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Cuestiones Contemporáneas
27
¿Hegemonía o dominio norteamericanos en los inicios del siglo XXI?
F
RANCISCO
R. D
ÁVILA
A
LDÁS
*
Resumen:
En este artículo, el autor analiza algunas de las pre-
guntas clave para entender el complicado panorama
internacional actual. ¿Estados Unidos ejerce a nivel
internacional, durante la primera década del siglo
XXI
, la función de hegemonía o la de dominio?; ¿se
pueden seguir negociando las diferencias y conflictos
a partir de las reglas sancionadas por el derecho in-
ternacional actual?; o, por el contrario, ¿es menester
ajustar las reglas del juego a nivel nacional y mundial
y modificarlas sustancialmente? En este contexto, el
autor indaga las razones de la pérdida de hegemo-
nía norteamericana y su sustitución por el dominio
ejercido a nivel internacional. Aborda también el
papel económico y político de otros países y su im-
pacto en la arena internacional dentro de los marcos
actuales de crisis económica y política en buena parte
del mundo.
Palabras clave:
hegemonía, dominio, poder, Estados
Unidos, Unión Europea, derecho internacional, inter-
vencionismo militar, correlación de fuerzas.
Abstract
In this article, the author analyzes some of the key
questions to understand today´s complicated inter-
national panorama. Does the United States exercise
at an international level, during the first decade of
the 21
st
Century, a hegemonic function or of control?;
Can it keep negotiating the differences and conflicts
following the rules sanctioned by today’s interna-
tional laws?; or, on the contrary, is it necessary to
adjust the rules of the game at a national and world
level and modify them substantially? Within this
context, the author searches for the reasons that
account for the loss of North American hegemony
and its substitution by the control exercised at the
international level. He approaches as well the eco-
nomic and political role and of other countries and
their impact on the international scene within the
actual frames of economic and political crisis in a
large part of the world.
Key Words:
hegemony, control, power, Unites States,
European Union, international law, military inter-
ventionism, correlation of forces.
7
*
Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Universitaria,
av. Universidad 3000, col. Copilco-Universidad, deleg. Coyoacán, México, D.F., 04510.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
28
E
l título de este trabajo es proyectivo y futurista
y, por tanto, corre el riesgo de pasar al plano
de la especulación literaria, espacio donde los
cánones que la ciencia impone a la imaginación se
diluyen. Plantea de suyo una interrogante que, si bien
no novedosa, sí resulta pertinente reformular al calor
de los acontecimientos suscitados durante la primera
década del siglo
XXI
. La cuestión de la unipolaridad
norteamericana, manejada desde la caída del Muro
y el bloque soviético, es, hoy por hoy, altamente
polémica sobre todo de frente al peso que la Unión
Europea (
UE
) t iene tanto en mater ia económica como
en aquellas decisiones políticas que impactan la
arena internacional. En este marco, se analizan en
las páginas siguientes las relaciones tirantes y hasta
conflictivas que se han presentado entre estos dos
bloques de poder que, palmo a palmo, se disputan
en el presente la hegemonía mundial.
Introducción
1
No intentamos prof undizar sobre los alcances de este complejo concepto, clave en el tratamiento de la acc ión polít ica. Sólo queremos señalar
que la sociología política norteamericana –intentando dilucidar o explicar las definiciones generales de poder, dominación y autoridad que Max
Weber tan bien explicitó en su libro
Economía y sociedad
(México,
FCE
, 1964)– define al poder como una relación de causalidad intencionada,
definición que, por cierto, no toma en cuenta ni la base a partir de la cual se daría la posibilidad de imponer la propia voluntad para determinar
la conducta del otro ni el grado de resistencia que este último ejercería.
Vid
. a este respecto, Jacques Van Doorn, “Sociology and the Problem
of Power”, en
Sociologica Neerlandica
, vol. 1, núm.1, 1962; Marvin O. Olsen, (ed.),
Power in Societies
, Nueva York, The Macmillan Co., 1970; G.
Bergeson, “Pouvoir, autorité, control, regulation et autres influences”, ponencia presentada en el
VIII IPSA World Congress of Political Science
,
llevado a cabo en Munich, Alemania, en agosto y septiembre de 1970; James G March, “The Power of Power”, en David Easton, (ed.),
Varieties of
Political Theory
, Englewood Cliffs, Prentice-Hall, 1966 y Peter Heintz (ed.),
Sociología del poder
, Santiago de Chile, Andrés Bello, 1960.
2
Definimos al Estado como sociedad política –es decir, el aparato estatal propiamente dicho cuya función principal es el dominio directo– y
como sociedad civil –o sea, el conjunto de organismos, instituciones y medios capaces de ejercer la hegemonía sobre la sociedad. Estas dos
esferas se asientan y giran sobre el conjunto de las fuerzas materiales en desarrollo, expresadas en la producción, donde los grupos socia-
les se conforman de modo objetivo y ejercen una función determinada en la misma.
Vid
. a este respecto los trabajos de Antonio Gramsci y
sus definiciones lapidarias sobre el Estado cuando afirma que éste no es otra cosa sino “hegemonía revestida de dominio” o ”dominio reves-
tido de hegemonía.” Para mayores precisiones
vid
., Hugues Portelli,
Gramsci y el bloque histórico
, México, Siglo Veintiuno Editores, 1973,
pp. 15-43 y, específicamente, la p. 34.
3
En sus escritos políticos, (para una lista completa de los mismos,
vid
. en Étienne Tassin,
Le trésor perdu. Hannah Arendt l’intelligence de
l’action politique
, París, Éditions Payot et Rivages, 1999, pp. 565-566), Arendt define el poder como “la acción concertada de una comunidad”;
“elemento esencial de toda forma de gobierno”. En este sentido, lo distingue de la fuerza, de la violencia, de la autoridad, de la dominación y de
la soberanía. En relación a la fuerza afirma que “en el lenguaje común se la toma algunas veces como sinónimos de violencia, particularmente
cuando la violencia es utilizada como un medio de coerción pero debería estar reservada desde el punto de vista terminológico a la designación
Poder, dominio y hegemonía
Para evitar equívocos y mejor centrar la problemática
abordada, vale la pena aclarar y acotar conceptual-
mente lo que se entiende por “poder”, “dominio” y
“hegemonía” a fin de entender las luchas entre los
dos bloques mencionados y analizar las contradic-
ciones inherentes a tal enfrentamiento para poder,
entonces, señalar, hipotéticamente, los posibles
desenlaces de aquéllas.
Cuando se remita al “poder”
1
en este trabajo, se
estará destacando una acción netamente política,
una relación o un conjunto de relaciones políticas
que se despliegan, específicamente en este caso,
entre Estados Unidos y el conjunto de los 27 Esta-
dos que conforman la
UE
2
(integrados por voluntad
explícita de sus pueblos con el fin de recuperar su
papel protagónico en el concierto mundial, posición
perdida a partir de 1945 por sus afanes imperialistas
y su excesivo patrioterismo).
El dominio y la hegemonía son, a su vez, atribu-
tos inherentes a potencias que han buscado imponer
sus propias reglas al juego internacional, ya sea en
lo económico, en lo político o en lo militar. En este
sentido, descuellan Estados Unidos y la Unión Sovié-
tica por ser las dos superpotencias que dominaron
el escenario internacional a partir de la segunda
posguerra, ora mediante la imposición de la fuerza y
la violencia (dominio)
3
ora mediante la influencia de
sus respectivas ideologías (hegemonía). Para lograr
Cuestiones contemporáneas
29
tales imposiciones, las dos superpotencias utilizaron
estos recursos de diferentes maneras y niveles de
acuerdo a sus necesidades y circunstancias. Así, el
convencimiento y la persuasión intelectual y moral
fueron ejercidos mediante la propaganda y el adoctri-
namiento ideológico intentando imponer su peculiar
“visión del mundo”
4
e inculcando su cultura; cuando
esto no fue suficiente, utilizaron gradualmente el
dominio directo, la violencia, valiéndose de la poli-
cía y el ejército, especialmente para subordinar a los
Estados nacionales.
Estas relaciones políticas asimétricas se funda-
mentaron en su poderío económico y en sus fuerzas
armadas. En efecto, ambas potencias, antes de la Se-
gunda Guerra Mundial, ya habían acumulado un enor-
me poder económico gracias al desarrollo industrial
y tecnológico que la primera y segunda revoluciones
industriales impulsaron. De allí que no fue nada difícil
mantener al mismo tiempo su desarrollo económico y
su poderío militar en los espacios directos de influen-
cia y, de modo indirecto, en el ámbito mundial.
de las fuerzas de la naturaleza o de la fuerza de las circunstancias” [
la force des choses
], es decir, “[…] de la energía liberada por los movimientos
físicos o sociales [.
..] La violencia, en fin, se distingue por su carácter instrumental. Bajo su aspecto fenomenológico se encuentra emparentada
con el poderío [la
puissance
equivalente a
strength
] dado que los instrumentos de la violencia, como todas las otras utilierías, son concebidos y
utilizados para multiplicar el poderío [la
puissance
] natural hasta que en la última etapa de su desarrollo, éstos [los instrumentos] puedan des-
plazarla.”
Vid
., Hanna Arendt, “On Violence”, en
Crisis of Republic
, Nueva York, Harcourt Brace Jovanovich, 1972, pp. 143-145 y en
Du mensonge a
la violence. Essais de politique contemporaine
, París, Calmann-Lévy, 1972, pp. 153-155. (Traducción propia).
