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117
Sociedad y Política
*
Escuela Nacional de Trabajo Social,
Universidad Nacional Autónoma de México,
Circuito exterior s/n, Ciudad Universitaria,
México, D. F. , c. p. 04510.
El género y la escritura femenina
Josefina Hernández Téllez*
Palabras clave:
Género, escritura, Adelina
Zendejas Gómez.
Abstract:
This article presents the main disserta-
tions about studies of gender and gender
category, with special attention in the
contribution in female writing. The main
objective is to realize an approach to
Adelina Zendejas Gómez (1909-1993)
work. Likewise it expose the personal
and social context of this important and
transcendent journalism and school-
teacher.
Resumen:
Este artículo presenta un breve repaso de
los estudios sobre la categoría género,
haciendo énfasis especial en las diserta-
ciones que se han hecho de la escritura
y el género, con el fin de sustentar el
análisis que se hace de la obra de la
periodista, por más de seis décadas,
Adelina Zendejas Gómez. (1909-1993).
Asimismo, en este texto se desarrolla el
contexto personal e histórico en el que
esta profesional no sólo del periodismo,
sino de la docencia dejó su huella.
La palabra “género”, en una primera
lectura, remite a la clasificación,
a ubicarnos en lo femenino o lo
masculino. Esta noción básica la
aprehendemos de la vida cotidia-
na. Por ello no requerimos más
explicación, entrenamiento o
conocimiento sobre el lugar que
guardamos en la sociedad apenas
nos clasificamos
. A la primera
entendemos que pertenecemos a
uno u otro género, porque aun
antes de nacer la familia tiene
expectativas sobre “lo que ven-
drá”: un varoncito o una niña.
Así, iniciamos la vida con pre-
determinaciones:
azul si es varón
,
rosa si es niña
. Luego, con el acto
civil de registro de nacimiento,
iniciamos una vida
formal
y cada
día al enfrentarnos a la vida
común y corriente afirmamos el
ser hombre
o el
ser mujer
: al lle-
nar un formulario, al contestar
preguntas o cuestionarios o tan
sólo al ser llamados por nuestro
nombre.
No obstante que
género
es un
concepto utilizado desde tiempos
milenarios, y de manera común y
corriente, hace muy poco encon-
tró un significado más amplio y
ganó un lugar en la investigación
social como categoría de análisis.
Este rango fue posible alcanzarlo
gracias a las disertaciones, a las
investigaciones y a los estudios
sobre mujeres. El cuerpo teórico que
lo sustenta se conoce como teo-
ría feminista. En la actualidad se
reconoce como un enfoque de es-
tudio válido, después de casi cua-
tro décadas de desarrollo, refle-
xión y teorización, aunque no sin
problemas y limitaciones a su uso
y reconocimiento
1
.
De manera fundamental, el en-
foque con perspectiva de
género
2
permite conocer y entender cómo,
bajo la pertenencia a un sexo u
otro, se “construye” socialmente
a partir de un fundamento bio-
lógico. El ser y hacer masculino y
femenino se “imponen” y no sólo
esto sino que, a partir de la difer-
encia y caracterización sexual, se
valida la desigualdad entre unos
y otras.
El término género, y más pro-
piamente el sistema bajo el que
funcionan las sociedades y su
aparato social, es acuñado por
Gayle Rubin en la revisión críti-
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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
1
Marta Lamas considera que a pesar de que la antropología siempre se ha interesado por estudiar las diferencias entre hombres y mujeres en
la cultura, los resultados no han trascendido la descripción etnográfica. Por lo que la revisión feminista de estos trabajos ha encontrado un
sesgo androcéntrico que limita a la antropología tradicional en sus explicaciones sobre los papeles sexuales en la división del trabajo. “La
Antropología feminista y la categoría
género
”, en
Nueva Antropología
, Vol. VIII, No. 30, 1986.
Graciela Hierro, por su parte, confirma esta postura al señalar que “en países desarrollados el concepto género se utiliza en la teoría femi-
nista. En América Latina, en muchos casos, sólo funciona en los círculos esotéricos de feministas. La Antropología patriarcal no acepta el con-
cepto, lo considera superfluo. En México, en los círculos académicos, sólo se habla de: Antropología de la mujer, con las categorías usuales.
La Antropología feminista se considera como irreverencia en este país donde la antropología es religión”.
Democracia y género: Crítica a la visión
androcéntrica de la democracia en América Latina
,
México, Asociación Filosófica Feminista, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, p. 8-9.
2
“La definición de género que nos ofrece Joan W. Scott tiene tres partes: primero, género “es un elemento constitutivo de las relaciones
sociales que se basa en las diferencias que distinguen los sexos”. Segundo, género es “una forma primaria de relaciones significantes de poder”,
ala vez que “el campo primario dentro del cual o por medio del cual se articula el poder”. Tercero, “es el conjunto de saberes sociales (creen-
cias, discursos, instituciones y prácticas) sobre las diferencias entre los sexos”. Gabriela Castellanos, “Género, poder y postmodernidad: hacia
un feminismo de la solidaridad”, en
Desde las orillas de la política. Género y poder en América Latina,
Barcelona, Universitat de Barcelona-
Institu Catala de la Dona, 1996, p. 23.
algunos piensan que la palabra muere
cuando se ha dicho,
Yo digo que apenas
Entonces
Comienza a vivir…
Emily Dickicson
El género y los estudios de género
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ca
3
que hace del trabajo sobre
parentesco de Lévi Strauss y los
estudios sobre el complejo de
Edipo de Sigmund Freud.
De acuerdo con este sistema de
sexo/género que propone Rubin,
el eje rector de este orden de
cosas se fundamenta en el aspecto
económico, pero se materializa a
través de ideas y reglas explícitas
e implícitas que oprimen a las
mujeres, más allá del lugar, el
tiempo y la cultura que se trate.
La diferencia biológica entre
hombres y mujeres justifica un
orden de cosas y de ideas y se
traduce en desigualdad.
Como en todos los nuevos campos
de conocimiento, este concepto
acarreó polémica, diferencias y con-
troversia pero también permitió
desarrollar otros filones de apli-
cación e investigación que han ido
enriqueciendo su cuerpo teórico.
La primera etapa fue irruptiva
con preguntas sobre el ser mujer
y luego, entonces, su hacer. Su
principal característica fue la re-
flexión filosófica y política con
pronunciamientos y posturas radi-
cales y liberales. La propuesta de
emancipación se fundaba en el
reconocimiento de la mujer como
ser humano, luego como ciudada-
na. El reclamo o derecho princi-
pal que se exigía era la libertad,
libertad de pensar, libertad de ele-
gir y, sobre todo, libertad de votar.
En suma, ser reconocida en la so-
ciedad como ciudadana, como su-
jeto y no objeto, con derechos y
obligaciones.
Algunos de los primeros pro-
nunciamientos sobre la condición
de la mujer los hicieron destaca-
das pensadoras feministas como
Mary Wollstonecraft, Flora Tristán,
Simone de Beauvoir o Virginia Wolf,
entre muchas otras.
Posteriormente la reflexión se
fundaría en la producción teórica
masculina reconocida en diferen-
tes ámbitos como la antropología,
la psicología y la economía. Espa-
cios que permitirían abonar un
nuevo campo, un incipiente cuerpo
teórico feminista.
A partir de este momento, se
multiplicaron temas y enfoques,
además del beneficio natural del
desarrollo de otras ciencias en el
tenor de la interdisciplinariedad, es
decir, la confluencia y cooperación
en cuanto a conocimiento y me-
todología desarrollada en diver-
sos campos sobre un mismo objeto
de estudio, o al menos afín o com-
plementario. Comenzó así la gene-
ración de conocimiento y posturas
propias en diferentes disciplinas,
entre ellas la literatura.
Concretamente la discusión aca-
démico-política se dio y alcanzó
su apogeo a finales de los años
sesenta con el surgimiento del
nuevo feminismo en Estados Unidos
y Europa
4
. En el resto del mundo,
incluidos nuestros países ameri-
canos, se empezaría a reflexio-
nar y producir en este mismo
sentido casi una década después.
Los primeros trabajos de esta
segunda etapa, que influyeron y
sirvieron para cuestionar y reela-
borar las ideas sobre el papel del
hombre y la mujer fueron los
planteamientos de Sigmund Freud,
Claude Lévi-Strauss, Simone de
Beauvoir y Frederic Engels
5
.
