Artículo en PDF
Cómo citar el artículo
Número completo
Más información del artículo
Página de la revista en redalyc.org
Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Sociedad y política
105
Historia y políticas de televisión pública en México
*
F
LORENCE
T
OUSSAINT
A
LCARÁZ
**
Resumen
El presente artículo expone, en primer lugar, un
resumen de los postulados teóricos que orientan la
investigación y, en segundo, analiza los datos ge-
nerales de la televisión pública en México según se
desprenden del censo realizado en 2007 y 2008 a las
31 emisoras que operan en la República Mexicana.
Asimismo, desarrolla una definición de televisión
pública –asentada en los postulados de la economía
política de la cultura y de la comunicación– que
considera que la TV forma parte de un sistema de
medios global en donde la faceta privada y la pública
se encuentran entrelazadas y que su desarrollo ha
dependido de las decisiones del sistema político en
el cual nació y opera.
Abstract
The present text reviews different concepts on
economy and public policies referring them to the
per formance w ithin the field of cultural telev ision in
Mexico. His proposal parts from a historical review
which gives place to the course taken by the net-
works under study. The concept of public television
includes the different manifestations of a system
whose central objective is not profit. It shows a 2007
instantaneous, consisting of quantitative data of the
public networks in Mexico.
Palabras clave:
Televisión pública, economía política, política cultural.
p
*
Este artículo constituye el avance de un trabajo más extenso denominado “El impacto de la televisión pública en la cultura mediática”,
mismo que abarcará los casos de México, Brasil y Venezuela. El proyecto será posible gracias al apoyo de los programas universitarios
PAPIIT
/
DGAPA
de la
UNAM
.
**
Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria,
Col. Copilco-Universidad, Deleg. Coyoacán, Méxco, D.F., c.p. 04510.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
106
L
a discusión sobre los medios masivos de co-
municación –y, en particular, de la televisión
(
TV
)–, tiene hoy día un vigor pocas veces visto
antes. Después de mucho tiempo de haber quedado
en el olvido, la polémica se ha reavivado en Europa
y en América Latina gracias al surgimiento de las
nuevas tecnologías, a la convergencia, a la digita-
lización y, especialmente, a la entrada de algunos
canales al mercado. Los cambios producidos por éstos
y otros factores son motivo de serios análisis y de
preocupación por el futuro de tales medios, tanto
en el ámbito gubernamental como en el académico.
Una de las razones de tal inquietud es la interacción
ineludible que en la actualidad se realiza entre lo
público y lo privado entendidos tanto como espacios
de decisiones políticas como medios para la creación
cultural el incentivo del mercado, la organización
capitalista y las formas de valorización propias de
cada sociedad y etapa histórica. En este ámbito, la
‘pantalla plana’ tiene fuerte impacto tanto en uno
como en otro nivel.
A lo anterior, habrá que incorporar además la
existencia de los tipos especiales de audiencias, las
que han sido entrenadas en un conjunto particular
de gustos o preferencias, según el capital cultural
y económico del que disfruten, para responder a la
oferta existente.
1
A casi seis décadas de su nacimiento, se pueden
distinguir dos modelos de
TV
pública que han tenido
fuerte influencia en el espacio latinoamericano: el
europeo y el estadounidense. México se encuentra
en un sitio intermedio entre uno y otro. Si bien
la
TV
privada se instaló primero en este país, más
tarde se abrieron canales adscritos a la dimensión
gubernamental con orientaciones que recuerdan los
principios europeos, aunque más laxos.
En esta investigación se abarcan los tópicos
que corresponden al inicio y a la evolución de las
televisoras públicas, por un lado, y presenta, por el
otro, los datos de las instituciones que se traducen
como “canales”. Asimismo, se abordan de manera
general asuntos clave para entender la situación
actual de los medios públicos mexicanos al tiempo
que se exponen los conceptos y la desagregación de
sus distintas variables con el fin de hacerlos opera-
tivos y aplicarlos al análisis del objeto de estudio del
presente artículo.
Introducción
La economía política de la televisión pública
En los parámetros teóricos de la economía política,
a las televisoras públicas no se les pueden aplicar
la totalidad de los conceptos analíticos que forman
el cuerpo teórico de la disciplina debido a que su
objetivo central no es el lucro, no obstante que, en
el aspecto organizativo, funcionan como empresas
al producir y distribuir sus materiales. En cuanto a
lo económico, su objetivo es allegarse los fondos
suficientes para mantenerse como parte de la oferta
cultural, así como para crecer y darle al público pro-
ductos de alta calidad que sean competitivos con lo
que ofrece la televisión privada. Si la competencia
entre los consorcios televisivos privados se mani-
fiesta en la búsqueda de la lealtad de la audiencia
–medida a través de instrumentos como el
share
y
el
raiting
–, la programación de los medios públicos
tiene que ser juzgada más por el agrado que su pro-
gramación produce en su audiencia que por la mera
sintonía en tamaño de la misma.
Para efectos de este artículo, la investigación
se centra en la parte de la economía política que
Miguel
de Bustos llama “la estrategia de los grupos
1
Pierre Bourdieu,
La distinción
, México, Taurus,
1998.
Sociedad y política
107
para conseguir una posición dentro del espectro de
la industria”.
2
Según este autor, los grupos deben
considerar en sus estrategias cinco fuerzas de la
competencia, a saber:
1) la que se genera entre las ya establecidas, es
decir, la diferenciación que debe existir entre cada
emisora. Este punto es especialmente importante
cuando se trata de televisoras públicas, pues en un
marco competitivo por la atención del público el po-
der construirse una imagen, perfil e identidad propios
que las caractericen y resalten de las demás opciones
al aire, resulta de primordial importancia.
