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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
La accidentada ruta hacia
el
Congreso Universitario de
1990
Resumen
En este artículo, el autor nos recuerda que una
Iiistoria puede repetirse muchas veces. El actual
conflicto en la
U
N
AM
no es nuevo, sino una versión nueva de viejos problemas: discusiones
sobre acceso a la educación, educación superior gratuita, universidad democrática, etcétera.
El autor nos habla sobre el conflicto precedente. hace casi quince años. Entonces, nos mues
-
tra cómo se paralizó la
UNAM
, antes y después del Congreso Universitario, cómo fue problemá
-
tico el diseño de una fórmula electoral que representara los intereses de los distintos actores
involucrados en el proceso, y cómo las reformas pueden, independientemente de su bondad,
detenerse en palabras emotivas.
Aquel
conflicto empezó
-
como ahora
-
con una tentativa de reformas de Rectoría y se
perdió más de tres
aiíos antes de que el Congreso Universitario pudiera instalarse. A pesar
de eso, afirma el autor, la principal reflexión que tenemos que rescatar es si aquel prolongado
proceso fue verdaderamente útil. Cuando miramos retrospectivamente y pensamos sobre el
presente, pareciera no haber sido
así
...
The author reminds us that
history may repeat
itself many times. Today's conflict at the
U
N
AM
isn't new, only a new version of old problems:
arguments about the accessibility of education,
free higher leaming, democratic university, etc. The author
tells us about the previous conflict,
almost fifteen years ago. He then shows us how the
U
N
AM
was paralyzed, before and
after the
University's Congress, how problematic the design of an electoral formula representing the
interests of the various
involved in the
process was, and how reforms, in spite of their
benefits,
may end in nothing more than emotional words.
That conflict started
as
today's-
with an attempt at reforms by the rectorate and more
than
three years went by before a University
Congress could be installed.
In spite of
al1 this,
says
theauthor, the main
thought we must reclaim is if the longprocess was at
al1 useful. When
we
look back into the past, and think about the present, it would seem this was not so
...
E
1
Frontón Cerrado de Ciudad Universitaria había sido acondicio
-
nado para un evento con tanta o más algarabía
y
espíritu de
competencia que los partidos de pelota que suelen jugarse allí. Ha
-
bría contendientes, expectación
y
público. Sin embargo, el motivo
de la disputa no sería deportivo. Estaba en litigio la reforma de la
Universidad Nacional Autónoma de México.
El lunes 14 de mayo de 1990, en el Frontón,
remozado y acon
-
dicionado para tan insólito acontecimiento, se instaló el Congreso
Universitario. 846 delegados electos en toda la Universidad, tendrían
la responsabilidad de debatir y decidir acerca de los problemas
sus-
tantivos de esa institución.
Llegar a la realización del congreso no había sido fácil ni rápido.
Tuvieron que pasar tres años, tres meses y cuatro días para que,
después de haber sido acordado en medio de una huelga estudiantil,
el congreso fuera realidad.
Ese proceso de negociaciones, tensiones y estancamientos en la
U
N
AM
,
he
tan o quizá más importante que el congreso mismo. Du
-
rante más de tres años, las principales
fberzas políticas en esa ins
-
titución se enfrascaron en un dilatado regateo, especialmente acerca
de las reglas para realizar el congreso. Las discusiones sobre pro
-
cedimientos duraron más tiempo que la reflexión sobre las re
-
formas que se pretendían para la
UNAM.
En este ensayo, nos ocupamos de ese prolongado
-
y
en varios
sentidos
inciert-
periodo para la
U
N
AM
.
A
partir de la iniciativa de
reformas del entonces rector Jorge Carpizo, en la primavera de 1986
y hasta más de cuatro años después, ya con otro rector y en una
circunstancia nacional muy distinta, la
UNAM
permaneció sin resolver
las medidas mínimas que requería para evitar su estancamiento aca
-
démico y organizativo.
1986:
fortalezas
y
debilidades
&
una
"
universidad
gigantesca
y
mal
organizada
n
El Congreso Universitario sería consecuencia del proyecto de refor
-
mas presentado por el rector Jorge Carpizo en abril de 1986. En el
célebre documento Fortaleza
y
debilidad de la Universidad
Nacio-
naldutónoma
deMtkko,' Carpizo hacía una severa crítica de las ne
-
gligencias y omisiones que, junto a sus conocidas luces, padece la
universidad más grande del país.
'
Jorge Carpizo,
Fortaleza
y
deMlídad de
la
UniLiasidad Nacional Autónoma de
M&co.
Diagnártico de
h
situación de
h
WAM,
dado a
conocerpor el
tríctor,
doctorJorge
Carpizo
en
reunión del
H.
Consejo
UniLiasitario,
Ciudad Universitaria, México,
16
de abril de
1986,
mimeo.
Cuestiones
contem~ráneas
Ineficiencia para concluir estudios de licenciatura,
rezagos en la
ti
-
tulación en el posgrado, carreras con sitios vacantes a pesar de la
enorme demanda en otras, y la injusticia que para la mayoría de los
egresados de bachillerato significaba el pase reglamentado a la li
-
cenciatura que beneficiaba a los egresados de las preparatorias de
la
UNAM,
eran algunas de las zonas oscuras señaladas por el rector.
Aquel inventario incluía el mínimo esfuerzo que suele
invertir-
se en la presentación de exámenes extraordinarios, la deficiente
orientación vocacional, el enmascaramiento del servicio social que
se ha convertido en requisito y no en oportunidad de retribución al
país y la permanencia de cuotas cuyo carácter simbólico eximía de
compromiso con la Universidad a muchos estudiantes y sus familias.
La
crítica al personal académico era inclemente: ausentismo, incum
-
plimiento de la legislación que exige la presentación de informes
y
programas de trabajo y, en ocasiones, la existencia de profesores
que cobran pero no trabajan. A las autoridades, Carpizo les repro
-
chaba el abuso en la contratación de profesores sin pasar por con
-
curso de selección.
La
preeminencia de consideraciones políticas por encima de las
académicas, el deterioro en la calidad de la enseñanza y la dismi
-
nución de los recursos financieros de una universidad cuyas debi
-
lidades le impedían exigir más, porque no se comprometía a más,
eran parte de ese panorama drástico y ácido. En 30 puntos, Carpizo
describía las carencias de
una universidad gigantesca y mal organizada; en algunos as
-
pectos se da una fuerte centralización que ahoga a las depen
-
dencias académicas, y en otros no existe ningún control
L...]
La
gran magnitud
de
la institución ha tendido a favorecer una
grave inercia
e
inamovilidad en sus más diversos aspectos. En
varias
facetas la universidad ha perdido el buen sentido de
competitividad para superarse y ser mejor.'
A
partir de ese diagnóstico, Carpizo convocó a los universitarios
para expresar sus opiniones. Entre abril y septiembre de
1986,
la
Rectoría recibió
1760
ponencias a cargo de consejos técnicos
e
internos, colegios, asociaciones, miembros del personal académico
y estudiantes, entre otros actores de la vida universitaria. Con ese
aval, el rector presenta un paquete de reformas que incluyen la de
-
rogación del pase automático del bachillerato a la licenciatura; el
establecimiento de una sola vuelta en exámenes, extraordinarios; la
fijación de límites máximos para presentar tales exámenes, así como
para las materias que pueden ser reprobadas; el despido de los pro
-
fesores que no trabajen; aumento en las cuotas por servicios como
exámenes extraordinarios, examen médico y expedición de certifi
-
cados; el cumplimiento cabal de las horas para las que está con
-
tratado cada profesor y la evaluación del personal académico a partir
de los programas que entregue a sus consejos técnicos. Esas me
-
didas, 26 en total, incluían apoyos didácticos para los estudiantes,
revisión y actualización de planes de estudio y elección directa
y
secreta de los representantes de profesores y alumnos a los consejos
técnicos y
uni~ersitario.~
Las propuestas del Rector, fueron aprobadas por el Consejo Uni
-
versitario los días
11
y 12 de septiembre. En rechazo a
eilas, el
31
de
octubre se constituyó el Consejo Estudiantil Universitario
(CEU),
con
representantes de
25
escuelas de la
U
N
AM
.
Diez días más tarde, el rec
-
tor designa una comisión para negociar con esos estudiantes. Sin
embargo, ya estaba en marcha una escalada de confrontación entre
ambas partes.
Rechazo estudiantil, diálogo
púbiico
y
congreso luego de
20
díí
de huelga
El
CEU
alegaba que la
UNAM
no podía eliminar derechos que los es
-
tudiantes habían disfrutado durante años. Las autoridades sostenían
que la actualización y ampliación de esos derechos (por ejemplo,
para los estudiantes de bachilleratos no dependientes de la univer
-
sidad) eran parte de una actualización indispensable.
