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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
205
Presentando a Philip E. Mirowski
C
ARLOS
M
ALLORQUÍN
*
*
.
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (
BUAP
), Instituto de Ciencias Sociales y
Humanidades, Posgrado de Sociología, 2 Oriente 410 P.A., Centro Histórico, Ciudad de Pue-
bla, c.p. 72000.
1
.
Cambridge University Press, Cambridge, 2002.
2
.
Cambridge University Press, New York, 1989.
E
l profesor Philip Mirowski actualmente ocupa la cátedra “Carl
E. Koch Professor of Economics and the History and Philosophy
of Science” en la Facultad de Economía de la Universidad de Notre Da-
me de Estados Unidos. A pesar del largo título de sus responsabi-
lidades no da cuenta plenamente de sus intereses y menos justicia
a la labor realizada. Con nueve libros, cinco de los cuales él es el
autor y el resto como editor y organizador, demuestra la abundante
obra realizada, sin mencionar los ochenta y tantos artículos disper-
sos entre revistas reconocidas internacionalmente y en libros como
participante. Recientemente salió a la lúz pública
Machine Dreams.
Economics Becomes a Cyborg Science,
1
que sigue la línea de uno de
sus libros previos:
More Heat Than Light: Economics as Social Phy-
sics
,
2
manteniendo consistentemente su irreverente crítica a la “cien-
cia económica ortodoxa”, especialmente la estadounidense, sin de-
jar de mencionar también a su aparato institucional y a veces hasta
sus hombres más importantes. Tuve la suerte de poder platicar con
él durante la
Third International Workshop on Institutional Econo-
mics
: “Understanding Economic Institutions: Theory, Methodology
and Illustrations” realizada en la University of Hertfordshire, Hertford-
shire, Inglaterra, 4 al 7 de septiembre, 2001. Lo que sigue a conti-
nuación es la conversación que tuvo lugar.”
206
Philip Mirowski descifrando la “economía”
de los sueños
3
(Entrevista con Philip Mirowski)
C
ARLOS
M
ALLORQUÍN
: ¿Cuál es el futuro de la profesión económica,
especialmente el de la ortodoxia neoclásica?
P
HILIP
M
IROWSKI
: En Estados Unidos de Norteamérica desapare-
cerá de manera inmediata, al contrario de lo que dicen algunos. Eso
se debe a que dicha profesión y la ortodoxia se llevan la mayor parte
del pastel de los recursos y esta última está articulada a innumerables
fuentes de apoyo regulares; la estructura de su poder está garanti-
zada en la medida en que las universidades continúen organizadas
sobre líneas disciplinarias. Se preocupa en preservar esas fronteras
que la separan de las otras disciplinas y a ese respecto lo ha logrado.
Pero lo más importante, que hace tan exitosa la versión estadouni-
dense de la ciencia económica es que presta muy de cerca atención
a muchos de los desarrollos en las ciencias naturales. Pienso que
todas las ciencias sociales lo hacen en mayor o menor medida; pero
el neoclasicismo, por lo menos en Norteamérica, ha prestado una
atención más atenta y es mucho más asiduo, especialmente en tér-
minos prácticos, especialmente en términos prácticos para reclutar
gente nueva en la economía. Un número sorprendente de gente que
ingresa en los cursos de posgrado en economía carece de estudios
en economía.
..
CM
: Ingenieros.
..
PM
: Así es: ellos no poseen estudios en economía. Debido a que
ellos están más articulados a los cambios culturales actuales en los
significados multiformes de la ciencia, a causa de sus estudios e ins-
trucción especial, acaban por capturar la imaginación de la cultu-
ra mucho mejor y de manera más efectiva de lo que inicialmente
cabría esperar. Nada da mayor vergüenza que escuchar a alguien
hablar acerca de la evolución, o acerca del Teorema de Gödel,
4
o las
3
Entrevista realizada el 5 de Septiembre de 2001, en la Universidad de Hertfordshire,
Hertfordshire, Inglaterra durante el
Third International Workshop on Institutional Economics
.
4
.
Sintéticamente G. Dowek dice: “[.
..] ninguna teoría coherente puede demostrar la
coherencia de una teoría más general. [.
..] El primer teorema de incompletitud de K. Gödel
demuestra que en todas las teorías existen proposiciones indeterminadas. El segundo teore-
ma demuestra, de alguna manera, que en una teoría T, la proposición la ‘teoría T es coherente’,
207
implicaciones de la teoría de caos, con una formación exclusiva en
economía.
CM
: ¿Se debe eso a que ellos parecen compartir un vocabulario co-
mún, o sea, la estructura algebraica o matemática?
PM
: No. La gente tiende a pensar que las matemáticas por sí mis-
mas son realmente la clave para comprender las actuales ciencias
naturales y yo no creo que juegen un papel tan predominante. Al
contrario, pienso que las ciencias naturales experimentan cambios
profundos de inspiración cada dos o tres generaciones. Un ejemplo
puede verse en mis previos libros: el surgimiento de la física de la
energía a mediados del siglo
XIX
.
5
Tanto las ambiciones, así como
los formalismos de la física de la energía empaparon a todas las cien-
cias sociales en las postrimerías del siglo
XIX
, y como lo he sostenido,
ésa fue una de las condiciones para la génesis de la teoría económica
neoclásica en sí y por sí misma. En un crudo resumen, en Europa
en la década de 1870, una falange de ingenieros imaginaron que
había una especie de energía potencial en la cabeza llamada “utili-
dad”, y emplearon la imagen para importar gran parte de las mate-
máticas sobre las restricciones extremas de la mecánica clásica.
6
CM
: ¿Pero la estructura curricular de los planes de estudio de la
profesión de economía contiene internamente alternativas?
PM
: Sólo puedo hablar acerca de la profesión norteamericana.
Realmente la situación es un poco más complicada de lo que tal vez
uno piense, dada la combinación de la más petulante intolerancia
y la limitada visión del economista neoclásico norteamericano pro-
medio. Sin embargo, la profesión tiene su porción de individuos
insatisfechos que están buscando algo más que les dé mayor con-
fianza sobre el carácter científico de la disciplina que escogieron;
es invariablemente una de las proposiciones indeterminadas. En consecuencia, ninguna teoría
coherente puede demostrar su propia coherencia ni,
a fortiori
, la coherencia de una teo-
ría más general”,
La lógica,
México, Siglo XXI, 2001, p. 69. A su vez Ray Monk: “¡De hecho,
la incompletitud de las teorías formales de las matemáticas es en sí misma un teorema compro-
bado!”,
Bertrand Russell
, Gran Bretaña, Vintage, 1995, p. 195.
5
.
Véase sobre este tema el capítulo 6, P. Mirowski (coord.),
Reconstruction of Economic
Theory
,
Boston-Dordrecht, Kluwer-Nijhoff Publishing, 1986, así como los capítulos 1-3-4 y 6
de
Against Mechanism: Protecting Economics From Science
,
New Jersey, Rowman & Little-
field, Totawa, 1988; y el libro
More Heat Than Light: Economics as Social Physics
, Cambridge,
Cambridge University Press, 1989.
6
.
En lo particular está hablando de J. L. Lagrange y W. Hamilton y sus ecuaciones de la
dinámica de la mecánica clásica y el surgimiento de la unificación del concepto de “energía”,
o energética, como el paradigma central en la ciencias naturales.
Documentos
208
para guiarse tienden a mantener un ojo entrenado sobre el desarrollo
de las ciencias naturales de la época. Esto se puede observar en el
Instituto de Santa Fé, o en las reuniones con los grupos en cuestión
sobre la codificación computacional de los mercados automatiza-
dos, e incluso a veces (pero no muy a menudo) en las reuniones de
la American Economic Association.
Pienso que los opositores de la economía neoclásica, entre los
que claramente me ubico, frecuentemente no aprecian hasta qué
punto está abierta a otros desarrollos culturales, y tienden a
creer
que puede absorber otras perspectivas, mucho más de lo que la gen-
te se da cuenta. Por ejemplo, actualmente existen todos estos econo-
mistas que piensan que realmente pueden tomar en serio a la psi-
cología y al mismo tiempo mantenerse como economistas ortodoxos
de buen renombre.
CM
: ¿Pero si leemos un texto ortodoxo normal en economía no se
puede percibir esa reverencia hacia las recientes innovaciones en la
ciencia, o será que está disimulado?
PM
: Sí y no. El libro de texto luce como un sistema teórico cerrado,
completo y sólido. Pero si uno juzga lo que es la profesión de la eco-
nomía, lo que hace y piensa, a partir de la lectura de sus libros de
texto se obtiene una impresión muy engañosa. Por ejemplo, de nin-
guna de las lecturas de un libro de texto, que yo sepa, se podría ob-
tener la idea de que la teoría neoclásica ha cambiado totalmente sus
ambiciones y la orientación en el periodo posterior a la Segunda
Guerra Mundial. Lo que estoy sugiriendo es que si algún adversario
de la economía neoclásica se quejara de que la psicología supuesta
en la utilidad es totalmente insostenible, o que ignora la conducta
simbólica de los grupos estudiados por la antropología, lo que en-
contrará es que de hecho ya existe un grupo reducido de economis-
tas neoclásicos que insiste en ya haber tomado en consideración
esas ideas, pero bajo sus propios términos neoclásicos. Piénsese en
las incursiones de George Akerlof
7
en la antropología, o de Matt
Rabin en la psicología,
8
o de Gary Becker
9
en sociología. Por lo tan-
7
.
