Artículo en PDF
Cómo citar el artículo
Número completo
Más información del artículo
Página de la revista en redalyc.org
Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
85
Cuestiones Contemporáneas
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
R
esumen
En este artículo, el autor examina las
particularidades de la izquierda chilena pa-
ra entender su papel en los gobiernos de-
mocráticos desde los años 70. El autor
parte de la premisa de la existencia,
durante los años 90, de dos izquierdas:
una, el socialismo dentro de la coali-
ción; la otra, el comunismo fuera de
ella. En el trabajo se sostiene que la
izquierda socialista ha sido el principal
motor de la coalición y su papel especí-
fico se ha concentrado en los temas
socio-económicos ligados a la igualdad,
a la justicia, a los derechos humanos y a
las propuestas culturales de tipo progre-
sista. Asimismo, se analizan las particu-
laridades esenciales de los gobiernos
democráticos chilenos y se examinan los te-
mas y las tareas pendientes. El artículo
concluye con un balance del papel de la
izquierda y de los retos que aún tiene
por delante.
Abstract
In this article, the author analyzes the
peculiarities of the Chilean left-wing in
order to understand its role in the demo-
cratic governments since the 70’s. The
author holds the premise of the exis-
tence, during the 90’s, of two left wings
in Chile: the socialist one, which has
been part of the ruling coalition, and the
communist one, which has remained
outside. Actually, the socialist left has
been the main force in the coalition and
its specific role has been focusing on
socio-economic topics regarding equali-
ty, justice, human rights and cultural
matters. Likewise, the main peculiarities
of the Chilean democratic governments are
also analyzed. The article concludes with
a balance of the role of the socialist
left, pointing out which challenges it
must still face.
La izquierda chilena contemparánea.*
Manuel Antonio Garretón**
Palabras clave:
izquierda, socialismo,
* Una versión preliminar de este artículo se
presentó en la conferencia “Gobernar desde
la izquierda en América Latina: Experiencias
y Alternativas” realizada en el marco del
Seminario de Procesos Políticos y Procesos Elec-
torales
de la Facultad de Ciencias Políticas y
Sociales de la Universidad Nacional Autóno-
ma de México llevado a cabo el 29 y 30 de
noviembre del 2005.
** Departamento de Ciencia Política del
Instituto de Asuntos Públicos de la
Univer-
sidad de Chile, Av. Libertador Bernardo
O'Higgins 1058, Santiago de Chile.
La izquierda chilena contemporánea
alianza entre ambos. El Partido
Socialista, por su parte, vivió duran-
te la dictadura un proceso de gran
fraccionamiento y luego de reu-
nificación que se logró bajo el
signo de la llamada “renovación
socialista”, momento que culminó a
comienzos del primer gobierno de-
mocrático post-dictatorial.
La renovación socialista con-
sistió en un proceso que podría,
quizás, aproximarse a una visión
latinoamericana y chilena de lo
que fue el eurocomunismo el que,
a su vez, tuvo como uno de sus
orígenes el aprendizaje de la expe-
riencia del gobierno de la Unidad
Popular.
1
Después de la caída de
Salvador Allende en 1973, mucho
antes de la caída de la Unión
Soviética y del muro de Berlín, se
produjo en el polo socialista de la
izquierda chilena una revaloración
temprana de la democracia políti-
ca así como una reconciliación de la
democracia con el socialismo. Ello
implicó la aceptación del régimen
democrático como un componente
inherente al proyecto socialista.
Esta aceptación no descansó en
el postulado clásico que sostiene
que el socialismo es de por sí
democrático —lo que permite
llamar “democracias populares” a
los países del socialismo realmente
existente— sino en la idea de
que no hay más régimen político
para un proyecto socialista que la
democracia. Ahora bien, ¿qué tipo
de democracia?: la representativa,
la clásica, no la popular o de par-
tido único.
