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169
La emigración republicana española
y el pensamiento alemán
en México: la traducción
de
Economía y sociedad
*
G
INA
Z
ABLUDOVSKY
**
A la memoria de la maestra Cecilia Diamant
***
Resumen
En este artículo, la autora analiza el papel de la emigración republicana española en la traduc-
ción y la difusión de la obra de Max Weber y el pensamiento alemán en México. En particular
se refiere a la labor titánica de traducción de
Economía y sociedad
, el
magnus opus
de Max
Weber que recientemente fue considerado por la Asociación Internacional de Sociología
como el libro más importante de nuestro siglo. Asimismo, se exponen las condiciones y
antecedentes que hicieron esto posible y cómo la publicación de éste y otros libros clásicos
de la sociología se debe a la excepcional colaboración intelectual que se estableció entre los
refugiados españoles que inmigraron a México con el ascenso del franquismo y la creación
de la editorial Fondo de Cultura Económica que dio a conocer a los principales autores euro-
peos en el mundo hispano. El resultado de esta unión de esfuerzos en México desembocó
en una especie de “Plan Marshal” (Alarcón, 1961) para la reconstrucción de las ciencias socia-
les y las humanidades cuyo desarrollo había sido truncado en Europa como resultado del
ascenso del fascismo.
Abstract
In the article, the author analyzes the role played by the Spanish Republican immigrants in
Mexico, translating and broadcasting the work of Max Weber and German thinking in Mexico.
She particularly refers to the titanic task of translating
Economía y sociedad,
Max Weber’s
mag-
nus opus,
recently considered by the International Association of Sociology as the 20
th
Cen-
tury’s most important book. Likewise, she points out the conditions and background that made
this possible and shows that the publication of this and other classical books on sociology was
possible thanks to the exceptional intellectual collaboration established between the Spanish
refugees immigrating to Mexico, when Franco rose to power and the Fondo de Cultura Eco-
nómica’s publishing the works of the main European authors of the Hispanic world. The result
of these joint efforts gave rise to a sort of Mexican “Marshall Plan” to rebuild social sciences
and humanities, whose development had been cut short in Europe as a result of fascism’s rise.
*
*
.
La primera parte de
Economía y sociedad
se publica en inglés en 1964 con una traduc-
ción de Talcott Parsons y A.M Henderson con el título de
The Theory of Social and Economic
Organization
( New York, The Free Press). La edición completa de
Economía y sociedad
no
se publicaría sino hasta 1968, con una edición y traducción presentada en tres volúmenes a
cargo de Guenther Roth y C. Wittich (New York, Wedminister Press).
**
.
Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,
Coordinación de Sociología, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria, Col. Copil-
co Universidad, Coyoacán, México D.F., c.p. 04510.
***
.
La autora agradece a Aaron, David y Selma Jazkelevitch el generoso obsequio de
algunos de los libros de la biblioteca de la maestra Diamant que fueron ampliamente utilizados
para el presente artículo.
170
Palabras clave
: emigración, inmigración, exilio, inmigración republicana española (activida-
des intelectuales), trasterrados, pensamiento alemán, Fondo de Cultura Económica,
Economía
y sociedad.
Las características del exilio en México
L
a inmigración republicana del 39 marcaría profundamente la
vida y la historia intelectual de México y España. De hecho, por
sus rasgos excepcionales, se puede afirmar que este proceso migra-
torio constituye un “capítulo único en la historia de nuestro siglo”
(Guarner, 1983: 705). Las facilidades dadas por el gobierno de México
y la favorable disposición de gran parte de los republicanos españo-
les hacia este país hicieron posible una de las mayores emigraciones
de intelectuales que registra la historia” (León Portilla, 1978:80-81).
México fue el único país que tuvo una política deliberada “de
atracción”, sin la cual, la inmigración intelectual española habría si-
do mucho más azarosa. El gobierno del entonces presidente Lázaro
Cárdenas siguió reconociendo oficialmente a la República Española
e implementó varias acciones para recibir a los exiliados. En 1938
canalizó apoyo económico a través del “Comité de Ayuda pro-Es-
paña”; un año después invitaría expresamente a los intelectuales
republicanos a desempeñar sus tareas en México y en 1940 promo-
vió un acuerdo internacional (firmado en Vichy en la Francia ocupa-
da) para apoyar la inmigración de los españoles que orillados por
el franquismo habían huido a este país
1
y que —ante la capitulación,
durante la II Guerra Mundial— se encontraban frente a un futuro
incierto
2
(Fagen, 1975: 84-85; Miaja de Lisci y Maya Nava, 1983: 113;
León Portilla, 1978: 79-81; Cardiel, 1983: 212).
En realidad fueron pocas las naciones europeas que abrieron sus
puertas al inmenso flujo de exiliados. Únicamente la Unión Sovié-
1
.
No se sabe cuál fue exactamente el número de emigrantes, algunos calculan que apro-
ximadamente medio millón, de los cuales cerca de 90 por ciento se fueron a Francia.
Durante los primeros seis meses, murieron alrededor de 15
,
000 en los campos de con-
centración del Sur de Francia y otros cinco mil en los de Alemania. Aproximadamente 14 mil
se enlistaron en la resistencia en tiempos de De Gaulle en la Francia libre. Muchos de ellos
regresarían posteriormente a su país natal.
2
.
“No era fácil librar la acción de la policía de Franco y escapar de los agentes de la Gestapo
en Francia. Para establecer los términos del acuerdo en torno a la inmigración española a Mé-
xico, el presidente de la República encarga al ministro Luis I. Rodríguez negociar con el Ma-
riscal Petain” (Maldonado, 1982). Además, conviene tener presente que antes de llegar a este
171
Sociedad y política
tica
3
brindó un asilo amplio mientras que otros países como Ingla-
terra, Bélgica y Suiza restringieron la entrada a grupos reducidos con
características específicas.
