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Cuestiones Contemporáneas
159
¿Se han hecho más democráticos los partidos en España?
La evolución en las reglas de elección del líder (1977-2008)
*
J
UAN
R
ODRÍGUEZ
T
ERUEL
, O
SCAR
B
ARBERÀ
A
RESTE
,
A
STRID
B
ARRIO
L
ÓPEZ
**
Y
M
ONTSERRAT
B
ARAS
G
ÓMEZ
***
Resumen
En este trabajo, los autores verifican si, entre 1977 y
2008, ha habido un aumento de la democracia interna
en los principales partidos políticos españoles. Para
ello, analizan el proceso de selección del líder, al
tiempo que cuestionan si ha habido un incremento
de la igualdad en la participación para elegirlo, fa-
voreciendo sistemas representativos o de elección
directa. El artículo plantea también la hipótesis de
si el grado de igualdad en las reglas de la elección
influye en el grado de competencia en la lucha por el
liderazgo del partido. Para comprobar tal supuesto,
los autores examinan las condiciones de elegibilidad
así como la representatividad del cuerpo electoral
que escoge al líder, la participación efectiva de los
miembros y el nivel de competencia en el momento de
la elección. Los resultados muestran que los partidos
españoles han reforzado los mecanismos represen-
tativos de selección de los líderes. Por el contrario,
no se observó una relación directa entre las reglas
de la elección y el grado de competencia.
Abstract
The aim of this article is to test whether between
1977 and 2008 has been an increase in internal de-
mocracy in the main Spanish political parties. We
will focus on the process of selecting the leader. Our
research question is whether parties have fostered
equality in the participation to select party leader,
favouring representative tools or direct election
either. We also test the hypothesis that the degree
of equality in the selection party rules affects the
degree of political competition amongst candidates
for party leadership. The paper observes the condi-
tions of eligibility (certification), the selectorate
who chooses the leader, the level of participation
of members and the level of competitiveness in the
election. The results show that the parties have
strengthened representation mechanisms for leader
selection. Conversely, we didn’t find empirical rela-
tion between selection party rules and the degree
of competition for leadership.
o
*
Este artículo procede de una investigación financiada por el proyecto de investigación SEJ2009-14381-C03-02 del Ministerio de Ciencia
e Innovación del gobierno de España. Una versión previa de este texto fue presentada en la
Joint Session
del
European Consortium for Poli-
tical Research,
celebrado en Lisboa en abril de 2009. Los autores agradecen los comentarios y sugerencias recibidos. También agradecen la
colaboración de Santiago Pérez-Nievas y Patricia Correa.
**
Universitat de València-Estudi General, Av. Blasco Ibáñez, 13, 46010, Valencia, España.
***
Universitat Autònoma de Barcelona, Plaza Cívica, Campus de la UAB, Bellaterra, Barcelona, España.
Palabras Clave:
partidos políticos, selección del líder, democracia, España, elites políticas.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
160
Introducción
L
a relación entre democracia y partidos políticos
ha sido siempre un tema controvertido, pues si
bien estos últimos resultan ser clave en toda
democracia representativa, siempre ha habido du-
das, sin embargo, sobre el uso de los procedimientos
democráticos en su interior si la democracia interna
en los partidos es
posible
o no, los efectos
benéficos
o perjudiciales
de ella y, finalmente, la
definición y
medición
de lo que entendemos por democracia,
siendo éste el debate que menor atención académica
ha merecido.
Este artículo pretende contribuir a esta última
cuestión. En el contexto de la máxima de Schatts-
chneider
1
–según la cual, quien controla los procedi-
mientos de selección es el dueño del partido–, esta
investigación se centra en lo que muchos autores
consideran el punto crucial en la discusión sobre
la democracia interna en los partidos: el proceso
de selección del líder. De acuerdo con esta pre-
ocupación, el objetivo de este trabajo es analizar
si ha habido un aumento de la democracia interna
en los procedimientos de selección del líder de los
principales partidos españoles entre 1977 y 2008.
Para ello, se utilizan cuatro dimensiones del proceso
de selección del líder que ayudarán a comprobar las
posibles variaciones que se hayan podido dar en este
aspecto clave de la democracia intrapartidista en
el caso español.
1
Elmer Eric Schattschneider,
Party Government,
Nueva York, Rinehart,
1942
.
2
Jesse Macy,
Party Organization and Machinery
, Nueva York, BiblioBazaar, 2009; Moisey Ostrogorski,
La démocratie et les partis politiques,
París,
Du Seuil, 1979; Robert Michels,
Political Parties: A Sociological Study of the Oligarchical Tendencies of Modern Democracy,
Nueva York,
The Free Press, 1968; Max Weber,
Political Writings,
Cambridge, Cambridge University Press, 1994;
Maurice Duverger,
Political Parties: Their
Organization and Activity in the Modern State,
Londres, Methuen, 1964; Robert Trelford Mackenzie,
British Political Parties: The Distribution
of Power within Conservative and Labour Parties,
Londres, Heinemann, 1955.
3
R. Michels,
op. cit
.
4
E. E. Schattschneider,
op. cit
; Joseph Alois Schumpeter,
Capitalism, Socialism, Democracy,
Nueva York, Harper Perennial, 1962; Robert
Alan Dahl,
A Preface to Democratic Theory
, Chicago, University of Chicago Press, 1956.
5
Manuel García-Pelayo,
El estado de partidos,
Madrid, Alianza Editorial, 1986; Gallagher, Laver y Mair, 2001; Michael Gallagher
et al.
,
Representative Government in Modern Europe. Institutions, Parties and Governments
, Londres, McGraw Hill, 2000.
El problema de la oligarquía y la democracia interna en los partidos políticos
Los primeros estudios científicos sobre los partidos
políticos, de acuerdo con la tradicional suspicacia
que despertaba el objeto, se propusieron mostrar
las
realidades ocultas
dentro de estas organizaciones
haciendo especial hincapié en su carácter no demo-
crático. Éstas fueron las principales conclusiones
a las que llegaron la mayoría de tratados sobre los
partidos políticos hasta los años cincuenta.
2
Uno
de los estudios que más minuciosamente analizó
las estrategias y los mecanismos psicológicos que
las elites partidistas utilizaban para
subvertir
los
procedimientos democráticos y mantenerse en el
poder fue, sin duda, el clásico de Michels en torno al
Partido Social Democrático de Alemania (
SPD
). Con la
máxima “quien dice organización, dice oligarquía”,
3
dicho autor resumió su pesimismo respecto a la
posibilidad de aplicar la democracia dentro de los
partidos. Quizás por esta razón, los grandes teóri-
cos de la democracia pluralista partieron de la base
que la democracia residía en la competencia entre
partidos, no en su interior.
4
La constitucionalización de los partidos occi-
dentales después de la
II
Guerra Mundial supuso no
sólo el reconocimiento del papel fundamental que
ejercían estos actores en los regímenes democráti-
cos, sino también un cambio notable en las formas y
procedimientos democráticos internos.
5
La mayoría
de constituciones pasaron a reclamar que su compor-
tamiento interno fuese democrático, exigencia que
se plasmó principalmente en la selección de líderes
Cuestiones contemporáneas
161
y candidatos. Aunque el mayor control del Estado
posiblemente no terminó con los usos y costumbres
oligárquicas de las elites para permanecer en el poder,
sí favoreció la erradicación de los partidos totalita-
rios del mundo occidental. El mejor ejemplo de ello
fue la transformación de muchos partidos comunistas
en partidos de masas especializados.
6
Los cambios sociales y la transformación paralela
que experimentaron los partidos a partir de los años
sesenta, propiciaron un cambio de aproximación
en los estudios sobre los partidos. Sin negar el pa-
pel fundamental de las elites, los miembros de los
partidos ganaron mayor atención por parte de la
academia debido a su capacidad para condicionar
las estrategias de los líderes. Ello se debía en buena
medida a la transformación de los partidos de masas
en par t idos
catch-all.
7
Tanto en unos como en otros, la
influencia de los miembros en el momento de
elegir
a los líderes en los cónclaves del partido empezó
a mostrar la tensión entre sus intereses y visiones
con las de los votantes, muchos de los cuales ya no
pertenecían al mismo
milieu
social.
8
Estas diferencias
fueron teorizadas, entre otros, por May
a través de
la
ley de la disparidad ideológica curvilínea
,
9
según
la cual, los líderes tendían a moderar sus plantea-
mientos para acercarse a los votantes mientras que
los miembros tenían a ser ideológicamente más
radicales. En estas circunstancias, los miembros
fueron vistos por muchos políticos y académicos
como un serio obstáculo para
modernizar
o
centrar
ideológicamente el partido.
10
Sin embargo, este planteamiento fue cuestionado
a mediados de los años ochenta. Las importantes
transformaciones organizativas (profesionalización,
impac to de los nuevos medios de comunicación, peso
creciente de los candidatos, etcétera) impulsadas
por los principales partidos occidentales mostraron
que se estaban produciendo cambios substanciales
en las funciones que los miembros realizaban en su
interior.
11
Ello tendió a asociarse, además, con una
creciente crisis de la identificación partidista y las
notables pérdidas en el número de miembros.
12
Para
estas aproximaciones, la orientación intensiva en
capital de las campañas y la pérdida de miembros
tendían a retroalimentarse en una espiral nada vir-
tuosa: los miembros se iban porque cada vez tenían
menos peso en el partido.
13
De ahí que algunos au-
tores hayan hablado de los
fallos
de los partidos o
de la existencia de
partidos sin miembros
.
14
Las investigaciones recientes han mostrado la
variedad de estrategias utilizadas por las direcciones
de los partidos para intentar adaptarse a las nuevas
circunstancias. Éstas se han caracterizado tanto por
las crecientes necesidades financieras de los parti-
dos, así como por el escaso peso de los miembros en
el sostenimiento económico de los mismos. En este
6
M. Duverger,
op. cit.
7
Otto Kircheimer, “The Transformation of the Western European Party Systems”, en Joseph LaPalombara y Myron Weiner (eds.),
Political
Parties and Political Development,
Princeton, Princeton University Press, 1966.
