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Presentación
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Presentación
O
Presentación
¿
Podremos, como sociedad, género y especie, vivir algún día mejor, mucho
mejor? ¿Es viable la visión epigráfica del profeta, del pastor y del poeta?
¿Acaso la historia, si llega a enseñar algo, es lo contrario? ¿Que las diferen-
cias entre los seres humanos, los rasgos nacionales, las identidades primigenias,
los géneros en disputa, las gobernanzas desequilibradas, las democracias en
figurillas, la manipulación mediática, el combate por los recursos naturales
y un larguísimo etcétera impedirán, siempre, cualquier tipo de utopía? Estas
preguntas resultan primordiales a la luz del lugar central que las utopías han
jugado en el pensamiento social y político, ora como referente imaginario, ora
como marco que impone sus coordenadas y claves. Un pensamiento utópico que,
o bien recoge el sentido y los rumbos de la acción humana, o bien busca definirlo
desencadenando tensiones que han acompañado la construcción de la vida
colectiva, su ordenamiento social e institucional, sus mundos culturales.
La historia lejos está de haber probado ser
Maestra de la vida
, como inge-
nuamente creía el senador romano; con creces, lo contrario parece ser más
adecuado y, al parecer, está más con aquellos que hacen de la vida dolor (
La
vida es una perturbación inútil de la calma del no ser:
Schopenhauer), del destino
del mundo horror (
Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde
podemos hundirnos:
Cioran), de la humanidad desilusión (
Con una madera tan
torcida como aquélla de la que está hecha el hombre, no se puede tallar nada
derecho:
Kant) y de la sabiduría escozor (
El sueño de la razón produce monstruos:
Goya), que del lado de poetas, pastores y profetas.
[…] y volverán sus espadas en rejas de arado
y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación
contra nación, ni se adiestrarán más para la
guerra […]
Isaías
[…] Sueño que algún día los valles serán
cumbres y las colinas y montañas serán llanos,
los sitios más escarpados serán nivelados y los
torcidos serán enderezados, la gloria de Dios
será revelada y se unirá todo el género humano.
Martin Luther King
He descubierto que los hombres son buenos,
que los crímenes más infames no lo son sino en apariencia.
Sólo el bien existe.
La realidad es buena; la realidad es feliz.
El mal y la desesperación no son más que impaciencia.
Todo marcha; todo se arreglará
Rafael Barret
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
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Aún así, sí hay algo que distingue al género humano, más allá de quereres,
procederes y actitudes: la esperanza de lograr algo siempre mejor. Ése es, a fin
de cuentas, el valor de lo humano: bregar por la utopía sabiéndola inalcanzable;
imaginar posible el imperativo categórico del filósofo (
Obra sólo de forma que
puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal:
Kant
sabiéndolo quimera; sintiendo que éste es
el mejor de todos los mundos posibles:
Leibnitz) sabiéndolo mentira. La lucha por lo óptimo sigue siendo (en religión,
filosofía y ciencia),
leitmotiv
de la existencia humana. De allí sus afanes en lo
político, lo identitario, lo público, lo genérico, lo mediático y lo ambiental.
Mientras crea, el hombre será.
*
El deseo hacia lo mejor, engarza a las diferentes temáticas que presentamos
en este primer número del año. En la apertura de la sección Perspectivas Teó-
ricas, se ubica el artículo de Hernán Fair, “Las ‘utopías consensualistas’ del fin
de la política”. En este trabajo, el autor nos ofrece una amplia introducción a
este tipo de visiones (de Hobbes a Locke, de Smith a Marx, de los anarquistas
a Lacan) que, más que aspirar al “estado ideal del ser” (utopía positiva), pre-
tenden erigir el “ser ideal del Estado” (utopía negativa), filosofías de vida
que
anhelan y continúan anhelando el deseo de alcanzar la sociedad “reconciliada
consigo misma”, la “metafísica de la plena presencia”, en la que las relaciones de
poder y dominación entre las personas son resueltas para siempre
y, desde luego,
para mejor.
La segunda colaboración de la sección, “La identidad cultural latinoameri-
cana en el pensamiento de José Martí y Luis Villoro: Estado plural, autonomía
y liberación en un mundo globalizado” de Samuel Sosa, apela al viejo sueño
latinoamericano de lograr consolidar, unificar y encarnar, en un solo cuerpo
solidario y fraternal, la identidad, la cultura, el Estado y la liberación en
América Latina. A través del pensamiento crítico y las propuestas culturales e
identitarias de estos dos grandes consagrados del quehacer intelectual latino-
americano, el autor se hace eco de la denuncia de no pocos globalifobos a las
formas neocoloniales y al peligro de disolución paulatina de las identidades
culturales que la globalización trae aparejados. En un marco tal, el rescate de
la propuesta cultural del cubano y la indigenista del mexicano se antojan no
sólo contemporáneas sino, acaso, necesarias para coadyuvar a erradicar las
enormes taras tradicionales de la abrupta historia latinoamericana: margina-
ción, pobreza, injusticia social, explotación, dominación, proyectos nacionales
fracasados y contumaces violaciones a cualesquier tipo de derechos, aun los
más elementales. Desaparecerlas, o por lo menos paliarlas, indicaría por lo
menos el principio de la derrota del monstruo de Goya.
