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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
El
movimiento estudiantil:
actualidad
y
retrospectiva
JosÉ
LUIS
HOYO
A
R
A
N
A
En este trabajo, el autor aclara que antes de que nos preguntemos que es un movimiento
estudiantil, tenemos que conocer la naturaleza de la institución donde aquél nace: la uni
-
versidad.
Desde
la
Alta Edad Media, comenta, la universidad se ha caracterizado por su
estnic-
tura corporativa. Esto implica un cierto aislamiento de la universidad respecto al exterior.
Además, como una corporación, la universidad significa jerarquía y privilegios. Estos dos ele
-
mentos pueden llegar a ser peligrosos cuando la universidad es penetrada
por
los
politicos.
De hecho, la invasión política de la esfera de la ciencia genera una terrible deformación
de la noción de autonomía.
Así,
jerarquía, privilegios y aislamiento forman una
mezcla explo
-
siva: la universidad pierde su naturaleza de fuente de conocimiento, tornándose parcela de
corrupción. Ciertamente, una universidad libre no debe divorciarse de la realidad; sin embar
-
go, la interacción y retroalimentación sociales tienen que evolucionar, significando ideas ma
-
duras y no anacronismos utópicos. En síntesis, concluye el autor, la universidad tiene que
generar confianza social, empezando por ella misma.
Before
asking what a student movement is, the author
tells us that we
have to
know the nature
of the institution where it
is
born:
the university. Ever since the
High
Middle Age, he
says, the
university has
characterized itself for its
corporate
structure. This implies a certain amount of
isolation with the
outside.
Moreover, as a corporation, a university means hierarchy and
privilege.
These
two elements
may be
dangerous when the institution is penetrated by
politi-
cians.
In
fact, the
political invasion of scientific spheres
tembly
deforms the notion of autonomy.
Thus, hierarchy, privilege and isolation produce an explosive
mixture: the university
looses
its nature as a
source of knowledge and tums into a
parcel of corruption.
Certainly, a
free
university must not divorce itself from
reality; however, social interaction and feedback must
wolve, meaning mature ideas and not utopian anachronism. In
short, the author
concludes,
a university must
generate social
confidente,
starting with
itself.
R
emoto ya el año glorioso del
68
-Berkeley,
Primavera de
Praga,
Revuelta parisina, Plaza de Tlaltelolco
-
, nuevos y re
-
novados acontecimientos estudiantiles sacuden inesperadamente a
la Universidad mexicana y a la conciencia nacional al terminar el
siglo. Minimizado en su inicio, exultante después, preocupante más
tarde, desconcertante al final, el último movimiento estudiantil del
milenio trae consigo
más interrogantes que respuestas para una so
-
ciedad en transformación
y
un régimen político en proceso de con
-
solidación democrática.
Si deseamos explicarnos el movimiento estudiantil que paraliza
la
UNAM
desde hace más de seis meses,' tenemos que reflexionar
sobre la composición social, origen, propósito, contexto nacional e
internacional
y
derivaciones del conglomerado estudiantil que agi
-
ta la máxima casa de estudios de la nación. Si queremos evitar la
crónica periodística o el artículo de opinión coyuntural, es necesario
ubicar a la Universidad
y
al cuerpo estudiantil en un marco de re
-
ferencia que nos explique sus privilegios
y
comportamiento dentro
de la sociedad, de la cual se nutre
y
a la cual se debe. No es posible
soslayar que la universidad, nacida en la Alta Edad Media
y
producto
típico de la organización corporativa medieval, continúa conservan
-
do muchas de las características que le dieron origen
y
que, con
escasas transformaciones, se han mantenido hasta nuestros días.
Carácter
estamental
y
comunitario
La
universidad se origina
y
nace en los antiguos claustros
conven-
tuales, en los recintos palaciegos, en las escuelas episcopales que
constituían las únicas fuentes de saber en la Edad Media. Y como tal,
recibe de sus patrocinadores las características que los distinguían
del resto de los mortales. Desde la Universidad de Bolonia, prín
-
cipes, obispos y papas se disputan el privilegio de auspiciar
y
cobi
-
jar en su seno al
alma
mater
generadora de conocimientos, de
saberes, de descubrimientos, depositaria de arcanos
y
misterios que
sólo en ella
y
desde ella podían explicarse. Fue en los albores de la
Alta Edad Media cuando la época oscura reclama con urgencia
la luz que ilumine
saberes
y
quehaceres de una sociedad que se
multiplica y crece. Ya no basta el manejo de las armas, ni las gestas
caballerescas
fincadas en la lealtad
y
la creencia: el
Trivium
y
el
Quatriuium
darán cuenta de la demanda social de
gramáticos,
m
-
ductores, oradores, lógicos, matemáticos, filósofos, médicos, teólo
-
'
Estas líneas se inician a fines de octubre de
1993
y
concluyen el
12
de noviembre, día
de'la renuncia del rector.
Cuestiones
contemporám
gos, abogados, capaces de adquirir la
universitas del conocimien
-
to, tan escaso en aquella época, pero indispensable para el funcio
-
namiento de las instituciones feudales.
Junto a los gremios de los artesanos, los egresados de las uni
-
versidades medievales fueron los predecesores de las profesiones
liberales de la universidad napoleónica: seres solitarios -salvo los
teólogos, atados a la corporación eclesiástica
-
que ejercían su pro
-
fesión a cambio de compensaciones monetarias de parte de la no
-
bleza, de los comerciantes
y
del pueblo en general.
