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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Regionalización y formación de sociedades
supranacionales:
El paradigma de la Unión Europea
Magdalini Psarou*
Resumen
En este artículo, la autora aborda la formación, características e impacto histórico
del Estado-nación como preámbulo a la temática de la Unión Europea, el ejemplo
más avanzado de integración regional multinacional, y su realidad actual. El análisis
se centra en las problemáticas derivadas de su gestación, funcionamiento y apli-
cación como un macro proyecto político, económico, social, cultural y de identidad
destinado a ser ejemplo de unidad, tolerancia y aceptación de la alteridad en una
realidad antagonizada entre la globalización y la regionalización.
Abstract
In this article, the author analyses the formation, characteristics and historical impact
of the Nation-State as a preamble to the European Union thematic, the more
advanced example of multinational- regional integration, and its nowadays reality.
The analysis is centered in the problems caused by its gestation, functioning and
application as a macro political, economical, social, cultural and of creation of iden-
tity project destined to be an example of unity, tolerance and acceptance of the alter-
ation in an antagonist reality between globalization and regionalization.
Palabras clave:
Estado-nacional, capitalismo, regionalización, Unión Europea, pro-
cesos de integración.
* Universidad de Macedonia, Ciencias Sociales y Económicas, (
Department of International, European Economic
and Political
) Calle Egnatia 156, GR-540 06 Tesalónica, Grecia.
cuestiones contemporáneas
56
Los límites que pone el capitalismo al Estado nacional
Durante largo tiempo las formas de organización social surgieron sobre enti-
dades conformadas de pequeños conjuntos sociales. Cualquier forma orga-
nizativa anterior a la era capitalista no tenía mayor capacidad de expansión
más allá de ciertos límites que resultaban ser siempre regionales. Se creaban
regiones autónomas y autosuficientes derivadas de diversas formas organiza-
tivas como las despóticas, las del Estado-ciudad, las feudales e, inclusive, las
imperiales (Roma, Bizancio, el Imperio Otomano, etc.). Si bien estas formas
pudieron ser más o menos complejas y permitir una mayor o menor partici-
pación de sus miembros en el quehacer social, siempre tuvieron, sin embar-
go, alcances espaciales limitados. Estos límites se determinaban, por supuesto,
por las condiciones objetivas que conformaban los elementos culturales, cien-
tíficos y tecnológicos en cada época.
Por otro lado, el ser humano organizado en sociedades más o menos
estructuradas suele constantemente ampliar sus dominios, incorporar
regiones e integrar conjuntos sociales cada vez más grandes. En su etapa más
avanzada, y dicho esto en términos de evolución, los
Estados nacionales
aparecieron como una forma ampliada de organización social. Aunque sus
espacios en la mayoría de los casos fueron más restringidos a los que corres-
pondieron a los imperios, se caracterizaron por su cohesión interna y su ten-
dencia hacia la homogenización de sus componentes sociales. La llegada a
esta forma pasó por tiempos y procesos sociales que acontecieron durante
milenios en los cuales se dieron infinidad de luchas sociales en más de un
sentido y abundancia de formas organizativas. Como es sabido, la época de
formación de los Estados nacionales no sólo coincidió con la etapa de tran-
sición del feudalismo al capitalismo sino que, su vez, las naciones sirvieron
de base para la consolidación del propio modo de producción capitalista.
Mientras que la revolución industrial sirvió como punto de referencia que
indicaba el tiempo social de evolución de las relaciones productivas y sociales
específicas para la conformación del capitalismo, la nación constituyó el
espacio concreto donde al principio se dio la transformación de la sociedad
de los artesanos a la sociedad de los industriales. La formación del poder cen-
tral y de las naciones fue consustancial a la configuración de una conciencia
social con características específicamente nacionales (patriotismo, rechazo a
57
cuestiones contemporáneas
la intervención externa, competitividad económica, proteccionismo) que
atravesó todos los reglones de la vida del hombre.
Sin duda alguna, la formación del Estado nacional fue un hecho sus-
tantivo y significó la unificación de las diferentes regiones (o feudos) más o
menos homogéneas bajo el auspicio de un poder central. "Al mismo tiempo
los Estados nacionales crearon fronteras políticas y legales, para excluir
cualquier otro que no fueran sus ciudadanos. El pasaporte —que proviene
del
passé-partout
, que anteriormente se daba para protección de los via-
jeros— fue entonces un documento obligatorio de
existencia legal
, símbolo
de dependencia del individuo del Estado-nación. La noción de que alguien
no perteneciera a un Estado era inconcebible".
1
La conformación de las
fronteras nacionales, tanto a nivel empírico-espacial como también en su
expresión espiritual: pensamiento, ideología y
sentimiento de
pertenencia,
vino a reemplazar a aquellas de índole meramente local.
2
La dimensión
comunitaria localista se reemplazó por la del Estado nacional y permaneció
el sentimiento de pertenencia a un espacio y sociedad concretos, con lengua-
je y maneras de comunicación comunes.
3
La formación del Estado nacional
también cambió significativamente los niveles estructurales de la sociedad,
desde sus funciones político-administrativas hasta sus relaciones sociales, lo
que daría un nuevo significado social al fenómeno étnico. La cuestión
nacional resultaría muy compleja y se convertiría además en un punto de
expresión de la acumulación de múltiples elementos de la organización
comunitaria que habían existido anteriormente durante siglos.
El Estado nacional, aparecido en la época de la burguesía, no se gestó
para una sociedad en concreto sino que fue un proceso histórico mundial.
Su formación se relaciona con características que apuntan a la necesidad del
sistema capitalista de sobrevivencia y de expansión. Max Weber, refiriéndose
al
Estado occidental racional
, señala que "La lucha continua, pacífica y de
guerra entre los Estados nacionales que pugnaban por la fuerza, creó las
máximas posibilidades de capitalismo occidental de los tiempos modernos.
Cada nación estaba obligada al antagonismo para asegurarse la generosidad
del capital, el cual imponía al Estado las condiciones para ayudarlo si éste
1
Stuart Woolf, O.