4
Una definición y tratamiento más acabado sobre las visiones del mundo se encuentran en Francisco Rafael Dávila Aldás, “Las visiones
del mundo y su influencia en la construcción de los conocimientos”, en
Teoría, ciencia y metodología en la era de la modernidad
, México,
Fontamara, 1996, pp. 101-154.
5
Vale la pena señalar que ninguna de estas promesas se han cumplido, ya que el capitalismo norteamericano incrementó grandemente las
riquezas materiales y sociales pero sólo un pequeño núcleo logró disfrutarlas plenamente; del mismo modo, el “socialismo real” colmó las necesi-
dades básicas como educación, salud y vivienda pero a costa de grandes restricciones a las libertades individuales y colectivas. Para un desarrollo
más amplio de esta temática,
vid
. F. R. Dávila Aldás y Edgar Ortiz, “Del antagonismo a la cooperación entre el Este y el Oeste por la búsqueda de un
mundo más humano”, en
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
, año XXXVII, núm. 149, julio-septiembre de 1992.
6
La Convención de Otawa del 20 de septiembre de 1951, asignó de
facto
la dirección de toda la estructura armada y administrativa de la
OTAN
a
Estados Unidos y ha permitido desde entonces que una gran parte de sus fuerzas convencionales y nucleares se establezcan en suelo europeo.
El poderío económico y militar de Estados Unidos y de la Unión Soviética
a partir de 1945
En el caso de la potencia capitalista y del imperio
soviético, la hegemonía y el dominio por ellos des-
plegados no fueron resultado de la posesión o de la
apropiación de los recursos naturales (como el colo-
nialismo clásico hacía) de naciones más débiles, sino
del uso y el despliegue de la ciencia y sus aplicaciones
tecnológicas. El llamado “progreso técnico” –cuyos
impactos visibles afectaron las relaciones políticas,
militares, culturales y económicas de ambas poten-
cias–, generó fuertes tensiones entre ambos bloques
desde, prácticamente, la Primera Guerra Mundial, al
tratar de garantizar a los Estados bajo su dominio el
despliegue del progreso material y social a la par de
las más amplias libertades y una mejor vida. En este
contexto, Estados Unidos ofrecía, bajo el libre juego
de las fuerzas del mercado, desarrollo y paz para el
disfrute individual; la Unión Soviética una acción
estatal racional y planificación que garantizara el
libre acceso a los bienes materiales y sociales logra-
dos mediante el trabajo cooperativo y solidario, para
que todos los integrantes de su sociedad pudiesen
disfrutar de paz y libertad.
5
Este proceso sería acelerado una vez finalizada la
Segunda Guerra Mundial, a partir de la cual soviéticos
y norteamericanos impondrían sus respectivos inte-
reses a la sociedad internacional a través del poder
económico y/o militar. Mientras los Estados europeos
occidentales (vencedores en lo militar aunque derro-
tados y aniquilados en lo económico) se subordinaron
al poderío norteamericano, las naciones del Centro y
Oriente de Europa hicieron lo propio ante el enorme
poderío rojo. Para cuidar esta estructura organizativa
funcional a sus respectivos intereses, Estados Unidos
impulsó la firma del Tratado del Atlántico Norte (
OTAN
)
el 4 de abril de 1949, como un sistema de defensa co-
lectiva frente al peligro comunista.
6
Así se consolidó
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
30
la primera alianza militar celebrada en tiempos de paz
para garantizar el dominio y justificar la hegemonía
norteamericana. La réplica de la Unión Soviética fue
la constitución del Tratado de Amistad, Colaboración
y Asistencia Mutua (mejor conocido
como Pacto de
Varsovia) el 14 de mayo de 1955. Entre una y otra or-
ganización, se constituyó una estructura bipolar. Así,
junto a los dos sistemas socioeconómicos modernos
que rivalizaban, se crearon sendos campos militares
y políticos antagónicos que se vieron obligados a
coexistir ‘pacíficamente’.
En términos generales, esta estructura político-
militar negociada entre ambas potencias, (bautizada
también como la del “equilibrio del terror”) devino en
estabilidad, seguridad y paz para las naciones del oeste
europeo, al tiempo que les facilitó e incrementó los
intercambios mercantiles así como el propio proceso
de integración entre ellas, genial estrategia que les
permitiría crecer, fortalecerse y desarrollarse conjun-
tamente para así recuperar el poderío e influencia que
otrora habían gozado. La
OTAN
y el Pacto permitieron,
además, desplegar ejercicios militares en lo relativo
a las armas convencionales y nucleares, situación que
creó un escenario continuo de sobresaltos y tensio-
nes en toda Europa y el resto del mundo: la carrera
armamentista.
Los intentos de autonomía dirigidos por Francia
Las viejas potencias mundiales europeas, para demos-
trar formalmente su soberanía claramente hollada,
crearon la Unión Europea Occidental (
UEO
), nacida
de la Unión Occidental (
UO
) que se dio entre Francia,
Gran Bretaña, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo
la cual se refrendó mediante el tratado de Bruselas en
1948. Francia, que era la que más resentía la subordi-
nación a Estados Unidos, intentó crear un organismo
netamente europeo de defensa, la Comunidad Europea
de Defensa (
CED
), a fin de reivindicar cierta autonomía.
Sin embargo, debido a las dificultades que la nación
gala experimentaba causa de la guerra con Argelia que
le constreñía a tener una política exterior modesta
y prudente, aquel organismo fracasó. Así entonces,
la
UEO
quedó en realidad como el único organismo
exclusivamente europeo competente en materia de
defensa, aceptado inclusive por Estados Unidos como
una forma de fachada europea a la solución militar
atlántica.
7
El 30 de agosto de 1954, Alemania e Italia
se convirtieron en miembros de la
UEO
; posteriormente
lo harían España y Portugal, en 1988, y finalmente
Grecia, en 1992. Esta organización de defensa y se-
guridad ha servido, en la práctica, para negociar las
alianzas defensivas entre los países que la conforman
y prevé, en su artículo 5°, una asistencia automática y
mutual en caso de ataque a uno de sus miembros.
8
No
obstante estos señalamientos, la capacidad de ma-
niobra de la organización fue severamente limitada
y transferidas buena parte de sus responsabilidades
a la
OTAN
desde 1950. En este sentido, la
UEO
ha sido
siempre un organismo carente de poder, una ente-
lequia burocrática completamente dominada por la
OTAN
; inclusive sus funciones y actividades de orden
cultural fueron depositadas en Consejo de Europa en
1960. Su inoperancia se evidenció claramente en los
comienzos de 1980 dentro de la llamada “guerra de
los euromisiles”.
9
Aunado a la inoperancia de la
UEO
, el sorpren-
dente fortalecimiento acelerado de Alemania con su
“milagro económico” –que le permitió recuperar su
7
Para mayores detalles sobre la
UEO
,
vid
. Hartmut Soell, “L’Unión de l’Europe Occidentale après le Traité de Maastricht” en Robert Brussière,
(dir.),
Securité européenne et réalités internationales. Pour une recherche de la cohérence
, París, Publisud, 1997.
8
Despúes del 11 de septiembre del 2001, este mismo artículo sería invocado por Estados Unidos para comprometer a los europeos en la guerra
que con Afganistán.
9
Así entonces, mientras la Unión Soviética, a partir de 1975-1976, desplegaba sus misiles los SS20 de largo alcance y gran precisión (3,000
kms), la
OTAN
respondía a este desafío en 1979 dotando al campo europeo de los Pershing 2 y de los misiles de crucero (
GLMC
) tierra a tierra para
equilibrar las fuerzas europeas contra la amenaza rusa. Finalmente, para allanar mayores tensiones mutuas entre los dos grandes poderes y
alejar las atrocidades de un enfrentamiento en el que la
UE
hubiese resultado la más afectada, se llevaron a cabo arduas negociaciones para la
limitación de las armas nucleares que concluyeron el 8 de diciembre de 1987 con el Tratado de Washington, documento que obligaba a las dos
fuerzas a eliminar del territorio europeo todos los misiles nucleares de un alcance superior a los 500 kilómetros.
Cuestiones contemporáneas
31
soberanía, rearmarse e, inclusive, aliarse con su otrora
enemigo, Estados Unidos–,
10
empujó al gobierno fran-
cés a exigir de nuevo la constitución de un organismo
autónomo de defensa fuera de la tutela de la
OTAN
,
mismo que debía servir, además, como catalizador de
una comunidad europea
11
basada en la integración
económica y en la seguridad política y militar propias.
Este último objetivo se convertiría luego en uno de los
puntales de la Política Exterior y de Seguridad Común
(
PESC
) de la futura Comunidad Económica Europea
(
CEE
) (1957) y, más tarde, de la Unión Europea (
UE
)
(1993). No obstante su importancia, la
PESC
, desde
sus inicios, resultó difícil de llevar a cabo en razón de
las divergencias entre los países y dado el monitoreo
inflexible de Estados Unidos sobre la vigencia de la
alianza atlántica.