8
Miky Caul Kittilson y Susan E. Scarrow, “Political Parties and the Rethoric and Realities of Democratization”, en Bruce E. Cain, Russel
J. Dalton y Susan E. Scarrow (eds.),
Democracy Transformed?: Expanding Political Opportunities in Advanced Industrial Democracies,
Oxford,
Oxford University Press, 2006; Susan E. Scarrow, “Parties without Members? Party Organization in a Changing Electoral Environement”, en
Russel J. Dalton y Martin P. Wattenberg (eds.),
Parties Without Partisans: Political Change in Advanced Industrial Democracies
, Oxford, Oxford
University Press, 2000.
9
John D. May, “Opinion Structure of Political Parties: The Special Law of Curvilinear Disparity”, en
Political Studies
, núm. 21, 1973.
10
O. Kirchheimer,
op. cit.
; Leon D. Epstein,
Political Parties in Western Democracies
, Londres, Pall Mall, 1967; Angelo Panebianco,
Modelos
de partido
, Madrid, Alianza Editorial. 1990.
11
Pippa Norris, “May’s Law of Curvilinear Disparity Revisited: Leaders, Officers, Members and Voters in British Political Parties”, en
Party
Politics,
vol. 1, núm. 1, enero de 1995; S. E. Scarrow,
Parties and their members,
Oxford, Oxford University Press, 1996.
12
Russel J. Dalton
et al., Electoral Change in Advanced Industrial Democracies: Realignment or Dealignment?,
Princeton, Princeton Univer-
sity Press, 1984; Hans-Dieter Klingeman y Dieter Fuchs,
Citizens and the State,
Oxford, Oxford University Press, 1995; S. E. Scarrow, “Parties
without members.
..”
op. cit
.; Peter Mair e Ingrid Van Biezen: “Party Membership in Twenty European Democracies (1980-2000)”, en
Party
Politics,
vol. 7, núm. 1, 2001.
13
Paul Whiteley
et al.,
True Blues: Te Politics of Conservative Party Membership
, Oxford, Clarendon Press, 1994; P. Whiteley y Patrick Seyd,
New Labour’s Grassroots
, Londres,
Palgrave Macmillan, 2002.
14
R. J. Dalton y M. P. Wattenberg,
op. cit.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
162
sentido, el recurso principal ha sido, sin duda, la
progresiva dependencia de las diversas modalidades
de financiamiento público que, en algunos casos,
ha degenerado en formas de
cartelización
.
15
Así, los
recursos públicos han sido utilizados no sólo para
financiar las campañas, sino también para aumentar
los miembros ofreciendo incentivos selectivos me-
diante el patronazgo.
16
En otros casos, los partidos
han optado por fundirse con grandes corporaciones
creando formas organizativas a medio camino en-
tre la empresa y el partido.
17
A su vez, encontramos
ejemplos de financiación oligárquica a través de
los nuevos partidos de cuadros.
18
Finalmente, los
partidos también han intentado mantener y captar
nuevos miembros dándoles más poder
formal
en la
selección de líderes y candidatos, así como más voz
y participación en la elaboración de sus programas y
políticas.
19
Con todo, no está claro si este incremen-
to de poder de los miembros esconde más retórica
que realidades. Mientras una parte de académicos
ha constatado su vigencia,
20
otros relativizan esta
realidad y la sitúan como un elemento más de la
creciente
estratarquización
que suele acompañar al
proceso de cartelización de los partidos.
21
Selección de líderes y democracia interna: un marco analítico
para el caso español
Para poder responder al interrogante de si la selección
de los líderes de los partidos políticos en España se
ha hecho más democrática, cabe precisar los tres
aspectos clave de la investigación: qué se entiende
por democracia, quiénes son los líderes de partido
y cómo se puede analizar su elección. En primer
lugar, el uso de la idea de democracia aplicada al
interior de los partidos hace referencia al grado de
participación y competencia que se da en el seno de
la organización, así como a los espacios de delibe-
ración disponibles para sus miembros.
22
A pesar de
las aproximaciones realizadas a la dimensión deli-
berativa de la democracia interna de los partidos,
23
la literatura sobre la democracia en los partidos se
ha centrado mayoritariamente en la dimensión de la
competencia y la participación,
24
fijando la atención
sobre la extensión y el peso de los miembros del par-
tido en la toma de decisiones y, en particular, en la
elección de líderes y candidatos, y en la aprobación
de los programas electorales. Desde esta perspec-
tiva, el funcionamiento democrático del partido se
puede valorar según los parámetros de mayoría y
de igualdad.
25
Estos criterios se pueden aplicar sobre
una parte o sobre todo el conjunto de miembros de
la organización, de manera que la elección de los
líderes del partido, cuando no es oligárquica, puede
15
Richard S. Katz y Peter Mair, “Changing Models of Party Organization and Party Democracy: The Emergence of the Cartel Party”, en
Party
Politics,
vol. 1, núm. 1, enero de 1995; Ingrid Van Biezen, “Political Parties as Public Utilites”, en
Party Politics
, vol. 10, núm. 6, 2004.
16
Nicole Bolleyer, “Inside the Cartel Parties: Party Organization in Government and Opposition”, en
Political Studies,
vol. 57, núm. 3,
octubre de 2009.
17
Jonathan Hopkin y Caterina Paolucci “The Business Firm Model of Party Organisation: Cases from Spain and Italy”, en
European Journal
of Political Research,
vol. 35, núm. 3, 1999.
18
Ruud Koole, “The Vulnerability of the Modern Cadre Party in Netherlands” en Richard S. Katz y Peter Mair, (eds.),
How Parties Organize:
Change and Adaptation in Party Organizations in Western Democracies,
Londres, Sage, 1995.
19
Bram Wauters, “Intra-party Democracy in Belgium: on Paper, in Practice and through the Eyes of the Members”, ponencia presentada
en el taller
Promoting Internal Party Democracy: A Selling Point, A Serious Danger, or a Redundant Exercise?
, llevado a cabo en Lisboa, Portugal,
del 14 al 20 de abril de 2009; Marco Lisi, “The Democratization of Party Leadership Selection: the Portuguese Experience”, en
ibid
.
20
S. E. Scarrow, Paul Webb y David M. Farrell: “From Social Integration to Electoral Contestation”, en Russel J. Dalton y Martin P. Wat-
S. E. Scarrow, Paul Webb y David M. Farrell: “From Social Integration to Electoral Contestation”, en Russel J. Dalton y Martin P. Wat-
tenberg (eds.),
Parties Without Partisans: Political Change in Advanced Industrial Democracies,
Oxford, Oxford University Press, 2000;
K. Caul,
Miky y S. E. Scarrow,
op. cit.
21
R. Katz y P. Mair,
op. cit.
; N. Boyeller,
op. cit.
22
Elin H. Allern y Karina Pedersen, “The Impact of Party Organisational Changes on Democracy”, en
West European Politics
, vol. 30, núm.
1, 2007.
23
Jan Teorell, “A Deliberative Defense of Intraparty Democracy”, en
Party Politics
vol. 5, núm. 3, julio de 1999.
24
M. Caul-Kittilson y S. E. Scarrow,
op. cit
.
25
R. A. Dahl,
op. cit
., p. 37.
Cuestiones contemporáneas
163
tomar la forma de democracia representativa o bien
de democracia directa.
26
En consecuencia, el interés
sobre si la elección es más o menos democrática
significa calibrar la aplicación de los criterios de
mayoría e igualdad, al mismo tiempo que observar si
predomina el método representativo o el método di-
recto. La pregunta de investigación que este trabajo
se plantea, es si durante estos años los partidos han
experimentado cambios hacia una mayor igualdad y
apertura en las reglas del proceso de elección del líder
y si ello ha favorecido mecanismos representativos
o de elección directa.
En segundo lugar, la noción de líder del partido
dista de ser evidente. Incluso obviando la vieja distin-
ción entre líderes reales y líderes formales,
27
es difícil
establecer una definición general de líder debido a las
particularidades de cada partido y de cada sistema
político. Buena parte de la tradición anglosajona
tiende a considerar como líder del partido a la persona
que ocupa (o ocuparía) el máximo cargo ejecutivo en
caso de que el partido obtuviese el gobierno.
28
En la
práctica, el líder del partido tiende a identificarse
con el líder electoral.
29
Ello se debe a que en muchos
de los par tidos anglosajones existe un procedimiento
específico para seleccionar al líder electoral que, en
muchos casos, es el único relevante. Esta circunstancia
convierte al
líder electoral
en el
líder de la organización
y, cuando no sucede así, este último tiene un carácter
claramente subordinado al primero.
30
En la mayor parte de los partidos españoles, no
existe un procedimiento relevante para seleccio-
nar al líder electoral.
31
De hecho, en la mayoría de
partidos el líder de la organización es el que suele
ejercer como líder electoral, convirtiéndose por
extensión, en el líder del partido. En el caso de los
partidos de ámbito estatal, el líder electoral suele
ser el candidato a la presidencia del gobierno.
32
En
el caso de los partidos de ámbito no estatal (donde
conviene tener en cuenta la naturaleza multi-nivel
del sistema político español), el líder electoral (y de
la organización) suele ser quien se presenta en las
elecciones autonómicas como candidato a la pre-
sidencia del gobierno autonómico. Por esta razón,
los procedimientos relevantes en el caso español
son aquellos destinados a seleccionar al líder de la
organización entendiendo como tal el máximo cargo
ejecutivo unipersonal del partido.
33
Sin embargo, hay
dos excepciones significativas a esta regla. Por un
lado, aquellos partidos cuyo líder de la organización
no es el líder electoral, lo cual da lugar a una direc-
ción bicéfala no exenta de conflictos,
34
y, por otro,
los partidos que forman parte de alianzas, en cuyo
caso existe un procedimiento consensuado entre
los partidos para seleccionar al líder electoral de la
alianza, aunque éste suele ser el líder del partido
preeminente en el seno de la misma.
35
Finalmente, el proceso de elección se puede
definir a partir de cuatro dimensiones: las cláusulas
26
Anthony Arblaster,
Democracia
, Madrid, Alianza, 1992, p. 79.
27
M. Duverger,
op. cit
.
28
M. Gallagher,
et al., op. cit.
29
James W. Davis,
Leadership Selection in Six Western Democracies
, Londres, Fitzroy Deaborn Publishers, 1998; S. E. Scarrow
et al., op. cit
;
Jon H. Pammett y Lawrence LeDuc, “Sovereignty, Leadership and Voting in the Quebec Referendums”, en
Electoral Studies,
núm. 20, 2001;
M. Caul-Kittilson y S. E. Scarrow,
op. cit.
