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129
Aproximaciones a la noción de Imaginario
Blanca Solares
*
Resumen
Es este artículo, la autora analiza la
concepción del imaginario, entendido
como “dimensión constitutiva del Ser”,
a fn de contribuir a aclarar algunas de
las cuestiones que se agolpan en el um-
bral de cualquier intento de investiga-
ción hermenéutica de la imaginación en
nuestros días.
Abstract
In this article, the author examines the
notion oF the imaginary understood as
“constituent dimension oF the being” in
order to clariFying some oF the common
questions around any initial attempt oF
hermeneutic research oF the imaginary in
our day.
Palabras clave:
Imaginación simbólica,
hermenéutica de la imaginación, imáge-
nes y símbolos, imaginario, antropología
simbólica.
*
Universidad Nacional Autónoma de
México, Centro Regional de Investigacio-
nes Multidisciplinarias (CRIM), Av. Uni-
versidad s/n, Circuito 2, Col. Chamilpa,
C.P. 62210, Cuernavaca, Mor., México.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
130
La verdadera libertad y la dignidad de la vocación ontológica de las
personas sólo se apoyan en la espontaneidad espiritual y la expresión
creadora que constituye el campo de lo
imaginario
.
G. Durand
El término
imaginario
, en el ám-
bito de las ciencias humanas, no
sólo suele ser fuente de numero-
sas imprecisiones sino, general-
mente, de franco rechazo y malos
entendidos. Cabe notar que de
hecho, tanto en español como en
francés, el término se inscribe de
manera muy reciente en el voca-
bulario académico mientras que
en inglés, hasta la fecha, no se
tiene un equivalente preciso.
Por una parte, en su uso co-
mún, el imaginario suele asociarse
de manera banal con la “Fcción”,
el “recuerdo”, la “ensoñación”, la
“creencia”, el “sueño”, el “mito”, el
“cuento”, lo “simbólico” en el sen-
tido de lo irreal, etcétera,
términos
éstos que se utilizan arbitrariamen-
te para identiFcarlo y caliFcarlo de
una manera peyorativa con respec-
to a las facultades y productos “su-
periores” de la razón.
Pero, por otro lado, desde una
perspectiva más académica, se le
suele asociar también con nocio-
nes “pre-cientíFcas” tales como la
ciencia-Fcción, las “creencias re-
ligiosas”, las producciones artísti-
cas en general, la novela, la rea-
lidad cibernética, entre otras. De
la misma manera, se le asocia con
mentalidades, Fcciones políticas,
estereotipos o prejuicios sociales,
derivando todo ello en lo “subje-
tivo”, lo “falso” y lo “fantasioso”.
Ninguno de estos términos, sin
embargo, nos remite a la imagina-
ción como “dimensión constituti-
va del Ser”, tal y como ha sido
fundamentalmente acuñada al in-
terior de una tradición de pensa-
miento
simbólico
y
hermenéutico
que, como anota Gaston Bachelard
en su
Poética del Aire
, relaciona a
la
imaginación
con la facultad de
librarnos de la impresión inmedia-
ta suscitada por la realidad a Fn de
penetrar en su sentido profundo.
Es esta concepción del imaginario
la que nos proponemos bosquejar
en esta ocasión.
De hecho, no es sino a partir del
desarrollo de los trabajos de una
red de centros de investigaciones
sobre el imaginario, vinculados a
la Escuela ±rancesa de Grenoble
fundada por Gilbert Durand, que
se han venido precisando ciertas
reglas de análisis derivadas de un
consenso signiFcativo en torno al
estudio del
imaginario
.
De acuerdo a los distintos desa-
rrollos explorados en esta amplia
perspectiva, el imaginario remite
tanto al aspecto representativo y
verbalizado de una expresión como
al aspecto emocional y afectivo
más íntimo de ésta. Expresiones
enraizadas en las percepciones y
emociones que afectan al hom-
bre de modo más próximo que las
concepciones abstractas de la in-
telección analítica que inhiben su
esfera afectiva.
El imaginario, pues, nos vin-
cula en principio con un conjun-
to de
imágenes
y
símbolos
que, al
formar una totalidad coherente en
el proceso de su encadenamiento,
producen un sentido distinto al in-
mediato o momentáneo aludiendo,
así, a la “prodigiosa facultad vi-
sionaria nacida de la meditación”
afín, por ejemplo, a la mística me-
dieval pero también común a las
cosmovisiones tradicionales.
