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311
Indigenismo Legal: La política indigenista de los noventas
*
Emiko Saldívar
**
Resumen
En este artículo se discute el papel que tuvo el Instituto Nacional Indigenista (INI) en la promoción de los
derechos indígenas. Asimismo, se analiza de qué forma los discursos neoliberales sobre derechos indígenas
formaron parte de una política social que acabó por reemplazar los programas de asistencia por un énfasis
en la legalidad y la democracia. La autora sostiene
que, al hacer esto, se redefinió el papel de los indígenas
que pasaron de ser clientes a ser ciudadanos
Abstract
In this paper, the author discusses the role that the Instituto Nacional Indigenista (INI) had in the promotion
of indigenous rights and of how neo-liberal discourses on indigenous rights backed a social policy that
replaced redistributionist and welfare programs with an emphasis on democracy and legality, and
by doing
so redefined the role of indigenous peoples from clients to citizens.
Palabras clave:
indigenismo, Instituto Nacional Indigenista, derechos indígenas,
clientes, ciudadanos
*
Este artículo se basa en una investigación etnográfica realizada en el Instituto Nacional Indigenista (INI)
entre 1996 y 2000.
**
Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, Prolongación Paseo de
la Reforma 880, Lomas de Santa Fe, C.P. 01210, México, D.F.
312
Uno de los aspectos más relevantes e inovativos del indigenismo
1
en la década de los
noventas es, sin duda, la importancia que toma el aspecto legal de la vida de los pueblos
indígenas en la política del estado.
La demanda por el reconocimiento de derechos legales a
los pueblos indígenas desde finales de los 80’s ha marcado un importante cambio en la
definición de “pueblo indígena” y su relación con el estado.
Este cambio responde por un
lado a la creciente demanda del movimiento indígena a nivel mundial que reclaman una
nueva relación para convertirse en sujetos legales (ciudadanos) con derechos y obligaciones.
Por otro lado, se enmarca dentro del una política de estado que busca reducir las acciones y
políticas de bienestar social.
Este artículo discutirá el papel que tuvo el Instituto Nacional
Indigenista (INI) en la promoción de los de los derechos indígenas. El objetivo central es
presentar algunos elementos que puedan ayudar a hacer un balance de los cambios (y
continuidades) en la política indigenista del estado Mexicano. Basado en un estudio
etnográfico del Instituto Nacional Indigenista entre 1995-2000 se analiza el papel que tuvo
el INI
en la promoción de los derechos indígenas durante este periodo. Igualmente se
intenta contribuir a entender la forma en que la discusión sobre derechos indígenas ha
marcado un giro (o no) en las relaciones entre el estado y los pueblos indígenas. El estudio
detallado sobre las prácticas y los discursos indigenistas del personal del INI permiten
entender de forma más puntual de que forma la promoción de derechos indígenas trajo
cambios, así como continuidades, en las políticas y prácticas
indigenistas del gobierno
mexicano. La discusión se centra en el desarrollo de la promoción de los derechos indígenas
por parte del INI. Se analiza la forma en que decisiones institucionales ayudaron a la
promoción de los derechos indígenas, así como éstas se vieron limitadas por la misma
inercia que ha caracterizado la relación entre indígenas y estado.
A su vez se describe como
iniciativas institucionales ayudaron a la promoción de los derechos indígenas, pero también
1
Por indigenismo se entiende las políticas y prácticas institucionales dirigidas a la población indígena.
313
se señala como es que el indigenismo de estado sigue permeando las posibilidades de
cambios en la relación entre pueblos indios y estado.
Durante la década de los 90’s
tres eventos fueron relevantes para poner en lugar
central la discusión sobre los derechos indígenas en México: 1) el reconocimiento oficial del
gobierno federal del artículo 169 de la Organización Internacional de Trabajo (OIT); 2) la
reforma constitucional en 1992 del artículo 4º y 27 y los acuerdos de San Andrés entre el
Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el gobierno federal en 1996.
A partir
de estos eventos se observa un giro importante en la discusión sobre asuntos indígenas en el
ámbito nacional; en la prensa y otros medios de comunicación el tema indígena está
presente de manera regular. Por otra parte, las organizaciones indígenas incorporan a sus
tradicionales demandas económicas y sociales el reclamo por derechos de autonomía y
autodeterminación dentro de un discurso donde la identidad indígena juega un papel
importante.
En el ámbito oficial, durante las administraciones de Carlos Salinas y Ernesto
Zedillo,
observamos que el gobierno incorpora la promoción de derechos legales para la
población indígena. Estos nuevos lineamientos en la política social se dan en un contexto
general de abandono de políticas redistribucionista
y de bienestar social de cobertura
universal (característico de los gobiernos previos a la crisis económica de 1982),
sustituyéndolas con políticas que hablan de co-responsabilidad por parte del ciudadano en la
obtención de estos servicios y políticas de atención directa y focal a los sectores debajo del
nivel de pobreza.
Este nuevo giro responde a la tendencia general de reducir al estado
benefactor, sobre todo en su carácter interventor, con el propósito de permitir que la
sociedad civil y el mercado cumplan el papel regulador previamente ejecutado por éste. Para
la población indígena, siendo que su mayoría está debajo de los niveles de pobreza, la
atención se encuentra enmarcada entre los parámetros diseñados para la atención a la
pobreza donde el indígena es definido como pobre. Paralelamente, el creciente
reconocimiento del elemento étnico da pie a una política dirigida ya no a integrar a la
314
población indígena a través de la asimilación, sino ha modificar los marcos legales
nacionales (eje. reforma al artículo 27) para incorporar a la población indígena como tal –
con sus recursos humanos, culturales y naturales -
al nuevo proyecto de estado. A esta
nueva modalidad la he denominado como “indigenismo legal,” el cual se define por una
política indigenista que busca reconocer (ciertos) derechos a los pueblos indígenas que
facilite su integración al mercado como ciudadanos y limite la responsabilidad social
y el
papel tradicional de tutelaje del estado.
Desde la fundación del estado mexicano la política seguida hacia la población
indígena se ha caracterizado por ser diseñada y ejecutada predominantemente por personas
no-indígenas.
