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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Teorías del comportamiento electoral y
algunas de sus
aplicaciones
Murilo Kuschick
1
Resumen
El presente artículo tiene por objeto demostrar, a partir del análisis de resultados de
diferentes encuestas reopinión y de diferentes elecciones llevadas a cabo
en México, que al
existir en el país procedimientos democráticos que ofrecen a los votantes varias
posibilidades de elección, es posible utilizar hipótesis y teorías que se construyeron sobre
las modalidades de decisión del elector estadounidense para explicar la conducta electoral
de los mexicanos.
Abstract
The purpose of this article is to prove, by analyzing results from different opinion polls
and
elections held in Mexico, that due to the existing democratic
procedures offering voters
several electoral possibilities in Mexico, it has become possible to use hypotheses and
theories about decision-making among United States’ voters to explain Mexican electoral
behavior.
Palabras claves
Encuestas,
elecciones,
López Obrador, gráficas.
1
Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana,
campus
Azcapotzalco, Av. San
Pablo No. 180, Col. Reynosa
Tamaulipas,
C.P. 02200, México, D.F.
47
Introducción
Cuando se considera el conjunto de los procesos electorales llevados a cabo en México
durante la mayor parte del siglo XX, cualquier analista interesado en problemas político-
electorales destacaría que la mayoría de los electores votaba por el PRI motivado por
distintas razones,
políticas, económicas o ideológicas.
Esta relación casi mecánica entre
electores y su decisión de voto, amén de la ausencia de una real oposición y de un sistema
electoral confiable, moderno e imparcial inhibía cualquier intento por hacer estudios más
acuciosos acerca del comportamiento electoral de los mexicanos. De hecho,
fueron
necesarios muchas luchas
por los partidos de oposición y
la sociedad civil
para que se
modificaran las condiciones
de la competencia político-electoral (Becerra, Salazar,
Woldenberg, 2000), aunadas
a varias crisis económicas.
De esta forma, a partir de 1977, con las distintas reformas electorales no sólo se
realizaron modificaciones a las reglas de la competencia política
sino
además se llegó al
año 2000 con la primera victoria de un partido de oposición al puesto de Presidente de la
República.
En función de lo anterior, en este artículo se esbozarán
algunas reflexiones sobre
el problema de las relaciones entre las elecciones y la conducta de los votantes a fin de
poder establecer la existencia de mecanismos y resortes para explicar las motivaciones que
conducen
al elector a tomar su decisión.
Decisión, comunicación y elección
Aunque algunas veces no sea muy explícito, uno de los objetivos
de la sociología es
explicar cómo los individuos
realizan cierto tipo de acciones y toman cierto tipo de
decisiones; en nuestro tema en particular, explicar cómo se toman las decisiones en el
ámbito electoral. Cabría preguntarse, entonces, ¿por qué y mediante cuáles elementos
pueden ser explicadas estas tomas de decisiones? Al respecto, en por lo menos cuatro
teorías, se destaca
que la decisión deviene de una constricción social (Lipset, 1997;
Lagroye, 1994). Los individuos toman decisiones en función de las presiones y condiciones
sociales en las que
viven. En estos términos, los resultados de las votaciones obedecen
a la
situación de clase, a la ocupación y al estatus socioeconómico de los electores. Por
48
consiguiente,
los obreros
suelen votar
por partidos obreros,
mientras que los empresarios,
comerciantes e individuos que pertenecen a los grupos de mayores ingresos votan
por los
partidos de la derecha o afines a su condición de clase, lo cual
implica un bajo nivel de
movilidad de partidos y candidatos. En este sentido, puede
plantearse
que las campañas
políticas ejercen
pocos efectos en la decisión de los electores.
De manera paralela a esta hipótesis e influido por la sociología de Talcot Parsons
(1988),
encontramos los planteamientos de la escuela de Columbia, así llamada porque sus
integrantes, bajo la dirección de
Paul Lazarsfeld, un investigador de origen austriaco,
trabajaron en la Universidad de Columbia en Nueva York. Este grupo se abocó a investigar
la influencia de los medios, principalmente la prensa y radio,
en la toma de
decisión de los
electores, concluyendo que si bien tienen algún tipo de
impacto las influencia de mayor
peso en la decisión de los individuos están
motivadas por su pertenencia a sus grupos de
referencia
como son la familia, el trabajo, la religión y el lugar de residencia. Al mismo
tiempo se produjeron cuatro importantes esquemas que explican la comunicación y las
posibilidades
de la comunicación para influir en la toma de decisión de los electores.
El primero
de ellos es el esquema de la comunicación filtrada, que describe
la
influencia que recibimos
de los medios de comunicación a partir de nuestros intereses,
usos y gratificaciones que de ellos obtenemos. Por lo general, somos receptivos
a los
mensajes que se asemejan a lo que pensamos y rechazamos
los que
son en tipo y forma
diferentes a lo que estamos acostumbrados (Lazarsfeld, 1960).
