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Perspectivas Teóricas
* Centro de Investigaciones Interdiscipli-
narias en Ciencias y Humanidades de la UNAM,
Torre II de Humanidades, 6º piso, Ciudad
Universitaria, México, D. F., c.p. 04510.
Entre la obediencia y la libertad.
Una mujer española del siglo XVII
Teresa Ordorika*
Palabras clave:
Inquisición, España, género,
mujeres, beatas, misticismo
Abstract:
The object of this article is to show
some of the advantages of using inquisi-
torial trials in historical and sociological
research pertaining to Spain (and its
colonies). In particular, these docu-
ments allow us to learn about the lives
and thoughts of people whose existence
is not recorded in other sources. Such is
the case of women, particularly those of
lower strata. The trial presented here
deals with one of those women: Theresa
Corella. Her case enables us to see some
of the socially acceptable positions
available to women during this period,
as well as the ways in which these could
be combined to achieve greater free-
dom. It also allows us to analyze how
ecclesiastical and generic powers tried
to control these women.
Resumen:
El siguiente artículo muestra cómo los
procesos inquisitoriales auxilian en el
análisis histórico y sociológico de la
sociedad española (y sus colonias). En
particular, estos documentos nos per-
miten conocer las vidas y pensamientos
de personas cuya existencia no es regis-
trada en otro tipo de fuentes. Tal es el
caso de las mujeres, sobre todo las de
estratos bajos. El proceso aquí presenta-
do trata de una de ellas: Theresa Corella.
Su caso nos permite atisbar algunas de
las posiciones socialmente aceptadas
abiertas a las mujeres de su época, así
como las maneras en que éstas podían
combinarse para lograr espacios de liber-
tad. También posibilita el análisis de la
forma en que los poderes eclesiásticos y
genéricos trataron de controlar a estas
mujeres.
En las últimas décadas se ha
demostrado con creces el valor de
las fuentes inquisitoriales para el
análisis histórico y sociológico
de la cultura popular y la relación
entre la historia general y la his-
toria de los individuos.
1
Las actas
de la Inquisición española con-
tienen informes minuciosos sobre
las creencias y prácticas de la so-
ciedad en las que operó la moderna
Inquisición.
2
Indudablemente du-
rante la modernidad, sobre todo la
modernidad temprana, no existió
otra institución con la capacidad
de construir archivos tan detalla-
dos sobre la población.
Hay tres ventajas del uso de
estas fuentes que me interesa des-
tacar. En primer lugar, el carácter
exhaustivo, antes mencionado, de
los procesos. Estos nos suminis-
tran información sobre casi todos
los aspectos de la vida cultural,
religiosa, legal y social de la
época.
3
En segundo, nos permiten
construir un mapa general de la
población española ya que la In-
quisición funcionó a lo largo y
ancho de la península. En tercero,
proporcionan una radiografía es-
tratificada de la sociedad dado
que se procesó a personas de los
diferentes niveles culturales, eco-
nómicos y sociales.
4
Es por ello
que estos documentos proporcio-
nan información sobre la vida y
las creencias de personas que no
aparece en otro tipo de fuentes,
razón que las hace invaluables.
Entre las personas, cuyas vidas
son difíciles de reconstruir, nos
encontramos a las mujeres, sobre
todo a las de los estratos más
bajos. En comparación a sus contra-
partes masculinos, pocas mujeres
fueron consideradas lo importan-
tes o interesantes como para re-
tratar sus vidas en algún texto.
Muchas menos aun tuvieron la
capacidad de escribir por sí mis-
mas sus propias historias. A través
del análisis de los procesos del
Santo Oficio nos es posible cono-
cer parte de lo que éstas pen-
saron, hicieron y vivieron.
Sin embargo, el uso de estas
fuentes no está exento de proble-
mas. No podemos considerar las
transcripciones de los interroga-
torios como representaciones fi-
dedignas de las palabras de los
testigos ya que la información
contenida en los juicios ha pasa-
do por varios filtros lingüísticos.
En primer lugar hay también un
filtro cultural cuando existe una
gran diferencia en el nivel educa-
tivo y cultural de los inquisidores
y el de los demás “participantes”
del juicio. En segundo lugar, exis-
te un filtro de tipo burocrático,
ciertas palabras o frases se repi-
ten continuamente lo que indica
la utilización de fórmulas lingüís-
ticas estandarizadas con las que
los secretarios substituyeron o in-
terpretaron las palabras de testi-
gos y acusados.
5
En tercero, los
secretarios de la inquisición trans-
cribieron las notas en función de
los intereses de esta institución:
determinar la inocencia o culpa-
bilidad de una persona. No es
posible saber qué “datos” fueron
ignorados por no ser de interés
para los inquisidores.
