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Psiconeuroinmunología: conexiones entre sistema nervioso y sistema inmune
115
Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1
Marzo de 2008, 115-142,
ISSN 0121-4381
PSICONEUROINMUNOLOGÍA:
CONEXIONES ENTRE SISTEMA
NERVIOSO Y SISTEMA INMUNE
Victoriano Ramos Linares*
Servicios Sociales de Callosa de Segura, Espaæa
Raúl Rivero Burón
Asociación Espaæola de Psicología Clínica, Cognitivo Conductual,
Espaæa
José Antonio Piqueras Rodríguez
Universidad
Miguel HernÆndez de Elche, Espaæa
Luis Joaquín García López
Universidad de Granada, Espaæa
Luis Armando Oblitas Guadalupe
Universidad Nacional Autónoma de MØxico, MØxico
*
Correspondencia:
bgvictor@correo.cop.es
ABSTRACT
Psychoneuroimmunology is a new piece of science that just brings three decades,
but in recent years has been subjected to an enormous attention by various
research groups. This article aims to explain briefly how they were organized
immune and neuroendocrine systems, and then present the findings to date
attempting to explain the relationship between the nervous system, as well as
the influences of some over others, in particular to express the relationship among
the three systems responsible for the defense of the body and, more broadly, its
homeostatic maintenance. When it comes to threats, the central nervous system
has to decide what system is put in place, the system of stress as energy for the
attack or the fight (an animal that wants to attack us), the immune system to
neutralize antigen ( viruses that we want to attack) or both (energy is also necessary
for the immune system). As it appeared that many times depression appears after
fruitless efforts for the launch of coping strategies, we also briefly reviewed some
investigations that relate to the immune system with depression, as well as sleep
disorders. It ends with the contributions psychology can offer therapeutic level.
Key words:
Psychoneuroimmunology, nervous system, immune system,
neuroendocrine system, depression, sleep, psychotherapy
Victoriano Ramos Linares, Raœl Rivero Burón, JosØ Antonio Piqueras Rodríguez
y cols.
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Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
INTRODUCCIÓN
L
a psiconeuroinmunología (a con-
tinuación PNI) es un campo
científico interdisciplinar que se
dedica al estudio e investigación de los
mecanismos de interacción y comunica-
ción entre el cerebro (mente/conducta)
y los sistemas responsables del mante-
nimiento homeostÆtico del organismo, los
sistemas: nervioso (central y autónomo),
inmunológico y neuroendocrino, así
como sus implicaciones clínicas
(Solomon, 1998).
La comunicación entre estos sis-
temas utiliza un ±lenguaje bioquímico²
a travØs de sustancias producidas por
esos mismos sistemas, entre las que
principalmente se encuentran las hor-
monas, los neurotransmisores y las
citocinas.
De estos sistemas existentes en los
vertebrados, en particular el inmune ha
sido considerado hasta no hace mucho
tiempo como un sistema de defensa
esencialmente autónomo; sin embar-
go, a la vista de las mÆs recientes in-
vestigaciones, han tenido que tenerse
en cuenta las relaciones con los otros
dos sistemas (neuroendocrino y nervio-
so), así como con el reticuloendotelial y
el hematopoyØtico (Kelley, 2004). La
modulación recíproca entre los
RESUMEN
La psiconeuroinmunología es una nueva parcela de la ciencia que
apenas lleva tres dØcadas, pero que en los œltimos aæos ha sido
objeto de una enorme atención por diversos grupos de investigación.
El articulo pretende exponer brevemente cómo estÆn organizados
los sistemas inmune y neuroendocrino, para despuØs presentar los
hallazgos que hasta el momento intentan dar explicación de las rela-
ciones entre ambos con el sistema nervioso, así como las influencias
de unos sobre otros, mÆs concretamente expresar la relación entre
los tres sistemas responsables de la defensa del organismo y, mÆs
ampliamente, de su mantenimiento homeostÆtico. Cuando se trata de
amenazas, el sistema nervioso central tiene que decidir quØ sistema
se pone en marcha, el sistema de estrØs como energía para el ataque
o la huida (un animal que nos quiere atacar), el sistema inmune para
neutralizar el antígeno (un virus que nos quiere atacar) o ambos (la
energía es necesaria tambiØn para el sistema inmune). Como parece
ser que en muchas ocasiones la depresión aparece tras los esfuer-
zos infructuosos de puesta en marcha de estrategias de afronta-
miento, tambiØn hemos repasado sucintamente algunas
investigaciones que relacionan al sistema inmune con la depresión,
así como con los trastornos del sueæo. Se finaliza con las aportacio-
nes que la psicología puede ofrecer a nivel terapØutico.
Palabras clave:
Psiconeuroinmunología, sistema nervioso, sistema
inmune, sistema neuroendocrino, depresión, sueæo, psicoterapia.
Psiconeuroinmunología: conexiones entre sistema nervioso y sistema inmune
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Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
inmunocitos, las hormonas y las vías
nerviosas, así como los efectos del estrØs
y otras variables psicológicas sobre los
parÆmetros inmunológicos ha hecho
postular que esa autonomía sea mÆs
aparente que real (Infante y Peran,
1998a).
Existe una gran variedad de catego-
rías de evidencias (experimental y na-
tural, bÆsica y clínica, animal y
humana,
in vitro e in vivo
, mØdica y psi-
quiÆtrica) para la comunicación bi-
direccional entre el sistema nervioso
central y varios componentes del siste-
ma inmunológico. Teleológicamente,
tiene sentido que estos dos sistemas
estØn unidos (Solomon, 2001). Ambos
relacionan al organismo con el mundo
externo y evalœan sus componentes
como indemnes o peligrosos; ambas fun-
ciones sirven de defensa y adaptación
homeostÆtica; ambos poseen memoria
y aprenden por la experiencia; y am-
bos contribuyen a la homeostasis. Los
errores en la defensa pueden producir
enfermedad como por ejemplo auto-in-
munidad o alergias, por un lado y fobias
o pÆnico, por el otro. Blalock (1984) se ha
referido al sistema inmunológico como
un ±sexto sentido², remitiendo informa-
ción sobre el ambiente al cerebro acer-
ca de los aspectos celulares y
ambientales accesibles por los cinco
sentidos.
La relación entre los tres sistemas
cuenta a estas alturas con notables evi-
dencias en cuanto al intercambio de
información que se produce entre ellos.
Entre ellas encontramos: funciones lo-
calizadas en el cerebro que contribuyen
a la emisión de la respuesta inmune;
que la superficie de las membranas
de algunos inmunocitos contienen re-
ceptores para una determinada can-
tidad de hormonas, neuropØptidos y
neurotransmisores; y tambiØn que el
timo, el bazo, los nódulos linfÆticos o
la mØdula ósea, que son controlados
por fibras noradrenØrgicas del sistema
nervioso simpÆtico, estÆn tambiØn bajo
el control del sistema nervioso autóno-
mo. Las funciones del sistema inmune
se ven afectadas cuando los mecanis-
mos cerebrales encargados del
feed-back
estÆn influidas por el estrØs. Los estu-
dios han mostrado cómo factores
genØticos, el sistema neuroendocrino,
el sistema nervioso, el sistema inmu-
ne, las emociones, la personalidad y la
conducta, estÆn implicados en las res-
puestas a las bacterias y las infeccio-
nes por virus (Shigenobu, 2001).
Robert Ader, autor que junto a
Nicholas Cohen publicaron los primeros
trabajos en los que se demostraba la
inmunopresión por condicionamiento
clÆsico al sabor dulce de la sacarina, co-
menta que en el futuro no podrÆ estu-
diarse independientemente el sistema
inmune de otros sistemas corporales. Se
ha hipotetizado que los efectos de deter-
minados factores psicológicos median
cambios en la función inmune y en el
desarrollo de algunas enfermedades y
que existen estrategias de intervención
en cambios conductuales que muestran
cambios en la función inmune (Ader,
2001).
A continuación vamos a describir el
primero de los sistemas mencionados,
el sistema inmune, cuya síntesis esque-
mÆtica se puede observar en el Cuadro1.
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SISTEMA INMUNE
FUNCIONES
Su principal función es la de identi-
ficar y eliminar sustancias extraæas
al organismo. Estas sustancias se de-
nominan ±antígenos² y entre ellas se
encuentran los virus, las bacterias,
Cuadro 1. Principales cØlulas del sistema inmune (Modificado de Sandín, 2001)
los hongos o los parÆsitos, así como
sustancias de deshecho del propio or-
ganismo.
Segœn Dhabhar (2000a) las funcio-
nes bÆsicas se podrían categorizar del
siguiente modo:
1. Vigilancia permanente del orga-
nismo ante la aparición de peligros
inmunológicos.
