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15
Resumen:
En este artículo, se analizan algunas
características de la idea de sociedad
civil en el pensamiento del ilustrado
escocés Adam Ferguson. Enmarcado en
el clásico dilema del binomio virtud
cívica/sociedad comercial, el filósofo de-
fiende que no debe reducirse lo "civil"
de la sociedad al plano económico, sino
que es necesario contemplar también
las dimensiones política y ética de los
ciudadanos. Si se excluyen estas dimen-
siones las consecuencias sociopolíticas,
entre ellas la corrupción política y el
despotismo, pueden ser devastadoras pa-
ra el hombre y para la sociedad. La
autora del artículo considera que esta
propuesta ofrece herramientas teóricas
para el actual debate que en materia de
sociedad civil se está llevando a cabo
entre los actores sociales que reivindican
principios de la tradición republicana —la
liberta política y la virtud cívica— y
aquellos que defienden núcleos funda-
mentales de la tradición liberal —el mer-
cado como instancia fundamental de la
sociedad civil.
Perspectivas Teóricas
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* Universidad Carlos III de Madrid, Depar-
tamento de Ciencia Política y Sociología, C/
Madrid 126, 28903, Getafe (Madrid).
¿Cívica o comercial? Paradojas
de la idea de sociedad civil en Ferguson
Isabel Wences Simon*
Palabras clave:
Sociedad civil, Adam Ferguson, Ilustración
escocesa, virtud cívica, liberalismo clásico.
Abstract:
This paper analyzes some characteris-
tics of the concept of civil society in
the thought of Scottish Enlightenment
philosopher, Adam Ferguson. In the
framework of the classical dilemma of
the binomial civic virtue/commercial
society, Ferguson defends the position
that "civil" society should not be con-
fined to the economic sphere, but
should also include the political and
ethical dimensions of citizens. If these
two dimensions are excluded, the
sociopolitical consequences, among them
political corruption and despotism, may
be devastating for man and society. The
author of this article considers that this
proposal offers theoretical tools for the
contemporary debate among social
actors who advocate the principles of
the Republican tradition—political
freedom and civic virtue—and those
who defend certain fundamental core of
the liberal tradition—the market as
fundamental feature of civil society.
16
Longevo retrato del paradigma de
un ilustrado escocés, Adam Fergu-
son (1723-1816), íntimo amigo de
David Hume y Adam Smith, fue sin
duda uno de los más ingeniosos y
agudos observadores del gran siglo
de las luces.
Genio menor del panteón de las
ciencias sociales hizo notables con-
tribuciones al pensamiento social,
filosófico y económico. Conside-
rado el Montesquieu escocés, fue el
primer pensador moderno que uti-
lizó, en el título de un libro, la voz
sociedad civil al bautizar su obra
más conocida con el nombre de
Un
ensayo sobre la historia de la socie-
dad civil.
1
Sin duda, acierta John
Keane cuando subraya que, "uno de
los primeros signos de rompimiento
con la idea clásica de sociedad civil
lo puso sobre la mesa Adam Fergu-
son en uno de los mejores trabajos
de la Ilustración escocesa:
Un ensayo
sobre la historia de la sociedad
civil".
2
En ésta y otras obras, inclu-
yendo las inéditas, Ferguson realizó
una propuesta original y polémica
sobre la sociedad civil que se en-
marca en el clásico dilema del binomio
virtud cívica/comercio. Lo interesante
de la iniciativa del ilustrado es que a
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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1
Adam Ferguson,
An Essay on the History of Civil Society
, introducción a cargo de Fania Oz-Salzberger, Cambridge, Cambridge University
Press, 1996 (primera edición, A. Millar & T. Cadell, London, 1767). Es también recomendable la edición:
An Essay on the History of Civil Society
,
edición e introducción a cargo de Duncan Forbes, Edinburgh, University Press, 1966. Existe la versión en español:
Un ensayo sobre la historia
de la sociedad civil
, prólogo de Graciela Soriano, revisión y corrección de Juan Rincón Jurado, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1974.
2
J. Keane, "Despotism and Democracy. The Origins and Development of the Distinction between Civil Society and the State 1750-1850",
en John Keane (ed.),
Civil Society and the State
, Verso, London , New York, 1988, p. 41.
3
Me ocupo a profundidad de esta temática en mi libro
Sociedad civil y virtud cívica en Adam Ferguson
, Madrid, Centro de Estudios Políticos
y Constitucionales (en prensa).