2
La política indigenista del México independiente ha fluctuado en el
reconocimiento limitado o negación de los pueblos indígenas. Ambas posturas representan
los dos extremos de una misma agenda: la integración de los pueblos indígenas al proyecto
nacional. A pesar de ello, es importante distinguir que las políticas y las estrategias para
lograr dicha integración han sido diferentes y responden a diferentes contextos políticos,
económicos y sociales. Por ejemplo, a principios del estado liberal (1810), inspirado en los
ideales jacobinos de igualdad legal, se desconocen las Republicas de Indios establecidas por
la corona española al ser consideradas discriminatorias por darle un estatus legal diferente a
los indígenas; medio siglo después,
las Leyes de Reforma de 1867 buscan la incorporación
de tierras comunales al sistema de propiedad privada; y para principios del siglo XX, bajo el
espíritu revolucionario, se espera incorporar a la población indígena al proyecto
modernizador a través de programas de alfabetización e introducción de
nuevas tecnologías
de producción, con el fin de integrarla activamente a la economía nacional. Desde finales del
siglo XIX
pero principalmente después de la Revolución,
los antropólogos tuvieron un
papel determinante en el diseño de las políticas del estado en materia indígena. Esta
tendencia continuó hasta los años 60’s cuando una nueva generación de antropólogos buscó
315
separarse de la estrecha relación entre la disciplina y el estado. De aquí surgen dos
perspectivas sobre materia indígena, una de corte marxista que plantea que la discriminación
del indígena es de carácter económico y por lo tanto hay que combatir las condiciones de
explotación de estos (Pozas 1971). La otra postura sostiene que las políticas de asimilación
del indígena discriminan la particularidad cultural de los pueblos indígenas. En este sentido
el desarrollo económico debe estar acompañado de la defensa y rescate de la cultura y
tradiciones indígenas (Bonfil 1970, 1987). Oficialmente estas perspectivas se ven reflejadas
en una política indigenista de participación, en la que se busca que el indígena sea agente
participante de su desarrollo.
En los noventas, la política indigenista rescata mucho de la idea participativa
acompañándola de una política que busca modificar los marcos legales nacionales para
incorporar a la población indígena al proyecto neoliberal. Reflejando la importancia que la
etnicidad ha adquirido desde la década de los ochentas y marcando un cambio en las
demandas tradicionalmente hechas por la población indígena durante el siglo XX. De
acuerdo con Rodolfo Stavenhagen (1980), el movimiento indígena, desde
los cuarentas,
inicio con demandas por algún tipo de predistribución y justicia histórica con una gran
idealización del pasado. Durante los setentas y principios de los ochentas las demandas se
centran el a solución de conflictos agrarios y de bienestar social. Durante este periodo, los
reclamos por justicia económica y social fueron acompañados por demandas de
reconocimiento legal de autonomía y autodeterminación, en donde la identidad étnica se
convirtió en el principio unificador.
3
(Díaz-Polanco 1991, Stavenhagen 2000).
4
2
En el caso de México, donde la ideología del mestizaje indio-español ha marcado las pautas del proyecto
racial del país, entiendo por no-indio toda población que no se identifica como perteneciente a un pueblo
indígena en la actualidad.
3
En Julio de 1989, poco después de la reforma del artículo 169 de la OIT, el primer encuentro continental de
pueblos indígenas celebrado en Quito, Ecuador, estableció que: “Ahora estamos conscientes [los pueblos
indígenas] que nuestra liberación completa solo puede expresarse a través del ejercicio total de nuestra
autodeterminación … y el derecho que tienen los pueblos indígenas al control sobre nuestros territorios,
incluyendo el control y manejo de los recursos naturales de la tierra, el subsuelo y el espacio aéreo”. (Díaz-
Polanco 1991:202-201)
316
I.
La promoción de los derechos indígenas en el INI.
En respuesta al creciente interés en los derechos humanos, a mediados de los
ochentas el INI empezó a poner atención en la situación legal de los pueblos indígenas.
En
1984, el abogado y director del INI Miguel Limón Rojas estableció el Programa de
Defensoría de Presos Indígenas.
Este programa fue creado con el objetivo de proporcionar
asesoría legal a prisioneros indígenas que no tenían acceso a una defensa legal justa.
(Gómez 1990) Para este programa, el Instituto contrató a 35 abogados y un grupo de
antropólogos que, juntos, iniciaron un estudio sobre la situación legal de los indígenas en el
país.
Dicha investigación se inicio con un censo en prisiones federales del país sobre la
cantidad de prisioneros indígenas y la situación de éstos. Los resultados revelaron que la
mayoría de los prisioneros indígenas no había recibido un juicio justo: 70% no tenía
sentencia, y 35% había permanecido en prisión más tiempo de lo establecido por la ley (INI
1993).
Por lo general, los indígenas no eran sujetos de un trato equitativo frente al sistema
legal, particularmente en tres áreas: penal, agraria y laboral.
Este estudio hizo evidente que
los indígenas eran víctimas de una extrema discriminación bajo el sistema penal del país.
Barreras del lenguaje, poco entendimiento de sus derechos y del sistema legal, dificultades
económicas y la discriminación del aparato legal contra ellos, eran unos de los factores más
comunes que enfrentaban los indígenas.
Aunado a la discriminación experimentada en el sistema legal por los prisioneros
indígenas, muchas de las comunidades indígenas estaban inmersas en conflictos de tierras, a
veces violentos, con comunidades vecinas.
También, la falta de definición legal impedía a
4
De hecho, el reconocimiento de los pueblos indígenas es resultado de la demanda por el reconocimiento
legal expresado en muchos foros nacionales e internacionales por organizaciones indígenas. Sin embargo,
un estudio detallado de la influencia que tuvieron las demandas indígenas en la creación del artículo 169 y
otras reformas legales a nivel nacional y a nivel mundial todavía necesita ser realizado.
317
muchas comunidades tener acceso a crédito y otro tipo de apoyo económico que requería
documentación.
Aún más, la coexistencia de usos y costumbres en el uso y manejo de la
tierra generaba conflictos que el sistema legal era incapaz de manejar.
En el aspecto laboral
la mayoría de los indígenas contaban con poca o ninguna protección legal.
Empleados
como jornaleros agrícolas, en trabajos domésticos, y en la industria de la construcción, la
mayoría de los indígenas no contaban con cobertura médica, de retiro o ninguna otra forma
de seguridad social.
En un intento por reducir el impacto negativo del sistema legal sobre la población
indígena, el INI inició una campaña para dar asesoría legal a la población indígena.
Entre
1984 a 1988 dos mil prisioneros indígenas fueron liberados después de haberse pagado
multas menores por el Instituto o por un proceso legal adecuado.
En coordinación con la
Secretaría de Reforma Agraria, 34 acuerdos agrarios fueron aprobados y 234,000 hectáreas
de tierra fueron legalmente legalizadas (INI 1994: 46).
5
Como parte de la campaña se realizaron reuniones con autoridades indígenas para
poder entender mejor sus usos y costumbres, así como informarles sobre sus derechos
legales.
Durante estas reuniones o talleres se hizo claro que la mayoría de los conflictos
surgían debido a la coexistencia de usos y costumbres y el derecho positivo. Sin embargo, el
resultado más relevante fue que las autoridades del gobierno se dieron cuenta que el
conocimiento del derecho positivo por parte de los indígenas no era suficiente para
garantizar sus derechos, y que se requería de una reforma legal más profunda que
reconociera la presencia y derechos de los pueblos indígenas.
Como lo señaló la
coordinadora del programa Magda Gómez en 1988:
5
Pero como sé ha observado con los conflictos agrarios en Oaxaca, en Mayo y Agosto del 2002, muchos de
los conflictos continúan no por falta de resolución legal sino por falta de ejecución por parte del ejecutivo.