2) Las nuevas empresas que aparecen en el merca-
do. A partir de los años 80, la televisión pública tuvo
que adaptarse a un entorno altamente competitivo
al cual llegaron las señales de cable y de satélite,
saturando así el espectro con nuevas opciones de
sintonía. En el 2000, hubo nuevas señales públicas
(en México, el Canal del Congreso, el Canal Judicial,
TV-UNAM
y Aprende
TV)
que entraron a competir
al ámbito de las empresas de cable; tuvieron que
posicionarse en este ámbito como novedades para
que el público las sintonizara. A partir del 2010, se
iniciará en el mundo lo que se ha denominado el
“apagón analógico” con lo cual el número de canales
se multiplicará por seis, al menos de manera virtual,
debido a la digitalización.
3) “Los productos sustitutivos”. La televisión
pública puede considerarse como un “producto sus-
titutivo” que no representa amenaza en el terreno
económico, señala Miguel.
3
Sin embargo, sí lo es, y
de manera fundamental en el mercado y en el terreno
simbólico. En la medida en que algunas emisoras pú-
blicas se encuentran desarrollando estrategias para
obtener recursos publicitarios, los emisores de lucro
pueden sentirse amenazados también en ese campo.
La batalla por obtener un gajo de la naranja publici-
taria hace más vulnerables a los medios públicos. En
cambio, aparecer como sustitutivos en materia de
información en el área educativa y de entretenimiento
con productos novedosos, les da la oportunidad de
competir.
4) La fuerza de los proveedores. Las televisoras
culturales deben acudir a proveedores externos para
completar su carta programática. De acuerdo con
su poder de negociación, se imponen productos y
precios lo que genera que la oferta de programas se
vea reducida y acotada cual la diversificación. Los
precios también suelen ser un obstáculo en razón de
lo limitado de los presupuestos.
5) El poder de negociación de los clientes me-
diante la publicidad (en el caso de las televisoras
privadas). En la pantalla chica cultural mexicana,
por ejemplo, los clientes suelen ser las instancias
gubernamentales a quienes se acude para que se
financie la operación. En este caso, el poder depen-
de del interés que tenga el Estado en apoyar a este
tipo de medios, mientras que los requerimientos de
capital suelen estar disponibles cuando se acepta
como responsabilidad gubernamental la existencia
de dichos emisores. En caso contrario, los recursos
escasean. El dinero fluye hacia la iniciativa privada
para lograr la promoción de políticos y estrategias
gubernamentales; este ‘subsidio indirecto’ provoca
que se descuide a los medios públicos. En la medida
en que la audiencia no sienta como insustituibles
a los medios públicos, éstos estarán siempre en
desventaja frente a los privados ya que no les será
posible competir si no cuentan con los amplios már-
genes de aceptación que éstos tienen.
2
Vid.
Juan Carlos Miguel de Bustos,
Comunicación sostenible en la Sociedad de la Información.
Madrid,
AECI
, 2007; “Cambios
estructurales en marcha. Los grupos de comunicación españoles”, en Enrique Bustamante (coord.),
Cultura y comunicación
para el siglo
XXI
.
Diagnóstico y políticas públicas
, La Laguna, Tenerife,
IDECO
, 2007 y “Estrategias de los grupos de comunicación
en la era de la convergencia”, en César Bolaño, Guillermo Mastrini y Francisco Sierra (eds.),
Economía política, comunicación y
conocimiento,
Buenos Aires, La Crujía, 2005, pp. 97-122.
Vid.
también Gaëtan Tremblay, “Economía política del espacio público
y mutaciones mediáticas”, en
CIC
.
Cuadernos de Información y Comunicación,
vol. 1, 2006, pp. 223-240. N. E.
3
J. C. Miguel,
Los grupos multimedia. Estructuras y estrategias en los medios europeos
, Barcelona, Bosch, 1993.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
108
Amén de la economía política, el segundo elemento
que determina la aceptación de los medios públicos
en el gusto de las audiencias es la política cultural
que aplica el Estado. Se entiende por este último
concepto las maneras en que las instituciones del
Estado articulan e imponen reglas a la sociedad. Éstas
pueden provenir de un consenso, cuando se trata de
un Estado democrático, o bien ser formuladas de ma-
nera unilateral por gobernantes autocráticos. Dichas
reglas deben asegurar la gobernabilidad de una nación
y su desarrollo. Las reglas generales de la política se
adaptan a las distintas esferas de lo social.
De acuerdo a Miller y Yúdice, la cultura se vincula
con la política “[…] en dos registros: el estético y el
antropológico. En el registro estético, la producción
artística surge de individuos creativos y se la juzga
según criterios estéticos encuadrados por los inte-
reses y prácticas de la crítica y la historia cultural.
[...) El registro antropológico [.
..] toma la cultura
como un indicador de la manera en que vivimos, el
sentido del lugar y el de persona que nos vuelven
humanos [.
..]”.
4
Señalan, además, cómo lo estético
distingue a las personas dentro de una comunidad,
mientras que lo antropológico marca las diferencias
entre comunidades. Los grupos pertenecientes a una
misma sociedad pueden apreciar de distinta manera lo
estético gracias a su capital cultural –de acuerdo con
el concepto de Bourdieu–
5
mientras que, por ejemplo,
la lengua, la religión, las costumbres, la economía y
la historia dan identidades distintas a las naciones.
De acuerdo con cada país, la política cultural se ma-
terializa tanto en las acciones del Estado como en
sus instituciones. Éstas se convierten en el puente
entre lo estético y lo antropológico.
6
En el caso de la política cultural del Estado
mexicano con respecto a la televisión, aquélla se ha
manifestado en dos vertientes. Por un lado, el marco
legal que, surgido de la toma de ciertas decisiones y
de la lucha de fracciones diversas dentro del grupo
gobernante, sirve para darle directrices de acción
más claras a este medio en el marco de un régimen
de funcionamiento especial. Por el otro, la creación
de sistemas televisivos y de conglomerados con
perfiles definidos que se van moldeando de acuerdo
con las políticas del gobierno en turno, general-
mente sexenales, pero también con las aportaciones
que el público realiza a través de organismos de la
sociedad civil, de los críticos, de los académicos y
de miembros del Congreso que han participado en
el debate acerca de la necesidad de que existan las
televisoras públicas.