4
La mayoría de los republicanos marcha-
ron hacia América en donde, en términos generales, encontraron un
asilo generoso. Ningún país, por pequeño que fuera, quedó exclui-
do al brindar refugio en esos momentos difíciles, específicamente en
aquéllos de habla hispana dónde el vínculo con el idioma era parti-
cularmente importante para el desempeño laboral de los intelectua-
les de las ciencias humanas.
5
Algunos países como Santo Domingo
y Argentina recibieron un número considerable de refugiados. Por
su parte, Chile llevó a cabo esfuerzos específicos para facilitar las
condiciones de inmigración. El encargado de instrumentar muchos
de éstos fue el poeta Pablo Neruda quien, como cónsul de su país
en España, colaboró con el entonces ministro en Francia, Gabriel
González Videl (que pocos años después sería presidente) para pro-
piciar la salida de dos mil refugiados que, en 1939 partieron de Bur-
deos rumbo a Valparaíso (Guarner, 1983: 705).
No obstante, pese a la política de puertas abiertas de otros países,
en realidad, la gran ilusión migratoria la ofreció México. No existe
un recuento oficial de los republicanos españoles que llegaron a este
país, se calcula que fueron entre 25
,
000 y 40
,
000,
6
pero lo más noto-
rio no fue su número, sino su formación y la huella cultural que de-
jarían (Miaja de Lisci y Maya, 1983: 101), evidente en los datos pro-
porcionados en la siguiente cita:
acuerdo, en 1939 ya se habían fundado en París, dos instituciones republicanas que, en co-
laboración con el gobierno mexicano, apoyaban la inmigración de los refugiados españoles:
el Servicio de Emigración para los Refugiados Españoles —
SERE
— y la Junta de Auxilio para
los refugiados españoles —
JARE
—”. Para llevar a cabo estas acciones el
SERE
tenía como filial
en México al Comité Técnico de Ayuda a los Refugiados Españoles (Miaja de Lisci y Maya,
1983:103).
3
.
Debido a las circunstancias imperantes en la Unión Soviética, los refugiados compartie-
ron los sacrificios, privaciones y el heroismo durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos de
ellos volvieron a tomar las armas para unirse al Ejército Rojo en su lucha contra los nazis.
4
.
Inglaterra se mostró renuente a ofrecer su ayuda, solamente un grupo de españoles, de
origen vasco, y algunos refugiados políticos encontraron asilo en ese país. Algunos españoles,
mineros de profesión, fueron contratados en los yacimientos belgas y otros más —que
contaban con recursos económicos—, pocos pudieron instalarse en Suiza.
5
.
Sin embargo, países como Estados Unidos, Canadá y Brasil también acogieron a grupos
de refugiados.
6
.
Otros autores dan cifras distintas, entre 14 mil y 40 mil, pero la mayoría de las aproxi-
maciones señalan alrededor de 25 mil (León Portilla, 1978: 83; Miaja de Lisci y Maya Nava,
1983: 101). Es posible que en cantidad, Francia haya recibido más que cualquiera otra nación,
pero a México llegaron muchos más individuos capacitados y educados (Guarner, 1983: 706).
172
Se dice que por la frontera catalana, huyeron “dos mil médicos,
mil abogados, quinientos ingenieros, siete rectores de la uni-
versidad, ciento cincuenta y seis catedráticos y cuatro escritores
y periodistas. A México se trasladaron, seis rectores, cuaren-
ta y cinco catedráticos de filosofía y letras e historia, treinta y
seis de ciencias exactas, físicas y naturales, cincuenta y cinco
de derecho, setenta de medicina, doce de farmacia, ciento cin-
cuenta y uno de las diversas materias impartidas en los institu-
tos, así como un número considerable de maestros, sin referir-
nos a gran parte de los poetas, escritores y artistas exiliados
(Manuel Andújar Risco, 1976: 16, citado por Cardiel, 1983: 211).
Los “trasterrados” encontraron, en su tierra de adopción, un am-
biente propicio para la continuación de sus tareas intelectuales.
Las décadas de turbulencia habían quedado atrás y por primera vez,
después del estallido revolucionario de 1910, México pasaba por
una etapa de despegue económico y disponía de capital suficiente
para poder financiar innovaciones industriales, económicas y cultu-
rales (Miaja de Lisci y Maya,1983: 113; Guarner, 1983; 706).
En el mundo académico y universitario iniciaba el proceso de ins-
titucionalización de las ciencias sociales y las humanidades. En esta
época se fundan el Instituto de Investigaciones Sociales (1939) y de
Investigaciones Filosóficas (1940) en la Universidad Nacional Autó-
noma de México.
7
Los antecedentes: el pensamiento alemán
y la
Revista de Occidente
Los refugiados se insertaron en el ámbito intelectual mexicano im-
partiendo cursos y conferencias en varias universidades. En sus bri-
llantes cátedras de filosofía introdujeron el estudio y análisis de las
obras del pensamiento alemán —como Husserl, Heidegger y Spran-
ger— a quienes comentaban y traducían simultáneamente.
Mediante la interpretación y difusión de las ideas del pensamiento
alemán, los refugiados republicanos continuaban en México la tarea
7
.
Un poco después, en 1943, también se funda El Colegio Nacional (Alarcón, 1991: 42).
173
Sociedad y política
intelectual, que de alguna forma, habían desempeñado en España
alrededor de la
Revista de Occidente
, publicada por la editorial Espa-
sa Calpe bajo la dirección de José Ortega y Gasset.