30
M. Duverger (
op. cit
.) utilizó una distinción similar al referirse al líder interno (el líder de la organización) frente al líder externo (el
líder electoral).
31
Esto no significa que no exista algún tipo de procedimiento de elección formal del líder electoral, sino que éste no suele tener en la
mayoría de casos el carácter de una auténtica elección, sino de una ratificación
32
Luis Ramiro Fernández, Mónica Méndez y Laura Morales Diez de Ulzurrun, “Los afiliados y su papel en los partidos políticos españoles”,
en
Zona Abierta
, núms. 108 y 109, 2004, p. 194.
33
Éste tiende a coincidir, según los partidos, con los cargos de presidente o de secretario general.
34
El caso más importante en este sentido es el del Partido Nacionalista Vasco (
PNV
), donde el líder de la organización no ha sido casi nunca
el líder electoral. En el resto de los partidos, ello se ha cumplido excepto algunos períodos de crisis o interinazgo: en 1989 en el Partido
Popular (
PP
); entre 1998 y 1999 en el Partido Socialista Obrero Español (
PSOE
); entre 1999 y 2000, y desde 2008, en Izquierda Unida (
IU
).
35
Éste es el caso de
IU
(con la importante excepción del período de Gaspar Llamazares) y de Convergència i Unió (
CIU
), la alianza de la que
forma parte Convergència Democràtica de Catalunya (
CDC
).
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
164
de elegibilidad (
candidacy
); las reglas de elección (
vo-
ting procedure
); el grado de ‘inclusividad’ del cuerpo
electoral (
selectorate
) y la competencia en la lucha
por el liderazgo del partido (Tabla 1).
Tabla 1
Indicadores en cada una de las dimensiones de la elección del líder
Cláusulas de elegibilidad
Procedimiento electoral
Cuerpo electoral
Competencia
Demanda de avales
Antigüedad
Incompatiblidades con cargos
públicos
Límite de mandatos o años
Tipo de listas (cerradas, abier-
tas, etc.)
Voto individual o voto colec-
tivo
Votación del líder y su equipo
conjunta o separada
Tipo de cuerpo electoral
Representatividad del cuerpo
electoral
Número de candidatos
Porcentaje de voto del ven-
cedor
Fuente:
elaboración propia
En primer lugar, se analizarán las cláusulas de ele-
gibilidad formales que debe reunir el candidato para
poder optar al puesto y que forman par te del proceso
de
certificación
de quién puede ser elegido.
36
En este
sentido, se analiza si existen requisitos de anti-
güedad, si se exige el apoyo de otros miembros del
partido, si hay incompatibilidades o si el líder debe
formar parte de algún órgano interno (por ejemplo
la ejecutiva). La clave que guía el análisis de este
indicador es observar si estos procedimientos han
evolucionado a lo largo del tiempo y en qué sentido
lo han hecho, si han tendido a ampliar o a reducir
los requisitos necesarios para ser candidato. Si estos
procedimientos se han hecho más permisivos con el
paso del tiempo, dando lugar a un proceso de selec-
ción más abierto, los partidos habrán potenciado el
componente igualitario en la democracia interna.
El segundo aspecto a analizar son las caracterís-
ticas formales del proceso de votación del líder de la
organización, que se define a partir de tres indica-
dores: uno, si existe una elección separada o no del
líder del partido y del resto de la ejecutiva; dos, en
el caso de que haya votación conjunta, si la lista de
cada candidatura es abierta o cerrada, bloqueada o
no; y, finalmente, si la votación a la candidatura es
individual o colectiva (donde un delegado expresa el
voto colectivo de una delegación). La existencia de
estos aspectos formales es impor tante, puesto que es
la que marca la diferencia entre un verdadero sistema
de elección y un mero proceso de designación.
37
Cabe
esperar que cuando exista una votación separada del
líder y del resto de la ejecutiva o, en su caso, cuando
haya una lista abierta y desbloqueada, el proceso de
elección resultará más abierto e igualitario lo que po-
dría incentivar la competencia por el liderazgo. De la
misma forma, el voto individual resultará más igualita-
r io que el voto por delegación, puesto que este últ imo
puede favorecer comportamientos oligárquicos.
En tercer lugar, hay que prestar atención al cuer-
po electoral que escoge directamente el líder y a su
grado de representatividad.
38
Para ello se utilizará
una combinación de las categorías elaboradas por
LeDuc.
39
En concreto, se dist ingue, de menor a mayor
‘inclusividad’, entre el comité nacional,
40
el grupo
parlamentario, el congreso, las elecciones primarias
cerradas (donde sólo pueden votar los afiliados) y las
elecciones primarias abiertas a simpatizantes. Mien-
tras que los dos primeros cuerpos son de naturaleza
indudablemente oligárquica, las primarias pueden
considerarse mecanismos de democracia directa, a
36
P. Norris, “Recruitment”, en Richard Katz y William J. Crotty (eds.),
Handbook of Party Politics
, Londres, Sage, 2006, p. 90-91
37
Reuven Y. Hazan y Gideon Rahat, “Candidate Selection: Methods and Consequences”, en
ibid.
, p. 113.
38
M. Caul-Kittilson y S. E. Scarrow,
op. cit.
39
J. H. Pammett y L. LeDuc,
op. cit.
; S. E. Scarrow,
et al
.
, op. cit
., p. 153.
40
Aquí se incluirán tanto las ejecutivas de los partidos como los máximos órganos de dirección surgidos de los congresos
Cuestiones contemporáneas
165
diferencia del carácter representativo que posee la
elección por congreso. En esta dimensión, la cues-
tión a discernir es si el cuerpo electoral que escoge
al líder de los partidos españoles ha evolucionado
hacia formas más inclusivas o no, de modo que el
conjunto de electores se haya ampliado o no.
En cuar to y último lugar, el ar tículo analiza las con-
secuencias políticas del proceso de elección a través
del grado de competencia resultante.
41
Este indicador
posee una naturaleza diferente de los anteriores, por-
que no observa el carácter democrático a partir de las
reglas sino de sus resultados. Esta dimensión se puede
explorar a través de dos indicadores: el número de can-
didatos que compiten por el máximo cargo ejecutivo
unipersonal, así como el grado de apoyo de cada uno
de los candidatos cuando ha habido más de una lista.
Hasta el momento, el grado de competencia no se había
considerado como un indicador directo de la democra-
cia interna. Pese a ello, resulta útil para cuantificar la
apertura del proceso de elección interno y, por tanto, la
probabilidad de que la lucha por el liderazgo del partido
acabe plasmándose en una elección entre dos o más
candidatos. Si reglas más abiertas e igualitarias, esto
es, más democráticas permiten una mayor expresión
de la pluralidad interna del partido, habría que esperar
mayor competencia en la elección.
Estos indicadores, que se encuentran resumidos
en la Tabla 1, permitirán determinar el grado de aper-
tura de los procesos de selección de los líderes y, en
consecuencia, la eventual evolución hacia criterios
más igualitarios y participativos en la elección del
líder de partido. Las conclusiones servirán, además,
para intentar explorar de manera tentativa si pueden
establecerse conexiones entre las tres dimensiones
formales (cláusulas de elegibilidad, procedimiento de
votación, cuerpo elec toral) y el grado de competencia
interna que se deriva. En la medida que las reglas
formales restringen la concurrencia de posibles candi-
datos al liderazgo, cabe establecer la hipótesis según
la cual el grado de apertura de las reglas de elección
puede tener consecuencias sobre el grado de compe-
tencia dentro del partido. En un escenario extremo,
unos procedimientos formales demasiado restringidos
limitarían severamente la competencia.
A partir de dichos indicadores, las páginas que si-
guen examinan la evolución en el proceso de selección
de líderes de los principales partidos políticos españo-
les: Partido Socialista Obrero Español (
PSOE
), Alianza
Popular/Partido Popular (
AP
/
PP
), Partido Comunista
de España/Izquierda Unida (
PCE
/
IU
), Convergencia
Democrática de Cataluña (
CDC
) y Partido Nacionalista
Vasco (
PNV
). Siguiendo la metodología utilizada ya
por otros especialistas,
42
para analizar las cláusulas
de elegibilidad y medir la ‘inclusividad’ del cuerpo
electoral se han seleccionado diferentes estatutos
de cada partido en distintos momentos del tiempo:
43
en el caso del
PSOE
los estatutos de 1977, 1988, 1997
y 2008; en el del
PP
, los de 1977, 1990, 2004 y 2008;
para
IU
los de 1986, 1996 y 2004; para
CDC
los de 1977,
1987, 1997 y 2008 y para el
PNV
los de 1977, 1985, 1987,
2000 y 2008. Para las dos últimas dimensiones se han
utilizado datos relativos al número de asistentes y de
candidaturas presentadas en los distintos procesos de
selección del líder celebrados en España entre 1977 y
2008, obtenidos a través de la prensa y de las fuentes
oficiales del par t ido. Aunque dist intos especialistas han
tratado parcialmente algunas de estas cuestiones, no
existe ningún trabajo que trate sistemáticamente de las
distintas dimensiones del procedimiento de selección
del líder del partido en España. En este sentido, esta
es una investigación original sobre un tema muy poco
explorado hasta el momento en España.
44
41
R.Y. Hazan y G. Rahat,
op. cit.
, p. 115.
42
S. E. Scarrow et al.,
op. cit.
; M. Caul-Kittilson y S. E. Scarrow,
op. cit.
43
No consideramos aquí reglas informales no establecidas en los estatutos generales o reglas incluidas en reglamentos inferiores como,
por ejemplo, el criterio (no escrito) que el líder suela ser parlamentario. Con todo, para prevenir posibles pérdidas de información cuando
sea oportuno, se harán referencias a cambios ocurridos en estatutos de años no incluidos en la muestra.
44
Los textos de Méndez Lago, Ramiro Fernández y Verge Mestre habían tratado alguna de las dimensiones aquí señaladas pero no otras y
limitando su análisis a los tres grandes partidos nacionales.
