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Cuestiones Contemporáneas
119
Jóvenes, migraciones digitales y brecha tecnológica
D
ELIA
M
ARÍA
C
ROVI
D
RUETTA
*
Resumen
Este trabajo tiene como propósito reflexionar en tor-
no a los procesos y condiciones en que actualmente
se realiza la articulación juventud-digitalización.
Para ello, y a partir de una caracterización de los
jóvenes como nativos digitales, se definen estos
dos factores identificando la existencia de brechas
(digitales y cognitivas) que configuran una nueva
causa de exclusión para el sector juvenil.
Palabras clave:
brecha tecnológica , migraciones
digitales jóvenes
Abstract
This paper aims to reflect on the processes and
conditions that currently perform joint youth-
digitalization. For this, and based on youth cha-
racterization as digital natives, two factors are
defined identifying the existence of gaps (digital
and cognitive) that shapes a new cause of exclusion
for the youth sector.
Key words
: technological gaps, youth, digital mi-
grations.
d
*
Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria,
Av. Universidad 3000, col. Copilco Universidad, deleg. Coyoacán, México, 04510.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
120
E
ste trabajo tiene como propósito explorar los
procesos de apropiación tecnológica que expe-
rimentan los jóvenes conocidos como nativos
digitales, a fin de identificar aquellos elementos
que establecen las mayores diferencias existentes
entre ese tipo de usuarios y los llamados migrantes
digitales, adultos pertenecientes a generaciones
anteriores. Para ello, el artículo refiere primero a los
jóvenes en general como el grupo social que ejerce
el protagonismo en el uso social de las tecnologías
de información y comunicación (
TIC
), explorando las
asociaciones y relaciones que se establecen entre
ese grupo social y los recursos digitales. Enseguida,
se analiza a un sector específico dentro de la ju-
ventud, conocido como nativos digitales, el cual se
contrapone a los migrantes digitales debido a que
mientras los primeros pertenecen a las generaciones
nacidas cuando la expansión social de los recursos
de la digitalización era un hecho, los segundos,
debido a su edad, incursionan de manera tardía en
el uso de esas innovaciones. Así, los sistemas de
prácticas culturales de ambos grupos, nativos y
migrantes digitales, están determinados por dife-
rencias generacionales las cuales dan origen a una
serie de factores que profundizan brechas de orden
tecnológico, cognoscitivo y cultural.
Como supuesto de estas reflexiones, se sostiene
aquí que los procesos de apropiación de los recursos
digitales han modificado las prácticas culturales de
los jóvenes que ahora actúan en una nueva dimensión
espacio-temporal. Tal manejo de espacio y tiempo
repercute en las principales actividades sociales
juveniles: trabajo, educación, entretenimiento, re-
laciones y, por lo tanto, en sus condiciones de vida
y en la construcción de su identidad. Estas transfor-
maciones trajeron como consecuencia una profundi-
zación de las diferencias existentes con respecto a
sus mayores, por un lado, y, por otro, insertaron en
la juventud un nuevo tipo de exclusiones que viene
a sumarse a otras ya existentes.
Cabe mencionar que al reflexionar sobre esta
problemática, se busca abrir un debate que posicione
favorablemente a los jóvenes en su relación con las
innovaciones tecnológicas digitales, vínculo que
constituye uno de los signos que caracterizan a los
sectores juveniles del presente. Para este debate,
se considera que es necesario tomar en cuenta las
siguientes premisas:
a) Los estudios sobre juventud tienden a priorizar
las prácticas de transgresión, excepcionalidad
y marginalidad, relegando las reflexiones acerca
del sector juvenil integrado al proceso social en
el que viven, o sea, a los jóvenes ‘comunes’ que
estudian y/o trabajan. Se reconoce que durante
su proceso natural de construcción identitaria,
los jóvenes confrontan y resisten el orden social
establecido, lo que no impide que en sus prácti-
cas sociales cotidianas desplieguen elementos
críticos y creativos que deben ser considerados y
valorados favorablemente en la ruta que recorren
para lograr su integración social.
b) Las tecnologías digitales de información y comu-
nicación forman parte del universo simbólico y de
las prácticas sociales cotidianas de la juventud
(estudiar, trabajar, relacionarse, entretenerse,
etcétera), al tiempo que cumplen una función de
acompañamiento en los procesos productivos.
Ese proceso condiciona, cada vez más, el trabajo
juvenil a las habilidades que los jóvenes tienen
para su manejo y aplicación, lo que ha ido crean-
do circuitos de exclusión o brechas al interior
de la juventud, perjudiciales para quienes no
tienen oportunidad de desarrollar las destrezas
requeridas. Al mismo tiempo, los alejan de los
requerimientos impulsados desde los sectores
de adultos, en su mayoría migrantes digitales,
que han alcanzado una apropiación parcial de
los nuevos recursos digitales.
Antecedentes
Cuestiones contemporáneas
121
c) Aunque los rangos de edad de los usuarios de
internet y la telefonía celular (los recursos
digitales más empleados por la juventud)
1
son
bastante amplios, es claro que el segmento de
jóvenes sigue siendo el más importante en el uso
y apropiación de esas tecnologías.
1
El estudio que realizó en 2009 la Asociación Mexicana de Internet, indica que en México 63% de los jóvenes de 12 a 19 años usa internet
(en ese rango de edad casi 7 de cada 10 lo hace), en tanto que entre los que tienen entre 20 y 24 años, 55% son cibernautas. En cambio,
los resultados indican menor penetración en los grupos de mayor edad: 35% para usuarios de 25 a 34 años; 24% para quienes tienen entre
35 y 44 años; 19% para los que van de 45 a 54 años y apenas 7% para los de entre 55 y 64 años.
Vid
. “Estudio
AMIPCI
2009 sobre hábitos de
los usuarios de internet en México”, Monterrey,
AMIPCI
, Televisa Interactive Media, 2010, en http://www.slideshare.net/diplomadocom/
estudio-de-los-hbitos-de-los-usuarios-de-internet-en-mxico-2010
2
Vale la pena recordar que la categoría
juventud
aparece tardíamente: en los años 60 del siglo
XX
.
Fue entonces cuando Keniston expresó:
“Somos testigos del surgimiento masivo de un periodo de la vida no reconocido con anterioridad: una etapa que surge entre la adolescencia
y la vida adulta. Propongo llamar a esta etapa de la vida el “periodo juventud” asignando a este término, venerable pero vago, un significado
específico.
Vid.
