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159
Resumen
En este artículo se plantea una de las cuestiones fundamentales sobre las que se realiza la acti-
vidad periodística y que la autora ha llamado el pacto periodístico. El pacto, celebrado entre
el periodista y sus lectores, consiste en que el emisor expresa lo que sucedió tal y como lo
vio y el destinatario acepta lo expresado en las mismas condiciones. El compromiso entre am-
bos participantes los obliga a saber y cumplir con lo estipulado en el contrato, para evitar que
alguna de las partes se sienta defraudada. El periodista convierte los hechos en relato; al pro-
cesarlos los manipula, es decir, los interpreta, selecciona y organiza, los jerarquiza y los somete
a las exigencias del lenguaje. El resultado de esta proceso de subjetividad se presenta al lector
para su verificación y actualización.
Abstract
This article discusses one of the fundamental questions about journalism, which the author
defines as the journalistic pact. This pact, involving the journalist and his/her readers, assumes
that the spokesperson expresses the event as he/she saw it and the receptor accepts the way
the event was expressed. The commitment between both obliges them to know and fulfil the
contract to avoid anyone being dissatisfied. The journalist converts the facts into a story; by
processing them he/she manipulates them, that is to say, he/she interprets, selects and orga-
nises, prioritises and applies linguistic criteria requirements. The outcome of this subjective
process is presented to the reader as verified and current fact.
Palabras clave:
periodismo, géneros informativos, pacto periodístico, relato periodístico, acto
de habla, perspectiva pragmática, situación comunicativa, emisor, receptor, función perlocutiva.
E
n 1977, en un artículo publicado por la Facultad de Ciencias Polí-
ticas y Sociales de la
UNAM
, Máximo Simpson señalaba la con-
fusión en la que algunos tratadistas incurrían en cuanto a las carac-
terísticas y los elementos constitutivos del reportaje, así como la
El pacto periodístico
M
A
.
DE
L
OURDES
R
OMERO
Á
LVAREZ
*
*
.
Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,
Centro de Investigaciones en Ciencias de la Comunicación, Edificio E, Circuito Mario de la Cue-
va s/n, Ciudad Universitaria, col. Copilco Universidad, México, D.F., CP. 04510.
160
división tajante entre los géneros periodísticos informativos y los in-
terpretativos.
1
Cinco año más tarde, en 1982, Concha Fagoaga sos-
tiene que sobre cierta terminología de uso habitual entre quienes se
relacionan con el periodismo no se han “generado estudios de cierta
consistencia, lo que da lugar a planteamientos imprecisos, generales
en exceso y, cuando menos, poco esclarecedores”.
2
No es necesario
realizar un análisis exhaustivo del estado actual de los estudios de
periodismo para coincidir con estas afirmaciones. Todavía hoy en
día, tanto en el ambiente de los medios como en el universitario, es
frecuente utilizar términos poco precisos, extraídos del uso cotidia-
no, sin esclarecer ni delimitar previamente su significado. Más grave
aún es la falta de una concepción teórica que integre y dé fundamen-
to a una multitud de saberes provenientes de la práctica y de otras
disciplinas. Así, no es extraño que existan aserciones que, aunque
pudieran parecer aceptables, son equívocas o, por lo menos, sus-
ceptibles de interpretarse de manera diversa y, en consecuencia, de
generar inferencias contradictorias. Tal sucede, por citar algunos
ejemplos, con afirmaciones sobre los nexos entre la literatura y el pe-
riodismo, las características del estilo periodístico y la presencia o
ausencia de la objetividad y la subjetividad en los productos perio-
dísticos.
En este trabajo pretendo replantear una de las cuestiones fundamen-
tales sobre las que se realiza la labor periodística y que he llamado
el pacto periodístico.
Para exponer mi planteamiento explico, primero, lo que es un ac-
to de habla y cómo es posible considerar al relato periodístico como
tal; pues sólo a partir de esta perspectiva pragmática es posible con-
cebir el pacto periodístico. A continuación, describo quiénes deben
ser los participantes del pacto y enuncio las condiciones sobre las
cuales se debe firmar el contrato. Por último, planteo, con ejemplos,
las ocasiones en que puede fallar el contrato por inobservancia de
alguna de las partes o de las condiciones requeridas para cumplir ca-
balmente con el pacto.