Recientemente laureado con el premio Nobel.
8
.
Por ejemplo, David Matthew Rabin, D. Bowman, D. Minehart, “Loss aversion in a con-
sumption/savings model”, International Finance Discussion Papers, núm. 492, Washington
D.C., Board of Governors of the Federal Reserve System, 1994.
9
.
Otro premio Nobel en economía.
209
to, para el crítico del neoclasicismo lo verdaderamente importante
de comprender, debe ser poder apreciar cómo estas figuras se pien-
san a sí mismas libres de prejuicios (“open minded”), o por lo menos
abiertas a influencias externas; cuando de hecho la mayor parte de
sus esfuerzos son dedicados a transformar todas esas influencias en
algo que desde fuera a la mayoría le parece algo cerrado, sin imagi-
nación, y sordos a las doctrinas de las disciplinas que son su blanco.
En otras palabras, todo se vuelve indistinto de alguna ampliación del
modelo la elección racional. Y esto produce la impresión de que
nada ha cambiado y de que la mayoría de los economistas sencilla-
mente pueden seguir ignorando otras ciencias.
CM
: Los estudiantes de economía reciben muy pocos cursos de
historia y tienden a pensar más técnicamente, especialmente los
de licenciatura. La verdadera pregunta sería, ¿saben los estudian-
tes de licenciatura de qué trata la economía?
PM
: Bueno, los estudiantes de licenciatura saben básicamente lo
que está en los libros de texto…
CM
: R. Lipsey, P. Samuelson.
..
PM
: Hal Varian
10
o J. Stiglitz
11
o A. Mas-Colell, M. D. Whinston, J.
R. Green
12
para mencionar los que están más al día. Pero la profesión
económica opera en numerosos estratos de sofisticación. Uno no
puede juzgar lo que la profesión cree o sostiene a partir de la capa
introductoria, porque esa capa, aunque no tenga un componente
histórico de pedagogía, es en sí misma un artefacto histórico; en la
práctica, es en su mayor parte marshalliana.
13
Lo interesante del
adoctrinamiento en la profesión norteamericana es que está plena-
mente estratificada; existe un nivel intermedio de la teoría y ese nivel
consiste realmente en una especie de introducción a temas walrasia-
nos
14
y a algunas nociones simplificadas de las expectativas racio-
nales, pero incluso en esta etapa todavía no te han dicho donde se
encuentra la verdadera vanguardia de la investigación de dicha dis-
ciplina. Para eso debes esperar a los cursos de posgrado, y lo que
10
.
Hal R. Varian,
Microeconomía intermedia,
Barcelona, Antoni Bosch Editor, 1998.
11
.
Macroeconomía,
Barcelona, Ariel, 1998. Cabe mencionar que recientemente fue lau-
reado Nobel en economía.
12
.
Microeconomic Theory
, Nueva York, Oxford University, 1995.
13
.
A. Marshall (1842-1924).
14
.
L. Walras, (1834-1910).
Documentos
210
me parece interesante es que se puede empezar los cursos de pos-
grado en economía sin preparación alguna de nivel de licenciatura,
y en muchos casos se puede hacerlo fantásticamente bien, siem-
pre y cuando sepas algo de matemáticas y de física. Eso significa que
aunque hay una especie de estrato histórico en capas de la peda-
gogía que se emplean a lo largo del tiempo, eso no te dice mucho
acerca de donde está el filo de navaja del proyecto de investigación.
Por lo tanto la pregunta se convierte en: ¿qué determina eso? y eso
es algo que motiva mucho de mis textos. Eso es lo que impulsa a
Against Mechanism: Protecting Economics From Science
,
More Heat
Than Light: Economics as Social Physics,
y mi libro más reciente:
Machine Dreams: Economics becomes a Cyborg Science
,
15
y una su-
cesión de artículos que Wade Hands y yo hemos escrito acerca de
la ascensión del dominio de la teoría de los precios neoclásica en
Estados Unidos en el periodo de 1930 a 1960.
16
Esta secuencia de estratos pedagógicos, el de las capas de depó-
sito de la historia de la economía neoclásica, están mucho más de-
terminadas por los desarrollos en las ciencias naturales de lo que la
gente está dispuesta a aceptar. Lo que un buen profesor de econo-
mía nota de ti como un estudiante con prospecto, es que si vienes
a la economía, por decir, de la ingeniería, o de la física, reconoces
naturalmente la gran mayoría de las pequeñas artimañas del modelo
neoclásico, además, de que no te perturba el hecho de que el mo-
delo se utiliza fuera de contexto; en otras palabras, te acercas con-
tento al mercado como flotando libremente en la sociedad de ma-
nera abstracta, por decirlo de alguna manera. Te agrada realizar el
conjunto de problemas matemáticos y no te quejas continuamente
acerca de la relevancia de los modelos. Esto es algo acerca de lo cual
también he escrito.
17
¿Entonces, de dónde logra la economía neoclá-
15
.
Cambridge, Cambridge University Press, 2002.
16
.
Además de los ya mencionados libros:
Mechanism: Protecting
..,
op. cit.;
More Heat Than
Light…,
op. cit.;
Machine Dreams: Economics…, op. cit.;
cabe indicar, el texto del cual fue
editor,
Natural Images in Economics: Markets Read in Tooth and Claw
, Cambridge, Cambridge
University Press, 1994; “Harold Hotelling and the Neoclassical Dream” (coautor Wade Hands),
pp. 322-397 en
Economics and Methodology: Crossing Boundaries
, editado por Roger Back-
house, D. Hausman, U. Maki & A. Salanti (Londres, Macmillan, 1998); coautor con Wade
Hands, “A Paradox of Budgets”, en
The Transformation of American Economics: From Prewar
Pluralism to Postwar Neoclassicism
; Suplemento al vol. 30 de
History of Political Economy
,
Editado por M. Rutherford & M. Morgan; Durham, Duke Univ. Press, 1998, pp. 260-292.
17
.
“Three Vignettes on the State of Economic Rhetoric” en Neil de Marchi (ed.),
Post-Po-
pperian Methodology of Economics
, Boston, Kluwer Academic Publishers, 1992; “What Are the
211
sica reclutar gente como ésta, con la correcta formación y predilec-
ciones? En algunas ocasiones, como durante la gran depresión, fí-
sicos e ingenieros sintieron que era su deber hacer algo por el terri-
ble estado de la economía y voluntariamente hicieron la transición.
Pero en los últimos veinte años, la profesión estadounidense es cada
vez más foránea, y tiende a reclutar a extranjeros entrenados cientí-
ficamente. Y en cierto sentido la situación es útil para ambas partes:
la mayoría de los extranjeros no quieren aprender una economía
culturalmente condicionada, no, por lo menos, si vinieron a Estados
Unidos para estudiar; ellos no quieren aprender acerca de los capri-
chos y peculiaridades de los mercados estadounidenses, quieren
una economía que no esté articulada a ningún contexto, que podría
aplicarse a cualquier país, en cualquier lugar, sin contextualizarla y
poder exportarla a su país…
CM
: Eso es lo que acontece con la mayoría de mexicanos que vuel-
ven de Estados Unidos.
..
PM
: La verdad de la cuestión es que la pedagogía de la licenciatura
en economía tiene muy poco que ver con la instrucción para la inves-
tigación académica, por lo menos en el sistema estadounidense.
CM
: Permítame volver una vez más a sus textos
Against Mechanism:
Protecting Economics From Science
y
More Heat Than Light: Econo-
mics as Social Physics
. Ya tienen más de una década de vida y estoy
realmente intrigado, porque seguramente usted debió haber recibi-
do algún tipo de respuesta. De hecho usted allí dijo cosas brutales
acerca de los supuestos de la teoría neoclásica.
18
Otro tema crucial
Questions?” en Roger Backhouse (ed.),
New Directions in Economic Methodology,
Londres,
Routledge, 1994, pp. 50-74.
18
.
Por ejemplo, en referencia a P. Samuelson dice: “.
..la técnica de la maximización sujeta
a restricciones es parte del “núcleo duro” (“hard core”) de la economía neoclásica [.
..] y nuestra
crítica [.
..] no reclama que
empíricamente
la gente no maximiza ‘algo’.
Tampoco
se trata del
reclamo que la metodología del ‘si es que así fuera’ tiene errores.
No
es el reclamo de que la
gente nunca podrá alcanzar el nivel o grado de conocimiento requerido de un cálculo maxi-
mizador global. Al contrario es una crítica lógica de que la economía neoclásica, en su apro-
piación de una técnica analítica de la termodinámica, ha importado explícitamente una metá-
fora física y la han impuesto sobre los fenómenos sociales sin que alguna vez hayan hecho
explícito cuáles serían las condiciones sociales consistentes con dicha metáfora. Crudamen-
te esas condiciones son de que en la teoría nunca existe una retroalimentación en el sistema
económico entre el proceso del mercado y los subyacentes valores que la determinan (es-
to es las funciones de utilidad o las dotaciones dadas) que entonces son representadas como
‘naturales’ o ‘exógenas’ al análisis. Esta situación concierne tanto a los modelos estáticos co-
mo dinámicos de Samuelson: las condiciones exógenas se mantienen idénticas para ambos.
Los precios son meros reflejos del valor, y la o el economista no necesita preocuparse so-
Documentos
212
que usted aborda es la completa apropiación
19
por parte de la econo-
mía neoclásica de las ecuaciones matemáticas de la física de la ener-
gía de la década de 1870, y su analogía con la noción de la “utilidad”,
sin analizar las consecuencias teóricas en el contexto de un campo
diferente.