Otra
suerte era la de los claustros de profesores, mientras los
estudiantes cursaban arduos años de estudio hasta coronarlos con
el bachillerato, la maestría
-
formación análoga a la de los maes
-
tros artesanos
-
o el doctorado, que daba el derecho a enseñar lo
aprendido. Ambos cuerpos quedaban atados a una comunidad, a
una organización de carácter corporativo que
leS daba su propio
status
+n
el sentido estamental
-
dentro de la sociedad feudal,
y
que conllevaba distinciones
y
privilegios: distintos tamaños
y
colo
-
res de capas, birretes
y
plumas, daban cuenta de la capacidad, grado
de avance
y
situación jerárquica de docentes
y
estudiantes.
Estos últimos compartían un espacio común, en el claustro uni
-
versitario, en los colegios donde residían, en las pequeñas ciudades
medievales que los toleraban
y
les daban cobijo,
y
tenían códigos
propios que los ligaban a hermandades
y
cofradías. Pero algo ca
-
racterístico
eratambién el ser partícipes de los privilegios
-
muchas
veces sancionados con fueros
-
que los distinguían del común de
los mortales
y
que los identificaban
y
acercaban más a sus patro
-
nos protectores: el clero
y
la nobleza, siempre dispuestos a tolerar
sus excesos
y
auspiciarlos mientras fueran instrumentos dóciles del
dominio imperial o eclesiástico.
Así,
el carácter
estamental
y
corporativo,
típico de las organiza
-
ciones medievales, no sólo está en el origen de la organización
universitaria, sino que es quizá uno de sus elementos más reacios
a transformarse
y
menos dispuesto
a
diluirse\o desaparecer a casi
mil años de fundada la institución. Max Weber, en su conocida obra
sobre las corporaciones
esta menta le^,^
no sólo alude al ejército,
Max
Weber, Economía
y
sociedad,
Mkxico,
FCE,
1969,
p.
245.
al clero y a la nobleza como corporaciones típicas de este tipo de
organizaciones (que obedecen a una estructura jerárquica y
se
cons
-
tituyen como cuerpos homogéneos con funciones específicas),
sino que alude a los estudiantes como ejemplo típico de una orga
-
nización estamental,
fincada en un
"
modo de vida
"
y en
"
maneras
formales de educación
"
que, además de otorgar fueros y privilegios
y
precisamente en función de éstos, diluye la procedencia de clase,
riqueza o abolengo, absorbiéndolos y sustituyéndolos por la perte
-
nencia ideológica, el honor o el lazo sentimental que integra al in
-
dividuo al cuerpo estamental, con el cual se identifica y del cual
forma parte: identificación y pertenencia
sólo equiparables a las de
los grupos primarios, en los que la comunidad de sangre o religión
constituyen lazos indestructibles de solidaridad y apoyo.
Ni el Renacimiento con su renovación ideológica, ni la Ilustra
-
ción con su embate racional a ultranza, lograron destruir estos ras
-
gos corporativos y estamentales de la universidad. Antes bien, los
reforzaron o les agregaron el signo propio de su época. Más aún,
en pleno Despotismo Ilustrado, Wilhelmvon Humboldt obtuvo para
la universidad prusiana el privilegio de la autonomía, o sea la in
-
dependencia del cuerpo académico, no sólo frente a las otras cor
-
poraciones y gremios, sino frente al mismísimo emperador y ante
las corporaciones
eclesiástica^.^
Así,
la autonomía universitaria nace, más que por una necesidad
del saber
mismo,4 por la necesidad de independencia, de pertenen
-
cia y de privilegio propio de las organizaciones estamentales, úni
-
cos elementos que pueden proporcionar a la universidad las ca
-
racterísticas propias que la diferencian del entorno social y que le
proporcionan su razón de ser y deber ser: la ética estamental frente
a los cofrades es un comportamiento distinto al que se mantiene
frente al extraño, el ajeno, así sea superior
o
inferior, dentro de la
escala social global: el elemento externo es tolerado, cuando más
permitido, pero es siempre algo que está fuera del grupo, que no es
propio ni avala razón alguna para identificarse con
él.
Este hecho es
5610 comparable a la autonomía lograda por Justo
Sierra como merced
y
favor magnánimo de
Poffio
Díaz.
Éste
se
cultivaba
tambien en gremios, cofradías
y
conventos.
Cuestiones contemporáneas
El desprecio de los militares para con los civiles, la displicencia
del clero para con los feligreses, la superioridad del académico
frente a los ignorantes, están vinculados a actitudes mesiánicas que
distinguen al miembro corporativo del resto de los mortales, al
tiempo que reclama privilegios exclusivos en función del honor, la
religión o el saber,
y
precisamente por pertenecer al gremio de los
elegidos
(¿símbolo de predestinación o de vocación, en palabras de
Weber?) a quienes se debe prestancia y respeto, en esta vida
y
en
la otra: el derecho a portar armas, la exención del trabajo, la per
-
petuación, la trascendencia de lo temporal a través de los hechos
heroicos o del conocimiento, de la santidad o de la obra escrita, son
típicos comportamientos estamentales.
En el fondo, la pertenencia estamental crea un rango deprivilegio
y de libertad: los principados
y
jerarquías que sujetan al resto de los
mortales carecen de influencia ante el complejo'estamental: de ahí
los múltiples adjetivos universitarios que sujetaban a la universi
-
dad exclusivamente al rey
-reaL,
al papado
-pontificia-, que
gozaba de ambos privilegios
-realypontificia-,
que enfatizaban
su particularidad
-1ibe o dimensión específica
-nacionaL.
