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Cuestiones contemporáneas
71
Resumen
En este artículo, la autora analiza la relación entre las
mujeres y la comunicación política para determinar si
es éste un espacio que promueve o no la visibilidad de
su ciudadanía, es decir, si se trata de un espacio plural
o androcéntrico.
*
Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Programa
de Investigación Feminista, Torre II de Humanidades, 6o. piso, Ciudad Universitaria, C. P. 04510, Delegación Coyoacán, México, D. F.
Claves para una reforma electoral democrática: La comunicación
política en México. ¿espacio de visibilidad
o invisibilidad de las mujeres?
Aimée Vega Montiel
*
Abstract
In this article, the author analyzes the relationship
between women and the political communication to
determine if this is a space that promotes or not, the
visibility of its citizenship, that is to say, if its a plural
or
androcentric space.
Palabras clave:
Mujeres, participación política, comunicación política, comunicación política androcéntrica.
e
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
72
E
n México, la teoría y práctica de la comunicación
política es de factura relativamente reciente.
Mientras que otros países ya tenían una vasta
experiencia en dicho campo, el joven proceso de tran-
sición democrática le permitió a nuestro país inaugurar
este escenario sólo a finales de la década de los ochenta.
Y aunque su historia es relativamente corta, esto no
ha significado un obstáculo para que el modelo global
de la comunicación política –definida como el espacio
público, hoy trasladado a los medios de comunicación,
en el que se articulan los discursos y las acciones de
los actores políticos– sea el ilustre protagonista de los
procesos políticos en México. Ello encuentra razón
en que este país se ha sumado, en el discurso y en la
acción, a la democracia global que sitúa su máxima en
la pluralidad de actores políticos que compiten por la
legitimidad y el poder, y en la cada vez más diversificada
sociedad mexicana.
De esa pluralidad de actores, tres son esencialmen-
te identificables en el escenario de la comunicación
política: los periodistas y las instituciones mediáticas
a las cuales representan, los políticos y sus partidos, y
los sondeos y encuestas, ambas la visión instrumental
de la opinión pública.
1
Así, la comunicación política constituye uno de los
ámbitos de estudio, reflexión y acción centrales en el
análisis y debate de la reforma del Estado. Se trata de un
proceso que atraviesa los quehaceres de, en principio,
dos instituciones fundamentales: el sistema político y el
comunicativo, porque ambos, en aras de dar a conocer
y/o de informar sobre la actividad política, apoyados
en recursos que van del discurso, mítines y campañas,
a las noticias, debates,
spots
, marketing político y, hoy
también, a los videoescándalos, dan lugar a la produc-
ción, circulación y recepción del discurso político. Éste
genera, a su vez, estados de opinión que posicionan en
la actualidad a encuestas y sondeos como actores clave
en este escenario.
Sin embargo, la realidad a la que nos enfrentamos
evidencia un fuerte impacto, o incluso dominio, del
poder mediático sobre el poder político, lo que está
generando una consecuencia poco deseable para el
Estado: una desmedida mediatización de la actividad
política que vuelve al mexicano, uno de los procesos
de transición democrática más costosos del mundo.
Ilustrativo de ello resulta el gasto de los candidatos y
la candidata de la pasada elección en
spots
políticos,
tema que se ha convertido en un punto nodal en la
definición de una reforma electoral democrática. El
proceso de fiscalización llevado a cabo por el Instituto
Federal Electoral (±²³), que ha evidenciado que 80%
de los recursos de campaña de los candidatos para la
elección presidencial de 2006 fueron destinados a publi-
cidad política en televisión y radio, señala un problema
alarmante: la mediatización de las campañas, que poco
o nada beneficia a la sociedad.
Ante las dificultades que ello representa para la
consolidación de la democracia, cada vez son más los
esfuerzos de diversos actores sociales (académicos,
organizaciones de la sociedad civil y autoridades elec-
torales) para regular y vigilar el acceso de los partidos
a los medios de comunicación y para que los medios
se conduzcan bajo los principios de pluralidad y ob-
jetividad.
Además de esta grave irregularidad, otras se suman
a una desafortunada, y muy larga, lista de situaciones
indeseables que reflejan las condiciones de desigualdad
e inequidad sobre las cuales estamos construyendo los
andamios de la democracia. En este tenor, un foco rojo
que urge nuestros análisis y acciones, son las condi-
ciones de inequidad a las que se enfrentan las mujeres
que se incorporan a la política, lo cual se reflejan en el
tratamiento que los medios de comunicación realizan
–no sólo como vías de difusión, sino también de infor-
mación– de su desempeño y de las acciones dirigidas
por ellas para realizar la agenda de las mujeres en
nuestro país. Por ello, a lo largo de esta investigación
señalaremos datos que evidencian esa desigualdad y
los utilizaremos con un propósito: contribuir a abrir el
espacio de la política y el de los medios como condición
para que las mujeres puedan ejercer su ciudadanía en
plenitud.
