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Sociedad y política
13
Necesidad de un dicionario de términos sociológico-jurídico
en español-náhuatl, con enfoque de género, para la región multicultural
de Milpa Alta, D. F. Algunos problemas para su producción.
A
LICIA
E
VANGELINA
E
GUILUZ
DE
A
NTUÑANO
*
Resumen
En este artículo se exploran algunos de los problemas
que pueden enfrentar los investigadores al producir
un diccionario sociológico-jurídico bilingüe en es-
pañol y náhuatl: 1) no existe hasta hoy en México un
diccionario de este tipo, 2) es insuficiente el apoyo
al trabajo de los juristas que defienden a sus pueblos
y comunidades indígenas y 3) el sistema jurídico
hegemónico no reconoce en las lenguas nativas las
instituciones jurídicas creadas por los pueblos indí-
genas y comunidades, las cuales, en consecuencia,
están a merced de la maquinaria legal del Estado
mexicano. La presente investigación abarca espe-
cíficamente a los 12 pueblos comuneros de la región
nahua-hablante de Milpa Alta, Distr ito Federal, aun-
que se proyecta más allá, como un precedente para
el estudio y la defensa de los derechos humanos y
fundamentales de todos los pueblos y comunidades
indígenas de Mesoamérica. El trabajo propone organi-
zar equipos multidiciplinarios de investigación para
desarrollar gradualmente un planteamiento socio-
linguístico-jurídico en la producción de diccionarios
políglotas en español y en todos los idiomas nativos
de México, con enfoque de género y una perspectiva
multicultural.
Abstract
Some research problems found when aiming at
producing a sociological-juridical dictionary in
Spanish-Nahuatl are: 1) there is not a single dictio-
nary of this type in Mexico therefore, 2) jurists, both
indigenous as well as non indigenous, are not suffi-
ciently supported in the defense of their indigenous
pueblos
and communities, 3) the hegemonic legal
system does not recognize in the native languages,
the juridical institutions created by the indigenous
pueblos
and communit ies and consequently, they are
at the mercy of the legal machinery of the Mexican
State. The research embraces specifically the twelve
indigenous
pueblos
of the Nahuatl-speaking region
known as Milpa Alta, but my view goes beyond that,
acting as a precedent for the study and defense of
the human rights as well as the fundamental rights
of all the indigenous
pueblos
and communities in
Mesoamerica.
The proposal is that multidisciplinary research
teams get organized to gradually develop a so-
ciolinguistic and juridical perspective to produce
multilingual dictionaries in Spanish and in all native
languages in Mexico, with a gender and multicultural
perspective.
.
* Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria,
Col. Copilco-Universidad, Deleg. Coyoacán, Méxco, D.F., c.p. 04510.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
14
Palabras clave:
constitución política, leyes indígenas en México, usos y costumbres, comuna, comuneras/
os, identidad indígena, comunalidad, sociolingüística jurídica, antropología jurídica, diccionario jurídico,
multiculturalidad, género, normas, Milpa Alta, pueblos y cultura legal, identidad y sentido de pertenencia,
lengua-terminología jurídica, derechos humanos y fundamentales de pueblos.
E
l objetivo principal de este artículo es convocar
a los científicos sociales a colaborar en la tarea
de llenar un vacío en la literatura sobre pueblos
originarios. Propongo elaborar diccionarios bilingües
y multilingües de términos sociológico-jurídicos, los
cuales deberán contener términos en español y en al
menos un idioma indígena. Lo esencial es aportar un
instrumental de consulta, adicional al que ya existe,
para que los pueblos originarios y las comunidades en
situación similar de opresión y exclusión de los bienes
producidos por toda la sociedad puedan continuar de-
fendiendo sus derechos humanos fundamentales. Un
segundo objetivo, tan importante como el señalado,
es conocer los problemas que surgen en el curso de la
investigación al intentar dilucidar el significado real
de conceptos sociológicos y antropológico-jurídicos
en español y alguna de las lenguas nativas meso-
americanas. En este trabajo expongo los resultados
preliminares de mi encuesta inicial sobre cómo defi-
nen el concepto
pueblo
algunos abogados de varias
comunidades indígenas de Milpa Alta y cómo, al ha-
cerlo, revelan la normalidad jurídica en sus pueblos,
es decir, el respeto cotidiano a la ley.
Si en principio la tarea de producir un vocabulario
básico para la región multicultural de Milpa Alta
1
pare-
ció fácil, la experiencia de estudio ha demostrado que
existen dificultades que demandan mayor tiempo de
análisis, dedicación y cautela. Por tanto, este ar t ículo
únicamente destaca, como ha quedado dicho, algunos
problemas. Para esta elaboración inicial he recurri-
do a la consulta de todos los diccionarios jurídicos
—incluida una enciclopedia jur ídica— localizados en
bibliotecas especializadas de la Universidad Nacional
Autónoma de México (
UNAM
).
2
Asimismo, he integrado
a este documento el resultado de una entrevista co-
lectiva con ocho comuneros del Consejo de la Crónica
de Milpa Alta, A. C.
Es imperativo, en esta etapa de penetración
capitalista neocolonial, rescatar los idiomas nativos
que son fuente de cohesión social, de normalidad
jurídica. Debemos contrarrestar por todos los medios
posibles el efecto destructivo de leyes antisociales
que están actuando sobre las constituciones ances-
trales, en resistencia contra la “abierta voracidad de
lucro”
3
promovida por quienes encarnan el neolibe-
ralismo globalizante. Uno de los medios puede ser la
publicación de herramientas de consulta, como son
los diccionarios socio-jurídicos, que faciliten a los
pueblos y sus defensores hacer frente a los grupos
poderosos que los juzgan, castigan, “desarrollan”
y gobiernan en nombre del “progreso”. Intento de-
mostrar que a los pueblos indígenas y comunidades
se les han aplicado términos, perspectivas jurídicas,
instituciones y métodos que nada tienen que ver con
su realidad cultural, con su cosmovisión ancestral.
Los futuros diccionarios como los que propongo,
tendrán que tomar en cuenta las aportaciones de
diversos instrumentos jurídicos, principalmente el
Convenio 169 de la Organización Internacional del
Trabajo (
OIT
).
4
1
Los pueblos son Villa Milpa Alta (cabecera delegacional), San Jerónimo Miahcatlán, San Agustín Ohtenco, San Francisco Tecoxpa, San
Antonio Tecómitl, San Juan Tepenahuac, Santa Ana Tlacotenco, San Lorenzo Tlacoyucan, San Bartolomé Xicomulco, San Pedro Atocpan, San
Pablo Oztotepec y San Salvador Cuauhtenco. Todos estos pueblos pueden ser considerados “comuneros” por su orientación cultural al bien
común total, aunque no todos ellos son propietarios de terrenos comunales.
2
Para esta investigación se consultaron los acervos de las bibliotecas de las facultades de Derecho y de Ciencias Políticas y Sociales, así
como las de los institutos de Investigaciones Sociales e Investigaciones Filológicas y, finalmente, la biblioteca del Centro de Investigaciones
Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades.
3
Paulo Freire,
Pedagogía de la autonomía. Saberes necesarios para la práctica educativa
, México, Siglo Veintiuno Editores, 1997.
4
Ver la amplia documentación presentada al respecto de la legislación internacional que apoya legislaciones locales en Rodolfo Staven-
hagen,
Los pueblos indígenas y sus derechos
, México,
UNESCO
, 2007.
Sociedad y política
15
Las políticas “asimilacionistas” que se han prac-
ticado desde la Colonia atentan contra las formas
de pensar el mundo, nombrarlo, juzgar, castigar y
gobernarse de los pueblos indoamericanos en gene-
ral e indomexicanos en particular. Las diferencias
lingüísticas han exacerbado en los colonialistas el
deseo de someter a estas comunidades, privándolas
de sus fuentes de identidad.
5
Las formas y conte-
nidos de pensamiento y prácticas diferentes a las
impuestas desde las cúpulas de los potentados, han
sido ignorados y hasta combatidos por juzgadores,
castigadores, “desarrolladores” y gobernadores que
hasta hoy han sido incapaces de percibir las dife-
rencias socioculturales y jurídicas indígenas, pero sí
han hecho lo posible para eliminarlas. El resultado
de estos procedimientos ha sido el subdesarrollo de
los pueblos autóctonos y, como consecuencia, su
lucha sin descanso y en alianza con fuerzas sociales
progresistas.
Por esta situación es que mi incitación a escribir
diccionarios es pertinente. Existen en los pueblos
milpaltenses personas que han actuado y actúan co-
mo defensoras del territorio; además, han difundido
las culturas de sus comunidades, han promovido el
habla del náhuatl, favorecido las prácticas legales
y alentado los modos de ser propios de Milpa Alta,
otrora llamada Malacateticpac Momozco. Estos
conocedores de sus pueblos obtendrían un gran
beneficio si dispusieran de uno o más diccionarios
bilingües, porque estos instrumentos aportarían un
conocimiento sistematizado, capaz de poner frente a
frente cada palabra, concepto y categoría, tanto del
derecho positivo como del originario. La reflexión
sobre cada uno de los vocablos suscitaría un “viaje
mental” al interior de las matrices conceptuales que
los sustentan y orientan las prácticas normativas
cotidianas. En este sentido, González Casanova
sugiere, para una comunicación científica eficaz,
tomar en cuenta “[.
..] los conceptos y categorías más
significativos y no
sólo
los hegemónicos o
sólo
los
alternativos [.
..].”
6
La tarea es descubrir cuáles son
las orientaciones que tienen significado real para los
pueblos y comunidades indígenas. El análisis podrá
contribuir a determinar si los términos aparentemen-
te “neutros” esconden una intención privatizadora.
El programa político oculto, “ablandador” en palabras
de Freire,
7
podrá ser igualmente esclarecido. Lo que
más interesa es reforzar el contenido de vocablos
orientados a favorecer la “[.
..] apropiación con de-
mocracia, justicia y libertad [.
..]”
8
Es, pues, a los juristas indígenas, en particular
a los de Milpa Alta, sean o no profesionistas con
estudios formales en derecho, titulados o no, a
quienes va dirigido principalmente este esfuerzo de
investigación. La intención es que como resultado
de la pesquisa, dispongan de un instrumento más de
consulta y autodefensa, entre otros que existen. La
resistencia en el plano legal de los pueblos precisa de
instrumentos como los que propongo porque, dentro
del rico acervo literario producido hasta hoy, no
está a disposición ninguna herramienta de este tipo
en alguna lengua indígena de las 63 que se hablan
en nuestro país. Hasta donde ha podido llegar mi
investigación, tampoco existe un sólo diccionario
sociológico-jurídico en español que sirva al propósito
que expongo.
