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Presentación
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Viendo que el arte militar y todas las demás ciencias someten sus obras a la política,
como única ciencia que sabe hacer buen uso de ellas, creímos que era ésta la que buscábamos,
y también la causa de la felicidad pública, y en fin, como dice Esquiles,
que ella gobernaba sola y lo arreglaba todo teniendo por norte el interés general.
Pero la obra principal de la política parece ser la riqueza, la libertad
y la unión de los ciudadanos. Sin embargo, nosotros hemos demostrado ya
que todas estas cosas no son bienes, ni males. Por consiguiente,
es preciso que la política sea una ciencia útil a los hombres,
que los haga felices, los instruya y los haga sabios.
Sócrates
E
ntendida en su más amplio sentido como “el buen uso del saber para ventaja
del hombre”
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, es decir, conocer para hacer (saber usar de lo que se sabe),
la filosofía es compañera ineludible tanto de la ciencia que se ocupa de
examinar el devenir del hombre, como de aquella que se dedica a gobernarlos.
En este sentido, la filosofía debiera acompañar cualquier análisis que sobre la
sociedades humanas se haga, sobre todo si se pretende alcanzar, como aspira
la historia y desea la política, el bien-estar del hombre con respecto a sí mis-
mo, a su relación con los demás miembros de la comunidad en la que vive y a
su manera de acceder y aprovecharse del medio ambiente que le circunda. La
filosofía empapa a estas tres esferas del quehacer y vivir humanos. De aquí su
valía, por ello su presencia, entonces su necesidad.
En este marco, y prosiguiendo con la colaboración multidisciplinaria que
ha caracterizado a este órgano editorial, hemos querido ‘invitar’ ahora a que la
filosofía haga los honores de abrir el presente número y la sección Perspectivas
Teóricas. En la primera colaboración de este tipo, “La vivencia y su análisis: con-
1
La sabiduría es la que hace a los hombres dichosos, porque la sabiduría consigue siempre su fin, por-
que en otro caso no sería sabiduría. En fin, estamos de acuerdo, aunque no sé cómo, en que donde está la
sabiduría allí está el buen éxito […]
[…] Resulta, pues, que para ser dichoso no es bastante ser dueño de todos los bienes, sino que es preciso
usar de ellos. Sin esto ¿de qué sirve poseer? [Ahora bien] Es preciso hacer un uso bueno porque valdría más
no usar de un bien que abusar de él; esto último es un mal, lo primero no es mal ni bien [.
..]
De todo este discurso […] concluyamos que todos los bienes […] no son bienes en sí mismos; que por el
contrario, si a ellos se une la ignorancia, son peores que los males que les son opuestos, […] ¿Qué con-
cluiremos de todo esto? Que excepto dos cosas, todo lo demás no es bueno ni malo; que la sabiduría es un
bien y la ignorancia un mal.
[…] Luego, debemos creer que nuestros padres, nuestros tutores, nuestros amigos, todos los que bien nos
quieren y hasta los que aspiran a ser nuestros amantes, extranjeros o conciudadanos, no pueden hacernos
un presente más precioso que la sabiduría
[…] Por consiguiente, ninguna ciencia, ni el arte de enriquecerse, ni la medicina, ni otra alguna es útil, si
no enseña a servirse de aquello de que se trata.
Palabras de Sócrates en “Eutidemo o el disputador”, en
Obras completas de Platón,
edición, traducción y argumento de Patricio de Azcárate, Madrid, Medina y
Navarro Editores, 1871, tomo tercero, pp. 313-317.
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y
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
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sideraciones breves sobre las nociones objeto-sujeto en el universo discursivo
del mundo cultural”, sus autores, Georgina Paulín, Julio Horta y Gabriel Siade,
exploran una problemática que, aunque añeja, continúa suscitando debates
encontrados tanto en la filosofía como en muchas otras ciencias del espectro
socio-político: la relación cognoscitiva –o no– entre el sujeto y el objeto.
En
efecto,
nos recalcan los autores,
la relación sujeto/objeto, como componentes
fundamentales en la determinación del conocimiento –y a los cuales podríamos
agregar la representación o juicio como un cuarto elemento–, establece diversos
puntos problemáticos en el devenir mismo del pensamiento occidental, puntos que,
desde una perspectiva amplia, han evidenciado formas de comprender el mundo
a la luz de una mentalidad específica que dirige y determina la manera de pensar
la relación de los elementos que hacen posible el conocimiento.
Si la filosofía –al
paralelo que la ciencia política, la sociología y la historia– aspira a entender
la realidad, entonces, abordar problemáticas como la señalada, revierte im-
portancia singular. Para el efecto, y tomando como hilos conductores el pen-
samiento de dos grandes de la filosofía, Dilthey y Foucault, los investigadores
se dan a la tarea de analizar
la posible superación teórica de la escisión moderna
entre sujeto y objeto, por un lado, y delimitar teóricamente la relación entre estas
nociones, por el otro.