La razón fundamental de la ree-
laboración teórica de Levi-Strauss
y Freud, según lo explicó Gayle
Rubin en su texto clásico
El tráfico
de mujeres: notas sobre la “econo-
mía política” del sexo
, fue la miopía
de ambos autores respecto del papel
Sociedad y Política
3
“Los sistemas de sexo-género son emanaciones ahistóricas de la mente humana: son productos de la actividad humana histórica…
Eventualmente, alguien tendrá que escribir una nueva versión
de El Origen de la familia , la propiedad privada y el estado
, reconociendo la
recíproca interdependencia de la sexualidad, la economía y la política, sin subestimar la plena significación de cada una en la sociedad
humana”. Gayle Rubin, “El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo”, en
Nueva Antropología
. vol. VIII, no. 30. 1986, p.
136 y 141.
4
“El nuevo feminismo que aparece en los años sesenta en los países desarrollados, parte y se desarrolla en sociedades que previamente habían
acordado el reconocimiento de los derechos humanos contenidos en la declaración respectiva de las Naciones Unidas. Es la extensión de este
reconocimiento de las mujeres como sujetos de derecho inalienables imprescriptibles
el ambiente en el que se gesta y desarrolla el movimien-
to. En otras palabras, puede decirse que el movimiento feminista en última instancia y más allá de sus diversas orientaciones políticas y teóri-
cas, es la extensión de ese código ético elemental que es la Declaración de los Derechos Humanos, a una categoría social que hasta ahora, a
pesar de todo, no goza de los mismos en muy diferentes aspectos de la vida. En el movimiento feminista, por lo tanto, hay un componente
ético y moral que no puede soslayarse ni confundirse con moralismos y moralinas necesarias de desterrar”. Teresita de Barbieri,
Sobre la cate-
goría género. Una introducción teórico-metodológica,
Ensayo presentado en el taller sobre Derechos Reproductivos, Sao Paulo, Brasil
.
1990, p. 1.
5
Freud con su
Introducción general al psicoanálisis
,
Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia entre los sexos
y
El malestar en la cultura
,
principalmente; Simone de Bouvoir con
El segundo sexo
; Claude Levi-Strauss con
El pensamiento salvaje, El hombre desnudo
y
La familia
; Engels
con
El origen de la familia, propiedad privada y el Estado.
primordial de la sexualidad en la
estructuración y funcionamiento
social. Pues, a pesar de que des-
cribían procesos, cada uno en su
correspondiente ámbito de conoci-
miento, que revelaban la impor-
tancia de la sexualidad en el
orden e ideología social, ellos no
vieron, o no se dieron cuenta, de
las implicaciones y alcances de sus
estudios pero proporcionaron “los
instrumentos conceptuales con que
podemos constituir descripciones
de la parte de la vida social que
es la sede de la opresión de las
mujeres, las minorías sexuales y
algunos aspectos de la personali-
dad humana en los individuos”
6
.
Toda esta veta cognitiva sobre
un aspecto antes ignorado, es decir,
el papel y lugar de las mujeres en
el entramado económico, político
y social, generó que corriera mucha
tinta sobre el tema y estos textos
se constituyeron en la matriz de
la discusión: por un lado, algu-
nas teóricas explotaron los temas
referentes a los planteamientos
antropológicos, sociológicos y psi-
cológicos, mientras que otras mu-
jeres se centraron en los aspectos
económico-políticos del problema.
7
La contribución más importante
de este periodo productivo-cons-
tructivo fue el esclarecimiento de
una parte, hasta entonces invisi-
ble, ignorada o relegada, de la
dinámica social. De esta forma,
se logró una mejor comprensión
de las sociedades occidentales,
así como el conocimiento de las
múltiples formas en que se cons-
truye el
género
y la división sexual
del trabajo. La nueva gama de te-
mas de trabajo y reflexión se cen-
traron en la construcción de la
identidad
8
, las relaciones genéri-
cas y la cultura en su ecuación
mujer-naturaleza, hombre-cultura
9
,
principalmente.
Sin embargo, este avance poco
a poco fue enriqueciéndose con
base en las críticas. Entre éstas
estaba el que se hacía al enfoque
histórico-político, que ubicaba a
la dominación masculina como
un fenómeno regional —que de
acuerdo con las variantes de cada
sociedad no tiene un origen único
y universal, sino que depende del
momento y lugar particular en
donde se vive—, pues aunque
constituyó toda una revelación,
se señaló que era parcial por el
origen de sus estudios: la clase
media occidental. Esto se tra-
ducía en una franca desventaja al
limitar el entendimiento de las
causas de la opresión femenina y
se anulaba la posible aplicación a
otras culturas y sociedades.
Por otro lado, se encontró que
el sistema sexo/género cifraba
todas sus aportaciones y críticas
en la conformación de un orden,
a partir de la pertenencia a uno u
otro sexo, descontando el papel
que pudiera jugar la cultura en la
estructuración de este sistema.
Situación que llevaría a plantear
casi un axioma inconcebible en
las ciencias sociales. Es decir, la
sola pertenencia a un cuerpo
implica un orden y una reglamen-
tación social, el patriarcal y el
sexismo
10
. Afirmación que se
vuelve altamente riesgosa para el
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120
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
6
Gayle Rubin,
op. cit.,
p. 97.
7
Carmen Ramos Escandón clasifica, de una manera muy práctica y didáctica, la producción teórica sobre el tema en dos perspectivas centrales:
la estructuralista y la económico-política. En primer lugar, define como las representantes más destacadas del enfoque estructuralista a Michelle
Rosaldo, Nancy Chodorow y Sherry B. Ortner. “Todas ellas se apoyan, en mayor o menor medida, en los planteamientos de Lévi-Strauss. La
segunda corriente, la del enfoque histórico o político-económico está representada por Melliasoux, Aby y Leacock, para quienes la figura tute-
lar sería más bien Engels, por cuanto la relación entre familia y Estado resulta fundamental para explicar e incluso para criticar la situación de
la mujer”,
El género en perspectiva, de la dominación universal a la representación múltiple,
México, UAM Iztapalapa, 1991, p. 17.
8
Nancy Chodorow es otra representante de la elaboración teórica del
género
y a partir de su estudio sobre la maternidad considera la diferen-
cia genérica “como un sistema jerarquizado de status o prestigio social. Se trata de una perspectiva que en términos generales no ha roto con
el funcionalismo sociológico y que en la recuperación de la teoría psicoanalítica, se afilia a las denominadas corrientes del yo, que dan el peso
mayor a la socialización como aprendizaje de papeles que se repiten a lo largo
de la vida”. Teresita de Barbieri.
op.cit.
p. 5.
9
Sherry B. Ortner planteó en 1972 una interrogación-ecuación: “¿Es la mujer con respecto al hombre lo que la naturaleza con respecto a la
cultura?, que a la larga nutriría nuevas reflexiones y posturas”. Sin embargo, en su momento reveló cuestiones tan importantes como el peso
de la cultura en la atribución de cualidades o carencias por la sola pertenencia a un sexo y afirmó que sólo el conocimiento de este entramado
sociocultural que relacionaba a la mujer con la naturaleza y al hombre con la cultura, permitiría crear nuevas y mejores condiciones para hombres
y mujeres. Sherry B. Ortner, “¿Es la mujer con respecto al hombre lo que la naturaleza con respecto a la cultura?”, en
Antropología y feminismo
,
p. 110.
10
“En algunas versiones, la noción de que el género se construye sugiere un cierto determinismo de significados genéricos inscritos en cuer-
pos diferenciados anatómicamente, donde aquellos cuerpos son entendidos como recipientes pasivos de una ley cultural inexorable. Cuando la
“cultura” que “construye” el
género
es entendida en los términos de esta misma ley o grupo de leyes, parece que el
género
está tan determi-
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121
conocimiento si se considera su
matiz esencial, mismo que se esta-
ba cuestionando.
No obstante la dificultad para
definir un concepto único de género
y ser un producto inacabado, es
importante destacar la riqueza de
esta discusión, pues abarcó mu-
chos y variados ámbitos, así como
la constante producción sobre el
tema desde diferentes puntos de
vista y esferas del conocimiento.
