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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Diálogo no es negociación
Representación, toma de decisiones y operación política: los
límites organizacionales del CGH*
Carlos Chávez Becker
**
Resumen
El presente trabajo se centra en el análisis de los mecanismos que el Consejo General
de Huelga empleó para tomar decisiones, su esquema de representación y su forma
de operación política con el fin de establecer algunas relaciones significativas entre
tales elementos analíticos y los resultados obtenidos por la organización al término
del conflicto en febrero de 2000. La principal intención es evaluar al CGH como la
organización de los estudiantes en términos de su actuar político a la luz de los cos-
tos y beneficios que representó su actividad.
Abstract
This work focuses on the mechanisms used by the CGH to make decisions, on its
scheme of representation and its ways of political operation, in order to establish
some significant relations between those analytical elements and the results obtained
by the organization at the conclusion of the conflict in February, 2000. The main
intention is to evaluate the CGH as an organization of the students in terms of its
political performance by taking into account the costs and benefits of their activity.
Palabras clave
: CGH, movimiento social, conflictos estudiantiles, representación,
mecanismos de discusión y decisión
* Trabajo realizado en el marco del Proyecto de Investigación "Evaluación del desempeño de las asociaciones
civiles y políticas" que se lleva a cabo en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM con el apoyo del
Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica de la Dirección General del Perso-
nal
Académico UNAM, con clave IN306503. Una versión previa fue presentada en el IV Seminario Anual
de investigación sobre el Tercer Sector en México "Sociedad civil en México: identidad y retos en un entorno
global"organizado por el Centro Mexicano para la Filantropía los días 19 y 20 de octubre de 2004 en
la Universidad Anáhuac del Norte.
** Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de la
Investigación, Circuito Mario de la Cueva s/n, Zona Cultural de Ciudad Universitaria, CP 04510, México,
D.F. Agradezco los comentarios que los miembros del Proyecto de Investigación "Evaluación del desempeño
de las asociaciones políticas y civiles" hicieron a versiones previas de este texto, en particular, Cristina Puga y
Benjamín Arditi.
cuestiones contemporáneas
78
Introducción
El 11 de febrero de 1999 el entonces Rector de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), Francisco Barnés de Castro, dio a conocer
a la comunidad universitaria y a la sociedad mexicana una propuesta de
modificación del Reglamento General de Pagos (RGP). Esta modificación se
presentaría al Consejo Universitario (CU) para que, en caso de ser aceptada
por la mayoría de los consejeros, se iniciara el cobro de cuotas a los estu-
diantes por concepto de inscripción y colegiatura semestral. La importancia
de esta modificación residía en que desde el año de 1948 el RGP permanecía
"sin cambios" (UNAM, 1999), lo que había ocasionado que los montos por
concepto de inscripción y colegiatura paulatinamente se fueran reduciendo
por el fenómeno inflacionario y por la pérdida del valor de la moneda mexi-
cana. En 1948 los estudiantes de bachillerato pagaban por concepto de
inscripción y cuota anual el equivalente a 35 salarios mínimos diarios y en
licenciatura a 45. Para 1961 (como se mantuvo el monto), la cuota equiva-
lía a 15 y 10 salarios mínimos diarios para los estudiantes de la licenciatura
y bachillerato respectivamente. Ya para el inicio de la década de los noventa
(como el monto persistió), éste no alcanzaba ni un salario mínimo en
cualquiera de los niveles universitarios. La propuesta del Rector Barnés con-
templaba que el pago de inscripción y cuota anual fuera equivalente a 46 y
30 salarios mínimos diarios para los estudiantes de licenciatura y bachillera-
to respectivamente (UNAM, 1999).
La decisión del Rector provocó una masiva respuesta estudiantil de rec-
hazo. El conflicto se extendió aproximadamente un año y concluyó con el
aseguramiento de las instalaciones universitarias por parte de la Policía
Federal Preventiva (PFP) el 6 de febrero de 2000. Durante el conflicto los
estudiantes opositores constituyeron y pusieron en funcionamiento una
estructura organizativa y de representación, el llamado Consejo General de
Huelga (CGH). Este se encargó de definir el rumbo del movimiento, adju-
dicándose la representación de los casi 260 mil estudiantes de la UNAM y
se consolidó eventualmente como el único interlocutor legítimo para la reso-
lución de la disputa.
1
79
cuestiones contemporáneas
El CGH definió un pliego petitorio de seis puntos y con él justificó
cada una de las acciones que realizó, incluida la toma de las instalaciones de
la UNAM el 20 de abril de 1999.
2
El rechazo a las modificaciones reglamen-
tarias impulsadas por la Rectoría y aprobadas por el CU el 15 de marzo de
ese mismo año requirió una enorme movilización de recursos humanos,
materiales, económicos y simbólicos. El CGH también afirmó contar con el
acuerdo de la mayoría de los estudiantes universitarios. Para numerosos gru-
pos sociales, así como para una importante cantidad de universitarios, sobre
todo académicos y miembros de la administración universitaria, esta
situación estuvo siempre lejos de ser una realidad. Probablemente el cues-
tionamiento más radical a la representatividad del CGH fue el del propio
Rector Barnés y su equipo, quienes en todo momento se negaron a recono-
cerlo como único interlocutor válido para la solución del conflicto. Las críti-
cas a la organización estudiantil se concentraban en su falta de democracia,
expresada en tres aspectos fundamentales: la legitimidad de su esquema de
representación, los mecanismos para alcanzar acuerdos y tomar decisiones y
las formas de operación.
A más de cinco años de concluido el conflicto en la UNAM, recor-
damos cómo la organización estudiantil sorprendió y horrorizó a muy dis-
tintos grupos y miembros de la comunidad universitaria y de la sociedad
1
Así fue reconocida por la comisión designada por el Rector Juan Ramón de la Fuente al firmarse los acuerdos
del 10 de diciembre de 1999.
2
Los seis puntos del pliego eran: 1. Modificación y reajuste del calendario escolar de acuerdo a la duración del con-
flicto. 2. Derogación de las modificaciones al Reglamento General de Inscripciones y Permanencia impuestas por
el Consejo Universitario el 9 de junio de 1997. Esto significa recuperar el pase reglamentado bajo los términos
en que se encontraba anteriormente, eliminar los nuevos límites y criterios de ingreso, permanencia y egreso de
los estudiantes de la UNAM, así como el respeto irrestricto a la elección de carrera. 3. Defensa de la autonomía
universitaria mediante la anulación de todos los convenios contraídos entre la UNAM y el CENEVAL, rechazan-
do así el examen único de ingreso a bachillerato y el examen general de egreso de licenciatura para que la UNAM
recupere y mantenga sus propios criterios de evaluación. 4. Creación de un espacio de diálogo y resolución para
discutir la trasformación integral y democrática de la Universidad con la participación de toda la comunidad. 5.
Desistimiento por parte de las autoridades universitarias de cualquier acción legal ante tribunal judicial o adminis-
trativo, de carácter federal o local en contra de los universitarios participantes en el movimiento antes, durante y
después del mismo y la garantía de que no se iniciará procedimiento alguno para sancionarlos. Desmantelamiento
de toda la estructura policíaca y de espionaje político montada por la rectoría para vigilar, controlar y reprimir a
los universitarios. Desaparición del Tribunal Universitario, así como la eliminación de las oficinas del Jurídico en
cada Escuela o Facultad y del poder de los directores para sancionar por motivos políticos a los participantes del
movimiento universitario. Disolución de todos los grupos de porros y golpeadores. 6. Abrogación del
Reglamente General de Pagos, así como la eliminación de todos los cobros ilegales, estableciendo con esto la gra-
tuidad de toda la educación impartida por la UNAM (CGH, 1999a).
cuestiones contemporáneas
80
mexicana cuando aparecieron las imágenes de los alambres de púas, las vio-
lentas grescas y los lesionados en algunas de sus asambleas y movilizaciones.
Hoy, en un contexto más sereno en términos políticos (cuando menos al
interior de la UNAM) y fuera de la polarización movimiento estudiantil-
Rectoría que caracterizó el periodo febrero de 1999 a febrero de 2000,
parece posible hacer una evaluación un poco más objetiva del actuar de la
organización estudiantil.