Durante el periodo de la reno-
vación socialista, se produjeron
dos grandes mutaciones en la
tradición de la izquierda chilena:
el Partido Comunista se hizo más
“rupturista”, más revolucionario
y más combativo; consecuencia de
ello fue la creación de un frente ar-
mado, el Frente Patriótico Manuel
Rodríguez, para enfrentar a la dic-
tadura. A su vez, el Partido Socia-
lista, al aceptar a la democracia
representativa como un régimen
político integrante a su propio pro-
yecto, reconoció que el esfuerzo
por conquistarla era parte sustan-
cial también de su lucha por un
mundo mejor.
Los cambios en las estrategias
ideológico-políticas de los parti-
dos comunista y socialista chile-
nos se sustentaron en dos hechos
importantes que ocurrieron durante
la dictadura de Augusto Pinochet.
En el primero de ellos, la experien-
cia del gobierno de la Unidad Popu-
lar y su posterior derrota arrojó una
lección de doloroso aprendizaje:
si la izquierda pretende realizar
aquellas transformaciones que la
sociedad necesita, no puede darse
el lujo de gobernar sola. Esta fue
Dos datos caracterizan a la iz-
quierda chilena. Primero, el hecho,
relativamente insólito, de que
ésta ha estado en una u otra
forma en todos los gobiernos
desde 1970 —con excepción, por
supuesto, de la dictadura militar
(1973-1990)— es decir, en todos
los gobiernos democráticos. Ello
constituye un fenómeno singular,
acaso único, en la historia de las
democracias latinoamericanas; pa-
radójicamente, este hecho no ha
sido nunca elemento de reflexión
académica.
Segundo, la izquierda chilena,
a diferencia quizás de otros paí-
ses, tiene una ubicación topoló-
gica y geográfica en el espectro
partidario muy clara; clásicamente
fueron, para simplificar, dos gran-
des partidos que la definieron: el
Socialista (PS) y el Comunista (PC).
Con la particularidad, además, de
que aquél, sin ser un partido social
demócrata (como los surgidos en
europea), estuvo siempre a la iz-
quierda del Partido Comunista
hasta fines de los años setenta.
Sólo a partir de la década siguien-
te, a raíz de la rebelión popular
contra la dictadura —y siguiendo
en parte el ejemplo nicaragüen-
se— se produjo el desplazamiento
del comunismo chileno hacia la
izquierda del socialismo, hecho
que causó el fin de la tradicional
86
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
1
La Unidad Popular (también conocida por el acrónimo UP) fue una coalición electoral de partidos políticos de centro-izquierda e izquierda
de Chile que llevo a la Presidencia de la República a Salvador Allende. Estuvo conformada por el Partido Radical, el Partido Socialista, el Partido
Comunista, el Movimiento de Acción Popular Unitario, el Partido de Izquierda Radical , la Acción Popular Independiente,
la Izquierda Cristiana
y el MAPU Obrero y Campesino. Además, contó con el apoyo de la Federación Sindical Nacional y la Central Única de Trabajadores (CUT). (N.E.).
la conclusión que del trauma
chileno extrajo Enrico Berlinguer,
secretario nacional del Partido
Comunista italiano de 1972 a
1984. En un famoso discurso,
Las
lecciones de Chile
, el comunista
cerdeño puntualizó que para for-
mar un gobierno revolucionario
dentro de los marcos institu-
cionales no basta con ganar las
elecciones, hay que construir, ade-
más, una mayoría social y políti-
ca, una alianza mayoritaria, un
“compromiso histórico” incluyente.
En vista de que en Chile las ma-
yorías se constituyen, a diferen-
cia de otros países, a través de los
partidos políticos, la izquierda chi-
lena debió haberse aliado con otras
instituciones políticas, sobre todo
con el centro político representa-
do por la democracia cristiana (DC).
Además de otros factores, no hay
duda de que la incapacidad del
centro y de la izquierda socialista
para constituir este compromiso his-
tórico dejó el espacio abierto para
las fuerzas reaccionarias y golpis-
tas frente al gobierno de la Unidad
Popular y pavimentó el camino de
su desdichado final.