Keneth Keniston, “Juventud: una nueva etapa de la vida” en
In Telpochtli In Ichpuchtli. Revista de Estudios sobre la Juventud,
año 2, núm. 3, 1981, p. 51.
3
Vid
. Gilberto Giménez Montiel,
Teoría y análisis de la cultura
, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Instituto Coahuilense
de Cultura, 2006, volúmenes I y II (Intersecciones)
Algunas precisiones sobre la juventud
Para Naciones Unidas, la juventud
2
está conformada
por el grupo poblacional cuya edad va de los 15 a
los 24 años. Sin embargo, más allá de establecer
algunos criterios etarios útiles para analizar al sec-
tor, es importante destacar que la juventud no debe
entenderse sólo en términos de edad. Se trata de un
período dentro del ciclo de la vida con característi-
cas esenciales propias, el cual se va moldeando y es
fundamental en la construcción de la identidad de
los sujetos que viven ese periodo.
La identidad tiene al menos tres elementos
constitutivos que la determinan: historia, frontera
o campo simbólico y carácter relacional. Estos ras-
gos se dan tanto en el plano individual como en lo
colectivo, plural o restringido, indefinido o definido
y permiten que se cancelen o se manifiesten las dife-
rencias. Dicho de otro modo, tanto para los jóvenes
como para la juventud, historia, campo simbólico e
interacciones, son los elementos que constituyen
sus identidades a partir de los cuales es posible
negociar las diferencias que llevan a la tolerancia o
la discriminación. Como afirma Giménez, la identi-
dad no es una esencia, un atributo o una propiedad
intrínseca del sujeto, sino que tiene un carácter
intersubjetivo y relacional. Se trata de un proceso de
auto-reconocimiento, así como del reconocimiento
y aprobación de los otros. Por ello la identidad de
un sujeto sólo puede emerger y afirmarse en tanto
se confronte con otras identidades y mediante un
proceso de interacción social.
3
En este contexto, la identidad no puede ser
estática sino variable, cambiante. Implica también
una pluralidad de pertenencias, ya que los individuos
actúan en grupos sociales, ámbitos y situaciones
diferentes. Para la juventud, la emergencia de su
identidad se realiza en una interacción social no
exenta de conflictos. La aprobación o desaprobación
de la que son objeto está directamente vinculada
con la discriminación, tolerancia o aceptación de las
actividades que realizan, su forma de proceder o de
vestirse, sus preferencias, entre otros factores que
ellos mismos ponen en juego para lograr su autode-
terminación, expresarse y diferenciar su mundo del
de los mayores. Por estas condiciones, la juventud
no puede ser considerada un grupo homogéneo
sino plural, diverso, con contradicciones, en cuyo
interior existen sectores que viven, se expresan y
relacionan de manera diferente. Según quien los
mire, estos jóvenes son objeto de valoraciones, de
reconocimientos y también de discriminaciones
de orden diverso.
Desde una perspectiva antropológica, la juventud
aparece como una construcción cultural relativa en el
tiempo y en el espacio. Expresado en otros términos,
esto significa que cada sociedad organiza la transi-
ción de la infancia a la vida adulta mediante formas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
122
muy variadas. Aunque este proceso tiene una base
biológica (maduración sexual y desarrollo corporal),
no siempre expresan lo mismo y tanto la percepción
social de esos cambios como sus repercusiones se
diferencian según la comunidad de la cual se trate.
Feixa refuerza este concepto expresando que las
formas de juventud son cambiantes según sea su
duración y consideración social.
4
Para los adultos la juventud representa rebel-
día, ruptura del orden, caos y modos expresivos
difíciles de comprender y aceptar. Esto se debe a
que los jóvenes buscan establecer un nuevo orden
de significaciones, diferente al de sus mayores, lo
cual es esencial para su proceso de construcción de
identidad. En este contexto, la emergencia de lo
juvenil suele verse como negativa y por lo tanto,
despertar reacciones que van de la intolerancia a
la discriminación. Es posible afirmar que desde su
origen la construcción social de la juventud es discri-
minatoria, porque señala a un grupo instalado no sólo
lejos de las actividades socialmente significativas,
sino buscando establecer un nuevo orden. Vista de
este modo, a la juventud se le retacea el derecho a la
autodeterminación, por lo que sus miembros deben
luchar contra las formas establecidas para alcanzar
el cambio e insertarse en el mundo de los adultos;
éste se asigna a sí mismo la tarea de guiarlos, or-
denar sus intereses y metas, así como de juzgar sus
acciones y expresiones. La relación de los jóvenes
con las tecnologías digitales suele caer también en
un nuevo orden de significaciones y por lo tanto,
dentro de parámetros de incomprensión.
Los jóvenes como protagonistas del mundo digital
Se ha hecho bastante común identificar a los jóvenes
por su relación con las tecnologías digitales, lo que
ha derivado en apodos tales como “Generación Click”
(los adolescentes actuales acostumbrados a tomar
decisiones vía un
click
en sus recursos tecnológi-
cos), “Generación Red” o “Generación @” (jóvenes
que viven entre innovaciones tecnológicas que los
llevan a priorizar lo global, no lineal, veloz y verti-
ginoso), “Conectados” o “Desconectados” (según su
capacidad tecnológica y económica para acceder a
recursos digitales) y, más recientemente, “Nativos
Digitales”. Se trata de motes que buscan crear un
enunciado or iginal para ident ificarlos, pero son tam-
bién expresiones que no analizan suficientemente el
entorno social y cultural en el cual se desenvuelven
los jóvenes. No obstante, queda claro que en cada
uno de estos apodos hay referentes tecnológicos.
Desde el resto de la sociedad, la juventud se percibe
así como un grupo social estrechamente ligado a la
digitalización y a las redes.
Dentro de su grupo generacional no todos los
jóvenes ejercen fehacientemente un protagonismo
ligado al uso de tal o cual tecnología. Algunos están
muy ligados al entorno red, pero otros no tienen ni
los recursos ni la infraestructura para acceder a los
nuevos medios; por ejemplo, los jóvenes que habitan
en entornos rurales
5
o los que viven en condiciones
de pobreza extrema, entre otros.
Se presenta por otro lado, un fenómeno novedoso
caracterizado por dos situaciones: una suerte de
habilidades desclasadas para el manejo de lo digital
y su relación con los mayores. Sus habilidades apa-
recen desclasadas debido a que en ocasiones no son
acordes con el capital cultural
6
de los jóvenes ni a sus
condiciones materiales de vida. Dicho de otro modo,
desarrollan habilidades intensivas en el uso de las
4
Carles Feixa Pámpols,
El reloj de arena. Culturas juveniles en México
, México, Secretaría de Educación Pública/Causa Joven, 1998, p. 18.
