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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Política de las expresiones heterodoxas:
el conflicto so cial en los escenarios
de las cri sis argentinas
Adrián Scribano
Universidad Nacional de Córdoba, Ar gen tina /adrianscribano@gmail.com
Ximena Cabral
Universidad Nacional de Córdoba, Ar gen tina / ximenacabral@ya hoo.com
Ab stract:
The mo ments of ex ter nal
iza tion of the con flicts make it pos si ble to ob serve how the
pro tests are linked to the “made-in-scene” and se
lec tion of the con struc tion of ex pres sive
resources. These mo ments make it pos si ble to find the tracks that make it pos si ble to trace a “plus”
con nect
ing with the com plaints filed, too. This ar ti cle aims to re con struct the con nec tions
between ex pres sive re sources, “aes thetic-in-the-street” and het ero dox prac tices. The strat egy
cho sen here can be schematized as fol
lows: 1) dis cusses the char ac ter
is tics of the re
la tion ship
between ex pres sive ness, cri sis and pol
i tics, 2) scenes-post cards of the city of Cor doba, Ar gen tina,
are re con structed through ex pres sive re sources of the col
lec tive ac tions, and 3) sum ma rizes some
of the games of lan guage as so ci ated with those cards. It con cludes by ad vo cat
ing the need to
deepen into the anal y sis of col
lec tive ac tions, in clud
ing the ex pres sive re sources as a key to
overcome a nar row read
ing of the so cial claims from them.
Key words:
ex pres sive re sources, so cial con flict, vis
i bil
ity, col
lec tive ac tion, cri sis.
Resumen:
Los momentos de externalización de los conflictos permiten observar cómo la
protesta se vincula con la “puesta-en-escena” de la construcción-selección de recursos expresivos
y con las huellas que hacen posible rastrear un plus en las demandas entabladas. El presente
artículo tiene como objetivo reconstruir las conexiones en
tre recursos expresivos,
“estéticas-en-las-calles” y prácticas heterodoxas. La estrategia que seguimos aquí es posible de ser
esquematizada del siguiente modo: 1) se discuten las características de las relaciones en tre
expresividad, cri sis y política; 2) se reconstruyen las escenas-postales de la ciudad de Córdoba,
Argentina, a través de los recursos expresivos de las acciones colectivas; y 3) se sintetizan algunos
“juegos del lenguaje” asociados a dichas postales. Se finaliza abogando por la necesidad de
profundizar los análisis de las acciones colectivas que incluyan los recursos expresivos como un
elemento cen tral para superar un mero análisis desde las demandas de las mismas.
Palabras clave:
recursos expresivos, conflicto so cial, visibilidad, acción colectiva, cri sis.
ISSN 1405-1435, UAEMex, núm. 51, septiembre-diciembre 2009, pp. 129-155
Introducción
La depredación de los bienes comunes, la regulación de las sensaciones y
la profundización de “renovadas maneras” de la represión caracterizan el
estado ac tual del desarrollo del capitalismo a escala global. En las
investigaciones que venimos realizando en el marco del Programa de
Estudios sobre Acción Colectiva y Conflicto So cial
1
hemos identificado y
descrito, de diversas maneras, los modos que asumen las aludidas
características en la Ar gen tina donde hemos explorado y explicado cómo
se efectiviza la constitución de los fantasmas y fantasías sociales. En el
presente artículo nos concentraremos en la identificación, descripción y
análisis de los recursos expresivos de las protestas sociales como uno de
los ejes en el que se puede hacer vis
i ble un conjunto de prácticas
heterodoxas respecto a dichos procesos. Así, trabajaremos como
referencia empírica los recursos expresivos utilizados en y desde la cri sis
de 2001 en la ciudad de Córdoba, Ar gen tina por los actores colectivos y
los sujetos en protesta.
Desde los años noventa la búsqueda de visibilidad ha sido una de las
preocupaciones claves de los movimientos sociales y de las acciones
colectivas. Indagaremos aquí, a partir de la dimensión expresiva de las
acciones colectivas, lo que la expresividad de la acción permite ver, cuáles
son estos mensajes que las acciones colectivas evidencian sobre las
suturas y fallas en los procesos de estructuración so cial. De ahí que este
abordaje, a partir de un análisis de los recursos expresivos, constituya una
vía de ingreso para poder reconstruir la trama conflictiva dentro del
periodo y, al mismo tiempo, posibilite avanzar en el rastreo de los “plus”
de las demandas entabladas por las acciones colectivas.
Una canilla gigante en medio de la calle, viajar dentro de un inodoro,
frases y escenas de interacciones inverosímiles; colores vibrantes,
muñecos y orejas en papel maché son algunas de las materialidades que
poblaron la ciudad de Córdoba, Ar gen tina en los últimos años. Cuando la
voz no alcanza aparece una multiplicidad de “medios” transformados en
mensajes; emergen nuevas materialidades vueltas expresión de lo
silenciado por la obviedad de lo que se denuncia, por las palabras que
faltan (¿o sobran?) por las prácticas que no están, pero que son.
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1
Cfr.
Esas materialidades pretenden “captar la atención”, son instrumentos
que los sujetos eligen, crean y se apropian para hacerse escuchar
dejándose ver. En ese sentido, la acción colectiva misma es una búsqueda
de visibilidad, de hacerse notar por parte de los ex ciudadanos, de los
expulsados y expropiados de sus vo ces y de otras materialidades.
2
Estas
expresiones “performadas” posibilitan y necesitan que propios y extraños
tomen nota, y así, de forma simultánea, dar con las claves de una gramática
de las acciones y geometría de los cuerpos que dejan sin posibilidad de ser
vistos, escuchados y reconocidos a millones de sujetos.
En este escenario la protesta so cial puede ser entendida en tanto
momento de visibilidad de la acción colectiva y como la externalización de
una multiplicidad de redes de conflictos previas; y es en ese
tiempo-espacio donde la protesta se vincula con la puesta en escena
colectiva a partir de la construcción-selección de recursos expresivos.
En el periodo estudiado,
3
los recursos expresivos usados en la
situación conflictiva en Córdoba permiten armar dibujos que se asemejan
a
puz zles
, a pinturas que se articulan en tre sí, pero que cada una se colorea
en su propio registro. Estos dibujos pueden ser armados y articulados
(entre otros medios) por “imágenes” que forman postales de la ciudad
conflictiva y por “frases célebres” que los agentes profieren para denotar
las intenciones y contenidos de las acciones. En este sentido la
“sensación” de
puz zle
in dica una vía para rearmar las
“estéticas-en-la-calle” que cotidianamente se fueron construyendo.
Adrián Scribano y Ximena Cabral.
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en los escenarios de las cri sis argentinas
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2
Para una explicitación de la relación entre visibilidad y acción colectiva en el contexto
de la aplicación de las políticas neoliberales de la década de 1990 (Scribano, 1999).
3
Hemos citado ya los trabajos de nuestro Programa de Investigación, los cuales desde
diversas perspectivas describen y explican los últimos 10 años de los caminos tomados
por los movimientos y protestas sociales en la Argentina. El periodo aludido se
caracterizó sólo para mencionar a los más importantes, por tres elementos
fundamentales: la ruptura del régimen social y político de acumulación en el que se
basó la administración Menem, fundado en políticas neoliberales, el surgimiento de
múltiples y variadas prácticas colectivas que abarcaron desde el nacimiento de
movimientos sociales hasta la concreción de “nuevas” prácticas de gestión en las
empresas (fábricas recuperadas) y las modificaciones en las formas que asumieron las
protestas sociales. Para un análisis detallado de estas características, véase Scribano y
Schuster (2001) y Scribano (2003a, 2003b).
Así, en un primer momento reconstruiremos los vínculos en tre
conflictividad, protesta y recursos expresivos para realizar una
descripción de la protesta en los escenarios de cri sis y, a partir de allí,
reseñar algunas de esas postales y frases que emergen en la Córdoba
conflictiva.
