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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
TDT,
UNA
PROMESA
DE
ENTRADA
A
LA
SOCIEDAD
DE
LA
INFORMACIÓN. CASO ARGENTINA.
Carla Rodríguez Miranda
1
Resumen
A partir de 2006 se inicia el pasaje de la televisión hertziana analógica a la televisión
digital terrestre (TDT) en la región latinoamericana. El proceso de digitalización de la
señal analógica podría cambiar la televisión tradicional a partir del despliegue de los
nuevos
servicios
que
podría
brindar
la
televisión
digital:
móviles,
portátiles
e
interactivos lo que implica la capacidad potencial de la TDT para convertirse en la
puerta de entrada a la Sociedad de la Información. El avance de los servicios
interactivos suscita divergencias políticas, económicas y técnicas por el supuesto rol de
la TDT como un elemento minimizador de la brecha digital. Por tanto, considerando la
política pública de comunicación como objeto de estudio, se analizará la lógica de
intervención pública en el desarrollo de los servicios interactivos durante el proceso de
implementación de la TDT en Argentina.
Palabras clave
Sociedad de la Información, Estado, televisión digital terrestre, servicios interactivos
Abstract
Since 2006 the digital terrestrial television (TDT) has launched in Latin American.
Digitalization process of the analogue signal may change the traditional television
because of the new services it could offer: namely mobile, portable and interactive
services. These imply a potential capability of the TDT to turn into an entry to
Information
Society.
The
ongoing
of
the
interactive
services
involves
politics,
economics and technologies divergences due to the potential role of the TDT as a
minimized element of the digital gap. Since that, regarding the media policies as the
study object, the paper focuses on the driver of public intervention on the development
of interactive services during the launch of the TDT in Argentine.
Keywords
Information Society, State, digital terrestrial television, interactive services.
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Primera Revista Electrónica en América Latina Especializada en Comunicación
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AGOSTO - OCTUBRE 2011
1. El Proyecto de la Sociedad de la Información (SI)
El proyecto político, económico y social de la SI tiene sus raíces en Estados Unidos y la
Unión Europea que se adoptó a principios de la década del ‟80 como respuesta a la
crisis del modelo keynesiano y de gobernabilidad de las democracias occidentales
(Mattelart, 2002). Y como solución se apoyó en la implementación de un nuevo modo
de desarrollo que auguraba las potencialidades de las nuevas tecnologías de la
información y comunicación (TICs) para garantizar mejoras en las condiciones de vida
de los ciudadanos.
“La idea de sociedad de la información nace en la posguerra como
alternativa
a
las
naciones
no
libres,
es
decir,
totalitarias.
Está
íntimamente ligada con la tesis del fin de las ideologías, pero también
con la de lo político, de los enfrentamientos de clase, del compromiso,
del intelectual protestatario.” (Mattelart, 2002, p. 168).
El paradigma tecnoinformacional es inherente al proyecto geopolítico que buscó
“garantizar la reordenación geoeconómica del planeta en torno a los valores de la
democracia de mercado y en un mundo unipolar” (Mattelart, 2002, p. 134). La idea del
proyecto se articuló principalmente sobre tres ejes: la desregulación, la liberalización y
la
integración
competitiva
para
la
creación
de
un
escenario
propicio
para
el
funcionamiento de una economía de mercado (Becerra, 2003, p. 35).
La ideología técnica que subyace en el proyecto de la SI se quiebra cuando se lo quiere
pensar como comunicación pues las condiciones de acceso de las nuevas tecnologías al
conjunto de la ciudadanía tienen su origen en la diferencia de ingresos y distribución, es
decir ante todo es una brecha socioeconómica (Mastrini y de Charras, 2004) por lo que
se desmorona el símbolo de libertad de las autopistas de la información.
Los antecedentes se remontan luego de la Segunda Guerra Mundial, momento en que se
consolidó el modelo del Estado de Bienestar en Europa y Estados Unidos, que se
caracterizó por la intervención del Estado en la economía donde la capacidad del
gobierno residía en controlar la demanda mediante una intervención adecuada en una
economía de mercado (Mishra, 2002), además implicó un aumento del gasto público,
políticas de pleno empleo, protección y solidaridad social. En materia de comunicación
y cultura, las políticas cumplían un papel más amplio y autónomo, asegurando la
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igualdad y la participación democrática, que la lógica de mercado no garantizaría
(Bustamante, 2003).