(ver López Bárcenas 2002).
318
En un principio vimos la palpable injusticia que sufren los indígenas en
las cárceles y tratamos de contribuir a disminuirlas. Para ello fue necesario
acercarnos a las autoridades tradicionales indígenas, y escuchar de ellas su visión
sobre los delitos, los conflictos y sus maneras de resolverlos. [.
..] Otro problema
que surgió es el de analizar las alternativas posibles para resolver el choque
cultural que produce la aplicación del derecho positivo mexicano en los pueblos
indios. […] por ejemplo, disponer de traductores indígenas en los juicios, llamar a
las autoridades tradicionales a los juicios, reconocer los peritajes antropológicos.
Sin embargo,…, es indudable que se requiere legislar sobre los mismos;
pero legislar constitucionalmente, reconocer su existencia en la ley fundamental,
ya que cualquier legislación secundaria seguirá presa de la contradicción de
origen. (Gómez, 1990:385-386)
Según lo señala Gómez, los lineamientos originales del Programa de asesoría estaban
basados en una preocupación por la discriminación en contra de los indígenas como
individuos por el sistema legal, y no es sino hasta después que se ve necesario hacer
reformas legales. El resultado de ésta primera iniciativa tuvo importantes implicaciones en
el desarrollo de la defensa legal de los pueblos indígenas por parte del INI así como el
marco legal de la siguiente década.
A partir de este trabajo, el INI empieza a promover los derechos indígenas desde la
perspectiva de los derechos humanos, postura generalmente identificada con el antropólogo
Rodolfo Stavenhagen y la abogada Magda Gómez.
Estos autores argumentan que garantizar
los derechos colectivos de los pueblos indígenas es un derecho humano básico, siendo que el
mundo está constituido por una multiplicidad de grupos, el reconocimiento legal de estas
diferencias es una garantía de los derechos humanos. (Stavenhagen 1988; 1990; 2000;
Gómez 1990; 1998).
Contrariamente a posiciones relativistas sobre derechos humanos que
consideran que el reconocimiento de derechos específicos a un grupo determinado va en
319
contra del principio liberal universal de los derechos humanos, los defensores de los
derechos multiculturales creen que la imposición de grupos hegemónicos sobre el resto es,
de facto
, una violación de los derechos culturales en la medida en que la sobrevivencia
cultural de los grupos no hegemónicos está en peligro (Stavenhagen 2000: 11-19). Esta
posición, escribe Magda Gómez
[E]stá buscando el reconocimiento constitucional a una realidad social que
permanece a contrapelo de la pretensión de homogeneidad y de igualdad… Ninguna
de las llamadas garantías individuales permite la adaptación a estos derechos
colectivos, a estos derechos de pueblo, a este nuevo sujeto jurídico. (Gómez
1998:127).
Esta perspectiva aborda el conflicto entre derechos individuales y derechos colectivos,
defendiendo a los derechos colectivos como parte de los derechos humanos.
En la década de los noventa, bajo la dirección del Antropólogo Arturo Warman, y
siguiendo la tendencia de la administración en promover los derechos humanos, el INI
expandió el trabajo legal iniciado en la administración previa.
En 1989 se crea la Dirección
de Procuración de Justicia con el objetivo de fortalecer la defensa legal de los indígenas y
generar información, así como propuestas legales para mejorar la situación legal de los
pueblos indígenas.
La Dirección estaba conformada por cuatro subdirecciones: Asuntos Penales;
Asuntos Agrarios; Asuntos Laborales; y Antropología Legal.
Las subdirecciones de
Asuntos Penales, Agrarios y Laborales tenían la tarea de localizar las áreas más importantes
donde los indígenas no contaban con apoyo legal.
Para llevar esto acabo, cada subdirección
estableció una serie de acuerdos con diferentes agencias gubernamentales tales como la
Secretaría de Gobernación y de Reforma Agraria, para poder agilizar los casos legales de
indígenas.
También, como respuesta al número de indígenas que no contaban o tenían un
registro de nacimiento irregular, el INI, junto con la Oficina Nacional del Registro Civil,
320
inició una campaña nacional para registrar y regularizar el registro civil de la población
indígena.
En este periodo, la subdirección de asuntos penales realizó un censo nacional que
mostró que había 28,451 prisioneros indígenas en prisiones federales.
Para 1994, a través de
la intervención del INI, 8,429 prisioneros habían sido liberados, igualmente, se realizaron
una serie de acuerdos entre el INI y agencias judiciales de diferentes estados.
En 1989, el
INI firmó un convenio con el Ministerio de Justicia de la Ciudad de México en donde éste
último aceptaba avisar al INI si alguna persona indígena era procesada y el INI proveería un
traductor y la asesoría de un perito sobre usos y costumbres si era necesario.
En 1991, se
firmo un acuerdo con el Ministerio de Justicia de la República para cooperar en la revisión
de los casos de indígenas procesados por crímenes federales.
En el mismo año, convenios
similares fueron firmados con los estados de Baja California, Campeche, Durango,
Guerrero, Jalisco, Morelos, Nayarit, Puebla, Sonora, Tabasco, Yucatán y Veracruz.
Sin
embargo, a pesar de las reformas de los códigos penales y los acuerdos institucionales, en
1994 el INI reportó que la persecución legal de prisioneros indígenas estaba teñida por
procedimientos burocráticos lentos y el hecho de que “en muchas ocasiones los jueces no
toman en cuenta las circunstancias atenuantes relacionadas a la situación cultural del
perseguido” (INI 1994: 62).
Debido a la situación general de ambigüedad legal sobre la tenencia de la tierra en
comunidades indígenas, la subdirección de asuntos agrarios creo tres programas:
Conciliación; Asesoría y Gestación; y Diagnóstico.
Cada programa se formó con brigadas
especiales con la finalidad de buscar soluciones.
Debido a la inminente falta de tierra, el
Programa de Conciliación buscó encontrar solución a los conflictos de tierra a través de la
conciliación entre las partes.
Entre 1989 y 1993, de los casos atendidos por las instituciones
el 70% se resolvieron por la vía de la conciliación, pero la Ley Agraria no permitía el
321
reconocimiento legal de estos acuerdos “informales”.
Después de la reforma del Artículo
27 y de la Ley Agraria (1992), se facilitó el reconocimiento legal de estos acuerdos.
6
En el aspecto de asuntos laborales, el objetivo principal del INI era la atención a
migrantes indígenas.
En 1992, por primera vez, el INI dirigió su atención a esta población a
través del Programa de Atención a Indígenas en la Ciudad de México, y del Programa de
Jornaleros bajo las siglas de Solidaridad (INI 1994, 1993).
Al mismo tiempo, el INI
estableció varios acuerdos de trabajo para promover los derechos indígenas con otras
oficinas del gobierno. Estas acciones estuvieron acompañadas de la publicación y
distribución de más de 70,000 folletos sobre el Artículo 169 del la OIT y el Artículo 4º en
varios idiomas -
Náhuatl, Zapoteco, Mixteco, Maya y Ñhañhu – y
40,000 libros sobre usos
y costumbres y manuales legales (INI 1994).