6
En el caso que aquí presento
hay un filtro adicional: el de gé-
nero. El proceso tiene lugar en el
contexto de una cultura de domi-
nación masculina. Todas las auto-
ridades a las que Theresa Corella
se enfrenta son hombres, éstos
juzgan sus acciones a partir de
las concepciones, bastante nega-
tivas, que tienen de las mujeres.
Son ellos también quienes tran-
scribieron sus palabras. Así pues,
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22
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
1
Entre éstos encontramos los trabajos de Carlo Ginzburg,
The Cheese and the Worms: The Cosmos of a Sixteenth-Century Miller,
London,
Routledge and Paul Kegan, 1981; Gustave Henningse,
The Witches' Advocate. Basque Witchcraft and the Spanish Inquisition
(
1609-1614
), Reno,
University of Nevada Press, 1980 y Sara Tilghman Nalle,
Mad for God. Bartolome Sanchez, the Secret Messiah of Cardenete
, Virginia, University
Press of Virginia, 2001.
2
La moderna Inquisición española fue fundada en 1478 y funcionó hasta 1837.
3
Gustave Henningsen, "The Archives and the Historiography of the Spanish Inquisition" en
The Inquisition in Early Modern Europe. Studies
on Sources and Methods
, Illinois, Northern Illinois University Press, ed. Gustave Henningsen y John Tedeshi. 1986. p. 4.
4
Carlo Ginzburg,
op. cit.
5
Gustave Henningsen,
op. cit
. p. 10.
6
Sara Tilghman Nalle,
op. cit
. p. 6.
Introducción
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23
cuando leemos las actas de su
juicio no nos encontramos frente
a lo que dijo Theresa, sino con la
interpretación que hicieron los
inquisidores.
Sin embargo, el proceso nos
permite tener cierta noción de la
vida y las creencias de Theresa. Sa-
bemos que había estado casada y
tenía hijos, que fue esposa y madre,
que vivió como monja en un con-
vento, vistiendo como religiosa,
siguiendo según su propio testi-
monio las disciplinas y ayunos y
experimentó una espiritualidad de
carácter más afectivo y personal
que incluía visiones y arrobos, en-
tre otras vivencias sobrenaturales.
Como las beatas, no profesaba en
una orden religiosa.
Esposa, monja y beata fueron
tres de las posiciones socialmente
aceptables para las mujeres espa-
ñolas de la época. Es interesante
como Corella combinó diferentes
aspectos de las mismas en su pro-
pia vida. Su historia no es en nin-
gún sentido excepcional, muchas
otras mujeres hicieron lo mismo. Por
ello, el caso Theresa nos es útil
para conocer como las mujeres vi-
vían en concreto las posibilidades
que su mundo les brindaba y como
las combinaban para construir res-
quicios de libertad en una sociedad
patriarcal profundamente dominan-
te. Además, el proceso nos per-
mite vislumbrar la reacción de las
instituciones masculinas, en este
caso, el Santo Oficio, institución
dedicada a la vigilancia y el con-
trol, frente a dichas mujeres.
En la España de Theresa los
espacios abiertos a las mujeres
–esposa, monja y beata– eran de
entrada bastante limitados en com-
paración de los que podían ejer-
cer los hombres. Para desgracia
de ellas el advenimiento del cris-
tianismo moderno empeoró aún
más esta situación.
Perspectivas Teóricas
El catolicismo moderno y su actitud hacia las mujeres
Antes de hablar del proceso en
contra de Theresa es necesario
hacer un breve comentario sobre
algunas políticas diseñadas en el
Concilio de Trento (1545-1563), en
donde se establecieron los linea-
mientos de catolicismo moderno
7
y el modelo de lo que suponía ser
un buen católico. Dicho Concilio
instituyó una sexualidad represi-
va, plasmada en una serie de
directrices orientadas al control
de las personas, en particular de
las mujeres. Se intentó restringir
7
H. Outram Evennett,
The Counter-Reformation. Spirit of the Birbeck Lectures in Ecclesiastical History Given in the University of Cambridge
in May 1951
, London, Cambridge University Press, Ed. John Bossy 1968, p. 40.
aún la capacidad de movimiento y
decisión femenina. Es, situándolo
dentro de este contexto tan rígido
y restrictivo, que podemos enten-
der por qué la Inquisición consi-
deró que mujeres como la acusada
eran un peligro.
Trento comenzó por reforzar el
carácter sagrado del matrimonio
enfatizando que era “perpetuo e
indisoluble”
8
Incluso se mantenía
en aquellos casos en los que el
cónyuge resultaba ser un hereje.