1
.
M. Simpson “Reportaje, objetividad y crítica social (el presente como historia)”, en
Revista
Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
, núm. 86-87, p. 143.
2
.
C. Fagoaga,
Periodismo interpretativo. El análisis de la noticia
, Barcelona, Mitre, 1982,
p. 7.
161
I
El acto de habla surge cuando un hablante emite un enunciado en
una lengua natural en un contexto determinado, es decir, en una si-
tuación comunicativa específica. Proferir un acto de habla no signi-
fica hablar por hablar, sino que representa, y de manera decisiva, un
acto social, por medio del cual los miembros de una comunidad ha-
blante entran en interacción mutua.
Los actos de habla son actos sociales en la medida en que se llevan
a cabo en un contexto comunicativo o contexto pragmático, defini-
do éste como el conjunto de datos que sirve de base para determinar
si los actos de habla son o no adecuados.
La palabra “adecuado” deberá entenderse aquí como un término
técnico que explica una propiedad de las acciones: la satisfacción.
3
Si el hablante produce una emisión y consigue que el oyente in-
terprete lo enunciado de la manera en que el primero quería pro-
ducirlo, podrá decirse que es un acto de habla adecuado.
La mayoría de las veces, los actos de habla no tienen sentido si
se analizan de manera aislada, es necesario relacionarlos con otros
actos de habla de una secuencia. Los macroactos de habla son se-
cuencias de actos de habla linealmente conectados y salvo esta dife-
rencia exigen las mismas condiciones de adecuación que los actos
de habla simples.
Los relatos periodísticos son secuencias de actos de habla. No
existe, entonces, ninguna restricción para que estos relatos puedan
ser considerados como actos de habla en el nivel global; sobre to-
do si se advierte que su finalidad primordial coincide con la de todo
acto de habla: incidir en el contenido y principios fundamentales de
nuestros conocimientos y representaciones sociales.
Todo acto de habla tiene un carácter contractual entre el emisor
y el receptor, es decir, ambos participantes deben acatar las instruc-
ciones, los vínculos sociales, obligaciones y responsabilidades mo-
dales, rituales y ceremoniales que se requieren para llevar a cabo el
efecto perlocutivo del acto de habla.
Sociedad y política
3
.
La condición general de la satisfacción “es que una persona haga algo y que el
resultado
y/o las
consecuencias
de ese resultado sean idénticas a las que el agente quería causar con
su
hacer
(doing)” Teun A. van Dijk
Estructuras y funciones del discurso
, México, Siglo Vein-
tiuno Editores, 1991, p. 60.
162
Aunque el periodista no sabe en concreto quién es su público, sí
debe conocer el perfil de sus lectores; de la misma manera, el lector,
aunque no conozca al periodista, desde el momento en que compra
y decide leer el periódico está aceptando al emisor como el ade-
cuado para llevar a cabo el acto de habla. Para que se realice un acto
de habla satisfactorio, es necesario que se establezca un contrato en-
tre emisor y receptor por el que ambos acepten tácitamente no sólo
ser los participantes adecuados, sino que aceptan también que lo di-
cho en el texto es una situación extratextual y, por lo mismo, puede
ser verificada por el lector.
Así entonces, el pacto que se establece entre el emisor y el recep-
tor, si bien no es escrito, sí se suscribe de manera tácita e implica que
el lector deberá leer el relato de una manera específica. No debe ha-
ber engaño por ninguna de las dos partes: ni el autor debe hacer
pasar su texto por lo que no es, ni el lector deberá exigir otra cosa
que la que se promete.
II
El pacto periodístico es un contrato celebrado entre el periodista y sus
lectores. El compromiso entre ambos obliga a saber de las limitacio-
nes de la labor periodística y que, a pesar de ellas, el relato periodís-
tico es el resultado de la subjetividad bien intencionada del perio-
dista. El periodista convierte los hechos en relato; al procesarlos los
manipula, es decir, los selecciona y organiza, los jerarquiza y los so-
mete a las exigencias del lenguaje. No obstante, el resultado de esta
subjetivación se presenta al lector para su verificación y actualización.