Y se escribieron libros tales como
Donde no
hay abogado
(Gómez y Olvera 1990) con el fin de ser utilizados por indígenas como guía
para entender procedimientos legales básicos.
Otra de las funciones importantes de la Dirección de la Procuración de Justicia era la
promoción de los derechos indígenas entre la población no-indígena. Se realizaron
campañas entre trabajadores del sistema legal y oficinas gubernamentales para
sensibilizarlos sobre la importancia de los derechos indígenas. La Dirección enfatizaba en la
promoción de la reforma legal bajo la convicción de que era la única manera de asegurar un
trato justo para los Pueblos Indígenas.
Pero lo más importante fue el papel que tuvo la
Dirección en la promoción de las reformas legales, como en el caso de la Comisión
Nacional de Justicia para los Pueblos Indígenas de México.
Creada en 1989 por el entonces
presidente Salinas, esta comisión formada por personal del INI, reconocidos académicos,
ex-directores del INI, y otros miembros de gobierno, tenía la tarea de presentar una
6
Sin embargo, después de 1990, con el establecimiento del PROCEDE y el parcelamietno del ejido, el
reconocimiento de acuerdos privados se ha vuelto más problemático por los procedimientos burocráticos
que
implican. (Notas de Campo 2001).
322
propuesta de ley para el reconocimiento legal de los pueblos indígenas.
7
Aunado a esto, el
Instituto ayudó en los cabildeos necesarios para promover la aprobación del artículo 169 y
escribir la propuesta de ley de la reforma del Artículo 4º en 1992.
8
Paralelamente, la Dirección realizó talleres en comunidades y organizaciones
indígenas para promover el uso y entendimiento de los Artículos 4º
y 169 de la OIT.
Junto
a ese trabajo, se realizaron talleres dirigidos a gente no indígena, tales como maestros,
abogados y empleados del INI, como parte de una campaña para sensibilizar a estos sectores
sobre la existencia y la importancia de la defensa de los derechos indígenas.
9
La dirección de Procuración de Justicia realizó un estudio sobre las organizaciones
no-gubernamentales (ONG) trabajando en el área de derechos humanos, y concluyó que la
mayoría de éstas no trabajaban directamente en la defensa legal.
La mayor parte de su
trabajo consistía en cuestionar al gobierno y hacer presión política (INI 1994: 87).
Según el
documento, la mayoría de las organizaciones no-gubernamentales:
[O]peraban en acciones puntuales de corto horizonte temporal, con poca
información… y sin una estabilidad y permanencia: ni en las acciones, ni en las
personas involucradas, ni en los tiempos dedicados a estas actividades; todo ello
motivado y agravado por enormes limitaciones de financiamiento (INI 1993:106).
7
La Comisión estaba integrada por: Dr. Arturo Warman, Presidente; Mtro. Guillermo Espinosa, Secretario
Técnico; José del Val, Gonzálo Aguirre Beltrán, Guillermo Bonfil, Salomón Nahmad; Ofelia Medina,
Carlos Tello, Fernando Benítez, León García, José Dávalos, Jorge Madrazo, Mari Carmen Serra Puche,
Rodolfo Stavenhagen, Leonel Durán, Ignacio Ovalle, Dip. Andrés Henestrosa, Miguel Limón, Luis Ortíz,
Carlos Rojas, Jorge Fernández, José Carreño, Gustavo Esteva, Julieta Campos, Luis Reyes y Luz Ma.
Valdez de Montaño. (INI 1994:48)
8
En entrevistas con dos ex-funcionarios del INI, ambos coinciden en señalar que el presidente Salinas
busco la ayuda del INI para promover estas iniciativas en el congreso. Especialmente en aquellos sectores
donde la oposición a la reforma era mayor. (Entrevista México Junio 1997; México Febrero 2001).
9
Por ejemplo, bajo la petición de la Secretaría de Educación Pública, la Subdirección de Antropología legal
preparó una publicación comentada del artículo 4to y el acuerdo 169, para ser distribuido entre el
magisterio (INI 1994).
323
A pesar de que es difícil estimar el número de ONG trabajando en la defensa de los
derechos humanos, según Luis Hernández y Jonathan Fox (1992) en 1984 sólo había cuatro
ONG sobre derechos humanos y para 1991 el número ascendía ya a 60.
Bajo el entendimiento de que la defensa de los derechos humanos debería ser
primordialmente realizada por actores no-gubernamentales, la Dirección de Procuración de
Justicia decidió promover y apoyar la formación de ONG en defensa de los derechos
indígenas.
Durante la primera mitad de los noventas el INI concentró sus esfuerzos en
apoyar la consolidación de ONG indígenas y no-indígenas dedicadas a la defensa legal de
los indígenas.
Una de las medidas resultantes de esta iniciativa fue el programa Apoyo a
Organizaciones Civiles Defensores de Derechos Humanos.
Establecido en 1990, el
Programa otorgaba tres años de apoyo financiero a aquellas ONG que trabajaran en la
defensa legal de indígenas.
El financiamiento buscaba ayudar al establecimiento de ONG,
con prioridad a organizaciones indígenas, y financiar diferentes tipos de proyecto, tales
como apoyo legal, entrenamiento, asesorías, investigación y evaluaciones.
Como resultado
de esta iniciativa, en 1990 surgieron ocho ONG enfocadas en derechos indígenas en la
Ciudad de México, San Luis Potosí, Veracruz, Oaxaca, Tlaxcala, Estado de México,
Michoacán y Jalisco.
Sin lugar a dudas, este programa apoyó los intentos de promover la defensa de los
derechos indígenas. Una de las razones por las que este programa fue exitoso es que no
interfería de manera directa en el trabajo de las organizaciones que financiaba.
Es por ello,
que no sorprende que los defensores de derechos humanos con los que me entreviste, sin
excepción, tuvieran una importante conexión con este programa, ya sea como beneficiarios
de programa, como ex-empleados del INI, o en trabajos conjuntos con el Instituto.
Cuando Arturo Warman es nombrado Secretario de la Secretaría de Reforma
Agraria (1992) se asigna al matemático Guillermo Espinosa, antes director de la dirección
de Procuración de Justicia, como director del INI (1992-1994). Su nombramiento aseguró la
continuación del trabajo de la dirección y en particular de la subdirección de Antropología
324
Legal. Una de las características del trabajo en este periodo es el énfasis en la creación de
asociaciones civiles indígenas. Esta política se enmarcó en
la tendencia mundial y nacional
– en gran parte fomentada por organismos internacionales como el Banco mundial – de
promover el fortalecimiento del tercer sector. Como resultado vemos el surge un nuevo
patrón de asociación para los pueblos indígenas establecido alrededor de líneas étnicas, en
lugar de económicas o políticas, ya sea como campesinos o como miembros de partidos
políticos.
