acceder a estos
aspectos.
Es importante resaltar que los jóvenes han sido socializados en el
consumo como mecanismo de satisfacción de sus necesidades. En
términos de Zygmunt Bauman (2000) nos encontramos en el fi nal de
un proceso que produjo el pasaje de una sociedad de productores a una
de consumidores. Este cambio significó múltiples y profundas
transformaciones. Una de ellas es la manera en que se prepara y educa a
las per so nas para satisfacer las condiciones impuestas por su identidad
so cial. Las clásicas instituciones panópticas, que moldeaban
individuos, cayeron en desuso, esto no significa que hayan
desaparecido sino que se han metamorfoseado. Ahora es ineludible
otro tipo de disciplinamiento, ya que el an te rior no formaba
consumidores sino per so nas con un comportamiento rutinario y
monótono a las cuales se les eliminaba todo tipo de elección.
La sociedad de consumo necesitó romper con esto y propiciar lo
contrario. Para que esta nueva sociedad funcione, los consumidores
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deben estar dispuestos a ser seducidos constantemente, sintiendo que
son ellos los que mandan, juzgan, critican y eligen cada uno de los
objetos que se les ofrecen para ser consumidos. Este estado de elección
permanente es el que hace que se perciban por fuera de la rutina. Por
eso resulta lógico que busquen la diversión consumiendo diferentes
elementos, como pueden ser: el baile, la música, los escenarios
sofisticados, así como también las drogas. Los jóvenes consumen todo
lo que ha sido creado para ellos y la droga está ahí, diversificada según
el tipo de efecto que el usuario busque, como un elemento más de
consumo.
Como señala Bauman (2000: 49), en la sociedad pos-in dus trial el
individuo tiene la difícil tarea de su autoconstrucción, de elaborar su
propia identidad so cial. En la sociedad in dus trial, en cambio, el trabajo
asumía un rol in dis pens able ya que brindaba elementos facilitadores
para la construcción de las identidades sociales, caracterizadas por ser
regulares, continuas y durables. La identidad se construía una vez y
podía durar toda la vida, al igual que el trabajo. Sin em bargo, la
elección de una carrera laboral coherente y estructurada ya no está
disponible para todos. La flexibilidad laboral hace que la identidad
tenga que ser pensada como identidades múltiples, temporarias,
sujetas a la posibilidad de cambiar constantemente. Al igual que los
bienes que se disponen en el mercado, las identidades deben pertenecer
a alguien, pero sólo para ser consumidas y desaparecer nuevamente.
En este trabajo nos proponemos analizar las prácticas relativas a la
nocturnidad de estos jóvenes que participan de la cultura del baile,
incluyendo el consumo de drogas recreativas como el éxtasis, así como
también relevar las representaciones sociales acerca del consumo de
éxtasis en tre quienes consumen y quienes no, pero que concurren a
raves
y a dis cos electrónicas.
Características demográficas de la muestra
Consideramos que en la población del estudio no es posible realizar
una selección aleatoria de la muestra, pero hemos tomado los recaudos
necesarios para garantizar, si no su representatividad respecto a la
población de consumidores y no consumidores de drogas de síntesis
que participen de la cultura del baile, al menos una composición plu ral.
La metodología utilizada fue la cuantitativa El instrumento fue un
cuestionario de preguntas cerradas que estuvo conformado por cuatro
Ana Clara Camarotti y Ana Lía Kornblit.
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par
tes: una primera en las que se recogían las vari ables
sociodemográficas; una segunda que hacía referencia a las vari ables
sobre las características del consumo de éxtasis y modos de vida; una
tercera parte consistió en indagar acerca de las representaciones
sociales a partir del método de análisis de similitud (diseñado por
Pierre Vergès, 1998) y por último se relevaron datos en relación con
aspectos pertinentes a la epidemia del VIH/sida.
