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113
Ambientalismo, sustentabilidad
urbana y desarrollo regional
E
RICK
G
ÓMEZ
T
AGLE
L
ÓPEZ
*
Resumen
En este artículo, el autor analiza, en el marco del crecimiento de las ciudades, del libre
mercado, del empobrecimiento de los sectores rurales, de la degradación ecológica y de la
pérdida de biodiversidad, el tema urgente del medio ambiente en la agenda mundial y su
sustentabilidad urbana y regional. A lo largo de su trabajo, el autor obliga a repensar la
globalización desde el espacio local, valorando que este proceso ha beneficiado a pocos
países y empresas transnacionales quienes, haciendo uso del dinero y la tecnología, han
acelerado la insustentabilidad socioambiental.
Abstract
In this article, the author analyzes, within the framework
of cities growth, the free
market, the impoverishment of rural sectors, of the ecological degradation and the lost of
biodiversity, the urgent theme of the envinonment in the world´s agenda and his urban
and regional sustentability. In his work, the author obliges to re-think
the globality in first
instance from local space, valuating that this process has just brought benefits to few coun-
tries and transnational enterprises that, making use of money and technology, had
accelerated the no socioambiental sustentability.
Palabras clave:
ambientalismo, sustentabilidad, globalización, libre mercado, desarrollo
regional, paradigma ecosocial
Introducción: ambientalismo y gestión local
H
oy en día, en el contexto de la globalización, persiste la idea de
que crecimiento, progreso y desarrollo, van de la mano. Ciertos
actores y grupos sociales, pese a las evidencias teóricas y empíricas
que muestran lo contrario, sostienen que el
desarrollo
depende y,
* Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE), calle Magisterio Nacional 113, antiguo
pueblo de Tlalpan, México, Tlalpan.
por ende, es consecuencia del crecimiento económico ignorando
con ello la sustentabilidad ambiental, el respeto a los derechos
humanos, la inclusión social, las formas democráticas de gobierno
y otros tantos elementos que conforman la calidad de vida en la ex-
periencia cotidiana.
La ideología de la que parten está anclada en una
matriz de
racionalidad
fincada en el lucro y la acumulación de bienes, aunque
públicamente se justifique bajo presupuestos como la modernidad,
la industrialización, el progreso, la interdependencia económica, la
cooperación productiva y la búsqueda del “bien común”.
Desconocen, en este afán acumulativo e integracionista, la multi-
culturalidad, el pluralismo jurídico, la biodiversidad, los saberes
ambientales y la enorme complejidad de lo regional. Término, el de
región
, en el que se articulan la circunscripción de un territorio conforme
a divisiones geográficas y político-administrativas, así como la funcio-
nalidad de un espacio teóricamente diferenciado de su entorno.
Concepto, el de
entorno
, definido en términos simples como lo
que rodea físicamente a algo. Este “algo”, sin embargo, es impreci-
so y su distinción no es únicamente física, sino teórica, dado que
implica pensar sobre el objeto con el fin de establecer sus límites. Lo
real
y la
realidad pensada en sí
, son una totalidad, un continuo, por
lo que su fraccionamiento no es natural, sino producto de la acción
humana, inmersa en estrategias de poder en el saber, tal como lo de-
fine la epistemología política.
Los límites, contrario al pensamiento realista, no están determi-
nados en lo real, sino son productos de procesos de construcción
social. Lo “no pensado”, es lo externo al conocimiento, como lo es
la cuestión ecológica en los procesos productivos, la sustentabilidad
en el crecimiento de las ciudades o la transdisciplinariedad en la
concepción clásica de la ciencia, compuesta por objetos de investi-
gación particulares en cada disciplina.
El ambiente, desde la teoría de la complejidad, no es sinónimo
de naturaleza, así como ambientalismo es un concepto más amplio
que ecologismo, al incorporar la relación naturaleza, sociedad, tec-
nología y trabajo. Cuestión que también resulta similar al distinguir
114
115
Cuestiones Contemporáneas
entre
sostenibilidad
y
sustentabilidad
, en donde el primer término
refiere la preservación de los recursos naturales suficientes para la
supervivencia de las generaciones futuras, mientras que el segundo
incorpora además el desarrollo humano, la calidad de vida, la de-
mocracia y la equidad.
Aspectos sociales que un biólogo, un ecólogo, o un economista
tradicionales difícilmente pueden incorporar, pese a sus grandes
aportaciones, en su matriz de pensamiento, precisamente por
considerar que son cuestiones éticas y políticas ajenas al quehacer
científico y al progreso económico. La generación de abundancia es,
desde la perspectiva de un economista, lo que más importa, más allá
de la cuestión política de su distribución.
El poder,
1
por tanto, pareciera estar alejado de la producción
científica y económica, lo que constituye un gran error en términos
de la epistemología y ecología políticas. Mi hipótesis, en razón de
esto, es que el ambientalismo es fundamental para explicar y garan-
tizar la sustentabilidad urbana y el desarrollo regional.
El crecimiento acelerado de las ciudades, la sobrepoblación en
éstas, la falta de empleo, los altos índices de contaminación y la pér-
dida de paisaje natural, son cuestiones a incorporar en los estudios
sobre gestión local, en los cuales se dé cabida a la reflexión teórica,
al mismo tiempo que al estudio empírico sobre los procesos de
degradación urbana, en términos de seguridad pública y social,
morbilidad, niveles ocupacionales, democracia, ecología y formas
democráticas de acceso al poder.
La búsqueda internacional de la sustentabilidad
El sistema económico capitalista, el individualismo social y la racio-
nalidad económica imperante, al convertir a la naturaleza y a los
1
Poder: a) medio por el que se obtienen y se hacen las cosas; b) capacidad de un actuar efectivo;
c) acción que produce efectos en la acción; d) recursos de control; e) medio de comunicación sim-
bólicamente generalizado, cuya utilización posibilita conseguir la adopción de exigencias de conducta
improbable.
seres humanos en instrumentos y fuerzas de trabajo, en mercancías,
en medios y no en fines, posibilitan su explotación y sobreexplota-
ción, degradando la calidad de vida e impidiendo un desarrollo
ecológico-social sustentable.
La naturaleza, cuando es tomada en cuenta, generalmente es vista
como un recurso a explotar, como una limitante del progreso
económico, como lo opuesto a la cultura o como un espacio físico
que, relativamente, hay que conservar. Esto último más por una
necesidad física, que por la concientización de su importancia. Gru-
pos ecologistas y ambientalistas, al respecto, han denunciado los
riesgos y costos que implica la desestabilización y afectación gradual
del ecosistema.