LINFOCITOS
MASTOCITOS
MEGACARIOCITOS
GRANULOCITOS
FAGOCITOS
TIMO
Inflamaciones
Plaquetas
Basófilos
Monolitos
Eosinófilos
Macrófagos
Neutrófilos
Eosinófilos
Neutrófilos
Inmunidad No
Específica
MØdula
Ósea
CØlulas
Madre
Citocinas
Citocinas
IL-2
IL-4
Interferón-y
IL-5
TNF-a
IL-6
TNF-ß
IL-10
IL-13
CØlulas NK
CD16
CD58
Linfocitos T
Inmunidad
Linfocitos B
CD3
Específica
CD40
Linfocitos T
Linfocitos T
Colaboradores
Citotóxicos
CD4
CD8
Anticuerpos
(y-globulinas)
IgG
IgA
IgM
IgD
IgE
Linfocitos T
Linfocitos T
Th1
Th2
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±
Granulocitos (Eosinófilos -elimina-
ción de infecciones parÆsitas-,
Basófilos y Neutrófilos -ingieren
bacterias y partículas sólidas-).
±
Fagocitos (Eosinófilos, Neutrófilos
y Monocitos -ingieren cualquier
material extraæo. Una vez han pe-
netrado en el tejido desde la san-
gre, aumentan de tamaæo y son
denominados Macrófagos-).
Del progenitor linfoide derivan:
±
Algunas cØlulas dendríticas.
±
Linfocitos B: Producen 5 clases de mo-
lØculas denominadas anticuerpos,
gamma -globulinas o inmunoglobulinas:
IgG, IgA, IgM, IgD e IgE. Las IgG, IgA e
IgM poseen a su vez subclases (cua-
tro las IgG y dos las IgA e IgM). Los
linfocitos B llevan el marcador
CD40. Los grupos de diferenciación
CD (Cluster of Differentiation) son
marcadores que se utilizan para di-
ferenciar a las cØlulas del sistema
inmune.
±
Linfocitos T: Existen dos grandes
tipos; los cooperadores Th (T
helper) y los citotóxicos (Tc). Todos
los linfocitos T llevan el marcador
CD3. Los cooperadores (Th) el mar-
cador CD4 y los citotóxicos (Tc) el
CD8.
Los linfocitos Th se subdividen a
su vez en Th1 y Th2, dependiendo
del tipo de citocinas que secreten.
Los Th1 producen IL-2, interferón
g y factor de necrosis tumoral (TNF,
2. Detección y eliminación de agentes
infecciosos (bacterias, virus, etc.).
3. Detección y eliminación de mate-
rial extraæo no infeccioso o no da-
æino, como las cØlulas muertas en
los propios tejidos (apoptosis: muer-
te programada).
4. Curación de heridas y eliminación
de residuos.
5. Detección y eliminación de tumo-
res y tejido neoplÆsico.
LAS CÉLULAS DEL SISTEMA INMUNE
Todas las cØlulas del sistema inmune
provienen
de
cØlulas
madre
±pluripotenciales² o ±stem cells². Las
cØlulas madre de la mØdula ósea si-
guen dos líneas fundamentales de di-
ferenciación:
±
Linaje mieloide
±
Linaje linfoide.
Del progenitor mieloide o
promielocito se derivan los eritrocitos
e inflamocitos, este œltimo grupo se
subdivide en:
±
Megacariocitos: que van a originar
las plaquetas.
±
Mastocitos: son un tipo de cØlulas
que contienen grÆnulos de
histamina y tienen como misión
participar en las reacciones
inflamatorias e inmunológicas del
organismo.
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tumor necrosis factor). Los linfocitos
Th2 producen interleucinas: IL-4,
IL-5, IL-6, IL-10 e IL-13. Estas
citocinas son importantes para in-
ducir en los linfocitos B la produc-
ción de inmunoglobulinas (IgA, IgE,
IG4)
±
Linfocitos NK (Natural Killer, CØ-
lulas Asesinas Naturales): No ma-
duran en el timo ni secretan
inmunoglobulinas. Son grandes
cØlulas que destruyen tumores y
cØlulas infectadas por virus sin
necesidad de estimulación
antígena específica. Llevan los
marcadores CD3
-
, CD16
+
y CD56
+.
Los órganos linfoides primarios son
la mØdula ósea y el timo. En la mØdula
ósea se producen cØlulas madre que,
bajo la influencia de hormonas y
citocinas, se convierten en leucocitos.
El timo, aparte de ser una glÆndula
endocrina, es un órgano linfoide en el
que maduran los Linfocitos T. Los otros
leucocitos maduran en la mØdula ósea.
Los tejidos linfoides secundarios son:
el bazo, los nodos linfÆticos, tejidos
linfoides del tracto intestinal, los pul-
mones, las amígdalas, el apØndice, los
riæones o el corazón, entre otros. Estos
órganos son el lugar de acción para las
cØlulas de la inmunidad específica.
LA COMUNICACIÓN EN EL SISTEMA
INMUNE
Los órganos y cØlulas del sistema inmu-
ne se comunican entre sí por medio de
mensajeros químicos, principalmente
por citocinas, sustancias de naturale-
za peptídica y que pueden actuar
como: sustancias autocrinas (sobre la
misma cØlula), paracrinas (sobre cØ-
lulas cercanas) o endocrinas (cØlulas
distantes). Su producción es inducida
por agentes infecciosos y se sinteti-
zan cuando la cØlula recibe una seæal
de activación. Llevan a cabo sus efec-
tos uniØndose a receptores de super-
ficie de las cØlulas y aparte de las
funciones inmunológicas intervienen
en otras acciones, como: la diferen-
ciación y crecimiento celular y la sín-
tesis y/o liberación de hormonas.
INMUNIDAD NATURAL O INESPEC˝FICA
La inmunidad innata constituye la
primera línea de defensa del sistema
inmune. La respuesta natural (no es-
pecífica) es mÆs primitiva, de acción
inmediata, con reconocimiento ines-
pecífico de los patógenos y sin gene-
rar memoria inmunológica. Los
fagocitos
(macrófagos / monocitos,
eosinófilos y neutrófilos) y los
inflamacitos (mastocitos), tienen re-
ceptores innatos (inespecíficos) para
mœltiples patógenos. Su misión con-
siste en reconocer sustancias extra-
æas y fagocitarlas (comØrselas). Si los
mecanismos naturales no son efica-
ces en la eliminación del agente in-
feccioso, al menos lo mantienen bajo
control hasta que maduran los meca-
nismos de respuesta específicos
(adaptativos, requieren una semana).
INMUNIDAD ESPEC˝FICA
Esta forma de inmunidad es mÆs re-
ciente en la evolución, tarda una se-
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mana en desarrollarse, tiene unos
mecanismos de reconocimiento del
patógeno extremadamente específicos
(receptores para antígeno TCR y BCR),
presentan memoria y sus responsa-
bles son los linfocitos T y los linfocitos
B. Los linfocitos son capaces de reco-
nocer a los patógenos tanto intactos
(Linfocitos B) como procesados por las
cØlulas del organismo (Linfocitos T).
La inmunidad específica se ha ve-
nido subdividiendo a su vez en: Inmu-
nidad Mediada por CØlulas (Linfocitos
T) e Inmunidad Humoral (Linfocitos B
± anticuerpos-). Aunque históricamen-
te se ha venido hablando de respuesta
celular y humoral independientemen-
te de que fuesen, o no, específicas, en
la actualidad no es muy utilizado este
concepto ya que, por ejemplo, una res-
puesta humoral por anticuerpos nece-
sita previamente una respuesta
celular mediante cØlulas B activadas.
En general, aunque se ha categorizado
la respuesta inmune bajo diferentes
criterios (inmunidad innata versus
adquirida, específica versus no especí-
fica, celular versus humoral) lo cierto
es que la respuesta inmune general-
mente implica una combinación de for-
mas de reacción innatas y adquiridas
(Sandín, 2001).
En cuanto a las pruebas que se
efectœan, al no resultar fÆcil el acceso
a determinadas órganos del sistema
inmune (mØdula ósea, ganglios
linfÆticos, bazo, amígdalas, apØndice,
placas de Peyer, etc.) cuando intenta-
mos tomar muestras para efectuar
medidas de cambio lo que se suele ha-
cer es trabajar productos desechables
circulantes en sangre. Por ejemplo,
con los test numØricos se cuentan las
unidades o porcentajes de las diferen-
tes cØlulas blancas en sangre
perifØrica. Las cØlulas mÆs relevantes
son: los neutrófilos, los monocitos, y
los linfocitos, incluyendo los T, los B y
las cØlulas NK. Tanto el incremento
como los decrementos en el nœmero
de linfocitos seæalan alteraciones de
sistema inmune.
Por lo que se refiere a los tests fun-
cionales, una prueba comœn es la de
la proliferación de linfocitos, es una prue-
ba de la inmunidad celular que exami-
na la eficacia con que se dividen los
linfocitos estimulados por determinadas
sustancias (mitógenos). Se tiene asumi-
do que una mayor proliferación se co-
rresponde con una función celular mÆs
efectiva. Los mitógenos mÆs utilizados
son PHA (fitohemaglutinina), ConA
(concanavalina A) y mitógeno ²pokewed³
(PWM).
En cuanto a la prueba de la activi-
dad citotóxica de las cØlulas NK, es una
prueba utilizada para averiguar la efi-
cacia que tienen las NK eliminando
cØlulas transformadas. El procedi-
miento consiste en incubar cØlulas
tumorales con las cØlulas asesinas
(NK), las cuales tienen una función de
vigilancia, pudiendo detectar y elimi-
nar cØlulas daæadas o alteradas (in-
fección, cÆncer).