La expresividad en los escenarios de cri sis
Conflicto, escenarios y estética
Las políticas de ajuste, privatizaciones, concentración del ingreso y
depredación de los recursos naturales fueron generando un incremento
de los conflictos sociales y un encadenamiento de protestas hacia fines de
los años noventa en América Latina. El “Consenso de Wash
ing ton” y la
implementación de las políticas del proyecto neoliberal en la región
establecieron fuertes escenarios de cri sis, que fueron puestos en evidencia
a partir de la emergencia de colectivos, movimientos sociales e
insurrecciones masivas que caracterizaron la región en tre fines del siglo
XX
y principios del
XXI
.
En ese sentido, podemos argumentar que la acción colectiva, hacia
fines de los noventa, se fue expandiendo en protestas masivas que
contribuyeron a instalar “nuevas demandas” relacionadas con decires y
prácticas caracterizadas por una significativa creatividad en las formas de
revelar(se) y rebelar(se).
Estas protestas se distinguieron por la creatividad con que
reconstruyeron y escenificaron las redes conflictuales de las cuales
formaban parte. Una imagen potente, en ese sentido, fue la reapropiación
de la calle como cam po de expresión y per for mances; como superficie de
inscripción de estéticas heterodoxas. Estas prácticas de las
“estéticas-en-las-calles”, dentro de las disputas por la visibilidad y los plus
de las demandas que ellas implicaron, llevaron al desarrollo de vibrantes y
renovadas dramaturgias al momento de “escenificar” conflictos (de
ponerlos en valor) que fueron actualizados, redefinidos y reapropiados en
la interacción so cial. En ese sentido, la calle se configura como escenario
4
donde emergen prácticas, imágenes y relatos que disputan en el espacio
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4
Cuando hacemos referencia a escenarios, trabajaremos desde la propuesta de Rossana
Reguillo (2005), quien lo plantea desde un plano doble: uno metafórico para
reconstruir atmósferas como imágenes en movimiento, y el otro como
público la representación de la realidad, la “legitimidad” y el poder de
dichas representaciones.
En la disputa por el poder de representación —representación que
configura prácticas—, los colectivos y movimiento sociales van
desarrollando estrategias de visibilidad con base en ciertas formas y
figuras con las que buscan simbolizar y representar algo más que sus
demandas. Por lo tanto, consideraremos que l
a dimensión estética de las
protestas sociales adquiere una relevancia fun da men
tal en la
reconfiguración de las tramas conflictuales en las sociedades
latinoamericanas, y es allí donde los recursos expresivos utilizados se
constituyen en analizadores estratégicos al condensar el
decir/actuar/sentir de los sujetos.
De esta manera, las reflexiones sobre estética y política vuelven a
hacerse presentes y necesarias ante las diversas formas de significar lo
político.
5
El más acá y más allá de la demanda —como plataforma de
reconstrucción de las gramáticas de la acción tendientes a modificar las
posiciones y condiciones de los sujetos deseantes— constituye la energía
disparadora de lo estético. En ese marco, las estéticas-en-las-calles son un
modo político de enrostrarle a la política institucional su propia
impotencia y su carácter melancólico puesto de manifiesto frente a la
supremacía de las condiciones materiales de vida.
En un sentido restrictivo, la reflexión
6
sobre “lo estético” apareció por
primera vez du rante el siglo
XIX
. Al ex an der Baumgarten (
Aesthetica
)
definió la belleza como perfección fenoménica, y la relevancia de esta
definición, en la reflexión sobre el arte, es que hacía hincapié
predominantemente en la aprehensión a través de los sentidos (Wil
liams,
2000: 124). De ahí el término
Aesthetica
retoma la idea de lo sensorial —ya
que deriva del griego
aisthisis,
que es la experiencia sensorial de la
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configuraciones que expresan procesos de larga duración y de articulaciones
múltiples: económicas, sociales, políticas y culturales. Así, como aclara la autora, un
escenario no es simplemente un lugar, sino un lugar significado y, por lo tanto,
construido a través de la negociación o la disputa.
5
Para un punto de vista diferente al proporcionado aquí, véase Casullo (2006).
6
Para una visión de las relaciones entre arte y sociedad desde una perspectiva
sociológica, véase Heinich (2002).
percepción— en la creatividad humana, que luego se especializaría en el
arte. De esta manera, el cam po semántico de la palabra estaba vinculado
en su origen con la naturaleza corpórea, ma te rial, dentro de la vida
sensible —aunque posteriormente la referencia a lo bello y atada al cam po
del arte ha intentado devorar el término—. Entonces, si bien lo estético se
adjetiva hoy en un uso común para referirse a cuestiones de apariencia y
efectos visuales, es significativo recuperar aquella etimología y pos te rior
desarrollo de la concepción de la estética en la vida sen si ble, como una
“dimensión humana” a partir de su potencial —relacionado con la
posibilidad de despertar otras sensibilidades ocluidas por la versión
dominante— cuando el tema que nos ocupa es la estética y su vinculación
con el conflicto.
Las relaciones en tre estética y política, generalmente, se representaron
como antagónicas, superficies de diferentes tramas y constituidas por
tejidos diferenciados que, empero, reconocen los persistentes esfuerzos
que recorrieron los ensayos sobre la estetización de la política. Las
representaciones antagónicas aludidas se pueden entender en el contexto
de la necesidad del “discurso político” de desviar la atención del carácter
pornográfico de la visibilidad de la institucionalidad política. Como
afirmara Garaudy (1964), “el arte no es una resultante”; y agregamos: es la
compleja articulación tiempo-espacio que siempre muestra lo real.
Marx (1974) indicaba, hace tiempo ya, que “nacemos con la
sensibilidad de un periodo histórico determinado”. Tras él una serie de
autores, en tre los que nuevamente se puede mencionar a Garaudy,
enfatizaban cómo la expresión estética: “constituye, después del trabajo,
uno de los umbrales franqueados por el hom bre en su superación de la
animalidad” (Garaudy, 1986: 14). Desde este contexto discursivo se
puede palpar claramente que las maneras de expresión que se radican y
basan en las sensibilidades de los sujetos se anudan a prácticas históricas
en búsqueda de un lugar heterodoxo respecto a la dominación. La
superación de la animalidad debe leerse como una tarea de
re-humanización de las relaciones en tre humanos y, por eso, como
política.
Que los recursos expresivos se anclan en criterios y valoraciones
estéticas sobre los materiales, el sentido y la producción artísticas, y que
éstos son, a su vez, dependientes de un contexto histórico par tic u
lar,
resulta hoy una obviedad. Ahora bien, para los recursos expresivos de las
acciones colectivas y protestas sociales se puede afirmar algo muy sim
i
lar
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de lo que señalara Fischer para el arte: “Es indudable que el arte también
descubre nuevos dominios de la realidad haciendo vis
i ble y au di ble lo que
an tes era in vis
i ble e in au di ble” (Fischer, 1999: 255).
La estética deviene en política de los sentidos, heterodoxa y abridora
de mundos que se hacen palpables en (y a través de) esa misma práctica.
Desde una perspectiva cercana (pero no idéntica) a la nuestra podríamos
decir con Adorno: estos recursos expresivos se vinculan a lo político, pues
denuncian cómo “el sufrimiento, cuando se convierte en concepto, queda
mudo y estéril”, y ésa suele ser la tarea de la política institucional:
enmudecer y esterilizar lo que está “más acá” de los reclamos y las
demandas transformándolos en conceptos de sus políticas. Las
“estéticas-en-las-calles”, entonces, son una manera de saltar el cerco de la
duplicación de lo naturalizado como uno de los ejes de la dominación y
“trascender” heterodoxamente lo dado.
