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67
Cuestiones Contemporáneas
* Programa de Investigación Feminista del
Centro de Investigaciones Interdisciplinarias
de la UNAM, Torre II de Humanidades 6o.
piso, Ciudad Universitaria, México, D.F, c.p.
04510.
Género y recepción televisiva: la interacción de las sujetas
y los sujetos con y mediada por la televisión
Aimée Vega Montiel*
Palabras clave:
Teoría de género, categoría
de género, recepción televisiva, amas de
casa, jefes de familia.
Abstract:
Moving on a gender perspective, this
paper explores gender, both as cathegory
of analysis but as theory too, to the
analysis of the comunicative process of
reception.
Resumen:
Este trabajo reflexiona en torno a las
posibilidades de incorporar la categoría
de género al análisis de procesos comu-
nicativos. El fenómeno que observa esta
investigación es la recepción televisiva
entre amas de casa y jefes de familia en
México.
En los años recientes, la categoría de
género ha tomado relevancia en el
análisis de los fenómenos socia-
les que se han desarrollado desde
diversas disciplinas. Rescatar las
relaciones, actividades y experi-
encias sociales del “ser mujer” o
del “ser hombre” como eje clave
para entender la forma en que se
construyen los procesos socio-
históricos, ha denotado las posi-
bilidades de la perspectiva de
género para elaborar una crítica
transformadora y abrir nuevos de-
bates y líneas de investigación.
Es pertinente reconocer que
en el campo de la comunicación,
las reflexiones que incorporan la
categoría de género apenas se han
desarrollado. Acorde con otras di-
sciplinas sociales, los trabajos
respecto al origen y validez del
conocimiento han relegado la
experiencia de los sujetos desde
su situación de género. Por ello,
incorporarla, posibilitaría la refor-
mulación de fundamentos claves
de nuestra disciplina (como ha
sucedido en el caso de la sociolo-
gía, de la antropología y de la
propia ciencia política), al tiempo
que puede resultar esclarecedora
en el análisis de los fenómenos
comunicativos.
Ante esta situación, el objeti-
vo del presente trabajo, es el de
reflexionar en torno a las posibili-
dades de incorporar la categoría
de género al análisis de procesos
comunicativos. El fenómeno que
observa esta investigación es la
recepción televisiva entre amas
de casa y jefes de familia en Mé-
xico. El supuesto central es que la
identidad de género determina las
formas particulares en que estas mu-
jeres y hombres se relacionan con
la realidad social y con los otros;
formas que pasan por la manera
en que se conciben como ciudada-
nos, en la percepción que tienen
de las esferas doméstica y públi-
ca y en cómo las viven, en cómo
participan en los procesos comu-
nicativos y, en este sentido, en
cómo se relacionan con la televi-
sión y cómo interpretan los men-
sajes mediáticos.
De esta manera, en la primera
parte se ubicará conceptualmente
este objeto de estudio. Se elabo-
rará una definición del proceso de
recepción televisiva, que servirá
como punto de partida para la
presentación de un modelo meto-
dológico que he desarrollado para
el análisis integral de este fenó-
meno, mismo que comprende tres
niveles, uno de los cuales (el in-
dividual) es el que contiene la
categoría que me ocupa. También
se explicará la forma en que se
construye la identidad de género
desde la experiencia de los jefes
de familia y de las amas de casa.
En la segunda parte, se anotarán
algunas evidencias de la impor-
tancia de incluir esta categoría a
partir de las aportaciones deriva-
das de una investigación empírica
llevada a cabo entre amas de casa
y jefes de familia en México.
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68
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Introducción
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69
El proceso de recepción televisiva:
hacia una definición
Desde la óptica de los estudios de
recepción -desarrollada por los es-
tudios culturales y el análisis crí-
tico de la recepción
1
sabemos que,
lejos de ser la mera representa-
ción de una relación causa (men-
sajes)-efecto (audiencia) -óptica
plan-teada por la corriente de los
efectos- este fenómeno comuni-
cativo resulta un procedimiento de
producción social de significado
de los textos, que es llevada a ca-
bo por los miembros de la audien-
cia, proceso en el que tiene una
importancia clave el contexto en
donde se construye el significado.
Aunque se trata de un proceso
que opera principalmente a escala
micro, es pertinente reconocer que
la recepción televisiva no es un
fenómeno que se explique solo
en términos de la acción de los
sujetos en sus contextos especí-
ficos, sino en tanto un proceso
de transformación estructural, que
si bien se visibiliza a través de
las acciones de sujetos, se encuen-
tra en diálogo permanente con el
contexto espacial y temporal en
el que se integran las dimensio-
nes micro y macro sociales. Así,
en el proceso de recepción tele-
visiva lo micro implica reconocer
y analizar teórica y metodológi-
camente, la actividad de la au-
diencia, y lo macro, la forma en
que esta actividad se articula con
un tipo de discurso social.
2
De esta manera, al ser com-
prendido como un fenómeno so-
cio-histórico que se manifiesta en
las escalas micro y macro, al pro-
ceso de recepción televisiva se le
puede reconocer afectado por dis-
tintos elementos o mediaciones.
3
Unos, relacionados directamente
con las formas en las que el dis-
curso televisivo determina la
manera en cómo será interpreta-
do por los receptores. Y otros,
constituidos por una serie de fac-
tores que tienen que ver con la
situación particular de cada suje-
to: su nivel socioeconómico, el
educativo, la edad y el género. Así
también, por su conocimiento e
intereses sobre temas específicos
y por las construcciones temáticas
a través de las cuales establece
conexiones entre su mundo coti-
diano y el mundo presentado por
los medios de comunicación.
