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Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Rev. Int. Contam. Ambie. 27 (2) 129-137, 2011
MANEJO Y CONTROL DE PLAGAS DEL CULTIVO DE TOMATE EN CINTALAPA,
CHIAPAS, MEXICO
Ramiro Eleazar RUIZ NÁJERA
1*
, José Alfredo RUIZ NÁJERA
2
,
Salvador GUZMÁN GONZALEZ
3
y Esaú de Jesús PÉREZ LUNA
1
1
Universidad Autónoma de Chiapas. Facultad de Ciencias Agronómicas, Campus V. Carr. Ocozocoautla-Villa±ores,
km.84.5, Tel. y Fax (52) 965 65 21477. Villa±ores, Chiapas, México. *rrnajera@hotmail.com
2
Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, División Académica de Ciencias Básicas. Km.1 Carretera
Cunduacán-Jalpa de Méndez. A.P. 24 C.P. 86690.Tel. (52) 914 336 0928. Cunduacán. Tabasco. México.
3
Universidad de Colima. Facultad de Ciencias Biológicas y Agropecuarias, Campus Tecomán. Km. 40 Autopista
Colima-Manzanillo. Crucero de Tecomán. CP.28100 Tecomán, Col. Mex. Tel. (52) 313 322 94 09
(Recibido enero 2010, aceptado febrero 2011)
Palabras clave: insecticidas, plagas, dosis, equipo de protección personal
RESUMEN
Las prácticas de manejo de insecticidas por los productores de tomate en el municipio
de Cintalapa, Chiapas, México, fueron evaluadas mediante un diagnóstico durante el
ciclo agrícola de 2008. Para ello, se entrevistó el 17 % de la super²cie total cultivada.
Las entrevistas se llevaron a cabo tanto en los hogares como en las parcelas sembra-
das de tomate. Los datos recolectados fueron analizados por estadística descriptiva.
Los resultados indican que el 100 % de los productores de tomate utiliza productos
químicos para el control de plagas; 71.4 % aplicó insecticidas para controlar la mosca
blanca, pulgones y el 5 % para el control de chicharritas. Los insecticidas aplicados
fueron: Thiodan ® (OC-ciclodienos), Rescate ® (neonicotinoides), Con²dor ®,
Calypso ® 480SC (cloronicotinilo) Shot ® (FH-SM + piretroide) Abamectina 1.8 ®
(lactonas macrocíclicas), Oberon ® (ketoenoles Tetron -ácido), el Mustang ® y ®
Herald (piretroide). Cinco productos fueron aplicados a dosis más bajas, tres a dosis
superiores a las recomendadas y solo uno a la indicada por el fabricante. El 80 % de
los productores no calibró el equipo de aplicación de plaguicidas y el 98 % no empleó
equipo completo de protección para rociar los insecticidas. En consecuencia el 50 %
de agricultores entrevistados ha experimentado algún grado de intoxicación. Lo ante-
rior apoya la urgente necesidad de promover
la capacitación de los productores en el
manejo de plaguicidas para el control IP del tomate.
Keywords: insecticides, pests, doses, protective equipment
ABSTRACT
Management practices of insecticides by tomato growers in the municipality of Cin-
talapa, Chiapas, Mexico, were evaluated by a diagnosis during the crop cycle of 2008.
About 17 % of the total cultivated area was studied and all the tomato growers in such
area were interviewed. The interviews were conducted either in the households or in
the tomato ²elds. The collected data were analyzed by descriptive statistics. Results
indicate that 100 % of tomato growers used chemical products for pests’ control; 71.4
% applied insecticides to control white ±ies, aphids and 5 % for the rest of leafhoppers.
R.E. Ruiz Nájera
et al.
130
The insecticides applied were: Thiodan ® (OC-cyclodienes), Rescue ® (neonicotinoid),
Confdor ®, Calypso ® 480SC (chloronicotinyl) Shot ® (FH-SM + pyrethroid) Abam-
ectin 1.8 ® (macrocyclic lactone), Oberon ® (ketoenoles tetron-acid), Mustang ® and
Herald ® (pyrethroid). Five products were applied at lower doses, three at higher than
recommended in the product and only one according to manu±acturer directions. About
80 % o± growers did not calibrate equipment ±or pesticides application and 98 % did not
use protective equipment to spray the chemicals. In that sense, about 50 % o± growers
have experienced somehow a degree o± intoxication. These results indicate that tomato
growers urgently need specifc training on pesticides management.