Para entender en detalle cómo se da el pacto periodístico es con-
veniente conocer, primero, cuáles son las partes integrantes del pac-
to y, segundo, saber cuáles son las condiciones de dicho pacto.
Como ya se mencionó, periodista y lector son quienes firman el
contrato, pero para hacerlo deben, además de conocer las condicio-
nes del mismo, ser capaces de cumplir con lo establecido en el con-
trato. La responsabilidad y el compromiso son requisitos indispen-
sables de las partes.
Una vez que sabemos quiénes son aquellas personas capaces de
firmar el pacto periodístico, es momento de saber cuáles son las con-
diciones a las que nos comprometemos.
163
Las cláusulas del contrato se encuentran en relación estrecha con
las mismas reglas
4
que nos permiten si un acto de habla es o no ade-
cuado. A saber, los participantes en el pacto periodístico, es decir
el autor y el lector se comprometen a:
a
) Ser las personas idóneas para firmar el contrato.
b
) Llevarlo a cabo en un plazo mediato.
c
) Compartir códigos.
d
) Aceptar que lo enunciado en el relato es la versión del
periodista, sobre un hecho ocurrido en el mundo factual.
e
) Someter a la verificación, si lo consideran necesario, los he-
chos narrados en el relato periodístico.
f
) Adoptar el comportamiento implicado en el relato y, ade-
más, comportarse así, más tarde.
Para comprender cabalmente lo que significa el pacto periodístico
habrá que comentar cada una de las cláusulas del contrato.
Cláusula 1
Esta cláusula se refiere a la idoneidad de los elementos participantes
en el contrato: autor y lector.
El autor de los relatos periodísticos desconoce con precisión
quién es su público; no obstante, debe elaborar su texto para un lec-
tor modelo que intuye, que prevé y que debe ser capaz “de moverse
interpretativamente, igual que él se ha movido generativamente”.
5
Desde la perspectiva del autor, el lector modelo debe ser un consu-
midor activo, no masificado por la información periodística convencio-
nal, capaz de tomar partido, asentir o disentir respecto de las creen-
cias del autor mediante juicios de valor. En resumen, un lector activo
deseoso de conocer y reflexionar sobre lo que sucede a su alrededor.
Por otro lado, el lector, generalmente, tampoco conoce al autor
del mensaje, pero también lo intuye; pues, a partir del mensaje que
Sociedad y política
4
.
Para conocer estas reglas véase Lourdes Romero Álvarez, “El relato periodístico como ac-
to de habla”, en
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
, núm 165, año
XLI
, julio-sep-
tiembre de 1996, p. 23.
5
.
Umberto Eco,
Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo
,
Barce-
lona, Lumen, 1987, p. 80.
164
tiene delante de él puede vislumbrar ciertas características del emi-
sor que le permiten seleccionarlo como el idóneo. Este proceso pre-
supone, entre otros factores que:
a
) El destinatario haya leído frecuentemente al autor.
b
) De preferencia haya identificación de ideas entre ambos
participantes, aunque esto no es indispensable.
c
) Las afirmaciones del autor estén sustentadas con argumen-
tos bien fundamentados.
d
) Las fuentes en las que se base el emisor sean fidedignas, y
de preferencia, de primera mano.
e
) El sujeto de la enunciación sea sincero al expresar su versión
de los hechos.
En suma, el lector espera del autor modelo
6
un relato cabal, pro-
ducto de la investigación y de la reflexión y, por supuesto, que se
lo presente en el formato adecuado y de manera atractiva.
Para que un mensaje periodístico cumpla con su objetivo funda-
mental, es decir, que pueda ser actualizado adecuadamente por el
lector, es necesario considerar a quién va dirigido, vale la pena recor-
dar lo que Mao Tse Tung les dijo en 1942 a los miembros de su par-
tido “cuando uno dispara una flecha debe apuntar al blanco, cuando
uno toca el laúd debe tener en cuenta el público”.
