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Etnicidad y ciudadanía en los
márgenes del
conflicto". La lucha por la territorialidad
en la selva-fronteriza de Chiapas, México
Luis Rodríguez Castillo**
Resumen
En este artículo, el autor documenta etnográficamente las transformaciones que han
surgido de manera diferencial en los espacios locales y regionales de la selva lacan-
dona, donde el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha defendido el
discurso por el reconocimiento de los derechos y la autonomía indígenas. Dicho dis-
curso ha tenido importantes impactos en la agenda política nacional. El argumento
central de esta colaboración es que el impulso dado a esos discursos sobre etnicidad
y ciudadanía ha tenido un importante rol en la redefinición de la posición que
toman las fuerzas políticas locales en los contextos municipal y regional. La reorga-
nización territorial oficial, a través de la remunicipalización, y la no oficial, a través
de la autonomía, son buenos signos de la importancia de la territorialidad como
espacio de encuentro entre los actores locales y las agencias del Estado. Este espacio,
en la frontera de la selva lacandona, nos previene de la importancia de los gobiernos
locales para impulsar los acuerdos sociales políticos, así como la participación políti-
ca y los principios democráticos en la vida cotidiana.
Abstract
In this article, the author documents the ethnographic transformations that have
appeared in the local and regional spaces of the Lacandon jungle, where the
Ejército
Zapatista de Liberación Nacional
(EZLN) has defended the discourse for the recog-
nition of the natives’ rights and autonomy. This discourse has had important
impacts in the national political agenda. The central argument of this paper is that the
impulse given to the discourses about ethnicity and citizenship has played an important
role in the re-definition of the position of the local political forces in the municipal and
regional context. The
official
territorial re-organization, through the
remunicipalization
,
and the
non-official
, through autonomy, are good signs of the importance of territoria-
lity as a space of encounter between the local actors and the agencies of the State. This
space, in the frontier of Lacandon jungle, highlights the importance of local govern-
ments to impel the socio-political agreements, as well as the political participation and
the democratic principles in everyday life.
Palabras clave
: Chiapas, conflicto, territorialidad, Estado, etnicidad, ciudadanía
** Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS, Unidad Regional Sureste,
Km. 3.5 de la carretera a San Juan Chamula,
Barrio de La Quinta- San Martín, San Cristóbal de Las Casas,
Chiapas, México, c.p.
29201, Apartado Postal 338.
Introducción
El discurso por el reconocimiento de los derechos y la autonomía indígenas
impulsado por el neozapatismo
1
ha tenido un importante impacto en la
agenda política nacional; no obstante, antes de realizar un análisis general de
dicha movilización, me interesa documentar las transformaciones que han
surgido de manera diferencial en los espacios local y regional donde los dis-
cursos "oficiales", tanto neozapatista como del Estado, ha sufrido diversos
cruces en la reinterpretación local dando como resultado un importante
énfasis en los derechos políticos y culturales sustentados en las diferencias
étnicas. El argumento central es que el impulso dado a esos discursos ha
tenido un importante papel en la redefinición de la posición que toman las
fuerzas políticas locales en las luchas municipales. Los diversos grupos políti-
cos han propugnado —aún sin una declaración explícita— por una mayor
autonomía y con ello han redescubierto al menos una parte de los derechos
de "ciudadanía" entre los indígenas de la región selva-fronteriza del estado de
Chiapas, en los márgenes de la "zona de conflicto".
El paso de un proceso de reorganización territorial a la multiplicación
de las demandas por los derechos sociales entre los indígenas y, en este caso,
el engarce y la apropiación de políticas sociales por parte de las redes sociales
de poder local que elevaban demandas desde su identidad como "indígenas-
campesinos", me acercó a pensar que la etnicidad, en su actual protagonis-
mo, constituye una variable importante para comprender el sentido y las
características de los cambios sociales de los últimos años en Chiapas y,
quizás, reafirmar la hipótesis central de Samuel Huntington acerca de que la
cultura y las identidades están configurando las pautas de cohesión, desinte-
gración y conflicto en el mundo de la posguerra.
2
sociedad y política
164
1
Retomo la sugerencia de X. Leyva ("De las cañadas a Europa: niveles, actores y discursos del nuevo movimiento
zapatista (NMZ) (1994-1997)", en
Desacatos. Revista de Antropología Social
, n° 1, primavera de 1999, México,
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social) respecto a distinguir entre las activi-
dades militares del EZLN, o zapatismo, y las acciones políticas de éste y sus simpatizantes, o neozapatismo.
2
S. Huntington,
El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial
, Buenos Aires /Barcelona, Paidós,
1997.
La conformación de una micro-región
La caída del mercado internacional de la caoba al inicio del siglo pasado
cambió el tipo de intervención del Estado en la selva chiapaneca. La acción
de éste había estado concentrada desde fines del siglo XIX y durante la
primera mitad del XX en un ambicioso proyecto de reconocimiento y colo-
nización de esos terrenos
3
. El uso del suelo se transformó de la explotación
intensiva de maderas preciosas al deslinde y la promesa de colonización. En
la zona fronteriza de la selva no se adquirieron los terrenos deslindados
porque esa área "no era especialmente rica en maderas finas, o bien su
explotación no era rentable por ser de difícil acceso"
4
. No obstante, los
planes del régimen posrevolucionario continuaron con la política de "anular
los títulos de propiedad expedidos durante el porfiriato" así como abrir esos
terrenos "a la colonización y de esta manera integrarlos social y económica-
mente a la nación"
5
.
Desde 1950 la intervención estatal en la selva chiapaneca pretendió
ocupar este espacio a través de diversas y contradictorias acciones. Por una
parte, en 1961 y 1967, nulificó toda concesión de terrenos nacionales a particu-
lares para establecer en ellos colonias agropecuarias con personas provenientes
de los estados de Chihuahua, Coahuila, Durango, Sonora, Aguascalientes y
Zacatecas
6
, que fueron a parar a la micro-región de Marqués de Comillas. Ello
como una forma regulada de dar respuesta al problema agrario, pero sin afec-
tar a la gran propiedad
7
. Por otra parte, a través del Instituto Nacional
Indigenista (INI) y la Dirección de Asuntos Agrarios y Colonización
(DAAC) el gobierno federal estimuló la migración a la selva. En el INI se
elaboró en 1965 el proyecto
"Reacomodo de los excedentes de población de Los
Altos de Chiapas en Las Margaritas"
. Sin embargo, —como bien señala M.F.
165
sociedad y política
3
J. de Vos,
Oro verde
.
La conquista de la Selva Lacandona por los madereros tabasqueños, 1822-1949
, México, Fondo
de Cultura Económica, Instituto de Cultura de Tabasco, 1994.
4
M.F. Paz,
La migración a Las Margaritas: una historia a dos voces
, México, Universidad Autónoma de Chiapas,
1989. (Tesis licenciatura en antropología social).
5
J. de Vos, "El Lacandón: una introducción Histórica", en J. P. Viqueira, y M. H. Ruz (ed.)
Chiapas. Los rumbos
de otra historia
, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones y Estudios
Superiores en Antropología Social, Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, Universidad de
Guadalajara, 1998, p. 348.
6
R. Lobato González,
Qu’ixin qui’nal. La colonización tzeltal de la selva Lacandona
, México, Escuela Nacional de
Antropología e Historia, 1979. (Tesis de licenciatura), p. 81-82.
7
M. F. Paz,
op. cit.
Paz— la colonización de "los nacionales" era ya un hecho para entonces.
Ambas instituciones se habían encargado de promoverla en años anteriores
generando problemas por la migración desordenada. La acción del Estado se
concentró entonces en intentar "cerrar" el ciclo colonizador; para ello, se creó
en 1972 los
bienes comunales de la zona Lacandona
con una superficie de
614,321 hectáreas
8
y, en 1978, sobre parte de la misma superficie, la Reserva
Integral de la Biosfera "Montes Azules (RIBMA)".
9
Con estas acciones, "los
nacionales" se agotaron y no hubo más tierra que repartir por lo que ahora el
Estado intervino para desalojar o reubicar los excesos de población contrarios
a esos decretos, esfuerzos que, a la fecha, son la constante en la selva chia-
paneca.
No cabe duda que durante el siglo XX la intervención del Estado ha
contribuido a configurar micro-regiones en la selva chiapaneca. Al respecto,
Leyva y Ascencio han mostrado cómo no sólo la topografía de la selva sino
los procesos de colonización, las rutas y redes sociopolíticas de los colonos
permiten identificar subregiones y micro-regiones dentro de la Lacandonia
10
.
Una de éstas es la que he llamado micro-región selva-fronteriza donde la car-
acterística central que configuró a ese espacio social fue el deslizamiento,
desde la década de los años sesenta, de población indígena y mestiza hacia la
selva en la frontera con Guatemala en parte de los municipios de La
Independencia, Las Margaritas y Ocosingo.