Cuando la coalición centro-
izquierda (democracia cristiana y
socialismo) por fin se logró —pro-
movida por la izquierda socia-
lista— se constituyó como una
alian-za reactiva y de oposición a la
dictadura tan eficaz que acabó por
provocar su derrota en el plebisci-
to de 1988. Este hecho facilitó que
la coalición se proyectara hacia el
gobierno a través de las eleccio-
nes presidenciales y parlamentarias
del año siguiente. Entonces, ocurrió
lo que no ha pasado en ninguna de
las transiciones que conocemos
de una dictadura a una democracia,
o de una guerra civil a una demo-
2
Hay que recordar que en todos los casos donde los regímenes dictatoriales son sucedidos por gobiernos conformados por sectores democráti-
cos, divididos entre quienes gobiernan u administran la transición y quienes administran las demandas insatisfechas, se “cobra la cuenta”. Es
el caso de las transiciones española, brasileña, peruana y argentina, entre otras, Chile es el único caso de gran coalición gobernante del bloque
opositor a la dictadura, con la sola excepción de la izquierda comunista.
3
Nacida originalmente como Concertación de Partidos por el No para hacer frente al régimen militar de Augusto Pinochet, la Concertación de
Partidos por la Democracia (conocida normalmente como
Concertación
y últimamente como
Concertación Democrática
) es una coalición
de partidos políticos chilenos donde confluyen socialdemócratas y democristianos. Está conformada por cuatro partidos políticos principales:
Partido Demócrata Cristiano (PDC), Partido por la Democracia (PPD), Partido Radical Social Demócrata (PRSD) y el Partido Socialista (PS). Logró
su primera victoria al vencer al "Sí" en el Plebiscito Nacional de 1988. La Concertación de Partidos por la Democracia ha gobernado al país
durante cuatro períodos consecutivos bajo el mandato de dos demócrata cristianos y 2 socialistas: Patricio Aylwin Azócar, (1990-1994);
Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000); Ricardo Lagos Escobar (2000-2006) y Michelle Bachelet (2006-2010). (N.E.).
4
El Plebiscito Nacional de 1988 fue un referéndum realizado en Chile el 5 de octubre de 1988 durante el régimen militar. Este plebiscito se
realizó para decidir si Augusto Pinochet seguiría como presidente del país hasta 1997. El resultado fue de 44,01% por el “Sí” y 55,99% por
el “No”. El universo electoral habilitado para votar ascendió a 7.435.913 personas. El triunfo del “No” significó, conforme a las disposiciones
transitorias de la Constitución, la convocatoria de elecciones democráticas conjuntas de presidente y parlamentarios al año siguiente, que con-
ducirían al fin de la dictadura y el comienzo del periodo conocido como transición a la democracia. (N.E.).
5
Ricardo Froilán Lagos Escobar es un abogado y economista chileno. Fue presidente de Chile entre el 11 de marzo de 2000 y el 11 de marzo
de 2006. Su mandato presidencial se caracterizó por la firma de tratados de libre comercio con Estados Unidos, China y la Unión Europea,
entre otros; avances en infraestructura y la concreción de las reformas iniciadas por los gobiernos posteriores al régimen militar. Antes de ser
presidente tuvo una destacada labor en el ámbito académico y diplomático, además de ser uno de los más destacados opositores a la dictadura
de Augusto Pinochet. (N.E.).
6
Fundado en 1979 como renovación del antiguo Movimento Democrático Brasileño, el centrista Partido de Movimiento Democrático (PMDB)
es una de las grandes fuerzas políticas del Brasil y, sin duda alguna, el partido con mayor influencia en este país. Ha tenido un papel desta-
cado en todos los gobiernos brasileños desde el fin de la dictadura militar. El PMDB gobernó Brasil bajo la presidencia de José Sarney (1985-
1990) y, entre 1995 y 2002, integró los dos sucesivos gobiernos de Fernando Henrique Cardoso. Asimismo, apoyó al socialdemócrata José Serra
contra Luiz Inácio “Lula” da Silva. Cuando el actual presidente brasileño asumió el poder, recibió el apoyo, aunque de manera parcial, del
PMDB. (N.E.).
87
Cuestiones Contemporáneas
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
cracia: la constitución de un gobier-
no de coalición.