Otro de los grandes problemas teóricos, tanto en filosofía como en política,
ha sido el Estado. Abordar su génesis, significado, desarrollo y funcionamien-
to siempre fue materia de grandes análisis de ésta y aquélla. En su trabajo,
“Foucault y los foucaultianos: una reseña del Estado y la gubernamentalidad”,
Paula Mussetta presenta una manera alternativa de abordarlo y entenderlo:
aquella que nos legó Michel Foucault. Desde la perspectiva del pensador pon-
tevino, nos comenta la autora,
habría que tomar distancia con respecto a las
maneras tradicionales o usualmente conocidas de entender el Estado, distancia
que,
en su caso,
fue construida a partir de una crítica a la forma en que éste había
sido estudiado, entendido, conceptualizado y trabajado
. Aunque discutible como
cualquier otro tópico del complicado escenario teórico de la filosofía política,
los aportes teóricos del filósofo e historiador francés sobre las temáticas estatal y
gubernamental
–objeto principal de este artículo–
se pudo desarrollar y ampliar
un valioso marco de estudio para mejor comprender al Estado contemporáneo en
nuestras sociedades.
La comprensión del Estado como uno de los protagonistas principales del
devenir político, nunca estará de más si de construir sociedades más justas y
armónicas se trata, sobre todo en el marco de regímenes democráticos donde el
ejercicio genuino del voto secreto y universal, el respeto al Estado de derecho,
la protección de los derechos humanos (individuales y sociales), el abatimiento
de la corrupción, el combate eficaz contra la delincuencia y la participación
ciudadana en la toma de decisiones políticas, configuran, entre otros, los ele-
mentos que ‘aceitan’ el mecanismo para el logro sustancial de sociedades más
funcionales y, por ende, más sanas. En este marco, el artículo “Representación
política y participación ciudadana en las democracias”, mismo que abre la sec-
ción Sociedad y Política, analiza la representación política y los mecanismos
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para la participación ciudadana en las actuales democracias. Su autor, Ernesto
Casas, nos advierte que si bien es cierto que
fomentar la participación ciudadana
en las decisiones de gobierno se traduce en mayores márgenes de gobernabilidad
lo que permite avanzar formalmente en la democratización de la vida política lo-
cal,
también lo es el hecho de que
a este proyecto democratizador le subyace la
reticencia de la propia representación política ante la posibilidad de ver mermadas
sus atribuciones y, fundamentalmente, limitada su autonomía y capacidad de deci-
sión
. No obstante esta oposición, el autor resalta la importancia y necesidad de
consolidar la participación ciudadana como uno de las fórmulas para
favorecer
la representación de intereses, la obtención de resultados en torno a demandas
puntuales y el fortalecimiento de la legitimidad gubernamental.
En seguida, dos estudios de caso sirven para ilustrar algunos otros compo-
nentes que coadyuvan a alimentar y a sostener a no pocos regímenes demo-
cráticos:
figuras como el referéndum, la revocación del mandato y la iniciativa
legislativa son mecanismos que expresan un ejercicio directo de la democracia ya
que eliminan la intermediación entre el ciudadano y el objeto (asunto) o sujeto
(gobernante) sobre los cuales aquél tiene, mediante el uso del voto, la potestad
soberana de decidir entre aceptar, rechazar o proponer a partir de su propio juicio.
Estas importantes prácticas son tema de análisis de José Guillermo García quien,
en “Los mecanismos de democracia directa como procedimientos institucionales
de participación ciudadana en Argentina”,
centra su atención en los mecanismos
de democracia directa como canales formales para la expresión y decisión de la
gente sobre los asuntos públicos y busca calibrar el valor de otros procedimientos
institucionales de participación presentes dentro del sistema político los cuales,
formalmente, comparecen como punto de acceso al sistema.
Como se apuntó líneas arriba, los regímenes democráticos son mucho más
que una forma de organizar del poder.
La democracia es efectivamente una for-
ma de organización social cuyo núcleo se ubica en la capacidad de los individuos
para influir sobre los asuntos públicos y determinar el curso de las acciones en
las diferentes esferas de la vida social. En este sentido, la democracia no sólo
representa la forma como se organiza, transmite y ejerce el poder político sino
también el ejercicio y respeto de los derechos individuales y sociales como la
salud, la educación o el trabajo.
En otras palabras,
el ámbito de competencia
de la democracia no se limita meramente a la consolidación de los procesos elec-
torales, sino que abarca todos aquellos aspectos que el concepto de política y
ciudadanía encierran, entre ellos, desde luego, el Estado de derecho
. Tal postura
subyace en el análisis que Carlos Díaz lleva a cabo con respecto a la realidad
democrática mexicana en su colaboración: “Instituciones, democracia y des-
igualdad social: aproximaciones al caso mexicano”. En ella, el autor explora
el proceso de surgimiento, adaptación y cambio de las instituciones de la
democracia mexicana y su articulación con contextos de alta desigualdad
social, entendida ésta como
la presencia de procesos de alta acumulación de
capital económico, político e ‘informacional’ así como de una mala distribución
de la riqueza, transformando beneficios públicos en privados
. Entre un sistema
político incluyente y un sistema socio-económico excluyente, se debate la
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
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realidad nacional que, a través de su incipiente democracia, o habrá de forta-
lecer a una o de perpetuar a otra. ¿Qué será?