4
Tam-
bién, por sus motivaciones, estra-
tegias y hábitos de recepción
5
y
por lo que ha sido denominado
como las comunidades de inter-
pretación,
6
espacios físicos y/
simbólicos en los que el receptor
construye el sentido de los men-
sajes mediáticos (como la familia,
la escuela y el trabajo), comunida-
des en las que los líderes de opinión
juegan un papel determinante en
la interpretación que los sujetos
hacen de la realidad social.
Tomando como base estas cla-
ves, se entiende el proceso de
recepción televisiva como:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Un acto social, porque es en la realidad
social en donde se manifiesta.
Un proceso activo, en movimiento, porque
es cognitivo y reflexivo, en tanto que es
un acto de producción de significado,
en el que participan los receptores y la
propia televisión como productora de
contenidos, discursos y cogniciones.
Un diálogo, puesto que receptores y tele-
visión mantienen una interacción per-
manente, de ida y vuelta, de objetivos,
informaciones, contenidos e intereses, que
rebasa el límite espacio-temporal del acto
de mirar televisión.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Definido de esta manera, como
un fenómeno social, activo y dia-
lógico, el proceso de recepción tele-
visiva requiere de un análisis integral
que observe, por un lado, la forma en
que las audiencias interpretan y se
Cuestiones Contemporáneas
Del marco teórico-conceptual
1
G. Orozco,
Televisión y audiencias: un enfoque cualitativo
, Madrid, Ediciones de la Torre, 1996; J. Lull,
Inside Family Viewing: Etnografhic
Research on Television’s Audiences
, London, Routledge, 1990; K. Jensen, “Qualitative Audience Research. Towards an Integratene Approach to
Reception”; en
Critical Studies in Mass Communication
, vol. 4, núm. 1, 1987; D. Morley,
The ‘Nationwide’ Audience. Structure and Decoding
,
London, British Film Institute, 1980; D. Morly,
Family Television
, London, Comedia, Routledge, 1986.
2
J. Lull,
op. cit.
3
J. Martin Barbero, De los medios a las mediciones, México, Gustavo Gili, 1987; G. Orozco,
op. cit.
4
K. Jensen, op. cit.
5
J. Martin Barbero, op. cit.; G. Orozco,
op. cit.
6
K. Jensen,
op. cit.
apropian de los mensajes televisi-
vos, pero al mismo tiempo, los con-
tenidos televisivos y el propio papel
de este medio de comunicación, pues
se trata de una institución que for-
ma parte de una estructura econó-
mica y política bien definida y que
juega un importante rol, en cuan-
to productora de discursos, en la
conformación de las audiencias como
sujetos sociales.
Articulando un modelo para el
análisis integral de la recepción
televisiva.
Mirar la recepción televisiva como
un proceso social complejo que se
manifiesta a nivel macro y micro
y que involucra la participación
de, por lo menos, dos actores cen-
trales, me lleva a asumir que no
es posible construir una forma
unívoca de analizarlo. Más bien,
sugiere proponer un modelo meto-
dológico que permita entender
cuáles son los elementos que me-
dian este proceso y la importancia
de cada uno. Partiendo de esta
premisa, se considera que un
es-
tudio integral del proceso de
recepción televisiva
implica tres
dimensiones básicas de observación:
una
individual
, una
televisiva
y una
social-institucional
(el modelo se
desarrolla en el Cuadro 1):
1) La
dimensión individual
hace
alusión a los receptores, es
decir, a los sujetos concretos
(en este caso, a las
mujeres
amas de casa
y a los
hombres
jefes de familia
). Se encuen-
tro asociada a los factores que
vuelven a cada sujeto único,
que le determinan una identi-
dad particular y que lo ubican en
realidades concretas. Estos ele-
mentos inciden en la forma en
que dará un significado con-
creto a los mensajes televisivos.
Esta dimensión se divide a su
vez en
dos escalas básicas
: una
que se denomina
estructural
y que alude a los elementos que
le determinan una identidad
específica al sujeto: la edad, el
nivel escolar y la ubicación en la
esfera socio-económica y, por
el otro, a los factores socio-his-
tóricos que le definen su iden-
tidad de género. La otra escala que
corresponde a esta dimensión es
la
perceptiva
, que se refiere a los
esquemas cognitivos del receptor.
Esta escala implica los conoci-
mientos con los que participa
en este proceso, así como sus
intereses y opiniones, y sus ex-
pectativas, anhelos y deseos.
2) La
dimensión televisiva
se
refiere al papel de la televi-
sión como visibilizadora de los
actores y de las discusiones,
opiniones e interpretaciones
pertenecientes a la esfera pú-
blica y como fuente clave en la
construcción de conocimiento
que sobre esta realidad hacen
los sujetos. Esta dimensión im-
plica una
escala formal
, que se
refiere al análisis de los dis-
cursos televisivos. Y comprende
también una
escala interpre-
tativa
, que comporta analizar
la interpretación que de esos
mensajes hacen los sujetos.
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70
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
DIMENSIÓN
ESCALA
CATEGORÍAS
INDIVIDUAL
– De referencia
– Perceptiva
Género
/Edad/Escolaridad/Posición económica
Cognitiva/Afectiva/Valorativa/Subjetiva
TELEVISIVA
– Formal
– Interpretativa
– Posicionamiento de los receptores
– Construcción de la realidad
– Elección-Consumo
– Práctivas de comunicación y hábitos de recepción
– Construcción de significado
SOCIAL
INSTITUCIONAL
– Social
– Comunidades interpretativas
– Líderes de opinión
Fuente: Elaboración propia.
