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Cuestiones contemporáneas
177
Economía y políticas culturales y comunicativas
para el cambio social: una revisión de paradigmas
R
AMÓN
Z
ALLO
E
LGUEZABAL
*
Resumen
En este artículo, el autor explora la aplicación de los
principios derivados de la Ilustración (la libertad
y la igualdad material ante la justicia, la ética y la
fraternidad) en los vigentes desarrollos culturales
y comunicativos en el mundo así como acciones y
políticas culturales para concretarlas. Para ello,
analiza en qué ha cambiado el cuadro en el que se
mueve la cultura en el mundo al tiempo y reinterpre-
ta los viejos paradigmas, concretándolos de forma
constructiva, superadora y combativa en líneas de
políticas culturales para el cambio social.
Abstract
In this article, the author explores the application of
the principles derived from Illustration (the freedom
and material equality, in face of justice, ethics and
fraternity) in the current cultural and communication
development in the world and underlines cultural
policies and actions to concrete them. To do so, he
analyzes how the framework has changed in which
the world culture moves in time and re interprets
the old paradigms, stating them specifically in a
constructive, surpassing and aggressive manner, in
view of cultural policies for social change.
Palabras clave:
cultura mundial, marcos valorativos, paradigmas, globalización, cambio social, progreso.
l
* Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (
UPV
/
EHU
), Barrio Sarriena s/n. 48940 Leioa,Bizkaia.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
178
1
Ülrich Beck,
¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas de la globalización
,
Barcelona, Paidós, 1998.
2
Vid
. Commission of the European Communities, “A Sustainable Europe for a Better World: A European Strategy for Sustainable Develop-
ment. (Commission’s Proposal to the Gothenburg European Council)”, Bruselas, CEC, 2001, en http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/site/en/
com/2001/com2001_0264en01.pdf
N.E.
3
Para un detalle pormenorizado de los acuerdos,
vid
. Gust avo Mat ías Cl avero, “L a E strategia de Lisboa sobre l a Soc iedad del Conoc imiento:
la nueva economía”, en
Información Comercial Española
,
ICE: Revista de Economía,
núm. 820, enero-febrero de 2005, pp. 169-193, en http://
www.revistasice.com/cmsrevistasICE/pdfs/ICE_820_169193__849F902D379118FC118F118099FB1ADC.pdf
N. E.
4
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, “Convención sobre la protección y la promoción de
la diversidad de las expresiones culturales”, París,
UNESCO
, octubre de 2005. Documento en línea en URL: http://unesdoc.unesco.org/
images/0014/001429/142919s.pdf
N. E.
E
l sistema capitalista actual se basa en la incer-
tidumbre y en los riesgos para países, culturas,
franjas sociales e individuos, sin que se haya
producido un marco de regulación estable y exigible
en todo el planeta, salvo el que se deriva de la Or-
ganización Mundial de Comercio. Así, el riesgo y la
falta de normatividad internacional para la defensa
de múltiples derechos forman una pareja peligrosa.
Sí, ciertamente el mundo vive en una “era del
riesgo global”
1
(y local también) que ridiculiza la
noción de progreso ascendente de la historia. Lo que
sucede es que los progresos evidentes se presentan
de manera simultánea con los riesgos de catástrofe,
de un lado, y el desarrollo desigual, de otro, y se
suelen contornear desde cierta retórica sobre el único
criterio de ‘sostenibilidad’ convertida. Quizás sea
pedirle demasiado a un solo criterio que, para que
el sistema siga rodando, termina por convertirse en
coartada, con sacrificio colectivo incluido.
Tal vez sea una buena orientación operar simul-
táneamente en clave propositiva desde el cruce, al
menos, de varios criterios homologados. Una
gober-
nanza
participativa en las decisiones; una exigencia
social en consonancia con el ‘Estado de bienestar’
que esté más acá de la socialización de la opulencia
pero mas allá de la política de mínimos contra la
exclusión social; la estrategia de Gotemburgo
2
so-
bre el desarrollo sostenible; los acuerdos de Lisboa
sobre la sociedad de la información para todos
3
y
la estrategia de diversidad cultural de la
UNESCO
,
4
pueden todos ellos hacer surgir nuevos modelos y
objetos de estudio.
El trazo de estos tiempos contemporáneos no es
lineal sino complejo, tiene rasgos contradictorios y
no todo está decidido. En aquéllos, la cultura y la co-
municación están muy vinculadas con las estrategias
de geopolít ica, con las relaciones entre comunidades
y civilizaciones, con las hegemonías, con los modelos
de sociedad, con las luchas y con las políticas cultu-
rales. De aquí que afrontar los cambios y retos de la
era actual –como espacio de conflicto entre sectores,
países y proyectos sociales–, conlleva reconstruir un
pensamiento fuerte que necesariamente entronca,
releyendo, complejizando y mejorando, con la he-
rencia de la Ilustración, aunque reinterpretándola
y modificándola desde la experiencia de los siglos
recientes. Desde las posturas de la posmodernidad,
y con no pocas dosis de nihilismo, se han cuestio-
nado no sólo los sujetos históricos sino también la
posibilidad de conocimiento, de creación de historia
y de vida o de la gestión social.
Recordemos que los paradigmas de la Ilustración
que debían acompañar al capitalismo emergente
eran la expectativa de progreso permanente para
un mundo nuevo desde la razón y frente a la supers-
tición, la libertad y la igualdad material, ante la
justicia, la ética y la fraternidad. Esos conceptos de
la revolución burguesa y democrática han tenido un
desarrollo histórico muy desigual en cada uno de los
paradigmas ideológicos de los siglos
XIX
y
XX
, tales
como el liberalismo o el socialismo, el nacionalismo
o el tercermundismo, a la hora de la construcción de
la modernidad. La combinación de esos principios
y su expresión en los dos últimos siglos revelan la
evolución de las distintas ideologías como valores
dominantes en la organización social.
En cualquier caso, todas esas ideologías parti-
cipaban de la idea del progreso ascendente y de la
racionalidad, aunque ponían distintos acentos en
los otros principios, lo que conllevaba preferencias
Cuestiones contemporáneas
179
5
La preem i nencia histór ica t radicional de la liber t ad i ndividual en la ideología del liberalismo, la i nsistencia en la ig uald ad y en la f rater n id ad
de clase en el socialismo o el peso de la fraternidad identitaria en los nacionalismos, son anclajes centrales en esas ideologías. Pero todo tiene
su contrapunto. Cada ideología ponía el acento en una de ellas pero a costa de algo: la derecha, en la libertad a costa de la igualdad y, en caso
de peligro para el sistema, a costa de la propia libertad; la izquierda, en la igualdad en un marco de libertad regulada aunque las burocracias
de los países del Este destrozaron ambas produciendo monstruos; los nacionalismos, en la fraternidad comunitaria, en claves de igualdad en
el Tercer Mundo, en claves de libertad en los Estados nación y nacionalismos europeos y, muchas veces, a costa de la igualdad.
6
Luis Stolovich
et. al
.,
La cultura es capital. Entre la creación y el negocio: economía y cultura en Uruguay
, Montevideo, Fin de Siglo,
2002, p. 50.
7
Manuel Castells,
La galaxia Internet
, Barcelona, Areté/Plaza & Janés, 2001.
éticas diversas. Esos conceptos han quedado como
proyectos inacabados que, injustamente, la pos-
modernidad dio por enterrados. Todos son valores
clave, pero en su despliegue histórico con el sistema
derivaron en sus contrarios o en su falsificación: el
progreso nos mató repetidas veces a lo largo del siglo
pasado y nos amenaza ahora como especie; el
logos
se
tornó en razón instrumental y tecnocrática vinculada
no ya a fines colectivos sino a los del sistema y para
la dominación, tornándose la razón en poder y el
poder en la expresión de la razón por antonomasia;
la libertad la liquidaron los autoritarismos o se es-
clerotizó en normas en las democracias; la igualdad
se desvaneció en un mundo desigual y su aspiración
en permanente combate de los débiles; la ética se
tornó en funcional y la fraternidad lo fue sólo con el
Nosotros a costa de los Otros.
5
Aunque estos trazos apuntan un dibujo áspero,
poco matizado e incluso injusto (porque los contra-
puntos, en forma de conquistas sociales en la buena
dirección, fueron muy numerosos y cíclicos bajo el
aliento de las luchas de millones de personas en
todo el mundo), constituyen sin embargo un esque-
ma para reinterpretar algunas etapas de la historia
y reconducir el futuro en claves más auténticas y
equilibradas. Asimismo, no deja de ser apasionante
rastrear la aplicación de esos principios en los vi-
gentes desarrollos culturales y comunicativos en el
mundo y apuntar acciones y polít icas culturales para
concretarlas.