El imaginario puede ser estu-
diado literalmente a través de
temas, relatos, motivos, tramas,
composiciones o puestas en esce-
na, capaces de abrir un signiFcado
dinámico dando lugar siempre a
nuevas interpretaciones dado que
sus imágenes y narraciones son
siempre portadoras de un sentido
simbólico
o indirecto.
Ahora bien, desde principios
del siglo XX, el psicoanálisis de-
sarrollado por Sigmund ±reud se
alza como una de las primeras
vertientes en forjar un método re-
lativo al análisis del imaginario y
su lenguaje simbólico en estrecha
relación con la parte inconsciente
de la psique. Los sueños noctur-
nos, pese a su contenido opaco o
absurdo, dice ±reud, sugieren o en-
cierran un sentido profundo en su F-
guración que es fundamental para
131
la salud psíquica del individuo. Con
base en la descomposición de sus
elementos, asegura el padre del
psicoanálisis, existe la posibilidad
de encontrar sus signifcaciones
primarias. El tiempo, el espacio,
los personajes, la acción en el
sueño son todos elementos que
pueden dar, a partir de la inter-
pretación, indicaciones precisas
sobre el sujeto que sueña o que
imagina, elementos de los que se
sirve el sujeto con el fn de ex-
presar sus aFectos, ideas y valores
sobrepasando los obstáculos que
interpone la vigilia racionalizan-
te. Es sobre esta base que el es-
tudio del imaginario, como modo
de representación complejo de los
conflictos aFectivos del incons-
ciente, puede guiarnos a través
de un sistema de imágenes-texto
elaboradas en su dinámica crea-
dora y pregnancia semántica. Lo
imaginario revela así su efcacia y
signifcado para la vida tanto in-
dividual como colectiva siempre y
cuando no se reduzca su
lenguaje
simbólico
, como en el caso de la
dogmática Freudiana, a mero sín-
toma de una pulsión libidinosa o
señal de un deseo sexual reprimi-
do, en última instancia, unilate-
ralmente explicable.
Antes de proseguir, es necesa-
rio diFerenciar, junto con el proFe-
sor Jean Jacques Wunenburger, la
noción de imaginario respecto de
otras nociones con las que suele
conFundirse muy Frecuentemente,
incurriendo con ello en un estre-
chamiento determinista de su com-
plejo campo.
1
Así, por ejemplo:
Mentalidad
. Término utilizado
particularmente por la Escuela
histórica Francesa de los
Anna-
les
con el fn de comprender la
historia. La imaginación no es
vista como un proceso creativo
sino como el resultado de actitu-
des psico-sociales y eFectos de
los comportamientos de los indi-
viduos o grupos; en todo caso,
como un
ethos
que se explicita
en
habitus
.
Mitología
o narración sagrada
de una cultura alusivas a per-
sonajes divinos o semi-divinos
que traducen de manera sim-
bólica elaboraciones culturales
sobre el origen, la naturaleza y
el cosmos y que, aunque cons-
tituye una de las Formas más
elaboradas del imaginario, en
su estricta construcción narra-
tiva Fundada en un conjunto
coherente de imágenes tampo-
co concentra o agota todas las
Formas del imaginario.
Ideología
o interpretación dog-
mática de ámbitos de la vida
humana Fundada en una serie
de explicaciones estereotipadas
y sin argumentación, “concien-
cia Falsa de la realidad” pero a
la cual el sujeto se adhiere sin
cuestionamientos decidiendo ac-
ciones práctico-sociales, así,
desde la perspectiva marxista,
“la lucha de clases” como mo-
tor de la historia; o “la pasión
de Cristo” como ejemplo del
suFrimiento a través del cual,
en su versión escatológica, es
posible alcanzar la liberación
de la humanidad bajo la tutela
de sus sacerdotes investidos.
Ficción
o invención a la cual no
corresponde
ninguna
realidad,
aunque la fcción, por lo gene-
ral, no lo es sino relativamente
y en cierto momento. Además,
pueden existir fcciones que lue-
go develan actividades racionales
no directamente vinculadas con
la imaginación en sentido estric-
to, ya por el ingenio práctico o
especulativo-experimental, o por
Falseamiento astuto o patológico
“subjetivista”. En ambos casos
priva el criterio de su desviación
de lo real empírico.
Imaginería
o conjunto de imá-
genes sobre una realidad cuyo
contenido está pre-conFormado
en la modernidad —a decir del
flósoFo Francés, Paul Virilio—
por la “industria del simulacro”,
específcamente, por el negocio
y circuito de los
mass media
cuya estrategia se basa en el
control literalizante de la ima-
gen y su conducción semiótica.