2
El segundo hecho, en términos
de la estructuración de la izquier-
da, fue el surgimiento de un nue-
vo órgano político: el Partido por
la Democracia (PPD). Podría dis-
cutirse si es un partido de izquier-
da o de centro izquierda, pero lo
cierto es que fue creado por grupos
de izquierda, específicamente del
Partido Socialista, y que constituye,
junto con este último, el bloque
de izquierda dentro de la Concerta-
ción de Partidos por la Democracia.
3
Para enfrentar el plebiscito,
4
el
PS, a partir de la iniciativa per-
sonal de Ricardo Lagos,
5
planteó,
tomando el ejemplo del Partido
del Movimiento Democrático Brasi-
leño (
Partido do Movimento Demo-
crático Brasileiro
, PMDB),
6
que se
creara un solo partido de oposi-
ción para tener representantes en
88
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
las mesas de votación. La democra-
cia cristiana no aceptó porque
contaba con una organización
legal en todo el país además de
haberse inscrito ya como Partido
Demócrata Cristiano (PDC). Como el
PS no se podía inscribir como tal por
estar proscrito por el régimen de
Pinochet, la izquierda chilena
decidió entonces crear un “par-
tido instrumental”, el Partido por
la Democracia. El PPD aprendió
también que el éxito del plebisci-
to podía repetirse en las eleccio-
nes parlamentarias de 1989. Una
vez que el “No” ganó el plebisci-
to, se levantó la proscripción a las
izquierdas chilenas. Entonces, el PS
quiso que el PPD desapareciera para
que volviese a integrarse a las filas
del socialismo chileno. Sin embar-
go, diversos sectores del Partido
por la Democracia prefirieron la
opción de mantenerse como par-
tido autónomo. Esta decisión con-
firmó lo dicho por Ricardo Lagos en
el sentido de que un partido instru-
mental puede durar décadas.
La Concertación quedó finalmen-
te conformada básicamente por el
Partido Demócrata Cristiano y por
el bloque de izquierda en propor-
ciones prácticamente iguales (alre-
dedor de un 12% cada uno): el
Partido Socialista y el Partido por
la Democracia a los que se agregó
el Partido Radical Socialdemócrata
(PRSD)
7
(que concentró un 4-5%
del electorado).
El Partido Comunista, a su vez,
siguió después del plebiscito el sen-
dero de tantos otros partidos simi-
lares. Luego de optar por la vía
armada contra la dictadura y ser
brutalmente reprimido por ésta, vol-
vió a reciclarse para participar en
el sistema pero ya sin la fuerza y
la convocatoria de antaño.
7
De ideología centro-izquierda, el PRSD fue fundado el 18 de agosto de 1994 por la fusión del Partido Radical con el Partido Social demócra-
ta de Chile. (N.E.).
La izquierda y los gobiernos de la Concertación.
La Concertación de Partidos por la
Democracia asumió el poder el 11
de marzo de 1990. El nuevo go-
bierno estuvo encabezado por el
líder demócrata cristiano Patricio
Aylwin (1990-1994). Erróneamente
definido como gobierno de tran-
sición, resultó ser, en realidad, el
gobierno post-dictatorial con mayor
claridad de los tres que han habi-
do hasta ahora (se excluye, desde
luego, el actual dirigido por Michelle
Bachelet que recién ganó las elec-
ciones), porque sus metas fueron
realmente muy específicas: mante-
ner los equilibrios macroeconómi-
cos, no tocar el modelo económico,
excepto en el tema de la pobreza y,
fundamentalmente, llevar a cabo
acciones simbólicas muy importan-
tes en materia de derechos humanos.
El gobierno siguiente —el del
demócrata cristiano Eduardo Frei
Ruiz-Tagle (1994-2000), hijo de
Eduardo Frei Montalva (1964-1970),
uno de los grandes presidentes
del siglo XX— fue electo como
resultado de una primaria interna
en la Concertación llevada a cabo
por primera vez en la historia de
Chile entre el candidato del PDC y
el del bloque PS-PPD, Ricardo Lagos.