Otros dos elementos que inciden en la formación
del contexto general de las políticas culturales son la
globalización y la llamada “sociedad de la informa-
ción y el conocimiento”. En términos tecnológicos,
la “sociedad en red” se traduce en “convergencia” de
sistemas y aparatos gracias a lo digital. La cultura
recibe así un impacto significativo que la ha llevado
a transitar de lo mediático a la “cultura de la vir-
tualidad real”, como la llama Guzmán Cárdenas:
7
“El
análisis de los cambios y fenómenos que carac ter izan
la cultura en la que vivimos
, y la relación de ésta con
los inéditos elementos que configuran la denominada
“nueva economía” requiere ir más allá de las barreras
disciplinarias tradicionales […].”
8
Es en este sentido que se utiliza en este trabajo
los conceptos de política, política cultural, economía
polít ica de la comunicación y la cultura para integrar
una metodología de análisis que sea abarcadora de
la televisión pública en México.
La política cultural
4
Toby Miller y George Yúdice,
Política cultural,
Barcelona, Gedisa, 2004, p. 11.
5
Pierre Bourdieu,
La distinción,
Barcelona, Taurus, 2000.
6
T. Miller y G. Yúdice,
op.cit.
p.11.
7
Carlos E. Guzmán Cárdenas,
Las cifras de los medios de comunicación en Venezuela. Anuario estadístico cultural,
Caracas, Fundación Em-
presas Polar, 2006, p.15.
8
Ibid
. p.16.
Sociedad y política
109
Por televisión pública se entienden todos los sistemas,
aparatos y canales que, independientemente de los
contenidos que difundan, han surgido de un apremio
estético, de un interés político, de un objetivo que
apunta al uso social y educativo de una tecnología
puesta al servicio público con un alcance masivo y que
dependen de alguna instancia del Estado. Su interés
primordial es prestar un servicio universal que atienda
a todos los habitantes. Asimismo, que produzca una
señal sin interrupciones, plural, que satisfaga las
necesidades de información, educativas y culturales
de la población en general. Si bien se les denomina
de distintas maneras (oficial, pública, permisionada,
no lucrativa, gubernamental, estatal o cultural), com-
parten todas ellas la misma definición aludida.
A partir de las experiencias europeas, canadien-
ses y estadounidenses, se pueden agregar otras
características definitorias del servicio público
televisivo: su autonomía relativa respecto del poder
establecido y la garantía legal de un financiamiento
suficiente para mantenerse operando en el aire. En
algunos casos se considera que pueden vender su
t iempo bajo estr ic tas regulaciones, ev itando su mer-
cantilización. En Europa, por ejemplo, la
TV
pública es
sostenida en gran parte por los ciudadanos a través
de un impuesto que se denomina canon.
Aunque sólo algunas de las características ante-
riores están presentes en los medios televisivos de
México, no es sin embargo impropio calificarlos de
‘públicos’. Aún más, estrictamente hablando toda la
televisión mexicana es pública pues la denominación
le viene otorgada de origen por la Ley Federal de Ra-
dio y Televisión (
LFRT
) que estipula como propiedad
de la nación el espacio aéreo por donde transitan
las ondas electromagnéticas.
9
Por tanto, ningún
particular puede hacer uso de éstas a menos de que
obtenga una concesión o un permiso de parte del
Estado, es decir, un permiso público.
10
Paralelamente, la
LFRT
estableció el criterio de
reservar para uso público una porción minoritaria del
espectro. Así, se definió la existencia de concesiones
otorgadas a particulares con la posibilidad de hacer
negocios con la señal y de permisos para institucio-
nes que quisieran dar un servicio a la comunidad de
tipo cultural y educativo.
11
A los permisionarios se les
negó la posibilidad de allegarse recursos por medio
de la venta de su tiempo.
El planteamiento jurídico que facultaba al Estado
a hacer uso del espectro electromagnético se hizo
patente en televisión hasta que apareció, en 1958,
Canal Once. La emisora fue adscrita al Instituto Poli-
técnico Nacional y así opera hasta la fecha. A partir
de entonces, se desarrolló en México un sistema mixto
de emisores. El crecimiento de la infraestructura, de
los contenidos y de la audiencia televisiva pública se
mantuvo a la zaga de la privada. En este aspecto, la
brecha entre una y otra se fue ampliando de tal manera
que hoy la minoría de las frecuencias corresponde a las
permisionadas, un 32%, mientras que las concesiones
se han volcado en dos grandes oligopolios de señal
abierta, varios grupos de señal de paga y dos grupos
de medios en abierto regionales.
La televisión pública mexicana tiene una historia
accidentada de casi cincuenta años. A pesar de sus
El concepto de televisión pública
9
Artículo 1°-
Corresponde a la Nación el dominio directo de su espacio territorial y, en consecuencia, del medio en que se
propagan las ondas electromagnéticas. Dicho dominio es inalienable e imprescriptible”. La
LFRT
está disponible
in extensis
en
10
Art. 2°- […] “El uso, aprovechamiento o explotación de las bandas de frecuencias del espectro radioeléctrico para prestar
el servicio de radiodifusión sólo podrá hacerse previos concesión o permiso que el Ejecutivo Federal otorgue en los términos
de la presente ley.” N. E.