Los criterios de racionalidad sobre los que se legitimaba el Estado de Bienestar entraron
en crisis principios de los „70 debido a los resultados negativos en la economía: altas
tasas de inflación y recesión económica. Y por la ausencia de respuestas del campo
político e intelectual.
Pero otras soluciones llegaron para el capital. Intelectuales escépticos del Estado de
Bienestar,
ya
estaban
elaborando
las
bases
para
otro
tipo
de
capitalismo.
El
neoliberalismo presentó una nueva lógica de intervención del Estado con una tendencia
mercadocéntrica, que se conoce como el proceso de desregulación, la liberalización de
la economía y la creación de un escenario pro competitivo. El programa neoliberal se
basaba en “mantener un Estado fuerte en su capacidad de quebrar el poder de los
sindicatos y en el control del dinero, pero limitado en lo referido a los gastos sociales y
a las intervenciones económicas” (Anderson, 1999, p. 16).
El nuevo escenario se consolidó en la década del ‟80 con la llegada de los cuadros
políticos neoconservadores a los gobiernos centrales.
2
Las nuevas directrices sentaron
las bases para regular en pos de una nueva estructura de propiedad cada vez más
dominada por el capital concentrado (Mastrini y Mestman, 1996) por lo que la
desregulación fue la dirección que asumió el Estado y no su retirada.
La crisis de acumulación dio lugar a una nueva legitimación sobre el nuevo rol del
Estado y respecto a la comunicación se tradujo para favorecer determinados intereses.
La promesa neoliberal de la democratización llegaría a partir de las autopistas de la
información que descansaban en “el desplazamiento del imaginario tecnológico hacia
una presuntamente necesaria comunión con las leyes del mercado” (Mastrini y de
Charras, 2004). El Estado tendió a facilitar la apertura hacia la mercantilización de la
cultura como un actor más en competencia, respondiendo a las fallas del mercado; y
muchas
políticas
culturales
y
de
comunicación
se
tiñeron de
política
industrial
(Bustamante, 2003).
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2.
La seducción de las TICs como solución
El modelo de desarrollo informacional es un nuevo modelo de organización socio-
técnica
que
busca
reestructurar
el
capitalismo
(Castells,
1995),
vinculando
las
potencialidades de las nuevas tecnologías con las estructuras productivas que solo puede
ser entendido dentro de la estructura social donde ocurre. La implementación de una
nueva lógica de acumulación de capital, tras la crisis del patrón fordista, se consolida en
un modo de producción que trasciende las fronteras nacionales.
La
fuente
de
productividad
del
modelo
informacional
radica
en
la
calidad
del
conocimiento, pues lo específico de este modelo es que el conocimiento actúa sobre el
conocimiento en sí mismo. Castells (1995) define a
la “materia inmaterial” como el
conjunto de símbolos y códigos generados y transformados por el hombre que
constituye tanto la materia prima como el producto, anclando la innovación tecnológica
en el proceso.
Como señala Becerra (2003, p. 23) la información se convierte en insumo y en el eje
vector para la reestructuración de los procesos productivos; se abarata el costo de la
producción
y procesamiento y se incrementa exponencialmente la capacidad de
producir, almacenar y enviar volúmenes cada vez mayores de información. Estas
ventajas permiten la flexibilización en las organizaciones de la producción, el consumo
y la gestión (Castells, 1995), impactando en la arquitectura política y económica de una
estructura social determinada.
Las TICs juegan un rol protagónico en el incremento de los beneficios del capital, en la
inserción de nuevos mercados, en la automatización de los procesos productivos y la
relocalización espacial de cada fase de la cadena de valorización. Y los Estados se
concentran en proveer la infraestructura necesaria, minimizando su papel en la política
de distribución, en plena actividad para la articulación del proyecto neoliberal en la
creación de los mercados internacionales y en consonancia con las nuevas instancias de
gobernanza global (Braman, 2004).