Término, el de
ecosistema
, por el que entiendo el sistema de
relaciones entre organismos y entre éstos y su hábitat natural. La
extinción de algunas especies; la contaminación del aire; la degra-
dación de la tierra; la escasez de agua potable; la enorme cantidad
de residuos y desechos no procesados; la destrucción parcial de la
capa de ozono y el calentamiento global de la Tierra, son hechos
que, en parte por la denuncia pública, aunque aún limitada, y en
parte por los efectos sensibles que provocan, son incorporados a la
agenda política de los Estados y de instituciones supranacionales,
como la Organización de las Naciones Unidas, particularmente a
través del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA).
Cuestión que, en el ámbito internacional, ha derivado en confe-
rencias mundiales, como la
Conferencia de Naciones Unidas sobre el
medio humano,
conocida como
Conferencia de Estocolmo
, en 1972;
la
Conferencia de Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo
,
conocida como
Cumbre de la Tierra
, celebrada en Río de Janeiro, en
junio de 1992; la conferencia Río + 5, que tuvo como sede Nueva
York; y la
Cumbre mundial sobre desarrollo sostenible,
efectuada en
Johannesburgo, República de Sudáfrica, en 2002.
Así como en la adopción de acuerdos multilaterales, como la
Agenda 21
(el Programa de acción de Río); la
Convención de Nacio-
nes Unidas sobre cambio climático
, adoptada en la conferencia de
116
117
Cuestiones Contemporáneas
Río; el
Protocolo de Kioto
, firmado en diciembre de 1997; la
Con-
vención sobre diversidad biológica y el Protocolo de Cartagena sobre
bioseguridad
, adoptado en enero de 2000.
2
Además del reporte: “Nuestro futuro común”, de la Comisión
Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo, publicado en 1987, ba-
jo la coordinación de Gro Bruntland. Con el
Protocolo de Kioto
, por
ejemplo, se establecen, por primera vez, compromisos y fechas
concretas de reducción de emisiones de gases de efecto invernade-
ro, así como la utilización de los bosques dentro de las estrategias
de mitigación.
No obstante, pese a lo positivo del discurso,
Las dificultades para la entrada en vigor y la efectiva imple-
mentación del Protocolo de Kioto ha puesto de manifiesto las
resistencias del orden económico para internalizar los costos
ambientales y ajustarse a las normas de la sustentabilidad
ecológica para limitar las emisiones de gases de efecto inver-
nadero y frenar el avance del calentamiento global del planeta.
3
En México, producto del contexto internacional y su rearticula-
ción interna, se logró, a partir de 1994, que una Secretaría, la de
Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP), hoy
sólo de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), se
dedicara a la protección ambiental. Además, claro está, del Instituto
Nacional de Ecología (INE), dependiente de la SEMARNAT; de la
Comisión Nacional del Agua (CNA), la Secretaría de Desarrollo
Urbano y Ecología (SEDUE) y de la Procuraduría Federal de Pro-
tección al Ambiente (PROFEPA).
2
En México, el Senado aprobó la ratificación del
Protocolo de Cartagena
, en la sesión del 30 de
abril de 2002.
3
Arturo Argueta, Eckart Boege, Enrique Leff y Carlos Porto Goncalves, "Más allá del desarrol-
lo sostenible: la construcción de una racionalidad ambiental para la sustentabilidad: una visión desde
América Latina", en varios autores,
La transición hacia el desarrollo sustentable. Perspectivas de América
Latina y el Caribe,
México, Instituto Nacional de Ecología, ONU, PNUMA, SEMARNAT, UAM,
2002, p. 487
Protección nacional e internacional, conjuntadas comúnmente
en lo que se conoce como justicia ambiental, por medio de la cual
se pretende normar las actividades de los países, en lo que se refiere a la
emisión y tratamiento de contaminantes. Colaboración en ocasiones
frenada por la falta de cumplimiento de los países, particularmente
de aquéllos con mayor poder económico, como Estados Unidos, lo
que corrobora que crecimiento económico no es sinónimo de pro-
greso, ni de desarrollo, sobre todo cuando el primero conlleva
destrucción de la naturaleza.
El estudio de las regiones y la interdisciplinariedad
La distinción, como lo demuestran las teorías contemporáneas, en-
tre una región y otra, depende más de los núcleos de sus sistemas,
que de sus fronteras, las cuales, al compartir elementos con lo que
contienen, son difusas y arbitrarias. Reconocer, en este sentido, qué
es lo particular de cada ámbito, lo diferente, en términos productivos
y culturales, y no sólo geográficamente, es algo complicado que las
autoridades, en muchos casos, deciden dejar de lado, fragmentando
con ello tradiciones y estilos de vida comunes.
Este acotamiento burocrático de lo espacial, de lo particular de las
culturas y del acontecer cotidiano, así como la construcción de una
aparente uniformidad, reproduce, en su componente ideológico,
viejas teorías centradas en lo urbano, en la modernidad, en los pa-
radigmas de la ciencia y en el derecho hegemónico capitalista. La
alteridad,
de esta forma, es subsumida en los puntos ciegos de quienes
pregonan la unidad.
De modo similar, los costos del progreso, asumidos, por lo regu-
lar, como pérdida o disminución de los niveles de ganancia, no son
comprendidos en su magnitud y en sus dimensiones sociales, polí-
ticas, ecológicas y culturales. Su distribución, en términos de región
y área productiva, es desigual e inequitativa, producto no de la “mano
invisible” del mercado, sino del gobierno y las instituciones del país, los
intereses de la clase dominante, las empresas transnacionales y de la
118
presión que llegan a ejercer sectores sociales organizados (movi-
mientos sociales, sistema de redes, organizaciones jerárquicas, etc.).
Explicar, por tanto, la distribución socioeconómica de la pobla-
ción, sus índices de pobreza, de marginación, de analfabetismo, de
esperanza de vida, conlleva la necesidad de estudiar la historia par-
ticular de cada región, definida, como lo he sostenido, más en términos
de su distinción con el entorno, que por una cuestión geográfica o
administrativa. Elementos, estos últimos, que tampoco es posible
negar, debido al importante peso que tienen en los momentos de
legislar y de asignar recursos de la federación.
Lo cual es distinto de demarcar geográficamente un territorio
desde una oficina. Esto sin considerar las diferencias, validez y ex-
tensión de los estilos de vida, idiomas, sistemas normativos y de
creencias, etc. Sus prácticas, concebidas o no como usos, costum-
bres, tradiciones o derecho, son elementos claves en la construcción
de la identidad colectiva, la cual, administrativamente, es un error
tratar de ignorar.
Las comunidades, los pueblos y las etnias, no sólo hablan la misma
lengua y cultivan productos similares, sino que mantienen relacio-
nes específicas dentro y fuera del grupo, e individual y grupalmente
con la naturaleza. Economistas y sociólogos, por mencionar sólo
dos casos, han construido muchas veces sus teorías sin estudiar la
relación cultura, población, naturaleza y trabajo.
