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Reseñas
127
“La sorprendente aportación de un fisiólogo al conocimiento de la historia”
Reseñas sobre los libros de Jared Diamond,
Armas, gérmenes y acero. La sociedad humana
y sus destinos,
Madrid, Debate, 2007, 592 pp. (Ensayo Ciencia Debolsillo);
Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen,
Barcelona, Debate,
Random House Mondadori, 2007, 752 pp. (Ensayo Ciencia Debolsillo);
El tercer chimpancé. Origen y futuro del animal humano,
Barcelona, Debate,
Random House Mondadori, 2008, 544 pp. (Ensayo Ciencia Debolsillo).
IN MEMORIAM
J
UAN
B
ROM
O
FFENBACHER
(1926-2011)
Presentación
M
edio año hace que se apersonó en la sala de
edición de este órgano editorial el profesor
Juan Brom. Su talante aún rezumaba el ful-
gor que una longeva vida dedicada a la producción,
difusión y enseñanza del conocimiento humano suele
dejar. Venía a hacerme, como editor, una petición:
publicarle una serie de reseñas que había elaborado
tiempo atrás sobre algunos de los textos más afa-
mados del no menos conocido fisiólogo y geógrafo
norteamericano Jared Mason Diamond.
*
La solicitud, confieso, no dejó de incomodarme:
“Dr. –le dije–, por mí encantado; sin embargo, la po-
lítica editorial de nuestra revista en cuanto a reseñas
se refiere, es publicar las realizadas a libros que no
tengan más de dos años de haber sido publicados”.
Brom me miró comprensivo y, casi asintiendo, me
reviró: “Lo entiendo, más la antigüedad no invalida
la certidumbre; considero estos textos como fun-
damentales para la comprensión de lo humano y de
lo social… a fin de cuentas a ello nos dedicamos,
¿no?”. “
¡Touché
!” exlamé, haciéndole proferir una
ligera risita. Aceptando el contraargumento, le co-
menté: “Sólo deme tiempo maestro (Ud. entiende,
compromisos editoriales previos…) y procederé,
cuente con ello”.
No volví a saber de él… hasta toparme con su
obituario aquél desdichado 28 de marzo pasado.
Ochenta décadas de aventura intelectual termina-
ron. Me dolió, sobretodo porque el tiempo me robó
la oportunidad de enterarle que sus reseñas saldrían
publicadas en el último número de este año, aviso,
estoy seguro, le hubiese llenado de satisfacción.
Como
noblesse oblige
, quiero pagar mi deuda con el
que fuera el Premio
UNAM
en Docencia en Ciencias
Sociales y orgulloso Emérito de esta casa de estudios
en el primer número del año. Por lo menos podré te-
ner la oportunidad, mínima, de hacer lo mismo que
él solía hacer en sus libros: dar a conocer, desde lo
humano, lo humano.
En estas postreras páginas, pues, encontrará el
lector el último legado de aquél niño judío alemán, de
este comunista mexicano y del siempre sabio egregio
que hizo de México casa, vida y corazón.
b
*
Diamond nació en Boston, Estados Unidos, en 1937. Estudió medicina, se especializó en fisiología y se interesó en ornitología. Es pro-
fesor den la Universidad de California en Los Ángeles (
UCLA
). Ha realizado diversos viajes de investigación y de cuidado del medio ambiente
a muchos países. La preocupación por la sobrevivencia de animales lo llevó posteriormente al estudio de la evolución del género humano y
del peligro de su extinción.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
128
Hace menos de dos siglos, en 1835, un grupo
de maoríes llegó a las islas Chatham, no muy lejos
de Australia, y exterminó a los aborígenes que, sin
armas, no ofrecieron resistencia. Uno de los conquis-
tadores explicó: “Tomamos posesión [.
..] de acuerdo
con nuestras costumbres y capturamos a todas las
personas. Ninguna escapó”.
1
Lo anterior es una expresión, franca, de nuestro
mundo hipócrita. Hablamos de “valores universales”,
expresados en el lema de la Revolución francesa,
“Libertad, Igualdad, Fraternidad”; valores ratificados
por la Declaración de Derechos Humanos proclama-
da por la
ONU
en 1948. Sin embargo, la libertad de
países, naciones, individuos, brilla por su ausencia
en todas partes: Guantánamo; países ocupados por
ejércitos extranjeros; mujeres discriminadas; algunos
millones de ricos o acomodados y miles de millones
de pobres, muchísimos de ellos cercanos a la muerte
por inanición; prejuicios religiosos y raciales con-
tinúan asolando, aquí y allá, a una humanidad ya
bastante lastimada. Las declaraciones quedan en
bellas aspiraciones.
¿Esta discrepancia –entre el decir y el hacer– es
inherente al género humano? ¿La lucha entre los
anhelos y la realidad es permanente e inevitable?
¿Los “valores universales” lo son realmente? Si la
ciencia y la técnica han sido capaces de progresos
abismales, ¿lo podrá hacer también la esencia de lo
humano?
Todos aquellos que han dedicado su vida a la
reflexión del devenir del hombre han buscado afa-
nosamente quebrar el sortilegio de estas preguntas,
pero las respuestas los han eludido. Quizás porque
no existan en definitiva.
Recientemente, hemos podido disfrutar uno de
estos esfuerzos por dilucidar el misterio del compor-
tamiento del hombre, proveniente de una disciplina
sorpresiva, la fisiología, y de un investigador singu-
lar, Jared Diamond. Este profesor de la Universidad
de California en Los Angeles, no presenta elucubra-
ciones de un aficionado, como se podría sospechar,
sino datos y reflexiones profundos basados en una
amplia documentación mezclados con experiencias
personales.
