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63
La Iglesia católica en México como institución de derecha
*
Héctor Gómez Peralta
**
Resumen:
Este trabajo plantea que la Iglesia católi-
ca, a lo largo de la historia de México, ha
tenido una postura intransigente frente
a las reformas modernizadoras. Se hace
un recorrido histórico de el papel polí-
tico de la Iglesia católica y una exposi-
ción de sus ataques y resistencias a los
cambios tanto liberales como socialistas,
ubicándose dentro de lo que se denomi-
na derecha política. Tratando de refutar
el planteamiento de que la Iglesia es un
miembro del aparato ideológico burgués,
se analizan los diferentes cambios que
ha sufrido esa postura del clero católico
hasta la actualidad llegando a enarbolar
ciertos valores de la modernidad que una
vez atacó como la libertad religiosa y de
conciencia.
Abstract:
This work explains that the Catholic
Church, throughout the history of Mexi-
co, has had an intransigent position be-
fore the modernizing reforms. It takes a
ride around the historical route of the
political role of Catholic Church and an
exhibition of her attacks and resistance
to the liberal and socialist changes, be-
ing named Political Right. Trying to re-
fute the exposition that Catholic Church
is a member of the bourgeois ideologi-
cal apparatus, it is analyzed the diffe-
rent changes that such catholic clergy
position has suffered until the present
time getting to hoist certain values of
the modernity that once attacked as the
religious and conscious freedom.
Palabras Clave:
Iglesia católica, dere-
cha, secularismo, relación Estado-Iglesia
en México.
*
El presente artículo es resultado del
Proyecto de Investigación PAPIIT-UNAM
“La derecha en México 1939-2003”.
**
Universidad Nacional Autónoma de México,
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Cir-
cuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad Univer-
sitaria, col. Copilco-Universidad, Deleg. Co-
yoacán, México, Distrito Federal, cp 01045.
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
64
Introducción
Contrario a la idea de que la Igle-
sia es miembro del aparato ideo-
lógico del Estado burgués, o que
la derecha está constituida por
aquellos actores e ideología que
tratan de preservar el sistema ca-
pitalista de explotación, este tra-
bajo plantea que la institución
católica ha sido uno de los princi-
pales opositores del Estado liberal
y democrático burgués a la par de
acérrimo crítico y auditor de sus
acciones al enfrentar los princi-
pios liberales y socialistas y de-
fender, en cambio, los valores de
la antigua sociedad tradicional.
No es posible identiFcar a de-
terminadas posturas ideológicas o
acciones políticas como de dere-
cha sin contextualizarlas en tiempo,
espacio y circunstancias; algo que
podría ser considerado como conser-
vador o reaccionario en determinado
contexto podría ser revoluciona-
rio o progresista en otro. Así, por
ejemplo, uno los sectores más pro-
gresistas de la política mundial a
principios del siglo XX, los socia-
listas, propugnaban por una esta-
tización de la economía; a inicios de
la nueva centuria, quienes aún de-
Fenden esta postura son los sec-
tores conservadores que se han
enquistado en el poder y se oponen
a la liberación de la economía ya
que ello atenta contra sus privi-
legios.
En este marco, es necesario ha-
cer una revisión de casos concre-
tos para poder ubicar el impacto
que tienen determinadas posturas
de la Iglesia católica en México,
en diferentes momentos históri-
cos, con respecto a la inhibición o
el fomento de la modernidad, en-
tendida ésta como democracia, li-
bertad de conciencia y liberación
de la economía,
1
entre otras ca-
racterísticas.
A su vez, el concepto de “dere-
cha política” engloba tanto a los
reaccionarios como a los conser-
vadores; los primeros son aquellos
que tratan de dar marcha atrás al
reloj de la historia teniendo co-
mo proyecto político el modelo de
una sociedad situada en el pasado,
idealizada o al menos considerada
mejor que la actual. Los conserva-
dores, por su lado, tratan de man-
tener el
statu quo
o una parte de
él. La oposición a los cambios y
al ideal de progreso es la caracte-
rística con la cual se identiFca al
conservadurismo.
2
La Iglesia católica en Méxi-
co contiene las dos característi-
cas anteriormente señaladas: por
una parte ha buscado reinstaurar
el orden social-cristiano, los va-
lores y tradiciones de la sociedad
del
Ancient Regime
; por la otra, se
ha opuesto sistemáticamente a lo
largo de la historia nacional a una
serie de reformas que han teni-
do por objetivo la modernización
3
tanto del Estado mexicano como
de la sociedad. Esta oposición a
ultranza al cambio se le ha deno-
minado
intransigentismo
, término
acuñado desde la sociología de
las religiones por Emile Poulat.
4
1
Habrá quien piense que el capitalismo no necesariamente es un elemento de la modernidad ya que el comunismo, ideología moderna, planteaba
un modo de producción alternativo. Independientemente de sus postulados teóricos, el
socialismo práctico —
realmente existente—
no fue más
que una vía de modernización, un camino que recorrieron ciertos países, mayoritariamente los de Europa del Este, para abandonar al Antiguo
Régimen, industrializarse, romper con las estructuras feudales y llegar a una sociedad centrada en el individuo, el capitalismo y la democracia.
Vid
. Barrington Moore Jr.,
Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia,
Barcelona, Ediciones Península, 1976
2
Norberto Bobbio y Nicola Mateucci,
Diccionario de política
, México, Siglo Veintiuno Editores, 1985, pp. 318-323
3
Entendemos por tal, la liberación del individuo de todos aquellos vínculos ajenos a su voluntad o elección como las relaciones de tipo natural
(como la raza) y/o tradicional (como la religión). Para lograrlo, el proyecto de modernidad se ha valido de valores tales como la secularización,
el racionalismo y las libertades de conciencia, credo, asociación, y propiedad.
Vid
. Wolfgang Kersting,
Filosofía política del contractualismo mo-
derno
, México, Plaza y Valdés, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, 2001.
4
Emile Poulat,
Église contre bourgeoisie: introduction au devenir du catholicisme actuel
, Paris, Ed. Casterman, 1977.
65
En un inicio, el cristianismo no
era más que un grupo de sectas
clandestinas dispersas a lo largo
del territorio del Imperio Roma-
no. Empezó a ganar gran fuerza a
raíz de tres hechos, dos de ellos
ocurridos en tiempos del emperador
Constantino I el Grande (306-307):
el primero fue la promulgación del
edicto de Milán (313 d.C.) a tra-
vés del cual se estableció la liber-
tad de religión en todo el Imperio
romano poniendo Fn a siglos de
persecución anticristiana. El se-
gundo, la organización del primer
Concilio de Nicea (325 d.C.) de don-
de nació, oFcialmente, la Iglesia
católica (del griego
χαθολικ
ó
ζ
“universal, que comprende to-
do”).
El tercer momento fue su in-
corporación como “religión de Es-
tado” en época de Teodosio I el
Grande (379-395). El Edicto del
28 de febrero de 380 d.C., marcó
el inicio del catolicismo como re-
ligión oFcial de Roma. A partir de
entonces, Iglesia y poder político
irían de la mano hasta el adveni-
miento de la Modernidad.
Durante los siglos de dominio
del binomio Iglesia-Estado, la pri-
mera fungió no pocas veces —so-
bre todo en aquellas regiones donde
el poder político del monarca no
era lo suFcientemente fuerte—
como la institución que ejercía
muchas de las atribuciones con-
sideradas hoy propias del Estado,
desde las más importantes como
el ejercicio del poder político real
(de la hechura de emperadores —
Carlomagno, por ejemplo— al en-
frentamiento abierto con ellos —la
Guerra de las Investiduras entre
1073 y 1122— el papado llegó a
decidir a quién le correspondía —o
no— el máximo control del poder
temporal) o el control de los sis-
temas de educación y el cobro de
impuestos, hasta las de menor re-
levancia como la institucionaliza-
ción del matrimonio y el registro
de nacimientos y defunciones.