10
Guillermo Espinosa consideraba que los indígenas necesitaban organizarse afuera de
las organizaciones controladas por el estado, tales como Unión de Ejidos, Cooperativas
productivas, entre otras.
Esto coincidía con el tono general del régimen salinista que, bajo el
emblema de terminar el corporativismo estatal, promovía la creación de organizaciones base
con nuevos interlocutores (Monguel 1994; Cornelius et. al. 1994). También, el apoyo de
ONG era parte de la estrategia utilizada por el gobierno para promover acciones de atención
social, sin tener la responsabilidad directa de implementarlas.
Uno de los argumentos utilizados por el INI era que se esperaba que al utilizar
medidas dirigidas a fortalecer las capacidades defensivas de las comunidades el ciclo vicioso
de “dependencia” creada en administraciones pasadas sería interrumpido. “El paternalismo
excesivo daña a los indígenas,” comentaba uno de los antropólogos del INI,
Y todo paternalismo en exceso perjudica a los indígenas. Si hay una conciencia de
que esto tiene que disminuir porque el INI acostumbró al indígena de que le iba a dar
apoyo simplemente que se lo solicitara, pues sí se convirtió en una institución
asistencialista. Hay una conciencia de que esto tiene que cambiar, La idea es que lo
que le ofrezcamos al indígena sea para romper con la ayuda. Darlo bajo una
perspectiva que incluya la participación de la comunidad, que los mismos proyectos
tengan viabilidad. Yo creo que el estado tiene una función de tutelaje, pero en el
10
Sin embargo, bajo la administración de Espinosa algunas organizaciones independientes no recibieron
apoyo bajo el pretexto de que éstas se encontraban divididas internamente. (Estrada 1995).
325
caso de los indígenas se rebasa. El paternalismo es una forma cómoda de trabajar,
yo te doy lo que puedo pero no hago un esfuerzo para romper esos vínculos que son
nocivos para ambos porque lo que invierte el gobierno se está desperdiciando y lo
que recibe el indígena también se desperdicia.
11
La idea de que los derechos legales substituirían a las relaciones paternalistas era
muy común entre el personal entrevistado. De hecho, muchos en Antropología Legal
consideraban que su trabajo era diferente al resto del INI ya que según proclamaban, éste no
utilizaba prácticas paternalistas tales como proyectos productivos y otros programas de
asistencia social.
Bajo este lente, la promoción de derechos indígenas era percibida como la
forma en que el estado podía apoyar a los indígenas sin caer en viejas prácticas.
Como lo
expresa la siguiente reflexión de la antropóloga María:
Creo que es una posibilidad de incidir en la realidad, pero no en la realidad en
abstracto… y sobre todo en la idea de darle a la gente herramientas, se parte de
fortalecer procesos organizativos y también procesos de asumir los instrumentos o
herramientas que ahora tiene para defender sus derechos,…y ampliarle la
perspectiva de como pueden moverse en este nuevo marco jurídico, dentro de esta
nueva legalidad eso me parece muy padre. … En ese sentido no es un paternalismo a
la antigua, eso es lo que me parece padre de este trabajo, (…) la línea general no es
fortalecer el paternalismo, sino todo lo contrario estamos en contra del paternalismo.
(…) el ánimo general es ese, fortalecer a los sujetos. (Entrevista, México 1996).
Este espíritu estaba acompañado por el hecho de que, para promover los derechos
indígenas era necesaria una posición menos intervencionista por parte del Instituto, ya
que la defensa de los derechos humanos, por definición, requiere de la participación de la
326
sociedad civil. Desafortunadamente, y a pesar de la convicción de los daños ocasionados
por las relaciones paternalistas, la erradicación de las prácticas paternalistas resulto ser
más difícil que su crítica, y aun aquellos que estaban conscientes de esto se veían
atrapados en este tipo de prácticas, la mayor parte limitados por la estructura
administrativa y del poder del Instituto.
12
Las prácticas paternalistas son difíciles de
erradicar ya que éstas se encuentran insertadas en la estructura de una relación de poder
desigual entre los indígenas y el estado.
En 1994, el nuevo director del Instituto, Carlos Tello (1994-1998),
invitó a Magda
Gómez como directora de la Dirección de Procuración de Justicia.
Su regreso era una buena
señal para la Dirección ya que no sólo aseguraba la continuidad del trabajo sino que también
su compromiso y su experiencia en el tema hizo de la Dirección una voz importante en la
discusión sobre los derechos indígenas. Después del levantamiento de Chiapas, y ante la
crítica sobre la intervención del estado y los programas sociales en comunidades indígenas,
el INI puso más énfasis en su trabajo sobre promoción de derechos indígenas.
En particular
se dio prioridad al trabajo dirigido a la promoción de las reformas legales tanto en el ámbito
estatal como federal y el programa de apoyo de ONG.
Consecuentemente, la Dirección buscó tener un rol activo en la promoción de los
derechos indígenas.
Por ejemplo, durante la primera ronda de negociaciones entre el EZLN
y el Gobierno Federal en San Andrés Larrainzar (1996), el INI formó parte del equipo de
asesores para el gobierno al mismo tiempo que apoyó a la mesa del EZLN de forma
indirecta. De los veinte representantes propuestos por el EZLN dieciséis habían participado
en los talleres sobre derechos indígenas del INI, o
recibían o había recibido financiamiento
de la Dirección de Procuración de Justicia.
Esta situación cambió en la segunda etapa de
negociaciones cuando la posición del gobierno se endureció y la tensión militar aumento con
11
Entrevista, Mexico, 1996.
12
Para más información ver: Saldívar 2002.
327
el encarcelamiento de “Germán”, uno de los líderes del EZLN.
En la segunda mesa, el
gobierno federal trajo como asesores a empresarios y personalidades conservadoras
reflejando un cambio en la posición del gobierno en continuar con las negociaciones. Ante
esto, el INI y en especifico la Dirección de Procuración de Justicia, decidió retirarse de las
mesas de negociación. (Entrevista, Guadalajara 2000).
Debido al levantamiento de Chiapas y la mayor visibilidad del movimiento indígena
en el ámbito nacional e internacional, el INI se encontró con escenarios diferentes tanto en la
Ciudad de México como en sus oficinas locales. En la medida en que los indígenas se
organizaban fuera del control del estado, las prácticas cohesionadoras del Instituto eran cada
vez menos toleradas.
Como lo declaró el Director de un INI local en una reunión de trabajo:
[L]a sociedad en general está muy atenta del papel del INI y cualquier error,
cualquier deficiencia que tengamos fácilmente nos las ubican. En primer lugar
debemos ser muy responsables con las comunidades y respetuoso, y tener el cuidado
debido. (Reunión de Personal, Veracruz 1998)
A la vez, en un intento por evitar antagonismos con otras agencias gubernamentales,
o ser acusado de prácticas contrarrevolucionarias por los simpatizantes del movimiento
indígena, el Instituto abandonó su tendencia de apoyar organizaciones creadas (y
controladas) por el INI y, en su lugar, amplió su apoyo a organizaciones independientes,
asistiendo sólo a comunidades que solicitaran su apoyo legal.