La muestra del estudio comprendió a 100 jóvenes que fueron
reclutados en la ciudad de Bue nos Ai res. Se ocuparon como técnicas de
reclutamiento, en la mitad de los casos, la bola de nieve o de referencia
en cadena, utilizando como estrategia de selección a varios
discjockeys
y organizadores de
raves
o fi es tas, informantes clave que nos
permitieron comenzar con una primera fuente de contactos. La otra
mitad de los casos se consiguió permaneciendo en la puerta de dis cos o
clubs que se caracterizan por pasar música electrónica (
Niceto – Club
69, Mint, Big one
, en tre otros), en recitales con
discjockeys
que tocan
música electrónica tanto nacional como internacional y en fi es tas
electrónicas (en este caso en la
Creamfields
- noviembre 2003). Dicha
estrategia nos habilitó nuevos contactos con otros grupos de jóvenes.
La muestra quedó constituida por 56% de varones y 44% de
mujeres. En cuanto a la composición por edad se muestra en la
siguiente tab la:
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Podemos observar algunas relaciones en tre edad y sexo. Las
mujeres de la fi esta son más jóvenes que los varones. Mientras que 9%
de las mujeres es menor de 18 años, sólo 2% de los varones forma parte
de este grupo. El grupo de mujeres comprendido en tre 18-22 años
constituye 34%, mientras que los varones de la misma edad alcanzan
30%. En los grupos de edades en tre 23-27 y de 28-32 años las
diferencias en tre sexo son casi im per cep tibles. Se vuelven a hacer
notorias en el grupo comprendido por 32 años y más, en donde no
aparece ningún caso dentro del grupo de las mujeres, siendo
representado en 9% exclusivamente por los varones.
Estos resultados pueden estar indicando que las mujeres se inician
en el mundo de la fi esta en edades más tempranas y que se retiran an tes.
Esto puede relacionarse con su incorporación a la vida adulta y con el
desempeño del rol so cial como mujeres, lo que las obligaría a
abandonar ciertas pautas de ocio de manera más temprana que los
varones. Otra interpretación posible es que a edades más avanzadas
este tipo de salidas nocturnas dejan de ser las preferidas dentro del
grupo de mujeres.
En cuanto al estado civil, 84% de la muestra se encuentra soltero. En
relación con la pregunta “con quién vive actualmente”, 65% con
familiares, 13% con su esposa/o o pareja y 22% solo o con ami gos. En
Ana Clara Camarotti y Ana Lía Kornblit.
Representaciones Sociales y Prácticas
de Consumo del Éxtasis
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ninguna de estas dos vari ables existen diferencias estadísticamente
significativas en tre mujeres y varones.
En cuanto al nivel educativo, se muestra en la siguiente tab la:
En torno al nivel educativo encontramos que 65% de la muestra
presenta estudios terciarios o universitarios completos e incompletos,
lo que es coincidente con las características de los estratos
socioeconómicos más al tos de la sociedad.
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Respecto a la ocupación, se muestra en la siguiente tab la:
A un gran número de las per so nas encuestadas le resultaba
dificultoso definir cuál era su ocupación ac tual. Esto se debe a que
muchos de los jóvenes que participan de la cultura del baile tienen un
trabajo estable u ocasional, que es el que les brinda la mayor parte de
sus ingresos para vivir; pero, a la vez, llevan a cabo otras actividades
que se relacionan más con la vocación que con el rédito económico,
como por ejemplo: estar realizando sus propios
microemprendimientos (fotográficos, de diseños de indumentaria u
objetos, organizaciones de eventos, feri as urbanas, muestras, etc.),
otros continúan estudiando, tal vez terminaron su primer carrera pero
están cursando nuevos estudios vinculados con cuestiones más
artísticas, creativas, corporales.
Caracterización del espacio y de los actores que participan de la
cultura del baile
Los orígenes de la cultura del baile
Esta cultura se configura a fi na les de los años ochenta. Sus orígenes se
encuentran en lo que se llamó en Inglaterra el
acid house
: escena
juvenil que se gen era en algunas ciudades inglesas en 1987, en los
meses posteriores al verano del amor de Ibiza, mientras jóvenes
ingleses veraneantes en la isla se iniciaban en un nuevo estilo
músico-festivo que luego recrearían en las discotecas de sus ciudades
de origen.
Ana Clara Camarotti y Ana Lía Kornblit.