Introducción
pesar de haberla construido en un
entorno que mayoritariamente reivin-
dicaba los presupuestos del liberalismo
económico, Ferguson no separó la
mirada de los valores de la tradición
republicana y buscó constantemente
situar lo político como componente me-
dular de la sociedad civil.
El filósofo de Perthshire observa-
ba la sociedad comercial a través de
un complejo prisma cuyos ángulos y
diámetros estaban construidos con
las filosofías de los estoicos roma-
nos, así como con las de Nicolás
Maquiavelo y el barón de Montes-
quieu, quienes se convirtieron en los
padres del intenso tenor cívico que
se percibe en sus obras. En el
ilustrado escocés se presencia una
mente clásica, aunque de matices
modernos, que intenta adaptarse a
los vertiginosos cambios sociopolí-
ticos que estaban sucediendo como
consecuencia del progreso económico.
A lo largo de sus escritos, Fer-
guson of Raith, como también se le
conoció, reafirmó los valores del hu-
manismo cívico como solución a los
peligros que él consideraba afrontan
las modernas sociedades comerciales,
a las que denominó sociedades civi-
les, y que son principalmente de dos
tipos. Por un lado, el creciente so-
metimiento a la norma económica de
todas las demás dimensiones de la
vida social —el filósofo pensaba que
esta subordinación era peligrosa por-
que reducir la sociedad civil a la
esfera del mercado podía dar lugar
a perjudiciales consecuencias socio-
políticas. Por otro, y en clara conexión
con lo anterior, también podía propa-
garse una potencial corrupción políti-
ca que debilitaría el temple virtuoso
de los hombres y conducir, incluso, al
advenimiento del despotismo y con
él a la devas-tación de la sociedad.
Ante este posible panorama, Ferguson
se preguntaba qué hacer con la lle-
gada de una situación que sin duda
representaba un avance respecto de
las condiciones de vida anteriores,
pero que no podía evitar venir acom-
pañada de potenciales riesgos como
podría ser la propagación de la tira-
nía y la pérdida de las libertades
3
.
Antes de someter a discusión estas
tesis, resulta conveniente comenzar
por presentar algunos aspectos fun-
damentales del pensamiento de este
ilustrado escocés y del contexto en
el que se desenvolvió.
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Perspectivas Teóricas
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4
M. Riedel, "El concepto de sociedad civil en Hegel y el problema de su origen histórico", en Gabriel Amengual (ed.),
Estudios sobre la
Filosofía del Derecho de Hegel
, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1984, p. 201.
5
Giovanni Sartori,
Elementos de teoría política
, traducción de María Luz Morán, Madrid, Alianza Editorial, 1992, p. 205.
6
María Isabel Wences Simon,
En torno al origen del concepto moderno de sociedad civil
(
Locke, Ferguson y Hegel
), Madrid, Instituto de
Derechos Humanos "Bartolomé de las Casas", Universidad Carlos III de Madrid y Dykinson, 1998, p. 11.
7
Enrique Serrano, "Modernidad y sociedad civil", en Alberto Olvera (coord.),
La sociedad civil: de la teoría a la realidad
,
México, Colegio
de México, 1999.
8
Ronald L. Meek,
Los orígenes de la ciencia social
.
El desarrollo de la teoría de los cuatro estadios
, traducción de E. Pérez Sedeño, Madrid,
Siglo Veintiuno Editores, 1981.
La distinción entre lo político y lo
social resultan comunes hoy en
día. Pero la fusión política entre
el Estado y la sociedad civil, repre-
sentada con la fórmula clásica
civitas sive societas civilis sive res
publica
(la ciudad, es decir, la so-
ciedad civil o, aún mejor, la cosa
pública), se mantuvo vigente
desde "Aristóteles hasta Alberto
Magno, Tomás de Aquino y Melan-
chton, incluso de Bodino hasta
Hobbes, Spinoza, Locke y Kant".
4
Durante este largo tiempo se des-
plegó una concepción teórica sobre
el mundo políticamente organizado
en la que el Estado no contenía a
la sociedad dentro de sí ni tam-
poco presuponía su existencia sino
que él era "sociedad", "sociedad
civil". Las diferenciaciones y con-
traposiciones entre el Estado y la
sociedad civil comenzaron a dibu-
jarse en el siglo XVIII y no fue
sino hasta la primera mitad del
XIX que se afianzaron, adquirien-
do ambos conceptos su acepción
actual.