Estas discusiones que aquí retomamos fueron armándose en tre
indagaciones, olvidos y reapropiaciones que, ante un nuevo escenario,
pueden ser interpeladas. De esta manera, en una sociedad monocromática
donde el sistema capitalista elabora un conjunto de políticas de regulación
de las sensaciones es muy importante retomar aquellas lecturas, en las
cuales se vincula a la estética como atinente a la posibilidad de configurar,
mostrar y activar nuevas sensibilidades. Las conexiones en tre recursos
expresivos, estéticas-en-las-calles y acción colectiva nos permitirán
bucear en las lecturas aludidas.
Los recursos expresivos y la cri sis
¿Cuáles son las formas con las que los actores colectivos ponen en escena
sus demandas?,
¿de qué manera las cromatizan?,
¿cómo se entrecruzan los
cuerpos, las dramaturgias y las retóricas dentro de la protesta so cial? Estas
son algunas de las interrogantes que aparecen en un contexto de cri sis
social como el que se vivió en Ar gen tina en 2001.
En gen eral, las cri sis responden a las percepciones de las
representaciones y prácticas localizadas temporoespacialmente,
vinculadas con una configuración cul tural que comienza a sentirse
resquebrajada. Si bien cada cri sis y conflicto son específicamente
nacionales y reconocen sus propios procesos, al mismo tiempo se
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constituyen como parte de la diversidad de culturas políticas existentes en
América Latina implicando una dimensión re gional, compartida, de estos
procesos.
7
Aquí es donde volvemos a reflexionar sobre la potencia de pensar en
los modos de enlace en tre cultura y política a partir de observar cuáles son
los recursos expresivos que se recrean y activan dentro de un escenario
conflictual. Adoptamos esta forma de ingreso al abordaje de la acción
colectiva, con base en una mirada situada que permite incorporar la
expresividad dentro de las disputas por la visibilidad y dentro del proceso
de enmarcado de la acción. A sa ber:
En el marco de los procesos de reconocimiento y heteroreconocimiento los recursos
expresivos devienen marcas de la identidad colectiva que los actores se dan a sí
mismos en la práctica simbólica de la apropiación y producción de dichos recursos.
El mensaje se orienta también hacia los contendientes que en el marco de un cam po
conflictual identifican mediante los mismos la direccionalidad del sujeto antagónico.
Por otro lado, los recursos se utilizan para reconstruir espacios de entendimiento que
potencialicen la generación de consensos. Finalmente, los recursos expresivos
permiten construir audiencias donde la dialéctica visibilidad-invisibilidad tiene lugar
(Scribano, 2003: 125-126).
De esta manera, podemos enunciar cómo el análisis de los recursos
expresivos está vinculado con la visibilidad de los sujetos dentro de la
acción colectiva a partir de la protesta. Allí existe una puesta en escena de
una demanda dentro de un cam po conflictual que supone una
interpelación de audiencias, con base en la construcción y selección de
determinados recursos expresivos. Un recurso expresivo se puede
conceptualizar, entonces, como un “objeto tex tual que permite delimitar,
construir y distribuir socialmente el sentido de la acción”.
A la vez, los recursos expresivos tienen una doble posibilidad de
lectura: se construyen y utilizan como productos de sentido (resultados) y
son, a la vez, sentido en-producción
(insumos). Desde la perspectiva de
los insumos los recursos son seleccionados y usados resignificando su
posición orig
i nal en una trama de significados determinada; mientras que
desde la perspectiva de resultados los recursos se ven tamizados por un
proceso de producción significativa que deviene en utilización
“novedosa” (Scribano, 2003, 2005).
Convergencia, Revista de Ciencias Sociales
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7
Para una versión de lo aquí expresado véase la cultura en la trastienda de la crisis y los
usos políticos de la cultura en las crisis en Grimson (2004).
Esta cualidad de productos en sentido y sentidos en producción es lo
que le confiere movilidad para tener una lectura hacia aquellos
stock
que
pueden ser resignificados y aquello que aún persiste y se está
construyendo. De esta manera, son resultados e insumos que permiten
una vía de ingreso para observar legados, reconstrucciones y creaciones
nuevas dentro de las prácticas de la acción y los sentidos que los sujetos le
confieren a la protesta, visibilizando nudos problemáticos en las redes
conflictuales sobre las que se construye la acción.
Dentro de las formas de acción, y volviendo a pincelar el escenario
regional, podemos recordar los señalamientos de quienes sostienen que
los movimientos sociales en América Latina vienen transitando por
nuevos caminos (sobre todo respecto al uso de los recursos expresivos)
que los separan tanto del viejo movimiento sindical como de los nuevos
movimientos de los países centrales, tanto en los “modos” de percibirse
como de representarse en el espacio público —ambas instancias
íntimamente relacionadas—. Por lo tanto, las características con las que se
van configurando se relacionan a un segundo momento caracterizado por
la resistencia a la bru tal expansión de las políticas y la globalización
neoliberales, compartiendo el contenido de resistencia a las políticas del
Consenso de Wash
ing ton y sus efectos (Ansaldi, 2005, 2006).
Los diferentes ciclos de protestas que terminaron con las renuncias o
desestabilizaron la plataforma de gobierno como fueron los casos de
Argentina (el “Que se vayan todos” del 19 y 20 de diciembre de 2001),
Bolivia (la toma de la Plaza de los Héroes que significó la destitución de
Sánchez de Lozada en 2003) y Ec ua dor (las rebeliones de Quito
2000-2001, los Forajidos en 2005) —en
tre las protestas más
significativas— atestiguan el impacto que tuvieron las políticas
neoliberales en los años noventa sobre América Latina con la consecuente
privatización de los servicios públicos y los recursos naturales en la
región. Asimismo, estas protestas —junto con la de los movimientos
mexicanos (más allá de las diferentes demandas y trayectorias de los
actores sociales que compusieron la protesta)— imprimieron en el
espacio público formas reactivas de lucha, que siendo inicialmente
sociales se tornaron políticas y se interceptaron con el Estado (Ansaldi,
2005, 2006) al poner de re
lieve una “suerte de contagio” de recursos
expresivos.
En este punto, si bien predominaron las medidas confrontativas
contra el sistema político (fundamentalmente cuestionando los poderes
Adrián Scribano y Ximena Cabral.
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ejecutivo, legislativo y ju di cial), las protestas apelaron a recursos estéticos
de demostración como vía de denuncia de las políticas neoliberales y el
descrédito hacia las instituciones partidarias dentro de una crítica mayor
hacia las formas de la democracia representativa. Corte de rutas,
ocupación de edificios públicos, movilizaciones céntricas se vieron
acompañadas por dramaturgias, cacerolas, presencia de velas o escraches
como estéticas-en-las-calles, que implicaron una reapropiación colectiva a
partir de lo que es público y político.
Así, las protestas se caracterizaron por la creatividad con que
reconstruyeron y escenificaron sus problemáticas. Estas “formas” se
presentaron diferenciadas de los binomios rojo/ne gro de las estéticas de
las izquierdas o las paletas en celestes y blanco de los movimientos de
índole “nacional y pop u
lar”. Símbolos como puños, armas, banderas,
estrellas se fueron modificando/complementando/transformando por
banderas a-partidarias y una multiplicidad de colores —en donde la
estética del zapatismo y de los movimientos indígenas fue reproducida en
los centros urbanos— que pincelaron el paisaje de la protesta en la región.
Los recursos expresivos producen así una afectación distinta interpelando
la construcción de otras sensibilidades a partir de recuperar tradiciones
—como la indigenista, por ejemplo, o la recuperación de las emociones en
sus discursos— y de inventar otras nuevas partiendo de “aquel legado” de
formas de lucha.
Postales de una ciudad-en-conflicto
Retomando lo expresado conceptualmente, analizar los recursos
expresivos permiten bosquejar una pintura de una situación conflictual.