Representaciones Sociales y Prácticas
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Como explica Collin (1997: 59) en esos años se abrían nuevos
horizontes mu si cales y parecía que la música nunca volvería a ser la
misma. El éxito de la música
house
en Inglaterra a fi na les de los años
ochenta y su proceso de incursión dentro del pop británico, desde los
primeros momentos, hizo evidente lo sim ple que era producir un disco
usando las nuevas tecnologías a través de mezclas digitales y
ordenadores (Romo, 2001).
El
house
se inició a partir de la experimentación con los sonidos
graves que emitía un modelo sintetizador Roland, sonidos muy
distorsionados al punto de parecer deformados, como cuando se
deforman ciertos objetos ante la visión por la acción del LSD, figura
que habría dado lugar a la denominación
acid house
(Beltramino,
2004:102).
El
house
o el
acid house
(como ya expresamos, sonidos graves
altamente distorsionados) es originario de Chi cago y el
techno-house
(más rápido que el
house
) es procedente de De troit. A partir de estos
dos estilos surge una gran variedad de subestilos.
La aparición de dichos estilos mu si cales en los años ochenta supuso
un cambio de algunos aspectos creativos en la música pop u lar, en
parte, gracias a los avances tecnológicos. Se caracteriza por un
continuo uso de remezclas (volver a editarlo agregándole nuevos
elementos), en muchos casos de temas de épocas precedentes. El
avance de la computación hizo que cualquiera que lo desee pueda crear
música en su casa, esta época se caracterizaba por un hacelo vos mismo
que provocó una invasión de productores que comenzaron a hacer
escuchar su música. Otro elemento in dis pens able fue Internet, que
permitió colgar los dis cos que sus autores componían a la vez que
posibilitaba pudiesen cir cu lar y popularizarse por un ca nal que no
generaba ningún costo.
Como explica Beltramino (2004) el
acid house
se caracteriza, sobre
todo, por su posibilidad de manipulación y reformulación de estilos
sumamente diversos, mediante procedimientos de mezcla, remezcla y
entramado; hibridación que permiten estos medios técnicos. Esto
implica una transformación importante en la noción de composición
mu si cal a partir del hecho de que se trata de la mezcla de música
previamente compuesta. A este primer nivel de hibridación en el
estudio hay que sumarle, en el contexto de
raves
, fi es tas, clubs, un
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segundo nivel de mezcla en vivo por parte de quien ejerce el rol de
creador mu si cal en esta escena: el
discjockey
.
En Ar gen tina, si bien la música electrónica comienza en los años
noventa, este fenómeno de la cultura del baile con los rasgos que hemos
venido desarrollando aunque con particularidades lo cales, comienza a
consolidarse como un nuevo movimiento mu si cal en el año 95.
Nuevos escenarios
Como de fine Romo Áviles (2001) una de las diferencias
fundamentales del movimiento
rave
con otros movimientos ju ve niles
previos, como los
mods, hippys
o
punkys
, está en la intensa
democratización que pro duce en aspectos tradicionalmente
relacionados con el desarrollo de nuevas formas de ocio en tre los
jóvenes. La edad, la clase so cial, el sexo, la orientación sex ual u otros
no han sido factores discriminantes en esta nueva cultura. La cultura
del éxtasis ofreció un nuevo fo rum en el cual la gente podía ofrecer
nuevas historias acerca de la clase, raza, sexo, economía o moralidad
(Collin 1997: 5).
Este nuevo espacio se desarrolla y se comienza a delimitar a partir
de elementos que le serán propios y que colaboran en caracterizar la
escena, por ejemplo, el consumo de drogas de diseño, que son
sustancias producidas por síntesis química, generalmente compuestos
anfetamínicos a los que se añade algún componente de efecto más o
menos alucinógeno:
1
uno de sus máximos representantes es el éxtasis,
aunque no tardaron mucho tiempo en sumárseles otras drogas como
pop per, ketamina, lanzaperfume, tripis, LSD, etc. Otro de los
elementos centrales es la celebración de fi es tas multitudinarias o
raves
,
que se llevan a cabo en grandes espacios, muchas veces al aire li bre,
y
que son seguidos de un
afterhour
o fi esta de día que por lo gen eral
comienza a las ocho de la mañana y termina a las 15.00 horas. Algunas
veces puede ocurrir que el
af ter
se extienda hasta el anochecer,
haciendo que pueda continuar este circuito de diversión llevando a un
continum
noche – día. Estos mega eventos muchas veces se extienden
du rante más de un día.