Estos faltantes en la ciencia jurídica se suman a
un tipo de literatura teórico-formalista del derecho,
que no ha sido capaz de resolver los problemas de los
ciudadanos mexicanos que hablan idiomas nativos de
México. En general, los juristas han mirado a lo indí-
gena como “lo exótico prescindible”, “minorías poco
significativas que retrasan el desarrollo socioeco-
nómico de México”, dada su formación conceptual
en escuelas positivistas y neopositivistas. De esas
poblaciones indígenas originarias se ha pensado que
5
El investigador Óscar Uribe Villegas encuentra en la identidad “un derecho fundamental, la garantía de supervivencia.
..”. (Conversación
personal con el investigador).
6
Pablo González Casanova, “Problemas conceptuales en ciencias sociales y ciencias del lenguaje: la comunicación en las ciencias so-
ciales y los conceptos profundos”, en P. González Casanova y Marcos Roitman Rosenmann (coords.),
La formación de conceptos en ciencias y
humanidades
, pról. Jaime Labastida, México, Siglo Veintiuno Editores, 2006, pp. 145-162.
7
P. Freire,
op. cit.
, p. 121.
8
P. González Casanova,
op. cit.
, p. 155.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
16
tarde o temprano desaparecerán; entonces, ¿para qué
ocuparse de un fenómeno socio-jurídico pasajero?
Más aún, debe ser acelerada su “integración” al siste-
ma jurídico dominante para resolver el problema de su
falta
de derecho, dado que “carecen de constitución
escrita”. De lo que no se percatan estas corrientes
de pensamiento es que las normas de convivencia
de los pueblos originarios es diferente; es expresión
de una constitución real al modo como lo plantea
Lasalle,
9
no dispuesta en un papel: es vivencial, es
una praxis que no necesita estar escrita para cum-
plirse, porque la conducta normada es normal. Si
bajo ciertas circunstancias se producen desvíos en
el comportamiento individual, éste es considerado
por la comunidad como excepcional, en el conjunto
de normas del bien vivir del pueblo.
Los estudios que tratan de los usos y costumbres,
esto es, del derecho indígena, son abundantes e
ilustrativos de las prácticas legales de gobierno y
de justicia. Es criticable el hecho de que el funda-
mentalismo jurídico dominante no ha reconocido la
existencia de esta normalidad constitucional, de la
que, infortunadamente, se desprende que los pueblos
no sean considerados como sujetos colectivos de
derecho en la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos.
De entre la literatura sobre las prácticas legales
indígenas, resalta la obra de Valdivia Dounce,
Usos
y costumbres de la población indígena de México
.
10
El
análisis del material contenido en este libro corrobo-
ra mi tesis de que la ciencia jurídica de los pueblos
originarios descansa en el concepto fundacional del
junto y cerca para el bien común total. Por este sólo
principio, aunque existen otros, se debe reconocer a
la constitucionalidad de los pueblos indígenas como
diferente a la hegemónica-occidental.
¿Qué resultados se obtienen de la praxis del
mencionado fundamento socio-político-jurídico?
Comportamientos colectivos jurídicamente normales
que se ejercen mediante instituciones perfectamente
identificadas. Estas instituciones son mencionadas
por Vera Herrera en su texto “La autonomía en los
hechos. No pedirle permiso a nadie para ser”,
11
quien
señala los cinco componentes de la constitución
comunal, enunciados por Hugo Aguilar, abogado
mixteco de Servicios del Pueblo Mixe, a propósito de
la necesidad de fortalecer las instituciones jurídicas
de los pueblos indígenas: “La comunidad se rearma
al restablecer la asamblea como órgano máximo, con
tequio, autogobierno, territorio y fiesta.”
Por su parte, Hernández Navarro, en su artículo
“Movimiento indígena: autonomía y representación
política”,
12
analiza lo que identifica como principios
básicos de la comunalidad, esto es, de lo que se puede
interpretar como costumbre de constitucionalidad
de los pueblos indígenas o comunalidad jurídico-
políticamente constituida: la tierra y el territorio;
el poder comunal centrado en la comunidad y la
asamblea como poder constituyente; el trabajo
comunal y la fiesta.
La fiesta aquí no tiene la misma significación
que para las sociedades urbano-hegemonistas. Estas
últimas la consideran como una forma de eludir la
vida cotidiana y sus problemas, en cambio, para los
pueblos indígenas de Mesoamérica es un conjunto
de procedimientos que, al determinar acciones con-
catenadas en series de eventos en que se involucran
muchas familias de la comunidad, van progresando
cada día del año hasta culminar en fechas precisas
con acontecimientos de gran significación colec-
tiva, individual y familiar. Así, las fiestas son la
solemnización de la vida jurídico-política que se
9
Ferdinand Lasalle, ¿
Qué es una constitución?
, México, Ediciones Coyoacán, 2002. En este libro, el socialista alemán demuestra que son
los factores reales de poder los que dan vida a la constitución y no los mandatos que están consignados en papeles que sólo pueden ser letra
muerta.
10
Teresa Valdivia Dounce (coord. y ed.),
Usos y costumbres de la población indígena de México. Fuentes para el estudio de la normatividad
,
México, Instituto Nacional Indigenista, 1994.
11
Ramón Vera Herrera, “La autonomía en los hechos. No pedirle permiso a nadie para ser” en Martha Singer Sochet (coord.),
México.
Democracia y participación política indígena
, México,
UNAM
/Ediciones Gernika, 2007, pp. 109-150.
12
Luis Hernández Navarro, “Movimiento indígena: autonomía y representación política”, en
ibid
. pp. 75-107.
Sociedad y política
17
constituye y reconstituye durante cada ciclo socio-
astral-productivo.
13
Los diccionarios jurídicos comunes que he consul-
tado no aluden a la riqueza de opciones normativas
que ofrecen los pueblos de tradición jurídica no oc-
cidental. Esto es así porque se inspiran en el derecho
positivo oficial, al cual se considera como el único y
mejor. La meta del aparato legal que promueven es
anular a todos los demás derechos, para asegurar su
hegemonía y su orientación hacia el beneficio ex-
clusivo de las clases adineradas. González Casanova
señala acertadamente que, a menudo, las ciencias
sociales — entre las cuales se ubica la ciencia jurídi-
ca— se usan “para legitimar el orden establecido, y
para apoyar las medidas que a nombre de ‘la Ciencia’
toman las fuerzas dominantes [.
..]”
14
Esta asevera-
ción es válida para los diccionarios y enciclopedias
jurídicas que están a la mano en nuestras bibliotecas
universitarias. Como veremos más adelante, estas
obras de consulta están impregnadas del liberalismo
decimonónico y del neoliberalismo de hoy día, con
lo que contribuyen a la reproducción de una rígida
ortodoxia que se plasma en un “[.
..] fundamentalismo
occidental de la civilización militar-financiera que
domina y pretende seguir dominando al mundo”.
15
En el curso de mi investigación de fuentes he
encontrado dos diccionarios imprescindibles. Uno,
el más antiguo, es el
Vocabulario en lengua castellana
y mexicana y mexicana y castellana
de Molina, escrito
en 1571.
16
El otro, de 1885, es el
Diccionario de la
lengua nahua o mexicana
de Siméon.
17
Diccionario
de factura reciente es el de De Wolf,
Diccionario
español-náhuatl,
18
en el que colaboró el reconocido
nahuatlato Miguel León Portilla. Existen diccionarios
de tipo “bolsillo” que incluyen palabras usuales para
apoyar la castellanización en náhuatl (y en otros
idiomas), pero casi todos estos manuales omiten
registros con los cuales sea posible partir hacia un
conocimiento socio-jurídico. Finalmente, el editado
por el Instituto Mexiquense de Cultura:
Diccionario
nahuatl-español, español-nahuatl
.
19
Por otro lado, el Instituto Lingüístico de Verano
ha elaborado diccionarios en muchos idiomas indo-
mexicanos,
20
además de numerosas gramáticas y
cartillas cuyos títulos aparecen en su página web.
Todos ellos atienden la necesidad de traducir de una
a otra lengua palabras usuales. El año pasado salió a
la luz la obra de Montemayor,
Diccionario del náhuatl
en el español de México
,
21
lo cual da una idea del gran
interés que existe por fomentar el conocimiento de
este idioma. Este autor fue apoyado en su investi-
gación por el nahua-hablante milpaltense Marcelino
Hernández Beatriz.
Algunas contribuciones académicas contienen
glosarios y vocabularios que los autores han insertado
al final del texto. Tales son es los casos de Gibson,
Los
aztecas bajo el dominio español
;
22
Garibay,
La llave del
náhuatl
23
y López Aust in, “Organización polít ica en el
altiplano central de México durante el posclásico”,
24
por citar solamente unos cuantos ejemplos.
13
P. Freire (
op. cit.
) sugiere el uso del verbo
pronunciar
como afirmación de rebeldía y voluntad. Desde esta perspectiva, la fiesta habla
por y para el colectivo que
pronuncia
su voluntad de ser, su voluntad de no abandonarse al olvido, de no dejarse arrastrar por la dispersión
individualista y deshumanizante en el capitalismo.
14
P. González Casanova,
op. cit.
, p. 147.
15
Ibid
., p. 160.
16
Fray Alonso de Molina,
Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana
, edición facsimilar, México, Editorial Porrúa,
1970 (Biblioteca Porrúa 44.)
17
Rémi Siméon,
Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana
, México, Siglo Veintiuno Editores, 1977.
18
Paul de Wolf,
Diccionario español-náhuatl
, México,
UNAM
/Universidad Autónoma de Baja California Sur/ Fideicomiso Teixisidor, 2003.
19
Colegio de Lenguas y Literatura Indígenas,
Diccionario nahuatl-español, español-nahuatl
, México, Instituto Mexiquense de Cultura, 2001.
20
Uribe Villegas emplea este término, al que considero muy apropiado, para referirse a los pueblos originarios de México. (Conversación
personal con el investigador)
21
Carlos Montemayor,
Diccionario del náhuatl en el español de México
, México, Gobierno del Distrito Federal/
UNAM
, 2007.
22
Charles Gibson,
Los aztecas bajo el dominio español
, 1519-1810, México, Siglo Veintiuno Editores, 1984.