Cuadro 1:
Modelo para el Análisis integral del proceso de recepción televisiva
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71
3) La
dimensión social-institu-
cional
reconoce que el sujeto
es un participante activo en
diversas instituciones sociales
al mismo tiempo: la familia, la
escuela, el trabajo, las asocia-
ciones civiles, los partidos polí-
ticos, etcétera. Se entiende que
estos escenarios son contextos
que proveen al sujeto de ele-
mentos (conocimientos, defini-
ciones e interpretaciones) que le
ayudan a producir un significa-
do de los mensajes televisivos.
Esta dimensión comprende una
escala social
.
La categoría de género
Dentro de las categorías que se
observan en el “modelo para el
análisis integral de la recepción
televisiva”, centraremos nuestro
interés en la de
género.
Como perspectiva, el
género
es una línea de análisis que per-
mite observar que detrás de las
diferencias sexuales entre “ser
mujer” y “ser hombre” se han
construido desigualdades sociales,
políticas, económicas y culturales.
La perspectiva de
género
abre
la posibilidad de entender la for-
mación de la identidad como pro-
ducto de un largo proceso que se va
construyendo desde que se es-
pera el nacimiento de una hija o
un hijo. Se inicia con discursos y
con acciones sociales sobre cómo
se nombra y lo que se espera de
las personas. Este horizonte cul-
tural es el que abre o cierra cier-
tas posibilidades de vida para las
mujeres y los hombres, es decir,
los mandatos.
Así, las identidades de género
resultan en construcciones dis-
cursivas que surgen en sociedades
estructuradas en base a relacio-
nes asimétricas entre los sexos.
Esta asimetría consiste en desig-
nar diferencias de modo tal que
tareas y funciones asignadas a hom-
bres y mujeres, al igual que otros
atributos como el prestigio y el
poder, no guardan la misma propor-
ción o no son comparables. Género
resulta ser entonces, la construc-
ción social de la diferencia entre
los sexos, el sexo socialmente cons-
truido, dinámica en la cual las ideo-
logías masculinas constituyen su
expresión en la subjetividad de
hombres y mujeres.
Cuestiones Contemporáneas
De los mandatos
¿Qué significa ser un JEFE DE
FAMILIA?
En el modelo hegemónico, la so-
ciedad exige a los hombres pasar
por pruebas que den cuenta de su
capacidad para acceder a la cualidad
más deseada y al mismo tiempo más
difícil de alcanzar: la masculinidad.
De tal manera, que la condición
masculina se encuentra constan-
temente en duda, por lo que se
exige al varón que pruebe a lo
largo de su vida, mediante su afir-
mación social y personal, que es
poseedor de esta cualidad. Es así
que la sociedad establece pautas,
rituales, pruebas, sistemas de pre-
mios y castigos que incentivan la
conducta agresiva y activa del varón,
inhibiendo al mismo tiempo sus
comportamientos pasivos. Y dado
que el cumplimiento de este man-
dato resulta en un proceso harto
complicado, el beneficio que se
recibe a cambio es el más preciado
por el pensamiento moderno: la po-
sibilidad de ejercer poder y con ello
el privilegio de “ser importante”.
En este contexto, el primer y
más importante mandato que un
varón debe asumir para demostrar
su masculinidad, es el de ser un
jefe de familia. El modelo tradi-
cional define al jefe de familia
como un sujeto que, en sí mismo,
articula: derechos (mandarse solo)
y deberes (ser protector), libertad y
determinación, potencia y autori-
tarismo. Bajo este precepto, el varón
es la base individual de la sociedad
y su labor es la de sostener. Es una
identidad construida a partir de su
función de sostenedor y protector
del hogar, al tiempo que el pro-
veedor del alimento para su familia.
Y el premio que recibirá por el cum-
plimiento de este mandato, será el
privilegio del poder y su predomi-
nio en la esfera pública.
Desde esta perspectiva domina
la lógica de que los varones se ha-
cen a sí mismos y que su identidad
de género se construye sobre un
límite estricto entre público y
pri-
vado, donde calle y casa represen-
tan mundos regidos por códigos
particulares y unidos por un modelo
de roles complementarios en vir-
tud de los cuales el varón puede
ejercer sus privilegios en la calle a
condición de cumplir con sus obli-
gaciones en el hogar (que, hay que
decirlo, también constituye para él
un espacio de privilegios). De esta
manera, la ecuación resulta en
jefes de familia que resumen las
fuerzas de la naturaleza porque son
al mismo tiempo:
tesoneros, pró-
digos, brutos, cariñosos, soberbios,
egoístas, generosos, previsores, in-
cautos, indiferentes, exuberantes,
corajudos, infieles, versátiles, inge-
niosos y encantadores
.
Y en el hogar, el jefe de familia
será entonces el padre-sofá, que
asumirá este espacio como un lu-
gar de descanso hasta la nueva
partida, donde se le deberá nutrir,
servir, respetar y satisfacer. Es el
padre despreciativo, el pedagogo
brutal de la autonomía masculina
que transmite lo que a su juicio
representa la primera enseñanza de
un varón: “si no aprendes a nadar,
te ahogas”.
La otra cara de la moneda: Ser
una AMA DE CASA
Para la mujer, el principal mandato
que la sociedad moderna le ordena
es el de asumir el rol de madre y es-
posa. Éstos, son los ejes que cons-
tituyen, real y/o simbólicamente, el
ser mujer en nuestra sociedad, su
deber ser: casarse, tener hijos, cui-
dar de los otros (y en primer lugar
al jefe de familia). En palabras de
Marcela Lagarde “estos elementos
se trazan como hechos incuestio-
nables en cumplimiento de sus atri-
butos sexuales, como eje social y
cultural de su feminidad”.