Εθνικισµσζ στµη Ευρωπη, Θεµελιο, Αθηνα
, 1995, p. 14.
2
Max Weber,
Economía y Sociedad
, México, Fondo de Cultura Económica, 1974.
3
Benedict R. Anderson,
Comunidades Imaginarias
, Atenas Nefeli, 1997, cap. 2.
cuestiones contemporáneas
58
quería obtener fuerza. De la alianza obligada del Estado con el capital surgió
el estrato nacional de los burgueses, de la clase burguesa, en el sentido mo-
derno de la palabra. Entonces, el Estado nacional, plenamente desarrollado,
es aquel que asegura al capitalismo sus posibilidades de continuación. Si el
Estado nacional no está sustituido por un imperio mundial, continuará tam-
bién el capitalismo".
4
Igualmente, y al nivel de las creencias y los valores, los
fenómenos de la cultura occidental también fueron elementos sustanciales
en la formación de la sociedad burguesa y del Estado nacional. Esta forma
de organización específica de las fuerzas sociales, nacionales e internacionales
estuvo diseñada para impulsar el desarrollo del capital
5
. Por ello,
en épocas
de fuerte estancamiento, los Estados nacionales aparecieron siempre como
ejemplos para ser imitados.
6
Por otro lado, hay que recordar que el Estado nacional se conformó a
través de largos procesos de centralización: administración pública central-
mente dirigida, cuerpo judicial nombrado centralmente, moneda y sistema
de impuestos centralmente controlados, ejército profesional, etc. Todo ello
se produjo unido a un sistema socioeconómico cuya característica funda-
mental era la incansable expansión hacia todos los espacios posibles. Estos
movimientos contrarios entre sí fueron elementos también substanciales y
formaron parte del
conjunto de contradicciones del sistema capitalista
. A la
larga, la tendencia expansionista se hizo cada vez más dominante cuando los
países ampliaron constantemente los territorios de dominio y de las fron-
teras nacionales. Desde el siglo XVI en adelante surgieron tendencias hacia
la sustitución del Estado nacional por otros de corte macro geográfico, con
sistemas políticos internacionales y dominio imperial.
Es preciso mencionar que los efectos de la revolución tecnológica y los
procesos de modificación de las relaciones sociales que caracterizaron a los
movimientos sociales durante la segunda mitad del siglo pasado, fueron
teóricamente planteados en cierto sentido desde finales del siglo XIX y prin-
cipios del XX. Los teóricos de la época han dado las explicaciones y han
planteado las causas por las cuales el capitalismo, como conjunto socioe-
conómico, no podría renunciar a su característica fundamental que es su
4
M. Weber,
op. cit.
5
T.C.W. Blanning,
The Culture of Power and the Power of Culture,
Oxford, Oxford University Press, 2002, p. 279.
6
Wolfgang J. Mommsen,
La época del imperialismo (1885-1914)
, Madrid, Siglo Veintiuno Editores, 1981
(Historia Universal Siglo XXI, 28).
59
cuestiones contemporáneas
permanente expansión. De esta compresión aparece el concepto de la totali-
dad y se utiliza como concepto epistemológico fundamental para la expli-
cación. Como concepto básico fue utilizado por los grandes evolucionistas y
los pensadores que comprendieron los procesos sociales como procesos que
contienen intrínsecamente el cambio y la transformación. Tanto Carlos
Marx como también Max Weber, los cuales se ocuparon del análisis del sis-
tema capitalista y formularon cada quién una propuesta teórica global para
ello, hicieron énfasis en el carácter expansionista y evolucionista del mismo
y previeron, cada uno a su modo, la tendencia a la globalización de los pro-
cesos que lo caracterizan.
Sin embargo, no hay que soslayar el hecho de que durante la fase
histórica en la cual fue dominante el poder del capital industrial, la fuerza
del Estado nacional siguió vigente y esto por dos razones: 1) debido a la
necesidad de proteger al capital industrial nacional y sus productos, cuando
tecnológicamente no estaba todavía en condiciones de máxima movilidad y
2) por las desigualdades existentes entre naciones y sociedades en general,
que permitía que algunas de aquellas jugaran un papel dominante y obtu-
vieran mayores beneficios que otras.
Por lo anterior, los países que desarrollaron la forma capitalista necesi-
taron del Estado nacional para proteger sus intereses nacionales e interna-
cionales. La competencia entre las burguesías nacionales creó la necesidad de
regularización del antagonismo. El Estado nacional se encargó desde muy
temprano de la creación de reglas nacionales e internacionales de intercam-
bio comercial. Para regular estos antagonismos se formaron las instituciones
necesarias como los parlamentos, los partidos y otras, que se extendieron al
conjunto de la vida social en las naciones estatales.
7
Paralelamente al factor
económico-industrial, se desarrolló el régimen de la democracia burguesa
que, más allá de su sentido político, afectaría todas las instancias de la vida
social (económica, política, ideológica) al desarrollar conceptos, para
entonces novedosos, como el de la tolerancia de creencias y valores.
A nivel internacional, los Estados-nación fueron incapaces, por carecer de
instituciones
ad hoc
, de crear fuerzas sociales y formas políticas de integración
supranacionales. Sin embargo, la metodología capitalista sí se internacionali-
7
David Gross,
The Past in Ruins, Tradition and the Critique of Modernity
, Boston, The University of Massachusetts
Press, 1992, pp. 89-90.
cuestiones contemporáneas
60
zó: la disminución del costo de producción y el aumento de los ingresos sig-
nificó la maximización de las ganancias, fórmula que devino central para el
funcionamiento del capitalismo a nivel mundial. También fue fundamental
que cada actividad productiva se realizara geográficamente donde su costo
fuera más bajo y los productos se vendieran donde los precios resultaran más
altos. A fin de movilizar el capital, se disminuyó el costo de las comunica-
ciones y transportes al tiempo que se aumentó su rapidez. Con el soporte de
todas aquellas posibilidades que ofrece la tecnología electrónica, se desarro-
llaron nuevos sistemas de comunicación, administración y control en el sector
empresarial. Si la tecnología permitió la aceleración del desarrollo de la
economía global actual, el comportamiento social y las actividades estatales
crearon las organizaciones de la economía mundial, pues para el desarrollo
de una economía global las ideologías son igualmente importantes como las
tecnologías.
