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REVISTA ARGENTINA DE SOCIOLOGÍA - AÑO 9 Nº 17 / AÑO 10 Nº 18 - ISSN 1667-9261 (2013)
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Medios y gobiernos populares en América Latina.
Apuntes para una discusión
Florencia Saintout
Presentación
En los últimos años han surgido gobiernos populares en la Región que, como
ha dicho en varios discursos la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, “se pa-
recen a sus pueblos”, en clara alusión a que representan los intereses de las mayorías
y no los de las corporaciones al servicio de la reproducción del capital para unos
pocos. Estos gobiernos son definidos como populistas de izquierda. Sin embar-
go, a pesar de que ha habido una reivindicación teórico/ política de la categoría
populismo, que se debe especialmente al trabajo de Ernesto Laclau (donde para
simplificar de modo extremo se podría decir que rescata la categoría de su estig-
ma: populismo igual a vaguedad, mera retórica, barbarie, irracionalidad, pérdida de
las decisión individual) sigue persistiendo una fuerte tradición que a lo largo del
tiempo ha sido utilizada del concepto peyorativo de populismo, tanto por las de-
rechas como por ciertas izquierdas (que a veces se acercan demasiado). Así, cuando
se ha hablado de populismo se lo ha hecho para negar la capacidad de los pueblos
de forjar sus destinos, denigrándolos en una condición de masas amorfas que pue-
den ir a cualquier lugar llevadas por un líder, generalmente visto como autoritario.
Lo que se desconoce al hablar del populismo desde una matriz denigratoria,
que persiste más allá de los esfuerzos críticos que mencionaba, es la capacidad
de articulación del Estado a través de unos líderes de las demandas particulares
en una voluntad colectiva de acción para la transformación, que constituye un
nuevo sujeto político histórico, que se va a llamar pueblo.
Por esa persistencia es que tal vez ni valga la pena seguir insistiendo con la
categoría de populismo y sí reafirmar el carácter popular de estos gobiernos ele-
gidos democráticamente por las grandes mayorías, que se hacen cargo no sólo de
satisfacer sus demandas sino de construir un nombre común que las articula y las
potencia habilitando la ubicación en un pasado juntos para un futuro compartido.
Que vuelven a refundar la nación luego de décadas de neoliberalismo pero a par-
tir del reconocimiento de las diversas luchas populares y sus puntos de encuentro.
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En este sentido América Latina, luego de la llamada
década perdida,
recupera
su historia combatiendo las políticas neoliberales de las décadas anteriores y sus
consecuencias. Enlazando antiguas luchas (por la tierra, por los derechos étni-
cos, por la unidad de la región, por la justicia social, por los derechos humanos)
se van consolidando gobiernos que tienen como horizonte al menos alguna o
todas de las siguientes cuestiones (De Moraes,
2010
):
– Una crítica del neoliberalismo y una posición antiimperialista en pos de una
política de soberanía nacional;
– El combate a la pobreza a través de la inclusión social con un criterio de
universalidad progresivo;
– El objetivo de una redistribución más justa de las riquezas, tanto materiales
como simbólicas;
– Una política de unión sudamericana y regional;
– La reafirmación de verdad, memoria y justicia como política de derechos
humanos.
Todo sucede a través de procesos de articulación horizontal de las luchas de
resistencia al neoliberalismo que se venían dando de manera fragmentada y, al
mismo tiempo, de un proceso de articulación vertical que tiene en el Estado su
eje vertebrador.
Estos gobiernos populares y progresistas, que algunos llamarán la Nueva Iz-
quierda (Natanson,
2008
) se enfrentan con dureza a los grandes actores cor-
porativos que durante años se habían ido forjando al amparo del avance de un
capitalismo feroz sin ningún tipo de regulación o límite. Entre estos actores
están las corporaciones mediáticas constituidas en la mayoría de los casos como
grandes monopolios de la información y del entretenimiento.
La avanzada de gobiernos que restituyen derechos políticos, sociales, cultura-
les, incluso sexuales es vista por los grandes monopolios mediáticos como una
gran amenaza. Y esto tiene claramente su explicación en el hecho de que estos
monopolios, en ocasiones oligopolios, aliados a todo tipo de corporativismo de
las derechas, habían sido los que durante los años de despojo marcaban las agen-
das de discusión de los pueblos construyendo la llamada opinión pública, esta
que se asume como verdad desconociendo su historicidad, es decir, su carácter
de construcción desde el poder de imprenta que en el capitalismo no es otro
que el poder de empresa. Entonces, cuando los gobiernos populares ponen al
desnudo esa realidad desenmascarándola como ilegítima, y proponen agendas
desde la política, estos medios reaccionan con mentiras, injurias y actitudes cuasi
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medios y gobiernos populares en américa latina. apuntes para una discusión
mafiosas. Lo que aparece en juego es la disputa por quiénes son los que go-
biernan: si es la política o el mercado con nombre de medios de comunicación.