El
ambiente
, como dominio generalizado de las relaciones socie-
dad-naturaleza, no sólo es descuidado, sino que científicamente es
ignorado, constituyéndose así, como lo señalé en la primera parte,
en
lo no pensado.
Concepto que, por su complejidad, es a menudo confundido,
por quienes no son especialistas, con el
ecosistema
(sistema de
relaciones entre organismos y entre éstos y su hábitat natural),
con la
biosfera
(espacio ecológico donde se genera y se reproduce
la vida), con el
entorno
(lo que rodea físicamente a algo), con el
medio
(espacio entre dos cuerpos o cosas), con el
medio ambiente
(conceptualización y uso de los recursos ambientales para la con-
secución instrumental de fines específicos) y con la
Ecología
119
Cuestiones Contemporáneas
(ciencia que estudia la relación de los seres vivos con su medio
ambiente).
Su estudio no pertenece a lo que podría denominarse “ciencias
ambientales”, sino a los
saberes ambientales,
derivados, en un primer
momento, de la relativa ecologización de diferentes ciencias (economía
ecológica, ética ambiental, pedagogía del ambiente), de la interdis-
ciplinariedad (ecología productiva, epistemología política) y de la
intradisciplinariedad (formación ambiental, sistemas complejos,
desarrollo sustentable).
El objetivo no es el estudio en común de un mismo objeto, sino
la construcción de uno nuevo, ausente hasta ese momento de los
paradigmas hegemónicos de las diferentes ciencias. Al respecto, En-
rique Leff, al contestarse acerca de si es el ambiente un objeto cien-
tífico interdisciplinario, plantea que:
El problema de integrar diferentes ramas del conocimiento
científico y técnico en torno a un objetivo común es ante-
rior a la problemática que plantea al conocimiento la pro-
ducción de un saber interdisciplinario para la resolución de
los complejos aspectos de la crisis del desarrollo.
4
Tratar, desde diferentes ópticas, un mismo objeto, no supone su
inclusión en los campos paradigmáticos de cada ciencia, su resigni-
ficación gnoseológica, ni la construcción metodológica de algo
“nuevo”. La multidisciplinariedad y la interdisciplinariedad, meta-
fóricamente vistas como un escenario en el que todos los presentes
hablan, pero casi nadie escucha, son, en este sentido, distintas de
la
deconstrucción intradisciplinaria,
incluyente, por definición, de sabe-
res hasta entonces no reconocidos por la ciencia.
Al respecto, la
problemática ambiental
, vista como algo más que
la problemática ecológica, evidencia el desconocimiento de múlti-
ples aspectos de la relación sociedad-naturaleza, no considerados
tradicionalmente por la mayor parte de las ciencias. La Antropo-
120
4
Enrique Leff, "Ambiente y articulación de ciencias", en Enrique Leff, (coord.),
Los problemas del
conocimiento y la perspectiva ambiental del desarrollo
, México, Siglo Veintiuno Editores, 2000, p. 38.
logía posiblemente es, dentro de éstas, la que más se ha abierto al
escrutinio de esta relación, así como de lo que llamo “el entorno no
pensado”.
Para el autor arriba citado,
[...] la problemática ambiental ha puesto en evidencia la po-
sición de externalidad e incluso de exclusión de un conjunto
de disciplinas frente a la explicación y resolución de los pro-
blemas ambientales, así como los obstáculos que presentan
los paradigmas científicos para reorientar sus preocupaciones
teóricas, sus instrumentos de análisis y sus métodos de inves-
tigación hacia un objetivo común conformado por el medio
ambiente.
5
Por ello la
interdisciplinariedad teórica
no es entendida como el
tratamiento común de una temática por parte de diversas disciplinas,
sino como la construcción de un “nuevo objeto científico” a partir
de su colaboración.
Globalización, libre mercado y desarrollo
Así como se ha pensado en el desarrollo regional como producto del
crecimiento económico nacional, también se ha sostenido que la in-
serción de los países en el mercado de la globalización, amén de la
eliminación progresiva de las fronteras y el cuestionamiento, desde
diferentes planos, de la vigencia del Estado-nación, punto central
del proyecto histórico de la modernidad, propiciará, en un momento
dado, cuando éstos alcancen su tecnologización productiva, su pro-
pio desarrollo interno.
Discurso que, a pesar de lo atractivo que puede ser, es incapaz de
ocultar, producto de la liberalización del mercado, los procesos ace-
lerados de concentración de la riqueza, la conformación de grandes
121
Cuestiones Contemporáneas
5
Ibidem, pp. 42, 43
bloques económicos y la dinámica de las migraciones. Se habla así
de
interdependencia económica
, en vez de
dependencia
.
Término, este último, que, en su definición, conlleva implícitamen-
te la idea de denuncia, argumentando, según se desprende del análisis
de los intercambios comerciales, de los flujos de dinero y de los ingre-
sos per cápita, que el crecimiento económico de un país casi nunca se
da a la par de otro, sino por la explotación que uno ejerce sobre el otro.
Los países “en vías de desarrollo”, anteriormente llamados
tercermundistas, periféricos o subdesarrollados, al ser pobres,
dependientes políticamente y no contar con capacidad militar de
respuesta, no sólo cargan sobre los hombros de sus trabajadores
el crecimiento económico de los países ricos, sino que lo hacen a
costa del agotamiento y destrucción de sus recursos naturales, la de-
saparición de sus culturas, la pérdida de soberanía, el incremento
de la delincuencia y el descontento amplio de la gente.
La
modernidad
, como promotora de la general inclusión, ha fra-
caso en múltiples aspectos. La razón, la ciencia, el progreso, la igualdad,
los derechos humanos, el bien común, la presunción de inocencia y
la democracia son conceptos y realidades que la Filosofía y otras
ciencias han cuestionado, precisamente por no ver en los hechos lo
que discursivamente resulta claro.
Su componente ideológico, en más de un caso, ha quedado al
descubierto, por no lograr lo que Hegel llamaba la
praxis
, es decir,
la síntesis entre la idea teórica y la práctica. Por el contrario, la
ra-
cionalidad económica
dominante, ha provocado los totalitarismos, el
uso irracional de la naturaleza, la explotación laboral, la enajenación
humana y la inequidad de género.
La
crisis ambiental
no es, de nueva cuenta, una cuestión de ago-
tamiento ecológico (insostenibilidad), aunque es obvio que la inclu-
ye. Su reconocimiento conlleva una crítica filosófica y política al
proyecto de modernidad, tanto de sus ideales, como del distancia-
miento que existe entre éstos y la realidad que viven millones
de personas (insustentabilidad del desarrollo).
En términos de Sociología Jurídica, hablaría de
inefectividad,
por
el distanciamiento que existe entre el discurso y los hechos, pero no
122
necesariamente de
ineficacia
, precisamente porque muchos de los
ideales de la modernidad, como el concepto razón, aún persisten,
aunque críticamente sean aeo puedan serae deconstruidos.