El
13
de noviembre, el
C
E
U
sostiene un paro en varias escuelas y
facultades. Aunque la Rectoría propone atenuar el efecto de algunas
de las disposiciones aprobadas por el Consejo Universitario (estable
-
'
Jorge
Carpizo,
'Modificaciones académicas en la Universidad Nacional Autónoma de Mé
-
xico
"
, en
Cuadernm
de
Legishción
Universitaria,
núm.
3,
UNAM,
México, mayo
-
agosto de
1987,
pp.
31
-
34.
Cuestiones contemporáneas
ciendo plazos más amplios para su cumplimiento, entre otras me
-
didas) el rechazo estudiantil aumenta.
El
CEU
insiste en la dero
-
gación de las reformas y, además, en la realización de
"
un Congreso
Universitario de Transformación
Dem~crática".~
Entre el 6 y el 9 de enero de 1987, la Comisión de Rectoría y los
dirigentes del
CEU
sostienen una discusión pública en el auditorio
Che Guevara de la Facultad de Filosofía y Letras. El Consejo Estu
-
diantil insiste allí en la realización de un congreso. No había una idea
muy precisa acerca de cómo, cuándo, y en ocasiones, ni siquiera
para qué celebrar ese evento, al cual, sin embargo, se le anticipaba
como magno y todopoderoso, o casi, para resolver los problemas de
la
UNAM.
Pero ese tema, junto con el rechazo a las reformas de sep
-
tiembre, se convirtió en la principal demanda del entonces creciente
movimiento estudiantil.
En las pláticas públicas, las autoridades
univerdtarias se dedican
a responder a las impugnaciones a las reformas aprobadas por el
Consejo Universitario, e incluso, ofrecen una nueva colección de
propuestas para matizarlas. El
CEU
se niega a aceptarlas. En su re
-
chazo formal a la nueva iniciativa de Rectoría, el 16 de enero, el Con
-
sejo Estudiantil propone:
"
la realización de un Congreso General
Universitario
"
. El método para llegar a ese congreso, de acuerdo con
el
C
E
U
,
sería el siguiente:
Planteamos la conformación inmediata de una gran comisión
universitaria integrada por profesores, investigadores, trabaja
-
dores, estudiantes y autoridades de la
UNAM.
Esta gran comisión
universitaria habrá de proponer los mecanismos, la compo
-
sición, la agenda y los tiempos de discusión del Congreso
Uni-
~ersitario.~
La
Comisión de Rectoría aceptó llevar esa iniciativa al Consejo
Universitario. Sin embargo, las pláticas habían servido de poco para
acercar las posiciones del
CEU
y
las autoridades. El
20
de enero, en
un comunicado, el rector Jorge Carpizo admitió:
"
diversos sectores
han manifestado que la problemática general de la Casa de Estudios
Consejo Estudiantil Universitario,
"
La
transformación democrática de la
UNhM
no
se
ne
-
gocia
"
,
La
Jornada,
México,
25
de
noviembre
de
1986.
"
La
contrapropuesta del
aun,
LaJornada,
México, 17 de enero de 1987.
debe ser analizada en un foro, asamblea o congreso" e insistió en
que esa posibilidad debía ser conocida por el Consejo
Uni~ersitario.~
El 26 de enero la propia Comisión de Rectoría, en un documento
entregado al
CEU,
señala que ese "foro o congreso" sería escenario
de "una gran discusión sobre los problemas de la universidad
"
, a
fin de que
"
todos los universitarios elaboremos juntos la reforma ca
-
paz de poner a la
UNAM
a la altura del país que queremos construir".
La convocatoria al congreso sería elaborada por una comisión del
Consejo Universitario, según esa propuesta.'
El mismo Jorge Carpizo, el
29
de enero en un mensaje público,
señaló que
el contexto universitario ofrece las condiciones para que, me
-
diante la celebración de uno o varios foros o congresos, se apun
-
ten las ideas de la universidad futura. Efectivamente, es nece
-
sario ampliar aún más la discusión
y
promover la participación
de todos,
y
en todos los ámbitos de la universidad. Congreso
sí, respondimos, pero dentro de los cauces normativos de la
institución. Crear una nueva legalidad pero a partir de la lega
-
lidad existente. Congreso respetuoso de los órganos
y
estruc
-
turas institucionales para buscar desde ellas su modernización
y
p&feccionamiento; congreso abierto a todos, representativo
de la pluralidad universitaria.
Carpizo apuntaba, desde entonces, una de las limitaciones for
-
males del congreso:
"
el Consejo Universitario no está facultado para
delegar su propia competencia legislativa, pero es indudable que
ponderaría las conclusiones de un congreso universitario
pl~ral".~
En ese mensaje, el rector sugería que el congreso debía ser el
punto de llegada de un extenso proceso de deliberación
y
no el úni
-
co espacio de esa discusión:
Se han expresado muchos sectores
-
consejos técnicos, con
-
sejos internos, asociaciones
y
colegios de profesores e
inves-
Jorge Carpizo,
"
La
UNM
abierta al diálogo
"
, en
Cuadern m.
..,
op.
cit.,
pp. 73
-
75.
"
Propuesta de la Comisión de la Rectoría al Consejo Estudiantil Universitario
"
, en
Cw-
demm
...,
op.
cit.,
pp. 7678.
"
Mensaje del
doctor Jorge Carpizo, rector de la Universidad Nacional Autónoma de
México, a la comunidad universitaria
y
a la opinión pública
"
, México, 29 de enero de 1987,
mimeo.
Cuestiones contemporáneas
tigadores, grupos y sociedades de alumnos
-
que quieren par
-
ticipar en la transformación de la universidad. Quieren voz y
quieren voto. Por ello y para ello está la propuesta de foros en
cada facultad, escuela, instituto y centro, como una etapa pre
-
liminar del Congreso
Univer~itario.~
Sin embargo, unas horas antes había estallado la huelga estudian
-
til. El
C
E
U
cerró la mayor parte de las escuelas y facultades, dentro
y fuera de Ciudad Universitaria.
A
pesar de la huelga, las comisiones
de Legislación Universitaria y de Trabajo Académico del Consejo
Universitario siguieron sesionando para recibir a diversos grupos
que expresaron opiniones acerca del Congreso Universitario.
El 10 de febrero, el rector propone al Consejo Universitario la rea
-
lización de un congreso general. En sus consideraciones, Carpizo
manifiesta:
El Congreso Universitario no ha de verse como espacio para
una contienda política ni como instancia sectaria que aplaste
al supuesto contrincante, o que extermine los puntos de vista
opuestos. Por el contrario, el congreso debe ser sitio de abso
-
luta libertad y legitimidad para la confrontación de las ideas,
para la expresión de las razones y para la búsqueda de procesos
de síntesis que favorezcan el desarrollo de la Universidad.
La propuesta del rector indica que el Consejo Universitario
"
de
-
berá
asumir las conclusiones del Congreso Universitario
"
y que ha
-
brá de crearse
"
una comisión organizadora del congreso donde se
encuentre representada la pluralidad de la
Uni~ersidad".'~
Esa noche, a propuesta de Carpizo, el Consejo Universitario aprue
-
ba la realización de un congreso y la suspensión de los reglamentos
de septiembre anterior. La propuesta aprobada estableció la crea
-
ción de una comisión organizadora del congreso formada por
48
universitarios; 16 de ellos fueron designados en esa misma sesión.
Otros 16 serían representantes electos por los estudiantes y una can
-
tidad igual, delegados del sector académico. Las formas de elección
rdan.
'O
"
Mensaje del
rector al Consejo Universitario
"
,
LaJomuuÚ,
México,
11
de febrerode
1987.
tendrían que ser definidas por los primeros 16, miembros del Con
-
sejo Universitario.
"
Después de nuevos regateos y de consultas de la dirección estu
-
diantil en sus asambleas, la huelga termina el 17 de febrero. Aunque
desde entonces se dijo que el congreso había sido una conquista de
esa huelga, desde antes de la suspensión de labores las autorida
-
des universitarias lo habían aceptado (el otro logro fue la suspen
-
sión de los reglamentos que el
CEU
había impugnado).
La
única diferencia fue la capacidad resolutiva que se le adjudicó
al congreso. Antes de la huelga, el rector proponía un congreso cu
-
yas conclusiones fuesen consideradas por el Consejo Universita
-
rio. Ya con huelga, especificó que esas conclusiones las debería
"
asumir
"
el Consejo.
La
imprecisión de esa fórmula fue advertida por el mismo Consejo
Estudiantil Universitario, en cuyo interior se discutió largamente la
resolución del 10 de febrero. En un manifiesto publicado al levan
-
tamiento del paro, el
CEU
enumeraba entre las
"
conquistas históri
-
cas
"
de
"
nuestro vigoroso y legítimo movimiento de huelga
L...]
Un
Congreso General Universitario que se entiende es resolutivo, al asu
-
mir el Consejo Universitario sus
conclusiones".'2
1987:
diez
meses
para
instalar
la
cocu
y
el regateo
por
la
proporcionalidad
Cuando un acuerdo requiere de tantas explicaciones, es porque
cada una de las partes que lo suscribió puede tener interpretaciones
distintas acerca de
él. Entonces ese acuerdo, tarde o temprano, será
nuevo motivo de litigio.