23
Ángel María Garibay Kintana,
Llave del náhuatl,
México, Editorial Porrúa, 2007.
24
Alfredo López Austin, “Organización política en el altiplano central de México durante el posclásico”, en Jesús Monjarás-Ruiz
et al.,
Mesoamérica y el centro de México
, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1989, pp. 197-221 (ver glosario en pp. 228-231).
Una interesante reseña sobre filología nahua es la que presenta Gonzalo Aguirre Beltrán,
Lenguas vernáculas. Su uso y desuso en la enseñan-
za: la experiencia de México
, México, Instituto Nacional Indigenista/Gobierno del Estado de Veracruz/ Universidad Veracruzana/ Fondo de
Cultura Económica, 1993, (Sección de Obras de Antropología, Obra Antropológica XII), pp. 231-242.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
18
Durante siglos se ha tomado como un axioma
que los pueblos indígenas son
primitivos
porque son
gente sin razón de Estado, ni ley ni orden y que,
para “civilizarlos”, es imperativo
darles
leyes que los
gobiernen y aseguren la paz social. Así, pues, obli-
garlos a entender las leyes implica hacerlos pensar
en la lengua dominante, la lengua española. Pero
en las últimas décadas, el fundamentalismo neoco-
lonial imperante ve con beneplácito el reemplazo
del español por el inglés, idioma que está tomando
carta de oficialidad en México porque acerca los
conceptos jurídicos del país a los de la
Common Law
que rige en Canadá y Estados Unidos. Muestra de la
cada vez mayor influencia de la cultura anglosajona
es que ciertas universidades privadas mexicanas no
conceden el título de licenciatura en Diseño Gráfico
a menos que el solicitante apruebe el examen de
inglés en nivel
TOEFEL
.
La investigación socio-jurídica en náhuatl-
español cont iene, además de los aspec tos apuntados
líneas arriba, una interesante problemática descrita
por el sociólogo-lingüista Óscar Uribe Villegas.
25
De
su trabajo he extraído ideas y algunas preguntas-
guía, que a él mismo le han surgido en el curso de
sus estudios acerca de la sociedad galesa: ¿han in-
ventado los galeses un
lenguaje
o registro jurídico?,
¿carecían de las
formas idiomáticas
susceptibles de
aprehender las situaciones legales? o ¿tomaron los
conceptos
jurídicos que encontraron más a mano, o
sea, los de la Common Law británica, revistiéndolos
de “galicidad”? ¿Establecieron una terminología
propia, que a su vez, se articularía dentro de una
sistémica que no sería la de la
Common Law
o del
derecho romano?
26
En relación con el caso de Milpa Alta, Uribe Vi-
llegas hipotetiza: “Lo más probable es que no haya
habido un ‘sistema’ jur ídico en la nahuatlidad de Mil-
pa Alta, concebido a la manera europeo-occidental.
Entonces, ¿qué apariencia tenía un sistema más
ampliamente ‘normativo’ (de toda clase de normas
no sólo jurídicas, sino morales y religiosas) de las
que sí vamos a encontrar o ya hemos encontrado a
través de la pedagogía de las maestras-comuneras
[...]?”
27
La tesis que sostengo en este artículo es que, en
donde prevalece la normalidad constitucionalizada,
entendida como un conjunto de prácticas-normas-
leyes que se inspiran en el
bien común total
, es inne-
cesario “inventar” una terminología especializada.
Tampoco es indispensable establecer un “sistema”
normativo particular, una división de competencias
ni de materias de derecho. Ahí donde las infracciones
a las normas del buen vivir son raras y por ello no
constituyen
delitos
, no t ienen por qué funcionar orga-
nismos especialmente dedicados a guardar el orden.
Norma y vida buena en común, entran como partes
escasamente diferenciadas en el todo social.
De este modo, hemos aprendido en el estudio
ya citado de Valdivia
28
y en el de Cruz Rueda,
29
que
el tratamiento de las transgresiones en comuni-
dades indígenas es practicado por personas de la
misma comunidad donde se comenten las faltas,
que además de sus negocios y profesiones privados,
están disponibles para atender todos los casos de
transgresión que se presenten. Adicionalmente, los
juzgadores son renovados periódicamente, conocen
las circunstancias de cada una de las familias y no
están exentos de ser castigados por la colectividad
si el fallo es juzgado como fuera del orden. En el
proceso de impartir justicia, que es muy expedito
y sin costo alguno o a un precio accesible para los
afectados, se produce un careo entre juzgador y cada
25
Conversación personal con Uribe Villegas.
Vid
. Además, Alicia Evangelina Eguiluz de Antuñano, “Maestras-comuneras de Milpa Alta, D.
F. Su universo conceptual calificador y profesionalizador”, México,
UNAM
-
FCP
y
S
, 2006 (tesis de doctorado en sociología).
26
Cuando la maestra Esther Mérida, en el seno del Consejo de la Crónica de Milpa Alta, comentó sobre los requerimientos de un diccionario
socio-jurídico español-náhuatl señaló: “hay que ir a lo profundo [.
..] tal vez se tendría que ir al Derecho romano [.
..]”. En su intervención
planteó las posibles vertientes de investigación a que alude Uribe Villegas cuando pregunta: “¿para acatar el derecho romano o para filtrar
de romanidad la indo-mexicanidad?” (Conversación personal con el investigador).
27
Vid
. A. E. Eguiluz de Antuñano,
op. cit
.
28
Vid. supra
, p. 16; T. Valdivia Dounce,
op. cit
.
29
Elisa Cruz Rueda, “Dinámicas jurídicas, construcción del derecho y procesos de disputa en una comunidad indígena de Oaxaca”, México,
Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, 2007 (tesis de doctorado en ciencias antropológicas).
Sociedad y política
19
una de las partes en conflicto, de tal modo que se
llegue a un acuerdo satisfactorio
para el bien común
total. En casos graves, la asamblea comunal debate
y decide lo que se ha de hacer. De lo que se trata es
de mantener la cohesión comunitaria, sin represión,
sin que el conflicto interpersonal involucre a otros
miembros de la colectividad o de fuera de ella.
En pueblos y comunidades que padecen cons-
tante represión política y exclusión económica y
cultural, los quebrantos a las reglas de conducta son
considerados como accidentes que ocurren en toda
vida colectiva que demanda, para su autodefensa,
una unidad comunal compacta. El destino de uno es
destino de todos, hay que rescatar al pueblo entero
por medio de la justicia. Por ello, existe una amplia
diversidad de opciones de negociación inter-intra-
familiares y colectivas, como las que todavía hay en
Milpa Alta. Para resolver fricciones entre vecinos el
diálogo es fundamental como método para llegar
a acuerdos. En los juicios endógenos se produce
un “encuentro de los hombres [y las mujeres] que
pronuncian
el mundo [.
..] para la liberación de los
hombres [y las mujeres] de todo el pueblo”.
30
La
autodefensa, pues, involucra sostener un sistema
común autónomo de justicia y gobierno que haga
frente, con toda su fuerza, a la moral de mercado
“insensible a todo reclamo de las personas y sólo
abierta a la voracidad del lucro”.
31
En estas circuns-
tancias, toda la comunidad comunera es “agente” de
justicia y libertad. Cada acto de justicia ha de ser
pedagógico, tendiente a reforzar la resistencia del
común contra “el sistema capitalista [que] alcanza en
el neoliberalismo globalizante el máximo de eficacia
de su maldad intrínseca”.
32
De lo anterior se desprende la idea de que un
diccionario socio-jurídico, que revele el universo
conceptual de pueblos y comunidades originarias,
deberá contener experiencias de autonomía jurídica
narradas por los propios indígenas, como recomienda
González Casanova para el caso de ciertas regiones
de Chiapas: “La formación de conceptos en el frente
interno comprendió el desmenuzamiento y crítica
de los mitos y dogmas impuestos por la cultura y
la clase dominantes, y que ya habían sido interna-
lizados; comprendió también la articulación de los
proyectos y procesos de lucha cotidiana y de lucha
política, social, cultural, económica, y la superación
de los falsos conceptos que se abstraen y enfrentan
en alternativas excluyentes [.
..]”
33
En este artículo inicial se deja de lado la reflexión
sobre varias cuestiones, una de ellas es la crítica a
la teoría jurídica en que se fundan los diccionarios
consultados. Otro aspecto no tratado es por qué
la sociolinguística jurídica no está presente en la
investigación de pueblos originarios y cómo la an-
tropología jurídica aborda el problema del derecho
indígena. Tampoco hay un tratamiento más detenido
sobre el
calpul-li
, un estudio que se deja para una
etapa posterior, con el fin darle todo el énfasis que
merece.
En el siguiente apartado reseñaré brevemente
dónde se localiza Milpa Alta; asimismo, encaminaré
la reflexión socio-lingüística al presentar datos
empíricos básicos. Inmediatamente después, en
el tercer apartado, describo las dificultades que
median en la definición de términos jurídicos, para
entrar enseguida en el apartado IV a responder la
pregunta ¿qué entendemos por “diccionario”? En
el quinto apartado trato de los hallazgos sobre el
concepto
pueblo
en varios diccionarios jurídicos y
una enciclopedia jurídica en español. En el sexto
presento los resultados de una entrevista sostenida
con comuneros del Consejo de la Crónica de Milpa
Alta, quienes aportaron sus conocimientos sobre el
concepto
pueblo
. Finalmente, en el apartado VII,
dedico algunos párrafos a comentar la asociación
pueblo-
calpul-li
que se sugiere en el VI.
30
Paulo Freire,
Pedagogía del oprimido
, México, Siglo Veintiuno Editores, 1970, p. 102.
31
P. Freire,
Pedagogía de la autonomía
…,
op. cit
., p. 124.
32
Ibid
., p. 122.
33
Pablo González Casanova, “La formación de conceptos en los pueblos indios. El caso de Chiapas”, en
Nueva Sociedad
, núm. 154, marzo-
abril de 1998, pp. 42-57.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
20
Los 12 pueblos indígenas de Milpa Alta se localizan en
la delegación política del mismo nombre en el Distrito
Federal. Su historia antigua refiere la existencia, en
lo que hoy es su territorio, del señorío de Malacate-
ticpac o Malacachtepec Momuzco o Momozco (lugar
del oratorio en círculo en medio del cerro). La dele-
gación está enclavada en lo que, desde la perspectiva
ambientalista, se denomina Zona Rural del Distrito
Federal (
ZRDF
), y en su totalidad constituye una zona
de reserva ecológica de gran importancia, desde
varios puntos de vista esenciales para la vida de la
ciudad capital. El Centro Histórico de la ciudad de
México se localiza a unos 40 kilómetros de distancia.