3
3. La TICs como instrumento de inclusión social en América Latina
En la división internacional del trabajo la posición de América Latina es competitiva en
la provisión de los recursos naturales sin la generación de valor agregado en sus
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productos. Esta situación la ubica en desventaja en el modelo informacional (Castells,
1995) con los patrones actuales de crecimiento basados en el desarrollo de la ciencia y
tecnología por lo cual la región importa las tecnologías y no desarrolla un sistema de
innovación, definiendo sus procesos tecnológicos desde “afuera”, de manera lenta e
irregular. La desigualdad también se manifiesta en el acceso y uso de las tecnologías por
lo que la brecha digital es reflejo de la brecha socioeconómica y de otras dimensiones
como la de género, origen étnico y ubicación geográfica.
Si la sociedad de la información se entiende como la capacidad para manejar
información, y si se acepta que tal depende de una frontera tecnológica en rápida
expansión, los países de América Latina y el Caribe están cada vez más lejos de
convertirse en miembros plenos de la sociedad de la información con eficiencia,
equidad y sustentabilidad, en el marco de la economía global basada en el conocimiento
(CEPAL, 2009, p. 53) y si bien las diferencias de capacidades pueden haber diminuido
en términos relativos, avanzan en términos absolutos.
De acuerdo a la CEPAL, la brecha entre los países de América Latina y los países de la
OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) es cada vez
mayor respecto a las capacidades de intercambiar información mediante redes modernas
de comunicación. Es decir, la diferencia es la combinación de diferentes tecnologías y la
capacidad del ancho de banda, por lo que la brecha se mide por la capacidad de la red y
no por número de dispositivos.
Este informe también destaca que la brecha al interior de los países de América Latina y
el Caribe es aún más dispar que la brecha internacional. Y hace una distinción entre la
brecha en el acceso y la conectividad y la brecha en el uso efectivo de las herramientas
digitales, entendiendo que la organización social y productiva de la SI se garantiza por
la cantidad y calidad de la información y las comunicaciones digitalizadas. El acceso al
conocimiento y uso de las TIC como herramienta cotidiana se relaciona directamente
con el rol distributivo del Estado, que debe orientarse a un tratamiento
ex ante
de la
brecha digital para evitar profundizar la brecha digital (CEPAL, 2009, p. 303), es por
ello que el desarrollo de las TIC exige políticas públicas.
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3.1 Las políticas de comunicación para la TDT
Ahora bien, definimos las políticas de comunicación “como las acciones y omisiones de
las instancias estatales de todo tipo que, de acuerdo a las concepciones y legitimaciones
de cada sociedad y cada tiempo histórico, determinan u orientan los destinos de la
creación,
la
producción,
difusión
y
consumo
de
los
productos
culturales
y
comunicativos” (Bustamante, 2003, p. 34). Tal definición supone la presencia del estado
y el carácter de su intervención derivan del tipo de estado y los intereses que representa
en un determinado momento histórico.
El rol del estado se entiende como una responsabilidad que actúa como garante y
estimulador del ejercicio de la libertad de expresión y al mismo tiempo controla que no
se cercene tal derecho, es decir coordinador de acciones donde la comunicación es
entendida como servicio público y la información como bien social (Graziano, 1986).
Por tanto la intervención pública en la definición de políticas de comunicación es
necesaria para garantizar una mayor democratización de los sistemas de medios
(Mastrini y Mestman, 1996) pues legitimar la intervención pública aseguraría “el
acceso, la diversidad de opinión –pluralismo- y una verdadera independencia frente a
los intereses creados” (McQuail, 199, p. 109).
Brasil y México se presentan como los principales mercados de la industria audiovisual
en la región y en la producción de aparatos receptores. México es un importante
exportador de productos ensamblados para el mercado estadounidense mientras que
Brasil orienta su producción al mercado interno, con algunas exportaciones hacia otros
países de la región (Cepal, 2009, p. 79). Por ello, la TDT se presenta como un doble
desafío
para
las
políticas
de
comunicación
y
para
las
políticas
industriales,
convirtiéndose en una tema de la agenda pública a partir de mediados de la década del
‟90.