Al mismo tiempo, en la
medida que la posición del gobierno federal se endurecía, el INI redujo su tradicional labor
de organizador en las comunidades y optó por una posición más institucional limitando la
flexibilidad de acción que los indigenistas solían tener. (Entrevista Oaxaca 2000)
Por ejemplo, la Subdirección de Antropología Legal se volvió cautelosa y evito
interferir en casos en donde era claro que intereses políticos y de partidos estaban
involucrados.
Redujeron su participación en talleres sobre derechos indígenas y la
328
producción de materiales impresos, medidas que no solo eran una respuesta a la tensión
política en general, sino también a la crisis económica de finales de 1994.
En su lugar, la Dirección de Procuración de Justicia dirigió sus esfuerzos en
cabildear a nivel federal y estatal por la reforma legal en materia de derechos indígena.
Dentro de la Dirección era de consenso general que la prioridad primordial era cambiar el
sistema legal para asegurar un trato justo a la población indígena.
Después de años de
experimentar las fallas y los efectos limitados de su trabajo para mejorar la situación legal de
los indígenas, habían llegado a la conclusión que la creación de un sistema legal que
incluyera los derechos indígenas era indispensable.
Para lograr esto, la Dirección dio
prioridad a la atención de algunos casos legales como el uso del peyote por los Huicholes; la
reubicación de población indígena; conflictos religiosos; etc. con la finalidad de crear
antecedentes legales para futuras discusiones.
El trabajar a nivel federal y estatal en lugar de
las comunidades era un intento por abogar por una reforma legal general en lugar de limitar
la acción del INI a la defensa de casos.
Durante este tiempo se esperaba que la promoción
de los derechos indígenas a nivel comunitario fuera llevada a cabo por organizaciones
civiles.
Aunque la situación política influyo en las estrategias escogidas por la Dirección,
éstas estaban enmarcadas dentro de una política y tendencia general de la política social del
momento. Es por ello que es importante ver la relación entre la política social del gobierno
(en especial la de Salinas de Gortari) y la promoción de los derechos indígenas.
II. Liberalismo Social y Derechos indígenas.
Una vez descrito las características del programa de promoción de los derechos
indígenas del INI, es importante entender el contexto en que estas iniciativas se
desarrollaron, en especial a lo que se refiere a los derechos humanos y la política social del
gobierno federal.
A finales de la década de los ochentas las demandas por derechos
indígenas empezaron a tomar forma entre líderes indígenas, académicos, abogados y
329
oficiales del gobierno. Bajo la administración de Salinas de Gortari,
la promoción de los
derechos humanos tuvo desarrollos significativos, en especial con la promoción del
reconocimiento constitucional de los derechos humanos.
En 1990 se creó la Comisión
Nacional de Derechos Humanos
la cual es reconocida legalmente en junio de 1992, ese
mismo año se reforma el artículo constitucional 102 en el que se reconocen los derechos
humanos. Estas medidas, junto con la firma del Artículo 169 de la OIT y la reforma
constitucional de los artículos 4º, reflejaban los intentos del gobierno por fortalecer los
mecanismos que garantizaban los derechos individuales.
Con la firma del Acuerdo 169 de la OIT (1989), el concepto de derechos indígenas
fue formalmente reconocido en México. Este artículo reconoce a los pueblos indígenas
como entidades legales donde los gobiernos que firman el acuerdo están obligados de
garantizar la integridad de los pueblos indígenas y proteger sus derechos, lo que incluye la
apropiación y el uso de territorios tradicionales, el respeto a sus idiomas y cultura, la
adaptación de instituciones nacionales a sus usos y costumbres, el mantenimiento de sus
formas tradicionales del gobierno, la participación directa de los pueblos indígenas en todas
las decisiones que puedan afectar el futuro de sus territorios y sus recursos, y acceso a todos
los beneficios garantizados por la ley nacional y la representación política (INI 1996; De la
Peña 2000). Consecuentemente, 3 años después,
se reforma el Artículo 4º
donde se
establece que la ley debe proteger y promover “el desarrollo” del lenguaje, cultura,
tradición, recursos naturales y formas especificas de organización de los pueblos indígenas
originarias, así como garantizar su acceso justo al sistema legal.
13
Esté Artículo estableció
que las tradiciones y los usos y costumbres serían consideradas en cualquier procedimiento
legal y agrario donde estuvieran involucrados (INI 1993: 85).
13
“La Nación mexicana tiene una composición pluricultural. La Ley protegerá y promoverá el desarrollo de
sus usos, costumbres, recursos y formas específicas de organización social y garantizará a sus integrantes el
efectivo acceso a la jurisdicción del Estado. Se tomarán en cuenta sus prácticas y costumbres jurídicas en
los términos que establezca la ley.” Constitución Mexicana, Artículo 4to, 1992
330
La firma del Artículo 169 y la subsiguiente reforma del Artículo 4º de la
Constitución mexicana en 1992 es un paso importante en el reconocimiento de la
configuración multicultural de la nación en sus “pueblos indígenas originarios.”
Implicando
un cambio importante en la política indigenista del estado, así como una nueva definición de
los indígenas como sujetos legales. Sin embargo, para muchos críticos, la reforma legal del
artículo 4to es limitada con relación a lo establecido en el Artículo 169 de la OIT,
particularmente en la definición de autonomía, territorios y control sobre recursos naturales.
Pero, como lo discutiremos a continuación, el reconocimiento legal trajo cambios
cuantificables en medida que la agenda y las demandas del movimiento indígena empezaron
a ser definidas como derechos - que podían ser defendidos por la ley y no como prestaciones
o concesiones del gobierno.
Paralelamente a los cambios legales, observamos una reestructuración de las
políticas sociales, que también traen una redefinición del sujeto de atención indígena.
Durante la década de los noventas surgen dos definiciones de lo indígena. Los pueblos
indígenas, previamente considerados como los desposeídos y objetos del tutelaje del
estado, por un lado serán reconocidos como ciudadanos – con dificultades particulares,
pero ciudadanos finalmente, con derechos y obligaciones, por otro lado – particularmente
durante la administración de Ernesto Zedillo- los pueblos indígenas son definidos como
pobres, haciéndolos objetos de programas de atención a la pobreza.
Esta “transición de
clientes a ciudadanos” (Fox 1994) estableció nuevas reglas en la relación entre el estado y
los indígenas, donde el último necesita convertirse en un “ciudadano responsable”
tomando en sus propias manos la responsabilidad del estado de su seguridad social, al
tiempo que se vuelve blanco de programas de atención de la pobreza, los cuales se
caracterizan por ser de corto alcance y
de alivio.
Durante la primera mitad de los noventas, bajo el emblema de
Solidaridad
, el
gobierno buscó crear una nueva relación en que el estado no estaba políticamente obligado,
331
como en el pasado, a redistribuir algunos de los beneficios del desarrollo económico.