Los eclesiásticos se pronunciaron
en contra de todos aquellos que
cuestionaban el casamiento cató-
lico llamándolos “hombres impíos
de este siglo, [que] no sólo han
sentido mal de este Sacramento
venerable, sino que introduciendo,
según su costumbre, la libertad
carnal con pretexto del Evangelio,
han adoptado por escrito, y de
palabra muchos asertos contrarios a
lo que siente la Iglesia católica, y
a la costumbre aprobada desde los
tiempos Apostólicos, con gravísi-
mo detrimento de los fieles cris-
tianos.”
9
Sólo aquellas uniones consa-
gradas por la Iglesia fueron con-
sideradas como lícitas, deslegiti-
mando los matrimonios que no
eran practicados por clérigos, los
que no cumplían con los requisi-
tos impuestos y por supuesto las
uniones libres. Para evitar las re-
laciones sexuales fuera del sacra-
mento se prohibió la cohabitación
de parejas antes del matrimonio
y se impuso la monogamia. El in-
terés de la iglesia por normar el
comportamiento sexual extrama-
rital –práctica extendida entre los
feligreses– la llevó a la imposi-
ción de castigos tan serios como
la excomunión.
10
Esta nueva moralidad se impu-
so tanto a hombres como a mujeres
pero no en la misma medida.
Trento decretó que aquellos hom-
bres que no cumplieran con este
capítulo fueran severamente cas-
tigados, sin embargo no define la
pena. En cambio, en el caso de
las mujeres, fue más explícito: “Las
mujeres, o casadas o solteras, que
vivan públicamente con adúlteros,
o concubinarios, si amonestadas
por tres veces no obedecieren, se-
rán castigadas… con grave pena,
según su culpa, aunque no haya
parte que lo pida; y sean desterra-
das del lugar, o de la diócesis…
invocando, si fuese menester, el
brazo secular.
..”
11
Vemos así una política diferen-
ciada hacia hombres y mujeres
por parte de la Iglesia que trata
con mayor severidad a las segun-
das. Paradójicamente, a pesar de
que se consideraba que las mu-
jeres tenían mayor debilidad de
carne y entendimiento, Trento exi-
gió mayor entereza frente a las
flaquezas humanas.
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24
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
8
Biblioteca Electrónica Cristiana, “El Sacramento del Matrimonio” en el
Sacrosanto, Ecuménico y General Concilio de Trento
. VE Multimedios
- Vida y espiritualidad, 2001. http://www.multimedios.org./docs/d000436/
9
Ibid
.
10
Ibid
.
11
Ibid
. El Santo Oficio no se preocupó por el adulterio, sólo se preocupó por los bígamos y por aquellos que creían que la fornicación no
era pecado. Los adúlteros eran procesados en su mayoría por las cortes seculares y en algunos casos por las eclesiásticas. Cristian Berco,
"Perfect Wives, Other Women: Adultery and Inquisition in Early Modern Spain. Book Review,"
Canadian Journal of History
XXXVIII, no. 1, 2003.
12
Biblioteca Electrónica Cristiana, “Los religiosos y la monjas”,
op. cit.
Las casadas
Las monjas
Un segundo grupo de mujeres que
se vieron sometidas a los rigores
de las reformas tridentinas fueron
las monjas. Ni siquiera su renun-
cia a la sexualidad y su dedi-
cación a labores de beneficencia
pudieron protegerlas. A raíz del
Concilio de Trento se les prohibió
continuar con tareas que anterior-
mente habían desarrollado impo-
niéndoseles el enclaustramiento
en los conventos.
12
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Se negó a las monjas la posi-
bilidad de salir de los conventos,
“ni aun por breve tiempo, con
ningún pretexto” de no contar
con un permiso del Obispo. Por si
esto fuera poco, también se pro-
hibió la entrada de visitas a los
recintos, independientemente de
“cualquier linaje, condición, sexo,
o edad que sea.”
13
Así, las reli-
giosas perdían a sus familiares y
amigos.
De esta manera, los eclesiásti-
cos varones trataron de relegarlas
a los espacios privados y some-
terlas totalmente a su jerarquía.
Trento equiparó el ordenamiento
de una monja con su muerte
social. Es irónico que se ordenara
el traslado de los conventos a
“monasterios nuevos o antiguos,
que estén dentro de las ciudades,
o lugares bien poblados.
..”
14
, se
situaba a las monjas en el centro
de las concentraciones humanas
pero para todo efecto práctico
éstas eran mantenidas tan ale-
jadas de sus congéneres como si
hubieran vivido en el más recón-
dito de los páramos.