Argentina, México y Brasil fueron los primeros países de la región que iniciaron el
proceso político de adopción del estándar técnico para la digitalización de la televisión
abierta. En 1998 Argentina había adoptado la norma digital norteamericana durante la
gestión de Carlos Menem, que luego fue suspendida y diez años después decantó por la
norma japonesa brasilera en 2009. México eligió el patrón ATSC como una elección
natural, si se considera que su norma a color era la norteamericana NTSC, sin embargo
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la decisión del estándar técnico está más vinculada a su pertenencia al bloque NAFTA y
las relaciones comerciales con Estados Unidos. Brasil, durante la administración de
Fernando Collor de Melo, inició el proceso de estudios técnicos sobre la adopción de la
norma digital, con la idea de incluir desarrollos industriales propios, que luego de una
década de intensos lobbies y debates se inclinó por el sistema japonés con la
incorporación de variantes propias lo que desencadenó en un patrón técnico híbrido.
En materia de políticas de comunicación para la TDT, en un primer momento los países
del Mercosur avanzaron con sus propias decisiones y no actuaron coordinadamente pese
a fugaces acercamientos entre Brasil y Argentina. De ahí que los países omitieran la
norma
24/94
del
MERCOSUR
que
plantea
un
trabajo
en
conjunto
en
temas
relacionados la TV Digital entre otros. Sin embargo, en un segundo momento la
mayoría de los países de la región acompañaron el liderazgo de Brasil en materia de
televisión digital. De ahí que el desafío será reconstruir la integración regional a través
del consenso de políticas, que evite cualquier destello imperialista.
La TDT no es la solución para los problemas de inequidad económica y social, pero se
inserta en la agenda de los gobiernos demandando una política pública, como una
herramienta que podría posibilitar la inclusión social y el acceso a Internet al conjunto
de población, considerando que la televisión analógica es el medio de comunicación de
mayor penetración y su condición de gratuidad no excluye por la condición socio
económica.
En suma, la arquitectura política para la TDT podría suponer un cambio en el equilibrio
de fuerzas existente en el sector audiovisual por las capacidades tecnológicas que
supone y por la nueva lógica de intervención pública de los gobiernos pos neoliberales
(Thwaites Rey, 2010) en contrapartida a la tendencia mercadocéntrica de la década del
90.
4. Una aproximación al concepto de interactividad
El concepto de interactividad se refiere a dos fenómenos diferentes (Stromer-Galley,
2004). La interactividad como
proceso
se establece entre personas por medio de las
tecnologías,
por
ejemplo
en
la
etapa
pre-electoral
los
ciudadanos
participan
sincrónicamente (Chat) o asincrónicamente (mensaje) con el candidato presidencial en
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un sitio web. La interactividad como
producto
implica que ciertas tecnologías permitan
al usuario interactuar con el propio sistema, por ejemplo cuando un ciudadano le envía
un mail al candidato presidencial, donde la respuesta no está asegurada lo que podría
limitar el éxito de la interactividad. Un sistema tecnológico permite la interactividad
tecnológica si el sistema tiene una vía de retorno. La vía de retorno es intrínseca cuando
el sistema la provee con sus propios recursos. O extrínseca cuando el sistema recurre a
un complemento tecnológico.
En la televisión por cable e IPTV (Protocolo de Internet) el canal de retorno es
“natural”, es decir que sobre el mismo conducto se garantiza ese “ida y vuelta” entre el
emisor (señal de televisión o
carrier
) y receptor (televidente). En cambio, en la
televisión satelital o terrestre no existe un canal de retorno “natural”, por lo que subyace
la necesidad de una red telefónica o Internet.
Desde la década del ‟70 se augura la promesa de la interactividad en la televisión. Con
la provisión de servicios de videos bajo demanda posibilitados por la plataforma de
televisión por cable, primero en Estados Unidos y luego en Europa occidental, se buscó
impulsar la explotación de servicios interactivos en la televisión. Pero estos servicios no
lograron el impacto esperado en las audiencias.
Las razones del fracaso no eran tecnológicas ni económicas. La principal razón se
encontraría en el desinterés de los televidentes en practicar algún nivel de interactividad
a la hora de mirar televisión (Van Dijk, Peters y Heuvelman, 2003) por tanto, el
desacelerado desarrollo de los servicios interactivos se explica por el lado de la
demanda. El consumidor como televidente tiene distintas expectativas que como usuario
de Internet (Doyle, 2002) de ahí que todavía la televisión se constituye como un medio
pasivo.