En efecto, sus libros, amenos y fáciles de com-
prender, abarcan la formación del ser humano a
partir de nuestro ancestro común con otros monos
superiores;
2
el paso de la sociedad de recolectores
3
a la de productores y, finalmente, el peligro de la
autodestrucción de nuestra propia especie.
4
Las opi-
niones vertidas en ellos lejos están de ser admitidas
por gran parte de la comunidad académica; ello, lejos
de demeritar la obra, la enriquecen al presentarnos
modos alternativo de pensar lo humano.
Una característica general de estos textos es
que combinan datos biológicos, geológicos, paleo-
botánicos y climáticos con actitudes culturales y
políticas de las poblaciones examinadas, regalándole
al lector una peculiar perspectiva desde una muy bien
lograda amalgama entre ciencias duras y sociales. Se
trata, dice el autor, de una concepción de “sistemas
complejos” que considera que la realidad forma un
conjunto de fenómenos relacionados e interactuan-
tes donde ningún elemento analítico resulta ajeno. La
combinación es más que afortunada, ya que el lector
encuentra a través de estas páginas explicaciones
comprensibles a problemáticas asaz complicadas, lo
que abona a cimentar y dar seriedad a la visión del
autor que resulta completa, convincente y altamente
gratificante.
El tercer chimpancé. Origen y futuro del animal
humano
Diamond analiza en los primeros capítulos de este
libro la cercanía y las diferencias entre el hombre
y los animales. Basándose en estudios de la evolu-
1
Jared Diamond,
Armas, gérmenes y acero. La sociedad humana y sus destinos,
Madrid, Debate, 1998,
p. 57
.
2
J. Diamond,
El tercer chimpancé. Origen y futuro del animal humano,
México, Random House Mondadori, 2007. 541 pp. (en adelante,
Chimpancé
).
3
J. Diamond,
Armas, gérmenes y acero… op. cit.,
(en adelante,
Armas
).
4
J. Diamond,
Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen,
Barcelona, Debate, Random House Mondadori. 2006. 747 pp.
(en adelante,
Colapso
).
Reseñas
129
ción del
ADN
(nos separan apenas 1.6% con el de los
chimpancés), señala que hace ocho a seis millones
de años se inició nuestra separación del ancestro del
chimpancé, nuestro pariente más cercano. Pronto,
hace unos seis a cuatro millones de años, nuestros
antepasados (af r icanos) adoptaron la posición bípe-
da.
5
Luego, con una antigüedad de unos dos y medio
millones de años, encontramos abundancia de uten-
silios, mucho mayor de los que dejaron otras especies
animales.
6
Nace entonces el
homo habilis
(antigüedad
de aproximadamente dos y medio millones) que dará
paso al
homo erectus
(1.7 millones).
Hasta aquí, el texto comprueba con cierta preci-
sión la teoría de la evolución de Darwin, hoy acep-
tada generalmente. Pero, a continuación, un vuelco
sorprende al lector. Se suele pensar en un avance
tecnológico más o menos parejo, lento al principio
y después cada vez más acelerado: desde las toscas
herramientas de los tiempos prehumanos hasta la ci-
bernética, la ingeniería genética, las armas nucleares y
otras marav illas o espantos de hoy. A contracorr iente,
Diamond señala que durante cerca de dos millones y
medio de años la evolución fue casi imperceptible en
cuanto a la elaboración de utensilios. El único acon-
tecimiento de gran importancia fue el posible, pero
no seguro, dominio del fuego (hombre de Pekín, hace
medio millón de años).
7
De hecho, el vertiginoso avan-
ce tecnológico-científico de la humanidad, tendría
apenas una antigüedad de tan sólo 40,000 años.
Diamond llama “el gran salto adelante” a ese
momento revolucionario en que la historia humana
pasó de ser fundamentalmente genét ica a basarse en
el conocimiento, en la transmisión de exper iencias y
habilidades, en una palabra, en la cultura. En lugar de
desarrollar una pata fuerte para golpear, una piedra
para aplanar; en lugar de dientes o garras para cortar,
una piedra con filo; en lugar de un brazo más fuerte
para arrojar piedras, un arco con una flecha, etcétera.
Así, la evolución transitó de la lentitud biológica a
la rapidez de la tecnología elaborada.
Es obvia la pregunta que se desprende de este
suceso: ¿en qué radicó la causa de este cambio cua-
litativo? Para nuestro autor, la principal razón radicó
en la formación del lenguaje articulado. Es el aparato
de fonación el que permitió formular palabras de
manera infinita, con conceptos mucho más amplios
de las que hace posible el lenguaje animal. El lenguaje
racional, estructurado, cambió el destino del animal
humano. El capítulo dedicado al “gran salto adelante”
es el aperitivo para el extenso estudio que Diamond
emprende sobre el proceso de hominización
A la par de la revolución lingüística, el norte-
americano alude a un segundo elemento clave en la
aventura de ser humanos: la reproducción, con todos
sus aspectos biológicos y sociales, entre los que hay
que tomar en cuenta la constante es la búsqueda
de la mejor y mayor reproducción de la especie. Se
acepta generalmente que la hembra tiende a aceptar
al macho que demuestra mayor fuerza u otra forma de
capacidad, y éste busca a la pareja que promete mayor
fertilidad. Lo vemos en las luchas entre los machos,
los colores de las flores o de las alas de las mariposas y
en muchos otros elementos. Puede sorprendernos una
forma de cortejo de los tilonorrincos (aves jardineras
exclusivas de Nueva Guinea y Australia),
8
cuyos machos
construyen unas enramadas, cabañas circulares de dos
metros y medio de diámetro y algo más de un metro
de altura, ricamente adornadas. Las hembras escogen
para sus nidos las mejores enramadas y se aparean con
el macho que ha demostrado su capacidad y que ya
sólo aporta su esperma. Sería el equivalente al cortejo
humano mediante el obsequio de una joya valiosa, que
demuestra la riqueza del donador; o de una obra de
arte, en prueba de bienestar y de buen gusto.