El
imaginario
, por el contrario,
implica una
emancipación
con re-
lación a la determinación literal
del lenguaje muerto o Formal
2
, la
1
Jean-Jacques Wunenburger,
L’Imaginaire
, pp. 7 y 8
2
Durand Gilbert,
Figures mythiques et visages de l´ouvre. De la mythocritique à la mythoanalyse
. Existe la versión al español:
De la mitocrítica al
mitoanálisis. Figuras míticas y aspectos de la obra
, Madrid, Antropos, 1993.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
132
posibilidad de suscitar un desfa-
zamiento en el signiFcado habi-
tual de las palabras que, al intro-
ducir la dimensión simbólica en la
expresión, hace emerger un con-
tenido signiFcativo nuevo y deci-
sivo para la vida del hombre en la
medida en que le permite, asimis-
mo, situarse y abordar su entorno
natural y social más allá de los
condicionamientos de lo dado.
El
imaginario
se deFne más
por sus
estructuras
antropológicas
que por sus referencias semióti-
cas, empíricas o cuantitativas. Su
función primordial consiste pre-
cisamente en reelaborar o crear
de nueva forma las conminaciones
histórico-sociales dadas y no me-
ramente reflejarlas en una pasiva
e imperfecta
adecuattio
.
Es irrelevante, en este sentido,
asociarlo con un contenido real o
irreal puesto que el término
imagi-
nario
alude a un conjunto de pro-
ducciones mentales materializadas
en una obra a través de imágenes
visuales (cuadros, dibujos, foto-
grafías),
lingüísticas
(lenguaje
metafórico, literatura, narración),
acústicas o gestuales (
perfomance
)
dando lugar a conjuntos de imáge-
nes coherentes y dinámicas sobre
la base de la
dimensión simbólica
de la expresión actuando en la di-
rección de un enlace propio y Fgu-
rado del
sentido
de la existencia.
Dos concepciones relativas al imaginario
Con relación a la noción de
imagi-
nario
, de la misma manera que con
relación a la noción del lenguaje,
es necesario notar que se encuentra
atravesada por una tensión básica
entre un polo tendiente a resguar-
dar su expresión simbólica y espi-
ritualizante y otro tendiente a su
literalización o reducción a “signo”
lingüístico. Por un lado, tenemos
una “imaginación reproductora” o
la “memoria” de un suceso que da
lugar a la imaginería fantasmagó-
rica, a la asociación arbitraria de
representaciones subjetivas, ilu-
sorias o delirantes (
fantasy
). Por
el otro, en su nivel más profundo
y tal y como la entendemos aquí,
una
imaginación
como actividad
simbólica
en el sentido de la pa-
labra alemana
Einbildungskraft
o
fuerza de inscripción de la imagen,
enraizada en las profundidades del
alma, noción desarrollada a partir
del romanticismo alemán.
Desde la perspectiva de la lin-
güística de ±erdinand de Saussu-
re, podríamos hablar de la tensión
entre
signo
(arbitrario, convencio-
nal) y
símbolo
(forma necesaria de
apertura al Ser) de la expresión.
La cultura occidental, sobre todo
a partir del predominio del discur-
so pedagógico ilustrado positivo
como criterio de verdad, se es-
fuerza en la reducción del lengua-
je a consenso social muy acorde a
las tendencias FlosóFco-racionalis-
tas y cientíFco-técnicas del siglo
XX. Sin embargo, es necesario no
perder de vista la pervivencia de
actitudes y formas de comprender
el mundo “premodernas” para las
que el lenguaje (símbolo y mito),
vinculado con una concepción re-
ligiosa de la naturaleza o enlace
con la trascendencia, alude esen-
cialmente a la iniciación personal
del individuo en el misterio uni-
tario del
anima mundi
. Misterio
insondable y llamada existencial
irreductible que la modernidad
dominante se empeña en abatir.
Es necesario subrayar que la
distinción entre estos dos niveles
del imaginario está planteada
in-
cluso entre los racionalistas poco
favorables al reconocimiento del
imaginario como categoría antro-
pológica y/o gnoseológica. Así,
un reconocido racionalista como
Rene Descartes distingue entre
“imágenes involuntarias” deriva-
133
das de la impresión de espíritus
animados por trazos externos (ta-
les como los sueños nocturnos o
en vilo) y las “imágenes elabo-
radas” deliberadamente, es decir,
“cultivadas como un tesoro inte-
rior” en relación con las “pasiones
del alma”. Y ya para el Maestro Ec-
khardt
3
, el alma era mujer.