La comunicación política hoy
1
Dominique Wolton, “La comunicación política: construcción de un modelo”, en Jean-Marc Ferry y Dominique Wolton,
El nuevo
espacio público,
Barcelona, Gedisa, 1992, pp. 28-46.
Cuestiones contemporáneas
73
En sentido formal, la participación política se refiere a
la práctica institucional de la política. Sin embargo, es
más que eso: implica decisiones y acciones, individuales
y colectivas, de los sujetos relacionados con el poder y su
ejercicio. Presupone organización, estrategia y acción,
todas orientadas a transformar.
2
Esta definición implica reconocer, en principio, que
en un sistema democrático, todos los ciudadanos gozan
de este derecho. Sin embargo, es imposible hacer una ge-
neralización. Más bien, nos llama a hacer una distinción
entre la participación política de hombres y mujeres. La
de los hombres goza de reconocimiento y legitimidad,
incluso antes de que incursionen formalmente en la
esfera pública política. Con las mujeres no sucede lo
mismo, aun cuando la democracia presupone su parti-
cipación de forma extensa, activa y real. La relación de
las mujeres con la política se presenta como compleja
y ambivalente por su no pertenencia o, si se prefiere,
por su expulsión histórica de la política hegemónica,
que fue y continua siendo conceptuada en masculino,
pensada, pues, en y para los hombres.
Derivado de ello, desde una definición convencio-
nal, la participación política de las mujeres es juzgada
como pasiva y conservadora, porque votan menos que
los hombres o porque no votan por los candidatos por
los que ellos sí. Se considera, además, que tienen menos
conocimientos de las opciones y los temas políticos
que los hombres. Que su conducta política es ingenua,
idealista y puritana.
Es lugar común encontrar explicaciones que hablan
de que las mujeres se guían por su emotividad, por su
orientación particularista o por su vocación maternal.
Eso, en el caso de que participen. Pero cuando no par-
ticipan, se afirma entonces que son, por naturaleza,
apolíticas.
3
Políticos e intelectuales sitúan en dos razones el
supuesto desinterés de las mujeres en la política. Los
conservadores dicen que sus características biológi-
cas y sus rasgos psicológicos determinan su conducta
política. Los progresistas encuentran la explicación en
los elementos sociales transmitidos por la educación, y
que son adquiridos por ellas.
4
Desde la perspectiva de Judith Astelarra,
5
el princi-
pal problema en estas definiciones está en que se mira
la normalidad política desde la conducta masculina,
lo que equivale a afirmar que, en términos políticos,
lo masculino es lo normal y lo femenino es desviado,
cuando no repite las conductas políticas masculinas.
Lo que nunca considera esta concepción es que la fe-
menina puede ser un tipo de participación política dis-
tinta. Supone que los hombres y las mujeres comparten
exactamente las mismas experiencias de participación
y realidad política.
En su conjunto, de acuerdo con la feminista espa-
ñola, ello deriva en tres sesgos desde los que se juzga la
participación política femenina:
1) La inferioridad social de las mujeres, lo que resulta
en que su participación política sea vista como
inferior porque no se aproxima al modelo ideal de
ciudadanía, al no interesarse en los mismos temas
que los hombres.
2) El fetichismo de la familia, referido a la explicación
que las asocia al mandato socio-histórico que pre-
valece en su identidad genérica –como madre-es-
posas–, y que señala que su conducta se encuentra
motivada por la irracionalidad y la afectividad.
3) La tendencia a juzgar a las mujeres desde parámetros
masculinos, lo que desemboca en que su participa-
ción política sea comparada con la masculina, como
si se tratara de dos grupos sociales uniformes.
6
Ello influye en que la definición de la participación
política de las mujeres que reproducen las institucio-
nes sociales (entre las cuales se hallan los medios de
comunicación), corresponda a la elaborada por el orden
La participación política de las mujeres
2
Anna María Fernández Poncela,
Mujeres en la elite política
, México, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, 1999.