8
Durante el perio-
do 1923-1936 la revista había publicado el ensayo sobre
La decaden-
cia de la cultura antigua
de Max Weber y también había dado a
conocer versiones castellanas de la obra de otros autores alemanes.
En sus números podemos encontrar varios textos de George Simmel,
Scheler, Sombart, Spengler, y Metzger entre otros más. También se
habían publicado ya algunos textos originales de autores latinoame-
ricanos como el mexicano Alfonso Reyes (1923) y el argentino Jorge
Luis Borges (1924).
Como se puede apreciar por los contenidos de la revista, la orien-
tación filosófica predominante en España a principios de este siglo,
se caracterizaba por su crítica a las posiciones afines al positivismo.
Recuperando la perspectiva neokantiana, las jóvenes generaciones
se nutrían de las posiciones subjetivistas e historicistas de los pensa-
dores alemanes de la época y se sentían atraídos por autores como
Husserl, Scheler, Heidegger y Dilthey.
Además de recuperar a los alemanes, este importante movimiento
filosófico se distinguía por sus contribuciones originales
9
y sus frutos
se hacían evidentes tanto en la producción editorial, como en las
diferentes formas de participación en la vida política cultural y en
los centros universitarios de Madrid y Barcelona.
10
La Guerra Civil
detuvo este importante movimiento cultural en España, las genera-
ciones se dispersaron y los intelectuales siguieron diferentes rutas.
Como hemos señalado, muchos de los representantes más distingui-
dos llegarían posteriormente a México.
8
.
La influencia de José Ortega y Gasset en la formación filosófica española fue de tal magni-
tud que muchos lo consideran como el filósofo más importante después de Suárez, y afirman
que durante tres siglos España no había dado ninguna gran figura de este tipo (Cardiel, 1983:
206).
9
.
Además de recuperar el neokantismo y estar en contacto con las concepciones más mo-
dernas de la filosofía europeas, que entonces se desarrollaban en Alemania, los filósofos es-
pañoles iniciaron un movimiento filosófico original y novedoso (Cardiel, 1983: 205).
10
.
“Entre los intelectuales pertenecientes a la Escuela de Madrid que posteriormente llega-
rían a México están José Gaos, Luis Recasens Siches, y Eugenio Imaz. Entre los que se habían
formado en Barcelona puede mencionarse a Juan Roura Parella” (Cardiel, 1983: 206). Asimis-
mo vale la pena tener presente que a pesar de la importancia de Barcelona como centro
cultural, el gran prestigio de Ortega y Gassset hacía que los catalanes fuesen en algún momen-
to a Madrid para nutrirse de sus ideas (Cardiel 1983: 206).
174
Para poder continuar con sus tareas intelectuales, y a pesar de que
muchos de ellos no habían podido resolver sus problemas más ur-
gentes, los exiliados se distinguieron por un dinamismo sobresalien-
te en lo que el impulso a la cultura se refiere, convirtiéndose en ver-
daderos promotores intelectuales. Fundaron sus propias revistas
—como
Romance, Presencia, Las Españas
, etc.— y librerías —como
la Juárez, la Madero y la Librería de Cristal
y contribuyeron de
manera relevante a la publicación de
Cuadernos Americanos,
la re-
vista dirigida por Jesús Silva Herzog que sería una de las publicacio-
nes de debate intelectual más importantes de la época,
11
la cual en
América Latina sólo tendría un parangón con la revista
Sur
, publi-
cada en Argentina y que también se nutría del pensamiento de los
exiliados antifascistas en este país. Durante los años cuarenta ambas
publicaciones periódicas incorporarían la herencia cultural de la en-
tonces truncada
Revista de Occidente.
Los refugiados españoles también tomaron parte en la fundación
y desarrollo de otras instituciones que ahora son fundamentales para
entender la historia de las ciencias sociales en México y el mundo
de habla hispana. Por su destacadísimo papel deben señalarse por
lo menos a dos de ellas: 1) La Casa de España en México, que en un
principio sirvió de albergue y recinto a las actividades intelectuales
de los exiliados más destacados y que después se convertiría en El
Colegio de México
,
y 2) El Fondo de Cultura Económica (
FCE
), que
sería en una de las editoriales más prestigiosas en español y
que —como ya se ha señalado— publicaría
Economía y sociedad.
Por la importancia que tiene para nuestro estudio, a continuación
nos referiremos brevemente a los antecedentes y la creación del
FCE
.
La creación de instituciones académicas y de casas
editoriales en México: la fundación del
FCE
Durante la década de los treinta, América Latina no contaba con
ninguna empresa editorial propia de dimensión industrial. A pesar
de que una gran parte de la producción editorial del hemisferio se
llevaba a cabo en Argentina —donde más se había sentido la influen-
11
.
El economista mexicano Jesús Silva Herzog, fue un colaborador singular en el aclimata-
miento del exilio en México (Alarcón, 1991: 42).
175
Sociedad y política
cia de la
Revista de Occidente
—, ésta también se realizaba a través
de sucursales de las grandes casas españolas (Krauze, 1984: 15).
12
Ante esta situación y precipitado por la negativa de editoriales es-
pañolas para producir en México, el prestigiado historiador y econo-
mista mexicano Daniel Cosío Villegas se da cuenta de la ausencia
de ofertas en las publicaciones de ciencias sociales en el mundo de
habla hispana y, en 1934, funda el Fondo de Cultura Económica. La
editorial se inicia con obras de economía y posteriormente crea las
colecciones de “Política y Derecho”, (1937) “Sociología” (1939), “Fi-
losofía” (1942), “Antropología” (1944) y “Ciencia y Tecnología”
(1945).