En una incursión a costumbres más recientes
(aunque no dejan de tener una antigüedad de miles
de años), Diamond se pregunta por qué fumamos, be-
bemos o utilizamos drogas peligrosas. Ahí encuentra
una explicación semejante: aparentemente, deberían
ser contraproducentes en el cortejo, por significar
5
Chimpancé
, pp. 57 y 55.
6
Ibid.
, p. 58.
7
Ibid.,
pp. 56 y ss.
8
Ibid.
, pp. 243 y ss.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
130
que el consumidor de tales productos se expone a
peligros innecesarios y, además, conocidos. Pero su
poder seductor está en la demostración de valor y de
desprecio al peligro o, por lo menos pretendidamente,
en la capacidad de enfrentar a éste y de vencerlo. Po-
demos encontrar una confirmación de la hipótesis de
Diamond en el “pegue” que suelen tener deportistas
audaces entre las mujeres y en que los “fuertes” en
las películas suelen fumar, beber y conquistar.
En torno a la problemática de pareja, nuestro
autor afirma que entre los animales los hay monó-
gamos y polígamos, al igual que en las sociedades
humanas. Sorprende el resultado de una investiga-
ción no publicada, de la década de 1940, que arrojó
que 100 niños, de un millar de recién nacidos en un
prestigiado hospital, no eran descendientes del es-
poso de la madre, o sea, provenían de un adulterio.
9
Una confirmación de la situación en una sociedad
oficialmente monogámica, que posiblemente sor-
prenda a muchos.
Se imponen algunas observaciones críticas
respecto a lo que plantea Diamond respecto a las
normas sexuales humanas. Parte del hecho de que
–a diferencia de las hembras de muchas (no todas)
otras especies que solamente aceptan un macho en
los momentos en que pueden concebir (para gusto
de los moralistas, como también dice Diamond)–,
la mujer es sexualmente receptiva en todo tiempo.
La razón de ello, señala el fisiólogo, es que al pro-
porcionar goce sexual al hombre, la mujer puede
retenerlo con mayor facilidad para que lo apoye en
la prolongada atención requerida de los críos. Al
discutir las opiniones de algunos analistas al respec-
to, habla, en un caso, de que contiene un “mensaje
sexista”
10
y, dice en otro, que “aunque las teorías de
Symons incorporan elementos machistas, cuando
menos representan un paso adelante, puesto que
suponen que las mujeres persiguen con inteligencia
sus propios objetivos”.
11
Coincido plenamente con
el rechazo implícito al machismo, a la idea de supe-
rioridad masculina, pero también considero que tal
posición no es un argumento científico. Otra cosa
sería si la señalara como resultado de un análisis de
las diferencias entre los sexos.
La otra observación se refiere a las normas de
pareja. Diamond parte de la idea de que el macho
humano está interesado siempre en asegurar la mejor
descendencia y, para ello, exige la exclusividad sobre
su mujer. No hace ninguna mención de las teorías de
convivencia sexual amplia, como la afirmada por el
antropólogo norteamericano Lewis Henry Morgan en
el siglo
XIX
quien habla de una “horda promiscua” sin
exclusividades sexuales en una primera etapa humana,
la que daría más tarde lugar a otras formas de “matri-
monio por grupos” para culminar en la monogamia.
Federico Engels, en
El origen de la familia, la propiedad
privada y el Estado
(Madrid, Alianza Editorial, 2008 (El
Libro de Bolsillo)), recoge esta idea. Llama la aten-
ción que Diamond, que estudió en una época en que
se discutían ampliamente las tesis marxistas, ignore
totalmente el planteamiento de Morgan-Engels.
Lo reseñado no agota las informaciones y re-
flexiones interesantes que aporta
El tercer chimpancé
.
Al analizar las actividades artísticas, entendiendo
por tales a las que no buscan un beneficio genético
o de riqueza, señala una continuidad entre las ca-
racterísticas animales y las humanas. Lo mismo se
desprende del estudio del lenguaje, mucho más rico
en los humanos que en los demás animales.
Una consideración sorprendente, aunque no
totalmente nueva, es el empeoramiento de la vida
humana con la aparición de la agricultura. No des-
carta que ésta permitió el gran desarrollo cultural
de nuestra especie en los últimos diez milenios,
pero hace ver también que el cazador-recolector
disponía de más tiempo libre y de una alimentación
más variada y sana que los agricultores. Con éstos
aparecen las clases sociales (no menciona el papel
que tiene en esto la propiedad) y una peor situación
para la mujer.
Rechaza también la idea de la pasada “edad dora-
da” de paz y armonía. Basado en muchos datos, indica
9
Ibid.
, pp. 123 y ss.
10
Ibid.
, p. 116.
11
Ibid.
, p. 117.
Reseñas
131
que siempre ha habido conflictos entre grupos huma-
nos, genocidios masivos y crueldades espeluznantes;
lo nuevo es que se ha llegado a amenazar la existencia
del género humano y, posiblemente, de la vida misma
en nuestro planeta.
Llega inclusive a preguntarse si la humanidad
va forzosamente a su autodestrucción y se muestra
pesimista al respecto, aunque afirma que ésta no es
forzosa, pero no argumenta esa tímida expresión
optimista. Finalmente, en un apéndice, indica que
los nuevos datos elaborados por los científicos desde
la redacción original del libro no aportan cambios
considerables respecto a lo dicho.
Armas, gérmenes y acero. La sociedad humana
y sus destinos
Un dirigente local de Nueva Guinea hizo a Diamond la
pregunta siguiente: “¿Por qué vosotros los blancos de-
sarrollasteis tanto cargamento y lo trajisteis a Nueva
Guinea, pero nosotros los negros teníamos tan poco
cargamento propio?”.
