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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
“La derecha y la educación”
Reseña sobre el libro de Michael W. Apple,
Educar “como Dios manda” Mercados,
niveles, religión y desigualdad,
Barcelona, Paidós, 2002 (Temas de Educación), 303 pp.
Claudia Alaniz Hernández
En las últimas décadas hemos presenciado a nivel mundial un
vuelco hacia
gobiernos de
derecha. Por ello la pertinencia de este texto donde se expone en forma clara y detallada el
impacto de esta tendencia en el ámbito educativo. Si bien desarrolla como ejemplos los
casos concretos de
Estados Unidos, Gran Bretaña y Nueva Zelanda, su análisis es
pertinente dado el avance de las corrientes neoliberal y conservadora.
Si tomamos en cuenta que los sistemas educativos son uno de los blancos de crítica
preferidos por los grupos de derecha, con este trabajo Apple
se propone analizar las
creencias, propuestas y agenda de este tipo de gobiernos en materia educativa con el
objetivo de develar sus efectos: “detallar.
.. aquello que está pero no está en la mayoría de
las políticas educativas de la derecha. ¿Cómo actúa su lenguaje para destacar ciertas cosas
como verdaderos problemas y al mismo tiempo marginar otras? ¿Cuáles son los efectos de
las políticas que han promovido? (p.26)
A través de sus páginas, se reflexiona sobre la manera paulatina en que han sido
introducidos en la sociedad elementos
que hemos llegado a considerar como naturales,
tales como el mercado, la competencia, la libertad, el retorno a la familia y la moralidad
(entre otros) y que corresponden a la ideología de la derecha.
Inicia su trabajo haciendo una diferenciación de cuatro tendencias dentro de la
derecha.La noción de libertad es su
principio regulativo.
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a)
Neoliberales,
ubicándolos como el grupo fuertemente vinculado con los mercados y
con la libertad como forma de elección individual.
b)
Neoconservadores,
caracterizados por su exaltación del pasado y por el deseo de
regreso a la disciplina y al conocimiento tradicional.
c)
Populistas autoritarios,
conformados por fundamentalistas, religiosos y evangélicos
conservadores que presionan por que las instituciones retornen a (su) Dios.
d)
Cartógrafos,
donde incluye a la nueva clase media de expertos ejecutivos y
profesionales.
En los primeros capítulos expone cómo los neoliberales introducen la idea de que el
libre mercado es la mejor expresión de
libertad individual, justificando su expansión a
todos los ámbitos de la vida cotidiana (incluyendo la educación).
Corresponde al segundo grupo proponer una libertad basada en la “tradición”, el retorno a
los valores morales cristianos y a una supuesta “cultura común”.
Dentro del populismo autoritario ubica la influencia que tienen algunos grupos en
los debates en torno a la política pública, la sexualidad, protección social y educación en los
medios de comunicación. Su poder se refleja, además, en la capacidad de autocensura que
pueden generar en los textos, prueba de ello es la inclusión del discurso de Luther King en
los cursos de literatura sin hacer mención alguna a los problemas de racismo que existen en
los Estados Unidos. (p.75)
El último grupo se deriva de la perspectiva gerencial dentro de la gestión pública
caracterizada por la competencia entre las instituciones y un discurso de eficiencia, control
de calidad, evaluación y antipaternalismo. Si bien su poder es limitado, su nivel de
especialización técnica se ajusta a las políticas de modernización conservadoras. Aún
cuando no compartan su ideología coinciden en la evocación de un pasado perdido de
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mayor calidad, disciplina y eficiencia, respaldado por la implantación de técnicas
eficientistas y de gestión.
El
autor plantea que dada la complejidad del campo educativo por su interrelación
de fuerzas e influencias, el enfoque mercantilista no se sostiene por sí mismo para
responder a las contradicciones surgidas en el seno de las políticas económicas sociales y
educativas. Por ello el temor a la fragmentación tiene un mayor peso y se busca la
estabilidad social y cultural, insistiendo en fortalecer la autoridad de las instituciones
básicas: la familia, la tradición, el trabajo, el patriotismo y el orden.
Por otro lado, sus planteamientos en educación son los mismos que en
política
económica: una reducción en el gasto estatal, apertura al libre mercado y mejoría de los
mecanismos de competencia. Parecería que estos mecanismos de modernización
conservadora conducirían a la anhelada educación de calidad. Sin embargo, ejemplifica con
el caso de Gran Bretaña donde la Ley de Educación (1993) sancionó el compromiso del
estado con la mercantilización de la educación, sin que a la fecha se haya logrado la
diversificación, un mercado competitivo o la modificación de las relaciones de desigualdad
que caracterizan la enseñanza (pp.93-94)
Apple hace una revisión con respecto al papel de la religión en la sociedad
norteamericana. Rescata la postura de autores que van de
Durkheim a Gramsci
recuperando además la conexión de los movimientos religiosos conservadores (por ser
predominantes en la actualidad) infiltrados a través de las escuelas y la vida cotidiana de las
personas. Con ello tratan de explicar el equilibrio entre las distintas fuerzas sociales e
ideológicas en la actualidad.
