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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Los
rumbos de la educación
superior: tendencias
y
desafíos
Resumen
Este artículo analiza la educación superior de nuestros días a la luz de los más importantes
cambios que
recorren todos los ámbitos de la vida social de fin de siglo: la
globalización
económica, la redefinición del papel del Estado y la revolución científico
-
tecnológica. El texto
se centra en las cinco palancas fundamentales que están transformando a la educación supe
-
rior: la aplicación tecnológica a la vida académica, la movilidad real y virtual de estudiantes
y profesores, el imperativo de la educación permanente, el acercamiento al ámbito
laboral y
el nuevo papel de maestros y alumnos en el proceso de enseñanza
-
aprendizaje. De igual
me
do, el artículo analiza algunas de las consecuencias de estas transformaciones y señala la im
-
portancia de los estudios de
posgrado como eje clave de los nuevos rumbos de la educación
superior.
Abstract
This article analyses college education
today in the light of the most important
changes.under-
gone in most spaces of the social life at the end of the century: economic globalisation,
the
redefinition
of
the role of the
state and the scientific and technological revolution. The text
is focused in five
adamental forces which are transforming college education: the techno
-
logical applicatlon to academic
life, real and virtual mobility of students and teachers, the
im.
perative of permanent education, the greater interaction
with working spaces and the new role
of teachers and
students in the
process of leaming
-
teaching. Likewise, the article analyses so
-
me of the consequences of these
changes and
points out
the
importante
of
posgradiiate stu
-
dies to articulate and
find new paths for
university education.
urante los últimos diez años, el debate sobre la educación su
-
D
perior ha formado parte de las agendas de muchos paises y es,
hoy por hoy, uno de los temas cruciales del debate intelectual y
político en todos ellos. La situación
es
paradójica. Ciertamente, las
universidades deben dar respuesta a los desafíos que plantea una
sociedad en rápido proceso de transformación, que exige de sus egre
-
sados nuevos conocimientos y habilidades, así como modalidades
novedosas de adaptación al mercado laboral. Pero, si bien la
educa-
ción superior no puede quedar al margen del impacto social que
significa el reacomodo de las fuerzas económicas, políticas y cultura
-
les que recorren el mundo, éste afecta indudablemente su organi-
zación institucional, prácticas académicas, financiamiento, progra-
mas curriculares, prioridades de investigación, etcétera. El problema
no es enteramente nuevo. Ya desde la década de los sesenta, la ex-
pansión de la demanda universitaria, ligada a los cambios demográ-
ficos, culturales y políticos de ese periodo, pusieron fin al carácter
tradicional de las universidades, modificando su fisonomía y debi-
litando las posibilidades de que pudieran cumplir las expectativas
que se tenía con respecto a ellas.'
Sin embargo, el final del siglo
xx
se caracteriza por transforma-
ciones que asombran, no sólo por la rapidez con que tienen lugar,
sino por su profundidad. Su impacto se manifiesta en todos los ám-
bitos de la vida social y trazan, sin duda, las nuevas directrices que
asume la educación superior. En el entorno de importantes transfor-
maciones geopolíticas, que intensifican la competencia económica
internacional, desarrollan nuevas tecnologías y modifican la estruc-
tura productiva, las instituciones de educación superior deben satis-
facer nuevo retos: formar recursos humanos de alto nivel, competir
entre sí y con instituciones extranjeras, y resolver con éxito las exi-
gencias de calidad y eficiencia que impone la
"
sociedad del co-
nocimient~".~
En otras palabras: una sociedad caracterizada por ser
más abierta y competitiva, envuelta en redes globales de comunica-
ción y expansión del conocimiento, y que avanza hacia formas de
trabajo más flexibles
e
inestables, pone en tela de juicio el modelo
y el papel de la universidad, e incluso, sus formas de operación vi-
gentes hasta hace sólo algunas décadas.
Al
respecto, señala la
U
N
E
S
C
O
:
"Dado el alcance y el ritmo de las
transformaciones
[.
..]
y
puesto que tiene que hacer frente a imponen-
tes desafíos, la propia educación superior ha de emprender la reno
-
vación más radical que jamás haya tenido por
delante".3
'
Véase por ejemplo: Nicolás
Casullo,
Paní
68.
12s escritums, el recuerdo y el olvido,
Buenos Aires. Manantial,
1998.
Sobre la "sociedad del conocimiento
"
véase
A
N
U
I
E
S
:
La educación superioren
elsgloXYI,
México,
2000.
'
UNESCO,
Declaración
rnurrdialsobrela educaciónsuperioren
elsigloXXI:
uisiónyacción,
México.
1999.
Sociedad
y
política
Lo anterior plantea problemas y desafíos que deben ser asumidos
de manera integral y simultánea, para hacer de la educación superior
un sistema eficaz y coherente con las nuevas demandas sociales,
culturales y laborales, pero sin que las universidades (especialmente
las públicas) dejen de cultivar su vocación científica y humanista.