La
universidad
y
el
Estado
Si la universidad nace como tenue cabo de vela entre la oscura no
-
che de la Edad Media, serán los primeros Estados nacionales (Es
-
paña, Francia, Inglaterra) quienes mayor provecho sacarán de ella
para consolidar su expansión y dominio. Los sabios de
Salaman-
ca discuten la redondez de la tierra. El método cartesiano es en
-
señado en París.
La
Revolución Industrial surgirá de la universidad
inglesa. Pero quizá el mayor vuelco habrá de ocurrir entrado el siglo
XIX
con la universidad napoleónica, cuando la reforma universita
-
ria rompe con el claustro académico para retroalimentar las aulas
a través de la práctica de las profesiones liberales: el médico, el
abogado, no sólo repetirán en las aulas el contenido de libros y
revelaciones, sino que llevarán a ella el fruto de su práctica pro
-
fesional, el conocimiento adquirido en el ejercicio experimental de
la vida cotidiana, el servicio que se presta a la sociedad y al esta
-
do, y que se revierte con nuevas experiencias y conocimientos que
enriquecen el aprendizaje de los estudiantes y el conocimiento de
los profesores. La mayor parte del profesorado abandona el claus
-
tro estamental y cambia la vida comunitaria por la práctica social de
su profesión liberal, que ejercerá individualmente y con apenas
algunos elementos residuales de pertenencia gremial: es el lobo
estepario, dueño personal de sus conocimientos, que comparte con
los únicos que pueden valorarlos y entenderlos: estudiantes y pro
-
fesores.
Lo cierto es que en el Estado moderno, la universidad se convier
-
te en eje y motor de revoluciones industriales, cambios tecnológi
-
cos y renovación del conocimiento: a ella queda indisolublemente
agregada la idea de progreso (recuérdese la Escuela Nacional Pre
-
paratoria); en ella se forman los cuadros dirigentes del gobierno, la
industria y los servicios, y termina siendo la niña mimada del sis
-
tema, el alma
mater
que conserva sus privilegios medievales, a la
que se subvenciona y estimula, y donde los hijos de las elites re
-
producen conocimiento y descendencia: los escritos de
Domhoff
y Wrigth
Mills, que a pesar de su antigüedad no han perdido vi
-
gencia, son particularmente ilustrativos al
re~pecto.~
Este eje motor del conocimiento tiene especial relevancia en
México, sobre todo desde que la Revolución decide bajarse del ca
-
ballo y el
Cachom de
la
Revolución se convierte en símbolo de los
nuevos tiempos: quienes en adelante tienen derecho a gobernar, son
los hombres leidos
y
escrebidos, ya no los hombres de armas: hecho
que ya constataran Zapata y Villa cuando ocupan efímeramente el
palacio nacional, para regresar a la familiar silla del caballo. Pero
simultáneamente, para llegar a la silla presidencial había que pasar
por la universidad, que desde entonces y hasta el sexenio pasado,
como dijera Gabriel Zaid, se convierte en depositaria de las llaves
del
reino.6
Pero este hecho convierte a la universidad en canal casi exclusivo
de movilidad social, sobre todo para las clases medias, y simultá
-
neamente en codiciado botín de políticos y oportunistas.
Al
cobijo
de la autonomía, todo se vale y se puede todo: impulsar y destituir
William Domhoff,
&uiéngobierna los Estados Unidos?,
México, Siglo
XXI,
1983; Wrigth
Mills,
La
elite
delpoder,
México,
FCE,
1933.
Gabriel Zaid,
De
los libros
alpoder,
México,
Grijalbo, 1989.
Cuestiones contemporáneas
rectores
y
directores, formar grupos políticos, cobijarse de la perse
-
cución de la justicia, presumir de bases inexistentes, codearse con
las futuras elites, esperar tiempos mejores. El título universitario se
convierte en nuevo título nobiliario para suplantar a los antiguos tí
-
tulos de nobleza por derecho de sangre
y
a los grados militares ob
-
tenidos en campaña. Como en
iu
ciudady
l~sperros,~
los jóvenes
pueden trasegar, hacer
y
deshacer mientras no toquen los cáno
-
nes fundamentales del sistema.
Pero estos cánones tradicionales fueron rotos en el
68,
cuando la
depositaria de las llaves, como supone Zaid, pretendió ocupar el
reino: aún queda por escribirse el compromiso de políticos e in
-
telectuales que desde la universidad trataron de apoderarse a per
-
petuidad del poder, lo cual hubiera sido aún más nefasto para la
universidad
y
la habría dejado en situación aún más precaria. Como
afirma
Niklas
Luhmam,' el subsistema de la política
y
el
subsis-
tema de la ciencia son independientes e incompatibles entre sí.
Cuando ambos se mezclan, lo único que pueden acarrear es si
-
mulación, corrupción
y
lastre. Los presidentes
-
salvo Ruiz
Cortí-
nez
-
para llegar al poder, tuvieron que ser antes licenciados,
descartando con ello de la silla presidencial a lo honrados señores
a secas, a los militares (Corona del Rosal tuvo que estudiar leyes pa
-
ra aspirar a la presidencia), a los maestros normalistas (Martínez
Domínguez), a los obreros por más poder que hubieren acumulado
(Fidel Velázquez),
y
no digamos a los hijos del pueblo, para quienes
el Instituto Politécnico Nacional apenas podía reservar algunas de
-
pendencias estatales.
A
la inversa, la
UNAM
se convirtió en pedigüeña permanente del
Estado, que generosamente la atendía
y
subvencionaba, dependien
-
do del presidente en turno. Pero las leyes y el Derecho, de mutuo
acuerdo
y
conforme a un código no escrito, quedaban sujetas al
poder,
y
aquéllas fueron más rigurosas o más benévolas
-
práctica
tradicional desde Benito Juárez
-
dependiendo de que el infrac
-
tor fuera amigo o enemigo.