En este espacio social, diferenciado de Las Cañadas y de la zona de
Marqués de Comillas, las formas de organización comunitaria para la consti-
tución de ejidos se sustentó en principios comunitarios (la procedencia de la
misma comunidad de origen) y después en identidades étnicas (tzotzil, tzeltal,
tojolab’al, mestizo, entre otros.)
11
. Esto tuvo como efecto la "transformación
sociedad y política
166
8
Diario Oficial de la Federación
, "Resolución sobre el reconocimiento y titulación a favor del núcleo de población
Zona Lacandona, municipio de Ocosingo, Chiapas, de una superficie de seiscientas catorce mil trescientas vein-
tiuna hectáreas de terrenos comunales", lunes 6 de marzo de 1972, pp. 11-13.
9
Diario Oficial de la Federación
, "Decreto por el que se declara de interés público el establecimiento de la zona de
protección forestal de la cuenca del río Tulijah, así como de la Reserva Integral de la Biosfera Montes Azules",
jueves 12 de enero de 1978, pp. 6-8.
10
X. Leyva y G. Ascencio,
Lacandonia al filo del agua,
México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores
en Antropología Social, Fondo de Cultura Económica, 1996.
11
Vid
. M. Acevedo,
Margaritas: una experiencia de frontera
, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María
Luis Mora, 1992. (Tesis de maestría en estudios regionales); A. M. Garza,
et al, Voces de la Historia. Nuevo San
Juan Chamula, Nuevo Huixtán, Nuevo Matzam
, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Centro
Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, 1994; D. Martner,
La producción agroecológica. Una alternativa
de desarrollo sustentable para la microregión fronteriza selva
, México, Universidad Autónoma de Chapingo, 1998.
(Tesis de maestría en ciencias en desarrollo rural regional); M.F. Paz,
op. cit.
de las estructuras comunales" tradicionales
12
, sustentadas en nuevos princi-
pios de organización social influidos por las formas de acceso a la tierra (el
ejido), el constante contacto pluriétnico y la religión
13
.
La construcción social de la micro-región selva-fronteriza abrió la posi-
bilidad para la reorganización de los grupos sociales y sus criterios de auto-
adscripción encontrando nuevos canales de relación, modos de representación
y alianzas para impulsar sus anhelos, demandas y formas de lucha que se arti-
cularon a la construcción de una identidad indígena-campesina, con la finali-
dad de dar cabida a la pluralidad de identificaciones étnicas y su vincu-
lación a actividades productivas (en donde cabían además de lo puramente
indígena, las identidades de los mestizos que compartían las mismas condi-
ciones de vida).
En la región de estudio, fueron los grupos emergentes de colonos indí-
genas quienes asociados con la burocracia de las agencias estatales INI y
DAAC, en un primer momento; con maestros bilingües de la Secretaría de
Educación Pública (SEP) y los agrónomos de la Secretaría de la Reforma
Agraria (SRA), después, y, finalmente, con una pléyade de asesores externos
conformaron las redes de poder local y regional y operaron de manera informal
los programas estatales (reparto de tierras, implementación de proyectos pro-
ductivos, atención a salud, educación, etc.) convirtiéndose en intermediarios
políticos y fungiendo un papel subordinado al gobierno central y ligado a las
redes del partido oficial. De esta manera, el Estado fue imaginado como una
escala entre niveles verticales de articulación y estamentos horizontales de inte-
gración a partir de las prácticas clientelares, es decir, cada líder y "su grupo"
podían configurar una asociación política sustentada en demandas estamen-
tales
14
dada su postura como indígenas-campesinos, con articulaciones hacia
otros grupos en el ámbito nivel estatal, que a la postre, en su mayoría, man-
tendrían una postura pro-gobiernista.
Con ello, los liderazgos que se fueron constituyendo dependieron de un
fuerte vínculo personal y el éxito o no de alguna iniciativa estuvo sujeta a los
167
sociedad y política
12
N. Harvey,
The Chiapas Rebellion
.
The Struggle for Land and Democracy
, Durham, Duke University Press, 1998,
p. 62.
13
X. Leyva, "Hacia el Ahlan K’inal", en M. L Armendáriz (comp.),
Chiapas, una radiografía,
México, Fondo de
Cultura Económica, 1994; X. Leyva, "Catequistas, misioneros y tradiciones en las Cañadas", en J.P. Viqueira y
M. H. Ruz (eds.),
op. cit.
14
M. Weber,
Economía y Sociedad
, México, Fondo de Cultura Económica, 1984.
"buenos contactos" de los líderes y su propia capacidad de negociación
quienes, a su vez, como señala Guillermo de la Peña
15
, también contaban con
su propio espacio de autonomía. Es en este marco, en el cual podemos ver a
un Estado en construcción siempre incompleta
16
,
donde los grupos locales
respondieron, de manera activa, a las políticas implementadas. Así, en la selva
chiapaneca, la aparición de fórmulas de organización "alternativas" que cues-
tionaron el control corporativo y clientelar fue impulsada por el estable-
cimiento de la RIBMA, así como por la llegada de refugiados guatemaltecos
a nuestro país en la década de los años ochenta que convirtió a la micro-
región selva-fronteriza en área de amortiguamiento de las migraciones en los
años subsecuentes. Esto último obligó al despliegue de la acción del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), de
la Comisión Mexicana de Atención a los Refugiados (COMAR) y de
diversas instituciones del Estado mexicano en su tarea de control sobre la
frontera desde diversas comunidades de la región. Ambos sucesos también
estimularon la presencia de diversas Organizaciones No Gubernamentales
(ONG) que prestaron servicios con la finalidad de mejorar la calidad de
vida de la población a través de diversos proyectos educativos, salubres,
productivos y organizativos de carácter "alternativo" que, supliendo la
acción del Estado en esos rubros,
coadyuvaron a la postre a la articulación
de una demanda colectiva de contar con autoridades sensibles a las necesi-
dades locales y que estuvieran, además, identificadas y "cercanas" a la
población. De igual manera, estas redes "alternativas" contaban con arti-
culaciones hacia otros grupos en el ámbito estatal, que a la postre, en su
mayoría, mantendrían una postura pro-autonomista.
Durante todo este proceso la redefinición de las identidades étnicas
ocurrió casi de manera imperceptible. Ante las difíciles condiciones de vida
y los arduos trabajos para la colonización, muchos de los cultos "ancestrales"
y mucha de la vida ceremonial a la que estaban acostumbrados los indígenas
sociedad y política
168
15
G. de la Peña, "Poder local, Poder regional: perspectivas antropológicas" en A. Vanneph, y J. Padua,
Poder local,
Poder regional,
México, El Colegio de México, Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos,
1986.
16
Cfr
. P. de Vries y S. Zendejas, "Toward an Interpretative Framework for the Study of Rural Transformations",
en
Rural Transformations Seen From Below: Regional and Local Perspective from Western
, La Jolla, Center for US-
Mexican Studies, 1995 (Col. Transformation of rural Mexico,
8); D. Sayer, "Everyday Forms of State
Formations: Some Dissident Remarks on Hegemony", en J. Gilbert y D. Nugent (eds.)
Everyday Forms of State
Formations: Revolution and the Negotiation of Rule in Modern Mexico
, Durham, Duke University Press, 1994.
en sus comunidades de origen en Los Altos cayeron en desuso. Las formas
"tradicionales" de ejercicio de la justicia por la vía de los "usos y costum-
bres", que involucraba distintas posiciones de prestigio del sistema de cargos
mediadoras entre las partes en conflicto, fueron sustituidas por la decisión
de la asamblea ejidal constituyendo así al ejido no sólo en la forma territo-
rial de apropiación y explotación de la tierra, sino en la base de la organi-
zación social y de la representación política.
Estos procesos configuraron los antecedentes de las demandas de
nuevas formas de territorialidad en la región selva-fronteriza. Por un lado, la
demanda más fuertemente ligada a las estructuras ejidales y al sistema cor-
porativo y, por otro, siguiendo los procesos alternativos de organización y
gestión, la demanda de autonomía aunada al movimiento pro-zapatista.
¿Municipio o Autonomía? La fragua política de la identidad
Los grupos políticos emergentes de la región que se vincularon a las oportu-
nidades y proyectos impulsados en las diferentes coyunturas, se apropiaron
de las mismas y operaron la instrumentación de dichos proyectos en las
comunidades de la región constituyendo fuerzas políticas que, a su vez,
crearon sus propias redes locales y fortalecieron sus propios liderazgos. Así,
apenas pasadas dos décadas del inicio de la migración masiva a la selva chia-
paneca
17
, a mediados de la década de los ochenta, surgieron dos propuestas
de reorganización política y territorial que se legitimaron, en mayor o menor
medida, en la demanda por acceder al ejercicio de sus derechos de repre-
sentación a partir de las identidades propias de los diversos grupos indígenas
que habitan la región.
