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Voces y Contextos
Fausto Desbocado: la Irracionalidad en el
Pensamiento Político de Carl Schmitt
Nazario Robles Bastida
Resumen
Este artículo ahonda en los elementos irracionalistas de
la teoría política de Carl Schmitt. Recurriendo a un
paralelismo metafórico entre el Fausto de Goethe y
Schmitt, se examinan las principales nociones
irracionales de este autor alemán, en particular las de
mito y carisma.
Nazario Robles Bastida
Licenciado en Ciencias de la Comunicación
por el ITESM Campus Toluca y actualmente
alumno de la Maestría en Sociología en la
Universidad Iberoamericana. Sus temas de
interés académico están con relacionados con
modernidad, literatura, realidades virtuales
estigma social y teoría social.
correo electrónico:
nazario1@yahoo.com.mx
Palabras
Clave:
Schmitt,
irracionalidad,
mito,
carisma, Fausto
n auténtico Fausto del siglo XX, Carl Schmitt
hizo un pacto con las oscuras fuerzas del
régimen nacionalsocialista; conducido a la
infamia, terminó luego por escapar milagrosamente a
las consecuencias de sus acciones. ¿Qué llevó al docto
jurista alemán a emular al descarriado héroe de Goethe?
Las palabras del propio doctor Fausto, al inicio de la
primera parte de la obra, pueden arrojar alguna luz
sobre esta incógnita:
U
“Con ardiente afán ¡ay! estudié a fondo la filosofía,
jurisprudencia, medicina y también, por mi mal, la
teología […] No me figuro saber cosa alguna
razonable, ni tampoco imagino poder enseñar algo
capaz de mejorar y convertir a los hombres. […] Por
esta razón me di a la magia, para ver si mediante la
fuerza y la boca del espíritu, me sería revelado más de
un arcano, […] y pueda con ello conocer lo que en lo
más intimo mantiene unido el universo, contemplar
toda fuerza activa y todo germen, no viéndome así
precisado a hacer más tráfico de huecas palabras.”
(Goethe, 1999: 19-20)
1
Otoño. Vol. II, No. 4, 2007
Voces y Contextos
En su búsqueda de conocimiento, Schmitt abandonó también la ciencia para incursionar en
los caminos de la magia. Alejándose de la racionalidad de corte weberiano, terminó por
encontrar en aspectos irracionales del mundo, la fuerza y germen de la política. Ésta fue su
grandeza. Ésta fue su tragedia.
Las fuerzas mágicas invocadas por el malogrado hijo de Plettenberg, el mito y el carisma,
acabaron por perderlo. Lo condujeron a los brazos del totalitarismo y del partido nazi. En
otras palabras, hicieron de él un Fausto desbocado.
Así, el presente ensayo pretende ahondar en los aspectos irracionales de la teoría
política de Carl Schmitt que lo llevaron a convertirse en un doctor Fausto: el mito y el
carisma. Su análisis se piensa esencial, no sólo para percibir más adecuadamente los
motivos de su adhesión al nazismo, sino para comprender el rol primordial que ambas
formas mágico-sagradas jugaron en la conformación de su pensamiento político. Con este
objetivo en mente, se enfrentará en primera instancia al problema que las interpretaciones
teológicas de Schmitt, representan para el discernimiento adecuado de los elementos
irracionalistas de su obra.
Acto I: Fausto ante la Teología
“Todos los conceptos significativos de la moderna teoría del Estado son conceptos
teológicos secularizados.” (Schmitt en Aguilar (comp.), 2001: 43) Estas palabras de Carl
Schmitt, al comienzo del tercer capítulo de su obra
Teología Política
, parecen otorgar un
lugar preeminente a la teología en su desarrollo teórico. Esta idea, apoyada también por el
catolicismo intenso de Schmitt, ha sido aceptada por muchos estudiosos de la obra del
jurista alemán. Este es el caso, por ejemplo, del español Carlos Ruiz Miguel, quien llega a
afirmar que “aspectos centrales de su obra están elaborados sobre la base de conceptos
esenciales de la Teología católica” (Ruiz en Schmitt, 2000: XII).
