Artículo en PDF
Cómo citar el artículo
Número completo
Más información del artículo
Página de la revista en redalyc.org
Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Cuestiones contemporáneas
141
Resumen
En este trabajo, se presentan algunas de las teorías que
atañen a la relación entre medio ambiente y desarrollo y se
plantean interrogantes sobre la forma en que la temática
ha sido desarrollada por parte de los científicos sociales.
Su objetivo es doble: a) de mostrar la polisemia del concep-
to
desarrollo
en las teorías económicas y la necesidad de
que éstas incorporen indicadores más allá del de la renta
(tales como el género, la postmodernidad, el postcolo-
nialismo y los sujetos sociales); b) destacar el importante
trabajo, principalmente político, de varias de las teorías
en cuestiones de medio ambiente y desarrollo.
Abstract
This study presents some of the theories in regards to
the relation between environment and development and
poses questions on the manner in which the theme has
been developed on the part of social scientists. His pur-
pose is double: a) to show the polysemia of the concept of
development
in the economic theories and the necessity
for these to incorporate indicators beyond the income
(such as gender, postmodernism, post colonialism and
soc ial subjec t s); b) emphasize the impor tant work, mostly
political, of several theories in the matter of environment
and development.
Palabras clave:
medio ambiente, desarrollo, teoría económica.
n
* Instituto Politécnico Nacional, Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo (
CIIEMAD
),
30 de junio de 1520 s/n, Colonia Barrio la Laguna Ticomán, Delegación Gustavo A. Madero, México D.F.,
07340.
Desarrollo y medio ambiente.
Algunas miradas desde las ciencias sociales
E
NRIQUE
P
ÉREZ
*
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
142
L
a década de los setenta no solamente marcó
la emergencia del neoliberalismo, sino tam-
bién el nacimiento de un campo disciplinar:
el ambiental. Ya sea por la gravedad del deterioro
ya por la conciencia social ante esta problemáti-
ca, la explosión de los movimientos sociales con
orientación medioambiental, la contracción del
mercado mundial por el incremento de los precios
del petróleo, el nacimiento de miles de Organiza-
ciones No Gubernamentales (
ONG
’s) dedicadas a la
protección de los recursos naturales, el creciente
interés de los cient íficos por un nuevo paradigma que
incluyera tanto aspectos físicos como sociales o la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio
Ambiente Humano, el tema ambiental se posicionó
como uno de los prioritarios.
1
De hecho, una de las
consideraciones más importantes en el crecimiento
del número de reportes sobre medio ambiente tiene
que ver con la multiplicidad de elementos que han ju-
gado en la explosión de un tema que hasta esos años
había quedado relegado a unas cuantas disciplinas,
principalmente la química y la biología.
La forma de abordar la problemática dio pie a
una creciente interrelación entre ciencias exactas
y sociales. Este fenómeno se ha visto potenciado y
expresado por el incremento de libros publicados
desde la década aludida. Durante este periodo, ha
nacido un importante número de publicaciones que
intentan dar soporte a esta premisa convirtiéndose
en un foro tanto académico como político para ex-
presar ideas.
2
Gran parte de los trabajos (si no es que
la inmensa mayoría de ellos) tienen su fundamento
en la construcción de un marco teórico que abarca
elementos tanto físicos como sociales, aunque, en
su mayoría, se dedique al final a profundizar en uno
u otro elemento.
Dentro de las ciencias sociales y económicas, un
tema ha sido recurrente: el desarrollo. La relación
entre medio ambiente y este factor ha ganado espa-
cios en la discusión debido al interés que los agentes
internacionales, nacionales y locales han puesto en
él, además del debate dentro de las ciencias sociales
por definir de qué se habla cuando se hace referencia
a estos temas.
En esta investigación, se exponen algunas de las
visiones sobre la relación entre medio ambiente y
desarrollo. La intención no es presentar una perspec-
tiva en específico, sino proporcionar un panorama
general sobre lo que se ha escrito sobre la relación.
En este sentido, el ensayo va más allá de la teoría
económica para insertarse en debates en sociología,
ciencia política y filosofía. A pesar de que se gana
en amplitud, se pierde a la hora de profundizar en
cada una de las teorías. El lector interesado en las
temáticas, encontrará algunas referencias en la bi-
bliografía citada al final de este artículo.
Introducción
1
Para un análisis de la construcción transdisciplinar de algunos aspectos ambientales,
vid
. Gertrude Hirsch,
et. al., Handbook of Trans-
disciplinary Research
, Berna, Springer/Swiss Academy of Arts and Sciences, 2008.
2
Una de ellas, por ejemplo, la revista
Science of Total Environment
, nació en el año de 1972. Por otro lado, el catálogo de la biblioteca del
Instituto Politécnico Nacional tiene 637 entradas, la de la Universidad Nacional Autónoma de México 3,794 y la del Congreso de Estados
Unidos más de 10, 000 relacionadas con el tema del medio ambiente. La inmensa mayoría de las publicaciones no datan más allá de 1970.
Las teorías clásicas: primeros intentos por entender una relación compleja
Si bien es cierto que la noción de desarrollo tiene una
historia corta (algunos autores apenas la remontan a
la década de los 40 del siglo anterior), los trabajos de
los clásicos son un referente obligado para aquellos
que intentan entender, y criticar, los supuestos sobre
los que se ha construido.
Cuestiones contemporáneas
143
Planteamientos anteriores a la ciencia económica
Los primeros intentos de conocer la relación entre
economía y medio ambiente se remontan a los grie-
gos. Autores como José Manuel Naredo, Joan Martí-
nez, Klaus Schlüpmann y Óscar Carpintero,
3
afirman
que ésta aparece con claridad en las nociones de
crematística
y
oikonomía
(economía) de Aristóteles.
La primera aludía a la formación de precios, la se-
gunda al abastecimiento material del
oikos
o ciudad.
Para los griegos, particularmente para el estagirita,
esta distinción era de importancia en tanto que la
una aludía a la actividad económica mientras que la
otra al manejo profundo de la casa. Esta idea general
derivaría en la necesidad de administrar no sola-
mente la casa sino todos los recursos del entorno.
4
Así pues, Aristóteles sembraría una discusión que
perdura hasta el momento: la diferenciación entre
recursos económicos (particularmente riqueza) y la
administración de los mismos.
Los primeros representantes de la economía
La Europa del siglo
XVIII
pasaba por cambios eco-
nómicos que demandaban la atención de nuevos
problemas. En primer lugar, el crecimiento del
comercio entre países; en segundo, el posiciona-
miento del Estado moderno como el regulador de
las relaciones sociales (y económicas) y, en tercer
término, el incremento de la productividad. En esta
tríada se desarrollan las ideas de los fisiócratas y los
mercantilistas.
El mercantilismo veía en el intercambio comercial
y la posesión de grandes cantidades de oro y plata
la principal fuente de la riqueza. Contrariamente a
lo que pudiera creerse a primera vista, este sistema
dio un papel protagónico al Estado pues éste se en-
cargaba de defender a toda costa la ‘producción’ y el
intercambio comercial internacional, por un lado, y
los monopolios internos, por el otro.
5
También se pro-
movía la participación estatal en el emprendimiento
de las aventuras marítimas y en la colonización.
6
Como para los mercantilistas la posesión de grandes
cantidades de oro y plata y la expansión comercial
eran considerados como la finalidad, los recursos eran
fundamentales. Por esta razón, la extracción de los
mismos era una condición más de la reproducción
de los estados. Otra de las vetas del pensamiento
mercantilista y su visión del entorno, se relacionaba
con la balanza comercial de los Estados, mismos que
debían permitir la exportación de lingotes (de oro o
plata) siempre y cuando se pudiera con ello importar
materia prima con la cual fabricar productos que
posteriormente serían exportados.
7
Los fisiócratas
8
, por su parte, se abocaron al enten-
dimiento de la forma en que la
Madre Tierra
generaba
riqueza, misma que los hombres podían incrementar
gracias a los adelantos en materia de las ciencias
experimentales.
9
Para este grupo de pensadores, la
única actividad productiva era la agricultura por lo
que debía considerarse como la fuente de riqueza.
Además, aludían al concepto de producción para refe-
rirse a la creación de bienes físicos provenientes de
la naturaleza. El excedente después de reponer los
bienes utilizados en ellos, representaba la ganancia.
3
José Manuel Naredo,
La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico
, Madrid, Siglo
Veintiuno Editores, 2003; Joan Martínez Alier y Klaus Schlümpmann,
La ecología y la economía
, México, Fondo de Cultura Económica, 1987;
Óscar Carpintero,
Entre la economía y la naturaleza,
Madrid, Libros de la Catarata, 1999.
4
O. Carpintero,
op. cit
, pp. 34 y ss.
5
Timotht Warlow,
et. al
., “Mid-18
th
Century Economic Changes: The Rise of Adam Smith and the Decline of The Mercantilism and Physi-
ocrats”, en
Journal of Economic Education Research
, vol. 8, núm. 3, septiembre de 2007, pp. 67-82; J. M. Naredo,
op. cit.
; O. Carpintero,
op.
cit
, pp. 34 y ss.
6
Como veremos más adelante, el papel de los Estados coloniales y los consecuentes impactos medioambientales en las colonias son los
puntos centrales del aporte post-colonialista al debate sobre medio ambiente y desarrollo
7
T. Warlow,
et. al., op. cit
. p. 73.
8
Los fisiócratas respondieron a la política económica impuesta en Francia durante la primera mitad del siglo
XVII
, la cual era caótica
desde su punto de vista.
9
José Manuel Naredo y Antonio Valero (dirs),
Desarrollo económico y deterioro ecológico
, Madrid, Fundación Argentaria-Visor, 1999, p. 38.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
144
Los planteamientos anteriores muestran el cambio en
la concepción misma de la relación entre el entorno
físico y la sociedad: se pasó de la simple apropia-
ción de los recursos disponibles a un estado donde
el hombre podía incrementar el valor que lo que la
naturaleza le proveía. Como se ha afirmado,
10
los fisió-
cratas fueron los últimos en concebir el problema de
la relación medio ambiente-economía como uno solo.