En este contexto, este trabajo se sustenta en dos
ejes directrices: 1) explicar en qué ha cambiado el
cuadro en el que se mueve la cultura en el mundo y
por qué ésta se halla en permanente construcción-
reconstrucción; 2) analizar los viejos paradigmas y
proponer, en su lugar, líneas de políticas culturales
para el cambio social más concretas, constructivas
y combativas.
El marco valorativo ha cambiado
1. La cultura y las comunicaciones ya no son sólo
nacionales o locales sino que se ubican en un con-
texto mundo, por ello, la cultura y la comunicación
en el planeta no se pueden comprender sin analizar
paralelamente el cambio cualitativo que está cono-
ciendo el sistema económico y geopolítico mundial.
El tipo de mundialización que se está produciendo es
desigual y, desde luego, tiene expresión territorial
física, en términos de globalismo localizado (es decir,
lo global tiene omnipresencia local) y de localismo
globalizado (unos pocos países y ciudades fuertes,
focos de redes, tienen un peso decisivo en el mundo
global).
6
La cultura y las comunicaciones son una
pieza de engranaje de un cuadro global.
Los sistemas globales y nacionales de cultura y
comunicación no son concebibles como un fenómeno
autónomo sino que son un instrumento de la globaliza-
ción financiera, económica y del poder o, al menos, la
reproducen. A su vez, las infraestructuras y los sistemas
de comunicación y cultura permiten un espacio de con-
frontación de modelos sociales, propician reapropia-
ciones y la extensión social del conocimiento, dan una
oportunidad para la expresión de la diversidad y para el
descubrimiento del usuario y de usos no esperados.
2. Como la globalización es distribuidora de
funciones varias, hay que precisar que los espacios
territoriales históricos y sus culturas no son los que
salen mejor parados del proceso de globalización.
7
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
180
8
Lorenzo Vicario y Arantxa Rodríguez, “Innovación, competitividad y regeneración urbana. Los espacios retóricos de la ‘ciudad creativa’
en el nuevo Bilbao”, en
Ekonomiaz. Revista Vasca de Economía
, núm. 58, 2005, pp. 262-295.
El mundo cont inúa instalado en desarrollos desigua-
les y desequilibrados, y es que la globalización se
produce dentro de un sistema de poderes globales
económicos, financieros y geoestratégicos muy con-
cretos y no en un laberinto ni en un espacio etéreo.
Es decir, en los análisis sobre la realidad globalizada
jamás deben aislarse las tecnologías que los poderes
fácticos diseñan, implantan, canalizan o ubican en
unos espacios físicos de financiación y negocio. Unos
son más favorecidos o idóneos que otros. Al contra-
rio, las que salen más fortalecidas son las culturas
que cuentan con centros mundiales tecnológicos y
financieros potentes; les siguen las culturas de los
grandes Estados que regentan las relaciones sociales
y las articulaciones de poder y culturales principales;
finalmente, también tienen grandes oportunidades
las metrópolis desarrolladas como nodos que son,
en sí mismos, flujos de intercambio. El contexto
cultural y comunicativo actual está marcado por una
cultura transnacional ‘clonadora’, unas producciones
sostenibles de algunos grandes países y unas culturas
locales en riesgo pero con oportunidades.
Todo esto supone un reto formidable para los
indiv iduos pero también para las comunidades cultu-
rales pequeñas que, aunque con una fuerte identidad
y cohesión, no disponen de Estado (la comunidades
indígenas o las llamadas naciones sin Estado o mi-
norías nacionales como Quebec, Irlanda del Norte,
Cataluña o País Vasco) o, aun disponiéndolo, se trata
de países que carecen de peso específico, de capaci-
dad de autorreproducción cultural, a diferencia de
las grandes culturas de Estado.
Las pequeñas comunidades no son sistemas con
inercia propia, lo que obliga a un constante ejercicio
de voluntad institucional y colectiva pero también de
acción de los agentes y de una sociedad civil alertada.
Como las comunidades identitarias quedan relativa-
mente desplazadas en ese esquema de tendencias,
dependen sólo de sí mismas, o sea, de su voluntad
y de los aciertos estratégicos para generar contra-
tendencias suficientemente compensatorias ante las
tendencias dominantes. Puede haber ciudadanías o
países que naveguen con la corriente y la aprovechen;
otros, zarandeados por una tempestad, no gestionan.
Esto es importante a la hora de diseñar políticas
culturales y comunicativas; desde la crítica sí, pero
asegurando que esas culturas minoritarias sobrevivan
y se desarrollen desde un esfuerzo compartido.
Las estrategias de desarrollo cultural y comunica-
tivo en un espacio territorial pueden tener, además,
efectos multiplicadores regionales de desarrollo
autocentrado, aunque están condicionadas al capital
social de conocimiento y de experiencia productiva
acumulada.
8
La creciente visibilidad de la diversidad
cultural es, pues, un dato real e institucional en todo
el mundo, tanto por la necesaria autoprotección
de las culturas amenazadas como por la presencia,
mediante las migraciones, de personas de varias
culturas en muchos espacios locales.
Como reacción a la globalización, se ha ido tejien-
do en los últimos años una red global de intercambios
de conocimientos en la que también entran culturas,
ideas y puntos de vista hasta ahora ignoradas. Hoy,
son la protección e impulso de la diversidad y el
derecho a la cultura los paradigmas legitimantes al
uso, compatibles con otros elementos igualmente
importantes como, por ejemplo, la aspiración a la
igualdad, la cooperación internacional o la difusión
sin barreras del conocimiento. Con todo, los vectores
más potentes, operativos y organizados hoy siguen
siendo los vinculados con las fuerzas económicas y
los mercados.
3. Como la cultura y la comunicación redefinen el
modelo social y relacional, han ganado en centralidad
social y política; son una sustancia central de las
sociedades de conocimiento con un papel regulador.
La cultura como un todo, como percepción, como
conocimiento, como sustrato social, está en el cen-
tro del tránsito de las sociedades industriales a las
de valores añadidos estratégicos en conocimiento,
símbolos e identidades.
Cuestiones contemporáneas
181
9
Enrique Bustamante (coord.),
Comunicación y cultura en la era digital. Industrias, mercados y diversidad en España
,
Barcelona, Gedisa,
2002; Juan Carlos Miguel de Bustos, “Cambio institucional en las industrias culturales. Hacia una economía directa o reticular”, en
Portal de
la Comunicación/Institut de la Comunicació
UAB
: El portal de los estudios de comunicación, 2001-2007
esp/pdf/aab_lec/27.pdf
Esta apreciación tiene múltiples derivaciones,
todas alejadas del determinismo tecnológico o del
ensimismamiento del modelo comunicacional, que
nos invitan a entender que el sistema comunicativo
no es ni un mero dispositivo técnico, autónomo, de
progreso en sí mismo, ni tampoco lo contrario, la
razón de ser de los cambios en el mundo, sino un
subsistema instrumental fundamental del modo en
que evolucionan el sistema mundo del que son parte
los modos de vida sociales y culturales. O sea, no
sólo son cambiantes la cultura y la comunicación
sino que contribuyen poderosamente a transformar
el modelo social y sus relaciones. Véase si no cómo
los siguientes cambios copernicanos en las indus-
trias culturales y en la cultura en la red tienen un
indudable impacto económico y social:
La convergencia de soportes y el
mix
de formatos
expresivos.
La desmaterialización en beneficio de la
algoritmi-
zación
y de las expresiones simbólicas con cierta
sobrecarga simbólica.
La desaparición de intermediarios en la cadena
productiva y distributiva en beneficio de los
extremos de la cadena (creación y usuario) y la
aparición de nuevos intermediarios (portales,
buscadores).
La dilución de los modelos tradicionales de renta-
bilidad y el intento de sumar ingresos en ventanas
sucesivas y en distintos soportes a la búsqueda
de distintos tipos de usuarios.
La reducción brutal del costo de almacenaje, ya
digital, lo que permite atender demandas masivas
y puntuales.
La combinación de las economías de escala con
las economías de red y de club que dan valor a los
productos mismos, al tiempo que se benefician de
su presencia.
9
4. Algunos de los cambios en la comunicación y la
cultura mundo se derivan de sus determinaciones
económicas, que son crecientes, si no han pasado
ya a ser dominantes, aunque coexistan con otras
realidades: culturas sociales, culturas públicas, tercer
sector, redes. Así, se produce la irrupción brutal de
los agentes económicos y de los valores comerciales
en la definición estratégica y en la gestión de las
culturas.
Hay una determinación en aumento de lo cul-
tural por los grupos industriales y financieros de la
comunicación, aunque todavía las inversiones en
comunicaciones, en redes, en portales de acceso,
en distribución y canales de comercialización y en
difusión aún se llevan la mayor parte de las estrate-
gias ofensivas de los capitales. Por la vía del control
de los marcos de acceso y de los derechos exclusivos
de propiedad intelectual, se selecciona de manera
preponderante la cultura y su precio.