Procesos de globalización y de regionalización
Se puede decir que durante largo tiempo los criterios de comparación
y clasificación de las sociedades surgían de las características sociales, étnicas
y raciales de los pequeños grupos humanos. Igualmente proporcionaban los
elementos de creación de teorías sociales, las cuales con sus planteamientos
apuntaban a la comprensión de formaciones sociales mayores que las
pequeñas comunidades. Paralelamente se desarrolló también la problemáti-
ca de
la homogeneidad o de la no-homogeneidad
en los conjuntos de los gru-
pos sociales. Esta cuestión aparece sistemáticamente en la teoría social y con
más fuerza conforme el dominio, la influencia y el control de algunos de
estos grupos se expanden y forman sociedades que abarcan espacios mayores.
Obviamente conforme más pequeño es un conjunto social más fácil es diag-
nosticar en él la homogeneidad respecto a sus estructuras y relaciones. Así,
parece que la homogeneidad es posible más bien en los pequeños conjuntos
de grupos humanos y, por el contrario, la no-homogeneidad aparece más
marcada conforme se amplía la extensión de la formación social hasta llegar
a nivel mundial. Actualmente, la comprensión y aceptación de la
no-homo-
geneidad social
, tanto a nivel internacional como también a nivel del Estado
nacional, constituye un elemento substancial de explicación y de aproxi-
61
cuestiones contemporáneas
mación teórica tanto a los fenómenos mundiales como a aquellos que
definen la práctica social.
Se observa que en la mayoría de los países el sentido de
nacionalidad y
de estado nacional
fue desarrollado con base en el modelo del Estado bur-
gués, mismo que caracterizaba a los países industrialmente más desarrolla-
dos. Desde la época de la revolución industrial muy pocas naciones —siete
u ocho— fueron las que tenían la posibilidad de difundir el nuevo sistema.
Claro que para su expansión no fue necesario que acontecieran en todos los
lugares los mismos procesos que sucedieron en las metrópolis. Incluso, para
muchas sociedades, ni siquiera era necesaria la creación del Estado nacional,
pero como esta forma era la organización social que a partir del siglo XVIII
se conformaba en Europa, fue mucho más fácil que se utilizase para organi-
zar las "nuevas sociedades capitalistas". Estas fueron sociedades que con la
expansión del capitalismo se incorporaron al sistema del Estado-nación con-
formando así, y junto con otros elementos, las características de la fase del
imperialismo y del colonialismo.
Ahora bien, es importante tener claro que cuando se habla del Estado
nacional se está utilizando un concepto que hace referencia a un sistema
socioeconómico complejo, que abarca todas las instancias económicas,
políticas, sociales, nacionales e internacionales. Esta complejidad no volvió
a darse en ninguna otra parte del mundo, por lo menos no con la misma
plenitud, que se dio en los países de formación del capitalismo primario. Lo
que sí pasó, y sobre todo en la etapa imperialista, es que la forma capitalista
se expandió a casi todas las sociedades. En este sentido sí se formaron por
todo el mundo entidades cuyas acciones iban más allá del ámbito mera-
mente nacional.
Por todo lo dicho anteriormente, es comprensible que durante el tiem-
po que comprende el siglo XIX y la primera mitad del XX todos, o casi todos,
se conformaran con la idea de que el Estado-nación era una organización
social única y que el Estado era la instancia que tenía el derecho y la
obligación de controlar la economía nacional, de dominar los procedimien-
tos de regulación del quehacer social y económico y de conformar, desarro-
llar o modificar la sociedad. Esta creencia era tan profunda que incluso se
formaron corrientes de pensamiento económico y político progresista que
promovía movimientos de transformación social desde dentro del Estado.
De la misma manera, se aceptaba que el Estado dispusiera de todos los
cuestiones contemporáneas
62
bienes de la nación, incluso del producto nacional. El resultado de todo esto
fue el reforzamiento de la legitimidad de dominio del Estado.
Sin embargo, el Estado nacional no dejó y no ha dejado de ser el ele-
mento constitutivo del sistema capitalista cuya característica principal es la
producción de mercancías. De acuerdo a Carlos Marx un sistema que pro-
duce
mercancías
necesita individuos que las producen y las consumen de una
manera concreta, o sea, a través de procesos socializados tanto de la produc-
ción como del consumo. Además, resulta indispensable que se separe el acto
de la producción del acto del consumo.
8
Esto significa que la producción
puede hacerse en un lugar y consumirse en algún otro. Estas son caracterís-
ticas fundamentales que la distinguen de cualquier otro modo de produc-
ción anterior al capitalista.
Como ya se mencionó, durante largo tiempo el Estado-nación fue la
única instancia, o por lo menos la más significativa, que se encargó de la
creación de reglas nacionales e internacionales de intercambio comercial.
Pero conforme el capitalismo se expandió el Estado nacional resultó cada
vez más insuficiente para auspiciar el crecimiento del orden capitalista; fue
necesario entonces que se formaran nuevos principios e instituciones que
emitieran reglas —productivas, sociales, políticas, culturales, nacionales e
internacionales— para el buen funcionamiento del capitalismo, reglas que
debían estar por encima de una cultura y de una nación concreta. Así, se
hizo cada vez más fuerte la tendencia de sustituir al Estado-nación por insti-
tuciones metaestatales con dominio y legitimación propias, cuyo propósito
no es otro que regular las relaciones capitalistas internacionales a través de
toma decisiones que afectan a una gran gama de regiones y del control de las
organizaciones y los ciudadanos en el interior de los Estado nacionales.