¿Es correcto afirmar que los conceptos políticos esenciales de Carl Schmitt, tienen
su origen en la teología católica? Dar con una respuesta adecuada a esta interrogante,
requiere ahondar en la base de su filosofía política, es decir, en su concepto de lo político.
Éste es formulado por el jurista de Plettenberg del modo siguiente: “la distinción política
específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, es
la distinción de
amigo
y
enemigo
.” (Schmitt, 1991: 56) A primera vista ciertamente parece
posible asignar a esta distinción política una base católica. Las importantes dicotomías del
catolicismo Dios-diablo y cristiano-infiel, parecen reflejarse en los conceptos schmittianos
de
amigo
y
enemigo
. Mirado más de cerca, sin embargo, este reflejo se distorsiona
rápidamente;
amigo
y
enemigo
pueden hacerse derivar igual de fácilmente de oposiciones
como Aquiles-Héctor o Roma-Cartago.
Lo anterior parece indicar que la distinción
amigo
y
enemigo
carece de una base
simbólica definida. Esta sospecha puede ser confirmada recurriendo al propio Schmitt:
2
Otoño. Vol. II, No. 4, 2007
Voces y Contextos
“Los conceptos de amigo y enemigo deben tomarse aquí en su sentido concreto y
existencial, no como metáforas o símbolos” (Schmitt, 1991: 58). Así, A
migo
y
enemigo
derivan su sentido exclusivamente de su existencia; no dependen de ningún ámbito de
significación. Esta aproximación existencialista
1
del jurista alemán a su concepto de lo
político, niega en gran medida la posibilidad de considerar a la teología católica como su
origen.
Un segundo factor contribuye a afianzar esta negación: se trata de la irracionalidad
de la distinción
amigo
y
enemigo
. Para el jurista alemán, el “sentido concreto” de los
conceptos
amigo
y
enemigo
sólo se comprende en su conexión con la situación límite de la
guerra; es en ella donde “Los conceptos de amigo, enemigo y lucha adquieren su sentido
real por el hecho de que están y se mantienen en conexión con la posibilidad real de matar
físicamente.” (Schmitt, 1991: 63) Hasta aquí el concepto de lo político de Carl Schmitt
presenta coherencia lógica.
Amigo
y
enemigo
existen y se determinan a través de la guerra.
Sin embargo, el malogrado teórico de Plettenberg establece posteriormente en su
argumentación que “La guerra procede de la enemistad, ya que ésta es una negación óntica
de un ser distinto. La guerra no es sino la realización extrema de la enemistad.” (Schmitt,
1991: 63) De acuerdo a esta última idea, la guerra existiría y sería determinada por la
distinción
amigo
y
enemigo
. El Fausto católico se desentiende de la lógica racional e
invierte tranquilamente la estructura de su concepto de lo político.
Derivar la distinción
amigo
y
enemigo
de la guerra para invertir luego el proceso,
demuestra hasta que grado el gran jurista alemán hizo descansar ambas construcciones
teóricas en la irracionalidad. Schmitt evitó ofrecer una verdadera justificación racional,
respecto a la selección y utilización de estos dos conceptos políticos; simplemente hizo que
cada uno de ellos se apoyara en el otro para acreditar su razón de ser dentro de su modelo
teórico. En otras palabras, la elección de las dos construcciones que conforman su concepto
de lo político, obedeció al aspecto irracional de su teoría política. No existe ninguna lógica
racional detrás de ninguna de ellas dos:
“Schmitt logically might just as well have derived the concept of the political as the
distinction between Dryads and Naiads. In other words, there is no logic to such a
device. […] In Schmitt's work the use of the extreme situation was fundamentally
an irrational device (for insights cannot be rationally explained or derived)”
(Frye,
1966: 827).
Este aspecto irracional del concepto de lo político de Carl Schmitt choca
frontalmente con la racionalidad propia de cualquier teología, católica o de otro tipo. La
distinción
amigo
y
enemigo
y el pensamiento teológico, pertenecen a modos distintos de
interpretar la vida. La teología es hija de la modernidad y de su continúo proceso de
racionalización. Por el contrario, Los conceptos de
amigo
,
enemigo
y guerra, derivan su
existencia del mundo
encantado
2
de las formas míticas: “Lo que la vida humana tiene de
1
Sobre el existencialismo en la teoría de Schmitt, véase: Wolin, 1990: 389-416.