El proceso de digitalización aplicados a la señal hertziana analógica abre un abanico de
nuevos servicios para la televisión por aire: la multiprogramación, mejor calidad en la
imagen y sonido, portabilidad y movilidad. La televisión digital podría ampliar la oferta
de
programación,
contenidos
y
servicios,
por
ejemplo
la
guía
electrónica
de
programación, información de programas, acceso condicional y otros servicios que
corren sobre el middleware que es una capa entre el hardware y el software del
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decodificador o set top box (aparato que decodifica y codifica la señal digital a
analógica para adaptar la recepción digital en los televisores no aptos).
Los servicios interactivos se pueden brindar en las plataformas de televisión digital que
tengan un canal de retorno que permita que el usuario pueda seleccionar un programa -
video bajo demanda- o generar un
input
(Van Dijk, Peters y Heuvelman,
2003), este
último caso podría cambiar de manera radical la forma de mirar televisión con una
participación activa. El televidente podría abandonar el modelo tradicional de la
televisión
reactiva
o bien la cultura del zapping para actuar e interactuar con el medio.
4.1 Niveles de interactividad y aplicaciones
Para
analizar
el
caso
de
los
servicios
interactivos
que
se
desarrollan
en
la
implementación de la TDT en Argentina, se retomará la clasificación realizada por
Prado et al. (2006) a pedido del Consejo Audiovisual de Cataluña, basada en la oferta
europea de los cinco mercados más grandes durante el primer período de 2004 que
continuó en un segundo período de 2007. Esta tipología definió tres grandes tipos de
contenidos en la televisión interactiva:
Servicios Interactivos Autónomos (SIA): productos audiovisuales que están
siempre a disposición del televidente por lo que son independientes del flujo
televisivo. Se puede acceder desde una aplicación del sistema o por
walled
garden
(“jardines vallados”). Estos servicios pueden ser provistos por el
operador de televisión o por un proveedor externo. La mayoría necesita un canal
de retorno y tienen una estructura multimedia.
Servicios Interactivos Asociados a Programas (SIAP): productos audiovisuales
asociados y sincronizados con un programa de televisión lineal, como un
servicio de valor agregado. El televidente solo tiene disponibilidad de este
servicio durante la emisión del programa. No necesitan canal de retorno.
Generalmente se etiquetan como televisión mejorada.
Programas Audiovisuales Interactivos (PAI): son programas de televisión que
permiten que los televidentes reconfiguren la estructura del programa. Son
programas
complejos
y
costosos.
Existen
los
Programas
Audiovisuales
Interactivos de Flujo y Programas Audiovisuales Interactivos de Stock. En los
primeros hay una correspondencia entre el tiempo del programa de televisión y
el tiempo del consumo, donde las acciones de los televidentes no alteran dicha
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relación. Es decir, las acciones de los televidentes es sincrónica respecto a la
emisión. En los segundos el usuario puede interactuar cuando quiera. Y siempre
se necesita canal de retorno. El ancho de banda limita el nivel de interactividad.
Por otro lado, los servicios de telecomunicaciones se diferencian entre:
Servicios de navegación (SN): son elementales para la televisión interactiva
porque es el elemento que interviene para que el televidente navegue por la
oferta. Por ejemplo: las guías electrónicas de programación.
Servicios de Comunicación Electrónica (SCE): en la televisión interactiva estos
servicios se incluyen en los
walled garden
y discriminan entre acceso universal
y abonados.
5. TDT en Argentina: el impacto de los servicios interactivos
En 2006 Brasil eligió el estándar japonés ISDB-T con la modificación del sistema de
compresión de MPEG2 a MPEG4 y el desarrollo del
middleware
GINGA. En
septiembre de 2009, la presidenta Cristina Fernández (2007-Actualidad) firmó el
decreto 1148/09 por el cual
se creó el Sistema Argentino de Televisión Digital
Terrestre (SATVD-T) basado en la norma japonesa brasilera.
De acuerdo a la ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales N° 26.522, la tarea
para la implementación de las nuevas tecnologías (Art. 92 y 93) queda relegada al Poder
Ejecutivo, que derivó el desarrollo de la TDT al Ministerio de Planificación. La política
pública se orienta a garantizar un servicio de televisión digital de acceso universal con
la estrategia del Estado como locomotora que impulsa su desarrollo a través de la
construcción de la plataforma nacional de televisión, con carácter de interés público, a
cargo de la empresa ARSAT S.A. e INVAP S.E. y la planificación de la instalación de
47 plantas transmisoras en todo el país. Asimismo el Estado entregó decodificadores en
comodato a los sectores más vulnerables de la población.