PM
: He recibido todo tipo de extrañas y chistosas reacciones. Des-
de Robert Solow (Nobel Laureate), que cito en mi nuevo libro, que
dice básicamente: “Yo sé que Philip Mirowski cree que los aspec-
tos de trasfondo de la corriente principal de la teoría económica son
el producto de una imitación profunda del siglo
XIX
de la teoría de
la física. Esa tesis me suena como falsa, pero yo no reclamaría un
conocimiento de experto”,
20
hasta personas que han dicho y escrito
que ojalá yo esté equivocado, como Jeff Biddle.
21
A mí me parece
que la versión de represión de Solow es de hecho la reacción más
común a mi trabajo debido a que la mayoría de los economistas
no conocen nada de la historia de su propia disciplina. Para ellos
la evidencia histórica es esencialmente no pertinente, así como la
historia es igualmente irrelevante para el equilibrio neoclásico y por
lo tanto no les importa. Otro aspecto de la represión es como lo dice
el propio Solow: “bueno yo aprendí posteriormente que utilizaba
matemáticas que también se utilizaban en la física pero yo no creo
que eso significa algo” para después decir algo como: “es la trayec-
toria de menor resistencia”, como si muchas disciplinas hicieran uso
de las mismas matemáticas ya que sería un gran inconveniente cam-
biar de caballo a mitad de carrera. Todo esto me dice que ellos han
alcanzado tal nivel de ignorancia acerca de la tradición económi-
ca, su propia tradición, que se han vuelto insensibles a avergonzarse
de sus declaraciones públicas acerca del sentido y el significado de
sus compromisos profesionales. Ello también ilustra la profunda ig-
bre los determinantes dado que están fundados en fuerzas no-económicas. El equilibrio puede
ser descrito independientemente de los procesos que supuestamente lo ocasionaron, en el
mismo sentido que la propiedades termodinámicas del estado de un sistema son independien-
tes de su trayectoria”, P. Mirowski,
Against Mechanism.
.. op. cit.
,
p. 101.
19
.
La expresión que utiliza Mirowski para describir esta apropiación por parte de la econo-
mía neoclásica es la siguiente: “lock
,
stock and barrel”, en varias ocasiones en sus libros, pero
especialmente
Against Mechanism.
.., op. cit.
20
.
Citado por Mirowski en
More Heat Than Light: Economics as Social Physics, op. cit.
p.
8, cita número 3. (Robert Solow en Bender & Schorske (eds.),
American Academic Culture
in Transition
, Princeton University Press, 1997, pp. 73-4).
21
.
Jeff Biddle, “Roundtable on Jan Golinski’s”,
Making Natural Knowledge
,
Journal of the
History of Economic Thought
, junio de 2001, (23):254.
213
norancia sobre cómo evoluciona el pensamiento científico y no úni-
camente en la economía.
Los economistas neoclásicos parecen no comprender muy bien
qué es lo que está en juego en estos asuntos intelectuales. Ellos pare-
cen pensar que realmente pudo haber sido simplemente un acciden-
te total el hecho de que su modelo se pareciera al modelo en la física.
Esa es un tipo de reacción. Otra clase de reacción a mi trabajo pro-
viene de los físicos. Ellos tienden a aceptar la tesis de que la física
inspiró a la economía neoclásica, pero después tienen problemas
sobre qué hacer con eso.
CM
: ¿Se debe eso sencillamente a que ellos tienden a repetir tareas
sin pensarlo?
PM
: No. Ellos a menudo tienen una relación muy chistosa con este
problema. La semejanza de la economía neoclásica con la física es
algo que ellos advirtieron hace tiempo, pero en algún punto de sus
carreras decidieron que no iban a hacer algo sobre el asunto, enton-
ces se preguntan por qué yo sí abordo la cuestión del tema. Ahora
bien, esa sí es una chistosa reacción. Sin embargo, existen algunos
físicos que no deben lealtad alguna a la economía y a quienes esta
extraña repetición del modelo les es problemática y sienten la nece-
sidad de saber más al respecto, y han escrito desde el lado de la cien-
cia natural. Algunos utilizan la ocasión para criticar a la teoría
neoclásica; aquí pienso en J. L. McCauley, S. Kafandaris,
22
pero otros
sencillamente lo utilizan como una excusa para abogar por una
mayor exportación del modelo de la física moderna hacia la econo-
mía.
23
Pienso que aunque la mayoría de ellos no quiere hablar sobre
el tema, sin duda alguna lo conocen. Le puedo dar otro ejemplo del
significado de las ciencias naturales para la evolución de la econo-
mía: recientemente, en los últimos quince años, se ha contraído de
manera drástica la contratación de físicos en las universidades de Es-
tados Unidos, y un gran puñado de ellos se han movido al área de
las finanzas en particular. La gran presencia de los físicos en la
automatización tecnológica financiera moderna avanzada es muy
notable.
22
.
J.L. McCauley, “The Futility of Utility”,
Physica A
, 1 de octubre de 2000; S. Kafandaris,
“Scarcity’s ways”,
Journal of the Operations Research Society
, mayo de 1999.
23
.
C. Hall
et al.
, “The Need to Reintegrate the Natural Sciences with Economics”,
Bioscience
,
agosto de 2001; W. Saslow, “An Economics Analogy to Thermodynamics”,
American Journal
of Physics
, diciembre de 1999.
Documentos
214
CM
: ¿Eso se debe a los modelos matemáticos que utilizan?
PM
: Bueno así parecería, pero lo que uno descubre es que muchos
de los modelos básicos que ellos utilizan para programar las compu-
tadoras con el fin de automatizar la comercialización, son, de hecho,
modelos de la física. Por ejemplo, la ecuación de los precios de Black
Scholes es la misma ecuación del calor (“heat equation”).
24
El hecho
de que esta ecuación sea la de la termodinámica se admite en la
página 644 del artículo en cuestión. Ellos saben eso. Pero no se quie-
ren preocupar porque sea así. Lo tratan muy a la ligera como una
especie de gran coincidencia: los físicos del pasado tienden a estar
bien versados en ciertas clases de teorías matemáticas, y esas teorías
tienden a ser utilizadas en la economía; por lo tanto, exclaman: “¡qué
bien, simplemente cruzaré y las utilizaré aquí!”. Y además hay muy
pocas personas que quieren desafiar realmente lo que he planteado
—muy pocos— y lo que ellos intentan hacer es sostener que en
alguna parte cometí algún error porque el “neoclasicismo no utiliza
exactamente las mismas ecuaciones que la física”.
25
Bueno pero mi
respuesta es: “Obviamente que las ecuaciones no son exactamente
las mismas en cierta manera”, y así lo digo en
More Heat Than Light:
Economics as Social Physics.
De hecho sucedió que conforme se de-
sarrollaban los modelos neoclásicos en el siglo
XX
, los protagonistas
comenzaron a descubrir que hay ciertas maneras en que los mode-
los divergen de los de la física —y la mayoría de éstas divergencias
tienen que ver con la forma de tratar la restricción del ingreso—
26
y
de hecho las “innovaciones” que se realizan a ese nivel tienden a
crear mayores problemas para ampliar la elaboración del neocla-
sicismo. Lo que algunos críticos hacen es decir que mi tesis debe
estar equivocada debido a que una vez que se compara la física a
24
.
Fischer Black & Myron Scholes, “The Pricing of Options and Corporate Liabilities,”
Journal of Political Economy
, 1973. Allí se lee: “heat-transfer equation of phisycs”. Lo traduje
como “ecuación del calor” siguiendo a Frank J. Blatt, quien dice: “En la práctica, capacidad
calorífica y calor específico son sinónimos”,
Fundamentos de Física,
México, Prentice-Hall
Hispanoamericana, S. A., 1991, nota a pié de página, p. 283.
25
.
Cfr. P R. Marchionatti y E. Gambino on Pareto,
Journal of Political Economy
, 1997; J. van
Daal y A. Jolink on Walras en
Journal of the History of Economic Thought
; 1992; Marcel
Boumans and Cliff Gaddy en Neil de Marchi (eds.),
Non-Natural Economics
, Duke University
Press, 1993; o Donald Walker en el
Economic Journal,
1991, (101):615-31.
26
.
Por ejemplo, véase Hands y Mirowski, “Harold Hotelling and the Neoclassical Dream”,
en
Economics and Methodology: Crossing Boundaries
, editado por Roger Backhouse, D.
Hausman, U. Maki y A. Salanti,
op.cit
.
215
la versión neoclásica moderna “correcta” de la teoría de los precios,
los dos modelos no son exactamente idénticos. Yo no sé cómo reac-
cionar a eso porque yo mismo he dicho que no son exactamente
iguales, y además, la comparación apropiada es con lo que cada
individuo como W. S. Jevons o, L. Walras o, I. Fisher o, V. Pareto
escribieron, y no alguna versión genérica “moderna” del neoclasicis-
mo, o lo que es lo mismo, alguna versión genérica de la mecánica
moderna. Es muy conocido el hecho de que cada uno de los perso-
najes arriba mencionados hicieron comparaciones explícitas de sus
modelos con lo que ellos comprendieron que fue el modelo relevan-
te de la física de su época. Que yo sepa, nadie ha confrontado jamás
la tesis general señalada en mis libros de que las ciencias sociales
en general y, sin duda alguna, la economía en particular, se han natu-
ralizado intencionalmente (en el sentido de estar modeladas sobre
modelos de la Naturaleza) por lo menos en los últimos 100 o 150
años. Es incontrovertible que los modelos naturales, las imágenes
naturales impulsan las estructuras conceptuales más importantes
de nuestras explicaciones de la economía. No he tenido aún una per-
sona que haya intentado confrontar ese tajante hecho de alguna ma-
nera sostenida, y yo encuentro eso sinceramente asombroso. Lo más
cercano que alguien ha llegado al tema es el libro de I. B. Cohen,
Interactions
,
27
pero tiende a quedarse colgado sobre lo que es o no
una “metáfora”. No, el vaivén regulativo de las ciencias físicas sobre
el razonamiento económico es un fenómeno que todavía no se le
ha dado el escrutinio que merece.