5
Según el estudio de
AMIPCI
2009 (
op. cit.
), de un total de 30.6 millones de internautas mexicanos mayores de 6 años, sólo 5 millones
viven en ámbitos no urbanos.
6
Bourdieu lo explica como el conjunto de capacidades y recursos intelectuales producidos en el entorno familiar y en el sistema escolar,
elementos que como todo capital dan poder a quienes los poseen. Se le considera capital debido a que no sólo se puede acumular a lo largo
del tiempo, sino que también puede transmitirse a los hijos. El mecanismo de reproducción social es el que permite a cada generación asimilar
este capital. El capital cultural definido por Bourdieu se presenta bajo tres formas: una forma incorporada o
habitus
, una forma objetivada
representada por los bienes culturales (libros, obras de arte, cd, etc.) y una forma institucionalizada, como son los títulos escolares.
Vid
. Pierre Bourdieu,
Capital cultural, escuela y espacio social,
México, Siglo Veintiuno Editores, 2005. N.E.
Cuestiones contemporáneas
123
tecnologías digitales, pero carecen de los recursos
cognitivos necesarios para jerarquizar la información
que reciben o interpretarla, lo que les impide mejorar
con ella sus actividades cotidianas. Por otra parte,
debido a las destrezas que poseen para manejarlos y
sacar provecho de ello, los jóvenes que hacen uso de
los recursos digitales de manera intensiva se colocan
en situación ventajosa con respecto a sus mayores.
Algunos pasan a asesorarlos en materia digital, en
tanto que la mayoría llega a convertirse en emisores
de contenidos (en las redes sociales, por ejemplo),
acar iciando con esta capacidad innovadora una meta
largamente pospuesta por la comunicación mediada
tecnológicamente: la búsqueda de horizontalidad y
retroalimentación mediante canales de retorno que
den a emisores y receptores oportunidades similares
para expresarse. Los adultos en cambio, frecuente-
mente permanecen en el papel de receptores desde
el cual repiten caminos aprendidos, a veces con
dificultad, que les impiden mejorar y transformar a
fondo sus prácticas comunicativas.
Opiniones confinadas a cartas del lector, llamadas
telefónicas per fec tamente filtradas por la producción
de medios electrónicos, derecho de réplica, son recur-
sos muy limitados frente a la arrolladora capacidad
de las redes para canalizar de manera sincrónica
o diacrónica, respuestas, opiniones, discusiones,
que hacen del ciberespacio un lugar para el diálogo
prolífero y fecundo, aunque no siempre confiable.
Pensemos por ejemplo los numerosísimos mensajes
audiovisuales difundidos vía
YouTube,
los contenidos
ligados a expresiones sonoras que ofrece
MySpace
,
los perfiles personales presentados en
FaceBook
o las
ideas cortas contundentes que circulan en
Twitter
.
Aunque no todos los emisores de estas redes socia-
les son jóvenes y a pesar de cifras erráticas sobre
quiénes las usan, hay consenso en aceptar que son
los jóvenes sus usuarios prioritarios.
Para entender la trascendencia del mundo tecno-
lógico que comparte la juventud, vale la pena retomar
a Domínguez,
7
quien explica a la generación del si-
guiente modo: “[…] Un conjunto histórico-concreto
de hombres próximos por la edad, y socializados en
un determinado momento del proceso histórico del
país, lo que condiciona una actividad social común
en etapas clave de formación de la personalidad,
creando similitud de características objetivas y de
rasgos subjetivos, que la dotan de una fisonomía
propia”.
8
Las generaciones tienen así una fisonomía propia
en su entorno, lo que las lleva a crear una identidad
colectiva construida a partir de un espacio-tiempo
determinado.
9
Poseen una autoconciencia de grupo
y desarrollan una sensación de pertenencia debido a
que de este modo se diferencian de otras generacio-
nes, lo cual les permite reflexionar sobre sí mismos y
comunicar tanto las características generacionales
como sus cambios y transformaciones.
Pero la actividad digital que destaca a los jóvenes
de este siglo y de la última década del pasado (años
en los cuales la digitalización alcanza un uso social
extendido) se caracteriza también por sus exclusio-
nes, conocidas de manera muy general como brechas
o abismos digitales y tecnológicos. Tales diferencias
se originan tanto en las posibilidades de acceso a
esos recursos, como por las históricas desigualdades
que existen para la juventud en materia educativa y
social. Por ello, se reconoce que al interior del con-
junto definido como juventud se presentan grandes
diferencias en materia de cultura digital, las que
según estudios realizados por la Comisión Económica
para América Latina (
CEPAL
) están determinadas por
7
Vid
. María Isabel Domínguez García, “La juventud y las generaciones, una reflexión sobre la sociedad cubana actual”, La Habana, Uni-
versidad de La Habana, 1993 (tesis de doctorado).
8
M. I. Domínguez García,“Criterios teórico-metodológicos para la investigación de la juventud”, en
Revista Cubana de Ciencias Sociales,
año 6, núm. 17, mayo-agosto de 1988, p. 46.
9
Vid.
Carolina de La Torre,
Las identidades. Una mirada desde la psicología,
La Habana, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura
Cubana Juan Marinillo, 2001.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
124
indicadores diversos entre los que destacan el lugar
de residencia, el género
10
y la escolaridad.
11
Cabe señalar que en este artículo se sostiene
que la llamada brecha digital posee dos dimensio-
nes: tecnológica y cognoscitiva. La primera está
vinculada al acceso que comporta los ámbitos de
la infraestructura tecnológica disponible y las con-
diciones materiales específicas en que se concreta
dicho acceso. La segunda se manifiesta de manera
diversa en el uso, y se expresa mediante el ejercicio
de habilidades informáticas y del capital cultural
disponible en los usuarios. Ambos universos están
vinculados, por lo que acceso y uso de las tecnolo-
gías se expresan en la apropiación, es decir, en su
incorporación a las prácticas sociales cotidianas de
los jóvenes, o dicho de otro modo, en la cultura de
los usuarios. Esta incorporación desde temprana
edad es lo que distingue a los nativos digitales de
otras generaciones que también pueden hacer uso
de las
TIC
, pero sin que ellas pertenezcan a la es-
tructura material y cultural existente al momento
de su nacimiento.