El aislamiento de las monjas
se consideró una tarea tan impor-
tante que involucró a las dife-
rentes autoridades a participar en
su reclusión exhortando “a todos
los Príncipes cristianos”, a pres-
tar este auxilio, y obligando a los
magistrados a participar hacien-
do uso del “auxilio del brazo secu-
lar, si fuere necesario.”
15
La igle-
sia convertía el acto de reclusión
de estas mujeres en responsabili-
dad de la toda la sociedad, casti-
gando a “los inobedientes, y a los
que se opongan” incluso con la
excomunión.
A pesar de todos sus esfuerzos,
la Iglesia no logró enclaustrar a
las monjas. Estas simplemente no
hicieron caso de la prohibición,
rompían la clausura tanto para
mantener sus lazos familiares como
para el cuidado de sus posesio-
nes.
16
Esto nos muestra algunas
de las limitaciones de la institución
eclesiástica para regir de manera
absoluta el comportamiento de las
mujeres. Nos habla también de
que aun dentro de una institu-
ción masculina y jerárquica éstas
fueron capaces de construir espa-
cios de resistencia.
Perspectivas Teóricas
13
Ibid
.
14
Ibid.
15
Ibid
.
16
Elizabeth A. Lehfeldt, "Sacred and Secular Spheres: Religious Women in Golden Age Spain,"en
History Compass
3, no. 1, 2005.
17
Alejandra Araya Espinoza, “De espirituales a histéricas: las beatas del siglo XVIII en la Nueva España, en
Historia
vol. 37, no. 1 junio de
Las beatas
Otro grupo de mujeres que se vio
negativamente afectadas por el
nuevo dogma fueron las beatas,
mujeres sumamente importantes
en la vida religiosa de España.
Surgieron en la península ibérica
en los siglos XII y XIII y fueron
incrementando en número en los
siglos
17
siguientes. Se caracteriza-
ban por ser, como las monjas,
castas y realizar obras de benefi-
cencia como enseñar y sanar a
enfermos. Sin embargo, a diferen-
cia de éstas, no vivían en conventos
sino que estaban insertas en la
sociedad. La gran mayoría no es-
taba sujeta al control directo de
los hombres ya que no tenían ma-
ridos ni hijos y evitaban pertenecer
a órdenes religiosas sustrayéndose
así al control y la jerarquía eclesial.
Cuando las monjas fueron obli-
gadas a dejar sus obras de ayuda
a la comunidad, las beatas las rele-
varon. Con ello creció su poder y su
prestigio social. Coincido con otros
autores en que el aumento en el
número de beatas, particularmente
en el siglo XVI, no sólo tiene que
ver con un crecimiento demográ-
fico sino con “una elección con-
sciente de los beneficios de una
vida más libre.
..”
18
El periodo de apogeo de estas
mujeres va de la segunda mitad
del siglo XVI a la primera del
siglo XVII, cohabitando el mismo
espacio en la que creció The-
resa.
19
Es muy posible que las
beatas fueran para ella un mode-
lo a seguir, tal como lo fueron
para muchas otras mujeres. En
España, a diferencia de los demás
países europeos, el misticismo no
fue patrimonio de unos cuantos
sino que se diseminó por toda la
sociedad, en los estratos altos y
medios e incluso bajos, convir-
tiéndose en una experiencia de la
fe accesible a un gran número de
personas.
20
Las beatas eran pro-
pensas a tener experiencias mís-
ticas de todo tipo, tales como las
revelaciones, arrobos y tormentos
que sufre nuestra protagonista.
La importancia de estas experien-
cias es que al ser vividas como
manifestaciones directas de Dios
trastocaban el orden genérico.
“El arrobo es.
... un sutil sabotaje
de la dominación del discurso
espiritual masculino. También .
..
trascienden el misoginismo de la
época y de un modo u otro prue-
ban que hay mujeres que no son
todo “naturaleza.”
21
Así pues, las beatas suponían
una constante disrupción al orden
genérico y religioso español. No
es sorprendente entonces que la
Iglesia y la Inquisición (ambas
instituciones masculinas) se mani-
festaran en contra de su forma
particular de vivir la religión. Por
un lado, existían beatas famosas
cuyos fieles –mujeres y hombres–
las obedecían más que a la iglesia
misma convirtiéndolas en estruc-
turas religiosas paralelas. Por
otro, éstas suponían un problema
para la religión establecida pues
practicaban una religiosidad indi-
vidual, basada en una relación
personal con la Virgen, los San-
tos, Cristo y Dios, que hacía inne-
cesaria la
mediación de los curas
y demás miembros de la iglesia.