4
El imaginario, pues, oscila en-
tre dos concepciones principales:
1) En un sentido restringido, como
etimología académica, el imagi-
nario designa un conjunto “es-
tático” de contenidos cerrados
o consensuados producidos por
una imaginación delirante, ten-
diente a una cierta autonomía
o cristalización de signifcados
que, por repetición o asocia-
ción, conForman un conjunto de
representaciones subjetivas; “sub-
jetivismo” cognotado, como se
puede observar, en términos
negativos y que patologiza a
la conciencia individual como
eminentemente delirante, desva-
riante, afebrada, tóxica, produc-
tora de incoherencias, ilusiones
insensatas y anormalidades que
se toman por realidad. En el me-
jor de los casos, se le concede
el papel de la “memoria” que,
como conjunto de recuerdos
que defnen una situación y la
acotan, es importante pero no
refere sino un “imaginario pa-
sivo” y racionalizado con vistas
a establecer un signifcado diFí-
cil de variar. Ya Marcel Proust,
siguiendo a Henri Bergson, ha-
bía distinguido en su célebre
novela
5
la diFerencia entre el
“recuerdo” como una reliquia o
FotograFía que fja para siempre
el tiempo ido y la
durée
o “re-
miniscencia” que revive en ca-
taratas de imágenes imprevistas
nuestra inFancia como imagen
que internamente nunca muere
en nosotros.
Para Hubert Védrine, el imagi-
nario es, académicamente, “todo
un mundo de creencias, de ideas,
de mitos, de ideologías, en las
que se sumergen cada individuo
y civilización” por tradición o ha-
bitualmente. Así también, en el
caso de los estudios históricos,
el imaginario no es ni una repre-
sentación de la realidad exterior,
ni una representación simbólica,
ni una ideología
6
: “El dominio del
imaginario está constituido por el
conjunto de representaciones que
desbordan el limite establecido
por las constantes de la experien-
cia y los encadenamientos deduc-
tivos que estos autorizan”.
7
Se
rechaza así su estudio del ámbito
de las ciencias sociales, concebi-
das éstas como un campo sujeto a
Férreas leyes causales.
2) En un sentido más proFundo, el
imaginario se concibe como la
actividad misma de la imagina-
ción que lo genera, como una
categoría de alcances ontológi-
cos. Se trata aquí de la cons-
tatación de grupos coherentes
de imágenes, comportando una
suerte de principio de auto-or-
ganización o
auto-poiesis
, que
permite sin cesar abrirse a la
interpretación,
la
innovación
de sentido, las transFormacio-
nes y la recreación inagotable
suscitada por la “vida elemen-
tal de las imágenes”, espacio
de libertad autárquico de donde
surgen los
símbolos
de lo ine-
Fable, las estructuras que la
comunidad privilegia a fn de
orientar sus energías psíquicas
(
eros
y
thánatos
) en el sentido
de un dinamismo equilibrante.
En este sentido, según J. Tho-
mas, el imaginario es “un siste-
ma” o “dinamismo organizador
de las imágenes, que a la vez
que les confere proFundidad,
las vincula entre ellas”.
8
Para C.
G. Dubois, el imaginario es “el
resultado visible de una ener-
gía psíquica, Formalizada tanto
3
Monje dominico, teólogo, flósoFo y místico, Johannes Eckhart (1260–1328), —o Eckhart von Hochheim, mejor conocido como
Meister
(“maestro” en alemán)— Fue uno de los teólogos más influyentes de la Edad Media y ejerció Fuerte influencia en la posterior flosoFía ale-
mana. (N.E.).
4
Ver, Victoria Cirlot y Blanca Garí,
La mirada interior. Escritoras místicas y visionarias en la Edad Media
.
5
Marcel Proust,
Á la recherche
du temps perdú
. Versión española:
En busca del tiempo perdido
, Madrid, Alianza Editorial, 1998, 7 vols.
6
Jacques Le GoFF,
L´imaginaire medieval
, p. I-II.
7
Evelyne Patlagean, “L´ histoire de l´imaginaire”, en Jacques Le GoFF (dir),
La nouvelle histoire
, p. 249-269, citado por J.J. Wunenburger,
op.
cit.,
p.13.
8
Joël Thomas, (dir.),
Introduction aux méthodologies de l´imaginaire
, p. 15, citado por
ibid
., p. 13.
