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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
EDITORIAL
Manizales, 2010-12-03 (Rev. 2010-12-09).
LAS INQUIETANTES RELACIONES ENTRE LA PAZ, EL AMBIENTE Y EL
DESARROLLO
En los tiempos que corren, se discute en distintos escenarios académicos y
sociales (en ocasiones también en los escenarios políticos) acerca de los retos
que para el desarrollo supone la relación conflictiva entre el entorno natural y el
entorno construido. El desarrollo, entendido por las corrientes hegemónicas como
proceso de gestión, crecimiento y acumulación de diversos tipos de capitales,
genera una conflictividad que no sólo es causa y efecto de profundas
desigualdades (nuevas y viejas), sino también de cuestionamientos permanentes
al modelo de sociedad y de cultura imperantes. Suele afirmarse que la relación
entre la cultura y la naturaleza es altamente conflictiva en razón a las ideologías
del desarrollo sustentadas en una racionalidad que agoniza.
Como lo ha señalado el profesor Vicent Martínez Guzmán (2000), el problema
real del desarrollo no es su eventual fracaso sino su éxito. La relación naturaleza-
cultura reclama un giro epistemológico que permita generar relacionamientos
sustentables basados en los aprendizajes y experiencias de diversas
comunidades. Algunos de los ejes del giro epistemológico han sido propuestos
por Martínez con claras alusiones a la problemática ambiental, al advertir que la
naturaleza debe dejar de ser distante y objetiva:
[…] Frente a la objetividad, intersubjetividad e interpelación humana. Sustituir la
perspectiva del observador distante por la de participante. El conocimiento deja
de ser una relación entre sujeto y objeto para convertirse en una relación entre
sujetos. Referir se entiende como una de las acciones humanas y nuestro campo
de estudio es lo que nos hacemos unos a otros. No ser neutrales respecto de
valores. Pasar al paradigma de la comunicación […]. (Martínez, 2000, p 90)
En las tres últimas décadas, La Organización de las Naciones Unidas ha
convocado a los gobernantes de todos los países a una multiplicidad de eventos
buscando avanzar en la definición y puesta en marcha de acuerdos
internacionales y de políticas nacionales bajo los principios de la sostenibilidad
ambiental. Cada uno de estos foros ha permitido avanzar un poco más sobre los
conceptos y los alcances de la perspectiva ambiental: La Cumbre de Río (1992),
planteó que el derecho al desarrollo debe ejercerse de forma que responda
equitativamente a las necesidades ambientales y de desarrollo de generaciones
presentes y futuras buscando superar las desigualdades imperantes, en una
visión que puede ser evaluada como una orientación de las acciones del
desarrollo hacia la búsqueda de una paz basada en la justicia, la equidad y el
bienestar (Paz Positiva). En el caso de la Cumbre de Johannesburgo (2002) la
agenda contempló la revisión de la situación ambiental del mundo con relación a
las problemáticas de la pobreza, reconociendo, de esta manera, los asuntos
estructurales en juego.
Luego de la Cumbre de Johannesburgo, se han realizado múltiples eventos
dirigidos a evaluar los resultados de los encuentros mundiales anteriores; la
agenda central ha estado copada por las discusiones ligadas a las causas e
impactos del cambio climático. Al tiempo que algunos países suscriben pactos de
Revista Luna Azul ISSN 1909-2474
No. 31, julio-diciembre 2010
©Universidad
de Caldas
revista.luna.azúl. 2010; 31:6-7
reducción de emisiones contaminantes, otros esgrimen el derecho a seguir una
senda del desarrollo económico basada en el crecimiento. Los eventos más
recientes han puesto sobre la mesa la presencia de una doble racionalidad
política ante los retos de la paz, el ambiente y el desarrollo: se comprende el
problema en su magnitud y alcance, pero no se asume el imperativo ético de su
solución real.
Al asociar la búsqueda de la paz con la justicia, el bienestar y la generación de
una relación no instrumental con la naturaleza se entrelazan los propósitos de la
paz, el ambiente y el desarrollo; todos ellos demandan una nueva racionalidad
capaz de transformar los términos actuales sobre los cuales se definen asuntos
centrales del pensamiento, la ética y la acción de los seres humanos. Los
eventos internacionales han demostrado que si bien la academia, las
organizaciones sociales y buena parte de la opinión pública han avanzado
notablemente en la comprensión de estos temas, los grandes decisores políticos
no tienen interés distinto a la multiplicación insaciable del capital.
Es probable que la crisis ambiental del desarrollo obligue a cuestionar la
definición de conflicto asumido como una noción estrictamente antropocéntrica, y
en su lugar se plantee una conflictividad biocéntrica; de manera que el conflicto
no se limite a señalar las divergencias de criterios, intereses, emociones y
sentimientos entre los seres humanos (conflictos cuya solución positiva
configuran distintas formas de paz). Una aproximación amplia a la definición le
daría paso al reconocimiento de una conflictividad que involucre todas las formas
de vida y el conjunto del patrimonio natural; de ahí que sea posible hablar de la
cultura de paz como cultivo de las relaciones con los otros y la naturaleza.
Mario Hernán López
Profesor Universidad de Caldas
1. Martínez Guzmán, Vicent. (2000) Saber hacer las paces. Epistemologías de
los estudios para la paz. Convergencia, Revista de Ciencia Sociales, 7 ,23.
México: Universidad Autónoma del Estado de México.
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