La comunicación y cultura están convirtiéndose
en ámbitos definidos comercialmente, gestionados
preferentemente desde la formación de capital y
desde un mercado por el que, inevitablemente, pasan
la mayor parte de los agentes. Se vive una época de
toma de posiciones a gran escala, extra-sectorial,
transnacional, de mega-corporaciones orientadas
por búsquedas de sinergias y complementariedades,
derivadas de la convergencia tanto financiera como
tecnológica e intersectorial entre sectores relacio-
nados, como la cultura, el audiovisual, la informa-
ción y la comunicación, por un lado, y las redes, la
informática y la electrónica, por el otro.
Ciertamente no se está produciendo un cambio
del sistema (del capitalismo industrial hemos pasado
al capitalismo global financiero y de la información).
Más aún, el capitalismo se expande al irrumpir en
muchos más espacios, antes autogestionados por
individuos o economías domésticas o viejos modos
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
182
10
La comunicación ha sido y es una pieza decisiva para la emergencia de la sociedad postfordista, de la información, del conocimiento o
del aprendizaje, puesto que ha resuelto el problema de la lentitud o de la imprecisión en la circulación de la información y del conocimiento
o, si se quiere, de la morosidad o la pérdida de tiempo útil, mediante la automatización de funciones y rutinas, el máximo aprovechamiento
mediante convergencias múltiples y grandes potencialidades descentralizadoras y personalizadas en los contenidos.
11
Cees J. Hamelink, “Language and the Right to Communicate”, en
Media Development
, vol.
XLVI
, núm. 4, 1999.
12
Francisco Sierra, “Privatizar el conocimiento: la comunicación y la educación, objeto de mercadeo en Europa”, en Fernando Quirós y
Francisco Sierra (coords.),
Comunicación, globalización y democracia. Crítica de la economía política de la comunicación y la cultura
, Sevilla,
Comunicación Social, Ediciones y Publicaciones, 2001, pp. 153-178.
13
Javier Martínez Peinado,
El capitalismo global. Límites al desarrollo y a la cooperación
, Barcelona, Icaria, 1999.
14
“El capital en su propia lógica no es democratizable (por el contrario tiende en su lógica a la acumulación–exclusión) y la pobreza no
depende solamente de problemas tecnoinformacionales”. Martin Hopenhayn, “El nuevo mundo del trabajo y los jóvenes”, en
Jóvenes. Revista
de Estudios sobre Juventud
, núm. 20, enero-junio 2004, pp. 54-73.
15
Guillermo Mastrini y Martín Becerra,
Periodistas y magnates. Estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina
,
Buenos Aires, Prometeo Libros, 2006; Armand Mattelart, “Mondialisation et culture: les apports de la Convention Internationale de l’Unesco
sur la Diversité Culturelle”, ponencia presentada en la
I Conferencia Internacional de Políticas Culturales
, llevada a cabo en la ciudad de Bilbao
en noviembre de 2005.
16
Un ejemplo de ocasión perdida para las descentralizaciones es el modelo de ámbitos de operación de la
TDT
en España, que beneficia
a los operadores centrales de TV privada con cuatro canales para casi todos ellos frente a los modelos autonómico y local.
17
Ramón Zallo, “Nuevas políticas para la diversidad. Las culturas territoriales en riesgo por la globalización”, en César Bolaño, Guillermo
Mastrini y Francisco Sierra (eds.),
Economía política, comunicación y conocimiento. Una perspectiva crítica latinoamericana
, pról. de Armand
Mattelart, Buenos Aires, La Crujía Ediciones, 2005 (Colección Comunicación Crítica-Comunicación y Cultura).
de vida. Lo que sí ha cambiado son sus modelos de
acumulación y sus prioridades organizacionales, así
como la escala (interna e internacional) de sus ope-
raciones y, paralelamente, una parte de los modelos
sociales. El capital informacional está en el centro
del sistema.
La sociedad industrial, ya fuera taylorista, for-
dista o toyotista, no era concebible sin un poderoso
sistema de comunicación que vertebrara la prensa,
la radio y la televisión; en cambio, la sociedad pos-
tfordista, que pone el acento del valor añadido en lo
inmaterial, es aún menos concebible sin un sistema
nervioso potente de redes y de contenidos, puesto
que hace de la comunicación abundante, acelerada,
fiable, omnipresente, precisa, intercambiable, su
principio organizacional fundamental.
10
El capital informacional es posible entenderlo en
dos sentidos, mismos que pueden llevar a equívocos
porque se podría estar hablando de temas distintos
con las mismas expresiones. En primer lugar, co-
mo un capital social colectivo –capital del que ya
hablaban Hamelink
11
y Sierra
12
en claves tomadas
de Pierre Bourdieu– poseedor de una cualidad: el
grado de capacidad técnica y económica de acceso
a la información y de aplicación de su información
a finalidades concretas. En segundo lugar, el nuevo
capitalismo global
13
está vertebrado por el capital
informacional entendido como capital a secas, como
capital en propiedad de capitalistas individuales o
corporativos o como capital con apellidos, como
desarrollo del capital financiero, organizacional,
informático, cultural, comunicativo y telecomuni-
cativo, para la apropiación de los valores añadidos
apreciables por el mercado y que, hoy, son una de
las franjas dominantes del sistema.
Aunque en el primer sentido es y debe ser cre-
cientemente apropiable por los agentes sociales, no
olvidemos que el capital informacional tiene su sen-
tido inicial y central en el sistema, como despliegue
del capital mismo, y esa parte no es democratizable.
14
Por ello, en la gestión de la nueva comunicación,
se tiende a reproducir y ampliar el predominio de
la concentración transnacional (se ‘sucursaliza’ el
sistema por la vía de redes a escala internacional)
15
y se refuerzan a escala de los Estados los sistemas
de comunicación y emisión centralizados, cuando
potencialmente las nuevas tecnologías permitirían
descentralizaciones máximas.
16
5. A pesar de estas tendencias a la concentración
y la desigualdad en el desarrollo de las redes, hay
otros cambios relevantes que chocan con la apro-
piación privada y son auténticas contratendencias
que, además, son los espacios más gestionables y
autónomos de las luchas por el cambio sociocultural-
comunicacional:
17
Cuestiones contemporáneas
183
18
Esto también puede producirse en cada sociedad. Hasta que no se dé un recambio generacional, habrá un sector mayoritario que no
tendrá contacto con Internet en las propias sociedades occidentales. Se están creando, así, cuatro grupos: interconectadores, interconec-
tados, enganchados y desconectados.
La tendencia a la descentralización comunicativa,
a la comunicación de proximidad que busca ges-
tionar lo cercano, lo vivido y que está presente
en la comunicación nacional/regional y local.
La búsqueda en la comunicación de un impulso de
convivencia y de transferencia de conocimientos.
Las tendencias doctrinales en curso en pro de la
diversidad a escala mundo y nacional.
Los usos masivos no previstos en todo el mundo
del ciberespacio, así como las enormes bolsas de
resistencia a la apropiación privada de tecnolo-
gías, aplicaciones, usos y contenidos.
La comunicación comunitaria, contestataria o al-
ternativa en el ciberespacio, la publicación de los
fanzines
, las radios comunitar ias y libres que cons-
tituyen herramientas para el cambio planetario
y local o, cuando menos, para limitar sus efectos
más indeseados y promover nuevos valores como
la solidaridad o las iniciativas movilizadoras.
La reapertura del debate sobre el espacio de los
servicios públicos en la era digital.
La formulación de políticas públicas desde propó-
sitos que parten de realidades estructurales para
su cambio real.
Dicho de otra forma: el futuro no está escrito y se
puede escribir de múltiples maneras.
6. El descubrimiento de la complejidad social con-
lleva a redescubrir que las sociedades no son ni la suma
de individuos egoístas (en la versión liberal) ni tam-
poco la de clases sociales (en la versión de izquierda).
Emergen otros sujetos articuladores más allá de unos
y otros: los géneros, las culturas, las comunidades, la
sociedad civil estructurada, los ámbitos locales, la ciu-
dad, las vivencias compartidas, los clubes, así como la
nueva sociabilidad en la red que, además, reestructura
en parte la sociabilidad convencional.
Las nuevas redes digitales podrían verse así como
un nuevo espacio público, incluso como un espacio
mundial. La revolución digital conlleva la extensión
cualitativa de las redes y nuevas formas comunica-
tivas, así como nuevas socialidades que ponen en
revisión los modos habituales de legitimación y par-
ticipación social. Se producen, así, incertidumbres
de ciudadanías y de identidades. Estas últimas se
entrecruzan y compaginan pero las principales siguen
siendo las culturales, comunitarias y lingüísticas,
además de los perfiles en clases o estratos sociales,
aunque ciertamente surgen identidades voluntarias,
no territorializadas, temáticas, situacionales.