2
Uso aquí
encantado
en contraposición a la idea de
desencantamiento del mundo
de Max Weber.
3
Otoño. Vol. II, No. 4, 2007
Voces y Contextos
valiosa no proviene de un razonamiento sino que se produce en un estado de guerra dentro
de los participantes en la lucha, inspirados por grandes símbolos míticos.” (Schmitt en
Aguilar (comp.), 2001: 69)
Estas palabras de Carl Schmitt, extraídas de su exposición sobre la teoría política del
mito y derivadas de las
Reflexions sur la violence
de Georges Sorel, revelan la fuerte
relación entre el concepto de lo político del gran jurista y el mundo mítico irracional. La
guerra, y con ella los conceptos de
amigo
y
enemigo
, deviene de símbolos míticos y no de
la racionalidad. La teología, en su carácter de pensamiento racional, no tiene injerencia
dentro de la distinción política específica del vilipendiado hijo de Plettenberg. Así, al
menos por ahora, el último clavo en el ataúd de la afinidad entre teología católica y el
concepto de lo político schmittiano es colocado. El sarcófago donde duermen las nociones
teóricas de Schmitt relativas al mito, requiere ahora ser más ampliamente abierto.
Acto II: Fausto se adentra en tierras míticas
Ya se ha visto que para Carl Schmitt la actividad política se inspira en formas míticas. Sin
embargo, tampoco esta correspondencia esta sustentada lógicamente. Esto se hace obvio al
descubrir que también en esta aparente relación causal el sabio alemán utiliza su método
irracional-existencial de inversión: "the creation of a political or historical myth arises from
political activity, […] A myth arises only in the real war" (Schmitt en McCormick, 1998:
175). Como se desprende de este breve fragmento del
Politische Romantik
, el mito surge
exclusivamente en la guerra. Nuevamente Fausto-Schmitt hace de las suyas. Cada uno de
estos conceptos presupone y determina al otro, sin estar por ello unidos a través de nexos
causales racionales. Puede decirse que ambas partes simplemente existen
de facto
, los mitos
dependiendo de las guerras y viceversa. Al igual que con la distinción
amigo
y
enemigo
,
estamos aquí frente a un constructo irracional-existencial.
A pesar de su gran similitud con el concepto de lo político, dado que ambas son
construcciones teóricas irracionales y existencialistas, la estructura guerra-mito posee una
complicación adicional. Ciertamente la guerra puede ser entendida en un sentido existencial
como la capacidad real de matar al otro. Pero, ¿cuál es para Carl Schmitt la realidad
concreta existencial de un mito? En el interior del análisis que Victoria Kahn (2003: 83)
realiza sobre la obra del jurista germano,
Hamlet o Hécuba
, puede encontrarse la solución a
esta interrogante: “In his remarks on the tragic, we've seen that Schmitt emphasizes
indisputably real events and the necessity of shared historical reality, which he illustrates in
terms of myth and legend.” Así, la realidad concreta del mito schmittiano, su sentido
existencial, es el de ser a un mismo tiempo un evento real y una realidad histórica
compartida.
Para aclarar este sentido existencial del mito schmittiano y comprender como
interactúan dentro de él sus dos elementos constitutivos, resulta útil tomar en consideración
a Georges Sorel. La teoría política del mito soreliana constituye la base sobre la que
Schmitt elaboró sus propios elementos míticos. La realidad concreta del mito aparece por
ello en el intelectual anarcosindicalista en su forma más pura. En
Reflexions sur la violence
,
Sorel aborda el mito de la huelga general de la siguiente forma:
4
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“Las huelgas han engendrado en el proletariado los más nobles sentimientos, los
más hondos y los que más mueven; la huelga general los agrupa a todos en un
conjunto y, al relacionarlos, a cada uno de ellos le confiere su máxima intensidad; al
apelar a punzantes recuerdos de conflictos particulares, anima con intensa vida
todos los detalles del conjunto presentado a la conciencia.” (Sorel en Campderrich,
2005: 45)
Las relaciones que los dos aspectos existenciales mantienen entre ellos y con la
realidad concreta del mito, se perciben con nitidez en esta cita de Sorel. La huelga es un
evento real, en el que todo proletario puede llegar a participar. Por otro lado, los
sentimientos y vivencias que los obreros experimentan en las huelgas particulares, al
acoplarse progresivamente entre sí, dan nacimiento a una realidad histórica compartida. La
interacción de ambos elementos, la existencia fáctica de la huelga y el conjunto de
emociones y experiencias que se creen comunes a todo proletario, otorgan su forma
específica al mito de la huelga general.