En este sentido, no hay que pensar que cada conflicto entre Estado y me-
dios es un hecho aislado o el conflicto entre un presidente y un periodista con
nombre propio como tratan de plantearlo, sino que asistimos en América Latina
a un momento de la historia donde la derecha se presenta travestida de medios
de comunicación y libertad de expresión, ocultando en ese vestido (y por eso
es tan importante ponerla al desnudo) su afán de reducir el Estado a su función
represiva y rematar los logros obtenidos en esta década ganada para las mayoría.
Se pregunta Ernesto Laclau (Laclau,
2005
, p.
43
): “¿qué ocurre si una afirma-
ción apela a reconocer algo que está presente en la experiencia de todos pero
que no se puede formalizar dentro de los lenguajes dominantes existentes?”
“¿puede una afirmación semejante –que sería como en San Pablo locura para
los griegos y escándalo para los gentiles– ser reducida a una mentira por ser in-
conmensurable con las formas existentes de racionalidad social? Laclau ve en esa
capacidad de pregunta lo que podría ser el nacimiento de una verdad al romper
con la coherencia de los discursos existentes.
Pues bien, lo que está sucediendo en nuestra región tiene que ver con la
afirmación desde la política de algo que estaba presente en la experiencia de
todos, pero que no se podía formalizar en el lenguaje dominante existente
diseñando,
amasado
, por las industrias culturales concentradas y al servicio del
neoliberalismo. ¿Cuál es esa afirmación? La de que los medios hegemónicos no
sólo ocultan parte la realidad de los pueblos, sino que la modelan de acuerdo a
sus mezquinos intereses privados y que incluso son capaces de mentir desver-
gonzadamente.
¿Cuál es la verdad que empieza a nacer? La conciencia de que la información
no puede reducirse a un bien que se compra y se vende en el mercado, sino que
debe ser entendida como comunicación y esta como un derecho inalienable de
los pueblos. Lo cual es muy difícil de aceptar para aquellos que durante años se
creyeron los dueños de todas las cosas, incluso de los relatos de todas y todos.
Hay aquí un conflicto central.
Procesos en algunas naciones de la región
En las últimas décadas los gobiernos populares en América del Sur se han
enfrentado de una manera o de otra al poder corporativo de las grandes empre-
sas mediáticas. En algunos casos, estas empresas a la vez tienen una historia de
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complicidad e incluso responsabilidad directa con crímenes de Lesa Humanidad
cometidos durante las últimas dictaduras en el Cono Sur. Tal es el caso del gru-
po
Clarín
o
La Nueva Provincia
en Argentina, que han sido acusados legalmente
por delitos concretos.
1
Otro ejemplo es el del diario
El Mercurio
, en Chile. Para ver claramente esa
complicidad en la historia reciente se recomienda el documental
La espiral
,
escrito por Armand Matelart, Jacqueline Meppiel y Valerie Mayoux, que se ha
constituido en un documento insoslayable de denuncia del papel jugado por el
diario
El Mercurio
en el derrocamiento de Allende (realizado entre
1974
y
1975
,
se estrenó en Francia en
1976
y en Chile recién en
2006
.)
Son comunes en casi todos los países de la región las cataratas de sustantivos
descalificadores que los periodistas de los medios más poderosos dedican día a
día los dirigentes elegidos con el voto de las mayorías: dictadores, incapaces, ye-
gua (en el caso de la presidenta argentina), coya maldito e ignorante (en el caso
del presidente boliviano).
2
(
2
). Llevan permanentemente adelante operaciones
desestabilizadoras y en ocasiones han ido incluso más lejos instando al magnici-
dio. Desarrollaré algunos casos a modo de ilustración.
En Venezuela, el gobierno encabezado por el presidente Hugo Chávez Frías
sufrió un golpe de Estado en el año
2002
con la complicidad manifiesta y ac-
tiva de los grupos privados de medios. En el documental
La revolución no será
televisada
, de los irlandeses Kim Bartley y Donnacha O Brian (que tuvieran una
posición privilegiada para el registro de los hechos, ya que estaban filmando un
reality show en Miraflores durante los acontecimientos) queda claramente evi-
denciada la participación de estos medios que lo hacen no de manera marginal,
sino como actores golpistas centrales. El grupo Cisneros, con Radio Caracas
TV
estuvieron a la cabeza. A tal punto que el diario
El Nacional
llegó a enunciar que
“la batalla final será en Miraflores”.
Luego del golpe el gobierno de Chávez, entre otras cuestiones, no renovó
la licencia pública de Radio Caracas
TV
, que siguió transmitiendo por servicio
pago. Sin embargo, éstos salieron a decir por todo el mundo que “Chávez ce-
1
Las referencias corresponden al conocido Caso Papel Prensa y a las denuncias y pruebas sobre el rol que ocupó
el diario La nueva Provincia legitimando el terrorismo de estado. la sociedad.
2
Ver como muestra de un discurso racista y clasista con respecto al presidente Evo Morales: el periodista Arturo
Mondivil en Radio oriental: “Colla de mierda, ignorante, bruto.
