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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Presentación
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X
Presentación
La intolerancia que destruye a la tolerancia legítima
no puede ser tolerada
H
ERBERT
M
ARCUSSE
N
o hay duda que llegamos a un exhausto fin de década. Se inicia, ésta,
con el 11-S (lo que se ha traducido en dos guerras –de la Afganistán
talibán al Iraq de Hussein– y en el enfrentamiento con el nuevo agente
del mal en turno: el terrorismo internacional); continúa con diversos desastres
naturales (de los tsunamis asiáticos al calentamiento global; de los huracanes
a los terremotos caribeños); pasa por el deceso del más carismático Papa de
los últimos tiempos (antecedido y continuado por escándalos de índole sexual
que han hecho de la Iglesia, otrora impermeable, blanco de críticas a su po-
der, investidura e influencia no vistos desde Lutero); alcanza la elección del
primer presidente afroamericano en la historia de EEUU (y la ‘pesadilla’ de su
despertar); prosigue con desastrosas crisis económicas (no sentidas desde el
Crack del 29); avizora el recrudecimiento del narcotráfico (que ha sentado sus
reales en varios países latinoamericanos, entre ellos, el nuestro); atestigua la
continuación de viejos conflictos geopolíticos (de Medio Oriente a Chechenia;
de Somalia a Sri Lanka) y epiloga con un sentimiento de incertidumbre oteando
en lontananza.
En un marco tan variopinto, resalta uno de los aspectos de la globalización
que más cambios ha tenido, en especial, en el concierto de las naciones: la
geopolítica. Ella, como la economía y la política, ha contribuido a modificar
algunas de las reglas del juego impuestas por las coyunturas inesperadas de
este novel siglo
XXI
. Su impacto se nota en la configuración de nuevos (des)
equilibrios de poder que han hecho de ésta, una década carente de serenidad
y pletórica de sorpresas en más de un sentido. Por ello, en este último número
del año, publicamos algunos materiales que tienen que ver, unos más direc-
tamente que otros, con la confluencia entre geografía, política y economía,
trío más que indispensable si se aspira a comprender la intrincada madeja de
nuestra contemporaneidad.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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En este marco, abre este número, en la sección Perspectivas Teóricas, el
trabajo de Luis Dallanegra: “Teoría y metodología de la geopolítica. Hacia una
geopolítica de la “construcción de poder”. En él, el autor advierte sobre el
escaso impacto que la región latinoamericana tiene en las grandes decisiones
geopolíticas, a cargo de las potencias. Amén de revisar el porqué de tal atraso,
se da a la tarea de proponer un modelo de análisis que impulse a que Estados
periféricos, como los de nuestras naciones, sean partícipes más activos del
sistema de relaciones de una manera que no implique ni la confrontación con
ellos (como ha sucedido) ni tampoco su sumisión (como sigue sucediendo). Una
de sus conclusiones mueve a reflexión:
América Latina no es un actor político
en el mundo, es más un objeto en los intereses y aspiraciones de otros Estados o
actores trasnacionales que sujeto activo de su propio destino; por ello debe cons-
truir un poder subrepticio capaz de transformarla en un actor confiable dentro del
sistema mundial y con impacto en las decisiones de la comunidad internacional.
Hasta ahora ha sido incapaz de ello… ¿seguirá así a futuro, o…?
*
La geopolítica actual, amén de vérselas con añejos problemas (desde los na-
cionalismos hasta los equilibrios de poder regionales; o de la competencia
económica a la injerencia política entre los Estados), enfrenta también dos
adversarios relativamente nuevos, no por su súbita aparición en el escenario
mundial, sino por su sorprendente y acelerada conversión en actores sociales
de importancia capital: el narcotráfico y el terrorismo. Ambos, han devenido
de problemas regionales a dolores de cabeza internacionales. Aunque con
propósitos distintos (económico, el primero; político, el segundo), sus mé-
todos los equiparan: la violencia como discurso, método, arma y objetivo. En
países como Colombia se habla inclusive de “narco-terrorismo”, pues al tiem-
po que sus integrantes continúan el pingüe negocio, han anhelado también
ascender a puestos de dirigencia nacional. Aunque en México el narcotráfico
ha permeado profundamente no pocas venas del aparato estatal, su objetivo
primario continúa siendo más la ganancia y menos el empoderamiento. Como
quiera que sea, el problema, en éstos y otros países, es mayúsculo, como lo es
también la discusión acerca de la legitimidad, eficacia y operatividad de los
métodos (militares-policíacos) por los gobiernos utilizados para combatir este
implacable mercado.