Para aproximarse a comprender las transformaciones que expe
-
rimenta en la actualidad la educación superior, es pertinente carac
-
terizar brevemente los procesos más importantes que, a nivel mun
-
dial, la afectan e inciden en ella. Al respecto, cabe destacar los
siguientes: la globalización de la economía, la redefinición del papel
,del Estado, y la revolución científico
-
tecnológica.
Ciertamente, la globalización económica es uno de los factores
definitorios del contexto mundial a fines del siglo
xx
y principios del
m.
Caracterizada por la integración de las economías nacionales a
una economía global
y
sustentada en la competitividad
y
el libre
mercado, esta dinámica económica intensifica los flujos de mercan
-
cías, capital e información más allá de los estados nacionales, al
tiempo que configura bloques regionales que puedan competir en
mejores condiciones en el mercado internacional.
Motor fundamental de la globalización lo constituye la revolución
científico
-
tecnológica. De hecho, la creciente interdependencia e
integración de la economía mundial se ha debido en gran medida
a ella,
gestada en la década de los setenta, cristalizada en los ochenta
y generalizada en los noventa. Es precisamente la tecnología infor
-
mativa y el procesamiento de la información lo que ha permitido
incrementar a pasos agigantados la productividad, reorganizan
-
do los procesos productivos
y
posibilitando la creciente
competitivi-
dad de las empresas y los países en el mercado global.
En el orden político, a su vez, el Estado ha experimentado impor
-
tantes transformaciones en una doble vertiente. Por una parte, ha
redefinido su papel a raíz de la dinámica económica globalizadora.
Por la otra, ha enfrentado los reclamos por una mayor democratiza
-
ción y reconocimiento de su pluralidad.
Todos los factores mencionados, interrelacionados entre sí,
re-
configuran drásticamente los sistemas de educación superior. Aun
-
que los modelos y los ritmos de desarrollo, así como las formas de
estructuración de la enseñanza superior varíen según las condicio
-
nes históricas, sociales
y
políticas de cada país, resulta sorprendente
la trayectoria similar de los patrones de cambio que las universida
-
des, en su conjunto, experimentan. Esto implica que los cambios
en la educación superior no dependen de problemas particulares o
de universidades específicas, sino que constituyen un problema de
alcance global referido al desajuste entre los instrumentos académi
-
cos y organizacionales existentes y las necesidades educativas y so
-
ciales que se deben cubrir.
La globalización es un proceso de orden económico, aunque sus
-
tentado, sin duda, en la producción, generación y aplicación del co
-
nocimiento. La creación de riqueza de las naciones se basa, cada vez
en mayor medida, en el caudal de conocimientos que se posea así
como en su aplicación.
Al
mismo tiempo, los sectores de alta tec
-
nología duplican su participación en los sistemas productivos, y las
áreas de la economía que utilizan de manera intensiva los
saberes
de la informática, el procesamiento de datos y las telecomunicacio
-
nes son las que crecen de manera
e~ponencial.~
De igual manera,
el modelo económico globalizador ya no se sustenta en los prin
-
cipios de la producción masiva estandarizada, sino en modelos pro
-
ductivos más flexibles, integrados al tiempo real de la economía
g10bal.~ Pero la globalización es también un proceso cultural y
educativo. En la nueva
"
sociedad del conocimiento
"
, éste constituye
el activo fundamental que obliga a permanentes innovaciones cien
-
tíficas y tecnológicas. Al mismo tiempo, el conocimiento carece ya
de fronteras, lo cual se traduce en una modificación sustantiva de las
funciones de la educación superior. La globalización tiende a homo
-
geneizar los patrones organizativos y la estructura académica de las
universidades en aras de generar una mayor calidad educativa orien
-
tada a competir en un mercado mundial cada vez más flexible, tanto
productiva como laboralmente. De manera paralela, la regionalización
y la formación de mercados comunes crean la necesidad de
consen-
sar acuerdos sobre movilidad laboral, reconocimiento de grados y
títulos, homogeneización de programas académicos y experiencia
laboral, proyectos conjuntos, etcétera.
La revolución cientifico
-
tecnológica y el desarrollo de internet
constituyen, sin duda, uno de los mayores fenómenos culturales del
-'
Véase
Manuel
Castells,
La
era de la información. La sociedad red,
t.
1,
México,
Siglo
xxr,
1999.
Idern.
Sociedad
y
política
siglo. Sustentados en la cibercultura global
-
conectada e instantá
-
nea
-
, los avances tecnológicos fomentan innovaciones importan
-
tes en la transmisión de la información, lo cual repercute, sin duda,
en la cantidad y velocidad de producción del conocimiento. De igual
modo, las transformaciones tecnológicas modifican también las mo
-
dalidades tradicionales del trabajo académico a través de mecanis
-
mos tales como teleconferencias, correo electrónico, coloquios vía
internet, revistas en red, etcétera, posibilitando que maestros e in
-
vestigadores puedan elegir interlocutores afines en cualquier parte
del mundo.