Así,
la facultad que proporcionaba los
presidentes al sistema renunciaba también por anticipado a la
Mario
Vargas
Llosa,
La
ciudad
y
lospaia~,
Barcelona,
Seix
Banal,
1975.
Niklas
Luhmann,
La
ciencia
de
la
sociedad,
México,
udAnthropos/Iteso,
19%.
racionalidad de la norma y al Estado de Derecho, para someterse a
los dictados del poder. No fue sino hasta en fechas recientes que un
azar fortuito del destino llevó a un hijo del pueblo a la silla pre
-
sidencial.
La
educación
superior
y
el
68
Al
ocurrir el enfrentamiento entre el núcleo estamental corporati
-
vo de la
UNAM
y el titular del gobierno en
turno,9 el trágico desenla
-
ce sacudió. la conciencia nacional y dio cuenta de la fractura del
sistema: los estudiantes que entonces poblaban la máxima casa de
estudios eran los mismos que ahora se educan en instituciones
privadas y en el extranjero. Los estudiantes del
I
P
N
,
que, a decir de
Soledad
Loaeza, fueron reprimidos con mayor brutalidad y rigor,
no tuvieron quien escribiera su noche de
l1altelolc0, ni sus días ni
sus años.
En la primera mitad de la década de los setenta, Luis Echeverría
intentó la reconciliación entre el gobierno y la universidad y, al mi
-
nuto de silencio que guardara como candidato, siguió la liberación
de los presos políticos y la incorporación de intelectuales a su sis
-
tema.
Echeverriá
o
el
fascismo, era el aforismo intelectual en boca
de quienes habían sido convocados como consejeros o asesores
presidenciales.
La
apertura democrática realmente significó para
muchos disidentes, además de la tolerancia ideológica, la apertu
-
ra del mercado laboral. Para la universidad, se abrieron las arcas de
la Nación: se quintuplicó el presupuesto universitario, se fundaron
los Colegios de Ciencias y Humanidades, se inició el proyecto de las
Escuelas de Estudios Profesionales.
Los jóvenes vociferantes del
68
encontraron abundantes ofertas
de empleo tanto en el sector público como en el universitario, aun
cuando su preparación y méritos dejaran mucho que desear. Jóve
-
nes profesores se incorporaron a la planta docente apenas conclui
-
dos sus estudios de licenciatura y muchos aún como pasantes. En
los Colegios de Ciencias y Humanidades poco importaba contar
Dejo constancia anticipada de
mi
repudio, desde entonces público
y
manifiesto, al abuso
estatal de la Fuerza, a la represión estudiantil
y
a la masacre de
Tlaltelolco.
Cuestiones
contemporáneas
con el
"cartón"lo para obtener una plaza: era más importante ha
-
ber sido militante en el
68.
Este lastre fue penosamente remontado
en las administraciones subsecuentes a través de becas y libera
-
ción de horas de trabajo para la superación
-
y
en muchos casos
capacitación- del profesorado.
Algunas facultades se ideologizaron en extremo, al punto de
apenas dar cabida a corrientes distintas al marxismo en boga, por
entonces ya de salida en Europa. Junto a los estudiantes en extre
-
mo brillantes y capaces, comenzaron a pulular los que podían pa
-
sar dos, tres, cuatro semestres, con el mismo código conceptual de
lucha de clases y capitales. El resultado final fue el mismo de la uni
-
versidad alemana: el empobrecimiento de la ciencia, la fuga de ce
-
rebros, el abandono de la enseñanza. Añádase a ello el
"multi-
chambismo
"
auspiciado desde el sector público: muchos disidentes
fueron cooptados con dobles y
triples empleos
-
tanto en la uni
-
versidad como en el sector
públic-,
sobre todo en el sexenio de
la abundancia. La universidad, entonces, se llenó de diletantes y
desempleados: quienes no obtenían un puesto en el sector público
o privado, de seguro podían encontrarlo en el medio académico,
puesto que la
UPN
y la Universidad Autónoma Metropolitana abrían
también generosamente sus puertas.
Pero en el
82
el sueño terminó
y
la cruda realidad de una eco
-
nomía ficticia que había vivido de prestado para pagar la enorme
nómina de servicios sin tener contrapartida en la producción, cayó
por su propio peso. Desde entonces la universidad vivió de prome
-
sas y tuvo que
instrumentar programas de estímulos para atenuar la
creciente fuga de profesores hacia otras ocupaciones, así como pa
-
ra obligar a rendir a los diletantes. Pero el daño de la política metida
a la academia y de la academia metida en la política estaba hecho.
Incluso quienes tuvieron oportunidad de leer y enseñar Elpolítico
y
el
cientr;fico de
Max Weber, lo dejaron como elemento de consu
-
mo teórico, escasamente aplicable a la realidad nacional. Al contra
-
rio: al rector se le exigía y se le exige serpolítico y
cient@co simul
-
táneamente, tareas tan incompatibles como el agua y el aceite, por
lo menos al decir de Weber.
'O
Así
era denominado en los
CCH
el
tltulo académico universitario. Gran
parte del nuevo
profesorado apenas contaba con 50
por
ciento de
ckditos, que en gran parte eran com
-
plementados con ideología
y
entusiasmo.
Reforma
política
y
movimiento estudiantil
Si consideramos en retrospectiva los movimientos estudiantiles que
acaecieron en los años sesenta, en todos ellos podemos encontrar
un común denominador: el agotamiento de la ideología dominante
por un lado y la ausencia de canales adecuados de participación po
-
lítica por el otro.