Hacia finales de 1938 el
FCE
sólo había impreso 16 libros, pero a
partir de 1940, empieza un periodo de expansión gracias al trabajo
que desarrollarían los intelectuales recientemente exiliados en Mé-
xico, quienes se involucran activamente como responsables de las
distintas secciones
13
y en diversos aspectos culturales, técnicos,
de difusión y demanda de la empresa.
14
El dinamismo que imprimie-
ron a la labor intelectual los refugiados fue sobresaliente. Entre 1939
y 1946, la sección de sociología publicaría por sí misma 41 obras
(como veremos más adelante, durante este periodo dicha colección
estuvo precedida por el exiliado José Medina Echavarría), (Alarcón,
1991: 60). En 1947 el
FCE
era ya la casa editorial con mayor prestigio
en América Latina con sucursales y ventas en Argentina, Uruguay,
Perú, España, Colombia, Brasil, Chile y Venezuela (Alarcón, 1991:
60; Krauze, 1984: 14-18).
Esta notable productividad y difusión descansaron en gran medi-
da en el sobresaliente trabajo de los traductores quienes eran “los
auténticos obreros culturales” del
FCE
. Muchos de ellos tenían una
rica experiencia acumulada como responsables de traducción de la
12
.
En 1938, cuatro años después de la creación del
FCE
, la industria editorial argentina
aprovechaba la Guerra Civil Española para declarar su independencia. Se funda entonces la
casa
Losada
sin ligas con España, y
Espasa Calpe
que por un tiempo siguió los dictados de
la metrópoli.
13
.
José Medina Echavarría sería responsable de las obras de sociología, Javier Márquez de
economía, Wenceslao Roces y Ramón Iglesia vigilaban la sección de historia, Manuel Pedroso
y Vicente Guerrero de política y derecho, Juan Comas de antropología, José Gaos, de filoso-
fía y Adolfo Salazar de música.
14
.
El diseño, la edición y corrección de textos estarían a cargo de un departamento técnico
integrado por cuatro españoles y un mexicano. Además, el joven economista inmigrante Javier
Márquez, sería el brazo derecho de Cosío Villegas hasta 1946 (Krauze, 1984: 17).
176
Revista de Occidente,
es el caso de José Gaos y Eugenio Imaz, o bien
Wenceslao Roces en la Editorial Cenit (encargada de divulgar el pen-
samiento marxista en España). Otros como José Medina Echavarría
también habían realizado tareas de traducción para otras revistas y
editoriales. Ante la falta de opciones académicas de tiempo comple-
to para todos los arribados, la traducción se convirtió en la principal
fuente de trabajo y obtención de ingresos (Alarcón, 1991: 61).
Otro de los intelectuales españoles que estuvo intensamente in-
volucrado en las tareas del
FCE
fue Manuel Sánchez Sarto (1897), que
había sido director y gerente de la Cámara del Libro de Barcelona y de
la
Editorial Labor,
que junto con Aguilar y Espasa Calpe dominaban
el ámbito de las ciencias sociales en el mundo de habla hispana.
Sánchez Sarto era un economista, abogado y filósofo republicano
que había estudiado algunos años en Alemania; fue maestro en la
Universidad de Barcelona y Director del Institut D’Investigations
Économiques en Francia en 1938 (Reyes Nevares, 1983: 593), Sán-
chez Sarto llegó a nuestro país en 1939, y se naturalizó mexicano en
1951. Además de las tareas editoriales que desempeñó en el
FCE
,
Sánchez Sarto se dedicaría a la asesoría económica y a la docencia.
Una de las primeras actividades que llevó a cabo en México fue la
traducción del alemán de la obra de Max Weber
Historia económica
general
, publicada por el
FCE
en 1942.
Dos años después, la editorial daría a conocer
Economía y socie-
dad,
a partir de la traducción de la edición en alemán de 1922. Como
se ha señalado la publicación de esta obra fue la primera que se
realizaría en el mundo, ya que se trataba de una época en la cual el
pensamiento de Weber era relativamente desconocido en otros paí-
ses como Francia, Inglaterra y Estados Unidos. La realización de esta
tarea titánica se debió en gran medida a la iniciativa de José Medina
Echavarría como fundador del
FCE
y director de la sección de obras
de Sociología.
José Medina Echavarría y el interés
en la sociología weberiana
José Medina Echavarría (1903-1997) cursó estudios de derecho en las
universidades de Valencia y París, y era un apasionado estudioso de
177
Sociedad y política
la filosofía alemana. Había sido profesor de derecho en la Univer-
sidad de Murcia y Oficial Letrado en el Congreso de Diputados de
1932 a 1937. Cuando sobrevino la expatriación, “Medina encamina-
ba sus pasos a la vida pública, al perder el suelo político tuvo que
volver a la vida académica” (Lira, 1986: 14).
En España, Medina había traducido del alemán la
Filosofía del De-
recho
de Gustav Radbruch, y del italiano el libro de Robert Michels,
Las transformaciones de las capas sociales después de la guerra
(el
cual no llegó a publicarse por el estallido de la Guerra Civil), así co-
mo diversos artículos para la
Revista de Derecho Privado
(Alarcón,
1991: 60 y 220).
Del grupo de republicanos españoles que se exilió en México,
Medina Echavarría y el sociólogo del derecho Luis Recasens Siches
—quien en 1941 tradujo para el
FCE
la
Historia de la cultura
de Alfred
Weber—, fueron los únicos cuya especialidad e interés primordial
era la sociología.
Medina llegó a México en mayo de 1939, y se hizo cargo de la pri-
mera cátedra de sociología que entonces se impartía en la Facultad
de Derecho de la
UNAM
. En esta universidad, Medina también fue
profesor en la Escuela Nacional de Economía donde su propuesta
de dar un seminario especializado sobre Max Weber fue rechazada
y en su lugar dió un curso sobre métodos de investigación social. En
1943 fundó el Centro de Estudios Sociológicos de
El Colegio de
México que —debido a políticas académicas que privilegian la his-
toria sobre la sociología— sólo tuvo una existencia de cuatro años.