En el segundo esquema, se
plantea que la comunicación suele
arrojar mejores resultados cuando llega a nosotros
mediada por un líder de opinión que nos influye. En otras palabras,
el modelo de
la
comunicación consta de dos pasos: el medio de comunicación
envía el mensaje, el cual
llega al público, pero sin producir efectos hasta que un líder lo recupera y lo comenta al
grupo en donde tiene influencia. Esta
forma de comunicación se relaciona con la
credibilidad y el nivel de confianza del líder de opinión. La escuela de Columbia
era
un
tanto
escéptica en cuanto a los efectos de los medios masivos de comunicación para lograr
cambios efectivos en la conducta de los electores, ya que considera que
únicamente se
logra
motivar a los inadaptados y marginales que no se encuentran integrados a sus grupos
de referencia. Por lo tanto, las campañas político-electorales y el uso de los medios masivos
de comunicación no cambian el comportamiento de los electores, ya que éstos deciden
su
49
voto en función a su grupo de pertenencia,
lo cual
implica un nivel muy bajo de movilidad
entre los electores posibilitando tan sólo cambios en la decisión de voto si cambia la
composición y la movilidad social y económica de los grupos de referencia.
Paradójicamente, las campañas político-electorales cada vez hacen un uso cada vez
más intenso de los medios masivos de comunicación y gastan
una
cantidad cada vez
mayor de recursos.
Esto está ligado a la aparición del tercer
esquema a partir del interés en
la decisión electoral. Bajo la dirección del psicólogo Angus Campbell (Campbell,
et. al.
1964), un grupo de la Universidad de Michigan publicó los resultados de un estudio sobre
los elementos que el elector estadounidense considera
al momento de tomar una decisión
electoral, aislando
tres elementos de origen psicológico: a) la identidad político partidaria,
b) la imagen de los candidatos y c) los temas de interés en las campañas políticas
(Campbell,
et. al.
1964). Aunque
estos
autores
no hablen explícitamente de la influencia
de los medios, proponen que
la imagen de los candidatos
y los temas
que se discuten en
las campañas políticas son promovidos principalmente por los medios masivos de
comunicación y,
en la actualidad, por la televisión.
El cuarto esquema
surgió
a finales de
la década de los años cincuenta, es el
formulado por
Anthony Downs (1957) quien desarrolló una concepción de índole racional
de acuerdo con la cual los individuos deciden a partir de los beneficios que les ha
proporcionado el gobierno en turno y de
los posibles y probables beneficios que piensan
recibir de los partidos y candidatos contrincantes.
Por lo tanto, las elecciones que hacemos
no devienen tanto de nuestra participación en una clase o grupo social, sino de
las
percepciones de los individuos
en relación con las acciones e
“inacciones” del gobierno en
turno y en función de la capacidad de los partidos opositores de generar confianza y
credibilidad en las ofertas que realizarán
a favor o en contra de los programas y propuestas
del gobierno en turno o de los cambios que introducirían
si llegaran al poder, esto significa
que las campañas políticas y comunicativas pueden intentar cambiar tales
percepciones.
Aunque contradictorios entre sí,
estos planteamientos esquemáticos no pueden
desecharse
del todo, pues el hombre no
es sólo un ser determinado por las condiciones
macro sociales (el medio social en el cual vive y por las instituciones en las cuales está
inmerso) ya que es
a la vez
una individualidad capaz de decidir y de buscar o de utilizar
información, argumentos, conocimientos y
experiencias previas para la toma de decisiones.
50
Los
cuatro
paradigmas que hemos presentado
sirven como marco teórico para la
explicación de la conducta de los electores, pues éstos no sólo actúan por pertenecer a un
grupo social sino que, además, cuenta el hecho de que simpaticen o no por un partido
político, la imagen de los candidatos, sus ofertas, así como la evaluación que los electores
hacen de la administración del partido gobernante.
Para demostrar la utilidad de tales paradigmas,
utilizaré
los resultados de
algunas
encuestas de opinión, realizadas
por mí en el ámbito de la ciudad de México, así
como de
otros ejercicios llevados a cabo
antes y después
de la
elección del seis de julio del 2003,
pues esta elección modificó el mapa político de México que se tuvo después de la elección
del año 2000.
Encuestas y decisión de voto
La elección del 6 de julio del 2003 mostró el siguiente escenario con respecto a la
participación de los electores: por un lado, un importante descenso en los niveles de
participación del electorado en relación con procesos previos y,
por el otro,
una tendencia
a la
disminución de votos, por lo menos en términos absolutos en los tres principales
partidos políticos aunque, en términos relativos, algunos partidos como el PRI y el
Verde
Ecologista hayan sido beneficiados
en el reparto de posiciones al interior del congreso.
En la gráfica I se observa que la participación electoral en 2003 correspondió a
únicamente al 65% de los electores que emitieron su voto en el año 2000 y al 85% de los
que participaron en 1997. Es decir, las elecciones de 2003 no llamaron la atención de la
mayoría de los electores
que por lo regular votan en las elecciones mexicanas, (usualmente
el 50% de los empadronados).
51
Gráfica I. México, 1997-2003. Resultados de Elecciones Federales
28.9
37.4
24.6
7.7
14.2
7.8
11.3
13.7
9.3
7.4
6.9
4.5
0
5
10
15
20
25
30
35
40
1997
2000
2003
Número de votos
PAN
PRI
PRD
Fuente: Kuschick, 2003
La gráfica II
nos muestra cómo han proliferado las organizaciones políticas entre
1997 y el 2003,
motivado principalmente por el financiamiento público a los partidos
políticos.