La
idea de que el congreso se entiende que
es
resolutivo, sería motivo para el estancamiento que sufrirían sus
acuerdos. Para eso, tendría que transcurrir mucho más tiempo.
"
Los consejeros universitarios designados para formar parte de la Comisión Organizadora
del Congreso, fueron: Jacobo Casillas Mármol, Salvador Díaz Cuevas, José
García
López, José
Luis
Gutiérrez
Calzadilla, Miguel José
Yacamán, Alfredo
López Austin, Jorge
Madrazo, Jorge
Gregorio Martínez Stack, Alberto Monroy Limón, Roberto Moreno de los Arcos, Jesús Alfonso
Navarrete
Prida, Elvia
Arcelia Quintana Adriano, Juan José Sánchez Sosa, Antonio Santos Ro
-
mero,
Héctor Tamayo, Carlos Javier
Villazón.
l2
Consejo Estudiantil Universitario,
"jLevantamos la huelga.
La
lucha continúa!
"
,
La
Jor
-
nada,
México,
16
de febrero de
1987
[Subrayado nuestro].
Cuestiones contemporáneas
Antes del congreso, se desarrollaría un largo, tenso e incluso
tedioso periodo de negociaciones sobre los procedimientos para
realizarlo. Entre la designación de los primeros 16 integrantes de la
comisión coordinadora y la elección de los otros
32,
pasaron casi
diez meses. Entre la decisión del Consejo Universitario para realizar
el congreso y la inauguración de ese evento, pasaron tres años con
tres meses.
Después de la huelga estudiantil de enero
-
febrero de 1987, las
principales fuerzas políticas de la
UNAM
compartían la idea del con
-
greso, o al menos eso manifestaban, pero trataban de entorpecerse
mutuamente el camino hacia ese evento. Cada una quería establecer
reglas a su propia conveniencia para favorecer la designación de una
mayor cantidad de delegados capaces de representar sus puntos de
vista.
Durante casi tres años, la preparación del congreso estuvo casi
totalmente dedicada a un tenso e intenso regateo alrededor de las
normas para constituirlo. Una primera fase de ese largo periodo fue
destinada al cabildeo y al intercambio dentro de la Comisión Es
-
pecial, que era como se designaba al grupo de 16 universitarios de
-
signados en febrero de 1987. El reglamento para sus discusiones
internas, los procedimientos para dar a conocer acuerdos, los ho
-
rarios y el sitio de las sesiones y hasta los asuntos de mayor detalle,
consumieron las primeras semanas de esa comisión.
Poco después,
se
manifestó la existencia de diversas concepcio
-
nes acerca de la participación de los universitarios en las discusiones
futuras. Los representantes del
CEU
querían que el resto de la Comi
-
sión Organizadora fuese designado a partir de planillas por cada sec
-
tor: la planilla que obtuviese más votos, tendría derecho a desig
-
nar todos los delegados por esa área.
Las cuentas que hacía el
C
E
U
se sustentaban en un ajado pero
efectivo corporativismo que, sin embargo, eran profundamente
an-
tidemocráticas. Como suponían que en el sector estudiantil tendrían
mayoría, querían quedarse con todos los representantes de los
alumnos, aunque eso significara dejar fuera de la organización del
congreso a los miembros de otros grupos estudiantiles.
Otros universitarios, especialmente entre el personal académico,
señalaron el autoritarismo que implicaba esa propuesta. La designa
-
ción de los integrantes de la Comisión Organizadora, decían, debería
ser proporcional.
El
19 de junio, en
iu
Jornada, el profesor Carlos
Pereyra, de la Facultad de Filosofía y Letras, impugnó ese compor-
tamiento:
Los integrantes del
CEU
podrían corear ahora, dada su vocación
de
carro completo, 'todos somos priistas'
l...]
no hay razón le-
gítima alguna para rechazar los mecanismos de representa-
ción proporcional en la comisión organizadora del congreso.
La
pretensión de que una sola fuerza se quede con la totalidad
de los puestos de elección es pura arbitrariedad.
"
Cartas abiertas, desplegados y numerosos artículos, llevaron a ese
diario la discusión sobre la proporcionalidad en la designación de
la comisión universitaria. Ese debate se constituyó en una presión
pública para los dirigentes del
CEU,
que el
30
de julio presentaron
una propuesta intermedia: que en la designación de la comisión
se emplearan criterios de proporcionalidad, pero a partir del 33.1 por
ciento, es decir, para tener derecho al menos a un delegado, una
planilla tenía que lograr por lo menos ese
porcentaje.I4
Tal proporción, amenazaba con dejar fuera de la comisión a
grupos estudiantiles que sólo tenían presencia en una escuela o
facultad, o en unas cuantas.
El
litigio entonces, durante dos meses,
fue por el porcentaje que debían alcanzar las planillas. Ninguna
solución sería del agrado de todos, aunque la necesidad de llegar a
algún acuerdo conduce a una fórmula de compromiso.
El
1
de octubre de 1987, la comisión llega a una decisión: de los
16 representantes estudiantes, seis serían del bachillerato, seis de
'facultades y escuelas y el resto del posgrado. Los académicos, serían
cuatro de bachillerato, ocho de licenciatura y cuatro del sistema de
investigación.
Las elecciones se harían por planillas y las represen
-
taciones estarían conformadas por una mayoría calificada y mino
-
rías. Para tener derecho a un representante, una minoría debía alcan-
zar al menos 28 por ciento de los votos en uno de los sectores.
Carlos
Pereyra,
'La
cultura del
agandalk",
La
Jornada,
México, 19 de junio de 1987.
l4
José Antonio
Román,
"
Propuesta del
CEU
para establecer una mayoría calificada
"
,
La
Jomda,
México, 31 de julio de
1987.
Cuestiones contemporáneas
Las reglas eran tan complejas que, para publicarlas, la Comisión
Especial necesitó dos planas en los
diarios15 y merecieron críticas
como la siguiente:
Las bases para la elección inducen a un alineamiento bipolar
y artificial en
la
UNAM.
Para elegir a profesores y estudiantes se
recurre a una fórmula rígida y excluyente. Sólo pueden par
-
ticipar planillas que incluyan a todos los niveles (aunque a los
investigadores se les hace un huequito aparte), y para tener un
representante se requiere un mínimo de votación del 28 por
ciento.
Me gustaría saber
¿por qué?
¿Por qué un grupo de profesores
del
CCH
o las prepas, o algunas facultades no puede presentar
su lista de candidatos y competir en el nivel
-
bachillerato o
licenciatura
-
que deseen?
¿Por qué si una planilla obtiene la
cuarta parte de la votación no obtendrá ningún representante?
¿Por qué si otra logra el 30 por ciento tendrá un lugar, mientras
que la que obtenga el 70 por ciento tendrá 15?
¿Por qué el
afán de inflar artificialmente la representación
mayoritaria?16
Esa fórmula, en efecto, propició y consiguió la polarización de los
universitarios. En el sector estudiantil se presentaron dos planillas.
Entre los profesores, otras dos, y dos más en el área de los inves
-
tigadores. Las votaciones en toda la universidad, fueron el jueves
3 de diciembre de 1987.
Entre los estudiantes, había dos planillas: la del Consejo Estudian
-
til Universitario, integrada por una coalición de las corrientes que
habían sostenido la huelga, y el grupo Unidad Universitaria
(uu),
con posiciones contrarias a los ex huelguistas. Votaron 170 886 estu
-
diantes, 56 por ciento de un padrón de 305 000 alumnos. La plani
-
lla del
CEU
obtuvo 125 893 votos: 75.13 por ciento del
total." La de
uu, 41 663, 24.87 por ciento. Eso significó que los 16 lugares de la
j5
"
Acuerdo de consenso de la Comisión Especial del Consejo Universitario
n
,
La
Joma-
da,
México, 1 de octubre de 1987, pp. 24
y
25.
j6
José
Woldenberg,
"
Pésima
fómula electoral
"
,
La
Jomada,
México,
3
de
octubre de
1987. Reproducido en José
Woldenberg,
Reuueltay
congmoen la
UNAM,
Coordinación de Hu
-
manidades-UNM. México, 1994, p. 69.
l7
Datos de las elecciones tomados de 'Consejo Universitario. Comisión Especial
"
,
El
Uni-
mrsal,
México, 9 de diciembre de 1987.
representación estudiantil fueron, todos, para el Consejo Estudian
-
til Universitario.
l8
En el sector de los profesores se presentaron las planillas Conse
-
jo Académico Universitario
(CAU),
con simpatizantes de la huelga de
enero
-
febrero y Frente Académico Universitario
(FAU),
con profeso
-
res opuestos a aquel movimiento. Sumados los sufragios de los aca
-
démicos de bachillerato, licenciatura y posgrado, resultó que acu
-
dieron a votar 16 461 profesores de un padrón de 26 086, es decir,
63 por ciento. De esos votos, 6 870
42.57 por
ciento-
fueron para
la planilla del
c~u
y
9
270
-
57.43 por
ciento-
para la del
F
A
U
.