Durante el periodo inmediata-
mente anterior a las revoluciones
burguesas —la inglesa (1642-1689),
la norteamericana (1775-1883) y la
francesa (1789-1799)— conocido
como el
Ancient Regime
, también
se suscitaron luchas entre los prín-
cipes y la Iglesia. Los casos más
emblemáticos fueron el de España
—cuando Carlos III decidió ex-
pulsar a la orden de los jesuitas de
sus territorios, acusados de ene-
migos del rey y del sistema políti-
co— y el de ±rancia —donde Luis XVI
logró controlar y decidir los nom-
bramientos episcopales de la Igle-
sia francesa. Tanto en uno como
en otro caso, la entonces dinastía
reinante, la casa de los Borbones
(en ±rancia de 1589 a 1830; en
España, con intervalos, de 1700 a la
actualidad), realizó una serie de
reformas encaminadas a subordi-
nar el poder eclesial al poder civil.
5
Durante el proceso revoluciona-
rio francés, la llamada derecha
6
fue
constituida por aquellos que que-
rían reinstaurar al Antiguo Régi-
men y preservar los privilegios de
la nobleza. Entre ellos, Fguró la
Iglesia católica cuyo proyecto po-
lítico pretendía entonces restaurar
el poder eclesiástico medieval. En
este sentido, se irguió como la de-
fensora a ultranza de una serie de
valores que resultaban exactamen-
La Iglesia católica y el poder político
5
Horst Pietschmann,
Protoliberalismo, reformas borbónicas y revolución: la Nueva España en el último tercio del siglo XVIII,
México, Nueva Ima-
gen, 1991; JoseFna Zoraida Vázquez,
Interpretaciones del siglo XVIII mexicano. El impacto de las reformas borbónicas en
México
, México, Nueva
Imagen, 1991.
6
Si bien los conceptos políticos de “derecha” e “izquierda”, tan característicos hoy en día del
espectro político
, surgieron en los inicios de la
Revolución francesa como denominación del lugar físico donde se sentaban las facciones políticas con respecto al lugar del presidente —la
aristocracia (monárquicos) de lado derecho y el Tercer Estado (republicanos) del izquierdo— conFguran hoy día ejes conceptuales más com-
plicados y amplios. A manera de simple ejemplo, se debate entre ellos si el gobierno debe ser interventor en la vida económica (izquierda) o
defensor del
laissez-faire
(derecha); si se debe dar prioridad a la libertad social, a la seguridad económica y a la igualdad (izquierda) o se debe
fomentarse la libertad individual y económica y el espíritu esmpresarial (derecha); si se pugna por un Estado interventor en cuanto a servicios
sociales e infraestructura se reFere —salud, educación, pensiones— (izquierda), o se lucha por uno que deje el funcionamiento de todo ello a
la iniciativa privada (derecha); si se deFenden los derechos colectivos (izquierda) o se alientan los valores y derechos individuales (derecha),
entre otros muchos aspectos. N.E.
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
66
te contrarios a aquellos sostenidos
por los revolucionarios liberales.
7
Posteriormente, a fnes del siglo
XVIII y comienzos del XIX, tenien-
do como marco histórico la indus-
trialización y el surgimiento del
proletariado, surgió la ideología
socialista (de François-Noël Babeu±
(1760-1797) a los utópicos Conde
de Saint-Simon (1760-1825); Car-
los Fourier, (1772-1837); Étienne
Cabet (1778-1856) y Robert Owen
(1771-1858); de éstos a los cien-
tífcos Karl Marx (1818-1883) y
Federico Engels (1820-1895) que
llamaba a ±ortalecer principios de
solidaridad entre los seres huma-
nos, a crear una sociedad iguali-
taria y a construir, para ello, un
sistema
socio-económico
en
el
que la propiedad y la distribución
de la riqueza estuviesen sujetas a
un control social a fn de lograr la
propiedad común —colectiva— de
los bienes.
Frente a ello, la Iglesia de±endió
la ±e sobre la razón, la tradición
sobre el empirismo, la jerarquía so-
bre la igualdad, los valores colec-
tivos sobre el individualismo y la
ley natural o divina ante la ley se-
cular. En este sentido, la Iglesia se
volvió diana de los ataques de los
herederos de la Ilustración
8
y és-
tos en adversarios implacables del
poder pontifcio. El rechazo a la
Modernidad y sus valores por par-
te de la Vicaría de Cristo quedaría
más que patente durante el Conci-
lio Vaticano I (1869-1870). En él, el
papa Pío IX (1792-1878; pontífce de
1846 a 1878), confrmó las posturas
desarrolladas en su más ±amoso do-
cumento, el
Syllabus Errorum
(
Sy-
llabus de los Errores
o
Catálogo de
los principales errores de nuestra
época
)
de 1864, donde criticaba
el racionalismo, el liberalismo, el
materialismo, el socialismo, el co-
munismo, la libertad de religión,
la soberanía del poder civil sobre
el eterno y la separación Iglesia-
Estado. Amén de la condena a la
secularización, el Concilio apro-
bó también la expedición de dos
constituciones:
Dei Filius
y
Pastor
Aeternus
. En esta última, defnió
—como muestra del “poder” pa-
pal sobre los demás gobernantes
— el dogma de la in±abilidad del
Santo Pontífce en materias de ±e
y moral cuando se pronuncia
ex
cathedra
.
9
La idea de “combatir contra to-
do lo que ha sido pensado y lle-
vado a cabo ±uera de la Iglesia”,
denominada
intransigentismo
ca-
tólico, empezó a menguar con el
sucesor papal de Pío IX, León XIII
(1810-1903; pontífce de 1878 a
1903). La expedición de la encí-
clica Rerum Novarum (latín:
De
las cosas nuevas
) el 15 de mayo
de 1891, ±ue la primera respues-
ta positiva de la Iglesia ±rente a
la problemática socio-económica
de la época; se reconocía la te-
rrible situación de privación que
golpeaba a la clase trabajadora y
se disponían los mecanismos pa-
ra aliviarla. Este documento abrió
la puerta a los católicos a la es-
cena político-electoral y se con-
virtió en la carta ±undacional de
7
Como liberalismo entendemos el empeño por trans±ormar la sociedad a través de la afrmación de las libertades individuales —derechos huma-
nos inalienables— la secularización de la sociedad y la limitación el poder del gobierno mediante la representación política y el constituciona-
lismo. Estos principios, que empezaron a consolidarse en el siglo XVII con la revolución inglesa, se habrían de imponer a lo largo de los siglos
XVIII y XIX y terminaron por sustituir a la sociedad orgánica ±ormada por corporaciones por otra constituida por individuos; a un Estado que
intervenía en todas las actividades humanas — y “cuyo principio era el orden”— por otro “cuyo principio es la libertad y cuya norma el
laissez
faire
” y a un gobierno y un derecho cuyas bases eran el privilegio y el particularismo, por uno cuyas bases son la igualdad y la generalidad.
Vid
.
N. Bobbio y
N. Mateucci,
op. cit
., pp. 318-20, tomo I y pp. 905, 906, tomo II.
8
Vid.
Edmund Burke,
Reflexiones sobre la revolución francesa
, Madrid, Rialp, 1989.