La creación de la Comunidad Económica Europea
merced a los Tratados de Roma (signados el 25 de
marzo de 1957 por Francia, Italia, la República Federal
Alemana, Luxemburgo, Bélgica y Países Bajos), permi-
tió avizorar una “Europa europea” independiente de
Estados Unidos y con influencia mundial. Esta postura
se convertiría en la obsesión del general Charles de
Gaulle. Para el fundador de la V República francesa, la
necesidad de la fortalecer a la Comunidad afirmando
su identidad en el campo político y militar como lo
estaba haciendo en el campo económico, era, más que
deseable, perentorio. A pesar de sus esfuerzos, su afán
por alejar a su país y a Europa del dominio norteame-
ricano en los diferentes momentos de su vida política
(1951-1969), f racasaron puesto que buena par te de los
miembros que la integraban no estuvieron de acuerdo
en independizarse de la
OTAN
. Ante ello, de Gaulle no
dudó en acercarse a la Unión Soviética para crear un
contrapeso al dominio europeo de Estados Unidos,
mismo que se apoyaba en Inglaterra que ya buscaba
afanosa integrarse al nuevo club de los Seis.
La fuerte oposición francesa a la entrada de los
ingleses a la
CEE
(cuya membresía sería vetada en dos
ocasiones, en 1963 y 1967), estuvo motivada en razón
de la alianza estrecha que el Reino Unido tenía con
Estados Unidos, por un lado, y por el temor a que la
isla pudiese alcanzar el liderazgo al entrar a la
CEE
y
desviarla entonces de sus objetivos primordiales, por
el otro. La batalla fue soterrada pero intensa: a un año
escaso del lanzamiento de la
CEE
, los ingleses habían
ya maniobrado hábilmente proyectando e impulsando
la creación de la Organización Europea de Coopera-
ción Económica (
OECE
) y de la Asociación Europea de
Libre Comercio (
AELC
). Todo ello en vista de romper
la unidad y frenar la integración europea.
12
En 1960,
Inglaterra volvió a la carga al crear una réplica de la
OECE
pero en pequeña escala: la Asociación Europea
de Libre Comercio (
AELC
). A través de ella, los ingleses
dominaban económica y demográficamente a Suecia,
Noruega, Dinamarca, Suiza, Austria y Portugal.
Estos intentos desesperados del gobierno inglés
por no quedarse aislado con respecto a la
CEE
–a la que
intentaba entrar con todas las garantías y sin el menor
esfuerzo de su parte– fueron diluyéndose tanto por el
creciente éxito económico de la Comunidad (que em-
pezaba ya a conformar un pingüe mercado común –de
unos 240 millones de consumidores– que convertiría
a Europa en el primer exportador de productos indus-
triales), como por el déficit en la balanza de pagos de
la isla; ante esta realidad la actitud de Estados Unidos
hacia la Comunidad también fue variando.
Para no quedar excluido de tan magnífico pano-
rama, el presidente estadounidense John F. Kennedy
debió renunciar al proteccionismo y adoptar entonces
estrategias de liberación de los intercambios con Eu-
ropa. De aquí que el 25 de enero de 1962 propusiera al
Congreso de su país una asociación comercial abierta
entre Norteamérica y la Comunidad Económica Euro-
10
Los acuerdos de París, firmados el 23 de octubre de 1954, le permitieron a Alemania (occidental) recobrar su soberanía y contar con una
armada nacional, sólo se le exigía adherirse a la
UEO
; así, Francia pudo arreglar en mejores condiciones sus problemas territoriales con la
misma.
11
En 1950, la Comunidad Europea del Acero y del Carbón (
CECA
), el primer organismo supranacional, inició actividades y llegó a funcionar
con éxito.
12
Pierre Mélandri en Enrico Serra (dir. y ed.),
Il Rilancio dell’Europa e i Tratti di Roma. La Relance Européenne et les traités de Rome. The
Relaunching of Europe and the Treaties of Rome
.
Actes du Colloque de Rome, 25-28 Mars 1987
, Bruselas/Milán/París/Baden-Baden, Bruylant/
Giufrè/LGDJ/Nomos, 1989, p. 388.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
32
pea; dentro del marco del
GAT T
(General Agreement on
Tariffs and Trade), negoció por igual una reducción de
tar ifas. Este cambio de ac t itud permeó también en los
discursos: “No consideramos a la Europa unida y forta-
lecida como un rival [.
..], más bien la vemos como una
asociada con la cual podemos tratar sobre una base de
plena igualdad, en lo concerniente a todas las tareas
inmensas que constituyen la puesta en marcha y la
defensa de una comunidad de naciones libres”.
13
Aún más, en vista del éxito del mercado común
que se iba consolidando en Europa y para no perder
su dominio en la región, Estados Unidos insistió en
negociar la entrada de su fiel aliado británico a la
CEE
.
Su planteamiento fue más que claro: con Inglaterra
dentro de la Comunidad ésta no sólo se for talecía, sino
que el mercado común completaría su organización.
Como compensación por la aceptación del nuevo socio,
el Ejecutivo en Washington prometía compartir con
la
CEE
“[…] el liderazgo económico junto con Estados
Unidos”.
14
Para imprimirle un sello de seriedad a estas
palabras, Kennedy propuso al Comité de Acción de la
Casa Blanca que “La cooperación ya puesta en marcha
entre Estados Unidos y los países de Europa debía gra-
dualmente tomar la forma de una relación entre socios
(
partners
) [.
..], entre dos entidades distintas pero
igualmente poderosas, cada una asumiendo su parte
de responsabilidad común con relación al mundo”.
15
El discurso norteamericano seducía, como señalan
los expertos en estos temas,
16
pues no sólo ofrecía
el
partnership
en la zona del Atlántico sino a nivel
mundial. Sin embargo, y a pesar de las buenas inten-
ciones, este tipo de declaraciones no dejaban de ser
exactamente eso: declaraciones, visiones a futuro
antes que un programa preciso de acción. De hecho,
el único documento concreto al respecto fue el Trade
Expansion Act, adoptado por el Congreso norteameri-
cano en el mes de octubre de 1961. En él, se aclaraba
que si bien podría haber relaciones de socios iguales
en el campo económico, en el ámbito político y militar
Estados Unidos no podía de ninguna manera compartir
su liderazgo (
leadership
), aunque dejaría que Europa
jugara un papel más importante en esos campos. A
pesar de estas cláusulas de exclusión, no hay duda de
que Europa occidental se fortaleció económicamente
hablando hasta llegar a ser, en el transcurso de los
años posteriores a 1980, el primer socio comercial
del mundo,
17
hecho que, a contracorriente del deseo
norteamericano, amplió la potencialidad de la
CCE
en
lo político tanto a nivel regional como mundial.
En la historia de la
CEE
, cobró importancia singular
la cumbre de la Haya de 1969 pues en ella se diseñó
un gran programa de tres puntos que resultaría de
importancia capital para el devenir de aquélla: 1)
regulación financiera de la agricultura; 2) realización
de la unión económica-monetaria y de lazos políticos
y 3) aceptación a la Comunidad de aquellos países que
cumpliesen con los requisitos exigidos. Derivado de
este último punto, fueron admitidas Gran Bretaña,
Irlanda y Dinamarca en 1973; una vez puesto en fun-
cionamiento el Sistema Monetario Europeo (
SME
), se
incorporaron también Portugal y España a principios
de enero de 1986.
La entrada en vigor del Acta Única Europea (
AUE
)
el 28 de febrero de 1986, pavimentó el camino para la
plena institucionalización de la
CEE
. En el plano polít i-
co, y especialmente en el militar en materia de defensa
y seguridad, los progresos fueron más lentos que en el
económico. Desde 1987, en la plataforma de La Haya,
la voz de la Comunidad se empezó a escucharse con
más fuerza; se dio entonces un paso en firme hacia la
posterior compatibilidad y complementariedad entre
los intereses de Estados Unidos y los de la Unión
Europea, sin que ello afectara ni la identidad ni la
autonomía de esta última.
13
John F. Kennedy citado en Theron-Tol ber, “Réac t ions en Europe et au x USA”, en
Les relat ions USA CEE pendent la présidence de J.F. Kennedy
,
Estrasburgo, mémoire DEA, 1993, p. 59.
14
Andre Kaspi, “Unité européenne, partenership atlantique”, en
Relatións Internationales
, núm. 11, 1977, p. 232.
15
John F. Kennedy citado en
ibid
., pp. 238 y ss.
16
Vid
. a este respecto, Pierre Gerbet,
La constructión de l´ Europe
, París, Emprimérie Nationale Editions, 1999, pp. 260-261.
17
Ibid
, pp. 262-269.
Cuestiones contemporáneas
33
La situación de Europa a principios de los 90 cambió
radicalmente con respecto a la vivida en los años
anteriores. El desmoronamiento del bloque soviético
y el fin de la Guerra Fr ía (conjuntamente con las inst i-
tuciones que caracterizaban la hegemonía comunista
como el Consejo para la Mutua Asistencia Económica
(
COMECON
) y la estructura del Pacto de Varsovia), le
permitió ampliar y consolidar sus perspectivas de
integración, al tiempo que Estados Unidos perdía
su principal motivación ideológica para mantener
a la
OTAN
. Incluso los países de Europa central y
oriental, conocidos como los
PECOS
, hasta la misma
Rusia, miraron hacia Europa occidental tanto para
pertenecer a ella como para demandar su ayuda.