11
Artículo 13°- “Al otorgar las concesiones o permisos a que se refiere esta ley, el Ejecutivo Federal por conducto de la Secretaría
de Comunicaciones y Transportes determinará la naturaleza y propósito de las estaciones de radio y televisión, las cuales podrán
ser: comerciales, oficiales, culturales, de exper imentación, escuelas radiofónicas o de cualquier otra índole. Las estaciones comer-
ciales requerirán concesión. Las estaciones oficiales, culturales, de experimentación, escuelas radiofónicas o las que establezcan
las entidades y organismos públicos para el cumplimiento de sus fines y servicios, sólo requerirán permiso.” N. E.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
110
altibajos, ha dado lugar a un modelo propio, más cerca
del estadounidense que del europeo, que constituye
el mayor sistema de este tipo en América Latina.
Para comprender su situación contemporánea, es
necesario antes describir, así sea brevemente, su
no fácil devenir.
La historia mexicana en medios públicos
La televisión pública en nuestro país tiene ya una larga
historia, misma que se caracteriza más por paradojas,
búsquedas y retrocesos que por equilibrios y avances.
Cuenta actualmente con 31 emisoras públicas dise-
minadas por toda la República
12
cuyas características
están lejos de alcanzar la unidad. Tanto en el aspecto
de infraestructura, presupuesto, organigrama y ré-
gimen legal, como en la producción de contenidos
propios, hay entre ellas notables diferencias.
Después de Canal Once, por ejemplo, varios in-
tentos gubernamentales de la Federación por tomar
la pantalla chica para fines educativos y culturales se
iniciaron con entusiasmo, pero la falta de consistencia
en las políticas hizo que naufragaran a largo plazo y
sus pedazos se fusionaran con otras propuestas.
El primero de tales intentos nació en 1969 con
motivo del decreto que dotaba al Estado con 12.5%
del tiempo al aire a cambio de no pagar en efectivo el
impuesto al usufructo de los bienes de la nación. Se
estableció entonces la Comisión de Radiodifusión para
producir esos segmentos. Poco después, otro decreto
presidencial creó la Red Federal de Televisión integrada
por 37 estaciones distribuidas en toda la República. Sin
embargo, aquél 12.5% fue derogado posteriormente
por el gobierno de Vicente Fox (2000-2006) en 2001;
se devolvió a los empresarios el 11.3 % de ese tiempo
y el Estado solamente retuvo el 1.25%
El segundo intento comenzó en 1972 cuando
SOMEX
adquirió la totalidad de las acciones de Corporación
Mexicana de Televisión, concesionaria de Canal 13. El
pr imer direc tor de la telev isora fue Antonio Menéndez.
En sus inicios, el canal buscó ofrecer programas cultu-
rales relacionados con las letras, entrevistas y mesas
redondas y novelas adaptadas a la televisión.
A fin de reforzar éste y otros canales públicos de
televisión, se formó en 1983, durante el sexenio de
Miguel de la Madrid (1982-1988), el
Instituto Mexi-
cano de la Televisión (
IMEVISIÓN
),
sistema televisivo
dotado de tres señales: Canal 13, Canal 7 y Canal 22.
Se le adjudicaron al 7 las repetidoras que habían sido
de Televisión de la República Mexicana (
TRM
). Al 13
se le adjuntó una red de 37 repetidoras en el país.
Con este consorcio la televisión cultural creció hasta
abarcar un público importante. Inició la producción
de series grabadas de ficción, modernizó sus noticia-
rios, mismos que se beneficiaron de corresponsales
y enviados especiales. Produjo algunos programas
deportivos y de comedia, cuyas versiones modifica-
das pueden aún verse en la televisión privada, como
el programa deportivo
Los Protagonistas
.
Al crecer,
IMEVISIÓN
comenzó a competir con
la gran cadena de televisión privada en México,
TELEVISA
(Televisión vía satélite). En este ambiente
competitivo, a partir 1986 se abandonó el enfoque
propio que hasta entonces había caracterizado la
programación de
IMEVISIÓN
y se empezaron a copiar
fórmulas más comerciales. Este movimiento ubicó al
Instituto Mexicano de la Televisión a la retaguardia
de las propuestas estatales.
La política privatizadora y neoliberal desatada en
el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994)
afectó aún más a los medios públicos de televisión. En
1993, después de 20 años de funcionamiento,
IMEVI-
SIÓN
se disolvió y sus redes 7 y 13 fueron subastadas y
luego adquiridas por el empresario de medios Ricardo
Salinas Pliego, quien fundaría el 18 de julio de 1993
una empresa asaz lucrativa: Televisión Azteca, S.A.
de C.V. (
TV
Azteca).
13
12
Florence Toussaint Alcaráz,
La televisión pública en México. Directorio y diagnóstico 2007-2008,
México, Universidad Nacional Autónoma
de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Plaza y Valdés Editores, 2009.
13
Para mayor información sobre la privatización de la televisora del Estado
vid.
Carmen Patricia Ortega Ramírez,
La otra televisión: ¿
por qué
no tenemos televisión pública?
México, Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, División de Ciencias Sociales y Humanidades
2006.
Sociedad y política
111
El Canal 22, a su vez, no entró en la negociación,
éste quedó entonces bajo la administración del Con-
sejo Nacional para la Cultura y las Artes de México
(
CONACULTA
), constituyéndose desde entonces, junto
con Canal Once, una de las pocas opciones de la
TV
pública en México.
Con todas las vicisitudes de los canales guberna-
mentales, el 22 ha sobrevivido ya casi tres sexenios
presidenciales a través de tres etapas. La primera
bajo el mando de José María Pérez Gay (1993-2000)
estuvo dedicada a difundir la cultura, en su mayor
parte producciones televisivas del extranjero con-
seguidas en las fuentes más prolíficas y avanzadas.
Sin embargo, esta política diluyó las posibilidades
de crear novedades nacionales. No obstante ello,
algunos documentales, los programas sobre el cine
nacional, las entrev istas en el estudio y el not iciar io
cultural aportaron elementos para que sostener que
la televisión cultural de México realmente existía.