El objetivo principal de este trabajo es realizar una mirada analítica al
interior del CGH para encontrar sus peculiaridades con respecto a la forma
en la que planteó y ejerció la representatividad de los estudiantes de la
UNAM, los mecanismos que empleó para alcanzar acuerdos y tomar deci-
siones y la forma en la que se organizó para llevar a cabo las acciones
planeadas. Para tal efecto debemos hacer una distinción entre el CGH como
parte de un movimiento social (el movimiento estudiantil) de un lado, y
como una organización, del otro. Posteriormente expondremos los ya men-
cionados elementos fundamentales del actuar político del CGH en relación
con algunos de los resultados del movimiento estudiantil de 1999 a 2000 en
la UNAM. En la parte final del texto hablaremos de la necesidad de estable-
cer mecanismos democráticos de organización estudiantil y el probable
impacto que éstos tendrían en el fortalecimiento de la vida democrática e
institucional en la UNAM.
El CGH en la discusión del movimiento social y
la acción colectiva
Desde la década de los sesenta el estudio de los movimientos sociales se con-
virtió en uno de los temas "dominantes de la sociología mundial" (Tavera,
2000). El término movimiento social ha englobado desde entonces un sin-
número de expresiones de la acción colectiva en muy diversos ámbitos (glo-
bal, regional, nacional, local, etc.). La atención que desde la ciencia política y
la sociología se ha dado al estudio de los movimientos sociales se ha desarro-
llado casi proporcionalmente con el crecimiento de enfoques y teorías que
tratan tal temática. Diferentes autores explican de manera muy variada el tér-
mino movimiento social. Por ejemplo, mientras algunos resaltan "los aspec-
tos sociales e interpretativos de la acción colectiva" como Alain Touraine o
81
cuestiones contemporáneas
Alberto Melucci, otros privilegian el estudio de la dimensión política de los
movimientos sociales como Charles Tilly o Doug McAdam (Tavera, 2000).
Actualmente no contamos con una definición única, globalmente acep-
tada, del término movimiento social y estamos lejos de que eso suceda. La
gran heterogeneidad de concepciones nos muestra un debate dinámico y, en
última instancia, revela que es una categoría en disputa. La diversidad de
perspectivas teóricas que han intentado explicar el fenómeno de los
movimientos sociales es tal que "algunas veces, no puede haber seguridad
sobre que se estén dedicando al estudio de un mismo objeto de investigación"
(Revilla, 1994). No obstante, para algunos autores (Cohen 1985, Melucci
1985-1986, Revilla 1994, Tavera 2000), es posible dividir las distintas corrien-
tes que han tratado el tema en dos grandes grupos procedentes de dos para-
digmas diferentes. Uno de ellos engloba los trabajos que se centran en el
estudio de los movimientos sociales desde una óptica organizacional estraté-
gica, es decir, el
cómo
del actuar de un determinado sector de población
movi-lizado. Se concibe al movimiento social como una organización
racional (que calcula costos y beneficios de las decisiones tomadas y las
acciones emprendidas) y se deja de lado el análisis de su origen y desarrollo
histórico. Para este enfoque resulta poco importante explicar el "paso del
nivel individual al nivel colectivo" (Revilla, 1994). Tavera (2000) afirma que
dentro de esta concepción del movimiento social están las teorías que
tomaron como fundamento el modelo de la acción colectiva formulado por
Mancur Olson (1991), quien, en palabras de ella establecía que "la variable
relevante para explicar la formación de un movimiento social es la movi-
lización de las recursos necesarios para la acción colectiva" (2000). Olson es
considerado como un importante precursor de la teoría de las oportunidades
políticas, desde donde autores como Sydney Tarrow (1994) o William A.
Gamson (Gameson y Meyer, 1996) se enfocaron "en los recursos externos y
el contexto político como las variables más relevantes para comprender el
surgimiento de un movimiento social" (Tavera, 2000).
Desde una perspectiva radicalmente distinta tenemos el análisis del
"movimiento social como identidad", que resalta la importancia del
porqué
de la movilización y lo vincula con el contexto en el que emerge. Así "cada
tipo de movimiento social es propio de una forma concreta de sociedad: el
propio contexto sociohistórico de su surgimiento determina la composición
social y la dinámica del movimiento" (Revilla, 1994). Claus Offe (1992),
cuestiones contemporáneas
82
Alain Touraine (1981) o Alessandro Pizzorno (1989) son autores que ilus-
tran este enfoque, llamado de los ‘nuevos movimientos sociales’.
El surgimiento y funcionamiento del CGH en la UNAM durante el
periodo 1999-2000 puede ser analizado, por un lado, desde la perspectiva
de la movilización de recursos en tanto que efectivamente fue una organi-
zación con la capacidad de iniciar un proceso de movilización fuera del
orden institucional que le permitió hacerse de los recursos necesarios para
plantear la satisfacción de sus demandas. Pero también, por el otro lado, el
nacimiento del CGH no fue un hecho aislado sino el producto de un pro-
ceso histórico en la Universidad, que en definitiva, determinó su forma orga-
nizacional y su actuar político, como lo plantearía la teoría de los ‘nuevos
movimientos sociales’, sobretodo al entender que tal movilización estudian-
til surgió (en parte) como un movimiento categorial (el estudiantado como
categoría social, la cual abarca individuos de muy diversas clases sociales) y
no bajo la lógica de la lucha de clases. En efecto, cualquier disquisición sobre
esta organización y, en general, el movimiento estudiantil que encabezó,
resulta incompleta y parcial si no contemplamos el desarrollo y efectos de las
movilizaciones estudiantiles previas. Basta recordar que varios de los líderes
que encabezaron al CGH en 1999-2000, fueron participantes (y algunos
también líderes) de otras organizaciones estudiantiles en la UNAM como el
Consejo Estudiantil Universitario (CEU), que combatió algunas de las
reformas impulsadas por los rectores Jorge Carpizo y José Sarukhán en los
años de 1986 a 1992.
Al observar que el debate sobre la acción colectiva y el movimiento
social puede ser abordado de formas distintas es necesario hacer la distinción
del CGH como una organización ‘concreta’ y como una manifestación del
movimiento estudiantil, un movimiento estudiantil histórico que en distin-
tas etapas ha tomado diferentes formas: en 1968 fue el Consejo Nacional de
Huelga (CNH) y en 1986-1987 el Consejo Estudiantil Universitario
(CEU), demostrando a la sociedad mexicana un enorme potencial transfor-
mador democrático en el primer caso y una novedosa forma de pensar la
transformación universitaria en el segundo. Puga y Cadena afirman que en
cualquier movimiento social "se puede distinguir un sector organizado y
otro no organizado", razón por la cual se puede hablar de las "organizaciones
del movimiento social"
3
. En el conflicto que revisamos en este trabajo, el
CGH aparece como la parte organizada de un movimiento amplio en contra
83
cuestiones contemporáneas
del cobro de cuotas en la UNAM. Y como tal puede ser evaluado.
Ahora bien, si recurrimos a la teoría de las organizaciones, algunos de sus
teóricos más representativos (Etzioni, 1964 en Scott, 2003, Lusthaus 2002)
sugerirían que el CGH reúne las características básicas para ser considerado
como una organización, que está definida como un grupo de personas "que
trabajan juntas por una meta común" (Lusthaus, 2002) y es "conciente,
deliberada y –que– tiene un propósito" (Barnard, 1938 en Scott, 2003).
También se dice que toda organización tiene una estructura y una forma de
coordinación (March y Simon, 1958 en Scott, 2003). Características que el
CGH poseía cuando menos en el periodo que va de abril de 1999 a febrero
del año 2000. Una definición más restringida propone que una organización
es "un colectivo orientado a alcanzar metas relativamente específicas con un
alto nivel de formalización de sus estructuras sociales" (Scott, 2003). Lo
interesante de esta concepción es que combina un alto nivel de especificidad
en las metas y un elevado grado de precisión en las reglas internas de fun-
cionamiento y gobierno. Sólo la combinación de ambas variables nos permite
hablar de una organización. Hay que decir que, aún bajo esta óptica, encon-
tramos que el CGH puede ser considerado una organización porque si bien
en numerosas ocasiones los mecanismos de toma de decisiones fueron pasa-
dos por alto por algunos de sus miembros (Ortega, 1999), éstos eran explíci-
tos y conocidos por todos los integrantes del CGH.