Ana Clara Camarotti y Ana Lía Kornblit.
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1
Definición extraída de
Tu Guía
del Plan Nacional sobre drogas del Ministerio del Interior
de España. Esta guía se distribuye gratuitamente en los lugares de diversión nocturna.
Para comprender la influencia de este nuevo espacio de sociabilidad
en las relaciones en tre los jóvenes tenemos que distinguir dos fases: la
primera que va desde su inicio en 1995 hasta 2000, y otra desde 2001
hasta el momento ac tual. La distinción en tre estas dos etapas está dada
por la aparición de la primer fi esta
Creamfields
2
en el país. En estas
fiestas la afluencia fue creciendo rápidamente. En la primer edición de
Creamfields
2001 la concurrencia alcanzó 18,000 per so nas
aproximadamente, en la edición 2002 fueron 24,000, en 2003
participaron 35,000 y en 2004 se agrupó a 55,000 concurrentes, cifra
que igualó a la de Liv er pool de 2002. Esto evidencia que este fenómeno
logró una rápida popularización dejando de ser un fenómeno selectivo
y elitista.
En la primera etapa, estas fi es tas eran algo privado, de un grupo
selecto, de difícil acceso, muchas veces se trataba de per so nas que
habían viajado y participado de este movimiento en Europa (España,
Inglaterra, etc.), cierto grupo de la primera hora de
club bers
hace
referencia con cierta nos tal gia a este primer momento en donde se
esperaba ansiosamente a los distintos DJ internacionales de turno que
traía Pachá (disco de Bue nos Ai res caracterizada por ser una de las
primeras que organizó eventualmente las fi es tas
Cream
).
Las mujeres que podemos denominar pioneras en la participación
de estos eventos nos comentan que en un primer momento no se sentían
acosadas sexualmente por los varones, que nadie miraba a nadie y que
cada uno “estaba en la suya”.
En un segundo momento, a partir de 2001, las relaciones de género
vuelven a los roles más tradicionales aunque no llega a igualar el tipo
de acoso sex ual que sufren las mujeres en otros espacios de ocio de la
noche.
Este espacio parece seguir brindando a sus concurrentes ciertos
atributos que no consiguen en otros lugares: en primer lugar, la buena
fama que tienen las “drogas de baile” en tre sus consumidores y
consumidoras, nutriendo la idea de que pueden controlar
perfectamente su consumo y efectos; en segundo lugar, la escasa
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2
Creamfields
es un festival originario de Inglaterra.
Cream
es una marca original inglesa
que poseía su propio lugar bailable que tuvo que cerrar, ya que comenzó a dedicarse a la
organización internacional del
Creamfields
y al desarrollo del
merchandising
que la
acompaña.
violencia presente en las fi es tas, que brinda sensación de seguridad, y
como último aspecto, la sensación de que en estos lugares no hay
discriminación, que no tiene lugar la distinción en tre clase so cial, sexo,
etnia u orientación sex ual.
De todas maneras, aparece en los discursos de los denominados
pioneros una clara diferencia en tre lo que denominan la verdadera
cultura
dance
y la manipulación llevada al consumismo que fue
imperando en estos últimos años.
En Ar gen tina los lugares característicos de este nuevo estilo
musical son: los jueves
Club 69
, los viernes
Super Club, Mint
, los
sábados
Big One
y Pachá y los domingos
Caix
(
afterhours
). El estilo
mu si cal varía según el lugar y el día de la semana. También
encontramos fi es tas que mantienen la buena fama por estar menos
involucradas con este fenómeno de masificación que sufrieron dichas
fi es tas en los últimos años: éstas se encuentran organizadas por:
Bad
Boy Or ange
en El Do rado,
Cocoliche, Como en Casa, Brandon, Ruda
Ma cho, Sorett, Se men Up,
en tre otras.