3
Aimée Vega,
La decisión de voto de las amas de casa mexicanas y las noticias electorales televisadas
, Barcelona, Universidad Autónoma
de Barcelona, 2004 (tesis doctoral,). Disponible en línea en:
4
Judith Astelarra, “La cultura política de las mujeres”, en Norbert Lechner,
Cultura política y democratización
, México, Facultad
Latinoamericana de Ciencias Sociales (±²³´µO), 1991.
5
Ibid.
6
Ibid
.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
74
androcéntrico.
7
Pero referir su participación política
exige el ejercicio de mirarlas a ellas,
de acotar sus
particularidades, de mirar sus alcances y también sus
limitaciones; obliga también a no medir la normalidad
política desde la conducta masculina.
De esta manera, podremos reconocer que el hecho
de que las mujeres actúen en la esfera política de manera
distinta que los hombres, no significa que no estén inte-
resadas en lo que sucede en el espacio público y mucho
menos que no estén capacitadas para ser ciudadanas.
Lo hacen, sí, pero desde sus formas, experiencias e in-
tereses, maneras que se encuentran determinadas por
la organización social derivada de la división sexual del
trabajo, es decir, del sistema de género.
8
Visto así, estaremos en condiciones de reconocer
que, en lugar de calificar la participación política de las
mujeres como local, podremos observar que sus intereses
y sus prácticas están centradas en el hábitat cotidiano y
ligadas a la política comunitaria; es por eso que se inte-
resan en temas que pertenecen al orden de lo doméstico
y de lo particular, lo cual no significa que no sean temas
políticos. En este tenor, si su condición de madres y espo-
sas las excluyó de la posibilidad de ejercer la ciudadanía
en los mismos espacios que los hombres, y en igualdad de
oportunidades, ellas han generado sus propias formas y
espacios de participación con el objetivo de mejorar las
condiciones de su entorno y del mundo.
En el caso de México, esas formas y espacios son
asociaciones vecinales, sindicatos, grupos de defensa
del voto y de derechos humanos. Se han organizado en
ellos para resolver problemas de abastecimiento y con-
sumo, de empleo en el sector familiar, de autogestión
popular de servicios básicos, de apertura de centros de
salud, recreativos y guarderías.
9
Es decir, las mujeres
deciden y actúan para resolver problemas que también
tienen que ver con el ámbito de la política y que, aunque
pueden no ser reconocidas como acciones formales o
institucionales, no por ello dejan de ser políticas.
Las mujeres frente a la política formal
Con este antecedente, y al provenir de una historia com-
pleja y conflictiva, la incorporación de las mujeres a la
política formal es igualmente problemática. Un ejemplo
ilustrativo se halla en el ámbito de la política electoral.
Hasta el día de hoy, solamente cinco mujeres han sido
candidatas a la Presidencia de nuestro país. Pese a la
representación femenina en las listas electorales, que
es de 51.79%, en las últimas elecciones, la única can-
didatura encabezada por una mujer fue la de Patricia
Mercado, quien obtuvo 2.7% de los votos.
A nivel estatal, este proceso no varía: hasta hace po-
cos años, solo tres mujeres habían gobernado un estado
y sumaba 74 el número de presidentas municipales, es
decir, 3% del total de los municipios del país.
10
Aun cuando ellas conforman la mayoría en el pa-
drón electoral, esto no se ha traducido en una represen-
tación política consecuente. Las instituciones políticas
no han asumido hasta el día de hoy su responsabilidad
frente a la Ley de Cuotas.
11
A finales de 2007, el Congreso
estaba integrado por 115 diputadas y 23 senadoras, que
representan poco más de una quinta parte de la LX
Legislatura: 23% de los diputados y 18% de senadores.
Por grupo parlamentario, el 25% de los diputados y el
23.8% de los senadores del PAN son mujeres. Mientras
que en el PRD el 21% de sus curules en la Cámara de
diputados las ocupan mujeres, y el 23.8% en la de se-
nadores. Son los partidos con menor representación
los que tienen una mayor proporción de mujeres, por
ejemplo el Partido Nueva Alianza tiene casi la mitad de
diputadas (44.4%).
12
Estas condiciones encuentran razón en muchas y
serias cuestiones que obstaculizan, y en muchos casos
impiden, la igualdad de condiciones necesaria para una
plena participación de las mujeres en la esfera política,
algunas de las cuales han sido mencionadas en las
líneas precedentes de este artículo.
7
Virginia Vargas,
El aporte de la rebeldía de las mujeres
, Lima, Flora Tristán, 1989, p. 18.
