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Sistema de Información Científica
Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
145
A propósito de la sexta edición del
Diccionario de Política Internacional del Dr. Edmundo Hernández-Vela
Víctor M. Godínez
De acuerdo con la defnición de la
Academia de la Lengua Española,
un diccionario es, en primer lu-
gar, un “libro en que se recogen
y explican de Forma ordenada vo-
ces de una o más lenguas, de una
ciencia o materia determinada”.
La segunda acepción que se atri-
buye a este término es la de un
“catálogo numeroso de noticias
importantes de un mismo género,
ordenado alFabéticamente”.
El trabajo de Edmundo Her-
nández-Vela que aquí comento
—como el de casi todos los de su
género— es más que una recopi-
lación ordenada de términos de
política internacional.
La naturaleza de esta obra me
obliga a una evocación. Me refero
a una pregunta planteada por el
otrora célebre crítico Francés René
Etiemble, autor, entre otros libros
que en su tiempo hicieron Fama,
del
Mito de Rimbaud
(1953).
La pregunta en cuestión es
esta: ¿a qué género pertenece la
escritura de diccionarios? La sexta
edición del libro del médico e in-
ternacionalista Edmundo Hernán-
dez-Vela es una magnífca oportu-
nidad para esbozar una pequeña
reflexión sobre este tema.
Un tema, por cierto, que puede
hacerse un tanto más complicado
si damos cuenta del siguiente he-
cho. El
Diccionario de Política In-
ternacional
que comento en esta
nota no es, a la manera de los dic-
cionarios tradicionales, un trabajo
de “explicación de palabras”, sino
de conceptos, de hechos, procesos,
instituciones, agentes y aconteci-
mientos relevantes en un campo
disciplinario muy específco.
En este sentido, el trabajo del
proFesor Hernández-Vela puede ser
clasifcado sin difcultades en un
ámbito vecino, muy próximo pero
diFerente al de los diccionarios: el
de la enciclopedia. Y no me refero
a este término en el sentido de De-
nis Diderot —que dio a este voca-
blo un sentido muy preciso y desde
entonces cargado de connotaciones
de erudición y pretensiones de co-
bertura total del conocimiento—.
Me refero al término enciclopedia
en un sentido primario, similar al
empleado en el siglo XVI por un
monje Franciscano, después bene-
dictino, médico (como Edmundo) y
cura, pero sobre todo gran escritor:
±rancois Rabelais (1494-1553).
En el capítulo veinte de su gran
libro,
Pantagruel,
intitulado “De
cómo Thaumaste narra las virtudes
y el saber de Panurge”, Rabelais
introduce el término, por primera
vez a decir de los flólogos, con un
signifcado meramente educativo y,
por consiguiente, totalmente fel a
su origen etimológico, de raíz grie-
ga:
AGKUKLIOS PAIDEIA,
es decir,
instrucción que abarca el ciclo del
saber, del entendimiento.
A partir de estas rápidas, es-
quemáticas reFerencias, vuelvo a
la pregunta: ¿a qué género per-
tenece el libro de Edmundo Her-
nández-Vela? Creo que pertenece
a uno que exige, a la vez, ciencia
y paciencia, disciplina y discerni-
miento, y que se asemeja al de los
analistas en la doble acepción que
puede dársele en nuestra lengua
a este último término: la primera
y más usual se refere al trabajo
de examen y observación, en este
caso de la política internacional,
y la segunda, más antigua y por
ello poco utilizada en nuestros
días, que se aplica a los autores
de Anales: es decir, a las recopi-
laciones o relaciones cuidadosas
que periódicamente entregan, con
buen juicio y objetividad, noticias
y artículos sobre un campo deter-
minado del saber y de la ciencia.
Reseñas
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
146
Y me pregunto: ¿no es esto último
una de las labores que viene reali-
zando el Dr. Edmundo Hernández-
Vela a cada edición (y ésta es la
sexta) de su Diccionario?
Quiero terminar esta nota con
dos razones personales que me
hacen apreciar este trabajo. En
primer lugar lo aprecio en tanto
que lector: su escritura es esme-
rada, el lenguaje pulido y el estilo
directo, como conviene a una obra
de esta clase. También la aprecio
en tanto que profesor e investiga-
dor: gracias a ella tengo a la mano
una respuesta rápida, actualizada
e informada a mis muchas lagunas
(verdaderos océanos, en verdad)
de conocimiento en materia de
política internacional.
Ahora bien, como economista,
necesito justiFcar mi buena im-
presión de este libro con alguna
hipótesis que pueda ser compro-
bada empíricamente. Mi hipótesis
se descompone en tres partes. El
Diccionario de Política Internacio-
nal
me parece una obra pertinente
y necesaria: i) Por la naturaleza
de las relaciones que unen los len-
guajes que en él se ponen en re-
lación: como toda obra didáctica,
el diccionario vincula, en efecto,
un conjunto de conceptos y no-
ciones clave con los enunciados
necesarios
para
explicarlos.
ii)
Por la naturaleza de las explica-
ciones proporcionadas sobre cada
noción o concepto contenido en
el libro: como todo buen diccio-
nario enciclopédico, éste acuerda
un lugar preponderante a la des-
cripción detallada y al comentario
de cada concepto y cada realidad
designada en las múltiples entra-
das; podría decirse que cada una
de éstas son pequeñas, muy útiles
monografías. Y por último, iii) Por
la elección de conceptos y nocio-
nes que orienta y determina el
contenido de la obra: en la mejor
tradición de los diccionarios enci-
clopédicos, el del profesor Hernán-
dez-Vela combina, según necesi-
dades propias de cada término, el
enfoque diacrónico con el enfoque
sincrónico. Es decir, consigna la
historia individual de los términos
y conceptos que forman el corpus
de la obra, al tiempo que, otras ve-
ces, también propone una o varias
descripciones estructurales y fun-
cionales.
Invito a los eventuales lectores
de esta nota a que comprueben
estas hipótesis en las páginas del
Diccionario de Política Internacio-
nal
del profesor Hernández-Vela,
publicado por la prestigiosa Edi-
torial Porrúa.
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