La
globalización
, al definirla como un orden social emergente de
interrelaciones múltiples a escala planetaria, o, más precisamente,
como un proceso de interrelaciones crecientes entre múltiples acto-
res de diferentes y muy distantes regiones y comunidades locales, a
través del cual se produce, cada vez más, la desterritorialización de
la vida productiva y social, y el cuestionamiento de la vigencia o ne-
cesidad de las anteriores fronteras (locales, regionales y nacionales),
permite su comprensión en múltiples aspectos.
Su estudio como proceso histórico, como contexto o escenario
mundial, como ideología y como norma, habilita sacar a la luz a las
grandes corporaciones transnacionales, dueñas del gran capital pro-
ductivo y financiero, y a los países económica y militarmente más
poderosos, quienes, de acuerdo con las estadísticas, son los únicos
beneficiados por la mundialización económica y la adopción del
neoliberalismo como sistema económico dominante. Al respecto,
Las Naciones Unidas informaron que en el año 2000 cinco
empresas, verticalmente integradas, controlan cerca de la
mitad del Producto Nacional Bruto del planeta. Las recientes
fusiones entre Novartis y Astra Zeneca, proveniente de Suiza,
Inglaterra y Países Bajos, en la empresa Syngenta; la de Mon-
santo, Pharmacia y Upjohn de los Estados Unidos, en Phar-
macia; y la de Hoechst y Rhone-Poulenc en Advanta, muestra
cómo intereses corporativos luchan por monopolios en
mercados altamente competidos. Estas tres transnacionales
manejan el 100% de semillas transgénicas, el 60% de los
pesticidas, agroquímicos, farmacéuticos, productos veterina-
rios, comida de animales y sólo Cargill, Inc. controla el 85%
del transporte mundial de granos.
6
123
Cuestiones Contemporáneas
6
Úrsula Oswald Spring, "Bioética, transgénicos, bioprospección y patrimonio natural de la
humanidad", en
Regiones y desarrollo sustentable
, año 1, n° 1, México, El Colegio de Tlaxcala, julio-
diciembre de 2001.
Cuestión, la referente a los
transgénicos
, también denominados
“organismos genéticamente modificados”, sobre la que ética, filosó-
fica, económica y científicamente, hay mucho por reflexionar.
7
Un
transgénico, es un organismo vivo que posee una combinación nue-
va de material genético, obtenido mediante biotecnología. La ma-
nipulación genética de un organismo, mediante la bioprospección,
trastoca el orden de la vida, creando no sólo cosas nuevas, sino co-
pias idénticas a sí mismas a través de la clonación.
La bioprospección y la biopiratería, conllevan potenciales ries-
gos en lo agro-biológico (resistencia a agroquímicos y antibióti-
cos, hibridación con especies silvestres, pérdida de biodiversidad,
surgimiento de nuevas plagas, afectación de la cadena trófica, este-
rilización de suelos); en lo agro-social (privatización del patrimo-
nio mundial genético, aumento de pobreza en los sectores campe-
sinos, oligopolios internacionales, dependencia tecnológica y eco-
nómica, riesgos a la seguridad alimentaria, bioguerra) y en la sa-
lud humana (inestabilidad de genes implantados, alergias, debili-
tamiento del sistema inmunológico, desequilibrios hormonales,
toxicidad, etc.).
8
La biotecnología permite no sólo modificar la estructura genética
de plantas y animales, sino su clonación. El ser humano, como
especie animal, también puede ser clonado, lo que, en términos éti-
cos y filosóficos, significa que:
La identidad de lo idéntico de la clonación, la producción de
copias exactas del ser, rompe el reflejo especular de la identifi-
cación e interrumpe el imaginario de la identidad, justamente
por su igualdad fáctica. La mismidad que se reproduce en lo
real transgrede el orden ontológico, epistemológico y ético,
fundado en la lógica y en la política de la representación
(lugar de la ilusión de trascendencia, de la identidad del
124
7
Enrique Leff (Coord.),
Ética, vida, sustentabilidad
, México, CEPAL, Ministerio del Medio
Ambiente de Colombia, PNUD, PNUMA, 2002; U. Oswald Spring, "Bioética, transgénicos.
..
op. cit.
8
U. Oswald Spring, "Bioética, transgénicos.
..
op. cit.
concepto y lo real, de la similitud de las cosas, de la evolución
y la totalidad dialéctica).
9
Este avance de la ciencia se explica no sólo en términos de la
necesidad de adquisición de conocimiento, sino de los intereses
económicos de los países y las empresas transnacionales que
financian y buscan lucrar con las investigaciones. Las empresas far-
macéuticas y de alimentos, son dos claros ejemplos de ello.
Por otra parte, aunque la globalización, periodo en el que esta-
mos, es resultado de un proceso histórico del capitalismo, para
algunos autores, como Hobsbawn y Ornelas Delgado,
10
no es lo mismo
el libre mercado, el cual es un proyecto impuesto por los países y las
empresas económicamente más poderosas, como las transnacionales
a las que antes hice referencia, en relación con las cinco empresas
que controlan cerca de la mitad del Producto Nacional Bruto del
planeta.
Para Ornelas Delgado:
Además de forzar la comunión entre globalización y libre
mercado, los promotores de esta propuesta han llegado
a plantear la identidad de ambos con la democracia. Por esa
razón, el proyecto político de universalizar el libre mercado
se acompaña, como elemento político sustancial, de la prédica
de las bondades de la democracia liberal, que no es sino una
especie de democracia de mercado donde
compiten
por el
voto de los ciudadanos distintas agrupaciones políticas, tal y
como lo hacen los empresarios para ganar el favor de los
consumidores.
11
125
Cuestiones Contemporáneas
9
Enrique Leff,
Saber ambiental. Sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder
, México, Siglo
Veintiuno Editores, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones
Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Programa de Naciones Unidas para el Medio
Ambiente, 2002, p. 319.
10
Jaime Ornelas Delgado, "Globalización, mercado y estado nacional", en
Contraste. Revista
Especializada en Estudios Regionales,
vol. 1, n° 1, México, Universidad Autónoma de Tlaxcala, Centro
de Investigaciones Interdisciplinarias sobre Desarrollo Regional, , enero-junio de 2001.
11
Ibidem
, p. 127
El neoliberalismo, considerando la influencia que sobre él ejercen
la tradición económica liberal y el utilitarismo, más que un mode-
lo cercano a la democracia, resulta ser un modelo excluyente y de
carácter estrictamente economicista. Sus implicaciones en el ámbi-
to político tienen más que ver con los proyectos particulares de
quienes lo impusieron, que con los intereses acotados de quienes
participan en el mercado, tanto empresarios de poca monta, como
vendedores de fuerza de trabajo.