Paralelamente, y debido a la propia debilidad del Estado nacional, han
revivido las tendencias separatistas de los innumerables grupos étnicos, por
iniciativa propia o inducida, que en el pasado se habían incorporado, inclu-
so de manera violenta, al cuerpo del Estado-nación en su etapa formativa.
Han hecho
su aparición las agrupaciones regionales y, con ellas, el término
regionalización el cual ha ido acompañado, a su vez, por el de
formaciones
sociales regionales
. Estos términos definen una realidad que está rebasando a
la del Estado-nación. La regionalización, de acuerdo a Drucker, no forma un
8
Carlos Marx,
La Ideología Alemana
, México, Grijalbo, 1947.
63
cuestiones contemporáneas
súper-Estado, al contrario, en tanto que gobierno forma unidades adminis-
trativas regionales las cuales están en condiciones de sustituir el Estado
nacional.
9
Sin duda, la regionalización es la nueva realidad a partir de la
segunda
mitad del siglo XX en adelante. La Unión Europea es una región
constituida ya en los términos anteriores, pero también hay tendencias de
regionalización a través de tratados de mercado común, como el que se creó
en 1994 entre Estados Unidos, Canadá y México (
North American Free
Trade Agreement
, NAFTA, o por sus siglas en español, TLCAN —Tratado
de Libre Comercio de América del Norte—)
10
, y muchos otros que crean
regiones económicas en Asia y en América. La tendencia actual indica que el
futuro estará marcado por la intensificación de los procesos de regionali-
zación y de integración social cada vez más profundos en estas regiones. Se
ha observado que en los lugares donde estos procesos están avanzados han
sido creadas entidades administrativas y de gobierno que sobrepasan el
Estado nacional en aspectos muy importantes.
A pesar que la regionalización parece ser un proceso irreversible, sobre
todo por la nueva realidad económica que esta conformándose a partir de la
consolidación del poder del capital financiero mundial, los conflictos
sociales siguen siendo graves. El movimiento hacia la creación de forma-
ciones sociales multinacionales raramente es unilineal, por lo que resulta
muy complicado homogenizar realidades que representan sociedades bas-
tante diferenciadas. A través del proceso de regionalización se trata de for-
mar unidades económicas más fuertes que puedan responder a un cierto
control de las fuerzas de libre comercio. Por el poder que tienen ya las fuerzas
mundiales, las naciones están obligadas a ser sociedades abiertas. Claro, esto
no es algo totalmente nuevo, desde siempre el dinamismo de expansión del
capital ha provocado grandes desajustes en las sociedades donde se intro-
ducía. Comparando la violencia del pasado con las experiencias del presente,
parece ser que ésta se ha multiplicado incomparablemente. Aparece entonces
la regionalización como una manera de fortificación de la sociedad pero, ¿será
así?, ¿podrá sustituirse el Estado nacional?, en caso afirmativo, ¿se logrará una
mayor cohesión social?
9
Peter F. Drucker,
Post capitalism society
, New York, Harper Collins Publishers, 1994.
10
Germán A. de la Reza, "Del
spill-over
a la intergubernamentalidad: ¿Hacia un nuevo paradigma de la integración
en las Américas?", en Alejandro Chanona
et a
l. (dir.)
La Unión Europea y el TLCAN
, México, Universidad
Nacional Autónoma de México, University of Miami, 2004.
cuestiones contemporáneas
64
Antecedentes a la formación de la Unión Europea
En el proceso de expansión mundial del capitalismo y también de la forma-
ción de las alianzas regionales, ha jugado un papel muy importante el
comunismo. El dicho popular que afirma "que uno nunca sabe para quien
trabaja", se aplica perfectamente en algunos de los sucesos que se dieron
antes de la Segunda Guerra Mundial y durante la misma, como también a
las acciones posteriores que tenían como objetivo la reconstrucción de las
sociedades afectadas por la guerra. Estas acciones, dicho de paso, se
dirigieron prácticamente a la construcción de una nueva forma de organi-
zación del mundo. Muy probablemente sin la amenaza del comunismo el
mundo actual sería diferente. Quizás hasta el conflicto mundial se hubiera
evitado pues precisamente fue la lucha contra el comunismo la que se con-
sideró como un asunto de importancia capital,
no por el número de países
involucrados, sino por el dominio de diferentes territorios socioeconómicos
con intereses contrarios.
Justamente esto pasó y al final de la guerra los
Estados Unidos consolidaron su dominio internacional y los países europeos
salieron de ella económicamente destruidos.
Sin la Segunda Guerra Mundial puede ser que se hubiera prolongado
un poco más la etapa del colonialismo y muchos otros fenómenos hubieran
entrado en el escenario de los antagonismos internacionales. En cambio,
sucedió lo que ya conocemos con significativas consecuencias como la
creación de las condiciones para la realización de los proyectos de expansión
de los Estados Unidos y el control de los países de Europa occidental a través
de la reconstrucción de sus economías. El
European Recovery Program
, mejor
conocido como el Plan Marshall, se implementó por varias razones entre las
que destaca el fortalecimiento del capitalismo y el freno de la expansión de
la ideología comunista. Uno de los resultados de la restauración económica
europea fue el inicio de la formación social que hoy, cincuenta años después,
conocemos como Unión Europea. En términos generales se puede decir ésta
es resultado también del propio proceso de globalización que se basa en la
regionalización que, como eslabón intermedio, propicia la conformación de
conglomerados sociales regionales compuestos por varias naciones que
crean, al principio, un mercado común donde las transacciones mercantiles
internaciones se convierten en mercado interno.