Asumo que la imbricación entre lo étnico y lo político en la demanda de
derechos diferenciados no es el resultado de esencias culturales irreductibles,
ni el resultado de la vinculación local-global de una "revuelta popular pos-
moderna" que lucha en contra de un Estado hegemónico, sino un proyecto
político en el que ambas partes se deben entender como "comunidades ima-
169
sociedad y política
17
R. Lobato González, (
op. cit)
y X. Leyva y G. Ascencio (
op. cit
) coinciden en que las primeras migraciones a la selva
chiapaneca iniciaron en la década de los cuarenta; no obstante, la colonización como un fenómeno masivo ocurrió
desde mediados de la década de los sesenta.
ginadas"
18
. Comunidades que se identifican a partir de un proceso de
replanteamiento de la territorialidad reconocida.
En 1984, en el municipio de Las Margaritas, se presentó la primera
demanda de remunicipalización.
Omar Brambila y Jaime Macías
19
, presi-
dente del comisariado y del consejo de vigilancia del ejido La Suerte,
encabezaron las primeras reuniones con sus iguales para dialogar sobre la ini-
ciativa de crear un nuevo municipio. El entonces presidente municipal de
extracción priísta de Las Margaritas comisionó al profesor Manuel Hidalgo,
miembro de la dirección de educación indígena de la SEP, para dar
seguimiento a la demanda. Después de algunas reuniones, los ánimos se exa-
cerbaron entre la representación de aquel ejido y los dirigentes de
San Patricio
y
El Jardín
en la disputa por el establecimiento de la cabecera municipal.
La disputa estaba influenciada por las dinámicas del poblamiento fron-
terizo. Estos ejidos están conformados por población principalmente tzotzil,
para el caso de
San Patricio
; tzeltal para
El Jardín
y por mestizos en
La Suerte
,
los cuales entraron desde su fundación en competencia por territorio,
población, recursos naturales y económicos provenientes del Estado.
Asimismo, en esta competencia se encontraron con los principios de la
definición identitaria de la región al ser de los ejidos más viejos que sirvieron
como trampolín para que otros grupos de colonos, con semejantes filia-
ciones comunitarias y étnicas, fundaran nuevos centros de población. La
demanda de establecer la cabecera municipal en un determinado centro de
población fue legitimada por el hecho de ser los asentamientos pioneros en
la selva argumentando que, aunado a su identidad étnico-comunitaria, eran
los "verdaderos"
originarios
de la colonización.
Este conflicto, aunado a la muerte del comisionado del gobierno
estatal, marcaron los derroteros de estos primeros escarceos en la selva–fron-
teriza que, también vale apuntar, fueron contenidos según nos relata uno de
los dirigentes:
Después de levantar toda la documentación [actas de acuerdos comunitarios], el
profesor Hidalgo lo dejó en manos de la procuraduría de asuntos indígenas [.
..] pero
sociedad y política
170
18
B. Anderson,
Imagined communities
,
London, Verso, 1983.
19
Siguiendo la ética antropológica, los nombres clave (propios, de lugares y de organizaciones) son ficticios para
guardar su anonimato y evitar implicaciones no previstas; no obstante, los contextos y situaciones descritas son
reales. Se hace la excepción cuando de personajes públicos se trata.
en eso el presidente de la Confederación Nacional Campesina (CNC) en el estado
lo aplacó [.
..] "Qué querés vos, te damos una propina y vete" —me dijeron— así
fue como se consoló todo, querían solucionar nuestra demanda con paga.
20
En esta demanda, las negociaciones políticas por el establecimiento de
la cabecera municipal los verdaderos originarios despertaron una reivindi-
cación que coadyuvó a la construcción de la etnicidad regional; no obstante,
se realizaba de manera fragmentada y eran otros aspectos lo que constituían
el elemento principal en la demanda.
Lorenzo Macías
, hermano de uno de
los líderes, sostuvo:
La
Suerte
aún pelea por ser cabecera de municipio. Se trata de una lucha por el poder
que desde aquél entonces empezamos los indígenas-campesinos en la selva, para
lograr el desarrollo de nuestras comunidades [.
..] al ser cabecera, tendremos mayores
recursos y la certeza de una autoridad cercana que nos represente.
21
Sin embargo, los grupos que dirigían las demandas se encontraban cau-
tivos de las relaciones clientelares del Partido Revolucionario Institucional
(PRI) a través de la Confederación Nacional Campesina (CNC), de sus inter-
locutores municipales y de los profesores bilingües ligados a la SEP y al INI.
Todas estas instancias contuvieron los primeros escarceos de remunicipalización
en la selva–fronteriza, ya que ellas no estaban exentas de su pertenencia a las
estructuras de lealtades políticas del PRI-gobierno, además de la lenta respues-
ta que en el ámbito estatal se ha dado a este tipo de demandas
22
.
Los tojolab’ales, a su vez,
realizaron entre 1986 y1989 la primera inten-
tona de autonomía étnica en el municipio y la región. Este proyecto surgió
como una respuesta a la idea gubernamental de cooptar al movimiento indí-
gena a través de la creación de los Supremos Concejos Indígenas. La Central
Independiente de Organizaciones Agrícolas y Campesinas (CIOAC) de la
región fronteriza, fundada en 1977 por Margarito Ruiz como organización
política, y sus figuras asociativas reunidas en la Unión de Ejidos (UE) (UE
"Tierra y Libertad", UE "Pueblos Tojolab’ales" y la UE "Yajk’achilb’ej"
(Nuestro Camino)), contaban con grupos de apoyo en la región. Fue parti-
171
sociedad y política
20
J. M. del ejido
La Suerte
, 29 de noviembre del 2000.
21
Lorenzo Macías de Comitán de Domínguez, 12 de abril del 2002.
22
De 1951 a 1999 sólo existieron dos cambios en la integración municipal; en 1973, por la desaparición del munici-
pio de Terán, y en 1989, por la elevación a municipio de San Juan Cancuc. Cfr. Instituto Nacional de Estadística,
Geografía e Informática,
División territorial del Estado de Chiapas de 1810 a 1995
. México, INEGI, 1996.
cularmente el grupo del ejido
Río Dulce
el que se sumó a este intento
23
. No
obstante, su carácter contestatario fue el crisol de la debilidad del "gran
poder tojolab’al" por el embate generacional "en contra del esquema de go-
bierno" y la ofensiva de la propia CIOAC que "no toleró una orientación
indianista autonomista"
24
.
La experiencia tojolab’al sirvió de aprendizaje en una línea política
autónoma, pero también para tomar una nueva postura frente a la plurali-
dad étnica regional. Ante los cuestionamientos y la impronta de no contar
con un territorio continuo, las organizaciones que apoyaban este intento
autonomista tojolab’al dieron paso a la formación de asociaciones pluriétni-
cas de segundo y tercer nivel como, por ejemplo, el Frente Independiente de
Pueblos Indígenas (FIPI) en octubre de 1987 y las organizaciones S. de S. S.
Lenguas Mayas
y
Presencia Mesoamericana A. C.
, que actualmente cuenta con
una importante presencia en la región. Lo más importante de este proceso
organizativo "independiente" fue que los grupos adquirieron una cada vez
más clara conciencia de una identidad diferenciada al interior de la región y
de lo que genéricamente reconocían como "indígena" para, a su vez, inten-
tar una unión entre las diferentes etnias con presencia en la región.
Los conflictos posteriores a 1994: de autonomía de
facto al municipio libre
25
Ambos proyectos, municipio libre y autonomía étnica, delinearon dos de
grupos no compactos que tuvieron una fuerte crisis en 1994 con el levan-
tamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el
establecimiento de las autonomías de
facto
a través de su presencia militar.
sociedad y política
172
23
Vid
. A. Hernández, "Autonomía Tojolab’al: génesis de un proceso", en A. Burguete,
México: experiencias de
autonomía indígena
, México, Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas, 1999 (Documento
IWGIA, n° 28); S.L. Mattiace,
Indian Autonomy in Mexico: Separated Nations or Negotiated Nationalism?
,
Guadalajara, Méx., Latin American Studies Association (LASA), 1997.
24
A. Hernández,
op cit
., p. 187.
25
Véase la documentación detallada de estos procesos en: Xochitl Leyva Solano y Luis Rodríguez Castillo,
"Espacios disputados y redes clientelares en la formación del municipio de Maravilla Tenejapa (Región selva
Fronteriza)", en Xochitl Leyva y Araceli Burguete (coords.)
La remunicipalización en Chiapas: entre la paz, la con-
trainsurgencia, lo político y la política
. México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología
Social con el auspicio de la Fundación FORD (en prensa).
Para los defensores del municipio libre, la única opción de cambio fue con-
tinuar con las demandas de corte estamental hacia el Estado y su propia
sobrevivencia como grupo político se sustentó en la vinculación con las redes
clientelares del mismo; los que propugnaban por la autonomía étnica,
debido a su experiencia política previa, fueron receptivos al mensaje de las
Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) y se sintieron más atraídos, como
señala Legorreta
26
, hacia una tercera vía: la lucha armada.