De las posturas más definidas,
por su enfoque respecto del lugar
de la mujer en la historia, es la
de Joan W. Scott, quien establece
que para hacer historia integral o
completa, es decir incluir a las
mujeres, se debe desarrollar el
concepto género como categoría
de análisis para la historia, sin
olvidar u omitir sus cuatro grandes
aristas: el manejo simbólico; su
consecuente normatividad para
interpretar, o manejar, determina-
dos significados en los ámbitos reli-
gioso, educativo, científico, legal
y político; el análisis histórico,
no puede omitir esta realidad o
contexto político, institucional y
social, y cuarto, no olvidar que, a
pesar de que el género se refiere
a la subjetividad, no deja de tener
un origen o abrigo colectivo.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
El género es un elemento constitutivo
de las relaciones sociales basadas en las
diferencias que distinguen los sexos,
(por lo tanto), es una forma primaria de
relaciones significantes de poder. Los
cambios en la organización de las rela-
ciones sociales corresponden siempre a
cambios en las representaciones del
poder, pero la dirección del cambio no
es necesariamente en un solo sentido.
Como elemento constitutivo de las rela-
ciones sociales basadas en las diferen-
cias percibidas entre los sexos, el
género comprende cuatro elementos
interrelacionados: primero, símbolos
culturalmente disponibles que evocan
representaciones múltiples (y a menudo
contradictorias), pero también mitos de
luz y oscuridad, de purificación y conta-
minación, inocencia y corrupción. Segundo,
conceptos normativos que manifiestan
las interpretaciones de los significados de
los símbolos, en un intento de limitar y
contener sus posibilidades metafóricas.
Esos conceptos se expresan en doctrinas
religiosas, educativas, científicas, legales
y políticas, que afirman categórica y uní-
vocamente el significado de varón y
mujer, masculino y femenino… Los análi-
sis (históricos) deben incluir nociones
políticas y referencias a las instituciones y
organizaciones sociales, tercer aspecto de
las relaciones de género… El cuarto aspecto
del género es la identidad subjetiva…
pero la pretensión universal del psicoanáli-
sis me hace vacilar… (Por lo que apuesta)
a los tratamientos colectivos.
11
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En suma, el género debe rela-
cionarse con el ámbito social, del
poder y del saber, para alcanzar
objetivos y obtener resultados
desde esta perspectiva.
Sociedad y Política
nado y fijado como lo estaba según la fórmula biología-es-destino. En tal caso, no es la biología, sino la cultura, la que se convierte en des-
tino. Judith Butler, “Sujetos de Sexo/Género/Deseo”, en Gender Trouble,
Feminism and the Subversion of identity
, New York, Routledge, 1990, p. 4.
11
Joan W. Scott, “El género: una categoría útil para el análisis histórico”, en James Amelang y Mary Nash. (Comps).
Historia y género: Las
mujeres en la Europa moderna y contemporánea,
Valencia, Editions Alfons el Magnanim, España, 1990, p. 46-47.
12
Un filón en la investigación en torno a la escritura se ha iniciado dentro de la estética por tres psicoanalistas francesas: Héléne Cixous, Julia
Kristeva y Lucy Irigaray. Algunas teóricas las han retomado pero fuera de la discusión sobre crítica literaria, identidad, sexo y género nada más
se ha desarrollado.
No obstante que esta disertación
sobre el género es inacabada, fér-
til y plural un tema que se ha
tocado, sin desarrollarlo en pleni-
tud, es el respectivo al lenguaje
12
.
Cada vez es más reconocida su
influencia y la necesidad de abor-
darlo de manera más profunda en
la investigación, desde diferentes
ámbitos y perspectivas.
El caso de la producción perio-
dística de mujeres es un claro
El género y la escritura
ejemplo de la necesidad de res-
catar la participación femenina
en su justa dimensión, pues aun-
que existen cada vez más traba-
jos sobre las periodistas de este
país, la gran mayoría, si no es que
todos, abordan únicamente la
perspectiva histórica de su par-
ticipación. Hecho importante pero
todavía insuficiente para recuperar
la presencia femenina en su inte-
gralidad.
Esta necesidad de asomarnos al
fondo del estanque y preguntarnos
qué somos, quiénes somos y hacia
dónde vamos -a la manera en que
Octavio Paz lo planteó en el caso
de la identidad nacional- nos lleva
a pensar que una forma de encon-
trar respuestas es revisar el dis-
curso, el texto de las mujeres.
Concretamente estamos hablando
de profundizar en lo expresado for-
malmente a través del lenguaje.
Quizá en las letras encontremos
parte de las miles de preguntas so-
bre identidad y género, sobre el
ser y hacer de las mujeres, sobre
las aspiraciones y expectativas
femeninas en esta sociedad.
Algunos trabajos ya han comen-
zado a tocar el tema del lenguaje
como estructura y reflejo de la
situación genérica de las mujeres.
Sus señalamientos han sido pre-
cisos: es indispensable no sólo
reconocer sino avanzar en el aná-
lisis del lugar e influencia del
lenguaje. Ejemplo de ello son las
afirmaciones de tres ensayistas
respecto del género y la diferen-
cia sexual, el género y el poder, y
el género y el sexo.
Marta Lamas en un texto titu-
lado:
Cuerpo: diferencia sexual y
género,
dedica un apartado a la
reflexión sobre cultura, identidad
y socialización y es precisamente
en este espacio donde establece
que la asunción de identidades es
“filtrada” por una cultura, donde el
lenguaje es un medio y modo de
transmisión del mundo. Entonces
el lenguaje
13
recoge o representa
simbolizaciones del mundo, se
convierte en vehículo de la so-
cialización y, por tanto, valida la
personalidad y la existencia de
cada cultura.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Vemos, entonces, que el lenguaje es un
elemento fundante de la matriz cultural,
o sea, de la estructura madre de signifi-
caciones en virtud de la cual nuestras
experiencias se vuelven intelegibles. Con
una estructura psíquica universal y me-
diante el lenguaje, también universal,
aunque tome formas diferentes, los seres
humanos simbolizamos un material bási-
co: la diferencia sexual, constante en
todas las sociedades
14
.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
De igual manera, Gabriela
Castellanos en su reflexión sobre
el género y el poder, confirma y
reconoce la importancia del len-
guaje en este orden genérico al
establecer que muchas de las for-
mas lingüísticas utilizadas son
predeterminadas por la cultura de
cada sociedad. De esta manera
las mujeres están conminadas a
una apropiación del mundo y de
las cosas según su sexo. Su dis-
curso es, así, distintivo de su
género, de su raza y de su clase
social.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Según la sociolingüista Robin Lakoff, el
proceso de socialización de mujeres y
de hombres nos introduce en un sistema de
inclusiones y exclusiones sociales, de re-
chazos y de recompensas en las cuales
las mujeres permanecemos en una posi-
ción de sojuzgamiento. Efectivamente,
cuando niños y niñas se comportan ver-
balmente como se espera de ellos,
reciben como premio la aprobación de
los adultos, Pero a medida que crecen,
el acceso de los varones a los discursos
sociales y al estilo masculino, conducirá
a que se les permita ingresar a las
esferas y niveles que sus situaciones de
clase y raza les permitan. Por contraste,
la conducta verbal femenina recibirá
solamente ciertas recompensas sociales,
como el trato “galante”, por ejemplo,
“premios” que representan simultánea-
mente la prohibición de participar ple-
namente como sujetos sociales en las
esferas más altas de poder. A partir de
las ideas de Foucault que acabamos de ex-
poner, podemos matizar estos plantea-
mientos y reconocer que las mujeres
participamos en el mismo poder que nos
subyuga mediante múltiples discursos y
prácticas, y que en ocasiones somos
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122
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
13
“El lenguaje posee una estructura que está fuera del control y la conciencia de los hablantes individuales, quienes, sin embargo, hacen uso
de esta estructura presenta en cada una de sus mentes: unas unidades de sentido,
los signos
, dividen y clasifican el mundo, y lo vuelven intelegi-
ble para quienes comparten el mismo código. No hay una relación natural entre los signos y el mundo, cada lengua articula y organiza el mundo
de diferentes maneras a partir de las relaciones específicas de los significados y significantes de sus signos. Así como cada lengua nombra,
cada cultura realiza su propia simbolización de la diferencia entre los sexos, que engendra múltiples versiones de una misma oposición: hom-
bre/mujer, masculino/femenino”. Marta Lamas.
op. cit.
, p. 6.
14
Idem.
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123
agentes de nuestra propia exclusión. Sin
embargo, siguen teniendo vigencia plan-
teamientos de Lakoff como el que aquí cito:
A la niña se le condena porque sí y
porque no. Si se niega a hablar como
una dama, se le ridiculiza y se le tacha
de poco femenina; pero si aprende a
hacerlo, se le ridiculiza por no ser capaz
de tomar parte en una discusión seria;
en cierto sentido, por ser menos que
plenamente humana. Estas dos alterna-
tivas que tiene la mujer -ser menos que
mujer o ser menos que persona- son
altamente dolorosas”
15
.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Otro trabajo que retoma la
importancia y trascendencia del
lenguaje en la conformación gené-
rica es Judith Butler, en
Sujetos
de sexo/ género/ deseo
. En este
ensayo, la autora repasa, analiza
y concluye sobre otros aspectos
del papel del lenguaje en la
estructuración de la identidad,
para ello retoma las afirmaciones de
Monique Wittig y Lucy Irigaray.