Por otra parte, desde la crisis financiera de los años setenta y par
-
ticularmente desde la caída del muro de Berlín,
el Estado
-
benefactor
ha limitado su función redistributiva y de suministro de servicios pú
-
blicos, los cuales, de manera creciente, han pasado a ser regulados
por la dinámica del mercado. La lógica globalizadora ha sobrepasa
-
do las fronteras políticas y jurídicas nacionales, al tiempo que el Es
-
tado se ve impelido a contribuir a la competitividad económica a
través de recortes en los gastos sociales, la desregularización econó
-
mica, la privatización y el aliento a la flexibilidad laboral. Las reduc
-
ciones financieras a que se ha visto obligado el Estado en el nuevo
entorno internacional se han traducido en severos recortes al
finan-
ciamiento de las universidades, en especial las de carácter público,
obligándolas a buscar fuentes privadas de
fmnciamiento, recortar
se-
lectivamente servicios que no sean autofinanciables, acrecentar los
vínculos con el sector productivo, promover contratos de investi
-
gación con el sector empresarial, generar programas de
autofinan-
ciamiento,
ofertar servicios, cobrar cuotas por servicios educativos,
buscar contribuciones de ex alumnos, etcétera. De igual modo, la
reducción de costos se ha venido realizando a través de otros meca
-
nismos: intensificación del trabajo académico, nombramientos tem
-
porales, recomposición de la planta docente, jubilaciones anticipa
-
das, desregulación de las condiciones de trabajo, reducción presu
-
puestaria en la adquisición de equipos o suscripciones a revistas
especializadas,
et~étera.~
En esta misma línea, no hay que
descono-
Véase Daniel Schugurensky,
"
La
reestmcturación de la educación superior en la era de
la globalización:
¿hacia un modelo heterónomo?
"
, en Armando Alcántara, Ricardo Pozas
y
Carlos Torres
(coords.),
Educaciótr, democracia
y
desarrollo en
elfin de siglo,
México, Siglo
XXI,
1998,
pp
118-149.
cer
la expansión de las universidades privadas, las cuales cumplen
tres funciones fundamentales: absorber la demanda social de edu-
cación superior cuando ésta excede la oferta pública; disminuir el
gasto público para educación superior, y reducir el posible
activis-
mo político de los estudiantes.'
A
partir de lo anterior, y siguiendo a los más actualizados estudios
sobre el tema, podrían señalarse cincopalancas fundamentales des-
de los cuales se están generando los cambios esenciales de la educa-
ción superior, mismos que se intensificarán en los años por venir.
La
multiplicidad
de
aplicaciones
de
la tecnología
a la educación superior
Ciertamente, en una sociedad sustentada en el conocimiento y el
saber, los nuevos avances tecnológicos propician
y
potencian los
cambios cuantitativos y cualitativos en el ámbito de la educación
superior.' Nuevas investigaciones y recientes descubrimientos cientí
-
ficos ocupan el ciberespacio para enlazar laboratorios, maestros, in
-
vestigadores, alumnos, etcétera. La red es utilizada ampliamente en
videoconferencias y para consultar libros y revistas electrónicas, lo
cual amplía enormemente la posibilidad de agilizar la búsqueda de
información y disponer de la misma. De igual modo, las comunida-
des epistémicas se ligan ahora por redes cibernéticas nacionales e
internacionales, creando nuevas formas de comunicación académi-
ca, de carácter horizontal. Por otra parte, los avances tecnológicos
aplicados al ámbito académico han permitido diseñar nuevas op-
ciones educativas, en especial en términos de los avances en la edu-
cación a distancia, modalidad que disminuye costos, permite un ac-
ceso creciente a la enseñanza y diluye las barreras entre instituciones
educativas, favoreciendo la apertura al conocimiento tanto al inte-
rior de las fronteras nacionales como fuera de ellas. La educación a
distancia no sólo incrementa día a
día su importancia, sino que
tam-
'
El caso de Chile es paradigmático en relación con el crecimiento de las universidades
privadas, en especial en lo referente a carreras que no requieren demasiada
infraestmctura
(psicología, relaciones internacionales, finanzas, derecho,
y
administración, por ejemplo).
*
Véase
ANUIES,
op. cit.,
véase, asimismo, Henri Dieuzeide,
Les
nozrve/les
technologies,
París,
Nathan,
1994.