INTRODUCCIÓN
En la producción agrícola el uso de insecticidas
orgánicos sintéticos ha alcanzado en el último siglo
un notable incremento, pero la carencia de regulación
en su empleo y el aumento de dosis innecesarias,
sin racionalidad, ha tenido e±ectos perjudiciales en
el ambiente y la salud humana. Estas consecuencias
se re²ejan en la elevación del costo de la protección
ftosanitaria, en la aparición de resistencia y de nue-
vos insectos plaga (IP) o en el aumento de los daños
como consecuencia de la eliminación sistemática de
los enemigos naturales que los mantenían a niveles
tolerables.
En las últimas décadas la resistencia de los IP se
ha convertido en un problema mundial. A fnales de
los años 80 se habían descrito casos de tolerancia
a una o más clases de insecticidas en más de 500
especies de insectos y ácaros, de las que el 56.1 %
eran de interés agrícola, el 39.3 % de importancia
médico-veterinaria y el 4.6 % de artrópodos benéfcos
(Georghiou 1990).
Investigaciones más recientes agrupan al 80 %
de las especies de IP resistentes a insecticidas en los
órdenes: Coleoptera, Diptera, Heteroptera y Lepi-
doptera y el 20 % restante en Thysanoptera
(trips),
Dictyoptera: Blattaria (cucarachas), Anoplura
(
pio-
jos), ácaros y garrapatas; así, se reportan más de 700
especies tolerantes a uno o más insecticidas (Bielza
y Contreras 2005).
En México los plaguicidas causan un ±uerte im-
pacto ambiental y en la salud pública a niveles críticos
considerables (Bejarano 1999). Pese a lo anterior
existen pocos reportes de intoxicación provocada por
estos químicos en los trabajadores agrícolas (Durán
y Collí 2000), quienes por sus condiciones sociales
laborales y culturales minimizan el riesgo para su
salud (Haro
et al.
2002), o bien ignoran el peligro
que en±rentan y que pone en riesgo su vida (Tinoco
y Halperin 2001). Hay además ±allas de operatividad
en la legislación vigente que está orientada a sólo
regular el registro y comercialización de los plagui-
cidas (Ortiz 2002).
En Oaxaca, por ejemplo, se reportan más de 25
aplicaciones de plaguicidas en el ciclo del cultivo
del tomate y su aplicación indiscriminada origina
problemas en el agroecosistema como la resistencia
y surgimiento de IP, antes considerados secundarios,
la eliminación de organismos benéfcos, la recal-
cintrancia de los residuos tóxicos, el riesgo directo
para la salud de quien los maneja, así como para los
consumidores, y en casos extremos la desaparición
del cultivo vegetal en ciertas áreas (Bravo 2002).
Los IP del cultivo del tomate combatidos con
insecticidas son: mosca blanca (
Bemisia tabaci
Gennadius,
Trialeurodes vaporariorum
West),
áfdos (
Myzus persicae
Sulzer y
Aphis gossypii
Glover) y psílidos (
Paratriosa cockerelli
Sulc.),
vectores de en±ermedades virales que a±ectan hasta
el 100 % del cultivo, así como los gusanos del ±ruto
(
Helicoverpa zea
Boddie y
H. virescens
Fabricius)
(Bravo 2002).
Por tanto es clave promover el uso racional de in-
secticidas como cloronicotinilos, organo±os±orados,
piretroides, carbamatos y los de origen orgánico.
Igualmente el empleo de la dosis recomendada por
el ±abricante, la rotación de los insecticidas como
base para prevenir los mecanismos de resistencia de
los IP, el mantenimiento del equipo de aspersión, la
utilización del equipo de protección personal, de las
mezclas adecuadas que deben ser complementadas
con otras prácticas agronómicas como la época de
siembra, la rotación de cultivos, la disposición de
rastrojos, la siembra de variedades del cultivo vege-
tal tolerantes al daño de los IP, entre otras (Salguero
y Morales 1994).
Considerando lo anterior los objetivos de este
trabajo ±ueron investigar las prácticas agrícolas en
el cultivo del tomate, los insecticidas asperjados en
el control de IP, su dosis, la ±recuencia, las mezclas
y el equipo de protección personal utilizado para su
aplicación.