En su segunda época, dirigida por Enrique Stauss
(2001-2006), hubo mayor producción propia con la
cual se desarrollaron algunas propuestas, aunque
no del todo originales. Incluso podría señalarse una
cierta tendencia a imitar las formas vanguardistas
de la televisión comercial como las señales de paga
y los videoclips. El noticiario cultural dejó de ser úni-
camente de asuntos artísticos para volver la mirada
a la realidad política y social. El nuevo enfoque dejó
en el desamparo asuntos que sólo esta televisora
tocaba como las crónicas urbanas, las críticas a la
arquitectura, la recreación de ambientes y paisajes de
la ciudad. Se le dio entonces prioridad a la forma sobre
el contenido en busca de un público más amplio.
La tercera época comenzó en 2007 bajo la batuta
del escritor Jorge Volpi y continúa hasta nuestros
días. En esta etapa, se ha impulsado cada vez más
la comercialización del canal aprovechando su esta-
tus de concesión. A fin de conquistar a las jóvenes
audiencias, se han programado series japonesas e
inglesas, así como versiones actualizadas de pro-
gramas propios en varios de los cuales se anuncian
productos culturales o a instituciones. Asimismo, se
ha creado un espacio, conducido por la ombudsman
del canal, donde el público en general, así como
expertos en temas televisivos, puede opinar acerca
de la programación y la marcha del canal. Si bien
no puede afirmarse que el modelo de Canal 22 haya
fracasado en su intento de ser plenamente cultural
y una opción diferente a la comercial, sí es posible
esperar que éste no se diferencie, salvo por progra-
mas propios, de las emisoras privadas de cable como
Discovery Channel, Animal Planet o People & Arts,
entre otros.
En el contexto de la televisión más comercial que
se puede encontrar en México,
TELEVISA
, se pueden
encontrar dos experiencias de divulgación cultural
de fallido destino. En la primera, intervino la Uni-
versidad Nacional Autónoma de México. La institu-
ción educativa, a la cual se le había escatimado el
usufructo de un canal propio, firmó el 27 de junio
de 1977, durante la rectoría de Guillermo Soberón
Acevedo (1973-1981), un convenio con la concesio-
naria mediante el cual se transmitirían cinco horas
diarias de clases. Éste fue ratificado en 1983 por el
rector sucesor Octavio Rivero Serrano (1981-1985).
Para aquel momento había 12,250 horas producidas,
la gran mayoría como curso frente a la cámara, sin
apoyos visuales ni edición. A pesar del esfuerzo, el
acuerdo fue diluyéndose y bajo la administración
universitaria de José Sarukhán Kermez (1989-1997)
prácticamente desapareció.
El otro experimento se debió a la necesidad
coyuntural de investir a la empresa de medios más
grande de habla hispana con visos de legitimidad
social. El 25 de marzo de 1983,
TELEVISA
presentó el
nuevo proyecto de Canal 8: “cambia su perfil, ahora
será cultural”, se comentó entonces. Arrancó bajo un
lema poco adecuado a las pretensiones: “La alegría
de la cultura” y su prospecto indicaba que estaba
pensado para jóvenes. Sin embargo, inició con tele-
novelas históricas, series del National Geographic,
programas para muchachos del Distrito Federal y con
la innovación de un informativo cultural, “Noche a
noche”, el primero en su género que aparecía en la
pantalla chica. A Canal 8 se deben algunos exitosos
intentos por transformar obras de teatro, de danza,
conciertos en productos televisivos. Más allá de la
simple difusión de la cultura, se logró que los géne-
ros clásicos sirvieran de apoyo para que surgieran
nuevas formas y realizaciones culturales originales.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
112
La experiencia terminó cuando la empresa decidió
que ese tipo de producto televisivo no era rentable
y concluyó que un consorcio, por rico que fuera,
no podía desperdiciar segundos al aire en algo que
no resultase rentable. Canal 8 –que al surgir
IMEVISIÓN
y Canal 7 se movió un espacio en el dial por lo cual
ahora aparece como Canal 9– dejó de ser cultural y
se comercializó otra vez.
Televisión pública, una instantánea del 2007
En los años 80, la mayoría de los estados de la Repú-
blica Mexicana obtuvieron permisos o concesiones
para operar señales televisivas abiertas. Su desarrollo
y funcionamiento se encontraron vinculados con el
gobierno estatal en turno, lo que ha resultado a la
postre en políticas contradictorias y cambiantes y en
una programación que fluctúa entre la calidad y el ofi-
cialismo. A pesar de ello, constituyen un espacio que
ha sido preservado del comercialismo a ultranza.
Las cifras de las televisoras estatales fluctúan de
una fuente a otra. Se ha encontrado que la mayoría
habla de 22 permisos otorgados a los gobiernos
estatales, dos para las universidades y uno para el
Instituto Politécnico Nacional (
IPN
). Canal 22 es una
concesión, lo mismo que el 13 de Mérida y
TELEMAX
de Sonora. Un total pues de 28 televisoras aéreas
abiertas de perfil cultural. Hay que agregar, además,
las repetidoras más cuatro señales que son sólo vi-
sibles en sistemas de paga.
La siguiente tabla muestra los estados en los
cuales se encuentran distribuidos estas concesiones,
así como el número de canal asignado, las siglas de
llamada y el año de fundación. De aquí se eliminan
las señales del Valle de México, es decir los canales
Once y 22, así como los específicos que transmiten
únicamente por cable o satélite.