Durante los primeros días del conflicto las fuerzas políticas y militares
en pugna opusieron estrategias que demarcaron el dominio territorial de estos
grupos. Los zapatistas llamaron a la población a la autonomía territorial, al
rechazo de las autoridades del "gobierno" y a mantener una postura de
rebeldía al mismo. Apenas pasados los primeros doce días del conflicto se
declaró un cese al fuego y comenzó una larga e inconclusa negociación entre
el gobierno federal y el EZLN.
La reorganización territorial del estado bajo la fisonomía de la remuni-
cipalización no figuraba en la agenda zapatista. Se trataba de una propuesta
que introdujo el gobierno federal a través de su comisionado para la paz,
Manuel Camacho Solís, el 3 de marzo de 1994 en el pliego
Compromisos
para una paz digna en Chiapas
. El asunto fue retomado en enero de 1996 en
el marco de los
diálogos de San Andrés
cuando el gobierno federal propuso la
creación de los municipios de Lacandonia y Marqués de Comillas en
Ocosingo y Guadalupe Tepeyac en Las Margaritas.
Sin embargo, el municipio, en un período muy corto, ocupó un lugar
central en las expresiones de diferentes grupos de poder locales por el con-
trol territorial en el estado. Los zapatistas, luego del llamado a la rebeldía,
vieron en el municipio una significativa circunscripción administrativa y ter-
ritorial a través de la cual podían concretar sus acciones de autonomía bajo
la lógica de contar con una "autoridad" cercana. Entonces estos grupos
impulsaron en la región el municipio en rebeldía
Río Dulce
.
En respuesta a las diferentes propuestas federales, el ejecutivo del estado,
Julio César Ruiz Ferro (1995-1998), a través del decreto n° 136 del 3 de mayo
de 1996, nombró la
comisión especial del congreso para la remunicipalización y
redistritación del estado
. No obstante, dicha comisión inició sus trabajos casi
173
sociedad y política
26
M. del C. Legorreta,
Religión, política y guerrilla en Las Cañadas de la Selva Lacandona
, México, Cal y Arena,
1998.
un año después, en febrero de 1997, a iniciativa del Partido de la Revolución
Democrática (PRD). Las acciones de la comisión especial fueron conflicti-
vas. Al intentar establecer un contacto "directo" con los pueblos, fueron re-
chazados en múltiples ocasiones en los lugares con "base" zapatista alegando
que la comisión no estaba conformada con apego a los Acuerdos de San
Andrés; al interior de la comisión las posturas partidarias alejaron a las frac-
ciones parlamentarias representadas en ella y, hasta al interior de las mismas,
resultaron conflictivas creando una distancia entre los líderes partidistas y los
propios legisladores locales; por ejemplo, en el PRD la dirigencia estatal
denostaba las labores de la comisión y expresaba su apoyo a la lucha zapatista
y el respeto a los acuerdos de San Andrés mientras el legislador Gilberto
Gómez Maza, de ese instituto político, declaraba que era "prescindible la
participación del EZLN en el proceso de consulta".
27
La importancia que, desde entonces, ha adquirido el municipio en el pro-
ceso de paz en Chiapas se debe al entrecruce de las propuestas del gobierno y
a las acciones de la población indígena de la región, tanto alrededor del EZLN
como en la "sociedad civil organizada". El gobierno, hasta 1998, mantuvo su
propuesta de crear sólo tres municipios en la "zona de conflicto". No obstante,
en Las Margaritas los zapatistas dieron forma al municipio autónomo "Tierra
y Libertad", que tomó como cabecera al ejido
Río Dulce
y fue dado a conocer
el 5 de marzo de 1997. Por su parte, la "sociedad civil organizada" en torno al
Consejo Estatal de Organizaciones Indígenas y Campesinas (CEOIC) llamó
el 12 de octubre de 1994 a construir un esfuerzo colectivo de autonomía, en
clara sintonía con los esfuerzos zapatistas. Dicho esfuerzo se conformó, el 26
de febrero de 1995, bajo la figura de las Regiones Autónomas Pluriétnicas
(RAP). En la región fronteriza las redes sociales del Frente de Organizaciones
Campesinas e Indígenas (FOCI) y del FIPI constituyeron la RAP "Tierra y
Libertad", también con cabecera en el ejido
Río Dulce
.
Los esfuerzos autonomistas del neozapatismo en la región giraron en
torno a "Tierra y Libertad" y se consolidaron a través de un acto celebrado
en Paso Hondo, municipio de Comalapa, el 24 de Febrero de 1997 con la
adhesión de 66 comunidades de la región fronteriza. Estos esfuerzos, además
de encuentros, sufrieron diversos desencuentros; el principal punto de con-
flicto entre las diversas organizaciones sociales "independientes" que se
sociedad y política
174
27
Cuarto Poder
, 24 de marzo de 1997, México, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
sumaron al esfuerzo autonomista fue la relación que éstas tenían con el go-
bierno como la principal fuente del financiamiento de sus proyectos produc-
tivos. Las organizaciones reivindicaban su derecho a exigir al gobierno que
cumpliera su papel de financiador del "desarrollo" local, mientras que la
dirigencia zapatista mantenía una postura radical en donde la autonomía
significaba el rechazo total al financiamiento gubernamental.
La remunicipalización neozapatista no fue reconocida por los gobiernos
federal y estatal ni por los grupos priístas locales y, finalmente, el 1º de mayo
de 1998, bajo el pretexto de liberar a dos refugiados guatemaltecos
"secuestrados" por las autoridades autónomas, el gobierno federal hizo uso
del discurso de los derechos humanos para legitimar sus acciones en las que
desmanteló al Concejo Autónomo
28
. Así, más de 1000 efectivos detuvieron
a 61 persona en un operativo que contó con la participación del ejército
mexicano y de las policías judiciales del estado, federal de caminos y de
migración; la magnitud del operativo fue justificada bajo el supuesto que la
misma ONU había solicitado la intervención de las autoridades mexicanas
para salvaguardar la integridad de los refugiados
29
. Sin embargo, los sucesos
ocurrieron en el contexto de las acciones del gobierno en contra de las
autoridades autónomas, de las cuales lograron desmantelar a los concejos de
Nicolás Ruiz y Tierra y Libertad.
A partir del desmantelamiento de las cabeceras municipales autónomas
la propuesta de remunicipalización gubernamental ganó terreno. El 28 de
mayo de 1998, el gobernador de Chiapas, Roberto Albores Guillén (1998-
2000),
presentó sus estrategias para cumplir los Acuerdos de San Andrés: 1)
la creación del CyCER, encabezada por él mismo y el entonces presidente
del Tribunal de Justicia en el estado, Lic. Noé Castañón León, respectiva-
mente; y 2) una propuesta de remunicipalización que incluía la creación de
33 nuevos municipios. En Las Margaritas se contaban las propuestas de los
nuevos municipios de Maravilla Tenejapa, El Edén, Guadalupe Tepeyac,
Santiago Guelatao, Amparo Agua Tinta y Bajucú (que comparte territorio
con Altamirano). A esas seis propuestas se sumaron las solicitudes no con-
175
sociedad y política
28
S. Speed y J. Collier, "Autonomía indígena. El discurso de los derechos humanos y el Estado: dos casos en Chiapas"
en
Memoria. Revista mensual de política y cultura
n° 139, 2000, Speed, S. y J. Collier, "Autonomía indígena. El dis-
curso de los derechos humanos y el Estado: dos casos en Chiapas" en
Memoria. Revista mensual de política y cultura
n° 139, 2000, México, Revista del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista, pp.5-1.
29
A. L. Pérez y E. Martín, "Inteligencia militar en Chiapas. Buscan a La Mar, compañera de Marcos", en
Milenio sem-
anal. El acento en la política y mil cosas
más n° 160, 2000, 2 de octubre de 2000, México, Grupo Editorial Multimedios.
templadas provenientes de comités locales de Nuevo Huixtán, Nuevo San
Juan Chamula, San Isidro y San Vicente El Encanto. Finalmente, sólo se
decretaron siete nuevos municipios en julio de 1999: Maravilla Tenejapa,
Benemérito de las Américas, Marqués de Comillas, San Andrés Duraznal,
Aldama y Santiago el Pinar.
Maravilla Tenejapa fue el municipio que las huestes priístas locales
impulsaron en la región aprovechando la oferta gubernamental y la presen-
cia de una red local de relaciones clientelares con diversas organizaciones
encabezadas por Solidaridad Campesino-Magisterial (SOCAMA). Desde
luego, el bloque priísta tampoco fue hegemónico entre sus huestes; múlti-
ples facciones aparecieron para disputar la dirección del proceso: alrededor
de los sectores del PRI (CNC, SOCAMA); para el establecimiento de la
cabecera municipal (
San Patricio, Lagunillas y Nueva Cofradía
) en donde la
viejas identidades (tzotziles, tzeltales, mestizos) de los
verdaderos
originarios
volvió a ser importante en la definición de las posturas políticas. Ligado a
estos factores, la recepción y apropiación de los recursos gubernamentales
para operar sus propias clientelas locales fue el trasfondo político de la emer-
gencia de las facciones priístas.