9
...
con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y de±nimos como dogma divinamente relevado que: El Romano Pontí±ce, cuando habla
ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su o±cio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica,
de±ne una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el
bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la de±nición de la doctrina de fe y costum-
bres. Por esto, dichas de±niciones del Romano Pontí±ce son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.
Canon: De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra de±nición: sea anatema, en Constitución
Dogmática Pastor Aeternus Sobre la Iglesia de Cristo
, Capítulo 4, “Sobre el magisterio in±alible del Romano Pontífce”
Concilio Vaticano I,
18 de
julio de 1870, en http://es.catholic.net/sacerdotes/222/2456/articulo.php?id=23282 Una de las críticas más conocidas contra este dogma ±ue
la pronunciada por Lord Acton que se convertiría en una de las ±rases más solicitadas en el quehacer político:
El poder tiende a corromper; y el
poder absoluto, corrompe absolutamente
. N.E.
67
la doctrina social de la Iglesia y
de la
democracia-cristiana
.
10
En
su encíclica, el Papa defendía la
propiedad privada al tiempo que
apoyaba la justicia social —con-
denando al capitalismo como el
causante de la miseria y explota-
ción de la clase trabajadora y exi-
giendo aumentar los niveles de
calidad de vida de los obreros— y
dejaba patente su apoyo al dere-
cho laboral de formar uniones o
sindicatos, pero sin acercarse al
socialismo marxista, con el obje-
tivo de defender al proletariado
de “las injusticias del capitalismo
individualista”.
11
En el marco de la historia de Méxi-
co, la Iglesia siempre se opuso a los
cambios convirtiéndose ella mis-
ma en un obstáculo para la mo-
dernización del país. Sin embargo,
también tuvo un destacado papel
en la formación de una identidad
católico-mexicana propia. Desde
tiempos virreinales, la Iglesia ha-
bía fungido como la catalizadora
por excelencia de una población
ricamente heterogénea. Dado que
los altos mandos del ejército es-
taban restringidos a los peninsu-
lares, muchos criollos optaron por
hacer carrera eclesial, quedando la
Iglesia de la Nueva España, salvo
en los puestos más elevados, bajo
el control de los criollos quienes,
a su vez, crearían la identidad del
ser mexicano. La iglesia criolla lo-
gró adaptar el catolicismo espa-
ñol a las particularidades de estas
tierras; la aparición de la Virgen
de Guadalupe fue el mayor ejem-
plo de ello. La idea de una deidad
con piel morena que se le presen-
ta a un indígena en el mismo lu-
gar donde se realizaba el culto
a una antigua diosa mexica, fue
desarrollada por los criollos hasta
convertirla en un símbolo nacional
que generó una idea de comunión
entre todo aquel que abrazara la
fe católica mexicana.
12
Ciertamente el guadalupanis-
mo —fenómeno netamente crio-
llo
13
— contribuyó, quizás como
ningún otro factor, a moldear la
mexicanidad
frente a la “peninsu-
La Iglesia en la política de México:
10
N. Bobbio y N. Mateucci,
op. cit
, pp. 834-836.
11
Propiedad Privada:
11.
Por lo tanto, cuando se plantea el problema de mejorar la condición de las clases inferiores, se ha de tener como fun-
damental el principio de que la propiedad privada ha de conservarse inviolable.
33.
El derecho de poseer bienes en privado no ha sido dado por la ley, sino por la naturaleza, y, por tanto, la autoridad pública no puede abolirlo,
sino solamente moderar su uso y compaginarlo con el bien común
Justicia Social:
15
. …Cierto es que para establecer la medida del salario con justicia hay que considerar muchas razones; pero, generalmente,
tengan presente los ricos y los patronos que oprimir para su lucro a los necesitados y a los desvalidos y buscar su ganancia en la pobreza ajena no
lo permiten ni las leyes divinas ni las humanas… Por último, han de evitar cuidadosamente los ricos perjudicar en lo más mínimo los intereses de
los proletarios ni con violencias, ni con engaños, ni con artilugios usurarios; tanto más cuanto que no están suFcientemente preparados contra la
injusticia y el atropello, y, por eso mismo, mientras más débil sea su economía, tanto más debe considerarse sagrada.
24.
De ahí que entre los deberes, ni pocos ni leves, de los gobernantes que velan por el bien del pueblo, se destaca entre los primeros el de defender
por igual a todas las clases sociales, observando ínviolablemente la justicia llamada distributiva.
Sindicalismo:
34.
Es grato encontrarse con que constantemente se están constituyendo asociaciones de este género, de obreros solamente o mix-
tas de las dos clases; es de desear que crezcan en número y eFciencia. Y, aunque hemos hablado más de una vez de ellas, Nos sentimos agrado en
manifestar aquí que son muy convenientes y que las asiste pleno derecho, así como hablar sobre su reglamentación y cometido
39.
En principio, se ha de establecer como ley general y perpetua que las asociaciones de obreros se han de constituir y gobernar de tal modo que
proporcionen los medios más idóneos y convenientes para el Fn que se proponen, consistente en que cada miembro de la sociedad consiga, en la
medida de lo posible, un aumento de los bienes del cuerpo, del alma y de la familia. Pero es evidente que se ha de tender, como Fn principal, a
la perfección de la piedad y de las costumbres, y asimismo que a este Fn habrá de encaminarse toda la disciplina social.
Carta Encíclica
Rerum
Novarum
del Sumo PontíFce León XIII sobre la situación de los obreros, en http://www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encyclicals/documents/
hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-nova-rum_sp.html N.E.
12
David Brading,
Los orígenes del nacionalismo mexicano
, México, Ediciones Era, 1988, pp. 23-29.
13
Iniciado por, Miguel Sánchez en su obra
Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en la ciudad de Méxi-
co, celebrada en su historia con la profecía del capítulo doce del Apocalipsis
, México, Imprenta de la viuda de Bernardo Calderón, 1648. N.E.
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
68
laridad” gachupina o a la “anglo-
sajonidad” del vecino del norte.
14
Planteamientos posteriores —co-
mo el de Fray Servando Teresa de
Mier, que llegó al grado de propo-
ner la cristianización del mundo
prehispánico a través de la asimi-
lación de de una deidad pagana
(Quetzalcóatl) en un apóstol cris-
tiano (Santo Tomás)— incidieron
también en la construcción de un
catolicismo propio —nacional—
de la Nueva España fusionando las
antiguas deidades con los santos
de la religión europea.
15
Una vez independientes, los
mexicanos no cesaron de invocar
la religión como pilar de su idio-
sincrasia cultural, unidad étnica
e identidad histórica. A pesar de
ello, la relación Iglesia-Estado-
sociedad, en la primera mitad del
siglo XIXI mexicano, fue todo me-
nos fácil. De hecho transitó en-
tre la aceptación social y el apoyo
o±ciales, al repudio y condena de
los círculos más liberales de en-
tonces. Aliado del primer Imperio
mexicano, se convertiría en acé-
rrima enemiga del primer gobier-
no reformista en el país encabezado
por la mancuerna Gómez Farías-
José María Luis Mora. Aunque esta
Reforma (que pretendía la separa-
ción de las Iglesia del poder civil
del Estado, la nacionalización de
los bienes eclesiásticos y la impo-
sición de la educación laica, entre
otras cosas) fracasó por diversas
causas, fue ya un primer llamado
de alerta en el sentido de que la
convivencia entre ambos poderes,
el temporal y el eterno, no seguiría
un camino de miel sino de hiel.
En el caso de los once gobiernos
que encabezó el general Antonio
López de Santa Anna, que fuera
ora liberal ora conservador según
le convenía, el común denomina-
dor fue justamente el apoyo irres-
tricto que le otorgó a la Iglesia
católica. Para combatir al ejército
estadounidense, por ejemplo, se
argumentó que se luchaba con-
tra “la libertad de cultos que los
yanquis nos quieren imponer, en
detrimento de la verdadera fe.”