En esta institución Medina pudo impartir finalmente tres cursos dedi-
cados al pensamiento de Max Weber (Alarcón, 1991: 74). En 1946,
Medina dejó México y vivió en Puerto Rico hasta 1952, posteriormen-
te partió a Chile para trabajar en la Comisión Económica para Amé-
rica Latina-
CEPAL
( Alarcón, 1991: 51-74; Lira, 1986: 21).
En 1940, Medina publicó en la
Revista Mexicana de Sociología
(
RMS
) un artículo en el cual rescataba las tesis de Mannheim en un
intento de encontrar una respuesta a las crisis de las ciencias sociales,
las cuales habían sido incapaces de predecir la barbarie mundial
y el estallido de la Segunda Guerra Mundial (Medina Echavarría,
1940).
Un año después, Medina Echavarría publicó su libro
Sociología,
teoría y técnica,
en el que profundiza en los aspectos de la crisis de
178
la teoría y método de la sociología. El autor consideraba que “de to-
das las disciplinas sociales, la sociología ha sido siempre la más cas-
tigada por la improvisación” y tratando de superar esta situación,
buscaba deslindar las esferas de la filosofía y la sociología, y de de-
fender la calidad del quehacer científico frente a la simple aplicación
de las técnicas. En su exposición, Medina enfatiza las continuidades
metodológicas presentes desde el surgimiento de la sociología. A su
juicio, a pesar de que Comte y Weber son tan lejanos en su punto
de partida, el primero parte del paradigma de las ciencias físico-
naturales, y el segundo del neokantismo y el historicismo, ambos
coinciden en sus intentos por mostrar la importancia del conoci-
miento objetivo. Medina Echavarría consideraba así, que en las teo-
rías de estos dos autores quedaba dibujado “el cuadro de los proble-
mas metodológicos de la ciencia social presente y futura” (Medina
Echavarría, 1982: 20-21).
El autor concibe a Weber como “el más grande sociólogo de su
época”, el único que quizá “quede con valor universal” (Medina
Echavarría, 1982: 37) “En su polémica contra los llamados objetivismo
e intuicionismo metodológicos, al mantener la validez de un conoci-
miento científico de la historia, mostró al mismo tiempo la objetivi-
dad del conocimiento social, no obstante ser su materia de natura-
leza histórica” ( Medina, 1982: 38).
Sin embargo, la admiración de Medina Echavarría hacia Weber no
lo privó de una apreciación crítica. Consideraba como “perturbador”
el concepto weberiano de individualidad y afirmó que la posición
frente al investigador social resulta “inexacta”, pues entra en contra-
dicción con sus propios planteamientos. En este sentido, el autor
advierte que algunas de las posiciones weberianas no debieran ad-
mitirse con toda integridad. Juzgó como exagerada la separación
entre ciencias sociales y naturales, que constituye el punto de partida
de la sociología weberiana, y nos recuerda que ésta se explica a la
luz de su momento histórico y de la situación polémica dentro de
la tradición idealista del pensamiento alemán: “pesa sobre él la dico-
tomía tradicional en la distinción de ciencias de la cultura y ciencias
de la naturaleza, y se le impone la actitud ‘comprensiva’ a la nece-
sidad de control” ( Medina Echavarría, 1982: 61- 62).
179
Sociedad y política
La primera edición de
Economía y sociedad
:
los traductores
La publicación de
Economía y sociedad
fue “el gran campanazo” de
una colección que abarcaría los más amplios territorios sociológicos
(Krauze, 1984: 26). Como ya se ha señalado, durante la misma época
se publicarían también las obras de Karl Mannheim, Tönnies y Alfred
Weber, a las que posteriormente se agregarían las de autores como
Comte, Linton y Znaniecki. En la misma colección también se publi-
caron biografías de los padres fundadores de la sociología como
Durkheim, Pareto y Veblen. El afán de contar con obras accesibles
en español se hizo extensivo a otras colecciones como las de “Polí-
tica y Derecho” donde aparecieron obras sobre Burke, Locke, Ho-
bbes, Paine y Milton (
FCE
, 1984).
La primera edición en español de
Economía y sociedad
se publicó
con un tiraje de 3
,
000 ejemplares y formó parte de la sección de
“Grandes estudios” de la colección de sociología. Como se sabe,
en la medida en que no fue una obra que Max Weber concluyera en
vida, las distintas ediciones —tanto en alemán como en otros idio-
mas— han variado según el criterio de los editores. A diferencia de
la presentación del original en alemán que aparece en dos tomos, la
publicación que se realizó en México se integró en cuatro volúmenes.
Los editores fundamentaron esta presentación explicando sus dife-
rencias con algunos criterios de la edición en alemán ya que consi-
deraban que ésta había escindido el esquema de la obra original.
15
Los cuatro tomos de la primera edición en español responden a
divisiones temáticas. El contenido de los mismos y los respectivos
responsables de su traducción son los siguientes:
Tomo I
Teoría de la organización social
, traducido por
Medina Echavarría.
15
.
Al respecto, los editores señalan: “En la edición de
Economía y sociedad
de Max Weber
hemos tropezado con el mismo problema que sus editores alemanes. El esquema de la obra
en su división en partes, capítulos y parágrafos, donde los capítulos conocen variaciones de
extensión que oscilan entre unas pocas páginas y centenares de ellas y los parágrafos ad-
quieren a veces dimensión de capítulo, ha tenido que ser materialmente violentado en la dis-
tribución de volúmenes para que ésta ofreciera cierta proporción. Asi, la edición alemana tiene
que dividirla en dos volúmenes que escinden el esquema de la obra del capítulo VII de la se-
gunda parte. Nuestra división en cuatro volúmenes resulta más visible, ya que el primero
comprende una materia homogénea.