65
cuestiones contemporáneas
Claro está que la formación de regiones de libre comercio crea también
nuevos conflictos por lo menos en dos sentidos: uno se relaciona con el pro-
ceso que obliga al Estado nacional a ceder parte de su soberanía y poder. El
segundo se refiere a los nuevos conflictos y antagonismos entre las entidades
de mercado común regional y las fuerzas que actúan en la esfera del comer-
cio mundial. Así, se observan tendencias proteccionistas al interior de este
nuevo y ampliado mercado regional lo cual genera conflictos con las instan-
cias que operan mundialmente (La
Unión Europea suele enfrentarse con
este tipo de conflictos, sobre todo por sus políticas proteccionistas al inte-
rior del mercado común europeo). A un nivel más ampliado se repite el
antagonismo aunque se supone que hay mayor capacidad de negociación y
de imposición hasta cierto punto de posiciones distintas. A pesar del protec-
cionismo, existe un cambio sustancial, porque ahora el acceso al mercado no
es un derecho que se concede automáticamente, sólo por pertenecer a una
nación concreta, sino que debe ganarse en el terreno de la productividad y de
las fuerzas que actúan a nivel mundial.
La cuestión de la regionalización es una cuestión compleja, no sólo por
razones de funcionamiento del mercado. En la Unión Europea, que hoy día
incorpora 25 Estados nacionales
11
, se ha edificado un mercado común que
no hay que confundirlo con las zonas de libre comercio, porque éste incluye
todas las características de un mercado interno supranacional así como en el
pasado fue el mercado nacional interno. Además, contiene la instancia
político-ideológica necesaria ya que se logró construir una visión común
para los ciudadanos de los países-miembros. Una visión política que ha per-
mitido la construcción de una organización social bastante sólida, respaldada
por las instituciones y las leyes. Actualmente se está tratando de construir las
instancias de la política exterior común, que prácticamente es el paso sustan-
tivo, junto con la constitución y las leyes comunes, hacia la confederación
de Estados cuya característica específica es la amplia autonomía relativa de
sus partes. Por otro lado, los intentos de creación de las zonas de libre comer-
cio presentan hasta ahora serias dificultades de estabilidad. No avanzan en su
evolución, su sobrevivencia es bastante baja y existe una alta movilidad e
incertidumbre. Por ejemplo, en la zona del pacífico no se han presentado
11
Los 25 miembros de la UE son: Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España,
Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos,
Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa y Suecia. (N.E.).
cuestiones contemporáneas
66
todavía las condiciones para la creación de un mercado común. Tampoco
existe en el NAFTA un clima socioeconómico e ideológico lo suficiente-
mente amplio como para propiciar la creación de una visión política de
unificación. El conflicto entre proteccionismo y libre comercio es aún muy
fuerte.
A diferencia de lo dicho anteriormente, la
Unión Europea, cuyo nom-
bre hasta la década de los 90 era Comunidad Económica Europea, se inició
con seis países que tenían: un desarrollo capitalista similar, serios problemas
económicos por la guerra y una tarea de reconstrucción de daños provoca-
dos en su territorio que movilizó todas las fuerzas productivas y sociales y
propició altas tasas de desarrollo. Al principio el intento de unificación se
centró en procedimientos de cooperación económica. El resultado fue la
creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero o CECA, orga-
nismo supranacional europeo que regulaba los sectores del carbón y del
acero de los países miembros. Constituida formalmente el 18 de abril de
1951, a través del Tratado de París, esta comunidad suele ser considerada
como la "semilla" de la actual Unión Europea. El tratado fue firmado por los
representantes de Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Alemania.
La CECA fortaleció las economías de los integrantes y sirvió como catapul-
ta para que sus integrantes pudieran iniciar su despegue económico.
Unión Europea: Una Formación Social Multinacional
El caso de la Unión Europea es sin duda parte del proceso de la globa-
lización-regionalización y también es el ejemplo más avanzado de inte-
gración regional multinacional. Treinta años después del Tratado de Roma en
1957 (entre los seis países iniciales) se llegó al Tratado de la Unión Europea,
mejor conocido como Tratado o Acuerdo de Maastricht. En este acuerdo de
1992, los países integrantes
12
tuvieron la voluntad de rebasar la fase de libre
comercio y pasar a la de creación de las condiciones de formación de una
Unión Europea. Efectivamente, el Tratado de Maastricht consagra oficial-
mente el nombre de "Unión Europea" que en adelante sustituirá al de
12
Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Alemania, Dinamarca, Irlanda, Reino Unido, Grecia, España
y Portugal. (N.E.).
67
cuestiones contemporáneas
Comunidad Europea. A partir de entonces, se trataron de intensificar los pro-
cedimientos de toma de decisiones y su ampliación en todos los niveles
socioeconómicos a través de los mecanismos y las instancias creadas durante
más de tres décadas: el Parlamento Europeo y
la Comisión Europea, o sea el
poder legislativo y el poder ejecutivo. También se han unificado prácticas
políticas a través de las agrupaciones a nivel del conjunto de la
Unión, en las
cuales participan los partidos nacionales. Igualmente, se formaron las cen-
trales de los sindicatos de los trabajadores que representan el conjunto de los
países de la Unión Europea. Y lo más interesante, las manifestaciones en
Bruselas se organizan con la participación de trabajadores de todos los países
miembros.
Durante varias décadas el peso primordial estuvo en la creación de una
estructura económica común. Se empezó a legislar para el funcionamiento
del Mercado Común Europeo y la Comisión Europea impuso leyes y pau-
tas comunes a todos los miembros. En otras palabras, se logró unificar en lo
fundamental la propia estructura de producción, distribución y consumo.
Paralelamente, se pusieron las bases para una política común respecto a la
movilidad de capital y de trabajo. También se procuró la creación de la
infraestructura de políticas educativas aceptables para todos los países inte-
grantes. A través de esta cultura educativa se ha empezado a formar una
conciencia de pertenencia a una entidad mayor al mismo tiempo que se
conserva el sentimiento de identidad nacional. Claro, todo este proceso de
transformaciones no sucede de manera lineal. Por ejemplo, se observa que
junto con la creación de esta entidad mayor, vuelve de nuevo a hacerse pre-
sente e importante
lo local
, o sea reviven los sentimientos en distintas
regiones por sus propias peculiaridades culturales. No es casual el despertar
de los sentidos de pertenencia de la gente a alguna región, ni los movimien-
tos separatistas sobre la base de cuestiones étnicas en Europa.