Por otra parte, encontramos que uno de los mejores mecanismos que han
utilizado algunos de los partidos, como el PRI y el PAN, para mejorar la captura de votos
han sido las alianzas con partidos como el Verde Ecologista,
lo cual
no
resultó favorable
para el PRD
en el 2000, pero sí lo fue
para los partidos que se aliaron con él pues lograron
la manutención de su registro y representación en la Cámara de Diputados, situación que
volvió a presentarse
en el 2003,
permitiendo generar la hipótesis
de que el electorado
continúa
buscando nuevas opciones y soluciones a sus problemas.
52
1.57
0.73
0
1.16
0
16.63
0
38.32
0
0.66
0.33
1.15
0
13.58
0
0.46
0
0.41
0
0.91
0
0.74
0
0.27
0
2.25
4.1
0
4.01
2.55
0
2.4
26.41
0
17.6
39.34
36.86
23.1
27.52
0
30.78
0
5
10
15
20
25
30
35
40
DS
PARM
PCD
Alianzapor M éxico
Alianza por elcambio
PDM
PPS
PC
PRI-PVEM
FC
PLM
MP
PAS
PSN
Convergencia
PVEM
PT
PRD
PRI
PAN
Gráfica II.México, 1997-2003. Resultados comparados por Partidos Políticos
Elecciones Legislativas
2003
2000
1997
Fuente: elaborado por el autor con datos del IFE e IEDF.
Uno de los elementos que permiten determinar los posibles niveles de participación
político-electoral son los
llamados niveles de aprobación/reprobación
del gobierno en
53
turno (Fiorina, 1981).
En junio del 2003,
los niveles de desaprobación
del gobierno de
Fox se aproximaban a 60%, mientras que sus niveles de aprobación eran de
alrededor de
30%,
que fue el porcentaje de votos que recibió Acción Nacional en la elección del 2003.
Otro elemento
importante
que determina la intención de voto es el nivel de
simpatía política: la identificación con una agrupación política. Pese a que no tengamos
información en el ámbito nacional (derivada de nuestra propia investigación empírica)
es
posible
hacer algunas inferencias a partir de la información obtenida en el ámbito local de
la ciudad de México
2
.
38
58
37
59
37
59
34
63
31
60
0 1
02
03
04
05
06
07
0
Ago-02
Sep-02
Oct-02
Nov-02
Dic-02
Ene-03
Feb-03
Mar-03
Abr-03
May-03
Jun-03
Gráfica III. México 2002-2003. Niveles de aprobación/desaprobación del gobierno
de V. Fox
Desapreuba
Aprueba
Fuente:
El Universal
, 27 de junio de 2003.
2
La información fue obtenida mediante encuestas que se han estado realizando en la ciudad de México, con
base en un proyecto de investigación cuyo propósito central es investigar si la percepción de los capitalinos,
en edad de votar, con relación a la actividad gubernamental modifica sus intenciones de voto. La encuesta se
hace durante tres meses en las 16 delegaciones políticas a partir de un muestreo aleatorio polietápico, con una
muestra de 1,111 integrantes, con un nivel de confianza de 95.5% y un margen de error de 3%.
54
La gráfica IV describe
la situación arriba establecida pues muestra cómo la
intención de voto y las votaciones que se celebraron
en la ciudad de México
para jefes
delegacionales se encuentra muy relacionada con la simpatía político partidaria, ya que
cuando se comparan los resultados de dicha elección (en términos agregados, por tratarse
de
una elección de carácter local en cada una de las 16
delegaciones políticas) se observa
que
casi el 60% del voto que recibió
el PRD provenía
de sus simpatizantes, situación que
fue
del
80%
en el caso del PRI
y de 75% en el caso del PAN.
Considerando los resultados por partido,
se aprecia que gran parte de los
votos del
PRD
(6 de cada 10) provienen de sus simpatizantes y los demás (4 de cada 10 ) de los
votantes “indecisos” o independientes.
En el caso del PRI,
la mayor parte
de sus
votos
los cosechó
únicamente de su voto duro (80%), mientras
que el
PAN obtuvo
75% de sus
votos en el Distrito Federal de sus
simpatizantes. Por lo tanto,
fue
más
baja la cantidad de
votos que captaron el PRI y el PAN de los votantes indecisos o independientes: en el
primero dos de cada diez y en el
segundo tres de cada diez.
55
24.7
21.6
18.7
11.5
15.5
12.8
46.53
43
27.6
1.31
3.6
1.7
7.5
6.3
3.9
1.22
1.7
1.1
1.88
2.2
1.1
0.57
0.6
2.2
24
2.8
0
5
10
15
20
25
30
35
40
45
50
PAN
PRI
PRD
PT
PVEM
Convergencia
M. Posible
F.Ciudadana
Ninguno
NS/NC
Gráfica IV. México, D.F.2003. Comparativo
entre resultados de las
elecciones
para Jefes
Delegacionales, intención de Voto y simpatía político Partidaria
Simpatía23/06
Encuesta23/06
Resultado06/0
Fuente: investigación directa y datos del IEDF, 2003.
Esta situación
se puede explicar
al hacer
referencia, por ejemplo, a los altos
niveles de popularidad que goza el jefe de gobierno de la ciudad de México, Andrés
Manuel López Obrador, el cual fue calificado como “muy bueno” o “bueno” por 25.3% de
los posibles votantes panistas;
(encuestados el 23 de junio de 2003 por el autor), por el
16.2% de los posibles votantes del PRI, por el 90% de los posibles votantes del PRD, por el
16% de los que aún no decidían
su voto y por 28% de aquellos que no
declaraban
su
intención de voto.