El éxito del proceso de integración económica,
manifestado en la fortaleza de la Comunidad,
18
fue sin
lugar a dudas la causa de esa atracción. Tan era así,
que Estados Unidos, sint iendo amenazada su propia in-
fluencia económica en las zonas de su control directo,
como América Latina, y en aras de recuperar su dominio
comercial amenazado por la penetración comercial
de la
CEE
, decidió entonces adoptar una estrategia
económica similar a la utilizada la Comunidad. Es en
este marco que habría que leer la firma del Tratado de
Libre Comercio de América del Norte (
TLCAN
) entre los
gobiernos estadounidense, canadiense y mexicano,
19
el 1° de enero de 1994, y su posterior expansión hacia
el resto de los Estados americanos (con excepción de
Cuba) a través del Acuerdo de Libre Comercio de las
Américas (
ALCA
), en diciembre de ese mismo año. Con
estos acuerdos, se pretendía realizar el viejo sueño
hegemónico norteamericano de “una zona de libre
comercio hemisférica que se extendería” desde el
puerto de Anchorage hasta la Tierra de Fuego”,
20
por
un lado, y equilibrar sus fuerzas y consolidar su poder
económico
vis á vis
la expansión y consolidación de la
Unión Europea (cabría acotar que el
ALCA
ha resultado
ser, a la postre, un fracaso, por lo que la búsqueda del
equilibro entre ambos bloques de poder económico
aún no termina), por el otro. Como complemento a
estas iniciativas, Estados Unidos se aprestó también
a ‘actualizar’ su propaganda ideológica haciendo de la
llamada “globalización”, que no es más que la expan-
sión a nivel mundial de sus empresas corporativas, la
panacea para curar todos los males.
21
A pesar, sin embargo, de no haber podido ‘emparejar’
el equilibr io de mercados, en el terreno de la segur idad
estados Unidos continúa llevando la batuta. En efecto,
la Alianza Atlántica, como estructura político-militar
de alcance no sólo europeo sino mundial, tanto en las
vísperas de la disolución del bloque soviético (1988-
1989) como en la actualidad, sigue siendo comandada
por Washington; en este aspecto, la
UE
, aunque ha
alcanzado un mayor nivel de maniobra, depende aún
de este apoyo.
22
Si bien se han hecho esfuerzos varios
por revertir tal dependencia, éstos no han dejado de
ser más retóricos que realistas. Ello quedó patente
tanto en el proceso de desmembramiento de Yugos-
lavia –y, dentro de él, en la guerra del Kosovo– como
en la nueva geoestrategia desplegada por la potencia
El desmoronamiento de la Unión Soviética y los esfuerzos de la Comunidad
Europea por obtener mayor autonomía e independencia en el campo militar
18
Se calcula que la
UE
,
que en la actualidad consta de 15 países, tendrá aproximadamente 13 miembros más; con los que abarcará una pobla-
ción cercana a los 500 millones de habitantes y su poderío en términos económicos y políticos será enorme.
19
Vid
. a este respecto, F. R. Dávila Aldás, “La nueva estrategia de desarrollo o la integración a la economía norteamericana mediante la firma
del Tratado de Libre Comercio, 1989-1994”, en
Del milagro a la crisis, la ilusión, el miedo y la nueva esperanza. Análisis de la política económica
mexicana, 1954-1994
,
México, Fontamara, 1995.
20
Este proyecto (Intreprise for the Americas Initiative) fue anunciado por George Bush el 27 de junio de 1990 y se refiere al Nuevo Orden
Internacional que los Estados Unidos está interesado en construir para recuperar su liderazgo mundial. Por ventura, la iniciativa que en 2005
debía entrar en funcionamiento, fracasó gracias a la firme oposición de Brasil y sus aliados latinoamericanos, Argentina, Venezuela y Cuba que
exigieron se tomara en cuenta los intereses de la región y no sólo los de ese país.
Vid
. para mayores detalles F. R. Dávila Aldás, “América Latina
y la integración europea”, en
Revista Oikos. Revista de Economía Heterodoxa
, año VI, núm.7, 2007.
21
F. R. Dávila Aldás,
Globalización integración en América Latina, Norteamérica y Europa
,
México, Fontamara, 2002, pp. 27-64.
22
Para mayores detalles
vid
. Marie-Hélène Labbé, “Y a-t-il une politique europeénne de non prolifération nucléaire?”, en
Politique Etrangère
,
vol. 62, núm. 3, 1997; asimismo, “The Row in
NATO
. A Fractured Alliance. The Battle of Brussels” en
The Economist
, Londres, 13 de febrero de 2003,
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
34
norteamericana después de los ataques del 11-S (aun-
que en un principio Estados Unidos solicitó el apoyo
moral y militar de Europa invocando el artículo 5° de
asistencia recíproca, no hizo lo propio al momento
de invadir Afganistán; aún más, a nombre de una cru-
zada contra el terrorismo, enemigo de la humanidad
y de la democracia, emprendió el camino bélico sin
utilizar la pesada estructura de la
OTAN
).
Estos acontecimientos, entre otros, permiten
proyectar todavía una larga vida al predominio nor-
teamericano y, en el mejor de los casos, reforzar el
compromiso de ayuda mutua existente, en los planos
regional y especialmente global, entre la potencia
americana y la
UE
, hecho que no es muy del agrado de
sus miembros porque se t iende a perder la dimensión y
el control de su propia política de defensa y a depender
de la estrategia militar estadounidense. Aunado a lo
anterior, la dura estrategia de guerra que la super-
potencia ha adoptado frente a la amenaza terrorista
latente explica algunos de los conflictos internos en
los que actualmente se debate la Unión Europea.
A pesar de este pronóstico, no cabe duda de que
la brecha por la hegemonía mundial entre la Unión
Europea y Estados Unidos se ha reducido durante la
última década. La anterior constatación se sustenta
en el creciente poderío económico de la
UE
y en los
diversos esfuerzos desplegados por expandirlo. Esta
situación ha mermado cier tamente el poder ío de Esta-
dos Unidos al tiempo que ha permitido la consolidación
de nuevas estruc turas polít icas y estrategias comunes
tendientes a reforzar una mayor autonomía europea
con respec to al tutelaje nor teamer icano. En la medida
en que la
UE
sigua expandiéndose, estructurándose y
consolidándose, devendrá cada vez más en contendor
de la unipolar idad nor teamer icana. En otros tér minos,
la
UE
ha venido disputando palmo a palmo el lide-
razgo que Estados Unidos ha estado perdiendo. Es
evidente, por ejemplo, que este poderoso país ya no
puede dominar por la fuerza a Europa o disputarle su
creciente hegemonía en el concierto internacional.
La justificación norteamericana-neoliberal de que el
libre comercio, sin las trabas estatales, procura la
ampliación de las libertades individuales y ofrece
mejores opciones de vida, está siendo derrotada por
la cooperación, la integración y la ayuda solidaria, de
los Estados europeos que, en vez de confrontarse
de nuevo, han escogido el más inteligente y reditua-
ble camino de la unión para crecer nacional, regio-
nal y continentalmente. Inclusive Rusia, la antigua
impulsora del totalitarismo disfrazado de socialismo
real, ha decidido apostar por este sendero promo-
viendo una cooperación más abierta hacia Occidente,
intentando ampliar sus relaciones con la
UE
y opo-
niéndose rotundamente a al crecimiento del poderío
estadounidense.
23
En este tenor hay que analizar, por
ejemplo, las negociaciones para la reducción mutua
de armamentos en 1990 con la firma del pacto sobre
las Fuerzas Convencionales en Europa (
FCE
).
En cuanto al aspecto militar, se pueden percibir
también cambios en la balanza de poder. La
UE
se ha
visto cada vez más involucrada en este tipo de deci-
siones. Desde las negociaciones en pro del desarme
mundial (lo que propició la reducción de gran parte
del armamento táctico y nuclear del Pacto de Varsovia
que pesaba como una perpetua amenaza sobre Europa)
hasta la fijación de un tope de efectivos para las fuer-
zas armadas de Europa en el plano aéreo y terrestre
(325 mil para Francia, 345 mil para Alemania, 260 mil
para la Gran Bretaña, 250 mil para Estados Unidos y
1 millón 450 mil para Rusia). Estos logros, acompaña-
dos de los éxitos alcanzados con la acelerada integra-
ción económica, se han visto bien compensados con el
apaciguamiento de las tensiones y amenazas militares
que pesaban sobre el Viejo Continente.
Al calor de estos cambios, la
OTAN
fue modificando
su estrategia básicamente defensiva y la
UE
impelida
23
No hay duda de que Rusia ya se ha recuperado de su derrumbe en 1989, su poderío y su influencia se están incrementando. Cuando
Vladimir Putin llegó a la presidencia de la Federación Rusa en diciembre de 1999, ésta ocupaba en términos del
PIB
el décimo lugar a nivel
mundial y sus reservas internacionales eran de 8,5 billones de dólares. En la actualidad (con el mismo Putin como primer ministro desde
mayo de 2008), es la octava economía y sus reservas se incrementaron cinco veces más por lo que ahora son de 407.5 billones. Ha utilizado
su poderío como suministrador de energía (gas y petróleo) a Europa para acrecentar su influencia política, se ha enfrentado con Estados
Unidos en los casos de Kosovo, Irak, Irán y Corea y ha logrado impedir la pretensión de este último de instalar un escudo anti misil en Europa
del Este.