8
El sistema de género se refiere a los procesos que organizan a la sociedad en sus roles y actos, de acuerdo con el sexo. La política
forma parte del sistema de género y, en este sentido, la división sexual del trabajo determina las formas y grados de participación de las
mujeres, por ser mujeres, y de los hombres, por ser hombres. J. Astelarra,
op. cit.
9
Dalia Barrera, “Factores que facilitan o limitan la participación social y política femenina”, ponencia presentada en el
Primer En-
cuentro Regional de Mujeres, Por una ciudadanía con equidad
, llevado a cabo en la ciudad de México de agosto a septiembre de 2001.
10
A. Vega,
op. cit
.
11
La Ley de Cuotas es un mecanismo que establece el piso mínimo de representatividad femenina en las listas electorales de los par-
tidos políticos. En México, esta Ley establece una representación mínima del 30 por ciento.
12
Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática,
Mujeres y hombres en 2008,
México, ±²³´±, 2008, p. 440.
Cuestiones contemporáneas
75
A pesar de ello, las mujeres han generado rupturas al
momento de involucrarse en acciones y alternativas de
participación política consciente y responsable, a partir
de las cuales han logrado construir una identidad política
auténtica y, lo más importante, promover acciones que
garanticen el reconocimiento y ejercicio de los derechos
humanos fundamentales de todas las mujeres. Un claro
y notable ejemplo de ello lo constituye la publicación de
la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre
de Violencia,
13
promovida en la pasada legislatura por las
diputadas feministas Marcela Lagarde y Angélica de la
Peña.
14
Esta ley, que obliga a realizar transformaciones
estructurales, fundamentales para el ejercicio pleno de
la ciudadanía de las mujeres, constituye un piso jurídico
importantísimo, con repercusiones para la igualdad
política entre mujeres y hombres. Es pertinente afirmar,
entonces, que el reconocimiento de su –nuestra– ciuda-
danía no ha sido producto de una dádiva gratuita, sino
de un trabajo consistente y continuado.
¿Y qué sucede en México cuando las mujeres buscan
acceder a puestos políticos? En el ámbito de la política
institucional, los conflictos que ellas experimentan se
acentúan. Así, aunque escasos, los ejemplos son contun-
dentes. En primer lugar, existe una arraigada percepción
de que las mujeres son menos efectivas para puestos
de representación y desempeño de funciones públicas.
¿Mito o realidad? De acuerdo con lo que nos demuestra
la propia experiencia, este es uno de los argumentos más
utilizados por las instituciones políticas, y también por
las mediáticas, para frenar su participación en estos
ámbitos. Afirmar que ellas se guían por su afectividad,
ingenuidad, pasión o naturaleza instintiva,
15
constituyen
los mejores argumentos en esta línea.
16
Un segundo argumento es el que se sustenta en la
afirmación de no pocas autoridades institucionales
(incluidos de nuevo los medios de comunicación) de
que “la sociedad todavía no está preparada para tener
una presidenta o una gobernadora”. Juicios como éste se
escuchan frecuentemente, aun cuando las mujeres han
demostrado su competencia para dirigir instituciones
políticas. Respaldadas en ‘lo que quiere la opinión públi-
ca’, dichas aseveraciones evidencian la reproducción de
una inercia cultural que no se corresponde, necesaria-
mente, con lo que la ciudadanía quiere. Por el contrario,
la investigación académica demuestra que cada vez más
mujeres y hombres reconocen la capacidad de ellas y
la urgente necesidad de que ocupen cargos políticos
como una garantía para promover la agenda política,
económica y social de las mujeres.
17
Creencias como éstas encuentran razón en un tercer
argumento falaz: que las mujeres deben ser especiales
o contar con capacidades excepcionales para dedicar-
se a la política. ¿Qué se entiende por excepcionales?,
¿acaso ser más inteligentes, más capaces o más hábiles?
¡Cuántos políticos no se han contado en la historia de
nuestro país que si por algo han destacado es, desafor-
tunadamente, por su falta de capacidad, inteligencia y
sensibilidad para gobernar! Apunto: el ejercicio o la falta
de estas cualidades no se corresponden con el género
y sí con el compromiso y la madurez para asumir una
responsabilidad de este tipo, sea una mujer o un hombre
quien lo encabece.
A la vista de lo expuesto, esas capacidades excep-
cionales se refieren, más bien, al sobreesfuerzo físico y
emocional que las mujeres deben experimentar una vez
que apuestan por la carrera política, trabajando más y
manteniendo la voluntad, pues, al no ser el político un
espacio en el cual se reconoce su pertenencia, son vigi-
ladas y juzgadas con más dureza; de ahí el desgaste que
les representa ganarse el derecho y el reconocimiento.