5
Durante esta época, en
la que tuvieron lugar las prime-
ras pretensiones teóricas y empí-
ricas de separar lo social de lo
político, la sociedad civil quedó
inmersa en la encrucijada de una
polémica particular de carácter
intelectual e histórico en el que
un camino llevó al afianzamiento
de las monarquías absolutas, en
donde la sociedad civil quedó como
objeto de dominación, y otro, a
la consolidación de los gobiernos
constitucionales donde la socie-
dad civil desafió la dominación
del Estado.
6
Durante el periodo en el cual
lo civil y lo político se fundieron lo
que varió fue la esfera a la que se
oponía la sociedad civil; en el
mundo grecorromano a ésta se le
distinguía de la comunidad fami-
liar y en la escolástica medieval
de la sociedad religiosa.
7
En el
ámbito moderno de los siglos
XVII y XVIII la sociedad civil
aparecía como la antítesis de la
sociedad natural —John Locke y
los contractualistas— o como la
oposición a una sociedad primitiva
—Adam Ferguson y los ilustrados
escoceses.
Cuando se alude a la contrapo-
sición entre sociedad civil y socie-
dad primitiva hay que tener en
cuenta que el adjetivo civil no se
deriva de
civitas
, sino de
civilitas
(civilizado). Representantes de es-
ta visión fueron los ilustrados
escoceses quienes distinguían a la
sociedad civil —en tanto sociedad
civilizada— de la condición pri-
mitiva —sociedad ruda, no pulida,
no civilizada. Esta distinción se
comprende mejor recordando que
los ilustrados escoceses esbozaron
una teoría general del desarrollo
histórico de la humanidad que se
conoce como la teoría de los
estadios y que además de ser una
propuesta que dominó gran parte
del pensamiento social y econó-
mico europeo del siglo XVIII
8
es
de utilidad en tanto herramienta
metodológica para el estudio de
la sociedad civil.
Así, para explicar cómo la
sociedad fue "naturalmente" desa-
rrollándose hasta llegar a aque-
lla forma de vida colectiva que se da
únicamente en los países que han
conseguido desarrollar una socie-
dad civil (como la Gran Bretaña del
siglo XVIII), los ilustrados escoce-
ses eligieron como instrumento
analítico cuatro grandes etapas
"típico-ideales" que les sirviesen
de marco para explicar heurísti-
camente el desarrollo social.
Cada una de las etapas en cues-
tión —caza, pastoreo, agricultura
y sociedad civil civilizada y comer-
cial— representaba un avance con
relación al periodo anterior y a cada
una le correspondían distintas
El lugar de Adam Ferguson en la travesía histórica de la sociedad civil
intencionadas de innumerables
acciones individuales que tienen,
como objetivo más inmediato, el al-
cance de sus fines privados y en
las que los instintos, temperamen-
tos y hábitos son esenciales.
11
Hasta aquí los ilustrados esco-
ceses coincidían en la idea de socie-
dad civil en tanto sociedad que
ha superado la condición salvaje y
preponderantemente agrícola y se
ha configurado naturalmente como
sociedad comercial, pero discre-
paban respecto del contenido que
otorgaban a la sociedad civil, esto
es, sobre sus elementos internos,
sus características constitutivas
y sus pautas normativas. Si bien
coincidían y celebraban que la
Escocia en la que vivían era una
sociedad civil, diferían, sin em-
bargo, en su percepción valorativa
respecto del futuro de esa misma.
Encontramos aquí una distinción
normativa entre aquellos que se
inclinaban más por acompañar a
la sociedad civil de contenidos
liberales y aquellos que ponían el
acento en la necesidad de reivin-
dicar los valores de la tradición
republicana.
18
ideas e instituciones relativas al
desarrollo cognitivo, la propiedad,
el gobierno, el derecho, las percep-
ciones sobre las costumbres, el modo
de subsistencia, las normas mora-
les, la división del trabajo, etcé-
tera. De esta manera, a medida que
el hombre se desarrollaba y la
humanidad evolucionaba, las cir-
cunstancias se diversificaban y las
costumbres se volvían más comple-
jas. La diversificación y la com-
plejidad, sostenían, eran huellas
de las sociedades civiles y eran
correlativos del conocimiento y de
los hábitos civilizados; la homo-
geneidad y la simplicidad lo eran
de la ignorancia y de la rudeza.
La teoría de los estadios permi-
tió a estos pensadores escoceses
fundamentar que la configuración
de las instituciones sociales, polí-
ticas, legales, económicas y lin-
güísticas se ha ido formando a lo
largo de la evolución de la socie-
dad gracias a innumerables accio-
nes humanas hechas por personas
que ignoraban las posibles conse-
cuencias, generalmente lejanas, a
las que sus actos podrían con-
ducir. Estos ilustrados subrayaron
con énfasis que los órdenes so-
ciales complejos —el lenguaje, la
propiedad, el comercio, la lega-
lidad, los rangos y el gobierno—
son el resultado de efectos no
previstos de acciones individuales.