Ello, a su vez, afecta a la política social de iguala-
ción
omnibus
en clave de ‘lo mismo para todos’. Hasta
ahora existía una ‘información contenedor’ para todos
a través de un sistema abierto, básico y casi suficien-
te, público y privado, vía radiofónica, televisiva y
periodística. Todos recibíamos casi lo mismo y cada
cual elegía temáticas de su interés que decodificaba
en función de su formación e ideario. Con los nuevos
sistemas, la producción y la comunicación se vuelven
más personalizadas o para grupos determinados,
conformándose subgrupos sociales diferenciados por
temáticas de interés, con el riesgo de que se diluyan
esos focos comunes que hacen a una comunidad, a
un país, a una nación y una opinión pública, que no
piensa igual pero sí sobre las mismas cosas.
También está en debate el modelo y forma de
las democracias y el concepto de ciudadanía en
relación con la identidad. Los paradigmas políticos
del universalismo abstracto y homogéneo cultural
están en crisis por la emergencia y mestizaje de las
diversidades individuales, locales, territoriales o
religiosas, así como por los nuevos ámbitos supraes-
tatales. Compiten para sucederle los conceptos de
ciudadanía cosmopolita, de ciudadanía inclusiva,
las políticas de la diferencia en la que se conjuguen
identidades complejas, lealtades múltiples y sobe-
ranías compartidas.
Con todo, las nuevas redes hoy son aún de un
carácter elitista y desigual lo que fragmenta inter-
na y globalmente al mundo, sin que los países más
pobres hayan podido comprobar las promesas de la
sociedad de la información.
18
A través de hegemonías
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
184
19
A. Castiñeira, “Sociedad de la información, globalización y desarrollo humano”, en
Dhial
,
Desarrollo Humano e Institucional en América
Latina
.
Magazine Electrónico del Instituto Internacional de Gobernabilidad
, núm. 84,
php/doc/documentos/Sociedaddelainformacion.pdf
20
Hay diferencias crecientes en las capacidades adquisitivas, en la disponibilidad de códigos y de conocimientos culturales y en
la estructura organizativa para el acceso selectivo de tal modo que la información exclusiva por red será también para quienes la
puedan pagar, buscar o valorar, produciéndose una nueva segmentación social; hay diferencias crecientes entre países capaces de
explotar su cultura (e incluso la de otros) y naciones destinadas a entregar su materia prima cultural gratuitamente; hay diferencias
crecientes entre regiones, entre ciudadanías.
y dependencias, pueden crearse en cada país mundos
culturales muy diferentes como antesala de graves
incomunicaciones internas que echen por tierra los
avances en la democratización política y cultural
en clave de
gobernanza
.
19
Emerge, pues, una nueva
desigualdad entre personas, sectores y países. La
fractura digital es promesa de marginaciones futu-
ras
20
pero también un espacio de conflicto con los
choques entre el
homo connectatus
y la economía
privada de la red.
Según se salden los debates y las luchas, se diluci-
darán temas como la preservación de la diversidad (un
bien global), la promoción de la cultura propia (un de-
recho particular), la generación de nuevas obligacio-
nes del servicio publico en la cultura-red, la extensión
del servicio universal en la era tecno-informacional,
la financiación del acceso universal, la refundación
de los sistemas públicos radiotelevisivos, nuevos
desarrollos adaptados de los derechos de autoría en
beneficio de artistas y el acceso de los usuarios, las
currícula
educativas, las nuevas formas de acceso a
la cultura pública y a la comercial desde la extensión
del dominio público como clave para la sociedad de
la información para todos. Ello sabiendo que, muchas
veces, esas luchas o propuestas de cambio no tienen
como expectativa transformar radicalmente el siste-
ma sino que, desde la resistencia o las reformas en
positivo o en negativo, se trata al menos de evitar
que empeore.
Revisión y aplicación de los paradigmas clásicos en la era de la diversidad,
el conocimiento y la globalización
En el campo de la comunicación y la cultura, los pr in-
cipios de progreso, razón, libertad, igualdad, ética y
fraternidad han inspirado las políticas culturales y
comunicativas clásicas y los modelos de relaciones
internacionales. Pero hay que reconocer que los
desmontajes de lo público y las caducas ideologías
de la posmodernidad han diluido esos principios,
haciéndolos perder su carga semántica y facilitan-
do nuevas formas de dominación simbólica y de
apropiación elitista del capital cultural gestionado
preferentemente por el mercado.
No sólo siguen siendo necesarias las políticas
culturales y comunicativas, sino que hay que darles
visibilidad y centralidad vinculándolas con funciones
sociales explícitas así como evitar que dependan de
criterios de oportunidad, de los partidos en turno o
de los intereses gremiales culturales. Se debe hacer
política cultural
con
los partidos electos y con los
sectores culturales, pero no
para
ellos. Es la sociedad
en su diversidad la titular de la cultura.
Un progreso en clave social
El concepto de progreso es consustancial a las ideo-
logías del cambio, pero éste, sin control, puede ser
o pan para hoy o hambre y catástrofe para mañana;
cuando el progreso no toma en cuenta el reparto
social, deviene en puro factor de dominación y
hegemonía.
Al predominio de la razón instrumental hay que
oponer la racionalidad social de la especie y de la
mayoría social como sentido de todas las cosas, es-
pecialmente cuando la tecnología y el conocimiento
Cuestiones contemporáneas
185
21
Ramón Zallo. “La economía de la cultura como objeto de estudio”, en
Zer
, núm. 2, mayo de 2007.
22
El número mismo de autores era relativamente limitado como reflejo de una sociedad de conocimientos limitados y muy desigualmente
repartidos, de ahí que el darwiniano reparto de las rentas del sector cultural se ajustaba a los modelos porcentual y de tanto alzado en los
que la firma lo era todo, hasta el punto de establecer diferencias abismales en el precio abonable de las piezas (artes plásticas) o entre los
creadores (la remuneración a porcentaje supone una gran renta solo para la escasa escritura de éxito mientras que una renta por debajo del
valor, cuando no la miseria, es lo habitual. Igualmente el carácter preferentemente individual y manual del trabajo conllevaba protegerse
especialmente del plagio (una renta limitada a repartir que debía ir a la creación genuina). Ya la importancia misma del lado productivo y
comercializador asimiló a editores, productoras o entidades gestoras de derechos de autor a participar crecientemente en las rentas propias
de autoría (comunicación pública).
23
Hoy, la gran base colectiva de conocimientos fundamenta cualquier valor añadido.
pueden ser una herramienta y un aliado para el cam-
bio social, siempre a condición de que los canalicen
una consciente política cultural y de conocimiento
y una sociedad civil advertida, organizada y par-
ticipativa en los planos local e internacional. Ese
sentido social es incluso una variable endógena a
los análisis mismos de las corrientes críticas de las
ciencias sociales.
La cultura puede llegar a ser factor de cohesión
social siempre y cuando par ta de derechos culturales
reconocidos desde la igualdad y la diferencia, ya sea
en forma de carta, de compromiso institucional o de
vigilancia social. Pero lo contrario también puede
llegar a verificarse: la cultura deviene factor de di-
solución social o de anomias colectivas cuando se
gestiona desde la imposición, la homogeneización
o el mercado sin más.
Una parte del planeta está en el tránsito de la
sociedad de la información a la del conocimiento
y la cultura que, junto al aprovechamiento de los
nuevos sistemas para una mayor acumulación de
poder y capital, puede ofrecer un salto cualitativo
en la resolución de problemas sociales, culturales o
económicos al traducirse en desarrollo de contenidos
y conocimiento. En este marco, el principio informa-
cional pasaría de considerarse un
item
a tener una
carga de sentido.
El conocimiento ya no es sólo un repertorio de
saberes y un vector reproductivo de las elites gestio-
nado por ellas mismas, sino un ámbito caracteriza-
dor de nuestro tiempo como promesa de una nueva
arquitectura social. Cabe considerarlo, al igual que
a la cultura y a la diversidad misma, como un patri-
monio o bien público colectivo tanto nacional como
mundial. Hay razones vinculadas con la naturaleza
de la cultura, incluso con su naturaleza económica,
21
como para sostener ese carácter de bien público y
que convierten en obsoletas las reglamentaciones
de propiedad intelectual. La pregunta pertinente
es si con el paradigma tecnológico completamente
cambiado, una regulación procedente de finales del
siglo
XIX
es la adecuada para el
XXI
cuando la primera
amenaza el derecho al acceso al conocimiento a pe-
sar de su ingente y barata disponibilidad; permitirlo
puede ser un dogal para la creatividad colectiva e
individual.
