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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
133
De la selva a la ciudad.
La indianización de Comitán
y Las Margaritas, Chiapas
J
ORGE
L
UIS
C
RUZ
B
URGUETE
Y
G
ABRIELA
P
ATRICIA
R
OBLEDO
H
ERNÁNDEZ
*
Resumen
Con este trabajo intentamos reflexionar sobre el proceso migratorio, a partir de la información
empírica recabada recientemente con los desplazados. Precisamente ahora, cuando vemos in-
crementarse los movimientos poblacionales con destino al norte —como una respuesta indí-
gena y rural— ante la falta de oportunidades en el campo o la ciudad.
La migración la encontramos relacionada con procesos que están determinando la rede-
finición de la identidad de los actores sociales y la comunalidad indígena. Es decir, entre los
factores que están presentes en la explicación de los movimientos de población en la región,
destacan procesos de colonización y lucha por la tierra, expulsiones de familias de sus comu-
nidades de origen por su afiliación religiosa, y los conflictos políticos y militares.
Abstract
This article reflects on the migration process in the light of the empirical data from displaced
population in this areas. Precisely today, when we observe an increasing migration towards
the North —as a rural and indigineous response— due to the lack of opportunities
in the
country and cities.
Migration is closely related to processes which are determining the redefinition of identity
of social actors and i ndigineous community. That is, among the factors explaining movements
in population the most outstanding are: the processes of colonization the struggle for land,
expulsions of families and of their communities of origin for their religious affiliation, and poli-
tical and military conflicts.
Palabras clave
: migración, cambio social, indígenas, urbanización, transformación cultural.
*
.
El Colegio de la Frontera Sur, División San Cristóbal de las Casas, Carretera Panamericana
y Periférico s/n, San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
Migración y cambio social en la frontera sur
L
a frontera sur de México con Guatemala ha cobrado gran impor-
tancia histórica con los conflictos bélicos de las últimas décadas.
En la franja fronteriza se vienen presentando, acumuladamente, com-
134
plejas relaciones internacionales, mezcladas con agudos conflictos
interétnicos, en el seno de graves contradicciones estructurales de
la sociedad, la política y la economía.
En este espacio y tiempo social encuentran oportunidad de ex-
presión las historias de los pueblos y sus culturas. Los hay quienes
muestran la cara de la violencia y el despojo, pero también los hay
quienes idealizan la relación “armónica” o “ejemplar” del Estado na-
cional. Sin embargo, los espacios de los pueblos nativos, escogidos
y negociados sin su parecer, fueron delimitados sin tomar en cuenta
los antiguos territorios mayas; mucho menos se consideraron las for-
mas de organización social, su cosmovisión y religiosidad popular,
y los procesos de trabajo sustentados en una vastísima y comproba-
da cultura agropecuaria. Y menos aún se respetó la trascendencia de
sus escenarios sociales, y la proyección de su historicidad.
Aún así, despúes de la conquista, aquellos reductos de los pueblos
y sus culturas han tenido la capacidad de recurrir al pasado para sus-
tentar su presente, crear nuevas formas de reproducción social y arri-
bar al siglo
XXI
con nuevas propuestas de reproducción y desarro-
llo. De tal forma que, pese a las políticas regionales para “atender
el problema étnico”, durante los últimos cuarenta años de ideologías
integracionistas o asimilacionistas, los indios de la frontera sur de
México siguen creciendo y multiplicándose de manera diferenciada
del conjunto social, conscientes de que son —y pertenecen— a un
mundo aparte, pudiendo incursionar al mundo globalizado pero de
manera selectiva y constituyéndose como nuevos actores sociales.
1
En este contexto histórico y socioétnico, varios han sido los pro-
gramas de investigación emprendidos en Chiapas, entre los que des-
tacan los de la antropología estadounidense desarrollada en la re-
gión de Los Altos desde la década de los años cuarenta, con los
proyectos de Harvard y Chicago. Sin embargo, otras regiones de
gran importancia histórica y sociocultural en la entidad, no han reci-
bido la atención adecuada. Tal es el caso de las regiones Fronteri-
1
.
“Por su parte, el cooperativismo, el desarrollismo y la modernización fueron (y siguen
siendo) ideas y programas que en todos los casos están referidas a la defensa y sostenimiento
de la estructura social, a la cual diversas regiones se han integrado, pero no como organi-
zaciones étnicas, sino como miembros atomizados de una sociedad civil, plural y heterogénea”
(Cruz Burguete, 1988: 34-35).
135
za, Sierra y Selva, que han adquirido presencia mundial desde que
irrumpen en el concierto centroamericano los conflictos políticos y
militares, que provocaron el refugio de más de 50 mil guatemaltecos
en Chiapas entre 1979 y 1983.
Años después, 25 mil de esos refugiados fueron reubicados en
Campeche y Quintana Roo, y nuevamente la selva chiapaneca vuel-
ve al escenario mundial el 1 de enero de 1994 con la sublevación
indígena, marcando un nuevo parteaguas en la vida social y política
de la frontera sur mexicana, y de todo el país.
Sin embargo, aún existiendo límites estatales y fronteras culturales
e históricas diversas, advertimos la presencia de elementos comu-
nes en la región; pues en ella es posible observar entre la población
y su entorno, similitudes socioeconómicas que se caracterizan por
la pobreza extrema; semejanzas agroecológicas y climáticas, y for-
mas parecidas de organización social conviviendo con la riqueza de
diversos mundos culturales. Pero el rasgo más consistente de esta re-
gión, y que permea a grupos de diverso origen y características étni-
cas y nacionales, es la intensidad de los movimientos poblacionales.