Reorganización territorial y etnicidad:
las marcas de la ciudadanía
Existe una línea de continuidad histórica en el planteamiento de estas dos
demandas de reorganización territorial (la autonomía y el municipio libre )
que resurgieron en el marco del conflicto neozapatista. Al igual que en el
pasado, la identidad se convirtió en un factor que impulsó a los actores a
definir posiciones políticas; es decir, entró en juego la etnicidad como parte
de una serie de elementos que, a partir de una identidad "indígena" de la
población, ingresaron al escenario político y que son "mostrados, manipula-
dos o ignorados de acuerdo con las demandas de una situación particular
[...] y manipulan a otros individuos o situaciones con la finalidad de lograr
lo que perciben como un contexto más deseable para sí mismos"
30
.
Fue claro entonces que las pugnas por la autonomía o el municipio
sociedad y política
176
30
A. Peterson,
Ethnic Identity. Strategies of Diversity
, Bloomington, Indiana University Press, 1982.
libre eran las marcas de la territorialidad deseada por diversos grupos en
pugna los cuales veían en esos contextos la legitimación de sus propias
demandas políticas. Esta situación ha movilizado no sólo a los grupos étni-
cos de Chiapas sino del país en general. Estas disputas han sido, al mismo
tiempo, sustento de lo que Guillermo de la Peña
31
denominó "ciudadanía
étnica" misma que se puede agregar a los derechos de ciudadanía definidos
por el sociólogo T. H. Marshall
32
, más específicamente a la dimensión de los
derechos culturales, es decir, al derecho a la diferencia.
De esta manera, la defensa de los derechos políticos y la identidad de los
grupos indígenas presentes en la región se han ligado a la territorialidad. En
la década de los ochenta esta situación se creó por la integración de grupos
indígenas sustentada en sus propias experiencias migratorias y, paralelamente,
por su vinculación a determinadas redes sociopolíticas. Una década después
observamos que la territorialidad gira alrededor del ingrediente cultural en
donde la disputa política obliga al reconocimiento de la pluralidad étnica de
la región. Sin embargo, también hay que reconocer que dentro de la estrate-
gia de "guerra" y control territorial en la "zona de conflicto" también fue
necesaria la penetración armada del EZLN y del ejército federal, lo que fue
un factor detonante de la exacerbación de las diferencias comunitarias y la
polarización de los grupos en torno a cada una de las demandas de reorgani-
zación territorial.
La organización de las bases en rebeldía constituyeron el primer reto
para los zapatistas en la selva fronteriza, área marginal de la llamada "zona
de conflicto", y aunque el establecimiento de la cabecera municipal no
encontró mucha resistencia ni por parte del gobierno federal ni de la
población regional, factores como los enfrentamientos de grupos armados,
el uso de la cabecera municipal como punto para un retén militar, el impe-
dimento del paso a repartidores de bebidas alcohólicas y el cobro de
"impuestos", así como los mecanismos para "invitar" a participar en el
municipio y la aplicación de las "leyes revolucionarias" zapatistas, causaron el
177
sociedad y política
31
Guillermo de la Peña, "Notas preliminares sobre la ‘ciudadanía étnica’ (el caso de México)", en A. Olvera,
(coord.)
La sociedad civil, de la teoría a la realidad
, México, El Colegio de México, 1996.
32
Según él, los Estados modernos promueven primero los derechos civiles (libertad de asociación, de palabra, de
culto, inviolabilidad de la persona y los bienes y
habeas corpus
, entre otros); luego, los derechos políticos (sufra-
gio universal y seguro, amplio acceso a la representación y al ejercicio del poder, legalidad de los partidos, etc.)
y, por último, los derechos sociales (bienestar, seguridad, educación, salud, protección del trabajo, etc.).
Cf
. T.
H. Marshall,
Class, Citizenship and Social Development
, New York, Anchor Books, 1965 , pp. 71-83.
abandono de varias comunidades durante 1994. Los "desplazados", que no
comulgaban con los zapatistas, consideraron que había mucha presión para
adherirse al proyecto rebelde y que prácticamente los estaban expulsando.
Durante la gestión de "Tierra y Libertad" encontramos que etnicidad y
autonomía fueron los aspectos centrales de la demanda local por los dere-
chos de ciudadanía y del ejercicio de la nueva territorialidad. Así, los esfuer-
zos se concentraron en la construcción de un discurso democratizador, con
un alto ingrediente moral, que demandaba el acceso a los derechos políticos
y culturales los cuales definían los principios de membresía y de partici-
pación.
Sin embargo, en la realidad de la "gente de a pie", este discurso se
fue alejando poco a poco de la tolerancia cuya práctica tuvo muy poco mar-
gen de acción.
En cuanto a los derechos políticos cabe resaltar que los simpatizantes del
EZLN propugnaron por la reorganización territorial cuyo sustento fue la pre-
sencia de organizaciones independientes que atravesaban límites municipales;
de hecho, gran parte de la jurisdicción y de la política social autonomistas se
ejerció con el auspicio de dichas organizaciones entre las que cabe resaltar a las
ya mencionadas S. de S. S.
Lenguas Mayas
, una organización productiva
pluriétnica, y
Presencia Mesoamericana
, A. C., una organización independiente
con proyectos educativos. Asimismo, el grupo
Apoyo Campesino a la
Biodiversidad y Salud
—una ONG que surgió para la atención a los desplaza-
dos guatemaltecos pero que echó raíces y continuó su trabajo en la región— y
las redes de diversos organismos defensores de derechos humanos como
Derechos Comunitarios
.
La demanda de autonomía, como un derecho político, fue entendida
como el rechazo a toda injerencia del Estado y el respeto al sistema norma-
tivo de usos y costumbres. Los grupos identificados con las redes clientelares
priístas se limitaron a "dar por su lado al EZLN" y a enviar mensajeros para
que "allá
arriba
indicaran que hacer", en tanto que acudieron para infor-
marse qué "apoyo" les iban a dar y qué ventajas tendría contar con esas
nuevas autoridades "cercanas"; pero al saber que se trataba de acciones de
"rebeldía y resistencia" al gobierno se retiraron, a pesar de los discursos que
situaban a la autonomía neozapatista en el marco del estado de derecho:
Nuestros Municipios Autónomos son legales, su legalidad está en el articulo 39° de
sociedad y política
178
la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que dice que el pueblo
tiene en todo tiempo el derecho de elegir la forma de su gobierno [.
..] Nosotros
como pueblos indios hemos decidido gobernarnos con Libertad, Democracia y
Justicia y hemos formado nuestros Municipios y hemos nombrado democrática-
mente a nuestras autoridades.
33
La representación del concejo autónomo con motivo de la visita de la
comisión especial del congreso a Maravilla Tenejapa, el 22 de marzo de
1997, expresaba su traducción de ese marco jurídico al que se adscribía la
dirigencia zapatista, acerca de cuáles eran los derechos políticos que
defendían:
Deseamos hacernos cargo de nuestros asuntos, ser los que definamos el tipo de
desarrollo que queremos, nuestros programas, la manera en la que aplicamos la jus-
ticia y cómo manejamos los recursos naturales de nuestro territorio .
34
Los esfuerzos autonomistas por "hacer gobierno" derivaron en el fortale-
cimiento de una creciente demanda por el reconocimiento bi-direccional del
"cuarto ámbito de gobierno", es decir, tanto hacia el fortalecimiento de los
mecanismos comunitarios para la toma de decisiones como hacia formas de
representación política regional que trascendía a los grupos indígenas porque:
No se trataba ya de qué es la decisión que vamos a tomar como grupo indígena,
como tojolab’al, como tzeltal o como tzotzil; porque nos planteamos la pregunta de
qué hacer con el
caxlan
, que batió lodo para tener su tierrita en la selva y cómo lograr
que entre los hermanos indígenas no nos estuviéramos peleando o haciendo dife-
rencia porque aquél es tzeltal y yo tojolab’al. Entonces dijimos, pues, que en cada
ejido, no importa sea tzeltal, sea caxlan, sea lo que sea, tengan plena libertad para
elegir sus representantes y tomar su postura; luego esos representantes harían llegar
la palabra de su comunidad para que se tomara en cuenta en el concejo autónomo
que era regional, porque nos tenía que representar a todos.
35
En la definición de los límites y alcances de la autonomía de las comu-
nidades, se generaron fricciones entre la dirigencia "civil" y la dirigencia
"militar" que llevó a que varias organizaciones llevaran una política de "dos
caras"
36
; es decir, defensa de un proyecto autonomista, por un lado, y
aceptación del financiamiento del propio Estado, por el otro. Las tensiones
179
sociedad y política
33
CGRI-EZLN, mayo de 1997.