Posteriormente, con la consolidación del saber cien-
tífico parcelado,
11
la relación entre medio ambiente y
apropiación y creación de riquezas se rompió para dar
paso a una ciencia económica que valorizaba lo ‘pro-
ducido por el hombre’ no importando cuáles fueran
los costos ambientales de la extracción de materias
primas para su posterior transformación.
12
Teorías clásica y neoclásica
Sin lugar a dudas, la teoría económica clásica mar-
caría un hito en el pensamiento sobre desarrollo y
medio ambiente, pues gran parte del debate que se
lleva a cabo en ella (aunque no solamente) se centra
en la discusión sobre estos últimos temas.
De acuerdo a algunos de los pilares ideológicos
del liberalismo económico (Adam Smith y David
Ricardo), los agentes privados son el centro y la
competencia el medio por el cual se puede llegar al
crecimiento. Solamente a partir de la persecución
de los intereses individuales una sociedad puede
alcanzar un grado de desarrollo importante, por lo
que la participación del Estado se hace redundante
o, en el peor de los casos, perversa. Por otro lado,
uno de los argumentos centrales de esta escuela se
centra en los rendimientos decrecientes. Ésta afirma
que, superando cierto umbral en la utilización de los
medios de producción, los rendimientos se hacen
cada vez menores. En tercer lugar, y más importante
para este trabajo, es en el tránsito hacia la noción
de producción y productividad donde se encuentra
el punto de quiebre de la reproducción física de la
sociedad y la búsqueda de riqueza.
13
Junto a estos planteamientos, se encuentran los
de Thomas Robert Malthus. El punto central para fines
de este escrito se encuentra en la forma en que el
padre de la demografía concebía el crecimiento de
la población y de los medios de subsistencia. Para
este economista inglés, la población se duplicaba
cada determinado tiempo, generalmente menor a la
capacidad de sustento. Por ello, era necesario poner
cierto límite al crecimiento de la población.
14
10
O. Carpintero,
op. cit
.
11
Diversos autores afirman que la ciencia económica se deshizo de la visión integradora con los fisiócratas. A éstos les tocó jugar un
doble papel: por un lado, ser los últimos que vieron una relación única entre naturaleza y productividad de la tierra; por otro, al introducir
las nociones de producción, mercancía y consumo serían los que sembrarían la semilla de la separación entre medio ambiente y sociedad.
En términos generales, el eje se desplazó de la adquisición de la riqueza proveniente de la naturaleza a una construcción social denominada
producción
. Posterior a este rompimiento, la economía no se ‘preocupó’ más por lo denominado en términos generales como medio ambiente.
Sin embargo, habría que decir que la ciencia económica, como la mayoría de las ciencias en ese momento, construían su objeto de investi-
gación. En este sentido, los mismos pensadores estaban ‘amarrados’ a su tiempo y solamente observaban lo que sucedía a su alrededor, en
este caso, una disociación entre economía y medio ambiente.
Vid.
, entre otros, a J. M. Naredo,
op. cit
. y, del mismo autor,
Raíces económicas
del deterioro ecológico y social,
Madrid, Siglo Veintiuno Editores, 2006.
12
J. M. Naredo,
La economía en evolución.
...op. cit
. pp. 39 y ss.
13
En este marco, cabe la pena resaltar, además, cuatro nociones que aparecieron a finales del siglo
XVIII
y que resultan de capital impor-
tancia para la ciencia económica: riqueza, utilidad, escasez y valor. La primera, estaba determinada por la cantidad de productos materiales
útiles y/o agradables al hombre que le habían sido dados por la naturaleza en cantidad limitada. Así pues, los objetos adquieren un valor en
tanto presentan una utilidad y sean escasos. Además de lo anterior, se hacía necesario que el hombre realizara algún trabajo. Sin embargo,
paradójicamente, los bienes abundantes, y que no representan una utilidad inmediata pero que, igualmente, resultan necesarios para la
vida, tales como el agua o el aire, quedaron fuera del análisis económico. Los clásicos se separaron de los fisiócratas al brindarle mayor
importancia a aspectos sociales como la necesidad, la producción y el trabajo y dejando por detrás la noción de apropiación de los recursos
naturales porque éstos de pronto se volvieron ‘abundantes’.
Vid. ibid
., pp. 91 y ss.
14
Por falta de espacio, no nos detenemos en el desarrollo de esta postura. Sin embargo, habría que puntualizar que el debate sobre el
crecimiento de la población y la escasez de alimentos es un debate abierto y que en mucho se lo debemos a las ideas de este pensador. Por
ejemplo, la revista
National Geographic
plantea que para el año 2030 vivirán en el planeta 8.3 mil millones de personas, lo que implica que la
producción de grano tendrá que crecer en un 30 por ciento. Aunque el autor del artículo en la revista puntualiza que el problema se encuentra
en los nutrientes del suelo y cómo se han degradado, expresiones como esta evidentemente remiten a esta discusión.
Vid
. Charles M. Mann,
“Our Good Earth. The Future Rests on the Soil Beneath Our Feet”, en
National Geographic
, vol. 214, núm 3, septiembre de 2008, pp. 80 y ss.
Cuestiones contemporáneas
145
A su vez, la teoría neoclásica propuso en su
momento cinco supuestos clave: a) los fenómenos
económicos (y socio-ambientales) son resultado de
elementos claramente identificables y tienen a su
vez efectos igualmente determinables (el princi-
pio de la determinación y predicción); b) ergo, los
eventos, fenómenos y procesos son cuantificables;
c) los fenómenos, aunque interrelacionados, son
independientes entre sí (el principio del atomismo)
por lo que todos los componentes de la economía
son perfectamente divisibles y cuantificables;
15
d) la
economía es independiente del medio que la soporta
y los elementos son estables dentro del sistema eco-
nómico por lo que cualquier perturbación es necesa-
riamente el resultado de las preferencias, precios y
cantidades de mano de obra, las condiciones de la
demanda o las elasticidades y e) por lo tanto, la eco-
nomía tiene la habilidad de moverse continuamente
en el tiempo superando cualquier fricción.
16
Los neoclásicos profundizaron, además, en otros
conceptos clave en la economía estándar actual: la
productividad marginal, las economías externas y
la sustitución. Este último resultaría un supuesto
básico y crucial a la hora de entender los problemas
ambientales: los factores productivos pueden cam-
biarse unos por otros pues la remuneración de los
factores es igual a su productividad marginal.
17
En
otras palabras, si aumenta la cantidad empleada de
un factor, disminuirá su productividad marginal por
lo que se hace necesario sustituirla con otros. Así,
las economías externas son el resultado de la unión
de factores tanto humanos como de capital en un
espacio específico, creando sinergias que permiten
el incremento de la productividad total.
Para esta corriente, el desarrollo económico es
un proceso gradual (supuesto d), cont inuo, armónico
y acumulativo (supuesto e). Dicho de otra manera:
el sistema económico crea las condiciones para que
tanto empresarios como trabajadores alcancen los ni-
veles óptimos de calidad de vida y renta sin necesidad
de tomar en cuenta a aquellos elementos ‘externos’
al capital y al trabajo, como la naturaleza.
18
En materia de medio ambiente, los neoclásicos
plantearon, en primer lugar, el intercambio entre
factores, esto es, que los productos de la naturaleza
puedan ser sustituidos ya sea por capital o por bienes
manufacturados, dependiendo en menor medida de
ella. En segundo, los bienes medioambientales no
escasos son cuantificables y, por tanto, pueden tener
precio. Esto es muy importante porque sobre estos
supuestos se basarán el neoliberalismo y la economía
ambiental para crear ‘mercados ambientales’.
Teoría Marxista
En el pensamiento marxista, la teoría del valor apa-
rece en el centro de la discusión sobre la relación
entre medio ambiente y economía;
19
como es sabido,
la producción y el trabajo juegan también un rol
central en este debate.
20
En cuanto a la producción,
Carlos Marx no hace más que seguir con la tradición
heredada desde los fisiócratas, la cual desplaza
el centro de atención de la obtención de recursos
15
Naredo apunta, con atino, que esto es el resultado de la búsqueda de la definición del objeto mismo de la economía acorde a su tiempo
a través de la formulación matemática. Desde el punto de vista de la construcción científica, el problema va más allá, pues se inserta en
toda un entramado que intenta hacer de la economía una disciplina con capacidades predictivas basada en un modelo físico y mecaniscista.
J. M. Naredo,
Economía en evolución.
..op. cit.
, p.198.
16
Philip Andrew Lawn,
Toward Sustainable Development. An Ecological Economics Approach
, West Allis, WI, Lewis-International Society for
Ecological Economics (
ISEE
), 2001 (Ecological Economic Series), pp. 145-149.
17
Antonio Hidalgo,
El pensamiento económico sobre el desarrollo. De los mercantilistas al
PNUD
,
Huelva, Universidad de Huelva, 1998, pp.
44-46.
18
J. M. Naredo,
Raíces económicas del deterioro.
.. op. cit
., p.11.
19
Enrique Leff,
Racionalidad ambiental. La reapropiación social de la naturaleza
, México, Siglo Veintiuno Editores, 2004.
20
Manuel Arias Maldonado, “Prometeo desencadenado. Sobre la concepción marxista de la naturaleza”, en
Revista de Investigaciones Po-
líticas y Sociológicas
, vol. 3, núm 2, 2004, pp. 61-83; E. Leff,
op.cit
., pp.1 y ss. Tal y como es discutido por Naredo, Marx continua la tradición
de separación entre lo social y lo externo a ella y muchas veces refiriéndose a la producción como aquello que produce objetos materiales.
Vid
. J. M. Naredo,
La economía en evolución.
..op. cit.
pp. 147 y ss.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
146
hacia la creación de riquezas. Para el de Tréveris, la
creación de valor no se entiende sin la participación
activa de los hombres a través del trabajo.
21
A su
vez, el trabajo tiene dos significados principales para
el filósofo renano-palatino: el primero, es la labor
concreta, aquélla que produce mercancías, la que
transforma los materiales, la que produce valores
de uso. El segundo, es el trabajo abstracto. Este es
un proceso más complejo en donde no importa tanto
su expresión concreta sino la cantidad
socialmente
necesaria
para la producción, es decir, las condiciones
generales de la producción en un momento dado. En
términos generales, lo relevante para el planteamien-
to aquí presentado es la relación entre producción,
trabajo y recursos naturales. Estos últimos, al no
producir valor, no fueron suficientemente estudiados
por el padre de
El Capital
.