En ese sentido, reconstruiremos a partir del análisis de los recursos
expresivos dentro de las estéticas-en-las-calles aquellas pinceladas que
fueron caracterizando las redes conflictuales temporoespacialmente en la
ciudad. Estas postales serán utilizadas como “
analizadores estratégicos”,
pues al condensar el decir/actuar/sentir de los sujetos van bosquejando y
pintando las problemáticas y nodos conflictuales.
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Aquí, y según los registros que disponemos de las acciones colectivas
en la ciudad de Córdoba,
8
aparece un conjunto de imágenes que
posibilitan “armar” una postal a modo de mensaje para alguien que,
ausente, puede, a través de ellas, imaginarse la situación.
En esta línea, el registro se traza en un doble plano: por un lado, sobre
aquellas manifestaciones donde la expresividad va mostrando las
“tácticas” de los sujetos para mostrar otras formas de concebir la política
en el sentido que en este artículo hemos dado a su conexión con la estética;
mientras que, por el otro, el registro va evidenciando aquellos conflictos
que persisten y se repiten.
Preliminares: luminarias en celeste y blanco
En el mes de diciembre de 2001, tanto en Córdoba como en los
principales centros urbanos de la Ar gen tina, irrumpe en las calles lo
estético como vehículo de expresividad de las múltiples tonalidades
colectivas. Respecto a la posibilidad de pincelar los colores vibrantes de
esa postal, las primeras imágenes están pigmentadas en blanco y celeste
que recuerdan la multiplicación de banderas argentinas y las entonaciones
de himnos nacionales que acompañaron la protesta de diciembre de 2001
en la ciudad. Si bien las banderas aparecieron fuertemente meses an tes
—con la protesta por la defensa de Aerolíneas Argentinas como otra
empresa privatizada que con su “vaciamiento” desmontaba las ficciones
de “progreso” y país moderno—, fue du rante las movilizaciones de
diciembre que enfundaron las calles de las ciudades.
Estas imágenes de mujeres, hom bres, jóvenes y niños embanderados
que bajaban al centro con cacerolas saturaban el paisaje. El himno
entonado por miles de gargantas y manos aferradas a banderas celestes y
blancas implicó una reapropiación de símbolos. Aquellos que fueron los
símbolos ajeados después del terrorismo de Estado en la Ar gen tina, y por
fechas conmemorativas en democracia, por sectores como la escuela, el
Ejército y el imaginario de lo nacional pop u
lar, como instituciones
Adrián Scribano y Ximena Cabral.
Política de las expresiones heterodoxas: el conflicto so cial
en los escenarios de las cri sis argentinas
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8
Base de datos de la investigación “Conflicto social y estructuración social en la ciudad
de Córdoba: diciembre 2001-mayo 2004”. Serviproh, Córdoba, 2004. Dicha base se
continuó trabajando e implica el registro de la información cualitativa usada aquí para
elaborar las secciones de las postales y las frases celebres.
centrales de los Estados nación, se reconstituían en un ensayo que se abría
hacia lo colectivo pero sin sa ber resolverlo.
9
La resignificación del estar en las calles en cientos de banderas de un
mismo color y bajo el sonido de cacerolas mostraban otra faceta de la
protesta que, en distancia y contradicción, en proximidad y negación, se
asume desde el símbolo de lo cotidiano, y las necesidades de lo cotidiano,
el elemento de la mesa fa mil
iar. El cacerolazo se presentaba como el
“no-lugar” del vacío: ollas vacías como instrumentos para hacer escuchar
sonidos cívicos, donde otrora estaba la comida de la “Ar gen tina granero
del mundo”. Lo privado y público en una tensión del acontecimiento que
luego perderá vitalidad y potencial disruptivo.
Aquí —y enlazados con lo que otro recurso permitía leer: “El que se
vayan todos”, a partir de las estéticas-en-las-calles— se puso en evidencia
la sensación de tope: la necesidad de ruptura con los colores partidarios y
las plataformas de los partidos políticos. Este corrimiento fue
anunciándose a partir del voto bronca, sumado a la apatía del ausentismo
—que aunque confrontan son formas diferentes de la falta de
credibilidad— en octubre de ese año y las permanentes denuncias de
corrupción, el caso de las coimas dentro del Senado de la nación, y una
alianza partidaria
10
que se desmoronaba.
En ese sentido, se reactualizó la participación en marchas y otras
formas de conmemoración a partir de efemérides revitalizadas de hitos
históricos, las cuales exhibían las problemáticas de la representatividad
política. En mayo de 1969 se produjo la revuelta conocida como el
Cordobazo que fue la manifestación de repudio a un gobierno de facto
ilegal e ilegítimo, aquella revuelta que se adelanta y excede las demandas de
Convergencia, Revista de Ciencias Sociales
, núm. 51, 2009, Universidad Autónoma del Estado de México
140
9
Por cuestiones de espacio y en relación con nuestros objetivos no podemos
extendernos, pero recordamos que también pueden existir enbanderamientos y
formas de “ganar la calle” que distan de ser heterodoxas. Un momento interesante
para observar distancias y proximidades es comparar el año 2001 con el Mundial de
1978, organizado por la dictadura militar y el “uso” del celeste y blanco.
10
La autodenominada Alianza, conformada por actores del Frente País Solidario
(
FREPASO
) —donde convergían sectores del Partido Justicialista (
PJ
) y otros de
partidos más chicos de izquierda— junto a la Unión Cívica Radical (
UCR
),
representaba una creación partidaria que rompería el bipartidismo característico de la
historia política de Argentina.
un paro gen eral y, a partir de la unidad en tre diferentes actores, se “toma”
la ciudad. Asimismo, el 25 de mayo de 1810 se conmemora la primera
independencia, a través de la instauración de un gobierno representado
por argentinos y no por los virreyes españoles. Estas fechas, miradas
desde el año 2002, pusieron en discusión la relación de independencia de
la Ar gen tina respecto a los nuevos “dictadores” del mercado, trajeados en
“virreyes liberales”.
Ligada directamente con ese punto, la necesidad de conformar un
gobierno vinculado con los deseos y las necesidades “del pueblo” a partir
de ensayar otras formas de participación se comenzó a expresar en
carteles, construcción de objetos y organización de cabildos barriales.
“Que se vayan” y “El pueblo quiere sa ber de qué se trata” gritaban desde
los bar rios como otra forma de ensayar el después del después.
La incapacidad de enunciar el “después de todo que”, su negatividad
apuntaba en parte a adolecer de “que” pero sí avanzar en el “cómo”. Este
“cómo” planteaba la necesidad de crear formas nuevas de política y de
vínculos en tre los sujetos con la política que fueron centrales dentro de las
discusiones en tre 2001 y 2003.
11
La potencia de “otros” actores colectivos
se fue anudando en las experiencias asamblearias, y se multiplicaron y
expandieron tanto en los bar rios, como en las fábricas, y en los colectivos
que se fueron conformando.
Agua y transporte en la ciudad inodoro
Otras son las imágenes y las cromáticas que terminan de colorear la postal
du rante este periodo. Aquí dentro de las composiciones creativas que
muestran cómo era percibida la ciudad fuera del acontecimiento —y
dentro del escenario conflictual de la cri sis— estuvo atravesada por los
desechos que dejaba la barrida de la cri sis. Un inodoro gigante, un
colectivo con forma de inodoro hacían expresa la situación que tenían los
bar rios. La situación “huele” mal en la ciudad; o la ciudad se ha
Adrián Scribano y Ximena Cabral.