La frecuencia con la que los asistentes acuden a los diferentes
lugares donde se practica la cultura del baile se muestra en la siguiente
tab la:
Perfiles de las per so nas que participan de la cultura del baile
De las per so nas encuestadas, 63% había consumido éxtasis alguna vez
y 37% nunca lo había hecho. Aunque estos últimos nunca hayan
consumido éxtasis, éste forma parte de su vida cotidiana como un
elemento que está disponible, que circula normalmente por su núcleo
de pertenencia. Esto se observa en las respuestas a la pregunta:
¿cuántos de tus ami gos consumen éxtasis?: 7% manifestó todos, 57%
la mitad, 27% pocos y sólo 9% expresó que ninguno de sus ami gos.
Ana Clara Camarotti y Ana Lía Kornblit.
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Podemos argumentar que para este grupo que forma parte de la
cultura del baile, el policonsumo de sustancias es una pauta ha bit ual.
Como se observa en el cuadro an te rior, estos jóvenes realizan una
combinación de drogas en un mismo periodo, donde el consumo de
alcohol alcanza 35.5% de la muestra, la mar i huana 31% y el tabaco
19%.
Como vemos a continuación, mientras que 60% se emborrachó al
menos una vez en el último mes, solamente 40% no lo hizo nunca.
Teniendo en cuenta que los dos tercios de la muestra tienen estudios
terciarios y/o universitarios y que más de la mitad gasta por semana $
60 o más únicamente en las salidas, no podemos dejar de resaltar que se
trata de un grupo de usuarios de drogas de un estrato so cial muy
diferente a otros grupos de consumidores de drogas (por ejemplo:
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consumidores de drogas por vía endovenosa) que pertenecen casi en su
totalidad a estratos socioeconómicos y nivel de instrucción muy bajos.
Retomando a Bauman (2000) y la caracterización de las sociedades
de consumo no podemos dejar de considerar que en estas sociedades la
norma de vida de los consumidores es no estar aburridos. Para poder
paliar el aburrimiento se requieren medios económicos, la riqueza
actúa como la garantía de un estilo de vida extravagante y esto se
transforma en un objeto de adoración.
Perfil de los consumidores de éxtasis y modalidad de consumo
En relación con el to tal de per so nas que afirmaron haber consumido
éxtasis alguna vez
en su vida (63%), encontramos que la edad en la que
lo hicieron por primera vez se distribuye de la siguiente manera: cerca
de 14% an tes de los 18 años, 33% en tre los 18 y los 22 años, 30% en tre
los 23-27 años, y 23% después de los 27 años.
Lo que se detecta es que la edad de inicio en el consumo de éxtasis
en los últimos años está disminuyendo. Esto se debe a que cada vez más
jóvenes asisten a este tipo de entretenimientos y eligen probar éxtasis.
En su origen las fi es tas electrónicas comenzaron nucleando a per so nas
que tenían un promedio de edad de 25 años, lo que no ocurre
actualmente.
Según la frecuencia del consumo de éxtasis en el último mes, algo
más de los dos tercios no consumió, 24% lo hizo sólo una vez, 5% una
vez por semana y únicamente 3% tomó varias veces por semana. Este
bajo consumo se debe a la fuerte asociación cul tural en tre consumo de
éxtasis y la asistencia a un determinado evento festivo, lo que hace que
las pautas de uso de esta sustancia se vinculen en buena medida a la
Ana Clara Camarotti y Ana Lía Kornblit.
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celebración de fi es tas el fin de semana o periodos vacacionales. Este es
un fac tor determinante en el consumo o no de pastillas.
Casi la totalidad elige tomar éxtasis cuando está con ami gos, 43%
prefiere hacerlo en dis cos o clubs, 35% en fi es tas (por ejemplo
raves
) y
10% en
afterhours
.
Un parámetro común que encontramos en este tipo de usuarios es
que en su mayoría son per so nas que no llevan al límite conductas que
potencien los riesgos producidos por la droga.