22
Amén de sus significados, el trabajo tiene tam-
bién un doble papel: como agente emancipador y
como creador de valor. En cuanto al primer aspecto,
el trabajo propicia que el hombre se emancipe del
medio que le rodea.
23
El trabajo, por ser una actividad
claramente productiva, posee un potencial que hace
que los hombres puedan hacerse participes de su
transformación; al romperse la unidad entre sociedad
y naturaleza, se suscitan entonces diversas formas
de creación de riqueza.
Si bien Marx como Ricardo ven en la producción la
generación de la riqueza, la noción del inglés tiene
que ver con una sociedad de ‘iguales’ mientras que
la del germano está marcada por la diferencia de las
sociedades, por la forma de producción de mercancías
y por las relaciones derivadas de ello. Así, para el
marxismo, las sociedades capitalistas están inexo-
rablemente divididas en clases, pues al tiempo que
la burguesía se apropia del excedente, o plusvalía,
los trabajadores tienen que sobrevivir con el precio
de su mano de obra. De esta manera, unos quedan
excluidos del bienestar económico mientras que otros
se apropian de él. Ejemplo de esto lo proporciona
Federico Engeles al denunciar las condiciones socia-
les en que vivían las clases sociales en la Inglaterra
del siglo
XIX
. En una de sus más conocidos escritos,
el autor retrata una sociedad urbanizada que vive
en condiciones “deplorables” en comparación con
los estándares alcanzados por la burguesía. En esta
obra se presenta uno de los primeros retratos de la
‘insustentabilidad’ urbana.
24
Estructuralismo cepalino y la teoría
de la dependencia
La discusión del por qué algunos países no llegaron
a los estadios de crecimiento alcanzado por aqué-
llos industriales fue planteada después de la crisis
económica de 1929, las dos guerras mundiales y el
boom
posterior a ellas. La primera respuesta fue que
los países colonizados y semicolonizados no habían
recorrido aún el camino realizado por los industria-
lizados. Como respuesta a la visión de un camino
lineal (principalmente en su veta rostowniana
25
)
21
Esto le valdría a Marx ser leído como una especie de radical del antropocentrismo.
22
Para una discusión con mayor detalle de los puntos principales de Marx y su noción de naturaleza y/o medio ambiente
vid
.: E. Leff,
Racionalidad ambiental.
..op. cit
., cap. 1; J. M. Naredo,
Economía en evolución.
..op. cit
., cap. 12; M. Arias,
op. cit
. y Alfred Schmidt,
El concepto
de naturaleza en Marx
, México, Siglo Veintiuno Editores, 1976.
23
Quizá no sea Marx el que haya plasmado con mayor claridad el papel del trabajo en la construcción de un entramado social diferente al
de su medio, sino Engels. Para éste, el papel del trabajo queda establecido en, por lo menos, tres aspectos: a) propició la evolución, tanto
física como psicológica, de los hombres; b) coadyuvó en la creación de sociedades estructuradas diferentes a las emanadas de los animales
e c) incidió en el concepto de valor. De ahí la frase celebre: “[…] lo único que pueden hacer los animales es utilizar la naturaleza exterior y
modificarla por el mero hecho de su presencia en ella. El hombre, en cambio, modifica la naturaleza y la obliga así a servirle, la domina. Y
ésta es, en última instancia, la diferencia escencial entre el hombre y los demás animales, diferencia que, una vez más, viene a ser efecto
del trabajo”. Federico Engels,
El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. El papel del trabajo en la transformación del mono en
hombre
. México, Ediciones de Cultura Popular, 1972
24
Federico Engels,
La situación de la clase obrera en Inglaterra
, Madrid,
AKAL
, 1976.
25
Walt Whitman Rostow fue el consejero de Seguridad Nacional del presidente norteamericano Lyndon B. Johnson entre 1966 y 1969.
Como economista, Rostow fue conocido como un implacable crítico del comunismo y un defensor a ultranza de la eficiencia del sistema
capitalista y de la libre empresa. Su principal trabajo es
Las etapas del crecimiento económico. Un manifiesto no comunista
, México, Fondo de
Cultura Económica, 1961 (Colección Economía). N.E.
Cuestiones contemporáneas
147
desde el subdesarrollo hasta el desarrollo, nacieron
las teorías estructuralistas de vertiente cepalina y
de la dependencia, que han tenido desde entonces
una importancia capital en América Latina.
26
La teoría cepalina se desarrolló principalmente
en el seno de la Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (
CEPAL
), organismo dependiente
de la Organización de las Naciones Unidas (
ONU
); su
principal contribuyente fue su secretario ejecutivo,
el argentino Raúl Prebisch. De acuerdo al economista
tucumano, el subdesarrollo (nótese que ya se utiliza
directamente un concepto contrario al de desarrollo)
latinoamericano es consecuencia de la inserción de
las economías de la región al sistema económico
mundial. La función de los países no desarrollados
ha sido, históricamente, la de proporcionar recursos
baratos para la industrialización de las economías
avanzadas y mercados para los bienes manufacturados
provenientes de éstas a precios mayores. A esto se le
denomina
intercambio desigual
. La forma de subvertir
esta situación es a través de la participación activa
del Estado en la industrialización y la mejora de los
términos de intercambio a través de una política in-
terna de desarrollo tecnológico a fin de sustituir con el
tiempo los productos manufacturados que se importan
por mercancía elaborada internamente.
27
Asimismo,
se debe impulsar el cambio tecnológico tanto en el
campo como en las ciudades, lo que se debe traducir
en una transformación de la agricultura y en un uso
intensivo de los recursos en aras de alcanzar máximos
desarrollos. A esta política se le conoce como
indus-
trialización por sustitución de importaciones
.
La teoría de la dependencia, por su parte, tiene
un fuerte componente marxista. Contrariamente al
enfoque de un desarrollo lineal, en donde los países
transitarán hacia un estadio mejor, los dependentis-
tas ven en el contacto entre países desarrollados y no
desarrollados la continuación del empobrecimiento
de estos últimos. Esto se debe, por un lado, a que el
excedente producido en la periferia es enviado a las
metrópolis y, por otro, a la forma en que las materias
primas han sido trasladadas hacia los primeros.
De acuerdo a esta visión, al invertir tanto en la
industria como en la agroindustria, los capitales
internacionales son los principales saqueadores de
la riqueza de los países dependientes. Una primera
razón de ello radica en la transferencia de las ganan-
cias monetarias producidas en las periferias, lo que
produce una descapitalización e impidiendo que las
naciones dependientes se pudieran desarrollar en
términos industriales. Una segunda causa yace en el
saqueo de los países industrializados de las materias
primas de las naciones periféricas. El hecho de que
estas materias fueran enviadas a Europa, reduciendo
el salario e incrementando la plusvalía, fue amplia-
mente debatido dentro de este marco analítico.
28
La
conclusión general es que el desarrollo del actual
sistema mundial no hubiese sido posible sin esa
explotación de los recursos de la periferia.
A diferencia de los pensadores estructuralistas,
los dependentistas no ven un intercambio (aunque
fuera desigual) sino un proceso de ‘depredación’ de
las riquezas y la imposición de estructuras sociales
funcionales al sistema económico mundializado.
Con ello, más que llegar al desarrollo, las economías
periféricas están condenadas a reproducir las con-
diciones de dependencia.
Nuevos enfoques, nuevas metodologías, nuevas epistemologías
El tema del desarrollo estuvo colonizado por el pen-
samiento económico; no fue sino hasta la década de
los setenta del siglo pasado cuando aquél fue abor-
dado por otras disciplinas en búsqueda de un mayor
26
Rayén Quiroga,
Naturaleza, culturas y necesidades humanas. Ensayos de transformación
, México, Programa de las Naciones Unidas para
el Medio Ambiente (
PNUMA
), Universidad Bolivariana, 2003.
27
A. Hidalgo,
op. cit.
28
Luiz Toledo Machado, “A teoria da dependência na América Latina”, en
Estudos Avançados
, vol. 13, núm. 35, enero-abril de 1999, pp.
199-215.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
148
entendimiento. La concepción clásica del desarrollo
que incluía básicamente el incremento de la renta,
fue entonces criticada por disciplinas como la filoso-
fía, la sociología, la demografía, la ciencia política
y las “disciplinas medioambientales”. La noción de
desarrollo, entendida como el tránsito hacia socie-
dades modernas con un incremento real del ingreso,
fue sustituida por otra mucho más abarcadora, pero
también más difusa.
En lo que respecta a nuestro trabajo, uno de los
temas incluidos en la agenda del desarrollo fue jus-
tamente el ambiental. Si bien es cierto que existe
acuerdo general sobre la necesidad de un crecimiento
económico que vaya a la par de los mínimos impac-
tos medioambientales (y, como lo plantea la visión
dominante de la construcción del medio ambiente,
que no comprometa el desarrollo de las generaciones
futuras), queda igualmente claro que el contexto
donde surge el debate determinó en gran medida su
significado. Entonces, la discusión se centra en la
importancia que tienen los contextos locales en la
determinación de la relación. Como se ha debatido,
principalmente por las teorías postestructuralistas
y postmodernistas, el tema nació en las sociedades
del norte en el marco de la discusión de la transición
hacia sociedades postmaterialistas; por su parte, en
las sociedades del sur, la concepción de la relación se
fundamenta en la desigualdad del desarrollo económi-
co, la falta de oportunidades económicas y la falta de
un Estado fuerte que pueda satisfacer las necesidades
mínimas, así como los impactos medioambientales
derivados de la transformación económica.
El abordaje también cambió radicalmente. En los
últimos años, el problema del deterioro ambiental
y su relación con el desarrollo ya no necesariamen-
te se basa en una división entre disciplinas, sino,
más bien, en escuelas de pensamiento. En ciencias
sociales, esto se hace patente en corrientes como
la economía ambiental, la economía ecológica o el
ecomarxismo, las cuales insertan postulados de la
biología y la física en sus teorías. La consecuencia es
que muchos de los autores representativos de ellas,
no pueden identificarse fácilmente con alguna de las
disciplinas o modelos de pensamiento.
En este apartado, se hace una revisión exce-
sivamente somera de algunas de las posturas más
representativas.