7
Ese deber
ser se encuen-tra determinado por su
pertenencia a la esfera doméstica,
ámbito en el que la mujer tiene la
tarea de realizar todas y cada una
de las actividades destinadas a la
reproducción de la fuerza de traba-
jo, a la satisfacción de necesida-
des de primer orden de los otros.
Pero no sólo eso. Su trabajo abarca as-
pectos esenciales de la existencia
global de los sujetos: sus formas
particulares de relacionarse con el
mundo, de hacer, de sentir, de es-
tar, sus creencias, saberes y len-
guajes.
8
Y en el caso de las amas de
casa, estos mandatos se hacen
más evidentes, pues son los que
las hacen visibles/invisibles ante
los otros. Este deber ser se mate-
rializa a través de tres factores
fundamentales: la reproducción,
el espacio y el trabajo.
La reproducción biológica, es
decir, su naturaleza, se detecta co-
mo el primer elemento que traza la
identidad genérica de estas mu-
jeres. Representa la principal y má-
xima justificación para que sean
ellas quienes se responsabilicen
de los otros. El ser procreadoras
les confiere una serie de responsa-
bilidades a las que no pueden re-
nunciar: nutrir, cuidar, ser testigo
y vigía de sus vidas. Y la nutrición y
el cuidado de los otros, al lado de
la reproducción, ha sido relegado al
ámbito de la naturaleza y excluido
de toda consideración pública.
El espacio doméstico se cons-
tituye como la segunda fuente de
identidad de las amas de casa. La
casa es su espacio vital, exclusi-
vo, del que no deben apartarse
para no dejar de cumplir con su
deber ser, el de madres y esposas.
Así, la esfera doméstica constituye
también un espacio de reproduc-
ción ideológica para ellas, en tanto
que es ahí en donde se define y se
interioriza lo que es ser mujer, en
términos de la división sexual del
trabajo y de la construcción socio-
histórica de género.
En tercer lugar, el trabajo do-
méstico, definido como inactividad
puesto que engloba el conjunto de
actividades privadas, individuales
y concretas, que se realizan en la
esfera doméstica, y que se encuen-
tran destinadas a la satisfacción de
necesidades de la familia -lo que les
asigna el carácter de gratuito y
obligatorio.
Y puesto que son asignados “por
naturaleza” o “por obligación”, es-
tos tres elementos dan un carácter
fundamental a la identidad de las
mujeres amas de casa: la invisi-
bilidad. Dado que su función bio-
lógica, su espacio y su trabajo lo
materializan en los otros, teniendo
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72
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
7
Marcela Lagarde,
Cautiverio de las mujeres. Madresposas, monjas, putas, presas y locas
, México, Universidad Nacional Autónoma de México,
1990, p. 107.
8
Ibid.
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73
como marco el ámbito doméstico -el
que nunca se ha destacado por ser
un generador de opiniones indi-
viduales-, todo lo considerado como
parte de esta esfera –incluidas las
amas de casa- es definido como
extraño y ajeno al mundo público de
la ciudadanía, ese mundo que ha
sido determinado para la existen-
cia y realización de los varones, lo
que derivará en un déficit de las
mujeres amas de casa en la esfera
pública-política.
De acuerdo a lo que ha sido
expuesto en este apartado, estas
construcciones sociales de lo que
es ser una ama de casa o un jefe
de familia, es lo que definirá a
mujeres y hombres la manera en
que se relacionen con la realidad
social: con la esfera doméstica, con
la esfera pública, la auto-percepción
de su ciudadanía y, en el tema de
análisis que aquí me ocupa, es decir
en la forma en que se relacionen con
la televisión y con los mensajes que
ésta produce.
Revisemos pues algunas eviden-
cias de las posibilidades que repre-
senta incluir esta categoría en el
análisis empírico de procesos comu-
nicativos.
Las evidencias que a continuación
se discuten, derivan de trabajos
empíricos que he desarrollado en
México y que han tenido como
principal objetivo analizar la rela-
ción entre la recepción de noticias
sobre los procesos electorales emi-
tidas por los noticieros de tele-
visión mexicanos y la decisión de
voto de los jefes de familia y las
amas de casa (en 1997, 2000 y
2003). La pregunta eje de estas
investigaciones ha sido:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
¿De qué manera, el acto de mirar noti-
cieros de televisión contribuye a que las
amas de casa y los jefes de familia: a)
conozcan y entiendan un proceso políti-
co, b) decidan su voto, y c) conciban
sus acciones, identidad y participación
política?
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La estrategia metodológica ha
considerado trabajar con amas de
casa y jefes de familia residentes
en el Distrito Federal y el área
metropolitana, con rangos de edad
entre los 25 y los 35 años de
edad, del nivel socioeconómico
medio y bajo y con estudios de
nivel básico. La herramienta meto-
dológica ha sido la de los grupos de
discusión.
En las siguientes líneas, se dis-
cutirán algunos hallazgos en torno
al papel que juega la identidad
de género en el proceso de recep-
ción de noticiarios de televisión
entre las amas de casa y los jefes
de familia mexicanos. Para este
propósito, me centraré en la expo-
sición de los siguientes temas:
fuentes de información, motivación
para mirar los telediarios, contex-
to y hábitos de recepción, comu-
nidades de interpretación y líderes
de opinión. La finalidad, es obser-
var la importancia de incluir esta
categoría en el análisis de los
procesos comunicativos.
Los hallazgos
De sus fuentes de información
He señalado que el contexto par-
ticular en el que se han recogido
los datos empíricos, ha sido el de
los procesos electorales que se han
celebrado en nuestro país a nivel
federal, del año 2000 a la fecha.