Por si esto fuera poco, el nuevo escenario de la frontera sur se va
delineando como un conjunto de población en movimiento, inmer-
sa en profundos y veloces cambios sociales, caracterizada por una
fluida relación intercultural, en la que se ensaya la emergencia de
nuevas formas de convivencia y organización social en los espacios
urbanos, el incremento de las transhumancias fronterizas centro-
americanas con destino al norte, la cancelación de oportunidades de
existencia y desarrollo para las familias campesinas, y la inseguridad
económica, social, política y cultural.
Movimiento poblacional hacia el espacio urbano
Como uno de los aspectos más observables constantes en las ciuda-
des fronterizas han sido los desplazamientos humanos, considera-
mos la necesidad de discutir temas de investigación relacionados
con los asentamientos irregulares y la organización social; los proce-
sos migratorios y las relaciones interétnicas e interculturales; la mi-
gración y las políticas regionales de salud, economía y educación,
Cuestiones contemporáneas
136
así como la estructuración de identidades colectivas entre nativos y
migrantes.
Nuestros referentes inmediatos están inmersos en el análisis de
problemas que hacen referencia tanto a los aspectos locales como
a los procesos regionales, en el marco del nuevo proceso de redis-
tribución de los espacios (que de manera preliminar podemos deno-
minarlo como “nuevo bloque histórico de la globalización”).
2
Así, al acercarnos a los escenarios donde se presentan fenómenos
tanto coyunturales como estructurales, notamos que algunos acon-
tecimientos trascienden el tiempo y espacio de la frontera sur. Los
problemas del desempleo y el bajo ingreso de los trabajadores —así
como las fuertes oleadas de brazos chiapanecos desplazándose a Es-
tados Unidos en busca de dólares—, son los más visibles, pero el re-
lajamiento de la unidad familiar, las rupturas de la unidad doméstica
y comunitaria, así como la escacez de opciones en el campo, la ma-
sificación educativa y la carrera por obtener grados académicos (cre-
dencialización educativa), así como la competitividad fundada en el
pragmatismo profesional, también son signos inequívocos de un
cambio social profundo en los pueblos de la frontera sur.
Sin descuidar las relaciones más determinantes de los grandes
procesos de globalización, tratamos de encontrar variables que nos
ayuden a determinar la presencia del cambio social o la continuidad
de las formas de organización tradicional, o bien, los nuevos pro-
cesos que generan los grupos humanos retomando experiencias mi-
lenarias y aquellas surgidas de los recientes periodos conflictivos.
Esas acciones sociales nos brindan una excelente oportunidad de
construir categorías de análisis, y revisar los conceptos que nos ofre-
cen las ricas matrices teóricas (como los “núcleos fijos” de la teoría
social clásica) para avanzar en el conocimiento, algunas veces den-
tro de la multidisciplinaridad, y otras no, pues nuestra limitante será
el compromiso de interpretar la realidad social, más que atribuirle
a priori
esquemas metodológicos de moda.
2
.
La apertura de este bloque histórico peculiar, puede ser considerada a partir de 1970. La
fase más significativa por la velocidad e intensidad de los cambios se circunscribe entre 1982
y 1988, caracterizada por el diseño e inserción de políticas económicas con destino a la aper-
tura económica mundial y la privatización de la economía nacional. Después de ese periodo
preparatorio, 1994 significa la puesta en marcha del proyecto gestado con 24 años de an-
terioridad.
137
La migración indígena a las ciudades de Comitán
y Las Margaritas
En las últimas décadas se ha desarrollado un creciente interés aca-
démico por el estudio de los movimientos migratorios indígenas ha-
cia las ciudades, y la manera en que se recrean las identidades en
el espacio urbano. Es en la frontera norte y en las ciudades del centro
de México, donde se han desarrollado investigaciones que aportan
elementos sobre una serie de procesos que acompañan a estos mo-
vimientos de población, no así para las ciudades de la frontera sur,
en donde prácticamente no hay trabajos al respecto.
Con la intensidad de los procesos que vivimos en 1994, y los mo-
vimientos sociales que venían incrementándose desde la década de
los años setenta, se acelera la movilidad poblacional ubicada en los
16 municipios chiapanecos que colindan con Guatemala. Así, se in-
crementó la población de 1980 a 1990 casi en un 100%, y luego,
en el conteo de población de 1995, según el Instituto Nacional de
Estadística Geografía e Informática (
INEGI
), se estabilizó ese incre-
mento en los municipios de nuestro interés, como se observa en las
estadísticas del cuadro de la página siguiente.
z
Aunque Comitán no es un municipio directamente fronteri-
zo, lo incluyo aquí (en el cuadro anterior) por su importancia
como ciudad fronteriza, ya que es la ciudad que recibe ma-
yor cantidad de población migrante de Guatemala y Centroa-
mérica que ingresa por la zona norte y noroccidental de Gua-
temala.
z
Adicionalmente la población de nuestros dos municipios de
interés, se distribuye: 1) Para Comitán existen 156 localida-
des con tres viviendas o más, 301 localidades con dos vi-
viendas y 282 localidades con una vivienda, siendo en total
739 localidades en el municipio. Y para Las Margaritas exis-
ten 330 localidades con tres y más viviendas, 387 con dos vi-
viendas y 422 localidades con una vivienda, haciendo un
total de 1
,
139 localidades en total.
Abordaremos ahora el examen de estos procesos en los centros
urbanos más importantes de la región fronteriza de Chiapas.