29
Neoliberalismo
En materia de políticas públicas, el neoliberalismo
30
ha sido la postura triunfadora posterior a la caída
del socialismo realmente existente y a la menor
presencia del keynesianismo en el ámbito económi-
co internacional. Su postulado central afirma que
el mercado es el mejor proveedor de recursos vía
los precios, en un proceso de ensayo y error de los
consumidores. De esta premisa, se desprenden dos
de sus carac ter íst icas centrales: la menor planeación
del Estado de la economía y la liberalización de los
mercados, incluyendo a los medioambientales. Estos
últimos constituyen un mecanismo emergente sobre
el cual se ha construido un entramado teórico que
29
Como se mencionó en la introducción de este artículo, optamos por beneficiar la apertura del abanico en cuanto a las teorías en detri-
mento de la profundización en unas cuantas. Si bien reconocemos que cada una de ellas tiene sus matices y sus discusiones internas, éstas
no habrán de destacarse en este momento. De aquí que el lector podría presentar, con toda razón, argumentos en contra de la visión excesi-
vamente homogénea en que se presentan cada una de ellas. Pero tenga presente que la brevedad de la exposición queda justificada en aras
de destacar aquellos elementos que consideramos ser los más comunes en los programas teóricos de cada una de las visiones presentadas.
30
Cabe ahora acotar que los términos “neoliberalismo” y “globalización” no constituyen para nosotros sinónimos. En ciencias sociales,
particularmente en sociología, en ciencia política, en geografía y, en menor medida, en economía suelen identificarse como si fueran la
misma cosa. Desde nuestro particular punto de vista, la globalización es un fenómeno que tiene por lo menos 500 años de formación, que
corre desde el inicio de la conquista de las colonias europeas a finales del siglo
XV
hasta nuestros días. Generalmente se le ha asociado con
el capitalismo. En este momento, la globalización se caracteriza por el incremento de la velocidad del intercambio de mercancías (incluidas
las culturales y simbólicas) y por un mayor acercamiento entre las culturas. Por su parte, el neoliberalismo es una teoría económico-política
con una agenda social y, por supuesto, ambiental. De manera casi generalizada, se le ha ligado a un pensamiento conservador.
Vid
. R. Qui-
roga,
op. cit
; Carlos J. Castro, “Sustainable Development: Mainstream and Critical Perspectives”, en
Organization and Environment
, vol. 17,
núm. 2, junio de 2004, pp. 195-225; José Pérez Adán, “Economía y medio ambiente”, en Jesús Ballesteros y José Pérez Adán (eds.),
Sociedad
y medio ambiente,
Madrid, Editorial Trotta, 1997, pp. 33-48.
Cuestiones contemporáneas
149
intenta minimizar las externalidades ambientales
derivadas de los procesos económicos y sociales a
través del establecimiento de precios a los bienes y
servicios ambientales.
31
Este postulado se enfrenta a la determinación de
los precios reales de bienes ambientales (o de capital
natural como muchos lo definen). En este sent ido, no
solamente se trata de establecer el precio de éstos,
sino también de las externalidades negativas en
materia medioambiental creadas por el proceso de
producción. Así, los planteamientos neoliberales se
han focalizado en cómo asignar ‘precios’ reales tanto
a los insumos (
inputs
) como a los produc tos (
outputs
)
económicos.
Sin embargo, como ha sido reconocido por los
mismos neoliberales, este supuesto se basa en otros
tantos: que la competencia sea perfecta (es decir, la
no existencia de monopolios u oligopolios); los fac-
tores (incluyendo el capital natural) absolutamente
móviles y la información perfectamente distribuida
para que los agentes puedan tomar decisiones ra-
cionales.
En materia internacional, donde los supuestos
neoliberales han sido llevados a su extremo, el tema
medioambiental tiene un lugar especial. Basados
principalmente en la Curva Ecológica de Kuznets
(
CEK
)
32
y en las hipótesis de Ruttan,
33
los países del
norte son considerados como los modelos a seguir.
Según John Antle y Gregg Heidenbrick, los países,
en su camino al desarrollo, pasan por diversos pe-
riodos caracterizados por determinados impactos
ambientales. Los primeros estadios de crecimiento
económico vienen acompañados por altos niveles de
degradación ambiental; sin embargo, conforme se va
desarrollando una economía, los efectos negativos
se reducen de manera significativa. Este movimiento
puede ser causado por la innovación tecnológica o
por la mayor conciencia de los agentes respecto al
medio ambiente, sea porque la demanda ha transita-
do de ser básicamente material a hedonista, o porque
el mercado funciona mejor.
34
Organizaciones multilaterales, como el Ban-
co Mundial y el Fondo Monetario Internacional,
también han construido sus visiones sobre medio
ambiente y el desarrollo. En ambos casos, los su-
puestos son los mismos: a) el incremento de los
mecanismos del mercado son beneficiosos para el
desarrollo y un freno al deterioro medioambiental;
b) la reducción de la pobreza es un objetivo así
como c) la reducción de la incertidumbre ligada a
31
Los mercados con mayor consolidación, gracias a la promoción del gobierno estadounidense, son los de la captura de carbono. En
México, el pago por servicios ambientales, auspiciado por la Comisión Nacional Forestal (
CONAFOR
), es el primer intento de establecer este
tipo de mecanismos.
32
Así llamada en honor al economista ruso-estadounidense Simon Smith Kuznets (1901-1985). El ganador del Premio del Banco de Suecia
en Ciencias Económicas (el nobel de economía): “ […] formuló una teoría para explicar la evolución de la distribución del ingreso en los
países a través de su proceso de desarrollo. Su argumento era que al inicio del proceso de desarrollo las economías presentan una distribu-
ción del ingreso bastante equitativa (reflejada en coeficientes de Gini bajos), sin embargo, conforme el progreso se acelera esta relación
equidad / ingreso comienza a deteriorarse (y el índice de desigualdad de Gini comienza a subir) hasta alcanzar un nivel máximo. A partir
de tal punto, el nivel de equidad comienza a mejorar conforme aumenta el ingreso”.
Vid
. Eduardo Gitli y Greivin Hernández,
La existencia
de la Curva de Kuznets Ambiental (
CKA
) y su impacto sobre las negociaciones internacionales
, San José de Costa Rica, Centro Internacional de
Política Económica para el Desarrollo Sostenible,
2002 (Serie Documentos de Trabajo 009- 2002), p. 1. N.E.
33
Vernon Wesley Ruttan (1924-2008) fue un reconocido economista del desarrollo del la Universidad de Minnesota, especializado en
desarrollo agrícola, cambio tecnológico, productividad y crecimiento. Una de sus más conocidas tesis, la “innovación inducida”, intenta
“[…] hacer más explícito el proceso por el cual los cambios técnicos e institucionales son inducidos dependiendo de la reacción que gran-
jeros, empresarios agroindustriales, científicos y administradores públicos tengan frente a las dotaciones de recursos y a los cambios en la
oferta y la demanda de factores y productos. Las condiciones de las donaciones relativas y la acumulación de dos de los recursos primarios,
la tierra y el trabajo, configuran elementos críticos para determinar patrones de cambio tecnológico de la agricultura que sean viables. La
agricultura se caracteriza por tener más restricciones de tierra productiva que la mayor parte de los otros sectores de la economía. [Por lo
tanto] El crecimiento agrícola puede ser visto como un proceso que disminuya las limitaciones que sobre la producción imponen los sumi-
nistros no elásticos de la tierra y el trabajo. Dependiendo de la escasez relativa de estos últimos factores, el cambio tecnológico, plasmado
en nuevos y más productivos aportes, puede ser inducido fundamentalmente o (a) para rescatar el trabajo o (b) para salvar la tierra.”
Vid
.
Yujiro Hayamiy y Vernon Wesley Ruttan,
Agricultural Developmnet: An International Perspective
, Baltimore, The John Hpkins University Press,
1971, p. 4. N.E.
34
John M. Antle y Gregg Heidenbrink, “Environment and Development: Theory and International Evidence”, en
Economic Development and
Cultural Change
, vol. 43, núm. 3, abril de 1995, pp. 603-625.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
150
la d) imposibilidad de establecer precios ‘reales’ del
medio ambiente debido a la falta de instituciones
plenamente capitalistas.
35
Esta clase de instituciones han servido como
las correas de transmisión de las políticas de ajuste
estructural en los países del sur, mismas que son
estructuradas a través de tres mecanismos principa-
les. El primero de ellos es la promoción del cambio
tecnológico, es decir, el traslado de tecnología desde
los países del norte hacia los del sur. Dado que una
de las criticas más importantes del neoliberalismo
a las perspectivas ecológicas es el hecho de que el
cambio tecnológico es un factor que no es tomado en
cuenta, lo mejor que se puede hacer es promocionar
la apropiación de tecnologías limpias, tal y como se
hace en el norte. El segundo es la eliminación de la
incertidumbre que representan gobiernos corruptos;
en otras palabras, eliminar todas las interferencias
que enfrenta el mercado y constituir gobiernos
eficientes para incentivar que éste funcione. Por
último, pero no menos importante, la promoción
del empresariado como un actor central pues saben
qué hacer puesto que responden a los incentivos del
mercado. Así, más que un agente, el empresariado se
ha convertido en un actor fundamental a la hora de
determinar cuáles y cómo se deberían llevar a cabo
las políticas en materia ambiental.
Economía medioambiental y ecología económica
Si bien es cierto que hasta el momento no podemos
indicar que exista un cambio de paradigma en su
concepción kuhniana,
36
sí podemos afirmar que hay
una fuerte tensión entre la economía clásica y las
visiones alternativas. En este sentido, la disciplina
ha visto crecer un par de ramas que incluyen expre-
samente el componente ambiental en sus análisis,
la economía medioambiental (
EM
) y la economía
ecológica (
EE
).
La primera de ellas nació como una respuesta de
la economía estándar al deterioro medioambiental
y, en cierta medida, puede concebirse como una
teoría neoclásica o neoliberal que busca evidenciar
la importancia de los mercados en la regulación de
la problemática.
37
Sin embargo, difiere de la versión
clásica en un aspecto central: toma en cuenta que
la economía no es un sistema cerrado sino abierto y
que cumple con las leyes de la termodinámica.
38
Al igual que la economía estándar, la
EM
parte del
supuesto de que el libre mercado es la mejor forma
para que los recursos se distribuyan eficientemente.