12
“Cargamento” era la designa-
ción del conjunto de utensilios y produc tos empleados
por las dos sociedades que se habían encontrado en
la isla, apenas dos siglos antes. La pregunta, en el
fondo, se dirigía a las causas de las diferencias entre
los distintos pueblos del mundo. Y estas diferencias
se habían desarrollado en el breve lapso de trece mi-
lenios, a partir de un nivel global común.
La respuesta en los países “desarrollados” suele
ser que unos pueblos disponían de una superioridad
innata, o que habían sido más hábiles, trabajadores y
ahorrativos que otros. Diamond rechaza estas inter-
pretaciones. Por una parte, los hechos actuales de-
muestran que los “nativos”, cuando cuentan con las
condiciones adecuadas, son perfectamente capaces
de desempeñar cualquier actividad característica de
los “avanzados”. Aún más: “Desde el comienzo mismo
de mi trabajo con neoguineanos –confiesa Diamond–
éstos me impresionaron por ser por término medio
más inteligentes, más despiertos, más expresivos
y más interesados por las cosas y las personas que les
rodean que el europeo o el estadounidense medio”.
13
Llega a la conclusión de que la sobrevivencia de los
“primitivos” exige mayor inteligencia que la de
los “avanzados” por carecer aquéllos de los múltiples
apoyos que la técnica actual presta a estos últimos.
Las razones del abismo cultural entre unos y otros
no yace, pues, en las capacidades y habilidades su-
periores de uno de ellos. Las causas deben estar en
otro lado. A buscarlas está dedicado este libro.
La obra comienza con una resumida exposición
de la formación del
homo sapiens;
lo esencial arran-
ca de la situación de cazadores-recolectores, general
en todo el mundo, hacia el año 11,000 a.C.
14
En algu-
nas regiones se empiezan a domesticar plantas: en
Mesoamérica, los Andes, China, Mesopotamia (hoy
Iraq) y posiblemente algunas más.
15
¿Por qué ahí
y no en zonas donde hoy se cultivan exitosamente
los mismos cereales y también árboles frutales, cuya
adopción por el hombre es más reciente? ¿Por qué su
difusión relativamente rápida por Eurasia y el norte
de África y no hacia el sur del continente negro, ni
a lo largo de América?
Una primera respuesta está en algo obvio: la
existencia de plantas silvestres susceptibles de ser
cultivadas. Pero esto lleva a otra pregunta: ¿por qué
no fueron adaptadas y adoptadas milenios antes por
los humanos? Diamond propone varias respuestas.
Por una parte, habla de un incremento natural de
esos vegetales que llevó a un mayor desarrollo
de los instrumentos para aprovecharlos: hoces, ces-
tos para el almacenaje, morteros (metates) para moler
y otros. Más tarde, un incremento en la densidad de
población y posiblemente una menor producción
natural de los cereales creó un desequilibrio que in-
citó a su cultivo, con la consiguiente posibilidad de
seleccionar las semillas y con ello de mejorarlas. Una
vez descubierta la forma de dominar algunas plantas,
12
Armas,
p. 10.
13
Ibid.
, p. 17.
14
Ibid.
,p. 35. Es sorprendente la afirmación de que “esta fecha se corresponde aproximadamente
con el comienzo de la vida urbana”.
En
ninguna parte habla de ciudades de tal antigüedad, y la más alejada de que tengo conocimiento, Jericó, está datada por el 7,800 a.C.
15
Ibid.
, p. 109.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
132
se abrió la vía para apoderarse de otras. Un proceso
semejante condujo a la domesticación de animales,
iniciada con la del perro en el año 10,000 a.C.
16
¿Qué hay en cuanto a la propagación de cultivos y a
la domesticación de animales? Diamond aventura una
explicación basada en las condiciones geográficas: el
eje de Eurasia es de Occidente-Oriente, lo que implica
condiciones parecidas en la sucesión de estaciones y
de cambios en la duración de días y noches. Las plan-
tas están adaptadas a estas condiciones y no pueden
soportar los cambios que significan los ejes Norte-Sur,
propios de África y América. Por ello, hay una propaga-
ción rápida en el área mediterránea, en Asia Menor y
en el “Creciente Fértil” (hoy Iraq, Siria, Líbano e Israel)
y difícil o imposible en África y América.
Una consecuencia de la producción (agrícola y
ganadera) fue la existencia de un excedente que
permitió la dedicación de un sector de la población
a las actividades bélicas, tanto como guerreros de
tiempo completo como fabricantes de armas (que
rebasaron las creaciones individuales de espadas,
arcos y flechas). Esto facilitó las guerras de conquista
y también la sumisión y explotación de los vencidos:
se les podían quitar sus armas y dejarles instrumentos
de producción.
Otro hecho derivado fue la aparición de la es-
critura, un proceso que transitó del mero registro
de propiedades a la posibilidad de expresar las más
variadas ideas. Diamond considera que probable-
mente no fueron más que un puñado las culturas
que inventaron una escritura (la mesopotámica,
las mesoamericanas, la china y, posiblemente, la
egipcia), mientras que las demás son evoluciones o
adaptaciones de las primeras. La escritura, a su vez,
posibilitó la transmisión de experiencias al tiempo
que facilitó la administración de extensos dominios.
Fue, junto con las armas, un elemento que creó la dis-
tinción entre sociedades “avanzadas” y “primitivas”,
uno de los primeros instrumentos de dominio.