Aunque las primarias estaban re-
lativamente aseguradas para Eduar-
do Frei, generaron un precedente
y fue claro que el próximo can-
didato y presidente sería, en-
tonces, Lagos. Pese a haber sido
elegido en 1993 con la mayor vo-
tación de la historia de Chile, el
gobierno de Eduardo Frei, carac-
terizado por ser un gobierno de
orientación centro tecnocrática,
provocó una importante caída de la
intención de voto por la Concer-
tación debido a una crisis de creci-
miento. Frente a ello, no es de
extrañar que durante la adminis-
tración Frei el PC conociera una
época de auge en cuanto a su
capacidad de movilizar y catali-
zar el descontento social, aunque
ello no fue suficiente para superar
su pequeña cuota electoral.
89
Cuestiones Contemporáneas
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
El tercer gobierno de la Concer-
tación (2000-2006) fue constitu-
ido por un hombre de izquierda,
Ricardo Lagos Escobar (PS-PPD),
cuya elección se caracterizó por
ser la de menor proporción de
votos.
8
El gobierno del socialista
fue de orientación centro izquier-
da y él mismo se definió como el
presidente de las reformas, mis-
mas que tenían como eje el tema
que Norberto Bobbio llamara algu-
na vez “la estrella en el firmamen-
to de la izquierda”: la igualdad.
Pese a ser un gobierno enorme-
mente exitoso en materia de lucha
contra la pobreza y la indigencia a
través de un plan de atención y pro-
moción directa de las familias en
esta condición, la igualdad fue
perdiendo fuerza y acabó siendo,
justamente, el gran tema pendien-
te. No obstante, su administra-
ción tuvo grandes logros en áreas
como el crecimiento económico, la
infraestructura, la reforma de la sa-
lud orientada a una política basada
en los derechos, la educación obli-
gatoria de doce años, la equidad
en el acceso a la educación superior,
la inserción en la globalización a
través de tratados comerciales con
prácticamente todos los bloques
del mundo y el reconocimiento del
ejército de sus responsabilidades
institucionales en las violaciones de
derechos humanos bajo la dicta-
dura a través de la Comisión Nacio-
nal sobre Presión Política y Tortura
(Comisión Valech).
Si bien los gobiernos de la Con-
certación de Partidos por la De-
mocracia han sido, en conjunto,
exitosos al lograr reducir hasta en
un 50% la pobreza y mantener un
promedio de crecimiento de entre
un 5 y un 6% anuales, ninguno
de ellos, sin embargo —en par-
ticular el de Lagos— ha podido
llevar a cabo ni la aprobación de
una nueva constitución
9
ni la rea-
lización de una institucionalidad
efectivamente democrática que pu-
diera reconciliar, en términos de
verdad y justicia en todos los ca-
sos, a los chilenos con su pasado.
Mucho menos disminuir drástica-
mente las desigualdades socio-eco-
nómicas.
En resumen, ¿cuál ha sido el
aporte específico de la izquierda?
En primer lugar, la defensa irrenun-
ciable de la verdad y de la justicia
en materia de derechos humanos a
fin de impedir cualquier posibilidad
de impunidad por los crímenes co-
metidos. En un segundo, la correc-
ción del modelo económico, desde
el punto de vista de la igualdad,
para evitar un predominio mayor
del mercado en la vida social. Ello
se expresa en la crítica desde den-
tro de la Concertación a lo que
podríamos llamar el alma neolibe-
ral y el alma pragmática que exis-
ten en la coalición.