El ejemplo de la huelga general ilustra con precisión las razones por las que el mito
soreliano-schmittiano, es a un mismo tiempo un evento real y una realidad histórica
compartida. Sin embargo, la realidad concreta de este mito posee un importante limitante
que es imposible pasar por alto. El sentido existencial del mito sólo puede existir en la
guerra; su doble aspecto como evento real y realidad histórica compartida, halla por tanto
su expresión específica exclusivamente en el conflicto y en la lucha. De esta manera, el
mito schmittiano es siempre un mito guerrero; su esencia se encuentra en la belicosa
distinción
amigo
y
enemigo
: “En Schmitt, la extensión y el enconamiento del antagonismo
político entre amplios sectores de la población se debe más a la rivalidad ideológica
condensada en mitos políticos” (Campderrich, 2005: 46).
A partir de este punto, el mito guerrero de Carl Schmitt se separa del de Georges
Sorel. Para éste, la distinción
amigo
y
enemigo
encuentra su expresión más poderosa en la
dicotomía proletariado-burguesía. Desde esta perspectiva del intelectual anarcosindicalista,
el mito guerrero supremo resulta ser el mito socialista. Schmitt, en cambio, cree en la
superioridad de una distinción política basada en la oposición entre
compatriota
y
extranjero
. Por esta razón, el malogrado hijo de Plettenberg apuesta por la primacía del
ignominioso mito nacional: “la energía nacional es más fuerte que el mito de la lucha de
clases. Los otros ejemplos de mitos contemporáneos mencionados por Sorel también
demuestran la superioridad del concepto nacional.”(Schmitt en Aguilar (comp.), 2001: 73)
Para comprender en todo su sentido, esta hegemonía del mito nacional en el pensamiento
de Schmitt, es necesario revelar su relación con otro aspecto irracional schmittiano: el
carisma.
Acto III: Fausto interpreta Hamlet
5
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La relación entre el mito nacional y el carisma en el pensamiento de Carl Schmitt es
poderosa. Para poder comprenderla adecuadamente, es indispensable en primer lugar,
profundizar en el estudio del carisma schmittiano. Este concepto fue incorporado por
Schmitt de la teoría de Max Weber, quizá el principal “padre intelectual” del jurista
alemán
3
. Su formulación clásica en la teoría weberiana es la siguiente:
“Debe entenderse por “carisma” la cualidad, que pasa por extraordinaria
(condicionada mágicamente en su origen, lo mismo si se trata de profetas que de
hechiceros, árbitros, jefes de cacería o caudillos militares), de una personalidad, por
cuya virtud se le considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas”
(Weber, 2002: 193).
El carisma es en el pensamiento de Weber, un desarrollo teórico inusual dadas sus
relaciones con la magia y lo sobrenatural. La manifiesta oposición que la dominación
carismática representa para la racional dominación burocrática, revela con claridad su
esencial carácter irracional. Dentro del racionalizado sistema teórico del gran sociólogo de
Erfurt, el carisma era un oasis de irracionalidad: “Just as Weber relativized everything in
sociology into rational types, so likewise his type of non-hereditary leader who attains
office as a result of "charisma" was purely irrationalistic.” (Lukács en McCormick, 1998:
176)
Esta irracionalidad weberiana marcó profundamente el pensamiento de Carl
Schmitt. Para comprender las razones de este hecho, resulta útil llevar a cabo una nueva
analogía literaria, esta vez entre Schmitt y Hamlet. Como le ocurrió al príncipe de
Dinamarca, el espectro de su “padre” apareció también frente al malogrado hijo de
Plettenberg. El aspecto irracional del pensamiento teórico de Max Weber. Éste describió a
Schmitt de un modo espantoso, el asesinato del espíritu del mundo a manos del inexorable
proceso de “desencantamiento” racional, cuyo pináculo es el capitalismo liberal. Schmitt
debía vengar este crimen.