De esta manera, si comparamos la expresión formal
‘equidad de género’, tan en boga en el discurso de las
instituciones de gobierno, partidos políticos, y de los
propios medios de comunicación, con los indicadores
específicos que evidencian la desigualdad entre muje-
res y hombres en los ámbitos político, social, cultural
y educativo, el panorama que se dibuja en México es
más bien pesimista, porque estos listados de buenas
intenciones no se traducen en la experiencia cotidiana
que viven las mujeres políticas.
13
Publicada por el Ejecutivo Federal el 2 de febrero de 2007 en el
Diario Oficial de la Federación
.
14
Vid
. Marcela Lagarde y de los Ríos, “Por los derechos humanos de las mujeres: la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida
Libre de Violencia”, en
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
, año XLIX, núm. 200, mayo-agosto de 2007.
15
Karen Ross, “Women Framed: Te Gendered ±urn in Mediated Politics”, en Karen Ross y Carolyn M. Byerly,
Women and Media,
International Perspectives,
Londres, Blackwell, 2006, pp. 60-81.
16
Para muestra, basta echar un vistazo al episodio desencadenado por los video escándalos, en donde se puso en el centro del escenario
no a los evidentes protagonistas de los actos de corrupción que estos videos mostraron –René Bejarano y Carlos Ahumada–, sino a las
pasiones femeninas que ‘pusieron’ en peligro la conducción política, representadas por Rosario Robles, la entonces jefa de gobierno de
la ciudad de México, a quien se ‘acusó’ de tener un
affair
con el segundo de los protagonistas de este escándalo político.
17
Maria Ángels Viladot i Presas, “La imagen de las mujeres políticas en los medios de comunicación”, en
La Factoría
, núm. 8, febrero
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
76
Hace más de diez años, la periodista Bettina Peters hizo
el siguiente señalamiento ante la UNESCO: “Las mujeres
aún están ausentes de los medios hoy en día. Después
de más de una década, la investigación académica sigue
mostrando que las mujeres están claramente infrarepre-
sentadas por estos medios, y cuando lo están se las sigue
describiendo a través de una gama reducida de papeles es-
tereotipados”.
18
Traigo a colación esta declaración porque
encuentra amplia vigencia en la actualidad: los medios
de comunicación, al igual que las instituciones que aquí
han sido mencionadas, lejos de promover una conciencia
de la participación política de las mujeres, tienden a vi-
sibilizar una reproducción de estereotipos sexistas. Por
esta razón es pertinente el término
comunicación política
androcéntrica
, necesario para llamar la atención acerca
de la marginación de las mujeres del espectro contempo-
ráneo de la política, en el cual los medios de comunicación
figuran como institución fundamental.
Para argumentar esta afirmación, revisemos lo
que documentan algunas de las investigaciones más
importantes referidas a la representación de las mujeres
en los medios de comunicación:
• Datos globales señalan que en el mundo, la repre-
sentación de las mujeres en la prensa, la radio y la
televisión durante el año 2000, como fuente primera
de consulta e información, fue tan sólo del 18 %, en
comparación con el 82 de protagonistas hombres.
19
• Las mismas fuentes señalan que los medios de co-
municación en el mundo no promueven a figuras
femeninas empoderadas con capacidad de trans-
formar espacios y acciones.
20
• La representación de género en los medios es asocia-
da a las relaciones de dominación y subordinación
que imperan en la sociedad: mientras a los hombres
se les representa en su carácter de deportistas, polí-
ticos y empresarios, a las mujeres se les representa
mayoritariamente en el de
vox populi
y estudiantes
al tiempo que se las asocia a la falta de estatus y
poder.
21
±n el caso de las mujeres políticas, desde los años se-
tenta y hasta el día de hoy, la investigación feminista
se ha encargado de documentar la forma en la cual la
televisión, la radio y la prensa las visibilizan. Así, de lo
que podemos denominar
comunicación política andro-
céntrica,
sabemos que:
1) ²na de las imágenes más recurrentes en los medios
de comunicación, y en la publicidad política en par-
ticular, es la que asocia a las mujeres con el espacio
doméstico (como madres y esposas) y a los hombres
al público, como agentes de la acción política y social.
De ahí que la diferenciación entre temas
soft
y
hard
,
dos conceptos muy comunes en la comunicación po-
lítica, responda al binarismo que asocia a las mujeres
políticas a temas como la familia, el bienestar social,
la salud y las relaciones humanas, y difícilmente a
áreas como economía, política, ciencia y tecnología,
que son del dominio masculino.