Vid
. Mónica Méndez Lago,
La estrategia organizativa del Partido Socialista Obrero
Español (1975-1996),
Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas,
2000; Luis Ramiro Fernández,
Cambio y adaptación en la izquierda. La
evolución del Partido Comunista de España y de Izquierda Unida (1986-2000),
Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas, 2004 y Tània
Verge Mestre,
Partidos y representación política: las dimensiones del cambio en los partidos políticos españoles (1976-2006)
, Madrid, Centro de
Investigaciones Sociológicas, 2008
.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
166
La mayoría de partidos políticos españoles presenta
unas cláusulas de elegibilidad de sus líderes poco
restrictivas. En términos generales, se establecen
como requisitos básicos estar afiliado al partido y al
corriente de las obligaciones económicas. Más allá de
estos elementos comunes, cada par t ido ha tendido a
establecer otros requisitos adicionales, como poseer
un período mínimo de afiliación ininterrumpida pre-
via a la presentación de la candidatura. Igualmente,
algunos partidos han introducido otros requisitos
adicionales que restringen el acceso al liderazgo de
la formación.
A lo largo de casi 30 años, el
PSOE
ha mantenido las
mismas cláusulas de elegibilidad para la designación
del máximo dir igente del par t ido, que ocupa el cargo
de secretario general. Se trata de requisitos poco
restrictivos formalmente ya que para ser candidato
sólo se exige un período de al menos 24 meses de
afiliación ininterrumpida previa a la designación. En
2000, el requisito de antigüedad desapareció pero,
en contrapartida, se exigió a partir de entonces el
aval del 25 por ciento de los delegados al congreso,
45
cuestión que ha significado un claro endurecimiento
de las condiciones de elegibilidad. No obstante, cabe
señalar que nunca se han establecido límites ni al
número de mandatos ni al tiempo que alguien puede
ocupar el puesto de secretario general y que tampoco
ha habido incompatibilidad alguna entre el cargo de
secretario general y el ejercicio de cargos públicos.
A su vez,
AP
/
PP
ha experimentado a lo largo de
su historia diversos cambios en las cláusulas de
elegibilidad de líder del partido en parte derivadas
del paulatino proceso de centralización del poder
que ha ido experimentando la formación.
46
En 1977,
para ser elegido secretario general era prescriptivo
ser miembro del partido y formar parte de la Junta
Directiva Nacional. A partir del
III
Congreso (1979),
el líder del partido dejó de ser el secretario general
para pasar a ser el presidente. En 1990, tras la re-
fundación del partido y su transformación en
PP
, el
máximo cargo unipersonal continúa recayendo en
el presidente.
47
En 2004 se introdujo la distinción
entre distintos tipos de miembros del partido, los
militantes y los simpatizantes. Ambos se consideran
afiliados, pero únicamente los primeros gozan del
derecho de ser electores y elegibles para órganos
internos y de ser designados como compromisarios
al congreso. A diferencia del
PSOE
, los estatutos de
AP
y
PP
no han tendido a especificar la cantidad de
avales que deben presentar los candidatos al liderato.
En 2008, el reglamento del congreso señalaba que
éstos debían ser una quinta parte de los delegados.
Como en el caso del
PSOE
, los estatutos nunca han
establecido límites al tiempo que alguien puede
ocupar el puesto de secretario general ni el cargo
de secretario general ha estado sometido a incom-
patibilidades con cargos públicos.
Para ser designado secretario general del
PCE
, se
requería tradicionalmente formar parte del Comité
Central, una condición de elegibilidad altamente
restrictiva.
48
Por su parte, en Izquierda Unida, la or-
ganización en la que se integró el
PCE
a partir de 1986,
los procesos de certificación tampoco se pueden
considerar menos restr ic t ivos. Desde sus or ígenes, el
coordinador general ha sido propuesto por aquellos
miembros del Consejo Político Federal escogidos en
la Asamblea General. A diferencia del
PCE
, en
IU
no
se señala expresamente que el líder propuesto deba
formar parte de este órgano. El nombramiento ha de
ser ratificado, además, por el pleno del Consejo Po-
Las cláusulas de elegibilidad del líder
45
M. Méndez,
op. cit
.
46
Lourdes López Nieto,
Alianza Popular: Estructura y evolución electoral de un partido conservador (1976-1982)
, Madrid, Centro de Inves-
tigaciones Sociológicas,1988; Elena García-Gureta Rodríguez,
Factores externos e internos en la transformación de los partidos políticos: el
caso de
AP
-
PP
, Madrid, Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones, 2001; Luis Ramiro Fernández, “Programmatic Adaptation and
Organizational Centralization in the
AP
-
PP
”, en
South European Society and Politics
, vol. 10, núm. 2, 2005.
47
Frédérique Chadel, “Étude comparative du leadership au sein des partis politiques. Le
RPR
et le PP
, Aix-en-Provence , Université d’Aix-
en-Provence, 2000 (tesis doctoral).
48
El Partido Comunista de España (
PCE
) ha tendido a adoptar en los últimos años mecanismos menos restrictivos. Su secretario general
en la actualidad es elegido directamente por el Congreso.
Cuestiones Contemporáneas
167
lítico Federal que se compone de miembros elegidos
por la Asamblea y otros miembros cooptados. Este
sistema se ha mantenido desde la fundación hasta
la actualidad.
49
En 1994 se estableció, además, que
cuando no fuera posible presentar una única can-
didatura elaborada por consenso sería necesario el
aval del 10 por ciento de los asistentes a la asamblea
a cada una de las listas en disputa. A diferencia de
lo que sucede con
PSOE
y
PP
, en
IU
se fijó, a partir de
1994 (y sin carácter retroactivo), un límite de dos
mandatos continuados para una misma responsabili-
dad interna. Excepcionalmente se podrá prolongar un
mandato más si el 60 por ciento del órgano aprueba
la candidatura. En cambio, no hay incompatibilidad
entre el ejercicio de responsabilidades internas y
externas, aunque sí se señala que se debe tender a
no simultanear ambas funciones.
En cuanto a
CDC
, este partido estableció en sus
estatutos de 1977 que cualquier militante podía optar
a la secretaría general, el máximo cargo de dirección
del partido. La candidatura debía ir avalada por 10
militantes, los cuales podían avalar a tantos candi-
datos como quieran. Se especificaba, además, que
se procedería a la elección por parte del congreso
cuando compitieran diversas candidaturas, mientras
que si sólo hubiese una por puesto a cubrir, ésta
quedaría automáticamente proclamada como ven-
cedora. En 1985, las condiciones de elegibilidad se
hivcieron más restrictivas, ya que se estableció que
sólo podrían optar al cargo militantes con más de 6
meses de antigüedad y que contaran con el aval de
25 militantes. En 1995, la antigüedad requerida pasó
a ser de un año, condición que no se ha modificado
desde entonces. En 2008, en cambio, se fijó como
requisito el aval del 5 por ciento de delegados al con-
greso. En
CDC
los estatutos tampoco han establecido
límites a la duración o incompatibilidades para su
secretario general o presidente. Sí se han marcado
límites para el resto de cargos ejecutivos que, en
la actualidad, no pueden ocupar el puesto más de
8 años seguidos, aunque el consejo nacional puede
establecer excepciones.
En el caso del
PNV
, además de ser miembro del
partido, el requisito que inicialmente especifica-
ban sus estatutos era formar parte de la dirección
nacional del partido, el Euskadi Buru Batzar (
EBB
).
50
En 1987, esta cláusula desapareció permitiendo que
pudieran convertirse en presidentes aquellos miem-
bros del partido que no estuvieran en la ejecutiva.
No obstante, en 2000, apareció una nueva cláusula
de elegibilidad: la obligatoriedad de hablar euskera
(vasco), lo que constituyó un endurecimiento de los
requisitos.
51
Por otro lado, el cargo de presidente del
PNV
, como el resto de cargos internos, ha estado afec-
tado por un riguroso sistema de incompatibilidades
que se ha ido endureciendo con el paso de los años.
Según este principio, el máximo cargo ejecutivo
interno, así como de la práctica totalidad de cargos
internos, no pueden ser ejercidos por funcionarios
o empleados de la administración pública, al tiempo
que resulta incompatible con el ejercicio de cargos
de representación, de cargos ejecutivos y de libre
designación en las administraciones públicas, o con
la condición de miembro de los órganos ejecutivos de
sindicatos u organizaciones empresariales. Inicial-
mente se podían arbitrar excepciones
ad hoc
. Desde
1992, se requiere, además, que para optar a cargos
internos se posea un período de militancia previa
49
L. Ramiro Fernández,
Cambio y adaptación… op. cit.
50
Este órgano estaba compuesta por doce miembros, tres representantes por cada una de las cuatro ejecutivas provinciales (Vizcaya,
Guipúzcoa, Álava y Navarra). La representación equitativa de las cuatro provincias y el hecho de que la condición de miembro en el
EBB
es-
tuvieran vinculada a la presencia en la ejecutiva provincial situaba la composición y la dirección política de éste en una situación de fuerte
dependencia respecto a la dinámica interna de las organizaciones provinciales. Por otro lado, las exigentes incompatibilidades y el límite
de mandatos impuestos a los cargos del partido provocaron una elevada circulación en las elites del partido, especialmente a medida que
el partido fue ampliando su posición en las instituciones públicas estatales y autonómicas.
Vid
. Santiago Pérez-Nievas Montiel,
Modelo de
partido y cambio político: el Partido Nacionalista Vasco en el proceso de transición y consolidación democrática en el País Vasco
, Madrid, Centro
de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales, 2004.
51
Se trata de una condición que anteriormente ya fijaban algunos estatutos provinciales y que en la práctica lo convertía en un requisito
de fac to
. Se puede considerar el conocimiento del euskera como un requisito altamente restrictivo, puesto que menos del 40% de la población
vasca es
euskaldún
(vascohablante) (según datos del Instituto Vasco de Estadística). Los estatutos del
PNV
establecen que el euskera es la
lengua oficial del partido.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
168
de dos años.
52
En los estatutos del año 2000, se fijó
un límite de cuatro años para el ejercicio de cargos
ejecutivos aunque también se estableció que el ór-
gano encargado de escogerlo fuera competente para
establecer excepciones. Por tanto, en este partido,
se ha producido un progresivo endurecimiento de las
cláusulas de elegibilidad.