Pero, a su vez, pone también especial atención a las
fallas del mercado en aspectos como la evaluación
monetaria y las respuestas adecuadas a las externa-
lidades ambientales relacionados con las actividades
económicas. De hecho, plantea que el deterioro am-
biental y la pérdida de la biodiversidad en los países
del sur son resultado de la falla del mercado. Ante
ello, propone la creación de organismos multilate-
rales que vigilen el correcto funcionamiento tanto
de los mercados como de los agentes, sin que ello
socave la soberanía (principalmente económica) de
cada uno de ellos.
Uno de los focos de atención de la
EM
se centra
en las consecuencias de la producción.
39
Congruen-
temente con los planteamientos hechos anterior-
mente, afirma que la mejor manera de lidiar con ello
es poniendo precios sombra a las externalidades
medioambientales y recursos no renovables de tal
manera que se incluyan en los análisis de costo-
beneficio. Generalmente estos precios se expresan
en términos de impuestos.
35
Castro, J. Carlos (2004). “Sustainable development: Mainstream and Critical Perspectives, en
Organization and Environment,
vol. 17, núm. 2,
2004, pp. 196 y ss. (pp. 195-225).
36
“Los paradigmas son realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de pro-
blemas y soluciones a una comunidad científica.”
Vid.
Thomas Samuel Kuhn,
La estructura de las revoluciones científicas,
trad. de Agustín
Contín, México, Fondo de Cultura Económica, 2005, p. 12 N. E.
37
A. Hidalgo,
op. cit.
, p. 207.
38
Roger Perman y P.B. Anand (2000). “Development and the environment: an introduction”, en
Journal of Economic Studies,
vol. 27, núms.
1 y 2, 2000, pp. 7-18.
Cuestiones contemporáneas
151
Así, la
EM
plantea que: a) el desarrollo sostenible
tiene repercusiones positivas en tanto que mejora
la calidad de vida los trabajadores; b) existe una re-
troalimentación entre crecimiento y medio ambiente,
pero para que esto pueda ser válido es necesario que
la sociedad lo valorice a partir de precios reales; c)
que el desarrollo sostenible no puede medirse en
términos del Producto Interno Bruto, puesto que no
refleja los precios ni la calidad de vida.
Por su lado,
EE
tiene raíces tanto de la economía
como de la física, siendo generalmente sistémica.
Su noción central sostiene que la economía es un
sistema abierto dentro de uno finito de mayor ta-
maño. Basados en los planteamientos de Nicholas
Georgescu-Roegen,
40
algunos de los autores de la
EE
plantean la existencia de límites físicos al crecimien-
to, es decir, la
EE
coincidiría con la
EM
en el hecho de
que el crecimiento no puede continuar indefinida-
mente; sin embargo, a diferencia de esta última, los
economistas ecológicos ven en el sistema de precios
el principal motor para regular el crecimiento y plan-
tean los límites inexorables al crecimiento económico
en un mundo finito.
En los términos de la
EE
, las leyes de la termo-
dinámica han sido traspasadas por un sistema que
privilegia el consumo. Los procesos ambientales
requieren que aquéllos de carácter económico pro-
duzcan una baja entropía,
41
situación que no sucede
en el capitalismo. Por ejemplo, el crecimiento de los
desperdicios y la sobre utilización de la energía están
sobrecargando el sistema, lo que en últ ima instancia
incide en el incremento de la entropía.
Junto con las aseveraciones anteriores, la
EE
nie-
ga la existencia de un sistema individualista basado
en el interés. El crecimiento económico que incentiva
el crecimiento de la entropía es de carácter social,
no basado en las preferencias individuales. Por ejem-
plo, las preferencias o consumo de los individuos (o
sociedades enteras) se cimenta en consideraciones
éticas, distribución del ingreso, la participación del
Estado y las pautas culturales.
En cuanto al tema del desarrollo, el principal
exponente de la
EE
, Herman E. Daly, plantea la
diferencia entre éste y el crecimiento. Este último
puede concebirse como la adición de materia por
asimilación o acrecentamiento y el primero como la
expansión o la realización de las potencialidades de
los humanos para llegar a un estado de mayor cali-
dad.
42
El desarrollo sustentable es la vía para evitar
que la entropía sea lo suficientemente grande que
ponga en peligro a los seres humanos. Para Daly, la
sustentabilidad incluye los elementos siguientes: a)
limitación de la escala humana a parámetros que pue-
dan ser sostenidos por el ecosistema; b) innovaciones
tecnológicas encaminadas en primer lugar a mejorar
su eficiencia para después dedicarse a los recursos de
baja entropía (transflujos); c) recursos renovables que
no excedan la capacidad de reposición; d) emisiones
de desechos que no agoten la capacidad asimilatoria
del sistema; y e) tasas de explotación de los recursos
no renovables semejantes a las tasas de explotación
de los recursos sustitutos.
Ecofeminismo
Gracias a que el esencialismo de la relación mujer-
medio ambiente –según el cual éstas tienen una
relación más cercana con la naturaleza y por tanto
pueden cuidar mejor de ella– ha sido criticado desde
el mismo movimiento feminista, los movimientos
ecofeministas han abierto el debate en diversos fren-
tes, teniendo, gracias a ello, considerables logros:
43
a) el reconocimiento de que hombres y mujeres no
39
Ibid
; A. Hidalgo,
op. cit.
40
The Entropy Law and the Economic Process
, Cambridge, Harvard University Press, 1971.
41
Entropía puede ser entendida como la pérdida de energía al realizar un trabajo mecánico; desde el punto de vista de la termodinámica, es
la transformación de materia utilizable en no utilizable cuando se realiza un trabajo mecánico. Esto se puede aplicar a los desechos y pérdidas
de materia y energía producidos por las actividades humanas.
Vid
. José Manuel Naredo,
La economía en evolución… op. cit.,
p. 480.
42
A. Hidalgo,
op. cit.
, p. 208.
43
Noel Sturgeon,
Ecofeminist Natures: Race, Gender, Feminist Theory, and Political Action,
Nueva York, Routledge, 1997; Andrea Nightingale,
“The Nature of Gender: Work, Gender, and Environment”, en
Environment and Planning D: Society and Space,
vol. 24, núm. 2, 2006, pp. 165-
185; Mary Mellor,
Feminismo y ecología
, México, Siglo Veintiuno Editores, 2000.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
152
son distintos, pero sí las construcciones sociales que
los han llevado a diferenciarse; b) la inclusión de
indicadores de género (principalmente femeninos)
en las concepciones de desarrollo y medio ambiente;
c) la denuncia de la noción de ciencia como producto
masculino d) la creación de espacios donde las mu-
jeres (especialmente las del sur) pueden ser recono-
cidas como expertas en el manejo medioambiental;
e) la reevaluación de la naturaleza, de las mujeres y
de los pueblos indígenas; f) la incorporación de las
demandas feministas dentro del discurso medioam-
biental global, principalmente en los espacios de
poder de los organismos multilaterales y en el medio
científico-masculino; g) el dar más importancia al
conocimiento-desarrollo de un medio ambiente dado,
que al conocimiento-dominio del mismo; h) la nece-
sidad de contar con un acceso y disf rute diferencial a
los bienes medioambientales de acuerdo a criterios
de género, por ejemplo, el acceso a la tierra; i) la
aceptación de la relación entre género, medio am-
biente, economía y poder; j) la inculcación del hecho
de que las propuestas de transformación social deben
pasar por el acceso a un trabajo igual para hombres y
mujeres, por la participación de ellas en la política
y por una mejora general en el medio ambiente; y k)
la construcción de lazos con otros movimientos para
la mejora general de la sociedad (los movimientos
ecofeministas han construido conexiones entre
organizaciones pro-derechos humanos, antigloba-
lización, campesinas, urbanas, etcétera, en lo que
al tema del medio ambiente respecta).
Debido a una suerte de mezcla entre postulados
políticos y científicos, las mujeres han edificado
todo un aparato teórico-metodológico que abarca
desde las nociones marxistas del desarrollo hasta el
postcolonialismo, pasando por la economía estándar,
el postmodernismo y la teoría de sistemas.
Desarrollo humano
Como concepto, nació al calor del debate sobre el
desarrollo económico de los países más pobres. Más
específicamente, en el contexto de la pérdida de
credibilidad de las teorías macroeconómicas (como la
economía estándar, la neoclásica y la neoliberal) que
veían en la renta nacional el indicador de mejora de
las condiciones de vida. Ante la falta de una noción
que tomara como centro del análisis más a los hom-
bres y menos a los agregados económicos nacionales,
los teór icos del desarrollo humano, con Amar t ya Sen
a la cabeza,
44
conceptualizaron al desarrollo como
“aquel progreso que es capaz de ampliar las oportu-
nidades y libertades”.
45
El arrebatarle al economismo
la noción de desarrollo, permitió: 1) considerar a los
sujetos (sean estos colectivos o individuales) como
parte fundamental de su propio futuro (y, de paso,
construir el andamiaje conceptual para nociones
como la ‘sustentabilidad’) y 2) incluir variables
medioambientales en la medición de la calidad de
v ida. En cuanto al pr imer aspec to, se tomó en cuenta
la importancia que tienen las generaciones futuras
en la determinación del tipo de sociedad actual. En
otras palabras, no se puede concebir el desarrollo
como la explotación sin límites del medio ambiente,
por lo tanto, el desarrollo humano se concibe como
la ampliación de las capacidades humanas presentes,
garantizando la existencia de recursos para que las
generaciones siguientes puedan hacerlo también.
En cuanto al segundo de ellos, la propuesta ha
llevado a que en las cuentas nacionales también se
introduzcan variables que miden la calidad de vida
de las personas. De hecho, el Índice de Desarrollo
Humano elaborado por el Programa de Naciones
Unidades para el Desarrollo (
PNUD
) incluye dentro
de los indicadores el (no) acceso al agua potable y el
44
Vid
. Amartya Kumar Sen,
Poverty and Famines: An Essay on Entitlements and Deprivation,
Oxford, Clarendon Press, 1982 y
Development
as Freedom
, Oxford, Oxford University Press, 1999 (
Desarrollo y libertad, México,
Editorial Planeta, 2000). Asimismo,
Anand Sudhir y Ama-
rtya K. Sen,
Sustainable Human Development: Concepts and Priorities,
Nueva York, United Nations Development Programme (
UNDP
), Office of
Development Studies, 1996 (United Nations Development Programme, Office of Development Studies Discussion Paper Series, 1). N.E.
