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Presentación
E
l presente número de la
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
continúa con la política de
renovación que ha asumido. A partir de la
edición 193 (enero-marzo del 2005) dio curso a cambios en su imagen
editorial que resultaron inicialmente más evidentes en el diseño de las por-
tadas. Después, a partir de su edición 196 (enero-abril del 2006) se trans-
formó totalmente el formato de nuestro órgano editorial para simbolizar la
llegada de una nueva época, la sexta. Ahora, atendiendo de manera especial
a las sugerencias de nuestros lectores y críticos que nos hacen notar las de-
bilidades de nuestro formato así como sugieren la manera de mejorarlo, el
Consejo Editorial ha decidido respetar el formato actual aunque modiFcando
ligeramente sus interiores, reduciendo las viñetas que han acompañado los
textos (dejando una sola a manera de apertura de los mismos) y mostrando
los textos en doble columna en lugar de la triple que los enmarcaba. De esta
manera, esperamos, se agilice tanto la lectura como se puntualice la sobrie-
dad académica que tradicionalmente ha acompañado la forma del contenido
de nuestro órgano editorial. Desde luego, esperamos con ansia los comenta-
rios de los lectores a sabiendas que siempre estaremos dispuestos a atender
cualesquiera recomendaciones que contribuyan a hacer de ésta, una revista
que conjugue la excelencia académica de su contenido con el dinamismo de
su formato.
¿Es usted un demonio? Soy un hombre.
Y por lo tanto tengo dentro de mí todos los demonios.
Gilbert Keith Chesterton
En su edición previa, la
RMCPYS
abordó la temática de la discriminación y
la intolerancia hacia los sectores históricamente flagelados por estos procesos
de radical exclusión: minorías, niños y mujeres. Ahora, en la ducentésima pri-
mera edición, la
Revista
abre su sección
Perspectivas Teóricas
con tres trabajos
cuyo común denominador puede ayudar a explicar en parte el porqué de tales
Presentación
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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inequidades: el Mal, no el del mítico personaje de piel carmesí y testa cornú-
peta, sino el de aquél que subyace, muchas veces a flor de piel, en los seres
humanos. En una triple vertiente, la personalidad autoritaria, la personalidad
burocrática y la personalidad mesiánica, nuestros autores analizan desde dis-
tintos marcos teóricos el quehacer antisocial que resulta, no sólo no condena-
ble en muchas ocasiones, sino, paradójicamente, de gran impacto e, inclusive,
aceptación social. Sin duda alguna, no deja de tener
razón la aseveración que
El diablo es optimista si cree que puede hacer más malo al hombre
(Karl Krauss)
¿Por qué el hombre se halla tan habituado al mal que se entrega a él, cree en
él, mata por él, se pierde por él? Roberto García aborda en su artículo, “De la
personalidad autoritaria a la cultura cívica: de
Adorno a Almond y Verba”, (con
el cual se abre la sección
Perspecivas Teóricas
) algunas de las aproximaciones
teóricas más reputadas (
The Authoritarian Personality
, de Theodor Adorno;
The
Appeals of Communism
de Gabriel Almond
y
The Civic Culture
del mismo autor
conjuntamente con Sydney Verba
)
con el objetivo de explicar el porqué de la
actitud y comportamiento de las personalidades autoritarias cuyos perfles no
tendrían, quizás, demasiada importancia, más allá del ámbito privado, a no ser
porque tienen un altísimo impacto en la cultura cívica al asociar, casi indeFec-
tiblemente, la actividad política con el autoritarismo de sus protagonistas.
Cuando de mal se habla, sin duda alguna uno de sus epítomes es el lla-
mado “Arquitecto del Holocausto”: AdolF Eichman. ¿Cómo pudo un hombre
‘común y corriente’, buen ciudadano, cariñoso padre o amantísimo esposo
haber contribuido directamente en perpetrar el más singular de los genoci-
dios de la historia? Marco Antonio Estrada analiza estas preguntas a través
de los ojos de una de las pensadoras políticas más controvertidas por haber
califcado al mal, en el marco del Holocausto, con el adjetivo “banal”: Han-
na Arendt. En su artículo, “La normalidad como excepción: la banalidad del
mal en la obra de Hanna Arendt”, explica cómo poder entender e interpre-
tar correctamente la actitud de ella ante esta ‘escandalosa’ adjetivización.