Tabla 2
Inclusividad del cuerpo electoral que elige al líder del partido1 según los estatutos
Oligárquico
Representativo
Elección directa
Partido
Comité
Nacional
Grupo
Parlamentario
Congreso
Primarias
cerradas
Primarias abiertas
IU
1986, 1996, 2004
PNV *
1977, 1985
19872, 20082
PP *
1977
1990, 2004
CDC
1977, 1987, 1997,2008
PSOE
1979, 1988, 1997 2008
Fuente: Elaboración propia a partir de los estatutos de los partidos.
54
Notas: (*) Evolución hacia procedimientos más inclusivos 1977-2008. (1) Cargo unipersonal con máximos poderes ejecutivos del partido. (2) En el PNV,
el líder es elegido por los representantes territoriales de la Asamblea Nacional en el marco de la Asamblea General.
Procedimiento de elección y cuerpo electoral
Todos los partidos utilizan en general métodos de
elección representativa (Tabla 2). Algunos partidos
lo practican desde sus orígenes, mientras que otros
han evolucionado de mecanismos oligárquicos a
representativos. Conviene destacar que ninguno de
los partidos analizados en este trabajo ha adoptado
mecanismos de democracia directa para escoger al
líder.
53
Desde 1976, el
PSOE
siempre ha elegido a su secretario
general a través de congresos. En todos los casos,
el líder del partido ha coincidido con el secretario
general de la organización.
55
Entre 1977 y 2000, el
proceso de selección de la máxima figura ejecutiva
se produjo a través de una lista cerrada y bloqueada
donde se recogían los candidatos para el puesto de
secretario general y los otros cargos de la comisión
ejecutiva. Ello cambió desde el año 2000, momento
a partir del cual se separó la elección del secretario
general y la de la ejecutiva en dos elecciones distin-
tas. La característica más destacada de los congresos
del
PSOE
entre 1979 y 1990 fue el voto por delegación,
no individual. Ello sustraía a los afiliados del proceso
de selección de la ejecutiva y lo dejaba en manos de
los jefes de delegación.
56
Esta norma cambió a partir
de 1994, cuando la ejecutiva pasó a ser elegida de
nuevo directamente por los delegados.
57
52
S. Pérez-Nievas Montiel,
op. cit
.
53
Sin embargo, sí existen otros ejemplos en España de partidos que se sirven de primarias cerradas, como son los casos de Esquerra
Republicana de Catalunya o Iniciativa per Catalunya, ambos partidos de ámbito no estatal catalanes.
54
J. H. Pammett y L. LeDuc,
op. cit
.; M.
Caul Kittilson, S. E. Scarrow,
op. cit
.
55
La única excepción a esta regla se produjo entre 1998 y 1999, cuando la celebración de unas elecciones primarias para seleccionar el
líder electoral condujo a un período de cohabitación entre el secretario general y el candidato.
56
Gabriel Colomé y Lourdes López Nieto, “Leadership Selection in the Spanish Parties”,
Working Paper
núm. 6, Barcelona, Institut de
Ciències Polítiques i Socials, 1989, en http://www.recercat.net/bitstream/2072/1483/1/ICPS6.pdf
57
M. Méndez Lago,
op. cit
.
Cuestiones contemporáneas
169
El único cambio que se ha dado en el cuerpo
electoral del
PSOE
está relacionado con el grado
de representatividad del congreso (Tabla 3). La
proporción de afiliados por cada delegado ha ido
aumentando significativamente con los años. Si en
el congreso de 1977 la ratio fue de 66 afiliados por
delegado, en 2000 cada delegado representó a 410
afiliados.
58
Por ello, con el paso de los años, son más
las personas que escogen al líder porque el órgano
se ha ampliado aunque, en definitiva, el órgano que
lo elige sigue siendo el mismo.
Pese a que inicialmente
AP
debía escoger a su
líder en el marco de la Junta Directiva Nacional, en
el I
er
Congreso toda la ejecutiva nacional fue elegida
por aclamación.
59
A partir de 1979, no sólo cambió
el máximo cargo unipersonal con atribuciones eje-
cutivas, que pasó a ser el presidente del partido,
sino que éste pasó a ser elegido por el congreso. En
este sentido, en el caso de
AP
/
PP
,
se amplió formal-
mente el cuerpo electoral y, por tanto, se produjo
un mayor grado de apertura respecto al punto de
partida. Pese a que los congresos de
AP
son mucho
más multitudinarios que los del PSOE, también en
este caso la evolución diferenciada entre el tamaño
de los congresos y de la afiliación ha aumentado la
proporción de afiliados por cada delegado de los cinco
de 1979 a los 202 de 2000 (Tabla 4).
60
Al igual que en
el caso del
PSOE
, la elección del líder no se ha hecho
de modo diferenciado del resto de la ejecutiva.
61
Sin
embargo, a diferencia de aquél, en los congresos
tanto de
AP
como del
PP
siempre ha prevalecido la
votación individual de los delegados.
62
Desde su fundación en 1989, el coordinador ge-
neral de
IU
ha sido casi siempre también el candidato
del partido en las elecciones generales.
IU
ha elegido
al coordinador general en el marco de la asamblea
a través de un procedimiento indirecto, ya que éste
se elige por el máximo órgano entre congresos, que
inicialmente se llamó Comisión Política Federal y,
desde 1990, Consejo Político Federal.
63
Sin embargo,
no todos los miembros de este órgano escogen al
coordinador puesto que únicamente tienen esta fa-
cultad los miembros electos por parte de la Asamblea
General. Siguiendo la tradición del Partido Comunista
de España (
PCE
) –el principal partido que integra
IU
64
la asamblea elige una presidencia colegiada que
designa al coordinador general. En este sentido,
IU
es una de las formaciones españolas donde la parti-
cipación de los afiliados en la selección del líder ha
estado siempre más restringida.
En
CDC
, el líder organizativo ha sido siempre el
líder electoral de las diversas alianzas con las que
CDC
se ha presentado a las elecciones, dentro de la
coalición Convergencia i Unió (
CIU
). Puesto que se
trata de un partido de ámbito no estatal, el líder
electoral del partido ha sido siempre el candidato a
las elecciones autonómicas en Cataluña.
CDC
siempre
ha nombrado al líder del partido a través de congre-
sos, elegido por el voto directo de los afiliados en
votación separada del resto de la ejecutiva. Como en
el resto de partidos, el crecimiento de los afiliados
ha aumentado la desproporción entre éstos y los
delegados en los sucesivos congresos (Tabla 6). Así,
si en 1977 la ratio era de cinco afiliados por delegado,
en 2000 ésta fue de 16.
65
El
PNV
es uno de los partidos españoles cuyo
mecanismo de selección del líder orgánico tradicio-
nalmente ha sido más oligárquico, reforzado además
58
En 1977, el
PSOE
contaba con 48,635 afiliados; en el 2000, con 407,821.
Vid
. Albert Carreras i Odriozola y Xavier Tafunell Sambola (co-
ords.),
Estadísticas históricas de España: siglos
XIX
-
XX
, Madrid, Fundación
BBVA
, 2005.
59
L. López Nieto,
op. cit
., p. 32.
60
En 1979, AP contaba con 5,000 afiliados; en el 2000, con 601,731.
Vid
. A. Carreras i Odriozola y X. Tafunell,
op. cit.
61
La única excepción fue el congreso de 1986 en que la votación del presidente se separó del resto de la ejecutiva.
Vid
. T. Verge Mestre,
op. cit
., p. 321.
62
L. López Nieto,
op. cit
.; G. Colomé y L. López Nieto,
op. cit
.
63
L. Ramiro Fernández,
op. cit
., p. 56.
64
Izquierda Unida nació como una alianza de partidos y plataformas sociales diversas. En 1992 se inscribió como federación de partidos.
Pese a las transformaciones, el peso de los diversos partidos (especialmente del
PCE
) y organizaciones sociales sigue siendo fundamental.
Vid. ibid
., pp. 66 y ss.
65
En 1977,
CDC
contaba con 2,650 afiliados; en 2000, con 30,000.
Vid.
A. Carreras i Odriozola y X. Tafunell,
op. cit.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
170
por el riguroso sistema de incompatibilidades entre
líder electoral y líder orgánico que hemos comentado
anteriormente. También ha sido el partido que ha
experimentado mayores cambios en la elección de
su máximo dirigente.
En los primeros años de democracia, el partido
mantuvo el modelo de organización heredado de
los años 30. Este sistema se caracterizaba por un
fuerte peso de los órganos provinciales en el funcio-
namiento del partido.
66
El
EBB
escogía de entre sus
miembros a su presidente, el máximo cargo ejecutivo
unipersonal, a través de voto individual y secreto
de sus componentes. A partir de 1988, el presidente
pasa a ser elegido, a propuesta de la dirección na-
cional del partido, en la Asamblea General pero sólo
por los miembros de la Asamblea Nacional elegidos
por las organizaciones territoriales. La elección se
produce a través de una votación diferenciada del
resto de la ejecutiva y mediante voto individual de
los miembros electos de la Asamblea Nacional. El
cambio de órgano elector queda reflejado en el in-
cremento sustancial de la representatividad de los
electores del líder (Tabla 7), puesto que la ratio por
delegado era de 2.002 en 1978 (
EBB
) y pasó a ser de
408 en 2000 (sobre los representantes electos de la
Asamblea Nacional).
67
En consecuencia, se puede
afirmar que el
PNV
ha evolucionado hacia una elec-
ción más democrática, aunque el cuerpo electoral
posea un grado de representatividad menor que el
de un congreso.
La competencia
El último punto analiza la evolución del liderazgo en
los partidos políticos españoles desde la transición a
la democracia hasta a la actualidad, haciendo énfasis
en el grado de competencia de la selección del líder
(a través del número de candidatos) y en el grado de
participación de los miembros, observado mediante
los datos de par t icipación y votación en los dist intos
congresos de los partido.
Desde 1974, el
PSOE
ha tenido tres secretarios
generales. El liderazgo más prolongado correspondió
a Felipe González, que accedió a la secretaría general
del partido en el congreso celebrado en Suresnes
(Francia) en 1974 y la mantuvo hasta 1996.
68
El
liderazgo de González al frente del partido sólo fue
desafiado seriamente en 1979. En mayo de ese año, el
XXVIII
° Congreso decidió mantener el marxismo como
ideología del partido, en contra de la opinión de su
líder, lo que provocó la dimisión de González. Esta
renuncia abrió un período de crisis que desembocó
en el congreso extraordinario de septiembre de 1979,
en el que se presentó una candidatura alternativa,
contraria a la transformación ideológica propugnada
por González. La victoria del sevillano (reforzada
al cambiarse el voto individual por el voto por de-
legación) acabó consolidando definitivamente su
liderazgo dentro del partido.