"
Aun bajo tales circunstancias, el movimiento es
-
tudiantil
-
ya sea en Berkeley, República Federal de Alemania, París
o la República Popular
China-
suele iniciarse aparentemente por
una banalidad, crece y se fortalece dentro del recinto universitario,
trasciende el campus, se enfrenta con el aparato de Estado, se re
-
pliega, se
atomiza y muere. Su falta de institucionalización le impide
sobrevivir más allá de algunos meses, a lo más de manera latente por
algunos años. Finalmente, el ala más radical del movimiento opta
por la violencia, crea su propia ideología, se aísla de la sociedad y
de la universidad y perece en lucha contra el Leviatán. Tal fue el ca
-
so del grupo anarquista
Baader/Meinhof en Alemania, de las bri
-
gadas rojas en Italia, de los últimos miembros de las Guardias Ro
-
jas en China, o de la Liga
23
de Septiembre en México, que acabaron
por endurecer los instrumentos coercitivos del Estado: leyes de
excepción en Alemania, Loi
unticasseun
en Francia.
Sin embargo, en todos los casos el movimiento estudiantil ha
sacudido la conciencia nacional, puesto que obliga a la sociedad y
al Estado a indagar por las raíces que lo nutren y que muchas veces
pasan desapercibidas para los propios estudiantes, quienes abonan
las huestes de los partidos políticos y sacuden al mismo tiempo las
anquilosadas estructuras universitarias. Generalmente, a las causas
ya señaladas se agrega la acción social que en Max Weber se
vislum-
.bra como anticipación a futuro: ante la certidumbre de una situación
específica que necesariamente habrá de presentarse, se anticipan
determinadas acciones para evitarla o eludirla.
Así,
la expectativa
con arreglo a fines anticipa una acción social, que claramente puede
observarse en los estudiantes auspiciada por la incertidumbre que
les depara el futuro, particularmente incierto en el México de fin
de siglo y de sexenio.
Estos elementos fueron estudiados por el autor en su
oportunidad en el núm.
8
de
Deslinde,
'El movimiento estudiantil: alcances
y
limitaciones
"
, México,
UNAM,
1972,
y
en
el
núm. 2 de
EstudiosPolíticm,
"
La
universidad
y
la insurgencia estudiantil
"
, México,
UNAM,
1976.
Cuestiones contemporáneas
Comunidad
y
sociedad
La
magnífica obra de
Tonnies,
Gemeinschaf und
Gesellschafl (Co
-
munidad~
sociedad), es
retomada por Max Weber para diferen
-
ciar los elementos y características de ambas formaciones
sociales.12
La
comunidad, característica del medio universitario, es definida por
Max Weber como sigue:
Llamamos comunidad a una relación social cuando y en la
medida en que la actitud en la acción
social[
...
1
se inspira en el
sentimiento subjetivo[
...
1
de los participantes de constituir un
todo.
l3
En cambio, la misma definición de sociedad nos explica la in
-
capacidad del movimiento estudiantil de proyectarse más allá de las
aulas:
Llamamos sociedad a una relación social cuando y en la me
-
dida en que la actitud en la acción social se inspira en una
compensación de intereses por motivos racionales (de fines o
de valores) o también en una unión de intereses con igual mo
-
tivación.
La
sociedad, de un modo típico, puede especialmen
-
te descansar [pero no
únicamente] en un acuerdo o pacto
racional, por declaración
recíproca.I4
La
comunidad estudiantil,
fincada en la camaradería, la emotivi
-
dad, el afecto, refugio de la inseguridad adolescente, festín de jol
-
gorio y happening, muestra la cohesión y participación propia de la
comunidad, donde la cooperación y la reciprocidad fortalecen y
articulan al grupo al interior, pero simultáneamente lo aíslan del
exterior. No es difícil así que dentro del movimiento estudiantil se
intensifique la creatividad utópica, con metas y fines que rebasan
la realidad social y que parecen accesibles simplemente a partir de
una actitud voluntarista, que caracteriza típicamente al
movimien-
l2
Max Weber,
op.
cit.,
pp. 33
y
SS.
l3
Idem.
l4
Idem.
to estudiantil: basta con querer, demandar, exigir, manifestar, hacer
responsables a los otros de las consecuencias de las propias accio
-
nes, para obligar al sistema a cambiar de rumbo y acomodarse a los
propósitos y signos de las nuevas generaciones.
La sociedad, en cambio, tiene sus propias reglas y fines.
Fincada
en un equilibrio de intereses, donde los fines, ideologías y valores
de determinados grupos sociales son incapaces de prevalecer sobre
los demás, llega necesariamente a conformar un equilibrio racio
-
nal, donde aquello que se cede de una parte es compensado por la
cesión de la otra, de tal manera que, aun cuando no se logre nunca
la consecución óptima de los intereses o valores propios, finalmente
lo alcanzado en determinado grado se compensa por la tolerancia
o reciprocidad manifiesta de la contraparte, lo cual conduce a lo que
Weber denomina acuerdo opacto racional, aun cuando las desi
-
gualdades y disparidades de los grupos sociales permanezcan inal
-
terables.
