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Presentación
E
l nuevo milenio ha dejado, a pesar de su juventud, un claro men-
saje: la crisis, no como eventualidad, sino como permanencia.
Efectivamente, de la globalifobia recalcitrante al infierno de las to-
rres gemelas o de las ruinas de una árida Afganistán a las cumbres
mundiales económicas, fenómenos otrora diferenciados y singula-
res se hallan ahora caóticamente mezclados: nacionalismos, merca-
dos, pobreza, desigualdad mundial, movimientos sociales, demo-
cracias, autoritarismos, legalidades, legitimidades y reivindicaciones
históricas, entre otras. Todo parece ahora estar en un solo lado de
la moneda. Si de verdad, como apuntaba el Eclesiastés, todo tiene
su tiempo, vivimos, al parecer, en el de la confusión y el escepticis-
mo. Sobran los problemas y escasean las soluciones. Una época
donde las preguntas ahogan las respuestas y en la cual se exige, al
mismo tiempo, cautela en el proceder.
Este desorden internacional en el desconcierto de las naciones
puede, si nos atreviéramos a tanto, ser resumido en el añejo aunque
renovado antagonismo entre la identidad y la (in)tolerancia. El sen-
tido de pertenencia (de la histórica-nacional a la privada-familiar)
aún no ha aprendido todavía a tolerar a la otredad. Las identidades
sin el sentido de la mutua convivencia devienen, por lo general, en
exclusión y, por ende, en violencia y crisis. Aquel que no es como
yo-nosotros (encarnado desde la figura del Estado hasta la de los in-
dividuos) es un él-ellos y, por lo tanto, mi enemigo. Ésta parece ha-
ber sido la consigna constante que el ámbito religioso heredó al se-
cular. Consigna que sigue pesando hoy día a pesar de los esfuerzos
y las tendencias contrarios que van desde los movimientos pacifis-
tas y los derechos humanos hasta nuevos canales de expresión civil.
Cabría preguntarse si las ciencias sociales pueden encontrar formas
novedosas no sólo para reducir la brecha entre identidades e intole-
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rancia, sino, más allá de ello, predecir el comportamiento social a
futuro a fin de poder prever y remediar futuros males sociales.
A fin de contribuir al debate sobre este aspecto, el presente nú-
mero de la
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
abre la
sección de Perspectivas Teóricas con un trabajo de Silvia Molina y
Vedia, “La investigación de segundo orden en ciencias sociales y su
potencial predictivo: el caso del proyecto de
Identidad e intoleran-
cia
”. En él, la autora discrepa de la tradicional postura que conciben
a las ciencias sociales —y humanas en general— como carentes del
poder predictivo de las exactas y, por ende, con reducidas capacida-
des para predecir el comportamiento social humano. En cambio, se
propone una nueva forma de observación de la realidad humana,
fruto de una evolución de las ciencias sociales: la investigación de
“segundo orden”, misma que permite la aplicación de un procedi-
miento metodológico para encontrar las leyes que regulan el com-
portamiento social y, a partir de ellas, predecir procesos.
Paralelamente a la metodología, la teoría social ha encarado la
crisis de valores en el mundo moderno de diversas maneras. Una de
ellas —acaso la más popular hasta el día de hoy y que subyace en
la cosmología de no pocas
ONG
’s, críticos económicos, globalífobos,
antiestatistas y luchadores sociales, entre otros— ha sido la crítica
contra la modernidad y sus secuelas. De Spengler a Cioran, ésta ha
estado presente denunciando las secuelas de lo moderno en la so-
ciedad, por un lado, y exigiendo constantemente que “otro mundo
es posible”. En un mundo donde la modernidad —vía el binomio
mercado-democracia— amenaza con abarcarlo todo, este grito no
deja de tener sentido. Si se quiere comprender la crisis de la época
moderna, la revisión de los clásicos de la antimodernidad se hace
perentoria. Justamente sobre ello aborda el artículo “Mito e Ilustra-
ción en el pensamiento de Frankfurt” de Blanca Solares. En su traba-
jo, la autora analiza una de las más radicales visiones del mundo mo-
derno y su ocaso: la
Dialéctica del Iluminismo
de T.W. Adorno y
Max Horkheimer, en la cual la ilustración, como epítome de la razón,
no sólo no se contrapone al mito, sino, por el contrario, es su conti-
nuador en el sentido de que “el mito es iluminismo y el iluminismo
mitología”, digna descripción, acaso, del mundo que nos circunda.
La identidad y la tolerancia tienen mucho que ver con la forma en
cómo se relacionan los sistemas observados y los sistemas obser-
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vadores (es decir, cómo los sujetos se perciben a sí mismos y cómo
piensan que son percibidos por los demás). Ello se percibe nítida-
mente, quizás como en ningún otro lugar, en el diálogo que se esta-
blece en una entrevista periodística. Cómo se construye un relato al-
rededor de un sujeto-objeto y cómo esta creación se vincula con un
discurso narrativo en torno a un sujeto-sujeto: el entrevistador es,
justamente el tema del trabajo de Francisca Robles.