69
A partir de la victoria
electoral de 1982 y hasta finales de los años noventa,
el liderazgo del secretario general y, a su vez, presi-
dente del gobierno, resultó incontestado y siempre
obtuvo más del 85% de apoyo de los delegados en su
elección (Tabla 3). A pesar de la división del partido
entre
renovadores
(afines a González) y
guerristas
(afines al número dos del partido, Alfonso Guerra),
nunca se presentó ninguna candidatura alternativa
y las disputas entre ambos sectores nunca llegaron
a desafiar el liderazgo de González.
70
66
S. Pérez-Nievas Montiel,
op. cit
.
67
En 1978, el
PNV
contaba con 24,030 afiliados; en 2000, con 30,583.
Vid
. A. Carreras i Odriozola y X. Tafunell,
op. cit.
68
Santos Julià Díaz,
Los socialistas en la política española, 1879-1982
, Madrid, Taurus, 1997.
69
En el
XXIX
Congreso (1981), l as disput as inter nas en Andaluc ía provocaron que el entonces presidente de l a Junt a de Andaluc ía present ara
una candidatura en solitario para formar parte de la ejecutiva, pero que no obtuvo los apoyos suficientes.
70
M. Méndez Lago,
op. cit
.
Cuestiones contemporáneas
171
En el congreso de 1997, celebrado poco después de
perder el gobierno, González anunció su retirada,
aunque ello no supuso una mayor competencia o un
papel más relevante de los afiliados en la selección
del líder. Por el contrario, un acuerdo entre los prin-
cipales dirigentes territoriales (los llamados
barones
)
hizo posible la elección de Joaquín Almunia, persona
próxima a González,
71
aunque esta práctica afectó al
poyo final en la elección del líder, que apenas superó
el 70% de apoyo de los delegados. Con el objetivo de
dotarse de una mayor legitimidad, Almunia convocó
unas elecciones primarias cerradas para elegir al
candidato del partido en las generales de 2000, en un
proceso en el que los afiliados sí fueron determinantes
para decidir el candidato. En contra de las previsiones
de la dirección, la victoria fue para el candidato
no
oficial
, Josep Borrell, lo que condujo a un periodo de
cohabitación, hasta que se vio obligado a dimitir un
Tabla 3
Grado de participación y competencia en los congresos.
PSOE
1976-2008
Año
Asistentes
1
Candidaturas
Cambio de líder
Líder
Cargo
% votos
2
1976
736
1
No
Felipe González Márquez
Secretario General
sd
1979
1008
-
-
(gestora)
3
-
-
1979ex
421
2
No
Felipe González Márquez
Secretario General
85,9
1981
765
1
4
No
Felipe González Márquez
Secretario General
100
1984
769
1
No
Felipe González Márquez
Secretario General
96,1
1988
862
1
No
Felipe González Márquez
Secretario General
100*
1990
871
1
No
Felipe González Márquez
Secretario General
100*
1994
891
1
No
Felipe González Márquez
Secretario General
89,4
1997
954
1
Joaquín Almunia Amann
Secretario General
72,9
2000
995
4
José Luis Rodríguez
Zapatero
Secretario General
41,7
5
2004
974
1
No
José Luis Rodríguez
Zapatero
Secretario General
95,6
2008
995
1
No
José Luis Rodríguez
Zapatero
Secretario General
98,5
Fuentes: Elaboración propia a partir de la prensa.
Notas.
Datos aproximados: sd= sin datos
. 1. Delegados al congreso. Entre 1979 y 1990, los votos eran por delegaciones, no individua-
les. 2. Porcentaje de los votos sobre los emitidos, no sobre el total de asistentes. 3. Una comisión gestora presidida por José Federico
de Carvajal, presidente de ese congreso, se hizo cargo de dirigir el partido hasta el congreso extraordinario. 4. Véase la nota 29. 5. En
el año 2000 se separó la votación del secretario general de la ejecutiva. Los datos son de la primera votación.
71
Jonathan Hopkin, “Bringing the Members Back in? Democratizing Candidate Selection in Britain and Spain”,
en
Party Politics
, vol. 7,
núm. 3, 2001.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
172
año más tarde por las disputas con la dirección del
partido. Almunia se convirtió en candidato tras ser
elegido por los órganos centrales. Los malos resul-
tados del
PSOE
en las elecciones de 2000 provocaron
la renuncia de Almunia a la secretaría general. Para
sucederle, en el congreso de 2000, se presentaron
cuatro candidaturas, entre las cuales resultó elegido
el menos conocido de todos ellos, José Luís Rodríguez
Zapatero. Pese a la ajustada victoria de Zapatero
entonces, su victoria electoral en las elecciones
generales de 2004 y 2008 le consolidó como nuevo
líder del partido, con apoyos mayoritarios en sus
reelecciones al frente de la organización.
Desde su creación, el liderazgo de
AP
ha recaído
en cuatro dirigentes. En los primeros años, el líder
indiscutible fue el principal promotor del partido, Ma-
nuel Fraga. Éste había sido elegido secretario general
del Partido Unificado de Alianza Popular (congreso
de 1977) y de la Federación de Alianza Popular (con-
greso de 1979),
72
cargo del que dimitió después de las
elecciones de 1979. Ello abrió un período de crisis
que desembocó en la asignación de más poderes para
Fraga, elegido presidente del partido pocos meses
después.
73
El
sub-triunfo
de
AP
en las elecciones de
1982, en las que se convirtió en el primer partido de
la oposición, favoreció su continuidad al frente de
la organización,
74
mientras que los malos resultados
en las elecciones de 1986 provocaron su dimisión.
En el congreso de 1987, dos candidatos se disputa-
ron la sucesión de Fraga al frente del partido, de los
cuales Antonio Hernández Mancha resultó vencedor.
En este caso, la presencia de dos candidatos no sólo
reforzó el carácter competitivo de la elección, sino
que redujo el apoyo del vencedor al 71.5% de los
delegados. No obstante, los malos resultados de
AP
en las elecciones autonómicas y municipales de 1987
y la división interna propiciaron el retorno súbito de
Fraga, quien presentó su candidatura a la secretaría
general poco antes del congreso de 1989, provocando
la retirada de Hernández Mancha.
75
Aunque el congreso de 1989 condujo a la refun-
dación del partido, que pasó a denominarse Partido
Popular, el regreso de Fraga a la presidencia no cerró
el problema sobre quién debía ser el candidato en
las elecciones generales de 1989 y, por extensión, su
sucesor al frente del partido. La candidatura del
PP
a las elecciones generales se resolvió a pocos meses
de las elecciones, con la designación, por parte de
Fraga, de José María Aznar, por entonces presidente
autonómico.
76
Los buenos resultados de Aznar en las
elecciones de 1989 decidieron la sucesión a su favor y
en el congreso de 1990 se convirtió en presidente del
partido. La llegada del
PP
al gobierno en 1996 y la ma-
yoría absoluta conseguida en las elecciones de 2000,
consolidaron su liderazgo en el partido que siempre se
mantuvo por encima del 95% de los delegados (Tabla
4). Sin embargo, Aznar se comprometió a no optar
a un tercer mandato como jefe de gobierno. Pocos
meses antes de las elecciones generales de 2004,
Aznar designó a Mariano Rajoy (por entonces vice-
presidente del gobierno) como su sucesor y candidato
del partido. Pese a que el
PP
perdió las elecciones
de ese año, los ajustados resultados y la situación
de fuerte polarización en la vida política española
contribuyeron a mantener su liderazgo interno, lo
que le permitió convertirse, sin oposición, en nuevo
presidente del
PP
en el congreso celebrado en 2004,
con un apoyo indiscutible (97,5%). Por el contrario,
el desafío creciente por parte de algunos sectores del
partido, que intentaron infructuosamente impulsar
una candidatura alternativa en las semanas previas
al congreso de 2008, se manifestó en un descenso
del apoyo a Rajoy en su reelección.
72
Alianza Popular se estructuró inicialmente como una federación de partidos (a medio camino entre un partido directo e indirecto),
aunque desde el congreso de 1979 los partidos integrantes perdieron su importancia.
Vid
. L. López Nieto,
op. cit
.
73
Ibid
.
74
José Ramón Montero Gibert, “More than Conservative, Less than Neoconservative: Alianza Popular in Spain”, en Brian Girvin (ed.),
The
Transformation of Contemporary Conservatism
, Londres, Sage, 1989.
75
Rogelio Baón,
Historia del PP. I: del franquismo a la refundación
, Madrid, Safel de Ibersaf Editores, 2001.
76
E. García-Gureta Rodríguez,
op. cit
.
Cuestiones contemporáneas
173
Desde su creación en 1989, tres individuos han ocu-
pado el puesto de coordinador general de
IU
. El grado
de competencia ha sido significativamente mayor que
en el resto de partidos, lo que se ha manifestado en
niveles de apoyo inferiores para los candidatos ele-
gidos (Tabla 5). En la primera década de existencia,
la trayectoria de
IU
estuvo asociada al liderazgo de
Julio Anguita (también secretario general del
PCE
)
que, en la I Asamblea General, fue elegido coordina-
dor general y candidato a las elecciones generales de
1989. La mejora de los resultados electores respecto
a anteriores comicios consolidó su liderazgo, pero
Tabla 4
Grado de participación y competencia en los congresos. AP-PP 1977-2008
Año
Partido
Asistentes
2
Candidaturas
Cambio
de líder
Líder
Cargo
% votos
3
1977
AP
3000
1
-
Manuel Fraga Iribarne
Secretario
General
sd
1978
AP
sd
1
No
Manuel Fraga Iribarne
Secretario
General
sd
1979
AP
1000*
1
No
Manuel Fraga Iribarne
Presidente
92,4
1981
AP
1800*
1
No
Manuel Fraga Iribarne
Presidente
98,9
1982
AP
2500*
1
No
Manuel Fraga Iribarne
Presidente
sd
1984
AP
2700*
1
No
Manuel Fraga Iribarne
Presidente
94,7
1986
AP
2300
1
No
Manuel Fraga Iribarne
Presidente
sd
1987
AP
2837
2
Antonio Hernández
Mancha
Presidente
71,5
1989
AP/PP
2881
1
Manuel Fraga Iribarne
Presidente
85,8
1990
PP
2850
1
José María Alfredo Aznar
López
Presidente
96,2
1993
PP
2900
1
No
José María Alfredo Aznar
López
Presidente
98,4
1996
PP
2900
1
No
José María Alfredo Aznar
López
Presidente
99,5
2000
PP
2980
1
No
José María Alfredo Aznar
López
Presidente
98,9
2002
PP
3156
1
No
José María Alfredo Aznar
López
Presidente
99,4
2004
PP
3028
1
Mariano Rajoy Brey
Presidente
97,5
2008
PP
2774
1
No
Mariano Rajoy Brey
Presidente
82,7
Fuentes: Elaboración propia a partir de la prensa.