Melucci (1985-1986) sostiene que comúnmente los movimientos
sociales presentan inicialmente un alto grado de indefinición y disgre-
gación de sus componentes y elementos sustantivos y distintivos, sin
embargo, conforme progresa la disputa o el conflicto que este tipo de acción
colectiva genera, la especialización de los roles y la diferenciación de las
metas y objetivos se va haciendo mayor, dando paso en algunas ocasiones a
la conformación de organizaciones que concentran operativamente las
demandas y expectativas de un conjunto de personas que optaron por la
movilización. Según este autor,
...de los criterios generales de conformidad y deformidad respecto a los valores, se
llega hasta las normas que regulan la coordinación en una organización y hasta los
programas concretos de actividad singular; de las motivaciones más amplias de la
3
Vid
. Cristina Puga y Jorge Cadena, "Criterios para la evaluación del desempeño de las asociaciones", Artículo
incluido en este número.
cuestiones contemporáneas
84
acción social se llega hasta la capacidad de asumir roles y tareas específicas al inte-
rior de una organización; en fin, de los presupuestos del conocimiento científico se
llega hasta las técnicas y a los recursos utilizados por una organización concreta.
Tomando como eje analítico la acción estudiantil es posible hacer la
diferenciación de algunas etapas por las que transcurrió la movilización, lo
que nos puede resultar enormemente útil para identificar el proceso al que
hace referencia Melucci. Una primera etapa de la movilización estudiantil es
la que transcurrió desde el 15 de febrero, momento en que se anunció la
modificación al RGP, hasta el 20 de abril de 1999, fecha en que se consti-
tuyó formalmente el CGH y se tomaron las instalaciones universitarias. Esta
etapa se caracterizó por la casi anárquica actividad de agitación de una buena
cantidad de activistas estudiantiles, quienes se dieron a la tarea de explicar el
significado de la reforma impulsada por el Rector Barnés y de organizar las
primeras movilizaciones y reuniones de coordinación. No obstante los
esfuerzos de tales activistas, el descontento por la reforma continuamente los
rebasó dando lugar a numerosas manifestaciones casi de carácter espontáneo
como la ocurrida el 15 de marzo, día en que el CU aprobó el nuevo
reglamento de pagos (Ibarra y Muñoz, 1999). La segunda etapa es la que va
del 20 de abril al 31 de agosto, momento en el que el CGH decidió, a pesar
de fuertes presiones internas y de una gran expectativa social, reducir al mí-
nimo un esperado replanteamiento del pliego petitorio
4
. En esta etapa el
CGH se consolidó como un actor fundamental en el conflicto y fue cuando
se instituyeron y estabilizaron sus mecanismos de funcionamiento interno.
La tercera y última etapa abarca del 31 de agosto de 1999 al 6 de febrero de
2000, día en que la PFP aseguró las instalaciones universitarias y terminó la
huelga del CGH. En este periodo el CGH vivió un apresurado proceso de
aislamiento y radicalización.
4
El replanteamiento que los grupos menos extremistas impulsaron al interior del CGH consistía en mantener sólo
los puntos 1, 4, 5 y 6 del pliego petitorio. Se proponía que los puntos referentes al rompimiento de las relaciones
de la UNAM con el CENEVAL y la derogación de los Reglamentos Generales de Exámenes e Inscripciones
aprobados en 1997 se discutieran en el espacio de diálogo y resolución para la transformación universitaria. Esta
decisión significó la derrota de los grupos internos del CGH más abiertos a la negociación y al diálogo; a partir
de este momento quedaron definitivamente al frente de la organización estudiantil los grupos más extremistas.
85
cuestiones contemporáneas
Funcionamiento interno del CGH
Los antecedentes del CGH
Conviene, antes de pasar al análisis del funcionamiento interno del CGH,
mencionar algunos antecedentes importantes del movimiento estudiantil de
1999-2000, puesto que, como ya hemos dicho, de ninguna manera éste fue
un suceso aislado y repentino en la historia de la Universidad o del
movimiento estudiantil, sino parte de un proceso bastante amplio y comple-
jo. Un análisis riguroso al respecto probablemente nos permitiría encontrar
relaciones muy claras entre el movimiento encabezado por el CGH y otros
movimientos estudiantiles anteriores, como los de 1968, 1966
5
o incluso
1929
6
, situación que se alejaría de los objetivos del presente trabajo. Sin
embargo, aun sin un análisis de esta naturaleza, es posible observar rela-
ciones muy evidentes en el movimiento estudiantil en la UNAM al investi-
gar los conflictos estudiantiles, cuando menos de los últimos veinte años. En
este periodo, el conflicto que más resalta es el que se desarrolló en los años
de 1986 y 1987, cuando el Rector de la UNAM Jorge Carpizo intentó hacer
una amplia reforma institucional
7
que originó una importante movilización
estudiantil que concluyó con la suspensión de las medidas acordadas por el
Consejo Universitario y la aprobación de un Congreso en el que se discutiría
la agenda universitaria a través de una participación más directa de la comu-
nidad. A diferencia del conflicto de 1999-2000, la toma de las instalaciones
como medida de fuerza por parte de los estudiantes para impedir el ‘Plan
Carpizo’ duró solo veinte días y dio al movimiento estudiantil una gran vic-
toria. La organización que condujo el movimiento fue el ya mencionado
CEU, que perduró durante años en la UNAM. Sin embargo, desde que con-
cluyó el conflicto de 1987, su base política se fue erosionando hasta quedar
5
Ese año, mediante movilizaciones, los estudiantes consiguieron el pase automático del bachillerato de la UNAM
a la licenciatura. En aquella ocasión se aglutinaron para tal efecto en el Consejo Estudiantil Universitario (CEU),
denominación que fue retomada por los estudiantes que se opusieron a las medidas impulsadas por el Rector
Jorge Carpizo en 1986.
6
Momento en el que se ganó la autonomía de la UNAM.
7
Esta reforma estaba dividida en cuatro etapas. La primera se expresó en un paquete de modificaciones reglamen-
tarias aprobadas por el CU los días 11 y 12 de septiembre de 1986. Entre ellas se contemplaba el cobro de cuo-
tas para los estudiantes extranjeros y de postgrado, así como una reglamentación más rigurosa del pase automáti-
co que del que gozan (todavía) los estudiantes del bachillerato de la UNAM para ingresar a la licenciatura en la
cuestiones contemporáneas
86
reducido a un pequeño grupo de estudiantes de diversas escuelas y facultades
de la UNAM en 1999. De hecho, casi la totalidad de las agrupaciones estu-
diantiles existentes antes del inicio de este conflicto, en algún momento en
el periodo 1986-1999, formaron parte del CEU. En una división temporal
un tanto artificial, probablemente podemos diferenciar al CEU como un
espacio generalizado de discusión y decisión (en el que se convirtió a partir
del movimiento que encabezó en 1986 y 1987) y como una corriente estu-
diantil, a partir de 1992, después de su triunfo en contra de la propuesta de
cuotas impulsada por el Rector José Sarukhán
La primera gran escisión del CEU ocurrió en el mes de febrero de 1987
cuando los miembros del Buró de Información Política (BIP)
8
se opusieron
al levantamiento de la huelga y perdieron. Este grupo siempre se caracterizó
por la defensa de posiciones extremas catalogadas comúnmente como de
"ultraizquierda" o de "línea dura" y argumentaban que los acuerdos del CU
tomados el 10 de febrero de 1987 no satisfacían por completo las demandas
del movimiento estudiantil (Monsiváis, 1987), además de que se habían
tomado a espaldas de los miembros del CEU. Inmediatamente después, a
mediados de 1988, (y no precisamente como una escisión) numerosos
activistas y miembros de la corriente hegemónica del CEU (también cono-
cida como la corriente histórica) dejaron la Universidad para integrarse a la
campaña presidencial del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas quien encabeza-
ba el Frente Democrático Nacional (FDN). Muchos de ellos formaron parte
del grupo que constituyó el Partido de la Revolución Democrática (PRD)
en 1989. Aunque el Congreso Universitario realizado en 1990 y la lucha en
contra del cobro de cuotas en 1992
11
fueron dos momentos en los que se co-
rroboró la enorme fortaleza del CEU como organización coordinadora del
movimiento estudiantil en la UNAM, la década de los noventa se caracteri-
zó por continuas divisiones y fracturas que originaron la creación de
numerosos grupos estudiantiles.