CM
: ¿Está dispuesto a generalizar esa idea?
PM
: Sí. Mi argumento para la versión más moderna del análisis
económico neoclásico aparecerá en un libro que está por publicarse:
Machine Dreams: Economics becomes a Cyborg Science
. Una de las
razones que me incitaron a trabajar en este libro, fue que varios his-
toriadores habían escrito que la tesis de la física sobre la que yo había
insistido, pudo haber sido correcta de las décadas entre 1870 y 1920
cuando los economistas neoclásicos de hecho imitaban a la física,
sin embargo, después de la década de 1930, el neoclasicismo cambió
dramática e irreversiblemente, por lo tanto, ya no estaba en al-
gún sentido imitando a los modelos de la física. No es solamente que
27
.
I. Bernard Cohen,
Interactions
,
MIT
Press, 1994.
Documentos
216
ésa sea la percepción común que uno obtiene de las historias como
las de Ingrao & Israel o la de Backhouse, sino que además, es la línea
que se obtiene de uno de los jugadores principales en la estabiliza-
ción de la posguerra de la ortodoxia estadounidense neoclásica:
Gerard Debreu.
28
Desde un inicio pensé que esa línea de razonamien-
to era espuria. Por lo tanto, el propósito del nuevo libro, o sea, el
movimiento regulador de modelos de la Naturaleza, no ha cesado
repentinamente y los neoclásicos para nada han abandonado su en-
vidia de la física. ¿Pero qué fue lo que causó semejante falsa impre-
sión? Las nociones pertinentes de la ruptura deben ser articuladas ya
que hubo cambios dramáticos en las ciencias naturales, especial-
mente alrededor del periodo de la Segunda Guerra Mundial, que
tenían que ver con el surgimiento de la computación y las nacientes
ciencias de la complejidad, y que dichas ideas se habían esparcido
a través de las ciencias naturales, y eso va alguna distancia para ex-
plicar los grandes cambios en el neoclasicismo, especialmente en la
Segunda Guerra Mundial y subsecuentemente, especial en Esta-
dos Unidos.
CM
: El único problema que yo tendría respecto a dicha descripción
es que presumiría de que los científicos sociales estaban al tanto de
los mencionados desarrollos en la ciencia.
PM
: Por eso es saludable hacer historia: se puede localizar la evi-
dencia para hacer la demostración de eso.
29
Por ejemplo, en el libro
(
Machine Dreams.
..
) yo argumento que uno de los lugares princi-
pales donde esto sucedió fue en la Comisión Cowles, que era un
grupo de economistas en la Universidad de Chicago durante el pe-
riodo 1939-1955.
30
Allí no es difícil demostrar el nivel de conocimien-
to íntimo de los recientes desarrollos en las ciencias físicas predo-
minantes: Jacob Marschak, el primer director de investigación, fue
entrenado inicialmente como ingeniero mecánico; Tjalling Koopmans,
el segundo director, era un PhD en física cuántica; Gerard Debreu
fue entrenado en astronomía y física; y el protagonista externo prin-
28
.
Roger Backhouse,
A History of Modern Economic Analysis
, Blackwell, 1986; Bruna In-
grao y Giorgio Israel,
The Invisible Hand
,
MIT
Press, 1990; Gerard Debreu, “The Mathematization
of Economic Theory”,
American Economic Review
, 1991, (81):1-7.
29
.
Cfr. Philip Mirowski, “Cyborg Agonistes”,
Social Studies of Science
, octubre de 1999,
(29):685-718.
30
.
Cfr.
Economic Theory and Measurement: A 20 Year Research Report 1932-52.
Chicago,
Cowles Commission, 1952.
217
cipal que cambió la orientación del proyecto de investigación en
Cowles fue John von Neumann, quién no necesita de introducción,
fue un erudito polimatemático (“polymath”) que hizo todo tipo de
contribuciones a las ciencias naturales, sin mencionar el desarro-
llo de la bomba atómica y la computadora. Si se estudia la formación
de estas personas cuando se crea la versión ortodoxa moderna de
la economía, uno puede encontrar que no fue un accidente que estu-
vieran familiarizados con estas cosas.
CM
: Y obviamente ellos fueron los encargados de evaluar qué
universidad y cuáles proyectos de investigación obtendrían recur-
sos.
..
PM
: El tema de quien iba a financiar la economía matemática
abstracta también fue un factor. Como la Comisión Cowles logró in-
tegrarse con algunos científicos de las ciencias naturales que se
beneficiarían de la noble bondad estadounidense de posguerra que
llovería sobre la física, y subsecuentemente sería apoyada directa-
mente por el patrocinio militar, tuvieron la experiencia de tangibles
beneficios económicos por su fascinación con los desarrollos en las
ciencias naturales. De hecho, la Comisión Cowles fue la primera uni-
dad de investigación en economía de hacer trabajo sobre la energía
atómica y las consecuencias de la guerra atómica.
31
No estoy sugi-
riendo que la Comisión Cowles constituyó la suma total de la econo-
mía neoclásica de la época; incluso, en ese momento, ellos no eran
el grupo dominante, pero subsecuentemente se convirtieron en el
grupo que innovó la versión neoclásica walrasiana que llegó a ser
la versión dominante de la “gran teoría” en Estados Unidos en el pe-
riodo de la posguerra. Como se puede ver es una rica y complicada
descripción histórica y como tal, provoca más preguntas que las que
inicialmente puede responder. ¿De dónde viene esta ortodoxia?
¿Quiénes eran los jugadores principales que la desarrollaron? ¿Qué
tipos de metas tenían en mente? ¿Por qué estaban insatisfechos con
la economía? Ésta es la pregunta realmente crítica, porque explica
sus motivaciones, indica que las versiones más antiguas de la econo-
mía no eran lo suficientemente científicas desde su punto de vista.
Esta era la clase de cosas de las que hablaron y escribieron, que, no
obstante, no han sido lo suficientemente apreciados por sus epígo-
31
.
Sam Schurr
et al.
,
Economic Aspects of Atomic Power
, Princeton University Press, 1950.
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nos. Creo que todas estas cosas se pueden demostrar empíricamen-
te, si sólo nos tomáramos el tiempo para buscarlas. Pero es muy difí-
cil demostrárselo a una profesión que quiere desalojar a la historia
de su currículo, o de cualquier bagaje intelectual con el que está
equipado el economista promedio. Por eso, yo espero que este libro
provoque casi el mismo tipo de reacción que
More Heat Than Light:
Economics as Social Physics.
La evidencia histórica no cambiará la
opinión de muchos economistas. ¿Entonces por qué lo hago? Si estoy
en lo correcto, el punto de fondo es demostrar que podemos com-
prender las fuerzas que gobiernan a la economía ortodoxa moderna
y éstas no concuerdan con las ideas simplistas de que el pensamien-
to económico es un producto directo de los cambios que sufre la eco-
nomía. Nadie “descubrió” la utilidad contemplando el comercio; y
tampoco nadie “descubrió” el Nash equilibrio.
32
Esto nos ayuda a com-
prender cómo lo nuevo en las ciencias sociales se convierte en algo
aceptado, e incluso quizás nos dé alguna base para anticipar hacia
donde va la economía ortodoxa en el futuro cercano. Por ejemplo,
yo pienso que los temas computacionales serán cada vez más im-
portantes, debido a que, como argumento en
Machine Dreams.
..
,
estos fueron una de las principales innovaciones conceptuales, im-
pulsando el surgimiento de esta clase de economía neoclásica muy
particular.
CM
: ¿Dado que mencionó el término, debemos analizar a la econo-
mía neoclásica como un discurso homogéneo con fronteras fina-
mente delimitadas?
PM
: El pensamiento en general no tiene fronteras claramente deli-
mitadas y está en lo cierto al cuestionar esto. Pero es común, la la-
mentación del uso del término “neoclásico” para referirse a algo que
tiene una relación muy tenue con la Economía Política Clásica ingle-
sa. De todas maneras, la pregunta se mantiene: ¿Cómo se reconocían
mutuamente nuestros protagonistas neoclásicos como camaradas en
lucha? En las dos primeras generaciones es fácil ver que fue la imi-
tación de la mecánica clásica el criterio primordial para decidir que
32
.
Se refiere al Nobel Laureate (en economía) y matemático John Nash, quien realizó im-
portantes contribuciones a La Teoría del Juego. Se denomina equilibrio de Nash a una situa-
ción estratégica en la cual ningún actor puede beneficiarse cambiando su elección si el con-
junto de los actores no hacen lo mismo. Para una crítica de los supuestos en la Teoría del juego,
véase P. Mirowski, capítulo 7, P. Mirowski (coord.),
Reconstruction of Economic Theory,
op. cit
.