.. collas malparidos, engendros de llamas”, noviem-
bre de 2010. “Presidente usted no piensa”, en el canal Cadena A Red Nación. Otras notas que ejemplifican este
modo de discriminación son el discurso machista contra Cristina Fernández de Kirchner, 8 de septiembre 2012, la
tapa de revista
Noticias
, “El goce de Cristina”, Editorial Perfil, y la entrevista de Jaime Bayly al periodista español
Federico Jiménez del 17 de agosto de 2008.
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rraba medios”, cuando el único medio cerrado en Venezuela fue la televisión
Pública venezolana, por acción de los golpistas en el
2002
.
Diez años después, en
2012
, en las elecciones presidenciales que consagraron
el triunfo de Hugo Chávez Frías por más del
54
% de los votos, y en la que la
oposición reconoció finalmente las reglas electorales de la democracia, los me-
dios jugaron un papel central como actores contra Chávez en el límite de ella.
Es decir, como actores que intentaron desestabilizar el proceso electoral: mien-
tras los adversarios políticos de Chávez reconocían el carácter de “inobjetable”
del sistema electoral ellos lo ponían en duda hablando de las posibilidades del
fraude y nombrando al candidato de las mayorías como un dictador. Como
muestra de ello puede citarse la rueda de prensa que dio el equipo de prensa
de Chávez un día antes de las elecciones cuando el periodista de Venevisión
(del grupo Cisneros) preguntó “¿No le parece peligroso que Chávez se pueda
convertir en dictador estando veinte a años en el poder?”. En esa línea es que
analizaron y hablaron del proceso electoral de Venezuela los periódicos
Tal cual
,
El Nacional
y
El Universal
, estos dos los más vendidos en Venezuela. El director
de
El Nacional
, Miguel Otero, publicó en Twitter unos supuestos resultados a pie
de urna que fueron retomados por el
ABC
de España antes de que se supieran los
resultados oficiales y rompiendo las reglas de veda: “El primer sondeo a pie de
urna da la victoria a Capriles”. Horas más tarde el Consejo Nacional Electoral
a través de su Presidenta anunciaba una victoria de Chávez por más del
54
por
ciento. Esa misma victoria al otro día era narrada por
El Universal
con el título
de “Seis años más”, con una foto de una votante de Chávez “enloquecida”,
como perdida de la razón.
En Brasil, durante el gobierno de Lula, los medios ocuparon un lugar central
de la política opositora que impugnó cada una de las decisiones de un presiden-
te que terminó su gobierno, a pesar de ellos, con el
80
por ciento de aceptación
pública. La defensa de los intereses antipopulares en los medios sin lugar a duda
fue protagonizado por el diario
Folha de Sao Pablo
, el semanario
Veja
, y la Red
O globo hacia el final. Lo mismo sucedió y sucede con Dilma Rousseff.
La poderosísima Red O Globo nació a partir de un diario y en el año
1964
adquirió por primera vez un canal de televisión. Sus relaciones con la dictadu-
ra le permitieron saltearse la ley vigente en ese momento, que impedía aliarse
con capitales extranjeros, para comenzar a producir contenidos con Time Life.
Actualmente la Red O Globo es la que tiene alcance nacional, mientras que los
demás medios se limitan a una llegada regional. Siempre incidió políticamente,
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llegando incluso a moldear un presidente (algunos dirán incluso a “poner un
presidente”) como fue el caso de Fernando Collor de Melo.
O Globo
ha combatido y combate sistemáticamente el gobierno del
PT
en
Brasil y la televisión pública recién comienza a incorporar experiencias basadas
en valores de justicia social como el semanario
Carta Capital
o el site
Carta
Maior
que son importantes pero no masivas.
También el gobierno popular y democrático, elegido por amplísimas ma-
yorías, de Rafael Correa en Ecuador ha sufrido y sufre duros embates de las
empresas mediáticas, involucradas en el Golpe de Estado de
2010
, aquel que
condenara con firmeza y rapidez la
UNASUR
. Tal es el enfrentamiento y la ca-
pacidad de difamación y falta de respeto hacia el voto popular de las mayorías,
que el mismo presidente ha enjuiciado a periodistas y responsables del diario
El
Universo
por falsear a la verdad. En un artículo cínicamente titulado “Basta de
mentiras” habían acusado al presidente de haber ordenado fuego a discreción
contra un hospital lleno de civiles. Correa no lo dejó pasar e inició acciones
legales por calumnias. Luego de que la justicia penal condenara a los periodistas
a tres años y multas millonarias, los perdonó (lo cual, en el marco de la justicia
ecuatoriana, no puede ser hecho sin que los acusados admitan su culpa).
Son conocidas las intervenciones directas de este presidente en el debate so-
bre los medios, discutiendo directamente con periodistas del sistema hegemóni-
co (y particularmente señalo sus posicionamientos en las entrevistas concedidas
a
CNN
) donde da muestra de una imponente capacidad de argumentación.