Si estamos en lo terreno de lo deseable, en términos políticos, ¿qué tipo
de esfera pública resultaría el más conveniente para hacer de las sociedades
humanas más humanas? En su contribución, “Aproximaciones desde el repu-
blicanismo deliberativo para la gobernanza”, misma que cierra esta sección,
Presentación
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Laura Medellín, desde la teoría del republicanismo deliberativo, apuesta a
aquél régimen capaz de
reconstruir una ciudadanía con virtud cívica que vuelva
a interesarse por la cosa pública, por el ethos común, y que, en un marco de ac-
ción dialógica con la autoridad gubernamental, pueda ser parte de este proceso
incluyente de política pública.
En otras palabras, una república deliberativa que
haga de la ciudadanía actor y fin principal y de la gobernanza instrumento y
medio ideal, que sea capaz de crear cultura política y
lograr, a partir del respeto
por la pluralidad de intereses, una voluntad democrática renovada y eliminar del
ejercicio de la negociación todo intento de imponer principios fijos e inmutables.
¿Imposible?, no; ¿deseable?, absolutamente… ¿entonces?
**
En la segunda sección de este número, Sociedad y Política, se presentan tres
contribuciones que reflejan tres ámbitos donde lo desagradable de la condi-
ción humana (contraria a la consecución de toda utopía) se vuelve realidad
contumaz: los derechos de la mujer (violándolos), los medios de comunicación
(manipulándolos) y los recursos naturales (depredándolos). Así, en el primero
de los trabajos, “Las mujeres y el derecho humano a la comunicación: su acceso
y participación en la industria mediática” de Aimée Vega, se ilustra cómo un
derecho tan obvio como lo es el de la comunicación, ha estado vedado, hasta
tiempos no muy lejanos, para las mujeres; asimismo, analiza la incesante lucha
del feminismo para conseguirlo. Más particularmente, la situación histórica y
legal que en nuestro país guarda este derecho con respecto a la mujer, sobre
todo en el terreno de la producción (el acceso y la participación de las mujeres
en las industrias de la comunicación), es ampliamente abordado por la autora,
quien no deja de reconocer una desagradable paradoja:
a pesar de la impor-
tancia e impacto social que han llegado a tener los medios de comunicación y las
tecnologías de información como vías fundamentales para circular las ideas y las
perspectivas de las mujeres, estos mismos mecanismos refuerzan las relaciones
de desigualdad entre ellas y los hombres.
La urgencia de la igualdad de género
es ingente. ¿Otra utopía más?
Buena parte de la construcción de la idea-mundo que se tiene no es resultado
de la experiencia directa de las personas, sino de un imaginario construido por
muchos agentes y otras tantas agencias encargadas de impactar la realidad a
través de una constante reelaboración de ella. En este papel de ‘moldeador’ de
opiniones y conciencias, los medios de comunicación –y, entre ellos, la prensa
como el más antiguo– han tenido una responsabilidad enorme en la creación
o destrucción de hechos que forman juicios, definen opiniones o tergiversan
conciencias. De aquí que los
mass media
en general y la prensa en particular,
sean, a no quererlo, instrumentos políticos en sí o de la política. Sea como
fuere, su incidencia social es innegable. A su sombra, esta responsabilidad no
suele estar a la altura del deseo de mejora social. Al respecto, en “Reflexiones
teórico-metodológicas para caracterizar al discurso de la prensa escrita como
un discurso político”, de Susana González (para quien el periódico rebasa el
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
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nivel meramente referencial, propio de su función informativa, y construye
un discurso argumentativo y, por tanto, político, de los acontecimientos), se
analiza el elemento discursivo en la prensa mexicana: objetivos, características,
usos, temas, estrategias, y destinatarios. Todo ello bajo la el marco de una de
las más reputadas corrientes de la teoría de la argumentación: la Escuela
de Neuchâtel.
No es el oro negro ni el dorado; tampoco lo diamantino o argentino. Será el
agua el elemento alrededor del cual se disputarán no pocas batallas ulteriores.