Rodean a Milpa Alta varias demarcaciones políticas
de la capital y municipios del Estado de México y
Morelos.
La naturaleza montañosa de su territorio, el
clima extremoso y una infraestructura vehicular con
base en veredas y caminos de terracería desanimó
durante mucho tiempo la colonización acelerada de
Milpa Alta. Adicionalmente, la inclinación fuerte-
mente autonómica de sus habitantes favoreció la
conservación de su cultura, su lengua y su modo de
ser originario. Hasta hoy, cada pueblo se considera
a sí mismo como parte integrada al concepto de
región indígena.
A partir de 1950 la extracción maderera de Milpa
Alta estimuló la construcción de carreteras asfalta-
das, lo que permitió la expansión de la ciudad sobre
este territorio y el desplazamiento hacia la ciudad de
México de la actividad económica que anteriormente
se dirigía al estado de Morelos. Este proceso fue al-
terando en var ios puntos el aspec to netamente rural
de los pueblos; sin embargo, las actividades agrope-
cuarias continúan en uso, así como un complejo de
prácticas ceremoniales cívico-religiosas.
De 1950 a 2005 la población ha crecido acelera-
damente. Si a mediados del siglo
XX
se contabilizaban
18,212 habitantes, 55 años después el registró era de
115,895 individuos en toda la región.
34
Entre 1970 y
1980, en el despegue del neoliberalismo, la población
creció a más del doble; dinamismo que disminuyó un
poco en los diez años siguientes, aunque la tendencia
al rápido incremento poblacional siguió su curso.
Entre 1990 y 2005 el número fue un poco mayor a
52 mil residentes, incremento debido en gran parte
a la demanda de mano de obra para el cultivo del
nopal-verdura, a la industria de los condimentos y
al turismo de fin de semana. En consecuencia, Milpa
Alta fue constituyéndose, a la vera de la capital de
México, en un polo rural de atracción para nume-
rosas familias trabajadoras provenientes de otras
entidades federativas. Simultáneamente, en años
recientes se ha producido un fenómeno poblacional
nuevo: aparentemente, cierto número de familias ha
emigrado para residir de manera permanente fuera
de la región. Al respecto, las cifras oficiales capta-
das en 2005 sugieren que su población de cinco y
más años de edad ha disminuido en 10% entre 2000
y 2005. De entre este grupo se nota que 33 perso-
nas han salido de Milpa Alta para vivir en Estados
Unidos, siendo 16 del sexo femenino. A “otro país”,
únicamente emigraron 16 individuos, de los cuales
10 fueron mujeres.
Pese al progreso experimentado por Milpa Alta
en varios aspectos, la mayoría de la población per-
cibe ingresos que no van más allá de los dos salarios
mínimos. Ciertamente, hay familias comuneras que
han logrado un nivel de acumulación de riqueza
considerable, derivada de su actividad empresarial
y su empleo como profesionistas.
Respecto a los idiomas hablados en Milpa Alta,
Van Zantwijk informa, tras su estadía de estudio en
la región, que: “[.
..] en 1940 la mayoría de los mace-
hualtin todavía hizo constar su uso de la lengua au-
tóctona, como se hace concluir de la cifra de 64.3%.
34
Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática,
II Conteo de Población y Vivienda 2005. Cuaderno estadístico, delegación
Milpa Alta
, México,
INEGI
, 2006 y
XI Censo General de Población y Vivienda, 1990. Resultados definitivos
, México,
INEGI
, 1991.
Localización y socio-estadística de lenguas en Milpa Alta
Sociedad y política
21
El resto solamente indica a un 25% de la población
formado por transitivos y un 10% más de macehualtin
avergonzados [.
..] diez años más tarde la mayoría de
la población de 5 y más años de edad declaró hablar
español quedando como hablantes de náhuatl 27.9%
de Teomexicas y macehualtin conservadores.”
35
El
investigador también observa que los milpaltenses
usaban el náhuatl en los espacios domésticos; en los
públicos, el español. Zantwijk no menciona el habla
de otras lenguas indígenas en Milpa Alta, además
del mexicano.
Por su parte, Martínez Ruvalcaba
36
consigna, con
base en los datos de censos oficiales, que de las 18, 212
personas que habitaban la zona hacia 1950, 11,550 só-
lo hablaba español, 47 individuos únicamente alguna
lengua indígena y 4, 289 eran bilingües. La autora no
indica quiénes hablaban el idioma mexicano porque
posiblemente la estadística oficial no registraba este
fenómeno. Las cifras pueden haber sido sesgadas en
favor del español, debido a que en esos años muchos
individuos entrevistados ocultaban saber la lengua
nativa ante personas extrañas. Además, los resultados
gubernamentales procuraban ocultar el fracaso de las
políticas castellanizadoras. Por añadidura, quienes
dominaban el náhuatl posiblemente admitían esta
habilidad públicamente y quienes no lo hablaban con
fluidez prefirieron ocultar su insuficiencia. Un dato
más se puede agregar en relación con el último con-
teo del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e
Informática (
INEGI
): ante la pregunta ¿habla usted tal
o cual lengua?, la respuesta pudo haber sido “poco” o
“casi no”; mas ninguna de las dos contestaciones eran
precisas, porque la persona encuestada pudo tener en
mente no su grado de dominio sino la frecuencia de
conversaciones en su lengua nativa, sobre todo entre
las mujeres cuyo encierro en el hogar es una asignación
de género que se practica todavía muy a menudo. Pudo
ocurrir también que las mujeres no desearan aparecer
ante desconocidos como competidoras de los varones
y, por ello, declararon no saber bien o no hablar la
lengua autóctona. Hemos observado que, en ocasio-
nes, los hablantes de un idioma originario no conocen
cómo los especialistas llaman al mismo. En los últ imos
18 años de ascendente globalización el panorama de
idiomas hablados en Milpa Alta ha cambiado. El cuadro
1 muestra la diversidad lingüística registrada por el
INEGI
en dos años censales, 1990 y 2005.
Cuadro 1
Población de 5 y más que hablaba alguna lengua indígena
en Milpa Alta, 1990 y 2005
1990
2005
1
Chatino
2
Chinanteco de Lalana
3
Chocho
Chocho
4
Chol
5
Chontal de Oaxaca
6
Cuicateco
Cuicateco
7
Huasteco
Huasteco
8
Huave
9
Lenguas chinantecas
10
Lenguas mixtecas
11
Lenguas zapotecas
12
Matlatzinca
13
Maya
Maya
14
Mazahua
Mazahua
15
Mazateco
Mazateco
16
Mixe
Mixe
17
Mixteco
18
Náhuatl
Náhuatl
19
Otomí
Otomí
20
Popoloca
21
Popoluca
Popoluca
22
Purepecha
Purepecha
23
Tepehua
Tepehua
24
Tlapaneco
25
Totonaca
Totonaca
26
Triqui
Triqui
27
Tzeltal
28
Zapoteco
Total
18 lenguas
24 lenguas
35
Rudolf Van Zantwijk,
Los indígenas de Milpa Alta, herederos de los aztecas
, Amsterdam, Instituto Real de los Trópicos, 1960 (Sección de
Antropología Cultural y Física), p. 79.
36
María de Jesús Martínez Ruvalcaba,
El sistema de cargos y fiestas religiosas.
Tradición y cambio en Milpa Alta
, México,
UNAM
-
FCP
y
S
, 1987,
cuadro 3.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
22
Entre una columna y otra se notan diferencias. Una de
ellas es que en la primera aparecen el chinanteco de
Lalana, el mixteco y el zapoteco, que en la segunda
columna son incluidos en lenguas chinantecas; len-
guas mixtecas y lenguas zapotecas. Otra diferencia es
que cinco “nuevas lenguas”, que en conjunto forman
un universo de minorías muy pequeñas, aparecen
en el registro de 2005 y no fueron mencionadas en
el censo de 1990: el chatino, el chol, el huave, el
matlatzinca y el popoloca. El chontal de Oaxaca sí
aparece en 1990 pero no es específicamente inclui-
do como lengua distinguible entre las demás en el
registro de 2005.
En cuanto al volumen de los residentes en Milpa
Alta que en los años censales 1990 y 2005 hablaba
alguna lengua indígena, el cuadro 2 informa lo si-
guiente: han aumentado en números absolutos los
“hablantes de alguna lengua indígena de 5 y más
años” con respecto al total de pobladores. En 1990
fueron registradas 2,696 personas, en cambio en
2005 fueron 3,195; una y otra representaron, res-
pectivamente, 42.4 y 27.6%. El grupo de hablantes
de náhuatl ha perdido su fuerza original: en 1990
los nahuablantes representaron 3.1% de la población
total, en 2005 sólo 1.4 de cada cien pobladores lo
practicaba. Asimismo, los porcentajes de hablantes
de mexicano han disminuido con respecto a los ha-
blantes de alguna lengua indígena. Si en 1990 73.7%
de los que sabían alguna lengua indomexicana era
nahuablante, ya para el año 2005 este porcentaje
había disminuido a 49.8% (ver cuadro 2).
Cuadro 2
Población de 5 años y más que habla alguna lengua indígena en Milpa Alta, 1990 y 2005
(absoluto y relativo)
Población y años
1990
2005
%
%
%
%
Población total
63,654
100.0
115,895
100.0
Población que habla alguna lengua indígena
2,696
42.4-
100.0
3,195
27.6
100.0
Nahuablantes
1,988
3.1
73.7
1,590
1.4
49.8
Fuentes:
INEGI
,
XI Censo General de Población y Vivienda, 1990. Resultados definitivos
, 1990 y II
Conteo de Población y Vivienda 2005. Cuaderno estadístico,
Delegación Milpa Alta
, 2006.
Si bien es deseable profundizar en la descripción so-
bre el estado de las lenguas en Milpa Alta, es también
conveniente no perder de vista que la primera preocu-
pación de este artículo es subrayar las complejidades
que han de enfrentar quienes pretendan darse a la
tarea de escribir diccionarios socio-jurídicos para una
población con una alta diversidad de hablas como
la que existe en la región de estudio, la cual podría
aumentar en las décadas de 2010 a 2050.