Paralelamente a estos aportes,
hay que reconocer también que
la izquierda chilena no tiene en
realidad un proyecto de sociedad
fuera de sus principios utópicos,
ni tampoco un acto referencial
como lo fue la clase obrera en su
momento. Por estas condiciones,
ha sido totalmente incapaz de go-
bernar sola y seguirá así por largo
tiempo; hoy por hoy tiene que ha-
cerlo en coalición, principalmente,
con la democracia cristiana. Es evi-
dente que para gobernar en regí-
menes democráticos hay que ser
mayoría. Cuando no se es, y tampo-
co se tiene un proyecto de trans-
formación, no se puede gobernar
un país. En América Latina, donde
la tradición política es más com-
pleja que la sociedad europea (en
Europa la izquierda puede gober-
nar sola en algunos países debido
a la conformación de dos grandes
bloques), la izquierda, por lo menos
en Chile, no alcanza a más de un
tercio de la sociedad y difícilmente
a ser mayoría por sí sola. Como lo
más probable es que esa mayoría
nunca se alcance, la izquierda es-
tará obligada a formar coaliciones
y disputar dentro de ellas el lide-
razgo. De aquí que el debate, la
negociación, la concertación son fun-
damentales para la izquierda por
lo que debe buscar consensos con
aliados políticos que representan a
otros intereses y a otras visiones.
8
Esta elección constituyó el único caso en la historia de Chile en que se tuvo que ir a una segunda vuelta por lo cerrado de las votaciones
(49% de Lagos frente al 48% de su oponente, Joaquín Lavín). En los regímenes democráticos previos a la dictadura no existía tal procedimien-
to. Allende, por ejemplo, ganó apenas con el 37% de los votos y el Congreso lo tuvo que ratificar.
9
La constitución actualmente vigente en Chile fue promulgada en tiempos de Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1980 y entró en vigor
el 11 de marzo de 1981. Si bien la legitimidad de la Constitución ha sido aceptada por la mayoría del país y reformada en diversas ocasiones,
se han establecido desde finales de la dictadura importantes críticas con respecto a varias disposiciones consideradas como antidemocráticas.
(N.E.).
Las negociaciones y concertacio-
nes con los aliados no suelen ser,
por lo general, fáciles. Las alian-
zas políticas enfrentan, en no pocas
ocasiones, una serie de principios no
siempre compatibles entre sí (gé-
nero, etnias, visiones ideológicas,
regiones, crecimiento, medio am-
biente, igualdad, redistribución,
etc). En este marco, la izquierda
tiene que saber distinguir muy bien
entre una política pragmática y
otra ideológica y actuar en conse-
cuencia. Por ejemplo, puede presen-
tarse el caso en que la izquierda
se vea comprometida, por razones
éticas, al concertar una alianza de
gobierno con alguna otra fuerza
política contraria a sus intereses;
hacer la alianza implicaría admi-
nistrar el
statu-quo
y renunciar a
sus principios básicos, no hacer-
lo, significará salirse de la coali-
ción y pasar a ser minoría. ¿Qué
hacer?
En el caso chileno la respues-
ta ha sido el compromiso. Si se ha
podido mantener la coalición en-
tre la izquierda y la democracia
cristiana se debe, en buena parte,
a que los socialistas han tenido
que ceder en muchas de sus pro-
puestas como, por ejemplo, en el
tema institucional-constitucional.
Chile es el único país del mundo que,
salvo Argentina que no tuvo cons-
titución militar, no ha hecho una
constitución democrática después
de una larga dictadura. La izquierda
debió haber puesto el tema insti-
tucional como tema central y no
lo ha hecho. Este marco constitu-
cional en Chile es fundamental,
entre otras cosas, porque genera
un sistema electoral bi-nominal en
el que le da a la minoría de derecha,
heredera de la dictadura, un 50%
de los escaños en el Congreso.
Otro tema en el cual la izquier-
da ha debido ceder ha sido en el
tema redistributivo. Hay sectores
dentro de ella que dicen que no
es posible transformar al modelo
neoliberal y, por tanto, no es nece-
sario aumentar los impuestos en un
país en el que los pobres son me-
nos pobres, sin duda, pero en don-
de los ricos son también más ricos
(la brecha entre unos y otros en
Chile, si bien menor con respecto
a otros países del área, lejos está de
ir a la baja, al menos a una baja
considerable). El tema redistribu-
tivo es central si lo que se quiere
es lograr la viabilidad de un país.
No es nunca un tema fácil pues
necesariamente implica cobrarle
más a unos para ayudar más a
otros. Y esto debe hacerlo el go-
bierno. Se ha dicho que el modelo
chileno de protección y bienestar
debería basarse más en el modelo
liberal anglosajón (Estados Unidos,
Inglaterra) y menos en el euro-
peo; otros sostienen lo contrario.