Ciertas enfermedades resultaron ser también,
históricamente, un elemento de diferenciación entre
unas y otras. Por ejemplo, es conocido el papel que
la viruela jugó en la baja catastrófica de la población
autóctona americana. Se decía entonces que “indio
con viruela, indio muerto”, mientras que a muchos
españoles solamente les causaba las tétricas y ca-
racterísticas cicatrices. ¿Por qué? Resulta que gran
número de enfermedades contagiosas comunes pro-
vienen de animales domesticados y los pueblos eura-
siáticos habían convivido durante milenios con ellos y
desarrollado defensas propias, de las que carecían los
indios americanos o los aborígenes australianos.
Uno de los últimos capítulos de
Armas
está de-
dicado a la organización político-social a través del
t iempo. Diamond par te de la horda (algunas decenas
de miembros nómadas, sin religión ni estratificación
social) pasa a la tribu, luego a la “jefatura” hasta
llegar al concepto mucho más complicado de Estado,
de más de 50,000 miembros, con gobierno; una so-
ciedad estratificada por parentesco, “cleptocrática”,
o sea, con explotadores y explotados. Explica todos
estos estadios y llama la atención que vea en el
incremento de la población la causa principal de los
cambios políticos y sociales. Una tesis, por lo menos,
sumamente discutible.
Colapso. Por qué unas sociedades perduran
y otras desaparecen
Nuestro mundo actual está visiblemente amenazado
por su propia posible destrucción (desde las causales
ecológicas que están hoy en la conciencia de casi
todos, hasta la amenaza nuclear). Tal es el tema de
esta última obra. Diamond no se conforma con seña-
lar la catástrofe que nos amenaza a través de un gran
acopio de antecedentes históricos; también habla
de algunas tendencias que le infunden una actitud
optimista, sin llegar a ser triunfalista.
El primer capítulo está dedicado a Montana, bello
estado montañoso del noroeste de Estados Unidos.
La zona es de escasa precipitación pluvial y el creci-
miento de las plantas es lento, debido a la altura y
a los inviernos prolongados. El estado fue hace años
16
Ibid.
, pp. 181 y ss.
Reseñas
133
uno de los más ricos de su país gracias a que la base
de su economía, a partir de 1860, fue la minería (de la
producción de alimentos para los mineros a la tala de
bosques para las minas) junto con la cacería, la pesca y
el comercio de pieles. Hoy día, en cambio, figura como
una de las más atrasadas y problemáticas regiones
norteamericanas. ¿Por qué decayó a tal punto?
La respuesta de Diamond es diversa. Empieza se-
ñalando por un lado un hecho ineluctable: las minas
envenenan suelos y aguas por tiempos indefinidos.
17
Para otorgar una concesión minera, hoy se exige
en Estados Unidos el confinamiento de los residuos
peligrosos y un seguro para pagar la limpieza de la
mina en caso de abandono, requisito muchas veces
no cumplido. De todas maneras es un avance, pero
¿qué sucede con las instalaciones abandonadas (unas
20,000) cuyos dueños ya no existen? Y en el caso de que
alguien compre una mina abandonada para volverla a
explotar, ¿quién paga los gastos del saneamiento de los
daños anteriores? Las empresas, para no ver mermadas
sus ganancias, no desean hacerlo y alegan que no son
responsables de problemas causados cuando no tenían
vela en el asunto. El Estado debe hacerse cargo, pero
esto requiere que cobre impuestos suficientes a lo que
se resisten los ciudadanos. Como resultado, muchos
de estos problemas se quedan sin resolver.
Otro problema directamente relacionado con lo
anterior tuvo que ver también con el envenenamiento
del medio ambiente. Algunas empresas construyeron
presas para apoyar sus explotaciones (por ejemplo,
para generar energía eléctrica); pero en el fondo de
estos embalses se acumularon sedimentos contami-
nados con arsénico y otros tóxicos, que contaminaron
las aguas subterráneas que más adelante brotaron a
la superficie. Al acabar los trabajos de construcción,
se abandonó también el mantenimiento de estas
presas, que amenazaron entonces con romperse.
¿Quién se responsabilizó?
La situación de los bosques fue también un as-
pecto básico en los cambios de Montana durante un
siglo y medio. Lo primero fue la tala para aprovechar
la madera en las minas y en la construcción de ca-
sas; inmediatamente después de la Segunda Guerra
Mundial, se vendió gran cantidad de madera para
construcción en otras regiones de Estados Unidos.
Como el crecimiento de árboles es lento en la región
debido al clima local, el resultado fue el lógico: de-
forestación, deslave de tierras, calentamiento del
agua de los arroyos y disminución de los peces en
ellos. Respuesta: restr icción o prohibición de tala en
los bosques de propiedad gubernamental, pero no en
los de dueños particulares. Los incendios cobraron
también su cuota depredatoria. Si bien el servicio
forestal los combatió con denuedo pues destruían las
plantas pequeñas (afectando poco a los árboles adul-
tos, grandes), no pudo evitar el estallido de nuevos
incendios que ya no se agotaban en el bosque bajo
sino que destruían también los árboles mayores.
Todo estos elementos en conjunto condujeron
a un círculo vicioso: limitaciones que encarecían
muchas de las ac t iv idades y disminuían las opor tuni-
dades de trabajo, así como los ingresos del gobierno
estatal; decadencia de servicios públicos, entre
ellos las universidades, y emigración de los jóvenes
a otros estados. Las empresas y los trabajadores que
no querían perder sus empleos, pidieron mayores
facilidades para los inversionistas lo que significó a
su vez menores posibilidades para las autoridades
para remediar la situación. Cada sector se dedicó
a defender sus intereses particulares haciendo del
logro de soluciones de fondo, una imposibilidad.
Con este amplio ejemplo (el capítulo dedicado a
Montana abarca la décima parte del libro), Diamond
hace ver la consecuencia lógica del conflicto entre
el interés social a largo plazo (interés común) y las
conveniencias inmediatas de personas, gobierno y
empresarios (interés privado).