8
Este colectivo agrupa desde entonces a profesores y estudiantes principalmente de la Facultad de Ciencias, como
Leticia Contreras y Guadalupe Carrasco (a) ‘La pita’, quienes participaron en los movimientos en contra de las
cuotas en 1986, 1992 y 1999-2000. Otro de sus líderes y que fue una figura muy importante en el conflicto del
1999-2000 fue el profesor de la Facultad de Economía Mario Benítez (a) ‘el Gato’.
En aquella ocasión fue el Rector José Sarukhán quien intentó establecer el cobro de cuotas en la UNAM. Sin
embargo, ante una movilización muy fuerte del CEU, la propuesta fue retirada rápidamente.
87
cuestiones contemporáneas
La causa zapatista y la nueva campaña presidencial de Cuauhtémoc
Cárdenas en 1994 preocuparon y ocuparon a otro número importante de
integrantes del CEU, lo que abrió un espacio en la temática estrictamente
universitaria (que podríamos catalogar como una especie de ‘vació de
poder’), que otros grupos comenzaron a ocupar. El movimiento en contra de
la reforma a los planes y programas de estudio del Colegio de Ciencias y
Humanidades (CCH) en 1995, así como la infructuosa lucha en contra de
las reformas a los Reglamentos Generales de Inscripciones y Exámenes en
1997 propuesta por el Rector Francisco Barnés dieron cuenta de la existen-
cia de otros grupos de estudiantes universitarios además de la corriente
histórica del CEU y del BIP. Uno de ellos fue el Comité Estudiantil
Metropolitano (CEM)
10
, el cual se separó del BIP
11
y tuvo planteamientos
menos radicales que le permitieron ir sumando a más activistas. Esta orga-
nización se centró en la lucha en contra del Examen Único que por esos años
comenzaba a aplicar el Centro Nacional de Evaluación de la Educación
Superior (CENEVAL)
12
en casi todos los centros públicos de educación
superior y también participó en el ‘movimiento de los excluidos’ de la
UNAM. Otro grupo que fue consolidando su presencia en diferentes facul-
tades y escuelas fue la denominada Coordinadora Estudiantil (CE), organi-
zación que aglutinó a ex-miembros del BIP y de la corriente histórica del
CEU. La CE siempre se caracterizó por mantener una postura política
menos radical que el BIP en los asuntos universitarios, con una especial
preocupación por distinguirse de la corriente histórica del CEU
13
. Por últi-
mo, debemos mencionar que en 1997, salió a la luz pública la Red de
Estudiantes Universitarios (REU) un organismo estudiantil impulsado fun-
damentalmente por consejeros universitarios estudiantiles que participaron
en otros movimientos anteriores (sobre todo en el de 1992). Este nuevo
grupo, comenzó a tener presencia en algunas escuelas a raíz de las protestas
que se suscitaron en 1997 cuando se aprobó la modificación al pase
10
Su líder siempre ha sido Higinio Muñoz, quien fue uno de los dirigentes más importantes del CGH.
11
Esta separación fue en buena medida temporal, ya que en el conflicto de 1999 el CEM nunca sostuvo una posi-
ción contraria al BIP.
12
Esta demanda posteriormente figuraría en el pliego petitorio del CGH.
13
A mediados de los noventa, Martí Batres (quien después de su actividad estudiantil se convirtió en un impor-
tante funcionario del Gobierno del Distrito Federal en la administración de Andrés Manuel López Obrador) fue
uno de sus dirigentes. En 1999 probablemente sus dirigentes más importantes fueron Roberto López (a) ‘el
gordo’ y Ariadna Montiel, estudiantes de las facultades de Ciencias Políticas y Arquitectura respectivamente.
cuestiones contemporáneas
88
automático impulsada por el Rector Barnés. Una de las particularidades más
importantes de este grupo era su interés por la participación en las elecciones
de consejeros universitarios y técnicos estudiantiles y, en general, por su
mayor apego a la institucionalidad universitaria. Debemos añadir que la últi-
ma ‘desbandada’ de la corriente histórica del CEU ocurrió en 1997 cuando
Cuauhtémoc Cárdenas participó en las primeras elecciones para Jefe de
Gobierno del Distrito Federal, proceso del que resultó victorioso. A su cam-
paña y posteriormente a su gobierno se sumaron bastantes activistas del
CEU, lo que profundizó el ‘vacío de poder’ que atrás hemos descrito.
La corriente histórica del CEU, el Bloque Universitario de Izquierda
(BUI)
14
, el CEM, la CE y la REU, fueron las cinco agrupaciones de carác-
ter general que existían en la UNAM cuando se dio a conocer la propuesta
de modificación al RGP en febrero de 1999. Además de estos grupos,
existían en las escuelas y facultades grupos locales, sin ningún nexo con
alguna de estas corrientes, que respondían a muy diferentes temáticas y
motivaciones. Por ejemplo, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
estaban los grupos Coalición Políticas
15
y Conciencia y Libertad
16
, cuyos
miembros no pertenecían a ninguna de estas corrientes. En algunos
momentos estos grupos, al lado de otros colectivos y estudiantes
establecieron alianzas coyunturales para alcanzar ciertos objetivos específi-
cos, como una determinada postura política, una acción en particular o
simplemente derrotar a un grupo adversario. Al inicio de la huelga, en abril
14
Esta fue la nueva denominación que recibió el BIP.
15
Particularmente este grupo fue muy importante en el desarrollo del conflicto porque tuvo la capacidad de colo-
carse al frente del movimiento en algunos momentos (sobre todo al final del conflicto, en los primeros meses del
año 2000) a través de una estrategia de ‘depuración’, que consistía en ir expulsando (algunas veces oficialmente)
a los miembros de las corrientes que encabezaron las protestas en contra del RGP inicialmente. En especial se
concentraron en echar del movimiento a la corriente histórica del CEU y a la REU, aunque después intentaron
acabar con los grupos con los que en un principio habían establecido alianzas coyunturales. En el examen ideo-
lógico este grupo debe ser colocado en el extremo izquierdo, ya que sostenía planteamientos anti-sistema que
algunas veces ni siquiera el BUI compartía. Por ejemplo, en febrero de 2000, ante un eventual aseguramiento de
las instalaciones universitarias por parte del gobierno federal, se pronunció por resistir violentamente, si se hacía
necesario, con el fin de preservar la huelga; planteamiento con el que prácticamente ningún otro grupo coin-
cidió. Sus principales líderes fueron Argel Pineda y Jorge Martínez Valero.
16
Si bien esta agrupación durante casi todo el conflicto tuvo una gran identificación con la Coalición Políticas (hoy
Frente de Lucha estudiantil Julio Antonio Mella), en la parte final del movimiento también se vio amenazada
por lo que hemos llamado la ‘estrategia de depuración’. Su principal líder fue Alejandro Echevarría, conocido
públicamente como ‘el Mosh’.
89
cuestiones contemporáneas
de 1999, se plegaron prácticamente a todas las opiniones defendidas por el
BUI, aunque posteriormente se fueron diferenciando de tal organización.
Esquema de representación
Como ya se ha señalado, el movimiento estudiantil de 1999-2000 inició
como respuesta a una medida impulsada por el Rector Barnés. Sin embargo,
no fueron por sí solas estas medidas de la Rectoría las que hicieron que esta-
llaran las movilizaciones estudiantiles, sino también una serie de derrotas
recientes (desde la perspectiva del movimiento estudiantil) que acumularon
un enorme descontento entre los grupos de activistas universitarios
17
. Esta
situación, así como el deterioro de las condiciones socioeconómicas de los
estudiantes y en general de la sociedad mexicana (Rueda, 1998), y el cam-
bio de modelo en el subsistema de educación superior (Acosta, 2000;
Mendoza, 2002a, 2002b y Rodríguez, 2002) fueron también factores que
influyeron en la decisión de los alumnos universitarios para iniciar un
movimiento opositor a la modificación del RGP en 1999-2000.
Una vez que el Rector Barnés hizo el anuncio sobre el cobro de cuotas
en la UNAM, los núcleos de activistas universitarios que se encontraban dis-
persos en las distintas escuelas y facultades de la UNAM vieron la necesidad
de reunirse para establecer un acuerdo intergrupal con el fin de iniciar la
oposición a la reforma del RGP. Fueron tres reuniones exclusivamente de
activistas
18
las que dieron como fruto el nacimiento de la Asamblea
Estudiantil Universitaria (AEU), antecedente directo del CGH. Esta se cons-
tituyó como el eje organizador y aglutinador de los estudiantes en el periodo
17
Como la transformación de los planes de estudio del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) en 1995, que,
aunque fue respondida con una huelga de aproximadamente un mes, no evitó la reforma. Otra derrota del
movimiento estudiantil había sido la modificación a los reglamentos generales de inscripciones y exámenes que
modificaron el pase automático del bachillerato de la UNAM a la licenciatura. Aunque esta situación generó
algunas movilizaciones, nunca llegaron a ser lo suficientemente importantes como para impedir la aprobación y
puesta en funcionamiento de los nuevos reglamentos. Posteriormente esta ‘deuda histórica’ del movimiento estu-
diantil figuraría como una de las seis demandas del CGH.