219
Jevons y Walras y Pareto eran todos abogados de la misma escue-
la de la economía. Estas figuras ciertamente no compartieron puntos
de vista sobre la psicología, ni en epistemología, ni siquiera en tér-
minos putativos sobre la manera como funcionaba el mercado; pero
en un sentido real nada de eso importó mucho. Sin embargo, para
mediados del siglo
XX
, el neoclasicismo va perdiendo sus bien
definidas fronteras.
Permítame dar un ejemplo para explicar lo que entiendo por eso.
El antiguo neoclasicismo es realmente una mecánica simple, la me-
cánica de máximos y mínimos bajo restricción, bien ilustrado por la
mecánica de la bola que rueda al fondo de un tazón. Esa imagen
paradigmática fue traducida al inglés por Lionel Robbins, cuya famo-
sa definición de la economía en la década de 1930 señala que es el
estudio de la asignación de medios escasos a unos fines dados.
33
Despejas el humo y los espejos y eso es sencillamente la mecánica
racional estática. Después de la Segunda Guerra Mundial, es muy
claro que la mecánica está en declive en la cultura en general como
la cima del paradigma en la física. Algo más ha tomado su lugar, al-
go que tuvo sus raíces en la termodinámica, pero que tiende a remo-
delar el mundo bajo la imagen de la “información”; en
Machine
Dreams.
..
, yo llamo a ese conjunto de temas como las “ciencias ci-
bernéticas” (
cyborg sciences
).
34
Eso significa que la definición de lo
que es la economía “neoclásica” ha tenido que cambiar para poder
mantenerse al tanto con estas nuevas “ciencias cibernéticas”. Mi tesis
actual es precisamente que eso es lo que sucede en la última mitad
del siglo
XX
en la economía. La asignación estática, una vez pasado
el orgullo de estar en el primer lugar, ahora está en el último como
la característica distintiva del argumento neoclásico. Hoy se puede
leer en la mayoría de las revistas ortodoxas en economía neoclásica,
los artículos sobre la asignación estática como anticuados, casi
obsoletos; en su lugar, se observa que lo publicable son artículos de
la Teoría del Juego, de información asimétrica, sobre la incertidum-
bre y el riesgo moral, así como los de las expectativas racionales. Lo
que comparten en común es la imagen del agente económico como
un procesador de información.
33
.
An Essay on the Nature and Significance of Economic Science
, Londres, MacMillan, 1940.
34
.
Podemos decir que etimológicamente viene de la conjunción de la cibernética y
organismo.
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220
CM
: Pero con el agente neoclásico supuestamente estamos li-
diando con una entidad estable que debe elegir entre sus opciones.
..
PM
: Pero eso es precisamente mi argumento: el proyecto de la Co-
misión Cowles fue el de reconciliar la imagen previa de la optimiza-
ción estática con la nueva concepción del procesador de información.
Ahora bien, la caracterización del agente que surge de este proyecto
no es un procesador de información pleno y acabado. Un procesador
verdadero de la información está mucho más modelado sobre cierta
configuración de la computadora y su estructura. El neoclasicismo
tiene todavía que aventurarse plenamente hacia dicho sendero, pero
está llegando allí lentamente. El neoclasicismo es una especie de
teoría equivocada y en transición que imagina al agente como una
computadora de utilidades, como si fuese una entidad computacional
y así en adelante. De hecho pienso que lo que es inestable es esta
noción híbrida muy extraña de computadoras finitas, que pueden
calcular su camino a través de posibilidades infinitas inefables.
CM
: ¿No están intentando reproducir el “calculador supersónico”
(
lighting calculator
) del cual se mofaba T. Veblen?
35
PM
: No en la medida en que han sido realmente influenciados por
los temas de las limitaciones de los procesadores de información del
siglo
XX
. Lo interesante es que se piensan a sí mismos realizando ese
calculador ideal de la utilidad haciéndolo más realista: el que pueda
enfrentar la incertidumbre y los problemas estratégicos, tomando en
consideración lo que el rival piensa, etcétera. Yo me imagino que
si se habla con un neoclásico, él dirá que ellos están abriendo su mo-
delo. Desde el punto de vista de mi argumento, esto es más bien una
reacción tardía de una generación y con el conocimiento mínimo de
estos desarrollos en otros lugares de la cultura, especialmente en las
ciencias. Por lo tanto, en última instancia argumentaría que los temas
computacionales cada vez más impregnan esta versión del neocla-
sicismo, pero lo que sucede es que esta versión híbrida del neoclasi-
cismo cada vez se vuelve más contradictoria. Por ejemplo, la com-
prensión neoclásica de la racionalidad acotada (
bounded
)
36
es una
comedia de errores. Eso no significa que ellos deben dejar a un lado
la venerada antigua tradición de Walras, Pareto, etcétera; pero su
35
.
Entre otros, por ejemplo:
The Place of Science in Modern Civilization and Other Essays
,
Nueva York, Viking, 1942.
36
.
Por lo general la tesis de la racionalidad acotada se identifica con la obra de H. Simon.
221
proyecto es contradictorio en el siguiente sentido: habiendo termi-
nado la Segunda Guerra Mundial se demostró que gran parte de la
teoría de la elección racional no es de hecho computable, esto es un
término técnico de la teoría del cómputo.
37
No se puede fingir que
estos agentes neoclásicos son las computadoras si lo que represen-
tan que están haciendo no puede ser computable. Este es un proble-
ma que surgirá. Si observa el efecto de la computadora en la psicolo-
gía moderna; la ciencia cognitiva (
cognitive science
) argumenta que
la gente no sabe realmente lo que quiere o la mejor manera para
obtenerlo; se afirma que tienen una racionalidad acotada (
bounded
).
Ahora bien eso comienza también a socavar las ambiciones conven-
cionales del agente neoclásico. Lo que sucede es que la tentativa de
recuperar esta tradición neoclásica más antigua junto con la versión
posterior computarizada termina con este inestable híbrido, que no
se ajusta muy bien.
CM
: Usted parece tener claridad acerca de dicho híbrido inestable,
pero la profesión neoclásica no parece reconocer este fenómeno
teórico…
PM
: Depende de quienes decimos que son “ellos”. Otra ventaja
de hacer historia es que se puede ser muy preciso acerca de quién y
cuándo alguien se ha percatado de algo. Y el libro
Machine Dreams.
..
cubre varias de estas figuras críticas, como Michael Rabin,
38
Herbert
Simon,
39
Gerald Kramer,
40
Kenneth Binmore,
41
Alan Kirman,
42
Kurus-
37
.
Diremos que Mirowski alude al hecho de que cuando un problema tiene solución es
computable, es decir, cuando las posibles soluciones a una situación o acción dada están
inscritas en el algoritmo en cuestión, incluso en el sentido de decir, que “no tiene solución”;
de lo contrario si es necesario seguir calculando alternativas para buscar una solución, se dice
que no es computable. Más allá de este contexto, D. Berlinski ha dicho que “la intención de
incorporar toda la matemática bajo control algorítmico ha alcanzado la paradoja conclusión
que ciertos problemas son insolubles por medios algorítmicos. [.
..] Cualquiera que sea su natu-
raleza, las funciones no computables sirven para indicar ciertos límites intelectuales, lugares
más alllá en el cual los artefactos humanos —¿y qué es un algoritmo si es que no es un artefacto
humano?— pierden su poder de coordinar y controlar eventos”,
The Advent op. cit
., pp. 211
y 213.
38
.
Cfr. Michael O. Rabin, “Automata on Infinite Objects and Church’s Problem”, Providence,
R.I., publicado para la Conference Board of the Mathematical Sciences por parte de la Ame-
rican Mathematical Society,
USA
, 1972.
39
.
El Laureado Nobel en economía.
40
.
Cfr. Gerald Kramer, “A Dynamic Model of Political Equilibrium”,
Journal of Economic
Theory
, 16, 1977.
41
.
Cfr. K. G. Binmore,
Essays on the Foundations of Game Theory
, Cambridge, Mass., 1990.
42
.
Cfr. A. P. Kirman y D. Sonderman, “Arrow’s Theoreom, Many Agents, and Indivisible
Dictators”,
Journal of Economic Theory
, 5, 1972.
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222
wamy Velupillai,
43
Marcel Richter.
..,
44
De hecho ha habido un núme-
ro considerable de personas que entiende en mayor o menor medida
dicha inestabilidad. Y existe una persona en particular, injustamen-
te no muy reconocida, pero a quien espero el libro le dé su debido
lugar: se llama Alain Lewis. Su trabajo es por mucho el de mayor
sofisticación que he encontrado en este género.
45
No soy el único
que lo dice. Pero entonces el relato llega a ser aún más fascinante.
No sólo la imagen del agente neoclásico como un procesador de in-
formación es intrínsecamente inestable, sino también lo que man-
tiene juntos a todos esos investigadores en una sola disciplina pro-
fesional. Lo que digo es ¿qué significa otorgar un año el Nobel a
Herbert Simon y el próximo año a Robert Lucas? ¿Acaso A o no A
puede ser verdadera simultáneamente? Esa gente era tan opuesta la
una de la otra, que de hecho, Lucas ayudó a exiliar a Simon del De-
partamento de Economía cuando ambos trabajaban en la Universi-
dad de Carnegie Mellon. Como puede ver, apreciar las batallas en
el campo es una de las funciones primordiales de la historia. Des-
de el exterior, al principiante, el neoclasicismo aparece como una
entidad monolítica, una sola perspectiva e inexorable. Los libros de
texto lo presentan de esa manera. Pero desde el interior, se ve que
va en diez distintas direcciones al mismo tiempo y muchas de éstas
no están controladas simplemente por las implicaciones lógicas de
ciertas doctrinas económicas. Las personas verdaderamente flexi-
bles pueden apreciar que están determinadas por todas las presiones
de la profesión económica desde el exterior así como de las presio-
nes intelectuales al interior.