Cuestiones contemporáneas
35
a definir su papel en la misma. Las otrora naciones
enemigas (los países del grupo
PECOS
: Bulgaria, Hun-
gría, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania,
Polonia, República Checa y Rumanía), que luego del
desplome del Muro necesitaban ayuda para consoli-
darse en el campo económico y político, fueron incor-
poradas, a partir de marzo de 2004, al club atlántico.
Ello implicó para Rusia un reconocimiento tácito de la
disminución real de su influencia sobre estos países y el
hecho, aún más doloroso, del fracaso interno y externo
de su política en el campo económico y militar.
La nueva correlación de fuerzas y el fortalecimiento de la hegemonía
compartida de la
UE
y Estados Unidos
Si bien la desaparición del sovietismo le dió mucho
mayor juego a la
OTAN
, la importancia estratégica de
Rusia no fue, sin embargo, pasada por alto. Por razones
tácticas y estrategias, los atlantistas nunca dudaron
de su peso en la arena internacional. Lo anterior ex-
plica la creación, en 1991, del Consejo de Cooperación
del Atlántico Norte (
COCONA
) en el que los antiguos
miembros del pacto de Varsovia se aliaron junto con los
de la
OTAN
en un acuerdo de mutua asistencia, coopera-
ción y colaboración comprometiéndose a respetar las
fronteras de los Estados miembro. La
COCONA
tendió,
sin duda alguna, a equilibrar el juego de fuerzas entre
una potencia en declive, Rusia, y la
OTAN
,
24
equilibrio
que resultaba esencial, especialmente en el marco de la
integración de la Alemania oriental con la Federal.
Este proceso, sin embargo, no dejó de tener sus
dificultades. Cuando lo jefes de Estado de la
OTAN
pro-
pusieron a las nuevas democracia de Europa central
optar por la “pertenencia a la
OTAN
por la paz” (Bru-
selas, 11 de enero de 1994), lo hicieron en calidad de
estatus provisional más que legal. Ello amenazó con
abrir un frente que la Federación de Rusia intentaba
cerrar. El peligro estaba en sus inmensas fronteras en
plena mutación, en su legalidad tambaleante y en la
disolución su propia identidad. No estaba amenaza-
da ni por Europa ni por Estados Unidos, sino por la
complejidad de los acontecimientos que se estaban
gestando en Asia central y en sus relaciones con
China, Turquía e Irán. Ello explicaba su complicada
situación y su comportamiento ambiguo con respecto
de sus fronteras y de sus zonas de influencia estra-
tégicas; lo que se palpó en las negociaciones dentro
de la guerra de Kosovo. Su razón era clara, no podía
debilitarse más sin intentar fortalecerse.
La cuestión de la seguridad y el armamentismo fue
otro de los tópicos a vencer. A pesar de los deseos de
la Unión Europea y de algunos de sus miembros de for-
talecer sus esferas de defensa y seguridad militar con
mayor autonomía con respecto de la
OTAN
, el ambiguo
y contradictorio comportamiento de Estados Unidos
en el campo político, estratégico y militar –así como
su obstinación en trasladar gran parte del peso de
lo que significa la defensa del continente a los euro-
peos– contribuyó a dificultar este anhelado equilibrio.
En el marco de la colaboración intereuropea, el uso
ilimitado del poder armado, desde el punto de vista
objetivo, resultaba (aún lo hace) una aberración, una
psicosis obsesiva que podía poner en peligro el propio
liderazgo de Estados Unidos. Esta situación había sido
ya descrita claramente por el que fuera secretario de
Estado norteamericano, Henry Kissinger: “Los Estados
Unidos no pueden arreglar todos los problemas del
mundo pero no están dispuestos a renunciar a su papel
de una potencia mundial indiscutible” que pueda regir
al mundo apoyada en el nuevo equilibrio de fuerzas que
está representado actualmente por la
UE
, Rusia y China
que, además, son aliados entre sí y pueden neutralizar
o morigerar su poder y defenderse, si es el caso.
En este ambiente, el caso de Iraq resultó patético.
Si bien era loable el deseo de democratizar el país
24
Para un tratamiento más detallado del tema sobre el desarrollo y estabilidad de Rusia y de la
CEI
y de sus potencialidades ofensivas y
defensivas en Europa,
vid
. Igor Toporovsky, “Les developpements possibles a court terme dans la
CEI
”; Agota Gueullette, “
CEI
: perspectives
politiques et economiques”; Denis Blancher, “Etat des forces armées de la Ex-URSS”; Jean-Christophe Romer, “URSS, Russie,
CEI
les armes
nucléaires et leur devenir”; Jacques Laurant, “Les armes de la Ex-URSS perspectives pour l’an 2000”, todos ellos en Robert Bussière (ed.),
Securité européenne et réalités internationales. Pour une recherche de la cohérence
, París, Publisud, 1997.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
36
árabe, resultaba flagrantemente contradictorio el
hecho de querer hacerlo por la imposición, el engaño,
la fuerza. Los sistemas democrático-liberales exigen
una infraestructura mínima de orden cívico, un de-
terminado grado de desarrollo de la riqueza social y
una cultura de compromiso, de cooperación y colabo-
ración así como de solidaridad entre sus miembros,
procesos que implican un lento aprendizaje a largo
plazo. Resulta, pues, irrisorio el querer implantar un
régimen democrático ‘por decreto’. Las sociedades
tradicionalistas, como las que existen en el mundo
árabe, están aún navegando en un proceloso mar con
islas de modernidad en el cual las élites monárquicas
disfrutan de sus bondades, mientras la gran mayoría
continúa hundida en un oscurantismo parecido al que
Europa tuvo en la Edad Media. La democratización de
la región en general, y de Iraq en particular, requerirá
‘algo’ más que violencia.
En todo caso, y a pesar de las protestas de no
pocos países europeos en contra de la invasión, la
UE
no ha tenido más remedio que aceptar la superioridad
militar de Estados Unidos en todos los planos y seguir
permaneciendo fiel a la alianza atlántica que les es,
y les seguirá siendo, altamente beneficiosa para sus
intereses nacionales y regionales. A pesar de este
reconocimiento, Alemania y Francia han colaborado
mutuamente en el reforzamiento de Europa y la conso-
lidación de una polít ica común de segur idad y defensa
que los vaya conduciendo a una mayor autonomía con
respecto a su gran y poderoso socio. Así, en el Tratado
de Maastricht (firmados el 7 de febrero de 1992) una
y otra intentaron impulsar el “pilar de la defensa eu-
ropea”, esto es: sin renunciar y poner en entredicho
la preeminencia de la presencia norteamericana en el
sistema global de segur idad polít ica y militar paneuro-
peo, galos y germanos debían buscar las vías para una
mayor autonomía de la Unión dentro de la
OTAN
, con lo
que se estaría avanzando en la consolidación del pilar
de la de la Política Exterior y de Seguridad Común de
la
UE
, paso primordial en el proceso de reforzamiento
interno y expansión futura de la ella.
En los casos de Rusia y China, los lazos de colabo-
ración con Estados Unidos también se han ido estre-
chando. La primera de ellas ha requerido, por parte
de norteamericanos y europeos, de un trato especial
dado su poder en recursos naturales y su aún inmenso
poderío militar, especialmente en lo concerniente al
arsenal nuclear y de armas químicas y biológicas. En
este marco, resulta interesante subrayar la importancia
del Acta Fundacional sobre las Relaciones Mutuas de
Cooperación y Seguridad entre la
OTAN
y la Federación
Rusa, del 27 de mayo de 1997, hecho imposible de
imaginar siquiera antes del derrumbe del “socialismo
real”, ya que el documento sancionaba el derecho de
todo Estado a elegir a sus socios en materia defensi-
va. Con esta acción, Rusia trataba de hacerse acreedora
a la ayuda financiera europea (con la que aplacarían,
en algo, sus males) y negociar el mantenimiento de
su infraestructura nuclear a corto plazo para tenerla
a buen recaudo. En esta negociación, la
UE
tuvo un
peso definitivo al brindarle a Rusia decidido apoyo;
de hecho, gracias a este ‘espaldarazo’, Estados Unidos
se vio obligado a dar su anuencia para hacer efectiva
el Acta, lo que significó un mayor compromiso de co-
operación para Rusia dentro de la alianza unilateral
con la
OTAN
. Así, poco a poco, Rusia está reincorporán-
dose hábilmente en el escenario del poder mundial,
lo que no deja de ser altamente positivo si lo que se
desea es ejercer un contrapeso real a la superpotencia
norteamericana.
La República Popular China, a su vez, al flexibilizar
su régimen interno, ha sido aceptada poco a poco por
Estados Unidos como una nación confiable; inclu-
sive fue apoyada por éste para ingresar a la
OMC
en
diciembre de 2001 (con la condición de que siempre
se atuviese a las reglas del juego). Sin embargo, en la
actualidad, la desbordante actividad comercial china,
el déficit que representa para los norteamericanos
y la enorme reserva en dólares que tiene el Estado
comunista asiático, ha resultado ser peligrosa para la
economía estadounidense, misma que experimenta
hoy por hoy una fuerte desaceleración.