La Unión Europea puede considerarse como uno de los más avanzados
paradigmas de integración supranacional. Parece ser que es teóricamente sig-
nificativo todo lo que está sucediendo actualmente en la formación de la
Unión Europea. Ésta constituye ya un ejemplo que permite estudiar y
analizar una realidad de organización social cuya característica principal es el
intenso proceso de integración entre diferentes naciones y culturas. El con-
cepto de
formación social
, que proporciona una base teórica de interpretación
de las entidades multiétnicas y multinacionales así como elementos de análi-
cuestiones contemporáneas
68
sis de sus fenómenos específicos, parecería ser útil para comprender la com-
plejidad que este fenómeno representa. También es importante explicar el
porqué del uso de dos términos para designar la misma realidad:
sociedad
supranacional
y
sociedad multinacional
. La utilización de estos dos términos
se debe a razones de precisión y distinción entre el poder y la sociedad. Así,
en estas entidades se entiende que: a) el poder y el gobierno es supranacional
y b) la formación social es multinacional y multiétnica.
La importancia que tiene el estudio de la Unión Europea para la teoría
de la formación social supranacional, se debe al hecho de ser el primer inten-
to de reordenar y ampliar en profundidad el mundo del Estado-nación y
encaminarlo hacia entidades multinacionales. En esta fase de evolución el
sentido de las regiones específicas rebasa las fronteras de la unidad geográfi-
ca del Estado nacional, haciendo que
la regionalización aparezca como un
proceso paralelo a la creación de entidades multinacionales
adquiriendo un sig-
nificado más abstracto. Por ejemplo, en el interior de la U. E. las políticas de
desarrollo no se dirigen más a países como un todo sino a regiones con pro-
blemas parecidos y se agrupan con base a ellos; los criterios no obedecen a
un concepto geográfico sino a condiciones socioeconómicas comunes.
También se modifican los valores y las ideologías propias alrededor de la
noción del Estado nacional. En este sentido, o la Unión Europea es el primer
ejemplo de esta nueva fase, en la que se encuentra el proceso evolutivo del
sistema mundial, o está destinada a ser un caso aislado, único, que tal vez no
se repita en otras regiones del globo.
A partir de 2004, con la ampliación y la incorporación de otros 10 paí-
ses en la U.E., se plantea la aceptación de una constitución
13
por todos los 25
países miembros. La nueva organización multinacional difiere del federalis-
mo o de la asociación. En la nueva modalidad de organización social los
Estados nacionales convergen en una entidad de poder común superior a
cada uno de los copartícipes. Paralelamente, los Estados nacionales conser-
13
Los distintos tratados que actualmente fijan las normas de funcionamiento y actuación de la U.E. deberán ser reem-
plazados por un nuevo documento conocido técnicamente como "Tratado constitucional" —oficialmente,
Tratado
por el que se establece una Constitución para Europa
con el que se pretende dotar a la Unión Europea y a sus ciu-
dadanos de una auténtica representación dentro y fuera de ella. Para que entre en vigor el 11 de noviembre del 2006,
la Constitución tendría que ser ratificada por todos los Estados miembros, de conformidad con sus respectivas nor-
mas constitucionales. Hasta el momento el tratado ha sido ratificado por los parlamentos de Lituania, Hungría,
Eslovenia, Italia, Grecia, Eslovaquia, Austria, Alemania y España. Pero ha sido rechazado recientemente por Francia
y Holanda lo que amenaza seriamente la viabilidad de esta constitución metanacional. (N.E.).
69
cuestiones contemporáneas
van las instancias de organización social local, el poder de administrar los
quehaceres de los ciudadanos y los bienes bajo una legislación común y con
derechos iguales a todos los integrantes de los miembros. En estas condi-
ciones aparece de nuevo la necesidad de explicación de este tipo de estructuras
y relaciones ya que
se está otra vez de frente a una problemática teórica de
dualidad de poderes
que necesita de análisis y abordajes conceptuales de acuer-
do a las nuevas circunstancias.
La U. E. pasó por diferentes etapas en las últimas décadas durante las
cuales fueron cambiando paulatinamente los mecanismos y la profundidad
en la toma de decisiones. De la regulación puramente fiscal de precios y
aranceles se pasó a regular toda la vida socioeconómica de los pueblos que la
integran. Si bien las directivas de la Comisión Europea dan actualmente
márgenes de libertad a los gobiernos de los países miembros en algunas de
las cuestiones económicas que les atañen, la planificación de la política
económica y social del conjunto se hace, sin embargo, de manera centra-
lizada en Bruselas y Luxemburgo, las sedes del poder y del gobierno
supranacional. En sus instancias de toma de decisiones, el gobierno de la
U.E. promueve simultáneamente políticas que afectan el conjunto de los
países miembros. Estos centros de poder funcionan a la par con los gobier-
nos nacionales que siguen operando con las conocidas características que
tiene el Estado nacional. Este proceso de toma de decisiones no siempre es
fácil ya que detrás de éste se suscitan intensas luchas entre grupos diversos
que representan aún intereses nacionales. También es cierto que muchas
veces, por satisfacerse los intereses de grupos o, a veces, de países enteros que
necesitan mayor tiempo para su incorporación, se retrasa la evolución del
conjunto de la Unión.
Sabemos que en los procesos de cambio de estructuras y de relaciones
los sectores de la población menos desarrollados o menos vinculados con
procesos de tecnología avanzada presentan mayor resistencia al cambio y a
la integración multinacional. Al contrario, los grupos humanos vinculados
con las fuerzas productivas más avanzadas luchan para que estas fuerzas sean
las dominantes. Por esta razón, a fin de modificar las estructuras existentes,
son indispensable los cambios en la mentalidad, en el comportamiento de
las gentes y en las estructuras de valores de los sujetos históricos.