Termina así esta breve alegoría. A través de ella ha querido expresarse, la fuerte
influencia que los aspectos irracionales de la teoría sociológica de Weber jugaron en la
conformación del pensamiento de Carl Schmitt. Incluso la enconada oposición del jurista
germano hacia el liberalismo puede rastrearse hasta ellos. Ciertamente el irracionalismo de
Schmitt no sólo se deriva de esta fuente; como se ha visto debe mucho al particular
acercamiento del jurista de Plettenberg al existencialismo. A pesar de esto, la irracionalidad
contenida en el modelo teórico weberiano ofreció a Hamlet-Schmitt, una de las armas más
poderosa para su “venganza” en contra del capitalismo liberal. La llave para acceder a este
instrumento, se encontraba en la dicotomía carisma-desencantamiento, tal como es
formulada por Max Weber en su clásica obra
La ética protestante y el espíritu del
capitalismo
:
3
Sobre esta relación maestro-alumno entre Weber y Schmitt: véase McCormick, 1998: 133-177; y Gómez,
1986: 99-102.
6
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“Nadie sabe quién ocupará en el futuro el estuche vacío, y si al termino de esta
extraordinaria evolución surgirán profetas nuevos y si se asistirá a un pujante
renacimiento de antiguas ideas e ideales; o si por el contrario, lo envolverá todo una
ola de petrificación mecanizada […] En este caso, los
<<
últimos hombres
>>
de esta
fase de la civilización podrán aplicarse esta frase:
<<
Especialistas sin espíritu,
gozadores sin corazón”
(Weber, 2005: 263–264).
Encontramos en este extracto la famosa metodología de los tipos ideales de Max
Weber. El gran sociólogo alemán la usa aquí para dar realidad concreta a las abstracciones
carisma y desencantamiento. El “último hombre” es el tipo ideal usado para personificar la
fase final del proceso de “desencantamiento” del mundo. Dada su condición de “soldado”
del capitalismo, es el
enemigo
de Schmitt. No puede ser por tanto el arma. Queda entonces
sólo el tipo ideal derivado del carisma. En la cita anterior, éste resulta ser nada menos que
el profeta, el tipo más puro de líder carismático de la teoría sociológica de Weber y por
trágica añadidura, el instrumento de “venganza” del hijo de Plettenberg.
¿Cómo uso Schmitt al profeta en su cruzada contra el liberalismo? Para dar
respuesta a este cuestionamiento, es necesario en primero lugar, conocer cuales son las
características esenciales del profeta que lo separan de los otros tipos de líderes
carismáticos weberianos:
“Con el nombre de “profeta” queremos comprender aquí un puro portador personal
de carisma, cuya misión anuncia una doctrina religiosa o un mandato divino. En
esto no queremos hacer ninguna distinción fundamental en cuanto a que el profeta
anuncie de nuevo una vieja revelación (real o supuesta) o que en el fondo aspire a
traer una nueva”
(Weber, 2002: 356).
Para Weber, el carisma del profeta es superior al de todos los otros líderes
carismáticos, debido a su especial misión divina y a su cercana conexión con las fuerzas
sobrenaturales. Su poder reside en su gran profecía, la revelación de verdades de carácter
ético-religioso. La fuerza avasalladora de la gran profecía se hace latente si consideramos
los nombres de aquellos a quienes Weber concede el título de profeta: Buda, Zarathustra,
Mahoma, Laotse, Jesús
4
. En última instancia, el carisma superior del profeta proviene de su
naturaleza intima. Todo profeta es una herramienta divina, “un instrumento manifiesto de
un dios cuya voluntad anuncia” (Weber, 2002: 361).