La idea, retomada de Adam Smith, de que el mercado es una
fuerza reguladora, capaz de lograr armonía entre las conductas indi-
viduales y el resultado de la acción colectiva, es falseada, en primer
lugar, por la imposibilidad de crear condiciones de competencia
perfecta, en la que los participantes cuentan con suficiente informa-
ción de lo que ocurre en los mercados y son libres de entrar y salir
a voluntad según su conveniencia.
12
Los
contratos
, definidos como acuerdos de voluntades lícitos,
por medio de los cuales se establecen obligaciones válidas entre dos
o más sujetos, no sólo ocultan las asimetrías de poder y de infor-
mación de quienes “acuerdan”, sino que, en el caso de los
contratos
de trabajo capitalista
, hacen aparecer a los participantes como
“iguales”, dado que ambos son, conforme con la ley, agentes
formalmente libres.
La relación económica establecida entre empleador y empleado, es
producto de su encuentro interesado en el mercado de trabajo, por
lo que, aparentemente, no existe ningún elemento de coacción.
Discurso que, a fuerza de repetirlo, se convierte en “verdad”, negan-
do, por consiguiente, las posibilidades diferenciadas que ambos
tienen de satisfacer lo que Hegel llamaba el “sistema de necesida-
des”. Después de todo, existe un amplio ejército laboral de reserva,
dispuesto a aceptar casi cualquier oferta de trabajo, dadas sus precarias
condiciones de existencia.
126
12
Francisco Valdés Ugalde, "Racionalidad e instituciones en la reforma del Estado", en Norbert
Lechner, René Millán y Francisco Valdés, (coords.),
Reforma del Estado y coordinación social
, México,
Instituto de Investigaciones Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México, Plaza y Valdés,
1999.
127
Cuestiones Contemporáneas
Investigación urbana y regional
En México y en América Latina, ante la amenaza de la crisis ecológi-
ca, la saturación en las ciudades, el desigual desarrollo regional y los
problemas económicos, políticos, militares y de inseguridad pública
que en estos países se presentan, acentuados, en buena parte, por el
totalitarismo norteamericano, el bajo nivel de cultura política y la
adopción del neoliberalismo como modelo económico dominante, se
han desarrollado, particularmente en los últimos años, importantes
reflexiones al respecto, principalmente desde el ámbito académico.
La condición global, la reforma del Estado, la falta de coordina-
ción social, la sostenibilidad de la economía y la sustentabilidad del
desarrollo, entre otros, son temas recurrentes a los que se les incor-
pora aeo busca incorporarae, cada vez más, la dimensión regional. En
México, se crearon o fortalecieron diversos programas de posgrado
con el objetivo de formar especialistas capaces de incorporar la
dimensión regional en sus estudios.
La razón es que el debilitamiento de las fronteras, producto de la
globalización y el libre mercado, no sólo es hacia el exterior, sino
también al interior de cada país, lo que genera nuevos retos en la ad-
ministración pública, los gobiernos locales, la gestión municipal
y la participación ciudadana, así como en la construcción social y
científica del conocimiento.
En Aguascalientes, Baja California, Campeche, Chiapas, Coa-
huila, Distrito Federal, Durango, Estado de México, Oaxaca, Sinaloa,
Sonora, Tlaxcala, Veracruz y Yucatán, existen, de acuerdo con infor-
mación de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones
de Educación Superior (ANUIES),
13
programas de posgrado en lo
que la dimensión regional es incorporada, aunque con diferentes
ópticas y denominación: análisis regional, desarrollo regional y es-
tudios regionales.
Dentro del escenario nacional, destaco el caso de Tlaxcala, en
donde el Colegio de Tlaxcala, A.C., cuenta con el Doctorado en
13
Publicada en su página web: http://www.anuies.mx
Desarrollo Regional y publica, a partir de julio de 2001, la revista
semestral:
Regiones y desarrollo sustentable
. Por su parte, la Univer-
sidad Autónoma de Tlaxcala, a través del Centro de Investigaciones
Interdisciplinarias sobre Desarrollo Regional, cuenta con la Maes-
tría en Análisis Regional y publica, a partir de enero de 2001, la
revista semestral:
Contraste. Revista Especializada en Estudios
Regionales.
Institución, esta última, que en los últimos años ha tenido un
repunte en lo que al tema se refiere. Su vinculación con el Consejo
Nacional de Ciencia y Tecnología ha sido provechosa, tanto para
el mejoramiento de la maestría que oferta, como para el impulso de
nuevas publicaciones. Actualmente, se estudia la posibilidad
de crear el Doctorado en Investigación Urbana, Sustentabilidad y
Gestión Local.
Esta universidad, conciente de la necesidad de realizar estudios
que incorporen los temas antes expuestos, se ha interesado en
ofrecer un espacio de análisis, plural y abierto, capaz de permitir la
crítica, fomentar el análisis de alto nivel y ofrecer alternativas a los
grandes problemas nacionales que, en cada región, por su cultura,
población, desarrollo económico y demás variables, afectan de mo-
do desigual a quienes ahí habitan.
En este contexto reaparece, en 2001, en su nueva época, la revista
Contraste
, con el fin de servir como puente de comunicación entre
quienes, considerándolo desde diversas perspectivas, se interesan en el
análisis regional. Así como en los desencantos de la regionalización, la
globalización, el neoliberalismo, la identidad y el cambio de las
culturas tradicionales, el estudio del habitar urbano, los movimientos
sociales, las posibilidades y limitaciones de los desarrollos regional,
rural y municipal; la geopolítica, la cuestión social, la conformación
de redes culturales y los problemas ecológicos y ambientales.
Al respecto, es importante la reflexión teórica sobre la concep-
tualización y estudio de lo regional, advirtiendo sobre las posibili-
dades de incorporar un nuevo enfoque, que, más allá del espacio
físico o territorial, analice la conformación de la región a partir de
la relación que mantiene el sistema con su entorno.
128
También, buscando superar visiones restringidas, resulta oportuno
reconsiderar lo espacial y sus múltiples implicaciones. Lo anterior,
valorando que el análisis regional no puede basarse en esquemas
dicotómicos-evolutivos, debido a que asumir una “linealidad” de los
procesos, los vuelve equívocos y restrictivos, evidenciando su inca-
pacidad para entender las interacciones regionales, la coexistencia
de fases de evolución, los espacios de diferenciación internos y el
cambiante entorno entre los centros y la periferia.
Más aún, después de más de veinte años de implementadas las
reformas administrativas en diferentes países, mismas que dieron
lugar a una regionalización relativa, ésta no se ha podido lograr
plenamente, debido a que no se entregaron a las regiones los instru-
mentos necesarios para que pudieran hacer gobierno y gestión
regional. Por el contrario, la riqueza se ha concentrado más y la ten-
dencia persiste.
