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Entrevistas
1
“En la academia no hay algo que esté reñido con el compromiso y por eso
mismo no se vale la “academicitis” donde no hay lugar con el compromiso.
La academia puede ser comprometida, pero lo que se pide es que no se pase
del “hecho” al “debe” y, sobretodo; se salve la proposición del prójimo”.
Entrevista a Javier Prado Galán.
Por Dulce Libertad Venegas y Daniel Miguel Juárez
TEMA.
Compromiso Social Universitario.
Javier Prado Galán, S.J., es Licenciado en Filosofía y Ciencias Sociales por el Instituto
Libre de Filosofía, Licenciado en Teología por el Colegio Máximo de Cristo Rey, Maestro
en Filosofía por la Universidad Iberoamericana y Doctor en Filosofía por la Universidad
Nacional Autónoma de México.
Ha sido maestro del Instituto Libre de Filosofía y Ciencias,
A.C., Guadalajara, Jal. (1992-1997) y de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México
(1998-2003) donde a la fecha es Vicerrector Académico.
Ha publicado
Ética sin disfraces.
Una aproximación a la antropología, la cultura y la ética
de nuestro tiempo.
Ética, profesión y medios.
La apuesta por la libertad en el éxtasis de
la comunicación, Globalización y ética: Moral indolora y disolución de los valores en
Hamui-Halabe
(comp.)
Efectos sociales de la globalización y Fernando Savater: grandeza
y miseria del vitalismo
y Salomón en la Encrucijada, además de numerosos artículos en
las revistas
Acequias, Magistralis, Arteletra, Brecha,
etc.
1.- ¿En qué momento de su vida académica conoce la obra de Ignacio Ellacuria?
R
. Fue en el año de 1985 cuando estudiaba Filosofía. En ese año, habían salido extractos del
libro
Filosofía de la Realidad Histórica
de Ellacuría que leímos durante el periodo de formación.
La
otra forma de acercarme a Ellacuría, fue a través de la obra de Xavier Zubiri, el filósofo
vasco, cuya idea central era el
reísmo.
Ellacuría fue alumno de Zubiri, de hecho, el libro
Filosofía
de la Realidad Histórica
es una recuperación de Zubiri para Latinoamérica. A este último lo
leímos, si mal no recuerdo, con Alberto Navarro en un curso de Filosofía de la Historia donde
hicimos un recorrido de Hegel, Marx, Freud y terminamos en Habermas y Ellacuría;
precisamente con su libro
La Realidad Histórica
. Ahí tuve contacto con la obra de Ellacuría, justo
cuatro años antes de su asesinato. Cuando lo asesinan, yo estaba en el magisterio en Oaxaca.
También tuve otro contacto con Ellacuría gracias a un artículo largo, un ensayo que se titula
Introducción a la Antropología Filosófica
; además, en el curso de Antropología Filosófica —que
era netamente zubiriano— seguíamos casi al pie de la letra todo lo que Zubiri decía en el libro
sobre el ser humano. La introducción la hacíamos desde el ensayo de Ellacuría porque era un
hombre muy esquemático, sabía poner de una manera muy sintética los planteamientos de
Zubiri, principalmente sobre cuatro aspectos muy particulares del ser humano: la dimensión
positiva, la cualitativa, la trascendental y la histórica, relacionándolos con las propuestas de
Zubiri… pero yo diría que el contacto con su obra se da desde 1985.
Entrevistas
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2.- En un texto titulado
La Universidad, Derechos Humanos y mayorías populares,
Ellacuría propone dos tareas que deben ser realizadas por la Universidad (se comprende
tanto pública como privada); “
la formación de técnicos, así como la transmisión de esos
saberes técnicos a la sociedad y la formación de élites dirigentes”,
ante estas dos tareas
¿cuál es la posición de La Universidad Iberoamericana?