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
134
a nivel individual como a nivel
colectivo”.
9
Como lo muestra
la antropología, el inconscien-
te no es ya como en Freud “el
refugio inefable de las particu-
laridades individuales, el depo-
sitario de una única historia”
(complejo de Edipo) sino, como
decíamos, el depositario de las
“estructuras” que la colectivi-
dad privilegia “no ya sobre ese
perverso polimorfo que sería
el niño, sino sobre este social
polimorfo que es el niño huma-
no”
10
, alternando sus relaciones
heredadas con el mundo.
Interpretamos la realidad ob-
jetiva no sólo de manera racional
y abstracta sino afectiva, es decir,
a partir de una
imagen
inscrita en
las profundidades de la psique. La
creatividad de la imaginación se
alza sobre el reconocimiento de la
fuerza intrínseca de ciertas imá-
genes y su poder de
animación
, es
decir, dinamismo o
alma
que en
el nivel más profundo el mito res-
guarda y el poeta des-ancla para
entregárnosla y hacernos crecer.
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Con±ada, la vida marcha
hacia la vida perdurable;
dilatada en el interno ardor
se trans±gura nuestra mente.
El universo de estrellas así diluido
en el vino dorado de la vida,
lo gozaremos
y seremos estrellas.
11
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La capacidad de las imágenes (y
en consecuencia del imaginario) de
vivir por ellas mismas y engendrar
efectos propios es
aceptada
desde
la Antigüedad y revalorizada so-
bre todo en el Renacimiento. Para
Paracelso: “El
alma
es una fuente
de energía dirigida por ella misma
y que se propone a través de la
imaginación
un objetivo a realizar.
Las ideas que nosotros concebimos
son centros de fuerza que pueden
cobrar vida y ejercer (una) influen-
cia (decisiva).”
12
Los románticos
—Cudworth, por ejemplo— al re-
tomar esta concepción, hablan de
ella como de una fuerza plástica
(
plasticpower
). Coleridge, a su vez,
reconoce que esta fuerza plástica
esencial es capaz de formar formas;
en ese mismo sentido, más tarde,
Gaston Bachelard a±rmaría: “el vo-
cablo fundamental que corresponde
a la imaginación, es
el imaginario
.
Gracias al imaginario, la imagina-
ción es esencialmente abierta. Es en
el psiquismo humano la experiencia
humana de la apertura, la experien-
cia misma de la novedad”
13
.
Así pues, en esta segunda acep-
ción más estricta, el
imaginario
designa una compleja
procesua-
lidad
autónoma y dinámica de la
intuición dando forma a las facul-
tades sensibles y cognoscitivas.
En virtud de su propia actividad,
la imaginación in-forma, modela
y reorienta a la razón, imagina sus
posibilidades abriéndola allende de
sus límites hacia inéditas territo-
rialidades de la experiencia.
Nos encontramos así, con re-
lación al imaginario, en presencia
de dos tradiciones semánticas que de
alguna manera podemos vincular
a la diferencia bergsoniana entre
sistema estático cerrado y sistema
dinámico abierto. El imaginario de-
signa unas veces a los productos
o mensajes de la imaginación, en
tanto “facultad mental” a la que
generalmente se le atribuye una
pseudo-consistencia
14
, a la manera
de ilustraciones o
exemplos
de las
ideas imponiéndose
fantasmática-
mente
a una consciencia enajenada.
Pero, por otra parte, el imaginario
es concebido como la imaginación
misma en tanto “facultad dinámica
y abierta”; como el poder poético
y toni±cante de las imágenes, los
símbolos y los mitos.
La imaginación es ampli±ca-
ción poética de cada imagen con-
creta, dinamismo creador que al
aparecer
lleva al crecimiento de
9
Claude-Gilbert Dubois,
L´imaginaire de la Renaissance
, p. 17. El autor distingue, asimismo, entre un imaginario «especulativo» y un imaginario
«simbólico»
10
Gilbert Durand,
La imaginación simbólica
,
p. 54.
11
Novalis,
Himnos a la Noche
,
p. 47.
12
Alexandre Koyré,
Mystiques, spirituels, alchimistes au XVI siècle allemand
, pp. 96-99.
13
G. Bachelard,
L´air et les songes. Essai sur l´imagination du mouvement.