En
virtud de las reglas de esa elección, el Consejo tuvo cuatro delegados
y el Frente
ocho.I9
El sector de los investigadores tuvo derecho a cuatro delegados;
tres de ellos fueron de la planilla Academia Universitaria y el otro
de la Planilla Universitaria de
In~estigación.~~
La
primera, obtuvo
1
357 votos
y
la otra, 838. En total, votaron 2 247 investigadores de
un padrón de 2 634, es decir, algo más del 85 por ciento.
Después de casi un año, la Comisión Organizadora del Congreso
(cocu) contaba ya con sus 48 integrantes. El trapicheo de posiciones
y exigencias,
s610 se volvía más complejo porque ahora lo protago
-
nizaría una mayor cantidad de comisionados.
Disputa
entre los
organ.izadoi.es;
'Congreso político,
non
dice
Carpizo
Las sesiones de la
cocu, como pronto se conoce a la comisión, con
frecuencia son entendidas más como escenario para establecer
po-
lB
Los
16
representantes estudiantes fueron, por el bachillerato:
Leobardo
Ordaz
Zamorano,
Yolanda
Cmz Bonilla,
Andrea González
Rodríguez.
Martí Batres Guadarrama, Víctor
Virueiia
Muiiiz y Adolfo
Llubere Sevilla. Por la licenciatura: José Luis
Alvarado González, Mana Isabel
Vizuet Díaz,
lmanol Ordorika Sacristán, Raúl Rincón
Baltazar, Ricardo
Becema Laguna y
Agustin
Guerrero Castillo. Por el posgrado: Carlos Imaz Gispert,
Mana Luisa Ceja
Velázquez,
Jorge
Zavala Hidalgo
y
Ricardo Gamboa
Ram'rez.
l9
Los
16
representantes profesores, Fueron los siguientes. Por el
au:
Fausto Nava y
Amiro
Delgado (del bachillerato), Adolfo
Gilly y
Axel
Didriksson (de la licenciatura). Por el
PAU,
Elvia
Campuzano Reyes y
Rogelio
Escartín Chávez (del bachillerato),
Maximo Carvajal
Contreras,
José
Sanginés
Barraza, lsidoro García
Manínez, Jorge Cortés Obregón, Carlos Rosales Ortega
y Carlos
Oronoz Santana (de la licenciatura).
"
Los
delegados por la planilla Academia Universitaria, fueron: Rafael
Pérez
Pascual,
Amiro
Waman y José Ruiz de la
Herrán. Por la Planilla Universitaria de Investigación: Felipe
Lara Rosado.
Cuestiones contemporáneas
siciones testimoniales, que como espacios para lograr acuerdos.
Varios delegados, especialmente del sector estudiantil, aprovechan
la atención de los medios para hacer de esas reuniones un foro de
arengas y reconvenciones a las autoridades universitarias. Junto con
las exaltaciones verbales, entre los últimos meses de 1987 y los pri
-
meros de 1988, la
UNAM
había estado en tensión debido a la ocu
-
pación de locales y la realización de paros por parte de miembros
del
CEU.
Por su parte, el
CEU
acusaba a la Rectoría de
utilizarpoms
para violentar la situación en varios planteles.
Ese clima conduce a que, exactamente un año después de que el
Consejo Universitario había aprobado el Congreso, 25 miembros
de la
cocu
-los
representantes de las autoridades, junto con los
profesores considerados como
"instituciona1es"- abandonen la Co
-
misión. Encabezados por el director del Instituto de Investigaciones
Jurídicas, Jorge Madrazo Cuéllar, esos comisionados se retiran en
protesta por los calificativos que uno de los representantes estudian
-
tiles había prodigado en la sesión anterior. El dirigente Antonio
Santos, había dicho que el rector Jorge Carpizo era
"
provocador,
fanático, militante, represor, tendencioso, corrupto, intransigente,
insidioso, demagogo y
c~barde".~'
En reacción al retiro de aquellos
25 comisionados, seis miembros del
CEU
se ponen en huelga de ham
-
bre, entre el 10 y el 16 de febrero de 1988.
El 16 de febrero, la gran mayoría de los directores de facultades,
institutos y escuelas, así como los principales funcionarios de Rec
-
toría, apoyan la decisión de los 25 comisionados que decidieron
ausentarse de la
cocu.
Esos funcionarios acusan:
"Responsabiliza-
mos a los líderes e integrantes del Consejo Estudiantil Universita
-
rio y del Consejo Académico Universitario, del clima de violencia e
inestabilidad que aqueja a nuestra Casa de Estudios y que ha oca
-
sionado que se pierdan las condiciones mínimas para sostener un
diálogo de altura entre
universitario^."^^
El
C
E
U
amenaza con ir de nuevo a la huelga. Inicialmente la
convoca para el 26 de febrero pero luego la sustituye por manifes
-
taciones y por la decisión de ocupar la Torre de Rectoría. Sin
em-
"
"UNAM:
abandonan la Comisión Organizadora
25
miembros
"
,
La
Jornada,
México, 11 de
febrero de 1988.
22
"
A
la comunidad universitaria.
..
"
,
La
Jornada,
México, 18 de Febrero de
1988.
bargo, el
1
de marzo la Comisión Organizadora del Congreso vuelve
a sesionar con todos sus integrantes.
La tirantez entre
C
E
U
y Rectoría, cada una de esas partes rodeada
de numerosos aliados, aumentaba como resultado del clima político
nacional. El
6
de julio de
1988
tendrían lugar las elecciones pre
-
sidenciales rumbo a las cuales, la candidatura de Cuauhtémoc Cár
-
denas, postulado por el Frente Democrático Nacional, había susci
-
tado fuertes expectativas dentro del
CEU. Varios de sus dirigentes, así
como grupos de profesores con diversas e incluso contradictorias
posiciones acerca de la reforma universitaria, deciden participar en
el respaldo a ese candidato.
El
8
de mayo, el rector Jorge Carpizo publica en el diario
Excékior
un artículo titulado
"
Universidad, política y academia" en donde, al
mismo tiempo que reconoce el carácter político de la universidad,
se manifiesta en contra de un congreso politizado.
Cuando expresamos que en
la
UNAM
estamos en contra de un
congreso político, sabemos que la gran mayoría de los uni
-
versitarios entienden muy bien lo que queremos expresar:
estamos en contra de un congreso que ponga a la institución
bajo el dominio de cualquier partido o grupo político, de un
congreso dogmático, de un congreso que vulnere nuestra au
-
tonomía permitiendo que la universidad se vuelva arena de
disputas partidistas, de un congreso que persiga que la univer
-
sidad se convierta en ariete político para lanzarla en contra del
Estado, de un congreso cuya finalidad sea apoderarse de la
universidad para utilizarla con fines particulares de grupo o
partido. En este sentido, lo hemos dicho y lo hemos escrito:
congreso político en la
UNAM,
no, mil veces
1988:
seminarios
&
diagnóstico
y
"
una
cocu
trabada
en el enfrentamiento
"
Un espacio de distensión, aunque insuficiente, lo constituyeron los
Seminarios de diagnóstico
que convocó la
cocu.el25 de marzo pa
-
z
'
Jorge
Carpizo,
"
Universidad, política
y
academia
"
, reproducido como inserción pagada,
por la Asociación de Egresados de la Escuela Nacional Preparatoria núm.
1,
La
Jornada,
México,
14
de marzo de
1988.
Cuestiones contemporáneas
ra realizarse, de manera obligatoria, en cada una de las depen
-
dencias universitarias en donde hubiera actividades de docencia,
extensión o investigación. Los seminarios se efectuaron entre el
30
de mayo y el
10
de junio de
1988.
"
En esos seminarios fueron presentadas más de
5
mil ponencias
(algunas colectivas y otras a título personal). Sin embargo, los es
-
tudiantes y profesores estaban más pendientes del proceso político
nacional que de la política dentro de la
UNAM.
P
OCOS
meses más
tarde, dos de los miembros investigadores de la
cocu
reconocían
que la disputa electoral y el proceso de calificación de los comicios
acaparaban el interés de los universitarios. Además, en la
UNAM
estaba por comenzar el proceso para seleccionar un nuevo rector.
"La realización del Congreso Universitario demanda el entusiasmo,
la atención, el trabajo y la dedicación de los universitarios, todo esto
en un ambiente propicio en el que el centro de la discusión sea el
futuro de la
univer~idad."~~
El hecho de que dos universitarios tan comprometidos con el
Congreso considerasen necesario decir tales obviedades, era indi
-
cio de la confusión que, para el verano de
1988,
prevalecía en la
universidad acerca de ese asunto. Hacía falta precisar coordenadas
y objetivos del congreso, aunque en otras circunstancias fueran tan
evidentes.