Trento intentó acabar con estas
mujeres pues minaban la autori-
dad de la iglesia. En un afán por
controlarlas Pío V trató de limitar
sus movimientos. Su sucesor,
Gregorio XIII, fue más enérgico
“en el punto de hacer cumplir las
normas en monasterios y beate-
rios principalmente en el título
de la obediencia y clausura.
..”
22
Ambos intentaron obligarlas a in-
gresar en órdenes religiosas con-
troladas por la Iglesia, y de esta
manera separarlas del mundo al
igual que las monjas. Por si esto
fuera poco, muchas de ellas fueron
procesadas por la Inquisición por
embusteras, sospechosas de ser
susceptibles a los engaños del de-
monio, locas, y maliciosas.
Algunas mujeres, las menos, fue-
ron consideradas santas por tener
las mismas experiencias místicas.
La distinción entre una mística real
y una embustera requiere de aná-
lisis detallado, para efectos del
presente trabajo basta decir que
la santidad era otorgada sólo
después de que las autoridades
eclesiásticas realizaban un riguro-
so escrutinio de sus personas y sus
experiencias y dictaminaban que
eran verídicas y que su fuente era
Dios.
23
Eran los hombres quienes
finalmente emitían los veredictos
y decidían cuales experiencias
eran válidas y cuales no.
Como en el caso de las monjas,
fue imposible recluir a las beatas.
Muchas de ellas tenían influencia
y seguidores lo que impidió su
desaparición. Mantuvieron sus pro-
pios grupos al margen de las ins-
tituciones religiosas y su tradición
de trabajo en la comunidad.
24
Tanto
las beatas famosas que influen-
ciaron a reyes, como aquellas cu-
ya importancia fue más local,
siguieron ejerciendo un papel im-
portante en la vida espiritual de
España hasta el siglo XVIII.
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26
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
18
Ibid
.
19
Ibid
.
20
Stephen Haliczer,
Between Exaltation and Infamy: Female Mystics in the Golden Age of Spain
, Oxford, Oxford University Press, 2002.
21
Asunción Lavrin, “Vidas y el reino de Dios: interpretaciones femeninas en el Mexico colonial”, en
22
Alejandra Araya Espinosa,
op.cit.
23
Stephen Haliczer,
op. cit
. pp. 80-125.
24
Alejandra Araya Espinoza,
op.cit
.
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27
El proceso de Theresa Corella
comenzó en abril de 1676.
Sabemos poco sobre su vida
antes de caer en manos del Santo
Oficio. Que tenía 36 años cuando
compareció ante el tribunal, que
era viuda y tenía hijos, además
de otra familia incluido un her-
mano, y que había vivido mas de
siete años en un convento a
pesar de no pertenecer a una
orden religiosa. El acta no men-
ciona por qué Corella ingresó en
la vida conventual.
Asimismo, conocemos, por tes-
timonio de la propia acusada,
que durante muchos de esos años
había padecido revelaciones, arro-
bos y tormentos de los demonios.
Por estas experiencias místicas se
decidió que tenía que salir del
convento y comparecer ante el tri-
bunal. Además, el único padre con-
fesor que reconocía era al Padre
Arcos, quien en ese momento era
también acusado por el Santo
Oficio por revelaciones, profecías,
comportamientos inadecuados en
el confesionario entre otras cosas.
Según las actas, en su primera
audiencia, Theresa habló de sus
experiencias metafísicas –mismas
que consideraba manifestaciones
de Dios y de la inocencia de Fray
Thomas.
26
Tras escuchar su testi-
monio los jueces dictaminaron
que Theresa estaba ilusa y que
las manifestaciones que padecía
venían del demonio y no de Dios
como ella creía. Decidieron ini-
ciar un proceso con la finalidad
de determinar si en sus experien-
cias había malicia o eran “ilusión
meramente.”
27
No es extraño que Theresa fuese
considerada ilusa, las mujeres fue-
ron consideradas así “porque en
cuanto mujeres eran flacas de en-
tendimiento, presas fáciles de los
engaños y, al mismo tiempo, hábi-
les engañadoras (iludentes), siem-
pre creyendo cosas diferentes de
lo que eran ya fuese por cosas se-
cretas o por alteraciones de los
sentidos”
28
Aun antes del juicio la acusa-
da fue amonestada a dejar de
creer y hablar de sus experiencias
místicas, pues éstas eran falsas y
provenían del demonio por lo que
se le exigió someterse a la guía y
exorcismo por parte de la iglesia.
El acta inquisitorial indica que los
calificadores que hablaron con Co-
rella la encontraron “reaz en su en-
gaño, con demostraciones de su
ilusión y señales de espiritada o
loca.”
29
Esto tampoco debe sorpren-
dernos, las autoridades eclesiás-
ticas, consideraban a las mujeres
mas proclives tanto a los influen-
cias del demonio como a la locura.