56
Como es notorio en nuestra investigación
unos de los factores más importantes para
poder explicar y determinar el comportamiento político radica
en la manera bajo la cual los
electores juzgan la actuación de sus gobernantes. La buena opinión que los capitalinos
tienen del desempeño del jefe de gobierno puede ser un elemento que explique la gran
cantidad de votos por el PRD, así como el aumento de la simpatía por este partido en la
ciudad. Por lo tanto, la imagen que intenta comunicar el jefe de gobierno
—de
honesto, de
que comienza a trabajar muy temprano por la mañana,
de que se desplaza en
un automóvil
austero, amén del apoyo que brinda
a las personas de la tercer edad y
la construcción de
obras viales en la ciudad— le ha granjeado óptimos niveles de aceptación
que han
contribuido a que su partido, el PRD , haya obtenido la
mayor parte
de las delegaciones
políticas de la ciudad de México, así como la mayoría en la Asamblea de Representantes
de esta capital.
Ahora bien, para explicar la conducta de los electores debe considerarse, por un
lado,
la imposibilidad de
descartar que su actuación
pueda describirse
como racional, en
el sentido en que autores como Downs (1957) plantean la racionalidad. Muchos conceptos
de racionalidad se centran únicamente en el papel de los medios para alcanzar una meta
determinada y no en los fines, pues los objetivos de los sujetos son en última instancia
subjetivos, los medios pueden se mensurados objetivamente para acceder a tales fines.
Según Downs,
un hombre racional es el que tiene las siguientes características: 1) siempre
tomará decisiones cuando tenga un conjunto de opciones; 2) ordenará las opciones según
sus preferencias, de la más importante hasta la más insignificante; 3) jerarquizará sus
preferencias
de manera transitiva; 4) siempre elegirá
la opción que ocupe el primer lugar
en la jerarquía y 5) toda vez que se enfrente a las mismas opciones y contextos,
tomará la
misma decisión (
op. cit
., 25).
En estos términos,
los electores deben ser
sujetos racionales
que,
para tomar una decisión,
deben elegir entre un partido político u otro en función a las
ofertas que estos últimos
plantean y conforme a
las actuaciones de estos partidos y
candidatos.
Al resumir
la concepción de Downs, Luque (1996) la plantea de la siguiente
manera:
1. Los actores que intervienen son votantes, partidos y gobierno.
2. Los gobiernos son partidos con éxito.
57
3.
Los electores ven
a las elecciones mecanismos de selección
de gobiernos,
toman sus decisiones para maximizar su utilidad y para ello consideran las
posiciones políticas e ideológicas y las actuaciones pasadas de los partidos políticos
para obtener una medida del grado de responsabilidad
y realismo (credibilidad) que
pueden tener. Los partidos
no sólo producen políticas detalladas sino también
ideologías
tan vagas como sea posible para atraer a tanta gente como sea posible.
Se admite la racionalidad de los electores y los partidos.
4. El partido se contempla como una coalición de hombres unidos sin conflictos
políticos internos, preocupados por salir elegidos a cualquier costo en términos de
resultados políticos. Por ello cambiarán su política persiguiendo maximizar el éxito
electoral (
op. cit
. p. 99).
Por consiguiente, el modelo de Downs propone
una máxima: los partidos elaboran
políticas para ganar elecciones, más que ganar elecciones para formular políticas. Esto es,
con tal de ganar el apoyo de los electores harán ofertas que no podrán cumplir en un
momento
determinado,
lo cual
puede significarles
perder el apoyo de los electores en la
próxima contienda electoral.
Esto implica que los partidos, sus candidatos y los propios
electores,
que buscan maximizar su beneficio, lo hagan en un escenario de riesgo ya que
las promesas, acciones e inacciones del gobierno tienen
un costo político. En este contexto
encontramos la promesa de campaña de
Fox
de que el país crecería así como la idea de
que el PRI era el causante de todos los males y que al sacarlo del poder el país accedería a
la democracia. También en la elección del 2003 se hicieron este tipo de promesas, aunque
en un tono mucho más moderado o simplemente señalando a los otros partidos o al partido
en el gobierno, en este caso el PAN, como el causante de todos los males.
Puede afirmarse
que los modelos de racionalidad no sufren el problema de que los
electores, partidos/candidatos y gobiernos no sean racionales, pero sí el de un conjunto de
limitaciones ya que el ejercicio de la racionalidad
supone un acceso, algunas
veces
ilimitado, a la información
la cual puede estar
distribuida de manera desigual o ser
escasa.
Sin embargo, aun cuando fuera
abundante y suficiente, los distintos actores políticos no
tendrían la misma capacidad para adquirirla, comprenderla y usarla de modo
que les
58
permitiera
una toma de decisión eficiente y productiva, amén del hecho de que los
intereses y necesidades de los distintos actores son diversos.