CM
: Mencionó a los militares. ¿Dónde encaja el ejército en todo
esto?
PM
: Bueno esa historia también es un cuento magnífico. Yo estoy
dispuesto a argumentar que si usted estuviese viviendo en la década
de 1930 y alguien le dijera: “¿Obviamente la economía está en graves
43
.
Cfr. Kumaraswamy Velupillai,
Computable economics: The Arne Ryde Memorial Lectures
,
Nueva York, Oxford University Press, 2000.
44
.
Cfr. M. K. Richter, “Coalitions, Core and Competition”,
Journal of Economic Theory
, 3,
1971.
45
.
Alain Lewis, “On Effectively Computable Realization of Choice Functions,”
Mathematical
Social Science
, 1985, (10):43-80;
ibid
. “Some Aspects of Effectively Constructive Mathematics
that are Relevant to the Foundations of Neoclassical Mathematical Economics,”
Mathematical
Social Sciences
, 1992, (24):209-35.
223
problemas de dónde vendrá la salvación?” y usted habría respondido
que dicha salvación vendría de elevar la competencia matemática
del economista promedio neoclásico, familiarizándolo con los bue-
nos puntos de la topología y de la programación lineal y después
hacerlos realizar una gran cantidad de regresiones para implementar
mejor las investigaciones empíricas, lo habrían corrido a carcajadas
de la habitación. Nadie habría creído que ese resultado ganaría una
multitud de adherentes. Pero eso fue precisamente lo que la Comi-
sión de Cowles logró realizar en Estados Unidos. ¿Cómo sucedió? La
historia que describo en el libro es que todo dependía de con cuál
de los sectores del gobierno se aliaban las distintas escuelas de la
economía. Los economistas institucionalistas realizaron ciertas alianzas
equivocadas para la década de 1930. El institucionalismo se había
alineado con el gobierno estadounidense, pero sólo en ciertas ma-
neras limitadas. Por ejemplo, Wesley Clair Mitchell
46
había alineado
sus investigaciones con el Departamento del Comercio, responsable
de elaborar las cuentas del ingreso nacional, por lo cual había reci-
bido apoyo substancial del gobierno al institucionalismo por medio
de subsidios de la Oficina Nacional de Investigación Económica (Na-
tional Bureau of Economic Research). Los adherentes del neoclasicis-
mo estadounidense no tenían un equivalente hasta por lo menos la
década de 1940; fue entonces cuando la Comisión de Cowles hizo
su primera alianza con el ejército. Las alianzas se construyeron en
gran parte por medio de la Corporación Rand (Rand Corporation),
pero incluso el
MIT
y las escuelas de Chicago tenían sus propios cana-
les de subsidios por parte de los militares. En resumen, lo que acon-
teció fue que el ejército llegó a convencerse, a través de una serie
de extrañas circunstancias, que necesitaría algo que llamó la “teo-
ría de la decisión” (
decision theory
) e “investigación de operativos”
(
operatives research
), para ayudarlo a administrar el ejército y la fuer-
za aérea. Estas áreas de investigación se nutrieron y fueron desarro-
lladas con la ayuda de algunos economistas de la Comisión Cowles,
tales como Tjalling Koopmans, Kenneth Arrow y Andrew Marshall.
Por lo tanto, el primer apoyo de peso a este elevado tipo de neoclasi-
46
.
Prolífico autor, cabe mencionar dos de sus clásicos:
Business Cycles the Problem and its
Setting,
Nueva York, National Bureau of Economic Research, 1927; y
Business Cycles and their
Causes,
Berkeley, California, University of California, 1963.
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224
cismo teórico, vino en realidad del ejército en el periodo inmedia-
tamente después de la posguerra.
CM
: Obviamente ellos derrotaron eventualmente a sus adversa-
rios.
PM
: Así es, uno de mis argumentos en el libro al que nos hemos
estado refiriendo es que con quien uno se alinea como su patrón
puede hacer una gran diferencia para la evolución de la ciencia. Los
institucionalistas se alinearon con una parte del gobierno que no
crecería mucho en términos de la magnitud del financiamiento de
la ciencia y apoyo para facilidades educativas. La mayoría de la gente
que investiga la historia de la ciencia sabe que esencialmente toda
la ciencia norteamericana fue militarizada durante la Segunda Gue-
rra Mundial. Burdamente, los economistas neoclásicos saltaron al
vagón correcto (
bandwagon
)
47
en el debido tiempo. Se puede ver
en los registros de la Comisión de Cowles, que por esa época hasta
1946, tenía que vérselas con donativo anual de 25
,
000 dólares por
parte de Alfred Cowles, comparado con el subsecuente tamaño de
su presupuesto que se va por encima de los doscientos mil dóla-
res en dos años. Después de eso sin más límite que el cielo. Se habían
encontrado finalmente a un patrocinador que quería comprar lo
que ellos estaban haciendo. Todas estas cosas son muy importantes
para comprender el ascenso del pensamiento neoclásico en la Nor-
teamérica de la posguerra.
.
CM
: Me interesa la noción que usted desarrolla de que nuestras
explicaciones tendemos a buscarlas allí donde parecen surgir de la
naturaleza. Usted hace la referencia a la tesis encontrada en Mary
Douglas y Emile Durkheim para explicar la reverencia que tenemos
hacia “la naturaleza” gobernada por leyes.
PM
: Uno puede acercarse de varias maneras a esta fascinación ge-
neral a la naturaleza por parte de la ciencia social moderna. Una ma-
nera sencilla es notar la neurosis de cada científico social con la du-
da si ella o él merecen el título “científico” o no. Pero el problema
es mucho más profundo. Existen regularidades conceptuales en la
47
.
Vale la pena subrayar que se trata de una elección oportuna, de ser parte de los victorio-
sos; por ejemplo, en proceso de elecciones también se habla del “efecto bandwagon”, “es
decir, la tendencia o la inclinación de los electores para decantar su voto hacia candidatos que
aparezcan como claros favoritos”, Morton D. Davis,
Introducción a la teoría de los juegos
,
Madrid, Alianza Universidad, 1986, p. 18.
225
cultura occidental moderna sobre cómo y cuándo ciertas explicacio-
nes se aceptan como satisfactorias. Entre paréntesis, a diferencia de
Durkheim y Mauss, yo no reclamaría esto como igualmente verda-
dero de todas las culturas. En todo caso, ahí el argumento es que la
gente no reconocería el mundo natural como inteligible, a menos
que ellos no vean en ella una muestra de algo que pudieran recono-
cer en su propia experiencia social. Por lo tanto, una parte del relato
de Durkheim, Mauss, Douglas
48
es que esa experiencia social está
proyectada hacia teorías del mundo natural, y la otra parte, es que
las ideas del control y del orden se toman de nuestras imágenes del
mundo natural y retrotraídas hacia el mundo social. Incluso hasta
para creer que el pensamiento social podría tener algún efecto obli-
ga a la gente a que compare los fenómenos sociales al de los fenó-
menos naturales; no creo que uno tenga otra salida. Creo que esto
es un patrón regular en el desarrollo del pensamiento social occiden-
tal, por lo menos en tiempos modernos. No es solamente envidia de
la física, que es sólo un malestar muy reciente; creo que es algo mu-
cho más complejo que eso. Nos parecería profundamente insoste-
nible creer que se descubriría la existencia de estructuras de orden
sobre nuestra vida social si no las comparáramos con el tipo de orden
que creemos que existe en el mundo natural. Por ello sugiero que
la historia del pensamiento social occidental es una incesante histo-
ria dialéctica del traslape (“conflation”) de la naturaleza y de la socie-
dad. Las separa y al mismo tiempo las confunde.
CM
: Permítame traer a colación a Lévi-Strauss
49
porque él piensa
que existe una frontera infranqueable o una división entre la natura-
leza y la cultura, ¿se trata de eso?
PM
: Yo no estoy de acuerdo con Lévi-Strauss…
CM
: En última instancia él piensa que la estructura del cerebro obe-
dece a una oposición binaria.
..
PM
: Sin embargo, inmediatamente está intentando reificar la dis-
tinción haciéndola natural. ¡Eso me parece capturar plenamente la
48
.
Cfr. M. Douglas,
Natural Symbols
, Londres, Barrie & Jenkins, 1970; E. Durkheim, M.
Mauss,
Primitive Classification,
Londres, Cohen & West, 1969.
49
.
Por ejemplo, su texto clásico de la década de 1940:
Las estructuras elementales del
parentesco,
Barcelona, Paidós, 1991; y
más reciente
El pensamiento salvaje,
México,
FCE
, 1964.
Al respecto puede verse C. Mallorquín, “El inconsciente en Lévi-Strauss” en ¿
Metodología o
ciencia social?
, Asunción, Paraguay, Editorial Cuadernos Republicanos, 1996.
Documentos
226
ironía del predicamento: de hecho, la naturaleza y la sociedad cons-
tituyen estos polos inestables en el discurso occidental, tal es así que
parece extremadamente satisfactorio para un conjunto de pensado-
res mantener que son realmente diferentes, y para un segundo con-
junto de pensadores, resolver la tensión perceptible mostrando que
en realidad ambos son lo mismo!