En Ecuador los medios de comunicación escritos a nivel nacional son pro-
piedad de media docena de familias. El mayor diario nacional
El Universo
per-
tenecía, hasta que el gobierno lo denunció, a empresas fantasmas en Islas Cai-
manes. El diario
La Hora
y la revista
Vanguardia
, ambos acérrimos opositores al
gobierno son propiedad de Francisco Vivanco, alto funcionario en el gobierno
de León Flores Cordero (
1984
-
1988
), uno de los gobiernos más represivos
que el Ecuador recuerde. El
Diario Expreso
es propiedad de Galo Martínez
Merchán, ministro de gobierno antes y durante la dictadura de su amigo Velas-
co Ibarra, donde desaparecieron y asesinaron a varios dirigentes estudiantiles,
como Milton Reyes, un mítico estudiante universitario.
El Comercio
es de la
familia Mantilla, que al inicio del gobierno de Rafael Correa amenazaba a los
empleados que simpatizaban con la revolución ciudadana; los mismos traba-
jadores grabaron y subieron eso a las redes sociales. El diario
Hoy
, es de Jaime
Mantilla, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa y primo de los
dueños de
El Comercio
.
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medios y gobiernos populares en américa latina. apuntes para una discusión
Cuando Correa llegó al gobierno en
2007
, cinco de los siete canales de tele-
visión nacionales eran propiedad de banqueros, lo que aseguraba que ante cada
intención de regulación bancaria por parte del Estado se desataba una campaña
mediática adversa que poco tenía que ver con la libertad de expresión como un
derecho humano universal aunque se hiciera en nombre de este.
Los medios, además de formar monopolios y oligopolios de propiedad fa-
miliar se encontraban vinculados íntimamente con otros intereses empresariales
distintos a los de la comunicación. La práctica generalizada era hacer un empo-
rio económico y luego invertir en medios de comunicación, no para informar
sino para defender los intereses del emporio.
En la conferencia que el presidente Correa dictó en la Facultad de Perio-
dismo y Comunicación Social de La Plata, de la
UNLP
, en diciembre de
2012
al
recibir el Premio Rodolfo Walsh en la categoría Presidentes Latinoamericanos
por la Comunicación Popular, desarrolló extensamente su mirada sobre la cues-
tión. Las siguientes líneas son una sintética extracción de esa conferencia.
Dijo Rafael Correa:
“En el caso de la libertad de expresión, ésta ha sido reducida a una supuesta libertad
de prensa que sin ética ni profesionalismo, ni adecuados controles sociales, como
leyes, se reduce a su vez tan sólo a la libertad de empresa en donde buscando lucro o
poder, son ellos los que deciden qué callar, qué decirnos, cómo decirnos. La libertad
para ellos, no para las grandes mayorías, porque somos esclavos de los que nos quie-
ran decir o nos quieran silenciar. Al defender los intereses de estos grandes medios
mercantilistas no se está defendiendo la libertad de expresión, ni los derechos huma-
nos, sino tan solo y como siempre, los privilegios del gran capital. Cómo cambiar esta
situación debe ser uno de los grandes debates planetario, sin miedo.
Entendamos que proveer un derecho como la información da poder. Su buena o
mala calidad afecta masivamente a la sociedad. Incide en la toma de decisiones de
la ciudadanía en el día a día, en la percepción del acontecer, en valoraciones y opi-
niones. Puede distorsionar el imaginario de una nación, sus luchas, o puede aportar
a la construcción de la memoria a sus pueblos, al rescate de sus patrimonios, puede
contribuir al avance de su historia o puede anular la acción y pensamientos some-
tiéndolo siempre al inmovilismo, al entreguismo o al colonialismo.
De este problema central, se deriva la necesidad de democratizar la propiedad de los
medios de comunicación e independizarlos del dominio de los poderes fácticos y, par-
ticularmente, del dominio del capital. Se deriva también la necesidad de tener medios
fuera de la lógica del mercado, es decir, medios sin fines de lucro y medios públicos.
Se deriva la necesidad de control social, esto es, el derecho a recibir información veraz,
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verificada, oportuna, contextualizada, plural, sin censura previa y con responsabilidad
ulterior como ordena el artículo 18 de la Constitución de la República del Ecuador.
Defendemos la libertad de expresión de todos los ecuatorianos, y no solamente la de
los grupos de poder; creemos en la construcción de medios plurales, que expresen las
distintas voces de la ciudadanía, medios comunitarios, públicos y privados. Creemos
en la democratización del espectro radioeléctrico, promovemos la generación de una
ciudadanía crítica, que pueda exigir su derecho a la información y a la comunica-
ción, y ejercer el control social sobre los medios”
En esa conferencia, Correa volvió sobre una idea que necesita ser complejizada
y debatida sin maquillajes, es decir, sin hipocresías, en nuestra región. Planteó que:
“Es evidente que los medios de comunicación de América Latina, han sido propie-
dad de las oligarquías, los pobres no tenían canales de televisión, tampoco periódicos.
Pero el problema va más allá de quién posee los medios de comunicación: es la forma
de propiedad el verdadero problema, ya que se trata de negocios privados con fines
de lucro, proveyendo un bien fundamental para las sociedades modernas, la infor-
mación. Y la información no puede proveerse con lógica privada. Peor: con lógica
de mercado. Tiene que proveerse con lógica pública, con lógica de derechos. Si es
reconocida como cuarto poder ¿por qué entonces no plantearlo como una función
del propio Estado, con legitimidad y controles democráticos? Si es tan fundamental
el derecho a la información (y estamos de acuerdo en esto, es la base de otros muchos
derechos) ¿como puede estar en manos privadas y con fines de lucro?”