7
Si en realidad el
periodista quiere ser leído, no debe escribir por escribir, sino efecti-
vamente pensar en su público y preparar el mensaje para él.
Elaborar el mensaje para un lector que se prevé, exige del pe-
riodista un trabajo responsable, es decir, debe investigar para obte-
ner la información más completa sobre el hecho que relata, explicar
sobre sus causas y establecer sus relaciones con otros acontecimien-
tos. Realizar esto implica: invertir tiempo en la investigación, acudir
al lugar de los hechos, interrogar, revisar y estudiar documentos.
Todo esto con la finalidad de obtener información para reconstruir
de manera cabal el acontecimiento que dará a conocer, para con-
tribuir a que los lectores, tal como se comentará en la última cláusula
6
.
Para ahondar sobre autor y lector modelo véase Umberto Eco,
op. cit.
pp. 87-95.
7
.
M. Tse Tung, “Contra el estilo de Clisé en el partido”, en
Obras escogidas
, tomo
III
, Pekín,
Ediciones de Lenguas Extranjeras, 1976, p. 55.
165
del contrato, participen directamente, no como espectadores pasi-
vos de un hecho o audiencia que es necesario entretener sino como
oyentes capaces de cooperar interpretativamente en la ctualización
del mensaje.
Cláusula 2
Para entender la Cláusula 2 que hace alusión al plazo mediato que se
requiere para llevar a cabo el pacto periodístico, es necesario con-
siderar la peculiaridad que adopta el mensaje periodístico como acto
de habla. Mientras que en un acto de habla verbal los participan-
tes se encuentran frente a frente, en el mensaje periodístico la situa-
ción es diferente: los interlocutores sólo se ponen en contacto por
medio del texto periodístico.
El trasladar un acto de habla a la escritura implica que “la natu-
raleza del acto locutivo se altera de manera evidente; el acto ilocutivo
se atenúa en mayor o menor medida y el acto perlocutivo se ve más
o menos aplazado”.
8
Si se analiza este planteamiento se podrá inferir
que el producto del autor llegará al lector varias horas o días después
de que aquél lo concluyó. Una vez impreso el texto periodístico, el
lector lo decodificará voluntariamente.
Al enfrentarse libre y de manera espontánea ante un mensaje pe-
riodístico, el lector ha firmado implícitamente el pacto periodístico
con quien produjo el mensaje. Es en este preciso momento en el que
las partes que intervienen en el pacto, autor y lector, se ponen en
contacto por medio del mensaje. No obstante, el proceso ya había
iniciado con anterioridad: en el momento en que el periodista acude
al lugar de los hechos, investiga, procesa la información y redacta
su texto.
El acto de habla periodístico concluirá cuando el lector haya
actualizado el mensaje y actúe de la manera en que se espera de él,
tal como se especifica en la Cláusula 5. Esta es la razón por la cual
el acto perlocutivo en el mensaje escrito se difiere.
Sociedad y política
8
.
R. Ohmann, “Los actos de habla y la definición de literatura”, en José Antonio Mayoral
(comp.),
Pragmática de la comunicación literaria
, Madrid, Arco libros, 1987, p. 24.
166
Cláusula 3
El emisor y el lector deben compartir los mismos códigos. De no ser
así, el mensaje puede ser actualizado de manera inadecuada. En
otras palabras, quien actualiza un mensaje no sólo debe conocer el
léxico y las reglas sintácticas y semánticas sino saber en qué contexto
se presenta. Por ello, actualizar un mensaje requiere que el lector se
convierta en un operador semántico capaz de reconocer ciertas pro-
piedades del texto como pertenecientes a una convención específica
que le permita asignar al mensaje una función pragmática determi-
nada.
9
Sobre todo porque el texto periodístico, a diferencia del relato de
ficción, es un texto cerrado en el sentido de que no admite múltiples
lecturas, ya que los hechos relatados en estos mensajes tienen su refe-
rente en la realidad. El texto periodístico se caracteriza por su pre-
tensión de ser decodificado por el lector de manera unívoca, espe-
cialmente cuando sabemos que puede haber varias versiones sobre
un mismo acontecimiento. La multiplicidad de versiones, bien inter-
pretadas por los lectores, les permitirá la comprensión cabal del
acontecimiento. Por esta razón, el periodista debe generar su men-
saje empleando los códigos que son de la competencia del lector,
para garantizar una comunicación fluida y adecuada entre ambos.