Cuestiones contemporáneas
138
Población en municipios fronterizos de Chiapas
con Guatemala: 1980, 1990 y 1995
Municipio
1980
1990
1995
1
1 Amatenango de la Frontera
14
,
411
22
,
578
23
,
200
1
2 Bejucal de Ocampo
5
,
213
6
,
114
6
,
126
1
3 Cacahoatan
22
,
785
35
,
070
35
,
738
1
4
Comitán*
78
,
896
97
,
815
1
4 Frontera Hidalgo
6
,
789
9
,
446
9
,
852
1
5 Frontera Comalapa
26
,
914
44
,
222
50
,
012
1
6 Independencia, La
17
,
613
27
,
073
27
,
073
1
7 Margaritas, Las
42
,
443
86
,
586
86
,
586
1
8 Mazapa de Madero
5
,
959
7
,
491
7
,
498
1
9 Metapa
2
,
725
3
,
961
4
,
381
10 Motozintla
34
,
704
48
,
106
53
,
143
11 Ocosingo
69
,
757
121
,
012
121
,
012
12 Palenque
35
,
430
63
,
209
77
,
998
13 Tapachula
144
,
057
222
,
405
244
,
855
14 Trinitaria, La
35
,
272
57
,
975
58
,
827
15 Tuxtla Chico
22
,
361
32
,
348
32
,
395
16 Unión Juárez
11
,
083
13
,
620
12
,
835
17 Suchiate
7
,
837
25
,
739
28
,
498
Fuente
: X y XI Censo General de Población y Vivienda, y Conteo de Población,
INEGI
, 1980,
1990 y 1995, respectivamente.
139
Antecedentes
La región fronteriza de Chiapas comprende los municipios de Comi-
tán de Domínguez, Chicomuselo, Frontera Comalapa, La Indepen-
dencia, Las Margaritas, Socoltenango, La Trinitaria y Tzimol. En 1990
contaba con una población de 340
,
718 habitantes, lo que represen-
taba 10.6% de la población total del estado (
INEGI
, 1994).
Durante las tres últimas décadas, la región ha sido escenario de
rápidas y profundas transformaciones debido a una gran movilidad
de su población. Recientemente la presencia de población migrante
a los principales centros urbanos de la región, Comitán y Las Mar-
garitas, ha conformado el desarrollo de una compleja dinámica so-
ciocultural producto de los recientes desplazamientos motivados
por la guerra y por la expulsión de población protestante de las co-
munidades tojolabales del altiplano comiteco.
El carácter fronterizo de esta zona con la vecina República de Gua-
temala ha adquirido un estatus regional más consistente. Por una
parte, le ha impreso una dinámica social particular, en donde los la-
zos y redes sociales recreados por los migrantes urbanos se fincan
en su adscripción étnica y su afiliación religiosa y política, pero ade-
más, las redes se extienden con mayor definición cada día, al adap-
tarse al medio urbano y al integrarse a los flujos migratorios interna-
cionales, así como a los grupos laborales de diversa procedencia.
El medio natural y la población
Los municipios que forman parte de la región fronteriza están distri-
buidos en por lo menos tres regiones fisiográficas: los valles cen-
trales, que comprenderían los municipios de La Trinitaria, Tzimol y
Socoltenango; el bloque o altiplano central, dominado por la ciudad
de Comitán y sus alrededores, mientras que la parte oriental del mu-
nicipio de Las Margaritas, constituida por zonas accidentadas, forma
parte de la región fisiográfica conocida como Montañas del Oriente
o zona de las Cañadas (Fortam, 1983).
A la diversidad topográfica de la región también corresponde una
diversidad en el tipo de vegetación, la cual incluye: selva alta peere-
nifolia (al extremo oriental del municipio), selva baja peerenifolia,
bosques decíduos (en el extremo sudoriental), bosques de hojas pla-
Cuestiones contemporáneas
140
nas y duras y bosques de hojas aciculares o escamosas. Actualmente
gran parte del municipio ha sido afectado por el desmonte y la tala
innmoderada.
En cuanto a la hidrografía, el municipio de Las Margaritas tiene
una gran cantidad de afluentes del Jataté, tributario del Usumacinta.
En la parte sureste destaca el río Santo Domingo y sus afluentes. En
la zona norte encontramos al Tzaconelha’ y en la zona de los valles
se encuentra el río K’abasatik o K’abastatik, también conocido como
Río de la Soledad. La zona oeste es bañada por las corrientes del Río
Comitán (Ruz, 1982).
La mayor parte de esta región puede ser considerada como territo-
rio tojolabal, aunque no debe olvidarse que los fértiles valles de la
comarca comiteca despertaron la codicia de los conquistadores des-
de una época muy temprana, lo que influyó en una acelerada desin-
tegración de las comunidades indígenas. A pesar de ello, los tojo-
labales, en calidad de baldíos, lograron recrear su vida comunitaria
al interior de las fincas de la comarca.
Al iniciar la incipiente reforma agraria aplicada en la zona durante
la década de los cuarenta, se empezaron a crear los primeros ejidos
tojolabales en la región del altiplano, con terrenos expropiados a las
fincas ladinas. Con el transcurso de los años, el crecimiento demo-
gráfico obligó a los pobladores de estas primeras colonias a expulsar
campesinos que empezaron a colonizar el área selvática, conside-
rada entonces como terrenos nacionales. Este movimiento coincidi-
ría con la llegada de indígenas y mestizos de otras regiones del es-
tado y del país en busca de tierra.
El área de los valles y del altiplano es actualmente una de las más
pobres del territorio tojolabal. Jorge Paniagua (1994) atribuye es-
ta pobreza a varios factores: la mala calidad de las tierras repartidas
a los campesinos, la falta de apoyos económicos para estimular la
producción ejidal, así como la competencia desventajosa entre eji-
dos y fincas por la utilización de créditos, tierra, agua y mercados.
Estas características han determinado que la microrregión, desde ha-
ce cuatro décadas, tenga altos índices de migración de la fuerza de
trabajo que se desplaza a otras regiones económicas de la entidad
en busca de empleo.