Sociedad
y
política
bién se reconceptualiza permanentemente. Así, por ejemplo, los
cursos televisados unidireccionales están dando paso a modelos mu-
cho más sofisticados de interacción inmediata entre profesores y es
-
tudiantes vía intemet. Asimismo, no puede dejar de anticiparse que
los "cursos virtuales
"
transmitidos a través de redes, satélites o
video-
conferencias, pueden llegar a crear
"
universidades virtuales
"
para
enfrentar el futuro crecimiento de la demanda educativa
-
en
las
que se obtengan grados académicos sin haber estado necesariamen
-
te en el campus
-
, mismas que podrán coexistir con las instituciones
universitarias presenciales. En ellas será posible encontrar "aulas
trirtuales" (cuya función básica será la transferencia de conocimien-
tos), "laboratorios virtuales" (destinados a generar conocimientos),
"bibliotecas virtuales" (orientadas a conservar, actualizar e intercam-
biar conocimientos), y "oficinas virtuales
"
(encargadas de la adminis-
tración y gestión general). El objetivo de la universidad virtual será
preparar profesionales a nivel licenciatura y
posgrado en áreas de
alta prioridad, contribuir a la especialización de conocimiento y am-
pliar la cobertura de la educación superior.
A futuro, se espera que el área de mayor crecimiento de la edu-
cación a distancia sea la oferta de cursos
por
medio de programas
computacionales que puedan ser usados por los estudiantes en cual-
quier momento o lugar.
A
los actuales avances tecnológicos se po-
drían añadir sucesivas generaciones de nuevos adelantos aplicados
a la educación a distancia: sistemas que combinen intemet con tele-
fonía móvil, incorporación en las redes móviles de sistemas de en-
señanza artificial,
etcétera. Igualmente, el acceso a cursos a distancia
y, más tarde, a carreras
a
distancia, implicará la posibilidad de desa-
rrollar programas de estudios interinstitucionales que permitan el in-
tercambio académico de miles de profesores y estudiantes, así como
la posibilidad de matricularse al mismo tiempo en asignaturas im-
partidas en cualquier universidad del mundo
(~"metacampus"?). En
esta línea, si bien es dable suponer que los estudiantes no aban
-
donarán definitivamente las aulas, su presencia física en los campus
será menor, y la educación presencial tenderá a coexistir con la
educación ofrecida vía redes virtuales. Posiblemente, la enseñanza
no presencial incremente su importancia, aunque es difícil suponer
que se convierta en una opción exclusiva, pero podría funcionar en
ocasiones como complemento, y en otras, como sustituto de
activi-
dades
que no se puedan realizar de manera presencial. Asimismo,
el libre acceso a los conocimientos a través de las nuevas tecnologías
modificará la actual organización secuencia1 de los conocimientos
(con todo lo que esto implica para la psicología del aprendizaje)
y
los alumnos deberán construir
"
coordenadas
"
particulares, pero co
-
herentes, de conocimientos. El hecho de que los conocimientos es
-
tén permanentemente disponibles a través de la red implica que el
papel de los centros universitarios pueda transformarse
sustan-
cialmente, incluso en términos de la
"
geografía universitaria
"
.' Pero
de manera más importante aún, al no residir los conocimientos sola
-
mente en los recintos universitarios, éstos ya no podrán ser mo
-
nopolizados, y la universidad dejará de ser así, la única depositaria
del saber.
Moviiidad real
y
virtual de estudiantes
y
profesores
En un contexto globalizado y de interdependencia mundial caracte
-
rizado por la movilidad transfronteriza, la
desterritorialización,lo
el
mayor contacto cultural y la creciente difusión del conocimiento, las
tendencias educativas apuntan a una creciente intemacionalización
de la enseñanza superior y a una necesaria preparación para un
fu
-
turo profesional sin fronteras. Esto puede traducirse en el hecho de
que, próximamente, se ampliarán las posibilidades de cursar mate
-
rias, concluir carreras o realizar cursos de especialización y
posgrado
en otras instituciones universitarias nacionales o extranjeras.
"
El
fortalecimiento de programas de intercambio, así como la transferen
-
cia y movilidad de estudiantes y profesores, implicará la necesidad
de generar nuevas políticas educativas, tales como apertura a pro
-
gramas académicos diversos, flexibilidad de contenidos, revalidación
y reciprocidad de créditos, enseñanza de segundos (o terceros) idio
-
mas, desarrollo de procesos didácticos con competencias internacio
-
nales, etcétera.
A
largo plazo, es posible suponer que los títulos se
"Así,
por ejemplo, los edificios destinados a albergar una sola disciplina o un conjunto
de disciplinas afines pueden resultar ya obsoletos.
"'
"
El
mundo se
transforma en territorio de todo el mundo
"
, señala Octavio Ianni,
Teonái
de laglobalización,
México, Siglo
XXI,
1996,
p.
140.
"
ANUIES.
OP.
cit.
Sociedad
y
política
universalizarán, teniendo fecha de caducidad para ser revalidados
al cabo de unos años. En el caso de los académicos, se intensificarán
los proyectos conjuntos de investigación internacional, las
videocon-
ferencias interactivas y las redes interinstitucionales de colaboración
académica en distintos campos del conocimiento.