16
No es de extrañar, pues, que des-
de 1848, año de ±nalización de la
guerra con Estados Unidos, el clero
mexicano trabajaría sin descanso
por el regreso de Santa Anna, exi-
liado entonces, al poder.
Como muestra de reciprocidad
al apoyo del clero al gobierno de
Santa Anna, fue restablecida en la
República Mexicana la Compañía
de Jesús (expulsada desde 1767).
Según las disposiciones o±ciales,
los miembros de dicha orden po-
dían erigirse en comunidades, esta-
blecer colegios, hospicios o misiones
en los lugares donde antes estuvie-
ron establecidos o en los que juz-
garen conveniente. Sus antiguas
casas, colegios, templos y bienes les
serían devueltos con excepción
del Colegio de San Ildefonso y los
que estuvieran destinados al ser-
vicio militar.
17
La devoción a la
Virgen de Guadalupe, cada 12 de
diciembre, se convirtió en un rito
de exaltación nacionalista y, por
ende, en acto o±cial del gobierno
santannista.
Este apoyo no se explicaría sin
tomar en cuenta tanto el poder
de cohesión de la Iglesia y su as-
cendiente social como su fabulosa
capacidad de hacerse y adminis-
trar bienes materiales tornándola
en la única maquinaria ±nanciera
sana —y muy poderosa— de en-
tonces:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
Observadores
extranjeros
apuntaron,
hacia 1854, que una de las causas mate-
riales de la pobreza de México se debía a
las enormes riquezas del clero. Según el
Cuadro sinóptico de la República mexi-
cana que publicó Miguel Lerdo de Tejada
hacia 1850, las rentas del clero, dividi-
14
Para un estudio pormenorizado sobre el guadalupanismo criollo, véanse: David Brading,
Mexican Phoenix, Our Lady of Guadalupe: Image and
Tradition across Fve centuries,
Cambridge, Cambridge University Press, 2001 (versión española:
La Virgen de Guadalupe. Imagen y tradición,
México, Taurus, 2002) y L. Souza, Stafford Poole y James Lockhart,
The Story of Guadalupe. Luis Lasso de la Vega’s Huey Tlamahiçoltica of 1649
,
Los Angeles, Stanford University Press & Universidad de California, 1999, además de los
estudios ya clásicos de Edmundo O’Gorman,
Destierro de
sombras. Luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe del Tepeyac
, México, Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Investigaciones Históricas, 1986 y Jacques Lafaye,
Quetzalcóatl and Guadalupe. The ±ormation of Mexican Nacional Consciousness
1531-1813,
Chicago, The University of Chicago Press, 1976. N.E.
15
D. Brading,
Los orígenes del nacionalismo… op. cit.
, cap. II.
16
Wilfrid Hardy Callcott,
Church and State in Mexico 1822-1857
, New York, Octagon Books, 1971.
17
Ibid.
, pp. 239-244.
69
das en cuatro clases, excedían de 18 y
hasta 20 millones de pesos al año. Sola-
mente para el Distrito Federal, las pro-
piedades raíces se podían estimar en 50
millones de pesos, de los cuales el clero
tenía más de la mitad, en comparación
con los 6 millones de pesos al año que
entraban a las cajas de la Tesorería de la
Nación.
18
- - - - - - - - • - - - - - - - -
A pesar del discurso moral del
clero, el precio por la administra-
ción de los sacramentos favorecía
el concubinato de las clases po-
bres, el salario promedio de ese en-
tonces era de 3 ó 4 reales diarios y
matrimoniarse costaba de 10 a 12
pesos. Nacer, casarse y hasta morir
(aunque fuera dentro de la matriz)
costaba múltiples obvenciones pa-
rroquiales.
19
La connivencia con lo
político aunada a la fuerza econó-
mica hizo de la Iglesia un temido
factor real de poder.
Tan fue así, que las propias au-
toridades eclesiales de Roma pre-
tendieron frenar la corrupción en
que había caído el clero mexica-
no. El Papa Pío IX, con el objetivo
de frenar la “relajación dentro de
los conventos mexicanos” nombró
a monseñor Clementi como nuncio
apostólico en México en 1851 con
la misión de recorrer obispados y
arzobispados para mejorar el com-
portamiento de los religiosos. El
alto clero de México protestó y se
resistió cuanto pudo a las “correc-
ciones” que el enviado del Papa
intentó implantar.
20
Aunque la Iglesia había teni-
do su parte en la formación de la
idea de México como nación, su
creciente poderío suscitó también
fuertes críticas cuando la segunda
generación de liberales mexica-
nos, modernizadores y reformis-
tas, entró en acción al promulgar
la Constitución de 1857 —la cual
sancionaba la libertad de enseñan-
za, de imprenta, de industria, de
comercio, de trabajo y de asocia-
ción, entre otros derechos— y, dos
años después, las llamadas Leyes
de Reforma —que declaraban la
independencia del Estado respec-
to de la Iglesia, la ley de registro
y matrimonio civil; la seculariza-
ción de panteones y cementerios;
la de libertad de cultos,
21
la extin-
ción de las comunidades religiosas
y la nacionalización de los bienes
eclesiásticos. El clero mexicano se
opuso frenéticamente a ambas y
contribuyó en gran medida al es-
tallido de la peor guerra civil que
entonces conociera el México inde-
pendiente: la Guerra de Tres Años
o de Reforma (1858-1861) entre
liberales y conservadores.
Nada chocaba más con el ideal
de sociedad de individuos propie-
tarios de los liberales del siglo XIX
que el proyecto social de la Iglesia
católica apoyado en el ideal so-
cial-cristiano —que consistía en
una sociedad compuesta por cor-
poraciones regidas por los valores
del clero romano— y en una te-
nencia de la tierra latifundista.
22
Así, la Iglesia se volvió también
el enemigo a vencer por parte de
aquellos que querían implantar en
México un modelo económico ins-
pirado en el capitalismo estadouni-
dense de individuos propietarios.
Posteriormente, la Iglesia, aliada
con los conservadores laicos, apoyó
al segundo imperio mexicano en-
cabezado por Fernando Maximilia-
no con±ada en que el emperador,
como buen católico, restauraría los
privilegios eclesiales como, en su
momento, lo había hecho Santa
Anna. Aunque la idea de traer a un
príncipe obedeció más a una cues-
tión de seguridad —contar con la
protección de un país europeo (postu-
ra originada por la pérdida de terri-
torio ante Estados Unidos
23
)— que
a una de sometimiento, la debacle
del gobierno del Habsburgo puso en
la picota a la Iglesia y la convirtió
en uno de los “villanos” decimonó-
nicos de la historia o±cial.
18
Carmen Vázquez Mantecón,
Santa Anna y la encrucijada del Estado
, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 235
19
Ibid.
, p. 238.
20
W.H. Callcott,
op. cit
., cap. 3.
21
Jesús Reyes Heroles,
El liberalismo mexicano: Los orígenes
. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1957, tomo 1, capítulo VII,
pp. 345-347.
22
Vid.
Encíclica
Rerum Novarum
varum_sp.html.
23
Vid.
Humberto Morales y William Fowler (coords.),
El conservadurismo mexicano en el siglo XIX (1810-1910)
, México, Gobierno del Estado de
Puebla, Secretaria de Cultura, University of Saint Andrews, 1999.
