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Reseñas
139
S
egún la economía neoclásica, cuando se suprimen
las restricciones a la circulación de mercancías y
dinero, el capital tiende a fluir hacia donde es más
escaso porque ahí
su rendimiento marginal es mayor.
Por consiguiente, el libre comercio internacional es
benéfico para todos pero, especialmente, para los países
pobres: una mayor inversión en las zonas subdesarro-
lladas implica, entre otras cosas, mejor infraestructura,
mayor desarrollo tecnológico y más oportunidades de
empleo para la población.
Así, el optimismo generado en México por la globa-
lización económica y, en particular, por el Tratado de
Libre Comercio de América del Norte (±²³) parecía bien
fundado. La creciente importancia del conocimiento
como factor económico alimentó un optimismo pare-
cido. A diferencia del capital tangible, el conocimiento
aparentemente es más difícil de monopolizar y tiene
un rendimiento creciente: produce más ganancias a
medida que se utiliza más. Similares expectativas se
desprenden del giro institucional de la economía del
desarrollo, según el cual lo decisivo para que un país
salga del atraso es que adopte las “reglas del juego”
apropiadas, algo mucho más sencillo que la lenta acu-
mulación de capital físico, financiero y humano que
parecía ser la única ruta hacia la prosperidad.
1
Los límites de la globalización
Reseña sobre el libro de Jorge López Arévalo,
La globalización neoliberal en Chiapas
, Tuxtla
Gutiérrez, Universidad Autónoma de Chiapas, 2007 (Colección: Social y Humanística),
511 páginas.
José Luis Velasco Cruz
Pero, defraudando esas previsiones, la desigualdad
de ingreso en todo el mundo no se ha reducido; de hecho,
es tan alta como la que existe dentro de las naciones
más desiguales del planeta.
2
Subsiste, además, la dis-
paridad entre países. Según las diversas estimaciones
revisadas por Giovanni Arrighi y otros colegas,
“la
desigualdad entre países explica al menos dos tercios
de la desigualdad mundial de ingreso en la década de
1990”.
3
El pronóstico del sociólogo Manuel Castells
4
evidentemente resultó acertado: la sociedad en red glo-
bal ha mantenido la división entre el primer y el tercer
mundo y segregado aun más al cuarto mundo (cuyos
habitantes se concentran en regiones enteras, como el
África subsahariana, pero existen incluso en los países
más desarrollados y en las opulentas capitales de la
economía global).
En retrospectiva, luego de casi tres décadas de
globalización económica neoliberal, es fácil denunciar
el optimismo de sus promotores y simpatizantes. Un
mérito del libro de López Arévalo es que hace mucho
más que eso: analiza, con una profusión de datos, los
mecanismos concretos que hicieron que Chiapas, uno
de los estados más marginados de México, se integrara
estrechamente a la economía global y, al mismo tiempo,
mantuviera o incluso acentuara su atraso económico.
s
1
Peter Evans, “´e Challenge of the ‘Institutional Turn’: New Interdisciplinary Opportunities in Development ´eory”, en Victor Nee
y Richard Swedberg, (eds.),
Te Economic Sociology of Capitalism
, Princeton,
Princeton University Press, 2005, pp. 90-116.
2
Branko Milanovic, “True World Income Distribution, 1988 and 1993: First Calculation Based on Household Surveys Alone”, Docu-
mento de Trabajo del Banco Mundial, 2000.
3
Giovanni Arrighi Beverly J. Silver y Benjamin D. Brewer, “Industrial Convergence, Globalization, and the Persistence of the North-South
Divide”, en
Studies in Comparative International Development
, vol. 38, núm. 1,
primavera de 2003, pp. 3-31.
4
Manuel Castells, L
a era de la información: economía, sociedad y cultura
, 7ª. ed. México, Siglo Veintiuno Editores, 1999, 3 vols.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
140
El libro muestra los mecanismos y productos por
medio de los cuales Chiapas se integró a la economía
global. Uno de ellos es el café, del que Chiapas es el
primer productor mexicano. Entre 1994 y 2004, el va-
lor del café chiapaneco fluctuó entre los 100 y los 350
millones de dólares anuales. Esas fluctuaciones fueron
muy bruscas, debido principalmente a la desregulación
del mercado internacional y al desmantelamiento de
las instituciones que apoyaban la producción nacional
(especialmente el Instituto Mexicano del Café); aunque
también contribuyeron
los huracanes que periódica-
mente han asolado al estado. En medio de sus fluc-
tuaciones, la producción de café de México y Chiapas
perdió presencia en el mercado global: pasó del 5 % en
la década de 1980 al 3 % en el período 2000-2004.