Política de las expresiones heterodoxas: el conflicto so cial
en los escenarios de las cri sis argentinas
141
11
En este punto, dentro de la crisis hemos observado dos microciclos de protesta donde
el primero, de 2001 a 2003, se relaciona con la efervescencia de la acción colectiva y los
diferentes ensayos de formas de participación y organización política; mientras que el
segundo microciclo entre 2004-2008 hace referencia a la institucionalización de
ciertos actores y prácticas a la vez que van ganando espacio las nuevas disputas de
apropiación de los bienes colectivos. Algunas caracterizaciones pueden consultarse en
los trabajos publicados.
Cfr.
transformado en un espacio de “mierda”; o la ciudad ha devenido en
espacio donde todo parece un desecho; o hay ciertos lugares de la ciudad
—en este caso los vecinos de la zona sur— que son desechados. Así, las
sensaciones se agrupan detrás de la sorpresa o la broma en un “¿realmente
estamos así? o ¡no es para tanto!” como parte de las repuestas estándares
ante el desafío de la composición creativa. La salud, la basura, las calles, la
comida, el “vivir” es donde cada espectador se une en una interpretación y
toma de ella la parte de “bronca” que más le incumbe. Asintiendo o
negando se conecta con la temática de la protesta.
El transporte, las formas de circulación y del desplazamiento en la
ciudad presentaron una forma expresiva materializada. El
Inodoro Bus
, por
su parte, constituyó una composición colectivamente “sentida” donde la
rotura de las unidades, la falta de frecuencia, los permanentes paros eran
parte del paisaje cotidiano. Así, en una ciudad con sus vínculos rotos, los
vehículos de circulación y desplazamiento se parecen a un inodoro, a un
objeto que reúne porquería. La interpelación de lo estético, entonces,
pone en estado público lo que se vive día a día; las sensibilidades que se
materializan en esa forma expresiva hacen pensar en que huele, que mira,
que toca, que respira, que se filtra, que significa que “cualquier” per sona
viaje dentro de un inodoro.
Solidario con lo an te rior, en un momento pudieron observarse
“muñecos de gente esperando en las paradas de colectivo”. La gente que
por la espera, la desazón, la impotencia se vuelve muñeco. Lo humano
travestido en paño y figuras que hacen recordar cuando eran humanos. La
expresividad puesta al servicio de los procesos, de las cadenas de
situaciones que hacen que el mundo se naturalice: siempre hay gente
esperando, pues el que quiere viajar debe esperar, y las esperas van a ser
diferenciales de acuerdo con las posibilidades materiales de hacer el viaje y
las formas de traslado.
Aquí aparece el gesto, las prácticas concretas que también pueden ser
recursos expresivos: “Aplaudieron con ironía a los colectivos que iban
llegando” consignaba el periódico. Era asombroso, había llegado el fin de
la espera, el príncipe que sacaría a los muñecos del encanto y los
transformaría nuevamente en pasajeros. El hu mor vuelto aplauso, la
indignación mostrada como aprobación de lo ridículo, de esa llegada que
hacía que nadie pudiera llegar a tiempo a donde debía llegar.
En la misma línea sobre las formas de desplazamiento por la ciudad,
pero con una expresión estética diferente, fue la creación del
Carro-colectivo
.
Convergencia, Revista de Ciencias Sociales
, núm. 51, 2009, Universidad Autónoma del Estado de México
142
La cri sis hizo volver al centro de la ciudad a los cartoneros con sus
tradicionales carros tirados por caballos. El transporte público se había
convertido también en un conjunto de carros, por la lentitud y por el
“estado” del vehículo. La gente es tratada como cartón amontonado, es
llevada desaprensivamente como objeto. Aquí el desplazamiento
metafórico es muy evidente: allí (y así) donde hay basura debe leerse seres
humanos. El recurso expresivo permite consolidar interpretaciones de
esa tan rica “primera hermenéutica” que todo sujeto es capaz de hacer.
Si se desplaza la mirada a otra red conflictual se hace vis
i ble el
problema de la prestación de servicios que fueron privatizados en la
década an te rior. “Cambian cuerito a canilla gigante en peatonal”, afirma el
diario. La imagen de la canilla gigante, vuelta objeto, pintada sobre
banderas, es teatralizada dentro del cuerpo de uno de los actores. De
acuerdo con el escenario de la cri sis, fueron mutando los recorridos y los
sentidos de la canilla: una gran pérdida, un “gota a gota” que vuelve
necesario un cambio de aquello que “regula” (al menos parcialmente) “la
salida” y la distribución de los bienes. La expresión colectiva parece decir
“lo que pasa” donde la canilla estaá allí para ser mirada, mostrada y, al
mismo tiempo, es algo más y algo menos, es justamente la sensación de
que la situación conflictiva tiene arreglo, pero que no se hace.
Los recursos expresivos se ligan a las prácticas de presentación publica
que los agentes performan para mostrarlas, es un todo ensamblado, es la
práctica la que in dica lo que se quiere decir. Y es una práctica situada. En
esta red conflictual “después de la canilla y el cuerito” denunciando las
formas de prestación, llegará a encontrarse a inicios de 2006 encabezando
movilizaciones de vecinos como fueron las denuncias del “tarifazo”, y tan
sólo unos meses más tarde, circulará en medio de encuentros de
asambleístas por la recuperación de los bienes comunes; canilla que deja
su materialidad para volverse agua, recurso primero y fuente de vida.
Algunas líneas escritas en la Postal: la política de los cuerpos
Dentro de la postal que venimos describiendo, dos imágenes nos
brindarán la posibilidad de transitar de la forma a la palabra, en tanto
mediadoras de lo que luego analizaremos como “frases célebres” de las
estéticas-en-las-calles: la aparición de una mujer con vestido transparente
en Legislatura Pro vin cial y la calle peatonal decorada con preservativos
gigantes.
Adrián Scribano y Ximena Cabral.
Política de las expresiones heterodoxas: el conflicto so cial
en los escenarios de las cri sis argentinas
143
La primera imagen-per for mance señala cómo los cuerpos fueron (y
aún lo son) el sostén de estas expresiones heterodoxas. Una mujer: la
Argentina. Una transparencia: la desnudez de la política. El recinto de
reunión de los legisladores: la impotencia de la política institucional. Este
trípode expresivo señala, claramente, cómo el cuerpo devenido mensaje
denuncia la obviedad de la cri sis de representación por un lado y los
entramados del fin del rasgo seductor de la política, por el otro.
La segunda imagen-instalación sugiere la vida en juego donde no hay
profilaxis posible. El recorrido de miles de cordobeses que se desplazan a
pie por en tre los adminículos de prevención y profilaxis nos in dica un
sentimiento de “estar-poniendo-el-cuerpo”, que las situaciones
conflictuales implican. La ciudadanía sin resguardo pidiendo una nueva
moral.
Vinculado con lo an te rior, y el contexto analizado, un tema que llama la
atención en los registros es el estado público de la denuncia de una política
de los cuerpos. Tema tabú y complejo, pues “lo nat u ral” nos dice que no
hay nada más “nuestro” que el propio cuerpo.
a) El reclamo de autonomía: “Mi cuerpo es mío, yo decido”. Uno de
los rasgos más complejos de una política de los cuerpos es su intención de
sujetar y de volver substancial el carácter
heterónomo de la vida humana.
Lo que llamo mi cuerpo se transforma en él por mi decisión, este es el
reclamo. Nadie puede decir cómo es, cómo debo comportarme con él,
puesto que si no lo decido “yo” pasa a ser otro cuerpo. Más allá de los
acuerdos y desacuerdos sobre esta temática, lo cen tral es que se vuelve
visible el conflicto de lo cor po ral, otra arista de la batalla de los cuerpos.
b) La denuncia de los regímenes corporales: “Curas y jueces: no
dispongan sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad”. La denuncia es
clara, una política de los cuerpos sólo se lleva adelante, en tre otros, con
togas y sotanas.