Aunque encontramos un porcentaje de población hablante de
lengua relativamente bajo (los hablantes de lengua indígena repre-
141
sentaban 18.3% de la población total de cinco años y más en 1990),
el tojolabal es la lengua indígena dominante (57.5%), aunque los
chujes y kanjobales históricamente también han estado presentes en
la zona (el kanjobal resultó la segunda lengua en importancia en la
región en 1990 con 19.2% de los hablantes de lengua indígena). Tam-
bién están presentes el tzotzil (6.7%), y el tzeltal (6.4%). De los ha-
blantes de lengua indígena, 21.9% eran monolingües y 70.4% bilin-
gües en español y alguna lengua indígena.
Entre 1980 y 1990, el crecimiento de la población en la región
fronteriza ascendió a 5.1%, por encima de 4.5% que era el promedio
estatal. Las Margaritas destacaba por ser el municipio con el mayor
índice de crecimiento demográfico, que correspondía a 7.5%. (
INEGI
,
1994). Los municipios que contaban con la mayor cantidad de pobla-
ción eran: Las Margaritas (25.4%), Comitán de Domínguez (23.2%),
La Trinitaria (17%) y Frontera Comalapa (13%). 99.3% de las locali-
dades eran de carácter rural y concentraban a 71% de la población
frente a un 29% de población urbana.
En relación con los índices de escolaridad, 72.3% de la población
regional de seis a catorce años sabía leer y escribir, aunque los ma-
yores índices de analfabetismo se encontraban en Las Margaritas,
alcanzando hasta un 45.8 por ciento.
Si revisamos las actividades productivas encontramos que 70.9%
se concentraba en el sector primario, 8.3% en el secundario y 17.2%
en el terciario. De la población ocupada, un 24.6% no recibía in-
greso, 46.7% recibía menos de un salario mínimo, 20.2% entre uno
y cinco salarios mínimos y 2.5% más de cinco. En cuanto a los datos
sobre religión, tenemos que en 1990, 68.7% de la población de cinco
años y más declaró profesar la religión católica, frente a 13% que
declaró ser protestante (o evangélico).
La dinámica sociocultural en la región
Esta zona, frontera de México con Guatemala, es una región inter-
cultural donde confluyen pueblos de diversas lenguas mayenses. El
establecimiento de los límites internacionales entre los dos países,
a fines del siglo pasado, puso límites a la libre movilidad de la po-
blación en el territorio. Las autoridades mexicanas, interesadas en
Cuestiones contemporáneas
142
colonizar el territorio fronterizo, permitieron el asentamiento de po-
blación chuj y mam en la zona, quienes con el paso del tiempo lo-
graron obtener la ciudadanía mexicana y la dotación de tierras para
sus comunidades. Tal es el caso de Tziscao en el municipio de La
Trinitaria, asentamiento fundado por población chuj del que años
más tarde se desprenderían algunos pobladores para fundar otras
colonias en las cercanías.
Consideramos que entre los factores que han confluido en la cons-
trucción del escenario social contemporáneo, se encuentran los pro-
cesos de colonización y lucha por la tierra; la influencia de las nuevas
religiones, tanto protestantes como neocatólicas en la dinámica de
las comunidades de la zona; así como los acontecimientos de carác-
ter político y militar que han sacudido a la región.
La colonización de la selva y el conflicto por la tierra
Aunque el poblamiento contemporáneo de la selva lacandona se
inició a principios de este siglo, en por lo menos tres diferentes olea-
das (Leyva, Xóchitl y Gabriel Ascencio, 1995), a partir de 1940 se
observa la tendencia a ocupar tierras de la región fronteriza, hasta
entonces vírgenes, en los municipios de Ocosingo, La Trinitaria, Pa-
lenque, Las Margaritas y La Independencia.
El reparto agrario, entre 1940 y 1949 fue en Comitán 23
,
590 ha;
39
,
959 en Las Margaritas y 32
,
928 en Trinitaria; entre 1950 y 1959 se
hicieron dotaciones de 41
,
838 ha en Las Margaritas, 16
,
598 en Inde-
pendencia, 16
,
231 en Frontera Comalapa y 28
,
842 en Chicomuselo;
mientras que entre 1960 y 1969 se repartieron 43
,
643 ha en Las Mar-
garitas.
En las décadas posteriores disminuyó esta tendencia, pues
para la década de los años setenta en Las Margaritas se hicieron quin-
ce dotaciones que representaron 21
,
406 ha; en los primeros años de
la década de los ochenta hubo 26 dotaciones que incluyeron 32
,
137
ha, trece ampliaciones de 9
,
993 ha y cinco bienes comunales de
11
,
283 ha (Reyes, Ma. Eugenia, 1992).
A partir de la década de los años setenta, las autoridades guber-
namentales alentaron la colonización del territorio selvático para sa-
tisfacer la demanda de campesinos sin tierra provenientes de Chia-
pas y de otros estados de la República mexicana. En el municipio
143
de Las Margaritas, el
INI
y el entonces Departamento de Asuntos
Agrarios y Colonización crearon un ambicioso programa para rea-
comodar en 200
,
000 ha a 10
,
000 familias indígenas de los Altos de
Chiapas, que se cumplió de manera parcial (Mendoza, 1995).
Como consecuencia, se asentaron en la zona familias choles, tzot-
ziles, y tzeltales, provenientes de la zona norte y del altiplano chia-
paneco; zoques de la Depresión Central, y mames y cakchiqueles
de la Sierra Madre de Chiapas, además de gente procedente de otras
entidades como Veracruz, el Estado de México, Tlaxcala, Tabasco,
Oaxaca, Michoacán e Hidalgo (
INEGI
, 1990).