14
Así para el ±lósofo G. Simondon “las imágenes aparecen como organismos secundarios en el seno del ser pensante: parásitos o coadju-
vantes son una especie de monadas secundarias habitando en el sujeto en ciertos momentos y abandonándolo en otros”. Ver, G. Simondon,
L´imagination et l´invention,
Bulletin de psychologie
, 1965.
135
todos los seres en el sentido de la
altura o la “verticalidad”, a decir
de Bachelard, de su expansión es-
piritualizante.
Finalmente,
con
relación
al
éxito del término
imaginario
al in-
terior de la vertiente posmoderna,
éste se explica por su tendencia,
como sabemos, a hacer desapare-
cer al “sujeto” como autor de sus
representaciones específcas a ±a-
vor de la autarquía de los “juegos
de lenguaje” (textos, imágenes,
palabras, etc.) y que por combi-
nación o reacomodo engendran
indefnidamente nuevos e±ectos
de signifcación. Desde esta pers-
pectiva, sin embargo, los procesos
del imaginario aluden, a menudo,
menos a una actividad
autopoiéti-
ca
(“experimenta en ti la estética
de la gracia”, diría Bachelard) que
a un modelo de juego aleatorio de
“eventos” de lenguaje o imágenes
±undamentalmente inertes o aco-
tadas en la realidad.
Teorías contemporáneas del imaginario
El estudio de la
imagen
, de la
ima-
ginación
y del
imaginario
no son
pues objetos privilegiados de la
floso±ía
contemporánea,
ámbito
donde suele dominar un vigoro-
so intelectualismo que en Francia
culmina con el pensamiento estruc-
turalista de Claude Lévi-Strauss y
Jacques Lacan, entre otros, progre-
sivamente acompañado, no obstan-
te, de una escuela ±enomenológica,
preocupada por restaurar la prima-
cía de lo sensible a través de la
percepción.
Pese a que Jean Paul Sartre y
Henri Bergson consagran dos obras
al estudio de la imaginación y el
imaginario, prácticamente sus ar-
gumentos no modifcan en nada
los presupuestos epistemológicos
con los que Occidente concibe a la
imaginación como mirada
“néanti-
sant”
(vaciante) de la consciencia:
irrealidad emocional del mundo
objetivo sólo alcanzable concep-
tualmente. En tanto heredera de
la tradición racionalista que se re-
monta al menos al siglo XVII, la
floso±ía contemporánea continúa
concibiendo a la imaginación, en
general, como una actividad pro-
ductora de fcciones con legitimi-
dad si acaso en el dominio del arte,
reputado éste último cual zona de
arbitrariedad subjetivista.
No obstante, a contracorriente,
también en Francia, y especial-
mente durante el último medio
siglo (1940-1990), se registran
las contribuciones flosófcas más
importantes relativas al estudio
revalorizado del imaginario. Des-
tacan entre estas aportaciones las
de Gaston Bachelard, Roger Caillo-
is, Claude Lévy-Strauss, Georges
Dumézil, Paul Ricoeur, Gilbert Du-
rand y Henry Corbin, Pierre Brunel,
Joël Thomas, Philippe Walter, Jean
Chevalier y Alain Geerbranth, cuyo
desarrollo se vio benefciado por
un contexto intelectual ±avorable
a las nuevas tendencias y orienta-
ciones culturales posteriores a la
posguerra, entre ellas, la estética
surrealista, la di±usión del psicoa-
nálisis ±reudiano, la promoción de
prácticas esotéricas vinculadas al
romanticismo y al ocultismo, el
interés por la psico-sociología re-
ligiosa derivada de la sociología
de Emile Durkheim y el impacto
de los trabajos de la ±enomeno-
logía de la religión de Mircea
Eliade, por supuesto, en diálogo
todas con la psicología desarro-
llada en torno del pensamiento
de Carl Gustav Jung. Todos estos
desarrollos, junto al del neokan-
tismo vinculado al pensamiento
de Ernst Cassier y Martin Heide-
gger, sientan las bases para una
exploración pro±unda del
imagina-
rio
como
dimensión
del
anthropos
y el estatuto trascendental de la
imaginación en la constitución del
sentido simbólico
de la existencia.