Inicia desmenuzando las afir-
maciones de Wittig sobre “La marca
del género”
16
en el lenguaje, pa-
ra concluir que en efecto el uso de
los géneros en la vida cotidiana,
como reflejo del mundo al que perte-
necemos y de cómo lo percibimos,
es decir: binario, heterosexual y en
una unidad de experiencia, sexo,
género y deseo.
De esta manera, “el lenguaje para
Wittig es un instrumento o herra-
mienta que no es de ninguna manera
misógino en sus estructuras, sino
sólo en sus aplicaciones”.
De Irigaray dice que al plantear
la existencia de una forma de es-
cribir femenina, confirma que la
existencia del sexo masculino sólo
es posible a partir de la producción
del ‘otro’. Esto es, el hombre rea-
firma su visión binaria, que le lleva
a afirmarse con la subsecuente
exclusión de la otra, donde la hege-
monía por supuesto es masculina
y el lenguaje es un vehículo para
excluir a las mujeres.
Finalmente, luego de su revisión
crítica de Wittig e Irigaray, con-
cluye que no se puede escapar de
la sexualidad culturalmente cons-
truida y que en muchas afirma-
ciones sobre identidad de género
no se escapa de la repetición y
“revela que el original no es nada
más que una parodia de la
idea
de lo natural y lo original”.
Es decir, invita a seguir en el
debate y la construcción teórica
para alcanzar “la verdad” sobre el
género.
Sociedad y Política
15
Cfr. Gabriela Castellanos,
op. cit
. p. 39-40.
16
“Wittig ofrece una alternativa crítica al mostrar que las personas no pueden ser significadas en el lenguaje sin la marca del género. Ofrece
un análisis político de la gramática del género en francés. De acuerdo con Wittig, el género no sólo designa a las personas, las “califica”, por
así decirlo, sino que constituye una
episteme
conceptual por medio de la cual se universaliza el género binario. Aunque el francés da género
a toda clase de nombres además de los de persona, Wittig afirma que su análisis afecta al inglés también”. Judith Butler,
op. cit,
p. 10-11.
Una mujer, una vocación: Adelina Zendejas Gómez
Intentar describir a Adelina Zen-
dejas es remitirnos a parte de la
historia contemporánea de México
y a sus mujeres. Significa hablar
de la lucha de las periodistas pre-
cursoras y feministas de princi-
pios de siglo por alcanzar algunos
derechos esenciales: como ciuda-
danas, el voto; como mujeres, el
trabajo; como esposas, el divorcio;
como trabajadoras, la igualdad; co-
mo periodistas, la posibilidad de
discutir temas de política en gene-
ral y la condición de las mexicanas
en particular.
Pero intentar recuperar la his-
toria de Adelina Zendejas es tam-
bién intentar un modo de hacer
historia, como ella misma lo hizo
durante su vida y trayectoria y
muy al estilo que describe Luis
González en uno de sus múltiples
ensayos:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Hay tantos modos de hacer historia
como requerimientos de la vida prácti-
ca.
.. La historia no sólo es conocimien-
to sino acicate para la acción y alimento
para la emoción. Quizá no exista la his-
toria inútil puramente cognoscitiva que
no afecte al corazón o a los órganos
motores
17
.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Fue exactamente esa pasión
por la vida y la historia la que
llevó a Adelina a documentar la
historia de las mujeres
18
, pero
también a convertirse en parte
de esa historia como baluarte y
ejemplo de las nuevas genera-
ciones que, sin saberlo, sin cono-
cerla y reconocerla, gozan de
privilegios en el periodismo, en
la vida pública y política en el que
ella y otras abrieron brecha.
Definir así a Adelina Zendejas
no es sólo el uso de calificativos,
sino de un protagonismo a nivel
internacional y nacional
19
. Ella na-
ció en Toluca, Estado de México, el
16 de diciembre de 1909, aunque
algunos biógrafos la reportan nati-
va de la ciudad de México. Desde
los 13 años comenzó a trabajar:
“daba clases particulares, ponía
inyecciones, cosía, ayudaba en el
restaurante a cocinar, a lavar platos
y a atender mesas”
20
para poder
vivir en la ciudad de México y
estudiar.
En el bachillerato se destacó
como una alumna brillante y dedi-
cada. Se distinguió como oradora,
además de que el medio donde se
desenvolvía había gente de la
talla de: Magdalena Mondragón,
Aurora Reyes, Concha Michel, Adol-
fo Zamora, los hermanos Zapata
Vela, Diego Rivera, Alfaro Siqueiros,
Frida Kahlo, entre muchos otros.
Y sus maestros eran nada más ni
nada menos que Alfonso Caso y
Lombardo Toledano, por men-
cionar algunos.
De hecho, Adelina Zendejas y
Frida Khalo son de las primeras
cien mujeres, contra los mil qui-
nientos hombres, que ingresaron
a la Escuela Nacional Preparatoria.
En esa etapa llamaban a Adelina
“La Potranca”, un poco por sus
trenzas, otro tanto por su carácter,
y por supuesto por la influencia
de Kahlo en su estilo.
De esta etapa determinante de
su vida, Adelina siempre recono-
ció que tuvo la posibilidad de es-
tudiar en la Nacional Preparatoria
gracias al apoyo que recibió de José
Vasconcelos, secretario de Educa-
ción Pública entre 1921 y 1924 y la
más importante figura política del
ambiente educativo y cultural de
la época, pues le asignó una pen-
sión de cuarenta y cinco pesos
para que pudiera sostenerse por
sí misma en la ciudad de México.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Adelina tuvo el singular honor de no ser
considerada por Frida Khalo como una
escuincla cursi
, como motejaba a la mayo-
ría de sus compañeras de escuela, lo que
en el lenguaje de Frida era que la con-
sideraba como una mujer inteligente y
diferente del resto
21
.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Se tituló en letras e hizo las
maestrías en ciencias de la edu-
cación y en historia por la Uni-
versidad Nacional Autónoma de
México. La vida de Adelina Zen-
dejas fue brillante y única, como
azorosa y difícil, con amores y
lealtades masculinas, pero respeto
y reconocimiento a lo femenino,
como ella lo declaró:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
...tan dichosa que todo lo difícil, lo
arduo, desaparece. Fui muy afortunada:
conocí a hombres extraordinarios que
me guiaron y creyeron en mí; crecía
junto a mi madre con quien tengo tan
estrecha relación que he llegado a pen-
sar: el día que me falte quizá mi lucha
ya no tendrá sentido
22
.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
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124
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
17
Luis González,
et. al.
, “De la múltiple utilización de la historia”, en
Historia ¿para qué
? México, Siglo Veintiuno Editores, 1980, pp. 56, 57.
18
“No es accidental que su trabajo sobre la mujer durante la intervención francesa, se ha considerado como una valiosa aportación que desta-
ca el papel de la mujer mexicana”. Aurora Tovar Ramírez,
Mil quinientas mujeres en nuestra conciencia colectiva. Catálogo biográfico de mujeres
en México,
México, DEMAC. 1996, p. 684.
19
Entre otros, a nivel internacional, fue delegada a la primera Conferencia Mundial de Trabajadoras (celebrada en 1956 en Budapest), presi-
denta del Instituto de Amistad e Intercambio Cultural México-URSS (1964-1976) y coordinadora de Organizaciones e Instituciones Progresistas
durante el Año Internacional de la Mujer (1975); a nivel nacional fue directora del boletín
Servicios Sociales
de la Secretaría de Hacienda,
miembro de la Comisión Redactora de los Progamas de Civismo e Historia de México para Secundaria y directora de la Escuela Taller para Obreras
y Empleadas de Extensión Universitaria. Humberto Mussachio,
Diccionario Enciclopédico de México Ilustrado
. Tomo R-Z. México, Andrés León
Editor, 1990, p. 2226.
20
Ibídem.
21
Adriana Morán, Jorge Limón y Mariana Romo, “
Adelina Zendejas: preparatoriana ilustre
”, Ponencia presentada en el II Encuentro Nacional,
1994, México, p. 247-248.
22
La Jornada op. cit.
p. 8-9.