Es verdad que la disminución del número de per-
sonas que dominan un idioma puede considerarse
como un síntoma del debilitamiento numérico de una
etnia, pero también se tiene que tomar en cuenta que
está en marcha un proceso de “indianización” de la
sociedad mexicana. La difusión de obras en lenguas
nativas, la insistencia acerca de la idea de diver-
sidad cultural, la promoción de expresiones de los
pueblos autóctonos por los gobiernos, las leyes que
garantizan el respeto hacia los derechos humanos de
los pueblos indígenas, son muestras de la creciente
influencia de lo indígena en la sociedad dominante.
Este movimiento es más activo en el Distrito Federal
que en otras partes de la República. Un diccionario
como el que propongo sin duda estimularía el interés
por conocer más las formas indígenas de v ida normal/
normada y de sus fundamentos jurídico-políticos.
Al respecto del movimiento de indigenización,
Sánchez-Noriega observa: “[.
..] en la época actual no
es requisito indispensable ser indígena para recibir
la vara de mando, sino que se le entrega a personas
que realizan obras importantes para beneficio de
alguna comunidad, lo cual implica que el servicio
Sociedad y política
23
que prestaron se reconoce de la misma forma que a
las autor idades tradicionales [.
..]”
37
Refiere la autora
que en Milpa Alta el subcomandante Marcos, un no
indígena de nacimiento, recibió de manos de las
autoridades milpaltenses el bastón de mando, en su
memorable visita en 2001 a esa región.
Dificultades en la definición de vocablos jurídicos
A decir de Stavenhagen,
38
uno de los problemas
jurídicos que enfrentan los pueblos y los juristas
comprometidos en hacer respetar las leyes que
benefician a pueblos, comunas, comunidades y na-
ciones indígenas es la falta de definiciones precisas
de términos de uso corriente entre los especialistas
en Derecho. El que fuera Relator Especial sobre la
situación de los derechos humanos y las libertades
fundamentales de los indígenas apunta: “No existe
una definición internacionalmente convenida de
pueblos indígenas”.
39
La palabra
pueblo
es proble-
mática pero existe también para el vocablo
indígena
.
En cuanto a este último, señala Stavenhagen, la pre-
sencia de una serie de condicionantes referidas a los
contextos a donde se pretende aplicar el concepto.
En otros casos, “pueden ser de uso común términos
locales de difícil traducción”. En algunos países se
reconoce la presencia de indígenas, pero “no existe
designación oficial alguna”; se da la situación en
que se niega la existencia de este tipo de grupos.
El sociólogo afirma que “En los últimos decenios se
han hecho más comunes las definiciones oficiales en
las legislaciones nacionales en materia de derechos
y cuestiones de los pueblos indígenas, mientras que
en otros casos existe esa legislación, pero sin una
definición oficial.”
40
Por su parte, el jurista López Bárcenas señala
que la palabra
pueblo
no ha sido definida, aunque
sí usada en el derecho internacional.
41
En la Carta
de las Naciones Unidas fue usada por primera vez al
equiparar el derecho de los pueblos a los de la nación
y Estado; las naciones son aludidas “como Estados
libres y soberanos, no sometidos al dominio de nin-
guna potencia extranjera, mientras que aquellos que
sufren la colonización los identifica como pueblos
[...]” que no pueden ser tratados de igual manera
que sus pares por carecer de soberanía. La soberanía
es uno de los elementos esenciales de los Estados
nacionales,
42
mientras que los pueblos pueden ser
soberanos si se liberan del colonialismo.
43
Una explicación sobre la complejidad de las
definiciones para los vocablos jurídicos es expuesta
acertadamente por González Casanova: “[.
..] todas
las culturas e ideologías viven la palabra que alude
y elude, que tiene un sentido directo y otro indirec-
to, uno denotativo e indicativo y otro connotativo
o adicional. Con el agravante de que la dualidad de
los conceptos profundos y los explícitos se da desde
distintas perspectivas culturales, ideológicas y teó-
ricas y desde distintas posiciones sociales y políticas
[...]”
44
Ante esta situación, ¿cómo es posible resolver
la cuestión de elaborar un diccionario socio-jurídico
para Milpa Alta, capaz de captar en una sola obra
las complejidades aludidas? Si de definir vocablos
socio-jurídicos en un diccionario se trata, tenemos
primeramente que preguntar: ¿qué es un diccionario?
Es el tema del siguiente apartado.
37
María de los Ángeles Sánchez-Noriega Armengol, “Otra democracia: la indígena”, en M. Singer Sochet,
op. cit
., pp. 177-204 (referencia,
pp. 189).
38
R. Stavenhagen,
op. cit
.
39
Ibid
., p. 36
40
Ibid
., p. 37.
41
Francisco López Bárcenas,
Autonomía y derechos indígenas en México
, México, Ediciones Coyoacán,/
UNAM
/
CEIICH
/, 2005, p. 22.
42
Idem
.
43
Idem
. Véanse los pormenores de estas leyes en el capitulo I de esta obra.
44
P. González Casanova, “Problemas conceptuales en ciencias sociales y ciencias del lenguaje…,
op. cit
., p. 145.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
24
¿Qué entendemos por “diccionario”?
La palabra
diccionario
(de
dicción
) que interesa para
fines de este artículo significa “libro en que, por or-
den comúnmente alfabético, se contienen y explican
todas las dicciones de uno o más idiomas o las de
una ciencia, facultad o materia determinada”.
45
Por
su parte,
dicción
que proviene de la palabra latina
dictio, -onis
, quiere decir: f. 1. Palabra 2. Manera de
hablar o escribir considerada como buena o mala
únicamente por el acertado o desacertado empleo de
las palabras y construcciones 3. Manera de pronun-
ciar.46 De lo anterior se desprende la observación
de que un diccionario es una lista de palabras que
cumple varios propósitos, pero excluye la idea de
que un diccionario aporta el conocimiento de sig-
nificados. Una versión más reciente de diccionario
de la lengua española
47
asienta: Diccionario. (Del
b. lat.
Dictionarium
) m. 1. Libro en que se recogen
y explican de forma ordenada voces de una o más
lenguas, de una ciencia o de una materia determi-
nada. 2. Catálogo numeroso de noticias importantes
de un mismo género, ordenado alfabéticamente.
Diccionario bibliográfico, biográfico, geográfico.
Más preciso resulta el
Diccionario Escolar Larousse
,
48
el cual expone lo siguiente: “Reunión, por orden
alfabético o ideológico, de todas las palabras de un
idioma o de una ciencia, seguidas de su definición o
de su traducción a otro idioma”. Respecto a
dicción
,
señala: “Modo de pronunciar”. Tanto en el
Diccionario
de la Lengua Española
de 1941, como en el
Larousse
,
se ofrece el tratamiento de “todas” las palabras de
un idioma, materia, ciencia o facultad, lo cual es,
desde cualquier punto de vista, imposible.
De lo anterior se desprenden las siguientes obser-
vaciones: no es posible que un sólo libro de este tipo
contenga todas las palabras en uno o más idiomas,
sencillamente porque el idioma es un ser vivo que se
está renovando constantemente. Día con día surgen
nuevas voces que responden a los cambios e inter-
cambios que se producen en las sociedades. No sólo
podemos explicar que los cambios en las estructuras
sociales son las responsables de la transformación de
la lengua. También los estados de ánimo temporales,
la cultura, cambian y se crean innovaciones en el
léxico
, entendido este término como “el conjunto de
las palabras de una lengua”.
49
En relación con la posibilidad de que un diccio-
nario explique las palabras que contiene, se puede
decir que esta pretensión es demasiado amplia y
vaga. Las palabras pueden ser explicadas, como ha
señalado González Casanova,
50
desde innumerables
puntos de vista: histórico, etimológico, estructural,
etcétera, si por
explicar
entendemos decir el por qué
de algo. Los diccionarios comunes generalmente no
explican sino que exponen las notas o rasgos que
caracterizan a una palabra que tiene significación
determinada para cierta cultura, en un espacio y
tiempo dados. El diccionario describe, pero no ex-
plica. Esta última función de explicar constituye el
trabajo propiamente del especialista, quien ha de
revisar las palabras para posteriormente convertirlas
en conceptos asociados a un marco problemático y
a un cierto contexto. Esta es la tarea propiamente
del diccionario enciclopédico.
Finalmente, hay que reconocer que los diccio-
narios generales y convencionales no se proponen
explícitamente abastecer un conjunto de palabras
para que los lectores adviertan su interconexión en
extensión y profundidad. Esta colección de vocablos
es un
agregado
útil pero insuficiente, porque cumple
con la tarea de informar, unificando criterios en un
sentido unidimensional.
45
Real Academia de la Lengua Española,
Diccionario de la lengua española
, México, Talleres de Publicaciones Herrerías, 1941.
46
Idem.
47
Idem
.
48
Ramón García-Pelayo y Gross,
Diccionario Escolar
, México, Larousse, 1987.
49
Idem
.
50
P. González Casanova, “Problemas conceptuales en ciencias sociales y ciencias del lenguaje…,
op. cit.
Sociedad y política
25
¿Cómo pueden los diccionarios convencionales dar
una idea acerca de los estados de ánimo colectivos a
través de las palabras? Tal vez esto es algo que no pue-
den lograr. Entendemos que las colectividades usan el
lenguaje para comunicar aspec tos de la v ida cot idiana
que les permiten satisfacer necesidades materiales y
espir ituales en estados “normales”, donde pr iva más o
menos la seriedad. Pero simultáneamente, las colec-
tividades juegan también con el lenguaje, inventando
palabras, por ejemplo, para divertirse e, incluso, para
incitar al escarnio de los dueños del dinero, por medio
del sarcasmo, que puede llegar a ser cruel. El lenguaje
es utilizado lúdicamente para recrear situaciones y
estados de ánimo y también para desahogar tensiones
de manera “chistosa”, que de otro modo llegarían a la
agresión y a enfrentamientos físicos. Pero también un
diccionario podría, si sus autores se lo propusieran,
expresar el sufrimiento de un grupo humano que vive
en guerra. Una palabra empleada en tiempos de paz
no significa lo mismo en tiempos de matanza. El len-
guaje contenido en los diccionarios convencionales
tiene, en su conjunto, un sentido estatizador, unívoco.
Difícilmente puede dar cuenta de la vida social en su
perpetuo dinamismo y complejidad. ¿Podemos aspirar
a crear otro tipo de diccionario?
El problema de elaborar diccionarios socio-jurí-
dicos se complica al considerar que si el presente es
importante en la definición de términos, el pasado
lo puede ser aún más. El historiador Altamira es
autor del
Diccionario castellano de palabras jurídicas
y técnicas tomadas de la legislación indiana
, obra
lexicológica con palabras tomadas de las leyes de
Indias “y de los juristas de materia indiana” que no
incluye el
Diccionario de la Real Academia Española.