Y reafirma:
“La comunicación como función del Estado no significa estatización. La comunica-
ción como una nueva función del Estado significa que es responsabilidad directa del
Estado, con una visión de bien común y con legitimidad y controles democráticos
para garantizar dicho derecho fundamental. Fue tan sólo una idea a discutir, pro-
bablemente audaz, arriesgada, alguno podría considerar absurda, pero seguramente
menos absurda que negocios privados garantizando un derecho, se los aseguro”.
Actualmente, en Ecuador, se está discutiendo una nueva legislación para la
comunicación a la que sistemáticamente se oponen los dueños de los medios
más poderosos y junto a todo el arco concentrado de poder opositor.
En Bolivia, Evo Morales, un presidente comprometido con el respeto a la
dignidad de las diversas identidades étnicas ha sido permanente y sostenidamen-
te atacado. Han llegado incluso en una oportunidad a afirmar que “ha llegado
la hora de que él sea aniquilado físicamente”.
Los medios en manos de los sectores oligárquicos reproducen un discurso
dominante clasista y racista que se aplica sin más a la figura del presidente, aun-
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que claro está no solamente a él sino al resto de la sociedad. Ante esta realidad
en el octubre de
2010
se promulgó la Ley contra el Racismo y Toda forma de
discriminación que contempla sanciones monetarias y suspensión de licencias a
cualquier medio que publique expresiones discriminatorias.
Diferentes grupos étnicos, particularmente quechuas y aymaras, cansados de
tantas humillaciones e insultos en los medios, han apoyado decididamente esta
ley. Pero por otro lado, los dueños de los medios se han manifestado abierta-
mente en contra de una ley contra la discriminación. Puntualmente se oponen
al artículo
16
(que dicta sanciones económicas e incluso cierre de medios don-
de se publiquen ideas racistas) y el
23
(que fija que los periodistas y dueños de
medios de comunicación no pueden contar con privilegios al ser procesados
cuando se los acuse de actos racistas o discriminatorios).
En Paraguay, el golpe de Estado perpetrado por la derecha contra el Fer-
nando Lugo tuvo a los medios conservadores como sus principales aliados. Es
así como inmediatamente después del golpe la experiencia muy corta de una
nueva televisión pública fue sistemáticamente atacada. Tal vez incluso una de las
imágenes de resistencia a la avanzada conservadora hayan sido en esos días las
protestas y tomas del canal por parte de los empleados defendiendo otra comu-
nicación, distinta a la de los intereses conservadores.
La historia de la prensa canalla es larguísima. Aunque con sólo ubicarla en la
historia de las últimas décadas podemos estremecernos. Un tipo de periodismo
que jugó abiertamente con la dictadura, que jugó con el menemismo y sus
monstruos, y que sigue jugando con la derecha siniestra que se opone a cada
una de las medidas populares que toma el gobierno
En Argentina, el gobierno de Néstor Kirchner fue presionado desde el
primer día por el grupo de medios que mayor concentración había logrado
haciendo negocios con la dictadura primero, y luego con el gobierno neoli-
beral de Carlos Menem.
La dictadura
Durante la más sangrienta dictadura de la historia Argentina, esta trama de
prensa canalla participó activamente del golpe. Mientras una parte del periodismo
resistió de modos heroicos en ocasiones y en otras al menos dignos, otra parte, la
canalla, actuó sistemáticamente para legitimar el crimen: la desaparición forzada de
personas, las torturas, los robos de bebés, el saqueo del país a través de un plan eco-
nómico que dejaría por décadas fuera de la vida vivible a millones de argentinos.
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Hay mucho material pero especialmente dos libros que nos ayudan a recordar
esta cuestión. Sintomáticamente fueron publicados en
1984
y en
1998
(el pri-
mero,
Los sofistas y la prensa canalla
, del Cid Editor; el segundo
Decíamos ayer, La
prensa Argentina en el proceso
, de Colihue). En ellos se documenta el papel jugado
por ciertos periodistas y medios con la dictadura.
La Prensa canalla
focaliza en la
editorial Atlántida de Vigil, y particularmente en las revistas
Gente
,
Para
Ti
,
Somos
.
El primer libro no tiene un gran mérito analítico, pero con sólo ver juntas
cada una de las notas en que una revista masiva como Gente, conducida por
Samuel Gelblung durante toda la dictadura, despliega su arsenal simbólico des-
tinado a negar el horror y a producir el terror es escalofriante. Allí se afirma
que las denuncias en el extranjero sobre el accionar de la dictadura son una
campaña de desprestigio (
Gente
,
10
de junio de
1976
, “¿Quién está detrás de
todo esto?”.