18
Es decir, los estudiantes que formaban parte de los distintos grupos políticos existentes históricamente en la
Universidad antes del anuncio de cobro de cuotas. Generalmente son estudiantes políticamente activos preocu-
pados tanto de los asuntos universitarios como de otro tipo de temáticas, por ejemplo la difusión y apoyo a la
causa zapatista o cubana. Un activista tiene comúnmente un nivel más elevado de información sobre los asun-
tos políticos universitarios.
cuestiones contemporáneas
90
que transcurrió entre el 11 de febrero (día en que se anunció la reforma del
RGP) y el 20 de abril (fecha en que inició la huelga estudiantil) de 1999. Si
bien en aquellos momentos se pusieron en funcionamiento los primeros li-
neamientos de representación, de toma de decisiones y de formas de
operación, se fueron estableciendo mucho más por una necesidad práctica
que de acuerdo a un plan concertado. Las formas políticas empleadas entre
febrero y abril de 1999 serían la base del funcionamiento del CGH durante
los casi diez meses de huelga.
La AEU funcionaba con un doble esquema de representación. Por una
parte, los delegados nombrados por cada una de las asambleas de las escue-
las y facultades, contaban con votos y por consiguiente representaban a los
estudiantes de su plantel. Por la otra, las reuniones de los activistas (miem-
bros de las corrientes estudiantiles que existían desde antes del anuncio del
cobro de cuotas en la UNAM, quienes acudían con la sola representatividad
otorgada por la militancia) en las que se alcanzaban acuerdos sobre la con-
ducción del movimiento, tan importantes como la definición del pliego
petitorio, la política de movilizaciones o de negociación. Los acuerdos alcan-
zados por los activistas y miembros de las corrientes estudiantiles eran
refrendados por la AEU.
Aunque el esquema de las corrientes estudiantiles se transformó radi-
calmente durante el periodo de huelga, esta transformación se dio sólo en el
nivel de la composición del espectro de corrientes participantes en el CGH,
ya que si bien unas desaparecieron, otras se aglutinaron y otras más
emergieron al calor del movimiento, siempre se mantuvo el esquema del
doble nivel de representación.
Inicialmente en los acuerdos de funcionamiento de la AEU estaba
estipulado que cada escuela contaría con cinco votos con el fin de que las
distintas posiciones sobre el conflicto pudieran ser expresadas por los dele-
gados en la asamblea general. Este proceder pronto fue abandonado porque
en las asambleas de las escuelas y facultades a las posiciones mayoritarias se
les concedían los cinco votos
19
. De esta forma, muy poco tiempo después de
que estallara la huelga en la UNAM el esquema explícito de representación
19
Muchos de los grupos minoritarios en cada escuela, al ponerse este nuevo procedimiento en uso, quedaron rel-
egados sin un mínimo margen para opinar o decidir sobre el futuro del movimiento.
91
cuestiones contemporáneas
cambió por uno en el que cada asamblea emitía un resolutivo y los delega-
dos simplemente se convertían en portavoces del mismo. Arditi (2003)
explica este mecanismo de democracia directa de manera concisa:
Las asambleas de cada Facultad elegían a sus representantes, éstos recibían un
mandato, pero al intervenir en las asambleas generales, los delegados ya no podían
cambiar el mandato que habían recibido de sus bases, al menos en principio. Por
eso, en la práctica, las asambleas del CGH eran un lugar para contar votos y no para
llevar a cabo un proceso de deliberación real. Si no cumplían con ese mandato, la
asamblea podía destituir a los delegados de inmediato.
Por lo tanto, las reuniones internas de las corrientes y los conciliábulos
entre éstas eran los espacios reales de deliberación, debido a que los miem-
bros de cada una de ellas acudían a las asambleas de sus escuelas y facultades
a defender la postura de su grupo, con la intención de ganar el resolutivo que
se contabilizaría en la asamblea general junto con los resolutivos de las otras
dependencias universitarias. Las sesiones del CGH se convirtieron así en la
‘la asamblea general de los resolutivos’ y no de los representantes estudian-
tiles. La aprobación de este nuevo mecanismo de suma de acuerdos es una
muestra clara de la enorme desconfianza con la que la organización estu-
diantil tomaba sus decisiones.
Como hemos visto, el esquema explícito de representación del CGH,
después de que fueron tomadas las instalaciones universitarias, estaba basa-
do en las asambleas por cada escuela
20
. En éstas, las decisiones se tomaban
con votaciones directas y a mano alzada después de horas de discusión. En
las dependencias relativamente pequeñas (con comunidades estudiantiles de
no más de cien estudiantes, como algunos centros de investigación) este pro-
cedimiento no era muy complicado, pero en las más grandes como las
Facultades de Contaduría y Administración o Medicina y los cinco Colegios
de Ciencias y Humanidades (cada una de ellas con más de 10 mil estudian-
tes), era simplemente inoperante. Comúnmente, reducidos grupos de estu-
diantes de estos planteles participaba en las asambleas que a menudo se
hacían interminables, por lo que se podría alegar que los resolutivos emana-
dos de éstas no representaban a la comunidad estudiantil de determinada
escuela o facultad sino solamente a los asistentes, aquellos que soportaban y
20
Aunque en la AEU también se empleó este mecanismo, sus reglas de funcionamiento no eran del todo claras.
cuestiones contemporáneas
92
tenían el tiempo necesario para permanecer en ella, generalmente los activis-
tas y miembros de las corrientes estudiantiles.
Dado el esquema de representación empleado por el CGH, el grueso
de los estudiantes quedaba fuera, en los hechos, de toda posibilidad de inci-
dencia en las decisiones sobre el movimiento estudiantil. Se empleó un
esquema de representación que bloqueaba la participación de la mayoría
estudiantil. Sólo en algunos momentos la participación en las asambleas de
las escuelas y facultades de la UNAM se volvió masiva. Por ejemplo, en las
que se decidieron los paros de 24 horas del 11 y 24 de marzo de 1999, en
las que una buena parte de la comunidad estudiantil participó en encendi-
dos debates. Después de la toma de las instalaciones universitarias de mane-
ra indefinida a partir del 20 de abril, se reprodujo en casi todas las asambleas
un paulatino despoblamiento que se agudizó conforme avanzaron los meses
del conflicto. Sin embargo, la escasa participación en las asambleas de las
escuelas y facultades no puede ser interpretada directamente como una
desaprobación de las demandas del movimiento estudiantil. Antes bien, por
momentos esa participación escasa pareciera haber sido el resultado de un
enorme descontento con los mecanismos de representación y toma de deci-
siones que la AEU–CGH empleó antes y durante la huelga. El descontento
de una buena parte de la comunidad estudiantil se profundizó conforme
transcurrió el conflicto, porque en numerosos planteles universitarios se
multiplicaron actitudes que enfatizaban la diferencia entre los activistas y los
no activistas. Para los primeros, en muchos casos, era necesario tener míni-
mas cuotas de participación en las actividades propias de la huelga para
poder tener derecho a voz y voto en las asambleas.
Durante el conflicto hubo sectores y corrientes del CGH que defendían
la libre participación de todos los estudiantes en las asambleas, pero siempre
fueron minoría. En algunos planteles, como la Facultad de Psicología, sí se
promovió la participación de la comunidad estudiantil, sin embargo en
otras, como la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, se colocaron ‘listas
negras’ para impedir el paso a estudiantes y profesores que no concordaban
con las ideas de los grupos dominantes. Digamos que el CGH vivió una
transformación paulatina que lo llevó de plantear un movimiento de masas
a uno de militantes de corte leninista.
93
cuestiones contemporáneas
Mecanismos de toma de decisiones y
acuerdo político interno
Miremos ahora el funcionamiento interno de la organización estudiantil.