Notas. *Datos aproximados; sd= sin datos. 1. AP desde 1977 hasta 1989, PP desde 1990. 2. Delegados al congreso. 3. % Votos sobre los
emitidos, no sobre el total de asistentes.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
174
en 1991 dimitió al sentirse desautorizado por la
ejecutiva.
77
Desde entonces, y hasta la
III
Asamblea
(1992), el partido funcionó sin coordinador general.
En esta última, las discrepancias sobre la conversión
del
PCE
en
IU
y sobre el tratado de Maastr icht div idie-
ron la asamblea en dos corrientes: los
ortodoxos
(con
Anguita al frente) y los
renovadores
. A pesar de que
finalmente Anguita se impuso, las tensiones entre
las dos grandes corr ientes se mantuv ieron y, durante
el proceso pre-asambleario de 1997, una parte de los
renovadores acabó escindiéndose. Ello no impidió
que en esa asamblea cristalizaran tres candidaturas,
aunque Anguita consiguió imponerse sin dificultades.
Los problemas de salud y los malos resultados en la
triple convocatoria electoral de 1999 (municipales,
autonómicas y europeas) forzaron la retirada de
Anguita como candidato de
IU
en las elecciones ge-
nerales de 2000 y su renuncia a la reelección como
coordinador general poco después.
Tabla 5
Grado de participación y competencia en los congresos. IU 1977-2008
Año
Asistentes1
Candidaturas2
Cambio líder
Líder
Cargo
% votos3
1989
sd
1
-
Julio Anguita González
Coordinador General
sd
1990
800*
1
No
Julio Anguita González
Coordinador General
84,7
1992
sd
2
No
Julio Anguita González
Coordinador General
60*
1994
sd
1
No
Julio Anguita González
Coordinador General
78,6
1997
1300*
3
No
Julio Anguita González
Coordinador General
74,4
2000
800*
3
Gaspar Llamazares Trigo
Coordinador General
42,6
2003
750*
3
No
Gaspar Llamazares Trigo
Coordinador General
76
2004
850*
3
No
Gaspar Llamazares Trigo
Coordinador General
49,5
2008
170
5
Gaspar Llamazares Trigo
Coordinador General
55
Fuentes: Elaboración propia a partir de la prensa.
Notas. *Datos aproximados; sd= sin datos. 1. Delegados a la Asamblea. 2. La Asamblea elige una presidencia colegiada (después Consejo Político Federal)
que después elige al coordinador general. Las cifras son los porcentajes obtenidos por las candidaturas en la Asamblea. 3. % Votos sobre los emitidos,
no sobre el total de asistentes.
IU
nombró como cabeza de lista al por entonces
secretario general del
PCE
, Francisco Frutos. A pesar
del pacto electoral con el
PSOE
,
78
los resultados en
las elecciones de 2000 fueron muy negativos, lo que
deterioró la posición de Frutos. En la
VI
Asamblea
(2000), Frutos fue derrotado por Gaspar Llamazares
77
El problema de fondo era el grado de implicación del
PCE
dentro de
IU
.
Vid.
, L. Ramiro Fernández,
Cambio y adaptación
op. cit
., pp. 125 y ss.
78
PSOE
e
IU
intentaron formar una coalición para las elecciones de 2000. Sin embargo, las duras condiciones impuestas por el
PSOE
acabaron
impidiendo un acuerdo de fondo. El pacto final consistió en algunos acuerdos programáticos y en la reducción de la competencia entre los
partidos en las elecciones para el Senado en 27 circunscripciones.
Vid
. Ana Sánchez-Sierra, “El pacto
PSOE
-
IU
en las elecciones generales de
2000: estrategia electoral, proceso negociador, y efectos”, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, Facultad de Derecho, Departamen-
to de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, 2005 (
Working Papers Online Series
portal/UAM_ORGANIZATIVO/Departamentos/CienciaPoliticaRelacionesInternacionales/publicaciones%20en%20red/working_papers/
archivos/44_2005.pdf
Cuestiones contemporáneas
175
quien se convirtió en el primer dirigente de
IU
que
no era líder del
PCE
. La división interna se mantuvo y
los malos resultados elec torales de 2004 complicaron
enormemente su reelección.
79
En 2007 se celebraron
elecciones primarias para seleccionar al candidato
de las generales de 2008, en las que Llamazares
venció cómodamente a la candidata del
PCE
aunque
la participación fue muy baja, por debajo del 40%
del censo (Tabla 5). En las elecciones generales de
2008, Llamazares quedó como el único diputado
de
IU
, lo que le obligó a dimitir como coordinador
de
IU
. Su sucesión abrió un tormentoso proceso
pre-congresual que culminó con la presentación de
cinco candidaturas a la asamblea de 2008. El consejo
político finalmente designó a Cayo Lara (procedente
del
PCE
) como coordinador general.
La historia de
CDC
ha estado profundamente
marcada por el liderazgo de su fundador, Jordi Pu-
jol. Éste siempre fue el líder electoral indiscutible
del partido, primero en las elecciones generales de
1977 y 1979 y, desde 1980 hasta 2003, en las elec-
ciones autonómicas catalanas. Fue presidente de
la
Generalitat
de Cataluña entre 1980 y 2003. Pujol
registró en todos los congresos un apoyo superior
al 90 % de los delegados y nunca fue desafiado por
una candidatura alternativa (Tabla 6). A finales de los
Tabla 6
Grado de participación y competencia en los congresos.
CDC
1977-2008
Año
Asistentes
1
Candidaturas
Cambio líder
Líder
Cargo
% votos
2
1977
580
1
No
Jordi Pujol i Soley
Secretario General
-3
1978
Sd
1
No
Jordi Pujol i Soley
Secretario General
sd
1981
900*
1
No
Jordi Pujoli Soley
Secretario General
93,9
1985
442*
1
No
Jordi Pujol
l
i Soley
Secretario General
>90*
1989
670*
1
No
Jordi Pujol i Soley
Presidente
99,7
1992
887*
1
No
Jordi Pujol i Soley
Presidente
92,5
1996
1721
1
No
Jordi Pujol i Soley
Presidente
94,4
2000
1881
1
Artur Mas i Gavarró
Secretario General
85,2
2004
1937
1
No
Artur Mas i Gavarró
Secretario General
96
2008
2028
1
No
Artur Mas i Gavarró
Presidente
95,2
Fuentes: Elaboración propia a partir de la prensa.
Notas. *Datos aproximados; sd= sin datos. 1. Delegados al congreso. 2. % Votos sobre los emitidos, no sobre el total de asistentes. 3. Pujol fue procla-
mado sin votación.
79
Llamazares
se impuso en la asamblea pero en el Consejo Político Federal no consiguió el 60% de los votos requeridos para optar a la
reelección en un tercer mandato. Este político se mantuvo como líder porque el candidato alternativo finalmente no decidió impugnar la
votación.
Vid
. T. Verge Mestre,
op. cit
., pp. 321 y ss.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
176
años 90, Pujol empezó a preparar el terreno para su
sucesión, designando como substituto a Artur Mas,
elegido primero secretario general de
CDC
en 2000 y
candidato de
CIU
a la presidencia de la Generalitat
en las elecciones de 2003. A pesar de que Mas perdió
el gobierno de la Generalitat, debido a la alianza
de los partidos de izquierda, éste se ha mantenido
como líder organizativo y candidato, y en 2008 pasó
a convertirse en presidente del partido.
A diferencia de los otros partidos, los primeros
años del PNV en democracia estuvieron marcados por
una elevada inestabilidad de su liderazgo, que con-
dujo la formación a una impor tante cr isis a mediados
de los ochenta. Al final del franquismo, el liderazgo
del PNV estaba fuertemente debilitado y envejecido.
En un intento de renovar la dirección del partido,
en abril de 1977, Carlos Garaicoetxea fue elegido
presidente del Euskadi Buru Batzar. Garaicoetxea era
un joven y desconocido miembro, perteneciente a la
organización terr itor ial más pequeña y menos repre-
sentativa del partido. Paradójicamente, al fracasar
en el intento de obtener un escaño por Navarra en
las elecciones generales de junio de 1977, el joven
líder pudo mantenerse al frente de la organización
durante los años decisivos del establecimiento del
nuevo sistema político. En cambio, otros miembros
de la dirección se vieron obligados a renunciar a sus
cargos internos al obtener responsabilidades públi-
cas, debido al sistema de incompatibilidades que
hemos comentados anteriormente. De este modo,
Garaicoetxea pudo continuar como líder del partido
hasta 1980 y convertirse, de forma casi indiscutida,
Tabla 7
Grado de participación y competencia en la elección del candidato.
PNV
1977-2008
Año
Asistentes1
Candidaturas
Cambio líder
Líder
Cargo
% votos2
1977
12
1
Carlos Garaikoetxea Urriza
Presidente
sd
1980
12
1
Xabier Arzalluz Antia
Presidente
sd
1984
12
1
Román Sudupe Olaizola
Presidente
91,7
1985
12
1
Jesús Insausti, “Uzturre”
Presidente
Sd
1986
12
1
Xabier Arzalluz Antia
Presidente
Sd
1987
12
1
Xabier Arzalluz Antia
Presidente
Sd
1988
75
1
No
Xabier Arzalluz Antia
Presidente
100
1992
75
1
No
Xabier Arzalluz Antia
Presidente
sd
1995
75
1
No
Xabier Arzalluz Antia
Presidente
sd
2000
75
1
No
Xabier Arzalluz Antia
Presidente
sd
2004
71
2
Josu Jon Imaz San Miguel
Presidente
57.7
2008
75
1
Iñigo Urkullu Rentería
Presidente
100
Fuentes: Elaboración propia a partir de la prensa.