Cláusula 4
La cuarta cláusula del pacto periodístico afirma que se debe aceptar
que lo enunciado en el mensaje es la versión del periodista sobre un
hecho ocurrido en el mundo factual. Para entender con precisión es-
te enunciado es necesario reflexionar sobre cómo se genera y cómo
debe ser decodificado el mensaje periodístico.
El contenido del mensaje es la versión de quien escribe, porque
el texto periodístico, al ser un relato de acontecimientos, producto
de un hecho noticioso, traslada lo que es pluridimensional al ámbito
verbal, que es lineal.
9
.
M.L. Romero Álvarez,
op. cit
., p. 23.
167
Realizar este proceso implica convertir en relato la historia me-
diante el proceso de narración. “Al definir el hecho en términos ver-
bales, la interpretación de la realidad se vuelve selectiva, ya que el
lenguaje no puede dar cuenta de ésta última sin caracterizarla, es de-
cir, sin escoger ciertos aspectos y olvidar otros”.
10
El autor no reconstruye el acontecimiento tal y cómo sucedió, su
objetivo debe ir más allá, es decir, debe explicarlo. Para conocer el
hecho en plenitud y poder interpretarlo, el periodista recurre a las
técnicas de investigación documental y de campo. Una vez que ha
recopilado la información que le permite establecer la contextuali-
zación del hecho procede a la selección y organización del material.
Esta actividad de reflexión lo llevará a reconstruir el acontecimiento
que pretende transmitir. Esto significa que se hace una representa-
ción de los hechos en donde interviene la decisión de quien narra
y construye. Este proceso de subjetivación es inevitable y, además,
no debe ignorarse. La manipulación que se hace con el material pe-
riodístico, similar a la que se hace al editar una película, no hay que
negarla ni ocultarla; forma parte de la misma naturaleza del proceso
cognoscitivo. Por ello, el texto periodístico es el relato que el perio-
dista hace de los hechos, en otras palabras, es su versión.
Del mismo modo que el autor de textos periodísticos debe dejar
a un lado toda pretensión de mostrar la realidad, el lector no puede
exigir al autor que le presente en el relato los hechos tal y cómo son.
Una cosa es el hecho y otra muy diferentes, el relato del hecho.
Cláusula 5
El emisor y el receptor aceptan que la información proporcionada
en el texto, ocurrida en el mundo factual, puede ser sometida a la
verificación. Los acontecimientos narrados en los textos periodísti-
cos no son ficción, tienen su referente en el mundo factual. Los ele-
mentos referenciales tienen la propiedad de evocar o traer a la me-
moria del lector lo que sucede o aconteció en el mundo real. Así, al
leer el mensaje periodístico, el lector puede conocer por primera vez
Sociedad y política
10
.
M.L. Romero Álvarez, “Anacronías: el orden temporal en los relatos periodísticos”, en
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
, núm 169, año
XLI
, julio-septiembre de 1997,
p. 91.
168
o confirmar lo que ya sabe; también, puede dudar o mantenerse
escéptico sobre la existencia de tal o cual hecho. Independientemen-
te de la postura que adopte el destinatario del mensaje periodístico,
siempre tendrá elementos que le permitirán verificar la información
que se le proporciona.
El periodista, por su lado, para dar garantías de credibilidad y per-
mitir que su lector pueda comprobar la validez de lo expresado en
el texto, recurre a ciertos procedimientos,
11
como:
1. Permitir que los testigos de los acontecimientos se dirijan al
público con sus propias palabras (estilo directo). El discurso
directo tiene la posibilidad de ser una reproducción literal de
lo dicho por los protagonistas del acontecimiento, por la
misma razón, proporciona al lector la posibilidad de cono-
cerlo por su propia voz y no por la del periodista. Con esta
estrategia se satisface la necesidad de credibilidad del lector
ya que no es lo mismo escuchar el relato en boca de los par-
ticipantes que de un intermediario.