“Solidaridad,” declara un documento oficial:
[E]s un concepto generoso que carece de todo vestigio de paternalismo, implica
respeto y corresponsabilidad, rechaza falsas promesas, y es la más firme esperanza
de corregir la injusticia histórica para tener un porvenir de equidad. (INI 1993:16)
La política social de Salinas estaba definida como un acto de “generosidad,” no de
obligación o derecho.
Este nuevo pacto social, según Rolando Cordera, implicaba el
surgimiento de “la ciudadanía democrática y el individualismo económico”, que tendía a
promover un individualismo que rechazaba la acción pública pero, al mismo tiempo,
generaba una expansiva diversificación de la demanda social (1990: 297).
A medida que el
discurso oficial cambio de reclamos por justicia social a reclamos por justicia legal durante
los noventas, observamos reformas legales y una nueva política indigenista que tomaba algo
del lenguaje de los derechos humanos, así como el uso de términos tales como
“autodeterminación” y “respeto por los pueblos indígenas.”
Con esta nueva perspectiva se
esperaba que al otorgar algunos derechos civiles a los pueblos indígenas estos podrían
defender sus intereses bajo la sombra de una prescripción legal.
Como parte del nuevo
pacto social que intentaba cambiar la tradicional relación corporativa entre el estado y los
actores sociales, y enfatizar en políticas que promovieran un libre mercado, menos
intervención estatal, y el retiro de la cobertura universal de la seguridad social, la existencia
de un sistema legal accesible a todos los individuos se convierte en un prerrequisito.
En el documento
Politicas y Tareas Indigenistas: 1989-1994,
el antropólogo Arturo
Warman director del INI de 1989-1992,
presento los nuevos lineamientos de la relación
entre el INI y los indígenas. Poniendo al centro de la agenda
el “como” debería ser la nueva
relación entre indígenas y el instituto, considerándolo como factor clave para cambiar las
prácticas del Instituto. Los objetivos principales eran tres: participación comunitaria,
332
transferencia de funciones a las comunidades indígenas y, participación de otras agencias
gubernamentales y la sociedad civil (1989:1-3). Estos objetivos eran parte de una nueva
postura oficial sobre las políticas de desarrollo social. Bajo la consigna de acabar con el
asistencialismo y paternalismo la nueva administración tecnocrática redujo sus programas
de cobertura social amplia, remplazándolos por acciones de atención focal. Como parte del
adelgazamiento del estado, esta política parte del supuesto que el estado es, por definición,
más ineficiente que el sector privado. En este sentido, el estado tiene efectos negativos
generando relaciones paternalistas y asistencialistas, mientras que el mercado puede ayudar
a regular la prestación de servicios de atención social.
14
Los cambios en el ámbito legal y en las políticas sociales tuvieron efectos en
diversos niveles: en la relación entre el gobierno federal – INI en este caso, y los indígenas;
en el surgimiento de otras formas de organización dentro de las comunidades indígenas –
como asociaciones civiles; y en las formas tradicionales de organización y negociación
dentro de las comunidades indígenas (ver Saldívar 2002). Pero sin duda alguna, uno de los
cambios mas visibles fue el papel que tuvo el discurso de los derechos indígenas en los
eventos que siguieron al levantamiento del EZLN en enero de 1994.
III. De Clientes a Ciudadanos
15
Si Salinas se hubiera imaginado en que se estaba metiendo, nunca hubiera firmado el
Artículo 169 o promovido la reforma del Artículo 4o.
16
14
Carmen Martínez muestra que las relaciones paternalistas no se limitan al sector público sino también al
sector privado y de las ONG. (Martínez 1998)
15
Estoy tomando prestado este concepto de Jonathan Fox (1994)
16
Entrevista, Mexico1998.
333
Para 1998 la certeza de esta observación parecía incuestionable.
Salinas no pudo
haberse imaginado que las reformas legales que promovió serían utilizadas para legitimar el
surgimiento de un movimiento indígena armado con demandas radicales de
democratización, autonomía y justicia.
17
Sin embargo, no es sino hasta 1996 durante el
proceso de la firma de los acuerdos de San Andrés Larraizar,
entre el gobierno federal y el
EZLN – dos años después del levantamiento –, que los reclamos del movimiento indígena
se centro en la defensa de los derechos indígenas.
18
Después de los Acuerdos de San
Andrés, la definición de los derechos indígenas se convirtió el campo de batalla entre el
gobierno federal y los Zapatistas. A grandes rasgos, los Acuerdos son el primer intento por
reconocer los derechos de los pueblos indígenas.
En este documento el gobierno federal
reconoce el carácter nacional de las demandas indígenas y los principios de autonomía y
autodeterminación se basan en una nueva relación entre el estado y los pueblos indígenas
(INI 1996). Estos acuerdos representan una victoria para el movimiento indígena,
19
no solo
porque eran una expresión de las demandas políticas principales de los pueblos indígenas,
pero, también, porque le dieron una unidad nacional a las demandas indígenas: los derechos
indígenas.
Sin embargo, contrario alo que se esperaba, la firma de los Acuerdos, - que
significaba que el conflicto se había movido hacia términos legislativos - también marco el
inicio de una larga y tortuosa campaña militar que ha durado mas de seis años.
En noviembre de 1996, la Comisión del Congreso por la Paz (COCOPA), basándose
en la propuesta legal presentada por el Congreso Nacional Indígena (CNI), presentó una
iniciativa de ley indígena apoyada por el EZLN. Un mes más tarde, el Presidente Ernesto
17
Especialmente si tomamos en cuenta que el uso del discurso y el sistema legal en los movimientos
sociales era limitado, sobretodos si lo comparamos con otros países como los Estados Unidos o de Europa.
La corrupción y las persistentes prácticas autoritarias desalentaban el uso o aprendizaje del sistema legal
como una forma de resistir o defenderse, ya sea individualmente o colectivamente.
Tradicionalmente, las
demandas sociales se peleaban a través de movilizaciones, la opinión pública y negociaciones con el
estado.
18
En 1990 el Consejo de Pueblos Nahuas del Alto Balsas, Guerrero A.C. apelo al acuerdo 169 en su lucha
por parar la construcción de una presa. Pero este fue un caso aislado y de acuerdo con la apreciación de uno
de los participantes tuvo poco impacto.(Estrada, et.al. 1995)
334
Zedillo presento su propia (muy diferente) iniciativa.
Con esto Zedillo desconocía
tácitamente los acuerdos y suspendía las negociaciones de paz entre el EZLN y el gobierno
federal.
20
Los principales puntos de desacuerdo entre las propuestas de la COCOPA y la de
Zedillo eran en torno a la definición del sujeto legal, territorios y autonomía.
La propuesta
de Zedillo reemplazaba el concepto de “pueblos” indígenas por “comunidades” indígenas.
21
El solo reconocer los derechos indígenas a comunidades no se reconoce que los pueblos
indígenas, como pueblos, tiene sus propias estructuras sociales, culturales y legales.