En la gráfica II
3
se muestra que a medida que los niveles de aprobación
de los
ciudadanos con respecto a la acción del gobierno se modifican, cambia la intención de voto,
puesto que no sería una acción racional por
parte de los electores votar por un partido del
cual
no perciben recibir suficientes beneficios. Sin embargo, aquí surge
un problema
interesante: ¿cuáles son los criterios que utilizan los electores para percibir los beneficios?
Aunque se pudiera
realizar una medición objetiva,
lo
que se está midiendo es hasta cierto
punto subjetivo ya que el gobierno puede prometer beneficios para los electores, como
mejoras en sus niveles de vida, pero para lograr este objetivo deberá aumentar los
impuestos o disminuir la carga impositiva —para lo cual debería hacer recortes a los
servicios públicos que se
prestan
a cierto tipo de ciudadanos— o aumentar el déficit
público. Finalmente, lo que se
plantea es que los electores perciben la acción
gubernamental mediante
distintos tipos de filtros, lo que significa que la racionalidad se ve
afectada por los filtros que los individuos usan para percibir
la realidad, como es la
explicación del comportamiento electoral que
propone la escuela de Michigan (
op.cit
. p.
155).
Según estos autores, las elecciones son
un proceso de toma de decisiones que
involucra diferentes tipos de actores. La decisión de los electores es el resultado de la
imagen que se han formado de los políticos y de
sus actuaciones. Por tanto, en la base de
esta decisión se encuentran
las percepciones de los electores con respecto a los políticos,
sus políticas y
los partidos que éstos representan.
La percepción consta de
imágenes
conformadas por elementos de tipo cognitivo que implican
modelos simbólicos con que
aprehendemos a la realidad (Bandura, 1996),
aunados a
elementos de tipo afectivo. Los
elementos cognitivos implican
la existencia de conocimientos y
experiencias previas con
que se
evalúan
acciones y
hechos
a partir de los cuales
se
mide
la actuación del
gobierno o de un candidato en función de su experiencia, habilidades y capacidad para
desempeñar el puesto, los niveles de información, logros anteriores y capacidad
administrativa además de cualidades personales como bondad, integridad, patriotismo y
sinceridad.
3
Vid. supra
p. 7
59
Nuestra predisposición a evaluar bien o mal a un candidato varía también en
relación con nuestra preferencia político partidaria, esto es, el nivel de simpatía e
identificación
que tenemos con los partidos políticos.
En la gráfica IV
4
se aprecia que a
medida que la simpatía aumenta o disminuye por un partido político, se incrementan
sus
probabilidades de ganar o perder una elección.
El proceso de toma de decisión es finalmente la expresión de una actitud: la manera
con la
que los individuos se comportaran frente a un objeto determinado.
La actitud
implica una opinión que se ha conformado por elementos cognitivos, pero también por
cuestiones de índole emotiva e influencias de nuestro ambiente social. Según
Neumann
(1997), a nuestro alrededor se ha ido
formando una aversión hacia cierto político o un
partido,
esto influirá
al momento en que emitamos
nuestro voto y
una opinión acerca de
algo o alguien. Estas influencias nos llegan desde el comportamiento de las
personas
que
nos rodean, así como de los medios de comunicación. Por tanto, en el caso de las
elecciones,
al igual que
en muchas modalidades de nuestra vida cotidiana, los actores no
deciden con base en cálculo frío y racional considerando
los beneficios que le traerá votar
por el partido “A” o “B” o por el candidato “C” o “D”. Sería una actitud muy racional
por
parte de los electores ponderar las circunstancias en
que, por ejemplo, Vicente Fox llegó al
poder, las muchas décadas que el PRI gobernó, las dificultades, la crisis económica
o el
impacto
de la economía estadounidense en México. Sin embargo, los ciudadanos, en
función de su percepción de la buena o mala situación que se vive en México, pierden
rápidamente de vista la perspectiva histórica general y, olvidando el pasado, exigen
soluciones en el presente inmediato. Asimismo, lo que ven,
leen y escuchan en los medios
les permite formarse una opinión, misma que
incide en su intención de voto.
Otro ejemplo importante y que pudiera ser un elemento de consideración es el alto
nivel de popularidad
y aceptación que tiene el gobierno de López Obrador en la ciudad de
México. Según algunas encuestas, este gobernante tiene un nivel de aceptación que rebasa
con creces al del presidente de la República.
De acuerdo con
una de las últimas encuestas,
que realicé en la ciudad de México
5
el 7 de noviembre de 2003,
los niveles de aceptación
4
Vid. supra
p. 10
5
La encuesta se realizó
en las 16 delegaciones que componen al Distrito Federal, con una muestra aletoria
polietápica
de 1060 integrantes. La unidad de análisis fue la vivienda de la que
seleccionó
a una persona
mayor de 18 años en función de cuotas de género y edad. Las viviendas fueron seleccionadas conforme a un
60
del gobierno de López Obrador son
altos
pues 62.3% de los entrevistados califican al
gobierno de la ciudad
como “bueno” y 16.7% como
“muy bueno”.
Es decir,
casi el 80%
de los capitalinos califica positivamente la actuación del gobierno de la ciudad, solamente
14.2% de los entrevistados lo califica como “malo” y únicamente 3.4%,
opina que es “muy
malo”. En otras palabras, menos del 18% de los residentes del Distrito Federal le asignan
una mala calificación al gobierno de la ciudad de México tal y como se muestra en la
gráfica siguiente:
3.4
3.4
14.2
62.3
16.7
0
10
20
30
40
50
60
70
Gráfica V.México, D.F.:Noviembre de 2003. Calificación al gobierno de López
Obrador.