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125
Adelina fue así una fiel escri-
tora hasta el final de sus días,
sacrificó todo, incluso su vida senti-
mental, a pesar de que aspiraba
a que las mujeres no se vieran
obligadas a renunciar a una cosa
por otra:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Una mujer nunca debe privarse ni del
matrimonio ni de la maternidad, expe-
riencias magníficas. Lo que pasa es que
yo no quería casarme joven, como mi
madre… Mis parientes me veían con
lástima, como una solterona, porque
todas eran esposas y madres muy
jóvenes… Yo sabía lo que es el amor, y
también aprendí que la pasión puede
ser solamente eso
23
.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Esta formación de universitaria,
de acuerdo con la historiadora Ga-
briela Cano, marcó la diferencia en
el magisterio que ejerció durante
casi toda su vida.
De igual manera, al aludir a su
producción escrita y a los hechos
es demostrar su singularidad y va-
lentía hasta el final, como lo fue la
redacción en vida de su esquela mor-
tuoria a la que sólo se le añadiría
la fecha exacta y la hora: 4 de marzo
de 1993 a las 14:45; y en la que
se definió como profesora y perio-
dista, y se autodescribió como
“luchadora incansable por los
derechos de la mujer y del niño.
Mujer revolucionaria; convicta del
materialismo dialéctico”
24
.
Un párrafo le bastó para pre-
cisar y definir su ser y hacer en esta
vida. Con esa claridad y exactitud
definió sus casi 84 años, su forma
coherente de actuar y su mane-
ra precisa de expresar cada una de
sus convicciones.
Sociedad y Política
23
Ibídem
, p. 8.
24
Doble Jornada,
Núm. 75,
5 de abril de 1993, p. 9.
25
Josefina Zoraida Vázquez, “Algunas consideraciones sobre la mujer en el siglo XIX”, en
Seminario sobre la participación de la mujer en la vida
nacional,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1989, pp. 53, 69.
La voz periodística de Adelina Zendejas
Todas sus experiencias de vida y,
especialmente su afiliación al
Partido Comunista en 1937, hi-
cieron de Adelina una luchadora
social declarada que creía firme-
mente en la posibilidad del cam-
bio y el mejoramiento de la vida de
los más desamparados y aunque
compartió trincheras en varios
frentes, creía firmemente que la pri-
mera tarea era transformar a la
sociedad y así
lograr la liberación
de la mujer. El periodismo fue uno
de sus medios para expresar, para
divulgar y para luchar por estos
objetivos.
Este caro objetivo era inédito en
una mujer de ese tiempo, pues ini-
ciado el siglo XX, pese a los enor-
mes avances de la mujer en lo que
a educación se refiere luego de las
ideas liberales de la época de la
Reforma, así como su incorpora-
ción al mercado laboral iniciada la
etapa industrial, seguían prevale-
ciendo ideales novohispanos sobre
la “feminidad”, sinónimo de fragi-
lidad e inutilidad
25
.
No obstante a Adelina Zendejas
también le tocó vivir una época
de transición a la modernidad, que
fue del periodo de los cuarenta al
desarrollo estabilizador de los cin-
cuenta; de las etapas de izquierda
en los treinta y sesenta, al agota-
miento de un sistema político en
los setentas que, sin embargo,
poco redituaron para mejorar las
condiciones de las mayorías,
concretamente las de las mujeres.
Este panorama fue el que le tocó
vivir a Adelina Zendejas, de ahí su
singularidad como mujer periodis-
ta, como maestra y como revolu-
cionaria y vanguardista. Porque si
bien por necesidad se incorporó
al mundo del trabajo para sobre-
vivir, tuvo una particular conciencia
de luchar para cambiar o mejorar las
condiciones de la mujer en todos
los ámbitos. Particularmente el pe-
riodismo fue una de sus principa-
les trincheras desde muy joven y
hasta que murió.
Aunque durante mucho tiempo
Adelina Zendejas trabajó como pro-
fesora en diversas escuelas secun-
darias y preparatorias, desde “los
18 años inició sus colaboraciones
periodísticas en periódicos estu-
diantiles y en
El Universal Gráfico
(de manera paradójica y por ne-
cesidad, cubrió la fuente policiaca
al mismo tiempo que ejercía la
docencia) sin devengar sueldo
alguno hasta que el 2 de diciem-
bre de 1928,
Revista de Revistas
le pagó los primeros cinco pesos
por un artículo crítico sobre una
exposición fotográfica de Agustín
Jiménez.”
26
Algunos de los medios en los
que publicó casi hasta el final de
su vida, diversos momentos y
etapas de su ejercicio periodístico
fueron: en
Revista de Revistas
,E
l
Universal, El Universal Gráfico
,
Po-
licronías
,
Cóndor
,
El Nacional
,
Excél-
sior
(con su columna
Binomio
),
El
Popular, Mujeres, La voz de México,
Tesis, Ultimas Noticias de Excélsior
,el
suplemento
México en la Cultura
de
la revista
Siempre
!,
El Día
(donde
publicó la columna
Ellas y la vi-
da
),
Tiempo, Ferronales, Prevención
Social, Senda Nueva, El Hogar, No-
ticias de Hoy
(de La Habana, Cuba),
Flama, Magisterio
y la
Maestra
27
.
Sin embargo, no siempre firmó
con su nombre, sobre todo al princi-
pio de su carrera periodística hacía
uso de al menos diez seudónimos
femeninos, hecho del que se enor-
gullecía Adelina, pues afirmó en una
entrevista que nunca uso un seudó-
nimo masculino, sin embargo, en el
Diccionario de Seudónimos, Anagra-
mas, Iniciales y otros Alias
, reporta
que usó el de
Gerardo,
y que algu-
nas de sus firmas fueron: A. Zeta
en
La Voz de México
; Mara Blanco en
Mujeres
(1959), en Charlas quince-
nales; Gerardo en
El Universal Gráfi-
co
(1926-1929); Victoria Miranda,
en
El Nacional
(1935) y en
Mu-
jeres
(1959-1964); Yolia en
El Día
(1963-1980); Adela Romero; Justa
Bronce; Lina Zag y Claraluz
28
.
¿La razón? “Porque soy muy
modesta”, contestó en una entre-
vista. Su cuñada, Alicia Zendejas
opina, con reservas, que quizá tam-
bién porque así sentía que podía
expresar mejor sus opiniones en
aquel ambiente conservador de prin-
cipios de siglo.
Lo cierto, a pesar de esto, es que
desde muy joven Adelina encon-
tró y demostró que el periodismo
sería su pasión, su profesión y su
tribuna hasta el final de sus días.
A ella se le veía y se le recuerda
como mujer de una sola pieza.
Yoloxóchitl Casas, una joven pe-
riodista a finales de los setenta,
la recuerda en su estancia en
El
Día
como ejemplo de lo que debía
ser una mujer
periodista:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Adelina Zendejas era una colaboradora
del periódico. De pocos colaboradores
se hablaba, ella era de las pocas. Supe,
aunque no la traté, salvo el trato que
damos los recién llegados a las ‘vacas
sagradas’, que era una mujer luchadora,
comunista, bajita, de pelo cano, de
cuerpo menudo y gran coraje. Supe por
su actuación que los ideales no son para
andarlos claudicando y que las ideas se
pelean hasta sus últimas consecuencias
29
.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
A esta trayectoria y forma de
ser se le reconoció oficialmente
en 1988, al otorgársele el Premio
Nacional de Periodismo como re-
conocimiento a sus más de 60 años
como informadora. En la ceremo-
nia de premiación la periodista
Cristina Pacheco alabó también su
carrera en el periodismo:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En la categoría de crónica, reportaje y
entrevista recibe el premio, por unani-
midad, Adelina Zendejas. Entre sus
primeros textos y sus más recientes
colaboraciones median sesenta años;
seis décadas de trabajo incesante, de
rebeldía, de indignación; doce lustros
en que Adelina Zendejas ha escrito sin
descanso, no para provecho personal o
renombre sino para servir a las mujeres
de México, los niños, los ancianos, los
campesinos y los obreros.
30
- - - - - - - - • - - - - - - - -
De esta forma breve y concisa
la periodista resumió el eje fun-
damental de la escritura de Adelina
Zendejas que fue abordar temas,
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126
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
26
Angeles Mendieta Alatorre,
La mujer en la Revolución Mexicana
, México, INEHRM, S.A., p. 251.
27
María del Carmen Ruíz Castañeda y Sergio Márquez Acevedo,
Diccionario de Seudónimos, Anagramas, Iniciales y otros Alias,
UNAM-IIB. S.A., p. 329.