El maíz es otro producto por medio del cual se
materializó la inserción de Chiapas en la economía
global. Unos cuantos datos, tomados casi al azar entre
los muchos que analiza detalladamente el libro, pueden
ilustrar la situación. Desde el punto de vista social, la
producción de maíz es sumamente importante en Chia-
pas. En 2004, más de la mitad de la superficie cultivada
en el estado estuvo dedicada a ese producto. Chiapas
sigue teniendo un superávit en maíz: con el 4 % de la
población nacional, en el período 2000-2004 produjo
el 8.9 % del maíz mexicano; pero esta contribución es
menor que la de 1992, que fue del 10.3%. Dos razones
principales, ambas asociadas a las transformaciones
neoliberales, explican esta caída: el desmantelamiento
de las instituciones reguladoras y de fomento (como la
Compañía Nacional de Subsistencias Populares (
±O²A-
³´µO
) y el Banco Nacional de Crédito Rural (
¶A²·´·AL
)
y la competencia internacional. De acuerdo con el TL±,
la apertura plena al comercio internacional de maíz
debía ocurrir en 2008; pero, mediante la manipulación
del sistema de cuotas previstas en el tratado, el gobierno
de México permitió que la importación de este grano
se duplicara entre 1994 y 2003. Esto significó exponer a
los agricultores chiapanecos a la competencia directa
con los agricultores de Estados Unidos, el principal y
más eficiente productor de maíz en el mundo. En la
primavera de 2005, el precio del maíz proveniente de
Estados Unidos, puesto en el puerto de Veracruz, era
de 113.5 dólares, mientras que el precio a los produc-
tores de Chiapas era de 140 dólares. Un factor muy
importante en la baja competitividad de los maiceros
chiapanecos es el predominio del minifundio. Más de
la mitad de los productores cultivan dos hectáreas o
menos (mientras que sólo el 4.4 % de ellos cultivan 10
hectáreas o más); aunque se triplicara el rendimiento
promedio de estos minifundios (actualmente igual a
1.5 toneladas por hectárea) o se duplicara el precio de
venta del producto, el ingreso promedio que generan no
alcanzaría los doscientos dólares anuales por persona.
Si, en estas circunstancias, la producción de maíz en
Chiapas no decayó aun más fue gracias a dos factores:
el Programa de ¸poyos Directos al Campo (
µ·O±A¹µO)
(que supuestamente debía facilitar la reconversión tec-
nológica de las unidades de producción pero que en rea-
lidad funcionó como un mecanismo asistencialista) y la
existencia de un bloque sustancioso de agricultores que
producen predominantemente para el autoconsumo y,
por lo tanto, no están tan estrechamente vinculados a
los vaivenes del mercado.
ºa situación del café y el maíz ilustra bien la des-
ventajosa inserción del sector rural de Chiapas a los
mercados globales. ºa importancia de este sector salta
a la vista: más del 40 % de la población económicamente
activa en Chiapas trabaja en la agricultura, comparada
con el 15.1 % en todo el país. El deterioro del campo no
habría tenido consecuencias tan graves si hubiera sido
compensado por otros factores, previsiblemente más
benignos, de la globalización económica: en especial, la
integración a los flujos de capital y a las cadenas manu-
factureras trasnacionales. Pero Chiapas prácticamente
permaneció aislado de los flujos de inversión extranjera
que llegaron al país. Mientras la industria manufactu-
rera crecía en el resto de México, la de Chiapas se volvió
irrelevante. Su contribución al
µ»¶
manufacturero na-
cional cayó del 1.25 % en 1980 al 0.3 % en 2004.
Integrados desventajosamente a la producción
agrícola global y excluidos de las cadenas financieras y
manufactureras, los chiapanecos recurrieron a un ex-
pediente radical: insertarse ellos mismos, mediante la
migración, en los circuitos productivos globales. Entre
1995 y 2006, el lugar de Chiapas en la lista de estados
receptores de remesas desde Estados Unidos pasó del
27¼
al 11¼. Este cambio es aun más notable si se toma
en cuenta que durante ese período los ingresos por
remesas crecieron en prácticamente todo el país. En
2006, las remesas que llegaron a Chiapas equivalieron
a casi el 6 % del µ»¶ estatal (mientras que en todo el país
representaban sólo el 2.5%).