También, el reconocimiento de comunidades presentaba problemas prácticos.
Mientras que
en México existen sesenta diferentes pueblos indígenas, el país cuenta con más de ocho mil
comunidades indígenas.
22
La propuesta de Zedillo determinaba que los territorios indígenas
se establecerían según lo prescrito por la ley agraria, pero dicha ley no reconoce la
existencia de territorios.
Por último, esta iniciativa limitaba el uso de los medios masivos
por los indígenas a lo que establecía la ley, y dicha ley establece que para poder transmitir
en otro idioma que no sea español es necesario contar con un permiso otorgado por la
Secretaria de Gobernación.
Las diferencias entre estas dos iniciativas reflejan entendimientos diferentes sobre
los derechos indígenas.
El gobierno federal visualizó una legislación indígena que
reconociera las herencias indígenas de cada individuo, y que, de acuerdo con el principio de
de libre mercado, enfatizaba la individualidad del indígena sobre sus intereses colectivos.
Para la CNI, la COCOPA, y el EZLN, por otro lado, el reconocimiento de los derechos
indígenas implicaba la aceptación de derechos colectivos, autodefinición como grupo y
autonomía en la toma de decisiones concernientes a toda la colectividad.
19
Aunque el EZLN, en su momento, no lo reconoce como tal.
20
También el PAN y el PVEM presentaron sus propuestas de ley en enero de 1997.
21
En la propuesta de Zedillo el término Pueblos y Comunidades son utilizadas de manera indiferente, pero
en el párrafo donde se definen al sujeto legal el término utilizado es comunidades indígenas.
22
El reconocimiento de pueblos en lugar de gente es una demanda promovida por otras organizaciones
indígenas en el mundo. En la Conferencia Contra el Racismo de la ONU en 2001 no se cambio la palabra, a
pesar de haber sido una de las peticiones presentadas por el Foro de las ONG.
335
Estas diferencias se basan en distintas percepciones legales así como en intereses
económicos y políticos encontrados.
La posición liberal que define al sistema jurídico,
mexicano se basa en la idea de que el bienestar de la colectividad reside en asegurar los
derechos individuales de cada uno de sus miembros, haciendo la admisión de derechos
colectivos como inaceptables.
También, el derecho positivo se basa en la presencia de un
estado nacional fuerte, y el reconocimiento de derechos colectivos trae el temor del
surgimiento de naciones dentro de la nación. El reconocimiento por parte del estado de un
sistema legal propio y estructuras de autoridad en territorios indígenas implica un reto al
concepto hegemónico de control estatal.
En otras palabras, el reconocimiento del derecho
de autodefinición y autonomía de los pueblos indígenas significaría una reorganización
profunda del sistema legal, así como la redistribución del control del poder político, y
económico.
Por ejemplo, la autonomía territorial es particularmente importante si tomamos
en cuenta que casi el 35% de los bosques del país están en tierras indígenas (González 1994:
81).
Sin embargo, la propuesta de Zedillo no representaba a todos los sectores del
gobierno federal. Tal fue el caso de la postura del INI, y en particular la dirección de
Procuración de Justicia, con respecto a la política seguida por presidencia.
La posición
cuasi-independiente de la Dirección con relación a la oficina del Presidente se vio
cuestionada en 1998 cuando Zedillo solicito al Instituto que condujera una “consulta” entre
los indígenas para promover su propuesta de ley, sin tomar en cuenta que esta había sido
rechazada por la COCOPA, el EZLN, y el CNI.
El director del INI Carlos Tello se negó a
llevar a cabo la tarea y en su lugar la recién creada Procuraduría Agraria fue asignada para
hacer el trabajo. Esto fue acompañado con la renuncia de Carlos Tello y Magda Gómez
reflejando que la posición “dura” dentro del gobierno federal lograba imponerse.
Posición
que, 3 años después, determinaría el diseño y aprobación de
la ley indígena aprobada por el
abril del 2000.
336
A pesar de sus importantes omisiones - particularmente en materia de autonomía
indígena -, la Ley Indígena es un paso considerable en materia de derecho indígena. La
creación de una ley que trata específicamente sobre asuntos indígenas es, en sí, un cambio
plausible en el derecho positivista liberal característico del país. Sin embargo, las reformas
al artículo 2ndo de la Constitución se caracterizan por ser, es su mayoría, de índole
asistencialista. Es por esto que una de las críticas generalizadas es que ésta ley sólo legisla
sobre áreas que ya están incluidas en las obligaciones del estado: derecho a la educación,
salud, desarrollo económico, etc.
El carácter asistencialista de dicha ley se impuso y como resultado el 20 de Mayo
del 2003 el Presidente Vicente Fox declaró oficialmente la disolución legal del Instituto
Nacional Indigenista y presento la recién formada Comisión para el Desarrollo de los
Pueblos Indígenas. Como su nombre lo indica, el desarrollo se impuso sobre el derecho,
reafirmando la continuidad de una política de estado renuente en aceptar que el
reconocimiento de derechos indígenas es indispensable para el desarrollo de los pueblos
indígenas del país.
Conclusiones:
En este artículo hemos descrito el papel que tuvo el INI en la promoción de los
derechos indígenas. Se discutió el contexto en que ésta se dio y describió las acciones
llevadas a cabo por dicha institución. Señalamos que las iniciativas de la institución fueron
parte de varios proceso paralelos en donde la promoción y defensa de los derechos indígenas
tomo un papel central en la agenda del movimiento indígena y las políticas del estado.
La promoción del derecho indígena ha tenido resultados importantes - por ejemplo
la
ley indígena del
estado de Oaxaca y su consecuente creación de la Secretaria de Asuntos
Indígenas. Sin embargo, estos cambios no se han reflejado en el diseño de las políticas
sociales
dirigidas a la población indígena. Podemos decir que a pesar de los cambios de
337
forma, legales e institucionales, las prácticas del indigenismo oficial siguen persistiendo. A
lo largo de la historia del indigenismo oficial hemos observado que
a pesar de cambios en
los programas y políticas persisten ideas desarrollistas sobre aquellos intentos que buscan
dar voz y autonomía a los pueblos indígenas.
La persistencia de políticas que siguen infantilizando al indígena no debe entenderse
sólo como falta de voluntad de los gobiernos, es necesario ver que esto es reflejo de una
actitud generalizada en la sociedad mexicana. Actitud que influyo de manera fehaciente la
decisión de los senadores que a última hora desecharon –de forma tajante- un proyecto legal
(Ley COCOPA) que iba en contra de los viejos preceptos y estereotipos de lo que ha sido la
relación del estado con los indígenas. Es por ello que para lograr un cambio profundo en las
políticas y relaciones del estado con la población indígena es necesaria una nueva definición
del sujeto indígena, es decir que éste debe dejar de ser concebido como sujeto de atención y
ser reconocido como sujeto de derecho. Solo así se podrán crear programas y políticas de
estado que ofrezcan nueva respuestas y alternativas.
338
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