Con base en la ley de las con-
secuencias no intencionadas de
la acción explican la formación
institucional de la sociedad civil
a partir de causas naturales y cul-
turales, enfrentándose así tanto
a la concepción cartesiana de una
razón humana independiente y de
existencia anterior capaz de inven-
tar las instituciones, como a la
creencia de que la sociedad civil
debe su existencia a un sabio
legislador o a un contrato social.
9
Los filósofos escoceses se ale-
jaron de la entonces influyente
convicción intelectual de acuerdo
con la cual el hombre ha creado o es
capaz de concebir el complejo sis-
tema de normas jurídicas y mora-
les que rigen en el mundo.
10
Las
complejas disposiciones sociales
bajo las cuales vivimos se confi-
guran, no gracias a un cálculo de-
liberado, sino a partir de un orden
espontáneo, de consecuencias no
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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9
Jean-Michel Josselin y Alain Marciano, "Public Decisions in the Scottish Enlightenment Tradition", en
Journal of Economic Studies
, nº 1,
vol. 28, 2001, p. 7.
10
A.
Ferguson,
op. cit
., p. 122.
11
Norman Barry, "La tradición del orden espontáneo", en http://www. uaca.ac.cr/acta/1997nov/norman.html Consultado el 5 de marzo de
1999.
19
La constante preocupación por los
peligros sociopolíticos en los que
puede caer la sociedad civil es lo
que distinguió a Ferguson de otros
de sus contemporáneos escoceses.
El que fuera capellán castrense del
Regimiento
Black Watch
se daba
perfectamente cuenta del avance
que para la humanidad significaba
la presencia de la sociedad civiliza-
da, pero no se mostraba ciegamente
optimista respecto del desarrollo
social, más bien tuvo sumo cuida-
do en distinguir entre los hechos
reversibles y los irreversibles,
entre el desarrollo tecnológico y
económico, de un lado, y el psi-
cológico y el moral, del otro.
Lo que más le preocupaba es que
la llegada de la sociedad civil co-
mercial viene acompañada de una
latente corrupción que puede mer-
mar la virtud cívica de los hombres
y fertilizar la tierra para que ger-
mine el despotismo. Los dos grandes
peligros sociopolíticos que Fergu-
son percibía eran, por una parte, la
pérdida de la entereza humana, el
naufragio del ejercicio ciudadano
y el descalabro del honor marcial
—resultado todo ello de la diver-
sificación de la división del traba-
jo, característica
sine qua non
de la
sociedad civil comercial; por la otra,
las altas probabilidades de que se
corrompiera el espíritu público por
las amenazas que supone para la
virtud política la llegada del inte-
Perspectivas Teóricas
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rés, la creciente preferencia por
la vida reposada y en consecuencia
el abandono de la vida activa y el
lujo, rasgos que acompañan a la
sociedad civil. Para comprender
el hilo argumental del pensador
veamos brevemente cada uno de
estos aspectos.
El bibliotecario de la Facultad de
Abogados de Escocia era consciente
de los beneficios económicos que re-
portaba la presencia de la división
del trabajo —la separación de las
artes y las profesiones— en la socie-
dad civil: aumento de la riqueza,
incremento de la productividad y
crecimiento gradual de las como-
didades y el bienestar. Pero estos
beneficios, que Adam Smith sub-
rayara, no eran lo suficientemente
valiosos como para hacerle olvidar
los devastadores efectos políticos
y éticos a los que puede conducir
la propagación y generalización
de su práctica.
12
Al autor del
Ensayo sobre la histo-
ria de la sociedad civil
le preocupaba
que este ejercicio pudiese invertir
los valores, destruir la personalidad
humana y conducir al desinterés polí-
tico porque cuando irrumpe la exce-
siva especialización se sumerge a
los hombres en su tarea particular
y se les aleja de sus responsabili-
dades sociales y políticas.
Ciertamente, cuando "el hombre
se convierte en un engranaje ciego
en una máquina inmensa, aislado
12
Jean-Pierre Séris,
Qu'est-ce que la division du travail
?:
Ferguson
, Paris, Librairie Philosophique J. Vrin, 1994 (Pré-Textes, 6).
13
Miguel Ron Pedrique,
Los orígenes del liberalismo: Adam Ferguson y la tesis del doux commerce
, Caracas, Fundación Mirón Editores, 1991, p. 49.