En el contexto planteado, es preciso remarcar
que con todas sus diferencias y particularidades
grupales, se percibe a la juventud como un factor de
transformación, con amplias posibilidades creativas,
en especial en materia de apropiación de las
TIC
. Por
ello, es urgente realizar estudios que den cuenta de
los modos de uso y de la apropiación cultural de las
mismas, lo cual permitiría superar una larga etapa
caracterizada por investigaciones referidas al acceso,
o sea, al recuento de la infraestructura existente en
diferentes países y regiones.
¿A qué se le llama “nativos digitales”?
El popularizado concepto “nativos digitales” surgió
en 2001 cuando un analista de los nuevos medios
escribió un artículo que tituló “Digital Natives,
Digital Immigrants”.
12
En ese trabajo –cuyo pro-
pósito fue reflexionar sobre los cambios operados
entre los estudiantes universitarios a partir de la
digitalización–, Prensnky, su autor, proponía una
diferenciación entre los ciudadanos que habían
nacido después de la revolución digital y los que lo
habían hecho con anterioridad. Las reflexiones del
autor no se detenían demasiado en fechas, sino en
las características de uno y otro grupo de usuarios
de las
TIC
. Su propuesta evolucionó y llevó finalmente
a identificar a los nativos digitales con aquéllos que
nacieron y crecieron en tiempos de internet.
Se trata de jóvenes que confieren importancia
a su identidad digital y que adoptan una actitud
diferente ante las cosas. El propio Prensky apunta
que comparten diferente, crean diferente, comunican
diferente, coordinan diferente, aprenden diferente.
Se trata asimismo de jóvenes con un amplio dominio
de los medios digitales, lo que les ha permitido te-
ner medios de expresión a su alcance, que también
pueden convertir en canales para la transgresión y
la construcción de su identidad. Poseen una visión
global que no es sólo teórica ni deviene de la impo-
sición de un modelo político económico, sino de la
práctica de comunicarse, platicar, intercambiar, con
jóvenes de otras latitudes. Para estas actividades
han convertido a la red en un lugar de socialización
10
En el caso de México, el género ha ido acortando su brecha. El estudio 2009 de
AMIPCI
(
op. cit.
) indica que entre los usuarios de internet
45% son mujeres y el resto hombres.
11
Vid
. Pablo Villatoro y Silva Alisson, “Estrategias, programas y experiencias de superación de la brecha digital y universalización del
acceso a las nuevas tecnologías de información y comunicación (
TIC
). Un panorama regional”, Santiago de Chile,
CEPAL
, División de Desa-
rrollo Social, 2005 (Serie Políticas Sociales, 101). Documento disponible en línea en http://www.eclac.org/publicaciones/xml/6/20846/
sps101_lcl2238.pdf
12
Vid
. Marc Prensky, “Digital Natives, Digital Immigrants”, en
On the Horizon
, vol. 9, núm. 5, octubre de 2001. Documento disponible en
castellana, “Nativos digitales, Inmigrantes digitales”, disponible en http://docs.google.com/View?docid=ddttrkpp_29c595pr.
Cuestiones contemporáneas
125
muy importante, prueba de ello ha sido la emergencia
primero de millones de blogs y posteriormente de las
llamadas redes sociales (
Facebook, MySpace, Twitter,
YouTube,
entre otras)
13
. Estos jóvenes consideran
que la red constituye una fuente de aprendizaje de
carácter informal que comparte con la televisión el
privilegio de ofrecer información extra curricular,
muchas veces contradictoria o generadora de in-
certidumbre ante la abundancia de datos y falta de
capacidad para jerarquizarlos y valorarlos.
Los nativos digitales se encuentran desde su
nacimiento (¿los 80?, ¿los 90?), inmersos en un
entorno digital por lo que sus actividades sociales
más importantes (jugar, educarse, entretenerse,
trabajar, vincularse con los demás) están mediadas
tecnológicamente. Se apropian de los recursos de la
digitalización de manera casi automática porque son
parte de su generación y su contexto social. Algunos
viven enajenados por una renovación constante de la
tecnología, otros simplemente las usan para conec-
tarse con el mundo, lo cierto es que en la actualidad
pueden ser definidos como una generación digital
debido a que hipotéticamente comparten el acceso,
el uso y la posibilidad de apropiarse de los recursos
digitales.
En el mismo artículo, Prensky, se refiere a los
inmigrantes digitales (entre los que él se incluye)
del siguiente modo:
[…] aprendemos —algunos mejor que otros, como
todo inmigrante— a adaptarnos al medio ambiente,
conservando siempre algún grado de “acento”, que
nos recordará que tenemos un pie en el pasado. El
“acento de inmigrante digital” puede notarse en
cosas tales como, cuando necesitamos información,
no priorizar internet, sino que postergarla a un se-
gundo lugar, o leer el manual de un programa antes
que asumir que el programa en sí mismo nos puede
ayudar a usarlo. Hoy en día, la gente mayor ‘socializa’
de manera diferente con sus niños, y ahora están en
el proceso de aprender una nueva lengua. Y un len-
guaje aprendido tardíamente, dicen los científicos,
ingresa a partes diferentes del cerebro que cuando
se adquiere tempranamente.
14
En cuanto al manejo de la información, este autor
afirma que ambos grupos t ienen una relación diferen-
te: mientras los inmigrantes, bajo la premisa de que
el conocimiento es poder, persisten en la actitud de
querer guardarla en secreto, a los nativos digitales
les encanta compartirla, distribuir los mensajes que
reciben y hacerlo lo más rápidamente posible. Esto
explica la emergencia de las redes sociales, emplea-
das como vehículo de expresión y para compartir
información.
Sin embargo, entre los nativos y los migrantes
digitales existe una amplia franja de jóvenes (y
también de niños o adultos) que no pueden ser
ubicados en ninguna de esas categorías, porque
simplemente no acceden a los recursos tecnológicos.
Ese sector está representado por quienes quedan
fuera del 32.5% de la tasa de penetración nacional
de internet o por los dos hogares de cada diez que
no poseen teléfonos celulares.
15
Más allá de las ci-
fras, es necesario repensar el enunciado maniqueo
que coloca por un lado a los digitalizados de origen
y por el otro a los que llegaron más tarde pero al fin
llegaron, ya que no repara que entre estos grupos
existen enormes diferencias determinadas por el tipo
de uso y el nivel de apropiación de esos recursos.