Y
es aquí donde la dificultad de embonar ambas esferas sociales
-la
comunidad
y
la sociedad
-
crea una muralla insalvable para los
jóvenes utópicos, que al correr de los años comprobarán necesa
-
ria y empíricamente que la terca sociedad se aferra a su modo de ser
y actuar, y que los cambios no son tan inmediatos ni rápidos co
-
mo los estudiantes, sobre todo los procedentes de las clases me
-
dias, quisieran y pudieran realizar. El desenlace puede ocurrir y se
da en distintos grados:
a) la participación y el interés disminuyen debido a que la so
-
ciedad o el régimen político en turno abren válvulas de es
-
cape para las demandas estudiantiles;
b) la terminación de la carrera proporciona expectativas de
mejoría a futuro;
C)
la represión estatal desarticula y dispersa a los grupos es
-
tudiantiles, y
d) los grupos se cierran aún más hacia el
exteri0r.y optan por
la violencia.
Difícilmente podemos identificar algún movimiento estudiantil
triunfante: casi todos
-
por no decir todos
-
han tenido una du
-
ración efímera y sus demandas y propósitos sólo remotamente han
Cuestiones contemporáneas
sido satisfechos. En Praga y México la represión estatal decapitó
brutalmente al movimiento. Los estudiantes comprobaron en carne
propia la violencia del Leviatán sin que ninguna de sus demandas
fuera atendida en lo inmediato. Como movimientos demandantes
fracasaron, aun cuando la semilla de la inconformidad fructificó en
movimientos políticos posteriores, cuando el gobierno en turno
juzgó conveniente incorporarlas a sus programas coyunturales de
gobierno (autonomía universitaria del
29)
o para legitimarse frente
a grupos políticos adversos (apertura democrática).
En Estados Unidos, en Alemania
y
en Francia los acuerdos cu
-
pulares de los partidos políticos, las medidas gubernamentales y la
reforma universitaria diluyeron el movimiento estudiantil hasta que
se disolvió por sí mismo. En China y en Turquía los movimientos es
-
tuvieron vinculados a facciones políticas que los prohijaron e im
-
pulsaron, hasta que el triunfo político buscado hizo
innecesaria su
existencia. Los jóvenes de las guardias rojas que prosiguieron con
sus ideales
y
actividades después de que Mao Tse Tung triunfó so
-
bre sus adversarios
políticos,I5 fueron enviados a las remotas pro
-
vincias de China para ser
"
reeducados
"
mediante el trabajo agrícola.
En casi todos los movimientos estudiantiles, una pequeña fracción
activa
y
radical a ultranza se refugia en la clandestinidad para utili
-
zar la violencia contra el aparato de Estado (Italia, Alemania,
-
xico). Invariablemente, la fuerza del Estado acaba por infiltrar, de
-
sarticular y aniquilar a estos grupos disidentes, que no logran
obtener ni la simpatía popular ni la solidaridad estudiantil, quedan
-
do a fin de cuentas abandonados en su solitaria lucha contra el Le
-
viatán omnipotente.
Autonomía
del
saber
De conformidad con Niklas Luhmann, la sociedad se compone sus
-
tancialmente de
com~nicación.'~
La sociedad establece códigos de
comunicación simbólicamente generalizados que hacen posible el
l5
Niklas Luhmann,
op.
cit.
l6
Niklas Luhmann,
Sistemassociah,
México,
Aiianza/ui~,
1991;
Intmáucclón
a
h
teoná
de
sistemas,
MMéxico,
Anthropos/uih/lteso,
1996.
sistema social, el cual a su vez incluye subsistemas claramente au
-
tónomos y diferenciados.
Así,
la economía, la política y la ciencia
constituyen sistemas cerrados que se reproducen a sí mismos (au
-
topoiéticos) y que sólo consideran a los otros subsistemas como
entorno, o sea toman de aquéllos lo necesario para su propia re
-
producción.
No viene aquí al caso elaborar una introducción a la obra de
Luhmann, menos autocitarme, para evitar caer en la reiteración y en
el narcisismo académico que los estímulos pecuniarios en boga
han hecho proliferar.
deseo sin embargo, citar parte del prólo
-
go que la coordinadora de una publicación sobre el estado actual
de la ciencia política hiciera sobre mi contribución al tema, prólogo
en el que vi cabalmente reproducido mi propósito discursivo y que,
a diferencia de las entrevistas periodísticas, donde el entrevistado
no suele reconocerse en absoluto en la versión dada, aquí sí pue
-
do afirmar que, efectivamente, eso fue lo que quise decir:
Ciertamente, el diálogo con enfoques teóricos contemporá
-
neos constituye una contribución a la maduración teórica de la
ciencia política, tan necesaria para un crecimiento equilibra
-
do de la disciplina. En esta línea se inserta el trabajo de José Luis
Hoyo en tomo a la obra de Niklas Luhmann y su aporte a la
comprensión del sistema político. Este diálogo, iniciado du
-
rante la presencia de Luhmann en nuestro país, se continúa en
una presentación sistemática de sus aportes teóricos y meto
-
dológicos. Fundada en el constructivismo e incorporando en
su seno el concepto de autopoiesis de Humberto Maturana, la
teoría de Luhmann elimina radicalmente la antigua concep
-
ción clásica de causa
-
efecto y la sustituye por la visión de sis
-
temas que se autorreproducen.
A
través de la actualización
del concepto de totalidad y de la comunicación como ele
-
mento constitutivo de la sociedad, así como la visión de los
sistemas sociales como parte constitutiva de la misma, el pa
-
radigma luhmanniano se construye a través de los ricos nexos
entre sistema, entorno, complejidad, autorreferencia, inclusión
y exclusión. Particular interés cobra la concepción del autor
sobre el subsistema de poder, mismo que es presentado en las
interacciones entre poder y coerción, perfilándose el primero
Cuestiones contemporáneas
como un código simbólicamente generalizado que incorpo
-
ra con igual grado de relevancia a mandatarios y súbditos; en
este sentido, se distancia de las concepciones tradicionales de
poder, diferenciando el código y el proceso de comunicación.