Para fomentar la producción de contenidos se creó el programa Polos Audiovisuales con
el objetivo de federalizar la producción de contenidos liderado por representantes del
INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales). Actualmente, se encuentran
12 señales de televisión digital en el aire (Canal 7, Canal Encuentro, Paka Paka, Telesur,
C5N, CN23, INCAA TV, Vivra, Tateti, Vesvi, Suri y GolTV). Mientras que el
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desarrollo de los servicios interactivos es realizado por investigadores del LIFIA
(Laboratorio de Investigación y Formación en Informática Avanzada) de la Universidad
Nacional de La Plata que lograron la liberalización del código fuente del Ginga para
mejorarlo y adaptarlo a la realidad del país.
El Ginga es el
middleware
que posibilita la interactividad en la televisión digital
terrestre bajo ISDB-Tb, desarrollado por la Pontificia Universidad Católica de Río de
Janeiro
(Brasil).
Los
países
que
adoptaron
la
norma
técnica
japonesa-brasilera
4
operarían con Ginga, por lo cual la inversión en el desarrollo tecnológico nacional es
una apuesta de cara al futuro de la televisión digital en la región latinoamericana.
Los contenidos interactivos están en pleno proceso de producción y la demostración de
las primeras piezas, presentadas por el LIFIA en el II Encuentro del Foro Internacional
de la Norma ISDB-T en mayo de 2010 en Buenos Aires, permite considerar un
acercamiento hacia una televisión mejorada a través de nuevas experiencias al mirar
televisión, por ejemplo: mediante el control remoto el televidente puede solicitar
información del programa que está mirando o información de campañas de salud o el
servicio meteorológico. Estos servicios se caracterizan por brindar una interactividad
híbrida
. Otros expertos la denominan interactividad "simulada" que
consiste en
interactuar con el STB y no con el proveedor de la señal. El proveedor envía una
cantidad de información que el STB almacena. El televidente podría interactuar o
navegar solamente con los datos que el proveedor envió. Este tipo de oferta no necesita
de un canal de retorno y está localizada en el set top box.
Desde el LIFIA se planifica desarrollar tres tipos de aplicaciones interactivas:
a.
Interacción Local: las aplicaciones se bajan y corren localmente en el set top
box. El usuario puede interactuar con ellas, pero no es posible el envío de
información hacia el exterior.
b.
Interacción con Upload: las aplicaciones se bajan y corren en el set-top-box, y
éstas pueden enviar información hacia el exterior a través de un canal de retorno.
c.
Interacción Avanzada: a diferencia de los casos anteriores, en los que las
aplicaciones se descargan a través de la señal de aire, aquí las aplicaciones se
descargan a través del canal de retorno y, como en el caso anterior, también
envían su información a través del mismo.
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Hoy pueden desarrollarse y ejecutarse aplicaciones de interacción local. En un futuro se
integrarían los otros niveles.
Otro proyecto en gestación es T-Learning, un entorno de transferencia de conocimiento
educativo e informativo. Desde la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) se
pretende realizar un prototipo para la producción de contenidos educativos y una oferta
de cursos de capacitación. El proyecto plantea dos maneras de interrelacionarse con el
televidente, de acuerdo a la clasificación de Prado (2006) la primera oferta responde a
SIAP mientras que la segunda a PAI:
1.
Interactividad local: implica que el contenido principal es acompañado por otros
contenidos (audio, video, etc.) o aplicativos disponibles según el interés del
televidente.
2.
Interactividad completa (sincrónico): implica la disponibilidad de un canal de
retorno que le permite al televidente intercambiar contenidos (texto, audio,
video, etc.) con otros televidentes que se encuentran participando en ese
momento del contenido (tiempo real).