Gente
hace un informe con las cartas recibidas de Suecia, Francia,
de Alemania, de la Universidad de Bradford pidiendo la liberación de presos
políticos, y afirma que todo es una “operación mentirosa, son cartas falsificadas
por organizaciones terroristas”. La revista responde citando la voz de Videla y
de Harguindeguy pero tiene claramente una voz propia en el asunto, incluso en
ocasiones yendo más lejos que los dictadores).
Durante páginas y páginas a través los años de la dictadura se habla de en-
frentamientos, abatimientos, de inmoralidad de los terroristas, pero también de
los militares como los salvadores del país ante el caos (son aberrantes las notas de
diciembre del
76
y del
77
,
Las 76 caras del 76
, lo mismo en el
77
, que presentan
las caras de los que “desde sus puestos trabajaron en favor del país”. Allí aparece
entre otros Jorge Rafeal Videla “la mayor responsabilidad, un ejemplo”).
En una nota titulada
Moralidad, Idoneidad, Eficiencia
, el
1
de abril de
1976
se
dice que “La prolija operación militar del
24
de marzo fue largamente medita-
da”, y se explican todas las razones por las cuales la editorial Atlántida va apoyar
a la dictadura. Algo que hace muy poco Samuel Gelblung volvió a argumentar
explicando que él había entendido que “había una guerra, y en esa guerra había
elegido donde estar” (obviamente, del lado de los genocidas): “Soy responsable
de todo lo que salió en Gente”.
Gelblung es claramente responsable junto con otros de las canalladas pe-
riodísticas sistemáticas de la dictadura. Junto, por ejemplo, a Hector D’Amico,
actual jefe de redacción del diario
La Nación
, autor de la nota “Cómo viven los
desertores de la subversión”
de la revista
Somos
, en donde se habla de “centros
de recuperación de detenidos”. Se sospecha que las fotos de la nota son de la
ESMA
y que las citas de los “desertores” eran de los detenidos.
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medios y gobiernos populares en américa latina. apuntes para una discusión
Gelblung es responsable de la nota “Alejandra está sola”, de la revista
Gen-
te
, que se replicó con el título “A ellos nada les importaba Alejandra”
,
en la
revista
Para Ti
, como también en
Somos
como “Los hijos del terror”. En esas
notas se utiliza la imagen de Alejandra Barry, muy chiquita, hija de dos mili-
tantes que habían sido secuestrados y asesinados en la Operación Cóndor y
la muestran como víctima de unos padres delincuentes, terroristas, monstruos
como toda su generación, capaz de “fabricar huérfanos”. Y que por supuesto,
había que exterminar.
Pero de la dictadura no sólo participó la editorial Atlántida. El diario
Clarín
,
que el
24
de marzo tuvo como tapa el “neutral e independiente”, con el título
de “Nuevo Gobierno”, no sólo ocultó las torturas y desapariciones sino que
además hizo negocios manchados de sangre con los dictadores, como el caso
de Papel Prensa. En cada una de sus páginas asumió el relato de los dictadores
afianzando su existencia como imposible de combatir. El diario actuó como
una versión del Boletín oficial, idea presentada excelentemente por Blaustein y
Zubieta en
Decíamos ayer
. Luego, durante el menemismo, fue artífice de la revi-
sión de la ley de Radiodifusión de la dictadura que le permitió transformarse en
un multimedio que entre otras mentiras durante la presidencia de Duhalde hizo
la tapa con la infame frase “La crisis causó dos nuevas muertes”
.
Por el mismo camino, el diario
La Nación
, tribuna histórica de la derecha,
durante la dictadura claramente apoyó su modelo económico y cultural (moral,
lo llamaron) y jamás denunció ni las torturas ni las desapariciones. Cada una de
sus páginas mostró la comodidad con la dictadura y su modelo de país: era el
de ellos. Entre la lista de periodismo canalla imposible de agotar en una nota
de estas características, tienen un lugar destacado periodistas como Bernardo
Neustad, Mariano Grondona o Joaquín Morales Solá dándole la bienvenida a
los asesinos, el martes
8
de junio de
1976
en
La Gaceta
de Tucumán.
También diarios absolutamente reaccionarios como
La nueva provincia
, de
la familia Massot. Este diario llegó a publicar, como parte de las operaciones
de Inteligencia, información arrancada en sesiones de tortura a los militantes.
La línea editorial de este periódico de Bahía Blanca se permitió utilizar como
fuente a las cámaras de tortura durante la dictadura y en democracia siguió, y
sigue defendiendo, a través de sus editoriales la represión. (En
2012
, terminado el
juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura en la ciudad
de Bahía Blanca, se reunieron denuncias y pruebas sobre el rol que ocupó el
diario La nueva Provincia legitimando el terrorismo de estado. Así el Tribunal
habló de “propaganda negra” –en alusión directa a las operaciones de consoli-
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dación de terror sobre la población– y de cómo el diario participó activamente
en la construcción del “enemigo”, cooperando con el Ejército y la Armada en
el de exterminio de un sector de la sociedad).
En resumen, la dictadura también fue posible gracias a la existencia de un
periodismo canalla con carácter de plan sistemático que actuó para la legitima-
ción del horror, que dialogó entre sí y que hizo negocios con los represores. No
estamos sólo ante un periodismo que ha silenciado, o que le faltó crítica (que
por supuesto merecerían la condena ética y profesional) sino que estamos antes
actores que han participado en hechos delictivos, en operaciones criminales.