Una de sus conclusiones mueve ciertamente a la reflexión:
El mundo humano
adquiere sentido sólo en cuanto somos capaces de conferírselo. En sí, ningún
fenómeno humano posee sentido sin nuestra intervención intencional. Y esto
incluye al mal. Para Arendt, el mal no es un ser o una esencia sino producto
de nuestros actos. Por decirlo paradójicamente, su ser está en el acto y sólo
podemos caliFcarlo como tal si lo juzgamos
. Ciertamente ante tan crucial di-
lema de la condición humana que oscila tensamente entre los requerimien-
tos de la acción y los de la comprensión y explicación, bien cabe recordar
la distinción que sugiere Isaiah Berlin entre pluralismo y relativismo. Entre
el pluralismo de “muchos fnes, valores últimos, algunos incompatibles con
otros, buscados por diFerentes sociedades en tiempos diFerentes o por diFe-
rentes grupos (etnias, iglesias) en una sociedad o por una persona particular
en ellos” y un relativismo que conduce al hombre a ser cautivo de la historia
sin la capacidad de ponderar, evaluar y juzgar.
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A su vez, Félix Ortega señala los peligros y los desastres que una personali-
dad autoritaria, populista, mesiánica o caudillista puede tener en la salud de
gobiernos, pueblos y sociedades. Cuando esa personalidad tiene acceso al lla-
mado “quinto poder”, la prensa, el impacto, entonces, puede ser avasallador.
En “El caudillismo periodístico”, analiza los modos, estrategias, personalidad,
métodos e impacto que una personalidad autoritaria-populsita-mesiánica, de-
dicada a una de las profesiones más delicadas del quehacer social, puede te-
ner.
De hecho,
concluye el autor
, lo que este ‘caudillo’ trastoca, siempre que le
conviene, es cualquier relación de causalidad, prelación temporal y contextua-
lización espacial colocando en su lugar un mundo en el
que ‘todo es posible’,
con lo que verdad y mentira se difuminan para dejar paso al principio universal
de ‘todo vale’.
La civilidad deberá estar atenta a aquellos que jurando salvarla,
sólo ocasionan perderla.
De frente al bicentenario de la Independencia de México, más allá de ce-
lebraciones sin más, resultaría más saludable reflexionar qué se ha hecho,
o no, en estas dos últimas centurias para mejorar, en casos muy concretos
alcanzar, la salud de la república, hoy día tan maltrecha por tantos proble-
mas irresolubles. En este sentido, la sección
Sociedad y Política
, abre con un
artículo que, apelando a la historia, nos da algunas de las claves para com-
prender los porqués de la siempre difícil situación ±nanciera pública del país.
En “Infancia es destino: el federalismo y las ±nanzas públicas nacionales en
el Congreso Constituyente de 1824”, David Pantoja nos lleva de la mano al
máximo recinto legislativo del México recién independiente para escuchar
las voces que entonces surgieron con el propósito de reordenar las ±nanzas
públicas nacionales. Ya desde entonces, nos advierte en su colaboración, los
diputados constituyentes dejaron ver claramente en sus intervenciones la
resistencia de las ricas y poderosas elites locales a contribuir a los gastos de
la federación. Tanto el gobierno como los miembros de la comisión redacto-
ra de la constitución y los de la comisión de hacienda, ante la posibilidad
de una ruptura y la grave amenaza de la disolución de la unidad nacional,
pre±rieron ceder.
El precio que se tuvo que pagar por evitar que la nación se
pulverizara en una multitud de pequeñas entidades fue que, ante la amena-
za de la ruptura, la federación se inclinara frente a las poderosas oligarquías
locales impidiéndose así la conformación de una hacienda pública sólida. Las
consecuencias fueron las crisis recurrentes durante una parte importante del
siglo XIX y un
legado de impotencia para las Fnanzas federales hasta nuestros
días
. México, desde entonces, ha debido arrostrar esta debilidad estructural
gobierno tras gobierno contribuyendo con ello a sentar las bases de la cul-
tura del no pago, tan dañina a la salud pública de la república como a la es-
tabilidad de la sociedad que la integra. ¿Hasta cuándo?