En torno a la diferencia en tre géneros podemos destacar que este
tipo de consumo es más frecuente que cualquier otro consumo de
drogas en tre mujeres, aunque no podemos dejar de subrayar que siguen
siendo los hom bres los que asumen las conductas más arriesgadas. De
todas maneras, en la mayoría de los casos nos encontramos con
consumidores experimentales u ocasionales y en muy raras
oportunidades estamos en presencia de usuarios regulares o
compulsivos.
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Las drogas de baile son sustancias cuyo consumo se extiende junto
con la idea de que su uso es fácil de controlar y que provocan escasos
efectos secundarios, en contraposición con otras drogas, como por
ejemplo la cocaína. Sus usuarios remarcan como ventaja el poder
controlar y elegir los momentos de consumo (casi la totalidad prefiere
tomar éxtasis sólo los fines de semana y solamente 3% cualquier día de
la semana) y los efectos que quieren lograr con la sustancia. Esto nos
permite observar una fuerte asociación en tre consumo y con trol, es
decir, este consumo controlado hace que sus usuarios sientan que
pueden manejar la situación haciéndolos sentirse seguros.
En el cuadro que se presenta a continuación, se nota que para más de
la mitad de la muestra es importante conocer cuál es la composición
química de la pastilla de éxtasis; si bien este conocimiento no influye
en su consumo.
Ana Clara Camarotti y Ana Lía Kornblit.
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Casi 70% de la muestra de consumidores de éxtasis toma en tre un
cuarto y una pastilla por vez. Esto estaría muy por debajo de las dosis
utilizadas por otros grupos de consumidores de drogas. Cuando se les
preguntó acerca del efecto que consiguen con el consumo del éxtasis
73% lo calificó como positivo, 22% como reg u lar y 3% como negativo.
El 38% pensó alguna vez en dejar de consumir éxtasis, lo que estaría
demostrando que, a pesar de considerarlo poco nocivo y de que sus
efectos les resultan bastante positivos, perciben cierto daño en su
consumo continuado.
Como afirma Nuria Romo (2001), las formas de uso de las distintas
drogas que se consumen junto al éxtasis son complejas en ritmos y
frecuencias. Normalmente se comete el er ror de considerar que el
éxtasis es la única droga que se usa en las fi es tas y dis cos
techno
. Sin
em bargo, en las investigaciones realizadas en diferentes países se ha
detectado que la prevalencia de consumo de otras sustancias
psicoactivas, solas o en combinados con el éxtasis, es frecuente en tre
los grupos de jóvenes asistentes a la escena del baile.
En nuestro país, al igual que en el estudio hecho por Nuria Romo en
España, la mar i huana, el tabaco y el al co hol son las drogas que con
mayor frecuencia se combinan con el consumo de éxtasis. De todas
maneras, en el discurso aparece la idea de la inconveniencia de mezclar
al co hol con éxtasis aunque en la práctica esto no se cumpla.
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Representaciones sociales sobre el éxtasis de jóvenes que
consumen y que no consumen
En esta sección del trabajo el instrumento de recolección de datos que
utilizamos fue el relevamiento de las representaciones sociales a partir
del método de análisis de similitud (Vergès en Calafat
et al.,
1998).
Siguiendo este método la primera fase consistió en recoger los
contenidos de las representaciones sociales del éxtasis, a través de
procedimientos tales como el análisis de textos o entrevistas. La
información obtenida brindó insumos que permitieron el diseño de la
fase cuantitativa, es decir, el diseño del cuestionario. Las ideas y frases
que se repetían constantemente tanto en los medios de comunicación
como en las entrevistas fueron las que se usaron como el contenido de
las representaciones sociales en el análisis de similitud. El cuestionario
quedó constituido por veinte de las ideas-frases recogidas previamente
y de las cuales los encuestados debían seleccionar bloques.
Podemos identificar dos cadenas de asociaciones en las
representaciones sociales del éxtasis, de modo tal que una de ellas
alude a los efectos positivos del consumo y otra a los peligros (o los
efectos negativos) que puede ocasionar el consumo.
Estas dos cadenas muestran que las representaciones sociales
acerca del éxtasis varían en tre las per so nas que consumen y las que no
lo hacen: las primeras mencionan principalmente los efectos
hedónicos de la sustancia; los que no consumen tienden a resaltar
además de los efectos positivos, las ideas sobre el peligro que el uso de
éxtasis puede generar.