2. Transcribir citas textuales de diversas fuentes, tales como
documentos de primera mano cuyo contenido puede ser
cotejado por el lector en el mundo factual. Además de trans-
cribir directamente el discurso de los protagonistas de los
acontecimientos, como se describe en el apartado anterior,
es frecuente que el periodista, para recrear, fundamentar y
contextualizar su historia, introduzca, en el relato marco, co-
mo fuente de información, la transcripción de la totalidad o
fragmentos de documentos y testimonios; como boletines de
prensa, artículos de periódicos o revistas, actas, libros, anun-
cios, estudios, informes, cartas, grabaciones de entrevistas,
resultados de encuestas y letras de canciones, entre otros
muchos documentos.
3. Indicar con precisión y exactitud las fuentes de información
empleadas, para demostrar que son fiables, y las pertinentes
para sustentar el tema tratado.
11
.
Véase M.L. Romero Álvarez, “El relato de palabras como recurso de credibilidad en el
relato periodístico”, en Adrián Gimate Welsh (comp.),
Ensayos semióticos. Dominios, modelos
y miradas desde el cruce de la naturaleza y la cultura
, México, Miguel Ángel Porrúa, 2000,
pp. 97-106.
169
4. Emplear dentro del discurso expresiones que funcionen
como preparación para una adecuada interpretación pragmá-
tica del texto, como: “esto es un reportaje”, “esto es un
testimonio”.
Incluir transcripciones de documentos y declaraciones de infor-
mantes en los relatos periodísticos implica manipulación. El perio-
dista selecciona, fracciona e intercala dentro de su discurso aquellos
documentos y testimonios que considera válidos para recrear y con-
textualizar su historia. De hecho, debe aceptarse que todo uso de los
medios presupone una manipulación. No es posible escribir, o reali-
zar un programa de radio o televisión, sin manipular la información.
La cuestión no es poner en duda la existencia de la manipulación,
sino la manera en que ésta se ejerce. “En un sentido amplio, el con-
cepto de manipulación significa una intervención consciente, técni-
ca, en un determinado material”.
12
En este sentido, es necesario que
tanto emisor como lector estén conscientes de esta posibilidad. Así
entonces el emisor no debe manipular la información para falsear
la realidad, por el contrario, debe apelar a la racionalidad de su lector
a partir de premisas válidas, es decir, a partir de información contex-
tualizada y proveniente de fuentes con nombre, de prestigio y con-
firmadas, sin valerse de rumores. El lector, por su parte, si en algún
momento tiene duda de la veracidad de lo dicho en el relato perio-
dístico, debe acudir a las fuentes de información no sólo para com-
probar la validez del enunciado sino para completar la información
proporcionada en el mensaje.
En resumen, el texto periodístico se caracteriza por tener elemen-
tos que permiten al lector hacer constantemente en referencia a la
realidad, esa realidad que es objeto del texto periodístico.
Cláusula 6
El emisor espera que el receptor lleve a cabo la función perlocutiva
del acto de habla. En términos retóricos esto quiere decir que nos
Sociedad y política
12
.
A.M. Amar Sánchez,
El relato de los hechos
, Buenos Aires, Beatriz Viterbo Editora, 1992,
pp. 78-79.
170
encontramos en un proceso de persuasión. El periodista, al escribir
su mensaje, tiene una intención y espera un comportamiento espe-
cífico de sus destinatarios; se dirige, principalmente, a las creencias
de los lectores con la finalidad de ampliar sus conocimientos y
provocar en ellos cambios de opinión, de necesidades y de objeti-
vos. El lector, por su lado, al actualizar estos relatos, adquiere cono-
cimientos y asume determinados puntos de vista ante los hechos na-
rrados. También, puede alterar sus creencias e, incluso, modificar
sus intenciones para acciones futuras. Como todos los actos de ha-
bla, los textos periodísticos persiguen un efecto perlocutivo, lo im-
portante es determinar con exactitud cuál es el efecto específico que
pretende provocar cada texto.