Expone palabras que en los siglos
XVI
a
XVIII
tuvieron
en “nuestros dominios de América y Oceanía, y en la
administración colonial en la metrópoli” un uso y una
acepción que varió tiempo después.
51
Es interesante
señalar que la palabra pueblo no fue usada en singular
por el gobierno español en sus documentos oficiales,
sino fue empleada únicamente en plural y antecedida
por el artículo “el”. Sólo se empleó para describir
ciertas circunstancias. Ejemplos de definición del
término
pueblo
, señalados por Altamira, son: a) “el
pueblo, nación española, gobernados en el régimen
político existente” y b) “El pueblo, Nación, conjun-
to de los habitantes de una república, monarquía,
etcétera”.
52
Altamira menciona el uso de la palabra
pueblos
para establecer el régimen de propiedad y
gobierno en sus colonias: “Hemos entendido que en el
repartimiento sorteado por barrios y parcialidades de
los Pueblos [de Indios] exceden los caciques […]”
53
Ya en 1921 Casares notó los problemas de la de-
finición al señalar que un diccionario no es sólo un
listado metódicamente ordenado de palabras que
reflejan un minucioso y arduo trabajo de compilación,
clasificación y reflexión lexicológicamente acertado,
sino que es más que eso, presenta “el caudal léxico del
idioma, convertirlo en riqueza fértil procurando que
cada nueva palabra definida sea, no sólo un artículo
más que va sepultarse en las páginas de un infolio,
sino una realidad viviente incorporada al comercio
de las ideas y a los medios de comunicación del pen-
samiento [.
..]”
54
En defensa de los diccionarios, en
especial de los histórico-jurídicos, el autor afirma:
[...] debemos todos evitar que caigan en la zona del
olvido absoluto las palabras que hoy día nadie usa
[...] por ignorar su ex istenc ia, y que, sin embargo, con
un poco de atención, es posible encontrar a granel,
no sólo en la literatura legislativa, sino (más de lo
que se puede pensar) en los antiguos Diccionarios
o Bibliotecas de Legislación; en los breves ensayos,
que a veces se hicieron, de los de Historia del dere-
cho: en los de arquitectura naval y militar; en los de
agricultura, etcétera [.
..]
55
51
Rafael Altamira,
Diccionario castellano de palabras jurídicas y técnicas tomadas de la legislación indiana
, México, Instituto Panamericano
de Geografía e Historia, 1951.
52
Ibid
., pp. 120-122.
53
Ibid
., pp. 34-35.
54
Julio Casares,
Diccionario ideológico de la lengua española. Desde la idea a la palabra, desde la palabra a la idea
, Barcelona, Gustavo Gili,
1975.
55
R. Altamira,
op. cit
., p. xvi.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
26
Lo anteriormente expuesto sugiere que el término
pueblo fue soslayado en el lenguaje jurídico del
colonialismo español, en virtud de su adopción
extensiva por los pueblos indígenas en resistencia.
Posiblemente decir pueblo era decir indígena y decir
indígena era decir conspiración, subversión, resis-
tencia, revolución. Esta restricción en su uso está
presente en el Ar t ículo 27 de la Const itución Polít ica
de los Estados Unidos Mexicanos de 1917
56
que nos
rige hasta hoy. El término pueblos está escrito sólo
dos veces, en referencia a disposiciones territoriales
publicadas en 1856 y 1876. Es marcado el reemplazo
de este término por vocablos que se han tomado como
“equivalentes”, “intercambiables”, sin serlo. Es claro
que la reforma agraria tuvo que establecer una termi-
nología apropiada de acuerdo con las circunstancias,
pero es notoria la omisión del vocablo
pueblo/s
, fren-
te al uso reiterado de “núcleos”, “centros”, “terrenos”,
“ejidos”, “comunidades”, “asentamientos”, “ejidal”,
57
en la mayoría de los casos como sustitutos del térmi-
no que nos ocupa (
vid. infra
). Así, el concepto
pueblos
indígenas
está totalmente ausente en la Const itución
de 1917, omisión que trata ampliamente, junto con
sus consecuencias, López Bárcenas.
58
Fue hasta 2007
que en la Carta Magna apareció el término pueblos
y comunidades indígenas, sobre los cuales comenta
el autor. ¿Cómo definen los diccionarios jurídicos en
español, que son consultados por una variedad de
estudiosos, el vocablo
pueblo
? es el tema del apar-
tado a continuación.
El término
pueblo
en diccionarios jurídicos
Aunque difícil de creer, no todos los diccionarios
especializados en ciencias jurídicas registran este
término. Como ejemplos, tenemos al
Diccionario de
términos jurídicos
de Martínez Martín
59
; el
Dicciona-
rio de términos jurídicos
de Villa-Real Molina y Del
Arco Torres;
60
el
Diccionario jurídic
o de Valetta;
61
el
Diccionario razonado de legislación y jurisprudencia
mexicanas, I
de Lozano
62
y el
Diccionario práctico de
derecho
de Chávez Castillo.
63
Algunos otros, registran el término
pueblo
desde
el punto de vista geodemográfico:
a) Población pequeña / Conjunto de personas de un
lugar, región o país / Tercera categoría que una
población puede tener por su número de habitan-
tes, importancia y extensión. Sigue en su orden
a la villa y es superior inmediata a la ranchería.
Por esta razón hubo necesidad de cambiar en la
legislación agraria el término de pueblos por el
de núcleo de población que puede tener derecho
a solicitar tierras si está constituido con 20 o más
campesinos sin recursos económicos.
64
b) Población con pocos habitantes / Ciudad, poblado,
pueblo/ Habitantes de un territorio/ gente.
65
c) Población de un lugar, territorio o región.
66
d) En una acepción equivalente a población, ciudad,
villa o lugar / También conjunto de personas que
componen un pueblo o provincia.
67
56
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917
, en
Leyes fundamentales de México, 1808-1999
, México, Porrúa, 1999, pp.
825-833.
57
Ibid
, p. 34.
58
F. López Bárcenas,
op. cit
.
59
Juan Martínez Marín (dir.),
Diccionario de términos jurídicos
, Granada, Comares, 1995.
60
Ricardo Villa-Real Molina y Miguel Ángel del Arco Torres,
Diccionario de términos jurídicos
, Granada, Comares, 1999.
61
María Laura Valletta,
Diccionario jurídico
, Buenos Aires, Valletta Ediciones, 2004.
62
Antonio de Lozano J.,
Diccionario razonado de legislación y jurisprudencia mexicanas, I,
México, J. Ballesca Editores, 1905.
63
Raúl Chávez Castillo,
Diccionario práctico de derecho
, México, Editorial Porrúa, 2005.
64
Antonio Luna Arroyo y Luis G. Alcerreca,
Diccionario de derecho agrario mexicano
, México, Porrúa, 1982, p. 699.
65
Guillermo Cabanellas de Torres,
Diccionario jurídico elemental,
Buenos Aires, Heliasta, 1988, p. 265.
66
Rogelio Moreno Rodríguez,
Diccionario jurídico: economía, sociología, política, ecología
, Buenos Aires, Fondo Editorial de Derecho y
Economía, 1998, pp. 583-584.
67
Manuel Ossorio,
Diccionario de ciencias jurídicas, políticas y sociales,
Buenos Aires, Heliasta, 1996, p. 821.
Sociedad y política
27
e) I. (Del latín
populus.
) pueblo como ciudad o villa /
II. En geografía política, “pueblo” se refiere a un
centro de población de pequeñas dimensiones. En
la legislación indiana (Ordenanzas de Población
de 1573 de Felipe II, cc. 38 y 43) se mandaba a los
descubridores elegir “sitios para fundar pueblos
y cabeceras”, y determinaba las características
de este tipo de poblaciones, señalando incluso
las medidas de plazas y calles. En virtud del uso
predominantemente coloquial de “pueblo” en
esta acepción, no existe un criterio uniforme para
aplicarlo a un determinado centro de población, y
en muchas ocasiones tal denominación no tiene
importancia práctica. Los criterios que sirven
para considerar a un centro de población como
pueblo se encuentran en las leyes orgánicas mu-
nicipales de las entidades federativas y atienden
principalmente al número de habitantes y, en
algunos estados, a los servicios con que cuenta
la población. Es necesaria una declaración de la
legislatura estatal para que un centro de pobla-
ción adquiera la categoría política de pueblo /
III. En cuanto el término “pueblo” se refiere al
conjunto de habitantes de un territorio, alude al
sentido, más propio, de población.
68
f) En una acepción equivalente a
población
, ciudad,
villa o lugar / También conjunto de personas que
componen un pueblo o provincia.
69
g) “[.
..] Los legisladores de Indias no usaron nunca
esta palabra [.
..] para designar jurídicamente
una jerarquía municipal o simplemente un grupo
de vecinos de inferior categoría las Ciudades y
las Villas [.
..]”. La palabra se usó en plural para
referirse a los vecindarios de cierta clase. “[.
..]
La mayoría de las veces, designaron con ella los
vecindarios de Indios [.
..]”
70
Otros más entienden el término en su significado de
“nación”:
a) Nación.
71
b) Conjunto de personas que componen una na-
ción.
72
c) Elemento personal del Estado constituido por
quienes deben ser considerados como naciona-
les.
73
d) Desde una perspectiva sociológica, “pueblo” se
identifica con “nación”, esto es, el conjunto de
seres humanos unidos por un sentimiento de
pertenencia nacional. Este sentimiento se fun-
da en una pluralidad de factores; entre los más
significativos se encuentran la afinidad racial,
la comunidad de cultura –en especial lengua y
religión– y la comunidad de destino político. En
el artículo 27 constitucional, la nación, en cuanto
titular de la propiedad originaria, es en realidad
el Estado Mexicano [.
..] los conceptos de pueblo
y nación han adquirido, con el tiempo, una fuerte
carga ideológica, la cual no permite establecer una
llana identificación entre ellos, y que ha llegado
incluso a darles un sentido opuesto.
En cuanto a su sentido jurídico-político, laboral,
racial y de opresión económica,
pueblo
se halla
consignado como:
a) Gente pobre o humilde / Masa de trabajadores /
Vulgo / Raza / gente.
74
b) (Política) La gente común, que no tiene
poder
de
decisión en un determinado lugar o país,
75
c) Gente común y humilde de una población.