Y que no sólo no han hecho una autocrítica sino que siguen defendiendo sus
posiciones contra las políticas populares de un gobierno democrático.
Para la continuidad en democracia
Este aparato periodístico pro-dictadura no desapareció con la democracia.
Durante la larga década de los noventa, donde el saqueo se profundizó, no sólo
no fueron juzgadas sus responsabilidades sino que el rol espantoso que habían
jugado se consolidó.
Transformados en medios monopólicos fueron más que la voz de la derecha:
fueron y son la derecha. Ocuparon un lugar central para la afirmación de tres
nudos fundamentales para el éxito de las políticas neoliberales: primero, supie-
ron ser los operadores discursivos de la desaparición de los horrores del pasado
para invisibilizar los horrores de ese presente; luego, moldearon simbólicamente
las nuevas políticas represivas contra los sectores populares a través de la crimi-
nalización de la pobreza y la protesta social (ya que empezamos hablando de
libros, cito entre cientos
La palabra de los muertos
del Juez Zaffaroni); finalmente,
participaron de manera activa en el derrocamiento de la política como opción
de transformación.
La prensa canalla ha actuado con absoluta impunidad durante décadas am-
parándose en la mentira de su inmaculada concepción y la hipocresía de la
llamada opinión pública. Pero comenzó a encontrar sus límites en Argentina a
partir del proceso abierto en el
2003
. De la mano de una política de estado de
verdad, memoria y justicia, que comenzó juzgando responsabilidades militares
pero avanzando también sobre las responsabilidades civiles entre las que sin
duda están las de este periodismo que se resiste a aceptarlas.
3
Estos límites a su
3
En la lectura del fallo se puso énfasis en la complicidad cívico militar con los delitos de genocidio. Los jue-
ces específicamente ordenaron investigar complicidades de funcionarios judiciales, eclesiásticos y pidieron que
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la impunidad se están dando también en América Latina gracias a los procesos
de recuperación de la política en toda la región a favor de los intereses de las
mayorías. Por eso están tan nerviosos.
Pero la presión mediática fue creciendo inversamente proporcional al tono
de las medidas populares y progresistas que iba tomando Néstor Kirchner pri-
mero y luego Cristina Fernández de Kirchner. Tal vez el punto más álgido de la
confrontación se dio cuando el grupo mediático Clarín, acostumbrado a “vol-
tear un gobierno con tres tapas adversas” como estaba instalado en el discurso
público intentó vetar la candidatura presidencial de Cristina Kirchner. Fue allí
donde comenzó un ataque sostenido y feroz hacia la democracia de este grupo
monopólico junto a sus aliados históricos de derecha. Pero lejos de que el con-
flicto se “cerrara”, Néstor Kirchner lo hizo absolutamente público y en un en-
cuentro con intelectuales los interpeló: “¿Qué te pasa Clarín? ¿Estás nervioso”?
fue la frase luego tomada por militantes viejos y jóvenes que se iban sumando al
proyecto de reconstrucción nacional bastardeado por los medios hegemónicos.
A partir de allí desde el gobierno se articularon verticalmente unas largas
historias de luchas por otra comunicación que tenía actores tan diversos como
movimientos sociales por el trabajo, pequeñas radios comunitarias, pueblos ori-
ginarios, movimientos universitarios, agrupamientos por la diversidad sexual, y
más, que encontraron en la necesidad de una marco regulatorio de las comuni-
caciones más justo una bandera por la cual pelear por la dignidad y la igualdad.
Esto finalmente dio lugar a la sanción por mayoría casi absoluta (en un momen-
to en el que el oficialismo no tenía mayoría) de la Ley de Servicios de Comu-
nicación Audiovisual que reemplazó a la dictadura y que está en vigencia desde
hace tres años. La nueva Ley de Servicios Audiovisuales, sostenida en tradiciones
de militancia por la igualdad y la diversidad, garantiza una política pública de
redistribución pero al mismo tiempo de reconocimiento.
Cabe señalar también como ante tamaña victoria, los grupos de derecha no
se quedaron quietos y no solamente llevaron adelante todo tipo de artimañas
legales y no legales para impedirla, sino que además han ido construyendo un
relato de victimización despolitizado y deshistorizado para seguir conservando
sus privilegios conjugado con un ataque sostenido a cada una de las medidas del
se analice el rol del diario La Nación durante el desarrollo del juicio. Me parece importante recordar por qué
pidieron que se analice el papel de La Nación: porque el diario publicó una editorial el 10 de diciembre último,
titulada “¿Justicia o venganza para Jaime Smart?” con una bajada que decía “Es de esperar que prime la justicia
y no el afán revanchista al resolver la situación del ex ministro de gobierno bonaerense”. En su fallo el tribunal
pidió remitir copias de esta Editorial a la Comisión Nacional de Independencia Judicial y a la Corte Suprema
de Justicia por considerarla amenazante.