45
Pedro Ibarra y Koldo Unceta, “Presentación”, en Pedro Ibarra y Koldo Uncenta (coords),
Ensayos sobre el desarrollo humano
, introduc-
ción, Keith B. Griffin, Barcelona, Editorial Icaria, p. 14.
Cuestiones contemporáneas
153
consumo de energía, entre otros, para medir algunas
variables ambientales.
Tomando como base la economía ecológica, los
estudiosos
46
indican que se hace indispensable una
serie de condiciones, entre las que se encuentran:
a) sociedades estables y cohesionadas; b) descen-
tralización del poder político, principalmente aquél
de carácter administrativo puesto que los conoci-
mientos locales son una parte fundamental en el
manejo ambiental; c) construcción de una estructura
socioeconómica que reconozca la particularidad de
lo local y produzca los menos impactos posibles; d)
colaboración con organizaciones a escalas regional,
nacional y global.
De post, neo’s e ismos
Hoy en día, las ciencias sociales están empapadas de
adjetivos relativos a lo ‘nuevo’, lo ‘post’ o, inclusive,
a lo ‘post-post’. Comúnmente, este fenómeno ha sido
imputado a la crisis teórico-metodológica de éstas,
sin embargo, ello no es más una fachada para encubrir
su transformación. Algunas de estas corrientes han
hecho de sus categorizaciones herramientas útiles
en los análisis de los científicos sociales como, por
ejemplo, el
postestructuralismo
, que suele asociarse
a los planteamientos de Pierre Bourdieu, Michel
Foucault, Jaques Derrida y Jean Braudillar, entre
otros. Tomando los argumentos de estos autores, se
ha construido un entramado teórico, aunque princi-
palmente de carácter filosófico, indicando, en primer
lugar, la no separación entre objetos y el discurso
sobre los objetos y, en segundo lugar, la presencia del
poder del discurso en la formación de los mismos.
En términos medioambientales, el
postestruc-
turalismo
indica que el concepto de desarrollo sus-
tentable ha servido para objetivar a las personas y
al medio ambiente y asumir que ambos pueden ser
administrados.
47
Con ello se ha planteado que los
discursos sobre desarrollo y medio ambiente han
intentado construir sujetos dóciles en sociedades
(como la moderna-occidental) que fungen como
puntos de referencia. Para esta corriente de pensa-
miento, el desarrollo se basa tanto en políticas que
administran los ‘bienes’ como en la construcción
cultural de una imagen que debe ser alcanzada por
las sociedades menos desarrolladas, aun a costa de
la destrucción de las culturas locales.
A su vez, el
postcolonialismo
es una postura de-
sarrollada de manera conjunta por teorías feminis-
tas y algunos teóricos de las relaciones norte-sur.
Uno de sus objetivos centrales es la búsqueda de
explicaciones que vayan más allá del estructura-
lismo dependentista, marxista o de la economía
estándar con respecto a la desigualdad imperante
en el mundo y a la construcción tanto teórica como
‘real’ del otro, en este caso del no-europeo. En el
plano teórico-metodológico, implica el rechazo de
la dicotomía sujeto-objeto para ser reemplazada por
una metodología reflexiva, por una conciencia más
inquisitiva y por la aceptación del discurso científico
como resultado de sus propias visiones. En teoría
política, el postcolonialismo intenta conocer cómo
se han construido, tanto empírica como ideológica-
mente, las ex-colonias.
En cuanto al tema medioambiental, los trabajos,
principalmente de geógrafos, destacan la construc-
ción del saber ambiental expresado en la expansión
de la colonización. Así, el desarrollo científico oc-
cidental estuvo ligado a la conversión de las tierras
‘vírgenes’ de los países colonizados en una reserva
para el desarrollo del capitalismo. Los impactos de
este fenómeno fueron la degradación del medio
ambiente local; el decrecimiento de la población;
el cambio y la degradación de los usos del suelo; la
llegada de epidemias y enfermedades que no eran
conocidas y el impedimento del desarrollo de las
culturas locales. Según algunos autores, el desarrollo
de estos pueblos se truncó como consecuencia de
la llegada de los europeos que les impidieron tener
un futuro propio.
46
Roberto Bermejo, “Desarrollo sostenible y humano”, en
ibid
, pp. 137-169.
47
C. J. Castro,
op. cit
.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
154
Por su lado, el
postmodernismo
ha devenido en
uno de los conceptos más utilizados en las ciencias
sociales, pero también de los menos comprendidos.
Generalmente se le identifica con los cambios cul-
turales y sociales acaecidos en las sociedades occi-
dentales a partir de la década de los sesenta del siglo
XX
. Éstos incluyen el incremento del individualismo,
la masificación de la vida social, el privilegio de las
imágenes por encima de los discursos, el regreso
del localismo y el multiculturalismo. En términos
epistemológicos, se ha insistido en que el
postmo-
dernismo
rechaza los metarelatos, privilegiando los
micro. En muchos sentidos, se cree que responde a
una negación de la ciencia construida a partir de la
Ilustración.
De frente a los aspectos medioambientales, y
semejante al discurso
postestructuralista
, el
postmo-
dernismo
analiza la forma en que se han construido
los discursos sobre esta temática. Sin embargo, para
esta corriente, las imágenes son el principal factor
en la creación de lo que se ‘conoce’ como natural; en
este proceso, la televisión se yergue como la prin-
cipal promotora de las imágenes idílicas del mundo,
alterando el hecho de que éstas no son más represen-
taciones de lo que realmente es. Con la eliminación
de las metanarrativas, sólo queda espacio para el
consumo de bienes ambientales en su forma más
burda: imágenes. Así, los individuos crean el perfil
perfecto del mundo a través de otras imágenes. Con
ello se impide el nacimiento de una cultura realmen-
te consciente de los cambios medioambientales ya
que se crean sujetos pasivos y ausentes de cualquier
realidad.
A pesar de la conclusión anterior, algunos autores
plantean que el
posmodernismo
puede ser una guía
para la gestión ambiental.
48
Después de la caída del bloque socialista, el
marxismo ha tenido que recomponer muchos de los
supuestos que soportaban su edificio teórico y su
plan de acción. Junto con las teorías de la economía
ecológica, y en ocasiones con Georgescu-Roegen, el
eco-marxismo
ha puesto atención a la tríada explo-
tación, plusvalía y deterioro ambiental.
49
Las dos
primeras nociones son bastante conocidas, mien-
tras que la tercera es un añadido que es necesario
rescatar.
El marxismo ataca el supuesto neoclásico de la
infinitud de los recursos naturales, pero, a diferencia
de la EE, pone especial atención a la lucha de clases
y a la forma en que se extraen y se desechan los
recursos naturales. La utilización de la energía y la
producción de entropía están marcadas por la forma
en que son distribuidos los recursos entre las clases
y por el desarrollo científico-tecnológico alcanzado.
Así, para una parte importante del
ecomarxismo
, la
forma como se utiliza la energía solar y se desechan
los residuos adquiere importancia central.
50
Por otro lado, James O’Connor, reconocido como
el principal pensador eco-marxista, afirma que el
capitalismo enfrenta una doble contradicción. La
primera es la de la realización de los productos. Al
estar concentrado el capital en unas cuantas manos
y dada una productividad creciente, los bienes no
pueden ser colocados en el mercado produciendo
crisis de sobreproducción. La segunda, denominada
contradicción de costos, puede a su vez subdividir-
se en dos. De un lado, el capitalismo, en su camino
hacia el incremento de la plusvalía total, destruye
las condiciones sobre las cuales puede realizar la
reproducción ampliada; es decir, al beneficiar a la
acumulación actual pone en entredicho la futura.
Del otro, las respuestas sociales ante el deterioro
48
Mark Purdon, “The Nature of Ecosystems Management: Postmodernism and Plurality in the Sustainable Management of The Boreal For-
est”, en
Environmental Science and Policy
, vol. 6, núm. 4, agosto de 2003, pp. 377-388.
49
Jean-Paul Deléage, “Eco-marxist Critique of Political Economy”, en Martin O’Connor, (ed),
Is Capitalism Sustainable?: Political Economy
and the Politics of Ecology
, Nueva York, The Guilford Press, 1994, pp. 37-52; James O’Connor, “¿Es posible el capitalismo sostenible?”, en
Papeles de Población
, núm. 24, abril-junio de 2000, pp. 9-35; James O’Connor,
Causas naturales. Ensayos de marxismo ecológico
, México, Siglo
Veintiuno Editores, 2001; Elmar Altvater, “The Foundations of Life (Nature) and the Maintenance of Life (Work)”, en
International Journal of
Political Economy
, vol. 20, núm.1, primavera de 1990, pp. 10-34; Elmar Altvater, “A Marxist Ecological Economics”, en
Monthly Review
, vol.
58, núm. 7, enero de 2007, pp. 55-64.
50
J. P. Deléage,
op. cit
.
Cuestiones contemporáneas
155
ambiental exigen que los costos sociales y ambien-
tales sean absorbidos por el capital. En este caso, el
problema para el capitalismo es el de la reducción de
la tasa de ganancia. Ambas contradicciones, dice el
mismo O’Connor, actúan al mismo tiempo de manera
compleja.
51
Ecología política y movimientos sociales
Más allá de las propuestas económicas y sociales,
el tema medioambiental también ha trascendido
a otras esferas. En el caso de la ciencia política, el
acento ha sido puesto en la acuñación de un con-
cepto de medio ambiente que incluya el tema de la
democracia. El presupuesto central del que se parte
afirma que la democratización de la vida social y
política es una de las formas para hacer que todos se
vean favorecidos por el bienestar ambiental. En este
sentido, muchas de las concepciones de democracia
se han modificado para incluir en ellas el derecho a
un medio ambiente sano.
Además, la transición a la democracia en países
no desarrollados se ha unido a la lógica de la des-
concentración de las tareas de gobierno en materia
ambiental para que los que tomen las decisiones
sean justamente los ‘más involucrados’.