Entre esta composición multifacética –junto a los
que tienen muchas habilidades digitales y los que no
las tienen– conviven los excluidos. Planteado sólo
desde una perspectiva generacional o etaria, parece
que se está ante un mundo sin fisuras, en el que todos
participan del nuevo espacio que ofrecen las redes
sociales, la telefonía celular y otros recursos de la
convergencia digital.
13
Para ampliar el concepto de redes
vid
. Delia María Crovi Druetta,
et al., Redes Sociales. Análisis y aplicaciones
, México,
UNAM
/Plaza y
Valdés Editores, 2009.
14
M. Prensky, “Nativos digitales…”
op. cit.
15
Vid
.
AMIPCI
,
op. cit.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
126
Un estudio realizado por la consultora ComScore,
coloca a Rusia y Brasil como las naciones con mayor
actividad en la redes sociales: los rusos invierten seis
horas con 36 minutos al día en algún sitio social, en
tanto que los brasileños permanecen en ellos seis
horas con 18 minutos.
16
En esta lista México ocupa el
lugar número 11, registrando una inversión promedio
de cuatro horas diarias por internauta en una red
social.
17
Un aspecto poco estudiado hasta ahora es
relacionar esta actividad con las que en su lugar se
dejaron de hacer: ¿estudiar, trabajar, participar en
actividades sociales presenciales? No se sabe, pero
sin duda esto representa un desafío para la inves-
tigación ya que la distribución de las 24 horas que
componen cada día, debe considerar ahora el t iempo
destinado a los recursos digitales.
Cada generación tecnológica fue creando algún
tipo de exclusión (el libro, por ejemplo), debido a que
las innovaciones nunca han estado al servicio de la
sociedad en su conjunto. No obstante, la preocu-
pación actual sobre esta inequidad se basa en que,
como bien afirma Manuel Castells, se está ante una
generación tecnológica que impacta todas las acti-
vidades sociales, por lo tanto, cuando un individuo
queda excluido del acceso a esas innovaciones puede
quedar al margen de actividades fundamentales de
su vida cotidiana. Cuando este tipo de exclusiones
afecta al sector juvenil, la preocupación es mayor
porque es en ese conjunto social donde se depositan
muchas de las promesas de desarrollo de un futuro
mediato, ya que se trata nada menos que de los prota-
gonistas del cambio propiciado por las innovaciones
tecnológicas. En este contexto, de la preocupación
por acortar la brecha digital entre las naciones se ha
pasado a la preocupación por paliar la brecha que ya
se percibe al interior de la generación denominada
nativos digitales.
Aunque muy útil para caracterizar un fenómeno
complejo, tiende también a estigmatizarlos debido
a su condición maniquea. En efecto, como ya se ha
mencionado, no se puede hablar de la juventud como
un todo homogéneo, sino más bien referirlos en plural:
juventudes que aluden a situaciones diferenciadas. Al-
go similar puede decirse de los adultos y de los mayores.
En este sentido, cabe aún hacerse muchas preguntas
acerca de las transformaciones que se han dado en
las prácticas culturales de ambos grupos a partir de la
apropiación de los recursos digitales. Pero, pese a estas
advertencias y cuestionamientos, es innegable que:
[…] sería ingenuo y arriesgado suponer que no existe
una
brecha cognitiva/emocional
en creciente confor-
mación entre los que nacimos antes y después de
determinadas tecnologías cognitivas, en particular las
asociadas a la información masiva, internet y el uso
multipropósito de la telefonía celular, la conectividad
permanente, el acceso irrestricto a
Wikipedia,
Youtube,
MySpace, Facebook, Twitter
, los
weblogs
y las redes
sociales como matrices de subjetivación, y que esta
brecha no tiene implicancias cognitivas, psicogenéti-
cas y pedagógicas insuturables, entre quienes nacimos
antes y después de la década de 1980/90.
18
La dimensión espacio-tiempo en los ciudadanos virtuales
Superado un primer momento de interés por parte
de las investigaciones académicas o los estudios
de acceso, movidos por la urgencia de sopesar la
infraestructura digital, es conveniente ahora pasar
al análisis de los procesos de apropiación cultural
y de las transformaciones en la vida cotidiana de
16
Vid.
Irma Carolina Valadez Calderón, “México: las redes sociales más populares”, en
Etcétera. Para entender a los medios
, 27 de julio del
17
El multicitado estudio de
AMIPCI
2009 (
op. cit.
), indica que 60% de los internautas mexicanos (casi 28 millones) está suscrito a algún
sitio social. En primer lugar de uso, ubica a
Metroflog
con 11 millones de usuarios; en segundo sitio aparecen empatados
MySpace
y
Hi5
con
7 millones cada uno y, en tercera posición, a
Facebook
con 4 millones de usuarios. Sin embargo, estas cifras son muy dinámicas y dependen
de la metodología empleada para su medición. Por ejemplo, para otros estudios
Facebook
se encuentra a la cabeza por el número de usuarios
mexicanos, seguida por
Myspace y Twitter
.
18
Alejandro Piscitelli,
Nativos digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de la participación,
Buenos Aires, Santillana,
2009, p. 20.
Cuestiones contemporáneas
127
los usuarios. Desde un punto de vista particular, la
dimensión espacio-temporal es uno de los escenarios
que debe repensarse para comprender la dimensión
del cambio cultural que se está viviendo. Es también,
a juicio personal, una de las articulaciones más
notables de este cambio si contraponemos, como lo
hace Prensky, a los nativos con los migrantes aun
cuando esto sea maniqueo.
Aunque las modificaciones en el espacio-tiempo
pueden ser extensivas a todos los cibernautas, nos
referiremos en particular a los cambios operados
entre los más jóvenes. La desterritorialización de la
vida y las relaciones juveniles es uno de los signos
del cambio operado por las
TIC
en su cotidianidad.
Han contribuido a borrar las fronteras nacionales,
acercándolos instantáneamente a hechos, personas
y situaciones, tanto distantes como próximas. Esta
posibilidad técnica introduce a una nueva lectura
de la dimensión espacial y también temporal. ¿Cómo
es ahora el tiempo? La influencia más notoria de las
TIC
en el tiempo se refleja en la instantaneidad con
que se presentan los hechos: en el momento mismo
en que ocurren no importa dónde suceda esto. Ya
los medios masivos de comunicación adelantaban,
mediante enlaces o corresponsales, la posibilidad
de la omnipresencia del receptor. Hoy en día, la in-
formación instantánea, mediática o mediante otros
recursos como son las redes sociales o la telefonía
celular, reafirman esa omnipresencia en una acción
que implica modificar espacio y tiempo. Esta dispo-
nibilidad convierte a los jóvenes en individuos
on
line,
es decir, en sujetos cuya línea con el mundo está
abierta las 24 horas del día para recibir mensajes me-
diante recursos diversos (telefonía celular, internet,
sistemas para bajar y escuchar música, entre otros).