34
A. Aubry,
Crónica de la consulta popular sobre remunicipalización en Maravillas Tenejapa
, México, Instituto de
Asesoría Antropológica para la Región Maya A.C., 1997.
35
"A. C." del ejido
La Hoja Seca
, 22 de marzo del 2002.
36
Una práctica, por cierto añeja, en la selva chiapaneca; Cfr. N. Harvey,
The Chiapas Rebellion.
.. op. cit
.
nunca pudieron ser resueltas del todo pues ante el ambiente de hostigamien-
to la dirigencia militar del concejo autónomo exigió una adhesión corporati-
va a las "leyes revolucionarias" y al precepto de "autonomía". Así, a pesar de
la aprehensión de las autoridades municipales la línea política fue continuar
con el ejercicio de gobierno
37
manteniendo tanto la defensa de los derechos
políticos —en cuanto al acceso a la representación y al ejercicio del poder—
como la legalidad de sus formas de elección de autoridades. En un comuni-
cado señalaban:
Ya no nos vamos a dejar bajo sus tacones de sus pies. También nosotros sabemos
gobernar, sabemos hacer política, también tenemos ideas para planear y hacer el tra-
bajo para nuestro beneficio [.
..] es aquí donde les pedimos fuerza, decisión, resisten-
cia, porque no vamos a aceptar su imposición del gobierno. Nada permitiremos que
no sea decisión de nuestros pueblos.
38
La legitimidad política y la respuesta "ciudadana" al llamado de mante-
nerse en la resistencia civil en la región se sustentó, más allá del funcionamien-
to y de la racionalidad administrativa, en la importancia concedida a dos
aspectos centrales de los mecanismos de gestión: 1) la cercanía, reconoci-
miento y contacto permanente de los "representantes" con los "gobernados" y
2) la atención prioritaria a aspectos centrales de la vida cotidiana en la región
selva-fronteriza (salud, educación y proyectos productivos) bajo el discurso de
desarrollo sustentable y la defensa de los saberes ancestrales de los pueblos
mayas.
Estos derechos políticos fueron reforzados por la defensa de los derechos
culturales que los neozapatistas enarbolaban. La cercanía de las autoridades se
sustentó en las formas de organización social propia de los ejidos. Los repre-
sentantes comunitarios fueron extraídos de entre aquellas autoridades ejidales
destacadas por su "servicio" comunitario; las cuales eran "re-presentantes" y
ejecutoras de las decisiones comunales. Así fue como se defendieron los prin-
cipios de membresía a una "comunidad imaginada" tal como afirma
César
Ramos
, un dirigente de
Presencia Mesoamericana
:
En el municipio "Tierra y Libertad" estamos nosotros y hemos participado [.
..] a
sociedad y política
180
37
A la fecha se habla que los "organizados" cuentan con una autoridad municipal autónoma itinerante.
38
Consejo Autónomo, 2 de mayo de 1998.
través de la ley de
mandar obedeciendo
. Entonces es en donde nosotros estamos
claros que sí, ahí hay que participar. Queremos que los municipios autónomos en
todas las partes continúen, que se sigan llevando el proceso [.
..] porque los munici-
pios autónomos están delimitados por la participación; nunca fueron una imposi-
ción como lo fue el municipio gubernamental.
39
La defensa de los derechos a la diferencia, expresados en la forma de
participación y de la aplicación de la ley siguiendo los "usos y costumbres",
se sustentó en un marco de compromisos de corte moral como integridad,
dignidad, respeto a derechos y obligaciones. Todo ello, al menos discursiva-
mente, era democrático. Esto fortalecía el precepto de autonomía y lo ate-
rrizaba; en palabras de
Antonio Lara
un miembro del Consejo Autónomo:
Con base al consenso de mayoría y en apego a los Acuerdos de San Andrés
Larráinzar los pueblos indígenas y la sociedad civil nombraron a sus autoridades para
atender los problemas más urgentes [.
..] El objetivo principal es demostrar al go-
bierno que se puede lograr un desarrollo sustentable [.
..] que se puede administrar
una justicia tomando en cuenta la voz del pueblo y que sean los pueblos los que
puedan decidir finalmente el desarrollo y el mandato de estas autoridades.
40
Si bien el municipio autónomo fue desmantelado y sus autoridades
encarceladas, estos discursos penetraron al resto de los actores políticos locales
principalmente en torno al principio de la dignidad de los pueblos indígenas.
Para los priístas de la región, los efectos positivos del neozapatismo fueron
abrirle los ojos a los "indígena-campesinos" respecto a sus derechos y motivar
una renovada presencia del Estado y de la atención internacional.
Precisamente fue este aspecto de la "dignidad" indígena lo que los priís-
tas tradujeron a su horizonte de cultura política para legitimar sus propias
acciones. No obstante, a diferencia de los neozapatistas que argumentaron
sus derechos políticos para arribar a la defensa de los derechos culturales, los
priístas introdujeron la defensa de los derechos sociales como punta de lanza
para respaldar su demanda política del municipio libre. Es decir, deman-
daron fundamentalmente "seguridad" y "bienestar" a un Estado que no
podía garantizar del todo ambas condiciones, por lo que apareció como
"natural", ante el argumento de la lejanía de las comunidades y el contexto
de conflicto armado, la necesidad de defender algunos derechos políticos y
181
sociedad y política
39
César Ramos del Ejido
Piedra Azul
, 11 de julio del 2002.
40
Antonio Lara del Ejido
El Saucillo
, 9 de marzo del 2001.
demandar la reorganización territorial.
Esto en realidad no fue fortuito. La reacción gubernamental ante el
conflicto fue instrumentar como punta de lanza para reapropiarse de los
espacios perdidos, un impresionante refuerzo a la política social encarnado
en la operación del "Programa Cañadas" de la Secretaría de Desarrollo Social
(SEDESOL).
Jaime Hidalgo
, ex–coordinador del
CAS-Lagunillas
, señaló:
Este fue el primer CAS que se instaló en la región, en donde se decía que en estos
CAS se iban a involucrar muchas dependencias atendiendo la problemática social;
cada dependencia hacia lo suyo, pero en equipo
éramos gobierno en la región
, porque
éramos un grupo interinstitucional, bastante compacto, homogéneo [.
..] fuimos
intermediarios en las comunidades entre zapatistas y no zapatistas con la finalidad
de fortalecer la pacificación, para restituir el tejido social de las comunidades.
41
Las organizaciones existentes que se insertaban en la matriz de las rela-
ciones clientelares priístas pronto entendieron la importancia de esta políti-
ca como uno de los mecanismos para obtener recursos y fortalecer sus
propias clientelas. Los grupos ligados a SOCAMA, como la UE
Lagunillas
,
y a la CNC, como las dirigencias ejidales, aprovecharon la coyuntura para
multiplicar sus grupos conformándose a través de las figuras jurídicas de S.
de S. S. o de S. de P. R. lo cual les permitió, además de aliviar tensiones inter-
nas al crear espacios para los nuevos liderazgos, crear grupos de mujeres que
hasta entonces habían carecido de cobertura y participación en la operación
de programas de bienestar social.
En el contexto de la creación de los CAS otra de las facciones priístas
encontró el mecanismo para consolidar sus redes. En 1995 llamaron a sus
clientes de la región para aglutinarse en torno a una nueva organización que
operó un fondo especial del programa "cañadas", el fondo regional para el
desarrollo productivo, creando en 1996 la organización COPICAS A. C.
que, por esta vinculación, ni sus propios líderes reconocieron una línea divi-
soria entre la fundación del programa y de la organización (que en realidad
está lidereada por un compacto grupo de presidentes de los concejos consul-
tivos de los CAS). Quizás la organización más importante que dio cobertura
a la creación de COPICAS fue la
Coordinadora de Pueblos Indios de la Selva
(COPIS)
Emilio Vallinas
, líder de la UE
Lagunillas
afiliado a SOCAMA, marcó
sociedad y política
182
41
Jaime Hidalgo del Ejido
Lagunillas
, 27 de septiembre del 2001. Énfasis agregado por el autor.
claramente la línea seguida en las demandas que enarbolaron en defensa de
sus derechos como "indígenas-campesinos" al comentar:
Nuestro objetivo fundamental es el apoyo al desarrollo de la región, respaldamos a
los compañeros [.
..] con la regularización de la tenencia de la tierra, después nos
involucramos en producción y comercialización [.
..] para el mejoramiento de las
duras condiciones de vida que hemos padecido [.
..] con el levantamiento del zapatista
reconocimos que el gobierno tenía a los pueblos indígenas muy abandonados [.
..] por
eso nos organizamos mejor para exigir al gobierno que nos apoye y nos garantice el
bienestar social de la población indígena-campesino de la región.