Educación permanente
En un momento histórico en que la riqueza de los países se mide,
más que por la disponibilidad de recursos materiales, por la capaci
-
dad de generación, acceso y avance del conocimiento, el gran desig
-
nio de las comunidades educativas consiste en la actualidad en una
apuesta por la educación a lo largo de la vida. La formación perma
-
nente constituye el pilar central de la inserción exitosa de los ciuda
-
danos en la
"
sociedad del conocimiento
"
, misma que supone un pro
-
ceso integral y continuo de formación, sin límite de edad. En este
sentido, ya no es factible pensar que la educación superior pueda
continuar siendo una fase educativa terminal que sólo otorga títu
-
los y grados. El crecimiento exponencial de la generación de cono
-
cimientos exige una preparación constante a lo largo de toda la
vida, por lo que cabe pensar a la universidad como una institución
educativa a la que se acudirá, de manera permanente, en busca de
conocimientos o especialización.
La reestructuración de las formas de trabajo
-
cada vez más fle
-
xibles y móviles
-
así como las transformaciones en las trayectorias
laborales12
-
sujetas a nuevos criterios de contratación
-
evidencian
la dificultad de dedicarse a una sola profesión o actividad a lo largo
de la vida,
así como el imperativo de mantener una educación per
-
manente para hacer frente a las continuas innovaciones en contenidos
y tareas que demanda la reorganización del trabajo. Lo anterior su
-
pone que un sistema de estudios rígido es poco funcional y que la
educación superior se orientará a desarrollar iniciativas y a fin de
renovar permanentemente los conocimientos. Ciertamente, el objetivo
no puede ser la especialización absoluta, sino la versatilidad que
l2
Véase al respecto, por ejemplo, John Gray y Fernando Flores,
"
El
trabajo en el ocaso de
las carreras
"
,
Nexos,
núm.
270,
junio de 2000, pp.
4-53,
235
permita adaptarse a las necesidades profesionales de un mundo en
cambio.13
En la actualidad, cada vez son más los alumnos que cursan estu
-
dios de
posgrado
y
a ellos se agregará en los próximos años una mul
-
titud de profesionales que volverán a la universidad (presencial o a
distancia) para completar su formación, reciclar conocimientos, et
-
cétera. Lo anterior implica que la universidad futura dejará de ser
sólo un espacio de jóvenes para convertirse en un ámbito educa
-
tivo al que se podrá acceder varias veces a lo largo de la vida pro
-
fesional, sinlimitación de edad. En esta tesitura, el sistema educativo
deberá flexibilizarse para convertirse en el espacio de la educación
permanente, en el que el estudiante tenga la libertad de actualizarse
en función de las necesidades personales o laborales en las que se
encuentre en un momento determinado. Lo anterior supone la posi
-
bilidad de acceder a la educación no sólo a través del concepto tradi
-
cional de enseñanza
-
aprendizaje en el aula, sino también aprove
-
chando los recursos de las nuevas tecnologías, que permiten que
cualquier ciudadano pueda participar, desde cualquier punto geo
-
gráfico, en un modelo educativo a distancia de atención personalizada.
Acercamiento
al
mundo
laboral
En un contexto económico caracterizado por la aparición de nuevos
modos de producción basados en el saber, la educación deberá to
-
mar en cuenta las transformaciones que se dan tanto en el mundo
laboral como en los sectores científicos
y
técnicos, articulando el
proceso formativo con las prácticas
laborales.14 En esta línea, es fac
-
tible suponer que los contenidos serán de carácter más aplicado
-
impartidos en ocasiones por profesionales externos
-
en los que
primará el conocimiento sobre la información
y
cobrarán relevan
-
cia la creatividad, la interpretación de la información
y
la capacidad
"
Véase
Wolfgang Michalski
y
Barrie Stevens,
"
Economía, sociedad
y
capacidades: retos
para la educación
y
la capacitación en el siglo
XXI",
en Fernando Solana (comp.),
Educación
en el siglo
XXI,
México,
Limusa,
1999,
pp.
149-162.
Ii
Véase, por ejemplo, Gonzalo
Varela
"
Un nuevo desafío para las universidades, la vincu
-
lación con el sector productivo
"
, en Hugo Casanova
y
Roberto Rodríguez
(coords.),
Univer
-
sidad contemporánea. Política
ygobiemo,
México,
CESU,
1999.
Sociedad
y
política
de trabajar en equipo. Esto implica la transformación de los espa
-
cios de enseñanza, para favorecer la preparación profesional de los
estudiantes en los propios lugares de trabajo, con lo que se puede
incrementar la pertinencia de los contenidos y las prácticas académicas
y
generar una relación más estrecha entre educación y desarrollo
económico. De hecho, muchas instituciones universitarias realizan
ahora proyectos conjuntos con empresas privadas o públicas, lo que
les permite obtener recursos, formar estudiantes, realizar actividades
de investigación con aplicaciones productivas o de utilidad social,
etcétera.