INSECTICIDAS UTILIZADOS PARA EL CONTROL DE PLAGAS DEL TOMATE
131
CUADRO I.
INSECTICIDAS APLICADOS A LAS PLAGAS DEL TOMATE EN EL MUNICIPIO DE
CINTALAPA, CHIAPAS
Nombre comercial
del insecticida
Plagas y número de productores que lo aplican
Total
B.tabaci
M. persicae
A. gossypii
L. sativa
Empoasca
sp
Thiodan®
16
8
2
2
28
Rescate®
6
0
0
0
6
Confdor ®
4
0
0
0
4
Calypso®
2
0
0
0
2
Oberon®
2
2
0
0
4
Herald
2
0
0
0
2
Mustang®
4
0
2
0
6
Disparo®
3
0
0
0
3
Abamectina 1.8
®
1
0
0
0
1
Productores que lo utilizan
40
10
4
2
56
Porcentaje
71.42
17.86
7.14
3.57
99.99 %
MATERIALES Y MÉTODOS
El municipio de Cintalapa se encuentra en el ex-
tremo oeste del Estado se localiza en un espacio entre
los paralelos 16º 30” y 16º 45” de latitud norte y entre
los meridianos 93º 40” y 94º 00” de longitud oeste, su
altitud es de 540 msnm, el clima predominante es se-
micálido subhúmedo con una temperatura media anual
de 24.5 ºC, y precipitación pluvial de 800 mm anuales
(Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo
Municipal Gobierno del Estado de Chiapas 2005).
El diagnóstico se realizó en el ciclo de cultivo de
tomate del año 2008. Se aplicó una encuesta ±ormal
individual a 56 productores seleccionados al azar. Estos
cultivan el 17 % del área total sembrada, con lo que se
cumple lo señalado por reportes previos de Lagunes-
Tejeda y Rodríguez-Maciel (1988), quienes afrman
que es necesario entrevistar, como mínimo, a los pro-
ductores del 15 % del área total cultivada. La encuesta
contenía preguntas directas y abiertas, lo que ±acilitó al
productor expresar su opinión sobre el problema de IP
y de los insecticidas aplicados para su control.
Los ejidos visitados durante este estudio ±ueron:
Rosendo Salazar, Vista Hermosa, Villa Morelos, La
Florida, La Candelaria, La Libertad, Lázaro Cárde-
nas, Mérida, Rancho Brasilia, San Sebastián, Santa
Teresa y Tierra Blanca. La encuesta consistió de 25
preguntas divididas en cuatro bloques: manejo de
plagas, uso de insecticidas, uso del equipo de asper-
sión y contaminación.
Se colectaron los principales IP y para su identi-
fcación se enviaron al Benefcial Insect Introduction
Institute (BIII) del Departamento de Agricultura de
los Estados Unidos de Norteamérica y al Depar-
tamento de Entomología del Instituto Politécnico
Nacional de México.
Los datos obtenidos se analizaron con el paquete
estadístico SPSS (1997). Además se realizó el aná-
lisis toxicológico recomendado por Lagunes-Tejeda
y Rodríguez-Maciel (1988), lo que permitió obtener
una clasifcación de los insecticidas en el municipio
a nivel de grupos toxicológicos.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Uso de insecticidas
Los agricultores opinaron que el cultivo de to-
mate es susceptible a IP, especialmente a la mosca
blanca (
B. tabaci
). Sin el control con insecticidas
prácticamente no se obtiene producción, por ello el
71.42 % de lo que se asperja se utilizó para combatir
a esa plaga, seguido por un 17.86 % para los áfdos
Myzus persicae
Zulser y
Aphis gossypii
Glover,
1877), 7.14 % para el minador (
Liriomyza sativa
Blanchard) y 3.57 % para las chicharritas (
Empoasca
sp.) como se muestran en el
cuadro I
. Está compro-
bado que el uso de insecticidas convencionales para
el control del IP no tiene resultados satis±actorios. Por
ejemplo, aunque se elimine el 90 % de los huevos,
nin±as y adultos de
B. tabaci
, dada su capacidad como
vector de en±ermedades virales, menos de 3 adultos
virulentos por planta serían sufcientes para que un
cultivo sea irreversiblemente a±ectado. Asimismo, la
aplicación de insecticidas no impide que los sobre-
vivientes migren a otros cultivares vecinos (Polston
y Anderson 1999, Ruiz y Aquino 1999).