..”.
180
Tomo II
Tipos de comunidad y sociedad
, traducido por Juan
Roura Parella.
Tomo III
Tipos de comunidad y sociedad
, traducido por
Eduardo García Maynez.
(
Sociología del Derecho
) y Eugenio Imaz (
La ciu-
dad
).
Tomo IV
Tipos de dominación,
traducido por José Ferrater
Mora.
En la medida en que ya se han expuesto los datos del traductor
del primer volumen y coordinador general de la obra, José Medina
Echavarría, a continuación se hace un breve perfil de los otros miem-
bros del equipo.
El traductor de los
Tipos de comunidad y sociedad
, Juan Roura
Parella, filósofo y pedagogo de origen catalán (nacido en Gerona en
1897), había sido profesor de la Universidad de Barcelona y estudia-
do en Alemania con varios pensadores entre ellos Nicolai Harmann,
Wolfgang Kohler y Werrner Sombart. De especial relevancia en su
formación fueron los cursos que tomó con el discípulo de Dilthey,
Eduardo Spranger, a quien Roura Parrella debe la orientación defini-
tiva de su filosofía (Cardiel, 1983: 226).
16
Durante su estancia en Mé-
xico impartió cursos en la
UNAM
sobre la obra de este autor y también
sobre distintos temas de pedagogía. En 1940 publicó su libro
Edu-
cación y ciencia
(1940) en cuya introducción —titulada “Las ciencias
del espíritu y la escuela”— rescata la influencia de Dilthey y Spranger
para enfatizar los vínculos entre las ciencias de la cultura y la edu-
cación. En 1944, publicó otro texto titulado
Spranger y las ciencias
del Espíritu
, donde utiliza las notas personales de los seminarios que
tomó en Berlín para exponer la teoría fundamental de quien fuera su
maestro. En 1945 salió de México primero a la Universidad de Wes-
ley en Estados Unidos y, a partir de 1948, sería docente de la Univer-
sidad de Columbia en Nueva York (Cardiel, 1983: 213, 226-228).
El responsable de la traducción de la sección sobre
La ciudad
in-
cluida en el tomo III, Eugenio Imaz, nació en San Sebastián en 1900.
16
.
Roura Parrella también publicó los textos titulados
Sobre la morfología de la cultura de
Dilthey
,
La educación viva,
Educacion y ciencia
(México, 1940),
Temas y variaciones de la
personalidad
,
Sobre la morfología de la cultura de Dilthey
y
Temas y variaciones sobre
la personalidad
(Roura Parella, 1946: 850).
181
Sociedad y política
Imaz estudió filosofía en Madrid y Berlín, de 1939 a 1941 fue se-
cretario de la revista
Cruz y raya
y de la Junta de Cultura Española.
En su tierra natal ya había llevado a cabo las traducciones importan-
tes de obras de autores como Huizinga, Buckhardt y Tönnies. Ya en
el exilio, Imaz será el traductor más prolífico del FCE donde lleva a
cabo traducciones de Kant (
Filosofía de la Historia
, 1941) y de Kir-
kland (
Historia económica de los Estados Unidos
, 1942), entre otros.
Pero el trabajo más importante de su vida fue la traducción de las
obras de Wilhem Dilthey, que el
FCE
publicaría en ocho tomos.
17
Imaz penetró, como pocos, en la filosofía diltheyana y fue autor del
libro titulado
El pensamiento de Dilthey
, además de otros dos textos
de ensayos titulados
Topia y Utopía
(1946) y
Luz en la Caverna
pu-
blicado póstumamente, en conmemoración de su muerte voluntaria
en el puerto de Veracruz en 1951. Eugenio Imaz también fue fun-
dador de la revista
Cuadernos Americanos,
profesor de la
UNAM
y
redactor de la revista
España Peregrina
(Imaz, 1945: 792).
Eduardo García Maynes, el traductor de la
Sociología del Derecho
,
es el único intelectual que no es de origen español dentro del equipo
de colaboradores para la edición de
Economía y sociedad.
García
Maynes (México, 1908), fue catedrático de la Facultad de Filosofía
y Letras de la
UNAM
, fundador y director del Centro de Estudios Filo-
sóficos, y de la
Revista Filosofía y Letras
(1940-1965). Entre sus obras
más importantes se encuentran:
El problema filosófico-jurídico de la
validez del derecho
(1940),
Libertad como derecho y como poder
,
Ética
(1951) e
Introducción a la lógica jurídica
(1951). Como tra-
ductor, destaca por haber hecho accesible en español la
Teoría gene-
ral del derecho y del Estado
de Hans Kelsen (enciclopedia de México,
tomo 5 y
Diccionario Enciclopédico Mexicano
, tomo 2, 1989).
El traductor de los
Tipos de dominación
(tomo IV), José Ferrater
Mora (Barcelona, 1912), era un filósofo que había trabajado como
traductor independiente y redactor para diversas editoriales en Espa-
ña. Durante la Guerra Civil, se enlistó como soldado en el Ejército
Republicano , y a partir de 1939 vivió en el exilio. Fue el único de
17
.
“La dirección y traducción de las obras de Dilthey es tanto más meritoria cuanto no se
redujo a su mera versión en español, sino que les dio nueva organización y composición, más
congruente con sus partes históricas y sistemática” (Cardiel, 1983: 215). Al respecto Cardiel
señala cómo “sus atisbos en la interpretación de Dilthey fueron extraordinarios” (Cardiel, 1983:
215).