Cambios en los papeles
&
profesor
y
alumno
Según el informe Delors, el esquema de la educación del mañana
consistirá en aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a con
-
vivir y aprender a ser. Es decir, el conocimiento tenderá a crear indi
-
viduos autónomos que sepan convivir en
libertad.15
¿Cómo trasladar
lo anterior al ámbito universitario? Resulta ya evidente que es obsole
-
to el proceso de enseñanza
-
aprendizaje sustentado en un cuerpo
docente que capacita a un conjunto predeterminado de estudiantes
en el aula, el taller o el laboratorio a través de un
curriculum
(previo
al hecho escolar) y evalúa su desempeño a través de criterios fijos.
Los profesores no pueden concebirse todavía como meros
"
trans
-
misores de conocimiento
"
sino que deben asumir el nuevo papel de
"
conductores de alumnos
"
, orientando su trabajo a servir de tutor
y
guía del estudiante, según el ritmo de su aprendizaje y sus cono
-
cimientos previos.
Enseñar se convertirá pues, en el arte de diseñar situaciones que
susciten el interés y comprometan la actividad mental de los alum
-
nos, a fin de que quieran saber más y comprueben en su propia
experiencia que el conocimiento progresa con esfuerzo, curiosidad
y descubrimiento. Esto privilegiará habilidades cognitivas refina
-
das
y
similares a las requeridas fuera del mundo educativo. El centro
de los procesos
y
contenidos educativos se desplazará hacia el estu
-
diante, quien seleccionará activamente lo que quiera aprender para
l5
UNESCO,
0p.cit.
convertirse en un graduado polifacético, preparado para trabajar en
un ámbito laboral competitivo (ya sea nacional o internacional), fle
-
xible ante la diversificación del trabajo, interesado toda su vida en
el aprendizaje y capaz de resolver
con creatividad.
l6
Esto
conducirá a la flexibilización del curriculo académico a efecto de
adecuar la formación casi a la medida de las necesidades y posibi-
lidades de cada estudiante, creando nuevas formas de interacción
profesor/alumno y optimizando los recursos educativos.
A partir de las tendencias anteriormente expuestas en torno al
panorama de la educación superior a futuro, cabe hacer algunas con-
sideraciones acerca de algunos de los problemas que se pueden
visualizar al respecto.
Antes que nada, es importante destacar que la globalización no
es un proceso incluyente, sino que fomenta la desigualdad económi
-
ca tanto al interior de los países como en el plano internacional.
Ciertamente, esto implica riesgos en el ámbito educativo, el más
serio de los cuales lo constituye el que los países más desarrollados
potencien su carácter de
"
sociedades del conocimiento
"
, en tanto
que los menos desarrollados, por sus dificultades para sustentar un
sistema de ciencia y tecnología propio, queden rezagados.
"
En esta
misma línea puede señalarse que el uso de las tecnologías informativas
puede contribuir a exacerbar la desigualdad, ya que los desa- rrollos
telemáticos son propiedad patentada de las grandes empresas de
países desarrollados.
Por otra parte, existe el riesgo de que la lógica del mercado invada
el mundo del conocimiento y reforme a las instituciones de educa
-
ción superior de acuerdo con sus
criterios.lH Ante el predominio que
ha alcanzado la lógica de mercado, no hay que desconocer el riesgo
que supone alentar sólo el conocimiento que aparezca como renta
-
ble. Al aumentar los apoyos gubernamentales a la investigación
aplicada, se otorga menos prioridad a la investigación básica. Si las
universidades, en especial las públicas, atendieran sólo a criterios de
rentabilidad, impartirían exclusivamente carreras de gran demanda en
"
'Véase por ejemplo,
Jos~ié M.
González,
"
La universidad
niilenaria ante la
globalización
y
la
comercialización de la ensenanza superior
"
. en Fernando Solana (comp.),
Educaciónpara
d.siglo
XXI,
México, Limusa, 1999, pp. 81
-
110.
'-
ANL'IES,
OP.
~il.
Josep María
Bricall,
"
Si los gobiernos no
refornian
la
universidad, lo harán los mer
-
cados'',
EIPaLs,
4
de abril de 2000.
Sociedad
y
política
términos de utilidad económica para sus egresados, dejando de lado
carreras y disciplinas importantes para el desarrollo del conocimien
-
to
y
el fortalecimiento del pensamiento crítico (humanidades y cien
-
cias sociales, por ejemplo) olvidándose el papel de la universidad
como medio para buscar la verdad o generar conocimientos. La uni
-
versidad ofrece a la sociedad parte de sus servicios en formación e
investigación, pero también se alimenta a sí misma. Más allá de la
importancia innegable que se le debe dar a la preparación "instru
-
mental
"
, el problema de fondo es conciliar el binomio
educación-
vinculación al sector productivo sin que el
"
conocimiento puro
"
quede subordinado al "conocimiento aplicado" según el criterio del
mercado.