No es que carezca de sentido la propiedad inte-
lectual pero sí su modo de regulación que debiera
plantear muy distintas variantes. Para ello es un buen
ejemplo la graduación en las licencias
creative com-
mons.
Asimismo, serían fundamentales una reducción
y una flexibilidad de plazos puesto que el ciclo de
v ida de los produc tos culturales se ha acor tado drás-
ticamente y no parece funcional la idea de una obra
entendida como un capital que rinde rentas (o no) a
lo largo de la vida de un autor y de su descendencia
antes de pasar a dominio público absurdamente casi
un siglo después.
22
Todo esto ha cambiado radicalmente con la esco-
larización general y la masificación del conocimien-
to; con la potencialidad de que millones de personas,
además de usuarios, puedan convertirse en creado-
res; con la deuda de los autores con buena parte del
fondo colectivo de conocimientos (y al que sólo han
contribuido en un eslabón ultimo de una larga cadena
de valor sin que ello autorice, por razones de equidad,
a quedarse por el criterio de
monopolio natural
con el
valor del conjunto de la cadena)
23
y con la renovación
aceleradísima de estét icas, modas y produc tos cultu-
rales (con la consiguiente acortamiento del ciclo de
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
186
24
La aplicación de las nuevas tecnologías potencia a la enésima tanto el conocimiento colectivo (la infinitud de recursos disponibles para
su
mix
) y la autoría colectiva (por la disposición de conocimientos y contactos, por la extensión de los modelos colectivos de trabajo sea
remunerado o no, por la posibilidad de estimar la contribución real de cada autoría en la cadena creativa-productiva) como la obsolescencia
rapidísima de la obra, inherente a la renovación de propuestas e imaginarios en sociedades tensionadas por el cambio constante. Hay con-
tradicciones también en el seno del capital entre fabricantes de
hardware
(interesados en la rápida reposición del mercado del aparataje),
de
software
y de programas.
vida de utilidad o comercial de las obras) que hace
que dejen de tener sentido los dilatados plazos en los
que se generan rentas en exclusiva, plazos que han
constituido un grave obstáculo para la reutilización
y transformación de la obra preexistente y una renta
incomprensible a herederos no autores convertidos
en rentistas especulativos.
24
En este marco carece de sentido un ‘rentismo’
casi eterno (mucho más allá de las licencias para
operadores del espectro radiotelevisivo, 10 años, o
de las patentes industriales, 20 años) pareciéndose
más a los viejos privilegios de estanco o notaría. La
numerosa autoría, y sólo ella, debe estar protegida
para reproducirse como tal, para garantizar su apor-
tación; tiene además derecho a una remuneración
que le asimile a las condiciones del trabajo asalariado
cualificado y vinculado con la apreciación de su obra
en el mercado.
Ello significa verlo como una remuneración de un
bien o servicio que en la medida de su apreciación
recaudará más o menos (no es adecuada la figura del
asalariado) en un tiempo máximo que se estipule,
pasando después a dominio público, y no como un
capital que genera unos intereses en un prolongado
tiempo puesto que esa apropiación individual y
prolongada no remunera a la inmensa mayoría de la
autoría y obstaculiza el capital colectivo, así como
la nómina de bienes públicos, susceptibles incluso
de convertirse en bienes de mérito.
Hay muchas más preguntas que respuestas en la
era Internet. En esta fase de transición digital aún
no se han sacado todas las conclusiones de lo que
significa la digitalización y el apagón analógico. Se
continúa siendo preso del imaginario analógico. Las
preferencias institucionales por el progreso sólo tec-
nológico, por el aparataje y sus destrezas, por el I+D+i
por sí mismo, debería reorientarse por el lado de la
utilidades y aplicaciones, los contenidos, la creati-
vidad, la visión del conjunto de la cadena de valor
incluyendo la distribución de la producción propia
y, sobre todo, el uso de las herramientas científicas
para la resolución de problemas de todo tipo.
¿En qué política cultural y comunicativa se tra-
duce una política de progreso? A modo de ejemplo,
parecen centrales:
El acento en las políticas educativas y de forma-
ción, entendiendo que una inmensa materia gris
es un cimiento del progreso.
La apuesta por un sector cultural y comunicativo
propio, abierto, estratégico y con cierta suficien-
cia, incluyendo la especialización en algunos
nichos estratégicos en los que se tengan ventajas
comparativas.
La inversión en patrimonio cultural (porque no hay
progreso sin memoria e identidad) como herencias
recibidas, ya se trate de patrimonio material in-
mueble o mueble o de inmaterial como la lengua
propia o el saber transmitido generacionalmente
en modos y sentidos de vida.
La sostenibilidad del sistema cultural y comu-
nicativo tanto desde el lado económico y social
como desde la preferencia por la calidad de la
información y la comunicación.
El conocimiento de las tendencias en los públicos
como condición de formación de nuevos públicos so-
bre una cultura adaptable como tarea permanente.
Un progreso participado
La participación de los agentes implicados, de los
conocedores y de las instancias de la sociedad civil
en las decisiones de las instituciones legítimas y
electas son ideas estructurantes de la
polis
de nuestro
tiempo. Si no tienen sentido en lo político el despo-
tismo iletrado o ilustrado ni el trato paternalista o
Cuestiones contemporáneas
187
25
Es el caso del Plan Vasco de la Cultura de 2004-2015 que tuve ocasión de cocoordinar. La cogestión de los interesados en la acción
cultural ofrece un
plus
de legitimidad a las decisiones y un aprovechamiento del conocimiento de los representantes sectoriales y agentes
sociales. La planificación brinda una construcción previsible de futuro para las decisiones particulares.
26
Estos Consejos del Audiovisual, políticamente autónomos y presupuestariamente independientes, son reales autoridades administrativas
y reguladoras por sus competencias, tipo de composición y modo de elección, en los casos de los Consejos de Cataluña, Navarra y Andalucía.
Vid
.
Telos. Cuadernos de Comunicación e Innovación,
núm. 68, julio-septiembre de 2006, cuyo cuaderno central se dedicó a “Las autoridades
independientes del audiovisual”.
el abuso de la delegación definitiva de los sistemas
de representación, mucho menos en lo cultural y
comunicativo. La ciudadanía, y no el Estado, es
la
oficiante de la cultura. Este criterio introduce un
aspecto cualitativo respecto al Estado protector o a
las prescripciones de una minoría ilustrada al basarse
en el derecho de una ciudadanía activa y plural, que
sólo delega lo imprescindible, que quiere tomar parte
en la cosa pública y en la definición continua de la
cultura como bien colectivo. Los propios Estados
ya están desbordados por los cambios y demandas
sociales culturales en una época de abundancia de
propuestas y de comunicación opulenta, acelerada,
fiable, omnipresente e intercambiable.
Así, la vertebración de una parte de los usuarios
alrededor de comunidades de uso con la consiguiente
identificación de públicos-objetivo cada vez más co-
nocedores y exigentes, es una tendencia en nuestra
época y no un puro deseo. También el volumen de
contactos de los usuarios en la red es un valor añadido
y, dadas sus gigantescas dimensiones, va perfilando
las predicciones
ex ante
de lo que en el pasado era
una incógnita: las demandas. La horizontalidad de los
accesos favorece que el menú lo haga el propio usuario
porque su lugar en la cadena de valor ha cambiado.
Otro hecho son los nuevos comportamientos.
Franjas amplias de usuarios son
per se
activos: contro-
lan los rudimentos técnicos de uso de las tecnologías
y eventualmente irrumpen con reglas propias en los
usos y aplicaciones; buscan, acceden, valoran, com-
paran, exigen transparencia, incluso crean, porque
han caído los costes productivos y distributivos y,
trascendiendo el individualismo artístico, fraguan
entornos colaborativos. La cultura y la comunicación
son sujetos de impulso desde dinámicas de la
gober-
nanza
; son además cogestionables. Todo ello invita
a políticas culturales y comunicativas en
gobernanza
de las que se destacan algunas iniciativas:
Las políticas culturales serían muy distintas si
los “estados generales de la cultura” de cada ciu-
dad, región, país o Estado fueran un interlocutor
permanente en los procesos de definición de las
prioridades culturales. Esa participación habría de
darse, en primer término, en la propia planificación
estratégica del patrimonio, las artes y las industrias
culturales, incluyendo los medios de comunicación
masivos y el audiovisual a través de la concertación
entre administración y sectores. También sería
aplicable a la orientación de los desarrollos tecnoló-
gicos una dinámica participativa institucionalizada
y sectorializada de proyecciones a futuro, tanto de
objetivos como de los sistemas de ayudas (planes
estratégicos globales culturales sectoriales),
25
y
con compromisos presupuestarios anuales que den
confianza e inciten a todos los agentes (incluyendo
planes plurianuales de infraestructuras).