Es por esta razón que las y los
participantes, sin distinción de
género, edad o nivel escolar, han
resaltado la importancia de infor-
marse sobre lo que acontece en la
política nacional, teniendo como
principal fuente de información a
los medios de comunicación.
En el caso de los hombres la lec-
tura de algún diario ocupa un lu-
gar privilegiado entre ellos: lo hacen
de camino al trabajo, sea en el
auto o en el transporte público, o
al final de la jornada laboral, una
vez que están descansando en el
hogar. Los jefes de familia entre-
vistados dicen preferir los diarios
deportivos, mismos que incluyen
una sección de información general
que les permite saber lo que pasa en
el país.
En cambio, para las mujeres son
los noticiarios radiofónicos una
fuente básica para informarse. La
Cuestiones Contemporáneas
Apuntes Metodológicos
razón se halla en que, dado que
tienen una carga de trabajo domés-
tico importante, para estas amas
de casa escuchar los noticiarios de
radio les representa una ventaja
porque no les demanda una recep-
ción exclusiva. Pueden hacerlo al
tiempo que limpian la casa o mien-
tras conducen el auto, de camino
a la escuela de sus hijos.
Para ellas, la prensa represen-
ta otro recurso para informarse, sin
embargo, la elección del diario
que leen no depende de ellas. En
la mayoría de los casos, estas
mujeres leen un periódico deter-
minado porque es el que llevan a
casa sus maridos:
Pues leemos Re-
forma, a veces El Financiero, pues
es según el que traiga mi esposo,
no tiene fijo. Antes leía La Jor-
nada, pero dice que ahora ya no
le gusta.
De todos los medios de comu-
nicación, el que se erige como la
principal fuente de información so-
bre las elecciones para estos grupos
de recepción, es la televisión. La ma-
yoría de los participantes afirman
tenerla como la vía principal para
saber de la política nacional y con-
cretamente de las campañas pre-
sidenciales. ¿Por qué privilegiar a
este medio?: por su inmediatez.
Es más fácil enterarse de las cam-
pañas presidenciales a través de
la televisión.
De todos los formatos, son los no-
ticieros de televisión los programas
más atendidos por las amas de casa
y por los jefes de familia. Dicen mi-
rarlos casi a diario. De todas las
emisiones, los nocturnos resultan
ser los más vistos: “Noticiero” y
“Hechos”, y con una audiencia mar-
ginal: “Noticias” y, el ahora desa-
parecido “CNI Noticias”.
Entre los jefes de familia, “No-
ticiero”, que es conducido por Joa-
quín López Dóriga, es el más visto,
aunque tienen una posición crítica
ante el programa pues consideran
que representa la voz oficial. El
otro telediario de su preferencia
es “Hechos”, pero no la emisión es-
telar que es dirigida por Javier
Alatorre, sino el que encabeza Pablo
Latapí en canal 7. ¿La razón? El
horario: se transmite a las 9 de la
noche y eso les da la posibilidad
de dormir pronto para levantarse
temprano al día siguiente. En este
tenor, consideran que la emisión
de Alatorre presenta las mismas
noticias, por lo que no consideran
necesario tener que esperar a su
transmisión (10:30 de la noche)
para enterarse de lo que sucede.
Para las amas de casa, son el
de
Televisa
y el de
Tv Azteca
los
preferidos. Sin embargo, y aún
cuando constituyen su principal
fuente de información, estos noti-
cieros tienen un nivel muy bajo
de credibilidad entre este grupo de
audiencia. La mayoría de las par-
ticipantes opina que en México es
muy difícil que estos noticiarios
logren cumplir con su función so-
cial, porque se encuentran influidos
por los intereses que los dueños de
las empresas televisivas tienen con
el gobierno y con algunos parti-
dos. Subyace su escepticismo en
torno a la veracidad de las noticias
porque piensan que siempre tienen
una tendencia. Además, critican el
amarillismo y la espectacularización
prevaleciente en las noticias que, de
acuerdo a las discusiones soste-
nidas por estas mujeres, obedecen
a la lógica comercial que guía hoy a
las televisiones mexicanas.
De sus motivos
La primera razón que motiva a estas
amas de casa y a estos jefes de
familia a mirar los noticieros, es la
de informarse. Ambos géneros lo
consideran parte de un deber ser
ciudadano. Hacen referencia a esta
actividad como si se tratara de una
obligación, como algo que se “tie-
ne” que hacer.
Así también, mirar los noticia-
rios forma parte de su vida coti-
diana:
Yo no me imagino apagar
la tele a las 10:30 de la noche,
cuando empieza el noticiario. No
tendría ni idea ahorita de nada,
ni de qué pasa en mi ciudad ni en
el país
.
En resumen, para estas mujeres
y hombres, la elección del telediario
depende de los siguientes factores:
• Informar oportunamente de
los acontecimientos.
• Reflejar de manera fiel los he-
chos, cuidando de no caer en
el amarillismo.
• La imparcialidad frente a los
distintos actores políticos.
• La inteligencia del conductor,
así como su honestidad y fran-
queza.
• Y la objetividad de la propia
televisora.
Una cualidad que las y los par-
ticipantes destacan de estos pro-
gramas, comparándolos con otras
fuentes, es que les proporcionan
la información de manera resumi-
da. Consideran que es más fácil
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enterarse a través de los noticieros
porque les permite obtener un pa-
norama general de lo que ha suce-
dido a lo largo del día, sin que
tengan que invertir mucho tiempo
en ello. La mayoría valora positi-
vamente el resumen introductorio
de estos programas de noticias,
porque les posibilita enterarse en
muy pocos minutos de la informa-
ción más importante.