Hoy, que la ciencia política y las ciencias sociales asisten a la
diversificación de enfoques y perspectivas de análisis, Hoyo
encuentra el aporte fundamental de Luhmann en la toma de
distancia de los paradigmas analógicos y su contribución a una
producción teórico
-
metodológica que
permitiría a la ciencia
política estar a la altura del rigor característico de las ciencias
naturales.17
En efecto, para Niklas Luhmam
-
y
con
ello entramos a una
teoría válida para el tercer
milenio- cada subsistema elabora sus
propios códigos simbólicamente generalizados a través de los cua
-
les se comunica y autorreproduce. Así, para Luhmann
"
el poder es
una oportunidad para aumentar la probabilidad de la realización de
combinaciones improbables de
seleccione^",^^
selecciones que co
-
rren a cargo tanto de quien detenta el poder como de quien a
él se
somete, sujetos a quienes define como el
altery el ego. En la relación
de poder entre ambos ocurre un proceso de doble contingencia, en
el que el acuerdo
-
desacuerdo habrán de solucionarse en el tiempo
reduciendo las probables contingencias hasta lograr una realiza
-
ción común.
Luhmam compara así el poder con un catalizador, en el que éste
(el poder) permanece inalterado, mientras que acelera
o
retarda
las discrepancias o acuerdos entre los factores de poder.
Así,
el
poder no puede desplegarse más que dentro de su propio código,
independientemente de la ciencia o de la economía, sistemas que
se producen y reproducen
autónomamente y con independencia
del poder, lo cual no quiere decir que éste no trate de aprovechar
al máximo los elementos que de la economía o de la ciencia se pue
-
da allegar, dado que constituyen a su vez el entorno del cual se
alimenta y nutre. A la inversa, la economía no puede producir más
que bienes y la ciencia no puede producir más que conocimientos.
l7
Judith
Bokser,
Estado
actualde
la
cienciapolítica,
México,
UAM/IFE~CNCPAP,
1996,
p.
21.
laNikla~
Luhmann,
Poder,
España,
UuJAnthropos,
1995,
pp.
18
y
SS.
los consideraron como parte del sistema: no es lo mismo
ser partido de oposición que partido en el poder, con la
carga de exclusión y resentimiento que el acceso al mismo
conlleva.
5.
La
comunidad estudiantil, enfrentada y reprobada por la
sociedad, se recluye en sí misma y no admite más que su
propia verdad: al punto de las cuotas, que son oportuna
-
mente derogadas, se suman otras demandas de un cúmulo
de pendientes por resolver.
6.
La
solidaridad y compactación del grupo de los denomina
-
dos
"
ultras
"
excluye a los vergonzantes
"
moderados
"
, sim
-
patizantes del
PRD,
que junto con ellos compartieron la
responsabilidad de paralizar la universidad, pero que sin
embargo estaban dispuestos a
"
negociar
"
el levantamiento
del paro.
7.
La cohesión interna, identificación y solidaridad del grupo
remanente llega al punto de poner en tela de juicio la or
-
ganización institucional de la universidad, y las razones
esgrimidas por sus profesores eméritos encuentran escaso
eco, cuando no franco rechazo: la desconfianza anula los
argumentos racionalmente sustentados.
8.
La
solución se empantana entre los continuos
peloteos
de grupos y autoridades: los paristas demandan el todo o
nada. Las autoridades reclaman el diálogo y luego la in
-
tervención del Estado. El gobierno en turno remite a la au
-
tonomía.
9.
Los profesores toman distintas actitudes frente al problema:
unos adulan al movimiento
e~tudiantil;~~
otros se retiran a
la vida privada; algunos piden la intervención de la fuerza
pública; otros se manifiestan públicamente contra el pa
-
ro; los más quizá esperan que el problema se resuelva por
sí solo; lo cierto es que, conforme a la apreciación presi
-
dencial, no existe una voluntad común del profesorado.
10.
Los estudiantes, principalmente los de menores ingresos,
ven truncada su carrera al perder efectivamente un se
-
a
Esta
actinid fue
percibida por Gaos en el movimiento que derrocó al rector Ignacio
Chávez: véase José Medina
Echevada, José Gaos,
Responsabilidad
de
la
Uniwrsidad,
Méxi
-
co, El Colegio
de
México,
1999,
p.
86.
Cuestiones contemporáneas
me~tre.~~
Muchos no pueden concluir sus estudios, otros
abandonan los estudios superiores, los menos se inscri
-
ben a universidades privadas.
11.
El conflicto pone en tela de juicio la éxistencia misma de
la
UNAM:
hay ex rectores que proponen dividirla, profesores
que reniegan de la integración del bachillerato al sistema
universitario, intelectuales que sugieren la separación de
los institutos de investigación de la docencia. El tamaño y
presupuesto de la
UNAM
ciertamente rebasa el de varios
estados de la federación.
12.
El gobierno no da muestras claras de su parecer sobre el
futuro de la universidad. Algunos políticos proponen que
el Congreso Universitario debe darse en el seno del Con
-
greso de la Unión.