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
70
La relación Iglesia-Estado co-
noció de nuevo los tiempos de la
reconciliación durante la longeva
dictadura del general Porfrio Díaz
(1877-1880; 1884-1911). Rasgo
distintivo de ella Fue la moderni-
zación económica del país conjun-
tamente con la abrogación de las
libertades políticas. Para poder im-
plantar el proyecto modernizador,
Fue necesario utilizar algunos ele-
mentos del
Ancient Régime
como
las corporaciones clientelares y la
Iglesia misma
24
lo que condujo a
ponerle fn a la persecución anti-
clerical del periodo de la ReForma.
Se llegó al colmo de delegarle de
nuevo a la Iglesia la Función edu-
cadora —aunque siempre se cui-
dó de mantenerla subordinada al
poder civil. Iglesia y Estado vol-
vieron a estrecharse las manos y
caminar hombro con hombro has-
ta la abrupta caída del dictador.
Tras el triunFo de la revolución
de 1910, ±rancisco I. Madero asu-
mió el poder de manera democrá-
tica a través del suFragio libre y
directo. Después de una muy cor-
ta presidencia, el clero apoyó en
1913 el golpe de Estado antima-
derista orquestado por el gene-
ral Victoriano Huerta con la idea
de poder restaurar la situación que
tenía durante el porfriato. Esta ac-
titud le granjeó a la Iglesia el repu-
dio de los revolucionarios quienes la
consideraron, como los liberales
decimonónicos, parte del enemigo
a vencer
25
no obstante que varios
miembros del bajo clero habían
apoyado, algunos incluso con Fusil
en mano, a los revolucionarios. El
apoyo y colaboración de la Iglesia
católica a la sanguinaria dictadu-
ra huertista, “…se convertiría en
el estigma y la razón principal que
manejaron los revolucionarios para
marginar a la Iglesia y a los ca-
tólicos militantes de cualquier ti-
po de participación política en el
Futuro”.
26
Desde entonces hasta
ahora, está prohibido en México
la creación de partidos políticos
conFesionales así como cualquier
participación de las organizacio-
nes y asociaciones religiosas en el
entramado electoral del país.
27
Al resultar triunFadora la Fac-
ción constitucionalista de la Revo-
lución, se implantó la legislación
más anticlerical hasta ese enton-
ces redactada en todo el mundo.
28
Consecuencia de ese jacobinismo
revolucionario Fue una nueva gue-
rra civil que azotaría a México en
la década de los veinte y trein-
ta del siglo pasado: la cristiada
(1926-1929;
1932-1938).
Aun-
que protagonizada primordialmen-
te en sus inicios por el gobierno
del presidente Plutarco Elías Ca-
lles (1924-1928) y el episcopado
mexicano,
29
la Guerra de los Cris-
teros (por el lema de combate de
éstos: “¡Viva Cristo Rey!”) devino
en un conflicto de las masas cam-
pesinas y los sectores laicos de la
Iglesia con un inicial apoyo del
clero, tanto mexicano como roma-
no.
30
Obligada por la propia co-
yuntura, la Iglesia debió frmar en
1929 acuerdos de reconciliación
con el gobierno jacobino callista.
Estos acuerdos Fueron considera-
dos, por no pocos cristeros, como
un abandono del clero de sus ba-
24
±rançois Guerra,
México: del Antiguo Régimen a la Revolución
, México, ±ondo de Cultura Económica, 1992, T. I.
25
Héctor Aguilar Camín,
La frontera nómada. Sonora en la revolución mexicana
, México, Siglo Veintiuno Editores, 1977, pp. 129-136.
26
Roberto Blancarte, “La doctrina social católica ante la democracia”, en Roberto Blancarte (coord.),
Religión, iglesias y democracia
, México,
Universidad Nacional Autónoma de México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades, La Jornada Ediciones, 1995, p. 44.
27
Una de las consecuencias más directas del espíritu contrarrevolucionario de la Iglesia católica, Fue el carácter anticlerical de la Constitución
de 1917 que, a través de su artículo 130, sentenciaba: “…La ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones religiosas denominadas
iglesias… Los ministros de los cultos nunca podrán, en reunión pública o privada constituida en junta, ni en actos del culto o de propaganda
religiosa hacer crítica de las leyes Fundamentales del país, de las autoridades en particular o en general del Gobierno; no tendrán voto activo ni
pasivo, ni derecho para asociarse con fnes políticos…
…Queda estrictamente prohibida la Formación de toda clase de agrupaciones políticas cuyo título tenga alguna palabra o indicación cualquiera
que la relacione con alguna conFesión religiosa. No podrán celebrarse en los templos reuniones de carácter político…”, en
Leyes y Códigos de
México. Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
, cuadragésima cuarta edición, México, Editorial Porrúa, 1970. N.E.
28
Guillermo ±. Margadant,
La Iglesia ante el derecho mexicano
, México, Editorial Miguel Ángel Porrúa, 1991.
29
El presidente, azuzando una política anticlerical caracterizada por el cierre de conventos, la Fundación de una iglesia cismática mexicana
desvinculada del Vaticano y la entrada en vigor de la llamada “Ley Calles” que hacía eFectivos algunos artículos de la constitución de 1917 —en
particular el 130— tendientes a reducir el poder eclesiástico al punto de supeditar a la Iglesia al control del Estado; y los obispos, decretando
la suspensión de cultos y el abandono de los templos.
30
Jean Meyer,
La Cristiada
, México, Siglo Veintiuno Editores, 1976, Vol. I.
71
ses católicas que habían luchado
con la convicción de defender “la
verdadera fe”.
31
La paz, sin embargo, fue efí-
mera. La actitud anticlerical de
los gobiernos revolucionarios fue
retomada en 1932 por el general
Lázaro Cárdenas (1932-1940), el
cual trató de implantar en México
una educación socialista y cientí-
Fca y, por ende, antirreligiosa.
32
Si
bien el gobierno cardenista buscó
la paz con la Iglesia a partir de
1936,
dejó muy en claro que ello
no signiFcaría ni renunciar a la
educación socialista ni tampoco
al respeto de los artículos cons-
titucionales 3º (sobre la educa-
ción), 27° (sobre la tenencia de
la tierra) y 130° (sobre la separa-
ción Iglesia-Estado), los cuales no
pretendía reformar, muchos me-
nos abolir.
33
Ante la imposibilidad
de derrotar al cardenismo en los
terrenos de la educación, la ideo-
logía y el secularismo, la Iglesia
procuró que la interpretación de
socialismo se acercara lo más po-
sible a su doctrina social y solici-
tó que, a la par de la educación
socialista, se le permitiera otor-
gar educación religiosa abriendo
sus propias escuelas.
34
Esta última
petición fue sorprendentemente
aceptada por la administración
del “Cachorro de la Revolución”
que toleró la educación católica
impartida en colegios privados así
como las manifestaciones públi-
cas de culto como las multitudi-
narias procesiones guadalupanas,
a pesar de la prohibición expresa
por parte de la legislación vigente
en ese entonces.
35
La prohibición
política de crear partidos religio-
sos se mantuvo, sin embargo, in-
cólume.
Estos cambios de actitud tanto
por parte de una Iglesia intransi-
gente a las reformas modernizado-
ras como de un gobierno jacobino
que no respetaba la libertad re-
ligiosa, se “oFcializaron” a partir
de 1937-1938 a través de un pac-
to no escrito establecido entre el
gobierno civil de México y la Igle-
sia católica conocido como
modus
vivendi
y que consistía en el apoyo
del clero hacia el nuevo régimen a
cambio del cese de la persecución
religiosa.
36
El clero en México se-
guiría manteniendo sus diferen-
cias doctrinales con el poder civil
pero lo apoyaría en su lucha por
mejorar las condiciones sociales
y educativas del pueblo y, sobre
todo, no se opondría sistemática-
mente a los esfuerzos de transfor-
mación socio-económica del país.