De aquellos lejanos tiempos, Felicísimo Valbuena nos aproxima a un presen-
te más inmediato: las elecciones mexicanas del 2006. Como pocos en la histo-
ria reciente del país, este tema ha suscitado ya el correr de ríos de tinta desde
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muy variopintos puntos de vista, intentando todos ellos alcanzar aquel viejo
apotegma de la historia:
wie es eigentlich gewesen ist
, contar exactamente qué
sucedió. En su caso, el artículo “Estudio retórico-comunicativo de los debates
presidenciales mexicanos” se centra en desentrañar los procederes discursivos
de los candidatos de entonces desde las categorías clásicas aristotélicas:
1)
identifcar la aplicación que cada candidato hizo de las reglas de procedimien-
to durante los dos debates; 2) mostrar los públicos a los que se dirigió durante
los debates, es decir, la construcción mental del público que tenía; 3) analizar
los materiales de prueba personal (ethos) que cada candidato mostró y los ata-
ques de otro/s candidatos contra esos materiales; 4) examinar los materiales
argumentales (logos) que Fueron surgiendo en el debate mostrando las pautas
dominantes en cada uno; 5) detallar los materiales de experiencia (pathos) que
cada candidato empleó para atraer el interés de la audiencia
. Los resultados
del estudio coadyuvan a aclarar los cómos y porqués del triunfo de unos y
la
derrotas de otros.
La perspectiva internacional de la presente edición nos lo da Edmundo Her-
nández-Vela en la sección
Cuestiones Contemporáneas
. En su artículo, “Las ne-
gociaciones sobre las armas químicas: en aras de
un régimen multilateral efec-
tivo de prohibición y control”, destaca el ominoso signiFcado de la existencia
y utilización de las armas químicas en sus diferentes formas y modalidades así
como la trascendental culminación de las arduas, difíciles y prolongadas ne-
gociaciones multilaterales cuyo objeto fundamental ha sido el establecimiento
de un régimen multilateral efectivo de prohibición y control de las mismas.
Como valor agregado de inapreciable valor para el lector, el trabajo publica
algunos de los más importantes extractos del documento producto de la
Con-
vención sobre la prohibición del desarrollo, la producción, el almacenamiento y
el empleo de armas químicas y sobre su destrucción
, testimonio que esperemos,
algún día, sea algo más que una carátula de presunción de los países signan-
tes: un medio eFcaz e incontrovertible para acabar, de una vez por todas, con
este otro tipo de maldad (in)humana que ha hecho caso omiso a una simple
aunque incontrovertible verdad:
Los medios violentos nos darán una libertad
violenta
(Mahatma Gandhi).
±inalmente, la sección
Reseñas
publica la intitulada “El último legado de
Herr
Luhman” que Laura Hernández realiza sobre uno de los últimos textos de
Niklas Luhmann,
La sociedad de la sociedad
. En ella, la reseñadora da cuenta
de la propuesta teórica del prolíFco y afamado sociólogo y enfatiza la impor-
tancia de esta obra al aFrmar que
El lector hispano tiene en sus manos una
teoría de la sociedad que tardó años en integrarse. Con su lectura y análisis, los
seguidores y críticos de Luhmann disponen de un corpus monumental para dar
contenido a sus “intuiciones cognoscitivas” en el marco de una teoría de los
sistemas sociales, por un lado, o reFutar su plausibilidad empírica y consistencia
científca, por el otro.
La reseña no deja de recordarnos aquél famoso opúsculo
que alguna vez le hiciera al hijo de Lüneburg
Bernd R. Hornung:
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Hemos contraído una gran deuda con Niklas Luhmann debido a sus nume-
rosos e importantes descubrimientos, rupturas y desafíos intelectuales. Una y
otra vez abrió puntos de vista sorprendentes y perspectivas nuevas para la so-
ciología, la ciencia de los sistemas y numerosas otras disciplinas. Fue uno de
los realmente pocos sociólogos contemporáneos que indudablemente cambiaron
paradigmas: desde el estructural-funcionalismo hacia la teoría funcionalista-es-
tructural, desde la sociedad de la acción a la sociedad de comunicación y se-
mántica, desde la “máquina” social a la autopoiesis. Algunos de estos cambios
puede parecer que son tan sólo juegos de palabras, sin embargo estos cambios
de términos cambian mundos.
Esperemos junto que, efectivamente, los rumbos que inician este ya turbu-
lento siglo XXI puedan dirigirnos a una mayor lucidez analítica que aporte a
un
serio cambio de mundo que pase por la reivindicación de la inclusión, por
el fortalecimiento de los derechos humanos, la proscripción de la violencia ge-
nocida y la consecución del bien común.
Presentación
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