Las pruebas que acabamos de co-
mentar son efectuadas en los labora-
torios, pero tambiØn se hacen pruebas
en los organismos vivos. Esto es lle-
vado a cabo: a) de forma indirecta,
mediante el recuento de anticuerpos
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contra el virus herpes, evaluando así
la competencia de la inmunidad celu-
lar (casi todo el mundo ha estado ex-
puesto a este virus, cuando el SI estÆ
deprimido el virus latente se replica y
se producen anticuerpos específicos
contra el mismo, de este modo, los
niveles elevados de anticuerpos con-
tra el virus herpes son una evidencia
indirecta de que la inmunidad celu-
lar estÆ comprometida); o b) de forma
directa, como en las pruebas de res-
puesta de hipersensibilidad retarda-
da, en las que se introducen pequeæas
cantidades de antígeno en la piel. La
hipersensibilidad se da cuando la zona
afectada por la inyección se hincha y
enrojece. La reacción se produce por
la reacción del antígeno con linfocitos
T específicos. Cuanto mÆs duradera
sea la reacción se asume que es mÆs
competente es el Sistema Inmune.
Por œltimo, en la inoculación con
antígenos, se hacen recuentos de la
producción de anticuerpos producidos
en la respuesta; indicando una ma-
yor cantidad de anticuerpos mÆs com-
petencia del Sistema Inmunológico.
EL SISTEMA NEUROENDOCRINO
Vamos a intentar a continuación expo-
ner los mecanismos neuroendocrinos
a travØs de lo que se ha venido llaman-
do: ±La respuesta de estrØs².
La respuesta de estrØs es un me-
canismo de activación fisiológica y de
los procesos cognitivos que favorece
una mejor percepción y posterior eva-
luación de las situaciones y sus de-
mandas, un procesamiento mÆs
rÆpido y eficaz de la información dis-
ponible con la consiguiente bœsqueda
de soluciones y consecuente selección
de las conductas adecuadas para ha-
cer frente a la situación (Lazarus,
1993a), a la vez que prepara el orga-
nismo energØticamente para actuar
de forma mÆs efectiva ante las posi-
bles exigencias de la misma.
El tØrmino que originalmente intro-
dujo Selye en 1936 haciendo referen-
cia a una respuesta del organismo ante
una situación estresante (estresor),
posteriormente ha sido utilizado desde
distintos enfoques:
1. Teorías basadas en el estímulo:
Enfoque psicosocial del estrØs o
enfoque de los sucesos vitales
(Sandín y Chorot, 1995)
2. Teorías basadas en la interacción:
Enfoque que pone especial Ønfasis
en la interacción entre los proce-
sos cognitivos que median entre
estresor (estímulo) y la respuesta
de estrØs (Lazarus, 1966, 1993a;
Lazarus y Folkman, 1984).
3. Teorías basadas en la respuesta:
Este enfoque, original de Selye,
entiende el estrØs como una res-
puesta inespecífica del organismo
y que atenta contra la homeostasis
del mismo que tiene una forma y
composición característica, pero
ninguna causa en particular
(Selye, 1960). Segœn la teoría, cual-
quier estímulo que elicite la res-
puesta de estrØs para equilibrar el
organismo se convierte en estresor.
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Esta respuesta implica la activación
del eje HHC (hipotalÆmico-
hipofisiario-corticosuprarrenal) y del
SNA (sistema nervioso autónomo).
A continuación nos referiremos al
estrØs como respuesta, influyendo en
esa respuesta el concepto de interacción,
entendiendo por tal los procesos
cognitivos de interpretación de situacio-
nes que se producen. TachØ, TachØ y
Selye (1977) enfatizaron que tener pro-
blemas, ser expuesto a alarmígenos
(estresores) o la comœnmente llamada
tensión nerviosa, incluyen al estrØs y
que en todo momento existe un cierto
grado de estrØs en el organismo ya que
su ausencia significaría la muerte. En
realidad, por tanto, cuando un individuo
sufre o se queja de estrØs (o ansiedad),
estÆ comunicando que tiene un exceso
de estrØs.
Por otro lado es muy importante te-
ner en consideración que el estrØs no
estÆ implicado œnicamente en las emo-
ciones negativas. Un acontecimiento
positivo (coito) provoca la liberación de
glucocorticoides a veces de manera mÆs
intensa que una descarga elØctrica, a
la vez que una sorpresa positiva repen-
tina puede provocar la misma reacción
endocrina que un suceso desagradable
(Selye, 1974; Toates, 1995).
FISIOLOG˝A DEL ESTRÉS
El mecanismo y la fisiología del estrØs
son en sí mismos complejos, ya que
ademÆs de las estructuras del organis-
mo involucradas en las respuestas au-
tonómicas y neuroendocrinas, la
respuesta es variable de acuerdo con la
cognición o el procesamiento que el
sujeto realice de la información senso-
rial y cognitiva.
Existen dos vías de respuesta. La
primera es una vía de respuesta rÆpi-
da, inmediata, que se produce en se-
gundos, como primera reacción al
estresor, facilitando la respuesta de lu-
cha o huida para mantener en equili-
brio el medio interno. Esta respuesta
es la activación del sistema simpÆtico
adrenal. Cuando llega información al
hipotÆlamo, habiØndose realizado ya
procesos cognitivos (evaluación de po-
sible peligro), se produce liberación, a
partir del hipotÆlamo y por vía simpÆti-
ca, de catecolaminas.
La segunda respuesta, mÆs tardía y
lenta, pero continua, es la llamada acti-
vación
neuroendocrina
o
vía
corticoadrenal, y tiene como caracterís-
tica la secreción de corticoides. Esta vía
neuroendócrina se activa a partir del
hipotÆlamo, despuØs de haber recibido
las informaciones sobre el estresor, y li-
bera un polipØptido llamado CRF o Fac-
tor Liberador de Corticotropina, que
activando el lóbulo anterior de la hipófisis
provoca la liberación de la hormona
adrenocorticotrópica, estimulando en la
corteza de las glÆndulas suprarrenales
liberación de cortisona, hidrocortisona
y corticosterona. Esta respuesta tam-
biØn estimula la liberación de
mineralcorticoides,
como
la
desoxycorticosterona y aldosterona; y
glueocorticoides, como el cortisol (
vØase
Cuadro 2).
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Cuadro 2. Activación fisiológica y neuroendocrina durante la respuesta de
estrØs (Modificado de Labrador, Crespo, Cruzado y Vallejo, 1995)
INTERRELACIONES ENTRE LOS
SISTEMAS NERVIOSO, INMUNE Y
NEUROENDOCRINO
Los œltimos 15 aæos de investigación
en psiconeuroinmunología han marca-
do un renovado interØs por los meca-
nismos inmunológicos y por sus
relaciones con el cerebro (Dantzer,
2004). Uno de los hallazgos mÆs intere-
santes es que el sistema nervioso cen-
tral y el sistema inmune se comunican
y comparten un mismo lenguaje
molecular: neurotransmisores, hormo-
nas y citocinas; incluso se considera
que existe una gran analogía entre la
estructura del sistema inmune y el sis-
tema nervioso central. Esto se eviden-
ció con el descubrimiento de que los
linfocitos producen neuropØptidos y
receptores que se pensaba eran exclu-
sivos de la hipófisis y otras regiones ce-
rebrales y que hormonas y neuropØptidos
mediadores de la respuesta de estrØs se
alteran con estímulos antigØnicos. Tam-
biØn, se han encontrado receptores de
citocinas en neuronas y cØlulas
endocrinas, y que las citocinas
perifØricas activan la producción de
interleucinas en las cØlulas gliales
(Weigent y Blalock, 1987).
MÆs evidencia a favor de la exis-
tencia de complejas relaciones ana-
ACTH = Hormona Adrenocorticotrópica
CRF = Factor Liberador de Corticotropina
GH = Hormona del Crecimiento
TSH = Factor estimulante del tiroides
±-
Acción Nerviosa
Acción endocrina
SN
SNA
MÉDULA
FACTORES
SOM`TICO
SIMP`TICO
ESPINAL
LIBERADORES
(CRF)
HIPÓFISIS
ANTERIOR
GL`NDULA
ACTH
TSH
GH
HIPÓFISIS
SUPRARRENAL
POSTERIOR
(MØdula)
Musculatura
EsquelØtica
Órganos Diana
Órganos Diana
Adrenalina
Noradrenalina
GL`NDULA
SUPRARRENAL
(Corteza)
TIROIDES
Mineralcorticoides
Glucocorticoides
Andrógenos
Tiroxina
Vasopresina
Oxitocina
SISTEMA CIRCULATORIO
HIPOT`LAMO
Psiconeuroinmunología: conexiones entre sistema nervioso y sistema inmune
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Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
tómicas y funcionales con el sistema
nervioso las ofrece Dantzer (2000). Se-
gœn comenta este autor:
±los nodos del bazo y el timo estÆn
inervados por ramas del sistema ner-
vioso autónomo, y las cØlulas del sis-
tema inmune poseen receptores de
membrana funcionales tanto para los
neurotransmisores clÆsicos como para
los neuropØptidos. Esto es importan-
te porque implica que las cØlulas del
sistema inmune proliferan y se dife-
rencian en un microambiente, cuya
composición depende de la actividad
del sistema nervioso simpÆtico. Ade-
mÆs, los propios leucocitos son capa-
ces de producir y liberar muchos de
los pØptidos que inicialmente fueron
identificados en los sistemas
neuroendocrino y nervioso, tales como
la propiomelanocortina, la hormona
liberadora de corticotropina (CRH) y los
factores de crecimiento semejantes a
la insulina. Y, al contrario, las cØlu-
las microgliales, que equivalen a
macrófagos del sistema nervioso cen-
tral, son capaces de sintetizar y libe-
rar citocinas proinflamatorias, tales
como la IL-1a, la IL-1b y el TNFa, las
cuales estÆn implicadas en la regula-
ción de la respuesta inflamatoria a
nivel perifØrico; así mismo, las cØlu-
las cerebrales tambiØn poseen recep-
tores para Østas y otras citocinas².