III
Para que el pacto periodístico resulte un éxito, como ya expusimos
en el apartado anterior, es necesario saber cuáles son las condicio-
nes del contrato para que ambas partes se comporten de la manera
solicitada y evitar que alguna de ellas se sienta defraudada. Para
ahondar en lo que significa el pacto periodístico ejemplificaré con
tres relatos: uno de Janet Cooke, otro de Vicente Leñero y un tercero
de Gabriel García Márquez.
Un ejemplo que ilustra la importancia de conocer con claridad las
reglas del juego, es decir, las condiciones en las que se debe esta-
blecer el contrato es el tan sonado caso de Janet Cooke. En 1981, esta
periodista ganó el premio Pulitzer por el reportaje “Jimmy World”,
publicado el 28 de septiembre de 1980 en el
Washington Post.
En
este reportaje, la autora crea un personaje que representa a un con-
junto de sujetos. La periodista, después de realizar una profunda in-
dagación sobre la drogadicción infantil en Estados Unidos, vierte de
manera compacta en un personaje ficticio, un niño negro, las múl-
tiples evidencias documentadas en su investigación. Jimmy no tenía
su referente en el mundo real; en cambio, sí lo tenían las vivencias
y las experiencias que Janet Cook le adjudicó a Jimmy.
Después que se le dio el premio Pulitzer se descubrió que el prota-
gonista era un personaje ficticio. Hubo, como consecuencia, acerbas
declaraciones.
El New York Times
afirmó:
171
Cuando un periódico de prestigio miente, envenena la colecti-
vidad, porque los artículos de los otros periódicos se tornan
sospechosos. El lector que se siente impresionado por lo ex-
traordinario de la noticia se siente autorizado a valorarla como
sospechosa.
13
Sobre el mismo reportaje ganador del premio Pulitzer, Gabriel
García Márquez opinó, de manera similar, en una entrevista para el
diario español
El país
:
La audacia de Janet Cooke, una vez más, plantea también las
preguntas de siempre sobre las diferencias entre el periodismo
y la literatura [.
..] Debemos empezar por preguntarnos cuál es
la verdad esencial de su relato. Para un novelista lo primordial
no es saber si Jimmy existe o no, sino establecer si su natura-
leza de fábula corresponde a una realidad humana y social,
dentro de la cual podría haber existido. Este niño, como tantos
niños de la literatura, podría no ser más que una metáfora legí-
tima para ser más cierta la verdad de su mundo [.
..].
Lo malo es que en periodismo un solo dato falso desvirtúa
sin remedio a los otros datos verídicos. En la ficción, en cambio,
un solo dato real bien usado puede volver verídicas a las criatu-
ras más fantásticas. La norma tiene injusticias de ambos lados:
en periodismo hay que apegarse a la verdad, aunque nadie la
crea, y en cambio en literatura se puede inventar todo, siempre
que el autor sea capaz de hacerlo creer como si fuera cierto [.
..].
14
¿Cuál es la causa de la molestia en este asunto? Para los lectores
de Janet Cook, incluido el jurado del premio Pulitzer, el pacto pe-
riodístico no se cumplió, el autor rompió su parte del contrato
porque, desde su punto de vista, el protagonista del relato debió ser
un personaje de carne y hueso.
Desde mi punto de vista, no está en tela de juicio si el relato es
o no reportaje, sino que la reportera debió haber aclarado que la pro-
blemática social planteada en el relato era producto de su investi-
Sociedad y política
13
.
M. Rodrigo Alsina,
La construcción de la noticia
, Barcelona, Paidós, 1989, p. 168.
14
.
G. García Márquez, “¿Quién cree a Janet CooKe?”, en
El País
, 29 de abril de 1981, p. 11.
172
gación y para hacerla accesible al público la ejemplificaría con un
personaje irreal.
Vicente Leñero con su relato titulado
Los periodistas
,
15
publicado
en mayo de 1978, narra, a partir de lo acaecido en el diario
Excélsior
de la ciudad de México el 8 de julio de 1976, los enfrentamientos de
esa época entre el gobierno de México y la prensa.