En el caso particular de las mu-
jeres, otra razón por la que dicen
ver los noticieros es por costumbre.
En este sentido, la elección concre-
ta de un telediario no ha depen-
dido tanto de ellas como del hecho
de que, mirarlo, forma parte de una
tradición familiar:
Yo siempre he
visto el “2”, ora sí que desde muy
pequeñita
.
Y una razón más para ellas radi-
ca en la compañía que les repre-
sentan los programas de noticias
y, en general, la televisión. Dado
que una de las condiciones en la vi-
da de las amas de casa es la soledad
en la que su actividad las sumer-
ge, la televisión les proporciona una
compañía. Ante tal situación, es-
tos programas representan para
muchas de estas mujeres un escape
a la soledad que les significa vivir
la mayor parte de su tiempo en el
espacio doméstico, de ahí que fre-
cuentemente encuentren en ellos al
acompañante ideal a su jornada
interminable de trabajo.
Por último, y como señalaba lí-
neas arriba, el locutor representa una
buena razón para mirar el noticiero.
En este sentido, para los jefes de
familia es importante que este per-
sonaje sea honesto e inteligente y
que en su personalidad se resuman
las principales cualidades de ser
un varón: seguridad, sinceridad, de-
cisión y liderazgo en sus opinio-
nes.
Por su parte, las mujeres, además
de mencionar dichas característi-
cas, destacan el atractivo físico del
presentador y su espontaneidad co-
mo una de las razones fundamen-
tales por la que miran el noticiero,
como lo muestra la siguiente discu-
sión celebrada en uno de los grupos:
-
M
.
¿Es importante conocer al
conductor?
-
P
.
-P
.
Sí, por ejemplo, Javier Ala-
torre tiene mucho porte
-
P
.
Es importante que el conduc-
tor sea agradable, ¿verdad?,
porque a mí la verdad Joaquín
López Dóriga no me agrada
-
P
.
¡No!
-
P.
No, se ve muy serio, muy
seco, muy.
..
-
P.
¡
Feo!
(risas)
-
P.
Javier Alatorre sí tiene más
porte, más personalidad para
dar noticias (risas). Joaquín es
bueno, pero es feo.
De sus contextos y sus hábitos
El hogar, como el centro de la vida
cotidiana de los sujetos, constituye
el marco principal en el cual se de-
sarrolla el acto de mirar televi-
sión. Los hallazgos de este estudio
así lo corroboran. Para todos los
participantes, es su casa el primer
escenario en donde la recepción
de los telediarios toma forma.
Los espacios concretos dentro
del hogar en los que ambos gru-
pos de recepción prefieren mirar
estos programas, son diversos. La
sala es el marco principal en el
que ven los noticiarios. De acuerdo
con Morley,
9
es este el esce-nario
familiar más importante. Es el
lugar de encuentro entre los mi-
embros de la familia, en donde
comparten y comentan su vida
diaria. En esta socialización, la tele-
visión forma parte fundamental.
Su presencia en la sala de los ho-
gares que habitan los participan-
tes, se da pues por descontada.
Una pregunta central para los
fines de esta investigación, consis-
tió en saber si existía un sofá que
destacara como el privilegiado en el
hogar, así como la identidad de su
ocupante habitual. La respuesta ge-
neral fue que, en efecto, el sofá exis-
tía y que estaba colocado frente al
televisor. Que el ocupante principal
era el jefe de familia o, en su ausen-
cia, los hijos, pero nunca o casi nunca
era la ama de casa quien se sen-
taba en él a mirar televisión.
Por otro lado, para ambos gé-
neros, la actividad de mirar los
telediarios es esencialmente social,
la consideran una actividad que va-
loran como positiva en tanto que
estos programas proponen a la
familia temas acerca de los cuales
discutir. En este sentido, como lo
han observado otros trabajos,
10
es
la familia el núcleo central entre la
televisión y la vida cotidiana.
Cuestiones Contemporáneas
9
D. Morley,
Family Television.
.. op. cit.
10
Ibid
.; J. Lull,
Inside Family viewing
...
op. cit
.
En lo relativo a sus hábitos de
recepción, esta investigación evi-
dencia que se ven determinados
por la situación particular de género
de mujeres y hombres.
En el caso particular de las amas
de casa, la percepción que ellas tie-
nen de su hogar como un lugar
de trabajo y de responsabilidades
continuas, propicia que consumo de
los programas de noticias sea muy
particular. En este sentido, su re-
cepción no es atenta dado que es
una práctica que se ve interrumpida
constantemente por actividades aso-
ciadas a su trabajo doméstico (pre-
parar la cena, planchar, supervisar
la tarea de sus hijos), en tanto que
para ellas el hogar no es primor-
dialmente un lugar para el ocio, sino
principalmente de trabajo.
En cambio, y dado que como fue
señalado en la primera parte de
este trabajo, el hogar representa
para el varón un lugar de ocio, en
el que se le nutre, sirve, respeta y
satisface (trabajo desempeñado por
las amas de casa), los jefes de
familia entrevistados dijeron des-
tinar un tiempo y atención especí-
ficos a mirar estos programas,
interrumpidos tal vez solo por los
bocados que le pegan a su cena.
De esta forma, considero que el
siguiente testimonio de una de las
participantes, resume las reflexio-
nes aquí vertidas:
Cuando
(mi es-
poso y yo)
vemos el noticiario, al
mismo tiempo hacemos otra cosa:
él lee y yo hago algo de los niños
.