Los productores también señalaron que la asper-
sión de insecticidas se hace desde aproximadamente
10 años, principalmente en cultivos de tomate, sandía
y chile para el control de diabrótica (
Diabrotica bal-
teata
LeConte,
D. speciosa
Germar), mosca blanca,
R.E. Ruiz Nájera
et al.
132
gusano del fruto (
Heliothis zea
Boddie,
H. virescens
Fabricius) y á±dos (
Myzus persicae
Sulser), en este
orden de importancia. Los agricultores consideran
que el uso de insecticidas convencionales en el
control de los IP del tomate es indispensable, ya que
ninguna otra alternativa es e±caz para ese objetivo;
en el
cuadro II
se presentan los plaguicidas que los
productores aplican. Al respecto, Salazar (1996),
Polston y Anderson (1999) y Ruiz y Aquino (1999)
reportan que la aspersión unilateral de insecticidas
tiene poca o nula e±cacia en los IP, pero especial-
mente en
B. tabaci,
debido a su plasticidad genética,
que le con±ere la capacidad de alcanzar importantes
niveles de resistencia.
Dosis utilizada
En el
cuadro II
se registra que cinco de nueve
insecticidas se asperjan a dosis inferiores, tres a do-
sis superior y sólo uno a la dosis recomendada por
el fabricante. El empleo de dosis superiores a las
indicadas por el fabricante causa múltiples efectos
negativos en el ambiente como la contaminación de
ríos, aguas subterráneas y alimentos, además de que
induce resistencia en los IP y tiene un elevado riesgo
para la salud humana, entre otros. Rodríguez (1999)
reporta que dosis inferiores estimulan diversos proce-
sos ±siológicos en los IP, tales como la hormoligosis,
fenómeno en el que a menor concentración algunos
plaguicidas inducen una respuesta ±siológica especí-
±ca (Morse 1998). Rozman y Doull (2003) reportan
que la hormoligosis es un término empleado para la
respuesta del IP, estimulada por bajas dosis de ciertos
plaguicidas, lo que causa una condición homeostática
que aumenta la capacidad de un IP para resolver retos
±siológicos más allá de los límites de su adaptación
normal al ambiente. Está comprobado que hembras
de
B. tabaci
expuestas a dosis subletales de plagui-
cidas organofosforados incrementan su fecundidad
(Ortega 1998). En consecuencia el productor se ve
obligado a elevar la frecuencia de las aspersiones
del insecticida, lo que eleva su concentración; ésta
práctica acelera el desarrollo de resistencia simple y
cruzada o la múltiple. En el caso que nos ocupa, este
fenómeno amenaza seriamente la producción agrícola
debido a la insensibilidad de la mosca blanca a con-
secuencia de una mayor exposición a los químicos
usados para su control (Rozman y Doull 2003).
Los agricultores realizaron el mayor número de
aspersiones en la etapa fenológica de la ²oración
con el 82.1 %, seguido por 10.7 % a nivel de alma-
cigo, 3.6 % al trasplante hasta antes de la ²oración
y 3.6 % al amarre del fruto (
Fig. 1
). El 100 % de los
productores reportaron la aplicación de plaguicidas,
hecho preocupante pues la frecuencia fue equiva-
lente a cuatro o cinco veces por ciclo del cultivo, lo
que conlleva el riesgo de resistencia en los IP a los
insecticidas. Un número similar de aspersiones se
realizan en Costa Rica (Araya
et al
. 2005) y España,
países que reportan la aparición de resistencia en la
mosca blanca al imidacloroprid, perteneciente al
grupo toxicológico de los cloronicotinilos (Polstron
y Anderson 1999).
Elección del insecticida aplicado
Para la compra del insecticida el 98 % de los
agricultores considera la recomendación de sus ve-
cinos productores de tomate, rara vez al técnico de
la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo
Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) o al ven-
dedor de agroquímicos.
Con respecto a las indicaciones de la etiqueta del
envase del plaguicida, el 98 % de los agricultores ig-
nora el color que representa su categoría toxicológica,
la fecha de caducidad, la dosis recomendada según el
cultivo vegetal, así como el tipo de IP, y no detecta
ningún grado de deterioro del envase. Asimismo, el
95 % prepara la mezcla de insecticidas en el campo,
cerca del cultivo de tomate. Hechos similares fueron
reportados por Hernández
et al.