42
A raíz de eso, y ante el embate de las huestes zapatistas y los esfuerzos
organizativos de los grupos neozapatistas en torno a la autonomía en "Tierra
y Libertad", agregó:
También reconocimos que teníamos que seguir exigiendo la atención del gobierno,
en salud, educación, servicios; pero a la vez teníamos que abrir otro frente de lucha
con los compañeros. Fue entonces que se convocó ampliamente porque nosotros
como organización no concordaban nuestras necesidades, nuestro trabajo, nuestro
forma de organizar con los otros grupos, [.
..] porque se veían defectos que nos per-
judicaban además se pensó diferente, nosotros también tenemos derecho a la liber-
tad, a nuestro municipio y también a poder gobernar.
43
Con una perspectiva parecida, tanto la UE
Lagunillas
y SOCAMA, como
los grupos afiliados a la CNC y sus respectivas redes se embarcaron en la
empresa de apoyar la propuesta gubernamental de creación del nuevo munici-
pio Maravilla Tenejapa. La remunicipalización fue entonces la arena perfecta
para recomponer lealtades y clientelas dentro del sistema del, hasta entonces,
partido de Estado en donde algunos salieron mejor librados que otros.
Para el asesor local de la UE, el profesor
Ernesto Maldonado
, fue su interés
personal y las gestiones de la UE
Lagunillas
lo que explican, en mucho, el
desarrollo histórico y la evolución de la comunidad que respaldó el surgimien-
to del nuevo municipio; en una visión que ratifica lo expresado en otra ocasión
por
Emilio Vallinas
y la observación de la dirección de las demandas por los
derechos ciudadanos de los grupos ligados al sistema clientelar priísta, que va
183
sociedad y política
42
Emilio Vallinas del Ejido
El Carcomo
, 13 de junio del 2002.
43
Idem.
de la demanda por la satisfacción de los derechos sociales hacia los derechos
políticos,
Maldonado
afirmó:
Empezamos a gestionar los servicios para hacer de Maravilla un sitio estratégico en
la región [.
..] Primero, en 1979, un albergue escolar que era para Guadalupe Tepeyac
lo trajimos a
Lagunillas
porque nosotros aceptamos acarrear todo el material a lomo
humano, ya que no había camino [.
..] en 1980 la clínica el IMSS [.
..] en 1983 la
bodega del ejido [.
..] luego gestionamos el apoyo para la apertura de la carretera
fronteriza [.
..] en 1984 logramos la nueva zonificación escolar con cabecera en
Lagunillas
[...] luego la creación de la telesecundaria [.
..] en 1989 el campamento de
SCT [.
..] en 1993 la oficialía del registro civil [.
..] en 1994 el camino a Amatitlán
[...] Así fue que iniciamos la gestión del nuevo municipio.
44
El resurgimiento de la pugna de los verdaderos originarios se ligó a la
presencia de las facciones priístas que disputaron el establecimiento de una
cabecera municipal diferente. Al apoyo de SOCAMA y la UE
Lagunillas
a
Maravilla Tenejapa, algunos ceneceístas aglutinados en la organización
COPIS a partir de sus propias redes consideraban que el ejido
Nueva
Cofradía
era el lugar adecuado para el establecimiento de un nuevo munici-
pio, "Nuevo Huixtán", que, siguiendo el modelo zapatista, fuese regional. Al
respecto,
Lorenzo Macías
describió en su momento un recorrido semejante
al expresado por los miembros de SOCAMA:
A causa del abandono, del olvido de muchos años en Las Cañadas, surge esta aso-
ciación civil; aparece como organización, no como ONG; para ir respondiendo a las
necesidades prioritarias [.
..] hemos podido entrar con el poquito de recurso para
darle respuesta a la comunidad en [.
..] los servicios sociales porque durante muchos
años no hay agua potable, no hay electrificación, no hay vivienda no, no hay salud,
no hay camino, no hay proyectos productivos [.
..] Así es como fue para nosotros
entrar muy directo [a la remunicipalización] pero somos muy respetuosos, alenta-
mos la decisión libre y democrática de las comunidades no veníamos a exigirles aquí
queremos que sea el municipio [.
..], como el caso de Maravilla Tenejapa, se llegó a
dar el municipio porque había voluntad de las comunidades, ya había un acer-
camiento de los consejos consultivos y fue muy fácil para el gobierno estatal que pre-
tendió manejar la política; pero el error fue precipitarse y crear un municipio muy
pequeño y dejar a las otras comunidades sin dar respuesta a sus necesidades de re-
presentación política y una autoridad cercana.
45
Sin embargo, las organizaciones independientes que habían estado
apoyando al municipio autónomo "Tierra y Libertad" no se quedaron con
sociedad y política
184
44
Ernesto Maldonado de Comitán de Domínguez, 22 de septiembre del 2000.
45
Lorenzo Macías del Ejido
Lagunilla
, 10 de noviembre del 2001.
los brazos cruzados al ver que los priístas habían retomado la propuesta de
un municipio regional.
Lenguas Mayas
y
Presencia Mesoamericana
opusieron
a las facciones priístas su apoyo a la demanda comunitaria de
San Patricio
para el nuevo municipio "regional" de Nuevo San Juan Chamula.
Curiosamente, no apoyaron la propuesta gubernamental de Amparo Agua
Tinta; sin renegar de su adscripción a un "Tierra y Libertad" cada vez más
imaginario, tampoco lo hicieron con respecto a los restos de las fuerzas
neozapatistas que quedaron en
Agua Dulce
. El aparente distanciamiento de
estas organizaciones con los autonomistas se debió a la fuerza que
adquirieron tanto los miembros de SOCAMA como el proyecto de remu-
nicipalización gubernamental, sus enemigos por antonomasia. En palabras
de
Darío Lara
, líder de
Lenguas Mayas
, sus opciones fueron reducidas, pues:
Queremos que quede
San Patricio
porque es la gente más flexible, más tolerante;
pero la posición del gobierno fue poner el municipio Maravilla, porque ahí tiene el
campamento militar, los cuarteles y todo; es ahí en donde le conviene [.
..] por que
la postura de nosotros y de esa propuesta de municipio es que no quieren el alco-
holismo, tampoco la prostitución que llegan con los militares [.
..] también es que
tienen una forma de trabajo, según las costumbres que rigen en cada pueblo; están
a base de reuniones, de planeación del trabajo y gestoría para el municipio y no a
través de la imposición [.
..] Esos elementos, como ser flexibles y respetar el trabajo,
no lo encontramos en muchos lugares.
46
En estos dos grupos políticamente diferenciados, más allá de las simples
apariencias en donde aparecen polarizados, podemos encontrar facciones
políticas que muestran la complejidad de los procesos locales y la
reapropiación y reinterpretación de los discursos "oficiales" con la finalidad
de obtener ventajas en las luchas políticas locales. Son estas facciones las que
disputan de manera dinámica el acceso al poder local durante el proceso
analizado y las que en sus encuentros y desencuentros se han apropiado y
transformado los discursos identitarios como un instrumento de acceso a la
estructura local de poder.
185
sociedad y política
46
Darío Lara del Ejido
El Sauce
, 22 de enero del 2002.
sociedad y política
186
Demandas municipalistas y reestructuración del poder local
En la definición de un proyecto de reorganización territorial, autonomía o
municipio libre, se encuentran dos componentes estructurales: 1) los proce-
sos migratorios y las redes sociales que se establecen a partir de la colo-
nización de la selva y 2) las clientelas políticas sustentadas en la forma de
tenencia de la tierra, el ejido, que conforman el sistema de reciprocidades
locales. Ambos factores nos permiten reconocer ciertas continuidades
históricas en las demandas y sociabilidades políticas que han conformado a
los grupos en la micro-región selva-fronteriza.
En este marco,
entra en escena el factor dinámico de la construcción
de la identidad para que las disputas políticas — que resultan, paradójica-
mente, corporativas— se empapen de la lucha por los derechos de ciu-
dadanía entendidos como el respeto a una ciudadanía diferencia sustentada
en los "usos y costumbres". Frente a este panorama, cabría preguntarse
cuáles han sido los cambios políticos producto de este discurso de "ciu-
dadanía étnica" y cómo las nuevas territorialidades se están transformando
en nuevos espacios, aunque restringidos, para definir los derechos culturales
y políticos de la ciudadanía.
La posición de los grupos políticos ha cambiado en el transcurso de los
últimos diez años. Previo al levantamiento zapatista, en la región selva-fron-
teriza, la hegemonía de las redes clientelares priístas parecía indiscutible. Sin
embargo, las fuerzas del EZLN ya estaban organizándose aunque de manera
soterrada y sin disputar abiertamente las estructuras de poder local a los
priístas. Aun después de 1994 los simpatizantes zapatistas no mostraron un
abierto apoyo al EZLN en sus comunidades ya que las principales batallas se
estaban dando en las cabeceras municipales. Hasta el segundo bimestre de este
año la presencia neozapatista en la región fue clara.