Como quiera que sea, si el tema
lejos está de haber sido resuelto
por la izquierda misma con mayor
razón lo está dentro de la Concerta-
ción con la cual ha sido sumamen-
te difícil negociar un proyecto más
progresista en lo socio-económico.
Paradójicamente, pareciera ser la
democracia cristiana, más que los
sectores de izquierda liberal, los que
están dispuestos a ello.
Una tercera dimensión en el
que la izquierda ha sido débil es
en la cuestión de los liderazgos.
Aunque el modelo chileno aparece
como paradigma para el resto de las
naciones latinoamericanas, hay un
problema de lucha política al in-
terior de la coalición lo que le resta
fuerza para impulsar políticas. Par-
te del problema estriba en que el
proyecto político y el liderazgo de
la coalición no siempre van de la
mano. El contenido de la plata-
forma y su discusión, que debían
ser los temas centrales, son des-
plazados por las personalidades y
el protagonismo del liderazgo po-
lítico.
El tema de las autonomías regio-
nales ha debido, también, ser pos-
puesto por la izquierda chilena como
parte del precio de sus compro-
misos políticos. En Chile, los espa-
cios locales y regionales son muy
débiles y poco autónomos. En
estos niveles la institucionalidad
democrática ha resultado muy in-
suficiente. No existen poderes lo-
cales ni regionales como sí los hay
en México o en Brasil. En Chile es
muy difícil que un alcalde de iz-
quierda, salvo situaciones muy es-
peciales de aislamiento, haga cosas
muy distintas a los otros por la
falta de poder que tienen los mu-
nicipios.
Justo es reconocer que, a pesar
de estas cesiones, no se ha justi-
ficado en ningún caso la ruptura
de la coalición. Aún más, la izquier-
da se ha mantenido como un eje
fundamental de la Concertación a
pesar de todo. Esperemos que así
continúe.
Es indudable, pues, que cual-
quier coalición en que la izquierda
participe le significará una serie
de cuestionamientos a resolver. Por
un lado, ¿cómo reestablecer los
90
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
lazos con sectores de la izquierda
que están fuera de la coalición
sin terminar, por ello, con esta
misma? Por el otro, ¿cómo corre-
gir permanentemente el modelo
económico para no caer en la sim-
ple adaptación cuando se carece,
más allá de coyunturas de cer-
canías y distancias, tanto de un
discurso coherente con respecto
a un modelo económico alterna-
tivo como de una política lógica
frente al mundo empresarial? Más
allá de declaraciones de inten-
ciones, la izquierda chilena no ha
sabido resolver la cuestión de su
inserción en América Latina y su re-
lación con Estados Unidos. Si estos
temas no han hallado solución se
debe, quizás, a que los gobiernos de
los cuales la izquierda forma par-
te no los pueden, tampoco, resolver.
No obstante sus fallas, es in-
dispensable mantener a la izquier-
da chilena en el gobierno pues
siempre será mejor uno con ella
que uno sin ella. Este postulado
obliga a preguntarse ¿qué es la
izquierda, a fin de cuentas? Cuales-
quiera que sean las particularida-
des que en las distintas sociedades
ha tenido, la izquierda es, ante
todo, un movimiento político que
nació en términos de la contra-
dicción capitalismo-socialismo. En
este sentido, la izquierda debe
enfrentarse a todas las paradojas
que una sociedad industrializada
produce pues su idea gira, funda-
mentalmente, en torno a lo que
llamamos la cuestión y la justicia
social. Más allá de simbolizar y
satisfacer los intereses de quie-
nes representa en un sistema demo-
crático, la izquierda busca, además,
reorganizar a la sociedad entera a
fin de lograr el bien común. His-
tóricamente hablando, la izquierda
tuvo en el socialismo un proyecto
de semejante magnitud. Este mo-
vimiento dio respuesta a la cues-
tión básica de la desigualdad
socio-económica generada por el
capitalismo y, a partir de la supe-
ración de esa contradicción a través
de la política de izquierda, se llegó
a creer que se podían resolver to-
das las otras cuestiones de la
vida social y hasta personal. Pero
la vida y la historia probaron otra
cosa, a saber, que hay múltiples
problemas que escapan al ámbito
de lo político. Si antes se creía que
la política todo lo resolvía y que la
organización de la sociedad sig-
nificaba la felicidad, hoy día es
patente encontrar bienestar indi-
vidual dentro de sociedades mal
organizadas, así como desdichas
personales en sociedades bien ci-
mentadas.