NS/NC
MuyMalo
Malo
Bueno
MuyBueno
Fuente: investigación directa
método de estratificación de viviendas según niveles socioeconómicos, conforme al mapa mercodológico de
Bimsa.
El nivel de confianza fue
de 95.5% y el margen de error,
de 3%. El objetivo central del estudio fue
evaluar al gobierno local y federal, al
tiempo que se procuró determinar conocimiento, adhesión a partidos
políticos e intención de voto.
61
Con respecto a la calificación del gobierno del presidente Fox, aun cuando
mantiene un nivel medio
de apoyo —30.7% de los entrevistados calificó
su gobierno
como “bueno” y
3.7% de “muy bueno”—
la cantidad de quienes lo califican de “malo” se
ha ido elevando hasta un 42.2%, en tanto que
21.1%
lo juzga
como
“muy malo”. Esta
percepción que se manifiesta como una medición objetiva,
tiene una fuente
subjetiva, ya
que los habitantes utilizan sus conocimientos, información, experiencias previas y las
expectativas como mecanismo para generar su evaluación, además de los niveles de
simpatía político partidaria.
2.5
21.1
42.1
30.7
3.7
0 1
02
03
04
05
0
Gráfica VI. México, D.F., Noviembre de 2003. Calificación al
gobierno de Vicente
Fox.
Muy Bueno
Bueno
Malo
MuyMalo
NS/NC
Fuente: investigación directa
.
62
¿Es racional esta evaluación?
Con algunos niveles de distorsión motivadas por las
mejores o peores condiciones mediante las cuáles
los electores pueden acceder a la
información, puede plantearse que éstos evaluaron la actuación de López Obrador y Fox
Quesada con criterios que
entrañaron
muy probablemente los logros de ambos gobiernos.
En el caso del presidente
de la República la opinión pública ha presenciado más fracasos
que éxitos, mientras que en
lo tocante al gobierno de la ciudad de México, aun cuando los
pendientes en materia de
seguridad, empleo, combate a la corrupción
sean muy elevados,
permanecen diversos elementos que han favorecido la imagen del gobierno de la ciudad
hasta entre los simpatizantes de otras organizaciones políticas.
Esto se aprecia con una
claridad en la gráfica V
6
sobre la evaluación del jefe de gobierno de la ciudad.
Al hacerse
un cruce entre esta evaluación
y la forma como las personas
se definen con respecto a un
partido político
7
, el supuesto es que a medida en que un elector está
identificado con un
partido político tanto a nivel cognitivo como emocional, se identifica con su plataforma
ideológico-política lo cual crea entre los electores y el partido una especie de comunidad
de intereses y afectividad que
aumenta la probabilidad para que los individuos aprueben las
acciones de un gobernante.
La gráfica VII muestra los niveles de identidad de los electores con los partidos en
la ciudad de México, a partir de la diferencia entre simpatizantes que se encuentran muy
identificados, (el voto duro) y los que se definen como “algo” identificados (voto blando);
es decir, menos leal. En este sentido se encontró en nuestra última investigación que 6.6%
de los entrevistados se
definen como “muy panistas” y
14.4% como “algo panistas”. En el
caso del PRI, 8.3% de los entrevistados se definió como “algo priísta” y 5.8% como “muy
priísta”, mientras que entre los perredistas 6.3% de los entrevistados se identificó como
“muy perredista” y 16.7% como “algo perredista”.
6
Vid. supra
p. 15
7
La pregunta en términos concretos fue la siguiente: Con respecto a los partidos políticos ¿usted cómo se
define?
Las opciones de respuesta fueron: muy panista, poco panista;
muy priísta, poco priísta, muy
preerdista, poco perrredista, y así sucesivamente. En
investigaciones anteriores preguntábamos a los
entrevistados únicamente
su simpatía política. Al
ofrecer
dos posibilidades de respuesta,
se buscaba
la
diferencia entre el llamado “voto duro” y
el
“voto blando”.
63
4.1
10
.
9
0.5
0.2
32.2
16.7
6.3
8.3
5.8
14.4
6.6
0
5
10
15
20
25
30
35
Gráfica VII. México, D.F.Noviembre de 2003. ¿Usted cómo se define .
.?
NS/NC
algo ecologis
muyecologist
algo petista
muy petista
Ninguno
algo perredist
muy perredist
algo priísta
muy priísta
algo panista
muy panista
Fuente: Investigación
directo.
Se puede decir que los partidos que
conquistan la mayor cantidad de simpatizantes
son el PRD y el PAN: el posible voto fiel al PAN
puede alcanzar el
21%, mientras que en
el caso del PRD este voto alcanza 23%. En cuanto al
PRI,
su voto fiel en la capital
suma
14.1%.
En la elección intermedia del 2003,
el nivel de fidelidad partidaria, (captado por la
encuesta)
de estos tres partidos fue la siguiente: 14% por el PAN; 21%, PRD y 10.1% por
el PRI. Aunque hasta la encuesta que se realizó en el mes de junio de 2003 la pregunta
que
se hizo para identificar
preferencia político-partidaria estaba redactada de forma diferente,
—ya que se preguntaba “¿Por cuál partido político simpatiza usted?”— en la última
encuesta ya no
se intentó determinar la simpatía en términos generales pues, como lo
plantea Moreno (2003),
pese a que es importante conocer la dirección de la adhesión o de
la identificación político partidaria, también lo es
la intensidad de la misma.