Una virtud mayor del libro es que busca la conexión
entre los problemas de Chiapas y los cambios globales: el
establecimiento de cadenas transnacionales de comer-
cio intrafirma, la conformación de regiones comercia-
les, la cartelización del comercio de productos agrícolas.
½ambién busca vínculos concretos entre la situación de
Chiapas y las transformaciones de la economía mexica-
na: el cambio de modelo económico, la dependencia de
los flujos de capital foráneo, la persistencia de las expor-
Reseñas
141
taciones de bajo valor agregado. Identifica, además, las
consecuencias sociales de la desventajosa integración
económica de Chiapas: la persistencia de la pobreza, la
marginación y el escaso desarrollo humano. Propone,
asimismo, una serie de lineamientos para mejorar la
situación económica y social del estado.
Pero, entre todos estos temas, quizá convenga re-
saltar uno que interesa no sólo a los economistas, sino
también a los sociólogos y antropólogos económicos:
la precaria estructura comercial del estado. Mientras
que en todo el país hay una sucursal bancaria por
cada 13 mil habitantes, en Chiapas hay una por cada
28 mil. Este no es sino uno entre muchos indicadores
de la ineficiente red de intermediarios, ‘coyotes’ y aca-
paradores que son a la vez causa y efecto del atraso
económico y que están fuertemente asociados a la
deficiente infraestructura productiva y de comunica-
ciones pero también al gran número de productores
que apenas rebasan el nivel de subsistencia. Son una
prueba tangible de que el mercado no opera en el aire
sino que está inserto en una serie de relaciones sociales
que pueden potenciar o distorsionar su funcionamien-
to. Esta situación es aun más reveladora si se recuerda
que en el otro extremo de la cadena global el mercado
también está severamente restringido, aunque por las
razones opuestas: un pequeño número de empresas,
que conforman verdaderos carteles u oligopolios, con-
trolan desde los países ricos el grueso del comercio de
productos agropecuarios.
Un planteamiento central del libro es que la globa-
lización neoliberal es sólo una variante de la globaliza-
ción económica. Esta última es un cambio fundamental
en la organización de la producción y el intercambio
global, posible gracias al desarrollo científico y tecno-
lógico. Quienes se oponen al orden neoliberal sin hacer
esta distinción son como los ludistas del siglo XIX,
que confundían a las máquinas con el capitalismo. A
menos que la humanidad involucionara desde el punto
de vista científico y técnico, la globalización, según el
libro, parece un hecho irreversible; aunque desde luego
es deseable, y posible, organizarla de una forma menos
excluyente.
No obstante, es importante recordar que la ciencia
y la técnica, por sí mismas, pueden servir para fines
distintos, incluso contrapuestos. La misma tecnología
que se usa para facilitar el intercambio económico
puede utilizarse para bloquearlo o hacerlo más difícil.
Ahora es más fácil mover las mercancías, el dinero y
las personas de un país a otro; pero también hay nue-
vas herramientas para vigilar y restringir ese flujo.
Es perfectamente posible la existencia de un orden
económico mundial que esté seccionado por barreras
nacionales.
El capitalismo mundial tal vez pueda sobrevivir
a la globalización. Esta es una posibilidad que deberá
tomarse muy en serio si se quiere evitar que un estado
pobre como Chiapas vuelva a ser víctima pasiva de los
cambios económicos mundiales. El libro de López Aré-
valo es un excelente punto de partida para un análisis
de este tipo.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
142
Referencias
Arrighi, Giovanni, Beverly J. Silver, y Benjamin D. Brewer, “Industrial Convergence, Globalization, and the
Persistence of the North-South Divide”, en
Studies in Comparative International Development
, vol. 38, núm.
. 1,
primavera, 2003, pp. 3-31.
Castells, Manuel, L
a era de la información: economía, sociedad y cultura
, 7ª. ed. México, Siglo Veintiuno Edi-
tores, 1999, 3 vols.
Nee Victor y Richard Swedberg (eds.),
Te Economic Sociology of Capitalism
, Princeton, Princeton University
Press, 2005.
Milanovic, Branko, “True World Income Distribution, 1988 and 1993: First Calculation Based on Household
Surveys Alone”, Documento de Trabajo del Banco Mundial, 2000.
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