14
John David Brewer, "Adam Ferguson and the Theme of Exploitation", en
The British Journal of Sociology
, vol. XXXVIII, nº 4, 1986, p. 463.
de todo menos de su función es-
pecífica"
13
se presentan graves
problemas. El primero de ellos es la
posible pérdida de la entereza hu-
mana. Una de las consecuencias no
originalmente intencionadas del
desarrollo comercial e industrial es
que los hombres van cada día ase-
mejándose más a una máquina, que
poco a poco se ven inmersos en
un proceso de desmantelamiento
de sus facultades mentales y que
muchas veces terminan conver-
tidos en meros instrumentos a
merced de su trabajo. La división
del trabajo puede minar el inte-
lecto humano porque entre más
mecánicamente se trabaje menos
tiempo hay para dedicarse a la
reflexión y al estudio.
Así, la división del trabajo sien-
ta las bases de un monopolio de la
habilidad intelectual que queda en
manos de los pocos que controlan el
proceso general —fábrica, adminis-
tración del Estado y ejército— lo
que conduce a un empobrecimien-
to de la creatividad y de la reflexión
del resto de la humanidad.
La separación de las artes co-
merciales produce trabajadores des-
humanizados; el trabajador cuyo
esfuerzo se reduce únicamente a
buscar los medios para comer, se
vuelve un ente mecánico, su ejer-
cicio no requiere de talento. Y un
hombre máquina termina por per-
der su entereza humana.
14
Adam Ferguson y la defensa de la virtud política
20
pleno desarrollo de la virtud y la
felicidad.
Caer preso de la conducta del
funcionario ocupado en sus propios
intereses y de hombres que no par-
ticipan de las prácticas sociales y
políticas, significa el desastre tan-
to para la estabilidad nacional como
para la libertad de los individuos.
Una tercera consecuencia nega-
tiva de la división del trabajo es el
descalabro del honor marcial. Si
los individuos se desentienden del
cultivo del honor marcial para dedi-
carse de lleno a la producción, se
pone en peligro el espíritu público
de defensa de la patria. De los dos
métodos mediante los cuales pue-
de suministrarse una defensa pú-
blica, Ferguson optó por defender
la milicia, frente a la propuesta de un
ejército permanente. La milicia ga-
rantizaba la participación en la de-
fensa pública: "Quien no toma parte
en la defensa de su país no es un
ciudadano".
16
Así, para el tutor de la familia
del Marqués de Bute la defensa del
honor marcial era un deber cívico.
Se negaba, por tanto, a la profe-
sionalización de la defensa. Aducía
que si se permitía que la protec-
ción de los hombres se convirtiera
en un mero servicio pagado, enton-
ces los ciudadanos perderían su
sentido de bien público.
El advenimiento de la sociedad
comercial también podía, poten-
cialmente, corromper del espíritu
público. El filósofo se mostraba cons-
tantemente preocupado por la ame-
naza que representa la pérdida de
virtud pública y, consecuentemente,
la emergencia de la corrupción
política.
En el discurso del escocés la co-
rrupción se yergue como la prin-
cipal causa de declive y ruina de
la sociedad civil. Por corrupción, el
ilustrado entendía una depravación
del carácter humano que conducía a
la indiferencia o a la pérdida de in-
terés por participar en los asuntos
públicos.
17
Surge cuando los hombres
adoptan una actitud negligente ante
la participación política y giran la
mirada hacia los asuntos de su pro-
pio interés. La corrupción "es una
fuerza destructiva y dinámica que
constantemente pone en peligro el
edificio entero de la comunidad
política. Al disolver la obligación
de los ciudadanos a participar,
conduce al descuido de las insti-
tuciones y a la consecuente pér-
dida de libertad política".
18
Hay que advertir que la socie-
dad civil de carácter comercial no
necesariamente tiene que acom-
pañarse de la corrupción, pero sí
presenta una serie de particulari-
dades que parecen allanar el
camino para que esta desviación
se manifieste. Así, además de la
ya mencionada división del tra-
bajo, la obra del escocés alude a
la llegada de nuevos valores co-
merciales que condujeron a sus-
tituir las pasiones existentes por
intereses; al advenimiento de una
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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15
Ernest Gellner,
Condiciones de la libertad. La sociedad civil y sus rivales
, traducción de C. Salazar, Madrid, Paidós, 1996, p. 80.
16
F. Adam,
Un ensayo sobre la historia de la sociedad civil, .
.. op. cit.