Esos investigadores advirtieron que
La
realización del congreso en forma simultánea con estos
procesos podría resultar en una desviación de su propósito al
mezclarse su problemática específica con el debate político
nacional o el proceso de cambio de rector. Por otra parte, sería
difícil evitar que la
cocu
o el mismo congreso sirvieran para
intervenir en dichos procesos.
Por eso, sugerían que el congreso fuese aplazado hasta el primer
semestre de
1989.
Se quedaron cortos: aún haría falta un año más
después de esa fecha.
l4
Convocatoria
para
la
organización de los seminarios
ak
diagnóstico,
México.
25
de
marzo de
1988,
mimeo.
2I
Arturo
Warman
y
Rafael
Pérez
Pascual.
"
Un nuevo aciierdo para el Congreso
Univer-
siiario
"
,
La
Jornada,
México,
7
de septiembre
de
1988.
Otros acontecimientos parecían destinados a influir en la sucesión
rectora1 e, indirectamente, afectaron la preparación del congreso.
El 13 de octubre, un grupo de miembros del
CEU
interrumpió una
sesión del Consejo Universitario para protestar por la elección de
consejeros estudiantes en la Facultad de Ingeniería. El rector
Carpi-
zo manifestó al día siguiente que esa perturbación formaba parte de
un plan para asediar a la
U
N
AM
:
"
Considero que en la conciencia
nacional está muy claro que a los líderes del
CEU
y del
CAU
no les
importa la vida académica de la universidad, sino utilizarla como
instrumento político para
susfines personales, de grupo o de par
-
tido.
"
Explicó Carpizo:
Después del conflicto estudiantil de 1986
-
1987 traté de que la
energía de ese movimiento estudiantil se pusiera al servicio de
la transformación de la universidad. No tuve éxito porque para
los líderes del
CEU
la verdad sólo la tienen ellos, es el
dogma-
tismo puro, no admiten discusión.
El
enfrentamiento más serio
fue cuando, para decirlo con sus propias palabras, considera
-
ron que después del movimiento estudiantil se sentían muy
fuertes y sentían al rector muy debilitado; en consecuencia, si
éste no quería problemas debía aceptar sus mandatos consti
-
tuyéndose ellos en la verdadera autoridad. Desde luego, jamás
acepté esos planteamientos. La autoridad universitaria fue re
-
cuperándose y no permití que se avasallara a la universidad.
Ello ha sido más difícil de lo que parece a primera
vista.26
El rector, en ese documento, hacía varias prevenciones sobre la
que consideraba la posible
"
destrucción académica de la
UNAM
"
.
Como resultado de la suspensión brusca de la sesión del Consejo
Universitario, 16 miembros de la cocu, designados por el consejo o
por el rector, anunciaron que dejarían de participar en dicha comi
-
sión:
"
Están claras las intenciones del
CEU
y del
CAU
de aprovechar
el procedimiento para la designación del Rector que deberá
cum-
26
Mensaje del
doctorjoqe
Carpixo, rector
de
la
Univetsidad Nacional Autónoma de
México, en
miación con los
acontecimientas del
díu
13
de
ocrrtbre de
1988,
con
motim
de
h
sesión del Consejo
Unimitano,
México,
14
de octubre de
1988,
mimeo.
Cuestiones contemporáneas
plir el periodo 1989
-
1993, para crear un grave problema político en
la
UNAM.
En estas condiciones la
cocu
no puede servir como foro o
escaparate para tales
propósito^,"^^
dijeron.
Dos días más tarde, tres de los miembros investigadores de la
cocu
compartieron algunas de las preocupaciones acerca de la so
-
brepolitización de la situación universitaria, pero además, hicieron
una crítica muy severa al trabajo de esa comisión. La reforma aca
-
démica, dijeron, es la tarea más importante en la búsqueda de
"
una
universidad más democrática, de excelencia académica, y compro
-
metida con los intereses nacionales y populares
"
, aseguraron. Sin
embargo:
Este reclamo primordial
y
generalizado no encontró corres
-
pondencia en las dirigencias corporativas de los sectores estu
-
diantil
y
magisterial, quienes de manera constante anteponen
otros problemas, conflictos e intereses frente al trabajo político
y
académico esencial: la transformación de la
UNAM.
Esas po
-
siciones profundizaron la polarización y la intolerancia, fomen
-
taron el corporativismo, generaron enfrentamientos y trataron
de alinear o marginar a los grupos que con independencia, de
-
mandan participar en el proceso de un congreso plural y demo
-
crático. Impedir el funcionamiento del Consejo Universitario
por la vía de los hechos, es la culminación de esa tendencia que
ha abandonado su principal responsabilidad política. De esa
acción, que rechazamos, pueden derivarse situaciones en que
el proyecto democrático retroceda, pierda los espacios gana
-
dos y se fragmente
[...]
No se han creado las condiciones ge
-
nerales en la comunidad para la celebración del congreso y en
algunos aspectos se ha retrocedido desde entonces. El traba
-
jo de la
cocu
ha sido deficiente, insuficiente y ha estado obsta
-
culizado por la discusión de problemas ajenos a sus funciones
sustantivas.
La
polarización y el alineamiento corporativo han
frenado el avance hacia el congreso. La
permanencia de una
cocu
trabada en el enfrentamiento puede servir de pretexto y
encubrimiento para el retraso o la postergación indefinida del
27
"
A
la comunidad universitaria
"
. Documento de los comisionados Roberto Moreno de los
Arcos, Miguel José Yacamán
et
al.,
México,
18
de octubre de
1988,
mimeo.
congreso. En tanto que no se superen los obstáculos señalados,
las reuniones de la
cocu
no tienen sentido y deben suspen
-
derse. No asistiremos a ellas hasta que se restablezcan las con
-
diciones que garanticen su
funci~namiento.~~
Legado
y
enfado
del
rector
Carpizo;
"academizaci6nn,
propone
Sarukhán
El proceso de sucesión rectora1 estaba en auge. El doctor Jorge Car
-
pizo anunció, el
26
de octubre, su decisión de no buscar la reelec
-
ción. El
5
de diciembre presenta el informa final de su administración
en donde, luego de enumerar programas alcanzados y metas cum-
plidas, expresó un marcado pesimismo:
Concluyo este informe contestando una pregunta que con fre
-
cuencia se me hizo, especialmente en este último año: si estoy
satisfecho con lo alcanzado durante mi rectorado. Desde luego
que no. No pude implantar un buen número de las
26
medi
-
das que integraron el primer paquete de la reforma académica.
El segundo y tercer paquetes ya no pudieron ni siquiera plan
-
tearse.
Acerca de la decisión de organizar el congreso, el rector Carpizo
reconoció que había enfrentado la oposición de importantes nú
-
cleos de universitarios, aunque era la mejor opción que tenía para
negociar el levantamiento de la huelga estudiantil:
"
En varios de los
mejores sectores académicos de la universidad existió inconformi
-
dad por la manera como se había resuelto el conflicto universitario.
¿Había una solución mejor? Si la había, no la encontré y nadie la
sugirió."29
El
2
de enero de 1989, toma posesión como rector de la
UNAM
el
doctor José Sarukhán
Kérmez.
La
"
academización", será su
propues-
"
A
la comunidad universitaria
"
. Documento suscrito por el doctor Rafael
Pérez
Pascua],
el ingeniero José Ruiz de la
Herrán
y
el doctor
Muro
Wamn,
La
Jornada,
México,
20
de
octubre de
1988.
"Informe final del rector Jorge Carpizo
"
, Suplemento
La
Jornada,
México,
6
de diciem
-
bre de 1988.
Cuestiones contemporáneas
ta y bandera para la universidad. Por ello, entiende
"
generar las
medidas
concretas
y
adoptar las actitudes que pongan al personal
académico
y
a la vida académica de la comunidad universitaria co
-
mo el objetivo central de la institución
"
.
Al
congreso, el nuevo rector lo reconoce como resultado de "un
acuerdo del Honorable Consejo Universitario
"
. Sarukhán expresa su
convicción de que el Congreso Universitario deberá tener una
estructura y metas fundamentalmente académicas
y
de que el
personal académico deberá participar de manera mucho más
central, tanto en su diseño como en su realización. Una vez
aseguradas las condiciones para llevar a cabo un Congreso con
tales características, éste deberá realizarse lo más pronto po
-
sible.
La
universidad debe volver
a
centrar su atención de lle-
no en el trabajo
académi~o.~~
Para el nuevo rector, el congreso, más que un evento deseable en
sí mismo, era una obligación y una asignatura que debían ser su
-
peradas. En ese discurso, señalaba la que constantemente sería la
rémora principal
-
más allá de las vicisitudes políticas
-
para el
congreso: la falta de participación intensa de la mayoría de los pro-
fesores e investigadores. Sin el concurso de ese pilar del trabajo
universitario, el congreso no sería posible
o
lo sería, solamente, con
la participación de los segmentos más politizados pero no necesa
-
riamente con quienes sostienen el trabajo definitorio de la
UNAM,
que es el de docencia e investigación. Además, Sarukhán entendía
al congreso como una prueba sin cuyo cumplimiento, la
UNAM
no
podría atender asuntos que
él consideraba más relevantes.