El control del preciado líquido es, ya hoy día, sujeto de la política y objeto de
ella. Los recursos naturales han emergido de algunos años acá, como tema toral
mundial. En México, que generalmente llega tarde a muchos de los grandes
ítems
de la política internacional, se ha descuidado no sólo el recurso, además, las
políticas públicas relacionadas con él han demeritado o trastornado ambientes
ecológico-sociales haciendo del recurso discurso y de la palabra incumplimien-
to. Para ilustrarlo, en el último trabajo de la sección, “El uso hegemónico del
agua en la laguna de Chignahuapan 1940-1969”, Verónica Ibarra toma como
estudio de caso, y desde la perspectiva de la geografía política, los cambios
en el uso predominante del agua en los municipios de Almoloya del Río, San
Mateo Texcalyacac y Santa Cruz Atizapan, localizados en la cuenca alta del
Lerma, básicamente de los años cuarenta a los sesenta del siglo
XX
, cambios
auspiciados, organizados y ejecutados por el autoritarismo del régimen de
aquella época. La exploración histórica viene a cuenta para entender no sólo
el desarrollo del capitalismo en su fase urbano-industrial en nuestro país y las
consecuencias sociales por alterar drásticamente el entorno ecológico, sino
también el impacto que las políticas públicas han tenido en la población y la
relación malsana entre unas y otra.
***
Si hay una condición más contraria a la idea del bien-estar (que toda utopía
persigue con denuedo), ésa es la del desterrado. Perseguido físicamente, aba-
tido anímicamente, fracturado en su identidad y desarraigado de su porvenir,
el exiliado simboliza en sí el no deber ser de la conciencia histórica. El impacto
que los exilios suelen tener en el devenir de pueblos y personas, ha producido
toda una corriente de estudio. Desde el foro de la academia, se les analiza,
explora y desentraña para, más allá del estricto análisis de comprensión del
fenómeno, contribuir, así sea en modesta aportación, a su ocaso y ulterior
extinción. Latinoamérica ha sido pródiga en este tipo de figuras trágicas: las
produce, las induce, las impone. En ella, Paraguay figura en un no deseable
lugar de honor. Analizar el fenómeno exiliar en la tierra guaraní es, justamente,
la temática del primero de los dos trabajos que integran la sección Cuestiones
Contemporáneas. María Antonia Sánchez y Luis Roniger, en
Exilio transnacional
y trans-generacional: los Barret y el destierro paraguayo
, nos conducen a bos-
quejar los porqués y cómos del ostracismo político en general, del destierro
y la diáspora paraguaya en particular y de la experiencia de la familia Barret,
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como
case study
, en singular. ¿Podrá la novel democracia paraguaya acabar con
el estigma y otear orgullosa en lontananza?
España fue otro ejemplo que salpicó de trasterrados el mundo. Su proceso
de democratización, iniciado una vez muerto el tirano, ha sido paradigma y
formado escuela. Pero, ¿qué tanto ello es así?; ¿cómo definir y medir el ‘grado
de democratización’?; ¿qué tan democrática es la monarquía española?; ¿qué
tan plural su política?; ¿qué tan efectivo su sistema de elección? Éstas y otras
cuestiones moldean el contenido de “¿Se están haciendo más democráticos
los partidos? La evolución de la selección del líder en España (1977-2008)”, de
Juan Rodríguez, Óscar Barberà, Astrid Barrio y Montserrat Baras, quienes se
preguntan si ha habido un aumento de la democracia interna en los procedi-
mientos de selección del líder de los principales partidos españoles entre 1977
y 2008. La conclusión deja hablar a la paradoja: si bien
los partidos políticos
españoles han reforzado el sistema de elección de líderes mediante mecanismos
representativos basados en los principios de mayoría e igualdad, ello no ha signi-
ficado mayores niveles de competencia.
¿Por qué?; a ello responden, justamente,
estos investigadores.
****
Finalmente, clausurando el número, publicamos un documento de Judit Bokser
en torno a la potencial fructífera conexión entre género y nuevos saberes. En
él, se pone el dedo sobre el renglón al puntualizar que hoy, quizás más que
nunca, urge atizar los estudios de género a un nivel teórico-práctico, pues de no
solventar teórica y prácticamente esta gran otredad que significa la feminidad
estaríamos perdiendo una oportunidad de fecundar el espectro problemático
del pensamiento y las dimensiones más concretas de la convivencia social. De
allí que
la construcción de un andamiaje conceptual en el cual la especificidad
de la mujer no signifique aislamiento; la elaboración de agendas específicas y
compartidas que hagan propias sus banderas y demandas y el compromiso de
pugnar por su cabal pertenencia ciudadana, deberán incidir sobre la consecu-
ción del pluralismo, el advenimiento de una cultura de los derechos humanos, la
consolidación del respeto a la diversidad y la conquista del reconocimiento de
la alteridad.
¿La utopía posible?
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