Parte integral de cualquier sistema político, ni se diga de la democracia, es
su sistema de relacionarse con el entorno foráneo. La política exterior reviste
primordial importancia aún más en el entorno de globalización y libre mercado
que caracteriza, hoy por hoy, el escenario internacional. En el caso mexicano,
ni se diga.
No hay duda que en un marco de crisis recurrentes y de una actualidad
cada vez más delicada y peligrosa (por sus constantes contradicciones, agresiones,
imprecisiones, injusticias y desigualdades tanto en el plano nacional como en el
internacional) que azota a la nación mexicana, se magnifica la importancia que el
estudio y el análisis de la política exterior mexicana tienen como una herramienta
útil en la búsqueda de soluciones a sus graves problemas internos.
Con una pre-
gunta obligada:
Nos acercamos al final de la primera década del siglo
XXI
. ¿Dónde
estamos y qué hemos construido en el campo de las relaciones internacionales en
todo este tiempo?,
Carlos Levy inicia su análisis en “Crisis y retos de la política
exterior de México”, artículo que abre la tercera sección de nuestra revista,
“Cuestiones Contemporáneas”. En su aportación, el académico aventura una
serie de respuestas que, en conjunto, constituyen una acendrada crítica a la
forma de (no) hacer política que han llevado a cabo los regímenes panistas y
le urge al actual a hacer cambios drásticos que reorienten de nuevo a México y
vuelvan a situarlo en
su tradicional posición histórica en el hemisferio
.
Junto a la filosofía y a la política, el medio ambiente es otro de los temas
centrales al abordar cualquier temática sobre el desarrollo social. Al respecto,
Enrique Pérez presenta algunas de las teorías que atañen a la relación entre
medio ambiente y desarrollo al tiempo que se plantea interrogantes sobre
la forma en que la temática ha sido desarrollada por parte de los científicos
sociales. En “Desarrollo y ambiente. Algunas miradas desde las ciencias socia-
les”,
se exponen algunas de las visiones sobre la relación entre medio ambiente y
desarrollo. La intención del autor no es presentar una perspectiva en específico,
sino proporcionar un panorama general sobre lo que se ha escrito sobre la relación.
En este sentido, el ensayo va más allá de la teoría económica para insertarse en
debates en sociología, ciencia política y filosofía.
Cabe acotar que
muchas de las
propuestas analizadas tienen puntos de vista en común (lo que puede constituir
un punto de partida para el reconocimiento de la complejidad del estudio de la
relación entre medio ambiente y desarrollo),
entre otras cosas,
la convicción de
que la construcción de un mundo mejor debe pasar por dos cuestiones centrales:
la reducción de la entropía, que supone la utilización de recursos, y el proceso de
democratización en todos sus sentidos.
¿Qué hacer ante la crisis?, sería quizás la pregunta que englobaría las te-
máticas aquí presentadas.
Las respuestas pudieran ser diversas dependiendo de
la esfera de acción: las instituciones públicas de educación superior, el gobierno,
la sociedad; aunque la que conviene al país es mejorar la participación de todos
los ciudadanos en la economía y en la política. Frente a la coyuntura originada
por la crisis financiera, es necesaria una inversión sin precedente en educación
superior y salud, que mejore significativamente la cobertura y la calidad de las
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mismas, ya que son dos de los igualadores más efectivos para reducir las dispari-
dades existentes. Es indispensable incrementar las becas a los estudiantes en las
universidades, los planes de capacitación, así como ampliar los programas públicos
de salud, poner en marcha programas de empleo emergente y masivo, y colocar
a la ciencia y la tecnología entre las prioridades de México. Además del rescate
económico, el país requiere un gran rescate social, se tiene que definir un nuevo
proyecto de nación que permita atacar directamente los problemas ancestrales y
enfrentar los nuevos desafíos.
Estas certeras afirmaciones forman parte del escrito que cierra la presente
edición y engalana la última sección del número, Documentos. En enérgica
disertación expuesta en el foro celebrado en la Cámara de Diputados el 29
de enero de 2009, José Narro, distinguido rector de nuestra Máxima Casa de
Estudios, resumió entonces parte de la problemática nacional. Sus palabras
se reproducen ahora con el título “México ante la crisis: ¿Qué hacer para cre-
cer?”, escrito de enjundia que conmina a todas las partes del espectro social y
político de nuestro país a cavilar en serio sobre la pregunta antedicha. Si bien
ésta puede tener muchas respuestas,
la que más conviene al país, es aquélla que
integre, entre otras cosas, la participación de todos los ciudadanos en la economía
y la política de México.
Solamente un ejercicio del poder responsable, una participación ciudadana
consecuente y un pacto social renovado, sólido e incluyente podrán aprove-
char las herramientas que la filosofía, la política y el manejo medioambiental
inteligente brindan para el mejor aprovechamiento de individuos, gobiernos y
sociedades que aspiran a incrementar su dignidad y, por ende, su bien-estar. Sólo
así le daremos al saber el buen uso que necesita para ventaja del hombre.
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