Después de serios intentos durante casi cinco décadas, la U.E. en la
actualidad ha logrado un alto nivel de integración entre las sociedades de los
diferentes países que la integran; ya
no es considerada simplemente como
una suma de países. Al contrario, con sus diversas instancias configura una
entidad la cual contiene varios Estados-naciones en el sentido étnico y cul-
tural. Ahora ya no se trata de la integración nacional, o de la formación del
mercado nacional, o incluso de mercado común entre naciones. Se trata de
un proceso de integración de la sociedad multinacional, en otras palabras, de
la construcción de instancias políticas representativas, de economías unificadas,
de ideologías compartidas, de creencias y de valores comunes
. Esta realidad que
surgió en la segunda mitad del siglo XX y que aún sigue su configuración,
es de gran significación práctica y teórica, como ya se ha dicho, porque es
un intento de integración que trata en construir una formación social multi-
nacional y un gobierno supranacional. Esta formación social para ser fun-
cional debe expresar en sus instituciones y en la vida diaria de los ciudadanos
la síntesis de lo fundamental en lo existente particularmente
. Hay que subrayar
el sentido de lo fundamental, porque esta vez no se trata de la destrucción
de las diversas pautas culturales y especificidades de cada uno de los pueblos
integrantes, al contrario, el paradigma de la Unión Europea enseña que la
destrucción de las diversas pautas culturales y de las especificidades de los
grupos sociales no parece ser condición necesaria para la integración multi-
nacional. Lo que hoy se está buscando es el reconocimiento del significado
real de este nuevo espacio de organización social, a saber, que las regiones
multinacionales se están creando más sobre la base de problemáticas
comunes que sobre la necesidad de fronteras nacionales.
La formación social multinacional presenta, innegablemente, una
nueva realidad de organización de la sociedad. Rebasar las fronteras
nacionales significa superar también las ideologías que respaldan la perte-
nencia a un grupo nacional específico. En este proceso de cambio hacia un
nivel mayor de percepción y de abstracción también sobre la realidad, se for-
man sentimientos de pertenencia que integran diversos elementos y que son
comunes a todas las regiones, con culturas y comportamientos que en varios
casos tienen grandes diferencias entre ellas. Pero una sociedad democrática
es aquella que ha madurado y ha adquirido la capacidad de controlar y
restringir el poder estatal. Si esto no se identifica meramente con las funciones
formales del Estado democrático burgués (representación de los ciudadanos en
el parlamento, en los partidos y en las instituciones administrativas, legislati-
cuestiones contemporáneas
70
vas y ejecutivas), entonces se puede hablar de evolución de la sociedad civil
y de la democracia real.
Problemas sociales y culturales en el proceso de integración
De la misma manera que es difícil especificar el término de cultura en gene-
ral, lo es también para el de cultura en la era de la globalización. Tanto uno
como otro no tienen un solo significado sino muchos, dependiendo del
contenido de la discusión. Así, por ejemplo, cultura global podría ser un
conjunto de valores aceptado por la humanidad, igualmente podría ser una
manera mundialmente aceptada de concebir la humanidad o una manera
de concebir cualquier otro aspecto que interesa mundialmente. En estos
términos el concepto de cultura hace referencia a aspectos de la formación
de una conciencia común de lo universal. También por cultura podría enten-
derse la manera moderna de vida, de costumbres en el consumo y de las
maneras comunes que la gente tiene de percibir y de comportarse en varias
partes del mundo.
La globalización —o sea, la "contracción" del orbe gracias a la revolu-
ción de las comunicaciones—
familiariza a las distintas partes del
mundo
que se perciben cada vez más parecidas entre sí. En estas condiciones se está
conformando una cultura universal que tiene al principio un carácter mul-
ticultural, multidimensional, independiente del espacio y tiempo concretos.
Los tiempos y las distancias se reducen y, a veces también, las diferencias
entre los hombres. Vivimos una época de oscilaciones: en ocasiones se toma
conciencia sobre la universalidad de la especie humana y, en otras, la parti-
cularidad de los nacionalismos provoca conflictos cuando lo que se resalta
son las diferentes concepciones que sobre las tradiciones, las creencias y los
valores existen en las diferentes regiones del mundo. Bajo estas condiciones
y junto con la debilidad histórica actual del Estado-nación, han surgido
nuevas formas de organización del mundo. Las uniones regionales entre
países es una de ellas. Sin embargo, tampoco ha sido fácil para las gentes de
los países de la Unión Europea superar las diferencias en creencias, valores,
costumbres y, sobre todo, sentimientos de pertenencia a comunidades
nacionalistas que han sido, histórica y tradicionalmente, excluyentes.
71
cuestiones contemporáneas
cuestiones contemporáneas
72
La U.E. es más que nada una unión cuyo carácter político-económico
apunta a la defensa de los intereses de las gentes que viven en este espacio.
Se procura la mejor administración de las riquezas de tal manera que esta
entidad organizativa pueda ser eficiente y tener la fuerza de participar en los
procesos de toma de decisiones que afectan el quehacer mundial. La confor-
mación de esta organización social pasó por un largo proceso, cerca de
medio siglo, donde se han profundizado muchos aspectos que fortalecen la
unificación de sus partes integrantes. Sin embargo, para que haya éxito en
estos propósitos es indispensable que la U.E. sea reconocida como
entidad
integrada hacia fuera
, lo que comúnmente se entiende al decir
entidad con
política internacional única
. Para esto es necesario
consolidar su entidad inter-
na
, cuyos términos centrales se expresan en la del
ciudadano europeo
y en la
identidad europea
. Se puede afirmar que desde el punto de vista formal,
tanto lo uno como lo otro se han resuelto: con el parlamento europeo y con
el documento único de identificación. Pero desde el punto de vista cotidia-
no, fuera de las instituciones, la gente aún no parece darse cuenta de su
nueva condición así como de los nuevos derechos y obligaciones que se
derivan de ella. Por lo general, se puede decir que los europeos, de acuerdo
a varias encuestas que periódicamente se realizan, no se sienten exactamente
como tales; no han tomado conciencia del hecho que ya están viviendo en
una comunidad multicultural y que es necesario que aprendan a convivir y
a respetar a los demás que pueden tener pautas culturales diferentes.