(2007) con produc-
tores de maíz en el Estado de México.
Finalmente se detectó que ninguna autoridad
estatal del ramo agropecuario ofrece la asesoría per-
tinente y solamente una asesoría mínima es hecha por
los vendedores de agroquímicos. Es por tanto urgente
que organismos o±ciales y privados proporcionen
tanto la información relacionada con su aplicación,
como la relativa a los posibles riesgos para la salud
asociados a la aspersión de plaguicidas.
Frecuencia de las aplicaciones
Entre los agricultores se registró que el tiempo
entre una y otra aspersión es variable: el 56.6 % lo
hace cada 8 días, el 9.6 % en periodos de 15 días, el
10.7 % a intervalos de 5 días y el 10.7 % cada 3 días.
Se observó que no respetan las recomendaciones del
fabricante tales como tiempo de reingreso al área
tratada y periodos sin el uso de estos agroquímicos
cuando se asperjan sobre el follaje de tomate en
²oración para proteger polinizadores. No hay con-
ciencia tampoco sobre la contaminación por plagui-
cidas en otros cultivos agrícolas, en alimentos, en
lagos, en lagunas y en ríos, ni sobre los síntomas
de intoxicación y primeros auxilios necesarios para
los trabajadores del campo afectados. Se encontró
que la mayoría de las aplicaciones se programaron
antes del establecimiento del cultivo agrícola, con
INSECTICIDAS UTILIZADOS PARA EL CONTROL DE PLAGAS DEL TOMATE
133
CUADRO II.
CLASIFICACIÓN DE LOS INSECTICIDAS UTILIZADOS PARA EL CONTROL DE PLAGAS DE TOMATE EN
EL MUNICIPIO DE CINTALAPA, CHIAPAS
Nombre
comercial
Nombre genérico
Grupo
toxicológico
Dosis
recomendada
por el
fabricante
(mL/ha)
Dosis
aplicada
por el
productor
(mL/ha)
Categoría toxicológica
según fabricante
Tiempo de
aplicación
Thiodan®
Endosulfan
Organoclorados
ciclodienos*
1500-2000
500
Clase
II Moderadamente peligroso
10 años
Rescate®
Acetamiprid
Neonicotinoides
200-350
160
III Ligeramente peligroso
10 años
Con±dor ®
Imidacloroprid
Cloronicotinilos
1000
1500
III Ligeramente peligroso
10 años
Disparo®
Clorpirifos etil +
permetrina
Organofosforado
heterocíclico,
enlace P=S,
+ Piretroide *
1000-1500
320
III Ligeramente peligroso
10 años
Abamectina
1.8®
Avermectinas
Lactona
macrocíclica
60-70
160
II Moderadamente peligroso
10 años
Oberon®
Spiromesifen
Ketoenoles
(Ácido tetrónico)
400-600
200
IV Plaguicidas que parecen no
representar peligro en
condiciones normales de uso
10 años
Mustang®
Zeta-cipermetrina Piretroide*
50-60
500
IV Plaguicidas que parecen no
representar peligro en
condiciones normales de uso
10 años
Herald®
Fenpropatrin
Piretroide*
400-500
250
IV Plaguicidas que parecen no
representar peligro en
condiciones normales de uso
10 años
Calypso
480SC®
Thiacloprid
Cloronicotinilos
150-200
160
III Ligeramente peligroso
* Clasi±cación de Lagunes-Tejeda y Villanueva 1994
base en un patrón de actividades realizado por agri-
cultores vecinos; datos similares fueron reportados
por Araya
et al
. (2005). También se registró que la
aspersión se efectúa en función de lo recomendado
por el vendedor del insecticida, a falta de un asesor
técnico acreditado. La frecuencia de aplicación fue
dependiente de la densidad del IP existente, a más
infestación mayor frecuencia de uso, criterio que
generalmente no se correlacionó con el daño al
cultivo del tomate para justi±car el manejo de los
insecticidas.
Equipo de protección personal utilizado e in-
toxicación
Se encontró que un 90 % de los productores no
utilizan el equipo completo de protección perso-
nal: mascarilla, anteojos, guantes, ropa adecuada
y botas,por la incomodidad que implica hacerlo en
clima cálido –la temperatura ambiental que alcanza
hasta 40 ºC– pero también por ignorar los daños que
los plaguicidas causan a la salud humana. De hecho
se recominenda usar el equipo de protección personal
en la manipulación de plaguicidas en el mezclado,
en la aplicación, en el almacenaje, en su disposición
±nal, al limpiar el equipo, al estar en contacto con ob-
jetos recientemente contaminados con el plaguicida
y al lavar ropa contaminada con estos agroquímicos
(Johnson 2005).