La colonización de los terrenos nacionales se realizó prácticamen-
te de manera espontánea y en ella participaron tanto terratenientes
como campesinos, por lo que empezaron a producirse fuertes con-
flictos por invasiones a los latifundios ganaderos de la región, y por
las demandas de tierra de los campesinos. Gracias a la influencia de
grupos políticos que trabajaron en la zona, se produjo una poderosa
organización campesina que culminó con la fundación de la
ARIC
Unión de Uniones, parte de la cual apoyaría años más tarde el levan-
tamiento zapatista.
Para la década de los años noventa, se agudizan las contradiccio-
nes por la reorganización de los procesos de trabajo y el incremento
de las migraciones temporales en busca del empleo al D.F. y a las
ciudades de Tuxtla Gutiérrez, Villahermosa y Cancún, todo ello en
el marco de las reformas legislativas, que orientaron al país hacia un
nuevo orden económico mundial, entre las que destacan las modi-
ficaciones al artículo 27 y 4o. Constitucional (Collier, 1994).
De 1994 a la fecha, un fenómeno generalizado en toda la enti-
dad, es la reapropiación del territorio por parte de las organizaciones
campesinas e indígenas, lo cual significa que el ordenamiento terri-
torial en la entidad es un proceso inacabado y que el crecimiento de-
mográfico y las migraciones intrarregionales siguen vigentes.
El cambio religioso
Otro fenómeno de singular relevancia es la conversión religiosa que
se incrementa de manera vertiginosa a partir de la década de los años
setenta. La región se transforma en un frente de expansión tanto de
Cuestiones contemporáneas
144
los grupos religiosos protestantes como de neocatólicos; éstos últi-
mos, seguidores de una pastoral indígena comprometida socialmen-
te y derivada de la teología de la liberación (Fabregas, 1985).
Los grupos religiosos empiezan a jugar un papel importante en la
organización de nuevas estructuras de poder, puesto que el cambio
en la afiliación religiosa, generalmente conduce a los conversos a no
participar en las tradiciones comunitarias, donde los puestos de
autoridad tienen una investidura sagrada. Esto lleva a conflictos en
la cohesión de los pueblos que en ocasiones desembocan en rup-
turas familiares y comunitarias.
Al igual que en la región de Los Altos de Chiapas, en las comu-
nidades del altiplano comiteco, desde la década de los años ochenta,
la influencia del protestantismo ha conducido a la expulsión de la
población conversa de sus lugares de origen. Sin embargo, lejos de
dispersarse, los expulsados se han agrupado en asentamientos en la
periferia de la ciudad de Comitán, reelaborando sus estructuras or-
ganizativas, y reconstruyendo identidades individuales y colectivas.
Los conflictos político-militares
Un hecho que ha influido de manera importante en la región es la
“migración forzada” de indígenas guatemaltecos que llegaron a te-
rritorio mexicano, huyendo de la política de pacificación de las fuer-
zas armadas de su país, que significó en realidad un operativo de
“tierra arrasada” y genocidio. A partir de 1982, miles de refugiados
se empezaron a asentar en campamentos a lo largo de la línea fron-
teriza.
Un nuevo paisaje social y humano comenzó a delinearse como
producto de esta migración. De acuerdo a
ACNUR
y
COMAR
—orga-
nismos que atendían a los refugiados—, además de la presencia de
la diócesis de San Cristóbal, llegaron en estas condiciones entre 60
y 80 mil personas, de las cuales se trasladaron 25 mil a campamentos
en Tabasco, Campeche y Quintana Roo (Aguayo, 1985). Sin embar-
go hay investigadores que afirman que los refugiados rebasaron los
120 mil, sin contar aquellas familias de refugiados que se integra-
ron directamente a las fincas cafetaleras o que se mimetizaron con
la población mam asentada en los municipios fronterizos de El So-
conusco.
145
Estos procesos violentos de movilidad poblacional en los linderos
nacionales han sido la causa principal de que la frontera sur de Mé-
xico haya atraído la atención internacional desde hace 17 años. La
llegada masiva de estos refugiados da lugar a un difícil proceso de
organización social, dinámica intercultural y estructuración del es-
pacio regional.
Como consecuencia de estos acontecimientos, dio comienzo la
militarización de la zona. Para 1987 había alrededor de 4
,
000 sol-
dados establecidos en el estado, y oficiales del ejército estaban al
mando de las dos corporaciones policiacas más importantes de la
entidad (Escalante, 1995). Al concluir 1998, se estimaban 60
,
000
efectivos militares en Chiapas, más el incremento de policías, judi-
ciales federales y asesores nacionales y extranjeros (
La Jornada
, 21
de agosto de 1998).
Pero además, con la guerra que inicia en enero de 1994 en Chia-
pas, seguida de una intensificación del proceso de militarización, se
abre un nuevo expediente para la vida nacional y el sureste mexi-
cano, reafirmando a la región en su carácter de frontera.
La estructuración del espacio regional
La regionalización realizada por el gobierno del estado de Chiapas
ha variado en las últimas décadas. Por ello, la región donde se asien-
tan las ciudades de Comitán y Las Margaritas, ha sido denominada
de diversas maneras. En las últimas clasificaciones, que correspon-
den a las décadas de los años setenta y ochenta, estos municipios
se incluyen en las regiones conocidas como Lacandonia y Selva,
respectivamente; sin embargo, en la más reciente se les reconoce
como territorio de la región Fronteriza.
Esta región es una de las más extensas del estado de Chiapas, pues
abarca 30% de su territorio. En términos de estrategia económica,
significa una importante reserva de recursos naturales, pues alma-
cena la mayor cantidad de bosques, agua y petróleo, además de su
gran diversidad florística y de fauna. En cuanto a su importancia geo-
política, representa tanto los límites del Estado nacional, como la
presencia —histórica y social— de Centroamérica, en el marco de
los graves y profundos cambios socio políticos que se desarrollan
en la zona.