182
los traductores de
Economía y sociedad
que no vino a México. Se fue
a París, luego a La Habana (1939-1941) y a Santiago de Chile donde
dio clases de filosofía en la Universidad (1941-1947). A partir de 1948
se trasladó a Estados Unidos donde ocupó diversos cargos en distin-
tas universidades. Entre sus obras más importantes están el
Diccio-
nario de filosofía
( publicado en México en 1944),
Cuatro visiones
de la Historia Universal
(Losada, Buenos Aires, 1945) y
Helenismo
y cristianismo
(Santiago de Chile, 1949). Entre sus traducciones, ade-
más de la de Max Weber se encuentran la de François Guizot,
De la
pena de muerte en materia política
,
De las conspiraciones y la jus-
ticia política
(traducido del francés, y editado en español en San-
tiago de Chile en 1943) y el libro de Shestov
Kierkegaard y la filosofía
existencial
(traducido en 1947 y publicado en Buenos Aires en edi-
torial Sudamericana en 1951).
18
Además de haber traducido el primer tomo y coordinado la obra,
Medina Echavarría redactó el prólogo a la primera versión en espa-
ñol. En éste, el traductor apunta lo que puede ser considerado a la
vez como un diagnóstico y una profecía: una especie de “destino ad-
verso” que persigue la obra de Weber en su propia gloria. Lo que
ha pasado al público y se repite en las aulas no deja de ser sino una
caricatura de su propio pensamiento. Para mostrarlo, Medina denun-
cia las malas interpretaciones de Weber que lo han presentado en
dos sentidos: como el teórico de la ética protestante y como el cien-
tífico aséptico libre de valores.
Medina se mostraba preocupado porque el nombre de Weber
suele estar unido casi en exclusividad a su interpretación de los orí-
genes del capitalismo planteados en
La Ética protestante
y
El Espíritu
del capitalismo.
Se trata de un esquema, que, a “fuerza de arrastrarse
por los manuales, llega al público a menudo convertido en un autén-
tico disparate que se reitera en la desenvoltura que conlleva toda
simplicidad”. En el caso de Weber, la deformación se remonta a
fuentes secundarias que pecan de parcialidad. Así,
La Ética,
libro
que le abrió a Weber la fama universal, se ha prestado a interpreta-
ciones falseadas y vulgares que desligan a Weber del resto de su obra
particular, de sus otros estudios sobre la moral económica de las reli-
giones mundiales (Medina, 1974, [1944]). Esta afirmación será espe-
18
.
Para una información más amplia sobre la vida y obra de José Ferrater Mora consúltese
la revista
Anthropos
, núm. 49, 1985.
183
Sociedad y política
cialmente importante para la recuperación de Weber en el mundo
de habla hispana donde sus textos sobre religiones sólo se conocie-
ron de forma fragmentada, ya que la traducción de las obras sobre
China, India y el judaísmo antiguo se llevaron a cabo hasta principios
de 1980: (Max Weber,
Ensayos sobre sociología de la religión, II
,
Tau-
rus, Madrid, tres tomos).
Medina también rechazaba la interpretación de Weber como el
académico que propone una “neutralidad valorativa” y —a la ma-
nera de Jaspers— hizo una lectura en la cual las raíces de su lucidez
se explican precisamente por la vinculación entre conocimiento y
acción. Al respecto Medina considera que “si concebimos la política
en su más noble sentido, como una preocupación activa y sin tre-
gua por el destino de la propia comunidad dentro de una determi-
nada constelación de fuerzas mundiales, Max Weber fue desde
siempre y ante todo un ‘político’. Desde esta perspectiva se insiste
en la conexión entre la ‘pasión política’ y la concepción de la ciencia
aludiendo a la conocida definición weberiana en torno a la ‘ética de
responsabilidad’. La justificación de la ciencia se encuentra en las
posibilidades de la acción racional, de igual manera como puede
darse la acción responsable si consideramos posible el comporta-
miento racional”.
Desafortunadamente, como ya lo he mostrado ampliamente en
otro texto (Zabludovsky, 1998), Medina Echavarría tenía razón. Más
allá de las reseñas críticas que hicieron los propios traductores, la
publicación de
Economía y sociedad
no recibió la debida atención
en los ámbitos intelectuales de México durante los años cuarenta y
cincuenta.
La reedición de la obra
La mejor demostración de que la obra de Weber no se leía o se leía
poco, es que tuvieron que pasar veinte años antes de que el
FCE
deci-
diera hacer una nueva edición de
Economía y sociedad.
19
Finalmen-
te, en 1964, para conmemorar el centenario del natalicio de Max We-
19
.
Medina Echavarría deja la colección de “Sociología” en 1947 y a partir de entonces ex-
perimenta una disminución notable en el número de sus traducciones (Alarcón, 1991: 60-61).
184
ber, la editorial hace una reedición, pero esta vez de acuerdo con
la cuarta edición alemana de 1956. (Como se sabe,
Economía y socie-
dad
es un libro cuyo cuidado y presentación final nunca estuvieron
a cargo de Max Weber). El responsable de esta edición póstuma es
James Winckelman, quien hace una disposición distinta e incluye
una serie de trabajos que no aparecían en las tres primeras ediciones
alemanas. En la nueva versión en castellano, se reproduce la traduc-
ción que había coordinado Medina Echavarría y se encomiendan los
añadidos a otras personas (Carlos Gerhard se hace cargo de la tra-
ducción y Jazmín Reuter es responsable del índice analítico).
Así, la nueva edición del
FCE
contiene, además del prólogo de
Medina Echavarría, el que realizarán Winckelman y Mariana Weber.