Sobre este punto se habían pro-
nunciado personajes tan impor-
tantes como el médico del papa
Inocencio X, Paolo Zacchias, quien
en su manual médico-legal, escri-
to en 1621, sostuvo que “por cada
hombre poseído por el demonio
(a los que enumeramos en la clase
de los melancólicos) hay seiscien-
tas mujeres poseídas por el demo-
nio”…[que]… las mujeres “pocas
veces eluden la melancolía” y.
..”
que la melancolía, cuando afecta
a las mujeres, es mucho peor que
en los hombres: su locura es más
fuerte y más incurable”.
30
Theresa respondió a los califi-
cadores que “daría la vida muy
contenta porque seria por la Glo-
ria y honra de Dios pues no podia
dejar de entender que era obra
suya quanto por ella pasava, si
bien procuaria obedecer, no fal-
tando en eso a Dios…”
31
Esta
actitud ambivalente es represen-
tativa de lo que será su compor-
tamiento el resto del proceso.
Perspectivas Teóricas
25
Inquisición Zaragoza, Legajo 18082, No. 12. fs 11r- 15r, Archivo Histórico Nacional, Madrid. En adelante,
Proceso.
26
Evidentemente el hombre ejercía gran influencia sobre ella, pues la defendió durante todo su proceso. La relación entre confesores y
confesadas y el poder que ejercieron los primeros sobre éstas es un fenómeno que requiere un análisis profundo.
27
Proceso
, f. 12r.
28
Alejandra Araya Espinoza,
op.cit.
29
Proceso
, f. 12v.
30
Paolo Zacchias,
Quaestiones medico-legales
, vol. 1, libro 2, título1, cuestiones 18, 1621
Apud,
Roger Bartra, "Introducción: doce histo-
rias de la melancolía en la Nueva España" en
Transgresión y melancolía en el México Colonial
, México, CEIICH-UNAM, 2004. p. 26.
31
Proceso
, f. 12v.
La Inquisición de Zaragoza contra Theresa Corella
25
Desde este momento aparece
una Theresa que oscila entre la
obediencia y la resistencia. En
algunas de las audiencias parece
sincera en su deseo por no sufrir
más experiencias sobrenaturales
pero no sabe como deshacerse de
ellas. Manifiesta que “tenía deseos
de admitir la amonestación del Tri-
bunal y obedecer” pero padecía
“grandes tribulaciones” y no le
era posible hacerlo.
32
En una
ocasión dijo que venía a “a pedir
perdón de todo, y que su animo
era obedecer y que conocía sen-
siblemente que el demonio la
hacia decir y hacer lo contrario y
siempre habia conocido eran ope-
raciones y asistencias del demo-
nio que en la misma misa la hacia
porrumpir en blasfemias y deses-
peraciones…”
33
Buscando una
solución incluso llegó a exorci-
zarse dos o tres veces, practicó
los sacramentos y se sometió a la
guía de calificadores. Quizá hizo
esto porque en algunos momentos
llegó a creer que sus revelaciones
le venían de los demonios; quizá
porque parte de ella sabía que la
vida sería más sencilla si conse-
guía pensar y creer lo que los
inquisidores le decían. Podemos
imaginarnos que no era fácil con-
frontar a los representantes de
tan temible tribunal.
Otras veces Theresa se resistó a
los mandatos de los inquisidores
diciendo cosas tales como que “por
mas que la mandase el Santo Oficio
y asi era preciso si su spiritu era del
diablo seguia al diablo por que ella
no podia dejar de creer en su spi-
ritu…”
34
Incluso, se mostró be-
ligerante y molesta con sus jueces
ya que sentía que “no se hacía
caso de lo que se decía ni era
creida en este Santo Oficio”
…y… “que los inquisidores se
estavan burlando y no hacían
caso de lo que ella decía”,
echán-
doles en cara a su incapacidad de
ayudarla. Llegó a amenazarlos di-
ciendo que si ellos no podían
solucionar su caso se iría al
Tribunal de Madrid o “al cavo del
mundo para buscar su remedio”
35
Corella parece encontrarse en
una tensión que va de la acep-
tación de la autoridad religiosa y
masculina a sus propias ideas en
torno a las experiencias místicas
que sufre y la defensa de su con-
fesor. Me es difícil encontrar una
palabra para describir su compor-
tamiento dado que no podemos
considerarla una transgresora ya
que no parece que exista en ella
un afán consciente, ni una de-
cisión como tal, de ir en contra
de los dictados de la Inquisición.
Más bien estamos frente a una
imposibilidad de seguirlos que ni
ella misma acaba por entender.