Perspectiva
a
futuro
Podemos afirmar que el movimiento estudiantil del
99
es muy pa
-
recido a aquel movimiento zapatista
-e1 de la Revolución Me
-
xicana
-
que a decir de Womack, fue obra de
"
unos campesinos que
no querían cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revolu
-
~ión".~~
Es particularmente sorprendente la negativa de los estu
-
diantes a ser evaluados por el
Ceneval, así como su oposición
al "neoliberalismo
"
y a los
"
dictados del Banco Mundial". Uno se
pregunta de inmediato si los estudiantes de preparatoria, de las
E
N
E
P
o los
"
padres de familia" que acompañan a los estudiantes en asam
-
bleas, guardias y manifestaciones, realmente conocen el contenido
de estas abstracciones convertidas en banderas de lucha. Más to
-
davía, cuando el neoliberalismo hace tiempo que fue sacado del
poder desde las urnas tanto en Europa como en Estados Unidos y
cuando a la "tercera vía
"
en boga se superpone el
"
posmaterialismo",
fenómenos que nuestros estudiantes
-
y
los profesores que los se
-
cundan
-
ignoran o pretenden ignorar.
24Varios profesores y consejeros universitarios de la
FCP~S
apoyaron el paro bajo el
argumento de que
"
en la
UNAM
nunca se ha perdido un semestre
"
. Ahora ciertamente podemos
decir que
"
nunca se
había
perdido un semestre
"
.
l5
John Womack,
Zapata
y
la Revolución
mericana,
México, Siglo
XXI,
1985,
prefacio.
Más bien parecería que tales organismos nacionales y mundia
-
les constituyen una abstracción que se confunde con una actitud
subjetiva del estudiantado: el
temor al futuro.
Futuro que se perfi
-
la como una realidad inmanejable y compleja que aparece a dis
-
tancia como irrefrenable jinete del Apocalipsis, que acarreará de
-
sempleo, desigualdad, destrucción, inanición y muerte, fenómeno
imposible de comprender y cuantificar: para los paristas no hay
otra forma de controlar el futuro, de
reducir complejidad,
como
diría
Luhmam, más que aferrándose a lo familiar, a lo ya conocido.
Un futuro tanto más incierto cuanto que el país se encuentra atado
a un Tratado de Libre Comercio y a un mundo globalizado.
No es para menos, en la mente de los jóvenes que desde que
nacieron no han conocido más que las frustraciones familiares, las
carencias y la
crisis,26
vislumbrar cualquier medida tendiente a cam
-
biar la educación superior, como una réplica de aquélla política
económica que prometió el primer mundo para las nuevas genera
-
ciones y que a cambio trajo más corrupción, mayor desigualdad
social y más desempleo. Los cuarenta millones de indigentes que
sobreviven en el territorio nacional, no son de ninguna manera un
"
mito genial
"
, sino una realidad tangible que oscurece el territorio
nacional. Si algún signo distingue y marca al movimiento del 99, es
cabalmente la
desconfianza:
hacia el gobierno, hacia la oposición
política, hacia las autoridades, hacia los medios de comunicación,
hacia sus profesores, incluidos los eméritos, hacia sus compañeros
de clase.
Si, como afirma Niklas
Luhmam, la confianza se basa en la rei
-
teración de actos, también es muy cierto que
depende de que la incli
-
nación al riesgo se mantenga bajo control
y
que la cuota de desilu
-
siones
nosea demasiadogrande.
"
Por desgracia, la historia reciente
de México proporciona poca
confiabilidad en las instituciones, nor
-
mas y procedimientos, que han mermado la viabilidad institucional
y que impulsan al individuo a buscar soluciones simples y drásticas,
cuando no
míticas e irracionales:
En días anteriores los periódicos informaron sobre la detención del 'Comandante
Antonio".
Su
hermana relató que
61 sí sabía lo que es la necesidad: hacían una comida al día,
el menú era tortilla con sal
y
café.
Niklas
Luhmann,
Conpanza, Barcelona,
WAnthropos,
19%,
p.
155.
Cuestiones contemporáneas
Consecuentemente la desco
nfi
anza también logra la simplifi
-
cación, a menudo una simplificación drástica. Una persona que
desconfía necesita tanto de más información como al mismo
tiempo limita la información en la que se siente seguro que
puede co
ar. Se hace
m&
dependiente respecto a
menos
información. La posibilidad de ser engañado se convierte una
vez más en algo que tiene que tomarse en
cuenta.28
Así
como los estudiantes del
68
fueron los hijos del autoritaris
-
mo social y estatal que hicieron crisis en aquel año memorable, los
jóvenes
-
y
otros no tan jóvenes
-
del
99
son los hijos de la ca
-
rencia, la frustración y el desengaño.
La
desconfianza hereditaria de
una generación que ha vivido de promesas y cuyo futuro es incierto,
se aferra al pasado con el altísimo riesgo de quedar
~et~cados,
de refugiarse en los mitos
z
9
y, como
Po1 Pot,
retro<eder al pasado y
condenarse a perder el control del presente.
La renuncia de un rector más, no resuelve el problema de la
universidad; por el contrario la expone y lo agrava. Ha llegado el
momento de pensar en la nueva Universidad que requiere el país,
y esto no puede ser obra exclusiva de los universitarios, sino res
-
ponsabilidad de la nación entera. Quizá un pacto previo entre los
partidos políticos, el
Pactopor la
autonomiá,
podría
perfiiar para
la universidad una autonomía real y no solamente formal y por
ende ficticia, que abriera los cauces de una independencia real en
-
tre la política y la ciencia, para el cumplimiento cabal de sus res
-
pectivas funciones y beneficio real y colectivo de todos los me
-
xicanos.
m
IMd.,
p.
154.
Emst
Cassirer, en
ElmitodelEFtado,
(Mexico,
FCE,
19881,
nos dice que cuando el hombre
es incapaz de aprehender racionalmente su
situacidn político
-
social, debido a catástrofes o
cambios vertiginosos en la sociedad, recurre al mito como
instrumento de
cornprensián de
lo que no puede explicarse, renunciando con ello simultáneamente
a
la actitud racional.
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