El estudio de la imagen y de
la imaginación ha venido, pues,
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
136
abriéndose paso a través de desa-
rrollos flosófcos diversos que, pese
a sus postulados propios y modelos
de análisis específcos, coinciden
en dotar al estudio de la imagen de
un carácter
ontológico
. Así, en la
fenomenología
de Edmund Husserl,
la imaginación se concibe como
intencionalidad capaz de una mi-
rada eidética de la esencia de las
cosas; la
hermenéutica
atribuye a
las imágenes una Función expresi-
va del
sentido
más Fecundo que el
concepto. En los debates introdu-
cidos por la
Escuela de Frankfurt
(Ernest Bloch, Walter Benjamín,
Theodor Wiesengrund Adorno y
Max Horkheimer), resulta obliga-
da la reFerencia al mito y la utopía
en los procesos socio-políticos de
la modernidad sin olvidar, por su-
puesto, las signifcativas contri-
buciones en torno a las Fuentes
míticas e históricas griegas de la
civilización occidental desarrolla-
das por Jean Pierre Vernant, Pie-
rre Vidal-Naquet, Marcel Detienne
y Nicole Loraux.
Pese a que por mucho tiempo la
reflexión en torno a la imagen ha
sido asumida de modo marginal en
las ciencias humanas, en los más
recientes trabajos de flosoFía del
lenguaje, teoría del arte, ciencia
cognitiva y critica de la moderni-
dad, sin embargo, podemos ob-
servar una revalorización del lugar
del mito y de la imagen simbólica
como determinantes centrales de
nuestra
interpretación
del mundo.
A través de una síntesis multi-
disciplinar de teorías y métodos
antropológicos, flosófcos, socio-
lógicos, históricos, psicológicos y
literarios, la investigación herme-
néutica de la imaginación simbó-
lica se Funda en el análisis compa-
rativo de los procesos simbólicos
como elementos determinantes de
la creación literaria y artística,
como elementos sintomáticos de
actitudes socioculturales, en torno
del
sentido
de la existencia.
Convergencias básicas en torno al estudio del imaginario
A partir de las contribuciones rea-
lizadas en torno a una antropo-
logía de la imaginación, particu-
larmente por Bachelard, Durand,
Ricoeur y Corbin entre los aportes
más signifcativos, podemos trazar
aquí, pese a sus divergencias es-
pecífcas, los acuerdos principales
que orientan los trabajos actuales
en torno a una nueva teoría del
imaginario y de la imaginación.
Las grandes líneas de este proceso
podrían sintetizarse de la manera
siguiente:
Las representaciones de la ima-
ginación no pueden agruparse
en conjuntos empíricos vincula-
dos por simples leyes de asocia-
ción arbitraria. Por el contrario,
el imaginario obedece a una “ló-
gica” que se organiza de acuer-
do a “estructuras” de las cuales
derivan determinadas leyes. De
acuerdo a Gilbert Durand, el
desarrollo de las estructuras an-
tropológicas de la imaginación
(esquizomorFas, sintéticas y mís-
ticas) permiten incluso defnir
un “estructuralismo fgurativo”
de la imagen. La imaginación
aparece como un lenguaje de
símbolos que organiza “Fuerzas
de cohesión” antagónicas en el
devenir histórico de la especie
humana.
El imaginario, arraigando en es-
tructuras (corporales, elementos
neurobiológicos y componentes
aFectivos) y superestructuras
(signifcaciones
intelectuales)
es obra de una especie de ima-
ginación “trascendental”, inde-
pendiente de los contenidos
accidentales de la percepción
empírica y capaz de dotar de
signifcación a la existencia
en su unidad con el mundo.
Los sueños, para Gaston Ba-
137
chelard, como los mitos, para
Durand, confrman el poder de
una “Fantástica trascendental”
o poder fgurativo de la imagi-
nación que excede los limites
del mundo sensible.
Las obras de la imaginación
producen representaciones sim-
bólicas en las que el sentido
fgurado original activa pensa-
mientos abiertos y complejos,
que sólo la racionalidad agrupa
en un sentido unívoco, reFeren-
cial y pragmático. La imagina-
ción es una actividad a la vez
connotativa y fgurativa que da
a pensar más de lo que la cons-
ciencia elabora bajo el control
de la razón abstracta y/o digi-
tal, es decir, más allá de la es-
tructuración
científco-técnica
y conceptual de la actividad
pensante.