Son pocos los que, disponiendo de acceso a la digita-
lización, se resisten a adoptar esa apertura temporal
que permite a los demás penetrar en su mundo a la
hora y en el momento que ellos quieran.
El sentido de privacidad se modifica tanto por la
irrupción de mensajes en cualquier momento, como
por la capacidad de aceptar esa imposición del otro
que es, en definitiva, quien decide cuándo se comu-
nica. Se modifica también porque las personas que
están dispuestas a entregarse a la irrupción del otro,
tratan sus asuntos (privados, laborales, afectivos)
frente a los demás. Hablar por teléfono hasta hace
unos años era una actividad privada, mientras que
desde la masificación de la telefonía celular, a media-
dos de los noventa, es común que las conversaciones
telefónicas se realicen en público, sin prejuicios ni
tapujos. Abrir asuntos que antes eran privativos del
mundo personal, íntimo, preservado de casi cual-
quier intromisión, es ahora una actividad frecuente
mediante la cual se exponen gustos, actividades,
relaciones, fobias y filias.
Aunque algunos ciudadanos, por razones de orden
económico o por elección, aún permanecen fuera de
línea, es notable la presión del medio social para que
prontamente se incorporen a la masa de individuos
on line
. La organización de la vida, sobre todo en
las grandes ciudades, depende de la conectividad
permanente, porque es mediante las
TIC
(en especial
la telefonía celular) como se van organizando las
actividades cotidianas, al tiempo que permiten dar
cuenta de la ubicación del usuario, algo fundamental
para los adultos que desean estar informados sobre el
movimiento de los jóvenes. A principios de los años
90 o antes (según la tecnología de la que se trate)
no se tenía esa posibilidad; ahora parece imposible
vivir de otro modo. Quienes atraviesan el umbral de
la digitalización difícilmente pueden prescindir de
ellas, son pocos los que se resignan a estar
off line
o a regresar a un estado ‘pretecnológico’ (antes del
escáner, antes del celular, antes de internet, antes de
las redes sociales). Éste es el precio que se paga por
disfrutar de la comodidad o necesidad que implica
estar visibles, disponibles, abiertos, en una sociedad
que demanda entrega total en términos de tiempo y
sin barreras de espacio.
La incidencia de las tecnologías digitales en
cuanto al espacio se hace evidente no sólo en la ya
mencionada desterritorialización, sino también en
expresiones como navegar, ciberespacio, cibernauta
o super carretera de la información, las cuales iden-
tifican nuevos roles y actividades del desempeño
comunicativo. Éstas y otras expresiones aluden a un
mundo más pequeño, no en su tamaño, sino por las
posibilidades que hoy en día existen para conocerlo,
poseerlo e, incluso, dominarlo. Aluden también a un
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
128
individuo-mundo que juega con distancias y movi-
mientos. Tales individuos son los que forman parte de
las nuevas generaciones de jóvenes, usuarios natura-
les de las
TIC
que sólo se resignan a quedar al margen
de ellas cuando por razones de orden económico o de
infraestructura, están entre los excluidos.
Algunos autores como Bakis,
19
han reflexionado
sobre la relación espacio-tecnologías digitales, las
cuales experimentan una mutación profunda por
varias razones. En principio, su inmediatez hace
que pierda significado la distancia concebida como
unidades de longitud. En cambio, habla de espacio-
costo, ya que las tarifas de los servicios se miden a
partir de dos ejes: los kilómetros y las tecnologías
empleadas para lograr las conexiones, así como la
duración y los horarios en que se prestan (las tarifas
de acceso pueden variar según horarios). Para este
autor, el acceso a los modernos servicios domicilia-
rios que ofrece la digitalización no depende hoy de
la distancia sino de su costo.
Pero, en lugar de pensar en los espacios geográ-
ficos, Bettetini y Colombo reflexionan acerca de la
idea de movimiento, del individuo desplazándose
para accesar a las
TIC
: “[.
..] en el universo de los
nuevos ‘media’ están contemporáneamente presentes
sistemas que obligan al usuario a dirigirse a un lugar
para poderlos ut ilizar, sistemas que t ienden a excluir
la necesidad de cualquier desplazamiento por parte
del individuo y, por último, sistemas que valoran el
desplazamiento y se realizan de modo que se garan-
ticen al individuo la libertad de movimiento.”
20
Entre los primeros, están los lugares públicos para
consultar internet (universidades, cafés, librerías,
etc.) o los cajeros automáticos; los segundos pueden
ejemplificarse con las computadoras personales con
acceso a redes instaladas en el hogar, en la escuela
o en el trabajo; y los terceros hacen alusión a las
computadoras portátiles con conexiones inalámbri-
cas, convertidas en verdaderas oficinas o escuelas
móviles, así como a la telefonía celular.
Este desplazamiento remite a un individuo en
movimiento, capaz de llevar consigo el conjunto de
esferas en las que actúa cotidianamente: su hogar,
la escuela, la oficina, la universidad, el entreteni-
miento, las relaciones sociales, los negocios, etc.,
lo acompañan donde quiera que vaya. Podríamos
decir que lleva el planeta a cuestas y puede acceder
a él a la carta.
Las nociones de espacio y de tiempo implícitas
en la
TIC
conforman una dimensión conjunta en la
que continuamente se contaminan. Sin duda el movi-
miento interactúa con la temporalidad preferida por
las personas
off line
o los costos con las que escogen
permanecer
on line.
Por estas razones, se habla de una
nueva dimensión espacio temporal que representa
un reto para actividades de la sociedad industrial,
regidas por horarios rígidos y espacios confinados:
el mundo de quienes ahora son adultos.
Entornos digitales como nuevos escenarios de exclusión
En los últimos años se han agregado nuevas razones
para la exclusión hacia la juventud y los jóvenes.