Prueba de esto es que en algunas
ocasiones adjudica su incapacidad
de obedecer a los jueces a fuen-
tes externas a ella. Por ello, en su
caso me parece más pertinente ha-
blar de una resistencia, una reacción
visceral, que de una trasgresión.
Los inquisidores, por su parte,
no conseguían entender esta si-
tuación más que como desobe-
diencia. “…conocieron en ella,
arrogancia, soberbia, desobediencia
y amor propio…”
36
lo cual sub-
raya para ellos el carácter inten-
cional de las acciones y palabras de
la acusada. En todos y cada uno
de los encuentros entre el Santo
Oficio y la acusada, su respuesta
fue amonestarla. Sin embargo, el
resultado no fue el deseado pues
Corella no puede o no quiere dejar
de lado su propia visión de lo que
es real –su revelaciones– lo cual
la lleva a informar a la Inquisi-
ción, ya sea en persona o por
carta “que aunque ella quería obe-
decer y abstenerse no podía…”
37
En una ocasión, Theresa se pre-
sentó ante las puertas del Santo
Tribunal y le informó a un secre-
tario que era preferible que no le
diesen audiencia ya que si habla-
ba con los inquisidores diría muchos
disparates. Pidió que informara
que “de su parte no podía obedecer
al Tribunal de desechase las reve-
laciones como ilusiones por que
ella estava persuadida… y tenía
por cierto que su spiritu era de
Dios y como tal lo seguia y avia
de seguir…”
38
Por último, dijo, el
Santo Oficio debía liberar al Padre
Arcos.
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28
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
32
Ibid
. f. 13r.
33
Ibid
. f. 13v.
34
Ibid
. f. 13v.
35
Ibid
. f. 13r.
36
Ibid
. f. 12v.
37
Ibid
. f. 13v.
38
Ibid
. fs. 13v-14r.
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29
El comportamiento de la acu-
sada le valió ser considerada como
“culpablemente ilusa y pertinaz
en su ilusión”, razón por la que fue
detenida con objetivo de que enmen-
darla y si esto no era posible proce-
der jurídicamente en su contra.
39
El encarcelamiento no tuvo la
respuesta deseada por los inqui-
sidores. La acusada no solo siguió
sufriendo manifestaciones sobrena-
turales sino que éstas se incremen-
taron. Según sus propias palabras
“ahora detenida andavan mas suel-
tos los demonios, la cerraban la
boca…y que estavan las fuerzas
que no podia andar…”
40
Los exor-
cismos y sacramentos rigurosa-
mente administrados por miem-
bros de la Iglesia no hacían sino
incrementar la desesperación de
Theresa. Es interesante corroborar
que los pasos dados por las auto-
ridades para controlarla y quitarle
sus revelaciones tienen el efecto
contrario, ésta va empeorando a
medida que el tribunal interviene.
Éste informó que eran “.
..mas
continuas las fatigas y maltrato
de los demonios con especialidad
siempre que se entraba en el Tri-
bunal y que se humillaba cuanto
podía.
.. y padecía grandes descon-
suelos.”
41
Ahí, en el mismo centro
de poder de los inquisidores, los de-
monios se disputan a Corella, se
aparecen sin mayor temor ni con-
sideración demostrando que hay
seres que no se doblegan ni aun
frente a las más temibles autori-
dades. No veamos en ello una vic-
toria fácil para la acusada, ésta
sufre; sufre pero no cede.
Es imposible saber si lo que
mueve a Theresa es una incapaci-
dad de renunciar a sí misma,
aunque nuestra simpatía por ella
quisiera que así lo fuera. Lo que si
sabemos, ella adjudicó este im-
pulso a fuentes externas que la
obligan a desobedecer. Este poder
externo variaba podía ser su con-
fesor “.
..cuya obediencia no podía
dejar aunque interiormente la re-
sistía”
42
; los demonios que “no le
dejaba libertad para obedecer”
43
;
o el mismo Dios.
Incapaces de someterla los
jueces solicitaron información
sobre la presa de aquellos que la
trataban regularmente. Se les
informó que su comportamiento
seguía siendo errático. El alcalde de
la prisión la describió como “hu-
milde, trabajaba y comía y entre
ello mismo hablaba disparates.
..”
44
y el religioso encargado de exor-
cisarla y darle los sacramentos
declaró que la rea estaba espiri-
tada, “que aun que estando libre se
reconocio muger de virtud humilde
modesta y quieta, porrumpia en
otras cosas muy extrañas, después
que el juicio, alias, no estaba muy
cabal o por flaquecer la cabeza…”
45
Finalmente la Inquisición de-
claró que “avia cumplido con
piedad y justicia que por lo dicho
se reconocia estava posesa y
Perspectivas Teóricas
39
Ibid
. f. 14r.