El imaginario es inseparable de
las obras mentales y materiales
que sirven a cada conciencia para
construir el
sentido
de la vida, de
sus acciones y de sus experien-
cias coloreadas de determinacio-
nes personales e histórico-con-
cretas. Desde esta perspectiva,
las imágenes simbólicas visuales
y/o lingüísticas contribuyen a
enriquecer las representaciones
del mundo y elaborar, simultá-
neamente, la identidad del Yo. La
imaginación simbólica es nega-
ción vital de la nada de la muerte
y del tiempo; el símbolo aparece
como Factor de restablecimiento
del equilibrio vital. Todo símbolo
es doble, dice Durand, como sig-
nifcante se organiza arqueológi-
camente entre los determinismos
y encadenamientos causales, es
“eFecto” o “síntoma”, pero como
portador de un
sentido
se orienta
hacia una escatología inalienable
o hacia una “teleonomía” propia
de los símbolos, según Mirciade
Eliade. La escatología o proyec-
ción de
sentido
prevalece sobre
lo arqueológico, el devenir sobre
lo sedimentado, hay sociedades
sin críticos pero no sin poetas y
artistas.
El imaginario alude a una esFe-
ra de representaciones y aFec-
tos proFundamente ambivalente:
pue-de ser Fuente de errores e
ilusiones, pero también revela-
ción de una verdadera metaFísi-
ca. Su valor no reside únicamente
en sus producciones sino en el
uso que se hace de las mismas.
Una antropología del imaginario
(de una época, de una cultura,
de una obra), es de por sí una
ética
de la imagen, del sabio
y paciente conocimiento de la
imagen, por ello mismo obliga-
da a continuar la diFerenciación
crítica entre la
mixtifcación
que
degrada los símbolos y los redu-
ce a meros signos ideológicos,
dispositivos de un dogma o es-
tructura de poner y la creativa
emergencia del auténtico
sermo
myticus
que activa el hombre
para dar
sentido
abierto a los di-
lemas de su vida y de su época.
La separación artifcial de los saberes
De la misma manera que la noción
de “imaginario” suscita una serie
de malos entendidos, hablar de
mito y símbolo, en nuestros días,
es estar expuesto a una serie de
conFusiones. DiFícilmente un his-
toriador de las religiones, un f-
lólogo y un flósoFo darán, por
ejemplo, una misma defnición de
mito. En cierta medida, la diver-
sidad de estos enFoques no hace
sino evidenciar divergencias teóri-
cas proFundas, explicables en gran
parte por la misma división Formal
de las disciplinas, su separación
artifcial y la crisis teorética que
de ello se deriva.
Sectores enteros de la investi-
gación en nuestros días no sólo se
siguen realizando sobre conceptos
anacrónicos sino que se continúan
Perspectivas Teóricas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
138
subestimando las permanentes re-
estructuraciones del saber que se
operan en la investigación día tras
día. Ni la historia, ni la flología, ni
la sociología pueden hoy pretender
erigirse como disciplinas autóno-
mas y cerradas con respecto al de-
sarrollo de las disciplinas vecinas y,
sin embargo, nuestros planes de es-
tudio insisten en ese reduccionismo
y análisis parcial de lo social.
Incluso una vez quitada de su
medio la lápida iluminista que
condenaba a mero oscurantismo al
inmenso y complejo tesoro mítico
de las culturas antiguas, el estu-
dio de los mitos y de los símbolos,
por mucho tiempo, ha sido víctima
también de esas Fronteras arbitra-
rias entre las diversas disciplinas
—la historia, la flología, la litera-
tura— que pretenden “explicarlos”
sin la más mínima conexión de sus
ámbitos. ±raccionamiento arbitra-
rio de los saberes que pretende
ignorar el rol mediador de la antro-
pología en la redefnición actual
de los métodos de investigación.
Para las ciencias humanas el
mito es un medio privilegiado de
conocer al hombre y a la sociedad
a la vez. La Forma más acabada y
compleja del imaginario que para
ser comprendida necesita de la
colaboración de diversas discipli-
nas. Interesarse en el mito no es
sólo explorar la sustancia misma
del imaginario humano sino pre-
pararse para comprender mejor el
desarrollo de la historia y de la
cultura, dado que los móviles del
hombre son de orden mítico más
Frecuentemente de lo que se pien-
sa y acepta.
Las Fronteras entre los sabe-
res saltan sin cesar e incesantes
reevaluaciones del conocimiento
se derivan de su cruce pluridisci-
plinario. Las nociones de
mito
e
imaginario
permiten justamente
esta transFerencia útil de cono-
cimientos entre los diversos do-
minios del saber en la medida en
que abren a la comprensión nueva
de un objeto huidizo, en prime-
ra y última instancia
¿qué es lo
humano?
, cuestión indiscernible
desde un solo enFoque disciplina-
rio. Es este el reto al que los tra-
bajos sobre el imaginario quieren
responder.
Recibido el 14 de agosto del 2006
Aceptado el 13 de julio del 2006
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