El hipotÆlamo parece ser una es-
tructura esencial en los procesos de
comunicación de los sistemas endo-
crino, inmune y nervioso. Tiene como
principal función el mantenimiento
de la homeostasis del organismo y re-
cibe mÆs información que ningœn otro
órgano regulador; estÆ conectado por
vía neural y vascular a la hipófisis y,
por tanto, al sistema endocrino. Lesio-
nes en Øl producen alteraciones en la
función de leucocitos y linfocitos. El
hipotÆlamo podría considerarse ade-
mÆs como importante mediador entre
el sistema límbico, cuyos elementos
principales son la amígdala y el
hipocampo, y estructuras del tronco
cerebral. El sistema límbico parece
estar implicado cuando un estresor
precisa de anÆlisis desde estructuras
superiores cerebrales mientras que las
proyecciones que van directamente
desde el tronco cerebral hasta los nœ-
cleos paraventriculares del hipotÆlamo
se activan ante estresores que conlle-
van amenaza fisiológica inmediata. El
hipocampo no parece comunicarse
directamente con los nœcleos
paraventriculares del hipotÆlamo (don-
de se produce la síntesis de CRH), pero
sí indirectamente a travØs de otras
Æreas, como el septum lateral, el nœcleo
de la estría terminalis, el hipotÆlamo
anterior o los nœcleos: arcuato,
ventromedial y supraquiasmÆtico del
hipotÆlamo. Es decir, el hipotÆlamo
sería el modulador bÆsico de la sínte-
sis de neurohormonas del estrØs (prin-
cipalmente la CRH). AdemÆs, al
contrario que el hipocampo, la amígda-
la (implicada en las respuestas condi-
cionadas de miedo) sí se comunica
directamente con los nœcleos
paraventriculares del hipotÆlamo me-
diante proyecciones de neuronas CRH,
ha sido propuesta como parte impor-
tante en la respuesta neuroendocrina
Victoriano Ramos Linares, Raœl Rivero Burón, JosØ Antonio Piqueras Rodríguez
y cols.
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del estrØs, por tanto en el control de la
activación del eje HHC, así como la re-
gión prefrontal medial del córtex, que
parece modular la actividad de la amíg-
dala ejerciendo sobre ella un efecto in-
hibitorio, reduciendo las respuestas de
miedo y la actividad del eje HHC. Por
otro lado, el córtex prefrontal medial
envía proyecciones directas hacia el
hipotÆlamo, œnica vía nerviosa que
conecta directamente la corteza cere-
bral con el hipotÆlamo. A travØs de esta
conexión, el córtex prefrontal inhibe el
eje HHC (c.f. Sandín, 2001).
Por otro lado, Toates (1995), ya ha-
bía hecho referencia a cuatro líneas
de evidencia que ponían de manifies-
to la relevancia de las interacciones
entre el sistema nervioso, inmune y
neuroendocrino:
1. Las respuestas inmunes pueden
ser condicionadas clÆsicamente.
2. La estimulación elØctrica o lesio-
nes en zonas específicas del cere-
bro pueden alterar la respuesta
inmune.
3. El estrØs experimental en los ani-
males ha demostrado alterar las
respuestas inmunes.
4. La activación del sistema inmune
correlaciona con alteraciones en
la actividad neurofisiológica,
neuroquímica y neuroendocrina
de las cØlulas cerebrales.
En cuanto a los fenómenos psicoló-
gicos y el estrØs, ambos estÆn muy re-
lacionados y su conexión con el sistema
inmune ha sido investigada desde dos
perspectivas: el condicionamiento clÆ-
sico y las alteraciones producidas en el
sistema inmune por el estrØs. En cuan-
to al condicionamiento pavloviano, los
trabajos pioneros de Ader y Cohen (1975,
1981), quienes establecieron el vínculo
conductual entre el sistema nervioso y
el sistema inmune sentando las bases
de la que podría llamarse Inmunología
Conductual, siguen teniendo una gran
influencia hoy en día (Chen, Lin, Wang,
Yang y Shao, 2003; Meier, Goebel,
Gierse, Extern, y Schedlowski, 2002);
sin embargo, las investigaciones no
pueden en la actualidad aportar prue-
bas concluyentes, algo que la psicología
siempre intenta, ya que el interØs de
la Inmunología Conductual se centra en
las aplicaciones psicoterapØuticas como
serían, por ejemplo, la reducción de la
farmacología suministrada en los tra-
tamientos para determinadas infeccio-
nes, el retraso del empeoramiento de
una determinada enfermedad o la
potenciación del mismo sistema inmu-
ne. Para una mayor información sobre
este particular vØase: Ader (2003); Ader
y Cohen (1975, 1981, 1993); Ader, Felten
y Cohen (2001) o Bovbjerg (2003).
En lo que se refiere a las alteracio-
nes producidas por el estrØs, tenemos
que por un lado el estrØs funciona de
maneras opuestas sobre el sistema in-
mune, unas veces actœa como inhibidor
de la respuesta inmunitaria (estrØs cró-
nico) y otras veces como potenciador de
la función inmune, en el caso del estrØs
agudo (Moynihan, 2003). En un estudio
meta analítico, (Segerstrom y Miller,
2004) han analizado las relaciones en-
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tre el estrØs psicológico y determina-
dos parÆmetros del sistema inmune en
seres humanos y han encontrado que
los estresores agudos estÆn asociados
con incrementos adaptativos de la acti-
vidad inmunológica inespecífica y
decrementos en la inmunidad especí-
fica. En situaciones de examen, el
estrØs tiende a suprimir la respuesta
celular inmune mientras que preser-
van la humoral y en situaciones de
estresores crónicos se ha observado su-
presión de ambas (celular y humoral).
Como inhibidor, el estrØs parece
afectar a los principales parÆmetros
inmunológicos, lo cual se ha observa-
do en la inmunidad específica (CØlu-
las T), en la inespecífica (Macrófagos
y CØlulas Asesinas), en la inmunidad
mediada por cØlulas y en la mediada
humoralmente. Sin embargo, este
efecto inmunopresor es complejo ya
que, dependiendo del tipo de estresor
utilizado o cómo el mismo sea aplicado,
así como la respuesta inmune analiza-
da, se obtienen resultados diferentes.
No obstante, en estudios con animales,
así como en humanos, esta supresión
parece siempre estar mediada por la
activación del eje HHC (Sandín, 2001).
Los glucocorticoides, productos finales
de este eje, son importantes mediado-
res de la interacción inmunoendocrina.
Sus acciones inmunopresoras y
antiinflamatorias son bien conocidas:
±
Alteran los niveles de glóbulos
blancos, causando monocitopenia
y linfopenia, ademÆs de disminuir
la actividad de las cØlulas NK.
±
Inhiben tanto el procesamiento y
la presentación del antígeno por
parte de los macrófagos como la
producción de factores activadores
de la proliferación de cØlulas T.
±
Actœan sobre los mastocitos y
basófilos impiden la degradación
dependiente de IgE.
±
Igualmente inhiben la producción
y secreción de interleucinas (IL)
que desempeæan un importante
papel en la mediación de la res-
puesta inmune.
Es significativo que la corteza
adrenal, lugar de origen de los
glucocorticoides, contenga un elevado
nœmero de macrófagos, lo que sugiere
una posible interacción paracrina en-
tre las cØlulas inmunes y las
endocrinas.