A continuación, el fisiólogo evolucionista presen-
ta una extensa exposición de los muchos fracasos y
escasos éxitos de sociedades del pasado al enfren-
tarse a sus problemas de sobrevivencia; sólo puedo
hablar aquí de los más sobresalientes.
El primer caso que analiza es el de la isla de Pas-
cua, cuyas enormes estatuas (moáis) han sido objeto
17
Colapso
, pp.61 y ss.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
134
de múltiples investigaciones y análisis. Diamond
afirma que sus pobladores llegaron de Polinesia por
el año 900 de nuestra era (aunque señala que la fecha
es muy discutida). Cuando los europeos arribaron vez
primera a la isla (1722), las enormes figuras ya es-
taban allí, pétreamente enhiestas y orgullosamente
oteando el horizonte marítimo. Pero de la cultura de
sus autores, los rapa nui, no quedaba prácticamente
nada. ¿Cómo se hicieron entonces estos mega mono-
litos? En menos de mil años, debió haberse desarro-
llado una población numerosa, organizada, capaz de
tallar y erigir las brutales estatuas con sus inmensos
basamentos. ¡Sin maquinaria, sin animales de tiro,
sin árboles! No pocos investigadores, basándose en
el análisis del polen, han comentado que la isla tuvo
en algún momento de su historia una gran riqueza
arborícola, lo que permitió no sólo la navegación en
alta mar sino la transportación de las estatuas. La
población debió haber sido lo bastante numerosa co-
mo para producir alimentos para todos, agricultores,
escultores, transportistas y jefes. Pero la llegada de
europeos atestiguó una una población pobre y una
isla erosionada. ¿Qué había sucedido?
Diamond supone que los habitantes fueron arra-
sando los bosques; las tierras perdieron fertilidad,
ya no había material para grandes embarcaciones y
disminuyó la pesca. Para agradar a los espíritus o
dioses, se construyeron más estatuas y se talaron
más árboles. Pero las cosechas no se recuperaron;
estallaron conflictos entre los habitantes y, enfure-
cidos, éstos derribaron muchas de las estatuas que
no les habían resuelto sus problemas.
A su vez, los anasazi fueron un pueblo asentado
en Nuevo México, en la cuenca alta del Río Bravo,
aproximadamente entre el 600 y el 1200 d.C. Se
basaron en una agricultura de riego, construyeron
casas de varios niveles y alcanzaron una considerable
densidad de población. Y ahí estuvo su perdición:
transformaron los árboles en vigas y en leña y dis-
minuyó el agua disponible; buscaron madera desde
más lejos e incrementaron la destrucción ecológica.
Finalmente, desaparecieron sin necesidad de la lle-
gada de los europeos.
Otros pueblos autóctonos americanos sufrieron
suertes parecidas, aunque no siempre hasta su des-
aparición. Uno de ellos fue el maya antiguo (siglos
II
a
X
d.C.), cuya decadencia repentina, después de
varios periodos de auge y baja, ha sido y es motivo
de mucha especulación. Diamond la atribuye, con
muchas reservas, a un fenómeno parecido a los an-
teriormente mencionados: erosión de tierras fértiles
por deforestación y sobreexplotación, además de
cambios climáticos y rivalidades y guerras entre los
señoríos. (En este capítulo, por cierto, se filtraron
varios errores sin que ello afecte en lo esencial las
hipótesis del autor).
18
Otros tres capítulos están de-
dicados a la colonización y abandono de Groenlandia.
Los vikingos, después de haber asolado las costas
europeas desde el siglo
VIII
, descubrieron y poblaron
Islandia hacia 870 y, algo más de un siglo después,
arribaron a Groenlandia para, desde ahí, incursionar
en la costa de América del Norte. Pronto acabaron
con las tierras de Islandia, aparentemente ricas pero
de hecho muy frágiles, y algo por el estilo sucedió
en Groenlandia (que entonces gozaba de un periodo
de clima menos frío que el actual).
Si bien los asentamientos americanos de los
vikingos no duraron mucho ante la hostilidad de los
habitantes del continente,
19
la población nórdica en
Groenlandia sí continuó hasta el siglo
XIV
y princi-
pios del
XV
.
¿Cuál fue la causa de su decadencia? Por
una parte, terminó el clima anterior relativamente
benigno, el frío dificultó más la de por sí precaria
agricultura y ganadería y la navegación se hizo más
peligrosa y costosa. La deforestación y el lento cre-
cimiento de plantas agotaron los recursos naturales
al tiempo que disminuyó la demanda europea por el
marfil de colmillos de morsa, pieles de foca y otros
18
Afirma, por ejemplo, que el maíz, los frijoles y las calabazas se domesticaron en los valles y tierras bajas costeras del oeste y sudoeste
de México (
ibid
., p. 225) y que los cenotes fueron cavados por el hombre (
ibid
., p. 218).
19
Diamond refiere un relato sobre un incidente en que unos colonos mataron a un grupo de aborígenes; no señala quien inició el conflicto,
pero viendo en general la actitud de los conquistadores es fácil pensar que fueron éstos; después se sintieron amenazados y prefirieron
abandonar expediciones y asentamientos que les reportaban pocos beneficios y grandes peligros.
Reseñas
135
productos de la región, con lo cual ya no era posible a
los groenlandeses importar los bienes que requerían.
A esto se añadió el conflicto con los inuit (esquima-
les). Los noruegos se sentían profundamente cris-
tianos y europeos y despreciaban a los “salvajes”; no
estaban dispuestos ni tenían capacidad para imitar
sus técnicas, por ejemplo la de los kayak, lanchas
mucho mejores para la navegación y la captura de
peces, morsas y otros animales que los pesados barcos
de los europeos. Los colonos cr ist ianos se mur ieron de
hambre.