28
Ibídem.
29
Reflexión de Yoloxóchitl Casas sobre el periódico
El Día y Adelina Zendejas
, enero del 2000.
30
La Jornada
,
op. cit
. p. 8-9.
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127
de manera consistente, desde ac-
tores poco incluidos en el merca-
do informativo, salvo coyunturas
específicas. “El oficio no sólo es
informar, instruir, comentar o cri-
ticar, es sobre todo, forjar la con-
ciencia ciudadana y la opinión
pública.
.. No podría terminar estas
líneas sin volver a mi obsesión cons-
tante: educar”
31
, afirmó Adelina en
1988 al recibir el Premio Nacional
de Periodismo.
La columna de Adelina Zendejas,
“Ellas y la Vida”, de
El Día
, se dis-
tinguió por su innovación temá-
tica poco abordada en los medios
y, menos aún, en la columna
política, es decir, las mujeres.
No obstante esta singularidad,
ubicando la columna de “Ellas y
la Vida” como un acto de habla
32
—es decir, como acto social lle-
vado a cabo en un contexto comu-
nicativo y pragmático (contexto
histórico general)—, éste fue “ade-
cuado” o exitoso en su propósito
comunicativo por el ambiente social
y periodístico respecto del papel
de las mujeres y, por supuesto, por
las cada vez más evidentes ne-
cesidades femeninas de partici-
pación y reconocimiento social.
En esta década empieza a pro-
moverse la igualdad jurídica de las
mujeres, a nivel internacional, por
la Organización de las Naciones
Unidas. En el año de 1975 se cele-
bró en el mundo el Año Internacional
de la Mujer. México se pronunció
favorablemente a las propuestas de
este organismo internacional, y
celebró la ecuménica manifesta-
ción con modificaciones al art. 4º
de la Constitución Política, las cua-
les garantizaban la plena igualdad
de oportunidades para hombres y
mujeres, al menos en el papel.
Este proceso caló tan hondo
en todos los niveles, que las
púberes de aquellos años escuchá-
bamos decir a los hombres en la
calle y el transporte público, en-
tre ofendidos, divertidos, ofensi-
vos y burlones, que las mujeres no
merecíamos consideración alguna
pues para eso decíamos que éra-
mos iguales. Muchas jóvenes no
sabíamos bien a bien de qué
hablaban, pero en lo inmediato y
a la larga nos tocó sufrir y gozar
de estas transformaciones legales,
culturales y sociales.
Los medios de información, so-
bre todo TV y medios impresos,
no podían quedarse atrás en este
alud de cambios. El discurso se
modificó, ahora ya no se podía
relacionar exclusivamente a las mu-
jeres con la moda, las fiestas, el
hogar, la vanalidad. Las voces fe-
meninas “distintas” empezaron a
ganar espacios. Es el momento del
surgimiento de revistas feministas
como
Fem
, de suplementos perio-
dísticos que abordaban la vida “se-
ria” de las mujeres, sus demandas,
sus problemas y sus aportaciones, e
incluso estos temas empezaron a ser
motivo de reportajes, notas o en-
trevistas dentro de la información
general de los periódicos.
Dentro de estos cambios reales
en la vida social del mundo y el
país, la opinión pública colocó al
periódico
El Día
como un medio
apegado a ideas liberales y pro-
Sociedad y Política
31
Adelina Zendejas,
Palabras en la entrega de Premios Nacionales de periodismo 1987-1988,
México, 1988, pp. 1, 7.
32
María de Lourdes Romero Alvarez, “El relato periodístico como acto de habla”, en
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales,
Año XLI,
no. 165, julio-septiembre de 1996, p. 12-13.
La columna de Adelina Zendejas
en el periódico
El Día
gresistas. Las palabras del conno-
tado escritor Carlos Fuentes demues-
tran en parte esta percepción:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
“Su intención y su tono lo colocan
dentro de una saludable diversificación,
al lado de las otras dos tribunas nacio-
nales de izquierda,
Política
y
Siempre
! El
nuevo periódico ofrece una oportunidad
de establecer un diálogo racional y pro-
vechoso entre sus tendencias y, sobre
todo, obliga a los sectores progresistas
de México a demostrar, en los tres casos
citados, que son capaces de sostener una
prensa nacionalista”
33
.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En efecto,
El Día
se distinguió
desde su fundación por el mane-
jo de la información y en el caso
concreto de las mujeres empezó a in-
cluirlas informativamente, pero no
en el sentido tradicional, sino acor-
de a una nueva realidad y en su
papel como trabajadoras, como di-
rigentes, como líderes emergen-
tes; y no sólo esto, sino que abrió
sus puertas y formó en sus filas a
muchas periodistas; en suma, les
dio su papel como protagonistas
del acontecer mundial y nacional.
De esa época gloriosa para las
mujeres en el periodismo nacional
surgieron como reporteras Socorro
Díaz, Paz Múñoz, Sara Lovera, Edith
Jiménez, Eva Leonor Méndez, Car-
men de la Vega, Ernestina Hernán-
dez, Yoloxóchitl Casas, Rosa Rojas,
Teresa Gurza, entre muchas otras.
Las aspiraciones y ejercicio pro-
fesional de estas mujeres se oponía
al “ideal” vigente, es decir, de mera
reproductora; incluso iban a con-
tracorriente según las condiciones
reales de existencia.
En los setenta, el panorama, se-
gún datos y censos, era así: en un
74.4% los hombres fungían como
jefes de familia; el 69.3% de las
mujeres estudiaban carreras “cor-
tas” y sólo el 20.13% llegaban al
nivel profesional; de las mujeres
dentro de la política sólo se con-
taba con 5 senadoras (2 propieta-
rias y 3 suplentes), contra 112
senadores
34
.
A la luz del tiempo la opinión
de estas mujeres sobre el papel
que jugaron como periodistas de
esa época, demuestra en parte el
difícil panorama al que se enfren-
taban en un oficio tradicionalmente
masculino.
Paz Muñoz, reportera de los se-
tenta de este diario, por ejemplo,
considera que esta fue una etapa
de acoso profesional y sexual. Para
Socorro Díaz, quien muy pronto in-
cursionó como columnista y edi-
torialista de
El Día,
en cambio, lo
destacado de ese periodo fue el
tipo de periodismo que se ejercía:
más ideológico, reflejo de la idea
de servir a una causa y enarbolar
unos ideales y la oportunidad que
se ofreció a las mujeres de incur-
sionar en este medio. Teresa Gurza,
quien después sería una brillante
reportera de
La Jornada
, por su
parte, considera que fue un tiempo
de abundancia femenina en el pe-
riodismo pero que faltó identidad
de género para ayudarse entre sí.
Finalmente, para Ernestina Hernán-
dez, la presencia femenina frente a
la masculina en el periodismo era
mínima, en aquellos años aunque
en
El Día
era donde hubo más
oportunidad, en su opinión, de
las que ejercían como reporteras,
a pocas les inte-resaba el peri-
odismo como forma de vida.
Dentro de esta gama de opinio-
nes, la periodista Sara Lovera
–quien abiertamente se declaraba
como “alumna” de las enseñanzas
profesionales y de género de Ade-
lina Zendejas, tuvo sus inicios en
El Día
, luego en
Uno más Uno, La
Jornada y Doble Jornada
y, ac-
tualmente es directora general de
la primera agencia de noticias
sobre la mujer
(Centro de Infor-
mación de la Mujer, A.C
.)–, con-
sidera que “las mujeres siempre
habían estado en los periódicos,
pero escribían como colaborado-
ras, como articulistas, las que ya
habían hecho una trayectoria en
otra carrera, en una actividad dis-
tinta al periodismo. Es decir, las
reporteras no existen en los perió-
dicos durante esta década o existen
de una manera marginal o espec-
tacular. Eran como las divas, ¡las
que se atreven a ser!: la propia
maestra Adelina Zendejas, después
por ahí la “China” Mendoza; Elena
Poniatowska, pero como pequeños
lunares en los periódicos espec-
taculares”
35
.
En efecto, Adelina Zendejas, re-
conocida por su labor en el ám-
bito magisterial, en el periodismo
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128
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
33
Rafael Rodríguez Castañeda,
Prensa Vendida. Los periodistas y los presidentes: 40 años de relaciones,
México, Grijalbo, 1993
,
p. 83.
34
Xóchitl Sen Santos,
A la conquista de la información general. Las mujeres periodistas de El Día en la década de los setenta,
México, Universidad
Nacional Autónoma de México, 1998.
35
Ibídem,
pp. 116, 124, 125, 130.