La revalor ización del aspec to de usuar io que tam-
bién tiene el ciudadano, requiere una regulación
promotora del derecho de acceso de los usuarios
y además de garantizarles algunos espacios de
calidad como misiones de servicio público en el
magma de programaciones convencionales.
El impulso de las colaboraciones horizontales
entre agentes para temas puntuales (como pueden
ser las iniciativas
clusters
de empresas relaciona-
das y próximas a pesar de que compitan entre sí
en el mercado).
El cambio de las propias estructuras adminis-
trativas mediante órganos mixtos que puedan
implementar esa dinámica (en forma de consejos
de las artes o institutos de cultura) o la creación
de instancias intermedias, públicas, de ciudadanía
implicada, como son los consejos independientes
a modo de autor idad del audiov isual
26
y que tienen
la doble virtualidad de vigilar concentraciones y
contenidos y de suscitar la preocupación por la
producción propia.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
188
27
Vid.
la sección “Tema monográfico: valoraciones históricas del Informe 25 años después”, en
Quaderns del Consell de
l’Audiovisual de Catalunya
, núm. 21, enero-abril de 2005, pp. 2-88
.
28
En la Convención fueron determinantes las iniciativas de la
RIPC
.
Una libertad digna de tal nombre
Si bien la libertad nos remite a derechos y es la clave
de bóveda de los mismos, no es sin embargo efectiva
sin la pertenencia a un cuerpo social que se define
como un
demos
y como un
nosotros.
Ésas son las con-
diciones de su ejercicio, mientras que la opresión y el
miedo son sus enemigos y la pobreza y la desigualdad
sus sepultureros.
Como derecho, la libertad está en el corazón de
la realización humana. La humanidad aspira a erra-
dicar tanto las prisiones del espíritu (la ignorancia
o la mentira) como las cárceles físicas mediante la
igualdad, la ley justa y la cultura. No hay libertad
del individuo sin sociedad, no hay humanidad sin co-
munidades ni libertad real sin cultura propia, sin los
mínimos vitales, sin seguridad. La libertad de crear,
de expresarse, de acceder, va unida al derecho a la
cultura y a la comunicación sin más controles insti-
tucionales que la protección de derechos de terceros
o el cese de la comisión de delitos contra otros.
El neoliberalismo reduce la libertad cultural al
libre comercio. Si es interpretada como libertad de
comercio a secas entonces no existe. En la eterna
contradicción entre necesidad y libertad, no hay li-
bertad efectiva sin cubrir las necesidades en el plano
internacional y local. El libre comercio no es tal:
Cuando hay ofertas limitadas y limitadoras de las
potencialidades existentes para convertir la crea-
ción en producción y ésta en oferta disponible.
Cuando hay demandas gigantescas sin satisfacer,
porque productos razonables a precios razonables
no pueden acceder a los mercados.
Cuando hay monopolios distribuidores;
Cuando los productos exitosos y tractores operan
como monopolios naturales.
Cuando hay empresas productoras con costes mi-
llonarios que por su acceso a los mercados-mundo
tienen costes ridículos por unidad de cliente y
barren los mercados para reducir la oferta sobre la
que elegir.
La libertad de unos puede convertirse en las prisiones
invisibles de los otros. Pocos países hay en el mundo
que no aseguren la libertad de Estados Unidos
para
comunicarse como y cuanto desee hasta el punto de
ser casi los únicos comunicadores. Es una cuestión
de hecho, ni siquiera un tema a debate. Porque el
problema en el mundo es precisamente el contrario:
que las otras culturas sean igual de libres para poder
comunicarse y sea dado el acceso a ellas.
Por todo ello, a la hora de las políticas culturales
ha habido en el plano internacional dos criterios que,
siendo ambos necesarios, por su grado de prevalencia
llegaron a crear distancias siderales en las posiciones:
la libertad de circulación de la información frente
al equilibrio hacia la igualdad en los flujos. Ambos
principios lograron ‘dividir las aguas’ en el pasado al
incluirse en el debate sobre el Informe McBride de
1980
27
y que supuso la salida de Estados Unidos y el
Reino Unido de la
UNESCO
en 1984.
El criterio de libertad de expresión, cultural y
de comunicación, en Estados Unidos, se interpretó
en la década de 1970 en términos exclusivamente
mercantiles bajo la denominación de “
free flow of
information
”. Esta definición sigue siendo hoy día
la dominante en las relaciones internacionales cul-
turales y ha permitido –sin medidas que la comple-
menten, canalicen y maticen– que las pantallas de
cine, video y televisión se llenen de producciones y
formatos estadounidenses y que los modos de vida,
valores sociales y contenidos más visibles tengan la
misma fuente.
Si en 1980 la discusión en la
UNESCO
fue sobre el
flujo informativo y comunicativo, los equilibrios en
los intercambios y las políticas nacionales de co-
municación, hoy se ha orientado hacia la cultura.
28
Es decir, dejó de lado la discusión sobre el cauce y
se enfocó más en el debate sobre el caudal, sobre el
Cuestiones contemporáneas
189
29
A. Mattelart,
op. cit.
contenido que circula por él, sobre su acceso y sobre
la identidad de las producciones y de los sujetos
que hacen cultura, sobre las comunidades con sus
mestizajes o con sus comunidades virtuales. Pero,
curiosamente, como hace poco recordaba Mattelart,
29
la Organización de las Naciones Unidas para la Edu-
cación, la Ciencia y la Cultura ha olvidado reabrir
el debate de la comunicación que es la puerta de
entrada.
Desde el punto de vista económico, no hay duda
que la comunicación como cauce sigue siendo de-
cisiva, como tampoco la hay que la
UNESCO
ya cedió
ese campo al mercado que, con 20 años de desplie-
gue gigantesco, ya ha generado un nuevo sistema
de multinacionales y de liderazgos tecnológicos
mundiales. Establecidas, financiadas y amortizadas
buena parte de las redes y de los aparatajes, quedan
por dilucidar, al menos, dos cuestiones actuales y
desde una óptica defensiva: la pugna del sistema
comunicacional predominante con las redes de con-
testación y salvaguardarnos sobre sus efectos en la
cultura. Las políticas culturales están para cortar
ese nudo gordiano:
a) En el plano internacional, las ayudas públicas
podrían asegurar la existencia de empresas dis-
tribuidoras y de fondos internacionales como los
previstos para el acceso a la cultura y a la sociedad
de la información en la convención de la
UNESCO
y en
la cumbre de la Unión Internacional de Telecomu-
nicaciones (
UIT
), respectivamente, puesto que las
políticas de monopolio natural convierten los mer-
cados en páramos de pocas ofertas, eso sí, masivas
y transnacionalmente universales.
b) En el plano interno hay herramientas públicas
clásicas. Así como no hay libertad efectiva si el co-
nocimiento está limitado por los derechos de exclu-
sividad y el pago para acceder, también se requiere
de una política que ponga el acento en la extensión y
difusión cultural. No hay libertad efectiva para crear
si no hay políticas de fomento de la creación (ya sea
con ayudas automáticas en caso de cumplimiento de
requisitos o con ayudas moldeables desde comités
expertos de evaluación que aseguren la igualdad de
oportunidades además de detectar la excelencia).
La libertad efectiva para producir requiere que haya
apoyos a las pequeñas y medianas empresas (
P
y
ME
s)
culturales, que las administraciones aporten equi-
pamientos culturales a las ciudades, que sus barrios
provean de servicios públicos y mejoren del patri-
monio propio (artes, museos, archivos, etnografía)
o que se establezcan políticas de promoción y de
cuotas para la producción propia.
c) Además de estas políticas, habría que realizar
también intervenciones públicas para corregir al
mercado cuando éste no distribuye bien las opor-
tunidades, o asegurar que él funcione con efectos
positivos desde políticas industriales de financiación
y de fiscalidad en apoyo a la cultura. Por ejemplo, una
política industrial
ad hoc
puede servir para apoyar a
la producción cultural nacional o local a fin de que
gane en calidad ante las importaciones y asegure
su visibilidad en los circuitos del conocimiento y de
la distribución; a su vez, una política de oferta en
forma de ayuda para la emergencia de operadores
locales de prensa, radio o televisión, o el fomento
de la competitividad de las empresas culturales
mediante ayudas temporales industriales y de finan-
ciación ventajosa, podrían asegurar una diversidad
suficiente de agentes y empresas culturales y de
comunicación frente una realidad vigente palpable
de pocas empresas transnacionales o de campeones
nacionales que controlan partes sustanciales de casi
todos los mercados.