Cuestiones contemporáneas
146
Además, entre sus principales problemas resaltan los de natura-
leza ecológica, y los económicos y sociales. Los primeros están rela-
cionados con la explotación irracional que se ha realizado de la selva
desde mediados del siglo pasado, cuando establecen sus reales las
“monterías”; después, con la expansión de la frontera agrícola y el
surgimiento de las fincas cafetaleras, la “milpa que camina”, y la pro-
ducción ganadera (De Vos, 1992). A ello se ha aunado la presencia
de Pemex en la selva, que ha contribuido a su devastación, pues
desde 1984 en Marqués de Comillas se han explotado cinco pozos:
Lacantún-1, Tzeltal-1, Bonampak-1, Lacandón-1 y Chajul-1.
Por otra parte, desde la década de los años sesenta, la región se
ha convertido en un gran escenario de conflictos sociales. Por un la-
do, los latifundistas que extendieron “a placer” sus propiedades en
la selva durante décadas, entraron en aguda competencia por el mo-
nopolio de la explotación de la madera y la expansión de pastiza-
les para la ganadería, durante el sexenio de Manuel Velasco Suárez
(1970-1976). Por otro, los desplazados, los migrantes y los reubica-
dos, que no son más que una gran masa de familias campesinas indí-
genas pauperizadas en busca de tierra, arriban a la región motivados
por los planes gubernamentales de colonización del trópico selvá-
tico, bajo el supuesto de contribuir a la creación de “zonas de amor-
tiguamiento ecológico”, además de servir como base de apoyo para
evitar la llegada, ocupación y posesión del territorio nacional por
los refugiados guatemaltecos.
Así, en la región coexisten, junto con los pobladores originarios,
tzeltales, tojolabales, chujes, cakchikeles, jacaltecos, choles y zoques,
además de mestizos provenientes de diversos estados de la repúbli-
ca, sin olvidar los refugiados guatemaltecos provenientes de diver-
sos departamentos y aldeas del occidente guatemalteco, y hablantes
de lenguas mayas.
Actualmente la ciudad de Comitán es el centro urbano más im-
portante del oriente de Chiapas. Desde 1930 ha ocupado el cuarto
lugar por su tamaño, dentro del total de las localidades urbanas del
estado. Tiene importantes funciones político-administrativas debido
a que concentra delegaciones de diversas instituciones tanto fede-
rales como estatales, y es notable su importancia como centro co-
mercial y de abasto de la zona periférica. Su área de influencia se
caracteriza por una estructura económica basada fundamentalmen-
147
te en las actividades agropecuarias y forestales, cuyos ejes son la
producción de maíz y frijol, ganado bovino, miel de abeja y madera
(Villafuerte, 1989). La ciudad ha sido centro de atracción para la fuer-
za de trabajo proveniente de diversas localidades cercanas: Fronte-
ra Comalapa, Tzimol, Las Margaritas y La Trinitaria que se emplean
en el servicio doméstico o en la industria de la construcción como
peones y albañiles.
Podemos considerar a las ciudades de Comitán y Las Margaritas
como los centros de una región nodal o funcional, con una gran ca-
pacidad de oferta de bienes y servicios, algunos de ellos muy espe-
cializados (distribución de refacciones automotrices y electrodomés-
ticos, medicamentos, fertilizantes químicos, entre otros ), al mismo
tiempo que son el punto de enlace hacia espacios nodales de otras
regiones, como San Cristóbal hacia el centro de la entidad, o La Tri-
nitaria, Comalapa, Ciudad Cuauhtémoc y La Mesilla en la frontera
serrana con Guatemala, o hacia Motozintla, Huixtla, Tapachula y
Frontera Hidalgo, en la región de El Soconusco —en la frontera cos-
teña— nuevamente con Guatemala.
Si tomamos en cuenta que las regiones nodales son homogéneas
respecto a su estructura interna o especialización, Comitán y Las
Margaritas cumplen con esas características, pues son municipios
con vocación agrícola y ganadera, que producen además de maíz y
frijol, café para el mercado mundial, cítricos y maderas preciosas. Su
área de influencia abarca 1
,
878 localidades de ambos municipios,
con poca población pero ampliamente dispersa, como se aprecia en
los datos del cuadro de la página siguiente.
La población de estos dos municipios se distribuía en 1990 de la
siguiente manera: en el municipio de Comitán existían 156 locali-
dades con tres viviendas o más, 301 localidades con dos viviendas
y 282 localidades con una vivienda, siendo en total 739 localida-
des en el municipio. En cuanto al municipio de Las Margaritas exis-
tían 330 localidades con tres y más viviendas, 387 con dos viviendas
y 422 localidades con una vivienda, haciendo un total de 1
,
139 loca-
lidades en total. Esta situación muestra la gran dispersión de la po-
blación en ambos municipios, que junto con los grandes desplaza-
mientos que han provocado la proliferación de nuevos asentamientos
humanos, dificultan la dotación de servicios básicos y la generación
de empleos en la zona.
Cuestiones contemporáneas
148
Además, junto con las crisis económicas que impactan al país, el
acelerado crecimiento demográfico y los problemas de la economía
indígena caracterizada por un extremado fraccionamiento de la tie-
rra, han convertido a los municipios indígenas en expulsores de po-
blación. Estos flujos de migrantes que no encuentran empleo en el
centro urbano más importante de la región, han tenido que invo-
lucrarse en los grandes flujos que se dirigen al centro y norte del país,
o directamente a Estados Unidos.
Actualmente, la migración adquiere caractéristicas distintas, pues
ya no sólo se trata de varones que emigran temporalmente a las ciu-
dades, y que conservan la parcela agrícola en sus comunidades na-
tivas, sino que se desplazan familias enteras o fracciones de ellas que
arriban a las áreas urbanas, y más aún se van conformando grupos
de jóvenes, varones y mujeres, que organizan su vida en función del
trabajo en Estados Unidos.