52
Lograr una
mayor participación de los gobiernos locales en la
problemática medioambiental, ha sido una de las
estrategias para alcanzar un óptimo manejo de los
recursos. Es así que la noción de desarrollo se ha visto
unida a la de mejora ambiental en el ámbito local,
cuestión que ha involucrado a otros actores más allá
del Estado o de los partidos políticos.
Pese a la existencia de múltiples referencias al
debate político en torno a la relación entre política
y medio ambiente, tres temas acaparan la mayoría
de ellas: a) el problema de la administración pú-
blica; b) los nuevos movimientos sociales; y c) las
alternativas. Estos dos últimos, sin lugar a dudas,
intrínsecamente unidos.
Bajo el nombre de
nuevos movimientos sociales
ambientales
(
NMSA
’s), muchas movilizaciones a favor
del medio ambiente nacieron desde la década de los
setenta del siglo pasado. Los
NMSA
’s son concebidos
como un aglomerado de individuos que comparten
ciertos objetivos en común, en consecuencia, son
pluriclasistas que resultan ser críticos del proceso de
separación hombre-naturaleza y de las consecuen-
cias ambientales de esta división
53
(dentro de esta
categoría, no nada más existen
NMSA
’s progresistas,
sino que la variedad es tan grande que puede incluir
las propuestas más conservadoras).
54
Para hacer
valer sus intereses, los
nuevos movimientos sociales
se escudan en la multiculturalidad y el pluriclasismo
con propuestas que intentan ser locales y globales a
la vez.
55
Los
NMSA
’s retoman también problemas que,
con anterioridad, eran competencia del Estado.
La principal contribución de estos nuevos mo-
vimientos ambientalistas ha sido colocar el tema
en la agenda política, además de los proyectos de
desarrollo sustentable local. Bajo las premisas de
“pensar global y actuar local” y “pensar local para
actual global”, los movimientos ambientalistas
51
J. O’Connor, “¿Es posible el.
..”,
op. cit.
52
Miriam Alfie y Luis H. Méndez, “Modernidad reflexiva y movimientos sociales”, en
El Cotidiano
, vol. 16, núm.100, 2000, pp. 9-27.
53
Idem
; Carlos Porto,
Geo-grafías
, México, Siglo Veintiuno Editores, 20001.
54
A pesar de la evidencia, el movimiento ambientalista radical ha sido poco analizado. El centro del análisis ha girado en torno a grupos
que se han conducido dentro de los causes institucionales y/o que han sido objeto de castigo por parte del Estado. Por su parte, los movi-
mientos radicales, los cuales tienen propuestas que van desde la creación de comunas hasta las acciones violentas, no han sido del todo
explorados. Aunque la ecología profunda (
Deep Ecology
) ha sido de la más estudiada, el movimiento radical no se suscribe únicamente a ella.
Para una revisión de esta temática,
vid
., entre otros, a Martin Lewis,
Green Delusions: An Environmental Critique of Radical Environmentalism
,
Durham, NC, Duke University Press, 1994; Fred H. Besthorn, “Radical Enviornmentalism and the Ecological Self. Rethinking the Concept of
Self-Identity for Social Work Practice”, en
Journal of Progressive Human Services
¸ vol. 13, núm 1, 2002, pp. 53-72; Bill Devall, “Deep Ecology
and Radical Environmentalism”, en Riley E. Dunlap y Angela G. Mertig (eds.),
American Environmentalism: The US Environmental Movement
,
Nueva York, Taylor & Francis, 1992, pp. 51-62; Bron Taylor, “Threat Assessments and Radical Environmentalis”, en
Terrorism and Political
Violence
, vol. 15, núm 4, octubre de 2003, pp. 173-182; Bron Taylor, “The Tributaries of Radical Environmentalism”, en
Journal for the Study
of Radicalism
, vol. 2, núm. 1, 2008, pp. 27-61.
55
En América Latina gran parte de los movimientos ambientalistas han sido analizados con instrumentos provenientes de la sociología
y la antropología y, en gran medida, han tomado al campesinado como sujeto principal.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
156
han consolidado redes de comunicación con otros
movimientos en diversas partes del orbe, lo que ha
permitido una comunicación expresa y el intercambio
de experiencias.
La racionalidad ambiental
Siguiendo a Max Weber, Enrique Leff acuñó este tér-
mino para trascender los límites del conocimiento
ambiental parcelado, dotando de poder a nuevos
procesos civilizatorios que tomen en cuenta el sa-
ber ambiental. La
racionalidad ambiental
expresa la
necesidad de una lógica que no se fundamenta en
la económica (es decir, en la dinámica del lucro y la
explotación de los recursos), sino en las bases del
potencial ecológico. El autor afirma que la
raciona-
lidad ambiental
es “la resultante de un conjunto de
normas, intereses, valores, significaciones y acciones
que no se dan por fuera de las leyes de la naturaleza
y la sociedad”.
56
La
racionalidad ambiental
se compone de cuatro
niveles:
57
a) racionalidad sustantiva, que establece
el sistema de normas sobre las cuales se construyen
las acciones y que tienen como base los principios
teóricos, materiales y éticos de la sustentabilidad;
b) racionalidad teórica, que no es solamente un cuer-
po teórico sobre el mundo sino también un cuerpo
de principios éticos rectores de la acción, en otras
palabras, es la traducción de los postulados teóri-
cos en acciones concretas; c) racionalidad técnica,
que se encarga que los supuestos anteriores operen
adecuadamente;
58
y d) racionalidad cultural, enten-
dida como un sistema de significaciones que le dan
coherencia a las prácticas sociales ecológicamente
sustentables.
A fin de concretar estas racionalidades, se re-
quiere de una serie de criterios para alcanzar metas
específicas en el ámbito del desarrollo sustentable,
59
criterios que pueden ir desde los cotidianos de las
personas hasta los de los gobiernos, En este marco,
la definición de objetivos y medios claros; de instru-
mentos, métodos y técnicas
ad hoc
; de reglas socia-
les, normas y valores sólidos y de teorías cognitivas
adecuadas se torna imprescindible.
Consideraciones finales: nuevos enfoques, nuevas metodologías,
nuevas epistemologías, ¿nuevas incertidumbres?
No cabe duda que el tema ambiental es el primero
en reconocerse plenamente como transdisciplinario.
Campos de conocimiento como la física, la biología,
la química, las matemáticas, la economía, la socio-
logía, la antropología, la filosofía, la meteorología,
la ciencia política y la geografía, entre otros, han
hecho aportes significativos a su estudio y compren-
sión. La complejidad que conlleva entender al mundo
como único, en donde tienen lugar fenómenos físico-
sociales, convierte a la cuestión ambiental en un área
que, poco a poco, ha ganado, con justa razón, un
espacio en la discusión sobre la necesidad de ir más
allá de las disciplinas, teorías y metodologías. Sin
embargo, esta afirmación tan grande lleva consigo
muchas incertidumbres.
A pesar de este intercambio multidisciplinario,
habrá que reconocer la valía teórica de la incer-
tidumbre y darle su justa dimensión, si queremos
transitar de la noción clásica de la imposibilidad
de explicar los fenómenos de la naturaleza con
toda
precisión
(que por demás, hecha por el suelo la noción
de causalidad), al inicio del camino hacia su pleno
56
E. Leff,
op.cit.
; Enr ique Lef f (comp.),
Cienc ias soc iales y formac ión ambiental
, Barcelona, Editorial Gedisa, Universidad Nacional Autónoma
de México, 1994.
57
Ibid
., capítulo 5.
58
Es importante hacer notar que no se trata nada más de tecnología en el sentido estricto de la palabra, sino de, además, aparatos de
funcionamiento como leyes y políticas públicas.
59
E. Leff,
Racionalidad ambiental.
.. op. cit
., p. 212.
Cuestiones contemporáneas
157
conocimiento. Ciertamente, ello habrá de comportar
un trabajo arduo pues no solamente implica agendas
de investigación, sino también intereses epistemoló-
gicos, gnoseológicos, políticos, sociales y culturales.
En este sentido, es necesario establecer qué tanta
incertidumbre es propia de los fenómenos y qué tanta
es el resultado del juego de intereses. La forma en
que nacen y se expresan las agendas de investigación
tiene claramente un impacto a la hora de delimitar
y estudiar los fenómenos. Es una premisa que tiene
muchos años; por lo tanto, se le debe reconocer en vez
de evadirla. Es cierto que no es un problema sencillo
de reconocer, y menos para las ciencias sociales.
Precisamente por ello, este trabajo intenta dar una
visión lo más representativa posible de las visiones
sobre medio ambiente y desarrollo.
Los aportes aquí recabados contribuyen a un de-
bate que, más que recortar las visiones, las amplían.
Como se mostró en el texto, muchas de las propuestas
tienen puntos de vista en común (lo que puede cons-
tituir un punto de partida para el reconocimiento de
la complejidad del estudio de la relación entre medio
ambiente y desarrollo). Reconocer su valía, implica
tomarlas en cuenta a la hora de definir conceptual-
mente el tema analizado. En este trabajo, más que
dar una definición
a priori
tanto de medio ambiente
como de desarrollo y de su mutua interrelación,
se decidió que el lector asuma su propia posición.
Aunque el autor tiene la suya propia,
60
se evitó en
la medida de lo posible evidenciarla para lograr el
objetivo planteado.
Para algunos, la escuelas clásica, neoclásica y
neoliberal tienen toda la razón en establecer que la
naturaleza (o el capital natural) debe ser cuantifi-
cada con la finalidad de establecer precios para que
el mercado funcione de manera correcta; otros más
afirman que esto es solamente una ilusión ya que no
se pueden trazar con precisión los precios de algo
que no se ha producido por el hombre.
Ya sea unos u otros, todos coinciden, implícita o
explícitamente, en el hecho de que la construcción
de un mundo mejor debe pasar por dos cuestiones
centrales: la reducción de la entropía, que supone la
utilización de recursos, y el proceso de democratiza-
ción en todos sus sent idos.
61
Dar la razón a estas pre-
misas reduciría en gran medida la incertidumbre.
Recibido el 8 de octubre del 2008
Aceptado el 8 de febrero del 2009
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
158
Bibliografía
Alfie, Miriam y Luis H. Méndez, “Deterioro ambiental y movimientos sociales en Ciudad Juárez y Matamo-
ros. Similitudes y diferencias”, en
El Cotidiano
, vol. 16, núm. 101, 2000, pp. 40-54.