Asegurar la libertad real de elección por parte
de los demandantes significa dar certeza a una
diversidad de ofertas sobre el mercado interior e
internacional mediante el acceso, la información y
los precios correctos que aseguren los mecanismos de
distribución para el acceso de los potenciales usua-
rios. En suma, no se olvide que a menor producción
en el mundo más desaparición de oferta y patrimo-
nios, mayor empobrecimiento cultural global y menor
campo sobre el que ejercer la libertad de elegir.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
190
30
Se trata de frenar los procesos de vaciamiento de los Estados de bienestar que se están produciendo y permitir la redefinición de los
servicios públicos en un contexto de competencia privada y cambio tecnológico.
Igualdad en el acceso y el intercambio
La igualdad no se refiere a derechos sino a situacio-
nes de hecho, a realidades palpables, a condiciones
de existencia, a vivencias materiales y espirituales,
a desarrollo humano, a géneros, a clases sociales,
a pobreza y riqueza (en individuos y naciones), a
fiscalidad, a servicios públicos, a seguridad social,
a obtención de conocimiento y a oportunidades.
Pero la lucha colectiva por la igualdad no tendrá
feliz término si no parte de la libertad y del recono-
cimiento del distinto como fundamentos desde los
cuales aquélla se construye.
El principio de igualdad aplicado al ámbito de la
cultura y la comunicación apela, entre otras, a dos
grandes cuestiones:
1) Una vertiente igualadora interna tiene sentido
cuando cuenta con aliados sustanciales en la existen-
cia y peso de aquellos servicios públicos que faciliten
el acceso a la cultura,
30
con ópticas reguladoras de la
difusión y acceso a las frecuencias de comunicaciones
y con igualdad de oportunidades para la creación y
producción. Este es un primer aspecto de una política
cultural y comunicativa por la igualdad: el derecho a
servicios universales y las obligaciones de los servi-
cios públicos en los nuevos servicios. Pero adquiere
aún más sentido cuando todos los hogares tienen ac-
ceso a los servicios de Internet, al teléfono celular o a
la informática doméstica elemental, aunque no vayan
a ser servicio público gratuito. Esto es, una ‘sociedad
de la información para todos’. El acceso tecnológico y
una economía y conocimiento asequibles para todos
los segmentos de población son justificables tanto
por razones de equidad y de derecho a la cultura, como
por la necesidad de maximizar las economías de red
para los nuevos mercados. En cambio, como campos
de servicio público en gratuidad estarían los cana-
les abiertos generalistas, sean públicos y privados;
los portales públicos culturales y de conocimiento
con contenidos de calidad, y las redes horizontales
socializadas.
Un corolario derivado del principio de igualdad es
el derecho al conocimiento, a la formación, al cultivo
de la identidad propia, a disponer de herramientas del
saber que garanticen la igualdad de oportunidades a
través de sistemas como el
copyleft
o el
creative com-
mons
diseñados para impulsar las licencias abiertas
y voluntarias de los autores.
Como política cultural, ese derecho de acceso
al saber en el plano interno puede concretarse, por
ejemplo, en el financiamiento público de la formación
profesional y universitaria cultural y comunicativa,
en las formaciones de reciclaje profesional o en
la transferencia de conocimientos y tecnologías.
Pero la gran asignatura es, sobre todo, extender
las habilidades y oportunidades necesarias a toda
la población ante la fractura digital vigente en el
interior de la mayoría de los países, entendida como
una educación de masas en
TIC
s y en usos. Otras ver-
tientes son las políticas centradas en la extensión
y difusión cultural adaptadas a cada franja social;
observatorios de información y seguimiento; conec-
tividad y usabilidad. Una vía práctica son los circuitos
de colaboración (producción en sindicación en
TDT
locales; programación en red de programadores de
centros culturales, entre otos.)
2) Una vertiente igualadora externa apela, a
su vez, al equilibrio relativo en los flujos de forma
multilateral desde el principio de la universalidad
de los intercambios culturales. El debate es el de la
igualdad o el de los derechos universales. Si en el
caso del audiovisual no se ha avanzado sino que se ha
retrocedido relativamente, en los accesos vía Inter-
net, en cambio, se ha expandido exponencialmente
y para un sector significativo.
Es real la presencia de más filmografías en los
espacios de intercambio pero eso es compatible con
la difusión transnacional de las pocas y millonarias
producciones estadounidenses que acceden a todos
los mercados –tanto en las ventanas de las salas
oscuras como en los
DVD
y televisiones– y absorben
la mayor parte de las rentas disponibles para el au-
Cuestiones contemporáneas
191
31
George Yúdice, “La transformación y diversificación de la industria de la música”, en Enrique Bustamante (ed.),
La cooperación cultura-
comunicación en Iberoamérica
, Madrid, Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Ministerio de Asuntos Exteriores
y de Cooperación, 2007 (Cultura y Desarrollo, 6), pp. 175-206.
32
Aprobada el
8 mayo de 2004
por el
IV Foro de Autoridades Locales para la Inclusión Social de Porto Alegre
, (en el marco del primer Foro
Universal de las Culturas, en Barcelona), l
a Agenda 21 de la Cultura
es el primer documento con vocación mundial que apuesta por establecer
las bases de un compromiso de las ciudades y los gobiernos locales para el desarrollo cultural.
Vid
. el texto fundacional
in extensis
en http://
www.vilanovadalcolea.es/files132/AGENDA_21_CULTURA_PPIS.pdf
N. E.
33
Intervención de Ibrahim Al-Kon en la mesa “Dialéctica entre el proceso de homogenización cultural y el de protección y promoción de la
diversidad cultural”, en el marco de las
Jornadas de Institucionalización de la Cultura y Gestión Cultural
, llevadas a cabo en el Museo Nacional
Centro Reina Sofía, Madrid, España, el15 de noviembre de 2007.
diovisual. Los usuarios esquivan esa situación vía
Internet mediante ‘bajadas’ masivas que, aunque
permiten acceder –y se accede– a otras músicas o
filmografías, suscitan una polarización de la deman-
da alrededor de las mismas producciones
best seller
que acaparan el mercado analógico.
31
Pero ahí también lo que es fortuna de muchos es
carencia de los más. A pesar de las formulaciones de
la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información
organizada por la
UIT
(en su primera parte celebrada
en Ginebra en 2003; la segunda fase fue realizada en
Túnez en octubre de 2005), la brecha digital entre los
países se ha ampliado. Su declaración de principios
abundaba sobre la necesidad de contar con tecno-
logías de la información equitativas y asequibles
que ofrecieran recursos a los grupos vulnerables
y buscaran reducir la ‘brecha digital’ mediante la
cooperación internacional. Todo ello sin perjuicio
de la seguridad de la información y de las redes, la
autentificación, la privacidad y la protección de los
consumidores. Reiteraba el respeto a la diversidad
cultural, religiosa y lingüística (desarrollo de con-
tenidos multilingües) y el derecho a la participación
en la gestión de Internet.
Sin embargo, el Plan de Acción formulado para
la consecución de estos fines se concentró sola-
mente en emitir recomendaciones sobre temas de
financiamiento o sobre el Fondo Internacional de
Solidaridad Digital (1% de licitaciones de bienes
y servicios digitales), por ejemplo. La Cumbre no
pudo habilitar mecanismos de sanción o exigencia
a la manera de la Organización Mundial de Comercio.
La cumbre terminó ‘tablas’, con el gobierno de Es-
tados Unidos conservando la sede del control de
dominios de Internet (en vez de dejársela a la
ONU
,
como exigían muchos países). Esta experiencia
muestra que la doctrina avanza en una dirección
–incluyendo a la Agenda 21 de la Cultura–
32
a pesar
de que la realidad dicta lo contrario.
La igualdad rima con la diversidad y la solidaridad
Aceptar la diversidad equivale a entender a los otros
como un nosotros partiendo del reconocimiento de
las distintas identidades culturales y sociales. Pre-
cisamente una vertiente de la política de la igualdad
formal es reconocer las diferencias de partida, sea
para una política de igualación o para una de igualdad
o de generación de oportunidades, especialmente
para quienes han sido maltratados a lo largo de la
historia dejándolos en situación estructural desven-
tajosa, en desigualdad cultural o en condiciones de
diglosia lingüística.
Igualar al otro desde nuestros patrones es clo-
narle y ofenderle. Hace poco, el escritor libio Al-
Koni
33
sostenía que no hay libertad ni igualdad sin el
reconocimiento del otro, sin aceptarlo como es.
33
La diversidad no aparecía como tal en el famoso
informe MacBride de 1980 que miraba sobre todo a
las relaciones comunicativas equilibradas entre los
Estados y especialmente al Tercer Mundo. Ella se con-
figuró conceptualmente bastante más tarde. Ahora
el principio de diversidad tiene muchas vertientes
que, aunque deudoras del concepto de “excepción
cultural”, tienen ya una definición propia.