Canales televisivos por entidades federativas
Estado
Canal
Siglas
Año de origen
Repetidoras
Núm. de horas al aire
1
Aguascalientes
6
xhcga
1987
No
24
2
Baja California
8
xbzc
1994
No
24
3
Campeche
4
xhcca
1999
3
24
4
Colima
11
xhamo
1989
No
14
5
Chiapas
10
xhttg
1993
37
18
6
Guanajuato
4
xhleg
1980
27
19
7
Gurrero
7
xhhcg
1987
2
24
8
Hidalgo
3
xhpah
1982
5
24
9
Jalisco
7
xhgjg
1991
1
24
10
Estado de México
12
xhgem
1984
2
16
11
Michoacán
2
0hmor
1984
8
17
12
Morelos
3
xhcmo
1993
No
16
13
Nayarit
10
xhtpg
2000
2
24
14
Nuevo León
28
xhmnl
1984
15
24
15
Oaxaca
9
xhoax
1989
36
16
16
Puebla
4
xhpzl
1999
1
24
17
Quintana Roo
7
xhlqr
1985
7
24
18
San Luis Potosí
9
xhslp
1987
3
16
19
Sonora
6
xewh
1984
57
24
20
Tabasco
7
xhsta
1983
2
19
21
Tlaxcala
5
xhtlx
1989
4
15
22
Veracruz
4
xhgv
1980
7
24
23
Yucatán
13
xhstv
1981
No
19
Totales
219
TABLA 1
Fuente: Investigación directa, entrevistas realizadas a directivos de sistemas de televisión publica. Levantamiento del 9 de abril de 2007 al 7 de febrero
del 2008.
Sociedad y política
113
Fuente: Investigación directa, entrevistas realizadas a directivos de sistemas de televisión publica. Levantamiento del 9 de abril de 2007 al 7 de febrero
del 2008.
Canales televisivos solo visibles en sistemas de paga
(Distrito federal)
Nombre
Canal
Inicio
Satélite
Hrs. al aire
Canal cultural de los universitarios
144 cable
2006
Si
24
Canal del Congreso
632 SKY
2000
24
Canal Judicial
112 cable
2005
15
Aprende TV
145 cable
2004
No
14
TABLA 2
A partir del año 2000, se abrió una posibilidad in-
édita entonces en México: contar con señales telev isi-
vas culturales que solamente circularan por medios de
paga como el cable y el satélite. La idea fructificó y se
crearon el Canal del Congreso, el Canal Judicial, Apren-
de
TV
y
TVUNAM
,
el canal cultural de los universitarios.
Al viajar por cable, algunas ofrecen su señal a cableros
de los estados de la República con lo cual amplían su
posibilidad de recepción. Por ejemplo, Canal Once,
Canal 22 y
TVUNAM
ponen a disposición sus emisiones
propias para que los sistemas públicos estatales que
quieran tomarla, lo hagan. Estos acuerdos se producen
de manera individual mediante convenios.
Junto a la aparición de señales culturales de cable,
está en emergencia un fenómeno nuevo: la inter-
nacionalización de las televisoras públicas. Varios
canales mexicanos han traspasado las fronteras y
Presupuesto
ahora pueden verse en algunos estados de la Unión
Americana. Es el caso del Once, el 22, el 34 (del Estado
de México) y el canal de Aguascalientes.
Con objeto de definir, desde la perspectiva de la eco-
nomía política, cual es la situación que guardan estos
canales y sus posibilidades de mantenerse, crecer y
competir en un entorno de suyo complicado por la
extensa variedad de señales al aire existentes en el
país, es necesario vincular el tema del presupuesto con
el número de empleados y la producción propia.
La indagación del estado que guardan los presu-
puestos de los canales estudiados, permite establecer
tres conjuntos. En primer lugar, las emisoras cuyos
ingresos son tan escasos que cuesta trabajo imaginar
la manera como funcionan. En estos casos, el presu-
puesto declarado oscila entre los 100 mil pesos al año
(Universitaria de Nuevo León) a los 6 millones anuales
(Universidad de Baja California Sur). Este grupo está
integrado por cinco televisoras: las dos antes mencio-
nadas más las de Hidalgo, Colima y San Luis Potosí.
En el segundo conjunto se agrupa la mayoría. Su
presupuesto va de los 10 a los 60 millones de pesos
al año. Entre las once televisoras que integran este
grupo, se destacan tanto emisoras abiertas –Mérida,
Chiapas, Cuernavaca, Guerrero, Nuevo León, Oaxaca,
Michoacán y Puebla– como aquellas que solamente
transmiten por sistemas de paga (cable y/o satélite)
TVUNAM
, el Canal Judicial y el Canal del Congreso.
Las estaciones que cuentan con una bolsa entre
los 70 y los 160 millones anuales, forman el tercer
grupo. En el rango de 70-80 millones se encuentran
las televisoras de Quintana Roo, Tabasco y Veracruz
(consideradas como ricas). La mexiquense goza de una
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
114
abultada suma de 100 millones de pesos anuales de
presupuesto, además de tener el privilegio de contar
con un canal en la capital de la República, el 34. Esta
situación de privilegio la ubica cerca de las dos gran-
des televisoras públicas, el Once y el 22, cuya señal
no sólo se capta en la capital del país sino que llega
al resto del país vía señal de satélite e, inclusive, vía
cable, a diversas regiones de Estados Unidos.
TABLA 3
Presupuesto de las televisoras por grupo
1er. Grupo
2º. Grupo
3er. Grupo
100 mil
700 mil
1 millón
6
millones
10/17
millones
20/40
millones
60
millones
70/80
millones
100
millónes
150 millones
o más
U de N.L
Hgo.
Col.
B.C.S.
Yucatán
Nuevo León
Congreso
Federal
Q. Roo
México
Canal Once
S.L.P.
Nayarit
Morelos
Oaxaca
Sonora
Tabasco
Canal 22
Chiapas
Judicial
Veracruz
Guerrero
Tvunam
Campeche
Mich.
Puebla
Gto.