El terrorismo, a su vez, no ha cesado de intervenir en gobiernos, socie-
dades y pueblos a través del aniquilamiento del que ‘no es como nosotros’. El
terrorismo es la otredad criminal por excelencia. Del
ERI
irlandés al
FIS
arge-
lino; del Baader-Meinhoff alemán al Rengo Segikum (Ejército Rojo) japonés;
de un Sendero Luminoso peruano a las italianas Brigadas Rojas; de las
FARC
colombianas a las organizaciones palestinas Hamas, Jihad, Fatah y Tanzim; del
Hizballah iranio-libanés al terrorismo global de Al Qaeda. Si bien las causas
pueden ser legítimas, los medios utilizados, no. Ganar la libertad, la indepen-
dencia, el derecho a existir o la soberanía nacional a través de la negación de
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la libertad, la independencia, el derecho a existir y la soberanía nacional de
los demás es un contrasentido que ha resultado ser, no pocas veces, homicida.
El 11 de septiembre puso al terrorismo y al terrorista de nuevo ‘de moda’ en el
vocabulario político de la aldea global. No es para menos. El derrumbe de las
torres y sus secuelas cuestionó entonces como ahora la habilidad de la polí-
tica como ámbito de encuentros y negociaciones por excelencia. A diferencia
de los movimientos terroristas de antaño que utilizaban el terror para ganar
espacios en sus reivindicaciones nacionalistas, el terrorismo que clausuró el
siglo XX e inauguró el
XXI
(con el ataque a la
AMIA
seguido años después por el
11-S) tiene, paralelamente a los viejos reclamos nacionalistas disfrazados de
máscaras de legitimidad y justicia, nuevas caretas, algunas de ellas nihilistas
y apocalípticas, donde no se espera reivindicar nada, que lo sacrifica todo, que
se mata matando. Es distinto y, a la vez, igual; es nuevo y viejo; es antimoderno
por ideología pero moderno en sus técnicas. Ora agazapado, ora espectacular,
siempre peligroso, patológicamente inhabilitado para el diálogo e implacable-
mente reacio a entender más realidad que la suya.
La importancia de estos escenarios en la esfera global, es tomada en cuenta
en la sección Cuestiones Contemporáneas a través de un par de colaboraciones:
Geopolítica del narcotráfico. México y Colombia: la equivocación en el empleo de
las fuerzas militares,
de José Luis Cadena y, de Evelyn Norma Castro,
Después
del 11-S, Al-Qaeda vista por el análisis del discurso.
En la primera de ellas, se
encienden las luces de alarma al advertir que el uso exclusivo de la fuerza mi-
litar para combatir el flagelo del narco es, además desgastante, inoperante y,
a la postre, futil y erróneo.
Ya no basta,
comenta el autor,
una ofensiva política
acompañada de una buena campaña de publicidad. Hoy lo que se impone es una
política equilibrada contra las drogas teniendo en cuenta, además de los asuntos
policiales, temas de salud pública, aspectos sociales y controles al comercio de los
precursores químicos y, sobre todo, la antítesis entre política y ética, tan en des-
uso en nuestros países, en los que el poder se obtiene por encima de los intereses
generales.
Sin una estrategia más holística, el consumo, la comercialización,
la disputa por territorios y la encarnizada lucha que alrededor de las drogas se
suscita, continuarán hasta haber sentado sus reales, y entonces…
El segundo de los artículos analiza más de cerca el tipo de discurso que
organizaciones fundamentalistas como la de Osama bin Laden utiliza para
justificar sus actos, por un lado, y hacer prosélitos, por el otro. En el artículo,
la autora examina el comunicado emitido por Al Qaeda tras los atentados con-
tra las Torres Gemelas y el Pentágono, el 7 de octubre de 2001, a la luz de un
análisis semántico-pragmático. Sus resultados evidencian, por un lado, que la
religión no es el eje argumentativo sustancial, sino la problemática política
del Medio Oriente así como sus implicaciones en la relación Occidente-mundo
islámico de vieja data; por el otro, reflejan que el discurso fundamentalista es
un gran clamor contra
la política exterior occidental y los gobiernos autoritarios
de políticos y clérigos musulmanes que han fracasado en dar respuesta efectiva
a los problemas, de toda índole, que agobian a las sociedades musulmanas.
Cuando el discurso y el recurso de la política fallan, pueden surgir el recurso
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y el discurso de la anti-política dando lugar a los juegos de suma cero, y eso a
nadie conviene.
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Paralelas a la geopolítica, los mercados financieros transnacionales son tam-
bién pieza clave en el tablero del ajedrez mundial, sobre todo en un mundo que
parece haberse quedado con el
capitalism way of life
como premisa del orden
internacional. Se esté de acuerdo o no con ello, la realidad de la globalización
económica es hecho, no ideología. En este contexto, la tercera de nuestras
secciones, Sociedad y Política, abre con la colaboración de Alejandra Salas:
Organizaciones nacionales e internacionales que rigen el mercado financiero
mexicano (1990-2005).