22
2) ³uando en los medios se narra la semblanza de
una candidata, comúnmente se hace alusión a su
situación marital. De esta manera, el poder de las
mujeres políticas suele ser asociado a su identidad
de género y es utilizado, a veces, como estrategia
para cuestionar su viabilidad política mientras que,
en el caso de los hombres, poder y masculinidad, no
son siquiera mencionados.
23
3) ±n el análisis del trabajo y las acciones de las políti-
cas, los medios de comunicación incluyen caracte-
rísticas como la ropa que visten, el corte de cabello
y hasta el maquillaje, lo que no sucede en el caso de
La comunicación política androcéntrica
18
Bettina Peters, “Mujeres y medios de comunicación: acceso a los medios de expresión y a la toma de decisiones. valor y límites de un
enfoque auto-regulador”, ponencia presentada en el ´imposio Internacional de la UNESCO llevado a cabo en Toronto, ³anadá,
del 28 de
febrero al 3 de marzo de 1995. Disponible en línea en http://www.ifj.org/assets/docs/124/182/b9bd97c-7886bb6.pdf µ. ±.
19
¶e World Association for ³hristian ³ommunication, Who Makes the µews?, Londres, WA³³, 2000.
20
Ibid
.
21
Instituto ·ficial de Radio y Televisión/Instituto de la Mujer,
Representación de género en los informativos de radio y televisión,
Madrid,
¸O¹ºVE / Instituto de la Mujer, 2002.
22
Annabelle ´reberny y Liesbet van Zoonen (eds.),
Gender, Politics and Communication
, ³resskill, µJ, Hampton Press, 2000.
23
Karen Ross y Annabelle ´reberny-Mohammadi, “Playing House. Gender, Politics and the µews Media in Britain”, en
Media, Culture
and Society
, vol. 19, núm. 1, 1997, pp. 101-109.
Cuestiones contemporáneas
77
los hombres sobre quienes se enfatiza su trayectoria
y experiencia política.
24
4) La publicidad política negativa es empleada mayor-
mente por candidatos que por candidatas. La actitud
de ellas es asociada a la compasión, la cooperación
y la honestidad, alejadas del conflicto y el enfrenta-
miento. La de ellos, a la agresividad, la firmeza y la
racionalidad; pero cuando una mujer entra en el te-
rreno del enfrentamiento, no tiene el mismo impacto
ni costo político de cuando se trata de un hombre;
a ella le puede costar, incluso, la candidatura o la
carrera política.
25
5) El empleo de herramientas en los
spots
para apelar
a las emociones de los televidentes y radioescuchas,
posibles votantes, es utilizado con mayor libertad
(y relajación) por los políticos. Así, recursos como
el llanto son asociados en el caso de los hombres a
una muestra de sensibilidad y calidad humana, sin
que ello ponga en entredicho su firmeza, mientras
que en las mujeres, se utiliza como argumento para
evidenciar su debilidad.
26
Estos datos nos señalan que los esquemas de género
que dominan en la sociedad y en la política, lo hacen
también en las rutinas de producción y en los conteni-
dos de prensa, radio y televisión.
Antes de pasar a lo sucedido en el proceso electoral
de 2006, insisto en la responsabilidad de los medios en
la promoción de la participación política de las mujeres
porque constituyen, indiscutiblemente, un espacio pú-
blico muy poderoso; son la vía a través de la cual muchas
personas se informan y entienden lo que es la política.
Por ello, suscribo la afirmación de Mervi Pantti cuando
señala que si los medios influyen en la forma y fondo de
la política, también lo hacen en el acceso, formas y visi-
bilidad de las mujeres y los hombres en esos ámbitos.
27
Las elecciones presidenciales de 2006: manifestación de la comunicación
política androcéntrica
Con los antecedentes señalados, ¿cómo se ha mate-
rializado este proceso en nuestro país? El escenario
no es alentador: la imagen que tenemos de las figuras
políticas femeninas, con pequeños matices, se resume
en su menor competitividad, sea por falta de carácter
o fragilidad, por su frialdad o su emotividad, por su
desmedida y peligrosa ambición, y hasta por su me-
nor habilidad lingüística. Desafortunado es que estas
descripciones sean parte del informe publicado por la
agencia de noticias ±I²³±, que durante 2006 elaboró
un estudio con el propósito de conocer la cobertura de
la prensa mexicana a la participación política de las
mujeres. Su principal conclusión es que las mujeres
sencillamente no existen como protagonistas de la
dinámica social y política, a no ser cuando son prota-
gonistas de escándalos. De acuerdo con los resultados
de este diagnóstico, Elba Esther Gordillo, Lydia Cacho
y Martha Sahagún encabezan la lista y, muy atrás, que-
daron Patricia Mercado y Beatriz Paredes.