, p., 290.
17
Ibid
, p., 314.
18
John Robertson, "The Scottish Enlightenment and the Limits of the Civic Tradition", en Istvan Hont y Michael Ignatieff (eds.),
Wealth
and Virtue. The Shaping of Political Economy in the Scottish Enlightenment
, Cambridge, Cambridge University Press, 1983, p. 137.
La segunda consecuencia de la
llegada de la división del trabajo es
el posible naufragio del ejercicio
ciudadano. Es verdad que a Fergu-
son le inquietaba lo que la sepa-
ración de las profesiones puede
causar al alma humana, pero lo que
más le preocupaba era lo que po-
día dañar a la sociedad civil. Tenía
temor a que llegara a transfor-
marla en "una repulsiva forma de
servidumbre".
15
El profesor de la Universidad
de Edimburgo creía que los ver-
daderos peligros para la sociedad
civil vendrían cuando la división
del trabajo se extendiera a toda la
estructura social. Si esto llegase
a suceder, sostenía, podría destru-
irse el orden social, corromperse el
espíritu público y, consecuente-
mente, abrirse las puertas al des-
potismo. La separación de las artes
y las profesiones —entre los em-
presarios y los trabajadores; entre
los administradores públicos y los
ciudadanos privados; entre los sol-
dados y los civiles— podría corroer
los lazos sociales y socavar la par-
ticipación de los ciudadanos.
Lo que quiere decir Ferguson es
que la especialización disocia al
ciudadano de su deber como hom-
bre de Estado y como guerrero.
Para él, los deberes del hombre de
Estado y del guerrero son consi-
derados como los más altos ofi-
cios públicos y los más decisivos
para el bienestar nacional porque
desarrollan las condiciones para el
21
creciente preferencia por la vida
reposada; a la confinación de la vi-
da activa y, finalmente, a la lle-
gada del lujo.
Con el advenimiento de estos
nuevos valores comerciales se co-
menzó a sustituir las pasiones exis-
tentes por intereses. Como bien
señala Carmen Iglesias, en la revolu-
ción de los valores que tuvo lugar en
la modernidad se produjo "un des-
plazamiento del ideal de gloria,
honor y virtud y el afianzamiento
en su lugar de una pasión muy
distinta, el interés individual".
19
Así, el comercio y el interés priva-
do se convierten en los muelles de
las sociedades europeas modernas.
Y si se sustituyen las pasiones por
los intereses y a estos últimos se les
convierte en el principio orienta-
dor de la acción humana se puede
tener el efecto colateral de matar
el espíritu cívico y abrir las puer-
tas a la tiranía.
20
Otra posible fuente de corrup-
ción que genera el comercio, y que
puede favorecer a un gobierno
autoritario, es el abandono de la vida
activa y la exaltación del reposo,
esto es, la inclinación a adoptar
una actitud políticamente pasiva.
El gran mal para el hombre es el
reposo porque la apacible indife-
rencia fomenta los vicios y una vez
que éstos se diversifican el ascen-
so del despotismo es cuestión de
tiempo.
21
La pasividad es una terrible es-
clavitud; la inactividad produce
despreocupación y alguien que se
encuentra muy ocupado en sus
asuntos privados deja del lado su
espíritu público. Un hombre impa-
sible e inactivo está lejos de ser un
ciudadano virtuoso. Igual que más
tarde hiciera Alexis de Tocqueville,
Ferguson percibió el hedonismo
como uno de los potenciales ries-
gos que el espíritu del comercio
generaba.
22
Si la tendencia al reposo
comienza a anidar en el interior
de la condición humana, caer en
el despotismo es prácticamente
un hecho.
Finalmente, podemos señalar
la preocupación de Ferguson por la
llegada y bienvenida del lujo. El
lujo, entendido como "todo dis-
pendio que va más allá de lo
necesario",
23
es uno de los temas
que atrajo la mirada de gran parte
del mundo intelectual del siglo
XVIII. Para el liberalismo temprano
su presencia se consideraba impul-
sora del comercio, fomentadora de
riqueza y núcleo del desarrollo del
capitalismo; para otros, el lujo
derivaba en corrupción.