La tercera parte del libro está dedicada a si-
tuaciones de sociedades actuales. Se examinan los
mismos problemas: sobrepoblación, deforestación,
desertificación y agotamiento de recursos naturales
–incrementado por la contaminación potenciada por el
desarrollo industrial de los últimos siglos y, sobre todo,
de las últimas décadas. Diamond lo expone con muchos
datos; no hace falta insistir aquí en el tema, que en sus
rasgos generales es ampliamente conocido.
La última, extensa, parte de
Colapso
analiza las
enseñanzas que estas prácticas depredatorias han
causado. Como no podía ser de otro modo, manifies-
ta su alarma ante los peligros y busca la forma de
evitar que se transforme en una realidad definitiva
el título del libro.
Son múltiples las experiencias históricas de des-
trucción del medio ambiente causadas por el hombre.
Y no son sólo recientes. Diamond atribuye a nuestra
especie la extinción de los mamuts y, en fechas mu-
cho más recientes, de grandes mamíferos y aves en
Australia e islas cercanas, animales que no estaban
acostumbrados a convivir con predadores peligrosos y
no habían desarrollado hábitos de huida o defensa.
La introducción de seres vivos a nuevos hábitats
produjo también resultados devastadores. Tal es el
caso de haber llevado zorros y conejos a Australia
para practicar ahí la caza de los primeros. Resulta
que los zorros exterminaron muchos animales nativos
y los conejos se comieron los pastos que deberían
alimentar a los borregos. Algo parecido sucedió
y sucede con la propagación involuntaria: ratas y
semillas que viajan en los barcos, enfermedades
que acompañan a conquistadores y viajeros, etcé-
tera. Uno de los problemas más conocidos es el de
la sobreexplotación de recursos: tala de árboles a
mayor velocidad que su reposición, pesca y pastoreo
excesivos, aprovechamiento de aguas más allá de las
precipitaciones. Especialmente nociva es la minería,
de la que ya había hablado extensamente en el primer
capítulo del libro.
Sorprende que no haya en el libro un análisis
amplio de la contaminación por la combustión de
productos fósiles, como el carbón y, sobre todo, el
petróleo, aunque sí se menciona como un elemento
destructor el calentamiento global.
Ante ello, se plantea la pregunta: ¿por qué no se
dieron cuenta esas sociedades de lo que acontecía?
¿Los campesinos de la Isla de Pascua no tenían con-
ciencia de que estaban acabando con las palmeras
gigantes, con lo cual ya no podían arrastrar sus es-
tatuas y perdía fertilidad el suelo? En vez de detener
la tala cuando todavía se podía, la aceleraron para
intensificar sus rogativas a los dioses o espíritus.
Diamond presenta varias respuestas a estos
cuestionamientos. Entre ellas dice que muchos de los
fenómenos empiezan en forma imperceptible y, al ha-
cerse notorios, ya no pueden remediarse,
20
sobre todo
en sociedades ágrafas que pierden la experiencia de
crisis anteriores. Otro elemento está en que los jefes
de los grupos humanos, pr iv ilegiados, durante mucho
tiempo no sufren las consecuencias de los deterioros,
hasta que éstos acaban por destruir su sociedad.
Ya en los tiempos actuales, la conciencia y el
conocimiento científico acerca de estos problemas es
mucho mayor que en el pasado, pero la destrucción
ecológica continúa… peor, se acelera. ¿Cuál es la
situación de hoy y qué perspectivas ofrece? Aquí voy
a mencionar expresiones de Diamond adicionadas
con otras, de conocimiento general.
Una característica actual es el incremento de
la población, que pasó de un poco menos de dos
20
A fines del siglo
XIX
, la Cuenca de México era “la región más transparente del aire”; cuando nos pasamos a Ciudad Universitaria, en 1955,
nos maravillaba ver con frecuencia los volcanes con su nieve perpetua. Hoy son contados los días en que los podemos gozar y casi nunca
están cubiertos de nieve. El cambio, más que notable, ha sido trágico.
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
136
mil millones de personas en 1900 a más de seis mil
millones en la actualidad. Y aunque la tasa de nata-
lidad ha decrecido fuertemente, la población seguirá
creciendo durante varias décadas debido a que un
mayor porcentaje de ésta tendrá una vida más pro-
longada de la que se solía alcanzar en el pasado. Esto
último, y la mejor alimentación de grandes núcleos
de población (India, China), son sin duda éxitos de
la humanidad pero al mismo tiempo presionan sobre
los recursos del planeta: se requieren más minerales y
energéticos, más carne lo que significa mayor cultivo
de forraje, más cereales. La relación de los crecientes
requerimientos puede alargarse indefinidamente.
Frente a ello, ¿qué se está haciendo? Diamond
cita diferentes acciones, tanto individuales como
grupales y gubernamentales. Hay acuerdos entre
usuar ios de agua, protección a animales o plantas en
peligro de extinción, leyes de salvaguarda ambiental,
declaración de zonas naturales protegidas; también
el fomento de la agricultura orgánica, sin abonos o
pesticidas químicos; acuerdos internacionales contra
la emisión de gases de invernaderos (no aceptados
por varias grandes potencias como Estados Unidos,
el principal emisor de ellos, y China). Aunque son
importantes los avances científicos al respecto, sus
efectos, hasta el momento, han sido totalmente
insuficientes.
Otro factor preocupante detrás de
Colapso
es la
empecinada terquedad de las guerras, mismas que son
abordadas por nuestro autor más como problemas so-
ciales que como causantes de deterioro ambiental.