28
Esas cifras se reflejan en el monitoreo publicado por
el IF´ acerca de la cobertura de las candidaturas a la pre-
sidencia por los noticiarios de radio y televisión: Patricia
Mercado fue quien menos atención obtuvo de las televi-
soras y radiodifusoras, con apenas 2.53% del total de las
menciones que a las campañas políticas se hicieron.
29
Estos datos se enfatizan en la publicidad política
contratada por estos candidatos y la candidata. Par-
timos de una base: fue Alternativa Socialdemócrata
y Campesina, al que representaba Patricia Mercado,
el partido que menos recursos económicos tuvo para
competir: 6 millones 633 mil 510 pesos, frente a 444
millones 844 mil 809 pesos de Roberto Madrazo; 383
millones 612 mil 118 pesos reportados por el equipo de
Andrés Manuel López Obrador; 257 millones 837 mil
24
Mervi Pantti, “Literary Review for the Project Gender, Politics and Media: Challenging Stereotypes, Promoting Diversity, Strengthe-
ning Equality”, documento en línea http://www.portrayingpolitics.org/research.php#1, 2005.
25
Ibid.
26
Ibid.
27
Ibid.
28
Agencia de Comunicación e µnformación de la Mujer (±I²³±), “Borradas, las mujeres de los medios en 2006”, informe disponible
en
29
µnstituto ¶ederal Electoral, “Monitoreo de la cobertura de las campañas electorales federales que brindan los espacios noticiosos y
otros espacios de radio y televisión durante el proceso electoral federal 2006”, informe disponible en línea en http://monitoreo-noticiarios.
ife.org.mx/µ¶Elinea/hmain_menu.aspx
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
78
990 pesos de Felipe Calderón. De tales recursos, vale
reiterar que 80 % fueron destinados a publicidad en
medios electrónicos, lo que da una resultante de 757
mil
spots
pagados.
30
Esta desigualdad de recursos, que enfatiza la des-
igualdad de género para competir en una contienda
electoral, se agudiza en el rubro de
spots
televisivos. De
acuerdo con el monitoreo del I±², basado en el análisis
de una muestra representativa a lo largo de los cinco
meses que oficialmente duró el proceso electoral, Pa-
tricia Mercado registra menos de 1 % de los
spots
en
televisión (0.05%), frente a 29.53% de Felipe Calderón;
25.86% de Roberto Madrazo; 40.48% de Andrés Ma-
nuel López Obrador, y 3.6% de Roberto Campa. En la
prensa, el caso es más agudo, el equipo de la candidata
feminista apenas contrató 0.02 % de inserciones en los
diarios nacionales, frente a 45% de Madrazo, 36% de
López Obrador y 16% de Calderón. Y, definitivamente,
cualquier alusión a una igualdad en la competencia
se esfuma en el rubro de
spots
radiofónicos, en donde
Mercado sólo contrató 0.01% de espacios, frente a 45 %
de Calderón y 25% de Madrazo y López Obrador.
31
Con estas condiciones, a todas vistas desfavore-
cedoras, Patricia Mercado hizo un empleo inteligente
de los escasos recursos disponibles, pues fue la única
candidata que no invirtió en publicidad negativa y se
concentró en aprovechar la contratación de espacios en
los medios para presentarse ante los y las electoras, ha-
ciendo directa mención de sus propuestas de campaña,
algunas de las cuales retomaban las claves que la agen-
da feminista ha promovido históricamente en nuestro
país. Todo ello apoyado en el eslogan que la acompañó
a lo largo del proceso electoral: “Palabra de Mujer”. En
esta misma tesitura, los dos debates televisivos en los
que participó fueron vías que la candidata aprovechó
para posicionarse a nivel nacional.
Vale señalar también que Patricia Mercado fue la
única que interpeló a las mujeres, en sus
spots
, como
ciudadanas. En contraste, los tres candidatos con ma-
yor poder no mostraron conocimiento ni sensibilidad
con la agenda de las mujeres. Por el contrario, cuando
aludían a ellas, lo hacían en el marco de los estereotipos
sexistas que hemos mencionado. Así, Felipe Calderón,
por ejemplo, se dirigió de manera explícita a las mujeres
en dos
spots
: en uno, para promover ayudas a madres
solteras y, en otro, para ofrecer la creación de guarderías
para madres trabajadoras.