25
25
Vid
. a este respecto “America’s Fear of China”, en
The Economist
, Londres, 17 de mayo de 2007, en http://www.economist.com/
node/9189760/print y “China and US Trade. Lost in Traslation”, en
ibid
Cuestiones contemporáneas
37
Los nuevas relaciones entre Estados Unidos y Rusia
entabladas luego del ataque del 11 de septiembre del
2001, celebradas efusivamente por los miembros de la
OTAN, revivieron el espíritu de cooperación entrambas
luego de 10 años de ásperas y conflictivas relaciones
y fructificaron en una alianza más sólida. Muestra de
ello fue la firma en Moscú, a fines de mayo del 2002,
del Tratado Ruso-norteamericano de Control de Arma-
mentos, el cual culminó con la inauguración en Roma
del Nuevo Consejo de la
OTAN
-Rusia (
NRC
). Con estos
acuerdos, la Federación Rusa, después de 70 años de
régimen comunista y 13 más de transición, había deci-
dido unirse al concierto de las naciones democráticas y
dar, con ello, un paso en firme hacia el cumplimiento de
los anhelos democráticos en su suelo: alcanzar mayor
libertad y bienestar para todos.
En este nuevo contexto, la UE adquirió un nuevo
socio estratégico indispensable (pero aún imprevisible
en su futuro, dadas las grandes dificultades que Rusia
ha tenido en integrarse económica y políticamente
al mundo occidental),
26
frente al cual queda obligada
a prestar toda la ayuda, formas de cooperación y
acciones efectivas posibles a fin apoyar los esfuerzos
modernizadores de aquel gran país.
El caso de Iraq fungió como ‘prueba de fuego’ de
la nueva relación. La Segunda Guerra del Golfo Ope-
ración Libertad Iraquí (iniciada en marzo de 2003 por
la intervención unilateral de Estados Unidos justifi-
cada a base de engaños y fraudes vergonzosos y de su
permanencia como ejército de ocupación en el país
meso-oriental hasta agosto de 2010) no sólo sentó
un funesto precedente en la historia de las Naciones
Unidas al poner al desnudo su inoperancia frente a los
excesos del poderío norteamericano, sino que hizo
cimbrar las relaciones de Estados Unidos con algunos
de los más descollantes miembros de la Unión Europea.
Alemania y Francia, los motores de la
UE
, junto con sus
aliados internos e internacionales como Rusia y China,
salieron en defensa del castigado Estado árabe.
27
El
contar con estos dos últimos países como aliados,
reforzó la fortaleza política y moral de la UE frente a
la potencia invasora que, apoyada directamente por
Inglaterra, España e Italia, abusaba de su poderío al
tiempo que desoía las resoluciones del Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas.
28
Lo que Estados Unidos ‘ganó’ con su acción bélica,
fue el desprestigio internacional y un sabor a fracaso
difícil de digerir, pues a pesar del uso de la fuerza, las
amenazas y el chantaje
29
no se ha podido conseguir ni
Las nuevas perspectivas de negociación y cooperación ruso-norteamericanas
y las oportunidades de la UE
26
Para mayores detalles,
vid
. “To Russia for Love. Russia and the West (The Opportunity in Russia’s Better Relations with America and the
West)”, en
The Economist
, Londres, 18 de mayo de 2002.
27
Un airado Jacques Chirac advertía, en sentido discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, que “Nadie puede ser capaz de
asignarse a sí mismo el derecho de usar la fuerza de manera unilateral y preventiva. En un mundo abierto, nadie puede aislarse a sí mismo,
nadie puede actuar sólo en nombre de todos y nadie puede aceptar la anarquía de una sociedad sin reglas. No hay más alternativa que la
ONU
”.
Gerhard Schröder, el canciller alemán, recordaba a su vez que: “[…] la ocupación estadounidense de Iraq debe terminar lo antes posible y
restaurar la soberanía del pueblo árabe”.
Vid
. ambas declaraciones en
El Financiero
, México, 24 y 25 de septiembre de 2003, pp. 34 y 31, res-
pectivamente. A su vez, el premier ruso, so pretexto del nombramiento de la asesora de seguridad de Bush como jefa del Grupo de Pacificación
de Iraq, advirtió que “[…] ese país ocupado puede convertirse en un nuevo imán para todos los elementos destructivos y de un gran número
de organizaciones terroristas de todo el mundo musulmán” y recomendó a Estados Unidos acelerar la restauración de la soberanía iraquí y
garantizar que una nueva resolución de la
ONU
defina claramente cuanto tiempo permanecerán las tropas internacionales. En
ibid
, edición del
7 de octubre de 2003, p. 37.
28
El tiempo daría la razón a los detractores de la guerra pues, hasta el momento, y a pesar de las innumerables y científicas búsquedas,
jamás se encontraron las malhadadas ‘armas de destrucción masiva’ del régimen de Hussein, argumento vil que se esgrimió entonces por
parte de Estados Unidos e Inglaterra para atacar a Iraq. Parece ser cada vez más claro que las razones de emprender una guerra en la región
obedeció más a consideraciones económicas (petróleo y el negocio jugoso que sus empresas habían proyectado obtener en ese país) que a
militares.
29
George Bush utilizó un discurso de apaciguamiento frente al Consejo de Seguridad (en el sentido de votar por una resolución cuya intención
no era otra que la de ofrecer ayuda militar y económica de la comunidad internacional para la estabilización de Iraq) y otro de franco enfrenta-
miento con la Unión Europea, esgrimiendo el argumento de que por no haber recibido el apoyo esperado, no dejaría entonces a la
UE
participar
en las acciones políticas y económicas para la democracia en Iraq.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
38
la paz ni la seguridad ni la tranquilidad ni la libertad
de la otrora orgullosa Mesopotamia.
30
La creencia nor-
teamericana (por lo menos del ala neoconservadora)
en la guerra preventiva como solución a los problemas
geopolíticos actuales, está mostrando su creciente
debilidad. Sus discursos sobre la democracia, la lucha
por el respeto a los derechos humanos y las acciones
contra el terrorismo y la proliferación de las armas
de destrucción masiva, que comandaron la escalada
militarista norteamericana, convencen cada vez más
a cada vez menos.
En cambio, la
UE
(léase, sobre todo, Alemania-
Francia), antes mellada por la maniobra anglo-
americana para dividirla, volvió a reforzar su unidad
y a destacarse con su acción diplomática en Medio
Oriente y en Asia. Con la oposición franco-alemana y
la de sus aliados a los excesos del poder nor teamer i-
cano, se creó una honda fisura entre estas naciones
y Estados Unidos (pero ésta, vale recalcarlo, no
puso en entredicho la estructura de la
OTAN
) que,
no obstante y poco a poco, se fue restañando. En este
marco, vale la pena también subrayar que aquellos
miembros de la
UE
que sí apoyaron la misión anlgo-
americana (Italia, España, Portugal, Dinamarca,
Polonia, Hungría y de la República Checa) en Iraq, lo
hicieron más como rechazo al tradicional liderazgo
franco-alemán que al convencimiento pleno de la
empresa bélica.
Si bien estas contradicciones y cambios en la
dinámica de las alianzas (mismos que han sido una
constante en la vida de la
UE
) tienden en el corto plazo
a generar un equilibrio precario, no parecen amenazar la
consolidación a mediano plazo del bloque regional; en
estas circunstancias, la terquedad político-diplomática
de Estados Unidos, no ha hecho más que evidenciar su
pérdida de liderazgo a la par de su declinante hegemo-
nía. En este complejo juego de alianzas, compromisos
y reformas que la nueva consolidación nacional, re-
gional y mundial exige, la
UE
ha ido consolidando su
hegemonía frente a los norteamericanos y afinando
su papel político en la
OTAN
que resulta cada vez más
insoslayable. Con la llegada de Angela Merkel a la
cancillería alemana a finales de 2005, y con el nuevo
presidente francés Nicolas Sarkozy a partir de mayo de
2007, la relación con Estados Unidos devino de ríspida
a más cálida, como una fórmula para curar las heridas
provocadas por su intervencionismo militar. Aunado a
ello, la creciente influencia política y diplomática que
tanto galos como germanos están teniendo en Medio
Oriente (y en Iraq en particular), augura menos tensio-
nes y posibles arreglos negociados con los gobiernos
de la conflictiva región.
31
El poderío económico de Estados Unidos y su desgaste hegemónico
Es innegable que Estados Unidos ha impulsado la
economía mundial desde prácticamente 1945 (aunque
no ha sido el único. De hecho, la Unión Europea, al
consolidarse y ampliarse, ha contribuido considera-
blemente a este respecto, al igual que otros países
meta europeos como Japón. Por su lado, China ha
tenido un explosivo crecimiento y su expansión co-
mercial mundial en la actualidad es un reto aún para
la economía de Estados Unidos). Sin embargo, hoy por
hoy, la economía norteamericana está en aprietos
y su crisis actual resulta peligrosa para el mundo.
En efecto, después de la recesión del 2001 Estados
Unidos ha visto decrecer su Producto Interno Bruto
(
PIB
): en 2003 fue de 2.5%; en 2004 aumentó a 3.10%
para alcanzar un máximo de 4.40% al siguiente año.
En 2006, el decrecimiento volvió a aparecer con un
3.20% y logró mantenerse tal cual para 2007 para
volver a descender en 2008 a un bajo 2.20%.
32
Lo
30
Vid
. a este respecto, “Civil Liberties under Threat. The Real Price of Freedom”, en
The Economist
, Londres, 20 de septiembre de 2007, en
31
Vid
. “France and Iran Squeezing Harder”, en
The Economist
, Londres, 19 de septiembre de 2007, en http://www.economist.com/
node/9828547
32
Vid
. Andrés Vernón, “Análisis Económico” en
El Financiero
, México, 12 febrero de 2007, p. 3A. Asimismo, CIA World Factbook, en https://
www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/us.html y http://www.indexmundi.com/es/estados_unidos/producto_inter-
no_bruto_(pib)_tasa_de_crecimiento_real.html N.E.