1989:
consensos
y
reglas;
'el
congreso
es
un
medio,
no
un
fin
"
,
opina
el
rector
Con ese apremio, siete meses
y
medio después y sin que se hubiera
resuelto el estancamiento de la cocu, los representantes de la
Rec-
3
Disculso pronunciado por el
doctor
José
Samkhán al rendir
protesta como
mtor
de
h
Univenidad Nacional Autónoma de
M&co,
Mexico,
2
de enero de
1988,
rnirneo.
toría en esa comisión proponen
-e1
21
de julio de
1989-
una
fórmula para integrar las representaciones de los distintos secto
-
res de la universidad al congreso y una ruta: la celebración de foros
locales, de los cuales su
jan iniciativas que los delegados llevarán a
ese evento.
Diez días antes, el rector Sarukhán había dicho en una entrevista:
El congreso es muy importante en la medida en que fue el
mecanismo que la comunidad universitaria se dio a sí misma
para legitimar un proceso de reforma, para asegurar una par
-
ticipación amplia, irrestricta, de todas las personas que quisie
-
ran hacerlo en esta comunidad y para que no hubiera influen
-
cias unidireccionales o personales. Eso desde luego, significa
problemas, porque es preciso hacer un esfuerzo muy grande
para concertar ideas y voluntades.
En esa medida, el congreso es muy importante. Pero no debe
ser un fin. Creo que es un medio que nos debe permitir po
-
nemos en la ruta de diseñar las grandes líneas en las que tene
-
mos que concentramos para emprender reformas en asuntos
que ya son conocidos. Particularmente, esto es necesario des
-
pués de la síntesis de problemas universitarios que muy acerta
-
damente dio a conocer el doctor Jorge Carpizo a través de sus
diagnósticos y
aná1isis.j'
Junto a la decisión de la Rectoría para echar adelante un congreso
cuyos resultados eran inciertos, pero que se había comprometido a
realizar, otras circunstancias se conjugan para que el acuerdo en
torno a las reglas de ese evento se vaya abriendo paso. Los prin
-
cipales dirigentes del
CEU,
anuncian su retiro del activismo estudian
-
til para dedicarse a terminar sus carreras y hacer política en otros
espacios de la vida nacional.
En el
C
E
U
,
además, los estudiantes de la corriente autollamada
históricos
y que parecían oponerse a cualquier avance hacia el con
-
greso, se enfrentan cada vez más al grupo considerado como
refor-
"
El congreso, medio, no fin de la
U
N
AM
:
Sarukhán
"
, Conversación con el autor de este
ensayo, en
Autonomúr
Unimituna,
suplemento de
El
Nacional
conmemorativo de los
60
años de la autonomía de la
U
N
AM
,
México,
11
de julio de
1989.
Cuestiones
contemporáneas
mista, que tenía un proyecto de reivindicaciones académicas. En
junio de 1989, ese grupo se separa del
CEU
para constituir la Corriente
de la Reforma Universitaria
(CRU).
Aunque numéricamente limitada,
esta corriente adquiere relevancia gracias a su capacidad
proposi-
tiva. Varios de sus miembros formaban parte de la cocu y allí, en
contraposición a los representantes del
CEU
tradicional, contribu
-
yen a edificar el consenso necesario para que
-
al fin
-
haya re
-
glas y plazos rumbo al Congreso Universitario.
El
8 de diciembre de 1989, el Consejo Universitario aprueba la
propuesta de la cocu para un proceso de deliberaciones previas al
congreso, así como para la elección de los delegados a ese evento.
Estos son algunos de los rasgos principales de la detallada y exten
-
sa convocatoria (las reglas de elección y para la realización de foros
locales ocuparon 32 páginas de la
Gaceta
WAM.
El
Congreso se integrará con un total de 848 delegados:
-
318 alumnos por elección, que constituirían el 37.5 por
ciento del total.
-
318 profesores por elección, otro 37.5 por ciento.
-
106 académicos de investigación por elección, el 12.5 por
ciento.
-
53 trabajadores administrativos por elección, el 6.25 por
ciento.
-
47 directores de escuelas, facultades e institutos, el coor
-
dinador del Colegio de Ciencias y Humanidades y cinco
representantes de la Rectoría, el restante 6.25 por ciento.
-
Entre el 15 y el 26 de febrero de 1990, la cocu
organizana
una serie de
"
conferencias temáticas sobre los problemas
de la Universidad y sus posibles soluciones
"
a cargo de
"
un grupo de destacados universitarios
"
.
-
Del 19 de febrero al 9 de marzo, se desarrollarán foros
locales, en
"
todas y cada una de las facultades, escuelas,
planteles, institutos y centros de investigación
"
. Cada
Foro será organizado por el Consejo Técnico, Interno o
Asesor de cada dependencia, ampliado con la participa
-
ción de un mayor número de miembros de cada comu
-
nidad académica, de acuerdo con un instructivo que
también dio a conocer la cocu. Esa ampliación, será por
sorteo a partir de listas de voluntarios en cada dependen
-
cia. Una comisión en cada dependencia, estará a cargo
de hacer una detallada relatoría del contenido de esos
foros. Las propuestas presentadas en cada foro, serán
"
de
tipo indicativo para los delegados al congreso
"
.
-
Entre el
12
y el
23
de marzo, se desarrollará el proceso
de elección de los delegados al congreso. Las candidatu
-
ras se registrarán de manera individual en cada depen
-
dencia y para ser candidato, será requisito haber presen
-
tado al menos una ponencia en el foro correspondiente.
-
El
Congreso Universitario se realizará del
14
de mayo al
4
de junio de
1990.
Sesionará en plenarias y mesas de
trabajo. En ambos casos, el quórum será de al menos
75
por ciento del total de delegados (es decir, las plenarias
sólo podrían funcionar con al menos
636
delegados
presentes).
-
Los acuerdos en las plenarias del Congreso deberán
tener, para ser aprobados, al menos las dos terceras par
-
tes del total de delegados
+S
decir, el menos
565
votos
a favor
-
.
La
misma proporción se requerirá en las me
-
sas de trabajo.
1990:
variadas
conferencias
temáticas,
quisquillosas
normas
parlamentarias
Inauguradas por el rector Sarukhán, las conferencias temáticas co
-
menzaron el lunes
15
de enero de
1990.
Fueron
70
disertaciones,
a cargo de sendos universitarios, en tomo a ocho temas centrales:
1)
Universidad y sociedad. La universidad del futuro; 2) Estructura
Académica. Profesiones, formación académica
y
planes de estudio;
3)
Relaciones y métodos de enseñanza y aprendizaje.
El
ingreso, la
permanencia, la titulación y el nivel académico;
4)
La carrera acadé
-
mica. Los servicios académicos. Condiciones materiales de estudio
y para la labor académica;
5)
Investigación;
6)
Extensión y difu
-
sión cultural;
7)
Gobierno. Administración. Presupuesto y
finan-
ciamiento de la
UNAM;
8)
Historia de la universidad y de la reforma
universitaria.
Cuestiones contemporáneas
La primera sesión de las conferencias temáticas estuvo a cargo de
los doctores Leopoldo Zea y Pablo González Casanova en el au
-
ditorio de la Facultad de Medicina. Día tras día y hasta el viernes
20
de enero, los ocho temas fueron desahogados en auditorios de
las diversas unidades de la
UNAM
en la zona
metr0politana.3~
Aunque inicialmente ceñidos al tema que daba título a su com
-
parecencia, los conferencistas se ocuparon indistintamente de otros
asuntos. Un estudio de esas conferencias, encontró que a lo largo
de ellas, el tema de la investigación fue el más mencionado, en
22
disertaciones.
La
siguieron el de la formación académica de los
alumnos en
18
conferencias y la capacitación de los maestros, en
17.
El resto de los temas fueron abordados de la siguiente manera:
administración,
17
charlas; salarios, catorce; financiamiento y pre
-
supuesto, catorce; estructura académica, trece; planes y programas,
doce; gobierno, diez; legislación, nueve; matrícula, nueve; métodos
de enseñanza, siete; extensión, seis; profesiones, cuatro; infraes
-
tructura, cuatro; difusión, cuatro; titulación,
dos.33
Enero fue también, el mes de la definición final de las reglas para
el congreso. El día
24,
el Consejo Universitario, a propuesta de la
cocu, aprobó las
"
Normas parlamentarias para el desarrollo del
Congreso Universitario
"
, así como las
"
Reglas para la elección de los
delegados al Congreso
Uni~ersitario."~~
Las reglas para la elección de delegados, constaban de
82
artículos
y cuatro anexos. Con todo detalle, se explicaba el proceso de regis
-
tro de candidatos, organización de las votaciones y cómputo en cada
dependencia.