El ilustrado escocés creía que
el fausto corrompía a los habi-
tantes de la sociedad civil en dos
sentidos: afeminando a los hom-
bres —porque aquellos que viven
una vida de lujo se consagran a los
placeres de la complacencia, la pa-
sividad y la avaricia— y desviando
la búsqueda de bien público. El
lujo provoca que los hombres diri-
jan la mirada únicamente hacia la
adquisición de riqueza privada y
el disfrute de lo superfluo. Los hom-
bres dejan de atender los deberes
públicos porque su mente se dis-
trae, su energía se concentra úni-
camente en perseguir beneficios
económicos privados. De esta ma-
nera, si la búsqueda del lujo se
vuelve un comportamiento social,
sin que nadie pueda neutralizar-
lo, entonces el fallecimiento de la
nación es inminente.
24
Todas estas ideas, esbozadas en
breves trazos, denotan que Adam
Ferguson sabía que la sociedad civil
comercial había pulido y suavizado
las costumbres bárbaras y, en este
sentido, celebraba su llegada. Pero
también fue consciente de que su
presencia podía por igual corrom-
per las costumbres y, por ello, con-
sideraba que, para contrarrestar sus
efectos negativos, era necesario for-
talecer, revitalizar, la virtud cívica.
Así, al tiempo que abrazaba los
progresos de la época moderna a
los que considera naturales, mira-
ba con nostalgia hacia el pasado e
intentaba recuperar los principios
de la tradición republicana clásica
en un intento por armonizar los
contenidos de los componentes
del famoso binomio virtud cívi-
ca/comercio. Para evitar que las
Perspectivas Teóricas
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19
María del Carmen Iglesias,
Individualismo noble, individualismo burgués
, discurso de ingreso a la Real Academia de la Historia, 4 de
noviembre de 1991, Madrid, p. 26.
20
Alberto O. Hirschman,
Las pasiones y los intereses
, traducción de E. L. Suárez, México, Fondo de Cultura Económica, 1978, p., 129.
21
A. Ferguson,
Un ensayo sobre la historia de .
.. op. cit
., p. 266.
22
Alexis de Tocqueville,
La democracia en América
, traducción de E. Nolla, Madrid, Aguilar, 1989, pp., 237-238.
23
Werner Sombart,
Lujo y capitalismo
, traducción de L. Isabel, Madrid, Alianza, 1979, p. 63.
24
A. Ferguson,
Un ensayo sobre la historia de .
.. op. cit
., p. 308.
22
semillas de la corrupción germinaran
era necesario, sostiene Ferguson,
hacer algunos ajustes políticos y
morales que fueran compatibles
con las condiciones modernas.
Para ello, el historiador escocés
propuso que la condición activa
se convirtiera en el principio de
acción; que se recuperara el sen-
tido republicano de amor a la
patria y que se refrenara el lujo.
La primera de estas solucio-
nes, que la condición activa se
convierta en el principio de acción,
tenía que ver con el ideal que el
autor de
The History of the Progress
and Termination of the Roman
Republic
defendía; para él, todos
los hombres poseían una natural
condición activa, pero ésta podía
verse avasallada. La naturaleza hu-
mana, afirmaba, se sustentaba en
un principio de acción, de movi-
miento, de continua búsqueda de
la perfección.
25
Era un atributo
que ayudaba al hombre a emplear
sus talentos para librarle de la
pasión de la pasividad y la como-
didad.
El movimiento se convirtió en
el principio de una teoría de la
acción individual y en el motor
contra la tendencia a la apatía y,
por consiguiente, de freno al
despotismo. Un pueblo que par-
ticipa activamente en los asuntos
cívicos y militares puede evitar la
tiranía.
26
Por tanto, para Ferguson, el
hombre dotado de virtud no era
el que pasivamente observaba su
entorno sino el que actuaba,
aquel que con el impulso de su
acción construía y transformaba
su medio ambiente.
La recuperación del amor a la
patria fue la segunda solución
que propuso el escocés. Ferguson
entendió a la virtud, en su acep-
ción política, de la misma manera
en que lo había hecho Montes-
quieu —quien, a su vez, seguía
la estela de Maquiavelo: "la virtud
en la república es el amor a la patria,
es decir, el amor a la igualdad".
27
Este amor a la patria hace alu-
sión al amor a las leyes y a las
instituciones que protegen la liber-
tad común.
La virtud en tanto virtud po-
lítica se convierte en la base de la
libertad y pide a los ciudadanos
una conducta republicana, esto es,
"una medida módica de buena con-
ducta pública, de obediencia a las
leyes legítimas y sobre todo una
capacidad de participación activa
mínima en la cosa pública".
28
El amor a la patria, comentó
Ferguson, debía darse de dos ma-
neras: estando dispuestos a defen-
der por sí mismos —mediante una
milicia— a la ciudad y evitando
que el gobierno caiga en manos
de individuos que sólo buscan su
propio interés, supervisando con-
tinuamente las acciones del go-
bierno y participando en los
asuntos de carácter público.