Por ello resulta oportuno interrogarse de qué hablamos cuando
hablamos de la globalización, así como reflexionar sobre lo que
ésta implica y las posibilidades de construir una sociedad no exclu-
yente. Para esto, es importante destacar algunas orientaciones me-
todológicas y conceptuales, en un intento de retomar una visión
que articule dialécticamente los espacios local, regional, nacional y
global.
Al analizar la vinculación entre la globalización y el desarrollo de
las corporaciones transnacionales, se tienen que considerar los pro-
cesos de acumulación y centralización del capital llevados a cabo
por estas corporaciones, las cuales monopolizan parte de la produc-
ción y comercialización mundial de mercancías, incluyendo los
transgénicos.
Por otra parte, existen estudios específicos respecto de la perma-
nencia y cambio de las culturas, condiciones de vida y participación
política en los ámbitos urbano y rural. En ellos se analizan, por ejemplo,
las características y vigencia de las organizaciones denominadas
barrios y sistemas de cargos existentes en México. La argumentación
es que la vigencia de lo tradicional responde a la necesidad de
contar con elementos que permitan reconocer la propia identidad.
129
Cuestiones Contemporáneas
Estudios más particulares se han enfocado en las representacio-
nes y los diferentes usos que, subjetiva y socialmente, dan las personas
a los espacios que habitan. Tarea importante de la Antropología
que, desde su particular enfoque, analiza cómo la vivienda es vivida
y concebida por los usuarios aún antes de habitarla. Por su parte,
hay quienes pretenden demostrar, apoyados en el análisis de las
categorías rural y urbano, que el crecimiento y cambio de las ciudades
siguen rutas inesperadas y heterogéneas en cuanto al proceso de
transformación de las relaciones socioespaciales, tomando en cuenta
que, muchas veces, el crecimiento de su periferia es una expansión
tipo mancha.
En cuanto a la cuestión ecológica, existen algunos problemas
con ella relacionados, como son la erosión, la contaminación de
aguas, la deforestación, la pérdida de biodiversidad y la contamina-
ción por residuos sólidos y peligrosos. Para ello se consideran, en
estudios como el de Castillo y Espejel,
14
la
Ley de Ecología y de Pro-
tección al Ambiente del estado de Tlaxcala
y sus reglamentos deri-
vados, junto con las funciones y efectividad de las Comisiones
Municipales de Ecología.
Análisis que lleva a concluir que Tlaxcala, no obstante ser una de
las entidades más pequeñas de México, presenta serios problemas
ecoambientales. De hecho,
A pesar de las líneas de acción que se han formulado para
combatir la problemática ambiental, ésta continúa creciendo
a pasos gigantescos y si no se hace cumplir el marco jurídico
lo antes posible, el estado de Tlaxcala será uno de los más de-
teriorados ambientalmente en la República Mexicana. Ya que
no existe conciencia de aplicar la legislación ni la necesidad de
armonizarla con los recursos naturales, para poder obtener
el objetivo de preservación y control de los desequilibrios
ecológicos.
130
14
Isabel Castillo Ramos y Adelina Espejel Rodríguez, "Las comisiones municipales de Ecología
y la problemática ambiental del Estado de Tlaxcala", en
Contraste. Revista Especializada en Estudios
Regionales,
vol. 1, n° 2, México, Universidad Autónoma de Tlaxcala, Centro de Investigaciones
Interdisciplinarias sobre Desarrollo Regional, , julio-diciembre de 2001, p. 267.
El escenario, como se puede apreciar, resulta complejo cuando se
habla de desarrollo regional y se consideran en él las relaciones
entre sociedad, cultura, naturaleza y trabajo. La problemática eco-
lógica, por tanto, es sólo una parte de la cuestión ambiental, la cual
sólo es posible analizar en el espacio de la transdisciplinariedad. Ella
involucra, por ejemplo, el estudio de los procesos ecológicos en la
dinámica del capital, la productividad ecotecnológica, la degradación
ambiental como proceso de subdesarrollo, la cultura como media-
ción entre diferentes procesos, la regeneración selectiva de la natu-
raleza, las innovaciones tecnológicas y los procesos demográficos,
etc.
15
Cabe recordar que integración global y crecimiento económico
no son sinónimos de desarrollo. Éste último implica evolución y
cambio, pero sobre todo, grandes transformaciones cualitativas,
tanto en el ámbito de la construcción del conocimiento, como en las
estrategias económicas, políticas, ecológicas y culturales, las cuales
sean capaces de garantizar calidad de vida a las generaciones actuales
sin comprometer la de las generaciones futuras. El estudio de lo regio-
nal no puede, por tanto, ignorar la sustentabilidad del desarrollo.
En México, como lo mostré, se crearon programas de posgrado en
los que se incorporó, como temática central, la cuestión regional.
Su análisis, concentró distintas ciencias y disciplinas, como Admi-
nistración de Empresas, Administración Pública, Antropología,
Arquitectura, Ciencia Política, Demografía, Economía, Estudios
de Población, Historia y Sociología.
Las cuestiones ecológicas y ambientales también fueron conside-
radas, aunque en forma secundaria, en el contenido temático de al-
gunos planes y programas de estudio. No obstante este aparente
descuido, en el país hay posgrados en los que su análisis constituye
el objeto central, aunque, como en el caso de la cuestión regional,
con diferentes ópticas y denominación: ambiente, desarrollo soste-
nible, desarrollo sustentable y ecología.
131
Cuestiones Contemporáneas
15
Enrique Leff,
Ecología y capital. Racionalidad ambiental, democracia participativa y desarrollo
sustentable
, México, Siglo Veintiuno Editores, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto
de Investigaciones Sociales,
2001.
132
Existen, también de acuerdo con información de la ANUIES, pro-
gramas de posgrado en: Baja California, Baja California Sur, Campe-
che, Chiapas, Chihuahua, Distrito Federal, Estado de México, Nuevo
León, Oaxaca, Puebla, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas y Veracruz.
Es de mencionar la variedad de disciplinas desde las que se en-
focan los temas de ecología y ambiente: Arquitectura, Ciencias
Agronómicas, Ciencias Biológicas, Ciencias Económico Admi-
nistrativas, Ecología Marina, Fitosanidad, Genética, Ingeniería
Química, Zootecnia, etc., aunque falta la incorporación de las
Ciencias Sociales, como lo es la Sociología Ambiental.
16
En algunos casos, el objetivo principal es la preservación de los
recursos naturales, en otros su administración integral, su manejo
biotecnológico, su estudio económico, el análisis del medio
ambiente, su integración en el diseño urbano arquitectónico, o el
logro de un desarrollo integrado, sostenible o sustentable.