76
d) Pueblo como unidad titular de la soberanía y como
elemento constitutivo del Estado.
77
Finalmente, queda registrado el término desde la
perspectiva de la teoría del Estado:
68
Instituto de Investigaciones Jurídicas,
Enciclopedia jurídica mexicana
, vol. V, Editorial Porrúa/
UNAM
-
IIJ
, pp. 916-918.
69
M. Ossorio,
op. cit
., p.821.
70
R. Altamira,
op. cit
., p. 261.
71
G. Cabanellas de Torres,
op. cit
., p. 265.
72
M. Ossorio,
op. cit
., p. 821.
73
Rafael de Pina Vara,
Diccionario de derecho
, 31a. edición, México, Editorial Porrúa, 2003, p. 395.
74
G. Cabanellas de Torres,
op. cit
., p. 265.
75
R. Moreno Rodríguez,
op. cit
., pp. 583-584.
76
M. Ossorio,
op. cit.
, p. 821.
77
Instituto de Investigaciones Jurídicas,
op. cit
., p. 916.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
28
a) La ciudadanía o la sociedad, en oposición al Es-
tado.
78
b) El concepto sociológico de pueblo no coincide con
el de pueblo sometido al poder del Estado. Esta
situación da origen, precisamente, al problema
de las minorías nacionales. Los autores de la ficha
V presentan el concepto pueblo desde diversas
perspectivas teóricas: Rousseau, Locke, Jellinek
y Kelsen, y aportan una bibliografía básica para
el estudio del particular.
79
El concepto
pueblo
según comuneros de El Consejo de la Crónica
de Milpa Alta, A. C.
80
¿Qué quiere decir según ustedes la palabra
pueblo
?,
fue la pregunta que formulé recientemente a un gru-
po de comuneros de El Consejo de la Crónica de Milpa
Alta, A. C., reunidos en sesión ordinaria en el Cuartel
Zapatista en San Pablo Oztotepec. Todas las personas
coincidieron en que “la palabra
pueblo
en náhuatl
tiene una traducción al español que es
barrio
. Es la
palabra que más se aproxima al concepto nahua de
calpul-li
, que es un conjunto de familias y se distingue
en que cada familia y conjunto de familias se dedica
preferentemente a una actividad que le distingue de
los demás
calpoltin
(plural de
calpul-li
). Cada familia
está caracterizada por ser partícipe en un oficio, cada
persona lo desarrolla de acuerdo con sus intereses
y posibilidades de satisfacer necesidades. En Milpa
Alta ha habido el
calpul-li
de los petateros: dentro de
estas familias alguien se propone hacer petates para
dormir, otra se especializará en hacerlos pequeños
o grandes para usos diversos. Dentro del
calpul-li
de
los canasteros habrá diversas especialidades; junto
y cerca los silleros harán su producto del mismo
modo, atendiendo a la especialidad. En Milpa Alta
han habido calpoltin de leñeros y carboneros, que
eran las familias de San Salvador Cuauhtenco; las
familias de Atocpan eran pulqueras, las del barrio
de San Juan raiceros, pero su mayor especialidad era
la producción de escobetas; los del barrio de San
Miguel eran raiceros también, pero producían unas
escobetas de raíz negra, más baratas, a diferencia de
las de raíz blanca, más caras. De entre estas familias
había individuos que se especializaban en el comer-
cio, compraban las escobetas y las revendían en el
mercado de La Merced en la ciudad de México.
También había tejamanileros, como don Herlindo
de Cuauhtenco. Con el tejamanil se hacían los techos
de las casas, unos eran de oyamel otros de ocote.
Una persona se dedicaba al ixtle para hacer ayates
y estropajos, también se hacían cuerdas (mecates).
San Pedro Atocpan era escobero y también pintaban
el plumero. Además estaban los canteros, ixtleros y
ocoteros; los ayateros eran de Santa Ana. El campo
de Xicomulco no se especializó sino posteriormente,
en la ganadería. Eran básicamente agricultores. Los
matrimonios se efectuaban con personas de otros
calpoltin y ahí las mujeres y los hombres aprendían
la especialidad de la persona con quien se casa-
ban.
81
“En el
calpul-li
se pueden distinguir espacios
asociados (
calalco
). Uno de los espacios asociados
78
G. Cabanellas de Torres,
op. cit
., p. 265.
79
Instituto de Investigaciones Jurídicas,
op. cit
., pp. 916-918.
80
Estuvieron presentes en esta reunión las siguientes personas: Adán Caldiño Paz y su esposa, Esther Mérida González e hija y Esther
Caldiño de San Salvador Cuauhtenco; Manuel Garcés Jiménez (presidente del Consejo de la Crónica de Milpa Alta) de San Antonio Tecomitl;
Gilberto Lozada Ortiz y su esposa, María Luisa Rojas y Eugenio Raúl Ramírez Retana de San Salvador Cuauhtenco; Pascual Gallegos Palma de
San Pablo Oztotepec y Abelardo Jurado Jiménez de San Bartolomé Xicomulco.
81
Uribe Villegas nota el carácter exogámico que prevalece en Milpa Alta, en cuyo seno se realiza el intercambio de destrezas. Asimismo,
advierte que la definición de
calpul-li
se expande por efecto de considerar que su constitución productiva-comercial posee el interés de
satisfacer necesidades, no de obtener lucro (comunicación personal). Ciertamente, en la esfera interfamiliar e intercomunal, los especia-
listas en oficios artesanales se involucran en actividades no dicotomizadas, por lo que su conjunto no constituye una
división social del
trabajo
, como en el capitalismo. Las actividades económicas son complementarias e integradoras del común. (Conversación personal con
el investigador).
Sociedad y política
29
dentro del
calpul-li
era el pedacito de tierra junto a
la casa, en español llamado traspatio, se usa para
siembra.”
Terminada la exposición, pregunté: ¿cómo se
relacionan la palabra
calpul-li
con la palabra altepetl?
Me contestaron:
[…] en español el
altepetl
se traduce como pueblo,
pero debiera
82
ser
altepetlalli
, que quiere decir donde
hay agua, cerro y tierra, es un conglomerado de estos
componentes.
Altepetl
es el concepto más cercano
a pueblo. Decimos
altepetl
de Xicomulco, el
altepetl
de Oztotepec, etcétera. Dentro de Milpa Alta hay
altepeme
, que es una palabra plural de
altepetl
. Se
podría decir el
altepetl
de Tenochtitlan, pero más
bien era un
hueialtepetl
. Otro espacio asociado era el
altepetl
de los tepalcates con usos rituales. En este
espacio llamado
tepalcatlalpan
se sepultaban todos
los fragmentos de utensilios destruidos con motivo
de la fiesta del Fuego Nuevo [.
..] En el templo Mayor se
prendía el Fuego Nuevo y de ahí tomaban fuego todos
los barrios de la Gran Tenochtitlán, que lo repartían
a su vez entre las casas para que transcurrieran otros
52 años. En Milpa Alta unas gentes a otras dentro de
su calpulli se regalaban brasas,
83
con las cuales se
prendía el fuego para el tlecuil. Las mejores brasas
provenían de árboles del Huizachtepetl y del Citlal-
tepetl […]
Altepetl
asocia tierra y agua, pero [.
..] en Milpa
Alta no hay agua,
atl
[...] por tanto, no se puede dec ir
que es un
altepetlalli
clásico, porque implica agua y
tierra [.
..] cerro [.
..].
84
Instantes después de estas reflexiones, el profesor
“Pascualito” señaló que en Atlimeya sí había y hay
agua: “Cerca de Chalmita hay una cueva y ahí hay
agua, por los alrededores de la secundaria. Los prime-
ros habitantes de San Pablo Oztotepec encontraron
esa cueva en un cerrito al cual convirtieron en centro
ceremonial que tenía su
momoztle
(adoratorio, altar),
ahí la gente oraba al sol, por eso Oztotepec se llama
Cerro de la Cueva. Se entraba a la cueva, se llegaba
al
momoztle
y más adentro se llegaba al Cristo.”
85
El profesor Eugenio, a su vez, recordó que cerca
de esa cueva pasaba el camino real:
Mi madre nos decía que no nos metiéramos a la cueva,
nosotros cuando chamacos íbamos a arrojar piedras
y huíamos. Otra cueva está por la Miguel Hidalgo.
Hacia 1948-1950, los de Morelos traían ofrendas a esa
cueva para que el aire no les tirara las flores de los
árboles que debían dar fruto. Venían desde San José
de los Laureles, pueblito antes de Tlayacapan, está
después de Talnepantla. Tlamacax tli llevaba el ícono a
la cueva, Chalmita es un
huehueteoc
más pequeño. Si
hubo agua, fue la excepción [.
..] Se dice que atrás de
la iglesia de Chalmita hay agua bajo una piedra, esa
es la leyenda. También se dice que frente a la iglesia
de San Salvador Cuauhtenco hay agua porque crecía
tulillo durante todo el año [.
..]
86
Por su parte, el profesor Abelardo añadió:
San Bartolomé Xicomulco no tiene barrancas, pero
tiene muchas joyitas [.
..] Por el panteón de Dolores
había un resumidero con mucha agua que salía hasta
Santa Cruz Acalpixca. Tlamacantongo era una parte
donde tal vez el suelo era de arena o algo así y por
ahí se filtraba el agua que luego salía lejos allá abajo.
Esa era una coladera por la que se echaron dos pacas
de paja y fueron a salir al otro lado. El agua baja por
las barrancas y luego por Malacach y luego pasa a la
altura de la joya de Xicomulco haciendo gran ruido.
Por la barranca de Huitlaco sale el agua al panteón
de Santa Cruz Acalpixca [.
..]
87
82
Uribe Villegas observa cómo el exponente “siente la necesidad de devolver a los términos su originaria complejidad”. (
Ibid
.).
83
Oscar Uribe Villegas comenta que las familias “se donan” fuego (comunicación personal). Las brasas-regalo son entonces dones colec-
tivos, regalos de calor-amistad solidaria, sagrada, sostén del bien común total en el
calpul-li
.
84
Afirmaciones de Pascual Gallegos Palma de San Pablo Oztotepec.
85
Ibid
.
86
Testimonio de Eugenio Raúl Ramírez Retana de San Salvador Cuauhtenco.