En su aportación, la autora examina las reformas más
importantes que ha experimentado la red de políticas en el sector financiero
mexicano de 1990 a 2005, periodo en el que, por un lado, se introdujeron re-
ordenamientos institucionales y organizacionales de gran monta para adaptar
el sistema financiero del país a las exigencias de los organismos financieros
internacionales y, por el otro, se culminó con la aprobación de la Nueva Ley del
Mercado de Valores. A pesar de estos cambios, comenta la investigadora,
y de
que los derechos de propiedad en México, en general, se han definido y redefinido
en el contexto de luchas y negociaciones nacionales y sociales, hoy los inversio-
nistas internacionales ejercen mayor presión por medio de una compleja red de
instituciones nacionales e internacionales y cuerpos regulatorios para redefinir
los derechos de propiedad a nivel mundial, exacerbando las tensiones debido a
la redistribución de derechos de propiedad y recursos económicos y financieros
que tales reformas requieren.
Al parecer, México está así entrampado: si no se
moderniza, económicamente hablando, mal; si lo hace, cae presa de intereses
que no siempre empatan con el nacional… ¿entonces?
Cuando el interés económico se enfrenta a la política pública, suelen sur-
gir chispas del encontronazo. Ello es lo que demuestra Luis Daniel Vázquez en
“La democracia deliberativa y la confrontación entre poderes fácticos en una
decisión gubernamental: modificación al artículo 77 de la ley de propiedad in-
telectual”. En su colaboración, demuestra hasta dónde suelen llegar empresas
transnacionales con tal de controlar el mercado de su interés. En su colabora-
ción, el autor indaga de los tejes y manejes que las industrias farmacéuticas
transnacionales han echado mano para ganar mercados en México (en este
sentido, es buen ejemplo de lo que el artículo antecedente ya nos advertía);
asimismo, analiza cómo estos agentes hubieron de enfrentar el proceso de
aprobación gubernamental del artículo 77 de la Ley de Propiedad Industrial,
cuyo principal detractor era, justamente, la Canifarma (Cámara Nacional Farma-
céutica de México) que, a través de sus afiliados transnacionales,
lograría que la
comisión dictaminadora cambiara el acuerdo que se había votado por unanimidad
el mismo día que lo publicaba en la Gaceta Parlamentaria para su discusión en el
pleno, luego de un mes de espera entre la votación y la publicación.
Las chispas
se diluyeron… ¿y el interés general?
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***
Esta edición cierra con las secciones Documentos y Reseñas. En la primera,
hacemos público el reporte que hicieran Héctor Zamitz y Carlos Hernández,
“Institucionalización, profesionalización y diálogo sobre la ciencia política
mundial en Latinoamérica”,
donde describen los aspectos más relevantes de
lo tratado en el
XXI
Congreso Mundial de Ciencia Política
, celebrado en Santiago
de Chile del 12 al 16 de julio de 2009, con el tema “Malestar global: dilemas
de cambio” , al tiempo que analizan cómo encuentros como estos constituyen
etapas asaz importantes en el proceso de institucionalización, especialización
y profesionalización de la ciencia política en el ámbito mundial, disciplina
que tendrá que orientarse hacia una evaluación general del funcionamiento
de las instituciones políticas (en especial las de América Latina) en tiempos
donde los desafíos institucionales a la democracia no son pocos y los retos a
su capacidad de acción son demasiados. De allí que, concluyen los redactores,
la ciencia política aplicada deberá privilegiar la reflexión teórica, sustentada en la
investigación empírica, para generar la producción de conocimientos confiables,
evaluaciones críticas sobre el desempeño gubernamental y alternativas de desarro-
llo social y político. Ello exigirá ampliar y profundizar el diálogo y la colaboración
entre la ciencia política y las otras ciencias sociales.
Uno de los rostros menos amables de la geopolítica mundial han sido las
dictaduras. Si bien ya ausentes prácticamente de América Latina, no está de
más recordar aquellos aciagos tiempos donde, impune, cobarde y cínica, domi-
naba oprimiendo e imperaba matando. La reseña de Gilda Waldman, “De niñas,
montoneros y gorilas”, sobre el libro de Laura Alcoba,
La casa de los conejos,
es
un triste, aunque muy necesario, recordatorio de lo que no puede ni debe pasar
de nuevo: la pesadilla que para Argentina representó la página más negra de su
historia: el Proceso de Reorganización Nacional. Leer este texto es obligación
si no se desea permitir ya más que el fino arte de la política devenga en gélida
galería del horror, si se aspira a cristalizar el sueño del de Königsberg:
“El derecho
de los hombres debe mantenerse como algo sagrado, por más sacrificios que le
cueste al poder dominante. En este punto no caben enmiendas, no es posible
inventar un término medio entre derecho y beneficio[…] Toda la política debe
inclinarse ante el derecho […] [Sólo así se] puede concebir la esperanza de
que, poco a poco, llegará el día en que brille con esplendor inalterable.” (
Sobre
la paz perpetua
(1795)).
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