Para Weber, los profetas desaparecieron hace mucho tiempo. Carl Schmitt, sin
embargo, creyó posible traerlos al siglo XX. Era esta su estrategia para destruir al
liberalismo. Para tener éxito en esta empresa de resurrección carismática, pensó necesario
recrear las condiciones de la dominación carismática prerracional y al mismo tiempo crear
una nueva revelación, una gran profecía con la que su profeta pudiera derribar las
instituciones liberales. La relación entre carisma y mito político es por fin revelada. Ambos
conceptos integrantes de su “teología política” responden, como se verá a continuación,
4
Para profundizar en la figura del profeta weberiano, véase: Weber, 2002: 356–368.
7
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precisamente a esta tentativa. Fausto se despoja de los ropajes de Hamlet; su lejanía con
Dios, ya es muy grande.
Acto IV: Nace Homúnculo
Llamaremos al profeta de Carl Schmitt, Homúnculo, por haber sido creado
artificialmente. El jurista germano requería para su nacimiento, como recién se ha dicho, de
la conjunción de dos circunstancias: la recuperación de las condiciones de la dominación
carismática prerracional y la construcción de una revelación profética. Comenzare por
abordar la primera de ellas. De acuerdo a Max Weber, “la dominación carismática es de
carácter específicamente
extraordinario
y
fuera de lo cotidiano
; representando una relación
social rigurosamente personal, unida a la validez carismática de cualidades personales y a
su
corroboración
.” (Weber, 2002: 197) Encontramos aquí los requisitos indispensables de
toda autoridad carismática: carácter
extraordinario
, relación social personal, cualidades
personales carismáticas y
corroboración
.
La primera condición, el carácter
extraordinario
de la dominación carismática, es la
más importante; la autoridad carismática existe sólo fuera de la normalidad, rechazando
todo compromiso con lo cotidiano. Por
esta razón, para que Schmitt pudiera recrearla,
tenía que encontrar en primer lugar un medio efectivo para acceder a lo excepcional. El
gran jurista alemán tuvo éxito en este empeño. Logró desarrollar un método para tener
acceso a lo
extraordinario
: su concepto decisionista de soberanía. Schmitt da comienzo a su
obra
Teología Política
, con la lapidaria enunciación de este principio teórico: “ES
SOBERANO QUIEN DECIDE el estado de excepción.”(Schmitt en Aguilar (comp.), 2001:
23) El sabio germano pretende a través de esta definición, liberar al soberano del
compromiso con lo cotidiano; convertirlo en una fuerza que exista siempre fuera de la
normalidad pero que al mismo tiempo influya en ella, a través de su poder sobre el estado
de excepción:
“Schmitt thus defines sovereignty as a "borderline concept" (Grenzbegriff),
localized in the "outermost sphere." Because its place lies beyond the space of
normality, sovereignty corresponds to an abnormal time. And, since the framework
of normality cannot be broken open from within, the state of exception must be
declared by a person coming from the outside who interrupts the line of
continuity.”
5
(Bredekamp et al., 1999: 252)
Como los grandes profetas de la antigüedad, el soberano schmittiano es una fuerza
externa que irrumpe en la continuidad del mundo y la transforma. Su legitimación descansa
en su control del estado de excepción, a un tiempo fuente de su carisma y
corroboración
de
su conexión con los poderes sobrenaturales. Esta situación explica el que para Schmitt, “el
estado de excepción tiene un significado análogo al del milagro en la teología.” (Schmitt en
Aguilar (comp.), 2001: 43) Del mismo modo en que los milagros realizados por los grandes
5
8
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profetas demostraban su conexión divina, el estado de excepción revela el carácter
sobrehumano del soberano; sin él su autoridad se desvanece: “sin corroboración carismática
y esto quiere decir, normalmente, mágica, pocas veces un profeta logró autoridad.” (Weber,
2002: 356-357)
El soberano y el estado de excepción están conectados por la decisión. Para el
jurista alemán, ésta depende exclusivamente de la voluntad y la acción del soberano. Esta
conceptualización de Schmitt equipara la decisión a las cualidades personales carismáticas
propias de todo profeta: “en su aspecto material rige en toda dominación carismática
genuina la frase:’estaba escrito, pero yo en verdad os digo’” (Weber, 2002: 195). Las
cualidades carismáticas del profeta le permiten ser completamente independiente, de
cualquier consideración normativa generada en la normalidad. De esta misma manera,
“desde un punto normativo la decisión nace de la nada” (Gómez, 1986: 54). Es decir,
tampoco depende de la normatividad surgida en compromiso con lo cotidiano. Así, que el
soberano sea capaz de decidir en relación al estado de excepción da cuenta inmediata de su
gran carisma.