Ahora bien, como señalamos líneas arriba la TDT carece de un canal de retorno
“natural” para garantizar la interactividad. Si bien los set top boxes vienen con conexión
a
ethernet
, lo que permite utilizar a Internet como canal de retorno, tales desarrollos
implican abultadas inversiones y una arquitectura de redes e infraestructura que el
Estado aún no dispone pero el Ejecutivo ya presentó el año pasado el plan “Argentina
Conectada” a cargo del Ministerio de Planificación junto a la empresa estatal ARSAT
para la provisión de Internet a alta velocidad como una oferta alternativa respecto a las
actuales empresas privadas proveedoras del servicio. No obstante, la tradición de
políticas cortoplacistas cubre un manto de incertidumbre en las expectativas de la
interactividad en la TDT y la promesa de puerta de entrada a la SI. Pues este fenómeno
antes que tecnológico es sociocultural y por tanto remite a decisiones políticas. En
suma, la televisión digital es la continuidad de la televisión tal como hoy la conocemos
pero con matices en estéticas, contenidos y usos por lo que hasta aquí se observaría un
pasaje hacia una televisión mejorada, la cual dista de una televisión interactiva.
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6. A modo de conclusión
Las experiencias prelimares están dando como resultado una televisión reactiva y no
interactiva, en el que la interactividad se limita a transacciones mecánicas, en un sistema
de red jerarquizado, centralizado y cerrado (Bustamante, 2003).
La intervención del Estado a través de un rol incitador (Salaüm, 1989 en Bustamante,
2003, p. 35) de la TDT busca garantizar el acceso universal como primer paso para
luego apostar a los contenidos y la interactividad como el valor diferencial del modelo
de televisión digital. Siguiendo la lógica de construcción del modelo de televisión del
SATVD-T, resulta imprescindible construir modelos de producción para que los
servicios y contenidos audiovisuales sean sustentables económicamente en el tiempo. Si
bien el empuje financiero desde el erario público se constituye como envión para iniciar
la cadena productiva de contenidos, no será suficiente en el largo plazo. Por lo tanto,
establecer mecanismos de financiación y distribución es menester para garantizar la
continuidad de la programación con contenidos que alienten la diversidad cultural y el
pluralismo informativo.
Ser ajeno a las condiciones materiales existentes podría hacer fracasar las misiones
democráticas del proyecto, por lo cual analizar las debilidades y fortalezas del escenario
actual permitirá planificar el desarrollo exitoso de la interactividad en la televisión para
evitar caer en los determinismos tecnológicos y discursos vacíos.
Por ello, resulta menester la intervención del Estado en el diseño y aplicación de una
política pública de comunicación que concilie criterios de eficiencia económica con
criterios de eficiencia socio política en un entorno de cooperación regional para avanzar
en el desarrollo de la TDT en general y los servicios interactivos en particular. De este
modo, se podría construir un modelo de televisión digital que enarbolen las misiones
democráticas y, pese a ciertas limitaciones técnicas, se constituya como una puerta de
entrada a los servicios de la SI para minimizar la brecha digital.
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Bibliografía
Anderson, P. (1999): “Neoliberalismo: un balance provisorio”, en Emir Sader y Pablo
Gentile (comp.),
La trama del neoliberalismo
.
Mercado, crisis y exclusión social.
Buenos Aires: CLACSO EUDEBA, 13-27.
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1
Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), Argentina.
Docente instructora UNQ. Becaria en formación inicial en investigación de la UNQ. Maestranda de la
Maestría
en
Industrias
Culturales:
políticas
y
gestión
(UNQ).
cmiranda@unq.edu.ar
/
c.rodriguezmiranda@hotmail.com
2
En 1979 Margaret Thatcher inició su mandato en Inglaterra. En 1980 Reagan, en Estados Unidos. En
1982 Kohl, en Alemania.
3
Sandra Braman señala el surgimiento de un régimen global de información emergente que desafía la
naturaleza de los gobiernos, involucrando actores estatales y no estatales. El proceso globalizador impone
limitaciones al tradicional accionar del Estado. Y articula organizaciones globales (ONU, OMC), los
clubes multilaterales exclusivos (G8, G20), los multi-estados (NAFTA, UE, MERCOSUR) y organismos
del sector privado trasnacional y organismos transversales (ICANN).
4
Los países que adoptaron ISDB-T con las modificaciones brasileras son: Perú, Argentina, Chile,
Venezuela, Ecuador, Costa Rica, Paraguay, Filipinas, Bolivia, Belice, Tailandia, Guatemala, Uruguay,
Nicaragua y Cuba.
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