Por último, las relaciones de
poder son clave en los hábitos de re-
cepción de estos programas entre
estos grupos de audiencia. Si par-
timos de que en el seno de la socie-
dad masculina el poder pertenece
a los hombres, este mismo orden
se traslada al espacio doméstico.
En la mayoría de los casos, sin
distinción de género, es el jefe
de familia quien elige el noticiero
que se mira en la casa. En segundo
lugar, son los hijos varones.
Después, son las hijas cuando
son adolescentes o jóvenes. Al
final de la lista, son las amas de
casa quienes lo escogen. La expli-
cación que ambos géneros encuen-
tran es porque reconocen que son
ellos, los jefes de familia, quienes
tienen más conocimiento sobre
los temas, puesto que pasan la
mayor parte del día en el espacio
público lo que les da la posibili-
dad de adquirir conocimientos y
experiencias a los que “difícilmente”
tienen acceso quienes pertenecen
al espacio doméstico (es decir, las
amas de casa), y ello les da la au-
toridad para elegir qué noticiario
mirar. Hay pues un reconocimien-
to implícito de que ellos son los
que saben y, por tanto, una des-
valoración sobre los conocimien-
tos de las amas de casa.
Y aunque algunas de las par-
ticipantes manifiestan su moles-
tia frente a esta situación, de
cualquier manera la aceptan:
En la
noche mi esposo llega y no me
deja ver los noticiarios, por eso
me puse a bordar, porque es un
pleito con la tele. A mí me gusta
ver “Hechos”, a él le gusta ver a
López Dóriga y a mí no me gusta,
¡Me choca!
El poder se hace aún más evi-
dente en el caso de las televisiones
con control remoto: casi ninguna de
las informantes se “adueña” de él,
es más bien característico que su
posesión le corresponda al jefe
de familia:
Yo agarro el control
porque soy quien lo sabe manejar
La posibilidad que da el con-
trol remoto de hacer “
zapping
”,
constituye una de las actividades
favoritas de estos hombres al mo-
mento de mirar los telediarios.
De acuerdo a sus testimonios, lo
hacen con el objetivo de com-
parar:
Cuando están dando la no-
ticia le cambias para ver si la otra
está más interesante y te man-
tienes atento, y cuando son intras-
cendentes mejor le cambias
En contraste, el
zapping
disgus-
ta a la mayoría de estas mujeres
porque constituye una práctica que
ellas definen como masculina,
que asocian a los jefes de familia:
¡Me choca estar cambiándole! Mi
marido lo hace
.
En este sentido, como lo han
señalado otros trabajos sobre re-
cepción televisiva
11
, el poder mas-
culino en la familia en relación con
estos hábitos particulares de mi-
rar televisión, no son simplemente
características del ser mujer o del
ser hombre: se constituyen tam-
bién como elementos que definen
la construcción socio-histórica de la
feminidad y la masculinidad.
De sus comunidades y sus líderes
Las comunidades de recepción, co-
mo los espacios de socialización
en los cuales los grupos de recep-
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76
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
11
J. Lull,
Inside Family Viewing
...
op. cit
.; D. Morley, Family Television.
..
op. cit.
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77
ción intercambian habitualmente
sus apropiaciones de los mensajes
y se reapropian de ellos hasta
lograr significaciones más defini-
tivas, resultan determinantes. Estos
espacios son tan diversos como
cada sujeto, sin embargo, en esta
investigación la identidad de géne-
ro se hace evidente en la elección de
comunidades.
Para los jefes de familia, sus
comunidades interpretativas se ha-
llan muy alejadas del hogar, en la
esfera pública. De esta manera,
lugares como el transporte público,
mientras se trasladan a su lugar de
trabajo, les representan espacios
para discutir sobre las noticias que
miran por televisión, y más cuan-
do se trata de informaciones rela-
tivas a la política nacional. Pero
son fundamentalmente el trabajo
y las reuniones con amigos -sean en
el gimnasio, en el bar o en el propio
lugar de trabajo- los espacios que
más valoran para intercambiar infor-
maciones y opiniones con los otros.
En contraste, para las amas de
casa la familia constituye la comu-
nidad de recepción más importante,
fenómeno que se ha evidenciado en
investigaciones anteriores sobre
audiencias televisivas en México
y en otros países
12
. Consideran que
la discusión familiar en torno a lo
sucedido a la política y a unas
elecciones, les representa el in-
sumo más importante para darle
un sentido a las informaciones que
han visto a través de los noti-
cieros. Todas las participantes va-
loran positivamente la existencia
de estos espacios como un recurso
que las ayuda a reflexionar mejor
su voto:
Cuando vamos con mi
mamá, mis hermanos leen mucho,
ellos sí están empapados: leen
acerca de Labastida, de lo de Fox,
de Cárdenas y de todo, y ahí es
cuando empiezan a platicar.
Otras comunidades consideradas
por ellas se hallan en la escuela
de sus hijos, sea al momento de
llevarlos o de recogerlos, en donde
tienen la oportunidad de conver-
sar con otras amas de casa sobre
estos temas. Así también, los en-
cuentros cotidianos con las veci-
nas les representan insumos para
discutir acerca de lo que miran
en los noticiarios televisivos.
Por otro lado, es en las comu-
nidades de recepción en donde
tanto los jefes de familia como las
amas de casa identifican habitual-
mente a los líderes de opinión.
Esos personajes a quienes les ad-
judican un reconocimiento espe-
cial -sea porque tienen acceso a
información privilegiada, sea porque
tienen el reconocimiento genera-
lizado de los otros para opinar.