87
Narración de Abelardo Jurado Jiménez de San Bartolomé Xicomulco.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
30
Lo anteriormente expresado expone una defi-
nición del término
pueblo
que es por demás ajena
a las descripciones contenidas en los diccionarios
jurídicos reseñados en el apartado anterior. Una
subsiguiente reflexión es que la definición de
pueblo=barrio=
calpul-li
posee un referente ancestral
que es negado por las teorías jurídicas de corte po-
sitivista y neopositivista. Enseguida, la reflexión se
encamina a indagar qué asociación hay entre pueblo
y
calpul-li
.
Asociación pueblo-
calpul-li
1. Rémi Siméon,
88
incluye
calpolli
o
calpulli
, como
sustantivo aumentativo que viene de
calli
:
89
a) Casa
grande, vasta sala. b) Barrio, suburbio, aldea, po-
blado, distrito. Tanto en una como en otra acepción,
resalta la ausencia explícita del elemento
linaje-
familia
, que le atribuyen los actuales comuneros de
Milpa Alta entrevistados. Sólo
calli-calpul-li=casa
sugiere el lugar donde uno reside, se arraiga, hogar,
sitio de nuestros padres, lugar muy grande donde
encuentra su expansión la persona social.
90
Por su parte, Aguirre Beltrán define al
calpul-li
91
mediante rasgos que coinciden con la visión de los
comuneros: “[.
..] las más de las veces están formados
por la unión de un número variable de caseríos o
linajes, a su vez compuestos por la congregación de
grupos domésticos o familias extensas. Estos grupos
domésticos son las unidades socioeconómicas meno-
res de la comunidad y, en consecuencia, las que poseen
concretamente los derechos y obligaciones para con
la tierra, los bosques, los pastos y las aguas […]”
2. A su vez, De Molina
92
aporta un vocablo náhuatl
que traduce como
pueblo
, el cual permite explorar
otras posibilidades de definición. Registra la palabra
altepetl=pueblo de todos juntamente
93
que da la idea
de un grupo humano compacto, como el que tienen
en mente los entrevistados y que existe hoy día en
Milpa Alta, formando una unidad en el junto y cerca,
del que se ha hablado en páginas anteriores. Este
autor, a diferencia de Siméon, no registra la palabra
calpul-li
.
3. Siméon incluye también la palabra
altepetlalli
:
a) Tierra, en general tierra habitada.
b) Tierra situada en medio del agua, isla.
c) Bienes de la ciudad.
El vocablo
altepetlalli
, tal como nos lo ofrece Siméon,
alude a tres aspectos y tal vez a diferentes momentos
históricos anteriores e inmediatamente posteriores
a la conquista española: 1) al territorio y sus ha-
bitantes, 2) al territorio y a su entorno, alude con
toda probabilidad a los asentamientos humanos que
ocurrieron en islas en medio de lagos o lagunas, como
fueron el tenochca y el chalca, que estuvieron más
directamente relacionados con Milpa Alta en tiempos
prehispánicos y 3) refiere a la ciudad, ¿Tenochtitlán?,
¿cualquier ciudad mesoamericana?
94
En el curso de su disertación, los entrevistados
milpaltenses notaron que la traducción inicial de
altepetl-altepetlalli
, que asocia tierra y agua, no co-
rresponde estrictamente a la realidad de Milpa Alta:
“[.
..] en Milpa Alta no hay agua, atl [.
..] por tanto, no
se puede decir que es un
altepetlalli
clásico, porque
el clásico implica agua y tierra [.
..] cerro [.
..]” (
vid
supra
). Al respec to de la reproducción de significados
en lenguas indígenas, González Casanova observa
88
R. Siméon, citado por G. Aguirre Beltrán,
op. cit.,
p. 232.
89
R. Siméon,
op. cit
., pp 62-63.
90
Uribe Villegas define calpul-li como “lo no simple sino complejo y más que jurídico-formal, comunicatio, consuetudinario”. (Conversación
personal con el investigador).
91
G. Aguirre Beltrán,
op. cit
., p. 97.
92
A. de Molina,
op. cit
.
93
Ibid
., p. 99.
94
R. Siméon,
op. cit
.
Sociedad y política
31
que existe una cultura de sometimiento y resis-
tencia, anclada a tradiciones y lenguajes de origen
precolonial y colonial que, mediante la reflexión
dialéctica, puede llevar a eliminar la mitificación
de los conceptos.
95
En efecto, en la serranía Chichinautzin, asiento
de los pueblos de Milpa Alta, la disponibilidad con-
tinua de agua en abundancia es estacional. Ayer
como hoy, el agua ha sido un elemento escaso en la
vida cotidiana, así, ciertos vocablos en náhuatl de
uso común pueden no corresponder estrictamente a
la realidad de los milpaltenses. Tenochcas y chalcas
sí podían hablar de tierra-agua=
altepetlalli
pero
los milpaltense no y de ello se han percatado. En el
discurso presentado líneas arriba notan la deficiente
correspondencia entre la palabra heredada y su sig-
nificado real. Una se arraiga a una realidad lacustre,
mientras que la otra surge de una reflexión viva, en
colectivo y actual anclada a un paisaje elevado y
seco. Una ha sido posiblemente impuesta por el ex-
pansionismo tenochca o chalca; la otra es resultado
de una deliberación crítica, que les lleva a descubrir
su especificidad, a reconsiderar el significado.
4. Siméon añade la palabra
tepetl
en su sentido
de a) Montaña y b) País, localidad.
96
En este sentido,
los entrevistados reconocen que tepetl refleja más
fielmente la condición de Milpa Alta por su acepción
“montaña”, “cerro”. De esta consideración topográ-
fica deriva una secuencia reflexiva que se traduce en
conocimientos sobre varias cuestiones. Mencionan
la cueva convertida “en centro ceremonial que tenía
su
momoztle
, ahí la gente oraba al sol, por eso Oz-
totepec se llama Cerro de la Cueva”. Del culto al sol
en la cueva la recordación pasa a localizar el camino
real cercano; cómo entraban ofrendas a una cueva
sagrada “para que el aire no les tirara las flores a los
árboles que debían dar fruto”. Al aludir al aire, surge
en la memoria colectiva ancestral Ehecatl y la pere-
grinación: “Venían desde San José de los Laureles, un
pueblito antes de Tlayacapan” en Morelos. Dan cuenta
también de uno de los métodos de experimentación
para descubrir el curso de los ríos subterráneos.
Conclusiones
¿Estarían los pueblos indígenas en mejores con-
diciones para autodefenderse de sus opresores si
dispusieran de diccionarios socio-jurídicos bilingües
o multilingües en sus propias lenguas y en español?
La respuesta es sí. Es indispensable formar grupos
multidisciplinarios dedicados a producir y difundir
este tipo de herramientas especializadas que tanta
falta hacen, para reafirmar el derecho de los pueblos
indígenas a su identidad y autonomía. La investiga-
ción debe incluir un trabajo de campo acucioso, en el
que participen esencial y ampliamente los defensores
mismos de los pueblos indígenas y comunidades,
haciendo posible de esa manera el desarrollo de un
instrumental de consulta que abarque el pensamiento
complejo, crítico, histórico-político-multicultural
y de género, presente en sus realidades cotidianas.
Estos diccionarios deben poseer el enfoque correcto,
ser fieles reflejos del pensamiento, la
praxis
y el sen-
tir, la mentalidad normal-normante de los pueblos
indígenas. Deben exponer claramente las teorías
jurídicas comuneras, de manera que puedan producir
simultáneamente un contrapeso a las teor ías funcio-
nalistas que sostienen al Derecho hegemónico.
No hay razón para no escribir todos los dicciona-
rios socio-jurídicos que se necesiten para iluminar
los caminos de resistencia indígena por medio de
“diccionarios políglotas de términos peligrosos,
subversivos y liberadores en lenguas nativas”. La
antropología ha demostrado, a través de muchos
estudios, que en México el
calpul-li
vive,
97
habita en
95
P. González Casanova, “La formación de conceptos en los pueblos indios”…
op. cit.
96
R. Siméon,
op. cit
., p. 496.
97
Vid
. T. Valdivia Dounce,
op. cit.
De más reciente factura es la obra de E. Cruz Rueda,
op. cit.
Además, es abundante la producción an-
tropológica que puede ser consultada sobre el desarrollo, la recomposición y resistencia de esta ancestral institución indígena que es el
calpul-li
.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
32
la memoria, en el sentimiento y en las prácticas jurí-
dicas comuneras en metrópolis, ciudades y en cientos
de poblados, pueblos y comunidades indígenas en
resistencia cotidiana. La antropología y la sociología,
la historia y la filosofía, el derecho comunero y la
geografía política, tienen que unir esfuerzos para
transformar las palabras y vocablos en categorías
y conceptos propios de las realidades diferentes
que presentan los pueblos indígenas. Las diversas
especialidades socio-históricas exigen plantearse
el problema de ya no traducir, sino de definir cien-
tíficamente los términos de las realidades que crean
las historias generales y particulares, y viceversa,
para integrarlas dialécticamente. Asimismo, deben
proponerse descifrar la realidad con conceptos aún
no nombrados, no notados, en embrión, en proceso
de consolidación, en su paso hacia el olvido; deben
descubrir los términos negados por los intereses lu-
crativos. Tenemos que responder científicamente an-
te el problema del racismo, el urbano-hegemonismo
y del exclusivismo de las instituciones coloniales y
neocoloniales que oprimen y retrasan el progreso de
toda la sociedad.
Para el caso específico de Milpa Alta, considero
que un diccionario socio-jurídico bilingüe deberá
estar escrito cuando menos en español-náhuatl
en una primera etapa, para luego ir añadiendo los
demás idiomas indígenas que recientemente se han
ido incorporando. Los conteos del INEGI sobre las
lenguas indígenas de la zona demandan una revisión
y reelaboración meticulosa para evitar confusiones
y omisiones. Además, requieren de personal experto
en lenguas indígenas que sea capaz de elaborar las
cédulas de entrevista de manera muy cuidadosa. Es
prioritario preparar encuestadores que hablen los
idiomas indígenas que existen en la región con el fin
de aportar datos sobre la complejidad lingüística de
la región bajo estudio.
Un diccionario español-náhuatl, con miras a
incorporar otros idiomas, seguramente alentará a
otras minorías lingüísticas a obtener sus dicciona-
rios socio-jurídicos propios. No sólo eso, sino que
convocará a los científicos sociales de todas las espe-
cialidades a contribuir al desarrollo de herramientas
de consulta tan necesarias.
Recibido el 23 de febrero del 2009
Aceptado el 7 de octubre del 2009
Sociedad y política
33
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