Para que el CGH diera a conocer oficialmente una postura o anunciara algu-
na acción, se tenía que poner en funcionamiento un complejo procedimien-
to político interno, aún en momentos en los que se esperaba una respuesta
rápida de su parte. Por ejemplo cuando se discutían los mecanismos de diá-
logo para solucionar el conflicto con los representantes de la Rectoría en
diciembre de 1999. El proceso consistía en la presentación de la propuesta
al pleno de los representantes de los diversos comités de huelga de las escue-
las y facultades de la UNAM. Éstos llevaban la propuesta a sus asambleas
locales en donde era discutida. Del fruto de la discusión se asumía una pos-
tura que se presentaba a los representantes de las demás asambleas. Una vez
realizado esto, había que esperar una nueva reunión del CGH. Cuando
finalmente ésta se realizaba, se contabilizaba el número de resolutivos que
hacían referencia al tema. Si la propuesta superaba 19 resolutivos era discu-
tida, si no simplemente era enviada de vuelta a los Comités locales de huel-
ga para que se volviera a debatir
21
. El acuerdo sobre el funcionamiento del
CGH al respecto dice textualmente:
Para el caso de los resolutivos del CGH, se considerarán las resoluciones de las 36
asambleas, quedando de la siguiente forma: cuando el número de ellas sea menor a
18 la resolución se regresa a la asamblea respectiva de cada escuela; cuando es mayor
o igual a 19 la resolución será discutida en la asamblea general del CGH; cuando el
número de resoluciones de las asambleas es mayor a 28 entonces se considerará con-
senso y como consecuencia resolutivo del CGH (CGH, 1999c).
La forma de discusión y alcance de acuerdos agudizaba aún más la lenti-
tud con que se tomaban las decisiones ya que había ocasiones en que las
asambleas locales se prolongaban por más de un día. El proceso en conjun-
to comúnmente implicaba varios días, incluso semanas. Como ejemplo se
puede mencionar la enorme lentitud con la que el CGH dio respuesta a la
comisión de diálogo del Rector De la Fuente
22
(con respecto al formato de
21
Con márgenes mínimos debido al enorme peso que los resolutivos tenían (situación que ya hemos abordado ante-
riormente). Estas discusiones se abrían sobre todo cuando las definiciones de las asambleas locales eran ambiguas.
22
Esta falta de premura fue una actitud que el CGH tuvo durante todo el conflicto, incluido el periodo del rector
Barnés.
cuestiones contemporáneas
94
negociación), una vez que se reiniciaron las pláticas entre Rectoría y el CGH
en diciembre de 1999, cuando los ojos de la opinión pública nacional y de
la sociedad estaban sobre la organización estudiantil.
Formas de operación
Después del 20 de abril, se establecieron los comités de huelga en cada
escuela y facultad y se hizo una división inicial del trabajo por comisiones.
Las comisiones de logística, finanzas, prensa y seguridad funcionaron desde
el principio, aunque en cada plantel lo hicieron con distintos ritmos. En el
primer mes de huelga las comisiones de prensa y de finanzas prácticamente
no existían a nivel global
23
. Por ejemplo, el llamado a que se integraran estu-
diantes representantes de cada escuela a la comisión general de finanzas se
hizo recién en la sesión del CGH del 26 de mayo de 1999, es decir, más de
un mes después de que se iniciara la huelga (CGH 1999b). Antes de que se
comenzaran a tomar los primeros acuerdos sobre la conformación de las
comisiones generales del CGH, a ellas asistían quienes así lo deseaban, y por
supuesto, siempre estaban presentes los dirigentes más importantes de las
corrientes estudiantiles. Por esta razón, la redacción de discursos y documen-
tos oficiales del CGH, los comunicados de prensa, los dispositivos de seguri-
dad, las movilizaciones y otras importantes decisiones quedaban en manos
de dichas corrientes, por lo menos en parte.
Las corrientes estudiantiles nunca dejaron de tener peso en las deci-
siones que tomó el CGH. La importancia de esto reside en que si bien se dio
un cambio en los liderazgos de la organización, es falso que fuera una for-
mación sin líderes (Coordinadora Estudiantil, 1999), como en distintos
momentos ha sido señalado (Sotelo, 2000). En efecto, de febrero de 1999 a
2000, el CGH vivió una profunda recomposición de sus liderazgos, ya que
una buena parte de los dirigentes de las corrientes que iniciaron las protes-
tas en contra del RGP, cuando la huelga concluyó un año después, ya ni
siquiera pertenecían a la organización estudiantil
24
. Fue entonces cuando
23
Con esto nos referimos a las comisiones centrales generales del CGH, que eran las que se encargaban de orga-
nizar las actividades y dar a conocer las posturas políticas de la organización estudiantil. Debemos recordar que
el CGH era la unión de todos los comités de huelga de las escuelas y facultades de la UNAM.
24
Algunos fueron expulsados y otros se alejaron de una organización en la que simplemente ya no tenían injerencia.
95
cuestiones contemporáneas
surgieron nuevos liderazgos, más adecuados al discurso gradualmente más
extremista, que radicalizaba al CGH. Durante todo el tiempo que duró el
proceso de conformación–desarrollo del órgano estudiantil, en ningún
momento alguna de las corrientes estudiantiles logró un dominio definitivo
en la conducción de la organización. Al principio, las agrupaciones estu-
diantiles que tenían mayor peso fueron aquellas que resultaron como conse-
cuencia directa del conflicto universitario de 1986-87, cuando se formó el
CEU. Conforme transcurrieron los meses en 1999, varios de estos grupos
perdieron fuerza en el CGH. Principalmente fueron excluidos aquellos gru-
pos que de una u otra forma tenían relación con el Partido de la Revolución
Democrática (PRD), debido fundamentalmente a que no compartían las
opiniones y propuestas de los grupos que desde agosto de 1999 comenzaron
a hacerse de la dirección de la organización estudiantil
25
. A partir de
entonces, quienes se quedaron en la disputa por el control hegemónico del
CGH fueron los grupos estudiantiles más extremos de la Universidad, iden-
tificados por sus posturas anti-partidos políticos y en general anti-sistema.
La gran inestabilidad política que se vivió durante el conflicto al inte-
rior del CGH, reflejada en la permanente disputa por el liderazgo de la
organización y la falta de claridad en la operación política (es decir, quién
iba a hacer qué) engendraron un discurso confuso y un mensaje errático
hacia la sociedad. Basta con ver la gran cantidad de posturas políticas que la
organización expresó y que los medios de comunicación dieron a conocer a
la opinión pública al inicio de la huelga, ya que al no existir una comisión
central de prensa operativa encargada de la comunicación ‘oficial’ del CGH,
los reporteros y periodistas tenían que acudir a los líderes de las corrientes y
a las figuras más visibles del movimiento.
Otro factor que mermó el funcionamiento de las comisiones del CGH
fue la imposición de candados ‘antilíderes’, que buscaban una supuesta
‘horizontalidad’ del movimiento
26
. Esto hizo que la organización tomara
25
Algunas de las diferencias tácticas (que expresaban diferencias ideológicas profundas) que dieron origen a la
exclusión de estos grupos fue su rotundo rechazo a la ampliación del pliego petitorio (más bien permanente-
mente pugnaron por su disminución), a la toma y cierre de las instalaciones de los Institutos de Investigación,
de la Dirección General de Servicios y Cómputo Académico (DGSCA), del Centro Nacional de Prevención de
Desastres (CENAPRED) y de Radio UNAM, así como su exigencia de la apertura de las asambleas a todos los
estudiantes universitarios, así como la realización de una negociación sin condiciones con la rectoría.
26
Uno de estos candados fue la instauración del ‘sorteo’ como mecanismo de selección de los oradores en los
mítines y movilizaciones o de los representantes del CGH en las pláticas con la rectoría de la UNAM.
cuestiones contemporáneas
96
decisiones de forma bastante lenta, acrecentando sobre sí la presión social.
Las reuniones con las autoridades universitarias se desarrollaron con una par-
simonia exasperante, de lo que en buena medida fue responsable el CGH. Las
recurrentes pausas eran ocasionadas por la constante necesidad ‘de consultar
a las bases’ sobre el rumbo que debían seguir las conversaciones. Pero también
hay que considerar algunas situaciones externas, como la detención de varias
decenas de activistas del CGH por la policía capitalina cuando algunos de
ellos agredieron la sede diplomática del gobierno de los Estados Unidos en
noviembre de 1999 (Ramos, 1999), lo que ocasionó una suspensión unilate-
ral del diálogo decidida por la organización estudiantil. Sumado a situaciones
de este tipo, la rotación de los delegados de la comisión de diálogo provoca-
ba que constantemente se tuvieran que recapitular las discusiones del día
anterior para que los nuevos representantes se ‘empaparan’ del debate y
pudieran responder coherentemente a lo que su interlocutor planteaba.