Por otra parte, aunque no hay duda de que la tecnología es la pista
de despegue de los nuevos programas de enseñanza en la educa
-
ción superior, es pertinente hacer algunas advertencias. Si bien las
nuevas tecnologías alientan la democratización del conocimiento,
en los países menos desarrollados sólo un número relativamente re
-
ducido de universidades e investigadores puede interactuar en redes,
mientras que el gran contigente de académicos y estudiantes corre
el riesgo de quedar al margen de dicha
interacción.19 En una era en
la que el acceso rápido a la información es fundamental para el tra
-
bajo académico, no acceder a tecnologías informáticas puede tener
un efecto negativo tanto para la docencia como para la producción
del conocimiento. De igual modo, si bien se han destacado los al
-
cances de la educación a distancia, no hay que perder de vista que
esta modalidad educativa, en la que la atención individualizada pue
-
de recibirse en cualquier momento
y
lugar, puede correr el ries
-
go de convertirse en
"
aislamiento intelectual
"
que dificulte la indis
-
pensable convivencia académica y genere problemas de disciplina
para estudiar. Asimismo, si bien el uso de internet, el correo electró
-
nico y las redes virtuales facilitan el trabajo académico de profesores
e investigadores al hacer más permeables las fronteras físicas de las
universidades, ello implica que las comunidades epistémicas se
pueden relacionar con base en criterios cognoscitivos y no necesa
-
riamente de pertenencia a la institución de origen. Esta ruptura de
Al
respecto, véase por ejemplo Daniel
Reséndiz,
"¿Hacia un mundo sin educación for
-
mal?
"
, en Fernando Solana,
op.
cit.,
pp.
121-126.
fronteras geográficas, culturales, académicas y lingüísticas, así como
la aparición de redes educativas globales, implica que la universidad
puede dejar de ser un espacio cohesivo que dispone de su propio
capital intelectual, con el consiguiente peligro de debilitar las leal
-
tades institucionales de sus integrantes.
En el caso mexicano, las universidades se encuentran también
sujetas a profundos cambios educativos. El país ha reordenado su
economía y se ha integrado al Tratado de Libre Comercio con Esta
-
dos Unidos y Canadá para competir ventajosamente en los mercados
mundiales. De igual modo, se ha ampliado la vida democrática
y
se
ha avanzado aceleradamente en la aplicación de los conocimientos
tecnológicos en todos los ámbitos de la vida social. Sin embargo, el
cambio no
se
ha dado de manera homogénea en toda la sociedad.
México sigue siendo una sociedad polarizada, con enormes abismos
sociales, económicos y culturales, en la que amplias regiones y sec
-
tores sociales no participan de los avances económicos ni tecnoló
-
gicos.
Por otra parte, hay que reconocer que las instituciones de edu
-
cación superior conforman hoy un vigoroso sistema educativo, y
que casi la totalidad de las universidades públicas han reformulado
sus políticas educativas, realizando diversas reformas estructurales
y creando nuevos programas estratégicos de desarrollo.
A
pesar de
que el ingreso a la universidad sigue siendo una situación de privile
-
gio, la matrícula se ha expandido notablemente a partir de los años
sesenta (incluso a pesar de las tendencias recesivas de la matrícula
durante la década de los ochenta), y se prevee que la educación
superior tendrá un incremento significativo durante las próximas
décadas. Es evidente, por tanto, que las formas tradicionales de
educación universitaria serán insuficientes para responder a estos
desafíos.
A
esta debilidad cabe agregar otra: en el contexto de con
-
formación de bloques regionales en el que deben funcionar las ins
-
tituciones de educación superior, México se encuentra en una situa
-
ción desfavorable ante sus socios comerciales de Estados Unidos y
Canadá, corriendo el riesgo de quedar aún más rezagado en su desa
-
rrollo científico y
tecnológi~o.~~
Véase Javier Mendoza,
"La
universidad frente a las tendencias de la
globalización", en
Humberto Munoz
y
Robeno Rodríguez
(coords.).
Escenanospara la
uniwtsidad contempo
-
ránea,
México,
CESU.