Sin embargo, con excepción de los resultados que arrojó el al utilizar una forma
diferente de preguntar,
las gráficas muestran resultados casi imperceptibles con excepción
del PAN, ya que en la encuesta de junio tenía una simpatía de 14% y en la última alcanzó
21% (al sumar las dos categorías “muy” panista” y “algo panista”). Esta diferencia, aunque
64
importante
solamente en posteriores estudios, se podrá establecer
si se debió a un error en
la captura de los datos o a una modificación real en la simpatía político-partidaria, derivada
fundamentalmente de la desaparición de otras opciones políticas en el espectro político de
la capital.
El hecho de indagar la simpatía político partidaria sólo tiene sentido en términos de
las gráficas VIII y IX, pues en ambas
se pretende conocer si existe alguna relación
entre
simpatizar por un partido político y la forma en que una persona juzga la actuación del
gobierno. Esta indagación,
sin embargo,
no es útil para anticipar la dirección del voto de
los electores. Por lo tanto, se observa que a medida que un posible elector se encuentra
satisfecho con las acciones que emprende un gobernante existirá una mayor probabilidad
que vote por el partido gobernante.
Empero, en el caso del gobierno de López Obrador se aprecia
que
el juicio de su
gestión va por encima de la preferencia y adhesión político partidaria, pues personas que no
se identifican con el PRD, como los “muy panistas” y los que se consideran “algo
panistas”, juzgan de manera positiva a su gobierno de la misma manera que hacen
simpatizantes del PRI, Verde Ecologista y de otras organizaciones políticas. Como se
señaló esto no implica que estas personas vayan a votar por el PRD
y sus candidatos, antes
bien
se demuestra que los electores
han realizado
una evaluación racional
ponderado
los
beneficios recibidos y los costos.
65
7
20
36.4
20
50
8.8
26
50.7
19.3
14.8
9.8
62.3
60
54.5
40
68
71.2
41.8
61.4
41
62.1
14.2
10
9.1
10
15
1.1
4.5
17
36.1
20.9
3.4
10
0
10
50
2.9
1.1
3
1.1
4.9
4.6
0 1
02
03
04
05
06
07
08
0
muy bueno
bueno
malo
muy malo
Gráfica VIII. México, D.F., Noviembre 2003. ¿Usted se define como.
.?, según calificación del
gobierno de López Obrador.
algo panista
muy priísta
algo priísta
muy perredista
algo perredista
Ninguno
muy petista
algo petista
muyecologista
algo ecologista
NS/NC
Fuente: Investigación directa.
Por último, en
la gráfica IX,
en que se relaciona a los simpatizantes de los distintos
partidos políticos con respecto a la evaluación que hacen del gobierno de Fox, encontramos
el caso
contrario: las mejores evaluaciones coinciden con individuos que se definen
como
“muy panistas” y
“algo panistas”, mientras que las peores evaluaciones corresponden a
los
simpatizantes de otros partidos políticos
y a quienes
se definen como “no simpatizantes de
ningún partido político”.
A partir del análisis de las dos tablas es posible confirmar la
hipótesis
de que
la evaluación de un gobierno
obedece a las acciones que propician
beneficios a los
ciudadanos, involucrando también
la percepción que tiene la opinión
pública con respecto a los aciertos y errores que el gobierno ha cometido.
66
2.3
10
1.5
3.4
1.5
2.3
3.9
20
25.6
36.4
30
20
50
22.3
19.2
13.4
27.3
26.2
66
52.9
46.5
45.5
30
60
50
45.5
51.4
46.3
47.7
50.8
23.5
18.6
14
9.1
30
20
27
25.4
37.3
20.5
21.3
6.5
7.1
0 1
02
03
04
05
06
07
0
muy bueno
bueno
malo
muy malo
Gráfica IX. México,D.F. Noviembre de 2003. ¿Usted cómo se define.
.?, según calificación del
gobierno de Fox
muy panista
algo panista
muy priísta
algo priísta
muy perredist
algo perredist
Ninguno
muy petista
algo petista
muyecologist
algo ecologist
NS/NC
Fuente: Investigación directa.
La primera manifestación
de las implicaciones en la tendencia electoral tanto del
PRD como del PAN se observó
en los resultados de la elección el Distrito Federal en 2003,
en donde el PRD logró recuperar importantes delegaciones políticas, como Azcapotzalco,
Álvaro Obregón, Cuajimalpa e
Iztacalco, aunque no logró vencer en Benito Juárez y
Miguel Hidalgo, delegaciones con
importantes contingentes de población de clase media.
Sin embargo, logró el control de la Asamblea de Representantes de Distrito Federal en la
cual había quedado en minoría después de la elección del año 2000, como se puede apreciar
en el cuadro 1, pues el PRD tenía 26 diputados (39% de la representación) mientras que el
PAN era la fuerza mayoritaria con 34 representantes (51% de la Asamblea). En la actual
legislatura, el PRD tiene 37 asambleístas (56% de representación) y el PAN quedó con 17
diputados (25%), lo que significó la pérdida de la mitad de sus curules. Esta situación se
explica, por un lado, por el deterioro de la imagen de la administración presidencial frente a
67
los electores y,
por el otro, a partir de la evaluación positiva que han hecho los electores
del gobierno perredista de la ciudad.