En aquella ocasión, los comisariados ejidales comandados por ceneceís-
tas y socameros decidieron, a través del mecanismo de la asamblea ejidal,
salir de la región ante el temor del conflicto. Entonces, los grupos de simpa-
tizantes que existían en los ejidos dejaron a los priístas salir. De esta manera,
los simpatizantes zapatistas tomaron el control territorial de la región y por
medio de acuerdos, que firmaron a nombre de toda la comunidad, se
hicieron del control político ejidal y se pusieron, asimismo, a la cabeza de la
representación política en el municipio rebelde
Agua Dulce
y "Tierra y
Libertad". A pesar del regreso de los desplazados, y siendo los simpatizantes
clara minoría en la mayoría de los ejidos, fueron los retornados los que
tuvieron que negociar su reinserción en el ejido-comunidad y respetar los
acuerdos tomados en su ausencia. En muchos de los casos, la combinación
de factores hizo que la población retornada ratificara la pertenencia corpo-
rativa de la comunidad al municipio autónomo.
No obstante, la situación cambió. En un primer momento, la conver-
gencia constitutiva de la autonomía entre zapatistas locales y la "sociedad
civil organizada" en torno a la CEOIC parecía hacer de esta opción una de
las posturas políticas más fuertes en la región y su permanencia y cierta legi-
timidad
47
pareció en un momento incuestionable. Sin embargo, al tiempo
que el gobierno federal desmanteló al concejo autónomo, esta opción se
debilitó rápidamente y la demanda de autonomía poco a poco fue dejada de
lado para ser sustituida por un reclamo hacia el Estado para que cumpliera
con su función de benefactor de la población. La identidad
pluriétnica
neozapatista fue sustituida en el discurso por las identidades de los
indíge-
nas-campesinos
y las trazas de una identidad étnica, a partir de grupos que se
reivindicaron a partir del derecho político a elegir a sus propias autoridades,
fue retomada por los grupos priístas.
Con ello, diversas facciones priístas se sumaron a la propuesta guberna-
mental de remunicipalización e impulsaron fuertemente la creación de
municipios libres; SOCAMA a favor de Maravilla y
COPIS
a favor de
Nuevo Huixtán. En tanto, las organizaciones "independientes" pro-autono-
mistas, opusieron a estas propuestas su apoyo al municipio Nuevo San Juan
Chamula. En este panorama en el cual la hegemonía zapatista estaba frac-
turada, parecía que SOCAMA tomaría la delantera ya que su apuesta fue la
favorecida por el gobierno estatal. Sin embargo, no fueron éstos los que se
hicieron del control de la estructura de poder local.
Ante el temor de un regreso a las viejas formas de control político
"caciquil", representadas en SOCAMA, un nuevo pacto de dominación
entre las fuerzas políticas estatales, en donde esta organización perdía fuerza,
se entrecruzó para que los ceneceístas se hicieran del control de la estructura
de poder local representada en el Concejo Municipal de Maravilla. A pesar
47
He documentado que tanto pro-autonomistas como pro-priístas mantuvieron una doble estrategia. A la par rea-
lizaban sus trámites ante las autoridades autónomas y ante las autoridades gubernamentales para acatar la resolu-
ción que más convenía a sus intereses.
187
sociedad y política
de los temores, esas viejas formas regresaron. Una vez que el concejo muni-
cipal tomó el control de la estructura formal comenzó a instrumentar un
juego de "suma cero", es decir, el que se había hecho del control político del
nuevo ayuntamiento ganaba todo y las organizaciones que en sus posturas
habían hecho propuestas alternativas a Maravilla Tenejapa perdían "todo".
De esta manera, la lucha por la autonomía se diluyó en la lucha por
los derechos sociales y en el discurso productivista de la "priorización de
necesidades"; la autonomía se vio reducida a la idea de que se contaba con
autoridades más "cercanas". El municipio y las disputas que han tenido
cabida en él, si bien no se inclinaron por una mayor autonomía en la instru-
mentación de mecanismos para la toma de decisiones, reforzó algunos otros
derechos políticos, por ejemplo, el de la participación y elección de represen-
tantes en las comunidades. En esta acción, se pasó del voto corporativo de la
asamblea ejidal al derecho de un voto individual más o menos universaliza-
do, aunque en la práctica cultural la toma de acuerdos previos comunitarios
—donde la disidencia es poco tolerada— siguió siendo la norma.
Por otra parte, el discurso político que se enarboló por parte de los
actores de la localidad hacia las agencias gubernamentales, mantuvo al ele-
mento étnico como factor de definición de la lucha por el reconocimiento
de los derechos de ciudadanía. El derecho que tienen ahora como munici-
pio a obtener respuesta del Estado para asegurar su bienestar deriva de su ser
indígenas-campesinos durante mucho tiempo abandonados; asimismo, la
exigencia de contar con autoridades cercanas y representativas de la
población como pueblos indios.
Sin embargo, las transformaciones más importantes para los habitantes
de la región, más allá de la reorganización territorial y de la aparición de
nuevos municipios, se encuentran a nivel de la vida local. El neozapatismo con
sus modernos discursos pro-acceso a los derechos ciudadanos transformó el
orden social de las comunidades–ejidos; así, se pasó de una "representación
por ejidos", que partía del comisariado ejidal con hegemonía masculina, a una
más incluyente de la "comunidad" con la participación de hombres y mujeres
mayores de edad. Indicativo de estas transformaciones es la emergencia de gru-
pos organizados de mujeres, inexistentes antes de 1995,
que, a pesar de ser
impulsados por las propias agencias del Estado como Cañadas, por ejemplo, y
de contar, en su mayoría, con demandas de apoyos económicos muy específi-
cos, han sido un aporte significativo para la vida política local.
sociedad y política
188
A manera de conclusión
Los actores involucrados en la gestión de recursos de las experiencias muni-
cipalizadoras (autonomista y gubernamental) pueden interesarse en el fede-
ralismo para adecuarse a las demandas del Estado, pero en el fondo actúan
como grupos de interés que pueden, por esta vía, ver satisfechas, aunque sea
de manera parcial, sus demandas locales las cuales, vale reiterar, suelen ser de
corte corporativo sustentadas en los derechos culturales de la diferencia y la
reivindicación de los "usos y costumbres" donde la asamblea vota y decide y
la disidencia no tiene cabida. Sin lugar a dudas, el panorama presentado
muestra unas instituciones de gobierno y asociaciones que se traslapan en sus
competencias por las luchas para ganar adeptos y recursos.
En estos traslapes los rejuegos de las fuerzas políticas que se desataron a
raíz del conflicto armado y territorializador se están ajustando a las nuevas
aspiraciones —autonomistas, ciudadanizadoras, democráticas— en un espa-
cio social sobrecargado con una cultura política de signo contrario. Así, en
los esfuerzos de reorganización territorial descritos observamos actores cole-
ctivos que hacen las veces de mediadores y "bisagras" entre la sociedad y el
Estado. Aunque su aspecto central es que en esos encuentros y pugnas están
abriendo espacios para el diálogo que permite buscar alternativas organizati-
vas y políticas para la solución de los problemas locales, ha sido el discurso
neozaptista de los derechos políticos y culturales el que ha fungido como el
pivote para la transformación política local.
Las formas que las fuerzas políticas locales, tanto priístas como auto-
nomistas,
han construido para dar cauce a las demandas y poner en marcha
proyectos de desarrollo, muestran que es en el ejercicio del gobierno muni-
cipal en donde pueden surgir nuevas concertaciones políticas y sociales así
como difundirse los ideales de una vida democrática y participativa.
Las paradojas que muestran estos procesos son, por el lado autonomista,
encontrarse dentro de los discursos políticos actuales (democracia, justicia,
igualdad, respeto a la diferencia cultural, etc.) pero sin lograr ejercer la plena
autonomía ni la legitimidad necesarias para impedir el desmantelamiento de
territorios autónomos con el uso de la fuerza pública. Por el otro lado, aún
con el respaldo del gobierno estatal a las organizaciones "oficiales" afiliadas al
PRI, se constatan debilidades en la administración y el gobierno munici-
pal que lejos está de ser representativo de la pluralidad política local.
189
sociedad y política
Ambos casos muestran que la municipalización instrumentada como respues-
ta a los acuerdos de paz ha derivado en mayores tensiones, enfrentamientos y
conflictos entre los grupos políticos de la región.
Los aspectos que parecen centrales en las negociaciones entre los grupos en
conflicto son, como en el pasado, la base espacial de la administración muni-
cipal, sustentada en los ejidos y las reivindicaciones identitarias (presencia étni-
ca diferenciada), así como la territorialidad como espacio de encuentro entre los
agentes y agencias locales en el cual los "agentes negocian su propias posi-
ciones"
48
. Así, en estos intentos de crear nuevas jurisdicciones municipales, el
problema fundamental es comprender cómo diferentes discursos y formas de
participación (como la democratización y la ciudadanización) son asumidos,
reinterpretados y expresados por grupos locales en un contexto de hostigamien-
to, intimidación y de férreas redes clientelares, sean de un signo o de otro.
Recibido el 20 de febrero del 2003
Aceptado el 22 de marzo del 2004
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