Fig. 1.
Etapas fenológicas del cultivo del tomate (
Lycopersicon
esculentum
Mill.) donde se llevan a cabo las aspersiones
de insecticidas
3.60 %
3.60 %
Almacingo
Después del transplante
Floración
Amarre del fruto
82.10 %
10.70 %
R.E. Ruiz Nájera
et al.
134
CUADRO III.
TIPOS DE MEZCLAS DE INSECTICIDAS Y ACARICIDAS QUE REALIZAN AGRICULTORES
Nombre
comercial
Nombre genérico
Clasifcación
Tipo de plaguicida:
Thiodan® + Mitac
®
EndosulFan + Amitraz
Organoclorado Ciclodienos +
Triazapentadieno
insecticida + acaricida
Thiodan® + rescate
®
EndosulFan +
Acetamiprid
OrganocloradoCiclodienos+
Acetamida
insecticida +insecticida
Disparo
®
+ Mitac
®
+
Thiodan®
ClorpiriFos etil
y
permetrina + Amitraz +
EndosulFan
OrganoFosForado
Heterocíclico, enlace P=S,
y Piretroide
+
Triazapentadieno +
OrganocloradoCiclodienos
insecticida + acaricida +
insecticida
Thiodan
®
+ Herald
®
+
Mitac
®
EndosulFan +
±enpropatrin + Amitraz
Organoclorado Ciclodienos +
Piretroide + Triazapentadieno
insecticida + insecticida y
acaricida + acaricida
Al cuestionarles sobre algún caso de intoxicación,
el 50 % señaló haber tenido algún daño o síntomas
como quemaduras, comezón e irritación de la piel,
ardor de ojos, vómito y dolor de cabeza. No obstante,
el 90.3 % de los entrevistados respondieron que al
concluir la jornada de trabajo se duchaban, el 95.5 %
se cambiaba de ropa y de ocurrir alguna intoxicación
bebían jugo de limón o leche como antídoto.
En general los trabajadores agrícolas se intoxi-
can con los plaguicidas porque inician la jornada
de aplicación a las 7 de la mañana, entre las 9:30 y
10:00 horas almuerzan y aunque señalaron que antes
de hacerlo se enjuagan las manos con agua limpia,
ello no es de ninguna manera sufciente para eliminar
los residuos del insecticida acumulado en su ropa,
manos y otras partes del cuerpo que se tocan al estar
consumiendo alimentos. Lo anterior es un ejemplo de
la ignorancia, la imprudencia, el analFabetismo y los
prejuicios que estos trabajadores tienen al considerar
que los plaguicidas asperjados no son tóxicos. Esto
y el hecho de que los países en vías de desarrollo
carecen de un sistema de educación en su manejo y
regulación sanitaria (García 1999, Rozas 2003) ha
agudizado la problemática.
Estos resultados confrman que los agricultores
de tomate requieren de campañas educativas para
entender el riesgo al que se exponen con sus Familias
al no usar los equipos de protección durante el manejo
de insecticidas en el control de los IP.
En este sentido, la Organización Mundial de la
Salud (OMS) sostiene que el 3 % de la población
agrícola de los países subdesarrollados es suscepti-
ble a intoxicaciones agudas; otras agencias de salud
estiman una morbilidad de entre 8 y 50 casos por
100 000 habitantes, contra los 0.2 casos por cada
100 000 habitantes en países desarrollados. Estas
estadísticas no incluyen los posibles eFectos crónico
degenerativos en la población que tiene contacto
directo e indirecto con los plaguicidas como cáncer,
malFormación congénita, abortos y esterilidad. En las
últimas décadas esto ha obligado a realizar acciones
de capacitación en el manejo seguro de insecticidas
para evitar problemas de salud en la población hu-
mana (Araya
et al
. 2005).
Uso de mezclas
De los agricultores entrevistados, 35.7 % respon-
dieron que realizan mezclas de insecticidas, inFor-
mación que se muestra en el
cuadro III
. Consideran
que dos plaguicidas controlan mejor los IP que uno
solo, y porque el amigo o compadre les refrió buenos
resultados con esta práctica, mezclan, además, los
insecticidas con el Fertilizante Foliar poliquel múlti-
ple,
recomendado para la nutrición Foliar de cultivos
anuales como las hortalizas
.
