Artículo en PDF
Cómo citar el artículo
Número completo
Más información del artículo
Página de la revista en redalyc.org
Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
7
Presentación
Criticar a la Modernidad pudiera antojarse un ejercicio relativamente
fácil debido a los monstruos que ella ha, generosamente, gestado.
De los grandes genocidios al ecocidio devastador, la Modernidad no
puede ocultar las injusticias que le acompañan. Pero criticarla desde
la arena misma de sus grandes logros es otra cosa. Si bien es cier-
to que son considerables los triunfos que la Modernidad ha tenido
en la transformación de sociedades, culturas, pueblos e individuos,
también lo es el hecho de que estos mismos logros no están libres
de adversidades e injusticias. Hablar de Modernidad es también re-
ferirse a sus grandes críticos. De Nietzsche a Cioran no son pocas
las voces que se han levantado contra los bienes de la Modernidad,
haciendo de sus aciertos grandes tragedias. Quizás uno de los más
representativos en este sentido lo sea el gran teórico francés del mo-
delo fordista de la regulación social: Michel Foucault, quien con-
virtiera a las tendencias emancipatorias de la Modernidad en una
claustrofóbica trampa del poder mediado por una intransigente
disciplina. Sin embargo, y de frente a los marcos de la globalización
neoliberal del tercer milenio, ¿es la lectura clásica de Foucault aún
correcta? ¿Es viable reinterpretar al malogrado filósofo de la locura
a la luz de problemas y categorías conceptuales novedosos? La fi-
lósofa Nancy Fraser, quien abre la sección Perspectivas Teóricas con
su artículo “¿De la disciplina hacia la flexibilización? Releyendo a
Foucault bajo la sombra de la Globalización”, asegura que sí. La au-
tora propone una muy interesante reinterpretación del célebre autor
de
La historia de la sexualidad
, interpretación que ha denominado
“transformacionalista” en la que las célebres tesis fordistas del pen-
sador francés son revaloradas en aras de mejor comprender el nue-
vo modelo de gubernamentalidad que la “aldea global” ha marcado
como paradigma.
8
Uno de los campos más fértiles para la innovación teórica, debido
a su potencial en el campo de la comunicación y creación cultural, lo
es, sin duda, el de la semiótica (estudio de los fenómenos relativos a
los signos) y la lingüística, el fenómeno semiótico por excelencia. En
el segundo de los trabajos de esta sección, Ana Goutman reflexio-
na sobre estos aspectos en su trabajo “Sema, semántica, semiótica,
semiología, cultura”, donde analiza y revalora a la investigación se-
miótica como un instrumento útil para el estudio del conocimiento
humano y, por ende, de sus expresiones culturales.
No sólo la semántica se ocupa de signos, imágenes, símbolos y
representaciones; también la ciencia política lo hace a través de di-
versos códigos de identidad que permiten la convivencia entre los
intereses individuales y los objetivos colectivos de individuos y so-
ciedades, de gobiernos y gobernados. Uno de estos códigos de iden-
tidad que mejor pueden representar esta dialéctica relación es, sin
duda, el espacio público. Del ágora al foro a la plaza a los medios
de comunicación, el espacio público ha tenido una trayectoria his-
tórica de suyo interesante caracterizada por sus relaciones con el
poder y su compromiso con la sociedad, representados, en nuestros
días, por el político y el periodista. En su trabajo
,
“La política y el pe-
riodismo en el nuevo espacio público” —artículo que abre la sección
Cuestiones Contemporáneas—, Félix Ortega analiza, desde una pers-
pectiva histórico-sociológica, la no siempre fácil relación entre el es-
pacio público, la dinámica política y los medios masivos de comu-
nicación, y los quiebres que el significado de espacio público ha
tenido como resultado de esta relación.
La semántica, como vehículo expresivo, y el espacio público, co-
mo agente expresor, coincidieron en el derecho a la libertad de ex-
presión. Sin embargo, en la “aldea global”, donde la presencia física
del individuo no es ya más necesaria para transmitir mensajes, esta
relación se ha visto afectada hasta el punto de desarticular al hom-
bre-individuo-ciudadano del acto comunicativo con respecto de sus
demás congéneres. En este sentido, tanto la semántica como el es-
pacio público han debido cambiar sus tradicionales canales de
transmisión: la reunión pública para intercambiar ideas, proyec-
tos, visiones de mundo y sentidos de vida, ya no es necesaria; la
comunicación mediática la ha suplido. La conformación de la opi-
nión pública no pasa ya necesariamente por el debate público; los
9
Presentación
medios de comunicación electrónicos masivos se han convertido en
el nuevo interlocutor. ¿Prácticas de comunicación sin participación
pública? Para dar respuesta a esta interrogante, Lino Rizzi, analiza
desde la filosofía política, la disociación en el mundo posmoderno
entre la noción política de ciudadanía y la ciencia de la comunica-
ción mediática en su artículo “Comunicación mediática y consen-
so democrático. Una investigación sobre las transformaciones de la
obligación política”.