A pesar de las evidencias de
esta realidad, la izquierda no pue-
de renunciar a lo que por defini-
ción es: un movimiento político
que busca reestructurar las bases
de la sociedad para responder con
éxito, en clave de igualdad, a los
intereses y necesidades de ella
misma, principalmente de aquellos
sectores sociales que, representa-
dos antaño por la clase traba-
jadora, son encarnados hoy día por
una combinación de deshereda-
dos, pobres, débiles y oprimidos con
aquellos que tienen la capacidad
de la creatividad. En otras pala-
bras, la izquierda representa tanto
al mundo de la intelectualidad
como al universo de los más en-
debles de la sociedad; su proyecto
histórico no es otro que el crear
un Estado de bienestar basado en
alguna forma de social democracia.
Sin embargo, el problema es que
no existen experiencias social de-
mócratas o de pivoteo hacia el
socialismo que no tengan una clase
obrera fuerte, es decir, la social
democracia supone una clase tra-
bajadora sólida. Ahora bien, ¿qué
significa ser “clase obrera fuerte”
en sociedades globalizadas (mez-
cla de sociedad industrial y del
conocimiento con aspectos étnicos,
culturales, identitarios y civilizato-
rios) que no sólo han transforma-
do el sistema productivo industrial
sino que amenazan, inclusive, con
descomponer el Estado-nación tra-
dicional? Si antaño, en las socieda-
des de base industrial, el movimiento
obrero fue esencial, hoy día, a pe-
sar la enorme importancia que éste
conserva, las relaciones social-la-
borales en el mundo se definen de
otra manera. Además, las socieda-
des latinoamericanas nunca llega-
ron siquiera a tener realmente una
clase obrera como la que sí tuvie-
ron los países social demócratas.
Uno de los problemas sustancia-
les de la izquierda latinoamericana
es justamente el hecho de que no
hay un actor emblemático o para-
digmático al que deba hoy re-
presentar.
A luz de estas dificultades,
cabría entonces preguntar: ¿debe la
izquierda gobernar? Desde luego
que sí. La izquierda debe preocu-
parse por construir y administrar
el Estado de bienestar y ello sólo
se puede alcanzar a través de un
movimiento político que asuma el
91
Cuestiones Contemporáneas
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
92
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
_
buen gobierno. Si en los regíme-
nes dictatoriales la izquierda sólo
puede pensar en la sobrevivencia y
en la resistencia y lucha contra la
tiranía, en los democráticos no
puede no pensar en gobernar, a
menos que quiera dejar de existir
(esto último casi pasó en Perú en
que prácticamente desapareció la
izquierda orgánica y hubo que pen-
sar en reconstituirla). En todos los
Estados democráticos, la izquier-
da tiene que aspirar a gobernar
para cambiar la sociedad; proceder
en sentido contrario es dejar de
nuevo las puertas abiertas a pro-
yectos que, más de una vez, han
probado ser dañinos a los intere-
ses de la sociedad y violatorios
del más puro entender de la
política: el bien-estar.
Recibido el 12 de enero de 2006
Aceptado el 7 de febrero de 2006
poder y se convierta en gobierno.
De aquí que la izquierda no puede
renunciar a ser ni ese movimien-
to, ni ese poder, ni ese gobierno
o, al menos, formar parte de él.
¿Por qué?, porque no basta con
la satisfacción de una mejor cali-
dad de vida personal, la gente ne-
cesita pensar en un mundo mejor,
en una sociedad superior. Por ello, el
problema esencial de la izquierda
debe ser el político, el arte del
logo_pie_uaemex.mx