Cuestiones contemporáneas
39
que ha seguido es simplemente la debacle: debido
a la quiebra económico-financiera de 2007-2008 (la
llamada crisis de las hipotecas subprime devendría
luego en las crisis bursátiles mundiales de enero y
octubre de 2008 y, de ellas, a la crisis del euro para
terminar en una ampliada cr isis económica mundial)
33
–aunada a los altos precios del petróleo, a un déficit
ya enormemente abultado
34
y al incremento de los
cuantiosos gastos militares para aplacar el nacio-
nalismo iraquí–
35
el crecimiento norteamericano se
colapsó
36
en 2009 al descender su
PIB
a un histórico
(por lo bajo) 1.1% de crecimiento. Estos vaivenes han
demostrado, entre otras cosas, que la tan cacareada
globalización no es más que “la americanización del
mundo”, cuestión que implica muchos más riesgos
que ventajas y despierta suscitando con ello gran-
des dudas y preocupaciones sobre el futuro de la
economía mundial.
Parte del problema de este lento crecimiento
económico puede encontrarse en la preferencia por
el gasto gubernamental deficitar io por encima del de-
sarrollo económico de las empresas estadounidenses.
Sin lugar a dudas, Estados Unidos está caminando (o
volando, como decía Lawrance Summer, ex secretario
del Tesoro de Clinton) con un solo motor.
37
Aunque
estadísticamente hablando la contribución de este
país al crecimiento mundial ha sido impresionan-
te (desde 1995 hasta el 2004, en términos acumu-
lativos, ha representado más del 60% del mismo),
esta misma, desproporcionada con respecto al
crecimiento de la economía mundial, no expresa
más que el extraordinario índice de consumo que
ha caracterizado a este país. En efecto, la demanda
doméstica ha crecido en un promedio anual del 3.7%
desde 1995, dos veces más que el crecimiento de
los países ricos. Por otro lado, el aporte de Estados
Unidos al
PIB
mundial desde 1995 hasta el 2002
fue del 30%, mientras que el de Europa alcanzó el
20%, el de Japón el 10%, el de China el 5% y el del
resto del mundo el 35%. Esta fuerte dependencia
que experimenta la economía mundial con respecto
al crecimiento de Estados Unidos no es nada salu-
dable; dado que ésta, como se ejemplificó líneas
arriba, puede caer en cualquier momento (siempre y
cuando siga gastando más de lo producido); en estas
circunstancias, no pocos miembros de la comunidad
internacional podrían padecer las consecuencias de
una nueva recesión.
38
33
Se habla de una depreciación inmobiliaria que no se había dado nunca antes, exceptuando la que sucedió en la gran depresión, y que ha
dejado un caos y confusión en el mundo de las hipotecas.
Vid
. a este respecto Shawn Tully, “Risk Returns whith a Vengeance”, en
Fortune
,
vol. 56,
Asimismo, Jared E. Hojnacki y Richard A. Shick, “The Subprime Mortgage Lending Collapse. Should We Have Seen It Coming?”, en
Journal of
Business & Economics
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34
Según los últimos datos del Sistema de Reserva Federal de Estados Unidos (
FED
, por sus siglas en inglés), el déficit público y comercial
alcanzó una cifra record de 763,600 millones de dólares en 2006, mismo que fue acompañado por una abultada deuda externa de 3 billones
de dólares.
Vid
. “Finanzas Internacionales” en
El Financiero
,
México, 14 de febrero de 2007, p. 11 A.
35
Nos referimos a la decisión del gobierno de Estados Unidos de enviar unos 30 mil soldados más para llevar la paz a Iraq.
Cfr.
“Politics
this Week”, en
The Economist
, Londres, 13 de enero de 2007, en http://www.economist.com/node/8534163/print y “George Bush and Iraq.
Bagdad or Bust”, en
The Economist
, Londres, 13 de enero de 2007, en http://www.economist.com/node/8522088/print.
36
Cfr
. “Will the Credit Crisis Trigger a Downturn?”, en
The Economist
,
Londres, 20 de septiembre de 2007, en http://www.economist.com/
node/9833056/print
37
Vid
. a este respecto “Flying on the One Engine. A Survey of the World Economy”, en
ibid
.,18 de septiembre de 2003, en http://www.
economist.com/node/2050678/print
38
Cfr
. “United States Losing its Way: Employment, GDP”, en
The Economist
, Londres, 14 de agosto de 2004, pp. 12 y 25-26 y “America’s
Economy: it Aint’ Easy”, en
The Economist
, Londres, 15 de septiembre de 2007, en http://www.economist.com/node/9804066/print.
39
Vid
., “America and Iraq. The General Speaks”, en
The Economist
, Londres, 15 de septiembre de 2007, en http://www.economist.com/
node/9804000/print.
¿Hacia la hegemonía compartida?
Las iniciativas unilaterales en política exterior así
como la descabellada doctrina de la guerra pre-
ventiva desplegadas por el gobierno de George W.
Bush, contribuyeron a debilitar su peso político en
la arena internacional.
39
La arrogancia y el empeño
norteamericano para mostrar su dominio y doblegar
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
40
a sus aliados europeos que se habían opuesto a la
ocupación de Iraq, resultó ser a la postre el error más
grande de la estrategia militar norteamericana desde
su intervención en Vietnam.
40
Las consecuencias
políticas de estos errores no tardaron en aparecer:
las presiones de los demócratas y de algunos repu-
blicanos al gobierno para que reconociera el rotundo
fracaso de su intervención en Iraq, la exigencia de
salir de aquel atolladero, el enorme déficit del pre-
supuesto norteamericano, la pérdida de la habilidad
política de Washington en cuanto a política exterior y
el consecuente deter ioro de su hegemonía mundial,
41
devinieron finalmente en el debilitamiento del par-
tido republicano y en el ascenso a la presidencia del
demócrata Barack Obama a inicios de 2009.
42
A su vez, la sagacidad, el realismo político, la
persuasión, la negociación y la acción diplomática
efectiva utilizados por varios de los miembros de
la
UE
con respecto al caso iraquí, abonaron para
convertirla en factor clave del tablero de la política
mundial.
43
Ejemplo de lo anterior, es la política más
flexible que Francia y Alemania han liderado, y que
Rusia y China han respaldado, con respecto a los casos
iraní, pakistaní y afgano, en los cuales han logrado
morigerar los impulsos belicistas norteamericanos.
En este marco, si algo positivo se pudo haber de-
rivado de la catástrofe de Iraq, es la posibilidad, cada
vez más sólida, de una colaboración estrecha entre la
UE
y Estados Unidos; en otras palabras, la compartición
de la hegemonía mundial… ¿a partes iguales?
Nuevas estrategias hegemónicas: la Unión Europea y Estados Unidos
ante el mundo del siglo
XXI
Si algo caracteriza a las relaciones entre la
UE
y Esta-
dos Unidos actualmente, es el mutuo recelo de ambos
al momento de compartir las grandes decisiones en
materia de política regional y mundial. Esta situación
continuará siendo fuente de tensos encuentros y dis-
cordias, mismos que tendrán que ser negociados dado
que, juntos, representan una de las instancia de poder
que rigen buena parte de la geopolítica mundial. Ello
cobra aún más relevancia al constatar que la
UE
es ya
la subregión más rica y poderosa después de Estados
Unidos y la más grande en relación a su población
(500 millones). En este sentido las relaciones entre
ambos socios deberán ser más competitivas, tanto en
el plano político y militar como, y principalmente, en
el económico y comercial.
Para reforzar esta alianza, consolidar los lazos de
cooperación y multiplicar los intercambios mutuos, se
han intensificado las instancias de consultas mutuas
entre los presidentes del Consejo y de la Comisión
europeas y el Ejecutivo norteamericano, mismos que
se reúnen en diversas ocasiones y foros, y en ocasión
de fuertes coyunturas, para abordar temáticas misce-
láneas, desde estrategias industriales, comerciales
y financieras; problemas de transportes; ciencia y
tecnología; agricultura, educación, energía y medio
ambiente hasta el diseño de polít icas mundiales. Así
sucedió en la primera Guerra del Golfo, en el conflicto
yugoslavo o en la problemática afgana.
La consolidación de la
UE
no se explicaría si se
desconociera el papel que ella ha tenido también en
40
Vid
. “A Falling Star”, en
The Economist
, Londres, 20 de enero de 2007, en http://www.economist.com/node/8554769/print; “Besieged.
The Gathering Struggle between the White House and Congress Could Have Tragic Consequences”, en
ibid
., 31 de marzo de 2007, en http://
www.economist.com/node/8928990/print y “The War Comes to Washington”, en
ibid
., 31 de marzo de 2007, en http://www.economist.com/
node/8931817/print
41
Fue entonces sintomático escuchar al ex secretario de defensa estadounidense, Robert Gates, a mediados de septiembre de 2007, quien,
en entrevista televisiva, declaró que su país “[…] usará la diplomacia para que Irán desista de su plan nuclear, aunque todas las opciones
están sobre la mesa, al agregar que una cooperación atómica de Corea y Siria sería un problema para Washington. Lo que, por otra parte,
nos confirma que la estrategia de la UE en Irán –en la que Francia, Alemania e Inglaterra están involucradas– ha sido aceptada por Estados
Unidos”.