Se trata, por un lado, de un proceso de “repoblamiento y readap-
tación” de espacios vacíos o abandonados en décadas anteriores,
con la aparición de nuevas colonias o parajes.
3
Pero por otro, es una
migración masiva a las cercanas ciudades, que están demandando
Población en 1990
Municipios de Comitán y Las Margaritas, Chiapas
Municipio
Poblacion
Total
Total
total
hombres
mujeres
Estado de Chiapas
3
,
210
,
496
1
,
604
,
773 1
,
605
,
723
1 Municipio de Comitán
78
,
896
38
,
307
40
,
589
Ciudad de Comitán
48
,
299
22
,
918
25
,
381
2 Municipio de Las Margaritas
86
,
586
43
,
462
43
,
124
Ciudad de Las Margaritas
8
,
637
4
,
133
4
,
504
Fuente
: XI Censo General de Población y Vivienda,
INEGI
, 1990.
3
.
Estos conceptos son utilizados por Reyna Moguel y Manuel Parra, “La integración de los
campesinos-indígenas a la nación”, en Hubert C. De Grammont y Héctor Tejera,
La sociedad
rural mexicana frente al nuevo milenio
, México,
INAH
-
UAM
-
UNAM
- Plaza y Valdéz, 1996.
149
servicios y empleo, pues traen consigo una serie de rupturas (fami-
liares y comunitarias) previas a su migración. Esas fracturas de las
comunidades y la expulsión de numerosas familias de su territorio
original, debido a conflictos de carácter político, económico o reli-
gioso (o una mezcla de ellos), se inician a mediados de la década
de los setenta y se profundizan y generalizan posteriormente. El es-
cenario que tenemos ahora en las ciudades fronterizas, está con-
formado por un núcleo de pobladores nativos, rodeado de colonias
compuestas por recién llegados, hablantes de lenguas diversas, aco-
modándose de la mejor manera posible.
En Comitán y Las Margaritas, esta población indígena expulsada
—a veces concentrada en torno a una serie de organizaciones reli-
giosas protestantes, y otras, organizándose simplemente como co-
lonos para demandar servicios públicos—, ha fundado nuevas colo-
nias en las inmediaciones de las dos ciudades. Hemos encontrado
estos migrantes en los barrios de Sacsalum, Los Pocitos y San Se-
bastian en Las Margaritas, y El Cedro, Jerusalem, Linda Vista, Jordán,
Plan de Ayala y 14 de septiembre en Comitán. Este proceso ha traído
como consecuencia una “reindianización” del espacio urbano, tal
vez no tan marcado como en las ciudades de Los Altos, en San Cris-
tóbal y Teopisca —o en la ciudad de Ocosingo— pero sí muestra un
esfuerzo de recomposición de la comunidad indígena fuera de su
territorio.
Durante nuestra investigación en la ciudad de Comitán, encues-
tamos a 104 familias, que integran 650 personas, donde advertimos
que el promedio de miembros por familia es de 6.1 integrantes, que
fueron desplazados de 58 comunidades de Las Margaritas, seis de
Ocosingo y cinco de Comitán. De estas familias, 82 hablan tojolabal-
español, dos son hablantes de tzotzil y 20 sólo español; y cuentan
con un promedio de escolaridad de 2.6 años de educación primaria.
En lo que respecta a Las Margaritas se aplicaron encuestas a 121
familias que agrupan a 841 personas, donde el promedio de miem-
bros por familia es de siete, que provienen de 101 localidades del
municipio de Las Margaritas, tres de Ocosingo, tres de Altamirano
y siete de La Trinitaria. De las familias encuestadas, 53 son hablantes
de tojolabal-español, 62 sólo español, tres español-tojolabal-totzil,
dos chuj-español y una tzotzil-español. Su promedio de escolaridad
es de 2.4 años de educación primaria.
Cuestiones contemporáneas
150
Además de esta composición demográfica de los desplazados,
nos encontramos con variantes de las causas de expulsión, que van
desde problemas con la tierra, la afiliación religiosa, la negación a
participar en el movimiento armado o la migración por problemas
familiares o enfermedad. También se detectan quiénes salieron en
el momento de inflexión de la guerra, durante los primeros días de
enero de 1994, cuando la mayoría de los miembros de las comuni-
dades de la zona salieron al iniciarse los bombardeos del ejército,
y se concentraron en los albergues creados ex profeso por las auto-
ridades, en las instalaciones de la feria de Comitán y en el auditorio
municipal de Las Margaritas.
En Comitán, de las 104 familias encuestadas, 70 pasaron por dos
o más lugares de refugio antes de instalarse en el barrio en que les
encontramos, y el resto llegó directamente. En cambio, en Las Mar-
garitas, de 121 familias encuestadas, 89 pasaron por dos o más al-
bergues, antes de instalarse definitivamente.
Destaca en los datos preliminares, que sólo 24 familias de los des-
plazados en Las Margaritas hayan conseguido alguna parcela ren-
tada para sembrar milpa. En cambio en Comitán, sólo seis jefes de
familia de los encuestados, cuentan con un lote donde siembran mil-
pa. Lo notable, en contraste con los datos anteriores, es que en Comi-
tán, 46 familias hayan dejado en su comunidad entre una y diez
hectáreas de cultivo, 30 familias contaban con once o más hectáreas
sembradas en el momento de su salida, y 28 familias de la muestra
no contaban con tierra en el momento del conflicto. En cuanto a Las
Margaritas, 49 familias (de 121 encuestadas) tenían cultivadas diez
hectáreas en promedio, mientras que 54 tenían en promedio 20 ha
y sólo 18 no tenían tierra en el momento de salir.