No dice Dios, no dice Justicia
, dicen corporaciones que
manejan el poder performativo de la palabra. Las palabras autorizadas que
inauguran una estructura narrativa donde se deposita un sa ber
supra-indididual, un plus de sa ber que “sobre-sabe” lo “bueno” para los
cuerpos, un régimen cor po ral.
Como ya hemos dicho, estas postales (superpuestas-fragmentadas
-contingentes) también, como toda postal, fueron escritas; contienen
palabras que se unen y des-unen con las imágenes, sobre dichas “escrituras”
versa el próximo apartado.
Convergencia, Revista de Ciencias Sociales
, núm. 51, 2009, Universidad Autónoma del Estado de México
144
Frases célebres
En los procesos de visibilización, cuando los agentes entablan relación
con la prensa, éstos apoyan sus acciones y les dan su sentido por medio de
frases que pretenden condensar el “estado de ánimo” del conflicto de
referencia. En los registros que se vienen analizando es posible encontrar
una serie de afirmaciones que parece cumplir el rol de “lo que se escribe
detrás de las postales”; es decir, hacen evidente al destinatario sentires,
pesares y goces. A veces están en carteles, a veces las afirman los agentes,
siempre se usan para expresar “claramente” lo que está más acá de la
acción. Las estéticas-en-las-calles se abren desde el decir que se vuelve
recurso y producto de la expresividad.
Dentro de esta escritura que datan y sitúan a las postales aparece lo
trágico, una frase corta, lacónica, casi innecesaria: “Esto es una selva”. La
ciudad es un “todos con tra todos”, la angustia de la bestialidad, la
incertidumbre del no sa ber si se llega a mañana. Como si al subir a la parte
alta de la ciudad se observara una escena de salvajismo que supone la
percepción del riesgo y que gen era incertidumbre. La incertidumbre ante
caminos que ya no están demarcados y el riesgo de caminar en tre malezas,
de transitar ante la amenaza de la garra y la ley del más fuerte.
Esta escena del salvajismo se va trazando en tonos empastados donde
lo mágico, lo cómico y lo real atraviesan las maneras de vivenciar los
conflictos. Lo cómico, por su parte, puede rastrearse en una descripción
—muy cordobesa— de la situación de desmanejo so cial y etiquetamiento
del diferente: “Pasaron dos policías borrachos, en moto, por la esquina de
calles Nieva y Bogotá –explicó– y comenzaron a insultarme”. Y agregó:
“Cuando les pregunté por qué me insultaban me agarraron a las
trompadas y me dijeron que como era piquetero.
..” El que protesta, el
raro, es el que merece ser golpeado. Si es pobre puede ser piquetero, y si es
piquetero debe ser reprimido.
Lo mágico implica un registro donde la medida de la situación está en
manos de lo religioso
:
“La virgencita es muy cumplidora, pero no da
abasto con tantos reclamos”.
La percepción in dica que “así no hay Dios
que aguante”. En la ciudad ni los dioses pueden ante tantas demandas,
está más allá de su poder, y ante la resolución de conflictos sólo queda la
espera. Claro que la cri sis es una cuestión de simples hom bres.
Adrián Scribano y Ximena Cabral.
Política de las expresiones heterodoxas: el conflicto so cial
en los escenarios de las cri sis argentinas
145
Lo real, lo que siempre vuelve como horroroso, evidencia los intereses
económicos: “Las aguas las manda, Dios, Bugliotti
12
las canaliza”. El
insoportable peso del dinero frente a lo nat u ral y divino. Ante el
salvajismo de los intereses empresariales, ni la garra y la voracidad de los
grupos empresariales ni las fuerzas de la naturaleza ni los dioses parecen
marcar caminos ante los sujetos envueltos en la angustia que provoca la
incertidumbre de transitar en el paisaje de una selva.
En Ar gen tina, en gen eral, y en Córdoba, en par tic u
lar, es muy común
escuchar expresiones de “clase me dia” caracterizadas como la parte del
medio del sándwich. La cri sis de 2001 reactivó, quizá sea uno de sus rasgos
positivos, la presencia pública de los considerados (o autoconsiderados)
clase me dia. En los registros, que sirven de base para este trabajo, es
posible encontrar expresiones del tenor de las recién aludidas. Para poder
comprender parte de los imaginarios de la cri sis que tonalizan el escenario,
hemos seleccionado dos frases que se refieren a dos redes conflictuales
que, algunas veces, pasan desapercibidas.
“Siempre cae la clase me dia”, “Muy viejo para conseguir trabajo, muy
joven para jubilarme” es la primera frase. El sentido por su desconexión
se hace diáfano: el jubilado es como la clase me dia y la clase me dia es como
el jubilado. Siempre el jubilado “cae”, es el derribado en el olvido, es de
quien nadie se acuerda, como la clase me dia. La clase me dia no está ni para
una cosa ni para la otra, a unos les parece envidiable (joven), a otros “sin
remedio” (viejo), parafraseando a Borges: incorregible. La clase me dia es
entendida (al menos desde hace un tiempo) en lo pop u
lar como los que
tienen trabajo estable. Dos conflictos en uno: el permanente deterioro de
los que están al medio y la desubicación de los expulsados del mercado de
trabajo.
La segunda frase es “Las pymes no deben ser objeto de represión
fiscal”. La expresión pertenece a la narrativa nacida con el menemismo y
no se puede entender sino en el marco del juego del lenguaje
economía=Estado=represión. Más allá de la deformación del sentido de
lo que significa pequeñas y medianas empresas, que ministerios,
fundaciones y consultores han logrado, hay una red de conflicto que
aparece aquí. Si uno puede pensar que los que tienen empresas no son
Convergencia, Revista de Ciencias Sociales
, núm. 51, 2009, Universidad Autónoma del Estado de México
146
12
Importante empresario cordobés.
todos como Macri
13
recobra un sinnúmero de sujetos que día a día
trabajan con un puñado de obreros y empleados. Pero, por otro lado, si se
agudiza la vista el pan orama se comienza a poblar de arribistas y
subsidiados. Este es un conflicto sobre el cual poco se ha trabajado, más
aún teniendo en cuenta la cri sis refundacional del capitalismo por estas
tierras. Más allá de esto, la cri sis aumenta el miedo a la represión, en este
caso a la fis cal, a la vía de los impuestos como instrumento de castigo por
“salirse” de lo pactado cuando el pacto se rompió.
En el neoliberalismo el más fuerte sobrevive, y las Pymes no son las
más fuertes y sus trabajadores menos aún. Es un eslabón fácil de quebrar.
“La ciudad” —otrora una de las de mayor industrialización— avisa, alerta
sobre una de las aristas más complejas de la cri sis, el cap
i tal nacional está
en disolución
¾
o disuelto
¾
. Eso significa: ¿qué capitalismo se puede
tener sin capitalista? Posiblemente uno neocolonial.
En este escenario, percibido dentro de la cri sis de en tre 2001 y 2003, lo
que aumentó de modo desmedido fue el “sentimiento” de inseguridad y la
tentación autoritaria. Considerando que la inseguridad no es una “mera”
sensación, vale analizarla como inscripción de nuestras postales. Una
sensación de “lejano Oeste”, de película de vaqueros, atravesó la ciudad y
fue reproducida y multiplicada a partir de los medios masivos de
comunicación, tanto desde la ficción de la
TV
(por sólo mencionar
Tumberos) o desde “el vivo” (como Policías en Acción); la ra dio y la
prensa gráfica hicieron lo suyo transmitiendo y transcribiendo desde la
sección de policiales a la portada cen tral. De las muchas expresiones que
se fueron repitiendo en lo cotidiano, y que podrían ser usadas como
inscripciones en las postales sobre la inseguridad, seleccionamos las
cuatro siguientes.