Jalisco
Fuente: Investigación directa, entrevistas realizadas a directivos de sistemas de televisión publica. Levantamiento del 9 de abril de 2007 al 7 de febrero
A continuación una tabla con los datos en millo-
nes de pesos, obtenidos a partir de entrevistas con
directivos de las emisoras. No se trata del monto
exacto de cada una sino de un aproximado que encaje
en las categorías en que dividimos cada grupo con la
finalidad de poderlas comparar de manera gráfica.
Como puede observarse, los presupuestos de la
mayoría (25 televisoras) son reducidos y la suma de
todos ellos apenas si alcanza un poco más de los mil
millones de pesos. Si se compara esta cifra con los mil
709 millones de pesos que el presidente Fox gastó en
spots
insertados en la televisión privada entre el 19
de enero y el 19 de mayo de 2006, parece evidente
que la televisión pública se encuentra fuera de toda
posibilidad de constituir una competencia para el
resto de las televisoras. El efecto se refuerza debido
a la política gubernamental de abandonar a las emi-
soras de servicio público en cuanto al presupuesto
para invertir y favorecer a la empresa privada.
Número de empleados
Los canales que difunden en el Valle de México, el
Once, el 34, el 22 y
TV UNAM (
que se transmite única-
mente por cable), cuentan con una planta laboral muy
consistente. El número es elevado y existen oficios y
especialidades. Todos ellos sobrepasan dos centenas
de empleados. En correspondencia, tienen un pre-
supuesto que se encuentra en el límite superior. Al
primero de ellos, el decano, le fueron otorgados en
2008, 220 millones de pesos.
Sociedad y política
115
En un segundo grupo están aquellos organismos
que emplean a 100 o más trabajadores (mediana
empresa). El presupuesto es medio y va acorde con
el número de personas laborando en la emisora. Aquí
se encuentra la mayoría de los canales estatales.
Existen tres excepciones que es necesario destacar:
Quintana Roo, que dijo tener contratados a 440
personas, Veracruz, a 300 y Tabasco, a 283.
A las emisoras pequeñas corresponden pocos
puestos de trabajo y escaso presupuesto. Algunas de
ellas se encuentran adscritas a instituciones como la
Secretaría de Educación Pública (
SEP
). Tal es el caso de
Aprendetv cuyo número de empleados resulta difícil
de calcular ya que algunos de ellos están solamente
comisionados a la televisora siendo su adscripción
laboral la propia Secretaría.
Si bien no son estrictamente hablando empresas
privadas, todas estas televisoras públicas operan
como industria y producen como tal; de aquí que se
considera que lo realizado por ellas es una especie
de mercancía que debe generar plusvalía, aunque
no monetaria sino social. La ganancia en este tipo
de televisoras se mide por el grado de satisfacción
de su público y por la manera en que se compensan
necesidades sociales, culturales e informativas de
la sociedad.
El cuadro siguiente muestra el número de em-
pleados –agrupados en cinco rangos para hacerla
más descriptiva– en los tres sistemas televisivos: el
abierto, el universitario y el de paga.
TABLA 4
Número de empleados por tipo de televisoras
Número de empleados
TV abiertas
TV universitarias
TV de paga
Totales rango
Entre 14 y 16
2
1
3
34 y 90
9
1
2
12
100 y 119
2
2
120 y 180
7
7
266 y 750
5
1
1*
7
Televisoras totales
25
3
3
31
Total de empleados
5,049
Fuente: Investigación directa, entrevistas realizadas a directivos de sistemas de televisión publica. Levantamiento del 9 de abril de
2007 al 7 de febrero del 2008. *Aprende Tv no tiene adscritos un número específico de empleados, ya que quienes producen para el canal
también lo hacen para las otras áreas audiovisuales de la
SEP
.
Esta es la razón de que su número sea tan elevado.
Porcentaje y horas de programación propia
La correlación entre empleados, presupuesto y pro-
ducción propia arroja enormes disparidades. Salvo
en algunos casos, no parece existir relación entre
la primera y la segunda variable, especialmente en
el primer y tercer grupos presupuestales. Así, a un
escaso presupuesto puede corresponder un muy alto
porcentaje de programas hechos en casa. En este caso
están Aguascalientes, Campeche, Colima, Puebla y
Yucatán. Al contrario, ninguna de las emisoras con
alto financiamiento pasa del 60 % de producción de
material propio; incluso están por debajo del 50%
como lo ejemplifica el Canal 22.
Esta correlación parece indicar que un presu-
puesto abultado se canaliza mayoritariamente a
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
116
pagos de nómina; mientras ésta suele ser amplia, la
partida para realizar programas y series alcanza nada
más para llenar unas cuantas horas al aire. A fin de
compensar este desequilibrio, se recurre entonces
a otros elementos; el más frecuente de ellos es el
enlace directo con una señal hermana a través del
satélite. El Once, el 22 y
TVUNAM,
que están entre los
canales que más producen, ofrecen esta posibilidad
a emisoras de la Red.
Otro elemento a considerar es que el éxito de
una televisora no depende del presupuesto asigna-
do ni del número de empleados, sino de la manera
en que se organizan para producir. En múltiples
de los casos estudiados, la creatividad supera las
carencias y ofrece una programación que se adecua
a las costumbres, fiestas y tradiciones locales, que
proporciona noticias relevantes para la vida de los
pobladores y que es fuente de conocimiento para un
grupo mayoritario. En esos casos, las realizaciones
se nutren de lo que interesa a la gente lo que logra,
ciertamente, superar las limitaciones en recursos.
A la inversa puede suceder también: un presupues-
to suficiente no lleva necesariamente a resultados
ingeniosos ni innovadores.
Estatus legal
Otra manera de clasificar a las televisoras públicas
consiste en agruparlas por institución de origen.