40
Ibid
. f. 14r.
41
Ibid
. f. 14r.
42
Ibid
. f. 13r.
43
Ibid
. f. 14r.
44
Ibid. f. 14v.
45
Ibid
. f. 14v.
La reclusión de Theresa
juicio de las mujeres, a través del
cual se interpretan sus palabras y
acciones que se nutre pero tras-
ciende lo puramente religioso
para convertirse en una visión
social y cultural de las mujeres.
A la vez, el caso contra Theresa
Corella muestra atisbos de los lí-
mites de dominio inquisitorial ante
un ser humano que independien-
temente del motivo que la impulse
es incapaz de obedecer. Inclusive
una institución con el poder que tu-
vo la Inquisición se enfrentó a
resquicios de la subjetividad que
no pudo conquistar. En este caso
es particularmente interesante que
el conflicto se da entre dos for-
mas de concebir la vida espiritual
católica, una institucional y otra
obesa, que el Tribunal no tenía
por qué detenerla mas.”
46
No es
extraño el que la dejara en liber-
tad, en la mayoría de los juicios
relacionados con un misticismo
falso no se aplicaban castigos
severos sino medidas educativas
con la finalidad de corregir y
controlar el problema.
47
El Santo
Oficio la exhortó a continuar con
los exorcismos y los sacramentos.
En este caso particular el remedio
de sus problemas, le dijeron,
estribaba en que “se governase
toda por los confesores y no por
sus impulsos…”
48
En otras pala-
bras consideraron la sumisión a
los poderes eclesiales como única
solución. Además descalificaron
todas sus experiencias, declarán-
dolas engaños, obligándola a infor-
mar de esto a los que la conocían.
Theresa misma tenía que infor-
mar a los demás que no era digna
de ser tomada en cuenta.
La acusada realizó un último
acto de desobediencia. En vez de
esperar a su hermano, a quien la
Inquisición había contactado pa-
ra que la fuera a recoger, “se fue
sin hablarse noticia de ella…”
49
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30
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
46
Ibid
. f. 14v.
47
Stephen Haliczer,
op. cit
. pp. 125-146.
48
Proceso
. f. 15r.
49
Ibid
. f. 15r.
Conclusiones
El proceso contra Corella, nos per-
mite distinguir algunos aspectos
de la estructura social en donde
vive la acusada y cómo los po-
deres religiosos y de género
actúan sobre mujeres para vigilar,
coaccionar y controlar sus pensa-
mientos y acciones. Vemos cómo
Theresa se somete voluntaria-
mente a la autoridad del Padre de
los Arcos, su confesor espiritual;
cómo es sacada del convento por
un visitador; cómo es exorcisada
por calificadores, juzgada por in-
quisidores y al culminar su proceso
va a ser entregada a su hermano.
Todos los poderes masculinos a su
alrededor deciden sobre ella. Lo
hacen a partir de un discurso sobre
la pecaminosidad y la flaqueza de
mas personal, ambas resultado de
un fervor religioso alentado tanto
por la Corona como por la Iglesia.
Sin embargo, no podemos con-
siderar a Theresa como un emble-
ma de la transgresión, y habría
que preguntarse hasta que punto
lo fueron las beatas y las santas.
Si bien, como se mencionó en el
texto, podemos considerar sus ex-
periencias místicas como “…sabo-
taje de la dominación del discurso
espiritual masculino” cabe pre-
guntarse hasta qué punto trasto-
caron el poder de la Iglesia y el
poder genérico. Todo parecería in-
dicar que el carácter jerárquico y
patriarcal de esta institución no
fue puesto en peligro por la exis-
tencia de estas mujeres. Finalmente
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31
Perspectivas Teóricas
50
Alejandra Araya Espinoza.
Ibid
.
las beatas fueron perdiendo pres-
tigio y se vieron asociadas cada
vez más a embusteras hasta que
acabaron por ser vistas como
histéricas en el siglo XVIII.
50
Estas son sólo algunas de las
preguntas y líneas de investiga-
ción que nos abre este proceso,
pero para las cuales sería necesa-
rio contar con un mayor número
de casos que nos aporten más
información. Éstos nos permiti-
rían establecer con mayor certeza
cuestiones tales como: hasta qué
punto la existencia de estas mu-
jeres obligó a las institución a rea-
lizar cambios en sus discursos y
políticas, cómo distinguió las In-
quisición entre las beatas reales y
falsas y por qué no castigó dura-
mente a estas mujeres, entre otras.
Recibido el 23 de noviembre del 2005
Aceptado el 5 de julio del 2006
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