Las diferencias, como se aprecia, no sólo son conceptuales, sino
políticas, pragmáticas y teórico-filosóficas. La complejidad y la
integración sistémica en algunos casos son abordadas, mientras que
en otros se privilegian los estudios empíricos muy focalizados. Nue-
vamente, el punto medio para ser lo más adecuado, en aras de
conseguir lo que se define como praxis o ciencia aplicada.
Hacia un paradigma ecosocial
Con base en lo expuesto, sostengo que para lograr un futuro con
calidad y un desarrollo sustentable, es necesaria la deconstrucción
téorica de diversas concepciones paradigmáticas y el desmontaje
de prácticas viciadas, tanto sociales, como gubernamentales. Soste-
ner la racionalidad y el modelo económico dominantes, conduce
16
Antonio Aledo Tur y José Andrés Domínguez Gómez (directores),
Sociología ambiental
, s.l.e.,
Grupo Editorial Universitario, 2001; Enrique Leff, "Sociología y ambiente: formación socioe-
conómica, racionalidad ambiental y transformaciones del conocimiento" en Enrique Leff, (comp.),
Ciencias sociales y formación ambiental,
Barcelona, Gedisa, Universidad Nacional Autónoma de
México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, 1994.
a mantener en la miseria a millones de personas, al despotismo y au-
toritarismo políticos, al desigual avance regional y a agravar la crisis
ecológica en México y el mundo.
En el país, la inequidad en el ingreso se ha agravado en los últimos
20 años. El 10 por ciento de la población más rica pasó de tener,
en 1984, el 34.2 por ciento del ingreso total, a 38.7 por ciento, en
2000. En contraste, el 10 por ciento con ingresos más bajos, sólo
recibe 1.5 por ciento.
17
En lo referente a la
crisis ecológica
, ésta incluye la extinción de las
especies, la acumulación excesiva de basura, la destrucción de la
capa de ozono, el calentamiento global del planeta y la contamina-
ción, degradación y agotamiento de los recursos naturales. Cuestiones
que salen de la competencia exclusiva de los biólogos y los ecólogos,
precisamente porque el estudio científico de esta situación depende
de la participación conjunta de especialistas de muy distintas
disciplinas.
El ser humano no es, aunque parece olvidarse, sólo cultura, sino
naturaleza. Ontológica y epistemológicamente esta situación no im-
plica un dualismo, sino una
dualidad
, lo que significa que son dos
caras de la misma moneda. El cambio de una, inexorablemente
conlleva la transformación de la otra. Los modos de producción
existentes en la historia de la humanidad han implicado, material y
simbólicamente, relaciones distintas entre las personas y entre éstas
con la naturaleza (formación económica-socio-ambiental).
Los países y las regiones, por su ubicación geográfica, también han
variado sus estrategias de desarrollo, dependiendo, entre otras cosas,
de su biodiversidad, de sus recursos abióticos
18
(petróleo, gas, carbón),
de la biomasa producida naturalmente, de las extensiones y tipos de
tierra con los que cuentan, de su accesibilidad, del clima predominan-
te, de si cuentan o no con aguas marítimas y de los conocimientos
científicos, tecnológicos y tradicionales que poseen. Aspectos cuya
133
Cuestiones Contemporáneas
17
Sergio Aguayo Quezada (editor),
México en cifras
, México, Editorial Hechos Confiables,
Grijalbo, 2002, p. 135
18
También llamados no renovables o de génesis antigua.
134
implementación, aunque parece de sentido común, en la práctica no
siempre se da. Por el contrario, existe y por momentos prevalece, una
[…] irracionalidad productiva que implica la aplicación
de las tecnoestructuras desarrolladas en las zonas templadas,
como medios de explotación de los recursos de las zonas
tropicales.
19
Razón por la que sostengo la necesidad de estudiar la articula-
ción de los órdenes natural, cultural y sociohistórico a partir, entre
otros elementos, de la especificidad de los procesos materiales. Es-
tudio en el que se incluyan las formas de propiedad de la tierra, la
racionalidad cultural de las comunidades, la especificidad de los
ecosistemas, las prácticas productivas de los sectores rurales, los grados
de autonomía, autogestión y arraigo de los grupos indígenas, etc.
La propuesta va más allá de la articulación de las ciencias
biológicas y las ciencias sociales. Implica, con el fin de evitar el uso
destructivo de los recursos y garantizar un desarrollo sustentable, el
replanteamiento de las relaciones entre procesos naturales,
económicos e históricos. Subdesarrollo, degradación ecológica y
parcialización de la ciencia están, conforme con la lectura que
hago, íntimamente implicadas.
Por ello, del diálogo crítico entre las ciencias ecológico-ambien-
tales, económico-administrativas y político-sociales, es de donde
puede surgir un
paradigma ecosocial,
capaz de proveer las herramientas
teóricas y tecnológicas necesarias para un manejo integrado de los
recursos, el ordenamiento ecológico de las actividades productivas,
la sostenibilidad del ecodesarrollo, la regeneración selectiva de la
naturaleza, el desarrollo agroindustrial, la productividad ecotecno-
lógica, la racionalización ecológica del capital y el incremento de la
productividad de la naturaleza.
El reconocimiento de la crisis de la racionalidad productiva, de
los problemas que implica la capitalización de la naturaleza y su va-
19
Enrique Leff,
Ecología y capital. Racionalidad ambiental.
.. op. cit
., p. 16
135
Cuestiones Contemporáneas
loración en términos estrictamente económicos, conlleva, desde lo
que se conoce como economía ecológica y ecología política, a sentar
las bases de un desarrollo con una eficiente productividad ecotec-
nológica.
20
Finalmente, a manera de conclusión, cabe recordar que la con-
cepción de la historia como progreso, la racionalidad productiva,
el Estado-nación, el desarrollo tecnológico, la eficiencia, la instau-
ración del derecho positivo como hegemónico, la igualdad de las
personas, la emancipación del hombre a través de la razón, la de-
fensa de los derechos humanos, la individualidad, la democracia
formal, la secularización, la idea del trabajo como realización de la
creatividad humana y el predominio de la ciencia sobre los saberes
comunes, son producto del proyecto de la modernidad.
Ideales que, en muchos casos, mostraron sus limitaciones y su
insuficiencia, se pervirtieron, generaron consecuencias inesperadas
o, simplemente, no lograron concretarse por los intereses políticos
y económicos de las clases dominantes. El hombre, sin embargo,
logró consolidarse como paradigma de lo humano, dejando en la
alteridad a la mujer y en la exclusión a las mujeres. La paridad y los
pactos de lealtad entre los hombres desiguales fueron, en este sen-
tido, atributos esenciales de la modernidad, perpetuando, desde
la misma exclusión en el discurso, la participación política de las
mujeres.