En la introducción de su relato, Leñero nos dice textualmente:
El episodio, aislado pero elocuente ejemplo de los enfrentamien-
tos entre el gobierno y la prensa en un régimen político como
el mexicano, es el tema de esta novela. Subrayo desde un prin-
cipio el término: novela. Amparado bajo tal género literario y
ejercitando los recursos que le son o le pueden ser característi-
cos he escrito este libro sin apartarme, pienso, de los impera-
tivos de una narración novelística. Sin embargo, no he querido
recurrir a lo que algunas corrientes tradicionales se empeñan
en dictaminar cuando se trata de transladar [sic] a la “ficción”
un episodio de la vida real: disfrazar con nombres ficticios y
con escenarios deformados los personajes y escenarios del in-
cidente. Por el contrario, consideré forzoso sujetarme con rigor
textual a los acontecimientos y apoyar con documentos las
peripecias del asunto porque toda la argumentación textual y
novelística depende en grado sumo de los hechos verdaderos,
de los comportamientos individuales y grupales y de los docu-
mentos mismos.
Inútil pedir disculpas a quienes se consideren maltratados o
mal comprendidos por el narrador autor. Inútil enmascarar con
hipócritas advertencias los señalamientos contra quienes se
apuntan las denuncias. El novelista se siente obligado a asumir
con plenitud su relato y sólo apela a la complicidad de sus lec-
tores.
16
Si se analiza con cuidado lo expresado por Leñero en su intro-
ducción, el receptor se enfrenta ante un dilema: por un lado, el autor
expresa que su texto es una novela; por el otro, explica que su relato
tiene características propias del estilo periodístico: “consideré for-
15
.
V. Leñero,
Los periodistas
, México, Joaquín Mortiz, 1978.
16
.
Ibid.
, p. 9.
173
zoso sujetarme con rigor textual a los acontecimientos y apoyar con
documentos las peripecias del asunto”.
17
No obstante que la novela implica ficción y el texto periodístico
es un relato no ficcional, al leer la introducción del libro de Leñero,
todo lector debe atenerse a lo que el autor le solicita: leer su rela-
to como novela basada en hechos reales y no puede pretender otra
cosa. Así debe asumirse y así es como debe leerse.
18
Para concluir mi artículo y demostrar nuevamente que para ce-
lebrar el pacto periodístico es necesario establecer las reglas del
juego entre autor y lector, utilizo como ejemplo el reportaje “Noticias
de un secuestro” de Gabriel García Márquez. En esta obra, similar
a la de Leñero por estar basada en un hecho del mundo factual y
emplear técnicas de la novela, el autor optó por darlo a conocer a
sus lectores como reportaje.
En octubre de 1993, Maruja Palacios y su esposo, Alberto Villa-
mizar, propusieron a García Márquez que escribiera un libro sobre
las experiencias de ella durante su secuestro de seis meses y las ac-
tividades de él para lograr su liberación. García Márquez aceptó el
reto y junto con un equipo de trabajo investigó cuidadosamente,
durante más de dos años, sobre el suceso. “Noticias de un secuestro”
es un buen ejemplo del trabajo periodístico responsable y compro-
metido: el autor investiga, trabaja en equipo, confronta versiones,
corrobora datos y, por último, reconstruye la historia de tal manera
que nos hace revivir el hecho extraído de la vida real. En marzo de
1995, cuando García Márquez tenía la primera versión de su trabajo,
declaró al diario español
El país
que aún dudaba en calificar a su
relato como novela o reportaje. Un año después de esta declaración,
García Márquez toma una decisión: opta por publicar su texto como
un reportaje. De nosotros depende firmar el pacto periodístico con
tan prestigiado autor.
Recibido el 6 de junio de 2002
Aceptado el 13 de agosto de 2002
Sociedad y política
17
.
Idem.
18
.
Recientemente, tuve oportunidad de preguntar al autor de
Los periodistas
por qué había
puesto en la Introducción de este libro que era una novela y no un reportaje. Él me respondió
que efectivamente era un reportaje, sólo que había puesto lo de novela porque quería dejar
explícito que había utilizado técnicas propias de la literatura, tales como el monólogo interior
con el que inicia el relato.
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