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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Dr. William F. Grant, un mentor para sus estudiantes
(1924-2011)
Han pasado casi 30 años,
pero aun recuerdo vívidamente
el 15 de agosto de 1984 cuando
el avión que me conducía de la
Ciudad de México a Montreal,
aterrizó en el aeropuerto Interna-
cional de Mirabel, Canadá. En-
tre todos los rostros nuevos que
me rodeaban, de pronto vi a lo
lejos a un hombre de aproxima-
damente 60 años que destacaba
por su sonrisa amable, su mirada
despierta y al mismo tiempo
tímida. Ahí estaba, frente a mí,
quien pronto sería mi asesor de
tesis doctoral: William F. Grant.
Su bondad y su sincero inte-
rés en ayudar a sus estudiantes
fue palpable desde los primeros
momentos en que comencé a
hablar con él. El doctor Grant
no sólo había conseguido para
mí un cuarto en Laird Hall, la
residencia para estudiantes en
MacDonald College de la Uni-
versidad McGill, sino que también había planeado
recibirme con una cena en su casa para presentarme a
su esposa Phyllis. Bill, como le llamaban sus colegas
y amigos, fue antes que nada un hombre generoso, a
quien le gustaba entregarse tanto a nivel social como
profesional. A Bill Grant siempre le importaron sus
estudiantes, en particular los internacionales y trataba
de hacer lo posible para que ellos se adaptaran al nue-
vo país, lo que les permitiría continuar sus estudios
de posgrado. Yo misma tuve ese tratamiento especial,
Bill y su esposa Phyllis me invitaron a desayunar
casi a diario por un periodo de dos semanas mientras
me acostumbraba a mi “nueva vida”. Phyllis Grant
mencionó varias veces que su esposo tenía una larga
lista de estudiantes internacionales que llegaban a
Macdonald College a estudiar bajo su supervisión.
Con frecuencia, Phyllis me aseguraba que yo era el
estudiante número 35 y esa cifra me parecía increíble
¡tantos estudiantes internacionales había tenido el
Dr. Grant hasta ese momento! A Phyllis también le
divertía recordar el nombre de los otros 34 estudiantes
e identifcar los países de donde habían venido. En
algunas ocasiones el doctor Grant reunía en su casa
a sus estudiantes de posgrado para intercambiar
con ellos ideas en un ambiente
agradable y acogedor. Él y
su esposa se esmeraban por
hacer de estos encuentros un
acontecimiento especial para
los estudiantes. Los cuales,
por su parte, decían que era un
privilegio estar invitados a la
casa de su asesor y realmente
se divertÍan en compañía de la
pareja Grant. En ciertas ocasio-
nes, la señora Grant adornaba
la pared del comedor con un
maravilloso kimono que había
obtenido en uno de sus viajes al
Japón, donde se reunían con un
ex estudiante japonés del doctor
Grant que vivía y trabajaba en
ese país después de haberse
graduado bajo su supervisión
en la Universidad McGill. Esta
decoración realmente le daba
un aire internacional a su casa
en esos momentos especia-
les. Esta extraordinaria pareja
amaba mantener un contacto estrecho con todos los
estudiantes que se habían graduado bajo su dirección.
Algunos de ellos vivían en Asia, otros en América del
Sur, América del Norte, Europa. La distancia que los
separaba no era un problema, ya que la pareja Grant
siempre enviaba una tarjeta de navidad a cada uno
de ellos y la tarjeta llevaba en la portada una foto
de la pintura más reciente de Phyllis Grant; ella era
una gran artista a quien le gustaba pintar escenas
del Morgan Arboretum de la Universidad McGill.
Imágenes encantadoras y siempre realistas de ese
pequeño bosque de pinos.
El Dr. Grant era una eminencia en su campo de tra-
bajo y trataba que sus estudiantes siempre estuvieran
al tanto de los últimos avances en su área de investi-
gación. Cuando comencé mis estudios de doctorado,
el doctor Grant acababa de publicar su libro “Plant
Biosystematics”, de Academic Press. Éste fue una
de las muchas contribuciones académicas que hizo
a la citogenética, la biosistemática y la mutagénesis.
Numerosos fueron los artículos que publicó en estas
áreas de investigación y abundantes también las
distinciones, premios y reconocimientos que recibió
durante su vida, tales como el grado honorario de
Rev. Int. Contam. Ambie. 28 (4) 271-274, 2012
P. Castillo Ruiz
272
Doctor en Ciencias otorgado por la Universidad de
McMaster por sus contribuciones académicas y el
título de Profesor Emérito de la Universidad McGill,
o bien el prestigioso premio de excelencia de la Ge-
netics Society of Canada instituido en su honor (este
premio es ahora conocido como William F. Grant
and Peter B. Moens Award of Excellence). El Dr.