CM
: Se me ocurre sugerir la siguiente analogía, quizás fuera de lu-
gar, para seguir apenas esta línea del argumento. Hace muchos años
leí un libro importante
The Great Chain of Being.
..
50
PM
: Sí, el de Arthur Lovejoy…
CM
: Allí en la historia que desarrolla Lovejoy, menciona al autor
“del primer movimiento” o Dios y su presencia a través del pensa-
miento occidental. ¿Pensando acerca de esta historia no estaríamos
repitiendo los mismos pasos, sólo que sustituyendo a “Dios” por el
de “Naturaleza”, sustituyendo al autor “del primer movimiento”, y
llamándolo “naturaleza”?
PM
: Pienso que en cierto sentido esto tiene un patrón muy antiguo
—esta sería incluso la opinión de Durkheim y Mauss— pero sólo
puede tomar ciertas formas en el contexto moderno. La razón por
la cual insisto sobre esto es que las ciencias naturales ahora juegan
un papel importante que de ninguna manera lo pudieron haber he-
cho para los primeros tiempos descritos por Lovejoy. Lo que sucede
ahora es que los que están conscientes de los más recientes y exci-
tantes desarrollos de la ciencia natural, aparecen liderando la inter-
pretación de cómo debe estar representada la sociedad. Los clérigos
no tuvieron un papel similar en la reconstrucción de Dios. Eso es
algo nuevo. ¿En el periodo inmediato de la posguerra, cuál era la
fuente primaria de la verdad novedosa? Era la física. Sin duda alguna.
Muchos físicos se enorgullecían por su agnosticismo y su fervor anti-
teológico. La gente generalmente asociaría a la física con un acceso
privilegiado a la verdad última del universo. Eso en sí mismo ya ha
cambiado en los últimos veinte años. La física ahora está en un
periodo de calma, y la fascinación cambió hacia las ciencias bioló-
gicas. De vez en cuando una ciencia natural diferente aparece y
avanza a un lugar de predominio según lo que en la cultura se tome
por ciencia. ¿Pero una vez que eso queda establecido adivine qué?
50
.
Harvard University Press,
USA
, 1964.
227
Debe aparecer en las ciencias sociales casi inmediatamente. En
el periodo inmediato después de la Segunda Guerra Mundial, quien
pensara que la economía evolutiva era interesante, era una entidad
desconocida en la comunidad de la economía norteamericana. Y de
repente, al inicio de la década de 1980, incluso los neoclásicos or-
todoxos piensan que están realizando alguna clase de la econo-
mía evolutiva.
51
Desde mi punto de vista, esto es sencillamente otro
ejemplo del fenómeno donde ciertas ciencias vienen a dominar la
agenda cultural, y que inmediatamente se muestra en un movimien-
to de innovación teórica en las ciencias sociales, no solamente en
la economía.
CM
: Si no fuera por los ejemplos históricos específicos, alguien
quizás diría que usted es sencillamente un neo-hegeliano, propo-
niendo que existe algo que está moviendo la historia a espaldas de
los hombres, aunque yo no lo crea así.
..
PM
: El problema con esa manera de clasificar lo que hago es que
hace extremadamente difícil hablar de manera coherente sobre cual-
quier tipo de movimiento cultural amplio en el discurso occidental,
debido a que casi todos quieren reducirlo a pensadores individuales
y sus elecciones. Pero es cierto que hago argumentos que no depen-
den de los pecadillos o idiosincrasias de alguna persona específica.
Aunque por supuesto en algún sentido cada propuesta científica
se hace por un ser humano discreto en particular. Pero las maneras
en que se echan a andar en la matriz cultural no dependen de ser en
particular. De hecho, uno empieza a ver qué tan poco imaginativa
puede ser la mayoría de la gente cuando analizas su trabajo bajo el
vaivén de los grandes movimientos culturales. Por lo que en cierto
sentido se puede decir que una justa proporción de la gente en mi
narrativa es apenas un peón circulando en torno a juego mucho más
grande. Y a mí me gustaría que más investigadores analizaran la for-
mación de la gente que se cree fue responsable de las innovaciones
de la época en la economía. Uno encuentra que ellos estaban por
lo menos marginalmente enterados y medio familiarizados de lo que
sucedió en previas disciplinas de las ciencias naturales. Por ello, lo
51
.
Se me pasó preguntar, pero ¿no estaría Mirowski aludiendo al libro de R. R. Nelson y
S. G. Winter,
An Evolutionary Theory of Economic Change
, Cambridge, Massachusetts e
Inglaterra, The Belknap Press of Harvard University Press, 1982. Véase su crítica al mismo en
el capítulo noveno de
Against Mechanism.
.., op. cit.
Documentos
228
que ha estado sucediendo por más de un siglo es que una plétora
de metáforas y matemáticas han estado circulando entre disciplinas.
CM
: ¿Cómo debemos pensar acerca de la batalla que perdió el mo-
vimiento institucionalista del primer tercio del siglo
XX
? ¿Cómo po-
demos avanzar? ¿Y cómo puede comparar usted su institucionalismo
con las tendencias del pasado?
PM
: Para ponerlo burdamente, la razón primordial del porqué los
institucionalistas perdieron no se debió a que ellos no eran lo sufi-
cientemente científicos, es más bien que la imagen de la ciencia
por la cual abogaban era muy anticuada para ese entonces. Leemos
a gente como Morris Copeland y Frederick Mills y al mismo Veblen:
ellos también observaban las ciencias naturales, pero su com-
prensión de lo que las ciencias naturales les decía no tenía mucha
semejanza con lo que los propios científicos naturales pensaban que
estaban haciendo y eso fue realmente la raíz del problema. Los neo-
clásicos de Cowles llegaron a la cima porque ellos realmente reclu-
taron de manera exitosa a gente de las ciencias naturales y colabo-
raron con científicos naturales famosos como von Neumann. Sus
declaraciones acerca de lo que la ciencia demandaba fue conside-
rada mucho más creíble tanto para la cultura en general como para
otros científicos.
¿Qué dice eso acerca del futuro de institucionalismo? También ha-
blo acerca de ello en
Machine Dreams.
..
Sea como sea que se eva-
lúen sus deficiencias, yo no creo que en nuestra época podamos
escapar de la dominación cultural por parte de las ciencias naturales.
Esto se puede observar en eminentes economistas modernos institu-
cionalistas como Geoffrey Hodgson.
52
Para ponerlo quizás demasia-
damente crudo, Geoff piensa que debemos saltar, con todo el co-
razón al vagón (
bandwagon
) de la biología. Yo en lo personal no
creo que eso es lo que triunfará. Mi argumento es básicamente que
existe una clase de institucionalismo posible imaginado periódica-
mente por una colección heterogénea de gente relacionada espe-
cialmente con el desarrollo de la teoría computacional, que en
absoluto fue alentada por el ascenso de la ortodoxia de Cowles. Per-
52
.
Cfr. G. Hodgson,
Economics and Evolution,
The University of Michigan Press, 1996;
Evolution and Institutions
,
Edward Elgar Publishing Limited, 1999; véase mi entrevista:
“Geoffrey M. Hodgson y la economía institucionalista”,
Este País,
marzo de 2001 [8 de sep-
tiembre de 2000], pp. 28-34.
229
mítame definirla muy brevemente como un conjunto de lemas: En
primer lugar, los institucionalistas deberían dejar de convertir todo
en instituciones. Cuando cualquier cosa puede ser una institución,
nada es una institución. En segundo lugar, los institucionalistas de-
ben adoptar la posición de que el papel de una economía institucional
deberá ser el de modelar y teorizar los mercados, no “el mercado”,
o el “mercado” como un fenómeno unificado (eso es el neoclasicismo),
sino mercados como una multiplicidad con maneras diferentes de
producir los precios y las cantidades. Los mercados son las institu-
ciones que los economistas deben esforzarse en entender. Tercero,
pienso que esos mercados deben ser teorizados explícitamente co-
mo algoritmos; en otras palabras, en lugar de considerar al agente
como un procesador de información, conceptualizar el merca-
do como el procesador de información. ¿Ahora bien, qué podría sur-
gir de esta definición diferente de la economía institucional? Toda
clase de implicaciones para resistir el individualismo metodológico
en la teoría económica, algo que yo presumo que el institucionalismo
tradicional aprobaría; además, argumentaría que, por necesidad,
deberá ser evolutivo, pero en el sentido siguiente: no imitando a Dar-
win (aquí otra vez yo difiero de Geoff Hodgson), sino proponiendo
una economía evolutiva en el sentido de que los mercados de mayor
complejidad computacional evolucionan a partir de mercados de
menor complejidad. De hecho esta concepción está mucho más
cercana a la de J. von Neumann sobre la evolución de los autóma-
tas.
53
Los mercados son los portadores de la inercia y de las entidades
que han evolucionado y los ambientes en los que se ha dado esta
evolución son grupos de personas. Por lo tanto, no se toma a la gente
como las unidades fundamentales del análisis, se examinan como el
trasfondo contra el cuál evoluciona la entidad.
54
Eso invierte la idea
convencional de lo que ahora se entiende por economía evolutiva.
Así como la biología y su tradición no teoriza el ambiente si no que
teoriza el vehículo de la evolución, por lo tanto, pienso que esa eco-
nomía evolutiva institucional debe teorizar los mercados como una
entidad evolutiva.
53
.
Un mecanismo que funciona por sí mismo, un robot.