¿Cuáles son las razones de que no se haya
avanzado más en combatir el colapso, a pesar del
conocimiento y de la conciencia de la amenaza que
constituye? Ante ello, Diamond antepone la visión
“cortoplacista” del liderazgo mundial: mientras no
falle el abastecimiento de lo requerido, la mayoría
de la gente no toma conciencia de las amenazas a
futuro, o confía en que la ciencia desarrollará los
remedios necesarios. También menciona una jus-
tificación, egoísta pero lógica, además de cínica:
“si yo no capturo y me como ese pez en peligro de
extinción, otro cualquiera lo hará”.
A pesar de esta situación, la visión del biogeó-
grafo de la
UCLA
es, en general, pesimista, aunque
también habla de la posibilidad de superar la amenaza
a través de acuerdos convenientes, legislaciones
protectoras y actitudes conservacionistas. Como
muestra, ilustra con dos explotaciones petroleras
en Nueva Guinea.
21
En el primer caso, se encontró
con instalaciones tremendamente destructivas:
quemadores del gas natural que no se aprovechaba,
contaminación del suelo con petróleo, una amplia
carretera de acceso que perjudicaba la vida en la selva
tropical que atraviesa. Total, un cuadro parecido al
descrito en
La Rosa Blanca
(México, Compañía Nacio-
nal de Ediciones, 1952), la novela clásica de Bruno
Traven sobre el petróleo en México en las primeras
décadas del siglo pasado y confirmado por denuncias
de campesinos y pescadores actuales.
Un segundo caso se refiere a un campo de Che-
vron, en la misma zona. Allí, encontró diversos
elementos conservacionistas: una angosta carretera
de acceso que no impedía el paso de animales de un
lado a otro; prohibición total de la cacería; ningún
derrame de petróleo en el suelo. En conjunto, una
efectiva protección del medio ambiente. Cuando
Diamond preguntó a los dirigentes de esta empresa
sobre las razones de estas medidas (mismas que
significaban un elevado gasto), éstos le hablaron de
los altos costos que habían significado varios desas-
tres a distintas empresas petroleras y químicas. La
buena conducción de esta empresa se debía, pues,
a una consideración económica y a la presión ejercida
por la opinión pública, además de las exigencias del
gobierno y de la buena voluntad declarada por los
empresarios.
Diamond señala que la atención mundial a las
empresas petroleras es mucho más fuerte que la
dirigida hacia las minas, por la mayor visibilidad de
los efectos de las primeras que la de los desperdicios
mineros (muchas veces vertidos a ríos o al mar) de
efectos a largo plazo.
22
En el caso de Nueva Guinea
influye también que este país tiene un gobierno local
bastante democrático, atento a las exigencias de
la opinión pública. Sin embargo, cabe preguntarse
21
Colapso
, pp. 572 y ss.
Reseñas
137
por qué esta situación no se dio en la primera de las
explotaciones señaladas, también localizada en la
isla indonesia. Pues porque en este caso no hubo la
combinación de elementos que permiten salvaguar-
dar el medio ambiente, tales como: conciencia indi-
vidual, conveniencia a largo plazo de las empresas
y actuación de los gobiernos cuando éstos logran
percibir los problemas y responder a las expresiones
de sus pueblos; desde luego, estos elementos pueden
combinarse.
Consideraciones personales
Las tres obras de Diamond, de las que he tratado
de dar aquí una ligerísima exposición, son de ex-
traordinario interés. Contribuyen a la formación
de conciencia sobre el pasado y el desarrollo de la
humanidad, destruyen muchos prejuicios e incitan
a la reflexión y, ojalá, a la acción. Esto no excluye el
examen atento de sus afirmaciones y, en su caso, la
crítica a lo que dice.
Ya he señalado, en su momento, mi sorpresa de
la aceptación sin análisis de la familia monogámica
como forma normal, permanente. También llama la
atención que atribuya la aparición de la sociedad
“cleptocrática” al aumento de población, con una
explicación exclusivamente técnica.
En la amplia exposición de
Colapso
se encuentran
análisis y críticas profundas (como sucede también
en las otras obras). Sin embargo, en ningún momento
se cuestiona la organización misma de la sociedad, el
sistema de propiedad y la orientación a la ganancia de
ésta. Esta visión no sería sorprendente en un fisiólo-
go formado en las últimas décadas, en que predomina
un tipo de “pensamiento único” general, que abarca
buena parte de los dedicados a las ciencias sociales.
Es un ambiente totalmente distinto del que existía
hasta hace unos treinta años, en que toda persona
dedicada al estudio de la sociedad, de la economía
y de la organización política tenía que enfrentarse
a la contradicción entre los planteamientos de la
sociedad capitalista (o, si se prefiere, de libre merca-
do) y la socialista. Pero Diamond nació en 1937 y se
formó académicamente en un momento en que esta
discusión estaba viva. En mi opinión personal, es
válido que una persona opte por una u otra versión,
o plantee otra, pero no creo que sea correcto ignorar
una cuestión tan fundamental. Los problemas socia-
les a que se refiere siguen presentes y precisamente
la obra de Diamond refiere muchos de ellos.
La consideración que acabo de expresar no mo-
difica lo que ya he manifestado antes: las obras de
Jared Diamond no sólo aportan mucha información,
sino que analizan y proponen posibles soluciones a
la cada vez más compleja, y peligrosa, empresa hu-
mana. Sus lecturas se antojan necesarias para mejor
entender un mundo que baila continuamente sobre
el filo de la navaja existencial; se tornan obligatorias
para actuar como individuos, sociedad y gobiernos al
unísono, creando conciencia aquí y allá, y revertir la
premonición nada optimista que alguna vez lanzara el
siempre bien recordado Carl Sagan: “Las sociedades
altamente tecnificadas, tienden a autodestruirse”.
22
Ibid.,
p.579.
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