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129
y como luchadora social, es de
las pioneras en divulgar desde el
espacio privilegiado de la colum-
na
,
información y opinión sobre
las mujeres en todos los ámbitos.
Convierte a
Ellas y la Vida
en la
balanza y en la punta de lanza de
la situación y condición de la mujer
mexicana y de otras latitudes y al
mismo tiempo en ejemplo de las
jóvenes periodistas.
Incluso en este efervescente
ambiente y contexto de los seten-
tas, y en el décimo aniversario del
periódico, Adelina expresó una
vez más su perspectiva sobre la
lucha de las mujeres en un diario
vanguardista como
El Día
y alabó
e
l
objetivo general del periódico,
porque era también el suyo; es de-
cir, buscaba dar voz “al pueblo”,
informar sobre la realidad sin
prejuicios y con veracidad. Ideal
con el que ella comulgaba:
“coad-
yuvar a la batalla por el triunfo
de los anhelos populares, comba-
tir a todos cuantos tratan de re-
trasar el proceso de los cambios que
la sociedad sufre en la búsqueda
del bienestar general”, y remata-
ba en su estilo particular: “Nues-
tro periódico es un todo, no somos
nada más los reporteros o los es-
critores, son también los compa-
ñeros del taller que hacen posible
que
El Día
vea la luz cada día”
36
.
Además de externar su gran
satisfacción por ser parte de este
gran proyecto, rememoró en ese mis-
mo espacio la forma en que ingresó
a este diario y, al mismo tiempo,
contó sobre la forma en que apa-
reció su columna:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
En la cuenta del tiempo, diez años son
muchos o no se ha sentido su paso.
Nuestro periódico cumple hoy su pri-
mera década y parece que ayer apenas
encontramos, al abordar el camión de
las Lomas, en Moneda y Correo Mayor, a
Florencio Zamarripa.
—¿A dónde va usted? Seguro que al mis-
mo lugar que yo, a Basilio Badillo, a
El Día
.
¿Sabe? Hoy salió el número de prueba.
—No lo sabía. Vamos para allá. Qué
bien que lo encontré.
Con la pasión que Florencio ponía en el
periodismo, me habló del esfuerzo de En-
rique (Ramírez y Ramírez) y de (Rodolfo)
Dorantes para dar al pueblo un diario
moderno, con un sentido progresista, que
informara sobre la realidad mexicana sin
prejuicios; que consignara los hechos in-
ternacionales con veracidad. No pude
interrumpirlo, me llevó de la primera
página a la última página; me habló de
los colaboradores. Bueno, de todo. Era un
torrente de entusiasmo. Sentí envidía
¿por qué no confesarlo? No se me había in-
vitado a colaborar. Y decidí llegar con
Enrique y Rodolfo a pedirles que me permi-
tieran hacerlo. Pero, ¿cómo comprometer-
me, si en ese momento el tiempo me era
escaso?
Llegamos. En el taller y en la redacción
había un tumulto. Con el periódico en la
mano cada quien comentaba, criticaba,
sugería, proponía. Todos estaban alegres.
Todos querían que su trabajo fuera el
mejor. No era intrusa, porque estaban
allí amigos de toda la vida, compañeros
de profesión. Buscaba a Enrique y a
Dorantes . Alguien me dijo: ‘Ni intentes
verlos; están encerrados en el privado.
Estamos esperándolos para oír su opinión.’
Hojeé el periódico. Vi la hora. Tenía que
irme. Me arriesgué. Quería darles de viva
voz mi felicitación. Enrique escuchaba a
Dorantes, oía sus razonamientos y en
una pausa aproveché: ‘Los interrumpó
para felicitarlos.’
Con la brusquedad que sólo era disimu-
lo de su ternura y su bondad, Dorantes,
con voz de trueno respondió:
—Oye: este no es tu fandango. Tenemos
mucho trabajo. Te colaste sin anunciarte.
Gracias por la felicitación; mejor sería que
vinieras con unas cuantas cuartillas. Si no
las traes, media vuelta y sal por donde
entraste.
Enrique soltó la risa. Conociendo como
conocía al amado y nunca olvidado Negro,
le dije: ‘Tú no me has invitado, apenas
me saludas, siempre vas de prisa.’
Los días, las semanas, los meses pasaron; lo
encontré y, sin más, me dijo: ‘¿Cuándo vas
a comenzar tu trabajo en
El Día
? Mañana
ve y habla con Enrique. No estaré aquí,
salgo hoy de viaje.’
Efectivamente, inicié esta tan querida
columna en su ausencia…”
37
Sociedad y Política
36
Ibídem,
p. 205.
37
Adelina Zendejas (Yolia), “Décimo aniversario”, en “Ellas y la Vida
”, El Día
, 26 de junio de 1972, p. 2.
Todas estas precisiones no serían
útiles ni claras si no se tuviera el
propósito de emprender un análi-
sis de los textos periodísticos de
Adelina Zendejas bajo el modelo
de semiótico textual con pers-
pectiva de género. Hecho que de sí
es un reto, porque a pesar de que
ya existe un trecho en el estudio
del discurso y del relato periodís-
tico, muy pocos o ninguno han
incorporado la diferencia genérica.
Un primer intento o acercamiento
a este reto es conjuntar en el es-
tudio de la columna de la perio-
dista Adelina Zendejas no sólo la
condición femenina implícita, su
lenguaje explícito -a través del
relato periodístico-, sino su papel
de narradora, con un estilo y un
punto de vista sobre los hechos.
Ya la Dra. Romero Alvarez seña-
la de los productos periodísticos
que parte de su validez y credibi-
lidad están en el papel que juega
el narrador, o periodista en este
caso, con su estilo y su procedi-
miento de ofrecernos la informa-
ción de los hechos
38
.
El relato de palabras es el que
dará la credibilidad a la nota
periodística, en cualquiera de sus
géneros, pues representa el puente
que tiende el profesional de la
información entre los hechos y su
recreación. Pero al mismo tiempo
buscará un impacto, una reac-
ción en su receptor. En términos
generales todos los periodistas lo
hacen, así como los escritores,
sin embargo, la diferencia de la voz
femenina de Adelina Zendejas es
la realidad que reporta y cómo la
informa.
Ahora bien, de acuerdo con la
clasificación de tres estilos: el di-
recto, indirecto e indirecto libre, el
que corresponde a la Zendejas es
el indirecto, porque media como
intérprete de los sucesos y por-
que escribe de forma periodística,
su voz femenina muchas veces
transgrede esta regla y adopta un
estilo indirecto libre o ambiguo,
donde se confunde la periodista y
el hecho, porque ella habla de una
realidad que le atañe y le afecta,
por tanto, su condición de mujer
la obliga a borrar la débil línea
entre la “objetividad” del perio-
dismo y la subjetividad del per-
sonaje de los hechos.
Esta peculiaridad marca la dife-
rencia y hace atractivo su estudio,
pues la periodista se convierte en
una singular enunciante, que como
narradora está fuera (heterodie-
gética: enunciación de los hechos
fuera del relato) y dentro (homodie-
gética: el narrador es parte de la
historia que cuenta) de los hechos
que presenta de una forma com-
prometida y abierta.
El relato periodístico de Adelina
Zendejas, como referente de la
realidad, permite recrear y refle-
xionar sobre la situación de las
mujeres mexicanas al menos du-
rante dos décadas, porque reportó
por todo este tiempo parte de las
vivencias, necesidades, expecta-
tivas y carencias de la mitad de la
población mexicana, es decir, de
las mujeres.
El método de análisis de la
columna comprendió la descrip-
ción de su columna: los temas
abordados, su periodicidad y su mo-
vilidad, principalmente. Después
se realizó una clasificación temáti-
ca, para luego establecer la estruc-
tura del relato periodístico de
“Ellas y la Vida” en algunas de sus
columnas, muestra de los tópicos
tratados a lo largo de su vida
como docente, como periodista y
sobre todo como columnista en
El Día
. Todo este proceso para
alcanzar el nivel de la explicación
o interpretación integral del dis-
curso periodístico de Adelina
Zendejas.