Grant fue deFnitivamente un pilar de la citogenética
en relación con sus estudios sobre el género
Lotus
y
también llevó a cabo una amplia investigación usando
otros géneros de plantas como
Impatiens, Tobacco,
Brassica, Amaranthus, Manihof
y
Vicia faba
, entre
varios más. Aún está fresco en mi memoria cuando,
en 1985, el Canadian Jornal of Genetics and Cytology
dio a conocer que uno de los artículos más leídos y
citados de la revista fue publicado por el doctor Grant
en colaboración con un estudiante de posgrado.
La experiencia del Dr. Grant en las áreas de inves-
tigación vegetal atrajo la atención de estudiantes e in-
vestigadores alrededor del mundo. No es sorprendente
que los estudiantes de diferentes rincones del planeta
quisieran venir a la Universidad McGill para estudiar
bajo su dirección. Este fue mi caso, después de haber
obtenido una licenciatura en biología y una maestría
en el área de citogenética vegetal, fui muy afortunada
al ser aceptada por el doctor Grant como estudiante
de doctorado en su laboratorio. Esto me dio el valor
necesario para dejar mi país, mi familia y amigos y
aprender más acerca de la citogenética vegetal bajo su
dirección. Los laboratorios del Dr. Grant estaban situa-
dos en el Raymond Building de McDonald College,
uno de ellos era un pequeño cuarto en el sótano del
ediFcio, los otros dos eran laboratorios grandes con
enormes ventanas mirando hacia el imponente campus
de MacDonald. Ambos laboratorios eran parte del
Departamento de Plant Science; uno de los ediFcios
originales erigidos por la Universidad McGill en Ste.
Anne De Bellevue, QC al comienzo de los años 1900.
Estos laboratorios realmente mostraban su edad, no
eran modernos, pero estaban muy bien equipados y
al entrar se veía la impresionante cantidad de trabajo
que el doctor Grant y sus estudiantes habían llevado a
cabo durante décadas en ese lugar. La oFcina de Bill
quedaba a cierta distancia de los laboratorios, pero eso
no impedía al doctor ir a ver a sus estudiantes todos
los días, varias veces, si era necesario. A él le encan-
taba llegar a charlar con sus estudiantes, nos llevaba
libros y artículos para leer. Nos proponía nuevas ideas
para llevar a cabo nuestros experimentos. En el caso
de que un estudiante fuera a presentar su examen de
comprensión, requisito para ser aceptado en una tesis
doctoral, recibía del doctor Grant todo el apoyo que
fuera necesario por lo que no era sorprendente ver una
verdadera pila de libros en los escritorios de aquellos
que estaban por presentar dicho examen. A pesar de
todo su conocimiento, premios y distinciones, Bill
Grant tenía una agradable relación con sus estudiantes,
casi paterna. A todos nos encantaba verlo llegar cada
día con una anécdota o con palabras reconfortantes
que nos hacían sentir bien. En especial nos gustaba
escuchar su sentido del humor ya que tenía lo que se
conoce como un ‘dry sense of humor’. Sin embargo,
William Grant exigía un alto nivel académico de sus
estudiantes, le gustaba ser Frme y que fueran serios en
cuanto a su trabajo. Bill llegaba a trabajar casi a diario
en bicicleta y tan pronto arribaba a su oFcina, se ponía
a trabajar en su computadora. En esa época, 1980, Bill
era el orgulloso dueño de una nueva computadora
Apple que lo mantenía muy ocupado ya que, según nos
decía, debía poner todo el trabajo que había realizado
por décadas dentro de la computadora. A pesar de sus
numerosas actividades de investigación, así como
de su trabajo como editor de diferentes revistas de
investigación y presidente de asociaciones cientíFcas,
el doctor Grant siempre tenía las puertas abiertas para
sus estudiantes, permanentemente invertía tiempo para
aconsejarles y ayudarles en sus investigaciones.
En junio de este año (2012), estuve presente en
la ceremonia de graduación de mi hijo mayor en la
Facultad de Ingeniería de la Universidad McGill.
Esta ceremonia no sólo era importante porque mi hijo
se graduaba de ingeniero, sino también porque me
recordó el camino que yo misma seguí hace casi 30
años en Universidad McGill, cuando el doctor Grant
me aceptó como uno de sus estudiantes de posgrado.
Durante la ceremonia, uno de los oradores invitados
habló sobre la importancia de un mentor en la vida de
los jóvenes estudiantes. Por deFnición, un mentor es
alguien que guía y da consejo o ayuda a otra persona
para tener éxito en la vida. Mirando hacia atrás, me
di cuenta que el doctor Grant fue un mentor para mí,
así como para muchos de sus estudiantes ya que nos
enseñó el signiFcado de la paciencia, la perseverancia
y la pasión por nuestro trabajo. Después de obtener
mi doctorado en la Universidad McGill, seguí una
carrera en la Facultad de Educación de la misma
Universidad. Ahora yo tengo mis propios estudiantes
y trato de ser un modelo para ellos, una fuente de
inspiración como el doctor Grant lo fue para mí y
para muchos de sus estudiantes.
¡Gracias, Dr. Grant!
Priscila Castillo Ruiz
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