Emblemático de este pacto fue
el llamado por parte del clero al
pueblo de México a que contribu-
yera al pago de la deuda que te-
nía el gobierno revolucionario de
Cárdenas con las empresas petro-
leras norteamericanas. La propia
dirigencia católica desalentó se-
veramente la idea de erigir par-
tido político alguno y canalizó a
los Feles interesados a integrarse
a organizaciones y/o partidos polí-
ticos seculares aFnes, eso sí, a las
doctrinas sociales de la Iglesia.
Para mediados de la década
de los treinta, la campaña anti-
clerical se había ya suavizado y
se vislumbraba por Fn el Fn de
las hostilidades entre el irreden-
tismo católico y el jacobinismo
gubernamental. La expulsión del
país del propio Elías Calles (1936),
la reforma agraria y la expropia-
ción petrolera (1938), entre otros
asuntos de importancia nacional,
hicieron del conflicto religioso te-
ma cada vez más secundario.
El proyecto socialista de Lázaro
Cárdenas concluyó al Fnalizar su
sexenio. Los gobiernos que le suce-
dieron —empezando por el de su
sucesor, Manuel Ávila Camacho— no
volvieron a tomar seriamente esta
estafeta ni como programa político
ni como prospecto educativo. Ello
explica en parte la subsecuente
convergencia de pareceres entre el
poder civil emanado de la revolu-
ción y la Iglesia. Uno de estos in-
tereses comunes fue la lucha contra
el comunismo. Este hecho que hi-
zo que la izquierda confundiera y
31
Ibid
., Vol. III.
32
Vid
. Susana Quintanilla, “La educación en México durante el período de Lázaro Cárdenas 1934-1940”, en http://biblioweb.dgsca.unam.mx/
diccionario/htm/articulos/sec_31.htm N.E.
33
G. ±. Margadant,
op. cit.
34
E. Poulat,
op. cit
., Introducción.
35
G. ±. Margadant,
op. cit.
36
Roberto Blancarte,
Historia de la Iglesia católica en México
, México, ±ondo de Cultura Económica, 1993, cap. 1b.
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
72
asociara de manera reduccionista
y errónea a la Iglesia como simple
comparsa del gobierno.
No obstante el surgimiento, a
partir de la década de los 60, de
algunos grupos en la Iglesia que
habían incorporado a la doctrina
cristiana elementos de ideologías
que se planteaban el cambio revo-
lucionario como base de toda ac-
ción y justicia sociales (como el de
la teología de la liberación), el
grueso de la Iglesia y la postura
ofcial del clero mexicano Fue el
respeto total a la ley y a las au-
toridades. Si bien el clero siguió
en desacuerdo con algunas normas
del derecho mexicano, la discon-
Formidad Fue expresada con mani-
Festaciones pacífcas, nunca más
con violencia.
Para describir la relación Igle-
sia-Estado
durante
el
régimen
priísta en el período posterior al
modus vivendi
(de los años 60 en
adelante), se ha llegado a utili-
zar el califcativo de “complicidad
equívoca”, utilizado originalmen-
te para el caso español en la eta-
pa fnal del gobierno de ±ranco.
Según Soledad Loaeza, esta no-
ción, aplicada al caso mexicano,
“describe una situación en que la
Iglesia pretende identifcarse con
el Estado y derivar de ella venta-
jas jurídicas y materiales sin re-
nunciar a su posición original.”
37
EFectivamente, la Iglesia católica
optó por colaborar con el Estado.
No obstante, no hubo “complici-
dad” ni “equívoco” en la postura
de la jerarquía católica mexicana.
La Iglesia nunca pretendió “iden-
tifcarse con el Estado”, ni aún en
el periodo del
modus vivendi.
Ade-
más de que resulta innegable la
desproporción entre la situación de
la Iglesia de la España Franquista
y la del México priísta, por lo que
no hay comparación alguna en-
tre las ventajas tanto legales co-
mo económicas que ambas hayan
tenido. Mientras que la primera
buscaba mantener su posición de
Fuerza, la situación de la segun-
da Fue, por el contrario, deFensi-
va por completo dado el hecho de
que jurídicamente no existía.
Más bien, la Iglesia en México
reaccionó y rechazó una relación
que podía interpretarse como una
complicidad en la aplicación del
modelo social de la revolución
mexicana. “Así, desde la década de
los años cincuenta se esForzó por
distanciarse del modelo revolucio-
nario y poner de nuevo en mar-
cha la doctrina social católica.”
38
No sólo eso, la Iglesia se convirtió
en más de una ocasión en severo
crítico del carácter autoritario del
régimen político vigente en Méxi-
co. “Es de notar cómo desde fna-
les de la década de los setenta, se
registra una verdadera explosión
de exhortaciones pastorales, de-
claraciones y toda clase de tomas
de posición relativas a la política,
particularmente centradas en la
crítica al Fraude electoral y la se-
rie de vicios del sistema político
mexicano.”
39
Si el
modus vivendi
impidió el
estallido de una nueva cristiada,
no logró sin embargo que las re-
laciones Iglesia-Estado en México
se diesen de manera Fácil, dócil o
incondicional. De la década de los
cuarenta a la de los setenta, se os-
ciló entre unas relaciones buenas
con Manuel Ávila Camacho (1940-
1946) (primer presidente en mu-
cho tiempo en declararse pública-
mente como católico) o excelentes
con Miguel Alemán (1946-1952),
a tensas y casi insostenibles con
Luis Echeverría (1970-1976) y Jo-
sé López Portillo (1976-1982), res-
pectivamente.
Aunque durante el sexenio de
Echeverría se suscitó el llamado
“acercamiento eclesial” (que se dio
por la creciente desconfanza hacia
sectores radicalizados en el interior
de la misma Iglesia que ponían en
gran medida en entredicho las ac-
ciones y autoridad de la jerarquía,
principalmente en el sureste mexi-
cano) es un error el afrmar que du-
rante ese periodo la Iglesia se hu-
biese aliado con “los sectores más
retrógrados de la sociedad”. Lo que
sucedió entonces Fue una coinci-
dencia de políticas sociales ya que,
como no se había visto antes, el
clero identifcó su proyecto de re-
Forma social con el que estaba apli-
37
Soledad Loaeza, “La Iglesia católica mexicana y el reFormismo autoritario”, en
Foro Internacional
, vol. XXV, núm. 78, n° 2, octubre-diciembre
de 1984, p. 143.
38
R. Blancarte,
Historia de la Iglesia Católica… op. cit
., p. 419.
39
R. Blancarte, “La doctrina social católica…”,
op. cit
., p. 52.
73
cando el gobierno echeverrista.
40
El
apoyo eclesial, habría que aclarar, ni
fue incondicional ni mucho menos
total, se limitó solamente a aque-
llas reformas que consideraba acor-
des con el programa social católico
como el Programa Alimentario Mexi-
cano. Las diferencias fueron bastante
evidentes en temas sobre los cua-
les la Iglesia nunca había cedido: el
control de la natalidad y la educa-
ción laica materializada en la dispu-
ta sobre el contenido de los libros de
texto gratuitos. A pesar de las diF-
cultades y la tirantez, las relaciones
entre la Iglesia y el Estado en México
comenzaron a transformarse a partir
del echeverrismo. Baste recordar la
propia visita que, en 1974, hiciera el
presidente mexicano al Vaticano de
Paulo VI, proceso que se vería refor-
zado con la construcción de la nue-
va Basílica de Guadalupe en 1976,
proyecto que contaría con impor-
tante inversión gubernamental.