La edición consta de cuatro mil ejemplares y se presenta en dos to-
mos —en vez de los cuatro iniciales—. En la publicación de los
sesenta no aparece mención alguna a las tareas de Medina Echavarría
como coordinador inicial de la colección de sociología
20
ni como
responsable de la subdivisión temática de la obra. Tampoco se pu-
blican los créditos específicos a los traductores de las distintas sec-
ciones.
Además de cometer una clara injusticia en el reconocimiento de
la labor de los traductores y de la coordinación de Medina Echava-
rría, los efectos de esta nueva edición no ayudaron a cambiar las
ideas que se tenían en torno a la obra de Max Weber. Por el contrario,
la introducción de una sección que Winckelman presenta como
“Sociología del Estado”, contribuyó más bien a intensificar las per-
cepciones de un científico aséptico. Como el propio editor explica,
la versión de esta parte es más un trabajo suyo que del propio Weber.
Argumentando un “interés didáctico”. Winckelman trata de llenar lo
que considera “lagunas de Max Weber en materia de Sociología del
Estado”, escogiendo algunos segmentos de textos elaborados por él
en
La política como vocación
.
Por paradójico que parezca, las contribuciones que los intelectua-
les españoles y latinoamericanos hicieron en torno al pensamiento
alemán en México en la década de los cuarenta, no serían valoradas
sino hasta treinta y cuarenta años después. Hasta principios de 1980
—con el nuevo despertar del interés en torno al pensamiento de Max
20
.
Esto puede deberse a las propias rivalidades que Cosío Villegas empieza a tener con
Medina, lo cual también puede explicar el cierre de su carrera editorial.
185
Sociedad y política
Weber que se produce tanto en el ámbito mexicano como al nivel
mundial— nos encontramos con un tipo de interpretaciones que
recuerdan las que en su momento hicieron Medina Echavarría y el
equipo de traductores de
Economía y sociedad
. El énfasis se pone
nuevamente en una lectura teórico-metodológica de la obra weberiana
y en una concepción de la política, en la cual el símil de la “guerra
de demonios” prevalece sobre el de la “neutralidad valorativa”.
Consideraciones finales
En el presente texto se han analizado las circunstancias que permi-
tieron y fomentaron una fructífera colaboración entre los emigrados
republicanos españoles y el
FCE
en el México de los años cuarenta.
Gracias a esta excepcional alianza, en nuestro país se llevó a cabo
una titánica labor que hizo posible la traducción y publicación de
las obras de Max Weber y el pensamiento alemán al hacerlas acce-
sibles al mundo de habla hispana.
Sin embargo, durante las décadas de los cuarenta y cincuenta es-
tas obras pasaron prácticamente desapercibidas. La sociología we-
beriana y la llamada corriente hermenéutica no lograron arraigarse
en México. Los pocos debates que se dieron en torno a ésta perma-
necieron en un nivel filosófico sin trascender al propiamente socio-
lógico.
Aunque son muchas las causas que pueden explicar esta situación
y sería demasiado extenso tratar de abordar a todas ellas, algunas de
las que considero más importantes tienen que ver con la inexistencia
de una comunidad académica que realmente fuera permeable al de-
bate de la época y con la ausencia de compromiso y de exigencia
intelectual en torno a la necesidad de estar al corriente sobre las pu-
blicaciones recientes. Además, para un mundo académico preocu-
pado por la conexión entre la practica sociológica y la acción y por
otras cuestiones vinculadas al campesinado y el indigenismo, no era
del todo incomprensible que las ideas en torno al debate alemán no
fueran consideradas como prioritarias para el conocimiento la reali-
dad mexicana de la época.
Por otra parte, en México todavía no existían las instituciones de
enseñanza de la sociología, consecuentemente no había una presen-
186
cia fuerte de la disciplina y no se estaba en posibilidades de proyec-
tarse sólidamente hacia el futuro. A pesar de que la existencia del
Instituto de Investigaciones Sociales data de 1939, éste no tuvo bajo
su responsabilidad las tareas docentes, y éstas tenían que llevarse a
cabo en las escuelas existentes (derecho, economía, etc.). Como se
ha señalado en este artículo, los esfuerzos de Medina Echavarría para
instaurar una cátedra sobre Weber en la
UNAM
fueron finalmente blo-
queados por las administraciones en turno. Esta situación adversa se
presentó nuevamente en El Colegio de México, donde a pesar de
que Medina logró impartir clases sobre el pensador alemán y fundar
el programa docente en sociología, este sólo tendría una duración
de cuatro años. Después de dicho periodo el programa fue clausu-
rado, situación que quizá se explique por las predilecciones que Da-
niel Cosío Villegas tenía hacia la historia sobre la sociología. En este
sentido, queda pendiente para una futura investigación evaluar el
peso que los líderes intelectuales del momento han tenido en el de-
sarrollo de las ciencias sociales. No sería difícil presuponer que en
la propia
UNAM
el desarrollo de la sociología comprensiva se enfren-
tó a barreras debido al liderazgo intelectual de Lucio Mendieta y Nu-
ñez, que mostraba interés en un tipo de desarrollo disciplinario muy
distinto al propuesto por los refugiados españoles.
Sin embargo, en la medida en que estas afirmaciones aún pueden
fundamentarse con los respectivos datos históricos, por el momento
dichas aseveraciones son más bien riesgosas y sólo deben ser con-
sideradas como hipótesis para futuros trabajos en torno a la historia
y desarrollo de nuestras ciencias sociales. Por el momento, la única
certeza es que, independientemente de las razones, en el México de
los cuarenta se perdió la oportunidad de desarrollar una tradición
sólida que diera paso a una escuela de sociología comprensiva que
podría haber tenido como una de sus grandes bases el trabajo mo-
numental de traducción realizado por los republicanos españoles en
nuestro país.
Recibido el 17 de abril de 2002
Aceptado el 3 de mayo de 2002
187
Sociedad y política
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