Si apelamos ahora a la historia, la tirante relación entre identidad
e intolerancia sentó sus reales en la terrible época pinochetista. En
el artículo, “Cuando la memoria reconstruye la historia. El ‘género
negro’ en la literatura chilena contemporánea”, Gilda Waldman ana-
liza el impacto, a nivel simbólico-cultural, que el arresto del general
Pinochet en Londres en octubre de 1998 produjo en la sociedad chi-
lena, que se vio impelida a reactualizar la memoria de una historia
política carente, hasta entonces, de suficientes lecturas críticas que
permitieran encarar el pasado, enfrentarlo, superarlo y comprender-
lo sin, por ello, olvidarlo. Es en este caso específico, que la literatu-
ra pudo decir cosas que la historia, en general, calló y logró recrear
un pasado renuente a ser recordado a través de una sincera y crítica
“voluntad por recordar” (identidad) opuesta al “pacto por olvidar”
oficial (intolerancia), otorgándole a la memoria un “papel esencial
en la cultura para la democracia”.
La memoria histórica funciona de muy variadas formas: inven-
tando, exagerando, minimizando, banalizando, investigando, re-
creando o transmitiendo los hechos históricos o parte de ellos. Ejem-
plo tristemente clásico de ello: los judíos. El antisemitismo, fenóme-
no consustancial a la cultura occidental, continúa permanenciendo
latente en este nuevo siglo. A veces agazapado, otras en activo, pero
siempre al acecho. Cabe cuestionarse, desde luego, ¿por qué de la
permanencia de la judeofobia a través de los siglos? ¿Por qué de su
continuidad, no importando marco político, jurídico, social o eco-
nómico del que se trate? Judit Bokser responde con el arma, justa-
mente, de la memoria histórica en su artículo “El antisemitismo: re-
currencias y cambios históricos”. En él se hace, primeramente, una
caracterización del fenómeno para, entonces, realizar un recorrido
histórico-analítico que nos permite situar en su justa dimensión, in-
ternacional y nacional, esta vergonzosa postura racista y discrimi-
natoria.
Presentación
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El racismo y la discriminación tienen muchos rostros. Si bien el
antisemitismo puede ser el más paradigmático a nivel histórico en
Occidente, en México se manifiestan también estos fenómenos. La
“indigenidad” también ha sido —y lo continúa siendo— víctima re-
currente de la discriminación social, económica y, quizás más vela-
damente, política. Tan es así que una de las formas de sobrevivencia
de buena parte de las comunidades indias chiapanecas ha sido el
proceso de la migración interna, como un intento de redefinir las
identidades de individuos y comunidades de frente a las condiciones
hostiles del entorno. Precisamente sobre ello nos hablan Jorge Luis
Cruz y Gabriela Robledo en su artículo “De la selva a la ciudad. La
indianización de Comitán y Las Margaritas, Chiapas”, el cual analiza
la complejidad étnica y cultural que ha venido a definir el espacio
regional de la selva y la frontera chiapaneca.
En la problemática indígena mexicana —donde entran en conflic-
to, entre otras cosas, los derechos individuales del indígena como
ciudadano versus los derechos sociales de las comunidades de las
que éste es integrante (Ley general
vis á vis
usos y costumbres)— la
historia es también referente obligado para entenderla. Es a través
de sus raíces pretéritas como podemos comprender las circunstan-
cias contemporáneas, mismas que siguen constituyendo problemas
de muy difícil solución. En “Igualdad e indianidad: una de las pa-
radojas del México decimonónico”, trabajo que abre la sección So-
ciedad y Política, Manuel Ferrer analiza el fracaso jurídico del libe-
ralismo mexicano decimonónico en sus esfuerzos por convertir al
indígena en pleno ciudadano del Estado. El resultado se tradujo en
la imposibilidad real de concederle la igualdad jurídica (mucho
menos la social), cuestión que continúa dolorosamente presente en
el México contemporáneo.
En cuanto al ámbito de lo político y la política, el 2 de julio del
2000 ha quedado como muestra de tolerancia y consenso político.
El triunfo del foxismo, sin embargo, no se debió enteramente a su
espectacular campaña electoral sino al hecho de haber constituido
el último eslabón de un largo proceso de reforma electoral iniciado
hace cuarenta años. En el artículo “La democracia: asignaturas pen-
dientes”, Fernando Pérez Correa analiza precisamente, bajo la pers-
pectiva de la historia y la ciencia política, el desarrollo de los proce-
sos de reforma electoral del país desde López Mateos hasta Ernesto
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Zedillo. Asimismo, el autor pone énfasis también en todas aquellas
asignaturas pendientes que aún quedan por resolver en los procesos
de democratización de México advirtiendo, con ello, que la demo-
cracia mexicana aún está lejos de consolidarse.