El miedo cotidiano fue parte de la primera inscripción cuya caligrafía
marcaría a las demás: “Acá los ‘cuetazos’ es cosa de todos los días”. La
expresión superlativa de estruendos “cuetes” que forman parte de los
festejos navideños, se volvió común a partir del ruido de las armas, de los
disparos. El sonido de las balas ahora es reconocible por cualquiera
formando parte de las sonoridades que caracterizan a un bar rio.
Adrián Scribano y Ximena Cabral.
Política de las expresiones heterodoxas: el conflicto so cial
en los escenarios de las cri sis argentinas
147
13
Importante empresario nacional y hoy Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires.
La sociabilidad alterada se transforma y transforma: “Esta manzana es
un semillero de delincuentes”. El bar rio se presenta como escuela del
delito a través de su unidad espacial “la manzana”, se infiere claramente el
“mensaje”: el contacto diario, el crecer “naturalmente” delincuente.
Mediante una analogía nat u ral, el crecer desde semilla, se naturalizan los
vínculos en tre delincuencia, la escuela del bar rio
¾
el territorio
¾
y la
pobreza. La manzana (el espacio) como cam po (semillero) desde donde
nacen los delincuentes. Es mi lugar el que da lugar a lo que no debería
tener lugar. El sentido común ha sido colonizado, ha sido objeto de
naturalizaciones varias, y sobre lo “nat u ral” hay poco que hacer, se
entiende como dado, como intransformable.
La intolerancia autoritaria se hace carne: “Acá cuando matan a un
chorro nos alegramos, pero Dan
iel era un chico bueno”. Esta afirmación
muestra como evidencia que lo autoritario fue puesto como regla tras los
miedos de la cri sis. Lo autoritario que devora a quien lo acepta como regla.
¿Cómo distinguir en tre bue nos y malos cuando me alegro por la muerte
sin preguntar por los motivos?, ¿cómo frenar la matanza una vez iniciada?
Esta frase hace evidente que los discursos sobre mano dura, incluso
justicia por mano propia, se han estabilizado bajo la ingenuidad de los
bue nos y los malos; se han “vuelto” regla. Esta pedagogía de los bue nos y
los malos
¾
que resuena a los ejes del mal a escala plan e taria en medio de
la avanzada “antiterrorista” en Estados Unidos después de 2001
¾
parece
que ya no necesita de otras explicaciones estructurales, donde la
desigualdad y la inequidad sean claves de ingreso.
La espacialización discriminante se acentuó: “Queremos que
alambren la Villa, contengan su expansión y redireccionen a los cirujas
para que lleven la basura a otro lado”. Aquí, villa=pobre=delincuente
aparece como la operación de equivalencias básica. La identidad se va
construyendo en la discriminación. En una discriminación que como si
fuera un mal biológico, so riesgo de que expanda aquel “semillero”, hay
que evitarlo; contener su expansión, hacerlos cir cu
lar por otras
direcciones, su “pasar” es una amenaza; la basura en otro lado.
La inseguridad es una creación so cial que responde a una estructura de
relaciones sociales. La vía autoritaria y represiva la reifica (la vuelve cosa),
y desde allí se transforma en oportunidad de ser mercancía, se oculta pues
no puede “darse con ella” en tanto cosa. La sensación de inseguridad,
entonces, se transforma en un sentimiento. Sentir el miedo ante este
cuadro de lo salvaje tiene un foco selectivo donde las sospechas
¾
que se
Convergencia, Revista de Ciencias Sociales
, núm. 51, 2009, Universidad Autónoma del Estado de México
148
vuelven etiquetantes
¾
sobre las formas del “mal vivir” tienen rostro,
estatura, sexo y lugares donde separarlos de los “bue nos vecinos”,
aquellos únicos merecedores de transitar la ciudad.
El rompecabezas del conflicto
Llegados a este punto recuperamos ciertas expresiones e imágenes para
armar un
puz zle
de la situación conflictiva que, más allá de una
consideración “temática”, construyen una narración telegráfica para estas
postales.
Ciudadanía, juventud, economía y administración pública;
habitabilidad ter ri to rial, niñez y alimentos escriben una gramática de las
acciones que evidencian distancias, proximidades y oposiciones que se
dibujan a través de los recursos expresivos.
La pornografía del sistema: “La empresa le tira la pe
lota a la
municipalidad”. Ante la cri sis para el Estado, an tes de la cri sis sin el
Estado, los quiebres profundos anuncian lo obvio: la economía es la que
manda. La analogía futbolera señala cuál es el tipo de partido, qué rol
cumple el Estado y quién es el dueño de la pe
lota. La creación de esta
imagen futbolera “del pase” fue multiplicándose ante lo que fueron las
experiencias de las privatizaciones y sus efectos. Así, como recordábamos
al inicio del artículo lo que significaron los “costos” de la privatización de
Aerolíneas y la pos te rior defensa de “la línea de bandera” en el cuadro
conflictual nacional, otros puntos fueron evidenciando las resultantes de
los efectos privatizadores: Tartagal y Gen eral Mosconi ante la
privatización del petróleo, los nuevos desaparecidos laborales
transformados en piqueteros, y funcionarios políticos medios
apareciendo de mediadores; los conflictos por la provisión de agua en
Córdoba, empresas transnacionales que pasan a empresarios lo cales,
firmas y acuerdos sujetos y que sujetan a los mandatarios provinciales.
14
Estado y mercado amarrados pero con diferente margen de maniobra.
La ciudadanía como práctica: “Un ciudadano no nace, se hace”. En
con tra de toda reificación, aquí aparece la insistencia en que aquello que es
Adrián Scribano y Ximena Cabral.
Política de las expresiones heterodoxas: el conflicto so cial
en los escenarios de las cri sis argentinas
149
14
Las reconstrucciones de algunos de estos conflictos pueden consultarse en el
Boletín
Onteaiken,
núm. 7, año 4, Córdoba, mayo de 2008. Disponible en:
tm>.
abstracto y for mal termina siendo lo importante si se vuelve práctica.
Hacer un ciudadano es ir con tra el prejuicio de que todos somos
ciudadanos, pues no todos se vuelven ciudadanos. De todos modos, esta
inscripción en la postal hace evidente una de las principales redes de
conflicto de la ciudad, es la cri sis de la ciudadanía. Cri sis que fue
adoptando diversas formas dentro del conflicto desde las nuevas prácticas
asamblearias en tre 2001 y 2003, hasta los intentos de parches y las
ausencias vinculadas con lo público-administrativo
¾
como fue la
creación de la Mesa de Salud o la Carpa por la Revocatoria del mandato del
Intendente de la ciudad
15
¾
. Estas experiencias multisectoriales vuelven a
enfatizar que un ciudadano no nace, se hace.
La invisibilidad: “Los jóvenes estamos pero no nos ven”. El estar sin
ser percibido, la necesidad de ser escuchado es una de las puntas de la
problemática juvenil en la ciudad. Están en las esquinas cuando hay que
señalar, están presos cuando hay que buscar culpables, están en las
escuelas cuando hay que encontrar el póster para la campaña, siempre
están pero solamente como jóvenes, simplemente están. Esta expresión
se reactualiza en la última marcha de 2008 por los derechos de los niños:
una oreja para los chicos. Aquí la necesidad de escucha, más que la de
visibilidad mediada por los miedos, interpela una actitud de recepción
activa a partir de la creación y el reconocimiento de un espacio donde sea
au di ble su voz, sus relatos, sus emociones, en una ciudad donde el
crecimiento de la criminalización de la pobreza luego de las detenciones
arbitrarias por “portación de rostro”
¾
como los mismos jóvenes
agrupados en colectivos lo llaman
¾
caracterizan este paisaje.
El margen del centro: “Estamos olvidados, el bar rio no progresa”.