De esta forma, se encontró que
los datos estructurales son im-
portantes porque dimensionan la
forma en que se jerarquiza la infor-
mación diaria, sobre todo si con-
sideramos que la columna “Ellas y
la Vida” rompió con cánones es-
tablecidos no sólo por temática
sino incluso con las características
teóricas usuales, pues su publi-
cación no fue siempre en las mis-
mas páginas (aunque en su inicio
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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
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Son 3 los procedimientos del narrador: “estilo directo, donde el narrador se mantiene al margen del discurso del personaje; estilo indirecto, el
narrador está presente y asume el papel de mediador o interpretador de lo dicho; y estilo indirecto libre, donde existe una ambigüedad entre lo
dicho por el narrador y el personaje.” María de Lourdes Romero Alvarez, “El relato de palabras como recurso de credibilidad en el relato periodístico”, en
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Ensayos semióticos, Dominios, modelos y miradas desde el cruce de la naturaleza y la cultura,
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La columna “Ellas y la Vida”
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fue la página 2, es decir, en la
sección nacional, la más impor-
tante); no tuvo una periodicidad
regular (a pesar de que pretendía
ser bisemanal, en ocasiones fue
semanal, quincenal e incluso
mensual). Datos que rompieron
con el esquema y que de alguna
manera habla de que a pesar de
que subsistió y marcó precedente
no se consideró tan vital o esen-
cial como lo pudo ser, o lo es, la
columna política. Es decir, podía
moverse de su lugar de aparición,
podía flexibizarse su periodicidad,
una posible explicación es por los
temas que abordaba, de mujeres.
No obstante estos inconvenien-
tes, lo cierto es que la simple
inclusión de un espacio sobre in-
formación y opinión constante
sobre las mujeres reflejó la pos-
tura y la política oficial del perió-
dico: estar en la vanguardia, por
sobre todo prejuicio, polémica o
consideración.
“Ellas y la Vida” tuvo, así, una
vida azarosa. Los motivos de su de-
saparición fueron eminentemente
políticos, relativos al cambio de la
dirección del periódico a la muerte
de su fundador y director Enrique
Ramírez y Ramírez.
Fue hasta 1983 cuando aparece
una columna de Adelina Zendejas,
ya sin seudónimo, en otro perió-
dico de circulación nacional,
Excél-
sior
; su nombre ya no fue tan
explícito -Binomio-, su aparición
se fue a la Sección B del diario y su
periodicidad fue semanal.
Respecto del contenido, la co-
lumna “Ellas y la Vida” de la Zen-
dejas, reflejó el momento histórico
que se vivía: el bloque socialista
estaba en auge; Cuba era el estan-
darte del socialismo en América;
la URSS era considerada la segunda
potencia mundial después de
Estados Unidos de Norteamérica; la
guerra fría y las dictaduras lati-
noamericanas estaban en su mo-
mento culminante; pero, sobre
todo, el tema y la perspectiva de
la mujer en todos los ámbitos
empezaba a consolidar espacios.
A nivel nacional el discurso
político en general defendía no-
ciones como
soberanía, igualdad,
autodeterminación de los pueblos,
bienestar y defensa del pueblo,
sindicalismo, ley y derecho,
entre
muchas otras. Adelina Zendejas
reproducía esta realidad y valores
en sus textos, pero desde su con-
ciencia de mujer: como luchadora
social convencida reprodujo en su
espacio periodístico ideales socia-
listas; alabó la sobrevivencia de
Cuba; justificó las luchas liberta-
doras de Centroamérica; condenó a
las dictaduras y al imperialismo
yanqui; y, sobre todo, como siem-
pre, ponderó el papel de las mu-
jeres en estas transformaciones
políticas y sociales, sin dejar nunca
de lado los temas históricos y de
educación.
Al mismo tiempo que en esa
época retomaba temas coyuntu-
rales desde la participación feme-
nina, se convirtió en portavoz o
conciencia sobre los derechos de los
niños y los ancianos (sobre todo de
los pensionados). Habló también
de las etnias y los desamparados
en general. Siempre tomó pos-
turas liberales en sus columnas,
expresaba ideales y retomaba
causas; esto pese a que en el
periodismo de esta época estaba
en pleno auge la máxima de “obje-
tividad” en la información, como
sinónimo de reproducción neutral
de los hechos. Postura que influía
en la proliferación de columnas emi-
nentemente informativas, antes
que de opinión, en los medios en
general.
Por otra parte,
El Día
inauguraba
un estilo informativo diferente y
de avanzada frente al periodismo
imperante, que daba cabida a lo
más avanzado y liberal en materia
informativa, hecho que favorecía
la línea periodística de Adelina
Zendejas. Todo este ambiente ayudó
a la columna en su permanencia en
el tiempo y espacio.
No obstante la riqueza de la
aplicación de este esquema en el
caso de la opinión, que nos demues-
tra que conjuga mejores elementos
de diálogo y entendimiento con su
interlocutor(a), por lo tanto de
incidencia e impacto, un hecho
distintivo de los contenidos de las
columnas es el compromiso e ideo-
logía de la hablante: primero en-
señar, divulgar y concientizar no
sólo a las mujeres, sino a los
diversos interlocutores oficiales e
institucionales, sobre la necesi-
dad de incorporarlas y luchar por
los derechos de niños y traba-
jadores en general; después su
apego al socialismo y comunismo
como sistemas de vida que per-
mitirían, desde su punto de vista,
alcanzar la libertad, la justicia, la
paz y la igualdad. Situación que
puede ser identificada en otras
columnas, de otros propósitos e
intereses, con el conocimiento del
esquema que cada periodista apli-
Sociedad y Política
ca en su espacio de opinión y que
nos posibilita un conocimiento
sobre el tiempo que se vive, los
intereses que predominan y los mo-
delos informativos que prevalecen
en el periodismo.
Otra característica de la colum-
na fue Adelina Zendejas a partir de
este ejercicio de análisis fue la
consistencia temática en toda la pro-
ducción escrita de esta mujer: los
tópicos y enfoques se repiten, no
por falta de información y forma-
ción, sino porque demuestra una
y otra vez los inmensos retos no
superados al paso de los años: la
incorporación de la mujer en la vi-
da pública y el reconocimiento de
sus derechos, la protección y edu-
cación de la infancia, y la obliga-
da lucha por la justicia para los
trabajadores de toda índole. Ade-
más de un fantasma de la época:
la lucha contra la guerra nuclear
y el apoyo a movimientos armados
nacionales contra las dictaduras,
sobre todo de Latinoamérica.
Por todo esto, escribir desde el
periodismo condiciona a una forma
y a un objetivo, pero hacerlo como
mujer, con creencias, convicciones
y posturas, determina un modo sin-
gular, único, inscrito en un tiempo
y en un espacio, que va del tipo del
periódico, al país en que se vive.
Escribir refleja un modo de ser
y pensar, pero también nos revela
a los interlocutores u oyentes un
origen del que escribe, una pro-
cedencia y una forma de ser.
No podemos dar lo que no tene-
mos, no podemos hablar de lo que
no conocemos, no podemos con-
minar cuando se está desprovisto
de ideales, no podemos influir si
no tenemos autoridad. Damos y
ofrecemos, a través de la escritu-
ra
lo que somos
, por eso Adelina
tiene una forma particular, dife-
rente, de hablar y escribir. Rompió
con cánones periodísticos y cul-
turales, habló de políticas y polí-
ticos en un tiempo en que era más
fácil acatar las reglas estableci-
das: los temas “serios” para los
hombres, los temas “frívolos” para
las mujeres. Y con sólo este hecho
se convirtió al mismo tiempo en
reflejo de un grupo de mujeres que
siempre han existido en todas las
épocas: que cuestionan, que luchan,
que se preparan y que tienen un
pensamiento propio. Esto les per-
mite avanzar y ayudan a que como
género avancemos en la recon-
strucción de identidades.
Como adolescente que se mira
en el reflejo del agua y se pre-
gunta quién es y hacia dónde va,
parafraseando a Octavio Paz en
El
laberinto de la soledad,
las mu-
jeres están reconociéndose y
contribuyendo a un nuevo orden,
donde realmente no es tan im-
portante determinar si existe o no
una escritura femenina –so pena
de caer en el esencialismo que
tanto se cuestiona- sino escribir
desde una nueva identidad autó-
noma, auto-construida, producto de
un proceso social e histórico, pero
también individual y genérico.
Por esto Adelina y su escritura
revelan parte de las inquietudes y
talentos de las mujeres, pero al
mismo tiempo se vuelve antire-
flejo de lo que es la mayoría
femenina, sumida en estereotipos,
“corsés” mentales y culturales que
no permiten su pleno desarrollo.
Es así, entonces que Adelina
Zendejas por esto, y después de
todos los elementos expuestos,
es una precursora de la escritura
y periodismo femeninos, que se
impone más allá de los niveles
generales aceptados.
Recibido el 23 de noviembre del 2005
Aceptado el 5 de enero del 2006
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