La elección de Vicente Fox, primero, y su actividad presidencial,
después, ha generado una actividad político-social pocas veces vis-
ta antes en nuestro país. Más allá de la esfera política, es en la civil
—y, dentro de ella, la intelectual— donde se puede percibir un ge-
neroso cambio en las tradicionales estructuras del poder en México,
cambio caracterizado por la apertura en y de los medios de comu-
nicación y por el desarrollo, sin parangón, de una opinión pública
seriamente crítica en cuanto a asuntos nacionales se refiere. Escri-
tores e intelectuales —antaño al servicio del poder o tan al margen
de éste que su impacto e influencia en la sociedad apenas se no-
taba— han gozado ahora de un campo feraz donde cosechar opinio-
nes críticas, pareceres, desacuerdos, consensos y disensos. Son un
poder lo suficientemente audaz como para señalar los caminos que
la política y los políticos debieran seguir, son una “República de las
Letras”. Sobre este tema nos habla Xavier Rodríguez en su artículo
“Escritores y poder en México. Una dualidad republicana”, donde se
analiza el papel y la influencia de los escritores y hacedores de opi-
nión como factor imprescindible en la comprensión de la vida po-
lítico-cultural del México contemporáneo.
Junto al de la opinión pública, podemos ubicar otro poder pa-
ralelo al político: el empresarial. En “Corrientes de pensamiento
empresarial en México (segunda parte)”, de Alejandra Salas-Porras
continúa examinando las diversas etapas que el movimiento empre-
sarial mexicano ha recorrido. Si en la primera de ellas (años setenta
y ochenta del siglo
XX
) se proponía disminuir el papel del Estado en
la sociedad, realzando por supuesto el desempeño de los empre-
sarios, la segunda se ha caracterizado por la redefinición que los
empresarios han llevado a cabo de su papel frente al Estado y la
sociedad. Así, política, opinión pública y empresariado, forman una
tríada capaz de componer, descomponer o recomponer las nuevas
reglas del juego de la democracia mexicana.
Si bien la democracia electoral se ha constituido en el pilar de las
nuevas reglas de la realidad político-social mexicana, no es suficien-
te por sí misma para construir una cultura democrática. El Estado de
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derecho, más que una figura jurídica, es una manera de organizar,
conducir y vivir lo político en su más amplia acepción: respeto de
los derechos humanos, igualdad de oportunidades, economía con
rostro humano, justicia y bienestar social, entre otros muchos ele-
mentos. El día que en México estas demandas se conviertan en un
proyecto nacional común y en principio ordenador de la ciudadanía
y la responsabilidad gubernamental, entonces, sí podremos presu-
mir de vivir —más que de tener— la democracia. Pero no seamos
injustos, ciertamente se han dado algunos pasos inaugurales; de
éstos habría que destacar, en especial, uno: el anteproyecto de la Ley
Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, elaborado por la
Comisión Ciudadana de Estudios contra la Discriminación, cuyo pre-
sidente y promotor es don Gilberto Rincón Gallardo. Esta ley, única
en su género en la historia de nuestro país ya que la discriminación
no ha sido nunca legislada en México, está integrada por ocho ca-
pítulos, 50 artículos y cinco artículos transitorios. A través de ellos,
se pretende construir e impulsar una cultura de la tolerancia para que
toda persona pueda gozar plenamente de sus derechos sin sufrir
discriminación alguna. Se pone énfasis en la protección a los grupos,
tradicionalmente, más indefensos de la sociedad: mujeres, niños, an-
cianos, discapacitados, indígenas, enfermos, personas con preferen-
cias sexuales distintas y aquellas que profesan una religión diferente
a la de la mayoría. En este tenor, cabe destacar la redacción del ar-
tículo 4° el cual, entre otras cosas, pone énfasis en el antisemitismo
como una forma singular y específica de discriminación.
En la sección Documentos, la revista se congratula en reproducir
el ensayo que, a modo de presentación, elaboró don Gilberto en el
marco del informe general de la Comisión intitulado
La discrimi-
nación en México: por una nueva cultura de igualdad
, documento
que acompaña al anteproyecto citado y que bien puede ser consi-
derado como un documento fundacional que, de aprobarse, bien
puede significar un paso firme hacia una cultura de la convivencia
con la diversidad, la otredad y la diferencia.
La presente edición cierra con un par de reseñas. La primera, de
Roberto García Jurado, sobre el libro de Arend Liphart,
Modelos de
democracia
. Formas de gobierno y resultado en treinta y seis paí-
ses donde la autora demuestra la existencia de dos modelos de de-
mocracia que caracterizaron al siglo
XX
: la mayoritaria y la consen-
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sual, modelos imprescindibles si de entender la política de este siglo
se trata. Por su lado, Jessica Apodaca y Fernanda Fuentes nos trans-
miten la respuesta que Barry Hague y Brian D. Loader dan a la pre-
gunta: ¿Es posible la democracia en la era de la información?, en la
reseña que de su libro,
Democracia digital. Discurso y toma de deci-
siones en la era de la información
, realizan.
Esperemos que este número pueda contribuir a comprender me-
jor que las identidades diversas no tienen porqué excluirse y que la
tolerancia entre ellas es el mejor principio hacia la consecución de
una vida social plena.
Presentación
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