A su vez, José López Portillo,
no obstante su mala relación con
la Iglesia, recibiría en enero de
1979, por vez primera en la histo-
ria de la nación aunque de manera
no oFcial, al máximo dirigente del
catolicismo mundial de entonces:
Juan Pablo II. Durante su estadía, un
acontecimiento sin precedentes en
la problemática historia entre el
Estado mexicano y la Iglesia cató-
lica anunciaría el Fn del
modus vi-
vendi
y el inicio de una nueva era
en las relaciones entre ambos pode-
res: una misa al aire libre que fue
transmitida en vivo por la televi-
sión pública (hecho flagrantemente
anticonstitucional). Las apoteósi-
cas muestras de cariño que la po-
blación en general demostró hacia
el Papa así como las desbordante
muestras de alegría
por su presen-
cia —que muchos consideraron
entre santa y milagrosa— hicie-
ron que la aplicación estricta del
artículo 130 que entonces prohi-
bía el culto religioso público, se
hiciera punto menos que impen-
sable, por no decir imposible.
A partir de entonces, la Conferencia
del Episcopado Mexicano (CEM)
41
—a través de líderes como Ernes-
to Corripio Ahumada— empezaría
a hacer labor para resistir, opo-
nerse y/o modiFcar los conteni-
dos del original artículo 130 de
la Constitución. Ejemplo de ello,
fue el llamado “efecto Chihuahua”
durante el gobierno de Miguel de
la Madrid (1982-1988). El proce-
so electoral para gobernador del
estado mexicano de Chihuahua en
julio de 1985 estuvo plagado de
prácticas fraudulentas tan paten-
tes que el episcopado mexicano
denunció abiertamente este esta-
do de cosas. La crítica a la vieja
usanza electoral priísta fue acom-
pañada por la amenaza de cierre
de templos lo que hacía recordar
el conflicto cristero. Sólo la inter-
vención del pontíFce romano y su
delegado apostólico en México,
Girolamo Prigione, pudo evitar que
esta crisis eclesiástico-política pa-
sara a mayores. Aunque solucio-
nada de momento, la “rebelión” de
los obispos del norte de México fue un
aviso más que patente de la crecien-
te “ingobernabilidad” de la Iglesia
con respecto a su intromisión en los
asuntos públicos del país. Un cam-
bio de actitud se imponía.
Antecedida en 1990 por la segun-
da visita papal a México, la reforma
constitucional de diciembre de 1991,
llevada a cabo durante la gestión
de Carlos Salinas de Gortari (1988-
1994), fue una de las más signiF-
cativas en la historia constitucional
mexicana pues se modiFcaron de
manera sustancial los términos
de la relación con las iglesias, es-
pecialmente con la católica. Pa-
ra ello, se reformaron aquellos
artículos constitucionales tradi-
cionalmente anticlericales: el 3°,
42
40
Ibid
., cap. VII-a.
41
La CEM es “la institución de carácter permanente” creada por los obispos mexicanos “para ejercer colegialmente algunas funciones pastorales,
para promover, conforme a las normas del Derecho (canónico), el mayor bien que la Iglesia proporciona a los hombres, sobre todo mediante
formas y modos de apostolado convenientemente acomodados a las peculiares circunstancias de la nación mexicana en la actualidad”. N.E.
42
Antes de la reforma constitucional, este artículo rezaba: “Las corporaciones religiosas, los ministros de los cultos, las sociedades por acciones,
que exclusiva o predominantemente, realicen actividades educativas, y las asociaciones o sociedades ligadas con la propaganda de cualquier
credo religioso, no intervendrán en forma alguna en planteles en que se imparta educación primaria, secundaria y normal, y la destinada a
obreros o a campesinos.” En la nueva versión este párrafo fue abrogado.
Cf.
Leyes y Códigos de México…
op. cit
., con
Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
74
el 5°,
43
el 24°,
44
el 27°
45
y, fun-
damentalmente, el 130°
46
y se
expidió la nueva Ley de Asociacio-
nes Religiosas y Culto Público.
47
Para rematar, el 24 de noviembre
de 1992, se reestablecieron rela-
ciones diplomáticas entre el Vati-
cano y México (rotas desde el 8 de
julio
1865) y se reinició el corres-
pondiente intercambio de embaja-
dores.
48
Cuando Juan Pablo II visitó
por tercera ocasión suelo mexica-
no en agosto de 1993, lo hizo ya
como un jefe de Estado reconocido
por un gobierno heredero de las
revolucionarias administraciones se-
culares, laicas y anticlericales.
49
México aún recibiría la visita de Juan
Pablo en un par de ocasiones más, en
1999 —durante la administración de
Ernesto Zedillo (1994-2000) y en el
2002 —con el gobierno de Vicente
Fox (2000-2006). Los restos del an-
ticlericalismo o±cial se habían, para
entonces, esfumado ya.
Las reformas constitucionales del
salinismo con respecto a la Iglesia
moderaron, si acaso, más no aca-
llaron las críticas de la institu-
ción clerical a la corrupción del
sistema político mexicano. Desde
entonces, la jerarquía católica ha
aprovechado
distintos
espacios
no sólo para opinar sobre asuntos
del ámbito público sino, también,
para tratar de influir, cuando no
de intervenir, en no pocas contro-
versias pertenecientes al amplio
campo de las políticas públicas.
Convendría recordar a Roberto
Blancarte cuando advertía:
- - - - - - - - • - - - - - - - -
A pesar de los 150 años de separación
Estado-iglesia en México, las iglesias
no se acostumbran a actuar como ins-
tituciones independientes, como asocia-
ciones voluntarias, siempre han querido
estar dentro del Estado, buscan su pro-
tección para crecer o para atacar a otras
religiones, esto es una constante en su
actuación…
…La jerarquía católica puede influir en
las políticas públicas en la medida que
se tope con funcionarios ineptos o po-
líticos despistados que eventualmente
se dejen influir y confundan la poten-
cial influencia social de una iglesia con
su verdadero peso sobre la feligresía. Si
se sostiene que hay que hacerle caso a
los dirigentes religiosos porque se asu-
me que son representantes populares, se
está confundiendo la situación, y eso es
muy nocivo para la convivencia social.
La opinión de la jerarquía no es necesa-
riamente la de los ciudadanos católicos,
ellos no se expresan en término sociales
43
Antes de la reforma constitucional, este artículo decía: “El Estado no puede permitir que se lleve a efecto ningún contrato, pacto o convenio
que tenga por objeto el menoscabo, la pérdida o el irrevocable sacri±cio de la libertad del hombre, ya sea por causa de trabajo, de educación o
de voto religioso. La ley, en consecuencia, no permite el establecimiento de órdenes monásticas, cualquiera que sea la denominación u objeto
con que pretendan erigirse”. En la nueva versión, se acota: “El Estado no puede permitir que se lleve a efecto ningún contrato, pacto o convenio
que tenga por objeto el menoscabo, la perdida o el irrevocable sacri±cio de la libertad de la persona por cualquier causa.”
Cf. ibid
. N.E.
44
Antes de la reforma constitucional, en este artículo se estipulaba: “…Todo acto religioso de culto público deberá celebrarse precisamente
dentro de los templos, los cuales estarán siempre bajo la vigilancia de la autoridad.” En la Constitución reformada quedo de la siguiente manera:
Los actos religiosos de culto público se celebrarán
ordinariamente
en los templos. Los que
extraordinariamente
se celebren fuera de estos se
sujetarán a la ley reglamentaria. (El subrayado es nuestro).
Cf. ibid
. N.E.