La reestructuración socioeconómica de los años 70
tuvo efectos en la juventud, ya que puso frenos a la
independencia económica y familiar de los jóvenes,
en tanto que su incorporación al mundo del trabajo
y la educación comienza a encontrar serias dificulta-
des. Desde entonces, los organismos internacionales,
con apoyo de los gobiernos locales, promovieron la
construcción de una sociedad de la información y el
conocimiento, que poco a poco se fue identificando
como el nuevo modelo de progreso y desarrollo:
“En una sociedad de la información se gestiona
conocimiento. Así como en la sociedad industrial
se administraban objetos materiales y personas, en
la sociedad de la información y el conocimiento se
19
Vid
. Henri Bakis, “Telecomunicaciones, espacio y tiempo”, en Carmen Gómez-Mont,
Nuevas tecnologías de comunicación
, México, Trillas,
1991. N.E. Además, Delia María Crovi Druetta y Cristina Girardo,
La convergencia tecnológica en los escenarios laborales de la juventud,
México,
UNAM
, 2001.
20
Gianfranco Bettetini y Fausto Colombo,
Las nuevas tecnologías de la comunicación,
Barcelona, Paidós, 1995, p. 26.
Cuestiones Contemporáneas
129
administran datos, informaciones y conocimientos
sobre esos objetos materiales y personas.”
21
Pero para administrar esa información y esos
conocimientos, es necesario acceder a innovaciones
tecnológicas costosas, así como contar con con-
diciones económicas que permitan una constante
actualización de su parte dura (
hardware
) y su parte
blanda o lógica (
software
). Además, es imprescindi-
ble poder manejar estos nuevos recursos, es decir,
contar con la capacitación necesaria para incorporar
las innovaciones a la vida cotidiana.
Conscientes de las diferencias que se han ido
estableciendo entre países pobres y ricos y entre los
individuos con condiciones económicas diferentes,
se aceptó la existencia de una brecha digital que
debíamos combatir. El concepto de brecha digital
implicó reconocer que estamos ante un modelo social
que genera exclusión y discriminación entre quienes
no tienen acceso a los instrumentos que hacen posi-
ble tal modelo. Los jóvenes, como protagonistas del
cambio, en mayor o en menor medida son víctimas
de la brecha digital, tanto que buena parte de los
programas diseñados para combatirla están desti-
nados a la juventud.
No obstante, el reconocimiento de la brecha
digital por parte de las naciones no se tradujo en
un abordaje integral de este problema. Por el con-
trario, su tratamiento ha sido parcial, debido a que
las acciones que se están llevando a cabo parten
del determinismo tecnológico, lo que se traduce en
dotar de infraestructura tecnológica al tiempo que
se descuidan otros aspec tos igualmente impor tantes.
Entre esos aspectos destaca la brecha cognitiva,
es decir, la falta de habilidades para manejar las
innovaciones tecnológicas que se suma a un escaso
capital cultural preexistente entre jóvenes, como
producto de reiteradas exclusiones educativas y de
opor tunidades culturales amplias. Desde un punto de
vista personal, el combate a la brecha digital debe
tomar en cuenta tanto el acceso a las innovaciones
tecnológicas como el desarrollo de habilidades para
hacer uso y apropiarse de ellas, a fin de propiciar una
transformación en las prácticas sociales y culturales
cotidianas de todos los individuos jóvenes.
La brecha cognitiva involucra al menos dos aspec-
tos fundamentales: las competencias
informát icas y el
capital cultural. Mientras las habilidades informáticas
establecen rangos de usuarios que van desde los re-
pet idores de caminos aprendidos sin una racionalidad
ni explicación (exploración y juego), a los que son
capaces de innovar y crear a partir de las posibilidades
de las redes (apropiación), el capital cultural, desde
la perspectiva planteada por Bourdieu,
22
comporta
una dimensión fundamental en los procesos de apro-
piación de los nuevos medios, en especial de su parte
lógica o de contenidos, ya que está relacionado con
la capacidad de gestionar información y crear cono-
cimiento. Así, entre los jóvenes existen grupos que se
distinguen por una mayor o menor incorporación de
prácticas comunicativas a sus v idas cotidianas y tam-
bién, menos recursos culturales para tomar decisiones
y, como consecuencia, para gestionar información y
conocimiento.
Si frente a los planteamientos de la construcción
de una sociedad de la información surgidos a finales
del siglo
XX
, hubo una clara preocupación por superar
la brecha digital entre naciones ricas y pobres, hoy
el problema se focaliza en sectores concretos de la
sociedad, como es el caso de la juventud. No por
casualidad surge y se desarrolla el concepto “nativos
digitales”: se trata de una reflexión producto de las
diferencias cada vez más marcadas que se perciben
entre quienes se vieron obligados a adquirir un saber
adicional sumándose al manejo, a veces limitado, de
los nuevos medios, y entre quienes nacen y crecen ro-
deados de innovaciones tecnológicas que se renuevan
constantemente. Una preocupación se ha sumado a la
otra: a la brecha digital entre las naciones y entre las
clases sociales, se le agrega el problema generacional
y las diferencias en el acceso entre miembros de una
misma generación como son los nativos digitales, que
aparentemente deberían ser homogéneos.
21
José Silvio,
Virtualización de la universidad. ¿Cómo transformar la educación superior con la tecnología?,
Caracas,
UNESCO
/Iesalc, 2000, p. 117.
22
Vid
. de Pierre Bourdieu,
El sentido práctico
, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2007 y
Capital cultural, escuela y espacio social,
México, Siglo Veintiuno Editores, 2005. N.E.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
130
A manera de cierre: una oportunidad para los jóvenes
Sin duda juventud y jóvenes están presentes en el
complejo entrecruzamiento contextual que aquí se
ha planteado y a ello deberían dedicarse programas
específicos que los doten de habilidades para manejar
los nuevos medios digitales, favoreciendo así una
apropiación cultural plena. Sin embargo, las circuns-
tancias que rodean a la brecha digital en el ámbito
de los jóvenes plantean inequidades: por un lado,
los nativos digitales tal como se han descrito; por
otro, quienes suman la digitalización a otras causas
tradicionales de discriminación o exclusión.