Cuadro 1. Composición de la Asamblea Representativa del Distrito Federal
(Elección 2000 y 2003)
Elecc2000
M.R.
R.P.
Total
Elecc.2003
M.R.
R.P.
Total
PAN
21
13
34
PAN
3
14
17
PRI
5
5
PRI
0
6
6
PRD
19
7
26
PRD
37
0
37
PDS
1
1
PVEM
0
5
5
MP
0
1
1
TOTAL
40
26
66
TOTAL
40
26
66
Fuente:
Revista Voz y Voto
, n° 89-90, julio-agosto de 2000 y n°. 125-126, julio-agosto de 2003
Sin embargo, esta importante recuperación del PRD
en la capital no puede ser
entendida sin la presencia de López Obrador en el gobierno de la ciudad, su actuación
y
principalmente la manera favorable
en
que
ha sido juzgada por los capitalinos, lo cual
lo
ha colocado en un inmejorable posición para competir por la presidencia de la República en
el 2006.
La gráfica X confirma la hipótesis que se ha planteado con respecto a los altos
niveles de popularidad y aceptación del gobierno de López Obrador pues se buscó conocer
la intención de voto por los diferentes posibles candidatos a la presidencia en el 2006,
apareciendo el jefe de gobierno en primer lugar, seguido por Santiago Creel y Martha
Sahagún, aunque en el caso del primero cuenta con el beneplácito de los posibles votantes
que no manifiestan simpatía por ningún “partido político”.
68
4.7
2.9
1.7
1.5
5.7
6.6
33.3
38.6
7
2.1
4
4.5
37.5
39.3
1.3
10
48.8
36.4
50
50
40
44.3
74
73.1
34.1
37.7
32.7
20
2.3
20
2.6
1.7
1.5
1.1
3.3
11.1
15.7
2.3
40
1.2
0.6
3
5.7
1.6
2
2.9
2.3
18.2
10
2.3
4.5
7.5
0
1.4
23.3
27.3
20
38.4
7.3
4.5
13.6
8.2
15
1.8
3.2
2.3
3
1.6
1.3
0 1
02
03
04
05
06
07
08
0
S.Creel
R.Madrazo
A.LópezObrador
M.Sahagún
E.Gordillo
R.Robles
Ninguno
C.Cárdenas
Gráfica X.México, D.F.Usted cómo se define.Si hoy se realizaran las elecciones para presidente,
¿por cuál candidato votaría usted?
muy panista
algo panista
muy priísta
algo priísta
muy perredista
algo perredista
Ninguno
muy petista
algo petista
muyecologista
algo ecologista
NS/NC
69
Conclusión
La intención del presente artículo es
contrastar, a partir de resultados de
algunas encuestas
que hemos realizado en el ámbito de la ciudad de México, algunas hipótesis que
han sido
planteadas por distintos investigadores a nivel internacional y plantear su posible
utilización en México pues, como se decía al inicio del presente trabajo, el electorado
mexicano parecía comportarse de manera distinta a electores en otras latitudes ya que el
PRI ganó la mayor parte de las elecciones realizadas en el país.
Mediante la hipótesis de la racionalidad se buscó probar que los electores son
capaces de poner en una balanza aspectos positivos, en oposición a los
aspectos negativos
de una administración, y juzgar a un gobierno en función de su percepción. En este caso, se
mostró
que el gobierno del presidente Fox no ha cumplido con las expectativas que generó,
por lo tanto los electores castigan al
PAN, por el otro lado, el PRD y principalmente el
gobierno de López Obrador ha
mostrado posiblemente una mayor eficacia en el ejercicio
del poder, a los
ojos de los electores, lo que hace que ellos premien a este partido.
La otra hipótesis —cómo la simpatía político-partidaria afecta o distorsiona la
evaluación de los electores que, al estar identificados con un partido político, juzgan de
manera positiva la labor del gobierno en turno— muestra que los simpatizantes de un
partido serían inmunes a las críticas vertidas contra éste y
que, por ende,
su percepción
no
sería modificada. Sin embargo, como se observa en la intención de voto por López
Obrador, encontramos que tanto simpatizantes del PAN y del PRI, así como de otros
partidos, podrían votar por él si fuera
candidato a la presidencia, amén de aquellos posibles
electores que se definen como
no simpatizantes de “ningún partido político” pero que en
un posible proceso electoral sí votarían.
De esta manera se puede plantear, por un lado, que en la decisión de voto los
electores tomarán
en cuenta la posibilidad de ponderar posibles beneficios con respecto a
posibles costos pero que, por otro, dicho enfoque valorativo podría ser contradicho por el
hecho de que la adhesión a un partido político puede causar que el elector no vote por un
candidato dado, por idóneo que sea, si éste no pertenece al partido de su predilección. Ya
en otros casos se ha probado que la buena labor de un candidato, como gobernante, es
capaz de hacer que simpatizantes de un partido opuesto voten por él en función de sus
características positivas y su
buena gestión.
70
Recibido el 28 de abril del 2004
Aceptado el 7 de junio del 2004
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