La igualdad formal negaba, de este modo, que el cuerpo nunca
es neutro, sino específico. Las diferencias, en lugar de considerarlas
como tales, fueron asumidas como desigualdad, con las consecuencias
políticas adversas que esta situación conlleva. Incluso el lenguaje, al
ser supuestamente neutro, como cuando se habla de los derechos de
los ciudadanos,
21
fue evidenciado como masculino en su contenido.
Después de todo, durante siglos las leyes no fueron hechas por las
mujeres, sino por los hombres.
20
Integración de la productividad primaria de los procesos ecológicos con la productividad tec-
nológica de los procesos económicos
Vid. ibid.
p. 16.
21
Recordemos la
Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano
de 1789 y la
Declaración
americana de los derechos y deberes del hombre
de 1948.
136
La representación política, sustento de la democracia como forma
de gobierno, tampoco era incluyente de todos los sectores, tan sólo
de los hombres y, dentro de éstos, de quienes contaban con alto
prestigio social, propiedades o recursos económicos importantes. La
democracia, en sus aspectos formal y procedimental, en muchos
sitios se logró, no así su existencia como forma de vida.
22
La razón, más que lograr la emancipación del ser humano, lo
que consiguió fue su enajenación. La razón instrumental, impulsada
en parte por el deseo de dominar la naturaleza, se impuso sobre
la
razón ontológica
(descubrimiento y comprensión del logos de la
cosa). Las ciencias filosóficas y la lógica cedieron paso al desarrollo
tecnológico y la modernidad se concibió como el desarrollo desen-
frenado de la productividad.
El trabajo, como bien lo describió Marx en
El Capital
y en el
manuscrito: “El trabajo enajenado”,
23
era impensable en términos de
realización de la creatividad humana. La explotación laboral y la
búsqueda incesante del incremento de plusvalía, acentuaron aún
más los contrastes entre la clase poseedora y la desposeída de los me-
dios de producción.
El Estado, aunque por momentos ha buscado relativo bienestar
social, se ha preocupado más por garantizar la libertad de mercado
y la licitud de las transacciones mercantiles y los contratos de trabajo,
definiéndolos, estos últimos, como una relación económica estable-
cida entre dos agentes libres (empleador y empleado), producto de
su encuentro interesado en el mercado laboral.
El estado, en el nivel de la circulación mercantil, tiene estas dos
funciones: protege la equivalencia y garantiza la circulación.
Cuando las mercancías o el dinero se detienen, el estado actúa
22
Democracia: a) apertura a la disidencia y respeto a la pluralidad de pensamiento; b) gobierno
entre los pares libres; c) participación del pueblo en el ejercicio de poder; d) autoorganización políti-
ca de la sociedad; e) reconocimiento formal y en la práctica de la igualdad entre las y los ciudadanos,
y del derecho de todas y todos a determinar y gobernar el régimen del Estado; f) sistema de vida fin-
cado en la diversidad, el debate de ideas y la equidad social.
23
Erich Fromm,
Marx y su concepto del hombre,
Trad. Julieta Campos, México, Fondo de Cultura
Económica, 1962/1990, pp. 103-118.
para reconstruir el circuito. Esto sucede en los juicios universales
como el de sucesión o en el de quiebras, que tienen como objeti-
vo colocar los valores en situación de continuar la circulación.
24
La historia, vista como progreso, resultó en muchos sentidos falsa.
Las guerras, los totalitarismos, la explosión demográfica, la discri-
minación de los afrodescendientes, la marginación de los indígenas,
la concentración excesiva de la riqueza, la degradación ecológica, el
descrédito de la política y la posibilidad de destrucción total del
planeta, a consecuencia de conflictos nucleares, han hecho pensar
a muchos que el simple transcurso del tiempo no es sinónimo de
progreso y, menos aún, de desarrollo.
Han sido los intelectuales, críticos del derecho, indígenas, miembros
de la clase trabajadora, defensores de derechos humanos (individuales
y colectivos), estudiantes, mujeres y grupos ecologistas y ambien-
talistas, quienes, liberándose de la enajenación y la presión mediá-
tica de la que son objeto, han luchado por un proyecto alterno de
modernidad. El marxismo y la teoría crítica de la Escuela de Frank-
furt son, en este sentido, grandes ejemplos de emancipación teórica.
25
En mi caso, tal como lo he expuesto en otros trabajos, la pro-
puesta es:
insertar los principios de la complejidad ambiental al
desarrollo regional
. Lo ambiental, como lo argumenté, incluye lo
ecológico, pero no es sinónimo. Es un concepto rearticulador de lo no
pensado. En este caso, la degradación social y ecológica producto de la
racionalidad productiva dominante, de los paradigmas actuales
de las distintas ciencias y del desprecio existente a los saberes no
científicos.
Los objetivos son, tanto la construcción de un nuevo objeto de
estudio transdisciplinario, como la conservación de la estructura
compleja del ecosistema. Cultura y naturaleza no son, nuevamente,
un dualismo, sino una
dualidad
. De hecho, es posible definir la pri-
137
Cuestiones Contemporáneas
24
Óscar Correas,
Introducción a la Crítica del Derecho Moderno (esbozo)
, México, Triana Editores,
1993, p. 76.
25
Erick Gómez Tagle López, "Enajenación y control social: una comparación entre las ideas de
Marx, Freud y Marcuse", en
Paideia. Divulgación de pensamiento crítico
, año 1, n° 1, México, sep-
tiembre del 2002.
mera, como la forma de vivir en, y de apropiarse de, la naturaleza.
Apropiación no sólo material, sino en términos simbólicos y de
construcción del conocimiento.
El ambiente no es, por tanto, un costo, sino un potencial. Eco-
lógicamente hablaría de ecodesarrollo, pero, ambientalmente, el
término propuesto es:
desarrollo sustentable
. No hablo, en este sen-
tido, de nivel de vida, sino de calidad de vida. Todo lo cual implica
pasar de la racionalidad productiva a la racionalidad ambiental. Es
un diálogo de saberes más allá de la multidisciplinariedad y la inter-
disciplinariedad que caracterizan tradicionalmente a la ciencia.
En síntesis, la propuesta involucra una gestión y planificación
ambiental del desarrollo, una
economía política del ambiente
(teoría
integradora de la economía ecológica y la ecología política), un am-
bientalismo productivo, una ética ambiental, una cultura ecológica,
cambios sociales importantes, el ponderar la democracia como forma
de vida y el pasar de la teoría crítica de la producción a la construc-
ción de una
racionalidad ambiental para el desarrollo sustentable.
Después de todo, es impensable un auténtico desarrollo regional
sin considerar sus relaciones con el entorno, desde
una perspectiva
ambiental del desarrollo
y de una
perspectiva ambiental del saber
. La
apuesta, en este inicio de milenio, es incorporar al desarrollo a los
grupos marginados, sin vulnerar su identidad, saberes y prácticas
tradicionales.
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Aceptado el 23 de febrero del 2004
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