.
Notas. Sd= sin datos 1. Asistentes al órgano elector. Entre 1977 y 1987 el Consejo Nacional de Euskadi (
EBB
) elige al Presidente. A partir de 1988 la
Asamblea Nacional elige directamente al Presidente y al resto de la ejecutiva. 2. Excepto en 2004, los resultados de las votaciones al líder se aproxi-
maron a la unanimidad.
Cuestiones contemporáneas
177
en candidato del partido y, posteriormente, nuevo
lehendakari
(presidente) del gobierno autonómico
vasco. Garaicoetxea fue entonces reemplazado por
Xabier Arzalluz, que se mantuvo en el cargo hasta
mayo de 1984, tras cumplir el límite de cuatro años
que había existido tradicionalmente para los cargos
internos. Román Sudupe, fue nombrado nuevo pre-
sidente del
EBB
y líder del partido, pero unos meses
después, tras ser derrotado en una asamblea provin-
cial, hubo de abandonar su puesto en la ejecutiva y,
con ello, la presidencia del partido. Fue substituido
en 1985 por Jesús Insausti, líder de la ejecutiva de
Vizcaya y persona de la facción de Arzalluz.
80
Duran-
te la etapa de Sudupe e Insausti, la división entre
Garaicoetxea y la dirección del partido se extendió
territorialmente, amenazando la integridad del par-
tido. En ese contexto, en febrero de 1986 Arzalluz
se convirtió de nuevo en presidente, avivando el
enfrentamiento con Garaicoetxea, que acabó escin-
diéndose y creando Eusko Alkartasuna.
Tras la escisión en 1987, se inició un proceso de
reforma de los estatutos que dio lugar a cambios en
el sistema de elección de los líderes del partido. Por
un lado, se creó la figura de la Asamblea General,
que funcionaría como órgano congresual cada cuatro
años. Por otro lado, se estableció que el presidente
del
EBB
sería elegido por los miembros electos de
la Asamblea Nacional en el marco de la Asamblea
General. El mandato del presidente duraría cuatro
años y su renovación coincidiría con la celebración
de la Asamblea General del partido. De este modo,
el nuevo sistema de elección del presidente se hacía
representativo, aunque los compromisarios de la
Asamblea General quedaban al margen de la elección
del líder. Por otro lado, el resto de miembros del
EBB
eran elegidos en una votación separada por la Asam-
blea Nacional. Este nuevo sistema de elección dio
mayor estabilidad a las elites centrales del partido
y reforzó la figura del presidente, lo que permitió a
Arzalluz ser reelegido como presidente durante más
de quince años.
Su substitución en 2004 resultó competitiva, ya
que se postularon dos candidatos, siendo derrotado
el candidato apoyado por Arzalluz frente a Josu
Jon Imaz por un margen ajustado de delegados. La
presidencia de Imaz coincidió con la presencia en el
gobierno vasco del
lehendakari
Juan José Ibarretxe,
de una línea política más radical y cercana a Arzalluz
y al candidato derrotado por Imaz. Durante su man-
dato, Imaz puso de manifiesto sus diferencias con
Ibarretxe, lo que abrió una nueva crisis poco antes del
congreso de diciembre de 2008. Al final, la renuncia
de Imaz como candidato permitió una candidatura
de consenso entre las dos corrientes mayoritarias
del partido, encabezada por Iñigo Urkullu, que le
convertiría en nuevo presidente del
PNV
.
Conclusiones
Ante la pregunta sobre la evolución de los procesos
de selección del líder, cabe señalar que no se observa
una tendencia general hacia mayor abertura y una
mayor igualdad de la que ya había al inicio del período
democrático en la mayoría de partidos españoles. Por
el contrario, se manifiesta una notable estabilidad
y una tendencia a la igualación en los mecanismos
de selección del líder, puesto que aquellos partidos
que partían de reglas más oligárquicas han tendido
a equiparar sus procedimientos a las del resto de
partidos. En primer lugar, pese a que las cláusulas
de elegibilidad son poco restrictivas, la tendencia
ha sido a endurecerlas progresivamente y, con ello,
a hacer menos abierto el proceso de
certificación
. En
segundo término, las reglas de votación han tendido
a mantenerse estables. Existen variaciones entre
partidos, puesto que algunos tienden a separar la
elección del líder del resto de la ejecutiva, mientras
que otros suelen realizar una única elección, en la
que la lista suele ser cerrada. En cambio, todos los
partidos establecen votaciones individuales (excep-
to en el caso del
PSOE
entre 1979 y 1990), lo que ha
80
Insausti se convirtió en presidente de la ejecutiva de Vizcaya debido a que el máximo aspirante a ese cargo, y por extensión a la pre-
sidencia del
PNV
, Michel Unzueta, no sabía hablar euskera.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas
178
favorecido prácticas oligárquicas en la elección del
líder y en la toma de decisiones transcendentales
para el partido. En tercer lugar, no ha habido grandes
cambios en la ‘inclusividad’ del cuerpo electoral. La
mayoría de partidos han mantenido durante todo
este período los congresos como cuerpo básico para
elegir a los líderes de los partidos. La excepción a
esta tendencia son
IU
y, hasta 1988, el
PNV
. Pese
a que el número de delegados presentes en los
congresos ha crecido ligeramente desde finales de
los años setenta, estas cifras no lo han hecho en
la misma proporción que las de afiliación. Ello ha
terminado comportando en todos los partidos una
más alta proporción de afiliados representados por
cada delegado, lo que ha ido reduciendo las tasas
de representatividad de los electores del líder. Por
último, la otra característica común de los partidos
españoles es el relativamente bajo nivel de compe-
tencia en la elección del líder organizativo. La con-
tinuidad en el liderazgo ha sido la nota dominante
de la mayoría de los partidos políticos españoles. La
competencia ha sido muy excepcional y vinculada a
la retirada del líder vigente, o bien en situaciones de
fuerte crisis interna. El único caso en el que nunca
se han presentado dos candidaturas es el de
CDC
, que
en los congresos de
IU
siempre ha habido dos o más
candidaturas.
A partir de esta imagen de conjunto, pueden ex-
traerse algunas conclusiones relevantes. De entrada,
según estos datos, los partidos políticos españoles
no parecen haberse contagiado de la ola de demo-
cracia interna que sí se ha producido en otros países
y que ha consistido en introducir mecanismos de
democracia directa en la elección de sus líderes.
81
No obstante, de ello no se puede desprender la exis-
tencia de una amenaza o una erosión del principio
democrático en el funcionamiento de los partidos.
La tendencia durante estos treinta años ha ido más
bien encaminada a reforzar los instrumentos de
democracia representativa, que en varios casos ha
permit ido dir imir de forma legít ima cr isis internas en
los principales partidos. Los principios de mayoría e
igualdad se han visto combinados con mecanismos
representativos, mientras que se han abandonado
prác t icas oligárquicas existentes en algunos par t idos
durantes los primeros años de democracia.
Por otro lado, tras esta imagen de estabilidad
en los procesos de selección del líder, se observan
numerosas situaciones en las que el funcionamiento
de las normas del partido contrasta con las prácti-
cas desplegadas por sus líderes. Aunque el objetivo
de este artículo no era analizar estas prácticas,
la observación atenta de los casos sugiere que, a
menudo, los acuerdos entre elites o el peso del líder
resultan determinantes en el resultado final. En esta
situación, las reglas formales tienden a conformar
un proceso al que elites y miembros se adaptan y que
no impide necesariamente fenómenos oligárquicos,
atemperados esporádicamente por el contexto polí-
tico o la situación interna del partido. Sólo cuando
estas prácticas no logran conducir a un acuerdo más o
menos consensuado es cuando realmente la elección
se disputa entre dos o más candidatos.
De acuerdo con esto, ¿hasta qué punto ha benefi-
ciado este reforzamiento del principio representativo
al incremento de la competencia en la lucha por el
liderazgo de los partidos? Conviene constatar la débil
relación entre las dimensiones formales de la elección
y la competencia. La relativa apertura formal de los
criterios de certificación no ha ido aparejada, en el
caso español, a una mayor competencia. En cambio,
la baja competencia en los partidos españoles quizá
podría considerarse, en buena medida, un producto de
la ‘inclusividad’ del cuerpo electoral y, muy especial-
mente, del método de elección mediante congresos
y del procedimiento electoral utilizado, puesto que
estas reglas parecen desincentivar la proliferación de
candidaturas alternativas a la oficial. Los porcentajes
de voto válido en las elecciones para seleccionar al
líder siempre se han mantenido, además, en niveles
extraordinariamente altos (excepto en momentos de
cr isis internas). En conclusión, los datos no permiten
rechazar la hipótesis nula, según la cual, no habría
relación entre grado de igualdad en las reglas de
81
Piero Ignazi, “The Clumsy Leviathan: The Lamentable Legitimacy of The State-Centered Party”, ponencia presentada en el taller
Pro-
moting Internal… op. cit
; B. Wauters,
op. cit
. M. Lisi,
op. cit
.
Cuestiones contemporáneas
179
participación y grado de competencia por el lideraz-
go del partido. La ausencia de base empírica para
esta relación refuerza la necesidad de considerar la
competencia como una dimensión autónoma más
de la democracia interna de estas organizaciones,
aplicando la teor ía schumpeter iana de la democracia
al interior de los partidos políticos.
En conclusión, durante estos años los partidos
polít icos españoles han reforzado el sistema de elec-
ción de líderes mediante mecanismos representativos
basados en los principios de mayoría e igualdad. En
cambio, ello no ha significado (en términos generales)
mayores niveles de competencia. Probablemente, la
centralización del proceso de selección (compatible
con el mecanismo representativo) ha beneficiado a
los líderes en el cargo. Algunos autores han sugeri-
do que el predominio de los sistemas centralizados
de elección de líder puede tener consecuencias en
términos de la orientación hacia los cargos y las
políticas por parte de los dirigentes. A la vista de lo
observado, el caso español ofrece un terreno propicio
para abordar esta hipótesis en el futuro.
Recibido el 6 de agosto del 2009
Aceptado el 29 de enero de 2010
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