El concepto decisionista de soberanía de Carl Schmitt recupera de este modo tres de
las condiciones de la dominación carismática prerracional: carácter
extraordinario
,
cualidades personales carismáticas y
corroboración
. Puede profundizarse ahora en la
noción teórica del sabio de Plettenberg que recrea al requisito faltante de la autoridad
carismática, la relación social personal. Este principio conceptual es
la representación
. En
su obra
Catolicismo y forma política
, Schmitt la formula de la siguiente manera:
“la idea de representación (Repräsentation) se halla tan dominada por el
pensamiento de una autoridad personal que tanto el representante como el
representado deben afirmar una dignidad personal […] En un sentido eminente, sólo
una persona puede representar, y ciertamente […] sólo pueden hacerlo una persona
que goce de autoridad o una idea que, en la medida en que sea representada, quede
personificada” (Schmitt, 2000: 26).
Como puede apreciarse, la representación schmittiana es una representación “desde
arriba”. El representante y el representado se encuentran en una constante comunión
personal. Sin embargo, el representado debe ser siempre una persona o una idea con una
jerarquía superior a la del representante. Esta última noción se coloca en franca oposición
con la representación liberal: “This idea of representation differs from liberal and
quantitative notions of representation at work in electoral politics, where the representative
stands for the number of people who have voted for him or her from ‘below.’” (Kahn,
2003: 72-73)
Esta representación “desde arriba” recuerda la idea del profeta como instrumento de
dios. El representante anuncia también la voluntad de una autoridad superior. La relación
personal que surge entre ambos es tan fuerte que termina por extenderse también hasta el
9
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destinatario, “el tercero al que se dirigen.” (Schmitt, 2000: 26)
6
Este mismo fenómeno
puede observarse en el caso del profeta: “Cuando su profecía tiene éxito, el profeta
consigue auxiliares permanentes […] los cuales, al contrario de los sacerdotes y adivinos,
pertenecientes a un gremio […] están unidos a él de un modo puramente personal.” (Weber,
2002: 364)
De esta manera, la representación schmittiana recrea la relación social personal
entre líder carismático y “adeptos”. La última condición de la dominación carismática es
recuperada así por Schmitt. Mediante el uso de sus principios teóricos, el concepto
decisionista de soberanía y la representación “desde arriba”, el fausto católico consiguió la
primera circunstancia requerida para dar nacimiento a su homúnculo. Restaba únicamente
encontrar una revelación profética que tuviera la fuerza para derribar a las instituciones
liberales. La búsqueda no resultó complicada.
Para Schmitt, el mito nacional es la única profecía capaz de enfrentar al liberalismo:
“Hasta el momento sólo existe un caso de eliminación desdeñosa de la democracia y el
parlamentarismo mediante la apelación deliberada al mito, y ese fue un ejemplo de la
fuerza irracional de un mito nacional.” (Schmitt en Aguilar (comp.), 2001: 73) De esta
manera, el carisma del homúnculo procedía del mito guerrero nacional de Schmitt. El dios
cuya voluntad anunciaría este profeta, era la nación misma. Pero, ¿cuál era esta voluntad?
Es momento de profundizar
en el mito nacional de Carl Schmitt.
Como se ha dicho antes
7
, el mito político schmittiano se basa en la oposición entre
compatriota
y
extranjero
. Es necesario ahora descubrir su contenido específico. Para
lograrlo resulta útil recurrir al infame texto de Schmitt,
El “Führer” defiende el derecho
.
Los mandamientos de la profecía creada por el jurista alemán aparecen aquí en su claridad
terrible. El primero de ellos se refiere al soberano, quien es “juez supremo en su capacidad
de líder.” (Schmitt en Aguilar (comp.), 2001: 115) El Homúnculo está por encima de la ley;
en el descansa el poder de decidir quien es
amigo
y quien
enemigo
,
compatriota
y
extranjero
.