Otra situación que impidió al CGH una operación política eficaz y
veloz fue el denominado ‘fantasma de la traición’, esto es, el temor de que
algunos miembros de la organización pactaran con el ‘enemigo’ la solución
del conflicto a espaldas del movimiento, como repetidamente se afirmó que
Carlos Imaz, Imanol Ordorika y Antonio Santos lo hicieron con el Rector
Jorge Carpizo en 1987. El temor a esta posibilidad provocó un clima de gran
desconfianza en el CGH y ocasionó que se colocaran, en repetidas ocasiones,
requisitos absurdos para que ningún miembro tuviera la oportunidad de
traicionar a la organización. La imposición de estos candados llevó al CGH
a nombrar una comisión conformada por más de cien delegados que se rota-
ban cada día para entablar el diálogo con las autoridades universitarias
(CGH, 1999a). Uno de los candados más importantes que se le colocó a la
comisión de diálogo del CGH fue el que prohibía a los delegados entablar
una negociación con la Comisión de Rectoría. La comisión estudiantil no
tenía la capacidad para definir contrapropuestas, solo estaba para repetir una
y otra vez el pliego petitorio. El CGH nunca negoció, ni siquiera dialogó
27
,
tan sólo dio a conocer su postura.
El efecto que trajo al CGH su deficiente y poco eficaz organización fue
devastador. Con el transcurrir de los meses su mensaje se fue haciendo
27
En este tenor, es bien recordada la postura del CGH en el documento entregado a la comisión del rector Barnés
el 2 de junio de 1999 en el que se afirmaba textualmente que "El diálogo no es negociación" (CGH, 1999a).
97
cuestiones contemporáneas
menos atractivo para los universitarios y para la sociedad, y eventualmente
lo llevó al aislamiento. Esto ocurrió debido en parte a que presentó ante la
opinión pública la imagen de una organización sectaria, desordenada, erráti-
ca, desconfiada y algunas veces violenta, imagen que por cierto muchos
medios de comunicación contribuyeron a sobredimensionar.
Los logros del CGH, probable agenda del movimiento
estudiantil en la UNAM (a manera de conclusión)
La medición del desempeño del CGH como la organización que condujo el
movimiento opositor a las cuotas en 1999-2000 se puede hacer desde dos
perspectivas. La primera es en función de sus propios objetivos explícitos, los
cuales se expresaban de manera muy clara en el pliego petitorio. Desde este
enfoque y solo desde este enfoque, podríamos hablar del CGH como una
organización exitosa
28
, puesto que de los seis puntos, cinco fueron cumplidos,
cuando menos de manera parcial. El que fue postergado para su discusión en
un eventual congreso que reformaría a la Universidad fue la exigencia de la
derogación de los Reglamentos Generales de Exámenes e Inscripción aproba-
dos en 1997. En este sentido podemos decir que el CGH fue una organi-
zación eficaz porque convocó, movilizó y organizó a miles de estudiantes
con el objetivo inicial de derrotar la reforma al RGP aprobada el 15 de
marzo de 1999 por el CU y lo consiguió. Su acción se vio reflejada en la sus-
pensión de un reglamento universitario de suma relevancia no sólo para la
vida de la UNAM, sino para el subsistema de educación superior en nuestro
país
29
y mantuvo el carácter gratuito de la UNAM. Es importante que
señalemos que desde la lógica objetivos/logros, el CGH obtuvo su primer
gran victoria desde el 7 de junio de 1999 cuando por iniciativa del Rector
Barnés el CU aprobó un nuevo reglamento de pagos en el que las cuotas se
28
Aunque aquí se podría alegar que los acuerdos del CU del 6 de enero de 2000, no fueron logros exclusivos del
CGH sino más bien del movimiento estudiantil opositor a las cuotas.
29
El RGP de la UNAM es muy importante porque esta institución es un referente obligado de análisis en cuanto
a diseño y aplicación de políticas públicas relacionadas con la educación superior en el país. La UNAM es una
de las pocas instituciones de educación superior pública que no cobra cuotas a los estudiantes, lo que genera una
presión de otras instituciones públicas que sí lo hacen.
cuestiones contemporáneas
98
hacían voluntarias y los montos ‘indicativos’ (Barnés, 1999). Sin embargo,
esta decisión de la Rectoría y del CU no fue suficiente para el CGH, porque
si bien en buena medida resolvió el tema que originó el conflicto desde
febrero de 1999, no daba respuesta a una demanda que paulatinamente
había cobrado mayor importancia, no sólo para los miembros de la organi-
zación estudiantil, sino para una parte importante de los universitarios: la
reforma de la UNAM por la vía de un espacio
30
en el que pudiera participar
la comunidad, más allá de la representación estipulada en las formas de go-
bierno. Probablemente la principal razón por la que esta demanda se hizo
paulatinamente más importante fue por la forma en la que fueron aprobadas
las cuotas el 15 de marzo de 1999: una sesión del CU fuera de su recinto
habitual (abarrotado de policías y miembros de la seguridad universitaria) a
la cual numerosos consejeros no fueron convocados (Deméneghi y
González, 2000; Ibarra y Muñoz, 1999). A pesar de que desde el 7 de junio
de 1999 el CGH comenzó sufrir una creciente presión debido a que algunos
consideraban que ‘ya había ganado’, la demanda de un congreso se convir-
tió en el eje de la lucha a partir de entonces. Situación que fue resuelta por
el CU el 6 de enero de 2000 cuando fue aprobada la "realización de un con-
greso universitario cuyas resoluciones deberán ser consideradas por todas las
autoridades correspondientes" (De la Fuente, 2000) y que podríamos con-
siderar la segunda gran victoria del CGH, en términos del pliego petitorio
que sostuvo durante casi todo el conflicto.
Ahora bien, la segunda perspectiva desde la que podemos observar el
comportamiento y éxito organizacional del CGH es a través de una mirada
analítica a su funcionamiento interno. Este examen nos ha llevado a encon-
trar una serie de problemas e incapacidades que ocasionaron un fun-
cionamiento muy deficiente.
Por principio de cuentas, encontramos lo que hemos llamado ‘el doble
esquema o nivel de representación’, que era la existencia de un mecanismo
formal de discusión y decisión formado por las asambleas de cada plantel
universitario y sus representantes y uno no formal, que rebasaba y suplanta-
ba al primero como espacio de deliberación y decisión, conformado por los
líderes de las corrientes y grupos estudiantiles. Lo interesante de esto radica
en que las discusiones públicas se hacían con acuerdos tomados previamente,
30
Se pensaba en un congreso como el que el CEU ganó en 1987 y que se llevó a cabo en la UNAM en 1990.
99
cuestiones contemporáneas
por lo que este espacio simplemente servía para ratificar consensos entre los
grupos estudiantiles o para la medición de fuerzas entre ellos cuando había
posiciones divergentes sobre la dirección de la organización estudiantil. Los
representantes de las asambleas no hacían un ejercicio de deliberación, sino
un enfrentamiento de monólogos, al llegar con posiciones irreductibles y
‘amarradas’ previamente.
También hemos señalado que el reemplazo del uso de cierto número de
votos por plantel por la emisión de resolutivos escritos en las reuniones gene-
rales del CGH fue muy perjudicial para el organismo estudiantil porque lim-
itaba enormemente la posibilidad del debate de ideas. Además, este proced-
er, suprimía la posibilidad de que fueran expresadas las posiciones minori-
tarias, por lo que debemos decir que en buena medida esta situación alejó a
miles de estudiantes que simpatizaban con el movimiento pero que no esta-
ban de acuerdo con los grupos dominantes en sus escuelas o facultades.