Los dos productos biológicamente
activos derivados de la proopiome-
lanocortina, la ACTH y la beta-
endorfina, son capaces tambiØn de
actuar directamente sobre los
inmunocitos. La ACTH inhibe la produc-
ción de interferón y anticuerpos por par-
te de las cØlulas plØnicas, activando por
otro lado el crecimiento y diferenciación
de los linfocitos B, mientras que la beta-
endorfina potencia la migración de los
neutrófilos a los tejidos (Bateman,
Singh, Kral y Solomon, 1989; Marsh y
Kendall, 1996)
Como potenciador, aunque en si-
tuaciones de estrØs agudo se produce
un descenso brusco de leucocitos y
monocitos en sangre, se produce un
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Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
aumento paralelamente de los mis-
mos en la piel, pared de tracto
gastrointestinal y genitourinario, pul-
mones, hígado y nodos linfÆticos (si
localizo esta cita sería despuØs punto
y aparte). Autores como Maier y
Watkins (1998) proponen que la res-
puesta de estrØs y la respuesta inmu-
ne comparten una misma finalidad,
una respuesta adaptativa de supervi-
vencia. Las respuestas inmunes pue-
den ser tipo local o global. Estas
œltimas suelen denominarse como
±Síndrome de Enfermedad o Conduc-
tas de Enfermedad² y en ellas se pro-
ducen cambios fisiológicos como:
fiebre, alteraciones en el metabolis-
mo del hígado, aumento de glóbulos
blancos, aumento de sueæo; cambios
neuroendocrinos: aumento de activi-
dad del sistema nervioso autónomo y
actividad del eje HipotalÆmico-
Hipofisiario-Corticosuprarrenal (HHC);
así como cambios conductuales: Æni-
mo deprimido, descensos en la ingesta
de alimentos y agua, decrementos en
las relaciones sociales y sexuales; y
tambiØn mayor sensibilidad al dolor.
Todos estos cambios son adaptativos
para combatir la infección y los auto-
res los asimilan a la respuesta de
estrØs (agudo), cuando el organismo
presenta la reacción de lucha-huida
y en las que el descenso en el consu-
mo de alimentos y agua, la inhibición
social, la agresión y el estado de Æni-
mo deprimido interfieren con los pro-
cesos cognitivos.
Otro punto de vista es el propuesto
por Dhabhar (2000a, 2000b). Éste au-
tor opina que desde un punto de vista
evolutivo no sería lógica una disminu-
ción de la respuesta inmune en una
situación estresante al tratarse de una
situación crítica para la supervivencia.
En este tipo de situaciones la respues-
ta de estrØs movilizaría al sistema
inmunológico ante la emergencia sur-
gida, al igual que lo hace con el siste-
ma nervioso autónomo y perifØrico y
con el sistema neuroendocrino. Este
punto de vista es compartido por los
autores de este texto.
En el sentido contrario, la función
inmune puede afectar al funciona-
miento psicológico, nervioso y
neuroendocrino. Las interleucinas
parecen tener un efecto activador so-
bre el eje HHC. Se han hallado recep-
tores tanto para la IL-1 como para la
IL-2 y tambiØn para el TNF (Factor de
Necrosis Tumoral) en mœltiples Æreas
del sistema nervioso central, inclu-
yendo al hipotÆlamo, hipocampo y tron-
co cerebral. En particular la IL-1
parece ser un importante mensajero
entre el sistema inmune y el eje HHC.
Aunque se trata de una molØcula muy
grande y que, por tanto, no atraviesa
la barrera hematoencefÆlica, se estÆ
investigando cómo puede llegar al ce-
rebro. Se ha apuntado a la lÆmina ter-
minal como lugar primario de acción,
ya que en ese lugar no existe barrera
(Bateman
et al
., 1989). TambiØn es
posible su producción en el mismo
cerebro por las microglías y por los
astrocitos. AdemÆs la IL-1 perifØrica
podría afectar al cerebro vía fibras
aferentes del nervio vago.
Por otro lado, las citocinas juegan
un importante papel en el desarrollo y
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regeneración de los oligodendrocitos en
la producción de mielina, algo que se
relaciona directamente con la esclero-
sis mœltiple, gliomas y demencias aso-
ciadas a VIH, lesiones en el cerebro y
tal vez en la enfermedad de Alzheimer
(Ransohoff y Beneviste, 1996).
La citocina proinflamatoria IL-1 y
el factor de necrosis tumoral (TNF) son
las responsables de la inducción de
sueæo, fiebre, anorexia y fatiga duran-
te los procesos de enfermedad, los
microbios crecen menos a altas tem-
peraturas en el cuerpo y así, la IL-1
es facilitada en reposo. El bajo conte-
nido de glucosa en sangre ±mata de
hambre a las bacterias². La fatiga per-
mite conservar energía como modo de
combatir la infección. Hay evidencias
de que el síndrome de fatiga crónica
(SFC), que puede ocurrir mientras se
estÆ cursando una infección viral,
agotamiento físico o estrØs psicológi-
co y que puede acompaæarse de depre-
sión, estÆ relacionado con la
seæalización inapropiada de las
citocinas que actuarían como si hu-
biese una infección y unos elevados
niveles de IL-1, segœn se ha seæalado
por Goodnick y Klimas (1993).
Una interesante hipótesis aporta-
da por Rabin (1999) apunta a que el
balance entre linfocitos Th1 y Th2
puede estar desequilibrado a favor de
los segundos en situaciones de estrØs
crónico. Los elevados niveles de Th1
se asocian a incrementos en la acti-
vidad mediada por cØlulas (enferme-
dades autoinmunes, virus, hongos y
bacterias) y decrementos de linfocitos
Th2. Por otro lado, elevados niveles de
Th2 se corresponden con aumento de
la actividad humoral que favorece la
producción de IgE e IgA (parÆsitos,
enfermedades alØrgicas como el asma
e infecciones producidas por las
mucosas del cuerpo) y decrementos de
Th1. Es decir, que dependiendo de la
dominancia en un determinado indi-
viduo de una función u otra (Th1/Th2)
puede verse afectado por un tipo u otro
de enfermedad y el estrØs estar impli-
cado en ello. De esto se deduce que los
efectos nocivos de los factores ambien-
tales en el sistema inmune no serían
precisamente los de inmunopresión,
sino la alteración del equilibrio entre
ambos tipos de cØlulas.
SISTEMA INMUNE Y DEPRESIÓN
En la actualidad, parece bastante acep-
tado que el estrØs juega un importan-
te papel en la gØnesis de la depresión
y que es una de las causas fundamen-
tales de Østa (Gotlib y Hammen, 1992).
Gran parte de la evidencia clínica acer-
ca de la depresión depende de una his-
toria previa de adversidades y estrØs
psicosocial (Dohrenwend, 1998). Tam-
biØn se ha hipotetizado acerca de la
predictibilidad de la depresión a tra-
vØs de la ocurrencia previa de sucesos
vitales estresantes (Gotlib y Hammen,
1992; Kessler, 1997). Por otro lado,
tambiØn se sabe que en la depresión
se puede observar un perfil bioquímico
similar, endocrino e inmunológico, al
que se produce en situaciones de
estrØs, como: liberación espontÆnea
de IL-1b, IL-6 e inmunodesviación Th2
(Klinger, Herrera, Díaz, Jhann, `vila y
Tobar, 2005); así como actividad del eje
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HHC: Hipercortisolisemia, perturbación
de los ritmos circadianos de cortisol, au-
sencia de respuesta al test de supresión
de la dexametasona e hiperactividad de
la hormona CRH (Sandín, 2001). El ex-
ceso de actividad del eje HHC, especial-
mente la hipercortisolisemia, puede
agravar los síntomas depresivos direc-
tamente deteriorando Æreas cerebrales
relacionadas con funciones cognitivas,
como el hipocampo (Sapolsky, 2000) o
indirectamente (reduciendo los niveles
de estrógenos y andrógenos).
Las situaciones clínicas asociadas
con el estrØs son muchas en medici-
na (humana y veterinaria): infeccio-
nes, trauma, cÆncer, alergias y
autoinmunidad (Klinger
et al
., 2005).
AdemÆs, las relaciones entre el estrØs
y la depresión son muy variadas, pu-
diendo existir vulnerabilidad genØtica
o exposición a eventos estresantes en
períodos críticos (gestación o infancia
temprana), así como exposición a si-
tuaciones estresantes durante cual-
quier Øpoca de la vida que para
determinado individuo sean experi-
mentadas como ±fuera de su control²
y en las que se encuentra con una
percepción de no poder o no saber ha-
cerles frente. La respuesta de estrØs
va a estar siempre presente en esto
casos. AdemÆs, la activación del sis-
tema de estrØs tambiØn puede produ-
cirse por activación del sistema
inmune inespecífico, como por ejem-
plo, una infección.
Una línea de investigación en de-
presión y su relación con el sistema
inmune es la centrada en los cambios
de humor provocados por las citocinas,
Østos se asemejan mucho a los pro-
ducidos por la depresión. El papel que
juegan las citocinas en la depresión
comenzó a considerarse cuando se
comprobó que el interferón producía
síntomas similares (conductas de en-
fermedad) a los de la depresión, la cual
estÆ asociada a incrementos de
interleucinas como la IL-1, IL-6 y el
TNF-a. Estas citocinas son potentes
moduladores de la CRH, la cual produ-
ce activación del eje HHC caracteriza-
da por incrementos de ACTH y cortisol,
ambos elevados cuando se evalœa de-
presión mayor (O³Brien, Scott, y Dinan,
2004).
Las citocinas proinfamatorias in-
ducen alteraciones en las funciones
cerebrales anÆlogas a las anormalida-
des biológicas y conductuales que se
dan en pacientes deprimidos: evitación
social, deterioros cognitivos, anhedonia,
actividad elevada en el eje HHC,
neurotransmisores alterados, y sensi-
bilización cruzada con los estresores.