Los
bar rios pujan por entrar a la ciudad, para obtener un salvoconducto que
permita pasar las murallas que los condenan a la periferia. El viejo
imaginario “del progreso” vuelve para traspasar el problema hacia el
futuro y dejar abierta la puerta para que, alguna vez, al acordarse de los
bar rios, el progreso regrese y se redireccione al centro. El olvido de los
márgenes es, asimismo, condición de reproducción de los centros. Esta
Convergencia, Revista de Ciencias Sociales
, núm. 51, 2009, Universidad Autónoma del Estado de México
150
15
Ambas experiencias fueron de las más relevantes después del año 2001, porque
constituyeron un primer encuentro para conformar espacios multisectoriales, al
mismo tiempo que ponían en operación mecanismos de democracia participativa y de
control ciudadano.
expresión se fue multiplicando con la cantidad de noticias, fotos, gritos de
testimonios que fueron desde los problemas con la provisión de servicios
hasta las “sensaciones de inseguridad” dentro del bar rio, la amenaza de
llegada de la villa. A esta expresión se le suma el “sueño de la casa propia”
donde puede dejarse la vida en ello. Así lo expresó la con tra protesta que
hicieron los vecinos del bar rio Ituzaingo Anexo ante la denuncia de
alrededor de 20 muertes por cáncer y malformaciones, debido al uso de
plaguicidas en los cam pos lindantes. “Se están devaluando las viviendas
de la zona, las casas y los terrenos cada vez valen menos”, fueron las frases
de quienes denunciaban la calvicie y portaban barbijos en tre las calles del
bar rio. El bar rio no progresa.
Primero los niños: “Los niños merecen más que un plato de
comida…”.
Algo más que comedores transformados en comederos en
malas condiciones. Algo más que un sim ple plato de comida regalada
porque sus pa dres no pueden darles de comer y no pueden mantener el
imaginario de la mesa fa mil
iar. Los comederos como depósitos de niños
“a tu te
lar” despolitizan las causas del hambre y las posibilidades de otra
infancia. En ese sentido, posiblemente, no haya situación más impactante
en los imaginarios colectivos argentinos que las míticas narraciones sobre
el lugar de los niños. Más de 20 años de neoliberalismo
¾
en sus distintas
vertientes institucionales
¾
produjeron la aparición pública del olvido de
esos mismos niños. Las imágenes gigantes de niños, muñecos, murgas y
pancartas fueron recorriendo las diferentes ciudades y localidades de la
Ar gen tina dentro de la Marcha de los Chicos del Pueblo
16
con la consigna
“ni un pibe menos”, para que no existan niños con hambre en un “país
hecho de pan”. Este país “hecho de pan” muestra la otra cara de lo
públicamente aceptable: el granero del mundo no puede dar de comer a
sus niños. Tal vez lo que pidan sea una vida digna y poder tener un fu turo;
demasiado pedir para la Córdoba conflictiva.
La postales, las frases y el
puz zle
, en tanto recurso argumentativo para
narrar lo expresivo, son en sí mismas un evidencia de lo que sucede
cuando analizamos expresividades: la aparición del complejo entramado
Adrián Scribano y Ximena Cabral.
Política de las expresiones heterodoxas: el conflicto so cial
en los escenarios de las cri sis argentinas
151
16
En 2000, la primera marcha comenzó en La Quiaca, Jujuy; en 2002, en Puerto Iguazú,
Misiones; en 2005, Tucumán; y en el 2007 volvió a partir desde Puerto Iguazú. Esta
marcha es organizada por el Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo que reúne
a 400 organizaciones del sector social de todo el país.
del espacio ocupado por el más acá, por el plus de las demandas
entabladas por los actores colectivos.
Hemos narrado (y asistido) a las políticas de los sentidos que las
“estéticas-en-las-calles” nos han permitido captar. Hemos “capturado”
unas maneras de ver y oír diferentes que
instalan los rasgos de un mundo
que no se ve ni oye, el mundo del
no,
y que la política institucional, en sus
rasgos melancólicos, condena al sufrimiento. Para finalizar
concentrémonos en las potencialidades que advienen en el análisis del
aludido “más acá”.
Expresándose más acá de las demandas
Muchas son las posibilidades que brindan los registros citados. Sin
embargo, para señalar algunos caminos dentro del análisis de las acciones
colectivas desde sus recursos expresivos, nos limitaremos aquí sólo a
subrayar algunas y que son las que hemos priorizado en esta presentación:
1) Cuando se observa el juego de distancias-proximidades en tre
demandas entabladas y recursos expresivos se hace evidente que la
identificación, sistematización, descripción y explicación de las aludidas
demandas es un paso necesario pero insuficiente para encontrar los
contrastes en tre la política institucional y las prácticas rebeldes. 2)
Vinculado con lo an te rior, en tre estos contrastes, la pornografía del
entramado de la política institucional, que congela en “conceptos” a las
demandas de los actores sociales a los fines de contagiarlos de su estado
melancólico, es una pista más que importante para retomar la protesta
desde las sensibilidades que proponen sus “estéticas-en-las-calles”. 3)
Analizar las articulaciones en tre estas “estéticas-en-las-calles” y los
recursos expresivos llaman la atención seriamente sobre cómo los actores
colectivos juegan un papel importante en las disputas por las políticas de
las emociones. 4) Consecuente, y relacionado con lo anteriormente
expuesto, podemos considerar que se vuelve evidente la urgencia de
persistir en el esfuerzo de ar tic u
lar los legados de los estudios sobre la
acción colectiva y los análisis posibles desde una sociología de las
emociones. Cuestión en la que se enmarcan los apuntes y el análisis aquí
expuesto.
Finalmente, las correlaciones posibles en tre “estéticas-en-las-calles”,
recursos expresivos y actores colectivos señalan claramente el camino
para analizar las prácticas heterodoxas vinculadas con la rebeldía con tra
las políticas de las emociones que el sistema de dominación ac tual
construye.
Convergencia, Revista de Ciencias Sociales
, núm. 51, 2009, Universidad Autónoma del Estado de México
152
Bibliografía
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bisagra de los siglos
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XXI
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Adrián Scribano.
Investigador independiente,
CONICET
.
Coordinador del Programa de Estudios de Acción Colectiva y Conflicto
So cial del Centro de Estudios Avanzados, Unidad Ejecutora del
CONICET
(
CEA-UE
) de la Universidad Nacional de Córdoba (
UNC
),
Argentina. Coordinador de la carrera de Sociología y profesor reg u
lar del
Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Villa María
(
UNVM
). Publicaciones recientes: “Fantasmas y fantasías sociales: notas
para un homenaje a
T. W
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Estudios sobre teoría so
cial
contemporánea,
Bue nos Ai res (2009).
Ximena Cabral.
Becaria
CONICET
, maestranda de Partidos Políticos
y doctoranda de Estudios Sociales en América Latina del Centro de
Estudios Avanzados (
CEA
) de la Universidad Nacional de Córdoba
(
UNC
). Miembro del Programa de Estudios de Acción Colectiva y
Conflicto So cial (
CEA-UE
). Publicaciones recientes: “Con trol ciudadano y
participación política en las asambleas barriales. Demandas, trayectorias y
redes”,
en
Movimientos sociales. Experiencias históricas. Tendencias y conflictos.
Anuario,
núm. 21 (2005-2006); (en coautoría)
“Tramas conflictuales /
intersticios para la acción: cuerpo (s), espacio (s) y recursos expresivos en
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Los movimientos
sociales en América Latina. Pasado, presente y perspectivas
, Bue nos Ai res (2008a);
“La estética rad
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XVI
Jornadas Jóvenes Investigadores. Grupo Mon te vi deo
,
Uru guay
(2008b).
Envío a dictamen: 12 de mayo de 2009.
Aprobación: 04 de junio de 2009.
Adrián Scribano y Ximena Cabral.
Política de las expresiones heterodoxas: el conflicto so cial
en los escenarios de las cri sis argentinas
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