45
Antes de la reforma constitucional, este artículo a±rmaba en su apartado II: “Las asociaciones religiosas denominadas iglesias, cualquiera
que sea su credo, no podrán, en ningún caso, tener capacidad para adquirir, poseer o administrar bienes raíces, ni capitales impuestos sobre
ellos; los que tuvieren actualmente, por sí o por interpósita persona, entrarán al dominio de la Nación…” Después de los cambios introducido,
quedó como sigue: “Las asociaciones religiosas que se constituyan en los términos del artículo 130 y su ley reglamentaria
tendrán capacidad
para adquirir, poseer o administrar, exclusivamente, los bienes que sean indispensables para su objeto, con los requisitos y limitaciones que
establezca la ley reglamentaria.” (El subrayado es nuestro).
Cf. ibid
. N.E.
46
Antes de la reforma constitucional, el inciso A de este artículo enfatizaba: “La ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones religio-
sas denominadas iglesias… Los ministros de los cultos nunca podrán, en reunión pública o privada constituida en junta, ni en actos del culto o
de propaganda religiosa hacer crítica de las leyes fundamentales del país, de las autoridades en particular o en general del Gobierno; no tendrán
voto activo ni pasivo, ni derecho para asociarse con ±nes políticos…” En la versión reformada: “Las iglesias y las agrupaciones religiosas
ten-
drán personalidad jurídica
como asociaciones religiosas una vez que obtengan su correspondiente registro. La ley regulara dichas asociaciones
y determinara las condiciones y requisitos para el registro constitutivo de las mismas.” (El subrayado es nuestro).
Cf. ibid
. N.E.
47
Publicada en el
Diario OFcial de la ±ederación
el 15 de julio de 1992. Puede ser consultada
in extensis
yesBiblio/doc/24.doc N.E.
48
Los nuncios o embajadores del Vaticano en México han sido Girolamo Prigione, Justo Mullor, Leonardo Sandri y Giuseppe Bertello. N.E.
49
Vid.
Enrique Krauze,
La presidencia imperial: ascenso y caída del sistema político mexicano
(
1940-1996
), México, Tusquets Editores, 1997.
N.E.
75
y políticos a través de su jerarquía sino
a través de las votaciones en las urnas.
Si no se toma en cuenta lo anterior, en-
tonces el peso social que se le dé a la je-
rarquía católica será fcticio. Los propios
católicos hacen una distinción entre su
ámbito religioso, doctrinal, espiritual, y
su ámbito social y político.
50
- - - - - - - - • - - - - - - - -
La lucha de la Iglesia en el
México contemporáneo se ha con-
centrado en restaurar los valores
morales de su doctrina en la vi-
da de los mexicanos, los cuales
se han perdido como consecuen-
cia del proceso de secularización
emprendido por los gobiernos mo-
dernizadores.
51
La Iglesia aún pretende gober-
nar sobre las conciencias con ba-
se a una verdad perteneciente al
mundo mágico que las revolucio-
nes modernas pretendieron sepul-
tar. La deFensa del aborto, tan en
boga hoy día en nuestro país, se
basa en una concepción sacrali-
zada de la vida humana donde el
hombre no tiene ningún derecho
en intervenir en asuntos que sólo le
competen a Dios decidir, contra-
rio a la mentalidad liberal donde el
abortar o no depende de una ra-
cionalización individual, es decir, el
hombre moderno asume roles que
eran considerados exclusivos de
Dios.
52
La Iglesia, como el resto de
la derecha mexicana, ha sido el
más acérrimo crítico de los valo-
res del mundo moderno, lo cual,
contrario a lo que la izquierda ar-
gumenta, ha sido, paradójicamen-
te, pieza clave para la apertura de
la vida política del país al ser un
contrapeso del poder priísta. Su
militancia en los últimos años se
ha caracterizado por poseer una
cultura política en que los miem-
bros del gobierno son vistos como
“empleados” de los ciudadanos,
su denuncia de las arbitrariedades
y la corrupción estatal han sido
Factores de la aparición en México
de la lucha por varias libertades
ciudadanas como libertad de cul-
tos y expresión de opinión.
53
Si tomamos como criterios de
identidad de la derecha la opo-
sición a los cambios moderniza-
dores, así como la deFensa de los
valores y elementos que integra-
ron al
Ancient Regime
, es decir, la
antigua sociedad tradicional, en-
contramos que la Iglesia católica
cumple con dichas características
propias de la derecha, cuando me-
nos en el caso de México, ya que
en otros países como Polonia,
la Iglesia ha sido un Factor de
liberación del Régimen hacia la
democracia y la economía de mer-
cado.
En México, a lo largo de la his-
toria nacional, la Iglesia, y más
el clero, se vio caracterizada por
50
Alejandro Brito Lemus, “Las iglesias no pueden imponerle a la población una determinada perspectiva moral”, entrevista con Roberto Blan-
carte tomada del
Suplemento Letra S
ac68c3bb6b20c593
51
Eduardo Sota García,
Entre la conciencia y la obediencia: la opinión del clero sobre la política en México
, México, Universidad Iberoamericana,
1994.
52
Edgar González Ruíz,
Cómo propagar el SIDA : conservadurismo y sexualidad
, México, Rayuela, 1994.
53
Reneé de la Torre,
Conservadurismo, sociedad civil y gobernabilidad
, México, Universidad Veracruzana, Instituto de Investigaciones Histórico-
Sociales, 2001.
Conclusiones
Sociedad y Política: México hoy
Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales
76
el
instransigentismo
: la sistemá-
tica oposición a los cambios que
los actores modernizadores, tanto
liberales como socialistas, inten-
taron llevar a cabo.
Como vimos, el nivel de
intran-
sigentismo
católico en México ha
ido disminuyendo, siendo en sus
orígenes la postura de la Iglesia
el querer regresar el tiempo a la
época tal y como era en la colo-
nia. Posteriormente la actitud de
la Iglesia se enfocó más a no per-
der su poder económico y la re-
lación de simbiosis con el poder
civil que heredó de la Nueva Es-
paña.
Ya en el siglo XX la postura ini-
cial de la Iglesia era defender sus
espacios a nivel educativo y de-
tener las reformas que realizaban
los gobiernos revolucionarios, co-
mo el impulso al capitalismo in-
dustrial y la reforma agraria. La
situación cambió hasta mediados
del sexenio de Lázaro Cárdenas
cuando se implantó una tregua
entre el gobierno revolucionario y
la Iglesia católica.
A pesar de la colaboración que
mantuvo la Iglesia para con los
nuevos gobiernos, logró al mismo
tiempo convertirse en uno de los
principales opositores del gobierno
en un régimen político autoritario;
dicha oposición se ha logrado hasta
la fecha enarbolando la bandera de di-
versos principios democráticos que
en un tiempo ella misma condenaba:
la libertad de culto, de conciencia, de
expresión y la defensa de los de-
rechos humanos principalmente.
El convertirse en un actor crítico
del gobierno ayudó (junto con otros
muchos actores y factores) a la libe-
ración del régimen político priísta.
En la actualidad, el rol que
desempeña la Iglesia católica con
respecto a la inhibición o desarro-
llo de la democracia en México ha
sufrido un gran cambio con res-
pecto lo que anteriormente hacía,
ha abandonando el
intransigentismo
y se ha convertido en una defensora
de algunos valores liberales. Pero,
sobre todo, ha devenido en porta-
voz de diversos llamados y pronun-
ciamientos públicos abogando por
el respeto de instituciones repu-
blicanas y democráticas. Sin duda
alguna son nuevos tiempos, para lo
eterno y para lo temporal.
Recibido el 15 de marzo de 2006
Aceptado el 8 de septiembre del 2006
77
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