Las Normas Parlamentarias, en
53
artículos, reiteraban el quórum
de
75
por ciento que en plenarias del congreso equivaldría a
636
de
-
legados y en las mesas de trabajo, a
58
delegados. Reglas de asis
-
tencia, horarios, fechas (del
14
de mayo al
4
de junio), procedimien
-
tos para el registro en cada mesa, designación de presidencias de
''
Los
textos de todas las conferencias fueron publicados en los
Cuaderna
del
Congreso
LFntsftarlo,
núms. 11
al
21, México, entre el 16
y
el 29
de
enero de
1990.
Gilberto Guevara Niebla,
"Las
conferencias temáticas
"
. en Noticias del Congreso,
ia
Jor
-
nada,
México,
3
de marzo de
1990.
'Aprobadas,
nomias parlamentarias
y
reglas para elegir delegados
"
,
en
Gaceta
w,
núm. 2444, México, 29 de enero de
1990.
debates y comisiones de relatoría
y
atribuciones en cada caso, eran
algunos de los detalles allí especificados.
Las plenarias discutirían las propuestas que hubiesen alcanzado
al menos dos terceras partes de los votos en las mesas de trabajo.
Cuando en la plenaria una propuesta tuviera al menos la tercera
parte de la votación, podría ser discutida por dos oradores a favor
y
dos en contra, cada uno de los cuales no dispondría de más de
ocho minutos.
Las mociones serían de un minuto, como máximo.
Los delegados estaban comprometidos a participar de tiempo
completo y durante todo el tiempo. Quienes faltasen tres veces a la
mesa de trabajo que tuvieran asignada o a dos sesiones plenarias,
serían dados de baja. Solamente la Dirección de Servicios Médicos
de la
UNAM
podría extender comprobantes en caso de enfermedad.
Las normas establecían también, en su artículo
51,
el destino de
los acuerdos del congreso:
"
Las conclusiones y la relatoría del Con
-
greso serán asentadas en un documento, que se turnará al Consejo
Universitario para ser asumidas en un plazo no mayor de
90
días
naturales a partir de la recepción de las mismas.
"
Un
foro
local
en
cada
dependench
8 319 ponencias,
10
832 ponentes
Luego, entre febrero y marzo, se realizaron los foros locales. Los
once temas de los foros, serían los mismos de las mesas de trabajo
del congreso. Esos temas, fueron los siguientes:
1.
Universidad y sociedad.
La
universidad del futuro.
11.
Formación académica y profesiones.
111.
Estructura académica de la
UNAM.
IV.
Relaciones y métodos de enseñanza
-
aprendizaje.
V.
Ingreso, permanencia, promoción, titulación y nivel
académico.
VI.
Infraestructura y condiciones materiales de estudio y
para la labor académica. Los servicios académicos.
VII.
La carrera académica en
la
uNAM.
VIII.
Investigación.
Cuestiones contemporáneas
M.
Extensión, difusión
y
medios de comunicación univer
-
sitarios.
X.
Gobierno, administración y legislación.
XI.
Patrimonio, financiamiento
y
presupuesto.
En total, se presentaron
8
319 ponencias. El grupo de trabajo en
-
cabezado por Gilberto Guevara Niebla, especialista en asuntos de
educación superior, hizo una revisión de todas ellas para determinar
qué temas habían sido abordados en cuáles foros. El resultado, apa
-
rece en la tabla
1.
Elección de delegados.
La
abstención
&
los universitarios crece del
43
al
64
por
ciento
El viernes 16 de marzo de 1990, los universitarios eligieron a sus de
-
legados al congreso. En
92
dependencias se colocaron urnas trans
-
parentes. En cada escuela y facultad, así como en los institutos
y
centros, las campañas se suspendieron un día antes. Toda la primera
quincena de marzo se habían realizado debates entre los candidatos.
En el sector administrativo, las corrientes del
ST~NAM
formaron una
planilla única para no escindirse en una votación general.
En casi todos los casos, la misma noche de ese 16 de marzo se
conocían los resultados en cada dependencia, que fueron anuncia
-
dos de manera formal una semana después en sesión de la
cocu.
Campañas y discusiones en tomo al congreso, desbordaban a la
UNAM.
Sin embargo, en la elección de delegados, ese 16 de marzo
de
1990, participaron menos universitarios que en la votación pa
-
ra integrar la
cocu,
el
3 de diciembre de 1987.
El contraste de los datos de las elecciones de delegados en 1990,
comparados con el porcentaje de abstención de los comicios uni
-
versitarios de 1987, se observa en la tabla
2.
En las votaciones de 1987 para integrar la Comisión Organizadora,
participó
57 por ciento de los universitarios, distribuidos según se
observa en la tabla 3.
En cambio, la participación general en 1990 fue de 36 por ciento,
según se aprecia en la tabla
4.
Tabla
1
Los
foros
lacales.
Número
de
ponencias
y
ponentes
Departamentos,
centros
y
cuord'inaciones de
extensi6n,
difusión
y
servicios
generales, académicos
y
administrativos.
Fuente:
Gilberto
Guevam Niebla, 'Los foros locales
"
, Noticias del Congreso,
La
Jornada,
10
de
mano
de
1990.
Escuelas
y
facultades
Ponentes
Ponencias
TI
785
606
TI1
734
575
TiiI
696
542
TIV
878
646
TV
734
542
TVI
452
319
TW
476
354
TVIII
433
332
TIX
187
160
TX
481
345
TXI
246
216
Totales
6102
4537
Cuestiones contemporáneas
Tabla
2
Votos
en
la
elecci6n
de
delegados
al
Congreso
Universitario
realtzada
el
16
de
marzo
&
1990
Promedio de facultades, escuelas
y
planteles
&
la Escuela Nacional de Estudios Profesio
-
nales.
Puente: Datos de la elecciónde
1990,
elaboración propia a partir de información publicada
en
EiNucfonul,
los días siguientes a las votaciones. Datos de las elecciones de
1987, tomados
del desplegado de la Comisión Especial del Consejo Universitario, publicado en
El
Uniuersal,
el 9 de diciembre de
1987.
posgrado
ENEP
Estudiantes preparatoria
Estudiantes
CC
H
TOTN
985
56
028
81
609
318209
160
28
486
22
880
114924
16.2
50.8
28.0
36.0
83.8
49.2
72.0
63.9
63.2
44.0
45.4
43.2
Tabla
3
Elecciones de 1987
para
integrar la
cocu
Tabla 4
Elecciones
de
1990 para integrar el Congreso
Sector
Profesores
Investigadores
Estudiantes
Totales
Sumando
el
mbro
"
servicios
administrativos":
padrón
de
438
y
187
votos.
Padrón
26 086
2 634
305 081
333 801
Sector
Profesores
Investigadores
Estudiantes
Totales*
Los datos mencionados, demuestran la disminución en el interés
de los universitarios respecto del congreso. Para elegir a los inte
-
grantes de la Comisión Coordinadora, en 1987 votó 57 por ciento de
los académicos y estudiantes. Dos años y tres meses más tarde, para
elegir a los delegados al Congreso sólo votó 36 por ciento.
Los investigadores, que están relacionados de manera directa y
cotidiana con la universidad, casi no modificaron su participación.
En 1987 votó 85 por ciento y en
1990,83 por ciento de los registrados
en el padrón, es decir, la abstención fue de 15 por ciento y 17 por
ciento, respectivamente.
Entre los profesores la variación fue mayor
-cabe destacar que
estos datos muestran juntos, a los profesores de carrera y a los de
Votos
16 437
2 247
170 886
189 570
Padrón
25 905
2 770
289
096
318
201,
Porcentaje
de abstención
42.57
14.88
43.98
43.21
Votos
11
798
2 305
100 634
114 924
Porcentaje
de abstención
54.45
16.78
65.19
63.88
Cuesttones contemporáneas
asignatura
-
. Para designar integrantes de la cocu, votó
57 por
ciento y en la segunda elección, menos de 47 por ciento. Dicho
de otra manera, la abstención fue de 42.5 por ciento y 54.5 por
ciento.
El interés de participar en 1990, fue notablemente mayor entre los
profesores del bachillerato. En la Escuela Nacional Preparatoria,
fueron a votar dos terceras partes de los docentes y en el Colegio de
Ciencias y Humanidades
84
por ciento de ellos. En cambio, esas
elecciones les interesaron solamente a 37 por ciento de los pro
-
fesores en escuelas y facultades.
Fue entre los estudiantes en donde el interés por el Congreso cayó
de manera más drástica. En términos generales, varió de una par
-
ticipación de 56 por ciento, a menos de 35 por ciento. Es decir, la
abstención aumentó de 44, a más de 65 por ciento.
Los estudiantes más participativos
-o
menos indolentes
-
res
-
pecto del congreso fueron los de la Escuela Nacional Preparatoria
-
casi 51 por ciento
-
. Pero, curiosamente, en el
CC
H
sólo votó 28
por ciento (a pesar del intenso interés de sus profesores o, quizá,
debido a ello).