Si analizamos la economía de las familias en el momento de su
desplazamiento —que además de la milpa contaban con animales
de patio, cerdos, borregos e incluso ganado en casi 50% de los en-
cuestados—, y se la compara con sus actuales ingresos, vemos que
su situación es sumamente precaria, puesto que en Comitán encon-
tramos que nueve familias tienen ingresos de uno a diez pesos dia-
rios, 64 familias declararon ingresos entre once a 45 pesos diarios y
23 familias entre 46 y 70 pesos al día. Por su parte, en Las Margari-
tas siete familias declararon tener ingresos de uno a diez pesos dia-
rios, 82 familias con ingreso entre once y 45 pesos, 21 con ingresos
151
entre 46 y 70 pesos, y once familias con ingresos de más de 71 pe-
sos diarios.
Finalmente, en nuestros datos aparece una gran diversidad de afi-
liaciones religiosas recientes, puesto que en Comitán encontramos
que la religión anterior al desplazamiento se distribuía de la si-
guiente manera: 18 familias practicaban la religión tradicional (o de
costumbre), 72 declararon haber sido católicas , doce pentecostales
y dos presbiterianas. De esta distribución, ahora encontramos que
sólo seis siguen practicando la costumbre, 33 se declararon católi-
cas y el resto se distribuyen entre pentecostales, adventistas, presbi-
terianos y de la Asamblea de Dios.
Por su parte, en Las Margaritas,
la distribución previa al desplazamiento era: 44 cosmogónicos (reli-
gión tradicional), 52 católicos, once pentecosteses, diez presbiteria-
nos, tres testigos de Jehová y un adventista. Ahora, las profesiones
religiosas en las familias encuestadas son: 17 cosmogónicos, 31 cató-
licos, 31 presbiterianos, tres pentecosteses, siete testigos de Jehová,
ocho renovación en Cristo, tres adventistas, dos Elohim, dos Elim,
un bautista y 16 no especificados.
Una reflexión preliminar
Si consideramos la complejidad étnica y cultural en que se ha es-
tructurado el espacio regional de la selva y la frontera chiapaneca,
además de su extensión y conformación territorial que cubre ocho
municipios, distribuidos en dos zonas climáticas: la tropical cálida
subhúmeda y la templada subhúmeda, lo que significa la presencia
de climas diversos (Pohlenz, 1985). Y, si además, observamos que
sólo para la selva bien pueden distinguirse cuatro subregiones: la
Nororiental, los Valles y Cañadas de Ocosingo, las Cañadas de Las
Margaritas y la de Marqués de Comillas, y todo este territorio per-
meado por los conflictos sociales y políticos, recubiertos por la vio-
lencia y la posibilidad real de la guerra, sólo nos restaría concluir que
tenemos en las manos un explosivo social de incalculables conse-
cuencias.
El arribo de los migrantes a estas ciudades responde a estrategias
de reproducción social y comportamiento étnico, que se plantean
nuevamente la recuperación y ocupación de sus ancestrales territo-
Cuestiones contemporáneas
152
rios, sean éstos nuevos espacios rurales o urbanos; y se dan en el
contexto de las políticas de colonización impulsadas en la región.
Observamos, entonces, que se está generando un proceso de des-
composición al interior de las propias comunidades nativas, de ma-
nera tal que expulsan grandes núcleos de población y que —en
consecuencia— estos grupos tienen que reinventar, reelaborar o re-
construir sus identidades colectivas para generar nuevas formas de
organización, tanto en el transcurso de la migración como en los
nuevos asentamientos urbanos.
Además —ante el impacto del nuevo reordenamiento mundial, la
apertura de los mercados y el agotamiento de las condiciones ob-
jetivas para la producción—, los grupos étnicos están utilizando los
mecanismos que surgen con la reapropiación de elementos moder-
nos, los cuales refuncionalizan construyendo identidades emergen-
tes, negociando posiciones de poder, recreando liderazgos y apro-
piándose de espacios políticos, sociales, económicos y religiosos.
En este contexto, las nuevas ciudades como Comitán y Las Marga-
ritas muestran día con día los graves problemas que se están desa-
rrollando al interior de toda la región:
i
) la llegada continua de ex-
pulsados (por los conflictos intercomunitarios, o por ser excluidos
del modelo económico vigente, que está cancelando las posibili-
dades de existencia en el ámbito rural) a los barrios de reciente crea-
ción, desde 1994;
ii
) el rápido y desorganizado crecimiento de la ciu-
dad no permite satisfacer las demandas de servicios mínimos, ni dar
cobertura de empleo al creciente flujo migratorio. Éstas son sólo
dos manifestaciones que catalizan la efervescencia de los conflic-
tos rurales.
Además, la presencia cotidiana del ejército en el espacio urbano
(quienes ostentan tanto el poder de la fuerza como el poder eco-
nómico, pues exceptuándolos a ellos y a los ricos tradiconales, el
resto de la población civil está de mal en peor) denota las tensiones
en la zona de conflicto, pero también muestra que aún no hay so-
lución cercana a la paz.
4
Por si ello fuera poco, el desempleo, la carestía de la vida, la in-
seguridad, la insalubridad, la falta de servicios educativos, el haci-
4
.
El salario catorcenal de un soldado raso es de $2,000.00, y el de un cabo $3,500.00, según
platican los lugareños. Trabajo de campo, noviembre de 1998.
153
namiento urbano, el incremento en el consumo de drogas, el alcoho-
lismo y la prostitución, se exacerban en estas ciudades ya de por sí
calificadas como de alta marginación y a un paso de la violencia.
Recibido el 6 de marzo del 2001
Aceptado el 18 de julio del 2001
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