El segundo mandamiento, establece que el soberano “No está sometido a la justicia
sino que constituyó en sí la más alta justicia.” (Schmitt en Aguilar (comp.), 2001: 115) Es
ésta una reformulación del derecho del soberano para decidir sobre el estado de excepción.
El homúnculo no se encuentra dentro del sistema legal, existe en su exterior, controlándolo
con su decisión carismática. El tercer mandamiento corresponde al principio de
representación “desde arriba”: “en nuestra nación sólo existe un portador de la voluntad
política, el Partido Nacionalsocialista.” (Schmitt en Aguilar (comp.), 2001: 118) La idea
personificada de nación, el dios escogido por Schmitt, encuentra su representante sólo en el
homúnculo, en este caso el partido nazi. El pueblo no es más que un destinatario pasivo.
Finalmente, el último mandamiento remite al concepto de lo político de Schmitt: “En un
6
Este destinatario es precisamente el “ciudadano” que vota del liberalismo. Al asignarle este nombre, Schmitt
lo despoja intencionalmente de toda capacidad de acción política.
7
Ver Cifra, pág. 8.
10
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caso de extrema necesidad, el derecho supremo debe probarse y se alcanza el más alto
grado de realización vengadora de este derecho” (Schmitt en Aguilar (comp.), 2001: 116).
En manos del homúnculo está siempre la posibilidad de la guerra real; en caso de necesidad
no debe dudar en desatar su furia vengadora.
Gracias a la profecía-mito político formada por estos mandamientos, Schmitt logró
satisfacer la segunda condición necesaria para dar vida a su Homúnculo. Sin embargo, su
particular recuperación de las condiciones de la dominación carismática prerracional y su
radical revelación profética, no trajeron a la vida a un profeta weberiano sino a una terrible
monstruosidad: el profeta-dictador. Ciertamente esta aberración es capaz de pulverizar al
liberalismo, como lo muestra su principal advocación, Adolfo Hitler; no obstante, el precio
pagado por ello es demasiado alto. El poder sin límites concedido por Schmitt a su
homúnculo, conduce a los campos de concentración y a la muerte de incontables hombres
en la guerra; lleva a la locura y a la perdida de la libertad, la igualdad y la seguridad. Fausto
ha creado un camino al absoluto vacío existencial.
Acto V: Fausto y Mefistófeles
Hemos terminado así, con el recorrido por los aspectos irracionales de la teoría
política de Carl Schmitt. Seguir a este Fausto ha sido una senda espinosa y traicionera. Sin
embargo, han surgido de ella importantes conclusiones. En primer lugar, las principales
nociones teorías de Schmitt ofrecen una estrecha relación con la irracionalidad. Su
concepto de lo político, su representación “desde lo alto”, y su concepto decisionista de
soberanía presentan una fuerte relación con aspectos existencialistas, míticos y
carismáticos.
La influencia de Georges Sorel y de Max Weber en el pensamiento de Schmitt es
también destacable. El mito político del anarcosindicalista y la noción de carisma del gran
sociólogo alemán, fueron piezas claves para sus elaboraciones teóricas irracionales. No
obstante, el jurista alemán realizó alteraciones importantes en las teorías de ambos autores.
El resultado fue trágico. Los principios políticos así desarrollados por Schmitt,
contribuyeron sin duda a la espantosa “’nightmare’ of "irrationalist existentialism" that was
twentieth-century totalitarianism” (McCormick, 1998: 176).
Pesadilla del “irracionalismo existencialista” es ciertamente un nombre adecuado
para la terrible figura a la que dio nacimiento su modificación de los conceptos de Sorel y
Weber. El profeta-dictador se eleva aún ante nosotros como un espantoso recordatorio del
indómito poder que fluye a través de la irracionalidad. Tratar de controlar este poder, como
Fausto trató de controlar a Mefistófeles, fue lo que llevó a Carl Schmitt a hundirse en la
infamia. A pesar de este aciago destino, el gran jurista alemán ha ganado con merecimiento,
como lo hizo también el doctor Fausto, un lugar en la imaginación de los hombres gracias a
su brillante y polémico intelecto.
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