A pesar de que se acumula evidencia
en el sentido de una mayor probabili-
dad o riesgo de tener un trastorno de-
presivo en pacientes que estÆn
recibiendo citocinas como tratamien-
to para el cÆncer o infecciones virales,
existe un gran debate en la comuni-
dad científica en este sentido. La ad-
ministración de citocinas terapØuticas
proporciona un modelo cuasi experi-
mental para estudiar los mecanismos
bajo los que subyacen los efectos de
las citocinas en el humor, los pensa-
mientos, y las funciones vegetativas.
Aunque los factores de vulnerabilidad
que pueden propiciar riesgo de depre-
Psiconeuroinmunología: conexiones entre sistema nervioso y sistema inmune
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sión no han sido aœn identificados, la
reducción de los niveles de serotonina,
a travØs de su precursor triptófano, pro-
bablemente relacionado con la induc-
ción de la enzima indolamina
2,3-dioxygenasa, puede representar un
mediador importante en el desarrollo
del humor depresivo en los pacientes
tratados con citocinas (Capuron y
Dantzer, 2003; Schiepers, Wichers y
Maes, 2005).
Otra línea de estudios vendría
marcada por los efectos que la depre-
sión puede producir en otros aspectos
del individuo. Así, asociado a la depre-
sión se observa un sustancial incre-
mento en la morbilidad y la mortalidad.
AdemÆs, la depresión podría contribuir
a incrementar la enfermedad, incluso
la mortalidad, descontrolando el sis-
tema inmune. A la vez, la depresión
puede estimular directamente la pro-
ducción de citocinas proinflamatorias
que influyen en una serie de condi-
ciones asociadas a la edad, como la en-
fermedad cardiovascular, osteoporosis,
artritis, diabetes tipo 2, algunos tipos
de cÆncer, enfermedad peridontal, así
como en la fragilidad de estas perso-
nas (Kiecolt-Glaser y Glaser, 2002).
SUEÑO Y SISTEMA INMUNE
En este apartado haremos una breve
reseæa en la dirección en que cami-
nan algunos estudios que relacionan
el sueæo con el sistema inmune.
Cada vez existe mÆs evidencia
acerca de la bi-direccionalidad entre
el sueæo y el sistema inmune. Ade-
mÆs de los efectos en el sueæo, la com-
pleja red de citocinas influye en su
profundidad y en su privación, depen-
diendo de la citocina, la dosis y el rit-
mo circadiano de la fase que se haya
utilizado en el estudio (Irwin, 2003).
Trasladar estos efectos a la clínica
implica preguntarse por quØ existe
una alteración del patrón del sueæo en
población psiquiÆtrica y en cómo de-
sarrollar nuevas terapias para los tras-
tornos del sueæo. A veces sólo una
modesta cantidad de sueæo perdido
influye en la inmunidad natural del
sujeto, así como en la celular, y altera
la secreción nocturna de citocinas
proinflamatorias, como
han comproba-
do Hogan, Morrow, Smith y Opp (2003)
en ratas, administrando IL-6 a estos
animales alterando el sueæo con in-
crementos en la fase No-REM y redu-
ciØndose el sueæo No-REM cuando se
administraba el anticuerpo Anti-IL-6.
En otro reciente trabajo, Redwine,
Dang, e Irwin (2004) estudiaron la ex-
presión nocturna de molØculas celu-
lares de adhesión (Mac-1 y L-Selectin)
en monocitos y linfocitos durante una
noche de sueæo entera y una noche
de sueæo parcial (deprivación de sue-
æo). Los cambios producidos fueron un
decremento de Mac-1 y un aumento de
L-Selectin en los linfocitos y monocitos
en la noche con deprivación de sueæo.
Esto ha llevado a los autores a postular
que las perturbaciones en el sueæo
puedan estar asociadas a alteraciones
en la expresión de estas molØculas de
adhesión con implicaciones en la re-
gulación de cØlulas del sistema inmu-
ne. Por tanto, la abundante evidencia
de que las citocinas TNF y la IL-1 re-
gulan el sueæo (Hogan, Morrow, Smith
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y Opp, 2003) y los hallazgos mencio-
nados en las líneas anteriores, junto
con otros tomados de muestras clíni-
cas donde se observa una correlación
entre los trastornos del sueæo con de-
terioros en la función inmune, indi-
can que las perturbaciones del sueæo
han de ser tomadas en consideración
como una causa de las alteraciones
inmunológicas observadas en huma-
nos (Irwin, 2003).
Llegados a este punto, trataremos
de exponer a continuación nuestro pun-
to de vista sobre cómo podrían incluir-
se los procesos cognitivos en las
relaciones del sistema nervioso central
con los sistemas inmune y endocrino.
Como hemos estado viendo en pÆ-
ginas anteriores, la respuesta
(neuroendocrina) de estrØs prepara al
organismo energØticamente para la ac-
ción. Esa respuesta se produce en for-
ma fisiológica, motora y cognitiva,
entendiendo como cognitivo cualquier
proceso efectuado por el cerebro que
incluya atención, percepción, detec-
ción, comparación, representación
mental, lenguaje, motivación, toma de
decisiones, etc. (Ballesteros, 1995).
TambiØn consideramos como procesoss
cognitivos aquellos que se han venido
llamando procesos automÆticos ±incons-
cientes², ya heredados genØticamente
(por ejemplo, la reacción de huida ante
un peligro como el calor o bien el vó-
mito ante un veneno). Segœn se avan-
za en la evolución ontogenØtica, el
individuo aprende relaciones entre
estímulos y respuestas desarrollando
respuestas de estrØs tanto ante estí-
mulos autØnticamente peligrosos,
como a estímulos erróneamente peligro-
sos (fobias), en las que estÆn muy impli-
cados los procesos de condicionamiento.
Como acabamos de ver, igual que nues-
tro organismo estÆ preparado para even-
tos amenazantes de forma innata, algo
parecido sucedería con el Sistema In-
mune Inespecífico. Como resultado de
los procesos de aprendizaje, y una vez
procesada la información, se desarro-
llaría el Sistema Inmune Específico. De
este modo, el sistema de estrØs respon-
dería ante amenazas de virus del mis-
mo modo que ante la amenaza de un
depredador o un ladrón que nos apunta
con una pistola.
Estamos de acuerdo, por tanto, con
la conceptualización de la repuesta de
estrØs desde el punto de vista de
interacción de Lazarus y Folkman
(1984): ante cualquier situación los in-
dividuos efectœan una evaluación, es
decir, realizan un proceso cognitivo
mediante el cual se valora la significa-
ción de lo que estÆ ocurriendo, siempre
relacionado esto con el beneficio par-
ticular individual. En este sentido,
Lazarus (1993a,b) diferencia tres tipos
de evaluación ante una situación:
±
Primaria: Se produce ante deman-
das internas o externas. Sería el
primer mediador psicológico del
estrØs y daría lugar a evaluaciones
del tipo amenaza, daæo/pØrdida,
desafío o beneficio.
±
Secundaria: Tras la evaluación
primaria, el organismo valora sus
propios recursos para afrontar la
situación. La respuesta de estrØs
Psiconeuroinmunología: conexiones entre sistema nervioso y sistema inmune
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Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
estaría muy mediatizada por el re-
sultado de esta evaluación, ya que
de ella depende que el individuo se
sienta desafiado, asustado u opti-
mista, es decir la emoción resul-
tante puede ser de placer, miedo o
ira. La tristeza (depresión) apare-
cería cuando se ha producido una
pØrdida o se siente impotencia
para superar un obstÆculo o reto,
cuando tras el esfuerzo no se con-
sigue refuerzo o se percibe que no
hay control (Lazarus, 1968;
Seligman, 1975).
±
Re-evaluación: los procesos si-
guientes que acontecen cuando se
ha puesto en marcha alguna de las
soluciones a los problemas presen-
tados.
Otro aspecto importante referido a
la evaluación, es el aportado por
Feuerstein, LabbØ y Kuczmierczyk
(1986). Estos autores enfatizan el pa-
pel del control percibido como un fac-
tor esencial en la respuesta de estrØs.
El control implica presencia de infor-
mación y poder de anticipación. El po-
der de la información garantiza la
predictibilidad del evento estresante
y su posible anticipación, con la con-
siguiente preparación cognitiva y fi-
siológica. El control así percibido puede
ser interpretado como un importante
mediador en la respuesta de estrØs.
Que la controlabilidad influencia la
respuesta inmunitaria ha sido proba-
do a travØs de diversos estudios en los
que se ha visto cómo la respuesta al
estresor, tanto química como de con-
ducta, es mediada por la controlabilidad
del estímulo aversivo (Irwin y Anisman,
1986).
Con la finalidad de evaluar aspec-
tos relevantes a la hora de planificar
intervenciones terapØuticas, el gru-
po de Lazarus desarrolló el cuestio-
nario ±Ways of Coping Questionnaire²
(WCQ). Este instrumento proporciona
una serie de factores de afrontamien-
to que pueden resultar de interØs ya
que puede permitir su utilización
como forma de aunar criterios de eva-
luación entre diferentes grupos de in-
vestigación.
Dimensiones o factores del cues-
tionario:
1. Confrontación: Acciones dirigidas
hacia la situación, ira, persuasión,
etc.