Para los hombres, estos líderes
se hallan de nuevo en la esfera
pública y, además, en figuras mas-
culinas y nunca en femeninas: en
los noticiarios de televisión reco-
nocen a sus conductores, en sus
lugares de trabajo reconocen a sus
jefes, en sus familias reconocen al
padre o a sus hermanos. Y por
supuesto, en ellos mismos reco-
nocen la capacidad de liderazgo
que otros sujetos -como sus esposas
o sus hijos- buscan para tomar
una decisión tan importante como
lo es la del voto.
En cambio, para las mujeres,
estos líderes se hallan, de nuevo
y en primer lugar, en el hogar:
Mi
hija Mariana va a la UNAM y me
ayuda a aclarar, a ubicar opinio-
nes respecto a Cárdenas y a Fox
.
De los líderes de opinión, son
las figuras masculinas las más
importantes. Sin distinción de edad
ni de nivel educativo, el primer
líder de opinión para todas estas
amas de casa es el jefe de familia:
Mi esposo, como lee mucho, hay
días que llega y me platica, y yo
como que reflexiono. Y ora sí que co-
mo dice él: no hay que desperdi-
ciar el voto
.
Las mujeres reconocen tam-
bién en el padre, los hermanos e
inclusive en el suegro, figuras en
la que pueden apoyarse para
guiar su decisión de voto.
Así también, los locutores de los
noticieros son reconocidos por las
amas de casa como líderes de opi-
nión:
Para muchos medios
(socioe-
conómicos)
, un López Dóriga o un
Javier Alatorre como que son la
ley, ¿no?
Y al igual que los jefes de fa-
milia, las amas de casa difícilmente
reconocen en las mujeres una líder
de opinión. Y mucho menos ningu-
na de ellas reconoce que otra ama
de casa pueda llegar a serlo. Hay un
menosprecio generalizado en tor-
no a los conocimientos que ellas
pueden tener sobre temas que no
pertenecen a la esfera doméstica.
Cuestiones Contemporáneas
12
Ibid.
; K. Jense, “Qualitative Audience Research.
op. cit
.; J. Lull”, “La estructuración de las audiencias masivas”, en
Diálogos de la
Comunicación
, no. 32 (en línea); G. Orozco, Televisión y audiencias.
..
op. cit.
Podemos observar que estas co-
munidades y estas figuras parecen
representar para las amas de casa
y los jefes de familia los princi-
pales insumos para interpretar lo
que ven por televisión sobre las
elecciones y para, eventualmente,
ejercer su participación política.
Estas figuras coinciden con las que
son reconocidas por ambos gé-
neros como las expertas sobre la
política: las masculinas, y ello de-
bido al reconocimiento que tienen
en la esfera pública.
De acuerdo a lo que se observa,
este reconocimiento va acompa-
ñado, en el caso de las mujeres,
de una autovaloración de su ciuda-
danía muy limitada. Reconocen a
estas comunidades y a estos líde-
res, sí, porque les representa una
fuente de información política.
Pero, también, porque tienen una
baja autoestima en torno a sus
conocimientos, juicios y valoracio-
nes sobre estos temas, lo que
propicia que tanto los hombres
como las mujeres que han parti-
cipado en esta investigación, no
reconozcan en las mujeres una
capacidad reflexiva y crítica.
De esta manera, se observa
cómo es que las limitaciones ideo-
lógico culturales van unidas a las
creencias, valores y comporta-
mientos que históricamente han
incorporado y reproducido ambos
géneros. Éstos se han ido constru-
yendo sobre las bases que domina
el
habitus
de la cultura mexicana y
que, según vemos, tiene una inci-
dencia directa en la participación de
estos sujetos en el proceso comu-
nicativo que aquí se ha analizado.
En conclusión, es su identidad de
género la que define sus comu-
nidades y sus líderes, sí, como
espacios de socialización y de in-
terpretación, pero también, y en
el caso de las mujeres, como barre-
ras que les dificultan la construcción
de una identidad política propia.
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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
Reflexiones finales
Una vez que se han expuesto los
hallazgos y discutido los argumen-
tos, la principal conclusión que se
desprende de este trabajo es que
la categoría de género comporta
un lugar clave para el análisis de
los procesos comunicativos.
Una vez que se definió obser-
var la participación de las amas
de casa y de los jefes de familia
en el proceso de recepción televi-
siva, lo que se ha constatado a lo
largo de estas páginas es que la
identidad de género de ambos, es
la que les determina formas conc-
retas de entender la realidad so-
cial y de relacionarse con los
mensajes televisivos.
En este sentido, si bien la pre-
sente investigación permitió co-
nocer algunos aspectos de este
fenómeno, considero que todavía
son muchos los elementos de
análisis a explorar. Por ello, su-
giero como una posible línea de
investigación a continuar en el ám-
bito de nuestra disciplina la del
análisis de los procesos de recep-
ción televisiva de amas de casa y
de jefes de familia en contraste
con el de mujeres y de hombres con
experiencia de vida distintas, tanto
en el ámbito doméstico como en el
público (estudiantes, jefas de fa-
milia, obreros, profesionistas, et-
cétera), de manera que permitan
tener una visión más amplia so-
bre el papel que juega la identi-
dad de género en estos procesos.
Si algo queda claro, es que los
grupos de audiencia, constituidos
por mujeres y por hombres con
intereses bien diversos, partici-
pan de manera activa en los pro-
cesos socio-históricos. Lo que se
requiere entonces es que pro-
movamos la apertura de espacios
para que todas las formas de ser
sujeto puedan ser reconocidas.
Recibido el 23 de noviembre del 2005
Aceptado el 5 de enero del 2006
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Cuestiones Contemporáneas
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