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Aunado a lo anterior, describe cómo la influencia de la derecha se puede observar
en la reasignación de importancia a la escuela como el medio para enfrentar la decadencia
moral y en el énfasis otorgado a la necesidad de renovación de la enseñanza.
Dentro de las críticas que fundamenta este autor se destacan las siguientes: Al
promover el estado la evaluación externa tanto institucional como nacional, se impacta en
los niveles de autonomía de las instituciones por ajustarse a los criterios de competencia de
recursos y mercado. Los directores de las escuelas supuestamente descentralizadas se ven
más presionadas para consolidar las políticas conservadoras al esforzarse por demostrar su
nivel de cumplimiento curricular al someterse a regulación y control centralizados.
El otro frente de las críticas apunta en torno a la enseñanza domiciliaria (privada y/o
religiosa) por reflejar la aceptación de un cambio ideológico. Esta se presenta como
positiva por los medios de comunicación frente a lo que describen como el fracaso de la
educación pública. El autor destaca que a pesar de ello la escuela pública fue y sique siendo
un triunfo para una mayoría a la que estaba negada la posibilidad de progresar en una
sociedad estratificada (p.209).
El peligro que observa en este tipo de enseñanza es la disminución de la
responsabilidad pública, pues irremediablemente llevaría a una agudización de la
desigualdad social al evitar la diversidad cultural y la presencia del “otro”
quedando
focalizada a los intereses individuales. El autor destaca que esta modalidad educativa
mediante manipulaciones fiscales de alguna manera se ve beneficiada de los fondos
públicos, impactando desfavorablemente en la consecución de la justicia social.
Finalmente, parte del valor de este libro lo constituye la presentación de elementos
para
frenar a la derecha,
a partir de una autocrítica donde reconoce que la pedagogía
crítica, si bien inicialmente se vio en la necesidad de crearse un lenguaje provocador de
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gran utilidad desde el punto de vista teórico y político, pocas veces resultó suficiente para
transformar las condiciones que rodean la enseñanza. Ahora debe asumir las nuevas
condiciones ideológicas y materiales para que sus discursos no queden en el vacío.
Asimismo debe confrontarse con la posibilidad de crear identidades al
neoliberalismo y al conservadurismo pasados imaginados ¿por qué no habría de tener la
educación la posibilidad de generar un proyecto para enfrentarlos?
Al respecto propone retomar la perspectiva de “raza” como elemento central de
análisis de la política educativa entendida como “.
..una construcción, un conjunto de
relaciones enteramente sociales”(p.248). Destaca principalmente la necesidad de hacer
públicos los desafíos actuales. Pondera el papel de los medios de comunicación y la red
como vía idónea para dar a conocer “experiencias reales” de pedagogía crítica con la
publicación y presentación de informes, artículos y debates sobre los peligros que conllevan
las propuestas y “soluciones de la derecha y la presentación de alternativas viables.
De la recuperación de experiencias positivas de otros países destaca el caso de
Brasil. Porto Alegre se desarrollan formas de participación colectivas fortaleciendo con ello
la democracia aún en tiempos de crisis. También sobresale el
International Research
Institute on Maori and Indigenous Education
en Nueva Zelanda, donde grupos
multirraciales de jóvenes debaten su realidad y alternativas para mejorarla.
Apple centra el recurso de la
esperanza
en concentrar el esfuerzo de los educadores
en proporcionar respuestas a los problemas prácticos de la educación, en el debate sobre los
medios y fines de las propias instituciones y su conexión con relaciones de poder. La
educación crítica y democrática
es factible y no una simple utopía, es
un proyecto
colectivo donde se debe aprender de la experiencia de otros, siempre con la esperanza de
que es posible vivir en una sociedad mejor.
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Educar como Dios manda
cubre su propósito al ofrecer al lector elementos para entender
las infiltraciones de la ideología de la derecha en el campo educativo: si consideramos que
la educación es medio y consecuencia, resulta alentador que se recupere justamente el
espacio escolar como elemento al modelo que ha agudizado las desigualdades. Además,
esta obra supera la retórica crítica (que de suyo había sido una aportación valiosa) al
plantear propuestas sobre experiencias viables.
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