2. Distanciamiento: No afrontar el
problema, evitarlo.
3. Autocontrol: Dirigirse bien a uno
mismo.
4. Bœsqueda de Apoyo Social: Pedir
consejos, ayuda, etc.
5. Aceptar la Responsabilidad: Dis-
culparse, auto-crítica positiva, etc.
6. Escape/Evitación: Relacionado con
distanciamiento, tambiØn el uso
de drogas, etc.
7. Resolución de Problemas: Estable-
cer un plan de acción y ponerlo en
prÆctica.
Victoriano Ramos Linares, Raœl Rivero Burón, JosØ Antonio Piqueras Rodríguez
y cols.
134
Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
8. Reevaluación Positiva: Recoger de
cada experiencia aquello que pue-
da servirnos para el futuro.
Como se ha detallado líneas arri-
ba, la depresión parece seguir siem-
pre a una reacción de estrØs prolongada
o muy intensa antes estímulos noci-
vos o amenazantes. Por tanto, si el
individuo no sabe (proceso cognitivo)
reaccionar ante una determinada si-
tuación se sentirÆ incapaz y no obten-
drÆ por tanto refuerzo (Lazarus, 1968);
o se siente indefenso, sin control so-
bre la situación estimular (Seligman,
1975), es muy probable la aparición de
síntomas y/o conductas depresivas. En
nuestra opinión, algo parecido va a
suceder si el organismo no es capaz de
hacer frente a la infección, el organis-
mo interpreta que no es capaz de ven-
cer en la lucha y muestra conductas
depresivas.
LA PSICOTERAPIA Y EL SISTEMA INMUNE
Como hemos venido mencionando,
aunque existe probadas conexiones
entre los sistemas: inmune, nervioso
y neuroendocrino, para que se produz-
ca la enfermedad no es suficiente con
la invasión del organismo por el agen-
te infeccioso, es necesario que las de-
fensas no sean capaces de hacer frente
a ese invasor para poder eliminarlo. Ya
que el eje inmunoneuroendocrino pa-
rece ser el responsable del manteni-
miento de la homeostasis y la puesta
en relación del medio externo e inter-
no, cualquier proceso que module sus
acciones, ya sea estresante o relajan-
te, es capaz de repercutir globalmente
en el organismo, modificando las con-
centraciones hormonales en plasma o
los parÆmetros bioquímicos, generan-
do patrones electroencefalogrÆficos
específicos y, por tanto, repercutien-
do en la salud física y psíquica del in-
dividuo (Infante y Peran, 1998). De
este modo, cualquier variable psicoló-
gica puede influir en la aparición o en
el curso y desenlace de una determi-
nada enfermedad en la que estØ im-
plicada el sistema inmune. Como los
determinantes psicológicos que influ-
yen en la conducta pueden venir di-
rectamente del SNC o indirectamente
a travØs de la respuesta de estrØs (me-
canismos hormonales), cualquier cam-
bio en la conducta que estØ asociado a
características de la personalidad o a
estilos de afrontamiento en situaciones
de emergencia (estresantes), así como
estados emocionales negativos, podría
afectar al sistema inmunológico (por
ejemplo, personas que fumen o coman
en exceso cuando estÆn estresados o
personas que generen mÆs estrØs del
necesario ante situaciones cotidianas
por evaluarlas exageradamente
amenazantes). TambiØn sucede que, en
algunas ocasiones, los individuos ven
una amenaza donde no la hay (o la exa-
geran) resultando de ello la adquisición
de una fobia; o bien no tienen recur-
sos de afrontamiento adecuados en un
momento dado (no saben resolver pro-
blemas) o tienen ideas equivocadas
acerca de cómo debe funcionar el mun-
do (ideas irracionales o distorsiones
cognitivas).
Psiconeuroinmunología: conexiones entre sistema nervioso y sistema inmune
135
Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
Sin embargo, aunque cada vez
existen mÆs cantidad de trabajos en
psiconeuroinmunología que relacio-
nan acontecimientos psicológicos con
parÆmetros inmunitarios, hemos de
tener en cuenta algo que casi nunca
agrada reconocer a la comunidad cien-
tífica: que en estos trabajos existe una
amplia gama de paradigmas de inves-
tigación, entre los que se combinan
estudios con población animal o hu-
mana, estudios prospectivos y retros-
pectivos, estudios que utilizan la
pØrdida de un ser querido como factor
estresante y en otros una tarea de
aritmØtica, una situación de examen
o una de laboratorio (proyección de
películas con alto contenido desagra-
dable) igualmente como factor
estresante. En el otro lado, tenemos
las variables dependientes utilizadas;
en multitud de estudios nos encontra-
mos con parÆmetros inmunitarios di-
ferentes ante las mismas tareas,
unas veces enumerativos simplemen-
te y otras veces funcionales (Rubio,
2003). Por otro lado, en una revisión
metaanalítica sobre los efectos de las
intervenciones psicológicas en la mo-
dulación del sistema inmune en hu-
manos, Miller y Cohen (2001)
observaron modestos cambios en los
parÆmetros evaluados a travØs de un
total de 85 pruebas. Los mejores re-
sultados se debían a la hipnosis y a
ensayos con condicionamientos. La
expresión de emociones o el control
de estrØs mostraron bajas tasas de
efectividad y la relajación mostró muy
poca capacidad para modificar la res-
puesta inmune. Como resultado de los
modestos cambios observados en el sis-
tema inmunológico, los autores son
prudentes en sus conclusiones acerca
de la escasa efectividad de los trata-
mientos psicológicos como moduladores
del sistema inmune y animan a se-
guir con mÆs aportes en este sentido.
No obstante, en estudios efectua-
dos con personas afectadas por el VIH,
se han obtenido resultados algo mÆs
alentadores que los presentados por
Miller y Cohen (2001). Por ejemplo, en
el trabajo realizado por Antoni (2003)
a travØs de un programa en grupo de
10 semanas de duración basado en es-
trategias cognitivas de control de
estrØs y relajación, los resultados
muestran que hay efectos de la inter-
vención psicológica en el humor, así
como cambios neuroendocrinos en el
eje HHC, HHG (HipotalÆmico-
Hipofisiario-Gonadal) así como en las
hormonas del Sistema Nervioso SimpÆ-
tico y en el estado del Sistema Inmune
en personas infectadas con VIH. Los
cambios producidos por los efectos de la
relajación y las estrategias cognitivas de
afrontamiento, así como el apoyo social
pueden mediar cambios en el estado de
Ænimo y, a su vez, estos cambios tienen
efectos en la regulación de las hormo-
nas adrenales evaluadas a travØs de los
cambios en los niveles de cortisol medi-
dos en la orina, la norepinefrina y los
niveles de testosterona. Como sugiere
Antoni (2003), los cambios en estas hor-
monas por efecto de la intervención
tambiØn podrían explicar, en parte, los
cambios a corto plazo en los
anticuerpos IgG y en los cambios a
mÆs largo plazo de linfocitos CD4.
Victoriano Ramos Linares, Raœl Rivero Burón, JosØ Antonio Piqueras Rodríguez
y cols.
136
Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
De igual modo, Robinson (2002)
muestra resultados esperanzadores
con un programa de 8 semanas de
duración para reducir el estrØs en
personas infectadas con VIH. Los su-
jetos que recibieron este tratamiento
mostraron un aumento de actividad en
las cØlulas asesinas (NK) así como en
el nœmero de ellas. Las mismas me-
didas fueron tomadas a los 3 meses
de haber finalizado la intervención
constatando que los incrementos en
las cØlulas NK, así como decrementos
de tensión, de ira o de depresión, tam-
biØn permanecían, mostrando los su-
jetos por tanto un estado de Ænimo muy
mejorado.
De cualquier manera, la influen-
cia psicológica de la mente sobre el
cuerpo, y mÆs concretamente en el
campo de la PNI desde mediados de los
aæos 70, han sido tratadas desde
aproximaciones multidisciplinares
que incluyen la medicina, la psicolo-
gía, la sociología, el trabajo social e
incluso la religión (Fleshner y
Laudenslager, 2004; Zittel, Lawrence
y Wodarski, 2002).
Por este motivo, y por lo que a los
psicólogos concierne, las psicoterapias
suelen estar dirigidas hacia dos obje-
tivos finales: reducir o eliminar los
niveles de estrØs y/o la depresión.
Aunque los estresores pueden ser fí-
sicos o psicológicos, la disparidad en-
tre ellos es una mera ilusión cuando
se trata de la emisión de una respues-
ta de estrØs (Fleshner y Laudenslager,
2004) y la depresión, como hemos vis-
to anteriormente, suele ser conse-
cuencia del estrØs. Por tanto,
cualquier tratamiento encaminado a
eliminar o reducir la respuesta de
estrØs estarÆ favoreciendo la mejoría
de la depresión, siendo Østa, de este
modo considerada, una variable de-
pendiente.