El inconveniente de esta
práctica es que no realizan pruebas de compatibilidad
química, al ignorar que existen insecticidas que por
su composición no deben mezclarse con compuestos
que tengan pH mayor de 7.5. El empleo de la com-
binación de plaguicida y Fertilizante se hace sin leer
las recomendaciones escritas en las etiquetas.
Una elevada cantidad de IP en el cultivo de tomate
es incontrolable, por ello el productor aumenta las
dosis y utiliza mezclas de insecticidas que aseguren
la cosecha del tomate y paguen su precio; se busca
también el ahorro de tiempo y mano de obra. No
obstante, está comprobado que tal práctica en realidad
sólo agudiza el problema, sobre todo por el número
reducido de plaguicidas que se asperjan para elimi-
nación de los IP del tomate (García 1999). Como se
mencionó antes, está reportado que los IP aumentan
su resistencia simple y múltiple a la combinación de
plaguicidas con la consecuente pérdida de su eFecti-
vidad (Ortega, 1998).
INSECTICIDAS UTILIZADOS PARA EL CONTROL DE PLAGAS DEL TOMATE
135
La resistencia de los IP a los insecticidas depende
de la genética de cada insecto para sobrevivir a la
exposición de dosis letales de estos químicos, ya sea
desarrollando mecanismos a nivel sustrato enzima,
que impiden que el plaguicida entre en contacto con
el sitio activo de la enzima o porque el insecticida fue
degradado antes de alcanzarlo (Roush 1996). Aunque
en la mayoría de los casos estudiados en detalle se ha
reportado que la resistencia de los IP a los insecticidas
se debe al incremento en los valores de actividad de
la enzima glutation S-transferasa (GST), más que
a cambios cualitativos en enzimas individuales. El
aumento de la resistencia puede ser el resultado de
una ampliFcación del gen o, más comúnmente, por un
incremento en la velocidad de transcripción genética
de la enzima (Enayati
et al.
2005).
Manejo del equipo de aplicación de plaguicidas
La única manera de aplicar la dosis adecuada de
un insecticida es mediante la calibración correcta
del equipo de aspersión. Para los de tipo manual o
de espalda existen diversas formas. Lo práctico es
hacer la calibración por área, por metros de surco
o por número de árboles, esto depende del cultivo
agrícola que se pretende proteger y del tipo de IP.
Los resultados de esta investigación muestran que
el 60.7 % de los agricultores de tomate no calibra el
equipo manual de aspersión de plaguicidas, mientras
que el 39.3 % lo hacen. Aunque lo que ellos conside-
ran calibración, no lo es técnicamente, pues regulan
la salida de la mezcla de insecticidas por la boquilla,
si ésta se obstruye, la destapan al soplar con la boca
o con un golpe contra una base sólida y accionado
del seguro de escape, de esa manera logran el ±ujo
de la mezcla de insecticidas al exterior.
Por lo tanto, el 100 % de los agricultores de tomate
no calibran el equipo de aplicación de plaguicidas que
utilizan, principalmente por la falta de capacitación
y conocimiento técnico, lo que les impide asegurar
la efectividad de los insecticidas en el control de los
IP y al mismo tiempo disminuir su impacto negativo
ambiental y económico (Bogliani
et al.
2005).
Se analizó también el funcionamiento y manejo
de los equipos de aspersión de plaguicidas que los
agricultores emplean. En este aspecto más del 50 %
no sigue la recomendación del fabricante, a excep-
ción de los volúmenes de insecticidas asperjados
por hectárea. Así, el 80 % de los caudales de las
boquillas de los equipos no cumple con los valores
considerados correctos.
Respecto a la antigüedad del equipo, el 45 % tiene
más de 5 años de uso. Su mantenimiento es una vez
por año y sin ninguna forma de calibración, sólo se
repara cuando se detecta un desperfecto evidente y nor-
malmente no se preocupan si el aspersor tiene fugas.