Por su parte, Roberto Madrazo fue auxiliado por
su esposa, quien apareció junto a él en las pantallas de
televisión, como su apoyo y mano derecha, recordán-
donos la sentencia de que “detrás de un ‘gran hombre’
hay una gran mujer”. Andrés Manuel López Obrador
y Roberto Campa parecieron ignorar la importancia
de las mujeres como grupo social de votantes, pues
no establecieron estrategias de comunicación para
dirigirse a ellas.
¿Qué efecto tiene esta representación en las prefe-
rencias de voto? Sabemos que no es determinante, pero
sí importante, pues la investigación académica nos de-
muestra que la representación mediática tiene un efecto
en la percepción social. Así sabemos, por ejemplo, que
es mejor percibido un candidato, pues los medios enfa-
tizan su dureza y raciocinio, así como su agresividad,
lejos de la empatía o calidez de una candidata.
32
Claves para una comunicación política plural y democrática
Con las bases aquí señaladas, la pregunta obligada es:
¿en qué medida los medios de comunicación mexicanos
contribuyen a la generación de una conciencia y debate
público acerca de la incorporación de las mujeres al ám-
bito de la ciudadanía? Más bien nos encontramos que,
ante estos asuntos, los medios de comunicación repro-
ducen esquemas y estereotipos de género prevalecientes
en la cultura, la política y la economía, que discriminan,
al tiempo que obstaculizan, la participación plena de las
mujeres en la política –algunos de los cuales han sido
enlistados en este trabajo–, con el argumento de que su
responsabilidad es reflejar las condiciones y prioridades
del debate político actual. Pero esos medios, si fueran
consecuentes con la equidad de género a la que hacen
alusión, deberían promover, haciéndolas visibles, que
las mujeres acceden al poder sin importar que sean
esposas, madres o hijas.
30
³nstituto Federal Electoral, “Monitoreo de
spots
para pre-campaña y campaña 2005-2006”, informe disponible en línea en
http://www.
ife.org.mx/portal/site/ife/menuitem.14a8165b603a022ea43b30ef100000f7/,
2006.
31
Ibid.
32
Kim Kahn, “Does Being Male Help? An ³nvestigation of the E´ects of Candidate Gender and Campaign Coverage on Evaluations of
U.S. Senate Candidates”, en
Te Journal of Politics
, núm. 54, 1992, pp. 497-517.
Cuestiones contemporáneas
79
De esta manera, y porque reconocemos que los me-
dios de comunicación influyen en la forma y fondo de la
política, así como en el acceso, formas y visibilidad de
las políticas y los políticos en la sociedad; porque reco-
nocemos su importancia como una institución central
a través de la cual los y las ciudadanas se acercan a la
esfera política, urge, pues, generar estrategias que, de
manera contundente, motiven cambios en el quehacer
de las instituciones mediáticas para que contribuyan
efectivamente a la erradicación de la discriminación
que se encuentra en la base de la problemática partici-
pación política de las mujeres.
Así, en el marco de la reforma del Estado, es deseable
que una profunda reforma electoral tenga como eje la
incorporación plena, en condiciones de igualdad, de
las mujeres al ámbito de la ciudadanía, que garantice
su acceso a los recursos y herramientas para el desa-
rrollo de su autonomía, y el ejercicio de sus derechos a
la información y a la libertad para expresarse. En esta
línea, la reforma electoral debe garantizar no sólo que
los espacios de difusión de publicidad política se demo-
craticen, ni sólo que los medios realicen una cobertura
y difusión responsable de los conocimientos, conquistas
y perspectivas de las mujeres, sino el acceso de ellas,
como productoras, a los medios de comunicación, para
que esto posibilite que su agenda e intereses no queden
marginados del espacio público.
Al día de hoy contamos con bases legales importan-
tísimas (como la ya mencionada Ley General de Acceso
de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia o la Ley
de Igualdad y Ley contra la Discriminación) sobre los
cuales esta reforma del Estado puede ser construida
con una perspectiva de género que tenga en su centro
la participación libre e igualitaria de las mujeres. To-
do ello realizaría los principios de igualdad y respeto,
esenciales para el desarrollo y la paz.
Recibido el 29 de octubre de 2007
Aceptado el 23 de enero de 2008
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
80
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