Como un individuo intØrprete y res-
ponda ante un determinado estresor
determina la reacción ante Øste
(afrontamiento, enfrentamiento, hui-
da), así como la respuesta del sistema
inmune y las conductas de enferme-
dad (Lutgendorf y Costanzo, 2003). Por
tanto, cualquier intervención desde la
psicología de la salud, diseæada con el
objetivo de modular el estrØs, dotar de
estrategias de solución de problemas,
identificar tanto estímulos fóbicos
como estímulos reales o potencial-
mente peligrosos, adoptar conductas
saludables e interpretar aconteci-
mientos vitales desde una perspecti-
va adaptativa (no perfeccionista ni
tremendista), caminarÆ en la direc-
ción buscada.
En este sentido Bower, Kemeny,
Taylor y Fahey (2003), han comproba-
do en un estudio con mujeres que
habían sufrido una pØrdida de alguien
cercano por cÆncer de mama, como el
crecimiento personal, el incremento
de las relaciones interpersonales, y el
afrontamiento vital (fijando objetivos en
lugar de retrotraerse en el pasado) pro-
duce correlatos biológicos positivos en
el sistema inmune, en concreto el au-
mento de cØlulas asesinas (NK). En la
misma dirección, Miyazaki, Ishikawa,
Iimori, Miki, Wenner, Fukunishi y
Kawamura (2003) han mostrado cómo
la percepción de tener apoyo social
Psiconeuroinmunología: conexiones entre sistema nervioso y sistema inmune
137
Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
correlaciona positivamente con las
cØlulas NK, encontrando que el au-
mento de apoyo social se ve acompa-
æado por incrementos en la inmunidad
natural. TambiØn Kiecolt-Glaser,
McGuire, Robles y Glaser (2002) han
seæalado que las relaciones de amis-
tad podrían disminuir emociones ne-
gativas y aumentar la salud a travØs
del impacto en el sistema inmune y
la regulación endocrina implicadas en
la prolongación de infecciones o en el
retraso de curación de heridas, pro-
cesos sustentados por la producción de
citocinas proinflamatorias.
Relacionado con la percepción
cognitiva de ±mundo ideal², se ha es-
tudiado la percepción de incongruen-
cia entre el nivel de vida ofertado por
los medios de comunicación y socia-
les, y la realidad de adolescentes que
gastan mÆs de lo que en realidad su
nivel de vida perteneciente a una fa-
milia de corte medio-bajo permite, ob-
servando un nivel de afectación
psicosocial y una reducción de
anticuerpos contra el virus Epstein-
Barr así como reducciones en otros
parÆmetros inmunitarios (McDade,
2001).
TambiØn existen estudios que re-
lacionan rasgos de personalidad ansio-
sa y sistema inmune, como el llevado
a cabo por Wadee, Kuschke, Kometz y
Berk (2001) quienes han visto una
asociación positiva entre el descenso
del nœmero de linfocitos, rasgo ansio-
so de personalidad y la percepción de
amenaza, en un estudio con diez es-
tudiantes postgraduados expuestos a
una situación estresante (exÆmenes).
Igualmente en situaciones de exÆme-
nes Paik, Toh, Lee, Kim y Lee (2000)
comprobaron cómo el estrØs en este
tipo de situaciones afectaba a diferen-
tes parÆmetros de la respuesta inmu-
ne, en concreto a citocinas derivadas
de cØlulas Th1 y Th2; donde se obser-
varon incrementos de IL-1, IL-6 e IL10
y descensos en la producción de IFN-
g, sugiriØndose con esto que el estrØs
en situaciones de examen puede in-
crementar la actividad humoral me-
diada por cØlulas Th2 y hacer
disminuir la inmunidad mediada por
cØlulas Th1.
En otro orden de relación entre
creencias y emociones estarían los
referentes a la espiritualidad y las
prÆcticas religiosas, que tambiØn pa-
recen ejercer efectos beneficiosos para
la salud y el sistema inmune (Kaye,
2002; Yates, 2004). Sin embargo esto
no es algo nuevo, ya desde los aæos
treinta del siglo XX se habían realizado
estudios con sujetos que practicaban
tØcnicas mentales de concentración o
meditación. Encontramos como ejem-
plos el de la cardióloga Teresa Brosse,
quien ya efectuaba mediciones con re-
gistros electrocardiogrÆficos en esos
estados y veinte aæos mÆs tarde el de
Wenger y Bagchi, quienes recorrieron
7.000 kilómetros a lo largo de la India
estudiando sujetos que realizaban
ejercicios de yoga, presentando a la
Sociedad
Norteamericana
de
Electroencefalografía un posible con-
trol voluntario de las funciones autó-
nomas por parte de estos sujetos, en
el que se ponía de manifiesto un au-
mento en la intensidad de las ondas
Victoriano Ramos Linares, Raœl Rivero Burón, JosØ Antonio Piqueras Rodríguez
y cols.
138
Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
alfa en diferentes regiones cerebra-
les ademÆs de la llamada Coherencia
ElectroencefalogrÆfica Theta. Este
parÆmetro resulta muy œtil para dife-
renciar niveles mentales conseguidos
durante la meditación de los del sue-
æo, la hipnosis u otros estados altera-
dos de conciencia y ha sido tambiØn
estudiado en astronautas (Infante y
Peran, 1998b). Durante la meditación
se registra una caída de la frecuencia
respiratoria, así como frecuentes pe-
ríodos de suspensión de la respiración,
hallÆndose correlaciones entre perío-
dos de apnea y experiencias subjetivas
de quietud mental y mÆxima coheren-
cia electroencefalogrÆfica. TambiØn
disminuye el consumo de oxígeno, la
producción de dióxido de carbono, la
producción de Æcido lÆctico, así como
el aumento de la resistencia de la piel
y la reducción del tiempo de reacción.
TambiØn se ha visto en los estados de
meditación reducción del flujo sanguí-
neo renal y hepÆtico, con aumento en
el flujo cerebral medido a travØs de
pletismografía de impedancia (Jevning,
Wallarce y Beidebach, 1992).
Con todo esto queremos exponer la
importancia que tiene el estado corpo-
ral, y que la relajación es la responsa-
ble de estos estados. Por poner otros
ejemplos, la disminución de la presión
arterial en hipertensos, de la isquemia
miocÆrdica en enfermos coronarios o
la mejora subjetiva de la sintomatología
en sujetos asmÆticos son efectos de
estados de relajación. Durante la re-
lajación se producen descensos signi-
ficativos de hormonas relacionadas
con el estrØs, como la tiroxina o la GH,
tambiØn se han descrito descensos de
Cortisol, THS y prolactina. La visuali-
zación produce aumentos en las cifras
de IgA en saliva. TambiØn se han des-
crito descensos en la sensibilidad de
los receptores beta-adrenØrgicos me-
didos en linfocitos circulantes sin que
haya variaciones en el nœmero de re-
ceptores ni en la concentración
plasmÆtica de catecolaminas.
Como tØcnicas de relajación pode-
mos encontrar una enorme variedad,
encontrÆndose entre ellas:
Hipnosis,
Entrenamiento Autógeno de Schultz,
Sofrología, Yoga, Tai Chi Chuan,
Acupuntura, Progresiva de Jacobson,
Biofeedback, TØcnicas Sonoras
(Musicoterapia), MØtodo Benson, TØcnicas
Respiratorias, etc.
Resumiendo, como acabamos de
ver, la soledad, el apoyo social, situa-
ciones estresantes como pueden ser
los exÆmenes, variables de personali-
dad, etc., han sido estudiadas y los tra-
tamientos efectuados han mostrado
cierta efectividad, siendo Østos princi-
palmente: TØcnicas de visualización,
Imaginación Dirigida, Relajación, TØc-
nicas Cognitivo-Conductuales de Con-
trol del EstrØs, así como la Meditación,
TØcnicas ChamÆnicas, Rezos, etc.
Desde nuestra experiencia, creemos
que cualquiera de ellas puede ser efec-
tiva si es practicada con el rigor ne-
cesario por parte de un profesional,
sea cual sea el enfoque psicológico
empleado, aunque desde nuestra for-
mación científica nos atrevemos a
sugerir que la relajación produce es-
tados fisiológicos que combinados con
la representación de imÆgenes (ima-
Psiconeuroinmunología: conexiones entre sistema nervioso y sistema inmune
139
Suma Psicológica, Vol. 15 N° 1: 115-142, marzo 2008, BogotÆ (Col.)
ginación) puede convertirse en las lla-
madas tØcnicas de meditación, vi-
sualización positiva, imaginación
dirigida, etc. Es decir, la emoción po-
sitiva, en este caso placentera, sería
la combinación del estado corporal con
una representación mental en forma
de imagen y/o pensamiento.
Por œltimo y ante la escasez de re-
sultados altamente exitosos que rela-
cionen la psicoterapia con el sistema
inmunológico, pero sabiendo de su pro-
bada efectividad como tales en estados
emocionales (estrØs y/o depresión),
reduciendo el malestar y contribuyen-
do con ello a mejorar la salud del indi-
viduo, nos mostramos esperanzados en
que, en el futuro, los estudios puedan
aunar criterios en cuanto a variables
(dependientes e independientes), así
como en los tratamientos, con la fina-
lidad de arrojar luz en lo que se refiere
a la influencia de la psicoterapia en la
respuesta inmunológica.
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Fecha de envío: Noviembre 24 de 2007
Fecha de aceptación: Enero 30 de 2008
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