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gobierno, y especialmente a la figura de Cristina Fernández de Kirchner desde
los peores patrones de una cultura patriarcal.
Opinión del pueblo y opinión construida por los grandes medios
Estos grupos de medios concentrados que durante la larga década neolibe-
ral en la región se fueron consolidando como los dueños de la palabra siguen
siendo muy poderosos. Como decía anteriormente no son sólo los voceros o
los instrumentos de los sectores de la derecha, sino que son actores claves de la
derecha. No actúan sólo como grupos mediáticos, ni siquiera sólo como grupos
económicos, sino como agentes políticos.
No hay que olvidar que durante décadas ocuparon como únicos actores el
espacio público, entendiendo que el vacío social no existe como posibilidad. Y
mientras se auguraba la desaparición de la política y se celebraba el corrimiento
de todo hacia el mercado, los medios se transformaron en los referentes de la
palabra común. Quiero decir que con la derrota profunda de la política; con
los políticos transformados en un sector profesionalizado y experto al servicio
de los intereses del mercado y condenado por el resto de la sociedad, los me-
dios y el periodismo se auto ubicaron como actores
neutrales
que
neutralmente
tramitaban las necesidades de la población. Fue así como ocuparon el lugar
que correspondía al ejecutivo, al legislativo y al judicial. O, mejor dicho, como
impostaron su ocupación mientras que por abajo no dejaban de hacer negocios
con aquellos que habían sido los autores del vaciamiento del estado y la política.
Además, por supuesto, actuaban y actúan en alianzas entre sí y con otros
grupos económico/ideológicos y mediáticos nacionales y foráneos. A esta al-
tura sería no sólo ingenuo sino equivocado no ver sus plataformas comunes
sostenidas en ejes programáticos compartidos. En este sentido, las reuniones
periódicas y públicas de la Sociedad Interamericana de Prensa, la
SIP
, que nuclea
a los dueños de los medios impresos del continente (y que en la casi absoluta
mayoría de los casos son dueños también de otro tipo de medios) tienen siem-
pre como corolario alguna conclusión adversa a la intervención de los estados
con gobiernos populares. Deber recordarse siempre que la
SIP
, que se autopro-
clama la voz autorizada en problemáticas de libertad de expresión, es un cartel
de propietarios de medios que nació en el marco de la Guerra fría asociada a la
CIA
para protagonizar la defensa de los poderes imperiales. Han sido largamente
documentadas sus acciones en toda la región de desestabilización y golpismo en
las dictaduras, en las cuales muchos periodistas fueron perseguidos y asesinados.
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La respuesta de los gobiernos que responden a los intereses de sus pueblos ha
sido plantear la batalla en el terreno de los derechos humanos y específicamente
del derecho a la comunicación como un derecho inalienable de los pueblos.
Equidad y pluralidad en el acceso como en la producción de la información ha
sido una de las grandes banderas que en los últimos años se ha agitado permi-
tiendo que grandes mayorías discutan lo que parecía imposible unos años antes:
que la información no es sólo patrimonio de las empresas, y que la libertad de
expresión es asunto de todos y todas.
Sin duda es posible señalar diferencias, matices y posicionamientos propios
en cada uno de los países, pero sin embargo hay ciertos puntos que pueden ser
señalados como comunes:
– posicionamiento claro en términos de la comunicación como derecho
humano;
– deslegitimación de los monopolios informativos;
– apuesta a nuevas leyes que regulen los mapas informacionales con un criterio
desmonopolizador;
– apoyo a los medios alternativos y comunitarios;
– iniciativa por unos nuevos medios con presencia estatal y ciudadana, tanto
audiovisuales, como radiales y escrito;
– fomento a la producción nacional.
La batalla por la construcción de sentidos será larga y ardua, y seguramente
no tendrá (ni debería tener) un punto final: el horizonte de la democracia son
los desacuerdos (Ranciere,
2006
); la democracia es la posibilidad de practicar
un disenso. Pero hay que saber que estos grupos empresariales no renunciarán
fácilmente ni a la posesión de capitales concentrados que les permita un lugar
aventajado en el mercado de bienes, pero tampoco a la capacidad privilegiada
de construir sentidos sobre la realidad en un tono monocromático que les re-
fuerza el poder de accionar sobre múltiples campos de la vida de las sociedades.
No van a resignarse a perder poder como poder material pero también clara-
mente como poder simbólico, ese que es “capaz de hacer cosas con palabras”,
como tan simplemente lo definiera Pierre Bourdieu.
Pero por otro lado, luego de años de derrotas y traiciones, muchos pueblos
de la región vuelven a apostar a la política a través de procesos encabezados por
gobiernos que defienden sus intereses y que no tienen miedo a enfrentarse a las
corporaciones de ningún tipo, entre ellas las mediáticas. Y que ante sus tremendos
ataques responden ganando legítimamente por potentes mayorías en las urnas.
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Florencia Saintout
Doctora en Ciencias Sociales (
FLACSO
, Buenos Aires). Decana de la Facultad de Periodismo de
la Universidad Nacional de La Plata.
Email: florenciasaintout@yahoo.com.ar
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