R
. Sobre la formación de profesionistas hemos insistido mucho en que éstos salgan bien
preparados, situación que me ha llevado, como vicerrector, a impulsar el trayecto, estancia
y
salida de los estudiantes con sumo cuidado; de tal modo que, incluso las posibles desventajas
que presenta la Opción Cero puedan ser superadas con estas medidas. Entre ellas, el examen
de salida —aplicado por el CENEVAL— en las carreras en las que se ha podido emplear, con la
finalidad de asegurar que los elementos teóricos que adquieren los estudiantes les sirvan de
base para que sean más competitivos en sus áreas profesionales. Por otra parte, en lo que
respecta a la práctica, he instruido a una de las misionales para se encargue de diagnosticar
cómo están las prácticas profesionales y corregir posibles inconsistencias en todas las carreras y
disciplinas, de manera que estas prácticas refuercen y complemente la base teórica y en
consecuencia,
nuestros alumnos salgan bien preparados.
Ahora, ¿cómo asegurar que los valores de la Iberoamericana se los lleven los muchachos al
trabajo, al mercado famoso? No hay manera de asegurarlo total y cabalmente, pero en las áreas
de Formación Integral y Servicio Social que son co-curriculares, se trabaja para asegurar que los
egresados no sólo vayan bien preparados en su área, sino que además ejerzan su profesión con
un nivel académico, con un nivel educativo, entendiendo por nivel educativo todo lo tiene que ver
con una formación integral y que es lo que se pretende como visión universitaria. Pero también lo
que se quiere lograr con el servicio social en los muchachos es no sólo la clarificación de los
valores, sino también la sensibilización social. Sabemos que son muchachos de extracción alta,
el trabajo es contracorriente, es contracultural, con esto espero contestar la primera parte
de lo
que Ellacuría llamaba “la formación de saberes técnicos.”
Por la otra parte, la formación de dirigentes, es un poco más compleja. Esto se debe a que
la
Universidad Iberoamericana no da un seguimiento personalizado de sus egresados, sino más
bien este seguimiento es indirecto, mismo que se hace a través de la oficina de egresados. Con
este seguimiento uno estaría atento de que estos muchachos ejercieran su liderazgo, que de
alguna forma es responsabilidad de la formación integral cuando estudian en la universidad. Aquí
sí le toca a la Iberoamericana el impulsar el liderazgo de los muchachos, que vayan adquiriendo
las cualidades de lideres, por tal motivo en los nuevos planes de estudio hemos tratado de
incorporar nuevas competencias, trabajo en equipo, etcétera, para que los muchachos no sólo
adquieran los conocimientos de su profesión sino que, a través de esas competencias, una de
ellas el liderazgo, aseguremos que los muchachos sean formados. No tenemos un programa
concreto de formación de líderes, aunque a través de COPSA hay algo de sociedades de
alumnos, y también a través de la Dirección General Universitaria. Pero si tenemos en los planes
de estudios la insistencia de que los muchachos sean formados como líderes, eso atendería un
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poco la inquietud de Ellacuría, las famosas competencias genéricas que están incorporadas a los
planes de estudio.
3.- Ellacuría tenía muy en claro la dificultad de la estructura universitaria en relación a
otros sectores de la sociedad, “
el separarse lo más crítica y radicalmente posible de las
exigencias del sistema en la cual vive y que de algún modo se ve obligada a servir
” y por
otro lado; “
volcarse al servicio liberador de las mayorías oprimidas
”. Ante esta
encrucijada, cuál es la situación de la Universidad Iberoamericana para con las
minorías
oprimidas
.