–––––––––––
,
Maquila y movimientos ambientales. Examen de un riesgo compartido
, México, Universidad Autó-
noma Metropolitana (
UAM
), Consejo Nacional de Ciencias y Tecnología (
CONACYT
), Grupo Editorial León,
2000.
–––––––––––, “Modernidad reflexiva y movimientos sociales”, en
El Cotidiano
, vol. 16, núm. 100, 2000, pp.
9-27.
Altvater, Elmar, “A Marxist Ecological Economics”, en
Monthly Review
, vol. 58, núm. 7, enero de 2007, pp.
55-64.
–––––––––––, “The Foundations of Life (Nature) and the Maintenance of Life (Work)”, en
International Journal
of Political Economy
, vol. 20, núm.1, primavera de 1990, pp. 10-34.
Antle, John M. y Gregg Heidenbrink, “Environment and Development: Theory and International Evidence”,
en
Economic Development and Cultural Change
, vol. 43, núm. 3, abril de 1995, pp. 603-625.
Araujo, Joao Augusto De, “Environment and Development: the Case of Developing Countries”, en
Inter-
national Organization
, vol. 26, núm. 2, 1972, pp. 401-416.
Arias Maldonado, Manuel, “Prometeo desencadenado. Sobre la concepción marxista de la naturaleza”, en
Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas
, vol. 3, núm. 2, 2004, pp. 61-83.
Ballesteros, Jesús y José Pérez Adán (eds.),
Sociedad y medio ambiente
, Madrid, Editorial Trotta, 1997.
Becker, Egon y Thomas Jahn (eds).
Sustainability and the Social Sciences. A Cross Disciplinary Approach
to Integrating Environmental Considerations into Theoretical Reorientation
, Londres, Zed Books/
UNESCO
/
ISOE
, 1972.
Besthorn, Fred H., “Radical Enviornmentalism and the Ecological Self. Rethinking the Concept of Self-
Identity for Social Work Practice”, en
Journal of Progressive Human Services
¸ vol. 13, núm 1, 2002, pp.
53-72.
Brand, Peter Charles, “La construcción ambiental del bienestar humano. Caso de Medellín, Colombia”, en
Economía, Sociedad y Territorio
, vol. III, núm. 9, 2001, pp. 1-24.
Bru, Josepa,
Medio ambiente, poder y espectáculo: gestión ambiental y vida cotidiana
, Barcelona, Editorial
Icaria, 1997.
Castro, Carlos J., “Sustainable Development: Mainstream and Critical Perspectives”, en
Organization and
Environment
, vol. 17, núm. 2, junio de 2004, pp. 195-225.
Carpintero, Óscar,
Entre la economía y la naturaleza
, Madrid, Libros de la Catarata, 1999.
Dunlap, Riley E. y Angela G. Mertig (eds.),
American Environmentalism: The US Environmental Movement,
Nueva York, Taylor & Francis, 1992.
Cuestiones contemporáneas
159
Engels, Federico,
El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. El papel del trabajo en la trans-
formación del mono en hombre
, México, Ediciones de Cultura Popular, 1972.
–––––––––––,
La situación de la clase obrera en Inglaterra
, Madrid,
AKAL
, 1976.
Foladori, Guillermo,
Controversias sobre la sustentabilidad. Coevolución sociedad-naturaleza
, México, Miguel
Ángel Porrúa/Universidad Autónoma de Zacatecas/Colegio de Bachilleres, 2001.
Georgescu-Roegen, Nicholas,
The Entropy Law and the Economic Process
, Cambridge, Harvard University
Press, 1971.
Grove, Richard,
Ecology, Climate and Empire. The Indian Legacy in Global Environment History
, Nueva Delhi,
Oxford University Press, 1998.
Growdy, John M., The “Social Context of Natural Capital: The Social Limits to Sustainable Development”,
en
International Journal of Social Sciences
, vol. 21, núm. 8, 1994, pp. 43-55.
Harvey, David,
Justice, Nature and the Geography of Difference
, Oxford, Blackwell, 1996.
Hidalgo, Antonio,
El pensamiento económico sobre el desarrollo. De los mercantilistas al
PNUD
,
Huelva,
Uni-
versidad de Huelva, 1998.
Hirsch, Gertrude, Holger Hoffmann-Riem, Susette Biber-Klemm, Walter Grossenbacher-Mansuy, Dominique
Joyce, Christian Pohl, Urs Weismann y Elizabeth
Zemp (eds.)
Handbook of Transdisciplinary Research
,
Berna, Springer/Swiss Academy of Arts and Sciences, 2008.
Ibarra Pedro, y Koldo Uncenta (coords),
Ensayos sobre el desarrollo humano
, introducción de Keith B.
Griffin, Barcelona, Editorial Icaria, 2001.
Lawn, Philip Andrew,
Toward Sustainable Development. An Ecological Economics Approach
, West Allis, WI,
Lewis-International Society for Ecological Economics (
ISEE
), 2001 (Ecological Economic Series).
Leff Zimmerman, Enrique (comp.),
Ciencias sociales y formación ambiental
, Barcelona, Editorial Gedisa,
Universidad Nacional Autónoma de México, 1994.
–––––––––––,
Racionalidad ambiental. La reapropiación social de la naturaleza
, México, Siglo Veintiuno Editores,
2004.
–––––––––––, Exequiel Ezcurra, Irene Pisanti y Patricia Romero Lankao (comps).
La transición hacia el desarrollo
sustentable. Perspectivas desde América Latina y el Caribe
, México, Instituto Nacional de Ecología (
INE
),
Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (
SEMARNAT
), Programa de las Naciones Unidas para
el Medio Ambiente (
PNUMA
),
UAM
, 2002.
Lewis, Martin,
Green Delusions: An Environmental Critique of Radical Environmentalism
, Durham, NC, Duke
University Press, 1994.
Lowy, Richard F., “Development Theory, Globalism, and the New World Order. The Need for a Postmodern,
Antiracist, and Multicultural Critique”, en
Journal of Black Studies
, vol. 28, núm. 5, 1998, pp. 594-615.
Maies, Maria y Vandana Shiva,
Ecofeminism
, Londres, Halifax, Zeed Books/Fernwood Publications, 1993.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
160
Mann, Charles M., “Our Good Earth. The Future Rests on the Soil beneath Our Feet”, en
National Geographic
,
vol. 214, núm. 3, septiembre de 2008.
Martínez Alier, Joan y Jordi Roca,
Economía ecológica y política ambiental
, México, Fondo de Cultura
Económica, 2000.
––––––––––– y Klaus Schlümpmann,
La ecología y la economía
, México, Fondo de Cultura Económica, 1987.
Mellor, Mary,
Feminismo y ecología
, México, Siglo Veintiuno Editores, 2000.
Naredo Pérez, José Manuel,
La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del
pensamiento económico
, Madrid, Siglo Veintiuno Editores, 2003.
–––––––––––,
Raíces económicas del deterioro ecológico y social,
Madrid, Siglo Veintiuno Editores, 2006.
––––––––––– y Antonio Valero Capilla (dirs).
Desarrollo Económico y deterioro ecológico
, Madrid, Fundación
Argentaria-Visor, 1999.
Nightingale, Andrea, “The Nature of Gender: Work, Gender, and Environment”, en
Environment and Plan-
ning D: Society and Space
, vol. 24, núm. 2, 2006, pp. 165-185.
North, Douglas “Structure and Performance: the Task of Economic History”, en
Journal of Economic Lite-
rature
, vol. 16, núm 3, 1978, pp. 963-978.
O’Connor, James,
Causas naturales. Ensayos de marxismo ecológico
, México, Siglo Veintiuno Editores,
2001.
–––––––––––, “¿Es posible el capitalismo sostenible?”, en
Papeles de Población
, núm. 24, abril-junio de 2000,
pp. 9-35.
O’Connor, Martin, (ed),
Is Capitalism Sustainable?: Political Economy and the Politics of Ecology
, Nueva York,
The Guilford Press, 1994.
Perman, Roger y P.B. Anand, “Development and the Environment: an Introduction”, en
Journal of Economic
Studies
, vol. 27, núm. 2, 2000, pp. 7-18.
Porto, Carlos,
Geo-grafías
, México, Siglo Veintiuno Editores, 20001.
Purdon, Mark, “The Nature of Ecosystems Management: Postmodernism and Plurality in the Sustainable
Management of The Boreal Forest”, en
Environmental Science and Policy,
vol. 6, núm. 4, agosto de
2003, pp. 377-388.
Quiroga, Rayén,
Naturaleza, culturas y necesidades humanas. Ensayos de transformación
, México, Programa
de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (
PNUMA
),Universidad Bolivariana, 2003.
Rosser, Sue V., “International Experiences Lead to Using Postcolonial Feminism to Transform Life Sciences
Curriculum
”, en
Women’s Studies International Forum
, vol. 22, núm. 1, 1999, pp. 3-15.
Schmidt, Alfred,
El concepto de naturaleza en Marx
, México, Siglo Veintiuno Editores, 1976.
Sluyter, Andrew,
Colonialism and Landscape: Postcolonial Theory and Applications,
Lanham, Rowman and
Littlefield, 2002.
Cuestiones contemporáneas
161
Sturgeon, Noel,
Ecofeminist Natures: Race, Gender, Feminist Theory, and Political Action
, Nueva York, Rout-
ledge, 1997.
Taylor, Bron, “The Tributaries of Radical Environmentalism”, en
Journal for the Study of Radicalism
, vol.
2, núm. 1, 2008, pp. 27-61.
–––––––––––, “Threat Assessments and Radical Environmentalis”, en
Terrorism and Political Violence
, vol. 15,
núm. 4, octubre de 2003, pp. 173-182.
Toledo Machado, Luiz, “A teoria da dependência na América Latina”, en
Estudos Avançados
, vol. 13, núm.
35, enero-abril de 1999, pp. 199-215.
Warlow, Timothty D., Sarah T. Pitts y Rob H. Camery, “Mid-18
th
Century Economic Changes: The Rise of
Adam Smith and the Decline of The Mercantilism and Physiocrats”, en
Journal of Economic Education
Research
, vol. 8, núm. 3, septiembre de 2007, pp. 67-82.
logo_pie_uaemex.mx