Una última propuesta de solu-
ción fue desterrar al lujo de la vida
de los hombres. Si bien Ferguson
no negó la importancia del comer-
cio llegó, sin embargo, a repudiar
el lujo. Para él, la admiración
codiciosa de la fortuna distraía a
los hombres de las tareas ciudada-
nas. Por tanto, la preocupación
del hijo de Logierait no era tanto
frenar la riqueza comercial como
desviar o subvertir los argumen-
tos a favor del lujo; regular la
conducta de los hombres y pre-
venirles de los peligros que supone
la inclinación por la ostentación
y la adquisición desenfrenada de
riqueza.
Ferguson no quería que la
sociedad civil se fundamentase en
el ciego juego de los intereses,
por ello consideró de fundamen-
tal importancia que los hombres
se desprendieran de la codicia del
lujo.
29
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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25
A. Ferguson,
Principles of Moral and Political Science
, prefacio a cargo de Lawrence Castiglione, Nueva York, Ams Press, 1973, p. 235.
26
Ronald Hamowy, "Progress and Commerce in Anglo-American Thought: The Social Philosophy of Adam Ferguson", en
Interpretation
, nº
14, enero de 1986, p. 85.
27
Montesquieu,
Del espíritu de las leyes
, prólogo de Tierno Galván, traducción de M. Blázquez y P. de Vega,
Barcelona, Tecnos, 1972, p. 29.
28
Salvador Giner, "Las razones del Republicanismo", en
Claves de Razón Práctica
, nº 81, abril, de 1998, p. 7.
29
Christopher J. Berry,
Social Theory of the Scottish Enlightenment
, Edinburgh, Edinburgh University Press, 1997, p. 140.
23
La perseverante observación y há-
bil intuición que Ferguson mostró
con respecto a los peligros en los
que puede caer la sociedad comer-
cial, en la que él mismo vivió y a
la que bautizaría como sociedad
civil, lo condujeron a forjar una
propuesta normativa distinta al
habitual discurso de la época, pero
a pesar de su originalidad no exen-
ta de contradicciones. Sin negar que
la libertad individual venía aso-
ciada al orden comercial y la pros-
peridad a la división del trabajo,
construyó una disquisición que se
alejaba de aquella visión que con-
sideraba al comercio —el merca-
do— el más excelso atributo de
la sociedad civil; en su lugar,
propuso un discurso en el que la
virtud cívica se convertiría por
derecho propio en la columna
vertebral de la sociedad civil.
La solución que propuso para
evitarle riesgos a la sociedad civil
consistió en conciliar, en ocasio-
nes —hay que decirlo— de manera
forzada, dos tradiciones de pensa-
miento: el liberalismo acompañado
del individualismo económico (al
que consideraba ineludible) y el
humanismo cívico clásico escol-
tado por la virtud republicana
(al que pensaba imprescindible).
Sin duda, una de las contribu-
ciones centrales del autor de
Principles of Moral and Political
Science
es su intento, aun con
todas las carencias, por construir
un edificio teórico con dos colum-
nas centrales: el modelo clásico
de la virtud política y la inevi-
table transformación de los hom-
bres y las cosas resultado de una
revolución de valores e ideales que
separaron al mundo moderno de
la sociedad tradicional.
30
Tratar
de armonizar en la construcción de
un modelo normativo de sociedad
civil lo antiguo y lo moderno es
una tensión en la que se sitúa
gran parte de la originalidad de la
tradición del pensamiento del es-
cocés. Sin embargo, tratar de dar
una solución viable al dilema vir-
tud cívica/comercio es una tarea
sumamente compleja, una reflexión,
podría decirse, casi desesperada.
A pesar de que en muchas oca-
siones el sistema propuesto por
Ferguson tropieza con fragilidades
prácticas y teóricas y que el acer-
vo antiguo y el patrimonio liberal
no llegan a ser compatibles en la
medida en que él hubiera desea-
do, su acento en las ventajas que
reporta una vigorosa defensa de los
valores cívicos y políticos lo llevaron
a plantear una serie de estrate-
gias, inquietudes y antagonismos
que pueden resultar de gran utilidad
para comprender mejor la historia
intelectual contemporánea, princi-
palmente la polémica que sobre la
idea de sociedad civil mantienen,
aún hoy, liberales y republicanos
por igual.
Recibido el 4 de noviembre del 2005
Aceptado el 21 de abril del 2006
Perspectivas Teóricas
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30
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Conclusión
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