Sociedad
y
política
Los retos del futuro obligan a la educación superior mexicana,
en especial a la pública, a replantearse problemas tales como diver
-
sificar su oferta educativa; formar capital humano; dar respuesta a
una amplia variedad de trabajos cada vez más complejos; alentar la
versatilidad y flexibilidad de los planes y programas de estudio ante
los dinámicos progresos de la informática y la rápida obsolencia del
conocimiento; promover la intensificación de la educación con
-
tinua; establecer acuerdos de cooperación estratégica entre centros
de estudio y de investigación de diferentes países para homologar
estándares e intercambiar experiencias y recursos; facilitar la movili
-
dad de estudiantes y profesores; generar mecanismos que vinculen
la investigación científica y tecnológica con las necesidades sociales;
modificar las teorías y prácticas del aprendizaje; implantar y perfec
-
cionar nuevos modelos de relación
maestro/estudiante; actualizar
las rutas y metas de su proyecto educativo; generar las opciones fi
-
nancieras más viables para remontar sus rezagos; replantear la
nor-
rnatividad que regule su organización institucional; alcanzar mayor
cobertura, mejor eficiencia y elevados niveles de rendimiento acadé
-
mico; generar la apertura, intercambio y perfeccionamiento compar
-
tido entre todas las instituciones de educación superior; aplicar una
nueva visión institucional lo suficientemente abierta para
articu-
larse con el resto del sistema de educación superior nacional e inter
-
nacional,
etcétera.21
Ciertamente, el
posgrado representa el espacio privilegiado de la
educación superior del futuro orientada a formar científicos y profe
-
sionales de alto nivel, puesto que la formación de recursos humanos
dedicados ya sea al sector productivo o a la creación y desarrollo de
un fuerte sistema de ciencia y tecnología genera, a su vez, nuevos
recursos humanos importantes para el futuro del desarrollo nacional.
En nuestro país, sin embargo, el nivel de cobertura del
posgrado es
menor al de los países
desarr~llados,~~
y constituye todavía una
porción reducida del sistema educativo nacional de educación supe
-
rior, a pesar de su enorme crecimiento y de los grandes apoyos
insti-
tucionales que ha recibido (becas, apoyo
paia infraestructura). Has
-
"
Véase,
por ejemplo,
ANUIES,
op. cit.
22
Véase
Pablo
Ruiz
Nápoles,
"
La
universidad
latinoamericana
y
el
crecimiento
económico:
los
retos
del
siglo
xxr".
Revista de la Educación Superior,
enero
-
marzo
de
2000,
pp.
15
-
22.
ta ahora, los posgrados nacionales se han orientado, en lo sustancial,
a satisfacer las necesidades de la educación superior retroalimen
-
tándose a sí mismos y a la investigación científica. Pero no hay duda
de que los requerimientos de la
"
sociedad del conocimiento
"
-
tanto
en el sector de producción y servicios como en el de la investigación
científica y tecnológica
-
exigirán un creciente número de profesio
-
nales y especialistas formados sólidamente y con una alta califica
-
ción en todas las áreas del conocimiento.
No es casual, entonces, que el
posgrado constituya el ámbito al
que se le ha otorgado, a últimas fechas, una creciente atención. En
la
"
sociedad del conocimiento
"
, en la que la producción competi
-
tiva se sustenta en la plusvalía que otorga la investigación, el pos
-
grado ocupa un lugar preponderante: contribuye a la actualización
y generación de conocimiento; constituye el espacio educativo
id6
neo para desarrollar procesds continuos de aprendizaje; ofrece una
multiplicidad de alternativas para la formación al más alto nivel; con
-
centra al personal académico más preparado y capacitado; recoge
las formas más innovadoras y personalizadas del proceso de ense
-
ñanza
-
aprendizaje a través de las modalidades tutoriales; se basa en
el traslape disciplinario y en el cruce de
saberes que exige la inves
-
tigación de punta para avanzar en las fronteras del conocimiento;
permite obtener
saberes y competencias especializados y creativos;
etcétera.
Indudablemente, tanto la globalización como los sorprendentes
avances de la cibernética son una realidad incontrovertible que ha
llevado a un consenso casi generalizado: el principal desafío de la
educación superior consiste en transformarse institucional y acadé
-
micamente a fin de satisfacer, de manera oportuna y eficiente, las de
-
mandas de una sociedad
globalizada que exige una formación per
-
manente. Hoy, el mundo construye una educación superior que
avanza disolviendo las fronteras culturales y linguísticas, y en la
que prevalecerán de manera masiva e irremplazable las nuevas tec
-
nologías. El futuro de las universidades radica en la capacidad que
tengan para repensarse a sí mismas e innovar su aportación a una
sociedad aceleradamente cambiante. En esta línea, el gran reto para
las instituciones de educación superior (particularmente las públi
-
cas) es doble. Por una parte, debe dar respuesta a los desafíos que
plantea una sociedad cada vez más heterogénea, que exige mayor
Sociedad
y
política
eficiencia en la formación de sus ciudadanos
y
que, al mismo tiem
-
po, reclama un sistema universitario público de calidad que garan
-
tice el derecho a la igualdad de oportunidades. Por la otra, no puede
dejar de lado algunas de sus misiones sustantivas: ser la arena en la
cual se desarrolla culturalmente una nación
e
incluir en la formación
profesional de sus alumnos valores
y
directrices éticas que alienten
el compromiso social, mismo que se adquiere al ser beneficiado por
la sociedad al poder estudiar.
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