Otro factor que aisló al CGH de la comunidad estudiantil fue el uso de
las asambleas como el mecanismo de discusión y decisión, ya que no sólo
por su naturaleza alejaba a miles de estudiantes que no tenían las posibili-
dades de participar en ellas, sino que a través de su manipulación y manejo
le permitió a los grupos hegemónicos en cada plantel imponer su visión del
movimiento y expulsar a las posiciones minoritarias. El ‘asambleismo’ llevó
al CGH a ser una organización de cuadros y no masiva, ya que la diferen-
ciación entre los activistas y los no activistas comúnmente fue empleada para
impedirles a estos últimos la posibilidad de participar en las discusiones y las
decisiones sobre el futuro del movimiento.
Aunado a lo anterior hemos discutido que el mecanismo para la toma
de decisiones que el CGH empleó era muy complejo e intrincado. Lo que
lo convirtió en una organización muy ‘lenta’, incapaz de responder con
rapidez a los pasos que su interlocutor y los otros actores del conflicto
daban. Esta situación se agudizó enormemente por la desconfianza que los
integrantes del CGH se tenían entre ellos mismos y hacia las autoridades
universitarias, locales y federales, así como a los partidos políticos y otras
organizaciones de profesores, profesionales, de ex-alumnos, etc.
Finalmente, debemos decir que en términos de la operación política, el
CGH fue una organización muy deficiente. La forma en la que organizó sus
actividades de protesta y difusión y aquellas necesarias para mantener la po-
sesión y resguardo de las instalaciones universitarias fue casi siempre errática
cuestiones contemporáneas
100
y sin planeación. La operación política del movimiento respondía mucho
más a una lógica de disputa de los intereses de cada grupo o corriente estu-
diantil, que a una racionalidad que permitiera hacer crecer al movimiento y
terminar con el conflicto. El permanente enfrentamiento entre los grupos
estudiantiles se reflejó en un constante cambio de los liderazgos del
movimiento, lo que generó un movimiento que con el transcurrir de los
meses ‘endureció’ su discurso.
En resumen, aunque el CGH fue una organización eficaz en términos
de la evaluación de los logros y objetivos
31
, su incapacidad organizativa alejó
a miles de estudiantes (miembros y simpatizantes) conforme se prolongó la
huelga. Ya para el 6 de febrero de 2000 era una organización completamente
aislada, que había perdido su poder de convocatoria entre la comunidad uni-
versitaria y fuera de ella. El CGH fue una organización crecientemente
autoritaria que impidió que los estudiantes expresaran abiertamente sus
preferencias políticas y participaran en sus decisiones. La evaluación de su
legitimidad interna nos muestra un desempeño muy pobre, ya que con-
forme se prolongó el conflicto en la UNAM, demostró una enorme inca-
pacidad para "fomentar adhesión, representatividad, inclusión consistencia
y respaldo de los miembros, interesados, o beneficiarios" de la organización
y, "más específicamente, a las decisiones tomadas"
32
.
Si bien el CGH en un principio supo recoger el descontento generado
por las medidas tomadas por la Rectoría universitaria, conforme transcurrió
el conflicto se fue convirtiendo en una estructura controlada por grupos ale-
jados de los ideales estudiantiles que le dieron vida. Con el CGH tenemos a
una organización que termina por ser controlada por una minoría que
31
En este punto se abre una discusión muy amplia y con varias aristas. Una de ellas apunta que para algunos (inclu-
ido el CGH), los acuerdos del CU del 6 de enero de 2000 no respondían a lo que la organización demandaba.
Otra, que implica un debate todavía más amplio, nos lleva a observar el discurso de la organización estudiantil,
más allá del pliego petitorio, el cual estuvo impregnado de una permanente denuncia y manifestación opositora
al ‘neoliberalismo’, el ‘imperialismo’ y a lo que llamaron los ‘dictados del Fondo Monetario Internacional’ y el
‘Banco Mundial’, posiciones que se hicieron explícitas en la Plataforma de Lucha del CGH. Hablamos de una
especie de ‘metadiscurso’ que detrás del pliego petitorio defendía una posición política opositora a las reformas
estructurales del Estado mexicano, que según ellos tenían una expresión en las pretendidas modificaciones
reglamentarias en la UNAM. Desde la lógica de la evaluación organizacional (objetivos/logros) la eficacia del
CGH en la lucha en contra de tales políticas fue muy baja.
32
Para una brillante propuesta de evaluación de las asociaciones políticas, en donde la legitimidad interna es un
factor determinante,
vid
. Matilde Luna y Ricardo Tirado "Modos de toma de decisiones en las asociaciones y
desempeño político" en este mismo número.
101
cuestiones contemporáneas
impone (algunas veces con la violencia) sus puntos de vista a todos los demás
miembros y que la aleja de los objetivos inicialmente planteados. Por
supuesto, el futuro más probable de una organización como esta es su
desaparición. Tal y como sucedió meses después de que concluyó la huelga
estudiantil el 6 de febrero de 2000.
Una de las experiencias más importantes que nos dejó este conflicto fue
haber corroborado la necesidad de un canal institucional de expresión y
organización que permita ordenar y dar un cauce democrático a las deman-
das estudiantiles. Hay que señalar con toda claridad que la vía institucional
y las formas de gobierno en la Universidad demostraron ser incapaces para
recoger y entender el sentir estudiantil. El Rector Barnés desestimó e ignoró
un movimiento que se comenzó a gestar desde febrero de 1999 y el cual,
lejos de las interpretaciones conspiraticias que proliferaron durante aquellos
meses, fue en buena medida producto del descontento de miles de estu-
diantes, no sólo por las reformas impulsadas (de las que la desinformación
abundó), sino por la forma en la que son tomadas algunas decisiones en la
UNAM. La ausencia de una estructura de representación estudiantil perma-
nente en donde los alumnos pudieran discutir libremente sobre los asuntos
universitarios fue una causa directa de la conformación de una organización
como el CGH, con las características que ya hemos descrito. Pero no sólo
eso, esta ausencia, ante un Rector entonces más proclive a negociar con los
estudiantes (De la Fuente, 1999b), como lo fue el Dr. Juan Ramón De la
Fuente, impidió la emergencia de un interlocutor que rebasara al CGH, que
por aquellos momentos había mutado en una organización casi por comple-
to carente de sustento estudiantil o social. Aunque en algunas dependencias
de la UNAM como las facultades de Derecho o Medicina existen pequeñas
federaciones estudiantiles, históricamente éstas han respondido mucho más
al esquema corporativista y clientelista que prevaleció durante el régimen
priísta, que a esfuerzos reales por organizar de manera democrática y plural
al estudiantado universitario, el cual actualmente se encuentra completa-
mente desorganizado y desprovisto de espacios políticos de deliberación e
interacción abiertos a la diversidad propia de la comunidad de la institución.
En países como el Reino Unido o Canadá, e incluso algunas naciones
latinoamericanas como Chile o Argentina, las universidades más impor-
tantes cuentan con federaciones y ‘sindicatos’ de estudiantes organizados
democráticamente que ordenan y dan fluidez a sus demandas y preocupa-
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ciones. En términos políticos ejercen la representación de los estudiantes,
pero para ello se realizan elecciones periódicas y se establecen mecanismos
de rendición de cuentas. Varios de estos casos van más lejos al sostenerse
financieramente mediante cuotas aportadas por los estudiantes, incluso
como una parte del pago de la inscripción o las colegiaturas que se hacen a
la universidad, que les permiten contratar personal para la mejor realización
de sus actividades. En algunos casos, estas organizaciones estudiantiles
pueden resultar más próximas o lejanas a las autoridades universitarias, pero
eso está definido en última instancia, por mecanismos democráticos en los
que los estudiantes eligen a sus representantes y los someten a escrutinio
continuo. Lo importante al rescatar estas experiencias radica en que
podemos observar que desde la comunidad estudiantil se reproducen esque-
mas de participación democrática que al sedimentarse pueden expandir el
horizonte democrático más allá del espacio de disputa partidista, muchas
veces interiorizando en los alumnos prácticas que pueden contribuir al for-
talecimiento de la vida democrática en el sistema político así como propiciar
una discusión sobre los temas de la institución en la que estudian. Por
supuesto, esto requiere de un análisis mucho más profundo que rebasaría los
límites de este trabajo, sin embargo, decir que en la UNAM se requiere de
una organización democrática capaz de concentrar las demandas estu-
diantiles y de hacer fluir el diálogo (ahora prácticamente inexistente) en una
comunidad de más de 260,000 alumnos de muy diferente clase social, for-
mación profesional e ideología no suena del todo descabellado.
Recibido el 28 de enero del 2005
Aceptado el 22 de febrero del 2005
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