Como respuesta a estas inequidades en los últi-
mos años estudios desarrollados por organizaciones
internacionales y nacionales, visibilizan los proble-
mas actuales de la juventud. Destaca entre ellos el
Informe sobre la Juventud Mundial 2005
de Naciones
Unidas,
23
que afirma que existen más de 200 millones
de jóvenes viviendo en la pobreza, 130 millones de
jóvenes analfabetos, 88 millones desempleados y 10
millones viviendo con el
VIH
/Sida. El argumento cen-
tral de este informe es que las políticas relativas a la
juventud son impulsadas por estereotipos negativos
acerca de los jóvenes, como la delincuencia, el uso
indebido de drogas y la violencia, olvidando que los
jóvenes son una fuerza positiva para el desarrollo,
la paz y la democracia. Naciones Unidas reconoce
que las políticas sobre juventud parten de una cons-
trucción cultural negativa y discriminatoria, y se
diseñan tomando en cuenta sólo aquellos aspectos
vinculados al rompimiento de las normas, a la disi-
dencia frente a los cánones aceptados y aceptables.
Dicho en otros términos, las políticas públicas sobre
juventud no toman en cuenta a la inmensa mayoría
de jóvenes que realizan su construcción identitaria
transitando desde el enfrentamiento a sus raíces
parentales hasta las transformaciones y mutaciones
que les permiten ser agentes activos en los procesos
de creación y circulación cultural, sin ser discrimi-
nado ni estigmatizados.
La nueva cultura juvenil está ampliamente deter-
minada por los medios. Así lo demuestran diversas
investigaciones sobre el tema
24
como las llevadas
a cabo por el Banco Mundial en 2007
25
y el ya men-
cionado Informe de la
ONU
. Este último corrobora
que siguen existiendo grandes desigualdades en la
distribución y utilización de tecnologías de infor-
mación, hallazgo a par t ir del cual establece acciones
pr ior itar ias para contrarrestar algunas de las fuentes
de discriminación entre los jóvenes, quienes deben
v iv ir e incorporarse ac t ivamente al modelo de socie-
dad de la información y el conocimiento. Entre ellas
destaca la necesidad de aumentar el acceso a las
TIC
con propósitos educat ivos, laborales y para erradicar
la pobreza. Insta a adoptar medidas especiales para
conectar a los jóvenes residentes en regiones rurales,
teniendo en cuenta que la tecnología inalámbrica
permite superar algunos de los obstáculos físicos que
representan la distancia y la topografía. Enfatiza
también, la necesidad de promover el acceso com-
partido a esos servicios a fin de aumentar sus efectos
y considera que un mayor acceso a las tecnologías
digitales entre los jóvenes, permitiría fomentar la
ciber
par t icipación a través de comunidades v ir tuales
o lo que denominan ciudadanía electrónica.
23
Vid., Word Youth Report 2005. Young People Today, and in 2015,
prefacio de
José Antonio Campo, Nueva York, United Nations Organiza-
tion, Department of Economic and Social Affairs, 2005, en http://www.un.org/esa/socdev/unyin/documents/wyr05book.pdf N.E. Puede
consultarse el resumen en castellano, en http://daccess-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N04/635/86/PDF/N0463586.pdf?OpenElement
24
Vid
., entre otras, Marcelo Urresti (coord.),
Ciberculturas juveniles: los jóvenes, sus prácticas y sus representaciones en la era de internet,
Buenos Aires, La Crujía, 2008; D. M. Crovi Druetta y C. Girardo,
op. cit.
; C. Freixa Pámpols,
op. cit
y A. Piscitelli,
op. cit.
25
The International Bank for Reconstruction and Development/The World Bank,
World Development Report 2007. Development and the Next
Generation,
pref ac io de Paul Wolfow it z, Washington, The World Bank, 2006, en http://books.google.com.mx/books?id=xR9IcNw-rQUC&print
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tarse la versión castellana resumida: Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento/Banco Mundial,
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Cuestiones contemporáneas
131
El Banco Mundial, a su vez, realizó un estudio
en América Latina y el Caribe cuyos resultados se
condensan en el
Informe sobre el desarrollo mundial,
2007: el desarrollo y la próxima generación.
26
En este
trabajo, la educación emerge como el instrumento
idóneo para que los jóvenes puedan sumarse al uso
de las
TIC
y con ello contar con más oportunidades
para su desarrollo social. El estudio sostiene que los
países que invierten en una mejor educación, salud
y formación laboral para los habitantes de entre 12
y 14 años, podrán lograr crecimiento económico y
reducir sus índices de pobreza. Asimismo, indica
que esas inversiones son un imperativo ya que en
el mundo en desarrollo hoy viven 1,300 millones de
jóvenes, el grupo más extenso en toda la historia,
una oportunidad que debe aprovecharse para formar
ciudadanos activos. No obstante, confirma que 130
millones de jóvenes de entre 15 y 24 años no saben
leer ni escribir, rezago que repercute en el sector
productivo y en las relaciones sociales.
Para responder a estas demandas, el mencionado
documento propone tres líneas de acción: ampliar
las oportunidades, mejorar las capacidades, y ofre-
cer segundas oportunidades a los jóvenes que han
quedado rezagados debido a circunstancias difíciles
o decisiones desacertadas.
27
En todos los casos, se
visualiza a la educación y al acceso a la información
como los instrumentos que permitirían superar los
retos haciendo de la juventud un sector mejor aten-
dido y más activo.
Más allá del punto de vista económico que pre-
domina en las recomendaciones de este organismo,
es importante destacar que por fin se pone el acento
en trabajar para y con la juventud a fin de combatir
exclusiones. Canalizar los conocimientos y la creati-
vidad natural de los jóvenes se ve en este contexto,
como una forma de contribuir a estimular el creci-
miento económico, que puede producir beneficios
perdurables.
28
Tanto los nativos digitales como los demás jóvenes
–o sea, aquéllos que, compar t iendo una misma genera-
ción, están siendo excluidos del proceso de digitaliza-
ción debido a las brechas existentes–, están esperando
una oportunidad: que se valore su parte creativa y co-
laborativa. Esperan también que se reconozca en ellos
a una generación que a pesar de las diferencias, posee
un conocimiento privilegiado acerca de los nuevos
medios, el cual puede ser capitalizado para incidir en
el desarrollo de políticas públicas que promuevan una
digitalización democrática, sin exclusiones.
“La digitalización está cambiando nada más y na-
da menos que las formas de vida, es decir, una manera
de hacer las cosas.”
29
Y son los jóvenes quienes están
a la vanguardia de esos cambios; por eso, en materia
de uso y apropiación de los recursos digitales, es
necesario darles la oportunidad de marcar el camino
así como el espacio para aprender de ellos.
Recibido el 8 de octubre de 2009
Aceptado el 18 de marzo de 2010.
26
Ibid.
27
Idem.
28
Idem.
29
A. Piscitelli,
op. cit.,
p. 301.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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