R
. Yo digo que toda universidad privada o pública debe ser como dice Derridá: “Universidad sin
condición”; debe ser, no digo que sea, pero quisiéramos que fuera. Para que pueda ser sin
condición tiene que decir su palabra libremente en la sociedad, pero eso, obviamente, acarrea
conflictos, entonces la separación de la que habla Ellacuría es necesaria; la universidad debe ser
crítica de lo que está pasando. Yo creo que en la actualidad, sí hay una crítica en la universidad,
se está buscando una manera de que la universidad supere estas fuerzas que están
secuestrando su palabra y que, de alguna manera, hacen que no cumpla con la función de
compromiso social que debe de tener. Pero así como la universidad es una fortaleza asediada,
resulta ser, hoy por hoy, uno de los pocos lugares donde se puede tener cierta autonomía y
autenticidad respecto de lo que está pasando en el mundo. Uno piensa en la iglesia, en la
sociedad de masas, en los políticos e inmediatamente en los inconvenientes que tienen estas
fuerzas sociales para hablar críticamente sobre lo que pasa en Pakistán, Birmania o México.
Entonces la universidad juega un papel o debería jugar un papel como lo señala Derridá y
Ellacuría; debe de tener un compromiso con la liberación. Pero hay que aclarar algo, el
compromiso con la liberación se puede ideologizar de tal manera que la universidad pierda
libertad, es decir, yo puedo politizar la universidad desde la rectoría o desde un departamento
determinado, entonces puedo perder libertad, situación que nos lleva a la discusión sobre el
tema de la neutralidad ideológica que, creo, es la siguiente pregunta.
4.- Desde la perspectiva teórica, Max Weber por ejemplo, siempre dejó claro las funciones
típicas de la actividad académica y política (“
La ciencia como vocación y la política como
profesión
”), Ellacuría, por su parte, propone involucrar el trabajo académico con otros
sectores de la sociedad, principalmente a los sectores que él denomina las “mayorías
oprimidas”, en una mezcla de teoría y praxis. Esta posición lleva sin duda a una
politización de la universidad, ¿Se tiene que politizar la universidad para comprender a los
sectores de la sociedad menos favorecidos?
R
. Como tu ya bien lo señalas, en Max Weber la palabra politizar tiene un sentido peyorativo,
puede significar “vender el alma al diablo” desde la rectoría o algún departamento. Si los
directivos le “venden su alma al diablo” ya no hay esa posibilidad de crítica ni a unos ni a otros, ni
a propios ni a extraños, así que cuando se habla de politizar, y más en una universidad, yo no
creo que el aula se debe convertir en un lugar de adoctrinación, sino en un lugar de análisis
objetivo de las cosas, pero si yo analizo las cosas objetivamente es obvio que las pasiones se
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desaten, porque si yo digo, en una clase de economía, que las cifras que da el gobierno sobre el
número de pobres, por ejemplo, no son confiables, puedo desatar molestias y pasiones de la
gente que quiera defender los intereses del gobierno o al revés, de los que quieran denostar al
gobierno. Entonces lo que señala Weber es válido, como lo que señala Ellacuría, por que en un
análisis objetivo de las cosas se pueden desatar las pasiones, pero lo que no se debe perder es
la objetividad científica. Caso Venezuela, yo voy a analizar Venezuela, pero si ya de antemano
estoy peleado a muerte con Hugo Chávez, es seguro que no diré objetivamente cómo están las
cosas. Nos llevaría a decir unas cosas y a pasar por alto otras, por ejemplo; no mencionar en el
proceso democrático el hecho, basado en un artículo que leí ayer en Proceso, que Cristina
Fernández Kichner vive con muchos lujos, mientras su esposo Néstor Kichner simpatice
popularmente en su país. En un análisis objetivo no puedo negar que a Cristina le gusten los
lujos, por lo que lo único que haría en un análisis académico es traicionarme. La neutralidad
ideológica de la que habla Weber o entender la política como vocación son cuestiones válidas, lo
que no es válido es prostituir e ideologizar las cosas de manera que perdamos de vista todos los
elementos y todas las causas estructurales del fenómeno que estamos planteando. Yo creo que
Ellacuría estaría de acuerdo en que no caigamos alegremente en lo que David Hume llamaba, la
falacia naturalista
, donde no es válido pasar de un “es” a un “debe”, del hecho al juicio de valor,
de la descripción a la prescripción. O sea, no se vale que yo diga: la Universidad Iberoamericana
está llena de alumnos ricos, por lo tanto es una Universidad elitista. Pasaste de un hecho que es
cierto, que hay alumnos ricos, a que es una universidad elitista, entonces, uno siempre tiene que
hacer el ejercicio en el aula de no caer en la falacia naturalista que señalaba Hume. No quiero
decir que hay una neutralidad pura, siempre va a haber juicios de valor, pero que uno respete
siempre los hechos, el análisis de la realidad, que es lo que decía Ellacuría. En el fondo sólo
estoy diciendo lo que San Ignacio ya ha dicho: “hay que salvar la proposición del prójimo antes
que condenarla”. O sea, yo puedo decir que “tal, es un tal por cual”, no salve la proposición del
prójimo, yo te di su versión, lo que se alega en esos casos es que no se escucha su versión, y ya
que se escucha la versión entonces se puede condenar la proposición, ese es el ejercicio
académico.