Como consecuencia de la disociación entre el acto político, la es-
fera pública y los medios de comunicación se crea una contradicción
entre el sistema democrático y las prácticas de comunicación sin
participación pública. Un ejemplo de esta ruptura lo encontramos
en las nóveles democracias latinoamericanas y los retos que en-
frentan. Con excepción de Cuba, prácticamente todos los regímenes
de América Latina se definen como demócratas. Sin embargo, este
signo no siempre trasmite el significado que representa. Estos pro-
cesos de democratización no se han logrado traducir en bienestar
social, ni en un mayor respeto a los derechos humanos, ni en bo-
yantes economías. Hablar de democracia en Latinoamérica es re-
ferirse al mismo tiempo a aquellos problemas sociales que este tipo
de gobiernos debería acabar: exclusión social, desempleo, insegu-
ridad pública, intolerancia política o social, violaciones de derechos,
torturas, guerrillas, inestabilidad, pobreza. En la sección Sociedad y
Política, Philip Oxhorn debate al respecto en su bien logrado artículo
“Cuando la democracia no es tan democrática. La exclusión social
y los límites de la esfera pública en América Latina”, donde analiza
el por qué buena parte de la ciudadanía que tiene un papel des-
tacado y activo en la esfera pública queda, por ello, marginada. Otra
de las paradojas de la Modernidad.
El gran filósofo de la ciencia, Karl Popper, también criticó los
excesos de la Modernidad a través del actuar político. El fenómeno
que él denominó “sociedades cerradas” (tribales, intolerantes, endo-
gámicas y excluyentes, típicas de las comunidades antiguas y tra-
dicionales) no sólo no se ha acabado, sino que se continúa, a pesar
de la irrupción de la “sociedad abierta” (democrática, tolerante, exo-
gámica e incluyente) y su lucha por lograr el sueño político de la
Ilustración, en el presente. No sólo eso, el siglo
XXI
inicia con una
marcada tendencia hacia nacionalismos chauvinistas y xenófobos
10
en no pocas partes del mundo otrora denominado “libre”. Países con-
siderados como bastiones de democracia y libertades (Francia, Aus-
tria, Suiza, Italia, Gran Bretaña, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Ale-
mania, Suecia, Noruega —ni qué decir de la situación en África, Asia
y Latinoamérica—) han debido sufrir los embates enérgicos de parti-
dos políticos de derecha o extrema derecha, mismos que han ganado
electoralmente no pocos escaños en los respectivos parlamentos.
¿Por qué la irrupción de nuevo de las sociedades cerradas en un mun-
do cada vez más abiertamente globalizado? En su trabajo “El presen-
te de la derecha y la ultraderecha en el mundo”, Octavio Rodríguez
analiza este fenómeno a través de una revisión de las características
de los gobiernos de cinco continentes en el mundo actual.
México no es la excepción a la regla. A pesar del proceso de-
mocratizador que desde finales de los años ochenta se ha venido
dando, aún se está muy lejos de lograr una verdadera y funcional
cultura democrática. La falta de un proyecto nacional, la economía
disfuncional, los constantes pleitos interpartidistas y las no pocas
veleidades de los dirigentes políticos han hecho del país un Estado
“inoperante” en muchos aspectos. La urgencia de reformas de to-
do tipo se hace evidente. Una de ellas, la política, toca uno de los
temas más polémicos debatidos y debatibles en la cada vez más
cerrada vida política de México: la reelección de diputados y sena-
dores. Cerrando la sección, el artículo de Luisa Béjar, “La reelección
parlamentaria inmediata: un reto en la agenda política de México”,
analiza el tema y se cuestiona acerca de las consecuencias que para
el país ha tenido la estricta prohibición constitucional que al respecto
existe e indaga por igual qué intereses pudieran esconderse en la
decisión —a favor o en contra— que los legisladores, tarde o tem-
prano, tendrán que hacer al respecto.
En la sección Documentos, publicamos los comentarios de Víctor
Alarcón —El ideal en un mundo global y posfordista”— y Esther
Kravzov —“Globalización e identidad cultural”— a la conferencia
magistral que dictó la doctora Nancy Fraser, de la
New School for
Social Research
, el 27 de febrero del 2003 en la Facultad de Ciencias
Políticas y Sociales de la
UNAM
y cuyo texto abre, precisamente, la
presente edición.
Cierran la presente edición dos reseñas que constituyen, cada una
de ellas, serias reflexiones sobre una temática añeja y permanente-
11
mente nueva: la ética. Ante la relevancia del tema, Judit Bokser y
León Olivé reseñan la obra
Por una causa común, ética para la di-
versidad
de Norbert Bilbeny, uno de los grandes teóricos de la ética
moderna. En una aldea global caracterizada por espirales de vio-
lencia sin cesar; en un universo dominado por la impersonalidad de
los mercados, que es incapaz de ver la injusticia, de escuchar la ad-
vertencia, de sentir la necesidad ajena y de paladear, en cambio, el
sabor del conflicto, cabe preguntarse: ¿ha servido de algo la ética o
es necesario una nueva? En caso afirmativo, ¿cómo debe ser ésta?
¿universal absoluta o casuística relativa? ¿individual o social? ¿libe-
ral o comunitarista? A todas luces, parece necesario, antes que nada,
un nuevo pacto social para la posmodernidad globalizada, pacto que,
a partir de la filosofía moral y la política, derive en identidades com-
partidas que den paso a un pluralismo cultural y éste, finalmente, a
una ética intercultural digna de sociedades pluriculturales, plurinacio-
nales, pluriétnicas, pluriconfesionales y plurilingüísticas. Sociedades
verdaderamente iguales por diversas y verdaderamente éticas por hu-
manas.
Presentación
logo_pie_uaemex.mx