Vale mencionar que la
cuestión europea
no es un problema nuevo, de
hecho ha causado a lo largo de los siglos serios antagonismos, conflictos y
guerras a nombre de las diferencias religiosas, étnicas, lingüísticas y fronteri-
zas. Por otro lado, la pretendida herencia cultural común de los europeos, no
es tan común. Estas especificidades aún persisten hoy día; los amplios már-
genes de la globalización permiten expresarlas claramente e incluso
agrandarlas debido a la movilidad de las gentes y las ideas. De acuerdo a
Roland Robertson, Europa va encontrando paulatinamente un
espacio glo-
bal (world space)
donde el multiculturalismo es una característica no sólo del
conjunto mundo sino también de sus regiones.
14
Este es justamente uno de
los grandes retos que la Europa unificada tiene por delante, un reto que se
14
Roland Robertson,
Globalization: social theory and global culture
, London, Sage, 1996, p. 185.
73
cuestiones contemporáneas
hace aún más difícil conforme la Unión se expande hacia el oriente europeo
incorporando países que tienen culturas diferenciadas.
La creación de una identidad común en la U.E. se está construyendo
evitando toda imposición de características culturales definidas con anterio-
ridad. Por el contrario, se pretende fomentar esta identidad a través de la
compresión y aceptación de lo distinto a fin de crear de un alto nivel de
cohesión social entre los europeos. De esta manera se trata de contrarrestar
el énfasis que hasta ahora se ha dado al aspecto económico. Se espera que
una vez consolidada la identidad europea, la
U.E. pueda formar una unión
político-económica supranacional fuerte capaz de enfrentar los retos y las
agresiones que provienen del escenario mundial.
Se observa que el proceso de transformación que se pretende es multi-
dimensional. Comprende lo real y lo simbólico e ideológico, en el espacio
interno y externo. Lo real se refiere a la transformación político, económica
y social del continente europeo. En esta dimensión, el espacio externo com-
prende a los cambios económicos, políticos y tecnológicos a nivel mundial
(incluye situaciones de integración regional, competitividad, ocupación,
migración, cohesión, unificación). El espacio interno comprende todas
aquellas exigencias que se expresan y crean la necesidad de dar soluciones a
problemas como son los demográficos, culturales y sociales. A menudo se
cuestiona el tipo de unificación que se está logrando y surgen problemáticas
que se expresan en términos como "unión de una Europa de desigualdades
regionales", de "diferentes velocidades", de "desarrollo de una sociedad de
dos terceras partes", y otros. Realmente preocupa el debilitamiento del esta-
do social, la desocupación, el racismo, la xenofobia y la exclusión social que,
hoy por hoy, golpean a Europa.
La dimensión simbólico-ideológica se refiere directamente a la conforma-
ción de la identidad y conciencia europea, de las características y la ideología
de la unión europea. Así, se proyecta el contenido cultural e intelectual de la
"idea europea" y se propician conceptos como "cultura europea", "integración
europea", "Europa de los pueblos", "Europa de los ciudadanos", "la gran
familia europea", "la casa común europea", etcétera. En el espacio externo
esto significa que la U.E. puede lograr que sea aceptada por el mundo, for-
jando una imagen de respeto, capaz de promover e incluso imponer sus pun-
tos de vista e intereses a la comunidad internacional. En el espacio interno,
esto significa que la idea europea puede promoverse entre los integrantes de
cuestiones contemporáneas
74
los países miembros y que el intento de unificación puede penetrar en las
diferentes conciencias colectivas.
Para la materialización de muchas de las ideas descritas anteriormente
se hace especial énfasis en los instrumentos educativos. La U.E. invierte
respetadas cantidades de recursos para la unificación en lo fundamental de
las pautas educativas de los países que la integran. El término "dimensión
europea en la educación" apareció en los textos de la Comunidad Europea
en los principios de la década de los 70 y funcionó como elemento comple-
mentario a la integración de la Comunidad Económica Europea. El con-
tenido de la "educación europea" apunta a la colaboración en todos los
espacios educativos, conservación de la herencia histórica de las sociedades
europeas, conformación de un modelo cultural europeo y construcción de
la identidad europea. Durante la década de los 90 a la concepción existente
acerca de la educación europea se añadieron los contenidos de "ciudadano
europeo" y
de "la Europa del saber". En el texto de la Comisión Europea
de 1998, "Educación y participación activa en la U.E.",
quedó bien estable-
cida la política educativa. Se considera que el aprendizaje debe apuntar a la
participación activa del ciudadano. A través de ella se espera que puedan
retomar la confianza por su futuro en la U.E. El objetivo de los programas
y de las acciones educativas pretenden crear gentes "multiculturales", es
decir, educar para
experimentar en lo nuevo y acercarse sin temor a lo diferente
.
En resumen, la política educativa apunta, por un lado, a formar una gene-
ración de ciudadanos europeos con conciencia del nuevo marco político,
cultural, social y económico de Europa y, por el otro,
aspira a fortalecer los
elementos comunes que unen a los ciudadanos europeos y a respetar aque-
llos que los diferencian.
El proyecto de la unidad europea, sin embargo, tiene que vérselas en la
realidad con tendencias hacia la separación y la no aceptación de la diversi-
dad. De hecho, el racismo y el miedo al "otro" continúan siendo las grandes
espinas en la garganta de la cohesión social, cuestión que en el futuro tendrá
que cambiarse si se quiere avanzar en la construcción de un espacio social y
político común para todos. Si la aceptación de la alteridad y la convivencia
cotidiana con ella —verdaderos parámetros de la igualdad— es un asunto
tan complejo que consolidarlo aparece todavía como una utopía (no sólo
para la Unión Europea, sino para la humanidad toda por igual), entonces la
incorporación del otro al universo propio será uno de los más fabulosos retos
75
cuestiones contemporáneas
a vencer en el proceso de creación
de la identidad europea. Esperemos, por
el bien de la humanidad, que la Unión Europea lo logre y nos ponga por
delante el ejemplo.
Recibido el 21de marzo del 2005
Aceptado el 28 de marzo del 2005
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