La diversidad, concebida reiteradamente por la
UNESCO
como un valor mundial a preservar y generador
de derechos y obligaciones, puede prevalecer sobre
cualquier visión mercantil (Organización Mundial de
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
192
34
Para mayores detalles,
vid
. el documento
in extensis
PRINTPAGE&URL_SECTION=201.html o http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001429/142919s.pdf. Además, “Convención
UNESCO
sobre l a
Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales. Fomentemos la diversidad, preservemos el patrimonio, construyamos
el futuro”, material del
I Encuentro de Coaliciones del
MERCOSUR
en Paraguay
,
2009
EncuentroCoaliciones mercosurpar-2009.pdf
N. E.
Comercio, por ejemplo) y da derecho a tomar en las
comunidades en riesgo medidas de política cultural
tendentes a garantizarla y a reproducir y recrear la
propia identidad.
Durante la
XXXIII
Conferencia General de la
UNESCO
, celebrada en octubre de 2005 en París, se
aprobó la
Convención sobre la Protección y Promoción
de la Diversidad de las Expresiones Culturales
34
(ratifi-
cada en marzo de 2007) y, con ella, el derecho de los
países a sostener económicamente sus culturas y a
disponer de un tratamiento específico de los bienes
y servicios culturales sin que los acuerdos y las re-
glamentaciones futuras de la Organización Mundial
del Comercio puedan desvirtuar ese carácter.
Aunque los agentes de esa convención fueron
los Estados Partes, se puede deducir que también
ampara, y con más motivo, la capacidad de decisión
cultural de las culturas minoritarias, tanto en el
ámbito internacional como en el interior de cada
Estado. Es decir, ni internacionalmente ni a escala
estatal se podrán poner en duda medidas legítimas
de apoyo financiero o fiscal a los agentes de las cul-
turas minoritarias. Además, les ampara el principio
de subsidiaridad en la gestión de quien tiene la mi-
sión de desarrollar su propia cultura porque nadie lo
hará de su parte. La obligación correlativa, al mismo
tiempo, es estar abiertos a las expresiones de otros
países y culturas.
Esa doctrina trasciende el ámbito de la Unión
Europea donde existen restricciones a los modelos
subvencionados territoriales para exigir que puedan
presentarse a las convocatorias de ayudas locales de
cualquier región, incluso las grandes empresas de
cualquier Estado nación europeo sin mas obligación
que la de invertir
a posteriori
una parte significativa
de la inversión en los recursos locales.
En el plano local, diversidad es también la percep-
ción no estándar de la cultura propia; el fomento de
lo local y de la cultura de base; la práctica de radios y
televisiones comunitarias y asociativas; la costumbre
de que lo que tenga precio lo sea por el eslabón aña-
dido y no por lo que ya estaba en el dominio público
o fuera financiado con dinero público; una relación
integradora mutua con la inmigración.
En relación con el problema específico de la inmi-
gración, facilitar los procesos de integración mutua
requiere observación permanente y políticas activas
y progresistas que acoten, suavicen y canalicen los
problemas reales de encaje social y cultural que se
producen para contribuir a evitar la formación de
ghettos
, como los que se han visto en los conflictos
étnicos de Francia o Gran Bretaña a pesar de tener
políticas distintas. Es decir, la política de igualdad
debe rimar con la política de la diversidad, aceptando
el mestizaje, el tratamiento igualitario, la protec-
ción de sus derechos y el respeto de sus culturas
como condición para una visión amigable por su
parte de la nuestra, ofertada además en claves de
integración y de interculturalidad ciudadana y no
de asimilación.
En esta misma dirección van las políticas de dis-
criminación positiva lingüística de las sociedades
con lenguas minorizadas: la política de renovación de
la cultura propia con especial acento en la creación
y en la promoción con apoyos extraordinarios y en
contacto con otras culturas en claves de conectividad
e interacción; las políticas industrial-financiera-
fiscal
ad hoc
y al servicio de la industria cultural
autóctona.
b) Otro de los valores de la modernidad era la
fraternidad, concepto escurridizo por subjetivo y con
aspecto de emoción o de suplemento del alma; hoy
es sustituible por los conceptos más concretos de
integración cultural o de solidaridad, tanto interna
como internacional, en el que el nosotros, como
identidad o país, se amplia al otro y a los otros.
Con la internacionalización y las opciones tecno-
lógicas actuales, el territorio y la cultura propia dejan
Cuestiones contemporáneas
193
35
Parecería que las regulaciones son ajenas a la
acracia
de Internet, pero a falta de algunas reglas éticas que identifiquen a los sujetos
para que puedan ejercer el principio de realidad, y eventualmente de responsabilidad, así como unas normas de cortesía y de relación, las
empresas o el juego pueden disolver la privacidad. Son la condición para que las solidaridades en la red –ideológicas, virtuales, temáticas–
puedan crear sentidos de pertenencia intensos y no simulados; en suma, crear comunidades.
de ser los únicos centros culturales e ideológicos de
referencia para importantes capas de población. En
esta época de hipercomunicación se fraguan sen-
sibilidades distintas a las vivencias territoriales,
culturales, primordiales o vecinales. Para algunos
colectivos, los espacios sociales relacionales se
desterritorializan o se diluyen los rasgos identitarios
nacionales característicos en beneficio de la multii-
dentidad, la multiculturalidad y la interculturalidad.
Surgen nuevas solidaridades (entre cibernautas co-
nectados en
chats
, grupos de noticias o foros, entre
colectivos con subidentidades planetarias más afines
que con sus compatriotas).
También están los movimientos alternativos
a escala mundo como un sujeto, hoy por hoy de
aparición esporádica. Son signos de los tiempos,
procesos irreversibles, una nueva fuente capital de
conocimiento. Conviene tomar nota de esos cambios
para adaptar los propios idearios al cambio social y
al ejercicio de libertad y de contacto que también
significan. Resulta trascendente fijar algunas reglas
que generen confianza para que la comunicación se
haga auténtica y hacer factibles los lazos que de ahí
puedan nacer. Esas reglas deberían precisarse sobre
determinados aspectos como acceso, privacidad,
rigor, precio, fiabilidad y derechos de propiedad.
35
No se debe confundir la pertenencia
tribal
a algu-
nas de las nuevas socialidades identitarias planeta-
rias emergentes en Internet, o la existencia de una
real subcultura de Internet con el olvido de lo que lo
permite y lo explica, que no es sino la posesión de la
marav illosa caja de herramientas culturales (
tool kit
)
que la socialización y nuestra socialización cultural
particular que, nos guste o no, nos marca. Aunque
cabe optar, en el cultivo de la propia personalidad,
por gustos y culturas de todo tipo, no es pertinente
cambiar de ident idad de manera repent ina, salvo que
se la confunda con aficiones, ideas o modas compar-
tibles. Las iniciativas para una Carta de Derechos
Universales en Comunicación van en esta dirección;
una futura gestión de la Corporación de Internet
para la Asignación de Nombres y Números (Internet
Corporation for Assigned Names and Numbers,
IC ANN
)
con parámetros
de gobernanza.
Todo lo dicho no es independiente de ideologías
ni de logros de mayorías democráticas o de minorías
efectivas. Apuntar en esa dirección se traduciría en
políticas de más inversiones en I+D+i, especialmente
en el lado de la comunicación y la cultura; más apoyo
a las iniciativas sociales o sectoriales en claves de
redistribución; una financiación pública directa o
indirecta, obtenible de mayores recaudaciones así
como de la sustitución de ámbitos menos productivos
como, por ejemplo, los ejércitos u otros.
Ello indica que la primera regla para una nue-
va época de políticas culturales con unas metas
culturales precisas requiere la participación y la
consideración de la cultura como un sector estra-
tégico emergente, al que dotarle de una estructura
económica cultural sostenible y hacerlo además en
claves de democratización e integración como con-
dición de empuje de todos los agentes en la misma
dirección.
Un país, una ciudad, en progreso participativo,
desde la libertad, la igualdad y reconociendo sus
diversidades reales, es seguro que será un país, una
ciudad, en marcha, integrada y v iva (o sea, no exenta de
conflictos), pero tendrá las mejores oportunidades para
administrarse ventajosamente en un mundo global.
En suma, y volviendo al principio, el hecho cul-
tural y comunicativo como vertebrador social no es
una cuest ión técnica sino un disposit ivo de sistemas
de acceso, de derechos reclamables y de valores que
entran en conflicto entre dos opciones, como en la
vida misma: o se apuesta por más poder o se hace
lo propio por una cultura y comunicación a escala
humana.
Recibido el 13 de enero del 2009
Aceptado el 30 de abril del 2009
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
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