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Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Comentarios a la ponencia
"La comunicación política
y
los
latinos en las elecciones
presidenciales de Estados Unidos
"
de Federico
A.
Subervi
-
Vélez
n aspecto interesante del trabajo que presenta Federico
Subervi
u
es la relativa madurez de los medios de comunicación
dirigi-
dos a los públicos latinos en Estados Unidos. Digo que me llama la
atención, porque hasta hace no mucho tiempo, los medios latinos
en Estados Unidos muchas veces asumían posiciones ideológicas
nada disimuladas. Dentro de esa subjetividad, el sesgo noticioso era
fuertemente influenciado por los intereses cubanos, quienes ocupa
-
ban y ocupan puestos importantes en muchos medios de comu
-
nicación en español en Estados Unidos. Yo me acuerdo que en los
años ochenta, cuando yo enseñaba en Chicago, hubo una fuerte
crisis entre la comunidad latina de dicha ciudad por la invitación que
se le hiciera a la
Orquesta
Aragón
de Cuba a participar en el Festival
Latino, auspiciado por la ciudad de Chicago. La comunidad cubana
se enfureció, aludiendo que traer una orquesta cubana era igual que
apoyar al régimen de Fidel Castro. Fue tal la presión, que aun perió
-
dicos conservadores como el
Chicago Tribune
protestaron ante lo
que ellos calificaron como una intolerancia exagerada. El problema
finalmente se resolvió a favor de la comunidad cubana, pero lo que
nunca salió a la luz pública es que los directores de estaciones de
radio y televisión en español en dicha ciudad, en ese entonces casi
todos cubanos, amenazaron a los representantes de las otras dos
comunidades importantes
-la
mexicana y la puertorriqueña
-
con
no transmitir los desfiles patrios de cada uno.
En efecto, es posible que este tipo de manejo ideológico ya no
ocurra con la misma frecuencia, pero sería muy interesante ver si las
coberturas de los candidatos presidenciales en Estados Unidos fue
-
ron uniformes en todo el país
o
si reflejan las fuertes diferencias de
preferencia entre las comunidades cubanas (fuertemente aliadas
con las causas republicanas), y las demás comunidades con un tradi
-
cional apoyo al Partido Demócrata.
Para mí existen paralelos interesantes con el desarrollo de los
medios de comunicación en México. Como es bien sabido, los me
-
dios de comunicación en México (sobre todo los medios electróni
-
cos) fueron
cuasioficialistas por mucho tiempo. La democratización
del país obligó a que los medios presentaran una nueva cara, y que
al igual que en Estados Unidos, se mostrara con las conductas éticas
de "objetividad
"
y relativa
"
equidad
"
. Los
conteos de espacios y tiem
-
pos otorgados a los tres candidatos importantes de la contienda
mexicana, arrojan resultados que aparentemente muestran una dis
-
tribución más justa que en el pasado.
Sin embargo, esta maduración, es sólo relativa. Los intereses ideo
-
lógicos de los dueños de los medios de comunicación distaron mu
-
cho de estar ausentes, como es el trato continuo que dio
TV
Azteca
a la candidatura de Cárdenas, y en general al
P
R
D
.
Tanto en los medios latinos Estados Unidos como en los medios
de comunicación en México vemos una aparente madurez, pero al
fin y al cabo, en ambos casos los intereses comerciales parecen pre
-
valecer sobre todas las cosas. En ambos países, no debemos olvidar,
la publicidad electoral representa ganancias millonarias y bajo esta
lupa, la aparente objetividad no es otra cosa que ofrecer una calidad
mínima que atraiga la publicidad de todos los partidos políticos, y
no sólo de algún partido con el cual de manera obvia se identifica
la empresa noticiosa. Pero en ninguno de los dos casos, esto repre
-
senta una oferta adecuada a las necesidades informativas que se
requieren en cada caso. En el caso mexicano, es obvio que los me
-
dios de comunicación (con algunas muy importantes excepciones)
poco hacen para criticar abiertamente a las empresas líderes del país,
ya que son estas mismas las que controlan directa o indirectamen
-
te a los medios de información, y así, el debate político se reduce
a hablar de políticos y de política, como si el accionar de los grandes
intereses económicos fueran asuntos de poca relevancia o impacto
en la vida nacional. En el caso de los medios latinos en Estados
Unidos, el debate político ofrece poco o nada para explicar las cau
-
sas estructurales que obligan a muchos latinos a vivir en condicio
-
nes de pobreza y de explotación, o en otros casos, a favorecer ciertas
Cuestiones contemporáneas
noticias, como fue el caso del niño
Elián, sobre otros contenidos que
reflejan más fielmente la realidad de la gran mayoría de los latinos
en Estados Unidos.
Por último, quiero referirme a las observaciones que hace Fede
-
rico
Subervi-Vélez sobre el anticuado sistema democrático estadouni
-
dense. En efecto, es un sistema arcaico que refleja lo que fue por mu
-
cho tiempo la filosofía dominante de la democracia: limitada, para
algunos, y con mucho cuidado a lo que las
"
masas
"
pudieran hacer. No
cabe duda que ante los ojos del mundo entero, Estados Unidos que
-
da al descubierto como una nación que no goza de una democracia
más incluyente de las que ya existen en muchos países, incluyendo
a México. Pero más llama la atención la falta de uniformidad
y/o el
atraso tecnológico en el modo de votar. Las famosas boletas electo
-
rales que requerían una perforación (y que fueron la base de la dispu
-
ta sobre si llevar a cabo un conteo manual) son la muestra de que
se utiliza una tecnología de los años sesenta. Realmente asombra
que un país que se precia de tener una tecnología de punta no la
aplique en sus procesos electorales. Pero la decisión de la Corte Su
-
prema de no permitir un conteo manual nos asombra. No cabe nin
-
guna duda que
si
éste hubiese sido el caso en México,
o
casi en cual
-
quier país latinoamericano, la prohibición de un conteo manual
hubiese sido juzgado como un acto antidemocrático, y seguramente
los primeros en sonar esa trompeta, hubiesen sido los voceros del
Departamento de Estado o los políticos estadounidenses que tradi
-
cionalmente han asumido una actitud arrogante y crítica cuando las
democracias al sur arrojan resultados adversos a los intereses de
Estados Unidos.
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