Estos hallazgos difieren de los resultados del análisis comparativo
con los estudios europeos (Calafat
et al.,
1998) en donde los
consumidores de éxtasis remarcaban los efectos positivos y los no
consumidores los peligros, en la ciudad de Bue nos Ai res, los datos
relevados muestran que, como remarcamos anteriormente, esto no se
pro duce de esta manera: mientras los consumidores resaltan los efectos
positivos, los no consumidores valoran tanto los efectos positivos
como los peligros que gen era su consumo.
Además en el estudio que realizamos quienes no consumen éxtasis
no censuran a quienes sí lo hacen; esto se debe a que este tipo de
consumo se encuentra socialmente aceptado en determinados lugares
de diversión nocturna, fundamentalmente en los que se caracterizan
Ana Clara Camarotti y Ana Lía Kornblit.
Representaciones Sociales y Prácticas
de Consumo del Éxtasis
329
por pasar música electrónica. Estas prácticas de consumo recreativo se
presentan, a diferencia de cualquier otro tipo de consumo de sustancias
ilegales, como prácticas naturalizadas que no tienen por qué ser
invisibilizadas, en tanto que sólo facilitan que la gente se mantenga
despierta y divirtiéndose toda la noche.
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen
tina de Sociología, edición espe cial, ISSN 1667-9261, Ar gen
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Conclusiones
Las prácticas nocturnas de los jóvenes tienen como característica la
circulación, el estar en constante movimiento, la idea del
non stop
. Para
encontrar la diversión hay que estar “in”. El consumo de éxtasis está
supeditado a este fin y al hecho de otorgar ciertos rasgos de distinción y
de selectividad que quienes lo consumen.
Ana Clara Camarotti y Ana Lía Kornblit.
Representaciones Sociales y Prácticas
de Consumo del Éxtasis
331
A lo largo del trabajo se hizo evidente la relación estructural en tre la
droga y la música electrónica. El éxtasis se convierte en un elemento
funcional a la
rave
, por lo tanto no debe ser entendido como trasgresión
sino como parte de un comportamiento so cial como cualquier otro. El
éxtasis permitiría cumplir con las exigencias que este tipo de evento
propone: mantenerse despierto, bailar du rante largas horas, establecer
mejores conexiones con los demás y sentirse muy bien consigo mismo.
Esto lleva a que los usuarios de éxtasis consideren los efectos de la
sustancia de manera positiva.
El grupo de los no consumidores eligieron tanto frases positivas
como negativas cuando se les preguntó acerca de la manera cómo
pensás sobre el éxtasis, esto se debe a que no demonizan la sustancia
sino que pueden aceptar sus eventuales “pros”. El reconocimiento de
estas dos polaridades previene el que consuman. Es interesante tener
en cuenta estos aspectos al momento de realizar una campaña de
prevención.
El espacio recreativo, el ocio y la diversión deben ser valorados
positivamente en las campañas de prevención de drogas y no caer en el
er ror de desacreditarlos por el hecho de que también en esos espacios
se consumen drogas. Los jóvenes participan de la diversión buscando
distintos objetivos. Si se desprestigia el espacio recreativo
probablemente se refuerce el vínculo positivo en tre consumo de drogas
y diversión.
Es importante también no perder de vista el consumo que los
jóvenes hacen de las drogas legales: al co hol y tabaco. Sus efectos
nocivos son minimizados y por tanto no se tiene en cuenta el riesgo que
comportan.
anapau@arnet.com.ar
Ana Clara Camarotti
.
Instituto de Investigaciones Gino Germani,
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Bue nos
Aires-CONICET.
kornblit@mail.ret ina.ar
Ana Lía Kornblit
.
Instituto de Investigaciones Gino Germani,
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Bue nos
Aires-CONICET.
Convergencia, núm.
38, mayo-agosto 2005, ISSN 1405-1435, UAEM, México
Revista Ar gen tina de Sociología, edición espe cial, ISSN 1667-9261, Ar gen tina
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Recepción: 01 de abril de 2005
Aprobación: 17 de abril de 2005
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