Vid
. a este respecto “Francia debe prepararse ante Irán”, en
El Financiero
, México, 17 de septiembre de 2007, p. 45.
42
Vid
. a este respecto “The Incredible Shrinking Precidency”, en
The Economist
, Londres, 9 de septiembre de 2006, en http://www.pie-
rretristam.com/Bobst/library/wf-423.htm
43
Cfr
. F. R. Dávil Aldás, “La Unión Europea y Estados Unidos, ante una nueva estrategia de regir al mundo”, ponencia presentada en el
III
Encuentro Internacional: Integración Regional, Globalización y Sector Agropecuario
,
llevado a cabo en la Universidad de Chapingo, México, el 25
marzo de 2004; también, “Las luchas por el poder entre la Unión Europea y Estados Unidos”, en
Estudios Políticos
, enero–marzo de 2004.
Cuestiones contemporáneas
41
la consolidación de las relaciones inter y meta eu-
ropeas. En este sentido, los problemas de seguridad
y de paz en Europa ya no dependen exclusivamente
de la buena voluntad de Estados Unidos, sino de las
negociaciones que se suscitan entre los 27 Estados
miembros de la Unión y aquellos que no lo son (entre
los que sobresalen la Federación de Rusia y China).
En este panorama, y no obstante las dificultades y
tensiones arriba comentadas, el problema del orden,
de la seguridad y de la paz en Europa es hoy por hoy
un asunto netamente europeo, situación que la propia
potencia americana ha aceptado.
Si bien cabe esperar aún que las relaciones econó-
micas y políticas entre estas dos grandes hegemonías
mundiales continúen permeadas por desconfianzas
mutuas y rivalidades (producto de los intereses parti-
culares de cada uno de ellos. La
UE
, por ejemplo, acusa
a Estados Unidos de proteccionista en lo relativo a las
industrias automotriz, acerera, aeronáutica y textil;
a su vez, la nación americana le espeta a la
UE
ser una
entidad estatista y proteccionista en el campo de la
agricultura y el sector aeronáutico), tarde o temprano
tendrán que llegar a arreglos beneficiosos para ambos
(de hecho, para destrabar los diversos conflictos entre
europeos y norteamericanos, se han firmado ya varios
acuerdos sobre la apertura recíproca de mercados
en determinados sectores. Ejemplo de ello ha sido
la defensa en común de sus intereses económicos
en la Organización Mundial del Comercio (
OMC
) con
respecto al comercio internacional con los países no
desarrollados, lo que ha provocado el
impasse
de la
Ronda de Doha).
44
Una de las problemáticas a ser solventadas es la
cuest ión de las par idades monetar ias. La emergencia,
en enero de 1999, y la postrera consolidación del euro
en la Unión Europea ha constituido todo un reto para
la economía norteamericana. Aunque el dólar continúa
gozando de gran preponderancia mundial,
45
el euro
ha logrado desplazarlo como moneda más utilizada
en pagos en efectivo, haciéndola ya una moneda más
segura y sólida que su par norteamericana. No obstante
este logro, su estabilidad no es segura, empezando por
el hecho de que solamente en 17 de los 27 Estados
miembro de la UE es moneda oficial y acabando por el
rechazo a la Constitución europea por parte de países
como Francia y Países Bajos lo que podría desestabi-
lizar su poder cambiario.
Otro de los escollos a vencer radica en el avan-
ce de la integración política y de las instituciones
europeas supranacionales, mismas que se presentan
como una forma velada y a veces explícita de sa-
cudirse la tutela de Estados Unidos en los asuntos
regionales de la propia Unión. Uno más radica en el
predominio científico-tecnológico. En este campo,
el avance norteamericano con respecto al europeo
es innegable; por ejemplo, frente las tecnologías de
punta ligadas a la comunicación y a la informática,
así como a la reestructuración industrial en todos
los campos, la Unión Europea se ha visto obligada a
ser tributaria de las exportaciones norteamericanas;
además, la competencia en estos campos se hace di-
fícil en el propio suelo norteamericano debido a que
en él hay más escudos de protección que en la
UE
. De
aquí que resulta difícil prever una mayor autonomía
e independencia de Europa con relación al avance
de la ciencia y al desarrollo de la tecnología. Si la
UE
pretende algún día lograr una verdadera ventaja al
respecto, deberá entonces contrarrestar eficazmente
la agresiva penetración de las empresas corporativas
norteamericanas en su espacio y ámbito mercantil y
académico.
46
De hacerlo, consolidaría su soberanía
continental.
44
Vid
. a este respecto, F. R. Dávila Aldás, “América Latina y la integración
”,
op. cit.
45
Cfr
. a este respecto Benjamin J. Cohen, “L’euro contre le dollar: un défi pour qui?”, en
Politique Etrangère
, vol. 62, núm. 4, 1997. El 17 de sep-
tiembre de 2007, el ex presidente de la Reser va Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, señaló que, a finales de 2006, el 25% de las reser vas de
los bancos a nivel mundial estaba en euros, mientras que el 66% en dólares. Por su lado, en términos de pagos en transacciones internacionales,
mientras que el euro es usado en un 39%, el dólar es empleado en un 43%.
Vid
., “El Euro remplazaría al dólar como divisa mundial: Greenspan”,
en
El Financiero
, México, 18 de septiembre de 2007, p. 6.
46
En este aspecto, la UE está estableciendo los parámetros regulatorios del comportamiento empresarial que Estados Unidos ha descui-
dado y que le están dando ventajas en el plano de la competencia futura, como se puede ver en el caso de Microsoft al que se le ha exigido
cumplir con las regulaciones antimonopólicas.
Vid
. a este respecto “Brussels Rules OK. How the European Union is Becoming the World’s
Chief Regulator”, en
The Economist
, Londres, 20 de septiembre de 2007, en http://www.economist.com/node/9832900/print
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
42
Ahora bien, fortalecerse nacional y regionalmen-
te en el caso de la
UE
no significa volver a las viejas no-
ciones de los nacionalismos cerrados y recalcitrantes
que se hundieron con las dos guerras mundiales; pero
tampoco representa una apertura indiscriminada
a las estrategias comerciales y financieras norte-
americanas. Fortalecer la nueva soberanía europea
es, entre otras cosas, apostarle al nuevo ciudadano
europeo, consciente de sus deberes y derechos, así
como a la necesidad de un orden y un gobierno capaz
de administrar y distribuir más equitativamente las
riquezas a nivel individual, regional y nacional. Así
también, la
UE
debiera buscar nuevos aliados en el
resto del mundo a fin de lograr mayores márgenes de
maniobra frente a su rival-socio estadounidense.
Conclusión
La hegemonía estadounidense que amenazaba con
un mundo unipolar una vez caído el Muro, ha tenido
que ceder y compartir con la Unión Europea buena
parte de las decisiones que mueven la política y los
mercados internacionales. Es ya clara la necesidad
de distribuir el poder y encarar, como una mega
unidad económico-política, los retos diversos que
le aguardan a la humanidad en este todavía muy
joven siglo
XXI
.
La historia de las relaciones Estados Unidos-Europa
muestra que, a pesar de las dificultades, discordias y
heridas entre ellos infligidas, han podido salir avante
y ponerse cada vez más de acuerdo en aquellos asuntos
que resultan torales para la buena marcha de la polí-
tica internacional. Quizás se podrá pecar de excesivo
optimismo, pero no resulta tan descabellado poder
otear escenarios menos caóticos y peligrosos para la
humanidad que aquellos que se presentaron luego de
la Segunda Guerra Mundial y del colapso de la Unión
Soviética. A pesar de requiebres tan dramáticos como
las campañas bélicas en Iraq y Afganistán, pueden
encontrarse salidas lentas pero mucho más seguras
para la solución de los conflictos internacionales. Esto
es justamente lo que los líderes de la
UE
han buscado y
buscan. Estados Unidos tendrá que recapacitar sobre
sus reiterados errores y optar por la mejor solución
que deberá pasar necesariamente por la colaboración
con sus socios europeos en un mundo que, lejos de
ser ejemplo de orden y justicia, es inmisericordemente
zaherido por la pobreza, la desigualdad social, la ex-
plotación, el atraso tecnológico, el armamentismo, las
amenazas nucleares, la guerra y la impunidad criminal.
A ello habría que agregar la multiplicación de diversas
pandemias y problemas medio ambientales, como el
calentamiento del planeta, a la par de una larga cita
de etcéteras. Por todo ello, las acciones conjuntas de
Estados Unidos y de la
UE
deben encaminarse para inci-
dir en la mejor marcha del planeta. Mientras más rápido
esto se entienda y aplique, mejores posibilidades habrá
de rediseñar, con mucha más claridad y justicia, las
reglas del intrincado juego internacional.
La construcción de un mundo mejor puede dejar de
ser mero anhelo. Pero para ello, es urgente enten-
der la conveniencia del diálogo, la negociación y el
acuerdo y repudiar la fuerza del músculo, el fusil y
la invasión. Discutir tal posibilidad sería ya un avance
formidable.
Recibido el 18 de enero de 2011
Aceptado el 23 de febrero de 2011
Cuestiones contemporáneas
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