Fue a votar algo más de uno de cada tres alumnos de licenciatura
en escuelas y facultades, pero la participación fue de 55 por ciento
entre los estudiantes de posgrado. En los planteles de la Escuela
Nacional de Estudios Profesionales, la participación estudiantil fue
menor que en las escuelas y facultades ubicadas en Ciudad Univer
-
sitaria. En cambio, los profesores de las
E
N
E
P
acudieron más que los
profesores de otras escuelas y facultades.
¿Qué muestran estas comparaciones? El dato más relevante es el
descenso en el respaldo al congreso. En diciembre de 1987, quizá
aún estaba fresca la curiosidad por ese evento académico: no había
transcurrido siquiera un año de la huelga estudiantil y la necesidad
del congreso parecía más extendida entre los universitarios.
Menos
polarización
pero
mayor cansancio,
aminoraron el interés por el congreso
Durante todo 1988, como se reseñó páginas atrás,
la
UNAM
estuvo en
tensión por el prolongado regateo acerca de las reglas, ni siquiera
para el Congreso mismo, sino para la elección de los delegados. Nin
-
guna de las fuerzas políticas más intensamente
involucradas en este
asunto parecía tener interés suficiente en el congreso.
La
Rectoría, como aceptaría más tarde el doctor Jorge Carpizo,
entendía al congreso como un riesgo para la
UNAM
y se consideraba
acosada por los dirigentes del
CEU.
La
prioridad del rector no fue
realizar el congreso sino mantenerse en el cargo para defender la
institucionalidad académica de la
UNAM.
Para el
C
E
U
,
1988
fue el año de apertura a la política nacional.
Dirigentes
y
militantes estudiantiles se volcaron a la campaña
carde-
nista, y la realización del Congreso Universitario dejó de tener para
ellos la relevancia que había alcanzado con la huelga del año an
-
terior.
Los sectores académicos más ligados al trabajo cotidiano de la
UNAM
(especialmente los investigadores y los profesores de tiempo
completo) reconocían que el congreso era importante, pero al mis
-
mo tiempo, entendieron que no había condiciones para ello ni en
el plano nacional
-
en medio de lo que pareció una inédita y drás
-
tica crisis política después del
triunfo de Carlos Salinas de Gortari en
las elecciones presidenciales del
6
de julio
-
ni en la situación
in-
tema de la universidad, con un rector que ya estaba de salida
y
un
proceso de sucesión especialmente agitado.
Al
parecer, esa colección de factores y el largo tiempo que había
transcurrido entre la aprobación del congreso y su realización, afec
-
taron el ánimo de los universitarios. Como se señaló, el congreso fue
autorizado por el Consejo Universitario el
10
de febrero de
1987
y
no se inauguraría sino hasta
el
14
de mayo de
1990.
En esos tres años
con tres meses
-
y
un poco más de tres días
-
la atención de los
sectores de la universidad fue virando hacia otros asuntos: espe
-
cialmente a cumplir con el trabajo cotidiano que, con o sin congreso,
tenían que realizar los estudiantes y profesores.
También puede haber influido la distensión que la llegada del
nuevo rector y el transcurso mismo de esos tres años propiciaron
entre los universitarios. Cuando ocumó la designación de los miem
-
bros de la Comisión Organizadora del Congreso, las principales
fuerzas políticas de la
UNAM
se polarizaron de tal manera que, para
delegados de estudiantes y profesores, había dos planillas clara
-
mente contrapuestas. Los alumnos del
CEU
y sus simpatizantes entre
Cuestiones contemporáneas
los académicos, construyeron sendas fórmulas en cada sector. Co
-
mo ya se dijo, entre los estudiantes la coalición ceuísta ganó todas
las 16 posiciones y entre los profesores, la planilla del
CAU
alcanzó
cuatro de los doce sitios (gracias a la proporcionalidad que algunos
de ellos habían impugnado meses atrás). Para enfrentar a esas pla
-
nillas, los estudiantes y profesores cercanos a las posiciones de la
Rectoría crearon, respectivamente, la planilla Unidad Universitaria
(que, con menos de
25
por ciento, no alcanzó los votos necesarios
para ser considerada como minoría calificada) y el Frente Acadé
-
mico Universitario que colocó a ocho de los doce profesores miem
-
bros de la Comisión Organizadora del Congreso.
En 1987, la designación de esos representantes escindió a la Uni
-
versidad. Las reglas mismas de esa votación, que obligaban a cons
-
truir planillas completas para cada sector, propiciaban esa polariza
-
ción a la vez que impedían participar a los profesores o estudiantes
que no se alinearan con ninguno de los principales bandos en la
disputa por el Congreso. Las campañas para aquella elección tu
-
vieron que ser extensas: una misma planilla, tenía que promoverse
entre los maestros o alumnos del bachillerato en sus numerosos
planteles, las distintas facultades y escuelas e incluso en las unidades
con estudios de posgrado.
En cambio, aunque precedidas por la gran movilización que sig
-
nificaron los foros locales, las elecciones del 16 de marzo de 1990
estuvieron acotadas al ámbito de cada dependencia de la
UNAM.
N
O
había planillas formales
-
si bien, especialmente en las escuelas de
mayor población, se articularon listas que eran identificables por su
afinidad con una u otra posición
-
. Un alumno o un académico
podían ser electos en su facultad, escuela o instituto, sin necesidad
de tener vínculos con ninguno de los grupos principales de la po
-
lítica universitaria.
Aunque muchos de ellos identificados con alguno de esos blo
-
ques, los delegados al congreso fueron electos de manera indivi
-
dual. Ese mecanismo aparentemente evitaría la polarización en las
discusiones y decisiones en ese evento. Sin embargo, no necesa
-
riamente ocurrió así. En los asuntos más conflictivos, el bloque del
C
E
U
y el bloque de la Rectoría se confrontaron en posiciones
irre-
ductibles. Como las reglas
del congreso establecían que no podía
tomarse ningún acuerdo sin el consentimiento de al menos dos
ter-
ceras partes de los delegados, muchas de las resoluciones del Con
-
greso fueron sólo retóricas, o sobre temas muy específicos, o tan ge
-
nerales que podían ser susceptibles de diversas interpretaciones.
Pero esa, fue otra historia.
Límite
de
tiempo en el frontón cerrado;
largo
proceso
&
deliberaciones
previas
Todavía unas horas antes de su inauguración, el congreso estuvo
amenazado por litigios dentro de la Comisión Organizadora. Los
delegados del
CEU
insistieron en que las sesiones plenarias fuesen
transmitidas por Radio
UNAM,
tal y como había ocurrido cuando las
negociaciones con la Rectoría en enero de
1987.
Después de un
tenso regateo, las transmisiones fueron aprobadas.
En total, habría
846
delegados (en algunas dependencias no se
designaron dos delegados, de tal manera que la cantidad total, y por
lo tanto el quórum, disminuyeron ligeramente). Las sesiones plena
-
rias serían en el frontón cerrado de Ciudad Universitaria, habilitado
como escenario de los debates que se esperaba fuesen históricos.
Tras la butacas de los delegados, separada por una malla de alam
-
bre, había una zona para que las sesiones fuesen presenciadas por
el público que quisiera asistir, sin más limitación que el cupo. Las
mesas del trabajo sesionarían en distintos auditorios y recintos de
Ciudad Universitaria.
Los delegados llegaban al congreso con un amplio bagaje en
materia de análisis y propuestas para la universidad. Los resultados
de cada uno de los foros de febrero y marzo, habían sido trabajados
por las mesas de debates y luego por comisiones de relatoría inte
-
gradas por miembros de los consejos técnicos o internos y los dele
-
gados ya electos por su dependencia.
Cada una de las once mesas del congreso tenía una comisión de
relatoría que había recibido los documentos de los foros acerca
de cada tema. Cada comisión de relatoría estaba integrada por un
estudiante, un profesor, un investigador, un trabajador administra
-
tivo y un representante de las autoridades. Desde dos semanas antes
del congreso, las once comisiones trabajaron muy
intensamen-
Cuestiones contemporáneas
te para preparar los documentos que servirían de punto de partida
a la discusión en cada mesa de trabajo del congreso.
De acuerdo con las reglas para el congreso, las sesiones serían de
9
a
13
y de
16
a
20
horas, pero muchos delegados sabían que esos
eran solamente buenos propósitos.
La
mayor parte de las tres se
-
manas del congreso los delegados trabajarían en la mesa a la que
estuvieran adscritos, pero al final tendría que haber al menos seis
sesiones plenarias.
La
última, no podría instalarse más allá del lunes
4
de junio y se esperaba que durase tantas horas que, quizá, la clau
-
sura sería después de esa fecha.
Así
fue el largo, accidentado e incierto camino al Congreso Uni
-
versitario de
1990.
Como tanto se ha dicho, a veces la historia, al re
-
petirse se vuelve, de tragedia, en comedia.
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