Tenemos tres universitarias: la de la Universidad
Autónoma de Nuevo León, la de la Universidad de
Sonora y la de la Universidad Nacional Autónoma
de México. Dos dependen de los congresos, la del
Federal en el Distrito Federal y la del de Morelos en
Cuernavaca. Tres pertenecen al sector educativo del
país: Canal 22 está adscrito a
CONACULTA
, Canal Once
al
IPN
y AprendeTv a la
SEP
, mientras que uno, El Canal
Judicial, a la Suprema Corte de Justicia.
Las 22 televisoras restantes se encuentran bajo
la égida jurídica de los gobiernos de los estados de la
República, casi todas bajo el estatus de “organismo
público desconcentrado” y otras pocas son “orga-
nismos públicos descentralizados.” Como quiera que
se les clasifique, es un hecho que los gobernadores
tienen siempre ingerencia en las políticas informa-
tivas y editoriales de los canales a su cargo. A su
vez, las dos federales están igualmente supeditadas
a los dictados de sus respectivas autoridades y las
universitarias dependen de las instituciones a las
cuales pertenecen con una autonomía relativa con
respecto del Poder Federal. Las de paga se encuentran
en situación similar que estas últimas con relación
a los Poderes Legislativo y Judicial.
Para concluir
La política cultural televisiva mexicana se caracte-
riza por seguir un modelo de operación mixto que
conjunta lo privado con lo público. Este último en
particular ha transitado por diversas orientaciones,
lo cual no le ha permitido madurar ni insertarse
de manera definitiva en el gusto del público. Los
vaivenes de la política (manifestados en la creación
de sistemas televisivos para luego venderlos; en el
apoyo de canales para posteriormente recortarles
el presupuesto y en el apoyo de productoras para
mantener enlatadas sus series porque no hay cana-
les de distribución) han mantenido a las televisoras
culturales en un permanente desasosiego. Por otro
lado, en la línea editorial de los canales, también ha
habido fluctuaciones que influyen en su calidad y de
manera significativa en lograr una audiencia fiel.
Esta misma política se ha manifestado en el
estatus legal de las televisoras públicas. La mayo-
ría dependen de los gobiernos locales y federales,
tienen muy poco margen de autonomía y sus recur-
sos se limitan a lo que el Estado decida otorgarles
como subsidio. Algunas de ellas, al ser concesiones,
logran comercializar su tiempo. Sin embargo, como
no existe una legislación que delimite el tipo y al-
cance de dicha venta, todo acaba dependiendo del
director en turno, de su noción de lo que debe ser el
servicio público televisivo o de sus propios objetivos
políticos a futuro.
Sociedad y política
117
Una visión panorámica de la televisión pública
actual arroja una imagen llena de claroscuros entre
los cuales sobresalen dos canales que han hecho lo
posible por mantenerse y crecer: el Once y el 22. A
pesar de lo anterior, existe ya en el país tanto una
tradición de televisión cultural (que ha hecho aportes
estéticos, políticos y sociales cuya profundidad está
aún por establecerse) como una infraestructura que
es importante rescatar.
De las cinco estrategias mencionadas por Miguel
de Bustos, las televisoras públicas de México se
encuentran en una posición marginal respecto del
sistema de medios del país. Existen 461 concesiones
televisivas, mientras que los permisos suman 219. En
materia de audiencia las primeras acaparan el 70%
mientras que las segundas llegan tal vez al 15%, tanto
por cobertura como por los
raitings
reportados que
no suben de 4% en el mejor de los casos.
La segunda estrategia es la que mejor ha funcio-
nado para la televisión pública: crear su contorno.
Con todo, hay variaciones que la acercan demasiado
a los modelos privados y la ponen en riesgo de perder
su originalidad. Y de lo anterior se deriva otra de las
estrategias mencionada: convertirse en un producto
sustitutivo. Pero no bien lo logran hacer en algunos
casos, lo echan luego a perder en cuanto se afanan
en conseguir
raiting
a costa de un perfil propio.
Por el lado de los proveedores, aún no existe
una política que les allegue series elaboradas por
productores independientes mexicanos; en cambio,
difunden lo que consiguen de la
BBC
de Londres, de
la Deutche Welle y de France Internacional, entre
otras.
Finalmente, las televisoras públicas mexicanas
se encuentran supeditadas en gran medida a un
gobierno que les otorga o les quita subsidio, les
facilita o dificulta inversión para nueva tecnología
o les brinda reformas legales para operar dentro de
márgenes controlables y considerables en el marco
de sus políticas públicas.
Recibido el 12 de diciembre de 2008
Aceptado el 10 de marzo del 2009.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
118
BIBLIOGRAFÍA
Bourdieu, Pierre
La distinción
, México, Taurus, 1998.
Guzmán Cárdenas, Carlos E.
Las cifras de los medios de comunicación en Venezuela. Anuario Estadístico
Cultural 1990-2003
, Caracas, Fundación empresas Polar, 2006.
Miguel de Bustos, Juan Carlos,
Los grupos multimedia
.
Estructuras y estrategias en los medios europeos
,
Barcelona, Bosch, 1993.
Millar, Toby y George Yúdice,
Política cultural
, Barcelona, Gedisa, 2004.
Ortega Ramírez, Carmen Patricia,
La otra televisión
:
¿por qué no tenemos televisión pública?
México, Uni-
versidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, División de Ciencias Sociales y Humanidades,
2006.
Richeri, Giuseppe,
La transición de la televisión
, Barcelona, Bosch, 1994.
Toussaint Alcaráz, Florence,
Actualidad de las televisoras
culturales
, México, Universidad Nacional Au-
tónoma de México, 2001.
,
La televisión pública en México. Directorio y diagnóstico 2007-2008
,
México, Universidad Na-
cional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Plaza y Valdés Editores, 2009.
, (coord), ¿
Televisión pública en México
?, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes
de México (
C O N AC U LTA
), 1993.
logo_pie_uaemex.mx