En la academia no hay algo que esté reñido con el compromiso y por eso mismo no se vale la
“academicitis” donde no hay lugar con el compromiso. La academia puede ser comprometida,
pero lo que se pide es que no se pase del “hecho” al “debe” y, sobretodo; se salve la proposición
del prójimo.
5.- A diecisiete años del asesinato de Ellacuría, cuáles de sus proposiciones académicas,
políticas o teóricas son congruentes con la realidad de América Latina o México?
R
. Se podría hacer un análisis más detallado porque Ellacuría destacó como filósofo,
universitario y político, sus facetas son muchas. Yo me quedaría con su testimonio, él es un
mártir, mártir quiere decir a la letra
Testigo de la verdad
, y él fue un testigo de la verdad, de lo
que él creía que era la verdad, motivo por el cual dio su vida y sólo por este hecho todo lo que
dijo tiene mil veces más fuerza de lo que yo pueda decir. Quizá no estemos de acuerdo con su
análisis marxista de las cosas pues, en ocasiones y desde mi punto de vista, exagera en algunos
de sus escritos políticos; por ejemplo, cuando habla de la universidad, en ocasiones él dice
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cosas
con las que
no estaríamos de acuerdo desde un análisis u otro. Un funcionalista no
estaría de acuerdo con lo que está planteando, por ejemplo el análisis genético estructural
marxista, pero, repito; lo que él dijo es lo que queda, porque su palabra tiene el respaldo de su
sangre, cosa que no tiene otra palabra. Ahora, ¿que se equivocó?, bueno, no se sí se equivoca,
pero en general yo digo que queda ese compromiso social y humano, aunque hay cosas en su
filosofía en las que yo no estoy de acuerdo. Por ejemplo, él dice que la realidad de la que habla
Zubiri es la realidad histórica, yo no lo creo, yo digo que la realidad, filosóficamente hablando, es
más abarcante que la realidad histórica; para mí, la realidad histórica es una concreción de la
realidad filosófica como en Zubiri. Para él no, para él la realidad por antonomasia es la realidad
histórica. Esta reducción de la realidad no la acepto. Ahora, no estoy diciendo que lo que él está
diciendo no sea inteligente, que lo
histórico tiene una preeminencia en este momento, en el
Salvador la tuvo. Lo que estoy diciendo es no desacreditar el pensamiento de Zubiri desde otros
planteamientos, porque en realidad lo que hace Ellacuría es estar leyendo mucho cuestiones de
sociología, marxismo etcétera, y mezclarlo con el pensamiento de Zubiri, y es donde yo puedo
estar en desacuerdo, pero este hecho no deja de ser secundario ante lo que acabo de decir de
su compromiso como universitario, político y filósofo en una realidad que era, como todos
sabíamos, revolucionaria.
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