Al menos el 20 % de los aspersores de mochila
funcionan parcialmente por la carencia de manteni-
miento y de limpieza de los Fltros, además tienen
fugas por ruptura de empaques interiores del tanque,
y las boquillas están rotas o trasroscadas. Lo que
hace más complicada esta situación es que los agri-
cultores no tienen acceso a la información asociada
con equipos modernos de aplicación de plaguicidas,
en función de sus características de manufactura y
de sus componentes: picos, mangueras, bombas,
manómetros, tanques, etc. Todos estos son factores
secundarios que, como ya se dijo, inducen resisten-
cia en los IP además de contaminar los productos
agrícolas cosechados con los plaguicidas asperjados
(Bogliani 1993, Márquez-Delgado 2008).
Almacenaje de los insecticidas antes y después de
la aspersión y tratamiento de los envases vacíos
Generalmente el 96.4 % de los agricultores de
tomate entrevistados almacenan los plaguicidas y
su sobrantes en un cobertizo cerrado, separado de su
vivienda y de los animales domésticos.
Se registró que los envases vacíos de los insec-
ticidas se conFnan en un contenedor de SAGARPA
(
Fig. 2
) sin eliminar los remanentes del químico como
lo señala la NOM-003-STPS-1999 (2002), por lo
que esos residuos tóxicos son un riesgo para la vida
humana, silvestre y el ambiente. Esta problemática se
agudiza más en los países en vías de desarrollo porque
no tienen sistemas de regulación, control, sanidad y
educación, o si los hay no se aplican. Como resultado
se reporta un 99 % de casos de intoxicación humana
a consecuencia de esta manera incorrecta de manejar
plaguicidas agrícolas (Rozas 2003).
Fig. 2
. Contenedor para almacenaje de envases vacios de pla-
guicidas en el área de estudio
R.E. Ruiz Nájera
et al.
136
En general sólo el 40 % de los trabajadores agrí-
colas que aplican insecticidas fueron capacitados, y
de este porcentaje, la tercera parte lo fue en el último
año; el resto lo consiguió por otros trabajadores y rara
vez por técnicos de SAGARPA. Lo anterior indica
que los agricultores no tienen interés por aprender
el manejo de los plaguicidas para el control de IP
del tomate, pero tampoco la SAGARPA y la Secre-
taría del Campo del Gobierno del estado de Chiapas
(SECAM) ofrecen a los agricultores una asesoría
técnica adecuada al problema
La OMS señala que los insecticidas agrícolas
para el control de IP son causantes de un millón de
casos de intoxicación aguda accidental por año; de
estos un 70 % es ocupacional (Karam
et al.
2004).
Se considera que también la población urbana es
afectada indirectamente como resultado del mane-
jo inadecuado que se reporta en las zonas rurales
(Kirrane
et al.
2004).
CONCLUSIONES
Los agricultores de Cintalapa, Chiapas, México,
para el manejo de IP del tomate asperjan incorrec-
tamente insecticidas a dosis inferiores o superiores
a las recomendadas por el fabricante. En ambos
casos causan problemas porque alteran la Fsiología
de los IP y afectan a la salud humana y al ambiente.
Además no utilizan equipo personal de protección
en su aplicación y los envases de esos plaguicidas
son desechados en un contenedor sin una disposición
adecuada. Lo anterior hace urgente la capacitación
para el manejo correcto de esos plaguicidas.
Los productores de tomate tienen en los IP uno de
los principales limitantes de un rendimiento rentable,
lo que los obliga a asperjar insecticidas pero además
de que deben hacerlo correctamente, es necesaria la
implementación de otras alternativas en el manejo
de esa clase de insectos, como el control biológico.
También deben establecerse programas de capacita-
ción con base en talleres y conferencias dirigidas a los
técnicos agrícolas que asesoran a los agricultores en
el control de IP, para que adopten prácticas agrícolas
ecológicas con el menor impacto negativo en la salud
humana y el ambiente.
La capacitación técnica de los productores debe
orientarse en función de cada situación especíFca, de
su idiosincrasia y nivel educativo de los trabajadores
agrícolas y en particular a nivel de organización y dis-
posición de los involucrados. Lo ideal es establecer
una coordinación de las actividades agrícolas entre el
gobierno y el sector social para que cada uno asuma
su responsabilidad en el control de los IP que limitan
la producción de tomate.
AGRADECIMIENTOS
Un agradecimiento especial al Dr. Juan Manuel
Sánchez Yáñez y al Dr. ±rancisco Guevara Hernán-
dez por sus aportaciones al presente trabajo.
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