54
.
Véase también Niklas Luhmann,
Sociedad y sistema: la ambición de la teoría
, Madrid,
Paidós, 1990, pp. 86-87 y 104.
Documentos
230
CM
: Usted menciona los algoritmos. ¿Pero en los algoritmos no se
puede hablar realmente de “elección”, o sí?
PM
: Vea, ese es otro problema, pienso que la “elección” es una es-
pecie de notación para el pensamiento neoclásico de la posguerra.
Por lo tanto ahora todo es una elección, “la libertad” es una elección,
la racionalidad es la teoría de la decisión, etcétera. La razón por la
cual yo defiendo una alternativa es que estoy convencido de que
tenemos que alejarnos de ese lenguaje de la elección.
CM
: ¿Pero entonces no se está de vuelta con “la familia”, “el indivi-
duo” o alguna otra entidad como el agente de “la elección” y la de-
cisión cuando hablamos acerca de algoritmos?
PM
: No, en absoluto, y esa es la belleza del algoritmo. ¿Ha leído
usted el artículo de Gode y Sunder sobre agentes de inteligencia de
cero?
55
Es una hermosa demostración de que muchas de las regulari-
dades del mercado que a menudo son atribuidas a la racionalidad
de los agentes pueden demostrarse que son un artefacto de las reglas
algorítmicas del formato de la subasta. La distinción verdadera está
en analizar mercados como algoritmos por sí mismos y analizar la
mente individual como un procesador de símbolos algorítmicos. Si
en cambio se toma la línea que propongo, entonces se va hacia la
dirección que opta por no especificar la naturaleza de la mente. De
hecho, en lo personal, dudo que los economistas aporten alguna
contribución duradera a la ciencia cognitiva de todos modos, de ahí
que sea honesto y abierto al respecto.
CM
: Estoy preocupado de recuperar una antigua controversia de
la década de los setenta, que crudamente hablaba de una “estructura
sin sujeto”, una antigua fórmula althusseriana para pensar una totali-
dad social que se reproduce sin un sujeto. Me preocupa retornar a
dichas tonterías. Y por otra parte usted habló acerca de “mercados”,
y la mayor parte del vocabulario proviene de pensar en mercados
bien desarrollados, de una economía dominada por relaciones mer-
cantiles. Pero yo asumiría que un mercado es mucho más que eso.
Por ejemplo mercados donde los intercambios se hacen por trueque
o mecanismos diferentes. ¿Estos acaso no serían clasificados como
“mercados”?
55
.
D. Gode & S. Sunder, “Allocative Efficiency of Markets with Zero Intelligence Traders,”
Journal of Political Economy
, 1993, (101):119-137.
231
PM
: La “estructura sin un sujeto”. Dos reacciones a eso. Primera:
siento y es algo que desarrollo en
Machine Dreams.
..,
que las cien-
cias cibernéticas (
“Cyborg sciences”
), tienden a desarrollar por sí
mismas estructuras sin agentes”. ¿Por ejemplo, qué otra cosa es la in-
teligencia artificial? Supuestamente la inteligencia artificial es la
construcción de una máquina que piensa. Una “estructura sin sujeto”
par excellence
, y eso se observa una y otra vez en la ciencia a finales
del siglo
XX
. No es apenas Althusser, o unos cuantos filósofos per-
didos, es la ciencia del siglo
XX
la que de manera reiterativa produce
esas nociones. Y esa es una parte inexpugnable de nuestra herencia
cultural.
Segunda: En todo caso no le temo por las siguientes razones. Cada
vez que hago mi presentación, exponiendo teóricamente mi versión
de institucionalismo, lo primero que dice la gente es: “¿espere un mi-
nuto: es que allí realmente hay gente, no cree usted que existe algún
tipo de elección entre diferentes mercados por parte de la gente?”
Y yo no encuentro alguna razón de peso para resistir eso. Los
teóricos sociales están siempre impulsados por querer reintroducir
al agente en la estructura. Lo que le falta a la economía institucional
es una teoría formal de la estructura, que separe de manera preli-
minar al agente con el propósito de analizar formalmente los algorit-
mos del mercado. Y eso es lo que yo hago.
CM
: Nuevamente insistiría en el tema de la especificidad del mer-
cado. Es el término el que me preocupa. Si usted utilizase otro
término estaría de acuerdo, ya que puede significar relaciones del
intercambio y/o de reciprocidad, un mecanismo del intercambio sin
relaciones mercantiles, aunque sin la estructura de los mercados
modernos.
..
PM
: Pero yo sí estoy de acuerdo. Esto es la otra cosa que debería
salir del programa de la economía institucional. Insisto en la idea de
que existen muchas clases diferentes de mercados caracterizados
por una gran variedad de reglas y tradiciones y prácticas culturales,
etcétera. Insisto en la diferencia explícitamente en analogía con la
antigua biología evolutiva. Antes, la biología en el siglo
XVII
usaba
como su tema primario el carácter genérico de “vida”, y teorizar acer-
ca de lo que toda vida tiene en común, pero eso no fue eficaz y no
llegó a nada; cuando comenzó a teorizar acerca de organismos espe-
cíficos y diversos, los investigadores se dieron cuenta de que ellos
Documentos
232
necesitaban una historia natural de los organismos. Era insuficiente
salir a observar a los organismos contemporáneos, aunque formara
parte de eso; los biólogos tenían que conocer cuáles habían sido las
relaciones entre organismos en el pasado para explicar la amplitud
de la diversidad actual. Por consiguiente, la historia natural se con-
vierte en la parte integrante de la parte inicial del desarrollo de la
biología evolutiva. Algo que no tiene la economía institucional con-
temporánea es una historia natural de los mercados. No existe la no-
ción de filogenia del mercado: de que un conjunto de estructuras
probablemente hizo posible el surgimiento de un grupo diferente de
estructuras, que era el producto de la diferencia con una modifica-
ción. Y una vez que tengamos una historia natural de los mercados,
entonces podremos resolver los problemas a los que usted alude,
sobre antiguos formatos de intercambios.
Obviamente no digo que el enfoque algorítmico trata únicamente
de los mercados automatizados de manera computarizada, como la
bolsa de valores, sino que, en su lugar, procuro hacer preguntas his-
tóricas tales como: ¿Deben remoldearse en algoritmos los sistemas
de parentesco que se superponen a las relaciones de reciprocidad?
O, ¿cuándo aparece el primer mecanismo del precio fijo anunciado
y por qué? En Europa Occidental su aparición es muy reciente, en
en el
XVIII
urbano. ¿Y qué formato era el previamente dominante?
Todas esas preguntas pueden ser replanteadas en el idioma de algo-
ritmos, aunque no parecen del todo muy computacionales; aún cuan-
do existe el formato de negociación cara a cara no estructurado, in-
cluso allí sabemos que subsiste una justa proporción de restricción
y de estilización de cómo deberán interactuar los diferentes papeles.
Eso es también un algoritmo.
CM
: Para finalizar ¿en qué trabaja actualmente?
PM
: Wade Hands
56
y yo hemos estado trabajando en un libro sobre
la historia de la teoría de la demanda neoclásica, cubriendo más
o menos el periodo entre la segunda generación de la economía
neoclásica que cierra
Machine Dreams.
..
, y que culmina a fines de
la década de 1960. La idea central es que el intento de fortalecer una
56
.
Libros recientes:
Reflection Without Rules: Economic Methodology and Contemporary
Science Theory
, Cambridge University Press, 2001;
The Handbook of Economic Methodology
,
coeditor con John Davis and Uskali Mäki, Edward Elgar, 1998.
233
“ley de la demanda” básica, debe considerarse como un programa
de investigación paralelo y potencialmente irreconciliable
vis a vis
la economía neoclásica. Nuestra narrativa comenzará en las prime-
ras décadas del siglo
XX
, con numerosos economistas buscando una
teoría científica de la demanda que pueda implementarse. Algunas
versiones desaparecieron y otras parecieron encontrar obstáculos
insuperables, cuando se evalúan desde el ventajoso punto de vista
de los objetivos de los que lograron ser vencedores. Desde nuestro
punto de vista, la segunda guerra mundial fue el punto crucial en esta
historia, porque no fue una, sino
tres
escuelas de la teoría de la de-
manda que lograron alojarse dentro del contexto académico de la
posguerra y como tal, conjuntamente constituyeron lo que se con-
virtió en la ortodoxia neoclásica.
Uno de los aspectos novedosos de nuestro análisis será insistir
en que los neoclásicos derrotaron a sus rivales en la escena norte-
americana debido, no a su adherencia sistemática a un conjunto de
principios monolíticos, sino que lograron mantener las versiones
opuestas de la teoría de los precios en una simbiosis saludable. Ilus-
traremos esta afirmación con señalamientos matemáticos técnicos,
evaluación de ejercicios empíricos y los compromisos políticos y
epistemológicos que asumen los mayores protagonistas. Otro as-
pecto de este volumen que lo separa del común, es nuestra insisten-
cia sobre el precepto de que consideraciones metodológicas y de
“contenidos” no se pueden mantener separados si es que uno quiere
comprender el surgimiento de la dominación de la teoría neoclásica
de los precios, y que esa adherencia escrupulosa a la consistencia
no ha sido uno de los puntos culminantes de la teoría ortodoxa de
la demanda. La narrativa llegará hasta más o menos el surgimiento
del domino de la Teoría del Juego en la profesión norteamericana.
CM
: Muchas gracias.
Documentos
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